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LA LEYENDA DEL CERRO DE LAS TRES VIEJAS

Las tres mujeres corrían apresuradamente huyendo de la amenaza que las perseguía. Era una noche de luna
llena. Plateada y blanca. Resplandecía en la noche mientras las chicas se escapaban.

Hace unas horas...

Sua brilla en el firmamento. El Sol se encuentra en su posición más alta. Es la última despedida al cacique de
Sesquilé que ha fallecido en las batallas contra los Muzos.

Las honras fúnebres son celebradas con la mayor rigurosidad y respetan las antiguas costumbres. En su viaje
para el otro lado el gran dignatario es despedido por sus familiares masculinos más cercanos y la casta
sacerdotal.

Para preparar al Cacique de Sesquilé en su viaje al más allá se le ha acomodado en la cueva ollas con sus
comidas favoritas. También han colocado sus armas que reposan a su lado. Tunjos de oro se encuentran
decorando la cueva al igual que esmeraldas y todos los tesoros del cacique. Pendientes de oro junto con
mándalas de oro. Collares de lo más hermosos. Las mantas más preciosas que uno se pueda imaginar. Todo
destinado para que acompañe al Cacique en su último viaje. Totumas repletas de chicha.

Sus esposas van a ser enterradas vivas con el cacique. Antes de la celebración de la ceremonia las 3 esposas
del cacique habían sido administradas con una dosis de agua hervida con flores de borrachero.

Están bien drogadas. Todo les da vuelta alrededor. No es la situación más deseable. Las mujeres son
llevadas desmayadas al interior de la cueva y acomodadas junto al cacique.

Unos hombres encargados de la labor comienzan a tapar la cueva con piedras mientras los Tihikis hacen sus
oraciones de despedida.

De repente unos Muzos irrumpieron en la escena. Tropas que se dirigían para atacar las tierras de los
Muiscas. Interrumpieron la ceremonia. Los hombres que estaban tapando la cueva son perforados por
flechas que los atraviesan y caen muertos.

Los Guechas que se encontraban en el momento son asesinados por los Muzos con sus lanzas envenenadas.
No hay tiempo de reacción. El ataque fue infalible y fueron sorprendidos. Tomados por asalto como se dice.
No sobrevive ni un Muisca.

Los Muzos descubren a las mujeres y se las llevan prisioneras. Están totalmente desmayadas. Se las llevan a
cuestas. Las tropas de los Muzos siguen avanzando.

A eso de la medianoche todos duermen en el campamento Muzo. Las tres mujeres se despiertan del viaje
de Brugmansea Sanguinea. Todos duermen en el campamento y las 3 mujeres aprovechan el momento para
escapar de sus captores. Logran su cometido. Corren. Pero se dan cuenta que alguien las persigue. Es un
chaman de los Muzos. La persecución duraría unos 20 minutos.

Es una noche de Luna llena. Tres mujeres corren apresuradamente mientras una sombra voladora las sigue...

El chaman Muzo las espolvorea con Yopo mientras entona un conjuro y las mujeres se convierten en lo que
hoy en día se conoce como el cerro de las tres viejas.

Tomado de:
http://www.sinic.gov.co/SINIC/ColombiaCultural/ColCulturalBusca.aspx?AREID=3&SECID=8&IdDep=25&COL
TEM=212
LA LEYENDA DE GUATAVITA

Hace mucho tiempo, antes de que los conquistadores llegaran al país de los Muiscas, los habitantes de la
región de Guatavita, al oriente de la sabana de Bogotá, adoraban a una princesa que, en las noches de luna
llena, salía del fondo de la laguna y se paseaba sobre las aguas en medio de la espesa neblina.

Cuentan que un gran cacique de los Guatavitas, de la misma dinastía que daría origen al gobierno y al
imperio de los muiscas, estaba casado con la más bella dama perteneciente a su tribu: una noble princesa a
quien todos los pobladores amaban, y su hogar había sido bendecido con el nacimiento de una bella niña
que era la adoración de su padre.

