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MUJERES PREDICADORAS PROHIBIDO EN LA BIBLIA

Escrito por el Dr. John R. Rice en 1941

¿Puede predicar una mujer? ¿Llama Dios a mujeres a ser pastoras?


¿Evangelistas? ¿Directoras de música en la iglesia? ¿Maestras de la Biblia en
grupos mixtos de hombres y mujeres? Si tratamos de resolver este asunto por la
opinión del hombre, nunca estaría asentado en forma satisfactoria. La gran
mayoría de la opinión entre gente cristiana responsable indica que la mayoría de
las iglesias nunca llaman a una mujer predicadora como pastora. La mayoría de
los seminarios no emplean a mujeres como maestras de teología. Y pocas
mujeres encuentran posiciones en las facultades de seminarios e institutos
bíblicos. Muchas de las iglesias encargan a hombres para conducir reuniones
evangelísticas, si los tienen. Entonces la opinión mayoritaria decidiría por hombres
predicadores y en contra de mujeres predicadoras. Pero las opiniones varían con
las preferencias. Los seguidores de Aimee Semple McPherson, los grupos
grandes pentecostales, el Ejército de Salvación donde las mujeres siempre han
sido bienvenidas, aunque en práctica actual normalmente no tienen un puesto de
liderazgo–todos ellos y muchos otros insisten en el derecho de una mujer a
predicar, hacer la obra de evangelista, o pastora, o maestra de la Biblia, lo mismo
como los hombres.

El asunto no puede ser resuelto por opiniones. No puede ser resuelto por
observaciones. No puede ser resuelto por lógica. Hay un solo lugar para resolver
este asunto acerca de si Dios quiere que una mujer predique o no. ¡Es por la
misma Palabra de Dios! La Biblia es el lugar donde encontrar lo que Dios quiere
que la gente haga. La Biblia nos dice como la obra de Dios debe ser conducida.
No hay otra autoridad de ningún valor en este asunto, excepto como deriva de la
Biblia, y coincide con la enseñanza de la Biblia.

Las mujeres a veces dicen que se sienten llamadas a predicar. Dicen a veces que
el Espíritu Santo ha dicho a ellas plenamente que deben predicar. Pero debemos
tomar en cuenta que cada doctrina falsa en el mundo es apoyada por ese
argumento. Una cierta madre que mató a su niño dijo que Dios la mandó a
hacerlo. Alguna gente se siente guiada a predicar la salvación por gracia. ¡Otros
se sienten guiados a predicar la salvación por obras! Algunos se sienten guiados
por Dios, dicen, a bautizar por rociar agua, y otros se sienten guiados por el mismo
Espíritu a bautizar por inmersión. Algunos se sienten guiados por Dios a perseguir
a los judíos. Algunas personas se sienten guiados por Dios a fundar una secta con
doctrinas falsas; eso es, honestamente se sienten guiados a hacerlo. Pero la
respuesta a todo esto es muy simple. El Espíritu Santo de Dios dictó la Biblia.
Santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo. El
Espíritu Santo nunca contradecirá su propia Palabra. Cualquier impulso que se
cree ser del Espíritu Santo debe ser examinado por la Biblia. Cualquier impulso
que no coincide con la plena enseñanza de la Palabra de Dios es falso, y no
proviene del Espíritu de Dios. Por esta razón la Escritura nos manda “Amados, no
creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos
falsos profetas han salido por el mundo” 1 Juan 4:1.

Este asunto, entonces, no puede ser resuelto de acuerdo a como la gente se


siente guiado excepto cuando coincide con la Biblia. No hay impulso de Dios si va
en contra de claras declaraciones en la Palabra de Dios. Este asunto debe ser
resuelto por la Biblia, la práctica regla suprema de la fe para los cristianos.

Tomemos en cuenta cuidadosamente las Escrituras que tratan con este tema. La
Biblia es la Palabra de Dios; ningún pasaje de la Escritura contradecirá otro
pasaje. Y como el hombre y la mujer y Dios no han cambiado, encontraremos que
lo que Dios quiso para la mujer en tiempos bíblicos él quiere para ellas ahora
también. Espero que cada lector le pida sabiduría al Espíritu Santo con un corazón
de oración, y que investigue en las Escrituras lo que Dios tiene para decir en
cuanto a mujeres predicando el evangelio.

1 TIMOTEO 2:11-15 DICE QUE NINGUNA MUJER DEBE ENSEÑAR O


USURPAR AUTORIDAD SOBRE EL HOMBRE

La primera Escritura a la cual le llamo la atención sobre este asunto de mujeres


predicadoras es en 1 Timoteo 2:11-15, que se menciona aquí:

“La mujer aprenda en silencio, con toda sujeción. Porque no permito a la mujer
enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio. Porque Adán
fue formado primero, después Eva; y Adán no fue engañado, sino que la mujer,
siendo engañada, incurrió en transgresión. Pero se salvará engendrando hijos, si
permaneciere en fe, amor y santificación, con modestia”.

Quiero que note el carácter universal de esta Escritura. Es en una carta escrita por
Pablo, el apóstol a los gentiles, dirigido a Timoteo. Pablo había dejado a Timoteo
en Efeso para encargarse de la gran obra en esa ciudad, con muchos ancianos,
como verás en el primer capítulo de este libro. El versículo 3 le indica a Timoteo
que debía guardarse de falsas doctrinas. El versículo 4 le advierte que debe evitar
confusión, y los versículos 6 y 7 nos dice que debía corregir algunos que
deseaban ser “doctores de la ley, sin entender ni lo que hablan ni lo que afirman”.
Es importante notar que en esta epístola tenemos instrucciones detalladas en
cuanto a las calificaciones para obispo (pastor en nuestros días) y diácono (vea
capítulo 3). Nadie puede leer 1 Timoteo sin notar que provee instrucciones y
reglas para todas las iglesias Nuevo Testamentarias, como comunicado a Pablo,
el apóstol a los gentiles, por el Espíritu Santo. Entonces el pasaje que leímos es
para todas las iglesias Nuevo Testamentarias y cristianos Nuevo Testamentarios.
A los cristianos Nuevo Testamentarios Pablo les dice “La mujer aprenda en
silencio, con toda sujeción. Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer
dominio sobre el hombre, sino estar en silencio”. Pablo no permitía ninguna mujer
predicadora ni ninguna maestra de hombres, ni ninguna mujer que ejercite
autoridad sobre el hombre, en ninguna de las iglesias Nuevo Testamentarias. La
palabra de Pablo fue aceptada como ley a través del imperio romano entre la
gente fundamentalista firme. En Roma, en Corinto, en Efeso, los grandes centros,
y entre todos estos lugares la autoridad de Pablo como un apóstol de Dios es
reconocido. Y en ningún lugar, dice Pablo, permitía una mujer enseñar ni ejercer
dominio sobre el hombre.

Esta regla de Pablo no es arbitraria, pero cabe dentro del plan de Dios desde el
tiempo de la creación. Pablo explica que “Adán fue formado primero, después Eva;
y Adán no fue engañado, sino que la mujer, siendo engañada, incurrió en
transgresión”. Dios hizo a Adán primero. Eva fue creada segundo y como su
ayuda idónea, sujeto a él. Por esa razón, dice Pablo, las mujeres no deben
enseñar a los hombres en la iglesia, y no deben ser oficiales en la iglesia ni
ejercitar autoridad sobre el hombre. Una mujer tomando tal autoridad consistiría de
usurpación, imponerse indebidamente en una posición de autoridad que no es
propio ni naturalmente perteneciente a ellas. Desde la creación, la Biblia dice, la
mujer debe tomar el lugar de sujeción, porque no fueron creadas para tener
autoridad sobre los hombres ni enseñarles.

Otra vez Pablo escribe de la debilidad de una mujer y su aptitud de ser mal guiada
porque “Adán no fue engañado, sino que la mujer, siendo engañada, incurrió en
transgresión”. Satanás encontró que pudo engañar a Eva con más facilidad que
Adán. Dios creó a la mujer de tal manera que pueda sentirse cómoda siendo una
ayuda idónea, una esposa que se acomoda en su voluntad y plan. Entonces, en la
naturaleza del caso, las mujeres no fueron tan bien equipadas para autoridad
ejecutiva. Si las mujeres pueden ser guiadas fácilmente, no son tan buenas como
líderes. Cualquier pastor sabe que es más fácil encontrar a una mujer que está
dispuesta a hacer un buen trabajo. Pero buenos observadores admitirán que ellas
son
más fácilmente guiadas a falsas doctrinas y errores de todas clases. Pero el
argumento aquí en 1 Timoteo 2:14 es que Satanás pudo engañar a Eva cuando no
pudo engañar a Adán, y eso es evidencia que las mujeres no deben ser puestas
en autoridad en las iglesias y en obras cristianas. Si pudo engañar a Eva más
fácilmente en el huerto de Edén, él puede engañar a las mujeres fácilmente hoy.
Esto significa que las mujeres son más propensas a entrar en herejías doctrinales
y prácticas inescriturales que los hombres. Las mujeres no están equipadas para
enseñar a los hombres ni ejercer autoridad sobre el hombre, nos dice esta
Escritura. Pero Dios también tiene un deber especial y privilegio para las mujeres
en dar a luz y criar hijos. Si se someten al plan de Dios en humildad y
mansedumbre, entonces serán rescatadas y preservadas, cuando los dolores de
parto vienen sobre ellas. Muchas mujeres piadosas han encontrado dulce
consuelo y ayuda en el valle de la sombra al dar a luz a un niño para el Señor,
recibiendo ayuda de Dios porque estaban dispuestas a tomar el lugar de la mujer
en sumisión.
Consideremos cuidadosamente los versículos 11 y 12:

La mujer debe aprender en silencio, con toda sujeción.

