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HACER MORIR Y DEJAR VIVIR… HACER VIVIR Y DEJAR

MORIR: EL CASO DE “LOS FALSOS POSITIVOS”.


Publicado en: Bartolome, C, Duarte, R. Compiladores (2012) La urbe
Global y el gobierno de la vida humana. Universidad Libre, Asociación
Iberoamericana de filosofía política. Bogotá

Alvaro Díaz Gómez


Profesor Asociado del Departamento de Humanidades e Idiomas de la
Universidad Tecnológica de Pereira. Psicólogo y Magister en Filosofía,
Universidad INCCA de Colombia.Coordinador de la línea de investigación
en Socialización política y cultura política (grupo Arte y Cultura, categoría
C de COLCIENCIAS). Investigador del proyecto Los falsos positivos
como dispositivos de vigilancia y control en la configuración de sujetos
políticos
E-MAIL: adiaz@utp.edu.co

RESUMEN.
La presente ponencia se desarrolla como parte del proceso de investigación
denominado Los falsos positivos como dispositivos de vigilancia y control
en la configuración de sujetos políticos (código 1-11-1) que se encuentra
en desarrollo y financiada por la Vicerrectoría de investigación Innovación
y extensión, de la Universidad Tecnológica de Pereira, Colombia.

La idea central es mostrar algunos rasgos teóricos que a manera de


referente conceptual estamos desarrollando para comprender la lógica
política inherente a los crímenes realizado por parte de miembros del
Estado Colombiano en lo que se ha denominado como “falsos positivos”.
Así ampliaremos las ideas respecto de que estas acciones son crímenes de
Estado, por lo tanto tienen una motivación política que se centra en lo
fundamental de la misma, como es la vida; por lo que se puede realizar una
lectura interpretativo-comprensiva desde la Biopolítica.

Palabras clave: Biopolítica, falsos positivos, Crímenes de Estado, vida,


política

CONTEXTO PARA ENTENDER LA EMERGENCIA DEL


DISPOSITIVO “FALSOS POSITIVOS”

¿Es necesaria la muerte para que viva la política? ¿Puede, desde la muerte
sobrevivir la política? ¿Una política de gobierno puede basarse en la
muerte? Parece que en el contexto del gobierno del presidente Alvaro Uribe
Vélez (años 2002 al 2010) esto se concretó -como ha ocurrido en otros
contextos y se encuentra documentado- por lo que nos interesa centrar la
mirada en una expresión explícita de estas relaciones entre
vida/muerte/política, como son las presentadas en lo que se denominó en
Colombia como “los falsos positivos” y que se tipifican como crimen de
Estado.

Tal denominación hace referencia a la muerte de civiles y en el caso


emblemático de la población de Soacha, Cundinamarca, a jóvenes, quienes
fueron asesinados en condición de indefensión por parte de miembros del
ejército colombiano, para ser presentados luego, como dados de baja en
combate e integrantes de algún grupo guerrillero.
Pero lo anterior no se da como un hecho aislado sino que es una acción que
se realiza como parte de una concepción política concretada en los planes
de gobierno presentados y desarrollados por el candidato y luego presidente
Uribe Vélez, en lo que denominó “hacia un Estado Comunitario” (2002-
2006) y “Estado Comunitario: desarrollo para todos” (2006-2010) basado
en tres ejes: cohesión social, confianza inversionista y seguridad
democrática.