Pasado algún tiempo, el cacique comenzó a alejarse de la princesa: sus muchas ocupaciones en los asuntos
del gobierno como también otras mujeres, lo mantenían lejos del calor de su hogar. La princesa soportó
algunos meses, como correspondía, a una mujer de su rango, las ausencias prolongadas y las continuas
infidelidades de su esposo, pero un día pudieron más la soledad y la tristeza que las rígidas normas sociales,
y se enamoró de uno de los más nobles y apuestos guerreros de la tribu. Para su dicha y fortuna fue
enteramente correspondida.

Dicen que los enamorados no pudieron verse tan pronto como hubieran querido, pues el gran cacique
estaba por esos días entre los suyos. Pero cierta noche tras una de las acostumbradas celebraciones del
mandatario, la pareja pudo consumar sus amores, mientras el pueblo dormía. Sospechando algo, el cacique
encomendó a una vieja la tarea de vigilar a la princesa. Una noche cualquiera, la anciana descubrió lo que
ocurría y le llevó la noticia al jefe.

Al día siguiente, el cacique organizó un gran festín en honor a su esposa. A la princesa le fue servido un
sabroso corazón de venado. Apenas ella acabó de comerse el delicado plato, el pueblo- con el cacique a la
cabeza- estalló en una horrible carcajada, que la hizo comprender la verdad; su amante había sido
asesinado, y le habían dado de comer su corazón.

Desesperada, decidió huir del lado de su marido. Algunos días después de la tragedia, tomó a su pequeña y
partió hacía Guatavita. Dicen que al llegar, casi a la medianoche, se detuvo un momento en la orilla para
contemplar la laguna, de la que se levantaba una espesa neblina; luego miró amorosamente a la niña y se
lanzó con ella a las aguas.

Al enterarse de la noticia, el cacique corrió hacía la laguna y llamó a su mujer varias veces, sin obtener más
respuesta que el silencio de la noche. Cuentan que ordenó a sus sacerdotes- que la buscaran. Los mohanes o
sacerdotes hicieron conjuros y ritos a orillas de la laguna, y uno de ellos descendió a las profundidades, para
averiguar qué había sido de la princesa y de su hija.

Cuentan que al poco rato de buscarla, regresó con el cadáver de la niña y contó que la princesa estaba viva y
feliz en el reino de las aguas. Desde entonces, en las noches de luna menguante aparecía la princesa en
medio de la espesa neblina, para escuchar los ruegos de su pueblo, y la laguna se convirtió en un lugar
sagrado.

Fuente: Tomado de https://www.culturarecreacionydeporte.gov.co/es/bogotanitos/cuenta-la-leyenda


LEYENDA DE LAS PIEDRAS DEL TUNJO

Estas piedras están ubicadas a las orillas de un lago muy extenso que cubría la Sabana de Bogotá. Las
leyendas o versiones históricas al respecto abundan. He aquí algunas. Se sabe que este parque arqueológico
era el sitio de reunión de los jefes chibchas o zipas. Allí, con sus mujeres y demás súbditos de la corte se
celebraban ceremonias religiosas.

En 1538, Gonzalo Jiménez de Quesada, al mando de sus soldados españoles, hirió gravemente a Tísquesusa,
último jefe de los chibchas. Este fue llevado por sus súbditos indígenas hasta las piedras del Tunjo, donde
falleció. Más tarde, la tumba de Tisquesusa fue abierta por el conquistador Quesada, quien creyó que ella
encerraba un valioso tesoro, pero únicamente halló una copa de oro.

La leyenda cuenta que los sacerdotes de la comunidad Franciscana en Quito estaban levantando una iglesia.
La construcción avanzaba pero las piedras disminuían en las canteras vecinas hasta el punto de paralizar la
obra.

Uno de los sacerdotes, después de pensarlo una y otra vez, tomo la fatal decisión de vender su alma al
diablo a cambio de grandes piedras para poder continuar la construcción del templo.

El diablo, lleno de alegría por el negocio celebrado, se puso a buscar las piedras más enormes que pudiera
encontrar; y efectivamente las halló cerca de la población de Tunja.

