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Elvira Roca Barea: "Pedir

perdón a México es ridículo,


absurdo y de parvulario"
En 2016, logró convertir en fenómeno editorial un
libro sobre la leyenda negra española,
'Imperiofobia', y ahora sale al paso de la petición
de perdón del presidente mexicano por la
conquista americana
Daniel Arjona 27/03/2019 05:00 - Actualizado: 27/03/2019 15:42

Elvira Roca Barea. (Siruela)

Corría el año 2016 cuando un fenómeno paranormal alteró las


librerías españolas. Se trataba de un libro de historia extenso de casi
500 páginas, tan bien escrito como prolijamente documentado, que
mostraba un empeño extraño en desmontar algo tan políticamente
correcto como la leyenda negra de la monarquía hispánica en el marco de
la fobia generalizada que suscitan los imperios. En sus páginas, se vertían
afirmaciones alarmantes para la supervivencia de los clichés de andar por
casa como que España jamás fundó colonias en América sino reinos
equivalentes al suyo. La autora se llamaba Elvira Roca Barea (1966),
hasta ese momento una desconocida malagueña profesora de instituto, y el
libro se titulaba precisamente 'Imperiofobia y leyenda negra' (Siruela).
Vendió decenas de miles de ejemplares y convenció a los historiadores más
exigentes. Ahora, Roca Barea, experta en la materia, no se escandaliza por
este 'revival' de la leyenda negra que ha protagonizado el presidente de
México, Andrés Manuel López Obrador, al exigir a Felipe VI pedir
perdón por los tráfagos de la conquista.

[¿Perdón a México, por qué? Los historiadores y la conquista]


'Imperiofobia'. (Siruela)

Roca Barea vive hoy un momento feliz. Intelectuales como Fernando


Savater y políticos del PSOE y del PP como Felipe González, Alfonso
Guerra o González Pons han avalado su reciente candidatura al premio
Princesa de Asturias de Ciencias Sociales. Diversidad ideológica que, en
tiempos de polarización política, debe resultar muy satisfactoria. Aunque
ella niega la mayor: "Estoy enormemente agradecida y creo que, en el
fondo, esto refleja que esa suerte de polarización a la que asistimos
cotidianamente en los medios, ese tensionamiento hacia los extremos,
tiene un punto artificial. Hemos entrado en un juego peligroso que
consiste en el escándalo perpetuo y en la exageración continua que saca las
cosas de quicio y, cada día, nos vemos obligadas a sacarlas más de quicio
todavía. Eso genera toda una pirotecnia para dar la sensación de que el
país está mucho más polarizado de lo que realmente está. Y, sin embargo,
los acuerdos básicos siguen vigentes pese a una pequeñísima minoría
que quiere sacar rédito del tensionamiento. Sería una enorme
torpeza por parte de la mayoría de los españoles dejarnos arrastrar
evitando así hablar de los problemas reales. Como nuestra inmensa
deuda".

PREGUNTA. En 2016 publicaba 'Imperiofobia y leyenda negra',


un libro de historia sobre la leyenda negra que se convertía en
un 'bestseller', algo no muy habitual en ese género. Tres años
después, ¿cuáles diría que son las razones del éxito?

RESPUESTA. Pues yo todavía se lo sigo preguntando a la gente y las


respuestas que me dan son de tres tipos. Lo primero que me dicen es que
se lee fácil y se entiende bien. Lo segundo que me transmiten es algo así
como: "¡Ya me parecía a mí que todo no podía ser tan malo!". Esos son los
que tenían la mosca detrás de la oreja. Y lo tercero que me cuentan es que
apareció en el momento justo, en aquel otoño de 2016 que fue uno de los
momentos más bajos de autoestima de nuestra historia reciente. Porque
hoy, contra lo que pueda parecer, las cosas nos van mucho mejor.

Un país que desarrolla un imperio hegemónico durante tanto tiempo se


gana grandes envidias y muchos enemigos

P. En el prólogo a aquel libro, Arcadi Espada señalaba la proeza


que había logrado por mostrar España como “un país
simpático”. ¿Por qué los españoles nos hemos empeñado
durante tanto tiempo en parecer antipáticos comprando la
leyenda negra que otros países nos inventaron?

