Masonería y secreto: una aproximación sociológica 1

Fernando de Yzaguirre (2004)

Si bien la Masonería está considerada la sociedad secreta por excelencia, el enorme número de estudios y publicaciones existentes sobre esta materia, así como las conclusiones de varios estudiosos, dan a entender que el verdadero secreto de la Masonería es que no hay tal secreto. En cambio, en cualquier época encontramos referencias al secreto cuando se trata de Masonería. Uno de sus mitos, el homicidio de Hiram Abiff, se imputa a tres masones que querían la “palabra secreta”. El franquismo, puso una potente maquinaria al servicio de la voluntad de saber todo lo referente a la Masonería, para desvelar su funcionamiento oscuro y secreto. En 1999, en Gran Bretaña, se alzaron voces de repulsa hacia la Masonería; el secreto es una vez más el argumento de las críticas, en esta ocasión en la forma de lealtades secretas. Curiosamente, los masones declaraban en Gran Bretaña su condición de tales según una ley de 1799 que fue abolida en 1967. Dejando al margen la existencia o no del secreto o secretos masónicos, lo que sí podemos afirmar, siguiendo a un clásico de la Sociología, Georg Simmel, es que la Masonería es una sociedad cuya estructura y funcionamiento interno están marcadas por el secreto. Para este autor, el secreto, que se mantiene neutral por encima del valor de sus contenidos, es una de las más grandes conquistas de la humanidad. El presente trabajo es una aproximación al análisis sociológico del secreto y a su papel en las sociedades secretas (en adelante, “ss.ss.”) a partir de los trabajos del sociólogo Georg Simmel (Berlín, 1858), materia de la primera parte de este artículo. Como ejercicio práctico, en la segunda parte aplicaremos las tesis de este berlinés a la Masonería como sociedad secreta (en adelante, “s.s.”).

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PRIMERA PARTE 1.- “El secreto y la sociedad secreta” de Georg Simmel. Si bien el ensayo sobre el secreto de Georg Simmel (1906): “El secreto y la sociedad secreta”, es de una enorme riqueza analítica y profundiz a en multitud de aspectos de interés sociológico, no ha despertado un interés sostenido por parte de los estudiosos, como lamentan los autores elegidos aquí como literatura crítica: HAZELRIGG (1968) y

NEDELMANN (1985). Para Hazelrigg, su bajo interés se debe a la menor significación de las ss.ss. en la historia americana reciente. Nedelmann, por su parte, se hace eco de las críticas al ensayo de Simmel tanto por su falta de precisión conceptual (se echan de menos definiciones unívocas y clasificaciones sistemáticas) como por su enfoque interaccionista del secreto. Sin embargo, Simmel muestra una rara exhaustividad al recorrer, como veremos, las facetas más importantes del papel del secreto en la organización social, incluyendo dos reflexiones particulares sobre el “adorno” y la “comunicación escrita”, de las que no nos ocuparemos. La primera parte de nuestra aportación pretende sintetizar y dar un cierto orden a las tesis de Simmel, enriqueciéndolas con las reflexiones más sugerentes de la literatura crítica considerada. 1.a) Relaciones y conocimiento entre individuos, verdad y mentira. Todas las relaciones de los hombres entre sí, descansan, naturalmente, en que saben algo unos de otros (S:101) 2. El punto de partida es el trato con los demás, del que nace en nosotros una imagen del otro, aunque, en este intercambio, el hombre se distingue por ser el único “objeto” capaz de manifestarse o de esconderse… pensando en el conocimiento que otro ha de formar de él (S:104), pudiendo cada persona mostrar su interior o engañar respecto de él. La mentira, es tanto peor cuanto más compleja es una civilización, pues más complicadas son las relaciones sociales que descansan sobre mil

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suposiciones, y más se basan en la confianza. Para Simmel, las estructuras sociológicas se distinguen de un modo característico, según el grado de mentira que alienta en ellas (S:106), de donde deducimos la importancia que tiene el movimiento de la información y su grado de veracidad en las relaciones sociales, hasta el punto de condicionar la forma y estructura que estas adquieren. El secreto es una fórmula particular de tratar la información que puede controlar la propia esencia de las relaciones sociales a través de la manipulación del cociente entre “conocimiento” e “ignorancia” (HAZELRIGG:191). Simmel hace aquí una consideración moral sobre el tratamiento que se hace de la información, al afirmar que el grupo humano que busca el bien de los muchos hará uso de la veracidad. Como ejemplo pone a la «Ilustración», de marcado carácter democrático, que persigue la supresión de las falsedades de la vida social. Es importante tener en cuenta este punto, ya que más adelante veremos que Simmel desliga la importancia sociológica del secreto de la distinta valoración moral que pueda merecer en cada momento. La configuración de la sociedad es el resultado del equilibrio dinámico entre las fuerzas “socializadoras”: concordia, armonía y cooperación, y las fuerzas “individualistas”: distancia, competencia y repulsión que se les oponen. Si la sociedad es fruto de la capacidad organizadora del hombre, no cobra su verdadera vida y evolución sino gracias a estos procesos de condescendencia y resistencia (S:109). Alrededor del hecho sociológico elemental de la limitación del conocimiento que uno tiene de otro, Simmel introduce, como menos agresiva que la mentira, la fórmula del secreto como una “ocultación deliberada”. Como acabamos de ver, el análisis de Simmel empieza en el momento en que el individuo interactúa con otros intercambiando información o conocimientos con ellos. El comportamiento y la posición de cada individuo en este intercambio, que está caracterizado por acciones como

