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Buenos días a todos,

Debo pedir disculpas por haber llevado el texto un día más tarde de lo que había
prometido a la fotocopiadora y si bien estaba colgado en internet en tiempo y forma; no
fue así en la fotocopiadora y por eso pido las excusas del caso.

La semana pasada dimos una introducción sobre los temas de los que se hablará en la
totalidad de la cursada de este año lectivo en esta materia que es Perspectiva
Sociopolítica.

Hoy comenzaremos propiamente el decurso académico hablando de Michel Foucault. Y


en particular de un texto famosísimo que es “Vigilar y Castigar”.

Haré una breve presentación de Foucault diciendo que:

Fue un historiador de las ideas, psicólogo, teórico social y filósofo francés. Fue profesor
en varias universidades francesas y estadounidenses y catedrático de Historia de los
sistemas de pensamiento en el Collège de France (1970-1984). Su trabajo ha influido en
importantes personalidades de las ciencias sociales y las humanidades.

Foucault es conocido principalmente por sus estudios críticos de las instituciones


sociales, en especial la psiquiatría, la medicina, las ciencias humanas, el sistema de
prisiones, así como por su trabajo sobre la historia de la sexualidad humana. Sus análisis
sobre el poder y las relaciones entre poder, conocimiento y discurso han sido
ampliamente debatidos. En los años sesenta Foucault estuvo asociado al
estructuralismo, un movimiento del que se distanció más adelante, aunque usase de un
modo personal los métodos de dicho enfoque: Os recomiendo un famoso libro también,
titulado “Las palabras y las cosas” donde crítica la idea de sentido y trabaja la cuestión
de la enunciación, todo ello a partir del cuadro “las Meninas” de Velázquez. Ese es un
texto que creo que deberíais leer. Foucault trabajó y desarrolló temas como los biopoder
y biopolítica, de especial relevancia en la obra de pensadores políticos contemporáneos
como Antonio Negri,3 Michael Hardt,3 Giorgio Agamben y Roberto Esposito.4

Fue influido profundamente por la filosofía alemana, en especial por la obra de Friedrich
Nietzsche. Precisamente, su «genealogía del conocimiento» es una alusión directa a la
idea nietzscheana de «la genealogía de la moral». En una de sus últimas entrevistas
afirmaría: «Soy un nietzscheano».5 Reconocería también una deuda con el pensamiento
de Martin Heidegger y sus críticas al sujeto cartesiano y la techné occidental: «Heidegger
ha sido un filósofo esencial para mi», declararía en junio de 1984,6 aunque criticaría
varias veces posiciones esenciales de Heidegger tales como su interpretación de la
historia de la verdad en occidente como un olvido del ser.7

Respecto del poder: El llamado de atención de Foucault va en sentido de analizarlas a


niveles microscópicos.

Para el autor de La microfísica del poder, el análisis de este fenómeno sólo se ha


efectuado a partir de dos relaciones:

Contrato - opresión, de tipo jurídico, con fundamento en la legitimidad o ilegitimidad


del poder, y

Dominación - represión, presentada en términos de lucha - sumisión.

El problema del poder no se puede reducir al de la soberanía, ya que entre hombre y


mujer, alumno y maestro y al interior de una familia existen relaciones de autoridad que
no son proyección directa del poder soberano, sino más bien condicionantes que
posibilitan el funcionamiento de ese poder, son el sustrato sobre el cual se afianza. "El
hombre no es el representante del Estado para la mujer. Para que el Estado funcione
como funciona es necesario que haya del hombre a la mujer o del adulto al niño
relaciones de dominación bien específicas que tienen su configuración propia y su
relativa autonomía".