R. Hay una serie de razones y circunstancias acumuladas para ello. Es


evidente que un país que desarrolla un imperio hegemónico durante tanto
tiempo se gana grandes envidias y muchos enemigos. A eso hay que
sumarle el hecho de que, en un momento determinado, hubo un cambio de
dinastía en España y la que sustituyó a los Habsburgo, los Borbones, era
enemiga suya y llegó con toda la propaganda anti Habsburgo. Ahí empezó
la primera fase de acostumbramiento, que es la de los afrancesados
españoles que copian y repiten todo el paquete cultural francés. Y a eso hay
que sumarle además el siglo XIX, con el desmembramiento del imperio
que coincide además con el momento álgido del imperialismo inglés, la
reunificación alemana y el subidón nacionalista que implica, la unidad
italiana... Se dan así varias circunstancias que nos permiten comprender
que nuestro país se fuera acomodando a la leyenda negra que le habían
inventado.
El presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador. (EFE)

P. La historia de la leyenda negra acaba de repetirse, quizá más


como farsa que como tragedia, con la reclamación de López
Obrador, el presidente de México, a Felipe VI y al Papa de que
pidan perdón por la conquista de América. Se manifiestan así
los dos pilares de la misma que usted señalaba en su libro: las
supuestas “iniquidades americanas” y la Inquisición. ¿Obrador
se cree lo que dice o se trata más bien, como se ha señalado, de
una cortina de humo?

R. Hombre, yo espero que no se lo crea. A ver, sacar del armario al


demonio español es un mecanismo de distracción que las élites
hispanoamericanas, como aquella a la que pertenece Obrador, tienen por
costumbre activar cada cierto tiempo y que obedece al hecho evidente de
que han sido una calamidad gobernando sus países. Es un sistema
demagógico que es eficaz... cinco minutos. López Obrador se coloca así las
chapitas de gran patriota, lo que le da notoriedad durante un tiempo, pero
los problemas de México venían de antes y seguirán existiendo después.
Sería mejor que se colocara medallas de verdad y no chapitas.

Obrador se coloca chapitas de gran patriota, pero los problemas de México


seguirán existiendo: que se ponga medallas de verdad

P. Se señala que Obrador es de ascendencia cántabra, sin una


gota de sangre indígena, para reprocharle que fueron sus
ancestros, y no los de quienes nos quedamos aquí, los que
conquistaron aquellas tierras.

R. Es evidente que los descendientes están allí y no aquí.

P. No acaba de convencerme ese reproche. A fin de cuentas, la


conquista fue una empresa de país y tanto lo negativo como lo
positivo de aquellos hechos debería ser más responsabilidad
colectiva que individual, ¿no cree?

R. Mire, hay una frase de un historiador que dice que la conquista la


hicieron los indios y la independencia, los españoles. Y es que la conquista
de México se hizo con población indígena del propio territorio. Es
completamente inverosímil pensar que los 500 hombres que
desembarcaron y que, al llegar a Tenochtitlan apenas llegaban a 300, podía
llevar adelante solos tamaña empresa sin los totonacas y los tlaxcaltecas.
Nadie puede obviar que los 80.000 totonacas formaban el grueso de la
expedición. Y pedir 500 años después perdón por aquello es como si
nosotros le reclamáramos ahora a Italia el perdón por las conquistas de
Escipión el Africano. ¿Dónde se para el perdón? Porque 300 años antes de
los españoles, fueron los aztecas los que llegaron al valle de México y
conquistaron e impusieron su ley, y no eran precisamente hermanitas de la
caridad. Cuando los pueblos que vivían bajo el yugo azteca se levantaron
contra ellos, es porque fáciles de soportar desde luego no eran. Todavía hay
más de un millón de hablantes de náhuatl descendientes de los aztecas en
México. ¿Tienen que pedir perdón también ellos?
Representación idealizada del encuentro de Hernán Cortés con Moztezuma.

P. Pero, más allá del hecho concreto de la conquista de América,


¿qué opina acerca de que los países tengan que pedir perdón por
hechos luctuosos de su pasado? ¿Deben hacerlo, por ejemplo,
los alemanes por el Holocausto?

R. Es un fundamento del derecho que las responsabilidades colectivas no


existen, solo pueden exigirse de forma individual por los actos de cada uno.
¿Pedir responsabilidades colectivas y además retroactivamente? ¿Durante
cuánto tiempo? ¿Qué hacemos con los celtas? ¿Y con los neandertales?
Este tipo de planteamiento es ridículo y absurdo, de parvulario, y parece
mentira que se puedan conseguir tantas portadas como va a lograr López
Obrador con esto a base de agitar un cuento demagógico que no va a
ningún sitio.