Una mujer no debe enseñar. Ciertamente no debe enseñar a hombres, pero es


evidente que no debe enseñar a grupos en general, que incluyen hombres.

Una mujer nunca debe tener autoridad sobre el hombre.

Y otra vez se enfatiza que una mujer debe mantenerse “en silencio” en tales
reuniones públicas.

Sabemos bien que Dios no quiere que las mujeres cristianas se mantengan
silenciosas fuera de reuniones públicas mixtas. Tito 2:3-4 manda plenamente “Las
ancianas asimismo…que enseñen a las mujeres jóvenes”. Aquí vemos claramente
que las mujeres de edad más avanzada que pueden enseñar a las mujeres más
jóvenes, y que lo deben hacer. Deben enseñarlas, entre otras cosas, a ser “sujetas
a sus maridos” (v. 5). Las mujeres deben mantener silencio entonces, en cuanto a
la enseñanza a toda la iglesia, o enseñar a hombres, o grupos incluyendo
hombres, pero las mujeres de edad más avanzada pueden enseñar a otras
mujeres. Es muy claro que una madre puede enseñar a sus propios hijos, tal como
la madre y abuela de Timoteo aparentemente le enseñaron (2 Tim. 1:5).
Proverbios 1:8 nos manda: “no desprecies la dirección de tu madre”. Proverbios
6:20 dice “no dejes la enseñanza de tu madre”. Proverbios 30:17 dice: “El ojo que
escarnece a su padre Y menosprecia la enseñanza de la madre, Los cuervos de la
cañada lo saquen, Y lo devoren los hijos del águila”. Una mujer puede enseñar a
otras mujeres y puede enseñar a niños. Pero en ninguno de estos casos
mencionados se refiere a la enseñanza pública como una oficial de la iglesia, o la
enseñanza de grupos grandes mixtos. Priscila ayudó a su esposo, y Aquila le
enseñó a Apolos el camino del Señor más perfectamente. Pero en esto podemos
estar asegurados que lo hizo en el espíritu manso como una ayuda idónea para su
marido. Ella habló en conversación personal, y no como una maestra oficial o
como uno teniendo autoridad.

Entonces cuando Pablo dijo “Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer


dominio sobre el hombre, sino estar en silencio”, parece claro que está
prohibiendo a la mujer tomar su lugar como una maestra pública de hombres. Una
mujer debe estar en silencio en la asamblea pública en el sentido que ella no debe
enseñar como una oficial de la iglesia. Ella debe estar en silencio particularmente
en cuanto al lo que concierne la enseñanza de hombres. Eso es claramente
prohibido. Ninguna mujer, de acuerdo a este pasaje, es permitida enseñar una
clase de hombres, o una clase incluyendo hombres, ni enseñar en la iglesia en
una asamblea pública incluyendo hombres.

También es claro que ninguna mujer debe ocupar un lugar como una oficial de la
iglesia, teniendo autoridad sobre hombres. Ninguna mujer podría ser una pastora
de una iglesia, de acuerdo con este versículo claro. Tal cosa sería una usurpación
de autoridad que es prohibida a ella.

En las iglesias Nuevo Testamentarias el lugar de la mujer era de ser enseñada, no


de enseñar. El lugar de la mujer era de mantener silencio, no el de ser una voz
pública. El lugar de la mujer era de mantenerse en sujeción, y de no estar en
autoridad. Ciertamente esta Escritura prohíbe que cualquier mujer sea
predicadora, pastora o evangelista.

Es apropiado mencionar, ya que Dios ha prohibido a la mujer tener autoridad en


asuntos religiosos, que los pastores sí tienen autoridad de Dios. Considere el
tercer capítulo de Timoteo, que le sigue a este pasaje, y su tratamiento del oficio
de obispo. La palabra obispo significa administrador o capataz, y es una palabra
Nuevo Testamentaria para pastor. Ciertamente un administrador tiene autoridad.
Esta autoridad es indicada también en 1 Timoteo 3:5 “pues el que no sabe
gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?” Un hombre
necesita saber como gobernar para ser un obispo o un administrador o pastor de
una iglesia. Pero a la mujer le es claramente prohibida gobernar, entonces una
mujer no puede ser una pastora de acuerdo al plan Nuevo Testamentario.

En Hebreos 13:17 somos mandados “Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a


ellos” y el habla de líderes espirituales que vigilan sus almas, eso es, pastores y
líderes cristianos. Los pastores y predicadores tienen una verdadera autoridad de
Dios para ejercer su liderato. Pero la mujer no debe tener autoridad sobre el
hombre, entonces una mujer no podría ser una pastora de una iglesia, o un
predicador del evangelio, en el sentido ordinario.

Un evangelista debe pregonar con autoridad. Pablo le mandó a Timoteo, “haz obra
de evangelista” (2 Timoteo 4:5). Pero Timoteo, el evangelista, fue dado las
siguientes instrucciones:

“Esto manda y enseña. Ninguno tenga en poco tu juventud…” (1 Timoteo 4:11-12).


Un evangelista tiene autoridad de Dios y no debe ser menospreciado, aunque sea
joven. Pero ninguna mujer debe ejercer autoridad sobre el hombre, y ninguna
mujer puede ser una evangelista en el sentido bíblico. No había mujeres
evangelistas en tiempos bíblicos, y no debe haber ninguno ahora.

1 CORINTIOS 14:34-35 MANDA A LAS MUJERES A MANTENER SILENCIO EN


LA IGLESIA

Acabamos de estudiar estos dos versículos en el capítulo 14 de 1 Corintios que


trató con el lugar de la mujer en la iglesia. Pero señalamos solamente la
enseñanza que las mujeres están, aun en asuntos religiosos y de la iglesia,
sujetas a sus maridos. Leamos los versículos 34 y 35 otra vez, y veamos lo que
dice acerca de mujeres predicadoras.
“Vuestras mujeres callen en las congregaciones; porque no les es permitido
hablar, sino que estén sujetas, como también la ley lo dice. Y si quieren aprender
algo, pregunten en casa a sus maridos; porque es indecoroso que una mujer hable
en la congregación” (1 Cor. 14:34-35).

Otra vez las Escrituras instruye claramente a las mujeres que guarden silencio en
las iglesias, que no se les permite hablar, sino que deben mantenerse en
obediencia, tal como era en el Antiguo Testamento.

Algunos pueden llegar a decir que este reglamente era tan solo para la iglesia en
Corinto. Pero eso no es cierto. La epístola no solamente fue escrita a los cristianos
en Corinto, pero también a “todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de
nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro”, como se puede notar en el
segundo versículo del primer capítulo. Las instrucciones de 1 Corintios fueron
dadas por el Espíritu Santo a todos los cristianos en todo lugar. Por tanto, a todos
los cristianos en todo lugar, el Señor manda diciendo: “Vuestras mujeres callen en
las congregaciones; porque no les es permitido hablar, sino que estén sujetas,
como también la ley lo dice”, y “es indecoroso que una mujer hable en la
congregación”.

Algunos posiblemente lleguen a decir que de acuerdo a esta Escritura una mujer
no debe cantar en un coro, ni dar testimonio en una reunión de oración. Vamos a
tratar con esto más adelante. Yo creo que el Señor quiere la mujer guarde silencio
en cuanto a lo que concierne la enseñanza o predicación oficial, cualquier discurso
público acerca de las Escrituras, o un liderato público en la iglesia, o de hombres,
o de grupos que incluyen a hombres. Si esa interpretación no alcanza lo suficiente,
vamos a extendernos hasta el punto de la intención de las Escrituras. Pero por lo
menos es claro y obviamente cierto que esta Escritura prohíbe a cualquier mujer
predicar, y prohíbe a cualquier mujer asumir la función de pastora o evangelista.
Eso simplemente no era permitido en ninguna iglesia Nuevo Testamentaria, y nos
es permitido hoy en ningún lugar si la gente ha de obedecer este pleno
mandamiento de Dios.

Ahora note que en este asunto de las relaciones del hombre y la mujer, la voluntad
de Dios nunca cambió. Las mujeres deben estar en obediencia en las iglesias en
estos días tal como debían estar en obediencia manteniendo silencio en la
adoración de la época del Antiguo Testamento. En la familia Antiguo
Testamentaria, la mujer era sujeta a su marido. En el tabernáculo del Antiguo
Testamento y la alabanza del templo, no había mujeres sacerdotisas, ni mujeres
escribas, ni mujeres en capacidades oficiales. Y este pasaje nos dice que lo
mismo debe ser cierto en cuanto a la mujer Nuevo Testamentaria.

