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XXVIII Congreso Internacional de Americanística – Mérida 25, 26, 27, 28 y 29 octubre 2006.

pp. 231-237

Vestimenta de las estatuillas antropomorfas incas en el


contexto de la capacocha: un estudio preliminar

Isabel Martínez Armijo


Universidad Bolivariana - Centro de Arte Textil Pawllu, Santiago de Chile

Introducción
Entre Perú, Argentina y Chile, en la cordillera de los Andes, se hallan en las cumbres de algunos cerros,
nevados y volcanes santuarios de altura construidos y utilizados por los Incas como escenario de una de sus
más importantes ceremonias: la capacocha. El momento culminante era el sacrificio de niños y jóvenes mujeres
acompañados de ofrendas como las estatuillas antropomorfas y zoomorfas de metal y Spondylus, entre otros.
Estos sacrificios y ofrendas estaban destinados a las huacas más importantes del Tahuantinsuyu, las cuales
eran, junto con el Inca, los garantes del equilibrio universal. Diversas son las interpretaciones que se han
hecho en relación a la capacocha, las que resaltan principalmente sus implicaciones políticas, sociales y
económicas (DUVIOLS P. 1976; REINHARD J. 1983; SCHOBINGER J. 2001; CERUTI M. C. 2003). Aquí se
plantea que uno de los fines de este ritual era el establecimiento de una doble comunicación: una en sentido
vertical, con las divinidades, y otra en sentido horizontal, entre los hombres, o sea, entre la periferia y el
centro representada por la ciudad del Cusco. De esta forma se fortalecía y mantenía periódicamente la unidad
del Estado. Mientras el Inca, en las personas de sus sacerdotes, llevaba a cabo el sacrificio según el eje vertical
estableciendo contacto con las divinidades para asegurar la reproducción del Estado, vale decir, la fertilidad de
hombres, animales y vegetales, y así del cosmos en su totalidad, creaba a la vez una correlativa comunicación
según el eje horizontal. Esta última consistía en la relación de reciprocidad y redistribución mediante la cual el
soberano aseguraba a nivel microcósmico lo que las divinidades aseguraban a nivel macrocósmico, es decir, la
unidad y equilibrio del Tahuantinsuyu. Durante el desarrollo de esta ceremonia se entablaban nuevos lazos y
se reforzaban los ya existentes entre los curacas locales y el Inca. Asimismo, en base a algunas fuentes
históricas, Tom Zuidema (1989: 139) plantea que al asumir el poder un nuevo gobernante utilizaba esta
ceremonia para organizar su administración y establecía un nuevo orden jerárquico de las huacas para legitimar
su poder. Así, la redistribución de las ofrendas estaba sujeta, en parte, a esta jerarquía siendo unas huacas más
favorecidas que otras según este sistema.
Para efectos de este estudio se analizaron (1) y compararon las vestimentas de dieciséis estatuillas masculinas y
diecinueve femeninas provenientes de ocho santuarios de altura: volcán Llullaillaco, cerro Gallán, nevado
Mercedario, cerro Aconcagua (Argentina); volcán Pili, cerro Copiapó, cerro Las Tórtolas y cerro El Plomo
(Chile). Estas figurillas, que miden generalmente entre 50 y 150 mm de alto, llevan puesta la típica
indumentaria de estilo inca la cual fue altamente estandarizada. Todas estas prendas son una reproducción fiel
en miniatura de la vestimenta que usaba la clase gobernante, por lo que se plantea que estas estatuillas
representaban a los personajes pertenecientes a las diversas panacas, a mujeres de la elite central y provincial,
así como a ciertas clases de acllas.
Estatuillas masculinas
Estas figurillas fueron confeccionadas en tres materiales: oro, plata y valva de Spondylus, y poseen diversos
atributos que las caracterizan, tales como el llautu alrededor de la cabeza, los lóbulos de las orejas alargados y
perforados, la protuberancia en uno de los pómulos, generalmente el izquierdo, que indica el consumo de
hojas de coca, el miembro masculino erecto y finalmente la vestimenta. Los tres primeros atributos los
encontramos principalmente en las estatuillas de metal de más fina elaboración que las realizadas en valva de
