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Disolución del Racionalismo en la

Ciencia en una Sociología del


Conocimiento

[ INTRODUACCIÓN A LA EPISTEMOLOGÍA DE LAS CIENCIAS SOCIALES ]


Objetivos:

• Comprender el paradigma de la racionalidad científica y sus implicaciones


• Apreciar el giro que desarrolla la sociología del conocimiento en la epistemología de las
ciencias
• Estar en capacidad de discutir las implicaciones que tiene la superación de la racionalidad
científica por una sociología del conocimiento

Desde inicios del siglo XX se generó en varios círculos académicos una reflexión histórica y
sociológica en torno a la ciencia que rápidamente deslegitimó la reflexión científica tal y como
se había desarrollado hasta entonces. La producción, validación y transmisión del conocimiento
científico comenzó a ser comprendida a partir de valores externos a la ciencia como tal. El
discurso histórico que había guiado los desarrollos en torno a la ciencia, la racionalidad científica,
fue deslegitimizado por ciencias como la sociología y la historia, que ahora concebía a la ciencia
como una actividad social más.

CUESTIONES HISTÓRICAS, CULTURALES E INCONMENSURABILIDAD DE LOS DISCURSOS


CIENTÍFICOS

De 1935 a nuestros días se desarrolló un giro epistemológico significativo para el pensamiento


científico contemporáneo, diversos autores disuelven problemas epistemológicos clásicos a
través de diversas operaciones sociológicas: la historia, la pregunta por el progreso científico, la
relación entre la ciencia y la cultura, etc.

Thomas Kuhn (1977), un celebre físico e historiador de la ciencia, se pregunta por la validez de
la física de Aristóteles respecto a los desarrollos posteriores de dicha ciencia. Aparentemente
una pregunta simple, pero en esa simpleza radica la profundidad de su cuestionamiento.
Efectivamente contamos históricamente con la obra de Aristóteles titulada Physica así como
con la de Newton llamada Philosophiae naturalis principia mathematica, dos obras que
históricamente han resumido la posición de dichos pensadores respecto a la naturaleza de los
fenómenos físicos. No obstante surge inmediatamente el cuestionamiento por la relación que
tienen dichas obras, a pesar de que se distancien más de diez y siete siglos. Partiendo del
supuesto que el filósofo griego no era un ignorante, se inquieta el historiador de la ciencia por la
validez de la física aristotélica en el mundo una vez se cuenta con desarrollos como los operados
por Newton o Einstein. ¿Será que la ciencia progresa? ¿Hemos de suponer que la física de
Aristóteles fue superada por la de Newton y respectivamente la de Einstein?

Por otra parte, supongamos que tenemos dos comunidades científicas que a pesar de que son
contemporáneas han alcanzado un máximo de incomprensión que tanto la una para la otra son
inexistentes. Cada una de estas comunidades desarrolla sus programas científicos sin tener en
cuenta en modo alguno a la otra, casi como si vivieran en mundos distintos, en realidades

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diferentes. Incluso se ha planteado que llegan a un máximo de inconmensurabilidad que podría
asemejarse a la situación de dos personas tan desconocidas entre sí que no se reconocen si se
encuentran en la calle, casi como si fueran transparentes. No me refiero a una situación
excepcional: casos como estos pueden plantearse al interior de la psicología, de la historia, de
las ciencias políticas o incluso de la física misma. Existen campos y tradiciones de investigación
incluso al interior de las mismas disciplinas académicas que se ignoran entre sí, no se tienen en
cuenta. Piénsese en la psicología, por ejemplo. Son tantas las comunidades académicas que se
han generado en torno a programas específicos de investigación en torno de esta disciplina que
a veces podríamos llegar a pensar que un psicólogo especializado en psicoanálisis no tiene
mucho que hablar con aquel que se ha especializado en psicobiología. ¿Podemos aún hablar de
la unidad del saber científico? ¿Son comparables o conmensurables todos los programas de
investigación? ¿En qué factores radica la inconmensurabilidad de los discursos? Si la realidad es
una aparentemente, ¿por qué se difumina en múltiples discursos inconmensurables entre sí?

