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Fundamentos aristotélicos en la crítica a las lenguas mexicanas y la

defensa de Francisco Xavier Clavigero

Luis Ricardo Herrera Manjarrez


0177985@up.edu.mx

El presente ensayo tiene como propósito hacer un pequeño recorrido histórico de un


tipo de pensamiento originado en Aristóteles que justifica la esclavitud con base en
las disposiciones racionales y anímicas de las personas. Este argumento permanece
mutatis mutandis en muchos pensadores del siglo XVIII y parece estar de fondo en
varios autores que o justificaron la conquista o denigraron a los pobladores nativos
de América al considerarlos inferiores cultural e intelectualmente. En el ensayo voy
a centrarme en las críticas europeas al idioma mexicano y por ello revisaré algunas
argumentaciones y contra argumentaciones que hace Francisco Xavier Clavigero en
defensa de la lengua indios para evidenciar la ignorancia y prepotencia con la que
fue tratado el nativo mexicano por muchos pensadores.

Aristóteles:
Aunque el pensamiento de Aristóteles sea considerado un tesoro de la inteligencia
humana y haya sido modelo y guía para el desarrollo de la ciencia, la lógica y el
sentido común; también posee un lado no tan luminoso: el estagirita defendía y
justificaba la existencia de esclavos. De acuerdo con él, el esclavo es aquel ser
humano que no se pertenecía así mismo sino a otro.1 Y, más importante aun, hay
hombres que nacieron para gobernar y otros para obedecer;2 tal es el caso de las
mujeres y los bárbaros pues carecen del “elemento gobernante por naturaleza”. 3 El
esclavo por naturaleza es aquel que en su propia constitución —cuerpo y alma—
posee un desorden, es decir, el cuerpo impera sobre el alma. Esclavo es aquel que es
dominado por sus impulsos corporales y aquel cuyo apetito manda sobre la
inteligencia.4 Por esta diferencia entre disposiciones —regidos por el alma y regidos

1 “Cuál es la naturaleza del esclavo y cuál su facultad resulta claro de lo expuesto; el que, siendo
hombre, no se pertenece por naturaleza a sí mismo, sino a otro, que es por naturaleza esclavo. Y es
hombre de otro el que, siendo hombre, es una posesión.” (Política, 1254a.)
2“Mandar y obedecer no sólo son cosas necesarias, sino también convenientes, y ya desde el

nacimiento algunos están destinados a obedecer y otros a mandar.” (Política, 1254a.)


3 Política, 1252b.

4 “El ser vivo está constituido, en primer lugar, de alma y cuerpo, de los cuales uno manda por

naturaleza y el otro es mandado. […] Hay que observar al hombre que está mejor dispuesto en cuerpo
y en alma, en el cual esto resulta evidente. Ya que en los malvados o de comportamiento malvado, el
cuerpo parece muchas veces mandar en el alma, por su disposición vil y contra naturaleza. Es posible
entonces, como decimos, observar en el ser vivo el dominio señorial y el político, pues el alma ejerce
por el cuerpo— es que hay hombres que naturalmente están al mando de otros.5
Pues, aunque ambos tengan razón, en un caso ésta domina y en el otro puede
percibir la de los demás, pero no tiene la voz cantante en su constitución interna. Y,
por ese mismo motivo, les conviene a éstos últimos ser dominados por los primeros
pues así es mejor para ellos, para el que manda y para la comunidad en general. 6
Grosso modo esta es la posición aristotélica acerca de la esclavitud. Así, bajo los
argumentos de imperio de la razón y dominio sobre el cuerpo es como un hombre
es por naturaleza esclavo o no.

Ginés de Sepúlveda:

Siglos después, durante la colonia española, muchos pensadores recuperaron


mutatis mutandis la argumentación aristotélica, ya sea para describir o defender su
postura de dominio sobre los indios. Ginés de Sepúlveda (1494-1573), sacerdote y
jurista español, famoso por su defensa a la inferioridad natural de los indios, se subió
al andamiaje aristotélico para juzgar y criticar a los nativos del nuevo mundo. Para
él, los “hombrecillos” poseen servidumbre natural debido principalmente a dos
motivos: torpeza de entendimiento y por sus costumbres inhumanas. Son faltos de
razón pues carecen de cultura, ciencia, historia y de leyes escritas; y son inhumanos
pues son antropófagos, sacrifican a otros humanos y tienen cultos impíos a ídolos.

