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EL HIJO DE HEGEL

Traducción y comentarios de Luis Fernández-Castañeda (1). Málaga.


Noviembre de 2006.

Ludwig Fischer, que así se llama este hijo de Hegel, escribe con 18
años, a punto de irse a las Indias orientales en un viaje del que no
regresaría jamás (murió el 28 agosto de 1831 en Yoyakarta de un
proceso febril, según consta en el libro de defunciones [p. 136]), una
carta reveladora que el azar nos ha conservado:

Ludwig Fischer a Ebert

Harderwyck, 11 de julio de 1825 en Ámsterdam

Distinguido señor:

Hasta ayer no recibí su estimada carta del 16 de junio, dado que antes de
que llegara vine por Colonia y no dejé allí ninguna dirección a donde
pudieran enviármela.

Antes que nada le agradezco el interés que muestra por mi destino,


realmente algo duro. Quiera Dios que tenga fuerzas para soportarlo. Sobre
las circunstancias de estos últimos tiempos, que Usted desearía conocer,
quiero darle ahora una explicación más detallada.

Cuando pasé de Jena a Heidelberg, me engañé absolutamente al abrigar la


esperanza que tendría una acogida calurosa y una educación llena de afecto.
Como hijo natural de mi padre ―a quien no volveré a llamar así―, mi
madrastra, que ya tenía dos hijos, me relegó, y a partir de entonces viví
siempre con temor, nunca en el amor a mis padres, en una relación que
originaba continuas tensiones que no redundaban en nada bueno. En
Berlín la falta de medios fue lo único que me impidió huir de casa al amparo
de la noche; de haber tenido un compañero, hubiera continuado con mi plan
a pesar de todo. Allí me cultivé, y templé mi carácter. Me gustaban mucho
los idiomas y fui, p. ej. , el primero de la clase en latín y griego durante todo
un trimestre. ¡Cómo me hubiera gustado estudiar medicina! Pero se me
hizo saber que ni pensara en ello, ¡debía ser comerciante! Alegué que
difícilmente podría aguantarlo, porque no sentía haber nacido para ello; la
respuesta fue que en ese caso cesaría todo apoyo económico.

Y esto es lo que realmente sucedió. Varias veces estuve a punto de


abandonar Stuttgart, pero al final siempre cedía. Sin embargo, acabé por no
soportar más el proceder arbitrario en esta milicia; además, mi patrono era
muy testarudo en más de un aspecto, y esto me llevó a un desagradable
intercambio de palabras con él y a pedir mi cese, lo que me fue concedido
después de algunas dificultades. El Sr. Hegel se despidió formalmente de mí
a través de mi patrono, sin siquiera escribirme directamente. Yo aún le
escribí una sentida carta de despedida desde Maguncia, la última que
recibirá de mí, y con esto rompimos. No puedo pedir perdón ni prometer
mejorar, etc., porque no soy consciente de haber cometido falta alguna, a no
ser la de no poder adaptarme a un oficio por el que nunca sentí inclinación.

[...] Ahora he llegado hasta este lugar y he decidido firmemente enrolarme


como militar con destino a las Indias orientales, por un tiempo de seis años.
Habré acabado el 24 de junio de 1831. Mañana parte un convoy, pero no es
aún el que me llevará hasta allí. Espero poder darle noticias mías de vez en
cuando, pero quién sabe si en las guerras interminables que allá abundan
no me atravesará en la próxima batalla una bala enemiga, o quizá caiga
ante las enfermedades contagiosas, las fiebres, etc., que se apoderan de uno
en no más de una hora. Por ello, cuente Usted con que si en ocho años no he
regresado, es que ya no lo haré.

Bueno, querido doctor, hay una cosa más que me preocupa mucho: ¡qué
podría ser sino el sostenimiento de mi única y querida hermana! Hasta
ahora ha cuidado Usted de ella tan paternalmente, que casi no he sentido
esta preocupación, pero dado que es probable que no la vuelva a ver o que lo
haga después de mucho tiempo, no he podido librarme de este pensamiento.
Dios le pague lo que ha hecho con ella; sígala teniendo en su corazón; en
estas circunstancias confío por completo en su buen juicio y en su
experiencia.