Pensemos ahora en esta situación: a un antropólogo se le plantean múltiples dificultades para el


estudio de las costumbres de la comunidad o el grupo de personas donde se ha insertado, de su
lengua, de los conocimientos que poseen, etc. Una situación similar tuvo que pasar el
antropólogo Clifford Geertz al tratar de comprender a los nativos de Java y Bali, pues sus
prácticas culturales le resultaban incomprensibles, o por lo menos las estaba comprendiendo
inicialmente desde su propia cultura y no desde la de los nativos. En la obra de Geertz se señala
cómo los nativos de dichas islas tenían dentro de sus prácticas culturales la pelea de gallos,
evento que el antropólogo norteamericano interpretó desde su propio contexto, y por lo tanto
abandonando el significado real que tenía dicha práctica para los nativos. A simple vista este
problema se podría plantear como la situación de alguien que desde afuera trata de
comprender una situación cultural y social específica que no comparte. En muchos sentidos se
entenderá que el proceso de comprensión que tratará de realizar este antropólogo supone el
tránsito por muchos errores o incomprensiones, pues efectivamente no comparte los
significados de aquella tribu. ¿No son acaso en este mismo sentido tribus y subculturas
específicas las distintas tradiciones científicas? A pesar de que como en el caso del antropólogo
se logre ingresar en los significados compartidos por la subcultura de la tribu, hay algo que se
queda en el camino y es que nunca hay una traducción completa de las prácticas culturales. ¿No
sucede lo mismo en la ciencia hoy que frente a un mismo fenómeno exhibe diversos discursos
científicos imposibles e traducir entre sí?

Las posturas que esbozaremos a continuación desarrollarán estos problemas, llegando incluso a
desbordar el conocimiento científico mismo hasta ingresar así en una teorización sociológica de
las ciencias que brindará un nuevo abordaje de los problemas epistemológicos.

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LA CONSTRUCCIÓN DE UNA SOCIOLOGÍA DE LAS CIENCIAS

En la década del cuarenta, en pleno siglo XX, Ludwik Fleck publica La génesis y el desarrollo de
un hecho científico; para una teoría del estilo y del colectivo del pensamiento. En dicha obra
Fleck se resiste al positivismo imperante en su época, señalando la influencia ineludible de la
historia y la sociedad en la construcción de los hechos científicos:

Es muy difícil, si no imposible, describir correctamente la historia de un campo del saber.


Esta se compone de muchas líneas de desarrollo de ideas, que se cruzan e influyen
mutuamente. Todas ellas tendrían que ser representadas, primero con líneas continuas y
después, en un segundo momento, con todas las conexiones establecidas entre ellas. En
tercer lugar, se tendría que trazar, simultáneamente y aparte, la dirección principal del
desarrollo tomada como una medida idealizada (…) un esquema más o menos artificial
ocuparía entonces el lugar de la descripción de una interacción dinámica vital (…)
querámoslo o no, no podemos liberarnos de un pasado que -con todos sus errores-
sigue vivo en conceptos heredados, en las formas de concebir los problemas, en los
programas de enseñanza formal, en la vida diaria, en el lenguaje y en las instituciones.
No existe ninguna generación espontánea de los conceptos, sino que están, valga la
expresión, determinados por sus antepasados. Lo pasado es mucho más peligroso
cuando nuestros enlaces con él se mantienen inconscientes y desconocidos (…) la
biología me enseñó a investigar siempre histórica evolutivamente todo campo en
desarrollo. ¿Quién hace hoy anatomía sin embriología? Pues, de la misma forma, toda
teoría del conocimiento que no haga investigaciones históricas y comparativas se queda
en un juego de palabras, en una epistemología imaginada1.

Se evidencia entonces en la obra de Fleck que la evolución de la ciencia no obedece a


argumentos lógicos sino históricos; no se puede ignorar desde ningún punto de vista la
influencia de la historia en el desarrollo de las ciencias. Luego, antes que una investigación
racional y lógica de los desarrollos científicos, hay que emprender un análisis histórico y social
del desarrollo de cada una de las ciencias. Pero por análisis histórico no hay que comprender
una evolución lógica y lineal que señale el progreso en la investigación científica. Observemos
los tres conceptos que señala Fleck para un análisis de la historia de la ciencia: las protoideas, el
del desarrollo clásico y el de las mutaciones. Bajo estos conceptos lo que se quiere señalar es
que un discurso científico no parte de la nada, tiene sus antecedentes, así como tendrán
posteriormente una evolución. Es decir, los conceptos que trabajan tradicionalmente los
discursos científicos tienen una transformación, una génesis histórica, así como un periodo de
establecimiento. Si bien un discurso científico no parte de la nada, pues Fleck reconoce que es
posible establecer una suerte de protoideas en la historia de la ciencia, sí reconoce que hay un

1
FLECK, Ludwik. Citado por OTERO, MARIO. La Racionalidad disuelta. EN: Racionalidad epistémica.
Madrid: Trotta, 1995. p.249.