Los indios “hombrecillos” poseen servidumbre natural debido principalmente a dos


motivos: torpeza de entendimiento y por sus costumbres inhumanas. Son faltos de
razón pues carecen de cultura, ciencia, historia y de leyes escrita; son inhumanos
pues son antropófagos, sacrifican otros humanos y tienen cultos impíos a ídolos.
Además, al igual que Aristóteles, sostiene que la esclavitud recae en los necios —
faltos de razón o dominados por sus impulsos— y que les conviene a éstos estar al
servicio de los mejor capacitados —aquellos cuya alma tiene señorío sobre sus
cuerpos—.

“El que es necio servirá al sabio. Tales son las gentes bárbaras e
inhumanas, (…) Y será siempre justo y conforme al derecho natural que

sobre el cuerpo un dominio señorial y la inteligencia sobre el apetito un dominio político y regio. En
ellos resulta evidente que es conforme a la naturaleza y conveniente para el cuerpo ser regido por el
alma, y la parte afectiva ser gobernada por la inteligencia y la parte dotada de razón, mientras que su
igualdad o la inversión de su reacción es perjudicial para todos.” (Aristóteles, Política, 1254b)
5 “Es esclavo por naturaleza el que puede ser de otro (por eso precisamente es de otro) y el que

participa de la razón tanto como para percibirla, pero no para poseerla.” (Aristóteles, Política, 1254b)
6 “Está claro que unos son libres y otros esclavos por naturaleza, y que para éstos el ser esclavos es

conveniente y justo.” (Aristóteles, Política, 1254b)


tales gentes se sometan al imperio de príncipes y naciones más cultas y
humanas”7

Ginés de Sepúlveda toma la argumentación aristotélica con el añadido escolástico


del derecho natural para justificar el imperio español sobre los indios. Mientras que
el estagirita argumentó que los esclavos carecían de señorío de la razón y por eso era
“justo que los helenos manden sobre los bárbaros” 8, Sepúlveda añade que los indios,
como consecuencia de su inferioridad intelectual, carecen de cultura y cometen actos
atroces que es mejor evitar mediante el dominio sobre ellos y de paso exalta su
nacionalidad española:

“¨[…]con perfecto derecho los españoles imperan sobre estos bárbaros del
Nuevo Mundo e islas adyacentes, los cuales en prudencia, ingenio, virtud
y humanidad son tan inferiores a los españoles”.9

Ginés de Sepúlveda no habla expresamente sobre el idioma de los nativos aunque


es absurdo pensar que echaría flores sobre él. Es de esperarse que la lengua, al ser
reflejo y base de la cultura, sea igualmente flaca y aberrante como él creía que era la
cultura de los indios. Sepúlveda es relevante para esta investigación pues deja ver
un poco la cosmovisión que se tenía con respecto a la colonia y que muchos otros,
directa o indirectamente sostendrán sobre el nuevo mundo.

Cornelius de Pauw:

Pauw es un personaje curioso porque fue considerado uno de los más grandes
especialistas del Nuevo Mundo aun a pesar de jamás haberlo conocido. Pauw vivió
de 1739 a 1799, fue un filósofo, geógrafo y diplomático holandés que residía en la
corte de Federico el grande en Prusia. Pauw era un claro anti-americanista pues creía
que el nuevo continente era prácticamente un lugar de podredumbre y depravación.
Por ello, sus críticas van desde el clima hasta la biología del continente, aunque aquí
solo voy a centrarme en su crítica al idioma mexicano.

Los americanos no saben contar hasta veinte sin utilizar continuamente


signos materiales o representativos para suplir las ideas de valor (…) La
dificultad no se refiere a la falta de palabras sino a la falta de conceptos;
y es claro de que, si los bárbaros hubieran tenido nociones precisas de

7 Ginés de Sepúlveda, (Sepúlveda, 1941) (Armelia, 2014), pp. 101-102


8 Política, 1252b.
9 Ginés de Sepúlveda, Tratado sobre las justas causas de la guerra contra los indios, pp. 101-102)
valores numerales, hubieran inventado términos para expresarlos, igual
que nosotros.10

Lo que Pauw deja ver aquí es que consideraba que los nativos no tenían capacidad
de abstracción, por ello sus nociones numerales eran extraídas directamente de las
intuiciones de las cosas y no del cálculo matemático. Pareciera que para él, el
americano era incapaz de despegar la vista de las cosas y pensar a éstas en su esencia
y con ello extraer conclusiones más elevadas y abstractas. Esto mismo se refleja en
el siguiente apartado:

Tiempo…duración, espacio, ser, sustancia, materia, cuerpo, Todas estas


palabras y otras muchas no tienen voces equivalentes en sus lenguas, y
no sólo los nombres de los seres metafísicos, pero ni aun de los seres
mortales, pueden explicarse por ellos sino impropiamente y por largos
circunloquios.11

Esta crítica, al operar sobre conceptos fundamentales de la filosofía y la ciencia


evidencia que según Pauw, el lenguaje, y con ello el pensamiento mexicano, era una
simple descripción de hechos sensibles y no un acercamiento científico y abstracto.
El hecho de que haya escrito que la lengua mexicana necesitaba de grandes
circunloquios y que erraba en muchos improperios es signo de que ésta estaba
incapacitada para acceder a la naturaleza o esencia de las cosas. El pensamiento
mexicano debió versar, de acuerdo con Pauw, en meras apariencias, pero jamás en
las cosas en sí mismas. Esto mismo también es signo de la inferioridad intelectual de
los nativos pues su razón no podía hacer ratio de las cosas. Por otro lado, y tal y como
escribí arriba, Pauw no solo consideraba como deficientes a las criaturas del Nuevo
Mundo sino perversas. Los animales no sólo eran menos perfectos sino aborrecibles
y claramente eso se extendía a los seres humanos:

(…) los órganos de los americanos eran toscos y su lengua bárbara (…)
véase la lista de sus animales, y sus nombres son tan difíciles de
pronunciar que es de admirar haya habido europeos que se hayan
tomado el trabajo de escribirlos.12

10 Cornelio de Pauw, Recherches philosophiques sur les Américaines […] (Traducción de Dorothy Tanck
de Estrada) p. 137.
11 Íbidem, pp. 157-158.

12 Íbidem, p.171.
Seguramente los nombres transcritos que Pauw recibió eran resultado de una mala
escucha de la lengua, pereza por encontrar su fonética y una exageración en su
dificultad por parte de los relatores. Más allá de que fuese difícil de pronunciar para
los europeos y de su ausencia de vocablos científicos y filosóficos, la lengua
mexicana, que carecía de capacidad para penetrar las cosas del mundo, tenía el
principal problema de no ser un vehículo capaz de transmitir la verdad y sabiduría
de la religión católica. Si una lengua, de acuerdo con Pauw, no podía transmitir el
evangelio y los conocimientos de la salvación era una lengua inservible y por
extensión propia de una cultura inferior y sin virtudes humanas. Esto último
también fue considerado por el clero local y en 1769 cuando el obispo Francisco
Fabián y Fuero publicó un edicto para la diócesis de Puebla en la que mandaba a los
curas a explicar en castellano a los indios la doctrina cristiana. A continuación,
transcribo un extracto de la cédula de 1754:

(…) habiéndose hecho particular examen, sobre si aun en la más perfecta


lengua de los indios se pueden explicar bien y con propiedad los
misterios de nuestra santa fe católica se han reconocido que no es posible
sin cometer grandes disonancias e imperfecciones.13

En general había un rechazo hacia la lengua náhuatl ya que se creía que esta
solamente podía reflejar el imaginario mexicano y por ende siempre resultaría
impropia una traducción de la sagrada escritura a esta lengua. Sin embargo, con el
pasar del tiempo la necesidad de destruir la lengua mexicana dejaría de tener como
motivo la correcta transmisión del conocimiento divino y pasaría a ser más bien un
motivo político tal y como Carlos III dejó ver en una Cédula Real de 1770 para toda
la América y las Filipinas en donde escribió lo siguiente:

Se debe extender y hacer único y universal en los mismos dominios, por


ser el propio de los monarcas y conquistadores, para facilitar la
administración y pasto espiritual a los naturales y que éstos puedan ser
entendidos de los superiores, tomen amor a la nación conquistadora,
destierren la idolatría, se civilicen para el trato y el comercio … y toda la
tierra podría gobernarse con más facilidad.

A pesar de que el rechazo por la lengua adquirió motivos políticos, Clavigero


escribió desde su exilio una defensa de tono más intelectual que político. Sin
embargo, parece que lo que siempre estuvo detrás de los motivos de los detractores

13Richard Konetzke, Colección de documentos para la historia de la formación social de Hispanoamérica,


1493-1810, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1962, vol. 3, tomo I, pp. 269-270.
fue el ansia de conquista, más allá de genuinamente defender una deficiencia de la
lengua y cultura mexicana, por ello muchos grandes críticos, como el mismísimo
Pauw jamás visitaron América y sin embargo despotricaron contra ella.