[...] Estoy algo escaso de dinero, pues el que tenía para el viaje no alcanzó
hasta aquí, por lo que tuve que vender mi reloj. El Sr. Hegel no dejó
siquiera que me llevara toda la ropa, por no hablar de los libros. [...] Si
pudiera darme alguna noticia más concreta sobre la vida de mi querida
madre, sobre las circunstancias de su muerte y sobre su relación con el Sr.
Hegel, le estaría muy agradecido. Son cosas sobre las que tengo múltiples
dudas, y me importan mucho.

Atentamente, su humilde servidor

Ludwig Fischer

(p.128 ss.)

Esta es la única carta que poseemos del hijo de Hegel en la que de


alguna manera hace cuentas con su padre. Lamentablemente, nos
falta la otra versión de la historia, la del filósofo. ¿Qué atormenta al
hijo? Indudablemente, haber sido relegado ―así lo dice― en el hogar
familiar. Pero también la ignorancia en que se le tuvo sobre las
circunstancias de su origen, de su madre, etc., como muestra el final
de la carta. No es exagerado hablar de frialdad por parte de Hegel,
pero hay que contrapesar esto con la evidencia epistolar de que
nunca dejó de preocuparse por él. Es algo que, dada la ruptura de
relaciones, el hijo no podía saber, pero probablemente, de haberlo
sabido, tampoco hubiera sido un consuelo, como no puede serlo el
que a los diez años de edad tu padre te lleve por fin a casa para
educarte, habiéndote dejado pasar todo ese tiempo entre «extraños».
Pero vayamos a las evidencias documentales, que presentaremos en
orden cronológico.

El primer, e ilegítimo, hijo de Hegel, fue concebido con toda


probabilidad a principios de mayo de 1806 en Jena, en la pensión
donde estaba alojado, dado que el hijo nace el 5 de febrero de
1807. No sabemos prácticamente nada de la madre de Ludwig,
Christiane Charlotte Johanna Burkhardt. Sólo nos consta el nombre
de su padre, Johann Christian Fischer, ordenanza del tribunal de la
corte. Christiane nació en 1778. Era, por tanto, ocho años más joven
que Hegel. En el libro bautismal de Jena podemos encontrar la
situación de la madre:

Christiana Charlotte Burkhardt, de apellido paterno Fischer, esposa


separada de un criado ducal, por tercera vez un hijo ilegítimo, Georg
Ludwig Friedrich, se apellida Fischer, y era ayudante de tienda en 1825 en
Stuttgart. Día del nacimiento: 5 de febrero de 1807, a mediodía. Bautismo:
7 de febrero. Padrinos: señor Friedrich Frommann, librero aquí; señor
Georg Ludwig Hegel, teniente en el regimiento real del príncipe heredero de
Würtemberg. (Nacimientos anteriores: 18 de octubre de 1801: ilegítima,
una hija: Auguste Theresia. 9 de marzo de 1804: por segunda vez,
ilegítimo, un hijo muerto el 30 de noviembre de 1806). (p.121)

El hijo fue entregado a la hermana de Frommann, un amigo suyo de


Jena, casada con el librero Bohn, para que lo criara. Casi todas las
menciones a Ludwig por parte Hegel son en cartas a Frommann. La
primera que conservamos dice así:

Hegel a Frommann

Bamberg, 9 de julio de 1808

Queridísimo amigo, para contestar a sus dos últimas cartas he esperado a


aclarar un par de asuntos y poder comunicárselo. El primero es sobre el
destino de los libros que aún tengo en Jena, y el segundo sobre la letra de la
que Usted me habla. Esta última aún no me ha llegado, por eso tendrá
Usted que cobrarla en parte cuando mi cuenta con Usted quede de nuevo
saneada; si pudiera Usted subir la letra a, por ejemplo, 3 carolinas, esto no
sólo me sería de ayuda para reclamar a Paulsen unos 7 táleros y enviárselos
a Usted, sino que así también dispondría Usted de un pequeño anticipo
para su caja. De no ser posible este aumento de la letra, le enviaría lo
correspondiente en metálico; espero, por tanto, sus noticias. En lo que
respecta a lo primero, a mis libros, me han informado de que están fuera de
peligro; le agradezco que me haya llamado la atención al respecto; el arreglo
de este asunto no molesta, por lo que veo, a la Sra. Burkhardt; sólo que por
medio de esto ha tenido que padecer más, así como por otras circunstancias
de su situación; lamento siempre amargamente no haber podido sacarla
hasta ahora de su situación, a ella, que es la madre de mi hijo y que por eso
tiene derecho a exigir de mí toda clase de deberes. Estoy en la mayor deuda
con Usted por facilitarme el alivio que en este tema intento conseguir.

Y la carta sigue, abundando en otros asuntos. El tema del hijo y de


su madre queda, pues, embebido en medio de los negocios y las
expectativas de Hegel. Por eso hemos traducido la primera parte de
la carta, para que se vea que no es el tema de la Sra. Burkhardt lo
principal en la disposición del texto. No sabemos si acaso lo fuera en
el ánimo de su autor, aunque lo dudamos. También es de resaltar la
sensación de impotencia de Hegel, ciertamente necesitado en
aquella época, incapaz de ayudar como quisiera a la madre de su
hijo (si bien de él no dice aquí nada).

En Jena, Goethe se interesó por el pequeño Hegel, al que le escribió


un poema fechado el 29 de marzo de 1811, titulado “El hijo
nat[ural] de Hegel”, donde la intuición del poeta le permite entrever
su difícil futuro:

Un niño eras aún cuando te vi


que marchaba al mundo confiado en sí;
como quiera que éste te encuentre un día,
ten el consuelo de esta mirada amiga.
(ibid.)
Hegel a la Sra. Frommann
30 de abril de 1811, Nürnberg

¡Apreciadísima amiga! [...] saludad a Louis.


Su humilde servidor
Hegel.

Hegel envía pues saludos a su hijo, que tiene cuatro años, y escribe
su nombre a la francesa, Louis, y no Ludwig, práctica al parecer
también común entre los Frommann.

Hegel a la Sra. Frommann


18 de mayo de 1811, Nürnberg

[...] Le agradezco las buenas noticias que me da de Louis, y aún más el


mucho amor y bondad que Usted le muestra. Sólo un cuidado semejante,
comprensivo y afectuoso, como el de que goza, podrá eliminar esa enfermiza
hinchazón, la inercia y abotargamiento de espíritu que tiene que agradecer
a su anterior educación, dando paso libre a su carácter natural que, como
Usted me escribe, parece bueno.

[Después de comunicarle que se va a casar, añade:] Le ruego que


mantenga esto en secreto, porque si llegara a oídos de la B[ur]kh[a]rdt antes
de haber solucionado todo con ella, podría aumentar aún más su descaro.