Organizó dos escuadrones de diablos, escogiendo a los fuertes y ágiles. Las enormes piedras serían llevadas
por los aires en las noches de luna para no ser vistas en el día.

El primer trayecto lo hicieron hasta la población de Facatativá. Allí descansaron de su gran esfuerzo. Estando
el diablo en Facatativá, un mensajero le llevó la noticia de que el sacerdote franciscano había tenido un
sueño relacionado con su iglesia y que, después de meditarlo varias veces, había resuelto deshacer el pacto
celebrado con el diablo.

El sacerdote se había retirado de la comunidad franciscana para ser admitido en la comunidad de los
cartujos. El diablo, furioso y humillado, maldijo a gritos; luego ordenó a su ejército de diablos que
abandonaran las piedras.

Dicen que los gritos y llantos del diablo eran tan fuertes, que hasta hoy se escucha el eco en las noches de
tormenta. Muchas personas piensan que las Piedras de Tunja se encuentran en la ciudad de Tunja, pero no
es así. Esas enormes piedras están, desde hace miles de años, en la población de Facatativá, a unos 40
kilómetros de Bogotá. Conforman un hermoso parque natural que es visitado por miles de turistas.

Tomado de:
http://www.sinic.gov.co/SINIC/ColombiaCultural/ColCulturalBusca.aspx?AREID=3&SECID=8&IdDep=25&COL
TEM=212
MITO DE BOCHICA

Durante días y noches llovió tanto que se arruinaron las siembras; nadie volvió a salir de sus bohíos (casas),
que también se vinieron al suelo, o se mojaron tanto que lo mismo servía tener techo de palma o no.

El Zipa, quien comandaba todo el imperio Chibcha, y los caciques, que eran como los capitanes o
gobernadores de los poblados de la sabana, se reunieron para buscar una solución, pues no sabían qué
hacer y el agua seguía cayendo del firmamento en torrentes. Se acordaron entonces de Bochica, un anciano
blanco que no era de su tribu y quien había aparecido de repente en un cerro de la sabana.

Alto y de tez colorada, con ojos claros, barba blanca y muy larga que le llegaba hasta la cintura, vestía una
túnica también larga, sandalias, y usaba un bastón para apoyarse. Él les había enseñado a sembrar y cultivar
en las tierras bajas que quedaban próximas a la sabana; y a orar, y a tener una especie de código para los
chibchas. Cuando se iniciaron las lluvias, Bochica estaba visitando el poblado de Sugamuxi (hoy Sogamoso),
en donde había un templo dedicado al Sol.

Los chibchas decidieron llamarlo, porque pensaron que Bochica era un hombre bueno podría ayudarlos, o
todo el imperio perecería a causa de la gigantesca inundación. El anciano dialogó con dificultad con los
caciques, pues no dominaba su lengua, pero se hacía entender y le comprendían bastante. Se retiró a un
rincón del bohío que tenía por habitación, rezó a su dios, que decía era uno solo. Luego salió y señaló hacia
el suroccidente de la sabana.

Cientos de indios organizaron una especie de peregrinación con él. Se detuvieron después de varios días en
el sitio exacto en donde la sabana terminaba, pero las aguas se agolpaban furiosas ante un cerco de rocas.
Los árboles enormes y la vegetación selvática frenaban el ímpetu del agua. Bochica, con su bastón, miró al
cielo y tocó con el palo las imponentes rocas. Ante la sorpresa y admiración de unos y la incredulidad de
todos, las rocas se abrieron como si fueran de harina. El agua se volcó por las paredes, formando un
hermoso salto de abundante espuma, con rugidos bestiales y dando origen a una catarata de más de 150
metros de altura. La sabana, poco a poco, volvió a su estado normal. Y allí quedó el "Salto del Tequendama".
Dicen que Bochica, tiempo después, desapareció silenciosamente como había venido.

