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“La Construcción Social de la Realidad, II Capitulo”

Peter L. Berger y Thomas Luckmann

Daniel Eduardo Bolaños Nisperuza – 2018260010

Ivon Gabriela Chacón Cifuentes – 2018260017

Juan Carlos Burgos Oyola – 2018260012

Jhina Marcela Cabrera González – 2018260013

Lesmen Alejandro Theran Padilla – 2018260064

Marcela Youli Burbano Gualguan – 2018260011

Universidad Pedagogica Nacional

Juan Camilo Torres Azocar

Licenciatura en Ciencias Sociales l

Facultad de Humanidades

2018-2
II. La sociedad como realidad objetiva

1. Institucionalización

Para entender la institucionalización, debemos hablar de la pre teoría de esta


misma, (tiempo fatal) la cual señala que el hombre es un mamífero que tiene la
capacidad de crear un mundo totalmente diferente al resto de los mamíferos, ya
que por su estructura corporal y sus instintos se adapta fácilmente a otros
espacios geográficos, cosa que no puede hacer el resto de animales. El hombre
es un animal que nace totalmente desigual al resto de mamíferos ya que no nace
desarrollado por completo, sino que termina su desarrollo al momento de ser
separado de su madre, y la relación hombre-mundo mundo- hombre, completando
de esta manera su desarrollo ontológico.

a. Organismo y actividad.

El hombre dentro del reino animal no se restringe por espacios geográficos


específicos como el resto del reino animal; es un mamífero, que tiene la capacidad
de crear un mundo totalmente diferente al resto de los animales, ya que, por su
estructura corporal y sus instintos se adapta fácilmente a otros espacios
geográficos, cosa que no puede hacer el resto de animales esto es entendido
como la constante relación que entabla el hombre con otros, mediado por
condiciones como el mundo natural y la construcción del mundo social. Estas
condiciones del mundo social tienen la capacidad para inferir en el pensamiento,
sentir y forma de actuar del hombre, generando así la etología, la cual se encarga
de darle ciertas atribuciones a los hombres diferenciándolos entre sí.

La capacidad de moldear al hombre se conoce como naturaleza humana en un


sentido antropológico y no biológico, puesto que, es una construcción desarrollada
con la interacción con otros (mundo social), esta sería la identidad que se obtiene
de manera empírica en la interacción, la cual, revela la plenitud del hombre y el
mundo social diferenciado al mundo natural pero la actividad dentro de la
construcción social busca una estabilidad que se relaciona directamente con la
experiencia del hombre y sus instintos, no está determinada por condiciones
biológicas (naturaleza de las cosas), esta actividad está en constante movimiento
y transformación dando como resultado el (orden social). El orden social es el
conjunto de producción humana que busca una economía, tecnología o beneficio
en pro de la humanidad, fuera del mundo natural.
b. Origen de la institucionalidad.

El origen de la institucionalización está determinado por diferentes procedimientos


operativos conocidos como los actos que se hacen de manera reiterativa dentro
de la habituación, las acciones de estas rutinas de alguna manera liberan al
hombre al pensar nuevas formas de cumplir una tarea en el momento o en el
futuro, entonces como resultado se estable que la rutina misma antecede a la
institucionalidad.

Establecidas ya estas acciones y realizadas de manera repetida, se constituye


como tipificaciones reciprocas, concretando la formación de la institución, este
cuerpo (institución) tiene un fundamentalismo histórico el cual se encarga de
regular algunas formas de comportamiento del hombre mediante pautas (in
núcleo) y las cuales deben ser accesibles a toda la comunidad, es decir que una
tarea que se realizaba de manera individual pasa a ser una terea colectiva, en
este punto exacto se observa la construcción de la realidad social o una parte de
ella como la interacción de una o más personas, en una situación común que se
puede llamar habituación y también se estará en vía de-construcción un mundo-
social que contendrá en su interior las raíces de un orden institucional en
expansión.