¿Qué descaro? Un apunte de Varnhagen, el 4 de julio de 1844 (Nota


a la carta de van Ghert a Hegel el 23 de mayo de 1828, nº 581, pp.
434ss.) recuerda la conversación que tuvo con Leo a propósito de la
recientemente aparecida biografía de Hegel por Rosenkranz: “El
profesor Leo dijo que, en el futuro, Rosenkranz tendría que hablar
necesariamente en su biografía de Hegel del hijo natural de éste, que
habría sido importante y funesto para el padre, provocándole un
disgusto inextinguible y un desasosiego punzante hasta el final de
sus días. Hegel había vivido en Jena con un sastre, entablando una
relación con la mujer. Al poco de nacer un hijo, murió el sastre, y
Hegel prometió por escrito a la viuda casarse con ella. Pero a Hegel
le resultó difícil incluso costear al hijo. Cuando marchó de Jena, dejó
de pensar en el asunto. Pero en la boda con Marie von Tucher en
Nürnberg apareció de pronto la viuda del sastre con la promesa
matrimonial, irrumpiendo de la manera más vulgar y soez con su
reclamación. Tuvieron que calmarla, y le ofrecieron una
compensación. La esposa de Hegel, enterada de todo, confió
demasiado en su capacidad de amar, y quiso llevarse al chico a su
casa, encontrando poco después que aquello le molestaba y
disgustaba en demasía. Sufrió indeciblemente en estas
circunstancias. El chico, parecido en sus rasgos y forma de ser a los
otros hermanos, sintió la molestia que provocaba su presencia y se
volvió introvertido, tímido y disimulado; sus fugas, duramente
castigadas, le hicieron cada vez más colérico. Finalmente, Hegel
decidió que debía irse de casa para aprender comercio en Stuttgart.
La mujer de Hegel tenía allí parientes, y un joven Hegel no podría
pasar desapercibido, de modo que el vergonzoso asunto saldría a la
luz, lo que aumentó sus desdichas. Entonces fue cuando el chico
robó unos ocho Groschen [aprox. ochenta céntimos], y las cosas se
llevaron al extremo de que el pobre joven fue declarado indigno de
llevar el apellido Hegel y tuvo que aceptar el de Fischer, que recibió
como una humillación mortal. Hegel acabó por comprarle un puesto
de oficial en el ejército colonial holandés, y marchó a Batavia. Que
allí vivía un oficial de ese nombre fue algo que oyó Leo hace algunos
años por boca de holandeses, a quienes había preguntado al
respecto. Hegel, dijo Leo, llevó con gran celo este asunto, pero
también con un profundo dolor, y su conducta, de cuya necesidad
estaba convencido, se convirtió para él en una difícil lucha y un
continuo reproche.”
Este relato, como comenta el editor, no es fiable, pero da una versión
que al menos explica ese “descaro” que reprocha Hegel a la antigua
amante y madre de su hijo.

Karl Hegel, hermanastro de Ludwig, lo silencia en su edición del


epistolario de su padre, pero la publicación de las cartas de Hegel a
Frommann muestran a un padre preocupado por el hijo y
ocupándose de él. Que no lo llevara consigo a Bamberg y a
Nürnberg puede obedecer a diversos motivos, entre ellos el
económico, pero una vez casado e instalado en Heidelberg, llama a
Ludwig a su lado. Antes había dejado claro este punto de su pasado
a su mujer y a su suegra.

Hegel a Frommann
Nürnberg, 2 de septiembre de 1814

... Vengo a parar ahora a Louis; por desgracia, veo por lo que Usted me dice
de él que su estado físico aún no es del todo bueno. El calor veraniego, que
hace bien a una constitución semejante, no habrá dejado de producir sus
efectos, pero lo mejor se debe al amoroso cuidado del que goza. También me
ha conmovido mucho la bondad de los dos médicos que le han tratado y que
no quisieron cobrar nada. Cuando se presente la ocasión, hágales llegar mi
gratitud. Parece que Usted espera algo de su talento. Lo más adecuado será
destinarle al comercio. Su memoria le facilitará aprender nuevos idiomas.
Me ha parecido muy bien que haya Usted calculado el incremento de la
pensión [por Ludwig]. Ha actuado completamente conforme a lo que
pienso. Es, con todo, una compensación pequeña. Mis mejores recuerdos a
la Sra. Bohn; a Louis le exhorto a ser siempre dócil y aplicado. Mi mujer
escribió o empezó a escribir varias veces este verano a la Sra. Bohn, pero por
mi vacilación no llegó a acabar las cartas o a mandarlas. Sin embargo, hoy
le escribirá una para decirle que gustosamente se haría ella cargo de parte o
de todo su cuidado, o al menos aliviaría la carga.
Hegel parece estar pensado en acoger a su hijo en casa pero, como él
mismo dice, aún vacila. Bueno, en realidad es su mujer la que se ha
de hacer cargo de él, de acuerdo al machismo de la época. Por otra
parte, vemos que con siete años ya piensa hacer del niño un
comerciante o un tendero. La negativa a que estudiara una carrera,
de la que se queja el hijo en 1825, estaba pues decidida once años
antes.

Hegel a Frommann
Nürnberg, 20 de diciembre de 1815

Queridísimo amigo:

Mi querida mujer, en su buena voluntad hacia Louis, tuvo la intención de


darle otra pequeña alegría por Navidad. Un repentino ataque se lo ha
impedido, y aún la tiene muy débil. Le digo esto para que vea que no hemos
olvidado a Louis ni a nuestros queridos amigos en Jena. [...]