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decir la verdad o mentir, compartir o guardar secreto, confiar o desconfiar (todas ellas formas de interacción) condicionan las relaciones sociales. 1.b) La objetivación de la cultura, la individualización y el secreto. La objetivación de la cultura ha diferenciado resueltamente los grados de saber e ignorancia necesarios para que se produzca la confianza (S:110-1). Cada vez está más presente lo impersonal en la cultura, a cuya creciente objetivación responsabiliza Simmel de la superficialidad igualmente creciente en las relaciones. Estas relaciones entre las personas prescinden cada vez más de la “totalidad subjetiva” del individuo, de su personalidad completa, y se limitan a una pequeña parte de la misma. Al aplicar esta idea a las “asociaciones de personas”, distingue dos tipos: Aquellas asociaciones que denomina “comunidad de fin”, constituidas para determinados fines. Este tipo de asociación supone la “forma sociológica absolutamente discreta”, es decir, la organización social que mantiene a los individuos más independientes entre sí en tanto en cuanto su constitución es indiferente a la personalidad total de cada uno de sus miembros. Por otro lado, están aquellas asociaciones que abrazan el contenido entero de la personalidad, como la amistad, el amor y el matrimonio 3. En respuesta a la creciente objetivación de la vida, en la que cada vez se hace más uso del secreto para diferenciarse de los demás (como veremos en 1.c), se produce la “individualización”. Como podemos ver en NEDELMANN:212, en el proceso de individualización se utilizan dos técnicas del secreto: La “segmentación”, mediante la cual en cada situación o universo participamos con una porción de nuestra personalidad 4, manteniendo ocultas otras, y la “demarcación”, que se refiere al proceso por el cual algunos individuos desarrollan una consciencia de la unicidad de sus personalidades junto con el ideal ético de convertirse en una personalidad única, lo que les lleva a la búsqueda

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de su verdadero “yo”, que se oculta en su interior, diferenciado del exterior. El incremento del secreto en la vida privada facilita los fenómenos de individualización y diferenciación. En la Masonería, hay un secreto subjetivo que apunta hacia la búsqueda del yo: El secreto tiene también un significado iniciático, que sería el sentido esencial y último del secreto masónico… pretende ser un fenómeno personal… provocar un esclarecimiento íntimo (OTAOLA: 63). Al hilo de estas consideraciones, aventuraremos que quizás la Masonería actual podría ofrecer un taller de trabajo sobre aquellas técnicas subjetivas del secreto, en el sentido de facilitar un equilibrio entre la superficialidad reinante y la personalidad total, permitiendo además compartir con otros, con la independencia y libertad que da la razón, el proceso de “objetivación del espíritu”. Respecto a este último, Simmel señala que cuando la vida espiritual del individuo está determinada por la enseñanza individual y por normas trazadas por autoridades personales, depende del grupo, al que necesita para calmar su existencia espiritual. Pero cuando los conocimientos son objetivados en forma escrita, el individuo no necesita al grupo, ya que puede nutrirse de fuentes objetivas que representan un alimento suprasocial. 1.c) El secreto. El secreto constituye una de las más grandes conquistas de la humanidad (…) significa una enorme ampliación de la vida, porque en completa publicidad muchas manifestaciones de esta no podrían producirse (S:122). En cuanto a su valor moral, Simmel considera el secreto como una forma sociológica general “neutral” por encima de sus contenidos. No obstante, afirma que el secreto es, entre otras cosas, la expresión sociológica de la maldad moral y advierte que, si el secreto no está en conexión con el mal, el mal está en conexión con el secreto (S:123), ya que lo inmoral se oculta. El secreto tiene la potencia del silencio 5. La sociedad humana está

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condicionada por la capacidad de hablar; pero recibe su forma por la capacidad de callar (S:141). Una fórmula que gusta a los masones dice: Eres esclavo de tus palabras y dueño de tu silencio. En La Celestina, Pármeno le advierte a Calixto: A quien dices el secreto das tu libertad. Veamos ahora uno de los aspectos más interesantes señalados por Simmel. Hay algunos atractivos o valores de la conducta secreta basados en su mera forma, en sus características intrínsecas, como la exclusión de los demás y el sentimiento parejo de propiedad valiosa exclusiva; como la idea de que lo que se niega a muchos – como las cosas de gran valor – ha de ser particularmente valioso, llegando a destacar el sujeto por aquello que oculta; o como el error de creer que si lo profundo e importante está rodeado de secreto, lo que es secreto es al tiempo profundo e importante 6. Todo lo anterior alimenta la enorme atracción que ejerce sobre nosotros la «diferencia» (S:124), a la cual sirve el secreto como un elemento individualizador de primer orden (S:126) potenciado por las relaciones sociales de diferenciación personal. Pierre Bourdieu, a partir de un concepto similar de «diferencia» y de su poderoso atractivo, desarrolló en La distinción una completa teoría del funcionamiento de las clases sociales basada en el acceso a “diferencias”, centrado en la forma y con independencia de los contenidos: No existe nada que distinga de forma tan rigurosa a las diferentes clases como la disposición objetivamente exigida por el consumo legítimo de obras legítimas… (BOURDIEU:37). Más en relación con nuestra temática, Bourdieu se refiere, junto a Proust, a “una franc-masonería de usos” y a una herencia de tradiciones sobre las que se funda el “juego de sociedad” que supone la erudición y el placer cultivado, accesibles únicamente a personas distinguidas que “pueden entrar en el juego”. Bourdieu utiliza en su expresión a la Masonería para explicar este juego de sociedad que cultiva, mediante unos usos y