c. Sedimentación y tradición

En este momento la institucionalización ya se está estableciendo, la cual, es la


experiencia que queda marcada en la conciencia y se puede recordar con
facilidad, esta es la sedimentación (la idea que se tiene de algo), pero que
necesita de un lenguaje para que sea accesible a las experiencias y
conocimientos para su trasmisión de una generación a otra y así continuar con su
movimiento. Es decir que la institucionalización como cuerpo de conocimientos
empíricos se va perfeccionando cada vez más gracias a la sedimentación

El lenguaje con su función de trasmitir la idea de una generación a la siguiente


tiene como objetivo el conocimiento mediante signos, es decir, que debe tener un
trasmisor y un receptor que acoja el conocimiento entregado, el receptor toma ese
conocimiento objetivo y lo subjetiva al aprenderlo.
d. Roles

Aparecen cuando se realizan de manera repetitiva las tipificaciones, recordando


de esta manera que todo comportamiento institucionalizado requiere de roles para
su buen funcionamiento. El hombre que desempeña este rol está representado el
cuerpo de conocimientos que son transmitidos por la tradición, identificándose con
la acción que realiza Ejm: cazar- cazador, observamos que de esta manera el
hombre reflexiona sobre el conocimiento que ha adquirido insertándose así en el
(yo social). La realización de los roles materializa el mundo desde una perspectiva
subjetiva hacia una objetivación. El rol es una actividad que no se adhiere
directamente al hombre puesto que él puede cambiar de acción constantemente,
pero la puede perfeccionar convirtiéndose en un especialista, el cual se encarga
de fortalecer el cumulo de conocimientos y administrándolo en la sociedad. Cada
especialista se tipifica de cierta manera dependiendo de su conocimiento.

e. Alcance y modos de la institucionalización

Como se especifica anteriormente de cómo la institucionalización hace que el


individuo se adapte al contexto, nos referiremos en esta ocasión a los modos de la
institucionalización.
Para alcanzar una institucionalización se debe tener en cuenta el orden de
relevancia de estructuras ello conlleva a la distribución del trabajo porque ocurre la
repartición de instituciones. También es posible que la institucionalización sea
total, en ese caso no existirán los roles ya que todos estarán regidos por una
relevancia en común.
La institucionalización es un proceso reversible, aun estén formadas y ya se tenga
cierto habito, en cualquier momento es posible la desinstitucionalización.
Cuando existe la segmentación de instituciones los roles se disipan y crean
problemas con el acoplo común del conocimiento.
En consecuencia, se crean subuniversos y diversificación de perspectivas de la
sociedad en general.
Y para concluir la reificación donde el individuo puede dejar a un lado el universo
que el mismo ha construido y así se convierte en un mundo deshumanizado ya
que solo el hombre experimenta como algo exterior a la sociedad y al mundo, al
igual que los roles también pueden reitificarse donde dependiendo del contexto al
individuo por alguna razón es imprescindible que actué de cierta manera,
atendiendo a sus necesidades
2. Legitimación

a. Orígenes de los universos simbólicos

La legitimación produce nuevos significados con el fin de integrar los ya atribuidos


a procesos institucionales dispares. En este proceso juega un papel fundamental
la llamada “integración”, que de una forma u otra, corresponde como el propósito
tópico que motiva a los legitimadores. La legitimación no es indispensable en la
primera fase de la institucionalización, es necesario entender que existen niveles
“verticales” relación de vida entre individuos y planos “horizontales” de integración.

La dificultad que presenta la legitimación es la necesidad de trasmitir a una nueva


generación las objetivaciones de orden institucional. Para esto al no poder valerse
de recuerdos, se encarga de justificar ofreciendo “explicaciones” de los elementos
que se trasmiten. Dicho proceso de “explicar” y fundamentar constituye la
legitimación.

La legitimación no solo se encarga de indicar al individuo por qué debe realizar


una acción y no otra; también le indica por que las cosas son lo que son. Cabe
aclarar que existen diferentes niveles de legitimación: Legitimación incipiente,
presentada tan pronto como se trasmite un sistema de objetivaciones lingüísticas;
el segundo nivel contiene preposiciones teóricas de forma rudimentaria; el tercer
nivel contiene teorías explicitas y un cuarto constituye los cuerpos de tradición
teórica.