P. A vueltas con los imperios. La enmienda a la leyenda negra


afirma que los españoles fueron mucho más benéficos que los
ingleses y que además, a diferencia de ellos, se mezclaron con
los indígenas. Pero hay otro asunto: los territorios dominados
por los españoles se convirtieron en países independientes,
digamos, defectuosos y subdesarrollados mientras que los
dominados por los ingleses se convirtieron en las naciones más
avanzadas de la Tierra. Acemoglu y Robinson defendían en '¿Por
qué fracasan los países?' que esto fue así, resumiéndolo mucho,
porque los españoles querían que otros trabajaran por ellos
mientras que los ingleses se arremangaron ellos mismos sin
pensárselo.

R. Me parece una tontería, la verdad. Las naciones que surgieron del


imperio español fueron pobres después. En los estándares de vida de 1800,
México no era un país pobre en absoluto. El hundimiento de aquellas
naciones tuvo lugar después, fue una pobreza sobrevenida después de las
independencias, no antes. Por otra parte, la independencia de Estados
Unidos la forjaron 13 colonias que ocupaban un territorio de 162.000
kilómetros cuadrados. Una manchita en el mapa. Se expandieron y se
convirtieron en un imperio por sí mismos. Territorios del antiguo imperio
inglés que viven en la miseria más absoluta le puedo contar 40, desde
Pakistán a Bangladesh pasando por varios de África.

Lo del perdón es un planteamiento ridículo y absurdo, de parvulario, y


parece mentira que pueda conseguir tantas portadas

P. La izquierda española suele asumir con especial ardor la


leyenda negra y la hispanofobia. Pero en el siglo XIX, liberales y
progresistas eran perfectamente patriotas. ¿Es culpa de Franco,
como se suele decir?

R. Cierta izquierda española, y no, no es por culpa de Franco. Fíjese que


una de las cabezas que mejor han reflexionado sobre la historia de España
y sobre el imperio español y su importancia en la historia del mundo fue
Salvador de Madariaga. No se trata de un planteamiento que domine a la
izquierda o a la derecha. Lo que pasa es que la derecha suele apropiarse
con cierta facilidad de los signos patrios para monopolizarlos y luego hay
una cierta izquierda torpona que entra al trapo y se envuelve en las
banderas de todo tipo de mitologías e identidades. Esa es la parte de la
izquierda que está totalmente descerebrada. Pero hay una izquierda
española seria, como muestran hoy Alfonso Guerra y tantísimos otros. Es
una pena que esa izquierda descerebrada se haya convertido en la imagen
de la izquierda.

P. Por cierto que en alguna ocasión ha manifestado que nunca lo


sacarán del Valle de los Caídos porque entonces dejaría de
poder ser utilizado políticamente. ¿Sigue pensándolo?

R. Sigo pensándolo. De hecho, yo todavía lo veo dentro del valle. Ahí sigue
y, si lo sacan, se acaba este otro mecanismo de distracción habitualmente
utilizado para agitar cuando no hay argumentos para las tareas presentes
ni proyectos de futuro.

La estructura territorial española ha resultado una herramienta muy eficaz


para todo tipo de dementes identitarios con ínfulas racistas

P. Los independentistas catalanes también denuncian el imperio


y el colonialismo español… ¿Qué es lo que ha pasado allí? ¿Tal
vez una de las primeras muestras del populismo identitario que
amenaza hoy tantos países?

R. Este problema existe en casi todos los países de Europa. Pero es cierto
que aquí ha crecido más por la confluencia de dos factores. Unos son
factores internos, que tienen que ver con una estructura territorial que se
creó para dar acomodo a unas minorías que habían sido muy favorecidas
por el franquismo, no se nos olvide, y que ante la llegada de la democracia
andaban muy asustadas pensando que aquella situación de favoritismo
podía perjudicarlos. Se creó así una estructura territorial que no era
demandada por el país y que ha resultado finalmente ser una herramienta
muy eficaz en manos de todo tipo de dementes identitarios con ínfulas
racistas. Y a eso hay que unir los factores externos, el hecho de que la
Unión Europea, desde la reunificación alemana, se ha dedicado a
desarrollar una política de regionalización del continente cuyas
consecuencias están empezando a aparecer ahora en muchos lugares y que
va a resultar para la UE, si no letal, sí extremadamente perjudicial.