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tradiciones, la distinción de sus miembros frente a los no miembros, es decir, la «diferencia» (BOURDIEU:511). El “paradigma interaccionista del secreto” (NEDELMANN:205) en que se inscriben las tesis de Simmel, distingue tres acciones básicas en torno al secreto que requieren un mínimo de tres actores: “Compartirlo” entre los dos primeros sujetos (produce integración al compartir la propiedad común y exclusiva del conocimiento), “Ocultarlo” a un tercero (produce la exclusión de terceros y la ocultación deliberada del conocimiento; tiene una forma de “defensa agresiva”) y “Descubrirlo” (deseo de descubrir el conocimiento del que sabe que ha sido excluido; tiene una forma de “ofensa agresiva”, que es idéntico a un ataque contra las bases de las ss.ss.). 1.d) Sociedades secretas, clasificación. Simmel trata a la s.s. como un “círculo pequeño” en interacción con el “círculo mayor” (entiéndase por tal el entorno estructural donde se ubica la s.s.). La s.s. está caracterizada por la función protectora del secreto frente al círculo mayor. Al mismo tiempo, el secreto condiciona las relaciones en el interior del círculo pequeño. Cuando se estudia el secreto entre individuos de un mismo grupo, el sentido que tiene el secreto es exterior, entre el que lo tiene y el que no, mientras que cuando es todo un grupo el que toma el secreto como forma de existencia, el sentido sociológico se convierte en interno y determina las relaciones de los que lo poseen en común (S:137). Las ss.ss. promueven unas relaciones recíprocas entre sus miembros caracterizadas por la confianza mutua y su capacidad para guardar secreto sobre los “elementos valorados 7” (conocimientos, objetos, actividades y/o sentimientos), lo que se corresponde con una cualidad interna. La función protectora se corresponde con una cualidad externa. En función de la extensión del secreto, hay “sociedades secretas” propiamente dichas, que son aquellas que guardan secreto sobre su

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misma existencia y “sociedades relativamente secretas”, cuya existencia se conoce, si bien guardan secreto sobre (a) sus miembros (b) su finalidad y/o (c) sus particulares decisiones. La Masonería pertenece a este segundo tipo. Si bien las primeras confieren mayor protección, las segundas, de las que se conoce su existencia, son más perdurables y adaptables que aquellas, que se juegan la supervivencia al ser descubierta su mera existencia. Se clasifican también las ss.ss. según sus fines tengan un valor social positivo o negativo. Cuando las ss.ss. sirven para garantizar el secreto de determinados contenidos, un saber teórico o místico, el secreto es un fin sociológico en sí mismo. En estos casos la socialización de sus miembros ofrece un apoyo psicológico que les ayuda a escapar de la tentación de la indiscreción y que compensa del efecto aislador e individualizador que produce todo secreto frente al exterior del círculo que lo mantiene. Este equilibrio entre la necesidad de individualización y la de socialización se da en todo tipo de asociaciones, como se da entre “libertad” y “restricción” o entre “reunir” y “excluir”. Además del papel visto del secreto dentro de una organización Nedelmann señala acertadamente el papel del secreto como institución, refiriéndose a las posiciones específicas de médicos, sacerdotes, burócratas, espías, para los cuales compartir y guardar secreto es un deber profesional. El secreto institucionalizado es más fácil de controlar que otros, si bien tiene sus problemáticas8. También está en relación con esto la fórmula general de la diferenciación cultural aplicable a la evolución histórica, que Simmel enuncia así: lo público se hace cada vez más público; lo privado, más privado cada vez (S:129) 9, y por tanto más apto para permanecer en secreto. En cierta manera, se mantiene la misma cantidad de secreto en la sociedad, aunque se desplaza de sitio, como en la economía monetaria, que impone una creciente transparencia en lo público y, en lo individual, permite más secreto gracias al dinero y a sus características de ser comprimible, abstracto y poder actuar a distancia.

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1.e) Características de las sociedades secretas. Por su duración, como los secretos no se pueden guardar mucho tiempo, la protección que proporcionan las ss.ss. es sólo temporal. En el caso de las sociedades con fines de positivo valor social, el secreto supone una transición hasta que tal sociedad tiene un desarrollo suficiente: La s.s. es la forma social adecuada para fines que se encuentran en la infancia, en estado de gestación10, como por ejemplo conocimientos, ideas religiosas, morales, políticas. Las comunidades cristianas, secretas en sus inicios para protegerse de la persecución del Estado, pasaron a perseguir el paganismo al trocarse aquellas en religión del Estado. El siglo XVIII fue una época de florecimiento de nuevas ideas contra los poderes existentes, alumbrando distintas ss.ss. entre las que se encontraba la Masonería. El círculo mayor puede ver peligro en las asociaciones, con razón o sin ella, que, por el mero hecho de existir y con independencia de sus contenidos o fines, ejercen una manera de competencia a los poderes centrales. Así tenemos la persecución de las asociaciones de oficiales gremiales por el despotismo de los siglos XVII y XVIII, y en el Estado moderno la tendencia a desposeer de sus derechos a los Municipios (S:167). A esto suma la s.s. aparecer como peligrosa por el sólo hecho de ser secreta, como un efecto del miedo a lo desconocido, hasta el punto de que el poder central puede llegar a calificar de “secreta” a toda asociación o actitud política indeseable. La confianza en los miembros es una cualidad interna de una relevancia capital en la sociedad secreta, que apela a la fe en la personalidad de una manera constante y permanente, pues no hay nada más difícil que guardar secreto y existen múltiples ocasiones para la indiscreción. Por esta razón, las ss.ss. (…) son una excelente escuela de relación moral entre los hombres. La confianza de un hombre en otro posee un valor moral tan alto como la debida correspondencia a dicha confianza…(S:140). Ya que la discreción no puede imponerse, para favorecerla psicológicamente se recurre al juramento, a la

