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https://www.clarin.com/revista-enie/ideas/nick-srnicek-analiza-caras-asperas-capitalismo-digital_0_
8cJQIeNSA.html

“Uberización” del
empleo

Nick Srnicek analiza


las caras más
ásperas del
capitalismo digital
El economista canadiense, autor de
“Capitalismo de plataformas”, sostiene que
la precarización laboral asociada a modelos
como Uber seguirá siendo marginal o
desaparecerá.
Envíos. En la Argentina varias empresas se disputan el servicio de delivery bajo el 
formato de "plataformas austeras", que hacen viable el negocio a partir de la 
tercerización. Foto: Fernando de la Orden. 

BIBIANA RUIZ ​01/03/2019 - 21:31 

Después del éxito del ​Manifiesto Aceleracionista​,


en el que junto a Alex Williams describe la
celeridad del mundo en relación con el
capitalismo, Nick Srnicek se mete ahora con las
grandes tecnológicas y sus perversos
mecanismos. En ​Capitalismo de plataformas
(Caja Negra, 2018), el autor ahonda en las
transformaciones de la estructura económica a
partir de las plataformas, detalla los pormenores
de la economía digital y explica cómo, en pos de
una revitalización del modelo capitalista, los
datos se convirtieron en el bien más preciado. El
autor, difusor de alternativas al neoliberalismo e
impulsor de teorías sobre el fin del trabajo, habló
con Ñ sobre su último ensayo.

-Parece que todos sabemos de qué


hablamos cuando hablamos de
plataformas, pero ¿de qué hablamos en
realidad?

-En parte escribí el libro porque parecía haber un


florecimiento de ideas en torno a las plataformas,
pero dándole poca importancia a lo que el
término significaba. Finalmente adopté una
definición económica de plataformas: modelos de
negocio polifacéticos que conectan a diferentes
grupos de usuarios. Así, por ejemplo, Facebook
conecta a usuarios, anunciantes, compañías y
desarrolladores, entre otros. Se convierte en un
lugar, una plataforma, para que estos grupos
interactúen. Es bastante diferente de los modelos
de negocios tradicionales, que estaban más
enfocados en obtener insumos baratos,
agregarles valor y producir un producto más
caro. En cambio, las plataformas están mucho
más concentradas en atraer a los grupos de
personas adecuados y en un número suficiente
como para que los efectos de red empiecen a
afianzarse. Es ahí que el valor de una plataforma
sube para todos, a medida que más y más
personas la usan. Entonces, la estrategia de una
plataforma es alcanzar un punto de inflexión con
los efectos de red, tras lo cual empieza a
convertirse en un mercado en el que “el ganador
se queda con todo”. Esta es una de las grandes
razones por las que vemos tantas empresas
monopólicas en el sector de las plataformas: los
efectos de red llevan a los usuarios a una gran
plataforma.

-¿Cómo es que la competencia capitalista


lleva a la fragmentación de internet?

-Yo sostengo que que hay una fuerte tendencia a


que el capitalismo fragmente internet. El
argumento básico: la competencia bajo el
capitalismo de plataformas consiste en buscar
cada vez más usuarios (para conseguir los efectos
de red) y, en última instancia, extraer la mayor
cantidad de datos posible para alimentar las
iniciativas del aprendizaje automático. Lo que
hemos visto hasta ahora son las plataformas que
operan en sectores individuales: Facebook en
redes sociales, Google en buscadores, Amazon en
comercio electrónico. Estas plataformas reinan
en cada uno de sus feudos. Sin embargo, las
demandas del capitalismo refieren que no
pueden mantenerse conformes con estas áreas y
deben mirar más allá de sus sectores iniciales
para obtener más datos y más usuarios. Esto
significa que cada gran plataforma ha estado
expandiendo su aparato de extracción de datos
en otra parte. Facebook y Google invierten en
ecommerce, Amazon lo hace en publicidad y en
búsqueda, y los tres invierten en la casa
inteligente. Mi predicción -que podría estar
equivocada pero creo que es importante que los
académicos usen sus marcos para tratar de
discernir lo que el futuro cercano depara– es que
a medida que estas plataformas se expandan, se
enfrentarán cada vez más unas con otras en una
dura competencia. Ya vemos señales de esto, con
una serie de peleas por patentes que se da entre
bambalinas. También vemos más esfuerzos
indirectos para bloquearse mutuamente:
Amazon, por ejemplo, no tiene productos Google,
y hasta hace poco tampoco tenía productos
Apple. Google, a cambio, bloqueó en YouTube los
productos Amazon. Y a medida que estas
empresas se transforman en compañías de
inteligencia artificial, puede observarse cómo se
esfuerzan por contratar a los trabajadores mejor
cualificados y sus esfuerzos por ganar la carrera
de los autos sin conductores y los hogares y
asistentes inteligentes. Con las apuestas tan altas,
creo que es inevitable que la competencia se
plante con más crudeza (y más claramente) en el
futuro cercano. El resultado final será que estas
plataformas construirán espacios protegidos,
tornándose incompatibles con las otras
plataformas. Ya podemos ver esto con Apple,
donde comprar un producto significa encerrarse
en todo el ecosistema de la parafernalia asociada
con Apple, el software de Apple y las interfaces de
Apple. Mi corazonada es que empezarán a ocurrir
cosas similares con las otras plataformas, porque
buscan bloquear a los usuarios en sus
plataformas. De ahí que el capitalismo generará
una fragmentación de internet.

