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Sistemas Éticos en la Historia

“El existencialismo es un humanismo”

“El existencialismo es un humanismo” es una conferencia dictada por Jean-Paul Sartre, filósofo
existencialista francés, el 29 de octubre de 1945. Esta conferencia pretendía manifestar los
puntos principales del existencialismo sartreano y, en general, del existencialismo ateo,
definiendo categóricamente sus principales tesis, las cuales se mencionarán en el resumen
presente.

A. Ataques contra el existencialismo

Sartre empieza esta conferencia haciendo alusión a las acusaciones que, tanto ideólogos
comunistas como cristianos, le habían hecho a su propuesta filosófica, sobre todo porque, para
estos ideólogos, el existencialismo de Sartre:

• Invita a un quietismo desesperado (crítica comunista)


• Considera al hombre un ser aislado, pues parte de la subjetividad pura (crítica
comunista)
• Hace hincapié en la ignominia humana e ignora el lado positivo de su naturaleza (crítica
cristiana)
• Permite que cada uno haga lo que quiera, sin que se puedan condenar los puntos de
vista ni los actos ajenos (crítica cristiana)
• Imposibilita la solidaridad humana (crítica comunista y cristiana)

Sartre, durante toda la conferencia, hace referencia a estas acusaciones, refutándolas y


defendiendo su propia postura.

B. La defensa sartreana del existencialismo

Sartre define el existencialismo como “una doctrina que hace posible la vida humana y que, por
otra parte, declara que toda verdad y toda acción implican un medio y una subjetividad
humana”.1 Así, Sartre considera que su filosofía hace compatibles las relaciones propias de la
vida humana y la subjetividad de todo individuo, por lo que se propone definir cuáles son los
fundamentos de su existencialismo, los cuales se enlistarán a continuación y, posteriormente,
serán explicados:

1. La existencia precede a la esencia


2. El ateísmo como fundamento de la responsabilidad y la creatividad humanas
3. El hombre, al elegirse, elige al hombre
4. La condición humana: el hombre y su absurda condena a la libertad
5. La subjetividad (del cogito cartesiano) como fundamento de la intersubjetividad

1 Jean-Paul Sartre, El existencialismo es un humanismo, en Carlos Gómez Sánchez (Ed.), Doce textos
fundamentales de la ética del siglo XX (Madrid: Alianza Editorial, 2002), p. 135.

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Elaboró: Hermenegildo López García y Bernardo Alejandro Rogel Castro
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1. La existencia precede a la esencia

Sartre menciona que lo común en los diversos existencialismos (tanto cristianos como ateos)
es la idea de que la existencia precede a la esencia. Él dice que, en el siglo XVIII, el ateísmo de
los filósofos suprimió la idea de Dios, pero no la idea de que la esencia precede a la existencia,
pues se consideraba que el hombre era poseedor de una naturaleza humana, “lo que significa
que cada hombre es un ejemplo particular de un concepto universal”.2 Esto, para Sartre, es
indemostrable, además de que conduce a filosofías centradas en modelos excesivamente
herméticos de ser humano, por lo que concluye:

El hombre, tal como lo concibe el existencialista, si no es definible, es porque empieza por no ser
nada. Sólo será después, y será tal como se haya hecho. Así pues, no hay naturaleza humana,
porque no hay Dios para concebirla.3

Dado que el hombre surge de la nada y de forma absurda, no puede existir una definición
esencialista del mismo, definición que construyen las filosofías que aceptan la existencia de
Dios, lo cual conduce a este autor a tomar ateísmo como base de su teoría.

2. El ateísmo como fundamento de la responsabilidad y la creatividad humanas

Sartre considera que el ser humano es el único responsable de sus actos, pues dice: “si he
suprimido a Dios padre, es necesario alguien para inventar los valores”,4 por lo tanto, para él el
hombre concreto e individual es el que genera creativamente valores que lo mueven a decidir
los actos que irán definiendo su vida a posteriori. Así, Sartre menciona una anécdota en la que
un joven le pidió consejo para resolver un dilema moral, y al que Sartre respondió: “usted es
libre, elija, es decir, invente”.5 De esta manera, Sartre elimina la posibilidad de elegir algo
preestablecido o a priori, pues, dice: “¿Quién puede decidir a priori? Nadie. Ninguna moral
inscrita puede decirlo”.6 Por ello, el autor francés compara el arte y la moral, ya que en ambos
casos se tienen creación e invención, sin poder decidir a priori lo que hay que hacer.

Así, si Dios no existe, no hay valores u órdenes, ni tampoco una moral preestablecida, que
legitimen la conducta humana. Los seres humanos se encuentras solos, sin excusas, y son
absolutamente responsables de los actos que lleven a cabo y, por ende, de lo que ellos
mismos son. Por ello, el hombre no es otra cosa que lo que él se hace, y de lo cual él mismo es
responsable. De esta manera, las cosas serán como el hombre haya decidido que sean, pero
esto no quiere decir que el hombre deba abandonarse al quietismo; al contrario, esto implica
que el hombre concreto debe comprometerse y ser responsable de aquello que él mismo ha
decidido.