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amenaza de castigo y al aprendizaje del silencio. El silencio era impuesto por la asociación secreta de los pitagóricos durante varios años a los novicios además de para que aprendiesen a guardar los secretos de la asociación, para que aprendiese a dominarse en general. En cuanto a su formación, la s.s. se construye a ella misma, se organiza desde su base, reflexivamente y por voluntad consciente (lo contrario que las comunidades instintivas), sirviéndose de la iniciación gradual para organizar sus elementos. En esto se muestra el placer de planear y construir, que es en sí, en palabras de Simmel, una expresión de la “voluntad de poder”. Uno de los rasgos que mejor distingue la s.s. de la pública es el valor que en aquella adquieren los usos, fórmulas, ritos, y su preponderancia frente a los fines de la asociación. La motivación sociológica del ritual es que, probablemente, la s.s. sólo se convierte en unidad cerrada cuando introduce un complejo de formas exteriores en el secreto de su actividad e intereses (S:151). El ritual, que representa la dominación de lo objetivo sobre lo personal, rodea al fin de la sociedad “como el cuerpo al alma”. Aquí ocurre algo similar que en el ejército o en las comunidades religiosas, donde el esquematismo y las fórmulas se explican porque ambos organismos asumen al hombre en su totalidad, a lo que aspira la s.s., que requiere la asistencia del hombre entero, liga y obliga mutuamente a las personalidades (S:152). En lo que se opone al círculo mayor la s.s. es una especie de reflejo suyo: Es norma sociológica realizada en todas partes, que los organismos que surgen en oposición de otros mayores, repiten en su seno las formas de estos (S:152). Sin embargo, la s.s. presenta un cierto grado de libertad respecto al mundo oficial en tanto en cuanto en ella no se aplican las mimas normas. La separación de lo que está fuera del círculo (pequeño) es una forma general sociológica mediante la cual se acentúa el secreto y a la que contribuyen los distintos grados en que se verifica la iniciación antes de llegar al centro. Desde antes de haber sido iniciado, se le exige al novicio la declaración solemne de guardar secreto sobre todo lo que oiga y vea, consiguiéndose la

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separación absoluta y formal que produce el secreto (S:158). El carácter gradual de las revelaciones hasta alcanzar la plenitud de miembro, sirve para probar y educar al nuevo iniciado al tiempo que para proteger el centro de la sociedad. Los pitagóricos dividían los miembros en exotéricos y esotéricos, sirviendo el círculo de los parcialmente iniciados como una especie de valla para los no iniciados que sirve para unir hacia dentro, y para separar hacia fuera, siendo esto mucho más eficaz que la radical separación entre miembros y no miembros. A mayor grado de apartamiento del exterior, se corresponde mayor solidaridad interior; las dos caras de la misma actitud sociológica. En contraste con la s.s., que separa radicalmente a sus miembros de los que no lo son, hay una serie de grupos que consideran incluidos en él todos los que no están expresamente excluidos, en función de condiciones involuntarias de origen: la forma extrema de esta pertenencia está realizada en la Iglesia11 que pretende abarcar en su seno la totalidad de los humanos (S:160). Otra característica de la s.s. es que debido al influjo que ejerce entre sus miembros, reduce la posibilidad de conflictos internos, un ejemplo de ello en la vida pública es que es tanto más fácil conseguir la unanimidad de un pequeño número de personas cuanto más secretas sean sus deliberaciones (S:162). Junto con la especial cohesión existente en el seno de la s.s. se constata una acentuada centralización, que se radicaliza en unos jefes más poderosos cuanto más criminales sean los fines de la s.s.12, lo que no obsta para que se cultive la “igualdad” entre los miembros de la s.s., que es característico tanto de formas de despotismo, que se ven compensadas con la nivelación de los dominados, como en las ss.ss. de naturaleza místico-religiosa que potencian la hermandad o en asociaciones de carácter ilegal13, pudiendo llegar esta

igualdad a producir un efecto de eliminación de la personalidad.

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SEGUNDA PARTE 2.- La Masonería como sociedad secreta. En este segundo apartado vamos a intentar hacer una caracterización sociológica de la Masonería por el secreto. A lo largo de su trabajo sobre el secreto, Simmel se refiere en numerosas ocasiones a la Masonería. Empieza clasificándola entre las “sociedades relativamente secretas”, en contraste con aquellas que ocultan su mera existencia. Más adelante, Simmel señala que la importancia del secreto ha ido disminuyendo en la Masonería hasta quedar reducido a exterioridades meramente formales. Constata diversos aspectos que muestran la poca relevancia del secreto en la Masonería. Primero, por su universalismo; su deseo declarado de abrazar a toda la humanidad, la descalifica como s.s.: El énfasis sobre elementos universalmente valorados tiende a disminuir la separación y aislamiento de la sociedad secreta del mundo que la rodea14. Segundo, porque está descentralizada. Por último, dice: La masonería declara expresamente que no es una asociación secreta, que no hay ningún motivo para ocultar la pertenencia a ella, que no son secretas sus intenciones y sus actividades, y que el juramento de secreto se refiere exclusivamente a las formas del ritual masón (S:150). Todo lo cual apunta a que la Masonería “no quiere ser secreta”. Nuestro berlinés atribuye una gran difusión y recursos a la Masonería, aunque reconoce que no se corresponden con su verdadero poder, lo que achaca a la amplia autonomía de sus elementos, que no poseen ni una organización unitaria ni una autoridad central (S:163). Simmel veía a la Masonería como una comunidad reducida a principios y signos de identificación que cultiva la igualdad y la relación de persona a persona (S:163). Por otra parte, Simmel señala que la Masonería no responde al modelo centralizado, que es el más propio de las sociedades secretas que, para