Podemos encontrar un análisis de esta política en Angarita (2011) quien


presenta los resultados de una investigación acerca de la política de
seguridad democrática durante las dos administraciones de Uribe Vélez.
Sus hallazgos se sintetizan en reconocer que: la seguridad más que un valor
por sí, responde a relaciones de poder, intereses políticos y contextos
socioeconómicos específicos; el impacto de la política de seguridad
democrática sobre los derechos humanos ha sido de graves violaciones de
estos como producto de la aplicación de tal política, lo anterior devela
conexiones entre agentes del Estado, organizaciones criminales y grupos
económicos privados en cuanto los propósitos de la acción y el perfil de
las víctimas; el régimen que impulsó la política de seguridad democrática
fue autoritario en su estilo y concepción; asumió rasgos de un régimen
político Bonapartista tales como: el apoyo popular, en cuanto mantuvo
sondeos de opinión con más del 80% de favorabilidad durante gran parte de
su gobierno; fomentó la noción respecto de que el presidente de la
república era el mesías, el salvador; se circuló la idea que él era una mente
superior y el mejor presidente en los últimos siglos; se reivindicó la noción
y el ejercicio de la autoridad y el orden como forma de contrarrestar la
guerra y la disolución de la república; se asumió por parte de sus ideólogos
que sin él llegaría la hecatombe y con ello el ascenso del terrorismo al
poder, siendo signados como terroristas todos aquellos que estuvieran en
contra del discurso oficial; Se hizo una adecuación de la constitución a las
necesidades del soberano mediante una reforma a la misma para viabilizar
la reelección del presidente y se propuso un nuevo cambio a su articulado
para una segunda reelección que fue negada por la corte constitucional. De
tal manera “las políticas de seguridad realmente responden a las
necesidades biopolíticas del modelo de desarrollo neoliberal
implementados a través del Estado, pero también por fuera de este, en una
estrategia mancomunada que combina acciones legales y
extrainstitucionales” (Angarita; 2011:37)

Lograr la cohesión social en cuanto eje constitutivo de la política de


seguridad democrática implicó asumir una noción de sociedad en cuanto
cuerpo (social) donde este debe funcionar de manera orgánica, por lo que el
comunitas se subordina al inmunitas. Siendo así, cualquier proceso que
afecte “la buena salud” de la sociedad se debe extirpar, sacar del cuerpo
para que este quede inmunizado.

Ideológicamente se construirán las nociones de bueno/ malo, amigo/


enemigo, por lo que lo bueno será la tradición lo que prevalece instituido,
mientras que lo malo será lo emergente, la novedad, en cuanto amenaza el
orden del sistema social y esto asume adjetivaciones: terrorismo,
subversión, narcotráfico, que se encarna en grupos y sujetos, los unos
denominados grupos terroristas, los otros grupos guerrilleros y los últimos
grupos narcotraficantes. Todos ellos van a ser reducidos a partir de los
sucesos del 11 de septiembre del 2001 (11S) a terroristas.

Para el caso del gobierno de Uribe Vélez, se asumió que la violencia


política de los últimos cincuenta años, tenía como única expresión la acción
narcoterrorista, por lo que, cerrando cualquier espacio diferente se
proclamó que en Colombia no existía conflicto interno armado, sino acción
terrorista que generaban inseguridad por lo que la política del gobierno
debía ser proteger su cuerpo social mediante la superación negativa de la
inseguridad a través de la seguridad democrática.

Tal superación negativa de la inseguridad, que es inmunización del cuerpo


social, se fue concretando mediante una serie de dispositivos “en la que se
tejen las múltiples relaciones de poder y contra poder, particularmente
expresadas en los controles biopolíticos” (Angarita; 2011:54) tales como:

1.- Interceptaciones telefónicas ilegales (Chuzadas) a todo aquello que se


asumía como amenaza para el sistema, en particular las cortes de justicia y
los grupos y personas de la oposición.

2.- Red de Informantes. Asumidos como ciudadanos que delataban -para


recibir recompensas económicas- a aquellos que asumía eran “terroristas”,
esto se institucionalizó e hizo visible mediante el lunes del informante,
dado que ese día se presentaban en la Televisión ciudadanos que eran
recompensados con dinero en efectivo por haber cumplido con una acción
de delación de un sujeto terrorista. Para el año 2010, el presidente propuso
que los estudiantes universitarios se constituyeran en redes de informantes
“El primer mandatario dijo que los jóvenes recibirán una compensación de
cien mil pesos mensuales en su tarea de comunicar oportunamente a las
autoridades hechos sospechosos o responsables de acciones delictivas”
(Radio Santafé).