-¿Podría señalar las diferencias entre el


boom tecnológico de los 90 y el de la
década de 2010, que incluye nuestros
días?

-El boom tecnológico de los años 90 fue, en


muchos aspectos, la base de internet tal como la
conocemos hoy. De ser un espacio relativamente
marginal y no comercial, los 90 vieron una gran
inversión de las compañías en su búsqueda por
monetizar este nuevo ciberespacio. Gran parte de
la infraestructura fundacional de internet tuvo su
origen en ese período. El problema era que nadie
sabía cómo monetizar internet. Para muchos
parecía bastar con tener un sitio web. Sin
embargo, a principios de la década de 2000, se
hizo cada vez más obvio que eso no funcionaría y
la burbuja explotó. No obstante, el resultado final
es que las compañías sobrevivientes como Google
y Amazon comenzaron a liderar nuevas formas
de monetizar internet (ya fuera a través de la
publicidad, en Google, o en conceptos de alquiler
por logística con Amazon). Gran parte del sentido
común actual sobre cómo ganar plata en internet
surgió en ese momento. Hoy tenemos otro boom
tecnológico, con una gran cantidad de capital
invertido en start-ups (nuevas empresas)
tecnológicas. Igualmente, hay algunas diferencias
a tener en cuenta. Primero, los niveles de
inversión están todavía por debajo de los picos
del momento de mayor crecimiento de las
puntocom. Sin embargo, nada ha alcanzado ese
vertiginoso período. Segundo, aquello en lo que
se invierte es bastante diferente. Si el auge de las
puntocom tuvo que ver con la infraestructura y
los esfuerzos pioneros en los sitios web
comerciales, hoy la inversión se centra más en lo
que yo llamo “plataformas austeras”, plataformas
que se comercializan como una nueva forma de
hacer negocios mediante la subcontratación de
todos los activos fijos que pueden tercerizar.
Uber es el ejemplo, con un modelo de negocio
inicial de esfuerzo para no ser dueños de taxis (o
pagar a los trabajadores por enfermedad, seguro
de desempleo o lo que sea). Si bien hoy el modelo
de Uber está cambiando, la promesa inicial era
que este tipo de plataformas podría ofrecer
beneficios monopólicos si tenían suficiente
inversión. Y los inversionistas han comprado
estas promesas.

-Glovo fue la aplicación de delivery más


utilizada en 2018, con más de un millón y
medio de descargas y dos millones de
pedidos, y promete seguir expandiéndose
por el país. Pareciera ser que la fórmula
precarización laboral + especulación
financiera no les resulta tan mal. ¿Cómo
se explica entonces?

-Toda estas plataformas austeras, y Glovo no es


la excepción, dependen de la economía del
trabajo temporal y de bajos salarios y de su
capacidad para evadir las leyes tradicionales de
protección de los trabajadores. Una gran parte
del gasto de Uber, por ejemplo, se destina a los
casos legales en los que intentan defender la idea
de que sus conductores son contratistas
independientes y no empleados tradicionales.
Aún así, los trabajadores están empezando a
luchar contra esta precariedad forzada, y las
ciudades y las naciones también lo están
haciendo. Lugares como Londres y Nueva York
están empezando a ponerse al día con las
cuestiones legales y encontrando formas nuevas
de garantizar que los trabajadores mantengan sus
derechos. Esto es importante porque tienden a
ser negocios con margen. Y muchas de estas
plataformas no son rentables. Uber, por ejemplo,
se considera a menudo el ejemplo más exitoso de
plataforma austera, pero perdió más de 4 mil
millones de dólares el año pasado. Según
cualquier métrica capitalista tradicional, es una
empresa tremendamente infructuosa. La única
forma en que estas compañías sobreviven es
mediante el uso de este modelo de empleo de
salarios bajos y recibiendo los beneficios del
capital de riesgo en la forma de rondas de
financiamiento cada vez más complejas. Si los
trabajadores comienzan con éxito a exigir
derechos básicos y sueldos decentes, esto
supondrá un inmenso desafío para la
sostenibilidad de muchas de estas empresas. Por
lo tanto, no tomaría la rápida expansión de
muchas de estas compañías como una señal de
éxito; a menudo cubre la insostenible explotación
masiva de trabajadores y grandes agujeros en los
registros contables.

