Está en la página 1de 22

Los nombres bíblicos de la Misa

Malaquías 1,11: Pues de Oriente a Occidente mi nombre es grande entre las naciones, y en todo lugar se
quema incienso en mi honor y se ofrece a mi nombre una ofrenda pura, pues mi nombre es grande entre
las naciones, dice el Señor del universo.

Gran parte de los nombres con que nos referimos a la santa misa y a la Eucaristía han salido de la Biblia.
Veamos algunas:

1. Eucaristia significa “acción de gracias”. En efecto la Misa es ante todo una acción de gracias a Dios:
“eucharistein” (Lc 22, 19; 1Co 11, 24) y “eulogein” (Mt 26, 26; Mc 14, 22) recuerdan las bendiciones
judías que proclaman – sobre todo durante la comida – las obras de Dios: la creación, la redención y la
santificación” (CIC 1328)
2. Cena (o banquete) del Señor, porque se trata de la Cena que el Señor celebró la noche antes de su
Pasión. Así se la denomina en 1 Cor 11,20: Así, cuando os reunís en comunidad, eso no es comer la
Cena del Señor…
3. Banquete de bodas del Cordero. Este nombre aparece en Apoc 19,9: Y me dijo: «Escribe:
“Bienaventurados los invitados al banquete de bodas del Cordero”». Y añadió: «Estas son palabras
verdaderas de Dios». Se trata de la cena de Jesús (Él es el Cordero), pero en la Jerusalén del Cielo. (cfr.
CIC 1329)
4. Fracción del pan, es el nombre más común. “Fracción del pan porque este rito, propio del banquete
judío, fue utilizado por Jesús cuando bendecía y distribuía el pan como cabeza de familia (cf Mt 14, 19;
Mt 15, 36; Mc 8, 6. 19), sobre todo en la última Cena (cf Mt 26, 26; 1Co 11, 24). En este gesto los
discípulos lo reconocerán después de su resurrección (Lc 24, 13-35), y con esta expresión los primeros
cristianos designaron sus asambleas eucarísticas (cf Hch 2, 42. 46; Hch 20, 7. 11). Con él se quiere
significar que todos los que comen de este único pan, partido, que es Cristo, entran en comunión con él
y forman un solo cuerpo en él (cf 1Cor 10, 16-17)” (CIC 1329).
5. Asamblea Eucarística (synaxis), porque la Eucaristía es celebrada en la asamblea de los fieles,
expresión visible de la Iglesia (cf. 1 Cor 11,17-34)
6. Memorial. Se le llama así porque nos recuerda la Pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor. En 1
Cor 11,23-24 se dice: Porque yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os he
transmitido: Que el Señor Jesús, en la noche en que iba a ser entregado, tomó pan y, pronunciando la
Acción de Gracias, lo partió y dijo: «Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en
memoria mía».
7. Santo Sacrificio. Se le llama así porque en la Misa se actualiza el único sacrifico de Cristo Salvador, e
incluye la ofrenda de la Iglesia. O también santo sacrifico de la misa: “sacrificio de alabanza” (Hch
13, 15; cf Sal 116,17: Te ofreceré un sacrificio de alabanza, invocando el nombre del Señor.),
sacrificio espiritual (cf 1 Pe 2, 5), ofrenda pura (cf Mal 1, 11) y santa, puesto que completa y supera
todos los sacrificios de la Antigua Alianza. (cfr CIC 1330). Sacrificio Puro: Malaquías otorga este
hermoso nombre a la Misa: Sacrificio de incienso y oblación pura. como ya vimos más arriba en Mal
1,11
8. Comunión. Se le llama así porque en la misa nos unimos a Cristo que nos hace partícipes de su Cuerpo
y su sangre, para formar así un mismo cuerpo. 1 Cor 10,16: El cáliz de la bendición que bendecimos,
¿no es comunión de la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión del cuerpo de Cristo?.
9. Pan del cielo: en la Escritura aparece con frecuencia esta imagen (cfr. Neh 9,5; Sal 105,40; Jn 6,
31: Nuestros antepasados comieron el maná en el desierto, como dice la Escritura: “Les dio a comer pan
del cielo” y todo el discurso que va de Jn 6,31-58). También la imagen Pan de ángeles, aparece en la
Escritura en Sal 78,25: ¡El hombre comió pan de ángeles! ¡Dios les dio de comer en abundancia! ;y
Sab 16, 20).
10. Las cosas santas. Así aparece en Ex 28,38; Lv 21,22: Podrá comer de ese pan y de las cosas santas y
santísimas; y en Lv 22,2: Di a Aarón y a sus descendientes que deben tener cuidado con las cosas santas
que los israelitas me consagran, para que no profanen mi santo nombre…

Misa o Santa Misa es el nombre más popular. Se le ha llamado así a lo largo de los siglos porque termina con
el envío de los fieles o missio: Misa >> Missio >> Envío. Se les envía para que cumplan la voluntad de Dios en
su vida cotidiana (cfr. CIC 1332; Jn 6,40: Esta es la voluntad de mi Padre: que el que ve al Hijo y cree en él,
tenga Vida eterna y que yo lo resucite en el último día»).

La liturgia y ritos de la Misa son bíblicos

Prácticamente todas las oraciones y ritos de la Misa tienen un fundamento bíblico. La misa es una especie de
diálogo bíblico entre los fieles y Dios, mediado por el sacerdote; un diálogo basado en el lenguaje bíblico. En
esta entrada vamos a intentar poner algunos ejemplos.

 PROCESIÓN DE ENTRADA. Así comienza la Misa y algo similar se narra en Ex 33, 8-9: Cuando Moisés salía en
dirección a la tienda, todo el pueblo se levantaba y esperaba a la entrada de sus tiendas, mirando a Moisés
hasta que este entraba en la tienda. (…) Cuando el pueblo veía la columna de nube a la puerta de la tienda, se
levantaba y se postraba cada uno a la entrada de su tienda. Aquella era la tienda del Encuentro donde Moisés
hablara cara a cara con Dios, mientras el pueblo permanecía atento, algunas veces de pie, otras de rodillas,
postrados o incluso con el rostro en tierra.
 LA SEÑAL DE LA CRUZ. Signo de Protección divina. Así lo propone el CIC 2157 cuando afirma que “El cristiano
comienza su jornada, sus oraciones y sus acciones con la señal de la cruz,(…) La señal de la cruz nos fortalece en
las tentaciones y en las dificultades”. Y por eso también la misa se empieza con la señal de la Cruz. Una prefigura
del signo de la cruz lo encontramos en Ez 9,4: El Señor le dijo: «Recorre la ciudad, atraviesa Jerusalén, y marca
en la frente a los que gimen y se lamentan por las acciones detestables que en ella se cometen». En el
Bautismo se nos marca con el símbolo de la Cruz en la frente, mientras se dice en el “nombre del Padre, y del
Hijo, y del Espíritu Santo” como lo indica el Señor en Mat 28,19: Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos,
bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo
 SALUDO DEL SACERDOTE. El sacerdote dice: “El Señor esté con ustedes” y el pueblo responde: “y con tu espíritu”.
Esto es muy similar a lo que se dice en 2 Tim 4,22: El Señor esté con tu espíritu. La gracia esté con vosotros.
Parece ser un modo de saludarse común. Por ejemplo en el saludo del Ángel a María en la Anunciación en Lc
1,28: El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo». También
puede usar el sacerdote la fórmula que se dice en 2 Cor 13,13: La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y
la comunión del Espíritu Santo estén siempre con todos vosotros. Esta forma de saludarse aparece en muchos
lugares de la Escritura como señal de protección y ayuda de Dios, en especial, a los más pequeños: los humildes
de corazón, con quienes Dios hace grandes obras.
 SEÑOR TEN PIEDAD. Este es un grito que recorre toda la Escritura y refleja la necesidad constante que tenemos
del auxilio divino. El mismo Jesús cuenta en Lc 18,13 como un publicano se golpeaba el pecho pidiendo el
perdón de Dios diciendo “Dios mío, ten piedad de mí, que soy un pecador”. El publicano encontró el perdón de
Dios por decirlo con un corazón arrepentido como dice el Salmo 51: “Un corazón contrito y humillado, oh Dios,
no lo desprecias”
 GLORIA A DIOS EN LAS ALTURAS. También nosotros alabamos a Dios como hicieron los ángeles en la noche de
Navidad: según Lc 2,13-14: De pronto, en torno al ángel, apareció una legión del ejército celestial, que alababa
a Dios diciendo: «Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad.
 LITURGIA DE LA PALABRA. El pueblo de Israel hacía también lecturas de los libros sagrados Neh 8,1-3: El pueblo
entero se reunió como un solo hombre en la plaza que está delante de la Puerta del Agua y dijeron a Esdras, el
escriba, que trajese el libro de la ley de Moisés que el Señor había dado a Israel… Leyó el libro … desde la
mañana hasta el mediodía, ante los hombres, las mujeres y los que tenían uso de razón. Todo el pueblo
escuchaba con atención la lectura del libro de la ley. Después se explicaban las lecturas (Neh 8,7-8).
 EL CREDO. Esta vez será san Cirilo de Jerusalén el que nos hable de la relación entre el Credo y la Biblia: “Esta
síntesis de la fe no ha sido hecha según las opiniones humanas, sino que de toda la Escritura ha s ido recogido lo
que hay en ella de más importante, para dar en su integridad la única enseñanza de la fe. Y como el grano de
mostaza contiene en un grano muy pequeño gran número de ramas, de igual modo este resumen de la fe
encierra en pocas palabras todo el conocimiento de la verdadera piedad contenida en el Antiguo y el Nuevo
Testamento (S. Cirilo de Jerusalén, catech. ill. 5, 12).” (CIC 186
 PRESENTACIÓN DEL PAN Y EL VINO. Se presentan por el Sacerdote a Dios: pan y vino, conforme a lo que hizo el
Señor, y se indica también en Gen 14,18: Entonces Melquisedec, rey de Salén, sacerdote del Dios altísimo, sacó
pan y vino. Más adelante hablaremos de esto con detalle, al estudiar la ofrenda de Melquisedec
 SANTO, SANTO, SANTO Y HOSANNA. Así cantan los ángeles, y en este himno se unen el cielo y la tierra para
alabar al Señor. El cielo por Is 6,3: y se gritaban uno a otro diciendo: «¡Santo, santo, santo es el Señor del
universo, llena está la tierra de su gloria!» (cfr. Ap 4,8); y la tierra, al unimos al canto de victoria en la entrada
solemne de Jesús a Jerusalén de Mc 11,9: Los que iban delante y detrás, gritaban: «¡Hosanna! ¡Bendito el que
viene en nombre del Señor!
 EL CUERPO Y LA SANGRE DE CRISTO. Llegamos al corazón de la misa al pronunciar las palabras que Jesús dijo en
la última Cena: Mc 14,22-24: Mientras comían, tomó pan y, pronunciando la bendición, lo partió y se lo dio
diciendo: «Tomad, esto es mi cuerpo». Después tomó el cáliz, pronunció la acción de gracias, se lo dio y todos
bebieron. Y les dijo: «Esta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos. Una “prefigura” del AT
puede ayudarnos a entender lo que está sucediendo durante la consagración: 2 Cr 7,1-3: Cuando Salomón
terminó de orar, bajó fuego del cielo, que devoró el holocausto y los sacrificios. La gloria de Dios llenó el templo.
Los sacerdotes no podían entrar en él, porque la gloria del Señor llenaba el templo. Los hijos de Israel, al ver que
el fuego y la gloria del Señor bajaban al templo, se postraron rostro en tierra sobre el pavimento, adoraron y
alabaron al Señor «porque es bueno, porque es eterna su misericordia». Es el CIC en 1105 donde explica esta
acción del Espíritu: “La epíclesis (“invocación sobre”) es la intercesión mediante la cual el sacerdote suplica al
Padre que envíe el Espíritu santificador para que las ofrendas se conviertan en el Cuerpo y la Sangre de Cristo y
para que los fieles, al recibirlos, se conviertan ellos mismos en ofrenda viva para Dios.”
 OTROS ELEMENTOS BÍBLICOS QUE ENCONTRAMOS EN LA LITURGIA DE LA MISA:
1. El Padre nuestro de Mt 6,9-13
2. El cordero de Dios que quita el pecado del mundo de Juan 1,29
3. El no soy digno de que entres en mi casa de Lc 7, 6b-7
4. El ritual de la paz de Jn 14,27 (cfr. 1 Sam 25,6; Sal 122,8, etc)
 LA BENDICIÓN FINAL. En algunos sitios se termina la misa con una bendición que recuerda a Num 6, 24-26: “El
Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor. El Señor te muestre su rostro y
te conceda la paz”. Así invocarán mi nombre sobre los hijos de Israel y yo los bendeciré.