Repasando otra vez los dos pasajes de la Escritura que particularmente prohíben
mujeres predicadoras, note que en 1 Corintios 14:34-35, la mujer debe mantener
silencio “en las congregaciones”. Pero en 1 Timoteo 2:11-12 se prohíbe que una
mujer enseñe o usurpe autoridad sobre los hombres en cualquier lugar. La iglesia
no es mencionada. Sí, se prohíbe que una mujer tome una parte oficial de la
reunión de una iglesia. Pero de igual modo se le prohíbe a las mujeres enseñar a
los hombres o usurpar la autoridad de los hombres fuera de las reuniones de la
iglesia. Es tan erróneo que una mujer tome el lugar de un maestro de la Biblia o
pastor o evangelista en un hogar privado o en una clase de Escuela Dominical
como si fuese una reunión oficial de una iglesia. Simplemente no fue la intención
de Dios que la mujer asuma un puesto de autoridad o liderazgo sobre los hombres
o que enseñe a hombres.

NO HUBO PASTORAS, MUJERES EVANGELISTAS, MAESTRAS DE LA BIBLIA,


NI PREDICADORAS EN ÉPOCAS NUEVO TESTAMENTARIAS

Hemos considerado los plenos mandatos de la Biblia que prohíben que la mujer
predique. Ahora quiero llamarle la atención a la certeza de que estos
mandamientos fueron obedecidos en todo lugar en las iglesias del Nuevo
Testamento. En ninguna iglesia Nuevo Testamentaria se permitía que una mujer
sea pastora o evangelista o maestra de la Biblia. No había ni siquiera una mujer
predicadora en las iglesias del Nuevo Testamento. Hubo 12 apóstoles originales,
sus nombres fueron dados, pero no hubo ni una mujer entre ellas. Hay relatos de
sermones predicados, pero nunca se menciona un sermón predicado por ninguna
mujer.

Todas las palabras usadas para predicadores en la Biblia son palabras


masculinas. Anciano es una palabra masculina. Obispo es una palabra masculina.
Los que se mencionan como maestros en el Nuevo Testamento eran hombres. El
pronombre masculino es usado a través de las calificaciones para un obispo en 1
Timoteo 3:1-7. Él debe ser el marido de una sola mujer. En ese corto pasaje
referente a obispos o pastores, se refiere a ellos como “él”, “marido”, y todos los
adjetivos son masculinos o neutrales.

Muchas mujeres piadosas se mencionan en el Nuevo Testamento. No permitas


que nadie te engañe acerca de las mujeres del Nuevo Testamento. En muchas
ocasiones eran tan entrenadas, devotas e instruidas como los hombres. Considere
la fe (doctrina) de Loida y Eunice, la abuela y madre de Timoteo (2 Timoteo 1:5).
Considere el discernimiento espiritual increíble dada a María, la madre de Jesús,
como ella guardaba las cosas, meditándolas en su corazón, aun antes del
nacimiento del Salvador. El ángel le apareció a ella, pregonando grandes certezas
acerca del Salvador venidero (Lucas 1:28-38). María era una joven espiritual, aun
llena del Espíritu Santo, como vemos de sus alabanzas a Dios en la presencia de
Elisabet, en Lucas 1:46-55. María iba con Jesús la mayoría de las veces. ¡Qué
cristiana maravillosa y desarrollada habrá sido! A pesar de todos esto, María
nunca predicó, ni enseñó a hombres, ni asumió un puesto oficial en ninguna
iglesia.

Considere a otra María, la hermana de Lázaro y Marta. Ella se sentó a los pies de
Jesús y oyó su enseñanza. Ella se deleitó tanto en eso que no lo rendía por
prepara comida (Lucas 10:38-42). Esto le agradó a Jesús. Él la felicitó y la enseñó.
Luego María vino para ungir los pies de Jesús con un perfume muy costoso (Juan
12:1-7) y él dijo “Déjala; para el día de mi sepultura ha guardado esto”. María
había guardado su dinero, y había reservado cuidadosamente este regalo
precioso y costoso para ungir a Jesús justo antes de su muerte en la cruz. Ella
parecía comprender mejor que los apóstoles que Jesús iba a la cruz. Judas se
quejaba porque el dinero no fue usado para los pobres, y los otros discípulos
aparentaban estar de acuerdo con él (Mateo 26:8-9). Jesús sintió gran gozo al
notar el discernimiento espiritual de esta mujer piadosa y sabia, y prometió que lo
que ella había hecho sería proclamado a través del mundo en memoria de ella.
Pero a pesar de cuan sabia e instruida era ella, ¡nunca fue una predicadora, ni
pastora, nunca fue una maestra de la Biblia!

Un número de otras mujeres prominentes fueron mencionadas en el Nuevo


Testamento. Febe, la sirviente o diaconisa de la iglesia en Crencia, era una mujer
muy útil y piadosa (Rom. 16:1-2). Pero nunca se menciona a ella como una
maestra o una oficial. Ella se sintió contenta en ayudar a los pobres y en hacer el
trabajo de una sirvienta de la iglesia, no como una administradora o maestra o
predicadora.

Priscila, la esposa de Aquila, es mencionada varias veces en el Nuevo


Testamento, y debe ser que fue una cristiana muy devota, pero nunca se
menciona a ella como una predicadora, maestra, pastora ni evangelista.

No hubo predicadoras, pastoras, mujeres evangelistas ni maestras de la Biblia en


las iglesias del Nuevo Testamento.

¿ERAN PREDICADORAS LAS PROFETISAS?


En la Biblia varias mujeres fueron llamadas profetisas, incluyendo María (Éxodo
15:20), Débora (Jueces 4:4), Hulda (2 Reyes 22:14), Noadías (Nehemías 6:14),
Ana (Lucas 2:36) y cuatro hijas doncellas de Felipe (Hechos 21:9). Algunas
personas que nunca estudiaron el asunto piensan que las profetisas eran
predicadoras. Pero no eran. No se menciona ni siquiera que una de estas
profetisas predicó o tuvo un discurso en una congregación pública en alguna
forma. Las profetisas no eran predicadoras. No predicaban; no desempeñaban el
trabajo de pastor ni evangelista, ni la de una maestra de la Biblia.

Profetizar significa hablar por revelación divina. Una profecía es una revelación
especial por el Espíritu de Dios. Un profeta es un hombre que recibe revelación
divina. Una profetisa es una mujer que recibe revelación divina en cuanto al futuro.

Los profetas (masculino) en veces eran predicadores. Isaías, Jeremías, Daniel y


Ezequiel eran predicadores. Pero mayormente eran profetas, o sea, ellos recibían
revelación divina de lo que le iba a acontecer a Israel. También eran predicadores,
aunque se les llaman profetas. Pero las profetisas nunca predicaban en la Biblia.
Ellas recibieron breves revelaciones divinas para compartir con individuos, pero
nunca fueron enviadas a predicar, ni dirigir una asamblea pública como
expositoras de la Palabra, ni de hacer la obra de pastora o evangelista.

El significado de la palabra profeta o profetisa en el Antiguo Testamento es el


mismo que la palabra profeta o profetisa en el Nuevo Testamento.

La obra de un profeta es indicada en Deuteronomio 18:22, que dice:

“Si el profeta hablare en nombre de Jehová, y no se cumpliere lo que dijo, ni


aconteciere, es palabra que Jehová no ha hablado; con presunción la habló el tal
profeta; no tengas temor de él”.

La palabra del profeta se debe llevar acabo, o sea, la profecía es normalmente


una revelación divina del futuro.

En el Nuevo Testamento, en muchas ocasiones las Escrituras mencionan que las


palabras de los profetas eran una predicción del futuro. Por ejemplo, Mateo 1:22
dice: “Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio
del profeta”. Vea también Mateo 2:17, 23; 3:3; 4:14; 12:17; 21:4; 26:56; 27:9, 35.
Solo he mencionado Escrituras en el Evangelio de Mateo y hay muchos otros en el
Nuevo Testamento, todas referentes al cumplimiento de las palabras de algún
profeta del Antiguo Testamento. Digo que un profeta normalmente predice el
futuro por revelación divina. Una profetisa, de modo similar, es una mujer que
recibe revelación divina.

El único libro en el Nuevo Testamento que Dios llama una profecía es el libro de
Apocalipsis. “El libro de esta profecía” (Apocalipsis 22:19) es revelación, el libro
Nuevo Testamentario que es dado en gran manera a la revelación de eventos del
porvenir. Profecía no indica predicación; significa una revelación divina bajo el
ungimiento del Espíritu. Una profetisa no predica.

En el Nuevo Testamento, Pedro, Juan y Pablo no fueron llamados profetas


(aunque Dios usó a cada uno de ellos para escribir algunas profecías en su
Palabra), pero su obra primaria era la predicación. Del otro lado, Agabo se
menciona dos veces en el libro de Hechos como un profeta. Su primer profecía se
menciona en Hechos 11:27-28 que dice:

“En aquellos días unos profetas descendieron de Jerusalén a Antioquía. Y


levantándose uno de ellos, llamado Agabo, daba a entender por el Espíritu, que
vendría una gran hambre en toda la tierra habitada; la cual sucedió en tiempo de
Claudio”.