3.- Soldados campesinos. Estos fueron ciudadanos incorporados al ejército


nacional para prestar el servicio militar obligatorio, quienes lo hacían
directamente en sus lugares de nacimiento o de vivienda bajo el
presupuesto que conocían la zona y podían cumplir una mejor función
inmunizadora de cuerpos extraños, en palabras del director de
Reclutamiento y Control de Reservas del Ejército , general Gilberto Rocha,
“Los soldados campesinos tienen una misión muy linda que es la de velar
por la seguridad de sus amigos, familias, vecinos y conocidos, pues
prestarán el servicio militar en sus propias poblaciones, donde todo el
mundo los conoce, respeta y valora” (presidencia de la republica: 2003)

4.- Vive Colombia, viaja por ella. Este fue un programa con el cual se hizo
presencia con la fuerza pública en las carreteras del país con el objetivo de
fomentar el turismo y con ello el desplazamiento por la geografía nacional.
Por lo que a la orilla de los caminos se volvió usual ver soldados, tanques y
retenes militares quienes vigilan (por) el bienestar de la sociedad.

5.- Pago a militares por rendimiento. Considerado como un antecedente de


la concreción de los falsos positivos en cuanto se pedían resultados “cómo
fuera” y que eran reiterados en los discursos presidenciales tanto, frente a
las tropas, como a la sociedad civil. Esto se normatizó mediante el decreto
1400 de 2005 mediante el cual se crea la bonificación por operaciones de
importancia nacional (Boina) y se desarrolla mediante la directiva 029 de
2005 del Ministerio de defensa nacional, precisando los criterios para el
pago de recompensas por captura o abatimiento en combate de cabecillas
de las organizaciones armadas al margen de la ley. Tales pagos van desde
los tres millones ochocientos quince mil pesos ($ 3.815.000) hasta cinco
mil millones de pesos. Según la unidad de derechos humanos de la fiscalía
después de la expedición de esta directiva se incrementaron las denuncias.
Entre los años 2002 a 2008 hubo 4.218 ejecuciones extrajudiciales teniendo
el pico más alto en el 2003 cuando se presentaron 1069 ejecuciones según
datos del CINEP y presentados por Angarita (2011:298)
LOS FALSOS POSITIVOS COMO EXPRESIÓN DE LA
BIOPOLITICA.

Derivado de lo anterior, para muchos, se presenta la necesidad de mostrar


resultados en la lucha contra el Terrorismo (la guerrilla) por lo que
asumiendo lenguajes del mundo económico y administrativo se requiere
presentar indicadores de eficiencia y eficacia en la labor de la fuerza
pública. Así se plantea en el periódico El Espectador (2011: 20) “el capitán
Antonio Rozo Valbuena experto en combate y operaciones contraguerrilla,
instructor de la fuerzas especiales y unidades élites del ejército le confesó a
la fiscalía… Cuando comandaba la brigada (se refiere a un general del cual
no se da el nombre) se cometieron muchos falsos positivos, porque
necesitaba mostrar estadísticas para ser llamado a curso de general y, según
Rozo, dicha institución era evaluada por los éxitos operacionales”.