-¿Nos dirigimos hacia un colonialismo


digital? ¿Por qué?

-Hay una especie de colonialismo digital


emergente, con plataformas estadounidenses y
chinas como la fuerza impulsora detrás. Esto
tiene que ver con las tendencias de
monopolización de estas compañías: los efectos
de red generan un modelo vencedor donde el
ganador se lo lleva todo, que en última instancia
ve a las fronteras nacionales como obstáculos a
superar. El resultado es el surgimiento de
plataformas globales como Google, Facebook y
Amazon, y en aumento Alibaba, Baidu y Tencent.
Estas compañías pueden abarcar el mundo de
manera efectiva y superar a cualquier competidor
local que intente interponerse en su camino. Lo
que termina pasando es que tanto el capital como
los datos se desvían de los países dependientes y
se envían nuevamente a Estados Unidos y China.
Los ingresos por publicidad son absorbidos por
Google y Facebook; Amazon y Google tienen una
participación cada vez mayor en las ganancias de
la computación en la nube; y todas estas
compañías tienden a extraer datos locales y
sumarlos a sus propios y crecientes y numerosos
pooles de datos. Se convierte en un flujo
unidireccional de recursos de los países
dependientes (que dependen de ellos) hacia el
centro. El resultado final es que estas empresas
se vuelven aún más poderosas a medida que su
concentración de capital y datos se destinada a
eliminar todavía a más competidores.

-¿Cómo sería una sociedad postrabajo?

-Una sociedad postrabajo sería aquella en la que


se eliminaría la imposición de vender nuestro
tiempo al mercado laboral, algo que los primeros
movimientos de trabajadores consideraron
acertadamente como una gran vulneración a la
libertad. Esto no significaría el fin del trabajo en
sí, dado que siempre habrá tareas sociales
requeridas (criar niños, cuidar a los padres
ancianos/mayores, etc.), y proyectos autónomos
libremente elegidos que podríamos comenzar
(aprender a tocar un instrumento musical, ser
voluntario de un banco de alimentos local, etc.).
Pero el postrabajo significaría el fin del trabajo
asalariado como la forma que toma el trabajo en
el capitalismo. Vale la pena señalar que el fin del
trabajo no necesariamente significaría el fin del
capitalismo. Todavía tendríamos un sistema
económico impulsado por la búsqueda de
ganancias y una acumulación interminable, y aún
tendríamos que tomar decisiones sobre la
mayoría de los asuntos económicos manejados
por mecanismos de mercado ciegos. Pero un
mundo postrabajo sería uno en el que los
trabajadores tuvieran mucha más libertad y vean
afianzadas sus capacidades para actuar en el
fortalecimiento de sus propios intereses. Dados
los vastos niveles de desigualdad que vemos en
todo el mundo, que los trabajadores tengan más
poder es una necesidad.

-¿Por qué siempre debemos recurrir a un


pensamiento utópico?

-El pensamiento utópico siempre es necesario


para imaginar un mundo más allá de nuestras
limitaciones actuales. Y dado que todavía vivimos
en una era plagada de la noción de que “no hay
alternativa al neoliberalismo”, el pensamiento
utópico es aún más necesario. Sin embargo, es
importante distinguir entre dos tipos de utopía.
Una es una utopía abstracta, basada en una
perfección donde se haya alcanzado la armonía y
superado el disenso. Tal mundo es imposible y
está muy lejos de las realidades de hoy en día. Es
pura ficción. Un segundo tipo de utopía es el
concreto. Estas utopías reconocen que la
perfección es imposible, que el debate nos
acompañará siempre y que cualquier visión de
futuro debe basarse en lo que está disponible
hoy. Este último tipo de utopía es esencial porque
nos revela un mapa de la coyuntura actual y sus
límites.
Nick Srnicek. "Uber se considera el modelo más exitoso de 
plataforma austera, pero perdió más de 4 mil millones de 
dólares el año pasado", subraya el experto en economía 
digital. 

Básico Nick Srnicek

Nacido en Canadá en 1982, es profesor de


Economía Digital del Departamento de
Humanidades Digitales de King’s College en
Londres. Doctorado en Relaciones
Internacionales, fue editor de ​Millennium:
Journal of International Studies​. Sus
investigaciones están basadas en la interacción
de la economía política y la tecnología, y se
encargan de analizar tanto las amenazas como las
oportunidades que surgen de esa relación. Es
coautor del ​Manifiesto Aceleracionista​junto con
Alex Williams, de gran repercusión mundial y
traducido a varias lenguas. Con él publicó
también ​Inventar el futuro. Poscapitalismo y un
mundo sin trabajo.