Agabo brevemente compartió una revelación que Dios le había dado acerca de un
hambre que vendría sobre la tierra.
Otra vez, Hechos 21:10-11 nos relata otra profecía de este hombre Agabo en las
siguientes palabras:

“Y permaneciendo nosotros allí algunos días, descendió de Judea un profeta


llamado Agabo, quien viniendo a vernos, tomó el cinto de Pablo, y atándose los
pies y las manos, dijo: Esto dice el Espíritu Santo: Así atarán los judíos en
Jerusalén al varón de quien es este cinto, y le entregarán en manos de los
gentiles”.

Note que esto es un simple mensaje de Dios acerca de lo que le iba a acontecer a
Pablo en Jerusalén. La profecía ocupó menos de un versículo. No contenía un
sermón. El mensaje probablemente fue dado a Pablo y Lucas y posiblemente a
Timoteo u otros amigos. No fue un sermón en ningún sentido, sino simplemente
una revelación de Dios acerca de lo que iba a ocurrir. Eso es lo que compone una
profecía. Poco antes de que se menciona este profeta Agabo en versículo 10, el
versículo anterior dice lo siguiente de Filipo: “Este tenía cuatro hijas doncellas que
profetizaban”, o sea, estas hijas vírgenes recibieron revelaciones especiales de
Dios. No predicaron.

1 Corintios 14:1 y 5 indica que sería una bendición si todos los cristianos
profetizaran. Eso no significa que todo cristiano debe ser un predicador, un pastor
o un evangelista. Sino, cada cristiano debe andar tan cerca a Dios que él le
revelará a veces cosas que acontecerán en el futuro. De igual modo, 1 Corintios
14:24 no significa que si cada persona en la congregación se levantara y predicara
un sermón, que todos los incrédulos presentes se convertirían. Significa que si
cada cristiano estaba en comunión íntima con Dios como para recibir una
revelación de él acerca de lo que acontecería y que hacer, eso convencería los
que contradecían la certeza del Evangelio. 1 Corintios 14:39 indica que cada
cristiano debe anhelar este contacto cercano con Dios y que él revelaría su
voluntad a nosotros y las cosas que especialmente necesitamos saber para
enfrentar al futuro. Acuérdese que esto fue mucho más necesario antes que el
Nuevo Testamento fue escrito, comparado a cuanto es necesitado hoy, cuando
tenemos la revelación divina completa dada en la Biblia.

Hay dos notas confusas en la Biblia de notas Scofield sobre esta cuestión de la
profecía. En cuanto a 1 Corintios 12:10, el Dr. Scofield comenta: “El profeta Nuevo
Testamentario no era uno que ordinariamente predecía, sino que proclamaba, uno
cuyo don le permitía hablar ‘para edificación, exhortación y consolación’ (1
Corintios 14:3). Pero 1 Corintios 14:3 no dice y no significa que un profeta Nuevo
Testamentario es diferente a un profeta del Antiguo Testamento. Una revelación
divina o profecía de Dios sí trae edificación, exhortación y consuelo, como nos
dice 1 Corintios 14:3. Pero no hay ningún versículo de Escritura que indica que la
profecía es predicación o que hay una diferencia en los oficios de un profeta del
Antiguo Testamento comparado a un profeta Nuevo Testamentario.
Otra vez, comentando sobre 1 Corintios 14:1, el Dr. Scofield dice “El profeta
Nuevo Testamentario no era meramente un predicador, sino un predicador
inspirado, a través del cual, hasta que fue escrito el Nuevo Testamento, nuevas
revelaciones fueron dadas de acuerdo a las nuevas dispensaciones (1 Corintios
14:29-30). Esta aseveración es confusa. Por predicador, queremos decir uno que
expone la Biblia. Pero una profecía no era una exposición de la Biblia, sino
solamente una revelación nueva de Dios. Algunas personas ignorantes se han
aprovechado de estas notas como una excusa para permitir mujeres predicadoras.
Pero profetizar no es predicar; es solamente una revelación nueva de Dios,
refiriéndose al futuro, y ciertamente siendo una revelación directa e inmediata, no
una exposición de la Escritura, no una enseñanza bíblica, ni evangelización o
predicación. Profetizar no es predicar. Las profetisas en la Biblia nunca predicaron.

Hechos 2:17 y 18 nos da una profecía bendita del futuro. Proviene del profeta Joel
y dice:

“Y en los postreros días, dice Dios, Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, Y
vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; Vuestros jóvenes verán visiones, Y
vuestros ancianos soñarán sueños; Y de cierto sobre mis siervos y sobre mis
siervas en aquellos días Derramaré de mi Espíritu, y profetizarán”.

Vendrá un tiempo cuando el Espíritu Santo será derramado sobre toda carne para
que ambos hijos e hijas profetizarán, y también los siervos y siervas. Pero ese
acto de profetizar no implica que todos serán predicadores o evangelistas o
maestros de la Biblia. Significa que cada cristiano estará en contacto con Dios por
esa llenura del Espíritu Santo; y Dios se revelará a sí mismo, y las cosas que
debemos saber, a cada cristiano, para que ellos adviertan unos a otros.

Débora, la profetisa en el Antiguo Testamento, no predicó ni ejercitó autoridad


sobre el hombre. La historia se relata en Jueces 4:4-9. Léalo y verá que no
involucraba ninguna autoridad sobre el hombre y por cierto no involucraba
predicación.

“Gobernaba en aquel tiempo a Israel una mujer, Débora, profetisa, mujer de


Lapidot; y acostumbraba sentarse bajo la palmera de Débora, entre Ramá y Bet-
el, en el monte de Efraín; y los hijos de Israel subían a ella a juicio. Y ella envió a
llamar a Barac hijo de Abinoam, de Cedes de Neftalí, y le dijo: ¿No te ha mandado
Jehová Dios de Israel, diciendo: Vé, junta a tu gente en el monte de Tabor, y toma
contigo diez mil hombres de la tribu de Neftalí y de la tribu de Zabulón; y yo
atraeré hacia ti al arroyo de Cisón a Sísara, capitán del ejército de Jabín, con sus
carros y su ejército, y lo entregaré en tus manos? Barac le respondió: Si tú fueres
conmigo, yo iré; pero si no fueres conmigo, no iré. Ella dijo: Iré contigo; mas no
será tuya la gloria de la jornada que emprendes, porque en mano de mujer
venderá Jehová a Sísara. Y levantándose Débora, fue con Barac a Cedes”.
Débora se sentaba debajo de una palmera y “los hijos de Israel subían a ella a
juicio”. No había un gobierno en la tierra. Cuando dos vecinos estaban en medio
de una disputa y no podían llegar a un acuerdo, ellos decían “vayamos a Débora
para que ella decida”. Entonces iban a Débora y ella les aconsejaba, posiblemente
bajo revelación divina, como resolver la diferencia. Los que deseaban aceptaban
su decisión. Ella no tenía autoridad. Cualquier buen cristiano puede ser un
mediador entre vecinos hoy día.

Eso es exactamente como los cristianos Nuevo Testamentarios son aconsejados a


resolver sus diferencias. 1 Corintios 6:1-8 dice claramente que no deben ir ante la
ley para resolver sus diferencias antes las autoridades, sino que son mandados
“Si, pues, tenéis juicios sobre cosas de esta vida, ¿ponéis para juzgar a los que
son de menor estima en la iglesia?” o sea, uno que no es llamado a ser un
predicador o un oficial o líder en la iglesia de todos modos es capaz, por el Espíritu
de Dios, de saber que hacer cuando se le pide ser un mediador entre cristianos.
Juzgando uno a otro en ese sentido no tiene nada que ver con la ley o la
autoridad. Simplemente significa que cristianos llenos del Espíritu Santo pueden
hallar la mente de Dios, y eso es la forma en que Débora juzgaba o actuaba como
mediadora entre la gente en la tierra cuando no había rey ni guía y cuando la
gente traían asuntos a ella voluntariamente para su consejo.

Note que la profecía de Débora dada en Jueces 4:6-7 es una revelación divina.
Note que ocupa menos de dos versículos, y note que fue dirigido a un hombre,
Barac. En el versículo 9 Dios dio a Débora otra revelación en esta frase “porque
en mano de mujer venderá Jehová a Sísara”, y muestra que la insistencia de
Barac en llevar a Débora con él desagradó al Señor. Débora no era una
predicadora, ni una líder. Dios no quería que ella guíe el ejército. Ella no ejercitó
autoridad sobre hombres y no enseñó a hombres. Ella simplemente anunció un
mensaje breve de Dios a Barac.

María, la hermana de Moisés y Aarón, es llamada una profetisa en Éxodo 15:20.


Allí se nos dice “Y María la profetisa, hermana de Aarón, tomó un pandero en su
mano, y todas las mujeres salieron en pos de ella con panderos y danzas. Y María
les respondía: Cantad a Jehová”. María dirigió a estas mujeres en los cantos. Ella
no dirigió a los hombres en los cantos ni predicó a los hombres.