Tomado de:
http://www.sinic.gov.co/SINIC/ColombiaCultural/ColCulturalBusca.aspx?AREID=3&SECID=8&IdDep=25&COL
TEM=212
MITO DE BACHUÉ

La laguna de Iguaque, caracterizada por su paisaje frío, alguna vez se llenó de flores y plantas de colores, el
agua comenzó a burbujear como si hirviera y apareció una hermosa mujer delgada, de cabello largo y
esbelta. En su brazo derecho tenía un niño de cinco años. Caminaron sobre el agua hasta la orilla. Eran
Bachué y su hijo, venían a poblar la tierra.

Cuando el niño creció y fue un hombre contrajo matrimonio con Bachué, tuvieron muchos hijos, pues en
cada parto tenía cuatro, cinco, seis hijos y hasta más. Primero se instalaron en la sabana y después
recorrieron todo el imperio Chibcha. Poblaron cada rincón con sus hijos. Ella enseñó a sus hijos a tejer,
construir bohíos, amasar el barro, cultivar y trabajar los metales. Su esposo entrenó guerreros y les enseñó
los valores de la vida.

Cuando Bachué consideró que la tierra estaba lo suficientemente poblada, dispuso todo para volver a la
laguna de Iguaque. Acompañada por una multitud, regresó al sitio del que salió y en compañía de su esposo
se lanzó al agua y desaparecieron.

Tiempo después Bachué y su esposo se convirtieron en una serpiente que salió a la superficie y la recorrió
en presencia de todos, dejando como mensaje que siempre los acompañarían.

La laguna de Iguaque se convirtió en un lugar sagrado y allí se celebraban ceremonias en honor a Bachué.

La sociedad chibcha se rigió por el matriarcado; por eso el nombre del esposo es desconocido. La mujer era
la encargada de transmitir las tradiciones y costumbres a los descendientes. Ella era considerada una diosa,
pero además una maestra, a quien debían el tipo de organización, las tradiciones y valores de su cultura.

Tomado de: http://www.humboldt.org.co/es/actualidad/item/216-mito-de-bachue-diosa-y-maestra-de-los-


chibchas
MITO DE HUNZAHÚA

Hunzahúa se enamoró de su hermana Noncetá, hermosa doncella muy querida por su pueblo. –“Eres mi
hermana, pero yo te amo Noncetá” – le dijo a esa bella mujer, haciendo caso omiso del incesto o amor
entre hermanos, que era prohibido entre los aborígenes Chibchas. Noncetá abrazó a Hunzahúa con la
pasión de una india enamorada, y a su alrededor y hizo y grato y profundo silencio.

Buscaron algodón para las telas y arcilla para la cerámica, los hermanos viajaron a Chipatae, en donde en
arrebato de inmenso amor se hicieron esposos.

La cacica Faravita, madre de los amantes incestuosos, al tener conocimiento del grave pecado de sus hijos,
quiso castigar a Noncetá con la sana o palo para revolver la chicha, bebida acostumbrada por su pueblo. –
“Tú no puedes casarte con tu hermano Hunzahúa”-, le reclamó la madre iracunda a su hija incestuosa.

En un arranque de ira, viendo que la india enamorada daba vueltas en torno a la vasija con gran facilidad, la
cacica madre le lanzó la sana y rompió la olla llena de chicha, la cual se fue regando abundantemente hasta
forman un gran pozo o lago el mismo que hoy se llama en Tunja “Pozo de Hunzahúa” o “Pozo de Donato”.

Cuando Hunzahúa bajo de los cojines del Zaque después de la ceremonia matinal que hacían los Hunzas en
homenaje al sol, con flautas, tambores y danzas ceremoniales, encontró en su gran bohío la triste realidad
de su pecado, y en sus alrededores, una muchedumbre de indígenas que protestaban contra los incestuosos
amantes. Esto decidió la fuga de los hermanos enamorados, quienes tomaron el camino por la loma de los
ahorcados, en donde se ajusticiaba a quienes cometían los delitos. Desde allí, el Zaque Hunzahúa lanzó su
terrible maldición a Tunja:

“¡Hunza! Serás estéril; nunca más flores, ni árboles verán tu suelo; tu tierra será desnuda y barrancosa y no
tendrás más compañeros que el viento y el frío”.