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periodo de establecimiento en el cual dicho concepto se sitúa e institucionaliza. Por ejemplo, el
concepto de inconsciente en el psicoanálisis de Freud tiene evidentemente unos antecedentes
históricos en la obra de Nietzsche, sin que por ello posea el mismo significado. Así mismo, el
concepto freudiano se ha transformado históricamente en las recientes teorías
contemporáneas sin que por ellos podamos establecer una linealidad histórica.

Sin embargo, ¿qué hace que un concepto se transforme? ¿Qué condiciones llevan al
establecimiento o desarrollo clásico de un concepto? ¿Se tratará de un desarrollo lineal y
progresivo? En esa dirección afirma Fleck que el estado actual de la investigación científica
obedece a unas contingencias históricas no siempre racionales, pues el desarrollo de la ciencia
se da siempre al interior de comunidades de investigación organizadas en una época específica.
Respecto a la institucionalización de una teoría o un conjunto de conceptos científicos, los dos
conceptos centrales en la obra de Fleck son estilo de pensamiento y colectivo de pensamiento. A
través de dichos conceptos lo que quiere señalar el teórico es que en cada época se
institucionaliza a nivel general una forma particular de pensamiento que inunda por completo
las prácticas, así como las teorizaciones científicas. El estilo de pensamiento señala que en una
determinada época se institucionaliza una práctica común dentro de las prácticas científicas que
responde a las necesidades del momento, sin que por ello se contradiga los estilos anteriores. El
estilo de pensamiento es presentado por Fleck como una suerte de disposición para el percibir
orientado y para la elaboración correspondiente de lo percibido. Es decir, a diferencia de la
creencia común que sostiene que el mundo es uno y se percibe de igual forma a lo largo de las
distintas épocas, el estilo de pensamiento señala que la realidad se percibe de distinta manera
en épocas y momentos históricos específicos, dependiendo de contingencias históricas
particulares de cada momento. Observemos por ejemplo las dos siguientes ilustraciones de la
anatomía humana:

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La Teoría de los Cuatro humores2 y la anatomía de Da Vinci3

Efectivamente el cuerpo humano siempre ha sido lo que es actualmente, a pesar de algunas


transformaciones operadas por los espacios, el ambiente y su desarrollo evolutivo. Sin embargo,
como se evidencia en las dos ilustraciones en dos épocas distintas, se tienen concepciones
radicalmente distintas acerca del mismo. ¿A qué factores obedecen estas dos comprensiones
tan distintas? Desde los conceptos desarrollados por Fleck señalaríamos que son ilustraciones
correspondientes a dos estilos distintos de pensamiento, dos formas distintas de percibir el
cuerpo humano que es uno en su materialidad. Ahora bien ¿por qué se generan entonces estas
transformaciones entre estilos?

Mientras en la ilustración relativa a la teoría de Hipócrates de los “Cuatro humores”


encontramos la idea de que el ser humano, así como el resto de la realidad, se encuentra
compuesto a partir de un equilibrio entre contrarios y opuestos, la ilustración de Da Vinci señala
una concepción de la ciencia mucho más descriptiva y orientada por la observación. Hipócrates
en su teoría sostiene que el hombre está compuesto por cuatro líquidos fundamentales: bilis
amarilla, bilis negra, sangre y flema, líquidos distintos que en su encuentro producen lo que el
ser humano es, así como el año está compuesto por cuatro estaciones distintas que forman en
su unión una unidad: Bilis Amarilla con el Verano, Bilis Negra con el Otoño, Flema con el
Invierno y Sangre con la Primavera. Se trata de una teorización especulativa lejos de las
descripciones minuciosas de Da Vinci, realizadas a partir de disecciones y una comprensión de la
ciencia mucho más observacional y experimental. ¿Cuál es entonces de las dos concepciones la
más verdadera? Desde el concepto de Fleck lo que podemos señalar es que obedecen a estilos
de pensamiento distintos, irreductibles entre sí. En síntesis, el concepto de estilo de

2
Recuperado de: http://www.cienciasocultas.net/salud/loscuatrohumores.html
3
Recuperado de: http://www.genteenboga.com/noticia.php?id=1268

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pensamiento ha disuelto la idea de una progresión acumulativa del pensamiento y el
conocimiento científico.