Pero, dado el repliegue de la guerrilla hacia las zonas selváticas del país,
producto de la presión del ejercito oficial y del cambio de estrategia de
aquella, quien pasa del ataque en bloques (más de cien hombres) a ataques
selectivos con comandos pequeños y hacia objetivos estratégicos, los
indicadores eran más difíciles de mostrar, por lo que se fue asumiendo , si
no la directriz explícita, si la aceptación de presentar como dados de baja
en combate a ciudadanos de sectores populares ajenos por completo a
estructuras militares ilegales. Así se ve en la siguiente narrativa “El testigo
narró otros episodios particulares como lo ocurrido en El Bagre
(Antioquia), jurisdicción que tenía al mando un oficial de apellido Ramírez,
que había sido encargado de cuidar unas dragas para la explotación de
petróleo. <Misteriosamente le dieron una medalla al mérito por orden
público porque ese año él hizo demasiados resultados>, señaló Rozo, al
afirmar que el batallón del mencionado oficial reportó 54 bajas en combate
ese año. Muchos casos de falsos positivos se los atribuyó a la brigada 11 en
Córdoba” (El Espectador, 2001; 21)

Como se aprecia, hay una jerarquía en la ejecución de la orden


extrajudicial, lo que permite inferir cierta unidad de mando dentro de un
territorio asumido como teatro de actuación militar donde el capital y la
maquina se privilegian sobre el cuidado de la vida del ciudadano común, tal
cuidado y eficacia en la muestra de indicadores tiene el reconocimiento
social de parte del establecimiento con la entrega de ascensos y la
imposición de medallas que estimulan simbólicamente para que se continué
con ése tipo de acciones “Lo que fue consolidando la hipótesis de que no se
trataba de casos aislados, de simples <efectos colaterales> de la política o
errores de unidades desarticuladas, sino de fenómenos constitutivos de la
esencia de prácticas del régimen político imperante” (Angarita, 2011:34)

En el lenguaje castrense se acostumbra reemplazar el sí, por “positivo”,


pero como en esta ocasión lo positivo no era real en cuanto que
correspondieran a lo que se decía que era: “dados de baja en combate”, sino
un enmascaramiento de los mismos, una mentira para ocultar la muerte
infringida como asesinato, se empezaron a denominar “falsos positivos”.

Detrás de esta denominación se encuentra que es falso que hay vida, es


positivo que hay muerte; es falso que hay muerte, es positivo que hay
asesinato; es falso que son casos aislados, es positivo que obedece a un
parámetro de actuación de la fuerza pública; es un juego de palabras que en
cuanto enunciado resulta ser falso, pues no se presenta un no positivo
(carencia de muerte) sino un sí positivo (presencia de muerte), además, no
hay un falso positivo, sino una manera falsa de denominar un crimen de
Estado.
En últimas se presenta un control sobre la vida con fines políticos. Es una
política sobre la vida, no para la vida, para la subordinación de ésta
mediante el miedo que genera ver la muerte violenta de alguien y tener la
sensación que puede ser la propia, lo que inmoviliza e impide actuar, aún
en defensa de la vida misma. Esta, aún como principio, se ve trastocado
pues aparece como algo a lo que no todos tienen derecho, sino que es un
privilegio que otorga el soberano siempre y cuando se sea funcional a sus
directrices, es decir, se asuma ser sujeto sujetado.

Los falsos positivos en cuanto dispositivo de control ayudaron a crear esta


condición mediado por el miedo que se expresa tanto a nivel individual
como en el “cuerpo social”, Bejarano (2009) plantea como la
implementación de este dispositivo genera: una instrumentalización (sobre
la vida) por parte del Estado; se ofrece una apariencia de la realidad por
parte del gobierno, en contraste con la realidad vivida por la mayoría de los
ciudadanos; el asesinato de civiles y con ello la impresión de luchar contra
el terrorismo; se presenta una tensión pues aunque se descubren las “falsas
apariencias” y la sociedad es consciente de ello, tal conciencia le hace
sentir más de cerca el miedo de una muerte violenta ejercida por el mismo
Estado; la renuncia y pasividad a la defensa de la vida es lo que muestra el
Estado como resultado de sus políticas, en particular la política de la
seguridad democrática.