Spondylus, mientras que el último, y más importante en el contexto de este trabajo, es característico de todas
las figurillas masculinas. La indumentaria consiste básicamente de un uncu, de una yacolla, de un tocado que se
presenta, a parte del llautu, como penacho de plumas y, en algunos casos, de un canipu, y una chuspa. En base a
piezas arqueológicas y museológicas, se sabe que las túnicas fueron altamente estandarizadas en cuanto a
material, forma e iconografía. Esta afirmación se basa en el importante trabajo de John Rowe (1999) quien
hizo una clasificación de los uncus incas más recurrentes y dos de los cuales se hallan asociados a las estatuillas
masculinas: 1) el uncu ajedrezado con el motivo de “llave inca” y 2) el uncu ajedrezado con escaques en blanco
y negro y canesú rojo. Un tercer tipo identificado en las túnicas de las estatuillas es el de cuerpo llano en
negro, verde o amarillo (ABAL C. 2003: 227). La otra prenda importante que fue descrita por los cronistas, y
hallada en algunos contextos arqueológicos, es la yacolla. Esta siempre se presenta de un solo color, sea claro u
oscuro con una terminación de borde monocromo o bicromo. Por las evidencias etnohistóricas y
arqueológicas se sabe que los personajes de alto status social eran los únicos en poder usar prendas
confeccionadas con la tela llamada cumbi, cuyas características eran: el uso de hilo de pelo de camélido como la
alpaca y la vicuña –este último exclusivamente para el Inca-, hilos teñidos, los cuales eran un símbolo de
prestigio, y la presencia de motivos denominados tocapu. Estos, como por ejemplo el mismo uncu de tipo
ajedrezado en blanco y negro y el cuadrángulo que encierra el diseño de la “llave inca”, habrían sido, de
acuerdo a varios investigadores, insignias o símbolos heráldicos que distinguían a los diversos linajes o
personajes reales incas (ROWE A. P - ROWE J. 1996: 464). Dichos atributos son indicadores importantes para
respaldar la hipótesis planteada en este trabajo, según la cual estas estatuillas antropomorfas constituirían un
sacrificio de sustitución y estarían representando a la panaca del Inca o a personajes de alto rango
emparentados al mismo.
Por razones de orden comparativo, en este trabajo se agruparon las estatuillas, a parte del tipo de vestimenta,
por los materiales con los cuales fueron confeccionadas. Esta clasificación tiene su justificación en la
importancia y status de éstos en la cosmovisión inca. Estos elementos tenían un orden de prestigio
establecido: primero el oro, segundo la plata y tercero el cobre (PÄRSSINEN M. 2003: 165). El Spondylus o mullu
fue también un material con un alto status, quizás tan noble como los metales mencionados anteriormente
(DRANSART P. 1995:4) y, por lo expuesto por Martín de Murúa (citado en SILVERBLATT I. 1990), las conchas
de Spondylus eran consideradas como “hijas” de la Madre Mar que tuvieron relación exclusivamente con las
ceremonias, siendo un bien de prestigio importante.
El uncu ajedrezado con el motivo de la “llave inca” (Fig. nº 1), según Rebeca
Stone-Miller (1994) y Carmen Arellano (1999), se relacionaría con la
administración del Estado y en base a la muestra tomada en cuenta, las figurillas
que portan este tipo de túnica fueron confeccionadas en oro y mullu y llevan un
penacho de plumas de tonos similares (amarillo y naranjo) y una yacolla blanca.
Dos de ellas de oro, ambas asociadas a infantes sacrificados (Aconcagua y
Llullaillaco), a pesar de haber sido halladas en diferentes sitios son muy similares
entre sí en cuanto a material, tocado y vestimenta (2). Podemos conjeturar,
entonces, que estarían representando a la panaca real, probablemente del Inca
Huayna Capac (3), que habría gobernado en el momento de la afirmación o
reafirmación de las alianzas con grupos locales selladas mediante estas capacochas.
Esto no significa que se celebraran al mismo tiempo, sino que posiblemente en
diferentes momentos bajo el mando de este gobernante. En este contexto estas
estatuillas habrían sido los acompañantes de los niños sacrificados
(SCHOBINGER J. 1985, citado en CERUTI M. C. 2003: 116).

