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GUÍA: En esta adoración vamos a rezar de un modo especial por los religiosos, por los sacerdotes y por el

aumento y perseverancia de las vocaciones. Alabemos a Dios que nos ha reunido para que como Iglesia lo
adoremos y le pidamos por esta intención.

ORACION:
Todos: Señor, ante tu presencia amorosa, los hermanos mercedarios aquí reunidos, te pedimos bendigas
nuestra vocación; di de ella palabras buenas que día a día se nos vuelvan vida.
Queremos ser hombres nuevos. Estrenar nuestra vida recibida de ti y por ti hecha buena. Déjanos matar al
hombre viejo que vive en nosotros y que a nosotros se aferra.
Déjanos enterrarlo muy hondo, bajo tierra, y que de Ti nazca en nosotros el hombre nuevo.
Danos un recto pensar y un actuar acorde.
Queremos vivir en paz, con la conciencia limpia de mancha, aceptamos las penas, nada queremos hacer para
evitarlas. Nos hiciste de lodo amasado con lágrimas divinas, llanto divino de divinos ojos que miraban el
futuro. Aceptamos las penas, danos en cambio, fortaleza para vencerlas, danos una vida nueva cargada de
amor y amistad. Concédenos ser tus amigos y amarte también en maestros amigos.
Queremos sembrar cosas nuevas, pero danos también el consuelo de cosechar el futuro y gozar lo sembrado.
Danos el ser felices con lo que somos, sin dejar nunca el intento de hoy, ser mejores que como fuimos el día
de ayer.
Déjanos sentirnos tus amigos, que podamos reconocerte en cada hermano aquí presente, permítenos ser
consuelo de quien lo necesite, que sepamos mirarnos con el mismo amor con que tú nos miras. Amén

GUÍA: A cada alabanza vamos a responder: Te alabamos, Señor.

LECTOR 1:
-Te alabamos, Señor, por Tu grandeza. R
-Te alabamos, Señor, por Tu misericordia. R
-Te alabamos, Señor, por Tu bondad. R
-Te alabamos, Señor, porque eres Padre. R
-Te alabamos, Señor, por Tu gran ternura. R
-Te alabamos, Señor, por Tu amor sin límites. R
-Te alabamos, Señor, por Tu creación. R
-Te alabamos, Señor, por ser fuente de vida. R

Canto.

GUÍA
(ORACIÓN INICIAL)

Mira, Señor,
las oraciones de tu pueblo
congregado aquí en tu presencia;
por este sacramento de amor,
haz madurar las semillas
que Tú has sembrado
en el campo de tu Iglesia;
a fin de que sean muchos los que elijan
servirte en sus hermanos y hermanas.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Todos:Amén.

GUÍA: Iluminados por el Espíritu Santo, escuchemos y meditemos la Palabra de Dios

Del Primer libro de Samuel (1 Sm 3: 1 - 10, 19 – 20)

El joven Samuel servía al Señor al lado de Elí. En aquellos días era rara la palabra del Señor y no
eran frecuentes las visiones.
Un día Elí estaba acostado en su habitación. Sus ojos habían comenzado a debilitarse y no podía
ver. La lámpara de Dios aún no se había apagado y Samuel estaba acostado en el templo del
Señor, donde se encuentra el arca de Dios. Entonces el Señor llamó a Samuel. Este respondió:
—Aquí estoy.
Corrió adonde estaba Elí y dijo:
—Aquí estoy, porque me has llamado.
Respondió:
—No te he llamado. Vuelve a acostarte.
Fue y se acostó. El Señor volvió a llamar a Samuel. Se levantó Samuel, fue adonde estaba Elí, y dijo:
—Aquí estoy, porque me has llamado.
Respondió:
—No te he llamado, hijo mío. Vuelve a acostarte.
Samuel no conocía aún al Señor, ni se le había manifestado todavía la palabra del Señor. El Señor
llamó a Samuel por tercera vez. Se levantó, fue adonde estaba Elí, y dijo:
—Aquí estoy, porque me has llamado.
Comprendió entonces Elí que era el Señor el que llamaba al joven. Y dijo a Samuel:
—Ve a acostarte, y si te llama de nuevo, di: “Habla, Señor, que tu siervo escucha”.
Samuel fue a acostarse en su sitio. El Señor se presentó y llamó como las veces anteriores:
—Samuel, Samuel.
Respondió Samuel:
—Habla, que tu siervo escucha.

Palabra de Dios.

Todos: Te alabamos Señor.