Accusatio non petita... de modo que las aguas no bajan del todo
claras. Quizá Hegel esté luchando en el ámbito doméstico para que
su mujer acepte al hijo. La despedida es parecida a la de septiembre
anterior: «a Louis un afectuoso saludo con la exhortación a que sea
bien educado y dócil.» Quizá esta insistencia en la docilidad indique
también ciertas resistencias por parte de Ludwig, que años más
adelante querrá fugarse varias veces.

Hegel a Frommann
Nürnberg, 14 de abril de 1816

... Mi mujer escribirá a la Sra. Bohn para decirle personalmente lo que me


alegro por el constante afecto mostrado hacia Louis, y lo agradecido que
estoy por todo lo que ha hecho con él. Por su carta [de Louis] hemos podido
ver que ha hecho muy buenos progresos. Le pido a la Sra. Bohn que
organice de acuerdo con Usted su ulterior enseñanza masculina, que ella
estima aconsejable empezar ya.

Hegel a Frommann
Nürnberg, 20 de julio de 1816

... La Sra. Bohn es muy amable por haberse llevado a Louis al balneario.
¡Por cuántas cosas le estoy agradecido!...

Hegel a Frommann
Nürnberg, 28 de agosto de 1816

... le quiero anunciar que, de momento, mi marcha a Heidelberg está


decidida. [...] En Berlín también han pensado en mí. [...] Mi mujer y yo
hemos decidido llevar desde ahora a Ludwig con nosotros. Esto coincidirá
tanto mejor, de una parte, con aquello que Usted me escribe y, por otra, con
la presencia de su primera madre y su propia e inminente aparición. Pero
quizá no nos permitan que se quede aquí.

En estas alusiones un tanto crípticas se puede ver, no obstante, que


el futuro de Hegel se despeja, que entonces al fin parece haber
convencido a la mujer de quedarse con el hijo (si es que tuvo que
convencerla), y que la madre y/o la familia de la madre pueden ser
un obstáculo para los planes de Hegel. Con mayor facilidad podría
haber renunciado a acoger al hijo en su casa.

Hegel a Frommann
Heidelberg, 19 de abril de 1817

Desde entonces, Ludwig nos ha traído a Voβ. Voβ me ha comunicado la


muerte de su madre, y se lo acabo de decir. Le ha afectado más que a mí.
Hace mucho tiempo que en mi ánimo había terminado con ella; sólo podía
temer desagradables contactos de ella con Ludwig ―e indirectamente con
mi mujer―, y cosas sumamente desagradables para mí. ¿Estuvo en Jena?

Y continúa Hegel agradeciendo la crianza del hijo, anunciándole que


tiene una buena cabeza, y que ya va al instituto.

En la carta a Frommann de 7 de octubre de 1818, le cuenta que


acaban de llegar a Berlín. Ludwig va con ellos, y cuenta Hegel que
allí en Berlín su hijo se ha encontrado con algunos amigos de la
infancia, miembros de la familia Bohn que le crió.

Hegel a Frommann
Berlín, 8 de abril de 1822

Estimado amigo:

Hace ocho días que confirmaron a Ludwig, y ha llegado el momento de


buscarle un alojamiento para su futuro destino en el comercio. Ya le hablé a
Usted de pasada sobre la idea de que los Sres. Bohn le pudieran conseguir
un puesto en el comercio del Sr. Jobst. Mis parientes de Stuttgart me
pusieron algunos reparos, pero desde entonces es éste mi firme deseo, y mi
señora suegra en Nürnberg escribió a mi mujer el pasado invierno
diciéndole que el señor Bohn le comentó cuando fue a Nürnberg en octubre,
que el negocio de Jobst necesitará un aprendiz dentro de un año. Ludwig ha
mejorado mucho, sobre todo desde hace un año; ha ganado en sensatez,
aplicación y firmeza, es más maduro en todo y tiene sentido del honor; en el
instituto francés ha hecho muy buenos progresos, especialmente en el
dominio de este idioma. Pero ni con la mayor confianza y esperanza que
abrigo sobre él estaría tranquilo sabiéndolo alojado fuera de la atenta
mirada de los Sres. Bohn, que le han mostrado tanto afecto desde siempre, a
quienes él tanto agradece y respeta, y que ya tienen ganada cierta autoridad
sobre él. El trato social siempre fue un riesgo para él, y el peligro de
mandarle con desconocidos que no pueden ejercer esa vigilancia amistosa,
no me daría más que preocupaciones. Vistas las circunstancias, tengo por
fuerza que desear que se aloje sin dinero para el aprendizaje del mismo
modo en que, si no recuerdo mal, lo hizo con el Sr. Bohn; más no puedo
hacer por él.