Los hermanos incestuosos siguieron su viaje hasta Susa, en donde Noncetá dio a luz un niño que se convirtió
en piedra; y por último, cuando pasaron por el salto del Tequendama, fueron convertidos en dos piedras al
borde del abismo. Así quedaron petrificados hasta la consumación de los siglos.

Fuente: Tomado de https://www.tunjatesorosescondidos.com/index.php/special-service-3/179-huzahua-y-


su-hermana
MITO DE CHIBCHACUM

Cuenta la historia que entre los Chibchas existió el mito del dios Chibchacum, protector del cacicazgo del
Zipa en Bacatá. Chibcahcum significa "Báculo de los Chibchas" (Chum: b{aculo). Era el dios de los
comerciantes, labradores y en general de los sectores populares del cacicazgo, y el protector del pueblo de
Bacatá.

Algunas personas dicen que Huitaca, en plan de venganza contra Bochica, difundió malas enseñanzas a los
Chibchas y, en especial, predicó la bondad de la vida alegre, la rebeldía y las liviandades. Las ofensas que
hicieron los indígenas a sus dioses también ofendieron a Chibchacum, su protector, quien resolvió
castigarlos con un espantoso diluvio que inundó la Sabana.

Indignado Chibchacum, trató de castigarlos inundándoles las tierras, para lo cual crió o trajo de otras partes
los dos ríos: Sopó y Tibitóc, crecieron tanto las aguas del valle que fue imposible contenerlas, haciendo que
las esperanzas se fueran. Ya no podían vivir allí, todos sus cultivos se perdieron y muchos de sus animales
murieron.

Los Muiscas de la Sabana de Bogotá pidieron entonces a Bochica protección contra la maldición de
Chibchacum, ofreciéndole en su templo clamores, sacrificios y ayunos. Bochica resolvió ayudarles y por ello,
una tarde, adorando el sol en el aire, se escuchó un ruido en Bacatá, y se hizo un arco gigante natural, en
cuya columna se apareció el demonio en figura de hombre representando a Bochica con una vara de oro en
la mano. Llamó a gritos desde allí a los caciques principales del lugar para que acudieran con rapidez con
todos sus súbditos.

Les dijo desde lo alto: "he oído sus ruegos, y condolido de ellos y de la razón que tienen en las quejas que
dan de Chibchacum, me ha parecido venir a darles favor en reconocerme: me doy por satisfecho en lo bien
que me sirven, y apuraré en remediar la necesidad en la que están. Tanto toca mi providencia, y así, auque
no calmaré los dos ríos, porque en algún tiempo de sequedad los habrán de necesitar. Abriré una sierra por
donde salgan as aguas y queden libres vuestras tierras".

Bochica arrojó la vara de oro hacia el Tequendama y abrió las piedras por donde ahora pasa el río y forma el
Salto del Tequendama. Así se desinundaron las tierras de la Sabana de Bogotá y se pudieron sembrar de
nuevo.

Chibchacum recibió castigo del dios Bochica, quien se indignó con el modo de proceder del protector del
cacicazgo de los Zipas. Chibchacum fue condenado eternamente a cargar la tierra sobre sus hombros, la cual
se encontraba antes sustentada sobre cuatro guayacanes.

Los Muiscas creían que todos los movimientos sísmicos de la tierra, tanto los terremotos, se debían al dios
Chibchacum, quien cuando se cansaba de llevar la tierra en un hombro, la pasaba al otro. Por ello
Chibchacum era considerado como el dios de los terremotos y además, el protector de los mercaderes y de
los campesinos, quienes les hacían ofrendas en oro.

El mito de Chibchacum presenta algunas semejanzas con el mito griego de Atlas, el gigante hijo de Cimene y
Japeto, quien tomó parte en la guerra de los gigantes contra los dioses. Los gigantes fueron vencidos,
recibiendo por ello los castigos de Zeus, quien condenó al gigante Atlas a sostener la bóveda celeste sobre
sus hombros. Por ello, al dios protector de Bacatá también se le llama "el Atlas Chibcha".

Fuente: Tomado de https://www.culturarecreacionydeporte.gov.co/es/bogotanitos/cuenta-la-leyenda

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