GUÍA: El joven Samuel vive en el templo, al servicio del anciano sacerdote Elí. Cuando oye la
llamada, él no comprende que es Dios el que lo llama, y piensa que su jefe lo necesita. Elí tampoco
está atento, y le cuesta darse cuenta que es Dios el que está llamando al joven.

Este pasaje lleno de simbolismo subraya que Dios llama por el nombre y a quien quiere, que
insiste y tiene paciencia infinita con nosotros. La enseñanza que Elí le transmite a Samuel, hoy la
llamamos «acompañamiento». No es fácil discernir cuál es la llamada de Dios sobre nuestras vidas.
La sabiduría de otros cristianos con más experiencia puede ayudarnos a escuchar mejor.

GUÍA: En un momento de silencio, responde a la siguiente pregunta: ¿Cuándo tiene lugar tu


vocación?

Se hace un momento de silencio.

LECTOR 2
Señor Dios,
tú me llamas por mi nombre,
me llamas una y otra vez,
a tiempo y a destiempo,
con infinita paciencia y cariño.
Tú pones en mi camino
personas sabias que me apoyan
y me ayudan a escucharte.
¡Habla, Señor, que tu siervo escucha!

Canto.

Lectura del santo Evangelio según san Juan (Juan 1, 35-51)

En aquel tiempo, estaba Juan el Bautista con dos de sus discípulos, y fijando los ojos en Jesús, que pasaba,
dijo: “Éste es el Cordero de Dios”. Los dos discípulos, al oír estas palabras, siguieron a Jesús. Él se volvió
hacia ellos, y viendo que lo seguían, les preguntó: “¿Qué buscan?” Ellos le contestaron: “¿Dónde vives,
Rabí?” (Rabí significa ‘maestro’). Él les dijo: “Vengan a ver”.

Fueron, pues, vieron dónde vivía y se quedaron con él ese día. Eran como las cuatro de la tarde. Andrés,
hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron lo que Juan el Bautista decía y siguieron a Jesús. El
primero a quien encontró Andrés, fue a su hermano Simón, y le dijo: “Hemos encontrado al Mesías” (que
quiere decir ‘el Ungido’). Lo llevó a donde estaba Jesús y éste, fijando en él la mirada, le dijo: “Tú eres Simón,
hijo de Juan. Tú te llamarás Kefás” (que significa Pedro, es decir ‘roca’).

Al día siguiente determinó Jesús ir a Galilea, y encontrándose a Felipe, le dijo: “Sígueme”. Felipe era de
Betsaida, la tierra de Andrés y de Pedro.

Felipe se encontró con Natanael y le dijo: “Hemos encontrado a aquel de quien escribió Moisés en la ley y
también los profetas. Es Jesús de Nazaret, el hijo de José”. Natanael replicó: “¿Acaso puede salir de Nazaret
algo bueno?” Felipe le contestó:“Ven y lo verás”.

Cuando Jesús vio que Natanael se acercaba, dijo: “Este es un verdadero israelita en el que no hay
doblez”. Natanael le preguntó: “¿De dónde me conoces?” Jesús le respondió: “Antes de que Felipe te lla-
mara, te vi cuando estabas debajo de la higuera”. Respondió Natanael: “Maestro, tú eres el Hijo de Dios, tú
eres el rey de Israel”. Jesús le contestó: “Tú crees, porque te he dicho que te vi debajo de la
higuera. Mayores cosas has de ver”. Después añadió: “Yo les aseguro que verán el cielo abierto y a los
ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre”.

Palabra del Señor.

Todos: Gloria a ti, Señor Jesús.

GUÍA: “¿Acaso puede salir de Nazaret algo bueno?” En un momento de silencio, responde a la
siguiente pregunta: ¿Acaso de tu lugar de origen puede salir algo bueno?
Se hace un momento de silencio.

Lector 2: Al terminar de comentar estos primeros encuentros que el Señor tuvo con sus discípulos,
debemos notar las diferentes formas por las que cada uno de ellos llegó a conocer a Jesús.
- Andrés y Juan lo conocieron por medio de la predicación pública de Juan el Bautista.
- Simón Pedro llegó a Jesús por medio del testimonio personal de su hermano.
- Felipe fue llamado directamente por el mismo Señor.
- Mientras que Natanael fue invitado por un paisano suyo, Felipe.
Por lo tanto, estos pasajes nos muestran que no hay una sola forma de llegar al Señor y que tan
válida es la predicación pública como el testimonio personal, que Dios puede llamar directamente
a una persona o utilizar para ello a un amigo o pariente cercano.

Canto.

Plegaria Universal

GUÍA: Dios escoge aquellos a quienes Él quiere, oremos al Señor para que envíe trabajadores a sus campos,
decimos todos: R= Señor, confiamos en ti.