Por todo esto, podemos concluir que la Misa es como un diálogo bíblico entre los fieles y Dios, mediado por el
sacerdote, y en el que siempre se usa un lenguaje bíblico…

La Cena Pascual judía


En Ex 12,14 se dice: Este será para ustedes un día memorable y deberán solemnizarlo con una fiesta en
honor del Señor. Lo celebrarán a lo largo de las generaciones como una institución perpetua.

La fiesta hebrea de la Pascua –Jag Hapesaj en hebreo-, consistía en un Sacrificio y una Cena.

1. Para el Sacrificio debían elegir “un animal sin ningún defecto, macho y de un año; podrá ser
cordero o cabrito” (v.5) que se sacrificaba a la caída de la tarde en el Templo; la sangre del cordero se
recogía en un recipiente que se llevaba a la casa para rociar las jambas de las puertas en recuerdo de la
liberación de Israel de la esclavitud de Egipto.
2. La Cena tenía un marcado carácter litúrgico centrado en el ritual Hagada shel pesaj (que es un libro
donde se narra el relato del Éxodo sobre la liberación de Israel, comentarios de la Midrash, material del
Talmud, plegarias, bendiciones y Salmos; su origen se remonta a la época del Segundo Templo) y en el
Seder (que es el orden en que se ha de desarrollar esta cena).

Veámoslo con más detalle estos dos elementos. La Cena Pascual judía se compone de los siguientes elementos:

1. Kadesh o santificación (es una bendición sobre el vino).


2. Rejatz o lavado de las manos
3. Verduras (generalmente perejil o rábano remojado en agua salada).
4. Yajatz, la división de la Matza intermedia (tres panes sin levadura), con el Afikoman para el postre,
que se esconde la mitad, y al final de la cena se busca y tras partirlo en trozos se reparte entre los
invitados.
5. Maguid, o relato de la historia (hagada) con sus cuatro preguntas y la consiguiente narración
6. Rajatz, segundo lavado de las manos, ahora por todos los presentes antes de partir el pan
7. Motzi-Matza, o bendiciones sobre el pan
8. Maror, es la hierba amarga remojada en Jaroset (mezcla de manzanas y nueces).
9. Corej, la comida del matza y maror.
10. Shuljan Orej, es la mesa para la comida del Seder, que se hace después de la Cena.
11. Tzafun, es la búsqueda del Afikoman que se había escondido (quien lo encuentra recibe un premio).
Después se reparte entre los invitados como último recuerdo del cordero pascual.
12. Barej, bendición y acción de gracias.
13. Nirtzah, despedida del Seder.

Este es el orden de la cena Pascual desde los tiempos bíblicos hasta el día de hoy. Se trata de una comida llena
de simbolismos, donde se mezcla el cordero inocente que muere por la salvación de Israel y la esperanza de la
futura redención simbolizada en las cuatro copas del Seder Pascual:

1. Copa de la Bendición
2. Copa de las Plagas
3. Copa de la Redención
4. Copa de las Alabanzas
5. Copa de Elías (esta copa no se bebe, se deja simbólicamente en una esquina de la mesa a la espera de
que la beba Elías cuando llegue).

Con estas copas se simbolizan las 4 acciones divinas que Dios realizó en Ex 6, 6-7: Por eso, anuncia esto a los
israelitas “Yo soy el Señor. Yo los libraré de los trabajos forzados que les imponen los egipcios, los salvaré de
la esclavitud a que ellos los someten, y los rescataré con el poder de mi brazo, infligiendo severos y justos
castigos. Haré de ustedes mi Pueblo y yo seré su Dios. Así tendrán que reconocer que soy yo, el Señor, el que
los libró de los trabajos forzados de Egipto”.

La Cena Pascual judía y la Última Cena de Jesús


Pues bien, én Lucas 22, 15-16, Jesús dice: «He deseado ardientemente comer esta Pascua con ustedes antes
de mi Pasión, porque les aseguro que ya no la comeré más hasta que llegue a su pleno cumplimiento en el
Reino de Dios».

¿Qué tiene de especial esta Pascua para que Jesús la desee comer ardientemente?
Esta Pascua es la Pascua de la Pascuas: esa noche se realizó de forma plena y definitiva la Liberación y
Redención; esa noche Jesús consuma el paso de la Antigua a la Nueva y Eterna Alianza y nos da las pautas para
celebrarla.

Recordemos que el Cordero pascual se sacrificaba por la salvación de los que se cobijaban bajo su sangre y se
comía íntegramente en la Cena-celebración de la Pascua. Pero en la Última Cena, al adelantarse al jueves, no
hubo cordero sacrificado.

Nota 1: En efecto, es muy significativo que ningún evangelista nos muestra la presencia de cordero en dicha
cena, algo impensable en esta celebración ya que el cordero era uno de los ingredientes principales en la Pascua.
Esto tiene su explicación: en las leyes orales (hoy Mishna) se decía que si alguien tenía impedimento serio
(como salir de viaje) podía celebrar la cena moviéndola antes de la Pascua, Jesús tenía que morir la víspera de la
fiesta y por este motivo adelanta la cena. Los que adelantaban la cena no podían tener cordero pascual, pues el
cordero se sacrificaba solamente en el templo “entre la caída de las dos tardes”; estas personas ponían un hueso
asado en señal del cordero realizando la celebración Pascual tal como se celebra hoy en día por los israelitas
(cfr. apologeticasiloe.com)

Así que Jesús, aprovechó esta circunstancia, como veremos más adelante, para poner de manifiesto que Él iba a
ser el Cordero Pascual sacrificado y ofrecido por el perdón de los pecados. Juan dejó claro desde el principio de
su evangelio este misterio al atribuir a Jesús el título de: “este es el Cordero de Dios” (Jn 1, 36). Título nunca
dado a ningún personaje bíblico, y que relaciona directamente a Jesús con el “Cordero Pascual”. Jesús es pues el
Cordero Pascual de la Nueva Alianza.

Según Lucas, Jesús bebió de dos copas (Lc 22, 17.20), pero no de la tercera. Es decir, bebería de la primera
copa, la de “bendición” al comienzo de la cena, diciendo las palabras judías acostumbradas: Baruc ata Adonai
eloheinu, melech Olum baray peri hagofen… (“bendito seas Señor, Rey del Universo, por el vino…”). Después
les dio de la segunda copa (la de “las plagas”), a sus discípulos y bebió el también: “Y tomando una copa, dio
gracias y dijo: «Tomen y compártanla entre ustedes. Porque les aseguro que desde ahora no beberé más
del fruto de la vid hasta que llegue el Reino de Dios» (Lc 22,17-18). Después llegó el Afikomán: Luego
tomó el pan, dio gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: «Esto es mi Cuerpo, que se entrega
por ustedes. Hagan esto en memoria mía» (Lc 22,19). Por último, Jesús tomó la tercera copa, que según el
Seder Pascual es la copa de “la Redención”: “Después de la cena hizo lo mismo con la copa, diciendo: Esta
copa es la Nueva Alianza sellada con mi Sangre, que se derrama por ustedes” (Lc 22,20). Pero según las
misteriosas palabras dichas al final de la anterior copa (Lc 22,18) Jesús ya no volvió a beber de esta copa. Más
aún, en un momento determinado, se levanta abrúptamente y sale hacia el huerto… Hecho verdaderamente
insólito, pues los judíos tenían que terminar la Cena Pascual, o no se daba por cumplido el precepto ni la
renovación de la Alianza de ese año.

Aparentemente no se había cumplido el Seder Pascual, pero no. Al igual que no hubo cordero pascual porque
Él iba a ocupar el lugar del Cordero, Él iba a ser el Cordero que se sacrifica en la Cruz; tampoco ahora bebe la
copa de la Redención porque la va a beber en la Cruz. Veamos

La última Cena de Jesús y su pasión y muerte en la Cruz


Tanto al referirse a la Cena como en la Copa Jesús había afirmado unas palabras misteriosas: que no volvería a
comerla (la Cena) hasta que llegue a su pleno cumplimiento en el reino de Dios (v.16); o que no la bebería (la
copa o cáliz) hasta que llegue el Reino de Dios (v.18). ¿Qué quiere decir Jesús con esto? Él había predicado que
el Reino de Dios estaba en hacer la Voluntad de su Padre.

De hecho, en el huerto de Getsemaní Jesús repetirá: “Padre, aparta esta copa (caliz) de mí, pero que no se
haga mi voluntad sino la tuya”. Hay una gran conexión entre esta copa y el Seder de la Cena Pascual. Unos
minutos antes Jesús, en el aposento alto, ha rehusado beber de la tercera copa. Y he aquí que ahora pide a su
Padre que “no se la haga beber”. Se trata de la copa de la Redención con todo lo que ello significa.