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llevar a cabo sus fines, requieren de la más fuerte cohesión interna, la cual equilibra su aislamiento exterior. Por eso mismo, y como respuesta sociológica a los planteamientos “complotistas” que han acompañado a la Masonería desde su nacimiento a la actualidad, podemos aclarar que la organización interna de la Masonería no presenta la estructura y centralización necesarias para que la hostilidad y la ofensiva contra otros grupos, instituciones o poderes establecidos, sea su razón de ser. Lo que no tiene nada que ver con, por ejemplo, su enfrentamiento “ideológico” con el autoritarismo. El “secreto masónico” como tal, se suele dividir en tres “secretos objetivos”: el de pertenencia, el del rito y el de las deliberaciones 15. Superados los estados de persecución y los regímenes de privación de derechos fundamentales, las democracias ilegalizan las sociedades secretas y legalizan a la Masonería, que tiene declarados sus fines asociativos, se rige por estatutos públicamente registrados y declara públicamente sus juntas directivas. El derecho a la privacidad garantiza que se mantengan en el ámbito de lo privado el desarrollo de las reuniones o la pertenencia a una organización. Por último, los rituales masónicos son perfectamente conocidos, ya que han sido divulgados desde el siglo XVIII. No queda, por tanto, ningún secreto “objetivo” en la Masonería que no pueda existir en cualquier otra asociación. Todo lo dicho hasta aquí confirma la constatación de Simmel de la reducida presencia del secreto en la Masonería. No obstante, en contraste con esto último, vamos a sostener la hipótesis de que “el secreto” sí ha sido absolutamente crucial para la Masonería tal y como se ha desarrollado, aunque en un sentido bien distinto al considerado habitualmente. Pretendemos encuadrar una argumentación que, a partir de las tesis de Simmel y de un acontecimiento que marcaría la vida d e la Masonería, permita aclarar en términos sociológicos una aparente paradoja: por qué esta organización, que no es una sociedad secreta, ha

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sido tan definitivamente marcada como sociedad secreta y marcada por el secreto. Como vimos en el apartado (1.e), el círculo mayor puede ver peligro en las asociaciones por el mero hecho de existir, lo que originó el rechazo de algunos poderes (o círculos mayores) hacia la Masonería. Recordemos brevemente los inicios de la Masonería especulativa. En febrero de 171716, cuatro logias de Londres que se venían reuniendo en cuatro tabernas (Goose and Gridiron, Crown, Appel Tree, Rummer and Grapes) se reunieron en la taberna-sede de una de ellas, Appel Tree, y decidieron agruparse y fundar la “Gran Logia”, eligiendo pocos meses después a su primer “Gran Maestro”. Las tres primeras logias contaban unos 15 miembros cada una, la mayoría masones operativos (albañiles, constructores…) o carpinteros. La cuarta, tenía setenta miembros, casi todos caballeros, y unos pocos nobles. Aunque ya existían logias diseminadas por Europa, la constitución de la Gran Logia supuso un impulso definitivo para la Masonería. Al poco de su fundación, la Gran Logia encargó al pastor protestante James Anderson la redacción del “Libro de Constitución de la Antigua y Honorable Fraternidad de Masones Libres y Aceptados”, bajo la supervisión de diversos hermanos. Tras su aprobación por la Gran Logia, las constituciones fueron impresas en 1723. Aquellas constituciones recogían himnos y canciones. En 1791 el hermano W.A. Mozart estrenó la ópera masónica La flauta mágica. Otras canciones escritas también por masones despertarían entusiasmo y temor: el hermano Rouget de Lisle escribió (1791) «Allons enfants de la patrie, Le jour de gloire est arrivé» (La Marseillaise) y el hermano Eugène Portier (1872) «C’est la lutte finale, groupons-nous et demain, L’Internationale sera le genre humain» (L’Internationale). El primer poder que prohibió la Masonería fue el gobierno de Holanda en 1735, acusándola de asociación ilegal cuyos verdaderos objetivos eran las actividades facciosas y el libertinaje. Esta breve semblanza nos sirve para introducir el que entre todos sería el

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rechazo más trascendental que recibiría la Masonería, el que más destaca sobre todos. A la pregunta ¿cuál es el hecho esencial de toda la historia de la Franc-masonería? responde así Alec Mellor: Su condenación por la Iglesia17. Unas líneas antes Mellor inicia así su capítulo sobre “El secreto masónico”: Existen dos certezas. La primera es que la existencia de un Secreto masónico (y el del Juramento, su corolario), ha sido siempre afirmado por la Francmasonería. La segunda es, que el motivo principal de la condenación por la Iglesia se encuentra justamente aquí (MELLOR:23). A continuación Mellor aclara que la Masonería no es una sociedad secreta, pues nunca ha hecho un secreto de su propia existencia, pero es una sociedad “con un secreto”18. Por su parte, Ferrer Benimeli19 ofrece en las (34º) conclusiones a los cuatro tomos de su obra, que actualiza su Tesis Doctoral de 1972, consideraciones de gran interés para nuestras reflexiones que pasamos a resumir a continuación. Se está refiriendo a la condenas a la Masonería del siglo XVIII, en particular a las papales: (3º) Falta de pruebas concretas. (4º) El secreto y los juramentos como razón principal y, como razón secundaria, la constitución de una asociación no autorizada, lo que era considerado un peligro para el Estado. (5º) Se añade además la «sospecha de herejía». (11º) Se condena una asociación que de hecho no se sabía qué era, ni en qué consistía. (17º) El tema de la Masonería era considerado en no pocas naciones, por su matiz de sociedad secreta, algo relacionado con el orden público, más que con el religioso. (20º) En el juramento es reveladora la cláusula exigida antes de ser prestado, en la que expresamente se especificaba que en la promesa que iban a hacer no existía nada contra los deberes de Dios, la Religión, el Soberano y la Patria. (22º) Surge cierta confusión al proliferar las sociedades secretas y al identificarse erróneamente a los masones con los iluminados bávaros, los jacobinos, carbonarios y otros por el estilo. (34º) Existe documentación sobre el verdadero sentido cristiano de la Masonería del XVIII. Masiva presencia católica en la logias y directa participación del clero masón. Como expone MELLOR:246, la propia Masonería no dejaba de confirmar la