Francisco Xavier Clavigero:

La Historia Antigua de México de Francisco Xavier Clavigero es una obra


importantísima para la identidad mexicana. En ella se reúnen muchos aspectos
filológicos, económicos, filológicos y etnográficos —por decir algunos— más allá de
la simple narración de acontecimientos históricos. Su obra, a diferencia de la de
muchos críticos de los mexicanos, está nutrida de experiencias directas con los indios
y con un conocimiento de causa real. Clavigero se ensaña especialmente con Pauw
pues sus críticas quizás sean las más exageradas y falsas que haya leído o por la
altanería de haber despotricado contra un mundo que jamás conoció.14

Pauw quiere persuadir al mundo que en América la naturaleza ha


degenerado enteramente en los elementos, las plantas, los animales y los
hombres… Todos los propios de América son más pequeños, más
deformas y más débiles, más cobardes y más estúpidos que los del
Antiguo Mundo, y los que se trasladaron a ella de otra parte,
inmediatamente degeneraron, así como todas las plantas de Europa
trasplantadas a América.15

Tal y como escribí más arriba, Pauw concebía el descubrimiento de América como
un hecho horrido pues en esta la creación había degenerado y todo lo que allí había
era una desviación del mundo europeo; correcto y cercano al deber ser. Clavigero,
por su parte, contra argumenta muchas de las críticas que hace Pauw, tal y como la
de que los mexicanos carecían de vocablo para significar un número mayor a 20.

Los mexicanos contaban antiguamente por xiquipili, así las almendras de


cacao de su comercio como sus tropas en ña guerra; que xiquipili valía
ocho mil, y así para decir que un ejército se componía, por ejemplo, de
cuarenta mil hombres, decía que tenía cinco xiquipili.

14 “Cualquiera que lea estas decisiones magistrales de Pauw, se persuadirá sin duda que decide así
después de haber viajado por toda la América, de haber tratado con todas aquellas naciones y haber
examinado todas sus lenguas. Pero no es así. Pauw, sin salir de su gabinete de Berlín, sabe las cosas
de América mejor que los mismos americanos, y en el conocimiento de aquellas lenguas excede a los
que las hablan.” Clavigero, Historia antigua de México, p. 544.
15 Íbid. pp. 422-423.
(…)
Yo sabía, finalmente, que los mexicanos tenían voces numerales para
significar cuantos millares y millones querían; pero Pauw sabe todo lo
contrario y no hay duda que lo sabrá mejor que yo, porque tuve la
desgracia de nacer bajo un clima menos favorable a las operaciones
intelectuales.16

Y, siguiendo a Pauw, si ni siquiera había un término que enunciara un número


mayor a 20 ¿por qué lo habría de nociones tan complejas y profundas como las
necesarias para comprender la revelación? Clavigero, para exponer el absurdo del
holandés escribe que la lengua mexicana ya posee entre sus textos traducidos a los
evangelios, los Proverbios de Salomón e incluso un libro teológico sobre Cristo. 17
Estas mismas críticas fueron tenidas en el siglo XVI por el Padre José de Acosta quien
escribió una Historia natural y moral de las indias en donde, según él, las lenguas
americanas carecían un vocablo para Dios.18 Sin embargo, Clavigero le contestó con
el mismo argumento tanto a Acosta como a Pauw:

“[…] por otra parte, tan docto y tan exacto, no tuvo inteligencia alguna
de la lengua mexicana; porque a tenerla sabría que lo mismo mismísimo
significa el Teotl de los mexicanos que el Theós de los griegos y el Dios de
los españoles, y que la causa de haber introducido en la lengua mexicana
aquella palabra española no fue porque hubiese necesidad de ella, sino
por la escrupulosa timidez de los primeros historiadores, que, como
quemaron las pinturas históricas de los mexicanos por recelo que
tuvieron de su superstición…así desecharon la voz mexicana teotl, porque
había servido a la significación de los falsos dioses que adoraban.
[…] en efecto, muchos autores juiciosos de los que han escrito después en
mexicano han usado sin escrúpulo del teotl… Los más altos misterios de