Será Mateo 27, 34 quien nos dirá que en el Calvario “le dieron a beber vino mezclado con hiel, Jesús lo
probo, pero no quiso beberlo”. Jesús fiel a lo prometido en la Cena rehusó tomar el vino. Sin embargo, san
Juan, testigo presencial de la muerte de Cristo en la Cruz, nos dice que Jesús mismo pidió más tarde ese vino
con hiel (vinagre) y lo bebió en lo alto de la Cruz: Después, sabiendo que ya todo estaba cumplido, y para
que la Escritura se cumpliera hasta el final, Jesús dijo: Tengo sed. Había allí un recipiente lleno de
vinagre; empaparon en él una esponja, la ataron a una rama de hisopo y se la acercaron a la boca.
Después de beber el vinagre, dijo Jesús: «Todo se ha cumplido». E inclinando la cabeza, entregó su
espíritu (Jn 19,29-30).

Nota: El vino se lo presentan a Jesús en una esponja que ponen en una caña de hisopo, y el hisopo era lo que se
utilizaba para rociar la sangre del cordero en los marcos de las puertas hebreas en la noche de la Pascua.

Tras beber el vinagre Jesús dice: Todo está cumplido. Este vinagre (del latín «vinum acre», «vino agrio»)
bebido por Jesús en la Cruz da cumplimiento a la misión Redentora de Jesús.

El Reino de Dios es el Reino de aquellos que hacen la Voluntad de su Padre. Jesús en lo alto de la Cruz está en
lo más perfecto de la Voluntad del Padre. Por lo tanto, en lo alto de la Cruz, Jesús está en la plenitud del Reino
de Dios, y es aquí, en esta plenitud de la voluntad del Padre donde Jesús bebe la tercera copa de la Cena
Pascual, su Copa de la Redención. De este modo se conecta el Cenáculo y el Calvario, la Cena Pascual y el
Sacrificio y con esto se termina la Antigua Alianza y comienza la Nueva, todo ligado por la Cena Pascual de
Liberación y Redención, la Cena del Cordero.

Por lo tanto, la Cena Pascual de Jesús termina en la Cruz. A esto se refería Jesús cuando decía en Cana de
Galilea que “aún no había llegado su hora”, la hora de Jesús llegó en lo alto de la Cruz, esta es la boda que El
esperaba, la boda mística del Cordero con la Iglesia, donde El dio vino nuevo, el vino de la Nueva Alianza.

Del “yo soy el pan de vida bajado del cielo” al “esto es mi cuerpo”

JEYa hemos hablado en el blog (aquí y aquí y aquí) del discurso de Jesús en la sinagoga Cafarnaúm (Juan 6,22-
71). Es quizás el discurso más difícil que realizó, y desde luego el más controvertido. El discurso ocurre al día
siguiente, -dice Juan-, de haber caminado sobre las aguas del lago (Jn 6,1.15; cfr. Mc 6,45-52) y de haber
multiplicado los panes (Jn 6,16-21; cfr. Mc 6,35-43). Dos hechos que ponen de manifiesto su dominio sobre la
materia del pan (lo puede multiplicar) y sobre su cuerpo (puede caminar sobre el agua). Es decir, tiene poder
sobre su cuerpo y sobre los panes.

En el contexto de la Antigua Alianza


Antes de empezar, conviene aclarar que la Eucaristía se entiende mejor dentro del contexto del Antiguo Pacto
de Dios con Israel. Esquemáticamente dicho Pacto va adquiriendo forma cuando en Ex 12,1ss Dios manda a
Moisés celebrar una liturgia de Liberación; y en Ex 16, al describir como fue el pueblo alimentado por un pan
bajado del cielo; en Ex 20, cuando Dios establece el Pacto y cuando en Ex 24,3ss, Moisés sella la Alianza con
un Sacrificio con Sangre, un Sacrificio de Comunión.Después en Lev 7, 11ss, se establecen algunas
condiciones: a) solo los miembros de la Alianza podían comer de este sacrificio de consagración, y debían estar
en pureza; b) la sangre sentaba las bases de un Pacto definitivo; c) se entraba a formar parte del Pacto por
derramamiento de la propia sangre en la Circuncisión.
El día de actualización de este pacto era el gran día sacerdotal, el día del Perdón o Expiación, (Yon kippur). Ese
día, el Sumo Sacerdote descargaba los pecados del pueblo (las faltas al Pacto) sobre la cabeza de un cordero y
lo degollaba. Su sangre era recogida en un recipiente noble y, con este en las manos, entraba en el Santa
Sanctorum, atravesando el velo (que separaba a Dios de los hombres). Una vez dentro derramaba la sangre
sobre el Propiciatorio del Arca de la Alianza mientras gritaba el Nombre de Dios (Yahvé). La sangre derramada
era el testimonio de que el animal había muerto cargando con las transgresiones de Israel al Pacto y en el
propiciatorio los pecados de Israel de ese año eran perdonados.

La Renovación del Pacto era el día de Pascua. El día de la Pascua era el gran día en el que, durante la Cena
Pascual, Israel renovaba el Pacto con Dios por todo el año. Por eso, esta fiesta era obligatoria. Se trataba de una
fiesta de sacrificio + comida + acción de gracias, y que debía ser celebrada por todo el pueblo.

“Señor danos siempre ese pan” (Jn 6,34)


Pero volvamos al discurso de Cafarnaúm. Cuando al día siguiente de la multiplicación la gente se da cuenta de
que ni el Señor ni los discípulos están allí, fueron a buscarlo a Cafarnaúm. Al encontrarlo le preguntan cuándo
había llegado allí, y así se inicia el discurso. En un momento de este, el Señor dice: El que da el verdadero
pan del cielo es mi Padre. El pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo (Jn 6,32-33); entonces
la gente le interrumpe con la petición: “Señor danos siempre ese pan”, a lo que Jesús responde: “Yo soy el
pan de Vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed”… Jesús acaba
de declarar que Él es el pan de vida, que bajó del cielo. La estructura de la frase es muy sencilla: sujeto (yo),
verbo (soy) y predicado (el pan de vida).

La reacción ante esta afirmación no fue buena: Entonces los judíos comenzaron a murmurar contra él,
porque dijo: «Yo soy el pan que bajó del cielo.» Y se decían: «¿Acaso no es éste Jesús, el hijo de José?
¿No conocemos a su padre y a su madre? ¿Cómo es que sale diciendo: “Yo bajé del cielo”?» (Jn 6,41-42).

El Señor vuelve a insistir: “Yo soy el pan de vida” (48) y más adelante: “Yo soy el pan vivo que bajó del
cielo” (51). Pero ahora ocurre algo muy significativo en el discurso. Jesús ahonda en el misterio y da un paso
más. Proclama que su carne es pan: Los antepasados de ustedes comieron el maná en el desierto, y sin
embargo murieron. Pero éste es el pan que baja del cielo; el que come de él, no muere. Yo soy el pan vivo
que bajó del cielo. Si alguno come de este pan, vivirá para siempre. Este pan es mi carne, que daré para
que el mundo viva. (Jn 6,49-51) La estructura de la nueva afirmación es muy clara: sujeto (este pan), verbo
(es) y predicado (mi carne). Es muy distinta de la afirmación previa (yo soy el pan vivo que bajo del cielo),
ahora es el pan lo que es su carne (este pan es mi carne).

Nota: La tercera gran afirmación del texto es que el que coma de ese pan vivirá para siempre. Llama la atención
como a pesar de lo categórico del discurso esta afirmación se plantea al modo de invitación: si alguno come…,
el que coma de él.

Así pues, a la petición que le hacen al principio los judíos: Señor danos siempre ese pan… El Señor responde
en el discurso diciendo: ese pan es mi carne.
Carne, cuerpo, sangre… Masticar, tragar, digerir
En este pasaje (Jn 6,51) Jesús habla claramente: el pan que nos va a dar es su carne. Esta frase está exenta de
simbolismo. Para aclarar más aún esto el Señor añadirá varias cosas en adelante. Veamos:

 La palabra que utiliza el texto Jn 6, 51 para definir carne es sarx, que en griego quiere decir: “carne, cuerpo,… ser
vivo, hombre“. Estamos ante afirmación contundente; Jesús utiliza la palabra que denota cuerpo de carne, no se
trata pues de ningún modo de metáfora; hecho que concordará con las palabras que empleará en la última
cena. Conviene saber que en griego existen otras dos palabras para definir carne: una es “kreas” que quiere
decir: “trozos de carne” y se utiliza cuando se habla de ingerir carne en una comida normal (Rom 14,21; 1 Cor
8,13); la otra es “sarkinos” que quiere decir “carnal” y se utiliza en sentido simbólico (Rom 7,14; 1 Cor 3,1; 2 Cor
3,3).
 Por si había quedado alguna duda de la intención de Jesús en el versículo 51, un poco más adelante declara:
Porque mi carne (sarx) es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida (Jn 6,55). La palabra griega
utilizada por Jesús para decir verdadera es “alethes” que proviene de “aletheia” que quiere decir “verdad,
veracidad, sinceridad, realidad”. Esta palabra confirma la realidad de la presencia viva de Jesús, con su cuerpo,
con su sangre, alma y divinidad en la Eucaristía. En ningún momento del discurso el Señor dijo que su carne
“significa”, todo lo contrario, afirma explícitamente ser verdadera (“alethes“) carne y sangre.
 Una última cosa. La palabra griega comúnmente empleada para “comer” es “phago”, sin embargo vemos que
Jesús en el discurso de San Juan 6 en vez de usar esta palabra común, emplea la palabra “trogos”, que quiere
decir: “Mascar, Masticar, Digerir, Roer”. Impresiona este cambio de palabras por el realismo duro imprime al
discurso. Esta palabra nunca es usada simbólicamente ni en la Biblia ni en ningún otro texto literario antiguo. En
el discurso para hablar de “comer” también se emplean otras dos palabras como “brosis” (27.55) y “esthio”
(32.52.53). Pero a partir de Jn 6, 54 y en los versículos 56, 57 y 58 cambia para “trogos”, que es una palabra
radical que no puede llevar a confusión de su sentido. De hecho los que le escucharon entendieron
perfectamente lo que estaba diciendo.

La reacción de los discípulos


Los judíos, ya desde el versículo 52, sabían perfectamente de que les estaba hablando Jesús cuando dijeron:
¿Cómo puede éste darnos a comer su carne? (v. 52), aún antes de que utilizara la palabra “trogo”.

Es en Jn 6,60 cuando se dice que: Al escucharlo, muchos de sus discípulos exclamaron: «Esta enseñanza es
muy difícil; ¿quién puede aceptarla?». Los discípulos hablaban perfecto arameo, que era la lengua habitual
del Señor y entendieron perfectamente que no estaba hablando en forma simbólica, y por eso se escandalizan:
Desde entonces muchos de sus discípulos le volvieron la espalda y ya no andaban con él. Así que Jesús les
preguntó a los doce: —¿También ustedes quieren marcharse? (Jn 6,66-67). Jesús, al contrario de otras
ocasiones, no les explica nada, porque es algo que no se puede explicar, es algo que hay que aceptar. Por eso, se
limita a preguntarles si también ellos se van a marchar.

