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Sobre las implicaciones del lenguaje actual de la polı́tica

Juan Manuel Ciro Restrepo


27 de marzo de 2019

En el texto Sin palabras: Qué ha pasado con el lenguaje de la polı́tica, Mark Thompson realiza un
análisis de la situación polı́tica actual, en especial del deterioro del lenguaje público y dos de sus
posibles implicaciones para la democracia: La polarización y la apatı́a.
Si bien Thompson mismo afirma que este es un tema ampliamente discutido, lo novedoso proviene,
de un lado, de su amplia experiencia como ejecutivo en medios de comunicación (En la actualidad
director ejecutivo del New York Times, previamente director general de la BBC ) y del hecho de que
se propone analizarlo poniendo la retórica en el centro, afirmando que “la crisis de nuestra polı́tica
es una crisis de lenguaje polı́tico” (Thompson, 2017).
De base, esta crisis del lenguaje parte de un pragmatismo que se plantea el poder retórico (el
efecto del mensaje, sus implicaciones materiales) como más importante que la verdad, y no tiene
problema con caer en la insensatez por ello.
Esto conlleva que estrategias como hacer pasar opiniones por hechos, tener un discurso adaptable
hasta la contradicción y las falacias Ad hominem se conviertan en pan de cada dı́a en la polı́tica
(Thompson, 2017), más aún cuando el uso exitoso de estas por parte algunos individuos crea presión
para que el resto los siga, incluso si es solo con el fin de “mantenerse competitivos”.
Y es que estrategias como estas son verdaderamente efectivas; incluso aquellos que buscan des-
mentirlas las hacen llegar a más gente solo con intentar exponerlas (Lazer y col., 2018). Han influido
en el rumbo de elecciones y procesos legislativos enteros, como pasó con la elección del presidente
Trump y la discusión que se generó alrededor del Brexit en 2016 (Thompson, 2017).
Es tal el cinismo, o de tanta aprobación goza lo maquiavélico, que Michael G. Flynn, cuyo padre
fue elegido por Trump como Consejero de Seguridad Nacional (aunque luego destituido por diferentes
causas) afirma públicamente que “sostener y difundir noticias falsas puede ser una táctica polı́tica
efectiva” mientras su padre y el presidente Trump se constituyen como practicantes experimentados
de ella (Thompson, 2016).
Bajo condiciones como estas, es apenas natural que se esparsa la duda en la población con
respecto a cuestiones públicas y personajes polı́ticos. Se deja de confiar, y esto es un problema
inmenso considerando que hoy más que nunca es imposible saber sobre todos los asuntos. Además,
esta pérdida de la confianza en las instituciones puede desembocar en apatı́a polı́tica, que en la
actualidad se plantea como una de las causas probables de la disminución en la participación que
experimentan varias democracias europeas (Dahl y col., 2018).
Otra cosa que se pierde es el debate, y con esto prevalece la polarización:
Con un lenguaje polı́tico tan agresivo como el que hoy permite la decencia se minan las posi-
bilidades de un debate constructivo, en el que se puedan hallar puntos comunes o llegar a mejores
soluciones a partir de la contraposición de ideas: Una cierta consideración entre los participantes
es una condición necesaria de todo debate, y no es frecuente discutir racionalmente o cooperar con
alguien cuyas acciones y valores uno ha tratado de execrables; hacerlo podrı́a verse como traicionar
los principios propios (Thompson, 2017).

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Esta ausencia de debate, sumada a la desconfianza en los medios, incrementa la polarización, pues las
personas entran en contacto con opiniones mucho menos variadas, corriendo el riesgo de terminar en
lo que se han llamado cámaras de eco, situaciones en las que solo se recibe información que refuerza
lo que ya se cree, atacando la diversidad de opiniones sobre la que se sustenta la democracia (Lazer
y col., 2018).
Con base en lo anterior, y a pesar de que sea algo etéreo, creo que se puede señalar la actitud cı́nica
de que el fin justifica los medios como la causante de la erosión de la democracia que vivimos en la
actualidad, pues es debido a esta que se recurre a estrategias nocivas por obtener mejores resultados.
En mi opinión, esto denota una falta de compromiso por parte de los actores polı́ticos con el sistema
mismo, que puede tener motivaciones viles pero también ser causada por falta de conciencia sobre
la fragilidad de la democracia, cuya conservación, incluso si el fin justifica los medios, deberı́a ser
siempre un fin más importante que los resultados en el corto plazo.
A pesar de esto, el hecho de que alguien en la posición de Mark Thompson haga un análisis tan
comprensivo sobre este tema, es motivo de esperanza pues significa que al menos estamos haciendo
las preguntas correctas en un tiempo donde hay más conciencia y preocupación al respecto que
nunca.

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Referencias
Dahl, Viktor y col. (2018). “Apathy or alienation? Political passivity among youths across eight Eu-
ropean Union countries”. En: European Journal of Developmental Psychology 15.3, págs. 284-301.
doi: 10.1080/17405629.2017.1404985. url: https://doi.org/10.1080/17405629.2017.
1404985.
Lazer, David M. J. y col. (2018). “The science of fake news”. En: Science 359.6380, págs. 1094-1096.
issn: 0036-8075. doi: 10.1126/science.aao2998. eprint: http://science.sciencemag.org/
content/359/6380/1094.full.pdf. url: http://science.sciencemag.org/content/359/
6380/1094.
Thompson, Mark (2016). Mark Thompson Delivers Speech on Fake News. url: https : / / www .
nytco.com/press/mark-thompson-delivers-speech-on-fake-news/.
— (2017). Sin palabras: ¿qué ha pasado con el lenguaje de la polı́tica? Ed. por Gabriel Dols. Debate.

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