16 Ibíd, p. 544.
17 “La excesiva abundancia de semejantes voces ha sido la causa de haberse expuesto sin gran
dificultad en la lengua mexicana los más altos misterios de la religión cristiana y haberse traducido
en ella…los Proverbios de Salomón y los Evangelios, los cuales, así como la Imitación de Cristo de
Tomás Kempis…no pueden ciertamente traducirse a aquellas lenguas que son escasas en términos
significativos de cosas morales y metafísicas” Clavigero, Historia antigua, p. 544.
18 “[Los indios de Perú y México no tienen] …noticia de un Ser Supremo, creador del cielo y de la

tierra, no tuviesen vocablo para nombrar a Dios. Porque si queremos hallar vocablo que responda a
este Dios como en latín responde Deus, en griego Theós, en hebreo El y en arágibo Alá, no se halla..,
por tanto los que predican o escriben para indios usar el mismo nuestro español Dios.” José de Acosta,
Historia natural y moral de las Indias en que se tratan de las cosas notables del cielo, elementos, metales, plantas
y animales dellas y los ritos y ceremonias, leyes y gobierno de los indios, p.220
nuestra religión se hallan bien explicados en mexicano, sin haber sido
necesario mendigar vocablos de otra lengua.”19

Clavigero, quien fue un ferviente defensor de la enseñanza de la historia y de la


correcta interpretación del pasado era muy consciente de que la ausencia de un
vocablo para Dios en el idioma mexicano no era un defecto de éste sino una decisión
deliberada de tomar el vocablo español en sustitución de Teotl, especialmente por
razones políticas pues haber mantenido el vocablo original pudo haber significado
que en el imaginario de los indios esa palabra evocara a sus deidades y pudieran
seguir manteniendo una identidad colectiva, hecho que convenía en lo más mínimo
a los nuevos gobernantes que pretendían mantener sometida a la población de las
nuevas tierras.

Conclusión:

La desinformación acerca del nuevo continente durante el siglo XVIII estaba


bastante extendida. Las pretensiones de los europeos eran naturalmente mantener
el imperio sobre los indios y por eso había que justificar religiosa y filosóficamente
su estadía en las nuevas tierras. El eco de Aristóteles es perceptible en los autores
que aquí mostré y es debido a que su pensamiento es del tipo del sentido común. El
griego no requiere hacer grandes circunloquios para justificar la esclavitud. Basta
decir que hay hombres que interiormente son gobernados por la mejor parte de ellos
mismos —la razón— y otros que están a merced de sus impulsos. De este modo,
basta justificar que la cultura y lengua de los pueblos conquistados es un reflejo del
comportamiento visceral e incivilizado que tienen para justificar su sumisión. Por
eso muchos críticos, como Pauw, aun a pesar de jamás haber visitado las nuevas
tierras, decían todo aquello que cuadrara dentro del esquema de la esclavitud y
sometimiento planeados por Aristóteles para que los dirigentes europeos pudieran
tener la conciencia tranquila o al menos, compatibilizar sus acciones con el
pensamiento católico bajo la enmienda de la evangelización. Aunque claro, como
casi todo en esta vida, las intenciones eran políticas y de poder y, lo que en primera
instancia parecía un problema filosófico sobre la compatibilidad entre culturas
distintas acabó convirtiéndose en una conquista y exterminio de las raíces de los
indios que garantizaran que estos no iban a sublevarse.

Bibliografía
Clavigero, F. X. (1968). Historia antigua de México. Porrúa.

19 Francisco Xavier Clavigero, Historia antigua de México, pp. 239-240.


Acosta, J. d. (1962). Historia natural y moral de las Indias en que se tratan de las cosas
notables del cielo, elementos, metales, plantas, y animales dellas y los ritos y
ceremonias, leyes y gobierno de los indios. Fondo de cultura económica.
Aristóteles. (1988). Política. (M. G. Valdés, Trad.) Madrid: Gredos.
Armelia, V. A. (2014). Las disertaciones de Clavijero y su supuesta disputa en contra
de los ilustrados europeos. Metafísica y persona. Filosofía, conocimiento y vida,
185-209.
Herceg, J. S. (2011). Filosofía de (para) la Conquista. Eurocentrismo y colonialismo
en la disputa por el Nuevo Mundo. Atenea, 165-186.
Konetzke, R. (1962). Colección de documentos para la historia de la formación social de
Hispanoamérica. Madrid: Consejo superior de investigaciones científicas.
Mercado, M. Á. (2008). El problema de la esclavitud en Aristóteles. PENSAMIENTO,
64(239), 151-165.
Pauw, C. d. (s.f.). Recherches philosophiques sur les Américaines, ou Mémoires intéressants
pour servir à l´histoire de léspece humaine. (D. Tanck, Trad.) Londres.
Sepúlveda, G. d. (1941). Tratado sobre las justas causas de la guerra contra los indios.
México: Fondo de cultura económica.