La respuesta de Pedro es genial: —Señor —contestó Simón Pedro—, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras
de vida eterna. Y nosotros hemos creído, y sabemos que tú eres el Santo de Dios (Jn 6,68-69). Pedro le dice
que aunque no entiende nada, sabe que solo en Jesús hay “vida eterna”. De igual modo la Iglesia -como Pedro-,
se queda en Fe con las palabras de Jesús.

Y llegó la Última Cena


San Mateo 26, 26-28: Mientras comían, Jesús tomó el pan y , después de pronunciar la bendición, lo partió
y lo dio a sus discípulos, diciendo: Tomen y coman; esto es mi cuerpo. Después tomando una copa de vino
y dando gracias, se la dio diciendo: Beban todos, porque ésta es mi sangre, la sangre de la alianza, que es
derramada por una muchedumbre, para el perdón de los pecados.
En la última Cena de Jesús con los apóstoles, Cena Pascual, no había curiosamente –como ya vimos-, cordero
pascual puesto que Jesús iba a reemplazarlo. En efecto, llegado el momento, Jesús, solemnemente declara que el
pan es su cuerpo, en clara conexión con el discurso de Juan 6. Esta vez la palabra griega utilizada en el
Evangelio para “cuerpo” no es “sarx”, como hubiera sido de esperar, la palabra utilizada es “soma” que en
griego quiere decir: “cuerpo, cadáver, cuerpo muerto” y que en este contexto de sacrificio (al darlo separado de
su sangre, el vino), expresa más clara y adecuadamente lo que Jesús está haciendo al referirse a Él como el
Cordero pascual comido en la Pascua Hebrea -ya muerto: sacrificado-. El mismo contexto y las expresiones
empleadas son acertados para la afirmación del vino como sangre.

Nota: Jesús hablaba en arameo. Cuerpo en arameo es “basar“, pero en arameo no hace referencia solo al
cuerpo físico, sino al hombre integral; una traducción más exacta sería: yo mismo. La frase traducida del
arameo sería “esto soy yo mismo”. El sujeto de la frase es “esto”: touto en griego, pero en arameo “da” y en
hebreo “ze” que significa “esto” pero también “aquí“. Por lo que la frase más ajustada al arameo original sería:
“Esto (o aquí) soy yo mismo“. Por último, en hebreo no hay copula verbal (es) así que finalmente la frase
quedaría así: “esto (aquí) yo mismo”. Impresionante.

“Hagan esto en memoria mía” (Lc 22,19; 1 Cor 11,24)


Esta orden de Jesús de ninguna forma da aspecto simbólico a la Eucaristía, más bien afirma su sentido de
sacrificio real. En efecto, la palabra griega utilizada para “memoria” es anamnesis que quiere decir “recordar,
refrescar la memoria, mencionar, acordarse, pensar en algo“.

La palabra anamnesis tiene una termino sacrificial paralelo en hebreo: “azkarah”: que se traduce como
“sacrificio memorial” y es entendido como un “sacrificio perpetuo de Alianza” (cfr. Diccionario de Teología
de Nuevo Testamento del Dr. Colin Brown). Por eso, para nada la palabra memorial sugiere simbolismo. Con
esta palabra Jesús ordena a los Apóstoles que sigan repitiendo siempre lo que El acaba de hacer con las mismas
consecuencias. Instituye así el sacerdocio de la Nueva Alianza, al mandar a los Apóstoles celebrar la Cena
Pascual con Él como cordero sacrificado. Con esto se cumple también en el Nuevo Pacto lo ordenado a Israel en
Ex 12, 14: “Esta ley es para siempre: los descendientes de ustedes no dejaran de celebrar este día“.

Pues bien, la palabra “anamnesis“, aparece en Hebreos 10,3: “Pero en esos sacrificios cada año se hace
memoria de los pecados“… Cada año se recordaba en Israel por medio de los sacrificios algo muy actual: los
pecados. Memorial en Israel era = actualización de una realidad. Por eso cuando Jesús dice que hagamos
anamnesis = memorial ¿a qué realidad se está refiriendo? A su sacrificio, que nos perdona los pecados. Es la
actualización de su sacrificio = el memorial que han de hacer. Nuestro sacrificio de comunión con Jesus, se
realiza de una forma íntima y tremenda: comiendo su cuerpo y bebiendo su sangre.

En Levítico al hablar de la Oblación se dice: Cuando una persona ofrezca al Señor una oblación, su ofrenda
consistirá en harina de la mejor calidad; sobre ella derramará aceite y pondrá incienso. La llevará a los
hijos de Aarón, los sacerdote, y el sacerdote tomará un puñado de la harina con aceite y todo el incienso,
y hará arder sobre el altar ese memorial, como una ofrenda que se quema con aroma agradable al Señor
(Lev 2,1-2). El olor de esta harina, quemada por los sacerdotes en el altar era un memorial; o sea, un sacrificio
cuyo aroma era agradable y recordaba al Señor la ofrenda y al oferente. De igual modo, el memorial de la
Eucaristía recuerda al Padre el Sacrificio de Cristo en la Cruz (único y suficiente sacrificio), pero que ha de
actualizarse como sacrificio incruento (donde no hay sufrimiento) y que recuerda al Padre que somos los
oferentes y los beneficiados de este, y que por esta víctima –su Hijo Jesús-, debe derramar su misericordia sobre
nosotros.
San Pablo lo confirma
En este sentido en 1 Cor 11, 26 dice San Pablo: Y así, siempre que coman este pan y beban esta copa,
proclamarán la muerte del Señor hasta que él vuelva. Este versículo es de una importancia trascendental,
pues se reafirma el carácter sacrificial y escatológico de la Eucaristía. Proclamamos el sacrificio de Jesús y lo
haremos hasta que el retorne en gloria.

Nota: El sentido sacrificial de la Eucaristía queda también claro en la 1ª carta a los Corintios cuando Pablo
dedica varios capítulos al sacrificio de los judíos, al sacrificio de los paganos y, por ende, al “Sacrificio” de los
cristianos en la Eucaristía. Al hacerlo en forma comparativa, afirma el carácter Sacrificial de la Eucaristía. Por
cierto, cuando Pablo utiliza la expresión “Mesa del Señor” (1Cor 10, 21), se trata de un término que se refiere
al Altar de los Sacrificios, como se hace en Malaquías 1,7.12 (y Lev 24, 6-7; Ezequiel 41,22).

Y en 1 Cor 10,16 se dice: La copa de bendición que bendecimos, ¿no es acaso comunión con la Sangre de
Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el Cuerpo de Cristo? En este Capitulo 10, San Pablo
habla de un hecho real: “no se debe comer carne sacrificada a los ídolos” y alude a otro hecho real: la
presencia real de Cristo en la Eucaristía, diciendo claramente que la comunión es con el Cuerpo y la Sangre de
Cristo.

En 1 Cor 11,27-29: Por eso, el que coma el pan o beba la copa del Señor indignamente tendrá que dar
cuenta del Cuerpo y de la Sangre del Señor. Que cada uno se examine a sí mismo antes de comer este pan
y beber esta copa; porque si come y bebe sin discernir el Cuerpo del Señor, come y bebe su propia
condenación. Aquí San Pablo nos da una visión contundente de la presencia real de Jesús en la Eucaristía. No
se peca contra el objeto que se agravia: el Pan y la Copa al comerse indignamente, sino que se peca contra el
Cuerpo y la Sangre del Señor. A continuación atribuye condenación a esto, algo que solo se aplica por no
aceptar en Fe a Dios.

El aspecto sacrificial de la Eucaristía

Seguimos con “la Misa en la Biblia”. Esta vez dedicamos la entrada al sentido sacrificial de la Eucaristía.
Veremos la relación que existe entre la muerte de Cristo en el Calvario y el sacrificio expiatorio del Yom Kipur
que realizaba el sumo sacerdote; y de ambos aspectos con la Eucaristía.

“Esto lo hizo una sola vez y para siempre, cuando se ofreció a sí


mismo” (Heb 7,27)
Si leemos con atención el Capítulo 7 de la Carta a los Hebreos, vemos que trata acerca de la diferencia entre el
sacerdocio de la Antigua y la Nueva Alianza. Por un lado, habla de la necesidad que tenían los sumos
sacerdotes de la Antigua Alianza de purificarse ellos antes de ofrecer sacrificios y de su tener que estar
continuamente ofreciendo sacrificios expiatorios, pues obviamente eran pecadores. Sin embargo, Jesús es un
“mejor” Sumo Sacerdote pues no tiene necesidad de ofrecer continuamente sacrificios por los pecados: “esto lo
hizo una sola vez y para siempre, cuando se ofreció a sí mismo” (Heb 7,27) en el Calvario.

Esta misma idea se desarrolla más adelante cuando se dice que: No lleva sangre de machos cabríos, ni de
becerros, sino la suya propia; y así ha entrado en el santuario una vez para siempre, consiguiendo la
liberación eterna (Heb 9,12). Jesús no tiene que estar entrando y saliendo del lugar Santísimo como el sumo
sacerdote de Israel, Jesús entro en el santuario una sola vez y para siempre con su propia sangre. Se está
hablando de la caducidad sacrificial de los rituales del Templo de Jerusalén, en cuanto que eran prefigura de la
nueva Liturgia celestial inaugurada con Jesucristo como nuevo y eterno sumo sacerdote en el Templo celestial:
Era necesario que todas estas cosas, que son figura de las realidades celestes, se purificaran con tales
ritos, pero las realidades celestes mismas necesitan sacrificios superiores a estos (Heb 9,23).

La nueva Liturgia celestial necesita de otros sacrificios superiores a los anteriores. Pero, ¿por qué no dice
“mejor sacrificio” si se trata de la Eucaristía? ¿Que “sacrificios” son estos? ¿Por qué son superiores? ¿Qué
acción realiza Jesús en el cielo?: Esto es lo principal de todo el discurso: Tenemos un sumo sacerdote que
está sentado a la derecha del trono de la Majestad en los cielos, y es ministro del Santuario y de la Tienda
verdadera, construida por el Señor y no por un hombre. En efecto, todo sumo sacerdote está puesto para
ofrecer dones y sacrificios; de ahí la necesidad de que también Jesús tenga algo que ofrecer. (Heb 8,1-3).

La clave del papel sacerdotal de Jesús está en Heb 2,17: En consecuencia, debió hacerse semejante en todo a
sus hermanos, para llegar a ser un Sumo Sacerdote misericordioso y fiel en el servicio de Dios, a fin de
expiar los pecados del pueblo. Aquí está la clave: Jesús Sumo Sacerdote ante el Padre cumple su función
sacerdotal; ¿en qué consiste esta función? Es la misma que hacia el Sumo Sacerdote en Israel, hacer
sacrificios de orden propiciatorio (expiatorio). Jesús por medio de su Sacrificio único crea el clima propicio a
la reconciliación del hombre con Dios, pero además este único sacrificio, al renovarse día a día por nuestros
pecados, cuando es ofrecido por la Iglesia en la Eucaristía, actualiza –de algún modo- el papel mediador y
sacerdotal de Jesucristo; de este modo, la liturgia terrena se une a la liturgia celestial.