Figura nº 1: Uncu con el motivo de la “llave inca” (dibujo Isabel Martínez).

Una tercera estatuilla de oro (4) fue encontrada en el conjunto de ofrendas S-A del Llullaillaco (CERUTI M. C.
2003), y al haber sido depositada en un conjunto diverso del anterior en ese mismo santuario, podemos
plantear que también estaría representando a esta panaca, pero formaría parte de otra capacocha realizada en el
mismo sitio. Como ya dijimos, esta ceremonia se daba en diversas ocasiones, sea cíclicamente como en
momentos especiales.
En cuanto a las figurillas de valva de Spondylus (Llullaillaco) (5) la diferencia con las anteriores radica
principalmente en el material de confección de las mismas. El mullu estaba estrechamente relacionado con las
ceremonias, más específicamente con los rituales de fertilidad. Si nos basamos en la vestimenta que portan
podemos avanzar que podrían estar representando a una parte de la panaca real de Huayna Capac dedicada al
culto, quizás a algún sacerdote estrechamente emparentado con el soberano, cuya función habría sido la de
invocar a las divinidades para asegurar la reproducción de la vida (humana, animal y vegetal). Las estatuillas
que visten este tipo de uncu nos estarían indicando que estas huacas (Aconcagua y Llullaillaco) fueron muy
importantes durante el gobierno del Inca ya mencionado y que por esta razón ahí se realizó una sucesión de
ofrendas con la representación de su linaje. Probablemente, se reforzaban alianzas periódicamente con las
poblaciones de esas zonas por al menos dos razones: 1) estas pudieron haber enviado grandes tributos al
Cusco durante esta ceremonia y el gobernante, a través del mecanismo de reciprocidad, habría retribuido a
estas huacas con grandes ofrendas y 2) si seguimos el planteamiento de María Constanza Ceruti (2003), esta
valiosa cantidad de ofrendas, especialmente del Llullaillaco, podría haber sido el resultado de la demostración
de poder por parte del Inca en relación a la zona, quizás no plenamente subyugada al Tahuantinsuyu.
El uncu ajedrezado en blanco y negro es el más frecuente entre las estatuillas masculinas de cinco sitios
diferentes tomados en cuenta y se asocia a tocados en los tonos amarillo-naranjo y negro, así como a una
yacolla café (Llullaillaco, Mercedario, Aconcagua, Copiapó y Las Tórtolas) (6). Según algunos investigadores,
esta pieza se denominaba collcapata y era un símbolo inca de la conquista (SINCLAIRE C. 2001: 53; ABAL C.
2003) siendo registrada por uno de los primeros cronistas del Perú, Francisco de Xérez en 1534 (STONE-
MILLER R. 1994: 172). Estos uncus eran llevados por un escuadrón de Incas que barrían el suelo precediendo
a Atahualpa al momento del encuentro con Pizarro en Cajamarca. Para Stone-Miller (1994: 172), estos uncus
pudieron ser llevados por líderes militares de alto rango, siendo un regalo especial por parte del soberano, en
cambio, para Clara Abal éstos se relacionarían con personajes dedicados al culto ya que la mayoría de las
estatuillas que lo visten fueron hechas en Spondylus (2003: 229). Un dato interesante relacionado con este tipo
de túnica lo hallamos en Cristóbal de Albornóz: «E sacan a estos bailes en muchas provincias las divisas de los
vencimientos // de las naciones que han debelado, en especial de las armas del inga y sus dibisas, ansí en
bestidos como en armas, y de los capitanes valerosos que ha havido entre ellos, como son sus bestidos
ajedrezados [...]» (1967 [1568?]: 22). Esto refuerza lo planteado por Stone-Miller: estas prendas habrían sido
llevadas por guerreros, conquistadores de nuevos territorios para anexarlos al Tahuantinsuyu. Flores Ochoa
(1997: 727) y Abal (2003) llaman missa a este uncu ajedrezado. Este término se aplica a animales y objetos que
presentan mitades de diferentes colores y representa el principio de oposición complementaria que está muy
arraigado en la cosmovisión andina. Por otra parte, si se extiende una pieza de este tipo vemos que el canesú
toma la forma de un rombo escalonado en el centro del textil (7) y esta figura puede estar representando las
cuatro partes que conformaban el Tahuantinsuyu, en cuyo centro estaba el portador de dicha prenda. En
todos los ejemplos conocidos de este tipo de túnica el canesú es rojo y este color se relacionaba con el Inca,
lo masculino, el hanan. Se puede proponer, entonces, que en esta pieza se refleja el principio unificador así
como el concepto de equilibrio. Si este tipo de pieza representaba la conquista inca y sus portadores eran jefes
militares de alto rango, lo propuesto adquiere más claridad: estos personajes habrían sido los encargados de
anexar nuevos territorios al Tahuantinsuyu, pero a la vez mantenerlos unificados; estarían representando el
centro -el Cusco- como ente unificador y de equilibrio del Estado y las figurillas de mullu personificarían a
individuos encargados de realizar ritos para reforzar, desde el punto de vista ceremonial, esta unificación.
Finalmente, tenemos el uncu llano que se asocia a estatuillas de plata y mullu (Aconcagua, Llullaillaco, Gallán y
Pili) (8). Margarita Gentile (1996: 71) propone que la figurilla de plata del Aconcagua representaba a un curaca
de la zona del Chinchaysuyu, el mismo que podría haber ofrecido la capacocha. Asimismo, en el sitio de
Quebrada de la Vaca, costa sur de Perú, se halló una chullpa con individuos femeninos y masculinos, y entre la
vestimenta de estos últimos se registraron túnicas llanas que pertenecieron a funcionarios provinciales de la
zona (KATTERMAN G. 2003: 270). Entonces, las estatuillas asociadas a este tipo de prenda podrían haber
personificado a jefes locales y su presencia en estos sitios habría evidenciado la alianza entre éstos, la periferia,
y el Inca, el centro del Estado.
Por otra parte, algunas estatuillas masculinas llevan, como adorno cefálico, una placa trapezoidal de metal
(oro o plata) llamada canipu (9). Según los dibujos de Guaman Poma de Ayala (1993 [1615]), estas piezas de
forma rectangular o trapezoidal eran parte del tocado que llevaban los personajes de la elite de la porción
hanan del Cusco. Finalmente, reforzando nuestra hipótesis, tenemos un dato que nos da Juan de Betanzos
cuando habla de la fundación de la plaza Aucaypata por parte del Inca Pachacutec:

«[...] enterraron unos bultos de oro de largor de un dedo y del mismo gordor cada uno y estos
bulticos que ansi enterraron en torno a la pila antes que los metiesen debajo de tierra hicieron
dellos tantos escuadroncitos cuantos linajes había en la ciudad del Cuzco y con cada linaje un
bultico de aquellos que significasen el mas principal de cada linaje de aquellos y estos
escuadrones» (1987 [1551]: 53).

Estas estatuillas debieron llevar la vestimenta que caracterizaba a cada linaje como una manera de demostrar
devoción hacia la divinidad, participando al acto de fundación con un sacrificio de sustitución. Esto mismo
pudo suceder en el caso de la ceremonia de la capacocha, cuando cada linaje participaba y se comunicaba con la
divinidad para que le brindara su protección y favores por medio de sus sustitutos. En el conjunto de
ofrendas S-B del Llullaillaco, por ejemplo, se hallaron cinco estatuillas alineadas una tras otra: una
antropomorfa masculina de oro, otra de Spondylus; una zoomorfa de plata y dos de Spondylus y la que encabeza
la fila es de oro y lleva el uncu con el diseño de la “llave inca” (CERUTI M. C. 2003).
Estatuillas femeninas
Al igual que las estatuillas masculinas, las femeninas también fueron confeccionadas en oro, plata y Spondylus.
Estas se caracterizan por atributos netamente femeninos como el peinado que consiste en una cabellera larga
con partidura al medio con dos trenzas que van hacia la parte posterior, los senos y el sexo, y la vestimenta
que es una reproducción en miniatura de la indumentaria usada por las mujeres de la elite. Las prendas que
forman parte de la vestimenta son las siguientes: un tocado a modo de corola de plumas con una cola en la
parte posterior; un acsu; un chumpi; una lliclla; tres tupus de metal, dos para sujetar el acsu y uno para la lliclla; y
en algunas ocasiones un cordón o especie de collar tejido del cual cuelgan pendientes de forma trapezoidal de
valva de Spondylus. El acsu y la lliclla son muy similares entre sí en cuanto a la forma cuadrangular y al diseño,
pero a través de un análisis minucioso se aprecian diferencias notables. Ann Pollar Rowe fue la primera
investigadora que se percató de estas distinciones, tanto en las piezas de tamaño natural como en las
miniaturas, y las expuso en un importante trabajo sobre textilería de los Andes (1995-1996). Estas se ven
claramente en los tejidos de las figurillas y además, a través de éstos, se identificaron diversos tipos en cuanto
a la iconografía y a los colores. Estas diferencias pueden ser indicadores importantes de status de las mujeres
representadas por estas estatuillas, ya que encontramos estas prendas con hilos teñidos y otros sin teñir que
estarían asociadas a individuos de menor rango.
El acsu se compone, generalmente, de tres partes que se han denominado “paneles” y de dos bordes. El panel
central es siempre llano de un solo color, el mismo que los bordes, mientras que los laterales son de un color
contrastante y en los casos que presentan hilos teñidos poseen franjas con diseños. Las llicllas también
presentan tres paneles pero sin bordes donde el central es siempre llano de un solo color y los laterales de un
color contrastante y los que tienen hilos teñidos poseen franjas con motivos, al igual que los acsus. Este
motivo se le denomina zigzag el cual termina en cada extremo en un cuadrado concéntrico y está enmarcado
por un rectángulo. Este zigzag puede presentarse de dos y tres segmentos en los casos analizados y en los
espacios triangulares dejados por el diseño hay cuadrados concéntricos que varían en número pero, por lo
general, es uno en cada espacio. Estos módulos (rectángulos con motivo zigzag y cuadrados concéntricos) se
presentan en franjas donde se alternan en color, amarillo sobre rojo y rojo sobre amarillo, salvo una
excepción en rojo y púrpura (Cerro Gallán). Estas se hallan distribuidas simétricamente dentro de la pieza,
siempre en los paneles laterales y varían en número: una, dos y hasta cuatro por cada lado. Asimismo, se