Pero María la profetisa fue usada por Dios como una lección a las mujeres que
buscan autoridad en asuntos religiosos, y Dios la maldijo con lepra por su pecado.
La historia se relata en Números 12:1-15.

“María y Aarón hablaron contra Moisés a causa de la mujer cusita que había
tomado; porque él había tomado mujer cusita. Y dijeron: ¿Solamente por Moisés
ha hablado Jehová? ¿No ha hablado también por nosotros? Y lo oyó Jehová. Y
aquel varón Moisés era muy manso, más que todos los hombres que había sobre
la tierra. Luego dijo Jehová a Moisés, a Aarón y a María: Salid vosotros tres al
tabernáculo de reunión. Y salieron ellos tres. Entonces Jehová descendió en la
columna de la nube, y se puso a la puerta del tabernáculo, y llamó a Aarón y a
María; y salieron ambos. Y él les dijo: Oíd ahora mis palabras. Cuando haya entre
vosotros profeta de Jehová, le apareceré en visión, en sueños hablaré con él. No
así a mi siervo Moisés, que es fiel en toda mi casa. Cara a cara hablaré con él, y
claramente, y no por figuras; y verá la apariencia de Jehová. ¿Por qué, pues, no
tuvisteis temor de hablar contra mi siervo Moisés? Entonces la ira de Jehová se
encendió contra ellos; y se fue. Y la nube se apartó del tabernáculo, y he aquí que
María estaba leprosa como la nieve; y miró Aarón a María, y he aquí que estaba
leprosa. Y dijo Aarón a Moisés: ¡Ah! señor mío, no pongas ahora sobre nosotros
este pecado; porque locamente hemos actuado, y hemos pecado. No quede ella
ahora como el que nace muerto, que al salir del vientre de su madre, tiene ya
medio consumida su carne. Entonces Moisés clamó a Jehová, diciendo: Te ruego,
oh Dios, que la sanes ahora. Respondió Jehová a Moisés: Pues si su padre
hubiera escupido en su rostro, ¿no se avergonzaría por siete días? Sea echada
fuera del campamento por siete días, y después volverá a la congregación. Así
María fue echada del campamento siete días; y el pueblo no pasó adelante hasta
que se reunió María con ellos”.

Note arriba que María y Aarón dijeron “¿Solamente por Moisés ha hablado
Jehová? ¿No ha hablado también por nosotros?” María y Aarón estaban en el
mismo pecado. El versículo 9 de la Escritura dice “Entonces la ira de Jehová se
encendió contra ellos” Dios estaba enojado con María y Aarón porque cada uno
quiso usurpar la autoridad. ¡PERO TAN SOLAMENTE MARÍA FUE AFLIGIDA
CON LEPRA POR SU PECADO! La diferencia es que Aarón había sido asignado
por Dios como sumo sacerdote. Aarón fue un hombre y se le asignó el puesto de
un hombre. Entonces el pecado de María fue más malvado que el de Aarón, y
Dios estaba enseñando a ella y a todas las mujeres una lección por si acaso
buscaran asumir autoridad o liderazgo sobre o junto con el hombre. María era una
profetisa, pero aún una mujer profetisa peca terriblemente contra Dios cuando
busca una posición de liderazgo como predicadora, maestra, evangelista o líder
sobre los hombres.

En Mateo 28:10 Jesús impartió una revelación divina, un mensaje a dos mujeres.
Él dijo “No temáis; id, dad las nuevas a mis hermanos, para que vayan a Galilea, y
allí me verán”. Nunca es fuera de lugar cuando una mujer sigue las instrucciones
del Señor. Pero eso no consiste en predicar. No consiste de hacer la obra de un
pastor o el de evangelista. No autoriza a ninguna mujer hacer discursos públicos
en congregaciones mixtas.

Por tanto la Biblia coloca a todo en su lugar; en práctica y en la enseñanza Pablo


dice “La mujer aprenda en silencio, con toda sujeción. Porque no permito a la
mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio” (1
Timoteo 2:11-12). Estaba de acuerdo exactamente con la enseñanza y práctica de
todo el Antiguo y Nuevo Testamento. Ninguna profetisa en la Biblia violó este
mandato pleno. Ellas no enseñaban a hombres ni enseñaban en la iglesia y no
asumían autoridad sobre el hombre.
Aun las profetisas obedecían el mandato de 1 Corintios 14:34-15 de mantener
silencio en las iglesias y estar en sujeción, y si querían saber algo, le preguntaban
a sus maridos en el hogar.

RESPONDIENDO A LOS ARGUMENTOS FAVORECIENDO MUJERES


PREDICADORAS

Se debe notar que poca gente intenta comprobar desde la Biblia que mujeres
deben predicar. No hay mandato en la Biblia para que las mujeres prediquen.
Entonces cuando una mujer quiere predicar, normalmente salen con sus razones
extra bíblicas y acuden a argumentos de observación o razón humana. Notemos
algunos de los argumentos.

(1) “Las mujeres predicadoras han hecho tanto bien, por tanto debe ser que Dios
las ha llamado”. El otro día un hombre querido me dijo “pero tantas almas han sido
salvas bajo el ministerio de mujeres predicadoras. ‘Por sus obras los conoceréis’.
¿No comprueba eso que Dios quiere mujeres predicadoras?” Otros han sido
convertidos bajo el ministerio de mujeres, y serían sinceramente entristecidos y
sorprendidos al oír la creencia que mujeres no debiesen predicar. Quizás ellos
mismos se sienten como que se hubieran perdido para siempre si no fuese por la
predicación de alguna mujer. Entiendo su punto de vista, pero eso no es una
buena razón para que mujeres desobedezcan la Biblia, como te mostraré. Sí,
mujeres predicadoras han hecho mucho bien, y supongo que han ganado muchas
almas. Pero más bien se hubiera hecho y más almas se hubiesen salvado si
hubiésemos seguido el plan de Dios en vez de la voluntad del hombre en este
asunto. Las predicadoras, al desobedecer a Dios, han hecho más mal que bien.
Hay varias cosas que hace falta compartir acerca de este asunto.

En primer lugar, la misericordia de Dios es tan grande que él usa a nosotros, unos
instrumentos
pobres e imperfectos. Él usa los esfuerzos erróneos de muchos que no hacen las
cosas de acuerdo a sus métodos, porque son ignorantes del plan de Dios. Mujeres
que no han sido enseñadas lo que Dios tiene para decir acerca de este asunto
tratan de predicar. Por frecuencia de veras son salvas; aman al Señor de todo
corazón; anhelan ser usadas; y Dios bendice su devoción aunque no aprueba de
su desobediencia.

Por ejemplo, las monjas católicas han hecho mucho bien. Ellas han atendido a los
enfermos, han cuidado a los huérfanos, han entrenado a niños y han visitado a los
pobres. Muchas monjas católicas son personas sin egoísmo que tratan de agradar
a Dios. Pero eso no significa que Dios quiere que las niñas lleguen a ser monjas.
No es así. La Escritura dice en forma plena “Honroso sea en todos el matrimonio”
(Hebreos 13:4). Dios claramente dice que es “doctrinas de demonios” prohibir
casarse, tal como los católicos prohíben a sus sacerdotes y monjas (1 Timoteo
4:1-3). Dios bendice las intenciones honestas de monjas católicas y sacerdotes,
aunque su sistema de catolicismo ha hecho más daño infinito que bien, sin duda
condenando millones de almas por enseñarles que miren a sus buenas obras o la
iglesia católica, en vez de una fe personal en Cristo Jesús como Salvador.

La masonería enseña a los hombres a calmar sus pasiones, de ejercer amor


fraternal entre hermanos y de auxiliar uno al otro. La masonería ha ayudado
algunos hombres a vivir vidas más morales, y he conocido algunos casos raros
cuando estos contactos masónicos fueron usados para ganar almas. Pero de
todos modos las Escrituras expresamente prohíbe a los creyentes juntarse en
yugo desigual con los incrédulos. Y la masonería, en general, niega la deidad de
Cristo, niegan la necesidad de la regeneración, y engañan a millones de personas
haciéndolos pensar que son salvos sin nacer de nuevo. La masonería hace bien,
pero al fin de cuantos definitivamente hace más mal.

Es así también con predicadoras. Hacen bien, ¡pero cuanto mal hacen! En primer
lugar, el surgimiento de mujeres predicadoras ha significado un incremento de
multitudes de sectas de personas con doctrinas falsas de todas clases. Las
hermanas Fox y el espiritismo, la señora White y los adventistas del séptimo día,
la señora Mary Baker Eddy y la ciencia cristiana, la señora Filmore y la unidad, la
señora Aimee Semple McPherson y su “evangelio cuadrado”, el Pentecostalismo y
la gran cantidad de predicadoras enseñando una doctrina de perfección sin
pecado, un emocionalismo radical, “hablando en lenguas”, y trances, y su énfasis
exagerado en cuanto a la sanidad que ha llevado a miles a la desesperación
después de falsas pretensiones de sanidad–estas cosas seguramente nos
advierten que hay un daño infinito con permitir la predicación de mujeres. Me he
quedad sorprendido al descubrir en muchísimos casos que los maridos de
predicadoras no eran salvos, ni tampoco sus hijos. Los hombres inconversos en
tales casos con frecuencia son despreciativos, se amargan y se endurecen. Sin
duda, miles de hombres se han mantenido fuera del ministerio porque el
ministerio, como lo conoce la gente, no atrae a lo mejor en hombres fuertes. Y las
iglesias se han convertido tan afeminados, tan involucrados en asuntos sociales
de poca importancia, dado al despliego de modas de ropa y tan clavado en un
formalismo ligado a los sentidos que ya no atrae en general a hombres de
negocios vitales, ni hombres robustos fuertes y sinceros.