Esta manera de acabar con la vida de otras personas como forma de control
social y político se encuentra en el centro de la biopolítica, en cuanto esta
complementa – a decir de Foucault (2006)- el derecho político del siglo
XIX basado en “hacer morir y dejar vivir” por un principio de poder
inverso y consistente en: “Hacer vivir y dejar morir” por lo tanto, si bien es
cierto que en un sistema biopolítico se privilegia la vida de quienes lo
constituyen, esto no excluye que se de muerte a quienes se considere
necesario con tal de conservar la vida que el soberano asuma es la correcta.

En el caso de los falsos positivos, estos se presentan como expresión de la


política de seguridad democrática que se impulsó desde el gobernante
quien asumía desde una postura ideológica que en política no existe
izquierda, ni derecha, sino un Estado comunitario (en perspectivas como la
de Esposito (2003; 2005;2006) será inmunitario) que se debe defender, por
lo que se cambia la semántica de los actores armados irregulares a quienes
ya no se les denomina guerrilleros, sino terroristas y aún en la utilización
indistinta que se hace del término estos son enemigos a los que hay que
someter prioritariamente por la vía armada, es decir, por la eliminación
física.

De allí que, políticamente se creen denominaciones como la del Estado de


opinión, que reemplazaría al Estado social de Derecho el cual
constitucionalmente rige a Colombia. El primero se enuncia como un
estadio superior de desarrollo del segundo, donde la fuente del poder está
en la consulta directa al pueblo de ciertos acontecimientos que el soberano
desee le avalen, por ejemplo: la tercera reelección de él, o la reforma a la
justicia para que dependa del ejecutivo.

También, política e ideológicamente, se crea la narrativa respecto de que en


Colombia no ha existido conflicto interno armado, sino que lo que ha
habido es una amenaza terrorista, por lo que no existen interlocutores
políticos de parte de los grupos insurgentes. De contera con lo anterior, se
empieza a tildar de enemigo a todo aquel que está en contra de estos
planteamientos y por lo tanto se le atribuye que es un peligro para la
sociedad, lo que en algunos casos condujo a la eliminación del adversario
expresado en cientos de ciudadanos quienes, a través de los grupos
paramilitares o directamente por militares activos – en el caso de los
jóvenes presentados como falsos positivos- asesinaron. Concretando la
consigna de “hacer morir y dejar vivir… hacer vivir y dejar morir” con lo
que se asume dominio sobre la vida y la muerte de los ciudadanos.

En lo dicho anteriormente hay un ejercicio y una lógica del funcionamiento


del poder que es característica del biopoder y fundamento de la biopolítica,
no es potenciar la vida como poder, como bien se puede derivar de la
primera acepción, sino ejercer poder sobre la vida, aún negándola mediante
la muerte; de donde –cuando se trata de controlar poblaciones- la política
se ejerce sobre la vida. Entonces se presenta, a decir de Fajardo que “el
poder disciplinario no va a buscar un ejercicio sobre el cuerpo, sino un
ejercicio directo sobre la vida de los individuos, o más bien sobre la
población” (2010: 204)

Tal ejercicio sobre la vida de la población se evidencia cuando se hacen


visibles estas muertes extrajudiciales y se reconoce que no es sólo “el caso”
de lo que se empieza a denominar los “jóvenes de Soacha”, en referencia a
la población donde habitaban, sino que esto se presentaba en diferentes
lugares de la geografía colombiana y que, además, no empiezan
temporalmente el año 2008, sino que existían casos (CINEP: 2011) desde
1988, hasta el 2011. Así en 1984 se presenta 1 caso, con una víctima;
aumentando el número en el 2006 con 143 casos y 244 víctimas; con un
dato extremo en el 2007 de 241 casos y 388 víctimas, para el 2008 se
presentan 130 casos y 213 víctimas). Así mismo, no se dejan de realizar
estas acciones extrajudiciales por las denuncias que se realizan, sino que
disminuyen y se minimizan (en el 2011 se presentaron 8 casos y 17
víctimas) frente a otros sucesos de la vida nacional.
En un espacio biopolítico estos asesinatos no deben preocupar pues son las
formas mediante las cuales el cuerpo social genera defensas –inmunitas-
contra aquello que no es deseable y hace daño a los procesos de
ordenamiento social existentes. Esposito (2006) desarrollará lo que
denomina el paradigma inmunitario para explicar éste concepto, así, dirá
que vida y política son dos constituyentes de una unidad y que no se
pueden separar, pues es éste vínculo el que les da su sentido, por lo tanto
“la inmunidad no es sólo la relación que vincula la vida con el poder, sino
el poder de conservación de la vida… De acuerdo con esta perspectiva, la
política no es sino la posibilidad, o el instrumento, para mantener con vida
la vida” Esposito (2006: 74)