La radicalidad de los conceptos desarrollados por Fleck va más allá. Al modo de ver del teórico
los conceptos de estilo de pensamiento y colectivo de pensamiento pueden ser aplicados no solo
al ámbito de las ciencias, sino a toda actividad humana, bien sea la religión, la moda, la política
o las creencias. Al modo de ver de Fleck, el conocimiento en todos sus ámbitos se desarrolla
como una actividad social que se extiende desde círculos especializados hasta esferas más
simples y profanas. Según Fleck, al interior de un estilo de pensamiento existe un círculo
esotérico o especializado en donde se elaboran las teorías más fuertes que se infundirán en la
sociedad por completo, bien se trate del conocimiento científico, religioso o de la moda. De ese
círculo especializado se desprenderá el conjunto de ideas que se extiende en la sociedad de
forma graduada hasta llegar a sectores menos especializados o públicos donde la opinión
impera. Esa misma dinámica podríamos plantearla en ámbitos del conocimiento como la moda
o la ciencia, pues siempre hay círculos especializados al interior de la sociedad que desarrollan
ideas dominantes que redundarán de una u otra forma en la opinión de la sociedad en general.

Círculo social exotérico


– opinión

Comunidad
especializada o
esotérica

Ahora bien, una cuestión más se nos presenta como inquietante: ¿qué razones llevan a que un
conjunto de ideas mute y se transforme el estilo de pensamiento de una sociedad? Teniendo en
cuenta que un estilo de pensamiento inunda a una sociedad por completo, este cambiará si
acontecen anomalías a las que no puede responder. Pensemos por ejemplo en la situación de
Descartes durante el siglo XVII; en esta época es dominante el pensamiento propio de la
escolástica, o la integración de filosofía y teología. En ese sentido la verdad proviene por
completo de la revelación cristiana. Sin embargo, para ese entonces ya muchas observaciones
realizadas por astrónomos de la época habían señalado que las ideas respecto a la astronomía
contenidas en la sagrada escritura eran falsas, de ninguna manera la tierra era el centro del
universo. Todo este tipo de incongruencias llevaron a que se pudiera en entre dicho el estilo de
pensamiento propio de la época, y a que se diera una revolución o, en términos de Fleck, una
mutación del pensamiento y sus conceptos. Sin embargo esto no quiere decir que un estilo de
pensamiento se abandone porque es falso, pues sólo reporta incongruencias para un conjunto
de sus ideas, sin que por ello deje de responder a otro tipo de necesidades. En ese sentido es

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posible que en distintas latitudes subsistan distintos estilos de pensamiento, sin que por ello
uno resulte ser más verdadero que otro.

En conclusión la teoría de Fleck sugiere que el conocimiento científico es producto de una


construcción social, lejos de argumentos exclusivamente lógicos o eminentemente racionales.
La historia, la cultura, los valores propios de una época, son argumentos que legitiman o
deslegitiman una apuesta teórica. El conocimiento, antes que ser una construcción racional, es
un producto social.

LAS REVOLUCIONES CIENTÍFICAS Y LOS PARADIGMAS DEL CONOCIMIENTO

Los términos paradigma, comunidad científica, ciencia normal, revolución científica,


inconmensurabilidad conceptual, han transformado por completo la comprensión de las ciencias
una vez que Thomas Kuhn los acuñó en su obra La estructura de las revoluciones científicas.