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existencia de “su” secreto, lo que provocaba, para Mellor, dos consecuencias: la hostilidad de los profanos (la Antimasonería) y nuevas intervenciones de la Iglesia (las encíclicas condenatorias del siglo XIX): La Anti-masonería, tan vieja como la Masonería, no se equivocó al encarnizarse desde los comienzos de la Gran Logia, en divulgar todos los secretos. Perseguía cada palabra de esta última (…) Se experimentaba un placer sádico y pueril en martirizar a los desgraciados iniciados a llevar sus «misterios» a la plaza pública. Mellor reseña un ejemplo de esto en las palabras de Samuel Prichard, autor antimasónico20 del XVIII: De todas las imposturas que han aparecido entre los hombres, ninguna tan ridícula como el misterio de la Masonería, que ha servido de diversión al mundo… Me he decidido a publicar este temible secreto, con vistas al bien público…21. Mellor constata la fiebre por desvelar el secreto o hablar de él, al que se dedican montañas de libros por activa y por pasiva, y se muestra notablemente perplejo ante lo que parece más bien un secreto a voces. Ante una asociación desconocida, con una importante presencia de católicos, incluidos algunos clérigos, los Estados, en particular el Estado Eclesiástico, reaccionó por temor a lo desconocido, condenando a la Masonería sin pruebas, por la amenaza que su mera existencia acarreaba, dando como argumento más sólido la misma causa del temor, lo desconocido, lo secreto, algo que los propios masones afirmaban tener. Las prohibiciones de distintos gobiernos, las condenas papales, y la insana manía de los masones de tener “secretos”22, convirtieron virtualmente las prohibiciones a la asociación, en prohibiciones a una “sociedad secreta”. Y lo que es más importante para nuestra hipótesis, el papel sociológico del secreto para la Masonería vino a reforzarse o, si se quiere, cobró una relevancia incalculable. Incluso hoy que conocemos “todo sobre la Masonería”, cada vez que un Estado la prohibe o que una institución como la Iglesia se pronuncia en contra suya, o cada vez que se publica cualquier libro sobre el tema o salta un escándalo financiero que involucra a un masón, explícita o implícitamente el secreto preside. Y no

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deja de haber ocasiones. En 1983 se promulgó el nuevo Código de Derecho Canónico en el que desapareció toda mención explícita a la Masonería, en lo que parecía la caída del velo que le fue impuesto 245 años antes por Clemente XII. No ha quedado claro que así fuera, ya que el Presidente de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, Cardenal Ratzinger, interpretó dicha supresión asegurando que se debía a criterios redaccionales, estando incluida la Masonería en categorías más amplias, y permaneciendo, en palabras de Ratzinger, por tanto inmutable el juicio negativo de la Iglesia sobre las asociaciones masónicas…23. Todo ello hace que se institucionalice el secreto como la razón de ser de la Masonería - que llegó a ser denominada la “religión del secreto”24 -, como la causa de su condena, como el motivo de su osadía, aunque también la razón de su éxito, lo que atrae a unos y lo que repudia a otros. Todo lo cual está relacionado con el aparato de la “voluntad de saber” que ha expuesto Michel Foucault en La Historia de la sexualidad. Finalmente, se produce “el secreto del secreto”, el secreto de Estado para combatir el secreto: no deja de sorprender que el Papa excomulgase a la masonería por mantener un secreto y luego él mismo ocultase determinados móviles de su anatema25. Se confirman así, a nuestro parecer, las proposiciones generales de Simmel para el caso de la Masonería, dándose preeminencia a la interacción de lo que este berlinés llama el “círculo mayor” con las asociaciones. En cuanto a nuestra hipótesis, decíamos que el secreto sí ha sido absolutamente crucial para la Masonería, aunque en un sentido distinto al considerado habitualmente. No lo ha sido porque fuera una s.s.. No lo ha sido porque el contenido del “secreto masónico” tuviera alguna relevancia objetiva o porque sus ritos tuvieran nada de herético 26. Lo ha sido porque el reto que constituía para el poder una agrupación de personas en alza disparó todos los temores sobre su mera existencia, dando esos mismos temores contenido a “la cosa” por la que se sentía amenazado y que cristalizó en “el secreto” como representación de los temores, y que condicionó, y

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condiciona, la vida de la Masonería. El secreto actuaría aquí como una especie de “etiqueta estructurada y estructurante” por y desde el poder. El verdadero secreto de la Masonería, el que ha hecho de ella una “sociedad secreta”, no es “su” secreto, es el “secreto del poder”: el temor del poder a una asociación de “hombres libres” que emergía con fuerza. El secreto, por tanto, más que para caracterizar a la Masonería como s.s. en función del rol que aquel ha jugado dentro de ella, ha servido para que los poderes establecidos consolidaran su violento rechazo hacia la Masonería, etiquetándola para dirigir sus ataques de “sociedad secreta”, tratándola y analizándola como s.s., intentando desmontarla como s.s. al tiempo que la reforzaban como tal. A modo de Epílogo, dos autores a tener en cuenta. Michel Foucault narra el proceso de puesta en discurso del sexo desde el siglo XVIII como una verdadera explosión discursiva, dentro de las técnicas del “poder”. La prohibición del sexo y su correlativo “descubrir el secreto”, se convierten en la excusa para que el poder penetre en el rincón más oculto y obtener así la confesión de “todo”. No se trata tanto de censurar el sexo como de construir un artefacto, un “dispositivo de sexualidad”, para producir discursos sobre el sexo, para dirigir y regular: …la verdad no es libre por naturaleza, ni siervo el error, sino que su producción está toda entera atravesada por relaciones de poder27. Quizás pueda hablarse por analogía con la noción de Foucault de un “dispositivo de secreto” que se explayó con la Masonería, iniciado por la prohibición del gobierno de Holanda en 1735, bendecido durante siglos por las condenas papales, retorcido por el fascismo y el comunismo, retomado y “clasificado” durante cuarenta años por el general Franco y, por supuesto, alimentado desde el interior de la Masonería por los amasadores de poder. Un dispositivo que hace vivir a cualquiera que se acerque a la Masonería, desde no importa qué perspectiva, “su secreto”, aunque se introduzca en la biblioteca masónica compuesta por decenas y