Nota. Como dato curioso, en los sacrificios expiatorios que “propiciaban” en la Antigua Alianza, la víctima era
comida por el sacerdote oferente (que no era el Sumo Sacerdote, sino un sacerdote que participaba de la
mediación del Sumo); y también era comida por el oferente como señal de que Dios había aceptado este
sacrificio, cosa que también concuerda con nuestra Eucaristía donde la víctima Jesús es comida por el Sacerdote
y el oferente como señal de nuestra salvación y Pascua.

El Sacrificio de la Cruz aún está vigente


Ahora, para tener una clara visión de la Misa como Sacrificio Perpetuo, conviene estudiar la actuación del
Sumo Sacerdote en el Santo de los Santos del Templo de Israel el día de la Expiación (Yom Kippur) tal y como
nos lo narra el Levítico.

Ese día el Sumo Sacerdote imponía las manos sobre la cabeza del animal y descargaba sobre el todos los
pecados de Israel, a continuación era degollado y su sangre recogida en un recipiente noble. Después, con el
recipiente en las manos y con gran temor el Sumo Sacerdote levantaba el velo que cerraba el paso a los mortales
al Lugar Santísimo y entraba el solo a la presencia de Dios. Una vez dentro derramaba la sangre sobre el
Propiciatorio del Arca -como testimonio de que el animal había muerto y con él los pecados de Israel-, y se
consumaba la expiación de ese año.

Es importante tener en cuenta esto: el sumo sacerdote ministraba el perdón de Israel desde que se sacrificaba el
cordero, se recogía la sangre y permanecía dentro del Lugar Santísimo. El sacrificio cesaba cuando el Sumo
sacerdote salía de detrás de la cortina -o velo- como señal de que todo había concluido. Por tanto, el sacrificio
estaba vigente todo el tiempo que mediaba desde la muerte del cordero hasta que salía del Sancta Santorum.

Esta es la razón por la cual la Iglesia proclama que la Eucaristía es un único Sacrificio, porque el único
Sacrificio de Jesús aún está vigente. En efecto, Jesús sigue actuando como verdadero Sumo Sacerdote y una
vez que entró en el verdadero Lugar Santísimo del cielo (la función litúrgica del Templo dejó de ser
eficaz cuando el velo del Templo se rasgó de arriba abajo) llevando en sus manos su propia sangre como
testimonio de que Él murió y con Él todos nuestros pecados, el sacrificio sigue vigente hasta que salga en el
día en que vuelva para juzgar a vivos y muertos. La ministración de Jesús por la Redención de los hombres aún
no ha terminado; Jesús no ha salido de la Presencia del Padre y, al igual que mientras el Sumo Sacerdote no
salía del Lugar Santo el Sacrificio seguía vigente, del mismo modo el Sacrificio de la Cruz aún está vigente.
Cuando Jesús regrese en Gloria, habrá salido del Lugar Santísimo y se habrá acabado su único sacrificio, esto
será al final de los tiempos.

La Eucaristía es nuestra conexión con la mediación Sacerdotal de Jesús en el cielo, es el mismo y único
sacrificio que se actualiza en la tierra mientras El ministra en el cielo. La Misa une la tierra con cielo y nos
lleva directamente a la presencia de Dios por medio Jesús. Impresionante misterio este que custodia la Iglesia
Católica. La Eucaristía es la renovación del sacrificio de Jesús en la cruz del Calvario… Decimos renovación,
no repetición… porque este sacrificio no se puede repetir, pues es único y suficiente. En la Eucaristía, de una
forma misteriosa, se renueva el mismo y único sacrificio del Calvario, es por esto que la Iglesia le llama
Sacramento, pues esta es la forma en que nos “conectamos” con el Calvario y su poder redentor. Renovación
quiere decir actualización de la salvación que Jesús nos da.

¿Cómo se realiza esta “conexión”? ¿Se trata de una relación solo espiritual, intencional o de algo más? El Señor
en su encuentro con la mujer Samaritana usa una frase muy clarificadora en ese sentido: Pero se acerca la
hora, ya está aquí, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el
Padre desea que lo adoren así (Jn 4,23). Viene un culto de adoración que será bajo el poder del Espíritu y que
será “verdadero”. La palabra griega usada para definir “verdad”, es “aletheia” que significa “verdad, pero no
simplemente la verdad que se habla, la verdad de la idea, sino también la verdad de la realidad, la sinceridad,
la verdad divina revelada al hombre”. Con esta palabra ”verdad”, no se hace referencia solo a la idea de verdad,
sino a una realidad, se trata de un culto real y bajo el poder del Espíritu, no se trata de un culto meramente
“espiritual” que son dos cosas diferentes.

Jesús vuelve a emplear esta misma palabra en su forma adverbial (alethos) en el discurso eucarístico de
Cafarnaúm cuando dice: “Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida” (Jn
6,55), como sinónimo de “realidad”, como lo opuesto a la ilusión. Claramente el Señor nos dice que el Nuevo
Culto de Dios es la Eucaristía; que es un culto real, no solo espiritual, sino bajo el poder del Espíritu que es
quien transforma en Pan y el vino en Cuerpo y Sangre de Cristo.

La Eucaristía como “banquete de boda”

Esta entrada es parte de “la Misa en la Biblia” y en esta ocasión nos centramos en la Eucaristía como banquete
de boda. Terminamos la entrada con dos anexos: 1) acerca del impedimento de las mujeres al sacerdocio; y 2)
sobre algunos elementos cultuales que tienen su origen en los rituales judíos según la biblia.

La Liturgia celestial del Apocalipsis


El Libro del Apocalipsis (la palabra “Apocalipsis” viene del griego Apokalypsis; significa “Revelación” que es
“quitar el velo”) nos da una interesante visión del sacrificio Eucarístico. En opinión del Dr. Scott Han (ex
Pastor Presbiteriano), en este libro -“el más católicos de los libros”-, se desarrolla una “liturgia celestial” muy
parecida a la Eucaristía Católica. Cuando se entiende así, este libro, se convierte en una auténtica “revelación”.

Al poco de comenzar -en Apoc 1, 10- se nos dice que la visión ocurre: El día del Señor fui arrebatado en
espíritu y escuché detrás de mí una voz potente como de trompeta. El día del Señor, es decir el Domingo
(la palabra domingo viene del latín dies Dominicum = “día del Señor“). Se trata del día litúrgico católico por
excelencia. Y ese día Juan tiene una revelación en la que el mismo Señor resucitado, le pide que este mensaje
sea leído y escuchado: Feliz el que lea, y felices los que escuchen las palabras de esta profecía (Apoc 1,3). O
sea, es un libro para que uno lo lea (singular) y otros lo escuchen (plural), es un libro para proclamar (tal y
como se hace en la liturgia de la Palabra en la Misa y como se hacía desde los primeros tiempos). Podemos
decir que claramente el Apocalipsis comienza con la proclamación de la Palabra de Dios.

En efecto, el Apocalipsis comienza amonestando a las Iglesias contra sus errores para que no sean borradas del
Libro de la Vida. Continua con la imagen de “La Mujer Vestida de Sol” en el que comienza el tiempo para la
gran batalla de la Fe contra el Anticristo y así preparar la venida del Mesías. El Apocalipsis termina con las
Bodas del Cordero y su Iglesia. De manera parecida se desarrolla la liturgia Eucarística. Comienza con una
exhortación de la Palabra de Dios para edificación del creyente y su conversión, y termina con el banquete de
Bodas del Cordero que es la comunión.

La palabra griega Apokalypsis era utilizada para el día en que terminaba la semana de fiesta que duraba una
boda judía. El Apokalypsis era el día en que el novio levantaba el velo de la novia y la veía por primera vez.
Pues bien, el punto culminante del Apocalipsis se encuentra en el capítulo 19, versículos del 5 al 9 donde el
Apóstol nos habla del “Alegrémonos, regocijémonos y demos gloria a Dios, porque han llegado las bodas
del Cordero: su esposa ya se ha preparado. Si tenemos en cuenta que en Ef 5,21-33 Pablo desarrolla la idea
de la Iglesia como “la esposa de Cristo”, la Eucaristía es ese “banquete de las bodas del cordero” en el que
se realiza el Apokalypsis donde el Cordero levanta el velo de la Iglesia, para así la Iglesia unirse con el cielo en
la adoración a Dios: “al que está sentado en el trono”, y se regocija en este banquete nupcial.

Es notable que en el Libro del Apocalipsis se le llama a Jesús Cordero de Dios 28 veces. Otro gran momento
del libro es cuando Juan ve delante del trono que aparece el Cordero sacrificado: Entonces vi un Cordero que
parecía haber sido inmolado: estaba de pie entre el trono y los cuatro Seres Vivientes, en medio de los
veinticuatro Ancianos… (Jn 5,6), y el cual puede abrir el libro recibiendo la adoración celestial, y es
significativo que Juan no ve a Cristo resucitado y victorioso; Juan ve al Cordero vivo y sacrificado a la vez, con
lo que nos dice que de algún modo aún está vigente el único sacrificio de Cristo. Juan se refiere así a que
Jesús aún sigue propiciándonos con su único y suficiente sacrificio de forma misteriosa (sacramentum). Esta es
la Misa, la Nueva Cena del Cordero, Cena y Sacrificio Pascual al mismo tiempo.

En la Eucaristía se cumple lo que dice le Apóstol Pedro: también ustedes, a manera de piedras vivas, son
edificados como una casa espiritual, para ejercer un sacerdocio santo y ofrecer sacrificios espirituales,
agradables a Dios por Jesucristo. (1P2,5) Los fieles como miembros de la Iglesia, somos invitados a esta
unión con cristo-esposo, y Cristo levantará el velo de la carne (apokalypsis) y ver el rostro del alma del creyente
antes de la unión. Ojalá estemos todos bien preparados en el momento de recibir la comunión, pues si la novia
no estaba preparada, el novio tenía el derecho de rechazarla y devolverla a su casa.

Anexo 1: Acerca del impedimento de las mujeres al sacerdocio.


Acerca de la ordenación sacerdotal de las mujeres en Santo Padre Juan Pablo II dijo con justeza que “no es que
yo no quiera, es que yo no puedo” y lo dijo con razón .Nadie tiene poder sobre la tierra para ordenar mujeres al
Sacerdocio. No es por discriminación, pues la Iglesia le ha dado a una Mujer (María) el puesto más grande que
se le ha dado a mujer sobre la Tierra al ponerla en su lista de importancia después de la Trinidad y como
primera de los mortales.