Hágame el favor de expresarle mi deseo a los Sres. Bohn y, a través de ellos,


al Sr. Jobst. Bien puedo pedir el apoyo de la Sra. Bohn y de su hermana
Betty, a quienes saludo de todo corazón. Usted sabe mejor que nadie, mi
estimado amigo ―y amigo en todas estas circunstancias―, qué obligado
quedaré con el Sr. Bohn y con todos ustedes si el asunto sale adelante.

Digamos lo que pasa: Ludwig es un chico rebelde al que hay que


atar en corto. Bien consciente de ello es su padre, y toma las
medidas que considera convenientes. El rendimiento escolar del
chico parece bueno, pero esto no casa con una actitud al parecer
levantisca. Algo pasaba en casa de los Hegel, o al menos algo sentía
el muchacho, con razón o sin ella. Quizá por eso le exhortaba desde
pequeño a ser dócil, como hemos visto. Y quizá por eso ahora el
padre quiere enviarle a la antigua familia donde se crió y donde
parece que tienen una autoridad sobre él que el propio padre no
tiene. Que hay tensiones es indudable, y hay un momento en la carta
en que Hegel mismo parece tirar la toalla: ese «más no puedo hacer
por él», es altamente significativo de una tensión latente que estalla
y, al mismo tiempo, una raya que se marca en el terreno de la vida, y
que habría que leer como «más no estoy dispuesto a hacer por él».
Los deseos del muchacho ni se mencionan. Nada que indique el
contenido de la primera carta del hijo que hemos traducido. A pesar
de todo, también se aprecia que el padre se preocupa por el hijo, y lo
seguirá haciendo. Véase la siguiente carta, escrita unos meses más
tarde.
Hegel a Frommann
Berlín, 9 de julio de 1822

Le agradezco de todo corazón, mi querido amigo, los esfuerzos que se ha


tomado por intentar colocar a mi Ludwig con el Sr. Jobst, e informarme
detalladamente de ello. [Lamentablemente, no ha sido posible] [...] Desde
luego también me ha pasado por la cabeza si no sería preferible para Ludwig
ser guarda forestal o agricultor. Tras considerar todas las circunstancias,
sin embargo, he tenido que atenerme a mi antiguo propósito de dedicarle al
comercio, pues no siente predilección por otra cosa que pudiera estorbarlo.
Desde luego, lamento que no pueda llevarlo ahora cerca de conocidos y
personas tan honradas como los señores Bohn.

Dado que esta carta le encontrará a Usted en Nürnberg por mediación del
señor Merkel, le ruego que salude afectuosamente a este viejo amigo mío de
mi parte, y pregúntele si puede encontrarle una colocación a Ludwig. Mi
señora suegra, que sabe de su inminente llegada a Nürnberg, está ahora en
el campo, a una hora de la ciudad, pero ya le diré que se lo pregunte
también al señor Merkel, cuya bondad y favor, y el de toda su familia, que
conozco por experiencia propia, me permite abrigar la esperanza de que
empleará todos sus contactos. Últimamente estoy muy contento con
Ludwig, también por su diligencia constante, su urbanidad y su voluntaria
docilidad, de modo que puedo confiar en que bajo una guía, que desde luego
necesita como cualquier otro joven en mayor o menor grado en esta época,
se aplicará convenientemente.