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decenas de miles de títulos28. Michel Maffesoli, por su parte, analiza en El tiempo de las tribus la dinámica social de la post-modernidad, introduciendo una gran variedad de miniconceptos que caracterizan nuestra sociedad con procesos de identificación a grupos, de constitución de redes, de establecimiento de empatías, un neotribalismo. Presenta, por ejemplo, un «paradigma estético», en el sentido de experimentar o sentir en común. Existimos, dirá Durand, en el espíritu de los demás. Me uno a los demás a través del mito en el que participo, a través de una «estética» común. Maffesoli cita a E. Renan, quien, refiriéndose al período del cristianismo naciente, señala que «Sólo las sectas poco numerosas logran fundar algo», y las compara a «pequeñas masonerías», resaltando el papel del secreto en la constitución de la red cristiana en sus orígenes. El pequeño grupo restaura la eficacia simbólica. Hace cierto aquello de que las ideas tienen fecundidad propia. En cuanto al secreto, para Maffesoli su temática es una manera privilegiada de entender el juego social, resalta la capacidad comunicativa del silencio y señala cierta relación entre el misterio, la mística y lo mudo, que es la de la iniciación que permite compartir un secreto. Los maestros de obras de la Edad Media construían sus catedrales sobre el principio de que la argamasa de un conjunto dado está precisamente constituida por lo que divide, la tensión de las heterogeneidades, que es el mismo principio que dice seguir la Masonería con “la unión de diferencias”.

Fernando de Yzaguirre, sociólogo. fdeyzaguirre@gmail.com

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Bibliografía. ÁLVAREZ LÁZARO, Pedro. “Iglesia-masonería: génesis y desarrollo de un conflicto inacabado”, Masonería, Iglesia y Liberalismo, Oporto, Fundaçao Eng. António de Almeida, 1996. BENIMELI FERRER, José A., Masonería, Iglesia e Ilustración. Un conflicto ideológicopolítico- religioso, Madrid, Fundación Universitaria Española, 1977, T IV. BOURDIEU, Pierre, La distinción. Criterio y bases sociales del gusto, Madrid, Taurus, 2000, pp. 37, 511. FOUCAULT, Michel, Historia de la Sexualidad 1. La voluntad de saber, Madrid, Siglo XXI, 1978. HAZELRIGG, Lawrence E., «A Re-examination of Simmel's “The Secret and the Secret Society”: Nine Propositions», Georg Simmel, Critical Assessments, London, Edited by David Frisby, 1994, T. III, 77, pp. 190-201. Original de 1968. La traducción es nuestra. MAFFESOLI, Michel, El tiempo de las tribus, Barcelona, Icaria, 1990. MELLOR, Alec, Nuestros hermanos separados los franc-masones, Barcelona, Editorial AHR, 1968. NEDELMANN, Birgitta, «Secrecy as a Macrosociological Phenomenon: A Neglected Aspect of Simmel's Analysis of Secrecy», Georg Simmel, Critical Assessments, London, Edited by David Frisby, 1994, T. III, 78, 202-221. Original de 1985. La traducción es nuestra. OTAOLA, Javier, La Masonería hoy, razón y sentido, San Sebastián, R&B Ediciones, 1996. SIMMEL, Georg, «El secreto y la sociedad secreta. Digresiones sobre el adorno y la comunicación escrita», traducido por J. Pérez Bances, Jorge Simmel, Sociología, Estudios sobre las formas de socialización, Madrid, Revista de Occidente, 1927, T. III, Apdo. V, 1927, pp. 101-168. Originalmente publicado en alemán, en SIMMEL Georg, «Sociologie, Untersuchungen über die Formen der Vergesellschaftung», Leipzig, Duncker & Humblot, 1908, chap. 5. Publicado en inglés, en SIMMEL, Georg, «The Sociology of Secrecy and of Secret Societies», American Journal of Sociology, vol. 11 (January 1906), pp. 441-498. Dictionnaire de la franc-maçonnerie, direction Daniel Ligou, París, Presses Universitaires de France, 1987, pp. 1124-1126. NOTAS
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YZAGUIRRE, Fernando (2004): “Masonería y secreto: una aproximación sociológica” en La Masonería en Madrid y en España del siglo XVIII al XXI, vol. I, pp. 405-419, Centro de Estudios Históricos de la Masonería Española, Zaragoza. 2 Todas las citas se refieren a las obras de la bibliografía reseñada al final. La indicación “(S:nº)” corresponde a la página de la obra de Simmel. 3 En cita a pié de página, Simmel se refiere también a la “fe” de un hombre en otro, que diferencia de su análisis de la confianza basada en el saber o ignorancia de uno en otro. La “fe” se refiere a una actitud primaria del alma y entra en la categoría de la creencia religiosa. 4 Simmel se refiere a la tendencia moderna a las amistades diferenciadas, referidas a un único aspecto de la personalidad, quizás por que las personalidades estén demasiado individualizadas o quizás porque el hombre moderno tenga demasiado que ocultar. 5 Para Jesús Ibáñez: La potencia reside en lo no-dicho, en el secreto, en la duplicidad. MAFFESOLI:14, prólogo de Jesús Ibáñez. 6 La proposición 6 de Hazelrigg es aquí oportuna (HAZELRIGG:196): Cuanto mayor es la tendencia hacia la inclusión total (implicación de la personalidad total), es más probable que los miembros posean una concepción aristocrática de sí mismos. 7 En expresión de Hazelrigg, aunque hemos sustituido “ideas” por “conocimientos”.