2 Ibid., 138.
3 Ibid.
4 Ibid., 160
5 Ibid., 146
6 Ibid., 145

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Elaboró: Hermenegildo López García y Bernardo Alejandro Rogel Castro
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3. El hombre, al elegirse, elige al hombre

Para Sartre, el hombre que se compromete se da cuenta de que es no sólo el que elige ser,
sino que también es un legislador, el cual, al mismo tiempo que se elige a sí mismo, elige a
toda la humanidad, por lo que menciona: “eligiéndome, elijo al hombre”.7 El autor parisino
piensa que toda acción del hombre concreto apunta hacia un bien, y que esta misma acción es
el manifiesto del hombre concreto sugiriéndole a toda la humanidad que actúe de la misma
forma en que él actuó. Y es que, para Sartre, no hay ninguno de los actos que, al crear al
hombre que se quiere ser, “no cree al mismo tiempo una imagen del hombre tal como se
considera que debe ser”.8

4. La condición humana: el hombre y su absurda condena a la libertad

El existencialismo sartreano plantea que el hombre está condenado a ser libre. El hombre no
puede no ser libre, pues incluso si eligiese no elegir, ya ello mismo sería una elección. De esta
forma, el hombre se encuentra condenado, porque no se ha creado a sí mismo y, sin embargo,
le es dada la existencia, lo cual es absurdo, ya que, una vez arrojado al mundo, es
absolutamente libre, y por lo tanto absolutamente responsable de todo lo que hace. Esto
genera una angustia existencial que es propia de su condición humana.

A pesar de que Sartre niega que exista una esencia universal a modo de naturaleza humana,
acepta, sin embargo, una condición humana universal, es decir un conjunto de límites a priori
que bosquejan la situación fundamental del hombre. Dado que no varía su necesidad de estar
en el mundo, de estar en él realizando actos libres, de estar en él entre otros y de ser en él

7 Ibid., 140
8 Ibid.

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Elaboró: Hermenegildo López García y Bernardo Alejandro Rogel Castro
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mortal, Sartre afirma que la condición humana es propia de todo hombre, lo cual permite que
sus actos tiendan a ser universalizados una vez que los elige.

5. La subjetividad (del cogito cartesiano) como fundamento de la intersubjetividad

Para Sartre, el punto de partida no puede ser otro que este: pienso, luego existo, pues ésta es
la verdad absoluta de la conciencia captándose a sí misma. Sartre deriva de esta teoría la
dignidad del hombre, pues, desde su punto de vista, es la única que no lo convierte en objeto,
sino en un sujeto. Por ello, el cogito es el fundamento de la dignidad del ser humano, pero no
sólo como sujeto individual, sino como sujeto colectivo, pues, gracias a esta autoconciencia, el
hombre que se capta directamente descubre también a todos los otros y los descubre como la
condición de su existencia (condición necesaria e inmanente a todo ser humano, como se
explicó en el apartado anterior). Sartre llama a esto intersubjetividad, que es el plano donde el
hombre decide lo que es y, al mismo tiempo, lo que son los otros.

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Elaboró: Hermenegildo López García y Bernardo Alejandro Rogel Castro
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Conclusiones

El existencialismo sartreano explicado en “El existencialismo es un humanismo” es una filosofía


de la acción, pues otorga un lugar primordial a la libertad humana y a lo que el hombre, por su
misma creatividad, puede realizar. Además, según el propio Sartre, “no hay doctrina más
optimista, puesto que el destino del hombre está en él mismo”,9 pues solamente él tiene
responsabilidad sobre los actos a los que su misma libertad lo condena. Por ello puede
entenderse que, para el autor francés, se deban reprobar las actitudes de los hombres que se
refugian detrás de la excusa de sus pasiones o de determinismos que, según ellos, no pueden
superar. A estos hombres Sartre los llama “de mala fe”.

Sartre argumenta que su filosofía es un humanismo porque, en ella, el hombre no está


encerrado en sí mismo, sino que está siempre en un universo humano, dentro del cual no hay
otro legislador que él mismo y que, a pesar del desamparo y la angustia que su misma libertad
le impone, decidirá sobre sí mismo sin necesidad de algo ajeno a su humanidad, por lo que
Sartre concluye diciendo que “es necesario que el hombre se encuentre a sí mismo y se
convenza de que nada puede salvarlo de sí mismo, ni siquiera una prueba valedera de la
existencia de Dios.10

Bibliografía.

SARTRE, Jean-Paul. 2002. El existencialismo es un humanismo. Traducción de Victoria Praci


de Fernández. Madrid: Alianza Editorial.

9 Ibid., 151
10 Ibid., 162

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Elaboró: Hermenegildo López García y Bernardo Alejandro Rogel Castro