Puedes estar seguro que la clase de cristianismo que produce predicadoras como
Aimee Semple McPherson no produce a la misma vez predicadores como
Spurgeon, Finney, Moody, Torrey y Chapman. El feminismo en las iglesias es una
maldición que contristece a Dios y ha hecho inefectivo su poder y ha desilusionado
a la gente que ha perdido la confianza. No dudo que millones irán al infierno por
causa de la práctica no Escritural de mujeres predicadoras.

El plan del hombre puede parecer tan bueno como el de Dios, pero nunca
funciona de esa manera. Cuando la Biblia prohíbe que la mujer predique o que
usurpe autoridad sobre el hombre, y las manda que se mantengan en silencio y en
obediencia en las iglesias, entonces esa es la mejor forma de ganar almas, y de
esa forma traerá más gloria a Dios y la bendición más grande a la humanidad. Si
prefieres tu razonamiento en vez de la Biblia, puedes creer en mujeres
predicadoras. Pero algún día llegarás a darte cuenta que tu razonamiento humano
pobre y falible no es tan sabio como la sabiduría de Dios revelada en su Palabra.

Algunas personas dicen “las mujeres deben ser llamadas de Dios a predicar,
porque algunas de ellas han hecho tanto bien”. Pero los cristianos nunca deben
juzgar por apariencias cuando contradicen la Palabra de Dios. La Palabra de Dios
enseña claramente que a veces Dios prueba su pueblo, para ver si le obedecen
cuando las cosas malvadas tienen éxito. Por ejemplo, Deuteronomio 13:1-4 nos da
una clara advertencia sobre esta cuestión. Nos dice:

“Cuando se levantare en medio de ti profeta, o soñador de sueños, y te anunciare


señal o prodigios, y si se cumpliere la señal o prodigio que él te anunció, diciendo:
Vamos en pos de dioses ajenos, que no conociste, y sirvámosles; no darás oído a
las palabras de tal profeta, ni al tal soñador de sueños; porque Jehová vuestro
Dios os está probando, para saber si amáis a Jehová vuestro Dios con todo
vuestro corazón, y con toda vuestra alma. En pos de Jehová vuestro Dios
andaréis; a él temeréis, guardaréis sus mandamientos y escucharéis su voz, a él
serviréis, y a él seguiréis”.

Aquí Dios nos dice que permite que falsos profetas y soñadores den señales o
prodigios y que los lleven a cabo. Pero manda expresamente que si las señales se
cumplen, “no darás oído a las palabras de tal profeta, ni al tal soñador de sueños;
porque Jehová vuestro Dios os está probando, para saber si amáis a Jehová
vuestro Dios con todo vuestro corazón, y con toda vuestra alma”. Entonces, sin
duda, Dios ha permitido que la desobediencia prospere temporariamente y en
forma externa para que su pueblo pueda comprobar realmente si ama al Señor
“con todo vuestro corazón, y con toda vuestra alma”. La gente que se deja llevar
por las apariencias y lo que aparenta ser bendecido por Dios, ignorando su plena
Palabra, no aman a Dios con todo su corazón y con toda su alma.

Esta es una antigua teoría promulgada por Satanás que está bien hacer lo malo si
al fin resulta en algo bueno. El Señor nos da reglas claras para el cristiano a seguir
en tales casos. Cuando el Señor aparenta bendecir un profeta que no es fiel a
Dios, uno todavía no debe oír las enseñanzas falsas del profeta por causa de su
éxito aparente, sino “En pos de Jehová vuestro Dios andaréis; a él temeréis,
GUARDARÉIS SUS MANDAMIENTOS Y ESCUCHARÉIS SU VOZ”. Dios quiere
que el cristiano obedezca su voz, guardando los mandamientos de su Palabra, la
Biblia.

El éxito aparente de algunas mujeres predicadoras no es excusa por desobedecer


la enseñanza plena de la Palabra de Dios.

(2) Otro argumento para mujeres predicadoras es “pero algunas mujeres dicen
que tienen una llamada divina a predicar”. Sí, en veces ellas dicen ser llamadas a
predicar. Y es cierto que en veces Dios ha estado obrando en sus corazones y
sinceramente dirigiéndolas a una entrega total y a la obra de ganar almas. Con
frecuencia las damas, por causa de su amor real para Dios y las almas perdidas,
se ofrecen al ministerio. Pero malentienden el llamado de Dios. Dios sí quiere que
las mujeres ganen almas. Él quiere que las damas enseñen a mujeres, que
enseñen a los niños y que hagan trabajo personal con hombres y mujeres y niños.
Yo conozco una señora cristiana sincera que nunca hace un discurso en público
(con la excepción de un testimonio breve en una reunión de oración) y que nunca
se ha parado detrás de un púlpito, nunca ha intentado exponer la Escritura a una
congregación y nunca enseñó una clase mixta. Pero de todos modos esta señora
ganó 360 almas en un año, y creo que ella tendrá miles de almas a su crédito en
la gloria, mucho más que el predicador de promedio. Dios la llamó–pero no la
llamó a predicar, contrario a la Biblia. La llamó a ganar almas, persona con
persona, casa por casa, a toda hora y en todo lugar donde podía. Yo digo que las
damas, mujeres buenas y sinceras, en veces malentienden el llamado de Dios.

Hay veces que las mujeres dicen ser llamadas a predicar, cuando en realidad
quieren la publicidad, la fama y el aplauso de la gente. Hay algunos hombres en el
ministerio por razones egoístas. Hay también mujeres en el ministerio por las
mismas razones egoístas. En algunos casos de ambos, sin duda, hay un surtido
de motivos. O sea, quieren ganar almas, pero también quieren fama y honor.
Entonces algunas mujeres honestamente quieren ganar almas, pero quieren ser
vistas por el público también. Y en vez de ganar almas y conformarse al plan de
Dios, estando sujetas a sus maridos y a otros hombres en autoridad en las
iglesias, quieren predicar. Pero el Espíritu Santo quien escribió la Biblia no
contradice la Biblia cuando habla al corazón de la mujer. Dios no llama a mujeres
a ser pastoras o evangelistas, o a enseñar a hombres, o a tener puestos de
autoridad sobre hombres en las iglesias.

(3) A veces las mujeres dicen con irritación “¡pero eso es injusto! Que las mujeres
no puedan predicar es una discriminación injusta”.

La respuesta es fácil. En primer lugar, ¿cuándo mereciste algo de Dios? ¿Qué


hizo algún hombre o alguna mujer para merecer ser llamado a predicar? ¡Decir
que Dios es injusto en cuanto a esto es malvado, irrazonable y rebelde! Es tan
solo la gracia de Dios que nos mantiene fuera del infierno, ¿y por qué debe uno de
nosotros rebelarnos en contra de la posición nuestra dada por Dios en su obra?

En segundo lugar, no es injusto que Dios prohíba la predicación de mujeres


tomando en cuenta que él prohíbe que la mayoría de los hombres en este mundo
prediquen. En una iglesia local, no todos los hombres pueden ser un pastor. ¿Será
que Dios discriminó contra los otros hombres en el mundo cuando me llamó a
predicar? ¿Es injusto que Dios en su gran misericordia llama algunos hombres a
predicar y deja a otros para ganar almas, y no ser un líder oficial en autoridad en la
iglesia? Este clamor proviene de una voluntad rebelde de querer guiar, y no de
espíritu manso y apacible, lo cual en los ojos de Dios es de gran precio. Después
de todo, el Evangelio es del Señor, y no nuestro, y él ha escogido su plan para
lograrlo. Él no da a todo hombre por igual la misma posición y la misma autoridad.
Y él no ha dado a ninguna mujer el puesto de pastora o evangelista o maestra de
hombres o un puesto de autoridad sobre hombres, como dice expresamente.
Cristianos con corazones obedientes se deleitan en aceptar la forma que Dios ha
delineado en su Palabra.

La Biblia no prohíbe que las damas oren, que canten o que testifiquen. Pero sí las
prohíbe claramente a enseñar o predicar o tener autoridad sobre el hombre. Se ha
dicho sabiamente que las damas pueden enseñar a otras mujeres y niños, y ellos
consisten de tres cuartas partes de los habitantes de la tierra. ¿Qué más podría
pedir una mujer?

(4) Otra objeción es “pero mujeres misioneras con frecuencia predican y enseñan
a hombres. ¿Deben regresar las misioneras?”