El cuarto nivel es primordial porque integra las zonas de significado diferentes y


abarca el orden institucional, refiriéndose simbólicamente a las realidades que no
son parte de la experiencia cotidiana, aporta el orden para la aprehensión
subjetiva de la experiencia biográfica, posibilita el ordenamiento de las diferentes
fases y la historia que ubica en pasado presente y futuro

b. Mecanismos conceptuales para el mantenimiento de los universos


simbólicos

El ser humano vive en un universo simbólico que a su vez es teórico. S produce


en procesos de pensamiento de cada individuo y que con la objetivación social
establecen vínculos para los temas significativos que se hallan en las instituciones.

Estos mecanismos son necesarios porque el universo simbólico se torna en un


problema, sin embargo, mientras no sea un problema el universo se legitima a si
mismo por el hecho de su existencia objetivo en la sociedad.
Todos los universos pueden ser problemáticos, pero esto depende de las
variaciones de idiosincrasia que pueden concebir dicho universo. Este problema
se hace más visible si algunos grupos de habitantes llegan a compartir versiones
divergentes del universo simbólico. Dichos grupos heréticos plantean no solo una
amenaza teórica para el universo simbólico, sino también una amenaza practica
para el orden institucional legitimado por el universo simbólico en cuestión.

El universo no solo se legitima, también se puede modificar por medio de los


mecanismos conceptuales que se construyeron para protegerlo de esos grupos
heréticos.

Los mecanismos conceptuales son producto de la actividad social y se legitima por


medio de la habilidad teórica.