1: Tal como Tú llamaste a Abraham para ser padre de muchas naciones, inspira a muchos jóvenes a
responder a tu llamada. R=

2: Tal como Tú llamaste a Moisés, tendiendo las multitudes de Jetro, proporciona pastores dignos a tu pueblo
en nuestro día. R=

3: Tal como Tú llamaste a Aarón para servirte en tu templo, llama a los hombres para que sirvan a tu Iglesia
en la imagen de Cristo. R=

4: Tal como hablaste para despertar a Samuel con tu llamada, abre los oídos de tus elegidos. R=

5: Tal como cada Sumo Sacerdote fue elegido entre los hombres, así llama a los hombres para ofrecer el
santo y vivo sacrificio. R=

6: Tal como Eliseo fue ungido por el profeta Elías, dales a los que llamas fuerza para seguirte sin voltear atrás.
R=
7: Tal como llamaste a los Apóstoles para ser embajadores de Cristo, así envíanos predicadores fervientes
para fortificar nuestros espíritus. R=

Se hace un momento de oración en silencio. A continuación, el celebrante dice la


Letanía a Nuestro Señor en la Eucaristía.

LETANÍA A NUESTRO SEÑOR EN LA EUCARISTÍA


Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
R. Cristo, ten piedad.
Señor, ten piedad.
R. Señor, ten piedad.

GUÍA: A continuación respondamos “¡Señor mío y Dios mío!”“

- El pan que yo daré es mi carne y lo daré para la vida del mundo.” (Jn 6, 51c) R…
- “Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida.” (Jn 6, 55) R…
- “Tomad y bebed todos de él, porque este es mi Cuerpo, que será entregado por vosotros… Este es el cáliz
de mi Sangre, Sangre de la alianza nueva y eterna.” (Misal Romano: Plegaria Eucarística I) R…
- “La copa de bendición que bendecimos, ¿no es comunión con la sangre de Cristo?” (1 Cor 10, 16) R…
- “[Heréticos] se abstienen de la Eucaristía… porque ellos no admiten que la Eucaristía sea la carne de
nuestro Salvador Jesucristo, cuya carne sufrió por nuestros pecados y a quien el Padre resucitó por su
bondad.” (San Ignacio de Antioquía) R…
- “[Esta Eucaristía] ha sido bendecida por palabras instituidas por Él y de ellas, nuestra carne y sangre por
asimilación son nutridas. Nosotros estamos enseñando que ambos son la carne y la sangre de Jesús
encarnado.” (San Justino Mártir) R…
- “Lo que parece ser pan no es pan, aunque es sensible al gusto, sino el Cuerpo de Cristo; y lo que parece
ser vino no es vino, aunque tenga el gusto, sino la Sangre de Cristo.” (San Cirilo de Jerusalén) R…
- “Ustedes deben participar de la Mesa Santa mientras no tengan ninguna duda referente a la realidad del
Cuerpo y Sangre de Cristo. Porque lo que se toma en la boca es lo que es creído por la fe y es en vano
para ellos responder ‘Amén’ cuando no acepta lo que se recibe.” (San León Magno) R…
- “La vista, el tacto y el gusto cada uno es engañoso; pero la audición es solamente con seguridad
creíble.” (Santo Tomás de Aquino) R…

GUÍA:
PADRE NUESTRO

Todos:Padre nuestro…

BENDICIÓN DEL SANTÍSIMO


Oremos.

Después de una pausa, el celebrante prosigue diciendo:

Señor, Dios nuestro,


enséñanos a vivir en nuestros corazones
el misterio de la Pascua de tu Hijo,
por el cual, Tú redimiste al mundo.
Cuida amorosamente los regalos de gracia
que por tu amor hemos recibido
y llévalos a su culminación
en la gloria del cielo.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.

Todos: Amén.

RESERVA DEL SANTÍSIMO

El celebrante dice las Alabanzas al Santísimo Sacramento, que a la vez son repetidas por la asamblea.

Bendito sea Dios.


Bendito sea su santo nombre.
Bendito sea Jesucristo, Dios y verdadero hombre.
Bendito sea el nombre de Jesús.
Bendito sea su sacratísimo Corazón.
Bendita sea su preciosísima Sangre.
Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar.
Bendito sea el Espíritu Santo Paráclito.
Bendita sea la excelsa Madre de Dios, María Santísima.
Bendita sea su santa e inmaculada concepción.
Bendita sea su gloriosa asunción.
Bendito sea el nombre de María Virgen y Madre.
Bendito sea San José, su castísimo esposo.
Bendito sea Dios en sus ángeles y en sus santos.

Canto.