Bueno, la Palabra de Dios tiene instrucciones cuidadosas que cubren la obra


misionera tanto como la obra local. Debemos recordar que la obra misionera no es
un invento moderno. En el Nuevo Testamento, por ejemplo, hubo el misionero
Pablo, el misionero Silas, el misionero Bernabé, el misionero Timoteo y muchos
más. En realidad, casi todo el libro de Hechos es una historia misionera, contando
de como los ganadores de almas fueron a los paganos y predicaban el evangelio a
la gente que no lo había oído antes. Entonces los misioneros deben seguir las
mismas reglas delineadas en el Nuevo Testamento que deben ser seguidas por
todos los obreros cristianos. Hay un lugar para mujeres misioneras como
ganadoras de almas, como maestras de mujeres y niños, como esposas de
hombres buenos. Dios necesita mujeres en China tanto como necesita mujeres en
América, no más ni menos. Y no hay más razón para que una mujer misionera
viole el mandato de Dios, “Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer
dominio sobre el hombre, sino estar en silencio” (1 Timoteo 2:12) comparado a
una mujer en América que quiere predicar en violación al mandato de Dios.

Si tú dices que un gran porcentaje del trabajo misionero hoy es hecho por mujeres,
y que las misioneras han ganado muchas almas mientras violaban la regla de Dios
en cuanto a la predicación de mujeres y enseñar a hombres, entonces sugiero que
te acuerdes de la obra misionera en el Nuevo Testamento. En tiempos bíblicos,
usando métodos bíblicos, los misioneros ganaban más almas que en tiempos
modernos usando métodos modernos e inescriturales. Algunos creen que la obra
de Dios sufriría grandemente si no se imaginaban de formas nuevas e
inescriturales de hacer la obra de Dios. En realidad, es al contrario. La obra de
Dios sufre grandemente porque no creemos su Palabra y no usamos sus métodos
y su mensaje. Si no necesitaban mujeres predicadoras en las iglesias del Nuevo
Testamento, no las necesitamos ahora. Si los campos misioneros en el Nuevo
Testamento no necesitaban mujeres predicadoras, entonces los campos
misioneros modernos no necesitan predicadoras hoy. Y es la misma clase de
pecado llevar métodos modernos e inescriturales a China como sería llevar un
mensaje moderno e inescritural aquí.

La obra deputacional de grandes sociedades misioneras ha sufrido grandemente


en las manos de mujeres misioneras. Si hombres, verdaderos hombres llenos del
Santo Espíritu de Dios fuesen a las iglesias con la apelación de que Dios les ha
llamado para esta obra de sudor, sangre y lágrimas, definitivamente haría más
para la causa misionera que la concentración sobre la vestidura y costumbres y
comida, con fotografías estereotípicas de extraños grupos salvajes presentados
frecuentemente por mujeres, mayormente a grupos de mujeres y niños. Hemos
debilitado la causa de la obra misionera extranjera, por no mantenerlo en un plano
alto y vigoroso como planteado en el Nuevo Testamento. No estoy diciendo que
las mujeres misioneras no deben hablar a grupos de mujeres y niños acerca de la
obra misionera; pero por cierto viola el mandato de Dios cuando una mujer habla
ante audiencias mixtas de hombres y mujeres, y se paran detrás de los púlpitos en
las iglesias. Podemos asegurarnos que la obra del Evangelio de Cristo entre los
salvajes no es prosperada por este pecado. No importa cuán devotas sean las
misioneras, todavía han de obedecer la Palabra de Dios “La mujer aprenda en
silencio, con toda sujeción. Porque no permito a la mujer enseñar” y otra vez
“Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino
estar en silencio”.

La cuestión de mujeres predicadores, entonces, es resuelta por la Palabra de


Dios. En primer lugar, es la práctica uniforme del Antiguo y Nuevo Testamento que
Dios no llamó a mujeres predicadoras. No había mujeres apóstoles, ni pastoras ni
mujeres evangelistas en la Biblia. En segundo lugar, la Escritura expresamente
enseña: “vuestras mujeres callen en las congregaciones; porque no les es
permitido hablar” (1 Corintios 14:34). Y otra vez “La mujer aprenda en silencio, con
toda sujeción. Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el
hombre, sino estar en silencio” (1 Timoteo 2:11-12).

Los “modernistas” sienten como que saben tantas formas de hacer la obra del
Señor que son mejores que las de Dios. Pero cuando Nadab y Abiú entraron en el
tabernáculo llevando fuego extraño, no el fuego señalado, Dios causó que cayera
fuego y los quemó (Levítico 10:1-2). Cuando David trajo el arca en una carreta con
bueyes, y no como Dios le había indicado, le alcanzó la muerte al que tocó el arca
(2 Sam. 6:6-7). Aun cuando el buen rey Uzías entró en el templo para hacer un
sacrificio, donde era prohibido excepto para el sacerdote, Dios le afligió con lepra
(2 Crónicas 26:16-21). Y cuando María la profetisa quería usurpar la autoridad en
la obra del Señor, queriendo tomar el lugar de autoridad como algunos hombres,
Dios la afligió con lepra por causa de su pecado (Números 12:10). Hoy todavía
hay una maldición, una plaga de un Dios airado sobre las iglesias porque hacemos
las cosas de nuestra forma en vez de la forma de Dios.

Que Dios nos ayude a traer al Señor de regreso a nuestras iglesias y que le
pongamos en primer lugar. Que retiremos a las mujeres de los púlpitos. Que
extraigamos la mundanalidad de las bancas. Que Dios nos dé gracia para remover
la cobardía de los predicadores. Y que Dios nos dé un corazón para poner a él en
primer lugar.

Hay mujeres doctoras, y cualquier mujer que acaba los cursos médicos es
permitido ser doctora; ¡pero cuan pocos son los hombres que las llaman doctoras!
Cuan pocos hombres de negocios en una junta directiva elegirían a una mujer
como administradora de una compañía grande. Pocos son los hombres que
contratarían a una mujer para ser la “jefa” sobre hombres. No es natural y es
ineficiente. ¿Entonces no se pregunta por qué hay verdaderos hombres que no
tendrán parte en una iglesia moderna afeminada? Nunca había falta de hombres
para oír el Evangelio bajo el ministerio de la predicación fuerte y con denuedo de
Spurgeon, Wesley, Finney, Moody, Torrey y Billy Sunday. Predicadores
masculinos plenos, sólidos con un denuedo santo y una clase de ministerio como
Juan el Bautista no tienen problema en conseguir hombres para oírles.

El Evangelio es sangre, fuego y hierro. Necesitamos más que un show vodevil en


el púlpito. Necesitamos más que prodigios infantiles y niños predicadores y
mujeres evangelistas en el púlpito si la iglesia tomará su posición correcta en la
sociedad, y si el Evangelio ha de ser oído con respeto y convicción por pecadores
impíos. Que Dios bendiga nuestras buenas damas. Él tiene un bendito lugar de
influencia y oportunidades para ganar almas para ellas, pero NO es en el púlpito.
El púlpito es el lugar para los hombres más fuertes que tengamos. El predicador
en el púlpito hablaría con una autoridad que es absolutamente prohibido que una
mujer ejercite.

¡Oh, que tengamos una pasión en las iglesias para hacer las cosas exactamente
del modo de Dios! Entonces, sin duda, el cielo estará sonriendo sobre nosotros y
brotará un gran avivamiento en la tierra donde la gente hacen a Cristo su Señor y
se esfuerzan a agradarle.

Mi Respuesta a un Individuo que se Opone a la Prohibición de Mujeres


Predicadoras:

Por Calvin George

Estimada Hermana en Cristo:

Saludos de la isla del encanto (Puerto Rico). Espero que esta carta la encuentre
bien, gozando de las bendiciones del Señor. Gracias por escribir y compartir tus
inquietudes conmigo.

Mi observación principal en cuanto a su carta es que usted se aferra al


razonamiento humano en este asunto, y no a la Biblia. Usted solo hizo referencia a
un versículo en la Biblia, uno que no comprueba que le es permitido predicar a las
mujeres. “Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer;
porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús”. Si ese versículo dijese que la
mujer puede predicar a hombres, habría una contradicción en la Biblia.

Como usted reconoció, no soy el autor (solo traductor) del artículo “Mujeres
predicadoras prohibido en la Biblia”. Aunque en lo general estoy de acuerdo con el
autor, hay algunas cosas que no hubiera dicho, u otras cosas que yo hubiera dicho
con más cuidado. Hay que tomar en cuenta que fue escrito hace 60 años, cuando
es probable que las mujeres no se ofendían tan fácilmente al leer tal literatura.

Antes de continuar, hace falta establecer si toda la Biblia es inspirada por Dios.
Veamos el libro de Timoteo (uno de los libros que prohíbe predicación de mujeres)
y leamos 2 Tim. 3:16 “TODA la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar,
para redargüir, para corregir, para instruir en justicia”. Vemos que aun lo que no
nos cae bien es inspirado por Dios y debe ser obedecido y enseñado.

Usted escribió:

“…Ustedes se ponen en la posición de Dios y juzgan a todos sin piedad!…”

Usted habla acerca de ponerse injustamente en la posición de Dios y juzgar.