La relación entre la conceptualización cognoscitiva y normativa, aquí como en


todas partes, es empíricamente fluida: las conceptualizaciones normativas siempre
implican ciertos presupuestos cognoscitivos.
La mitología como mecanismo conceptual es lo más cercano al nivel sencillo del
universo simbólico, nivel en el cual es mínima la necesidad de mantenimiento
teórico de universos más allá del planteo real del universo en cuestión como
realidad objetiva.
La aniquilación, a su vez utiliza un engranaje similar para liquidar conceptualmente
todo lo que esté fuera de dicho universo. Niega la realidad de cualquier fenómeno
o interpretación de fenómenos que no encaje dentro de ese universo. Esto puede
efectuarse de dos maneras: Primero, la amenaza a las definiciones sociales de la
realidad se neutraliza adjudicando un status ontológico inferior, y por lo tanto un
status cognoscitivo carente de seriedad, a todas las definiciones que existan fuera
del universo simbólico (como menos humanos, congénitamente desorientados con
respecto al orden justo de las cosas). Segundo, las concepciones desviadas no
solo reciben un status negativo, sino que se abordan teóricamente en detalle.
Consiste en incorporar las concepciones desviadas dentro de universo propio y así
liquidarlas definitivamente. Por tanto, debe traducírselas a conceptos derivados del
universo propio. Los que niegan esto, en virtud de estar poseídos por demonios o
sencillamente porque son barbaros, están negando su propia naturaleza; en lo
profundo de si saben que eso es así.
c. Organización social para el mantenimiento de los universos
simbólicos
Los universos simbólicos construidos socialmente tienden a cambian ya que son productos
históricos humanidad. La realidad se define socialmente, pero las definiciones siempre se
encarnan, los individuos y grupos de individuos concretos sirven como definidores de la
realidad.
La habituación y la institucionalización en sí mismas limitan la flexibilidad de las acciones
humanas. Las instituciones tienden a persistir, a no ser que se vuelvan problemáticas. Las
legitimaciones definitivas refuerzan inevitablemente esta tendencia. Cuanto más abstractas
resultan las legitimaciones, menos probabilidad existe de que modifiquen según las
cambiantes exigencias pragmáticas.
En tanto las teorías sigan teniendo aplicaciones pragmáticas inmediatas, la rivalidad que
pueda existir resulta fácil de zanjar por medio de pruebas pragmáticas. La cuestión puede
resolverse con relativa facilidad si se observa cual teoría es la que da más resultado. Esa
posibilidad no existe en el caso de que haya que decidir, por ejemplo, entre una teoría
politeísta y una teoría heno teísta del universo.
Así, no podemos culpar a esos teorizadores si recurren a respaldos más sólidos, por ejemplo,
que las autoridades empleasen la fuerza armada para imponer uno de los argumentos por
encima de sus competidores. Sin embargo, el poder en la sociedad incluye el poder de
determinar procesos decisivos de socialización y, por lo tanto, el poder de producir la realidad.
Las simbolizaciones sumamente abstractas son ratificadas por un apoyo más social que
empírico. Entonces, las definiciones rivales sobre la realidad se determinan en la esfera de los
intereses sociales competitivos cuya rivalidad, a su vez, se traduce en términos teóricos.
En tanto las definiciones en competencia de la realidad pueden segregarse conceptual y
socialmente como apropiadas para extranjeros y no relevantes para uno mismo, es posible
sostener relaciones bastantes amistosas con esos extranjeros. Las dificultades surgen cada
vez que se franquea la extrañeza y aparece el universo desviado como hábitat posible para la
sociedad propia.
Las situaciones monopolistas de esta índole presuponen un alto grado de estabilidad socio-
estructural y son de por si estructuralmente estabilizadoras. Cuando una definición particular
de la realidad llega a estar anexada a un interés de poder concreto, puede llamársela
ideología. Casi no tiene sentido usar el término si dos definiciones diferentes de la realidad se
enfrentan mutuamente en contacto intersocietal.
Con frecuencia una ideología es adoptada por un grupo en razón de elementos teóricos
específicos conducentes a sus intereses. Sin embargo, sería un error imaginarse que la
relación entre un grupo de intereses y su ideología siempre resulta tan lógica. Todo grupo
comprometido en conflictos sociales requiere solidaridad, y las ideologías general solidaridad.
Importa recordar que la mayoría de las sociedades modernas son pluralistas, sentido este
comparte un universo central, establecido en cuanto tal, y diferentes universos parciales que
coexisten en un estado de acomodación mutua. Los conflictos abiertos entre las ideologías
han sido reemplazados por grados variables de tolerancia o aun de cooperación. La situación
pluralista altera no solo la posición social de las definiciones tradicionales de la realidad, sino
también la manera en que éstas son consideradas en la conciencia de los individuos, con una
división del trabajo altamente desarrollado, una alta diferenciación concomitante en la
estructura social y un gran superávit económico. El pluralismo fomenta tanto el escepticismo
como la innovación y por ende, resulta inherentemente subversivo para la realidad ya
establecida del statu quo tradicional.
La revolución es, por supuesto, una opción de gran importancia histórica. El revolucionario
intelectual necesita de otros para confirmar sus concepciones divergentes. Debe conseguir
otros que mantengan para él la realidad de la ideología revolucionaria. Los subuniversos
requieren subsociedades como bases de objetivación y las contra-definiciones de la realidad
necesitan contra-sociedades.
Las instituciones y los universos simbólicos se legitiman por medio de individuos vivientes, que
tienen ubicación e intereses sociales concretos. La historia de las teorías legitimadoras
siempre forma parte de la historia de la sociedad como un todo. Ninguna historia de las ideas
se efectúa en el aislamiento de la sangre y el sudor de la historia general. Es correcto afirmar
que las teorías se urden con el fin de legitimar las instituciones ya existentes. Las definiciones
de la realidad tienen poder de auto-cumplimiento. Lo que sigue siendo sociológicamente
esencial es el reconocimiento de que todos los universos simbólicos y todas las legitimaciones
son productos humanos; su existencia se basa en la vida de individuos concretos, y fuera de
esas vidas carecen de existencia empírica.