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De motu Cordis 

Una mirada sobre el corazón en Santo Tomás de Aquino 

Gabriela Josefina Villagra. 

Se aborda el Opúsculo De Motu Cordis, cuya autoría pertenece a Santo Tomás de Aquino
con la intención de conocer cuál era la concepción filosófica del corazón durante la Edad
Media.

Vale restringir el alcance de la expresión a la de “medicina medieval durante el siglo XII”.


Esto resulta de mayor precisión puesto la Edad Media (tomando la expresión de usanza
generalizada, pero despojándose de lo peyorativo) consistió en un lapso temporal de diez
siglos, atravesado por diferentes acontecimientos que hacen imposible darle un trato
homogéneo.

“Cimentada sobre la triple herencia de Hipócrates, Galeno y Aristóteles, la medicina


medieval estaba fuertemente ligada a la filosofía y teología, y un vínculo privilegiado entre
tales disciplinas lo constituyó el breve opúsculo de Tomás escribió haciéndose eco de una
disputatio vigente en la atmósfera intelectual de su tiempo, concerniente al movimiento
del corazón. Se trata del Motu Cordis, verdadero tratado de fisiología cardíaca en el cual
defiende el carácter natural y no violento del movimiento del corazón, oponiéndose al
médico Alvredus de Sarachel, más conocido como Alvredus Anglico, quien sostenía
1
exactamente lo contrario en sus clases magistrales de las aulas de Paris en el siglo XII”.

Santo Tomás escribe el Opúsculo en el año 1273 como respuesta a las dudas del Maestro
Felipe de Castro Coeli, quien “era profesor de medicina en la Universidad de Nápoles
(1272-1274) al mismo tiempo que Santo Tomás ejercía los últimos años de su magisterio
2
en esa ciudad.”

El contexto histórico marcado por el traspaso de los centros culturales del ámbito monacal
al de las ciudades y el “ingreso al mundo medieval de una multitud de conocimientos y de
ciencias provenientes de la tradición griega y de la cultura árabe que ampliaron
insospechadamente el panorama científico y cultural de la época a tal punto que el

1
ALBY, Juan Carlos; “La medicina Medieval y la Filosofía tomista del cuerpo”; Tomado de ​
www.es.scrib.com​
,
pág. 1.
2
ibid nota nº 1, pág. 19.
monasterio dejó de ser el espacio adecuado para la asimilación y la crítica (hechas ambas
3
desde la Fe Cristiana) de la “nueva ciencia”.

Es de conocimiento generalizado que la incorporación de Aristóteles a través del mundo


árabe, generó múltiples cambios en las áreas filosóficas y teológicas. Muestra de la
hostilidad hacia lo proveniente del mundo arábigo fueron la condena del Obispo Tempier
y la prohibición “en el Sínodo de la Provincia Eclesiástica de Sens, reunido en París en el
año 1210 (….) en 1215, la misma prohibición se renueva en la aprobación de los estatutos
4
de la Universidad de París (…)” ​ , muestra de que la asimilación de los textos aristotélicos
no fue pasiva.

De esto resulta que “la adquisición del “nuevo” Aristóteles , así como de Hipócrates y
Galeno, tanto como la estrecha relación con la filosofía de la naturaleza, fueron
configurando al médico medieval que llegó a ser no un mero práctico en el arte de curar,
5
sino un genuino “físico”, es decir, un conocedor profundo de la naturaleza.”

Es ordenado señalar que, Santo Tomás al hablar del corazón utiliza el criterio amplio es
decir, abarca a todos los animales, mientras que aquí, se restringirá el análisis al
movimiento del corazón del hombre.

El hombre será, para el médico medieval, un microcosmos y el corazón su centro. Ya que


se constituye en la plenitud de lo creado y refleja el orden natural, cuestión que lleva
inscripta en su propia naturaleza y que es claramente descifrada por el físico.

Ante este breve panorama histórico, cabe preguntarse cual es el aporte de Santo Tomás a
la filosofía y a las ciencias modernas. Este interrogante será desmenuzado en los
siguientes, ¿Qué mueve al corazón?; ¿Cómo es este movimiento?; ¿Cuáles son las
implicancias de la presencia y la ausencia del movimiento del corazón? Y finalmente, ¿es el
corazón el punto en el cual se concreta la unidad sustancial hombre?