El poder se construye y funciona a partir de otros poderes, de los efectos de éstos,


independientes del proceso económico. Las relaciones de poder se encuentran
estrechamente ligadas a las familiares, sexuales, productivas; íntimamente enlazadas y
desempeñando un papel de condicionante y condicionado. En el análisis del fenómeno
del poder no se debe partir del centro y descender, sino más bien realizar un análisis
ascendente, a partir de los "mecanismos infinitesimales", que poseen su propia historia,
técnica y táctica, y observar cómo estos procedimientos han sido colonizados, utilizados,
transformados, doblegados por formas de dominación global y mecanismos más
generales.

En La microfísica del poder indica que "el poder no es un fenómeno de dominación


masiva y homogénea de un individuo sobre los otros, de un grupo sobre otros, de una
clase sobre otras; el poder contemplado desde cerca no es algo dividido entre quienes
lo poseen y los que no lo tienen y lo soportan. El poder tiene que ser analizado como
algo que no funciona sino en cadena. No está nunca localizado aquí o allá, no está nunca
en manos de algunos. El poder funciona, se ejercita a través de una organización
reticular. Y en sus redes circulan los individuos quienes están siempre en situaciones de
sufrir o ejercitar ese poder, no son nunca el blanco inerte o consistente del poder ni son
siempre los elementos de conexión. El poder transita transversalmente, no está quieto
en los individuos". Aunque este párrafo pudiera hacer pensar que Foucault disuelve,
desintegra el principal tipo de poder, el estatal, o que no lo reconoce, en otro apartado
habla del concepto de subpoder, de los pequeños poderes integrados a uno global.
Reconoce al poder estatal como el más importante, pero su meta es tratar de elaborar
una noción global que contenga tanto al estatal como aquellos poderes marginados y
olvidados en el análisis.

Vigilar y castigar, de 1975, empieza con una descripción muy gráfica de la ejecución
pública del regicida Damiens en 1757. Contra ésta, Foucault expone una prisión gris, 80
años después y busca entender cómo pudo ocurrir tal cambio en la forma de castigar a
los convictos en un período tan corto. Estas dos formas de castigo tan contrastantes son
dos ejemplos de lo que llama "tecnologías de castigo". La primera, la tecnología de
castigo 'monárquica', consiste en la represión de la población mediante ejecuciones
públicas y tortura. La segunda, el "castigo disciplinario", según dice, es la forma de
castigo practicada hoy día; este castigo le da a los "profesionales" (psicólogos,
facilitadores, guardias, etc.) poder sobre el prisionero: la duración de la estancia
depende de la opinión de los profesionales.
Foucault compara la sociedad moderna con el diseño de prisiones llamadas panópticos
de Bentham (nunca construidas pero tomadas en cuenta): allí, un solo guardia puede
vigilar a muchos prisioneros mientras el guardia no puede ser visto. El oscuro calabozo
de la pre-modernidad ha sido reemplazado por la moderna prisión brillante, pero
Foucault advierte que "la visibilidad es una trampa". A través de esta óptica de vigilancia,
dice, la sociedad moderna ejercita sus sistemas de control de poder y conocimiento
(términos que considera tan íntimamente ligados que con frecuencia habla del concepto
"poder-conocimiento"). Foucault sugiere que en todos los planos de la sociedad
moderna existe un tipo de 'prisión continua', desde las cárceles de máxima seguridad,
trabajadores sociales, la policía, los maestros, hasta nuestro trabajo diario y vida
cotidiana. Todo está conectado mediante la vigilancia (deliberada o no) de unos seres
humanos por otros, en busca de una 'normalización' generalizada.

¿Qué diría el bueno de Foucault de internet, de las cámaras que nos vigilan y graban en
las grandes ciudades, aeropuertos, estaciones de trenes y subtes, por no hablar de los
teléfonos móviles que son cámaras portátiles y de las TIC`s en general?

Disciplina

En esta tercera parte, Foucault pasa a hacer un análisis de los cambios aparecidos en
instituciones como hospitales, cuarteles, escuelas, etc., con el fin de relacionar las
nuevas formas de control de los individuos que aparecen en estos escenarios con el
análisis de la economía del castigo.

