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Notas para un balance de la lucha social en el 2018

(Entre la marcha verde y el activismo de los colectivos tradicionales)

Luis Salazar*

El escenario de los movimientos sociales dominicanos durante el 2018 no escapa a los


rasgos que lo han caracterizado en años anteriores.
En sentido general, las luchas sociales en la República Dominicana están determinadas
por condicionamientos históricos y sociales concretos, como las condiciones de pobreza
e inequidad en que vive cerca del 50% de la población dominicana, el predominio de un
Estado clientelar, la abigarrada composición social, con evidente preeminencia de la
informalidad, como medio de sobrevivencia, así como la permanencia del territorio
como espacio común donde se tejen las redes de identidad, solidaridad y sobrevivencia
de la gente, entre otros aspectos fundamentales.
Durante este 2018, los procesos de movilización social se han caracterizado por los
siguientes aspectos:
En primer lugar, las luchas sociales se han expresado en dos niveles: uno de tipo local,
que recoge las demandas puntuales que se generan en comunidades de todo el país y
otra franja de alcance nacional, impulsado por sectores que poseen mayor capacidad
organizativa y de articulación de sectores.
Lo que hemos visto es que, generalmente, entre ambas franjas no hay relación de
continuidad aunque es evidente que existe un cierto influjo entre una y otra. En muchas
ocasiones, procesos nacionales se superponen a los locales y ahogan las iniciativas que
se generan desde ese ámbito.
En el año que recién transcurre, el ámbito nacional lo ha expresado la Marcha Verde y
la lucha contra la corrupción y la impunidad, y, el otro caso, es el de los frentes y
colectivos populares más tradicionales que se activado alrededor de la demanda de
rebaja de los precios de los combustibles y modificación de la ley de los hidrocarburos.
También, las luchas en el nivel nacional ha involucrado actores que tradicionalmente
tienen un nivel de organización y movilización que los colocan en roles de vanguardia:
médicos, maestros y transportistas han estado a la cabeza del movimiento
reivindicativo.
Los cientos de luchas comunitarias, por demandas locales, por la inexistencia de un
movimiento articulador de los pobladores, ha impedido que estas luchas adquieran el
carácter de lucha de clases en el sentido político y, por lo tanto, estas no configuran un
sujeto con incidencia nacional.
En segundo lugar, es evidente que la dinámica social se ha desarrollado, de manera
predominante, teniendo como escenario de lucha privilegiado al barrio, la calle, los
espacios territoriales.
En alguna medida esto expresa el resultado de los procesos de transformaciones que ha
sufrido la sociedad dominicana en las tres décadas: la desarticulación de la tradición de
lucha obrera/sindical, el peso de la informalidad, la permanente situación de crisis en

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que vive la mayoría de la población que la obliga a desarrollar mecanismos de
sobrevivencia y ayuda mutua desde la vecindad.
En tercer lugar, lo anterior implica el protagonismo de un sujeto social que, desde lo
local y territorial, expresa el activismo de pobladores, amas de casa, jóvenes, obreros,
informales, profesionales, etc., es decir, un sujeto popular diverso.
También, los métodos de lucha expresan ese predominio de lo territorial. Sin importar la
demanda que se enarbole, el territorio es el escenario en el cual se desarrollan las
acciones y movilizaciones, tales como las marchas, los piquetes, vigilias, bloqueos,
entre otros.
La lucha social ha incorporado procesos que inciden en la vida nacional. El tema de los
combustibles, que en una coyuntura de alzas sistemáticas generó una protesta
sistemática del llamado sector choferil.
El tema de la salud y la seguridad social ha sido un factor de movilización por los
problemas de la crisis hospitalaria, el tema de la atención primaria y las
reivindicaciones de los médicos y enfermeras han confrontado el sector laboral de la
salud con el gobierno, la patronal a través de las ARS y las centrales sindicales.
Hay que incluir en esto la lucha de los maestros, la cual aunque fue motorizada por
sectores y conflictos del PLD, tenía la pertinencia de la realidad social de los maestros,
situación que posibilitó la derrota del PLD en la ADP.
En la agenda del movimiento se ha mantenido el tema ambiental con la lucha de los
campesinos en Cotuí, la persistencia de la lucha contra la explotación de Loma Miranda
y otros frentes relacionados con la lucha ambiental.
Hay que destacar que el sector que encabeza la coordinación y articulación, en este caso
los transportistas (Fenatrano), tiene límites y carencias para encabezar y articular el
movimiento social por los métodos distanciados de lo popular.
El movimiento contra el alza de los combustibles, que tuvo éxito relativo, muy relativo,
pero éxito al fin, lleva una conducción que repite viejos males como es el luchismo sin
visión estratégica, la falta de organicidad del movimiento social y la pobreza de miras.
Durante el 2018, desde el punto de vista de quién ha liderado el escenario social,
podríamos plantear la siguiente hipótesis: hasta la realización de la marcha del millón, el
12 de agosto, la Marcha Verde estuvo hegemonizando el proceso de movilización
social; a partir de esa fecha, se nota un decaimiento de esta, y su lugar ha sido ocupado
por los sectores y colectivos de activistas más tradicionales.
La irrupción de la Marcha Verde significó el surgimiento de un novedoso movimiento
social que aportó, entre otros aspectos, la centralidad de una demanda que trascendía el
plano socioeconómico, el uso de métodos y formas de lucha pacíficos e inclusivos, la
construcción de una estructura flexible y democrática, el uso intensivo de las redes
sociales y de los medios de comunicación tradicionales como herramientas para la
proyección mediática, así como, la estructuración de un cuerpo permanente de
activistas, unos militantes de partidos y otros independientes de estos.
La interrogante que nos deja la situación actual de la MV es si asistimos a su paulatina
desaparición o solo a una fase de reflujo pasajero que pueda revertirse.

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En todo caso, la cercanía del proceso electoral ejerce una influencia nada despreciable
en esta situación.
Una de las implicaciones de la desaceleración del movimiento verde y su sustitución por
el luchismo tradicional es la perdida de la capacidad de movilización de grandes
contingentes sociales que ha caracterizado a la MV. Ninguno de los sectores que ocupan
el lugar que ha cedido la MV tiene la capacidad para mover las miles de personas que
esta ha podido movilizar durante más de un año de vida.
Esperemos que el 2019 nos aporte una superación cualitativa de las limitaciones en que
se mueven las luchas sociales y que puedan aportar a la creación de vías que conduzcan
a la superación del régimen político actual.

2 de enero del 2018.

* Este balance fue escrito con la colaboración del aliancista Gregorio Moya.