Pasemos a intentar darles una respuesta.

3
ibid nota nº 1, pág. 69.

4
ibid nota nº 1, pág. 70.

5
ibid nota nº 1, pág. 72.
¿Qué mueve al corazón?
“Quia omne quod movetur necesse est habere motorem, dubitabile vendee quid ​
move at
6
cur et quails motes eyes sit.”

La cuestión queda planteada arriba y su formulación surge de la observación de la realidad


circundante. El hombre no es observado aquí en su aspecto material sino como unidad
sustancial de cuerpo y alma. Y el corazón es el responsable de poner en movimiento esa
unidad.

Yendo al quid, Santo Tomas sostiene que lo que mueve al corazón es el alma
sensitiva-intelectiva, en tanto forma y naturaleza del cuerpo y no como operación propia
de la misma.

El movimiento del corazón y su inicio, es propio de hombres y animales, por lo tanto el


análisis debe circunscribirse al alma sensitiva- intelectiva, dejando de lado la vegetativa.

El primer inconveniente que encuentra Santo Tomas para sostener el movimiento del
corazón como iniciado por el alma, es el paso de la potencia al acto y así sucesivamente.
Es decir, un corazón inmóvil a un corazón móvil.

Esto es resuelto al tomar nociones aristotélicas de “primer motor” y haciendo un paralelo,


declara que el primer motor de los movientes es el alma sensitiva-intelectiva. Lo justifica
atribuyéndole la noción de forma como, todo aquellos de lo que uno recibe el ser en
cualquiera de sus manifestaciones sea accidental o sustancial.

En este caso el alma operaría como forma sustancial pues hace actual el ser sustancial,
hombre, puesto que ninguno de estos entes específicos, sería lo que es sin el alma que lo
informa.

Aquí el alma operaría como principio de generación puesto hay materia (músculo
cardíaco) existe la privación o un no ser actual (ausencia de movimientos, latidos) y
finalmente una forma o principio formal (alma sensitiva-intelectiva).

Siguiendo el análisis anterior es visible que, ante la privación existente y la junto con la
incorporación del principio formal el corazón empezó a latir. De lo cual se desprende que
tratamos con un algo vivo, un ente natural, corpóreo y móvil, que no existía antes del
primer latido. Ocurre esto pues hay una identificación esencial entre el inicio de la vida y la
existencia de un ente comienza a estar vivo. En tal caso el hombre no era hombre, antes
que el cuerpo se viera informado por el alma.

6
ibid nota nº 1, pág. 26.
Diremos unas palabras sobre la privación como principio necesario para la generación, es
decir, para que se produzca el primer latido del corazón.

La privación es un principio accidental pues puede identificarse con la materia en cuanto


sujeto. Pero solo sucede en aquellos sujetos que por determinación intrínseca tienden a
poseer una cosa para la cual están dotados naturalmente. “La privación sólo se dice de un
sujeto determinado, a saber, de aquel al que la tenencia de una cosa es natural: así, la
7
ceguera solo se dice de los que por naturaleza pueden ver.”

En este caso la materia, sustrato físico del corazón, posee entre sus potencialidades la
capacidad de moverse y quien actualiza dicha potencia es el principio formal o alma.

A esta altura cabe señalarse que Santo Tomás, predica un alma por cuerpo y no un alma
para cada parte del cuerpo. Lo cual hace tomando palabras de Aristóteles, “debe pensarse
el animal como una ciudad gobernada por buenas leyes. Pues en una ciudad, cuando de
una vez se ha fijado el orden, para nada es necesario que su monarca, aislado, intervenga
en cada una de las cosas que se realizan, (….) En los animales esto mismo se realiza por
naturaleza, y porque cada uno de sus constituyentes es naturalmente apto para realizar
su propio acto, de modo que para nada es necesario que en cada uno de ellos haya un
alma, evidentemente en cuanto esta es principio de movimiento, antes bien existiendo
esta en cierto principio del cuerpo, los otros constituyentes viven por estar sólidamente
8
adheridos a él produce su propio acto por naturaleza.”