Las disciplinas[editar]

A partir del siglo XVIII hay un descubrimiento de técnicas que permiten un control
minucioso del cuerpo y le imponen docilidad y que se recogen en reglamentos militares,
escolares y hospitalarios. Foucault denomina a estas técnicas “disciplinas”.

Las disciplinas basan su éxito en la utilización de instrumentos simples:


Vigilancia jerárquica: La vigilancia debe ser una mirada que vea sin ser vista. Por ejemplo,
empezarán a construirse edificios que no estén hechos para ser vistos (palacios) ni para
ver el exterior (fortalezas), sino para permitir un control interior. De esta forma se van
constituyendo el hospital-edificio (como instrumento de la acción médica), la escuela-
edificio (como máquina-pedagógica), etc.

Castigo disciplinario:

En todos los sistemas disciplinarios funciona algún tipo de mecanismo penal: sus propias
leyes, sus castigos especificados, sus normas de sanción...

Lo que la disciplina castiga realmente son las desviaciones. Los castigos disciplinarios
están para hacer respetar un orden artificial (un reglamento), pero también un orden
“natural”, definido por unos procesos naturales y observables, como la duración de un
aprendizaje o el nivel de aptitud alcanzado.

Dado que el castigo disciplinario tiene por función reducir las desviaciones, debe ser
fundamentalmente correctivo.

Todas las conductas y las cualidades se califican a partir de los dos polos del bien y el
mal, y sobre ello se puede establecer una cuantificación que permite obtener un
balance. De esta forma, lo que se califica ya no son las acciones, sino a los individuos
mismos.

Esta contabilidad de premios y sanciones permite establecer con exactitud el rango de


cada uno, de modo que la disciplina es capaz de premiar simplemente concediendo
ascensos y de castigar degradando.

Por tanto, el castigo del poder disciplinario no tiende a la expiación, sino a la


normalización.

Examen: El examen «es una mirada normalizadora, una vigilancia que permite calificar,
clasificar y castigar».3 El examen, que va a ser absolutamente esencial en la constitución
de las ciencias humanas y sociales, se basa en los siguientes mecanismos:
Tradicionalmente, el poder es lo que se ve, y aquello sobre lo que se ejerce permanece
en la sombra. Sin embargo, el poder disciplinario se ejerce haciéndose invisible, y en
cambio ejerce sobre quienes se ejerce una visibilidad obligatoria.

El examen va acompañado de un sistema de registro y de acumulación documental. De


esta forma, el individuo se constituye en objeto descriptible, analizable, que se estudia
en sus rasgos particulares y en su evolución individual; y por otra parte se constituye un
sistema comparativo que permite el estudio de fenómenos globales y la descripción de
grupos.

El examen hace de cada individuo un “caso”. Antes, el ser descrito y seguido


detalladamente era un privilegio; con el examen, en cambio se hace de esta descripción
detallada un medio de control y dominación.

Todo esto supone una construcción distinta de la individualización. En el Antiguo


Régimen, cuanto mayor poderío se tiene más marcado se está como individuo
(mediante rituales, representaciones...). En cambio, en un régimen disciplinario el poder
se vuelve más anónimo y funcional y por el contrario se individualiza más a aquellos
sobre los que el poder se ejerce con más fuerza. Es precisamente el que se sale de la
norma (el niño, el enfermo, el loco, el condenado) el que se describe y registra más
rigurosamente.

Panoptismo[editar]

Según Foucault, los principios anteriores se materializan en el panóptico que Jeremy


Bentham diseñó como edificio perfecto para ejercer la vigilancia. El efecto más
importante del panóptico es inducir en el detenido un estado consciente y permanente
de visibilidad que garantiza el funcionamiento automático del poder, sin que ese poder
se esté ejerciendo de manera efectiva en cada momento, puesto que el prisionero no
puede saber cuándo se le vigila y cuándo no. El panóptico sirve también como
laboratorio de técnicas para modificar la conducta o reeducar a los individuos, por lo
que no sólo es un aparato de poder, sino también de saber.
El panóptico permite perfeccionar el ejercicio del poder, ya que permite reducir el
número de los que lo ejercen y multiplicar el de aquellos sobre los que se ejerce.
Además, permite actuar incluso antes de que las faltas se cometan, previniéndolas. Sin
otro instrumento que la arquitectura, actúa directamente sobre los individuos.