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En junio 2003 fue presentado en el Colegio Oficial de Médicos de Madrid el “manifiesto en defensa de la confidencialidad y el secreto médico” como respuesta a la facilidad que existe hoy día para vulnerar el derecho del paciente a la confidencialidad de sus datos. 9 La Ley de secretos oficiales 9/1968, modificada por la 48/1978, empieza así: Es principio general (…) la publicidad de la actividad de los Órganos del Estado, porque las cosas públicas que a todos interesan pueden y deben ser conocidas de todos - y sigue - es innegable la necesidad de imponer limitaciones, cuando precisamente de esa publicidad puede derivarse perjuicio para la causa pública, la seguridad del mismo Estado o los intereses de la colectividad nacional. 10 Hazelrigg se refiere a los procesos de cambio en los cuales la estructura del secreto protege los “elementos valorizados” que son especialmente vulnerables y pone como un “gran ejemplo” (HAZELRIGG:195): El actual movimiento de liberalización dentro de la curia romana. 11 A este respecto y en relación con nuestra temática, tiene particular interés el tratamiento que da Alec Mellor a la Masonería en Nuestros hermanos separados los francmasones, donde afirma, refiriéndose a los masones, que Nadie debe ser excluido del Cuerpo místico (p.15). En el prólogo de la misma obra J.A. Ferrer Benimeli hace de la obligatoriedad de la creencia en Dios condición del verdadero camino de la masonería (p.12). La problemática religiosa, en medio de la cual nace la Masonería, es un aspecto en sí relevante, pero creemos que menos de lo que se pueda pensar. 12 Un ejemplo de Simmel: los Garduñas de España, sociedad de delincuentes que estuvo en relaciones con la Inquisición desde el siglo XVII hasta comienzos del XIX (p.418). Santiago Valentí Camp, un español contemporáneo de Georg Simmel, publicó en 1912 Las sectas y las sociedades secretas, un voluminoso estudio, con pretensiones sociológicas, sobre unas 400 sociedades que hacían uso del secreto: la práctica de ritos o ceremonias que se procura no trasciendan al público… Magos, Cultos Egipcios, Judaísmo, Cristianismo, Inquisición, Jesuitas, Francmasonería, Socialismo, Anarquismo… 13 Un ej. de Simmel: Bismarck habla de una sociedad de pederastas…; y acentúa “el efecto igualitario que, en todas las clases sociales, produce la práctica en común de lo prohibido” (S:165). 14 (HAZELRIGG:198), proposición 9. 15 Dictionnaire de la franc-maçonnerie, (p.1124). 16 Jasper Ridley (p.56 y ss.) para todo el párrafo. 17 Clemente XII promulgó la Bula «In eminenti» en 1738, que empieza así: Condenación de los conventículos (sociedades secretas) vulgarmente llamados Liberi muratori o Franc-masones… La condena de Clemente XII fue ratificada por sus sucesores. 18 León XIII, en su encíclica antimasónica de 1884 Humanum Genus, resumía así lo que entendía como último fin del secreto masónico: El destruir hasta los fundamentos todo el orden civil establecido por el Cristianismo, levantando a su manera otro nuevo con fundamentos y leyes sacadas de las entrañas del Naturalismo. En ÁLVAREZ LÁZARO, Pedro. 19 FERRER BENIMELI, Conclusiones del T-IV, pp. 211-218. 20 FERRER BENIMELI, J.A. Bibliografía, obras antimasónicas, p.423. 21 MELLOR, Alec, p.252. En p. 249 cita la obra de Prichard, Masonry dissected, de 1730. 22 El secreto de la masonería es para Mellor su veneno. MELLOR, Alec, 71: Solamente la cuestión del Secreto iba a envenenar a la joven institución desde su nacimiento, y, poco a poco, crearía una falsa situación que dura todavía hoy. 23 ÁLVAREZ LÁZARO, Pedro. 24 En la nota 3, sobre MACKEY, se recoge: Esta religión del secreto impulsó en 1766 a Lawrence Dermott a dedicar el capítulo I … a las excelencias del secreto en sí, y a demostrar que la superioridad de los franc-masones sobre los hombres en general provenía de su discreción «The excellency of Secrecy and with what care it is to be kept». MELLOR, Alec, p.327. 25 NAGY, T. Jesuitas y masones, Edit. Del Autor, Buenos Aires, 1963, pp. 461-464. Citado por ÁLVAREZ LÁZARO, Pedro. 26 Contrariamente a sospechas absurdas, su análisis (el de las ceremonias masónicas) no revela estrictamente nada que pueda considerarse como herético. MELLOR, Alec (p.71). 27 FOUCAULT, Michel (p.76) 28 Ferrer Benimeli señala que, en contra de lo que se piensa existe igualmente una literatura inmensa que desde el siglo XVIII se ha consagrado a analizar todos los aspectos de la institución masónica (FERRER BENIMELI: 277) y señala la recopilación bibliográfica de Wolfstieg que hasta 1911 tenía reseñados más de 50.000 títulos, además de la existencia de un buen número de archivos que conservan un gran fondo documental.

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