Hegel a su hijo Karl


Amsterdam, 12 de octubre de 1822

Me ha alegrado mucho, querido Karl, recibir también aquí carta, y noticias


tuyas. Por lo que dices, veo que tú e Immanuel estáis bien, y espero que
también Ludwig. Espero también que Ludwig haya sido igualmente
aplicado en las vacaciones. [...] Saluda a tus dos hermanos con todo cariño,
y también al señor Pieper, que le dio a Inmanuel la planta del geranio, y a
Anne. ¿Estará aún verde el geranio para cuando llegue, y vivirá el canario?
Me gustaría saberlo. Buenas noches, ya es tarde, tu fiel padre, Hegel.

En esta carta advertimos lo que ya habíamos anotado antes: que


Karl parece «olvidar» a su hermano Ludwig, puesto que no lo
menciona en la carta que le escribe al padre. El padre, sin embargo,
advierte de inmediato la falta, y trata de corregirla preguntándole
repetidamente por él. Quizá los esfuerzos de Hegel eran ya vanos.
También en la despedida advertimos ese «dos», que añade Hegel
con toda intención ya que, en alemán como en español, es
perfectamente prescindible, y podría decir «saluda a tus hermanos».

Los esfuerzos de Hegel por encauzar a su hijo Ludwig no dieron


resultado. Desde 1822 no hemos encontrado ninguna mención más
de Hegel sobre su hijo en la correspondencia conservada. Para este
período final, marcado por el silencio, contamos no obstante con tres
cartas que pueden arrojar alguna luz:

Johanna Frommann a Sophie Bohn


30 de octubre de 1824

¡Ojalá que entre verdadero amor y humildad en el corazón no del todo


afecto y algo duro de Louis! ¡Qué verdaderamente libre se sentiría si hiciera
su deber con regularidad! ¡Para algunas personas se desearía una
indicación de Dios! ¡Alguna vez se hará la luz en su alma!

Johanna Frommann a Betty Wesselhöft


10 de junio de 1825

¡Cuánto he lamentado que Louis no haya mejorado! Pero también puede


decirse: „ce qu’il a fallu’, antes de haber llegado tan lejos, y el pobre Bohn y
tú habréis tenido momentos difíciles, ¡pero sobre todo el pobre Alex! Le
habrán quitado un peso del corazón, ya que Louis tiene una piedra en lugar
del corazón. Quiera Dios mejorarlo. Creo que una persona así es la más
adecuada para el ejército, porque allí tendrá que aprender a obedecer las
reglas minuciosamente.

Van Ghert a Hegel


La Haya, 23 de mayo de 1828

... Ha olvidado Usted decirme lo preciso sobre su hijo, que está bajo mando
holandés en Batavia. Me encantaría poder serle útil, y tengo para ello la
mejor oportunidad. Tenga Usted pues la bondad de informarme en qué
cuerpo del ejército está su hijo y qué puedo hacer por él. Haré por él más de
lo que quizá Usted cree.

ANEXO

Conservamos el presupuesto doméstico de Hegel para 1811 y 1819.


En ambos se destaca una partida para el cuidado o educación del
hijo, respectivamente. En este último caso se incluyen clases de
canto. En el presupuesto de 1819 destaca la partida para el
duodécimo cumpleaños de Ludwig, que es muy inferior a la que
dedica al quinto cumpleaños de Immanuel. (p. 119)

El álbum de Ludwig Fischer (p. 121), aparte de los inestimables


versos de Goethe, muestra el cariño de su madre adoptiva, Sophie
Bohn, y el de su hermana Teresa (que lleva el apellido Burckhardt).

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NOTA
(1) Recogemos aquí los testimonios más relevantes del hijo “ilegítimo” de Hegel, tal
como figuran en la edición crítica de Hoffmeister: Georg Wilhelm Friedrich Hegel
Sämtliche Werke. Kritische Ausgabe, vols. XXVII-XXX, Meiner, Hamburg 1952.
Quedan traducidos todos los pasajes en los que Hegel cita al hijo de forma explícita,
excepto unos pocos en los que simplemente le envía saludos, y que creemos no añaden
nada a lo que aquí se expone.

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