La mujer no puede entrar al sacerdocio fundamentalmente porque Jesús la noche de la Ultima Cena no encargo
a ninguna mujer disponer de esta, como era la costumbre, sino que la encargo a solo a los Apóstoles como nos
lo dice San Marcos 14, 12-17: El primer día de la fiesta de los panes Acimos, cuando se inmolaba la
víctima pascual, los discípulos dijeron a Jesús: «¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la comida
pascual?». Él envió a dos de sus discípulos, diciéndoles: «Vayan a la ciudad; allí se encontrarán con un
hombre que lleva un cántaro de agua. Síganlo, y díganle al dueño de la casa donde entre: El Maestro
dice: «¿Dónde está mi sala, en la que voy a comer el cordero pascual con mis discípulos?». Él les
mostrará en el piso alto una pieza grande, arreglada con almohadones y ya dispuesta; prepárennos allí lo
necesario».

Los discípulos partieron y, al llegar a la ciudad, encontraron todo como Jesús les había dicho y
prepararon la Pascua. Al atardecer, Jesús llegó con los Doce.

Jesús quería para esa noche solo al colegio Apostólico y a este Colegio Apostólico le dio la orden “haced esto
en memorial mío” .Esta orden dada solo a hombres marca la característica sacerdotal católica en línea con la
del Antiguo Testamento donde solo hombres ministraban, con más razón en el nuevo.

¿Porque quería Jesús solo hombres? El Sacerdocio Ministerial católico surge en y por la Eucaristía; el
Sacerdote ministra “in persona Christi” o “como la persona de Cristo”. Hemos visto en este tema como el
Sacerdote representa a Cristo-Novio que se casa místicamente con la Iglesia-novia en la Eucaristía-bodas del
cordero. Pero una mujer no pude representar al Novio, ya que una mujer sacerdote sería una Novia que se une
místicamente a otra novia, algo que resulta extraño y más aún en el marco eucarístico. Esta es una razón clara
por la cual nadie tiene poder de ordenar mujeres al sacerdocio.

Un motivo cultural es que la Misa es un sacrificio y las mujeres jamás en Israel han realizado este tipo de ritual.
Cfr. El sacerdocio femenino por Manuel Guerra Gómez

Anexo 2: Algunos elementos judíos en la Iglesia católica que se


relacionan con el Israel bíblico.
Ya vimos en otra ocasión los aspectos liturgicos que aparecían en el libro del Apocalipsis , pero en esta ocasión
vamos a ver algunos elementos que se han conservado en la Iglesia como recibidos del judaísmo. Así tenemos
por ejemplo:

1. Las Vestiduras Episcopales y Sacerdotales de los Ministros Católicos cuando ofician en el Altar: Éxodo 28, 35/
Éxodo 40
2. Rito de Consagración de Obispos y Sacerdotes: Éxodo 29,6
3. Incienso: Éxodo 30, 1
4. Agua a la entrada del Templo: Éxodo 17
5. El carácter sagrado de los artículos litúrgicos: Éxodo 30, 26-29
6. El Óleo de la Unción: Éxodo 30, 22-25
7. La riqueza de lo ofrecido al Señor en el culto solemne: Éxodo 35,4
8. El Templo y la Sinagoga tenían un ciclo donde se leía la Thora durante todo el periodo de un año. La Iglesia tiene
el mismo periodo, donde lee los Evangelios en ciclos de un año.
9. El lugar central de la Sinagoga es el Aron Hakodesh que es un receptáculo cuadrado cubierto por una cortina
bordada y escoltado por una luz siempre encendida donde se guarda la Palabra de Dios. El centro de la Iglesia es
el Tabernáculo con una cortina bordada y una luz siempre encendida donde se guarda la Palabra de Dios
encarnada, Jesús el Cordero Eucarístico
10. Los judíos se cubrían la cabeza con el Kipa. El Obispo descendiente de los Apóstoles también se cubre la cabeza
con un Kipa llamado solideo.
11. Los judíos se ponían el Talit para orar, la Estola Sacerdotal es una descendencia de este Talit.
12. El Templo y la Sinagoga mantenían y mantienen una liturgia, la Iglesia también.
13. Los judíos tenían el Heren o excomunión. La Iglesia también.
14. Los judíos celebraban la Pascual. La iglesia también
15. Los judíos mantenían una sola interpretación de la Ley. La Iglesia también
16. El Templo se dividía en tres secciones: La sección de los fieles, la sección de los sacerdotes y el Santo de los
Santos donde oficiaba el Sumo Sacerdote que ofrecía el sacrificio. El templo Católico también se divide en tres
secciones: La Sección de los fieles, La sección de los Ministros (Presbiterio) y el Altar donde se ofrece el sacrificio
al Padre por medio de Jesús Sumo Sacerdote de la Iglesia.

Tipologías o prefiguras de la Misa en la Biblia

Hoy, día dedicado a la Eucaristía, termino esta serie de entradas pertenecientes a “la Misa en la Biblia”.

En el Antiguo Testamento encontramos muchos pasajes que nos van preparando a entender el sentido profundo
de la Misa. Se trata de una serie de Tipologías o Prefiguras de la Misa que vamos a intentar conocer en esta
entrada. Empezamos:

1. El Árbol de la Vida
El Génesis sitúa en el Paraíso dos árboles especiales. Uno de estos árboles es la primera prefiguración de la
Misa: “árbol de la vida”, que fue plantado por el mismo Dios en el Edén: El Señor Dios hizo brotar del suelo
toda clase de árboles hermosos para la vista y buenos para comer; además, el árbol de la vida en mitad
del jardín, y el árbol del conocimiento del bien y el mal (Gen 2,9).

Los árboles especiales eran pues el árbol de la Vida y el árbol de la ciencia del bien y del mal. Ambos estaban
en el centro del jardín. Al segundo árbol también se le ha llamado el “árbol de la muerte” conforme a lo que se
dice de él en Gen 2, 16-17: El Señor Dios dio este mandato al hombre: «Puedes comer de todos los árboles
del jardín, pero del árbol del conocimiento del bien y el mal no comerás, porque el día en que comas de él,
tendrás que morir». Como sabemos en el capítulo 3 del Génesis se narra el pecado original por la
desobediencia de nuestros primeros padres.

Pues bien, como consecuencia del pecado se dice en Gen 3,22: Y el Señor Dios dijo: «He aquí que el hombre
se ha hecho como uno de nosotros en el conocimiento del bien y el mal; no vaya ahora a alargar su mano
y tome también del árbol de la vida, coma de él y viva para siempre». Lo que nos interesa es precisamente
esta pequeña frase que se pone en boca del mismo Dios: “quien coma del árbol de la vida, vivirá para
siempre”. Según esto, el fruto del árbol de la vida tiene la propiedad de otorgar la vida eterna, es decir, de abrir
las puertas del cielo. Jesús es el fruto del árbol de la Vida: el mismo lo dijo en Jn 6, 51: Yo soy el pan vivo que
ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne por la
vida del mundo». Esta misma idea se repetirá varias veces más en el discurso eucarístico de Cafarnaúm. Se
trata pues de algo fundamental para la salvación.

El árbol de la vida es pues una Prefigura o Signo de la Misa en los siguientes aspectos:

 Es signo del amor de Dios Padre, que nos entrega a su Hijo para que tengamos la vida eterna: Jn 3,16: Porque
tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que
tenga vida eterna.
 Es Prefigura de la Virgen María, que nos da a Jesús, el fruto de su vientre, como dice Lc 1,42: y, levantando la
voz, exclamó: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!
 También es Prefigura de la Iglesia, en cuanto que nos otorga la gracia de la salvación (especialmente por los
sacramentos), actuando como un árbol de la vida (Cfr. CIC 1088).

En efecto, el árbol de la Vida es prefigura del árbol de la Cruz, donde fue colgado Jesús: el bendito fruto del
vientre de María. Si bien por comer el fruto del árbol prohibido (el de la ciencia del bien y del mal), entró en el
mundo el pecado y la muerte, ahora, sin embargo, por comer del nuevo fruto: a Jesucristo, volvemos a la vida
con Dios, a poseer la gracia, y con ella la vida eterna para el Cielo. Por tanto, ese fruto lo comemos en cada
Misa al comulgar el cuerpo y la sangre de Cristo.

——-

En la plegaría eucarística I de la Misa se nombra a tres personajes bíblicos que vamos a estudiar a continuación:
“Mira con ojos de bondad esta ofrenda y acéptala como aceptaste los dones del justo Abel, el sacrificio de
Abrahán, nuestro padre en la fe, y la oblación pura de tu sumo sacerdote Melquisedec”. Los estudiaremos a
continuación como prefiguras bíblicas de una parte de la Misa: ofertorio: ofrenda de la Misa.

2. La Ofrenda y el sacrificio de Abel


En Gn 4,3-5 se narra el sacrificio de ambos y se dice que El Señor se fijó en Abel y en su ofrenda, pero no se
fijó en Caín ni en su ofrenda. ¿Por qué el Señor miró mal a Caín y bien a Abel? Se dice que Abel ofreció lo
mejor (Abel ofreció las primicias y la grasa de sus ovejas) mientras que Caín ofreció algo de menos valor
(Caín ofreció al Señor dones de los frutos del suelo). Es decir Abel le ofreció a Dios lo mejor, algo que era
esencial para él, para su seguridad de futuro; con eso significaba que su seguridad y su confianza estaban en
Dios, se puso en manos de Dios, como se lee en Heb 11,4: “por la fe, Abel ofreció a Dios un sacrificio más
excelente que Caín“. La fe de Caín es más débil, más insegura… Esta fe lleva a la envidia y al asesinato de
Abel (inocente de todo; su sangre clama: Gn 4,10 y Heb 12,24).

Similitudes entre Abel y Jesús

Abel es pastor de ovejas; y Jesús es el Buen pastor. Abel ofrece primogénitos de su rebaño; Jesús, el
primogénito de Dios, se ofrece en sacrificio a sí mismo. El sacrificio de Abel fue agradable a Dios; el de Jesús
es el único y verdadero sacrificio agradable a Dios. Abel, siendo inocente, es sacrificado por la envidia de su
hermano Caín; Jesús, siendo inocente, es sacrificado por la envidia de algunos de sus hermanos judíos. Ni Abel,
ni Jesús ofrecieron resistencia en su muerte. La sangre derramada de Abel y la de Jesús clama poderosamente al
cielo.

Podemos concluir que el sacrificio de Abel es Prefigura y tipo del sacrificio de Jesús. Ambos son inocentes; son
asesinados a manos de sus hermanos y su sangre clama al cielo. Dios vio en la injusta muerte de Abel un
adelanto de la injusta de muerte de su hijo que murió sin haber cometido pecado. Por eso nuestra ofrenda en la
Misa será aceptable a Dios si la hacemos con fe, confianza y abandono total como hizo Abel.

3. El sacrificio de Abraham
Abram fue llamado por Dios para dejar a su país, a los de su raza y a la familia de su padre (Gn 12,1-2) y Dios
le cambio el nombre en Abraham, que significa padre de muchedumbres o de muchos pueblos (Gn 17,5).