Es claro que no interesa la vida individual, sino la de la sociedad asumida


como un todo, pero no en el sentido del comunitas que tiene como
condición el que une un deber, una deuda. La comunidad es el “conjunto de
personas unidas no por un más, sino por un menos, una falta…” (Esposito;
2003:29) Aquí aparece una contradicción pues, si bien no interesa la vida
individual, se requiere romper con los lazos de la comunidad para poder
actuar sobre el bíos individual, de donde la inmunización es un proceso
negativo de la vida que se ejerce en cuanto mecanismo de control sobre los
otros para que no protesten y conservar así la vida social.

Pero, podemos asumir – como propuesta- que si bien el bíos en la


perspectiva biopolítica y el paradigma inmunitario generan procesos de
inmunidad del sistema social, también éste, en sus partes constitutivas, es
autopoietico, permitiendo la emergencia de “autoinmunización” respecto
de la inmunidad general y con ello dando cabida a la novedad, a la vida en
sentido positivo. Así, entonces, desde la muerte de los jóvenes presentados
como falsos positivos, emergen en el espacio de lo público sus madres.
Ellas rompen el individualismo y se asocian en lo que se conoce como “las
madres de Soacha” quienes asumen una voz que no tenían antes, se
organizan para pedir justicia y verdad, para resistir al poder biopolítico en
tanto política sobre la vida, y erguirse en la perspectiva de una vida
política, de la política como vida.

Bibliografía

Angarita, P. (2011) Seguridad democrática. Lo invisible de un régimen


político y económico. Siglo del hombre editores/facultad de Derecho y
ciencias políticas Universidad de Antioquia. Bogotá.

Bejarano, A. (2009) El Estado: ¿la suma de todos los miedos? Los “falsos
positivos” en Colombia. En: Tatián, D. (compilador) Spinoza. Quinto
coloquio. Editorial Brujas. Córdoba.

CINEP. (2011) Colombia, Deuda con la humanidad 2: 23 años de falsos


positivos (1988- 2011). Códice, Colombia

Esposito, R. (2003) Comunitas. Origen y destino de la comunidad.


Amorrortu, Buenos Aires.

Esposito, R. (2005) Inmunitas. Protección y negación de la vida.


Amorrortu, Buenos Aires.

Esposito, R. (2006) Bíos Biopolítica y filosofía. Amorrortu, Buenos Aires.

Fajardo, C. (2010) La violencia en la biopolítica de Michel Foucault. En:


Herrera, M (director y editor) & Ortiz, J (Compiladora) Segundo seminario
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de Colombia, Bogotá
Foucault, M. (2006) Defender la sociedad. Fondo de Cultura Económica,
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Periódico el Espectador. Redacción Judicial (2011) La versión de un


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Presidencia de la republica (2003) Ejército incorporó a 10.116 soldados


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htm

Radio Santafé (2010) Red de informantes con estudiantes integrará el


gobierno en Medellín. Retomado el 4 de octubre del 2011 de
http://www.radiosantafe.com/2010/01/27/red-de-informantes-con-
estudiantes-integrara-el-gobierno-en-medellin/