encuentra este zigzag en forma continua. Según Dransart (1997) estaría representando al amaru y al rayo,
símbolos importantes dentro de la cosmovisión inca y se relacionaría con el concepto de fertilidad, pero
también pueden simbolizar alguna afiliación de grupo de parentesco dentro de la elite, hipótesis propuesta por
su recurrencia en la vestimenta femenina de estilo inca cusqueño. Un ejemplo de esto es el hallazgo de un
sacrificio doble en el cerro Esmeralda en Iquique (Chile) de una joven mujer y una niña. El ajuar de la primera
consiste en una vestimenta típica de la zona de Cusco y presenta estas franjas con estos módulos de diseño,
idénticas a las que se encuentran en la indumentaria de las estatuillas femeninas.
En la muestra encontramos cuatro ejemplos de figurillas que visten un acsu y una lliclla realizados con hilos sin
teñir y todas portan una corola de plumas blancas: dos de plata (Copiapó y Las Tórtolas) y dos de Spondylus
(Llullaillaco) (10). Posiblemente, estas estatuillas representen a alguna categoría de mujeres pertenecientes a
los acllawasi que, por la edad y/o status, habrían cumplido cierta función dentro de la sociedad inca y quizás el
color y la composición de la indumentaria indicaban la posición jerárquica de éstas (DRANSART P. 1995) y a
quienes estaban destinadas a servir. Estas acllas cumplían diversos roles y se caracterizaban por haber sido
escogidas a una temprana edad, la mayoría de ellas de familias de alto rango, para ser encerradas en estas
casas. Allí las mayores les enseñaban a tejer y preparar la chicha de maíz, entre otras labores. Estas mujeres,
dentro de la compleja sociedad inca, cumplían una tarea fundamental ya que ellas elaboraban los preciados
tejidos que constituían uno de los más valiosos dones que el Inca entregaba a sus más fieles súbditos.
Existe un solo ejemplo de una figurilla, de plata (volcán Llullaillaco), que lleva un acsu con hilos teñidos y sin
teñir y la lliclla con hilos sin teñir. Asimismo, hay un caso particular (cerro El Plomo) donde la estatuilla de
plata posee un acsu con una serie de franjas llanas de un solo color (hilos sin teñir) dispuestas en forma
horizontal que presentan diversos anchos y se distribuyen sin una simetría aparente a lo ancho de la pieza; en
cambio, la lliclla presenta paneles en blanco y café con franjas de diseño y bordes policromos (11). Ambas
estatuillas tienen una corola de plumas naranjas y por el tipo de vestimenta pueden indicar que las mujeres
personificadas habrían pertenecido a la clase gobernante local, esto se vería reforzado por el hallazgo en la
chullpa de Quebrada de la Vaca de individuos femeninos de la elite provincial asociados a este tipo de
vestimenta (KATTERMAN G. 263-265).
Dentro de las estatuillas que portan el acsu y la lliclla tejidos con hilos teñidos (Fig. nº 2 y 3) tenemos 13 casos:
tres de oro (Llullaillaco), cinco de plata (Gallán, Llullaillaco y Mercedario) y cinco de Spondylus (Mercedario y
Llullaillaco). Tanto los acsus como las llicllas se presentan en la siguiente combinación de colores: blanco y
rojo, amarillo y rojo, y negro y rojo. Como ya mencionamos anteriormente, el número de franjas en ambas
prendas puede ser dos, cuatro y ocho, y los motivos zigzag pueden ser de dos y tres segmentos, así como
continuo. Lo interesante en cuanto a estos dos elementos de la vestimenta femenina es que en la mayoría de
los casos los colores del vestido coinciden con los de la manta, no sucediendo lo mismo para el número de
bandas con motivos. Por otra parte, vemos que los colores presentes son el blanco, rojo, amarillo y negro los
cuales, según Mario Polia se relacionan con las cuatro partes del espacio y el simbolismo de éstos evidencia «el
significado cósmico de la ceremonia que concierne a la nobleza incaica como el corazón del Tawantinsuyu»
(1993: 133, nota n. 72). Probablemente, las figurillas asociadas a esta indumentaria confeccionada con hilos
teñidos sean una representación de mujeres de la elite emparentadas con el gobernante, teniendo la misma
función de sacrificio de sustitución que el de las estatuillas masculinas.