¿Cómo es el movimiento del corazón?


La maravilla que implica un corazón auto moviente, hace que Santo Tomás busque
describirlo con la mayor exactitud posible. Como resultado de esto, le atribuye las
siguientes características a su movimiento, natural, involuntario, intrínseco y continuo.

El movimiento del corazón es natural, señala tomando los dichos de Aristóteles en la Física
“decimos que se mueven por naturaleza estas realidades que tiene en sí mismas el
principio del movimiento. Por lo que ciertamente el animal se mueve así mismo en su
totalidad por naturaleza: esto es diferente, en efecto, según qué clase de movimiento, por
9
el cual es movido, tenga lugar, y de que elemento está constituido.”

7
AQUINO, Santo Tomás; “Los principios de la Naturaleza”, Edición Bilingüe; Agape Libros, Bs. As, 2007, pág.35.
8
ibid nota nº 1, pág. 43.

9
ibid nota nº 1, pág. 37.
Cuando se habla de natural se entiende por potencialidades que incluye la materia de la
cual está constituido el corazón del hombre y por supuesto, el principio formal que las
actualiza.

Realizándose el análisis sobre el hombre podría decirse que “es exclusivo del hombre
obrar deliberadamente y no por naturaleza; pero, sin embargo el principio de cualquier
10
operación suya es natural.” Realizada esta aclaración pues de lo natural en el hombre,
surge lo relativo a la voluntariedad de los actos que realiza en función de su alma
intelectiva.

De aquí se sigue la involuntariedad del movimiento del corazón, puesto que si bien
“aunque no sepa por naturaleza las conclusiones de las ciencias especulativas y prácticas,
sino que las descubre razonando, con todo, los primero principios indemostrables, desde
los cuales avanza hacia el conocimiento de las demás cosas, le son naturalmente
11
conocidos.”

El hombre no detiene o inicia el movimiento de su propio corazón a voluntad a pesar de su


libertad y racionalidad. Esto ocurre, porque dicho movimiento es de orden involuntario y
sustrato natural.

Otra nota característica del movimiento del corazón es lo intrínseco del mismo, lo cual no
puede no ser relacionado con la noción de alma como forma sustancial del corazón. Así lo
explica Santo Tomás cuando dice “tampoco hay nada que impida que el animal, en cuanto
tiene forma que es el alma, tenga algún movimiento natural; y el motor de este
12
movimiento es el que le da forma.” ​ Y continúa, “más toda propiedad y movimiento se
sigue de alguna forma según la condición de la misma, así como de la forma del elemento
13
más noble, como el fuego, se sigue el movimiento hacia el lugar más noble: hacia arriba.”

Cuando el Aquinate, menciona la similitud entre el hombre y el cosmos señala que el cielo
se caracteriza por realizar un movimiento circular. Este movimiento circular, no se ve
reflejado en el hombre de manera perfecta, “más el movimiento del cielo es no solo
circular, sino también continuo, y esto le corresponden cuanto es el principio de todos los
14
movimiento del mundo (…)” ​ . Así es el corazón como el cielo, para los movimientos del
hombre.

Es además, movimiento continuo pues “a fin de que el corazón fuera el principio y el fin de
todos los movimiento, tiene cierto movimiento, no circular, sin duda, sino semejante al

10
ibid nota nº 1, pág. 39.
11
ibid nota nº 1, pág. 39.
12
ibid nota nº 1, pág. 41.
13
ibid nota nº 1, pág. 43.
14
ibid nota nº 14, pág. 45.
15
circular, a saber, compuesto de tracción e impulso.” Aquí se hace radicar lo continuo, en
los movimientos de sístole y diástole. Los cuales, son parte de un mismo movimiento que
parte y retorna a un mismo punto, pues “este movimiento es continuo durante la vida del
16
animal”

¿Qué implica la presencia y la ausencia del movimiento del corazón?


Como se ha discurrido, a través del texto tomista, el alma informa al corazón iniciando así
su movimiento, siendo este el que mueve todo el cuerpo.

Tanto en los hombres como en los animales, el movimiento del corazón es fuente de vida,
y carece de voluntariedad en su inicio y en su fin, por natural a él.