Hay dos sacrificios en los que participa Abraham y que recuerdan a la Misa. El primero es cuando Dios hace
una alianza con Abraham, en la que se compromete a darle la tierra de Canaán (Gn 15,9-10). Solo Dios pasa por
en medio de los animales sacrificados, Abraham no lo hizo (Gn 15,17-18), por tratarse un pacto unilateral, en el
sentido de que Dios se pagará así mismo el incumplimiento del pacto por nuestra parte, tal y como Isaías dice:
Pero él soportaba nuestros sufrimientos y cargaba con nuestras dolencia, y nosotros lo considerábamos
golpeado, herido por Dios y humillado. Él fue traspasado por nuestras rebeldías y triturado por nuestras
iniquidades. El castigo que nos da la paz recayó sobre él y por sus heridas fuimos sanados (Is 13,4-5).

El segundo sacrificio es el de su hijo Isaac. Dios probó así la fe de Abraham (Gn 22,1-2). Abraham fue solo con
su hijo al monte Moria para adorar a Dios (Gn 22,4-6; este sacrificio iba a ser un acto de adoración a Dios). El
lugar de Moria es Jerusalén según se afirma en 2 Cr 3,1: Salomón comenzó a construir la Casa del Señor en
Jerusalén, sobre el monte Moria, donde el Señor se había aparecido a su padre David… A continuación
Isaac hace una pregunta a su padre que es fundamental para descubrir el sentido de prefigura de la Misa: Isaac
rompió el silencio y dijo a su padre Abraham: «¡Padre!». El respondió: «Sí, hijo mío». «Tenemos el fuego
y la leña, continuó Isaac, pero ¿dónde está el cordero para el holocausto?». «Dios proveerá el cordero
para el holocausto», respondió Abraham. Y siguieron caminando los dos juntos. (Gen 22,7-8). En efecto
Jesús fue el Cordero que Dios proveyó para el sacrificio. También hemos de decir que no hubo resistencia por
parte de Isaac a su anciano padre y se ofrece silenciosamente a Dios.

Paralelismos entre Isaac y Jesús.

Ambos nacieron milagrosamente y son hijos únicos muy amados de su padre. Obedecieron dócilmente al padre.
Dejaron su tierra para ir al lugar del sacrificio (monte Moria: Jerusalén), llegaron a Jerusalén en un asno (Gn
22,3). El sacrificio fue en un monte y los acompañantes no llegaron hasta el altar (=lugar del sacrificio). Ambos
cargaron con el madero-leña del sacrificio y fueron subidos sobre dicha carga. Isaac es atado con cuerdas, al
igual que Jesús fue atado con clavos. Isaac no murió aunque Abraham creía en su resurrección; Jesús muere y
resucita: Pero Abrahán pensó que Dios tiene poder hasta para resucitar de entre los muertos, de donde en
cierto sentido recobró a Isaac. (Heb 11, 19). Isaac sacrifica a un carnero trabado por los cuernos en las espinas
de una zarza; Jesús lleva en la cabeza una corona de espinas. El lugar de Isaac fue sacrificado un carnero y en
lugar nuestro es sacrificado Jesús (Cordero de Dios que quita los pecados del mundo). Tanto Isaac como Jesús
regresan después de esto a sus respectivos padres.

En conclusión podemos decir que a la luz del Nuevo Testamento la narración del sacrificio de Abrahán e Isaac
se comprende como una alegoría del sacrificio de Jesús en la cruz. La generosidad de Abrahán, dispuesto a
sacrificar a su único hijo, el amado (Gn 22,2), prefiguraba la magnanimidad de Dios, que «tanto amó al
mundo que le entregó a su Hijo Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida
eterna» (Jn 3,16). La entrega de Isaac evoca la plena disponibilidad de Cristo, que aceptó plenamente ser
entregado a la muerte. Con el sacrificio de Jesús se hace posible que la mediación sacerdotal del pueblo nacido
de Abrahán fuera eficaz ante todas las naciones «de modo que la bendición de Abrahán llegase a los gentiles
en Cristo Jesús» (Ga 3,14a).

La tradición litúrgica de la Iglesia ha visto, pues, en esa acción un anticipo de la generosidad de Dios Padre que
nos proporciona la ofrenda más agradable que podemos ofrecerle: Jesucristo, su propio Hijo, verdadero cordero,
ofrecido en sacrificio en la cruz. Así lo reconoce al proclamar la Plegaria Eucarística I: «te ofrecemos, Dios de
gloria y majestad, de los mismos bienes que nos has dado, el sacrificio puro, inmaculado y santo…».

4. Melquisedec ofrece pan y vino


Otro gran personaje es Melquisedec que aparece por primera en Gen 14,18-20: Entonces Melquisedec, rey de
Salén, sacerdote del Dios altísimo, sacó pan y vino, y le bendijo diciendo: «Bendito sea Abrán por el Dios
altísimo, creador de cielo y tierra; bendito sea el Dios altísimo, que te ha entregado tus enemigos». Y
Abrán le dio el diezmo de todo. Llama la atención que es sacerdote del Dios Altísimo y que ofrece pan y vino.
Y después le da su bendición a Abrahán. Todo esto nos recuerda a Jesucristo ofreciendo pan y vino en la última
cena. Esto convierte a Melquiseded en una clara prefigura de Jesús. En el salmo mesiánico 110 se confirma la
imagen mesiánica y su relación con el sacerdocio de Melquisedec en los versículos 3-5: «Eres príncipe desde
el día de tu nacimiento entre esplendores sagrados; yo mismo te engendré, desde el seno, antes de la
aurora». El Señor lo ha jurado y no se arrepiente: «Tú eres sacerdote eterno, según el rito de
Melquisedec». El Señor a tu derecha, el día de su ira, quebrantará a los reyes. Se dice por tanto que el
mesías sería Sacerdote eterno a la manera de Melquisedec, que no ofrece sacrificios de animales, que era lo
propio del sacerdocio levítico, sino que ofreció pan y vino.
Similitudes entre Melquisedec y Jesús

En la carta a los Hebreos que continuamente compara a Jesús con Melquisedec (especialmente los capítulos del
5 al 9), nos dice por ejemplo en Heb 7, 2-3: y recibió de Abrahán el diezmo del botín. Su nombre
(Melquisedec) significa, en primer lugar, Rey de Justicia, y, después, Rey de Salén, es decir, Rey de Paz.
Sin padre, sin madre, sin genealogía; no se menciona el principio de sus días ni el fin de su vida. En
virtud de esta semejanza con el Hijo de Dios, es sacerdote perpetuamente. La misteriosa figura sacerdotal
de Melquisedec (Gn 14,18-20) es presentada como tipo del sacerdocio de Cristo, ya que Jesús, aunque no
pertenece a la familia de Aarón, es realmente sacerdote. Melquisedec, del que no se menciona su origen ni su
destino final en el libro del Génesis, sino sólo su encuentro con Abrahán, prefigura la eternidad de su
sacerdocio (cf. Hb 7,1-3).

Melquisedec significa: rey de justicia; Jesús es Nuestra Justicia ante Dios y también es Rey. Melquisedec es el
rey de Salen (es común decir que se trata de Jerusalén); Jesús es rey de la Nueva Jerusalén. Melquisedec es
sacerdote del Dios Altísimo; Jesús es nuestro Sumo y Eterno Sacerdote ante Dios. Melquisedec es rey de paz;
Jesús es príncipe de la paz según la profecía Is 9,5: Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado:
lleva a hombros el principado, y es su nombre: «Maravilla de Consejero, Dios fuerte, Padre de eternidad,
Príncipe de la paz». Melquisedec ofrece pan y vino; Jesús ofrece pan y vino que son su cuerpo y su sangre.
Aunque hay similitudes en la ofrenda, Jesucristo y la de Melquisedec, Jesucristo la supera infinitamente al ser
su Cuerpo y su Sangre.

5. La Pascua
El pasaje de la Biblia hebrea que ha tenido mayor impacto, tanto en la tradición judía como en la cristiana, es el
que narra en el libro del Éxodo la portentosa liberación del pueblo Israel de la esclavitud a la que estaba
sometido en Egipto (cf. Ex 12,1-51). La celebración de la solemnidad de la Pascua fue el contexto que Jesús
eligió para la institución de la Eucaristía, anticipando en ella sacramentalmente el sacrificio que llevaría a cabo
en la cruz. Por eso, el memorial de la noche pascual recibe su sentido pleno en el Nuevo Testamento. Cristo,
mediante su oblación y sangre derramada en la Cruz, es el auténtico cordero pascual que nos ha rescatado de
la esclavitud del pecado para darnos la verdadera libertad (cf. Ga 5,1). En consecuencia, los primeros cristianos
meditaban con frecuencia, a la luz de esos hechos, cada uno de los detalles del ritual de la Pascua. (cfr. San
Agustín: en Tratado sobre el Evangelio de San Juan, 50,2 [BAC 165,197]). O cuando san Beda dice que la
noche de la Pascua es la noche en que Dios pasó para liberar a su pueblo de la esclavitud, y explica que la
Pascua designa en la doctrina cristiana la verdadera liberación en Homilías sobre los Evangelios, 2,5 [CCL
122,214]).

La Pascua por excelencia es, pues, ese paso de Cristo al Padre, a través de la muerte sufrida en la Cruz y
su gloriosa resurrección. Por eso, la más plena celebración de la Pascua es la que tiene lugar cada vez que se
celebra la Eucaristía, ya que en ella se actualiza la Pascua de Cristo, el sacrificio que ofreció una vez para
siempre para conseguir nuestra redención. Pues, como lo formula de modo sintético y profundo el Concilio
Vaticano II: «cuantas veces se renueva en el altar el sacrificio de la Cruz, en el que Cristo, nuestra Pascua, fue
inmolado, se realiza la obra de nuestra redención» (Lumen gentium, 3).

6. El maná
En la relectura cristiana de los acontecimientos del Éxodo que encontramos en el Nuevo Testamento, el maná
(cf. Ex 16,1-36) se comprende como figura de la eucaristía, el cuerpo de Cristo, verdadero «pan del cielo».
Así se explica largamente en el discurso de Jesús en la sinagoga de Cafarnaún (cf. Jn 6,48-51). En ese sentido se
mueven las continuas alusiones al maná que se hacen en las homilías o escritos catequéticos de los Padres de la
Iglesia: «Entonces el maná era alimento en enigma, ahora claramente la carne del Verbo de Dios es verdadero
alimento» (Orígenes. Homilías sobre Números 7,2; también San Cirilo de Alejandría desarrollará el paralelo
entre el maná y la carne de Cristo en su Comentario a San Juan, lib. IV, c. 2). El paralelismo se desarrolló
atendiendo también otros aspectos. Así, lo mismo que el maná, la eucaristía es el pan de cada día, que pedimos
en el Padre nuestro, alimento para el camino, que otorga fortaleza para superar las dificultades.

7. La Misa y la imagen del Cordero

La Cena Pascual judía, la Última Cena de Jesús y su muerte en la Cruz

Seguimos con “la Misa en la Biblia”. Esta vez dedicamos dedicamos la entrada al concepto de Cena Pascual y
su relación con la pasión y muerte de Cristo en la Cruz.