De esta manera aparece una “sociedad disciplinaria” debido a la extensión de las


instituciones disciplinarias:

Anteriormente se pedía a la disciplinas sobre todo que ejercieran un papel de


neutralización del peligro para la sociedad o para el soberano. Ahora, en cambio, lo que
se pide de ellas es aumentar la utilidad de los individuos. Por eso tienden a implantarse
en los sectores más centrales y productivos de la sociedad.

Los mecanismos disciplinarios tienden a salir de los ámbitos concretos en los que
funcionaban para aparecer en todo el entramado social. Además, las instituciones dejan
de ejercer una vigilancia únicamente interna y comienzan a ejercer un control también
sobre el exterior (los hospitales ejercen la vigilancia de la salud general de la población,
por ejemplo).

Hay una tendencia a la nacionalización de los mecanismos de disciplina. Para ejercerse,


el poder debe apropiarse de instrumentos de vigilancia permanente, exhaustiva,
omnipresente.

Por tanto, como señala Foucault, «la “disciplina” no puede identificarse ni con una
institución ni con un aparato. Es un tipo de poder y una modalidad para ejercerlo».4

Distintas de la esclavitud, puesto que no se fundan sobre una

relación de apropiación de los cuerpos, es incluso elegancia de la disciplina prescindir de


esa

relación costosa y violenta obteniendo efecto de utilidad tan grande por lo menos.
Distintas
también de la domesticidad, que es una relación de dominación constante, global,
masiva, no

analítica, ilimitada, y establecida bajo la forma de la voluntad singular del amo, su


"capricho".

Distintas del vasallaje, que es una relación de sumisión extremadamente codificada,


pero lejana y

que atañe menos a las operaciones del cuerpo que a los productos del trabajo y a las
marcas

rituales del vasallaje. Distintas también del ascetismo y de las "disciplinas" de tipo
monástico, que

tienen por función garantizar renunciaciones más que aumentos de utilidad y que, si
bien implican

la obediencia a otro, tienen por objeto principal un aumento del dominio de cada cual
sobre su

propio cuerpo. El momento histórico de las disciplina es el momento en que nace un


arte del

cuerpo humano, que no tiende únicamente al aumento de sus habilidades, ni tampoco


a hacer más

pesada su sujeción, sino a la formación de un vínculo que, en el mismo mecanismo, lo


hace tanto

más obediente cuanto más útil, y al revés. Fórmase entonces una política de las
coerciones que

constituyen un trabajo sobre el cuerpo, una manipulación calculada de sus elementos,


de sus

gestos, de sus comportamientos. El cuerpo humano entra en un mecanismo de poder


que lo
explora, lo desarticula y lo recompone. Una "anatomía política", que es igualmente una
"mecánica

del poder", está naciendo; define cómo se puede hacer presa en el cuerpo de los demás,
no

simplemente para que ellos hagan lo que se desea, sino para que operen como se
quiere, con las

técnicas, según la rapidez y la eficacia que se determina. La disciplina (142) fabrica así
cuerpos

sometidos y ejercitados, cuerpos "dóciles". La disciplina aumenta las fuerzas del cuerpo
(en

términos económicos de utilidad) y disminuye esas mismas fuerzas (en términos


políticos de

obediencia). En una palabra: disocia el poder del cuerpo; de una parte, hace de este
poder una

"aptitud", una "capacidad" que trata de aumentar, y cambia por otra parte la energía, la
potencia

que de ello podría resultar, y la convierte en una relación de sujeción estricta.