En su obra, Kuhn presenta un panorama del desarrollo de la ciencia muy diferente a cualquier
otro que se hubiera implementado antes. De hecho, antes de Kuhn hubo muy pocos esfuerzos
para explicar cómo acontecían los cambios en la ciencia, a pesar de los intentos conceptuales de
Fleck. En cambio, históricamente se había desarrollado de forma tácita una suerte de
teorización que sostenía que la ciencia se desarrollaba heroicamente hacia el progreso, en un
ascenso continuo sin duda alguna. De acuerdo con esas opiniones, la ciencia se desarrolla
mediante la adición de nuevas verdades a las existencias de antiguas verdades, o la
aproximación cada vez mayor de las teorías a la verdad y, en algún caso, la corrección de los
errores del pasado. Estos avances, se creía, podrían acelerarse en las manos de un científico
brillante; sin embargo el progreso estaba garantizado por la eficacia del método científico.
Todas estas ideas serán desmentidas y transformadas por Kuhn.

En la década de 1950, cuando Kuhn comenzó sus estudios históricos de la ciencia, la historia de
la ciencia era una disciplina académica joven. Aun así, estaba claro que el cambio científico no
siempre fue tan sencillo como la concepción estándar o tradicional lo entendía, que
simplemente lo pensaba como progreso acumulativo. Según Kuhn el desarrollo de una ciencia
no es uniforme, sino que alterna entre periodos de normalidad y periodos revolucionarios. Los
periodos revolucionarios no son solamente los períodos de progreso acelerado, pero
ciertamente se diferencian cualitativamente de los periodos de normalidad o de ciencia normal.

La ciencia normal es descrita por Kuhn como la resolución de un rompecabezas, o bien como un
período no dramático en el cual no hay dudas o cuestiones inquietantes que sugieran
transformaciones. La principal actividad que se da en un periodo de ciencia normal es la
transmisión de las ideas o de los métodos dominantes que existen en una época. Al igual que
alguien está resolviendo un rompecabezas, su actividad dependerá principalmente de su propia
capacidad, pero los métodos o lógicas que se requieren para resolver dicho problema ya existen.
El que se apresta a resolver un rompecabezas no está entrando en un territorio completamente

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desconocido; sus enigmas y sus soluciones son familiares y relativamente sencillos. En ese
sentido la ciencia normal es un periodo de acumulación de conocimientos debido a la
institucionalización de métodos e ideas dominantes. Piénsese por ejemplo en los avances que se
han logrado actualmente a partir del descubrimiento de las nano partículas en el terreno de la
física. Todo ello ha generado una multiplicidad de desarrollos tecnológicos en el ámbito de las
comunicaciones y la información, sin que por ello se destinen los esfuerzos a la refutación de
dicha teoría física. En ese sentido afirmamos que un descubrimiento novedoso en la física ha
suscitado el establecimiento de una ciencia normal en diferentes ámbitos.

Ahora bien, podemos hablar de cierto avance en la ciencia normal sólo en la medida que exista
un fuerte compromiso por parte de una comunidad científica específica. Se trata de un grupo de
personas que posee un conjunto de creencias compartidas, integrada por supuestos teóricos
comunes, valores, instrumentos y técnicas que forjan dicha comunidad. Kuhn llamó a toda esta
constelación de compromisos compartidos una matriz disciplinaria, o mejor aún un paradigma,
como marco teórico compartido que garantiza la implementación y el desarrollo de una ciencia
normal.

La ciencia revolucionaria, sin embargo, no es acumulativa en ningún sentido. Las revoluciones


científicas implican una revisión de la creencia científica existente o dominante, así como de la
práctica común de la época. Ahora bien, no todas las ideas o los logros alcanzados en un
período anterior al revolucionario se conservan siempre, pues pueden ser abandonados a pesar
de que hayan sido útiles en el pasado; a esta idea se le denominó la pérdida de Kuhn. Una
correcta comprensión de las revoluciones científicas debe alejarse de la idea de que son
momentos positivos que agregan conocimientos a lo ya elaborado, como se concebía en la
visión estándar del progreso científico. Las revoluciones científicas no acontecen como
momentos positivos, como sugeriría Popper a través del falsacionismo, pues en muchos
sentidos hacen entrar en crisis a la ciencia normal; son entonces momentos de crisis, de
negatividad, que afectan a la ciencia normal.