Usted dice eso, pero acaba de hacer exactamente esa misma cosa en su carta. A
través de toda la carta Ud. juzga mis motivos. ¿Puede Ud. ver mi corazón y juzgar
mis motivos? Aquí hay un surtido de ejemplos de cómo usted en sus propias
palabras juzga mis motivos y los de mi iglesia:

“…para usted el ministerio de la mujer es como basura…a ti te parece que la


mujer no vale nada…a ti te parece que la mujer no sirve de nada (no me admiro
que tengas 28 años y no estés casado)…se ha querido mantener al mujer callada
y discriminada…esa idolatría y legalismo que existe en ti…”.

Permítame informarle que mi única motivación detrás de la prohibición de mujeres


predicadoras es mi deseo de ser bíblico. Hablando carnalmente, desearía que los
versículos exigiendo el silencio de mujeres en la iglesia no existieran. De ese
modo, las mujeres podrían predicar y yo no tendría que sufrir persecución en
cuanto a este asunto. Pero mi querida hermana, yo no soy nadie para ignorar los
versículos que no me gustan. Yo no soy nadie para cuestionar la sabiduría de un
Dios todo-soberano. Mi deseo es de obedecer y agradar a Dios. Si agrada a Dios
que las mujeres no prediquen en la iglesia, vamos a agradar a Dios. “Es necesario
obedecer a Dios antes que a los hombres” Hechos 5:29. “Pues, ¿busco ahora el
favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si
todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo” Gal. 1:10. “No sirviendo
al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino como siervos de Cristo,
de corazón haciendo la voluntad de Dios” Ef. 6:6. “Siervos, obedeced en todo a
vuestros amos terrenales, no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los
hombres, sino con corazón sincero, temiendo a Dios. Y todo lo que hagáis,
hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres” Col. 3:22-23.
Estoy determinado a agradar y obedecer a Dios, cueste lo que cueste. He perdido
algunos en mi iglesia por causa de este mismo asunto. Personas como usted
juzgan mis motivos y sinceridad. Pero toda esa clase de persecución no es nada
comparada a la persecución que están sufriendo algunos, como el caso de
cristianos en la cárcel por su fe. No quiero ser cobarde. Noé no cambió su
mensaje después de predicar más de 100 años sin agradar a los hombres
mientras construía el arca.

Como no me conoces, y no es posible ver mi corazón y juzgar mis motivos,


permítame informarte. Aunque en la iglesia donde soy pastor observamos el
mandamiento bíblico de que las mujeres no pueden predicar a los hombres, el
70% de los miembros son mujeres. Son apreciadas y valoradas en nuestra iglesia.

“…y prohíbe rotundamente a la mujer ejercer cualquier ministerio en la iglesia…”

En nuestra iglesia hay una mujer que enseña a los niños. Hay una hermana que
toca el piano. Hay hermanas que salen a visitar y a evangelizar. Hay hermanas
que cantan especiales. Hay hermanas que limpian. Las hermanas se juntan una
vez por mes en diversos hogares y una hermana trae un estudio. Pronto vamos a
elegir un nuevo tesorero, un puesto que puede aceptar una mujer. La lista podría
continuar…

“…juzgar todas las cosas y decir esto es de Dios y esto no…”

Si la Biblia claramente prohíbe algo, podemos decir con autoridad que tal cosa no
es de Dios.

“…Dios uso hasta un burro! y si Dios uso a un burro, crees que no puede usar a
una mujer?…”

¡Amen! Qué bueno que Dios puede usar burros, especialmente un burro como yo.
Dios ha usado a la mujer, la seguirá usando grandemente, y aún más cuando se
mantienen en los confines de su Palabra.

“…esa idolatría…”

No quiero insultarla, pero por favor busque la definición de idolatría en un


diccionario bíblico antes de volver a usarlo contra otra persona.

“…legalismo…”

No estoy enseñando salvación por obras o por guardar la ley. Observe la


definición teológica del término legalismo:

Legalismo
1. Adherencia estricta a la ley, con frecuencia demasiado estricta y literal. 2. En
teología, la doctrina de salvación por buenas obras. – Webster’s New Universal
Unabridged Dictionary. 1979 (Es traducción)

Legalismo
1. Teología. Adherencia a la ley como opuesto al evangelio; la doctrina de
justificación por obras. –The Oxford Universal Dictionary. 1955 (Es traducción)

Legalismo
…Está en oposición con el utilitarismo y la salvación por gracia. …Se apoya en el
derecho a la redención por las buenas obras. – Diccionario Hispanoamericano de
la Misión. Editorial Unilit

“…a ti te parece que la mujer no vale nada…”

Unas 24 horas antes que Ud. escribió esas palabras me llamó una anciana viuda
de la iglesia. Me informó que se dañó su automóvil y no podía venir a la iglesia. Yo
la dije que no se preocupara, porque la iba a buscar. Traerla a la iglesia y llevarla
de vuelta a su casa ocupó una hora de mi tiempo, pero lo hice con gusto. Cuando
un huracán amenazó nuestra isla el año pasado, sin que ella me lo pida me dirigí a
su casa para tapar las ventanas.

Yo tengo una madre que quiero mucho. No he conocido a una mujer que se
asemeja más a la mujer virtuosa de Proverbios 31 que mi propia madre. Yo tengo
dos hermanas misioneras en Argentina (que no predican) que quiero mucho.
Tengo una abuela que quiero mucho. La lista podría continuar…

Cuando me case algún día (estoy un poquito atrasado en eso) será con una dama
bella y encantadora.

Como he vivido solo como soltero por tantos años, creo que podría apreciar una
esposa más que algunos. A veces me siento como que la soledad me está
matando. Como he quemado tanta comida, será especial comer algo bueno que
fue preparado con amor. Será un gusto vestirme con ropa que fue lavado y
planchado por ella con amor.

“…el enemigo nos quiera callar…”

¿No es la Palabra de Dios la que dice que la mujer debe callar en la iglesia? Dios
no es nuestro enemigo. “Me he hecho, pues, vuestro enemigo, por deciros la
verdad?” Gal. 4:16

Las mujeres pueden ser bellas; el hombre no.

Las mujeres pueden ser encantadoras; el hombre prácticamente no.


Las mujeres pueden consolar fácilmente a un bebe que llora o a un niño que se ha
lastimado, de tal forma que no se puede comparar a un hombre.

Las mujeres pueden hacer trabajos repetitivos sin aburrirse fácilmente; No es así
con muchos hombres.

Las mujeres pueden dar a luz; el hombre no.

¿Debe el hombre sentirse como Dios ha discriminado injustamente contra ellos


porque no pueden hacer estas cosas? Tampoco debe sentirse mal la mujer
porque Dios prohíbe que ellas prediquen a los hombres.

No he tenido problemas en someterme a mujeres cuando estuve en una posición


donde era necesario hacerlo. Tuve varios trabajos seculares donde tuve que
someterme a una mujer. Ahora mismo soy profesor en una escuela cristiana
donde la directora es mujer. Me someto a ella sin problemas.

Siento que hay un alto nivel de frustración de su parte. Me imagino que eso en
parte es culpa de los hombres. Hoy en día el hombre no aprecia a la mujer como
debe. No las tratan con honor. Hablan palabras sucias en presencia de ellas. Hay
hombres que golpean a sus mujeres. La tratan como un objeto sexual. No las
valoran y no las ponen en alta estima. Hay hombres que se refieren a su esposa o
madre como “la vieja”. No se detienen para ayudar a una mujer tratando de
cambiar una goma al costado de la carretera. No abren una puerta por ella (no es
que la mujer es incapaz de abrir una puerta, sino que es un gesto de honor). No
tratan a la mujer como una reina. No tienen la filosofía “damas primero”. No las
tratan con la dulzura y la ternura que se merecen. No tratan a la mujer como una
persona especial. Bajo estas circunstancias, es común que una mujer desee
competir con el hombre, para intentar alcanzar el respeto y la apreciación que
anhela. Esa reacción de las mujeres no es 100% culpa de ellas. Nosotros hombres
hemos fallado.

Algo que debe tomar en cuenta es que es el cristianismo lo que ha liberado a la


mujer. No sé si usted ha viajado mucho, o cuanto conocimiento tiene de otras
culturas. En países donde han resistido el Evangelio se nota la diferencia en
cuanto a cómo tratan a la mujer. En los países musulmanes, en países paganos
africanos y en países budistas las mujeres prácticamente son esclavas de los
hombres. Creo que es la religión musulmana que prohíbe a la mujer salir en
público con el rostro descubierto. En varios países africanos se permite la
poligamia y las mujeres se venden o se canjean por vacas. Repito, es el
cristianismo que ha liberado a la mujer.

Doy gracias a Dios por su deseo ferviente de servirle. Espero que usted sea una
gran inspiración a otras personas que llegarán a servir a Dios (siempre y cuando
sea en una forma bíblica) por causa de su influencia.
Aunque rechazo su punto de vista, por favor no tome esto como un rechazo de
usted como persona.

Por las almas,

Calvin George