La Cena Pascual judía


En Ex 12,14 se dice: Este será para ustedes un día memorable y deberán solemnizarlo con una fiesta en
honor del Señor. Lo celebrarán a lo largo de las generaciones como una institución perpetua.

La fiesta hebrea de la Pascua –Jag Hapesaj en hebreo-, consistía en un Sacrificio y una Cena.

1. Para el Sacrificio debían elegir “un animal sin ningún defecto, macho y de un año; podrá ser cordero o cabrito”
(v.5) que se sacrificaba a la caída de la tarde en el Templo; la sangre del cordero se recogía en un recipiente que
se llevaba a la casa para rociar las jambas de las puertas en recuerdo de la liberación de Israel de la esclavitud de
Egipto.
2. La Cena tenía un marcado carácter litúrgico centrado en el ritual Hagada shel pesaj (que es un libro donde se
narra el relato del Éxodo sobre la liberación de Israel, comentarios de la Midrash, material del Talmud, plegarias,
bendiciones y Salmos; su origen se remonta a la época del Segundo Templo) y en el Seder (que es el orden en
que se ha de desarrollar esta cena).

Veámoslo con más detalle estos dos elementos. La Cena Pascual judía se compone de los siguientes elementos:

1. Kadesh o santificación (es una bendición sobre el vino).


2. Rejatz o lavado de las manos
3. Verduras (generalmente perejil o rábano remojado en agua salada).
4. Yajatz, la división de la Matza intermedia (tres panes sin levadura), con el Afikoman para el postre, que se
esconde la mitad, y al final de la cena se busca y tras partirlo en trozos se reparte entre los invitados.
5. Maguid, o relato de la historia (hagada) con sus cuatro preguntas y la consiguiente narración
6. Rajatz, segundo lavado de las manos, ahora por todos los presentes antes de partir el pan
7. Motzi-Matza, o bendiciones sobre el pan
8. Maror, es la hierba amarga remojada en Jaroset (mezcla de manzanas y nueces).
9. Corej, la comida del matza y maror.
10. Shuljan Orej, es la mesa para la comida del Seder, que se hace después de la Cena.
11. Tzafun, es la búsqueda del Afikoman que se había escondido (quien lo encuentra recibe un premio). Después se
reparte entre los invitados como último recuerdo del cordero pascual.
12. Barej, bendición y acción de gracias.
13. Nirtzah, despedida del Seder.

Este es el orden de la cena Pascual desde los tiempos bíblicos hasta el día de hoy. Se trata de una comida llena
de simbolismos, donde se mezcla el cordero inocente que muere por la salvación de Israel y la esperanza de la
futura redención simbolizada en las cuatro copas del Seder Pascual:

1. Copa de la Bendición
2. Copa de las Plagas
3. Copa de la Redención
4. Copa de las Alabanzas
5. Copa de Elías (esta copa no se bebe, se deja simbólicamente en una esquina de la mesa a la espera de que la
beba Elías cuando llegue).

Con estas copas se simbolizan las 4 acciones divinas que Dios realizó en Ex 6, 6-7: Por eso, anuncia esto a los
israelitas “Yo soy el Señor. Yo los libraré de los trabajos forzados que les imponen los egipcios, los salvaré de
la esclavitud a que ellos los someten, y los rescataré con el poder de mi brazo, infligiendo severos y justos
castigos. Haré de ustedes mi Pueblo y yo seré su Dios. Así tendrán que reconocer que soy yo, el Señor, el que
los libró de los trabajos forzados de Egipto”.

La Cena Pascual judía y la Última Cena de Jesús


Pues bien, én Lucas 22, 15-16, Jesús dice: «He deseado ardientemente comer esta Pascua con ustedes antes
de mi Pasión, porque les aseguro que ya no la comeré más hasta que llegue a su pleno cumplimiento en el
Reino de Dios».

¿Qué tiene de especial esta Pascua para que Jesús la desee comer ardientemente?

Esta Pascua es la Pascua de la Pascuas: esa noche se realizó de forma plena y definitiva la Liberación y
Redención; esa noche Jesús consuma el paso de la Antigua a la Nueva y Eterna Alianza y nos da las pautas para
celebrarla.

Recordemos que el Cordero pascual se sacrificaba por la salvación de los que se cobijaban bajo su sangre y se
comía íntegramente en la Cena-celebración de la Pascua. Pero en la Última Cena, al adelantarse al jueves, no
hubo cordero sacrificado.

Nota 1: En efecto, es muy significativo que ningún evangelista nos muestra la presencia de cordero en dicha
cena, algo impensable en esta celebración ya que el cordero era uno de los ingredientes principales en la Pascua.
Esto tiene su explicación: en las leyes orales (hoy Mishna) se decía que si alguien tenía impedimento serio
(como salir de viaje) podía celebrar la cena moviéndola antes de la Pascua, Jesús tenía que morir la víspera de la
fiesta y por este motivo adelanta la cena. Los que adelantaban la cena no podían tener cordero pascual, pues el
cordero se sacrificaba solamente en el templo “entre la caída de las dos tardes”; estas personas ponían un hueso
asado en señal del cordero realizando la celebración Pascual tal como se celebra hoy en día por los israelitas
(cfr. apologeticasiloe.com)
Así que Jesús, aprovechó esta circunstancia, como veremos más adelante, para poner de manifiesto que Él iba a
ser el Cordero Pascual sacrificado y ofrecido por el perdón de los pecados. Juan dejó claro desde el principio de
su evangelio este misterio al atribuir a Jesús el título de: “este es el Cordero de Dios” (Jn 1, 36). Título nunca
dado a ningún personaje bíblico, y que relaciona directamente a Jesús con el “Cordero Pascual”. Jesús es pues el
Cordero Pascual de la Nueva Alianza.

Según Lucas, Jesús bebió de dos copas (Lc 22, 17.20), pero no de la tercera. Es decir, bebería de la primera
copa, la de “bendición” al comienzo de la cena, diciendo las palabras judías acostumbradas: Baruc ata Adonai
eloheinu, melech Olum baray peri hagofen… (“bendito seas Señor, Rey del Universo, por el vino…”). Después
les dio de la segunda copa (la de “las plagas”), a sus discípulos y bebió el también: “Y tomando una copa, dio
gracias y dijo: «Tomen y compártanla entre ustedes. Porque les aseguro que desde ahora no beberé más
del fruto de la vid hasta que llegue el Reino de Dios» (Lc 22,17-18). Después llegó el Afikomán: Luego
tomó el pan, dio gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: «Esto es mi Cuerpo, que se entrega
por ustedes. Hagan esto en memoria mía» (Lc 22,19). Por último, Jesús tomó la tercera copa, que según el
Seder Pascual es la copa de “la Redención”: “Después de la cena hizo lo mismo con la copa, diciendo: Esta
copa es la Nueva Alianza sellada con mi Sangre, que se derrama por ustedes” (Lc 22,20). Pero según las
misteriosas palabras dichas al final de la anterior copa (Lc 22,18) Jesús ya no volvió a beber de esta copa. Más
aún, en un momento determinado, se levanta abrúptamente y sale hacia el huerto… Hecho verdaderamente
insólito, pues los judíos tenían que terminar la Cena Pascual, o no se daba por cumplido el precepto ni la
renovación de la Alianza de ese año.

Aparentemente no se había cumplido el Seder Pascual, pero no. Al igual que no hubo cordero pascual porque
Él iba a ocupar el lugar del Cordero, Él iba a ser el Cordero que se sacrifica en la Cruz; tampoco ahora bebe la
copa de la Redención porque la va a beber en la Cruz. Veamos

La última Cena de Jesús y su pasión y muerte en la Cruz


Tanto al referirse a la Cena como en la Copa Jesús había afirmado unas palabras misteriosas: que no volvería a
comerla (la Cena) hasta que llegue a su pleno cumplimiento en el reino de Dios (v.16); o que no la bebería (la
copa o cáliz) hasta que llegue el Reino de Dios (v.18). ¿Qué quiere decir Jesús con esto? Él había predicado que
el Reino de Dios estaba en hacer la Voluntad de su Padre.

De hecho, en el huerto de Getsemaní Jesús repetirá: “Padre, aparta esta copa (caliz) de mí, pero que no se
haga mi voluntad sino la tuya”. Hay una gran conexión entre esta copa y el Seder de la Cena Pascual. Unos
minutos antes Jesús, en el aposento alto, ha rehusado beber de la tercera copa. Y he aquí que ahora pide a su
Padre que “no se la haga beber”. Se trata de la copa de la Redención con todo lo que ello significa.

Será Mateo 27, 34 quien nos dirá que en el Calvario “le dieron a beber vino mezclado con hiel, Jesús lo
probo, pero no quiso beberlo”. Jesús fiel a lo prometido en la Cena rehusó tomar el vino. Sin embargo, san
Juan, testigo presencial de la muerte de Cristo en la Cruz, nos dice que Jesús mismo pidió más tarde ese vino
con hiel (vinagre) y lo bebió en lo alto de la Cruz: Después, sabiendo que ya todo estaba cumplido, y para
que la Escritura se cumpliera hasta el final, Jesús dijo: Tengo sed. Había allí un recipiente lleno de
vinagre; empaparon en él una esponja, la ataron a una rama de hisopo y se la acercaron a la boca.
Después de beber el vinagre, dijo Jesús: «Todo se ha cumplido». E inclinando la cabeza, entregó su
espíritu (Jn 19,29-30).

Nota: El vino se lo presentan a Jesús en una esponja que ponen en una caña de hisopo, y el hisopo era lo que se
utilizaba para rociar la sangre del cordero en los marcos de las puertas hebreas en la noche de la Pascua.

Tras beber el vinagre Jesús dice: Todo está cumplido. Este vinagre (del latín «vinum acre», «vino agrio»)
bebido por Jesús en la Cruz da cumplimiento a la misión Redentora de Jesús.
El Reino de Dios es el Reino de aquellos que hacen la Voluntad de su Padre. Jesús en lo alto de la Cruz está en
lo más perfecto de la Voluntad del Padre. Por lo tanto, en lo alto de la Cruz, Jesús está en la plenitud del Reino
de Dios, y es aquí, en esta plenitud de la voluntad del Padre donde Jesús bebe la tercera copa de la Cena
Pascual, su Copa de la Redención. De este modo se conecta el Cenáculo y el Calvario, la Cena Pascual y el
Sacrificio y con esto se termina la Antigua Alianza y comienza la Nueva, todo ligado por la Cena Pascual de
Liberación y Redención, la Cena del Cordero.

Por lo tanto, la Cena Pascual de Jesús termina en la Cruz. A esto se refería Jesús cuando decía en Cana de
Galilea que “aún no había llegado su hora”, la hora de Jesús llegó en lo alto de la Cruz, esta es la boda que El
esperaba, la boda mística del Cordero con la Iglesia, donde El dio vino nuevo, el vino de la Nueva Alianza.