Si tenemos en cuenta el concepto de ciencia normal resulta apenas evidente que en ella existe
una resistencia conservadora a ser refutada; las revoluciones no son buscadas excepto en
circunstancias extremas. Ahí radica principalmente la crítica a Popper. Por eso Kuhn sostiene
que en los periodos de ciencia normal los científicos no buscan alterar su matriz disciplinaria ni
su paradigma, sino tan sólo confirmarla continuamente, incluso obviando resultados anómalos.
Solo habrá posibilidad de una revolución, o de un periodo revolucionario, en la medida que se
genere una acumulación de anomalías particularmente problemáticas de tal manera que se
plantee un serio problema para la matriz disciplinaria existente o el paradigma. Algo muy
parecido a lo que ya señalábamos a las anomalías en la teoría de Fleck. Una anomalía
particularmente problemática es la que socavará definitivamente la práctica de la ciencia
normal. Por ejemplo, una anomalía podría revelar las deficiencias en algunas piezas de uso
común de los equipos, o un problema conceptual profundo que pondría en duda la teoría
subyacente al paradigma. Si gran parte de la ciencia normal se basa en este pedazo de equipo, o
en la teoría supuesta, para la ciencia normal será difícil continuar con confianza hasta que esta

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anomalía se resuelva. La falta generalizada de confianza al interior de un paradigma generará
una crisis, al modo de ver de Kuhn.

La respuesta más interesante a la crisis será la búsqueda de una matriz disciplinaria revisada, o
un nuevo paradigma. Una revisión que permita la eliminación de al menos los más urgentes
problemas, así como de anomalías y enigmas pendientes. Dicha revisión será una revolución
científica. Sin embargo, la decisión de optar por una revisión del paradigma dominante no
obedece a cuestiones racionales o lógicas. En este sentido la fase revolucionaria de una ciencia
o disciplina específica está particularmente abierta a la competencia entre diferentes ideas y
desacuerdos; pueden incluso influir factores extra-científicos que ayudarían a decidir el
resultado de una revolución científica: las nacionalidades y personalidades de los protagonistas
principales, por ejemplo. Esta sugerencia creció en las manos de algunos sociólogos e
historiadores de la ciencia, pues llegaron a afirmar que el resultado de una revolución científica
puede estar determinado por factores socio-políticos. El mismo Kuhn rechazó estas ideas y su
obra deja en claro que los factores que determinan el resultado de una controversia científica,
en particular en la ciencia moderna, casi siempre se encuentran dentro de la ciencia,
específicamente en relación con el poder de resolución del conflicto entre las ideas que están
en competencia.

Ahora bien, que existan diversos paradigmas y que la ciencia avance a partir de momentos de
crisis no descartó para Kuhn la idea de que la ciencia hace progresos, incluso a través de
revoluciones. Sin embargo en tanto de un paradigma a otro pueden abandonarse ideas, o
dejarse de lado, sugiere la idea de que no existe un progreso acumulativo en la ciencia; los
paradigmas entre sí son inconmensurables. La búsqueda de un paradigma revolucionario, que
reemplace al paradigma que está fracasando lleno de anomalías, no supone de ninguna manera
la adopción de todas las ideas del paradigma anterior. Sin embargo, a pesar de la pérdida de
diversas ideas del paradigma que se abandona, para Kuhn el nuevo paradigma debe conservar
gran parte del poder de resolución de problemas que tenía su predecesor. En esa dirección
podemos afirmar que las revoluciones no traen un aumento global de resolución de enigmas, de
tal manera que exceda el número y la importancia de las soluciones que ya no están disponibles
como resultado de la pérdida de Kuhn. Kuhn es concluyente al negar que existe una inferencia
a partir de esos incrementos a la cercanía incrementada a la verdad. Por el contrario, está a
favor de una visión evolucionista del progreso científico. Sin embargo, si nos atenemos a la idea
de evolución, el desarrollo evolutivo de un organismo puede ser visto como su respuesta a un
reto planteado por su entorno. En esa dirección referirnos a un tipo de evolución de las teorías
no implica que haya alguna forma ideal de que el organismo que está evolucionando lo haga
hacia una forma superior respecto a las anteriores. La ciencia mejora al permitir que sus teorías
evolucionen en respuesta a los enigmas que se le presentan, y el progreso que obtienen se mide
por su éxito en la solución de las problemáticas que se le plantean, no porque su progreso se
realice hacia una verdadera teoría ideal, cercana a algo que se llame la verdad.

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