Figura nº 2: Acsu (dibujo Isabel Martínez). Figura nº 3: Lliclla (dibujo Isabel Martínez).
Conclusiones
En este trabajo se hizo un intento de interpretación del significado de estas ofrendas en los santuarios de
altura, tomando como indicador principalmente la vestimenta asociada. Esta última presenta elementos, como
la iconografía y el color, que nos remiten a posibles insignias de los diferentes linajes incas participantes en la
ceremonia de la capacocha. La presencia de tan importantes representaciones en estos sitios, que formaban
parte del territorio conocido como Collasuyu, también nos indica el status de estos últimos. La valiosa y
variada cantidad de ofrendas y sacrificios hallados en el volcán Llullaillaco nos sugiere que esta huaca habría
sido tenida en gran consideración durante el último período del Horizonte Tardío. Asimismo, por lo expuesto
a lo largo del texto, tanto el cerro Aconcagua como El Plomo le habrían seguido en importancia también por
la inmolación de dos infantes asociados a estatuillas antropomorfas ricamente ataviadas. Los otros santuarios
mencionados entrarían en una categoría inferior de acuerdo a los personajes que las estatuillas allí halladas
podrían haber representado, y esto nos sugiere un orden jerárquico hipotético: cerro Mercedario, volcán
Copiapó y cerro Las Tórtolas, volcán Pili y cerro Gallán.
Con este estudio preliminar se ha querido principalmente resaltar la importancia de relacionar estas ofrendas
en su conjunto con el contexto en el cual fueron halladas, lo cual nos puede guiar hacia su posible significado
en la intrincada red de las relaciones de poder y jerarquía dentro de la sociedad inca y entre las diferentes
huacas veneradas y poblaciones bajo su dominio.

Notas
(1) Este estudio se basó exclusivamente en las fuentes segundarias citadas en el texto.
(2) Ver María Constanza Ceruti (2003) y Juan Schobinger (2001).
(3) La fecha aproximativa para el sitio del Aconcagua es de 1470 d.C., momento en que habría gobernado este Inca
(SCHOBINGER J. 2001).
(4) Ver María Constanza Ceruti (2003).
(5) Ver María Constanza Ceruti (2003).
(6) Ver María Constanza Ceruti (2003), Antonio Beorchia Nigris (2001), Juan Schobinger 2001, Johan Reinhard (2001) y
Museo Chileno de Arte Precolombino (2001).
(7) Ver, por ejemplo, John Rowe (1999).
(8) Ver Juan Schobinger (2001), María Constanza Ceruti (2003), Antonio Beorchia Nigris (2001) y Museo Chileno de
Arte Precolombino (2001).
(9) Las que llevan este adorno cefálico son: 1) la de oro del Aconcagua que porta una túnica con la “llave inca”, una de
Spondylus del Llullaillaco que también viste un uncu con ese motivo, 2) otra de oro del Llullaillaco pero asociada al uncu
ajedrezado en blanco y negro, 3) una de mullu que lleva una túnica llana color rojo.
(10) Ver Johan Reinhard (2001), Museo Chileno de Arte Precolombino (2001) y María Constanza Ceruti (2003).
(11) Ver Museo Chileno de Arte Precolombino (2001).

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