Ahora, la presencia del movimiento se traduce, en el hombre, en una multiplicidad de


actos, sean voluntarios o involuntarios, en su origen desarrollo y cese.

El sustrato involuntario del movimiento del corazón no hace que el resto de los
movimientos del hombre lo sean. Es más, la distinción entre actos humanos (realizados
con voluntad) y actos del hombre (prescinden de la misma) halla su justificación en la
naturaleza misma del hombre, enunciada por Aristóteles en su Ética a Nicómaco y que es
acogida por Santo Tomás.

En De Motu Cordis, se hace referencia a los actos humanos de esta manera “es natural al
17
hombre apetecer su fin último, que es la felicidad, y huir de la desventura (…)”

Ahora bien en cuanto actos del hombre por antonomasia, debemos señalar el movimiento
del corazón, que no procede del acto voluntario sino de la naturaleza humana. De hecho
“no decimos que el movimiento del corazón sea natural al cuerpo en cuanto este es
18
pesado o ligero, sino en cuanto está animado por tal alma” Y luego agrega, “tampoco es
necesario que el movimiento del corazón sea causado por la aprehensión y el apetito,
aunque sea causado por el alma sensitiva; pues no es causado por el alma sensitiva
19
mediante su operación propia, sino en cuanto ella es forma y naturaleza del cuerpo.”

Ahora, el movimiento del corazón sea sístole o diástole, que se separa de la perfección del
movimiento del cielo también lo hace cuando se lo caracteriza como accidental. Aquí

15
ibid nota nº 1, pág. 45.
16
ibid nota nº 1, pág. 47.
17
ibid nota nº 1, pág. 39.
18
ibid nota nº 1, pág. 47.
19
ibid nota nº 1, pág. 49.
ingresa en la cuestión la ponderación de las emociones como afecciones del alma y su
relación con el movimiento del corazón.

Santo Tomás, sostiene, que “el movimiento del corazón varía según las diversas
20
aprehensiones y afecciones del alma” ​ . Esto puede entenderse como “las afecciones del
alma no son causadas por las alteraciones del corazón, sino que más bien las causan a
21
ellas” y continúa “aunque tuviera lugar algún cambio en el movimiento del corazón
debido a una aprehensión y afección diversa, este cambio del movimiento, con todo, no es
22
voluntario, sino involuntario, ya que no se realiza por el imperio de la voluntad.”

Los ejemplos abundan en este apartado, citando a Aristóteles “que el corazón y lo


vergonzoso, muchas veces se mueven al aparecer algo y no por orden del intelecto. (….) y
ciertamente los movimientos de dichas partes –esto es del corazón y de lo vergonzoso-
hechos contra la razón se realizan por la incidencia de una alteración, pues el intelecto y la
23
fantasía presentan cosas capaces de producir pasiones (…)”

Esta relación entre las pasiones y el movimiento del corazón puede analizarse en la obra
del Aquinate, de manera genérica “consultado la obra de Nemesio desde su primera hasta
su último capítulo. Citó su definición de que "el miedo es una energía de acuerdo con una
sístole, es decir una contracción, deseosa en esencia. Sostuvo que, desde el movimiento
24
de la potencia apetitiva sobre un órgano corporal, la pasión realiza cambios corporales.”

En cuanto al alma como causa del movimiento del corazón, cabe señalar como ha dicho,
25
que “es de esencia del alma que sea forma de algún cuerpo” y el corazón será llamado
26
“primeramente animado” ​ , la deducción es sencilla. El inicio del movimiento del corazón,
es para el hombre el inicio de la vida, que implica todos los demás movimientos en él.
27
Pues “la vida del animal y este movimiento se siguen inseparablemente uno del otro.”
Por otro lado “nada es más propio de los animales que el movimiento del corazón,
28
cesando el cual acaba la vida de ellos.”

Esto es observable puesto que una vez que, la forma sustancial (alma) deja de estar
presente en el corazón (sustrato material) el movimiento cesa y con él la vida. Ocurre,

20
ibid nota nº 1, pág. 49.
21
ibid nota nº 1, pág. 49.
22
ibid nota nº 1, pág. 51.
23
ibid nota nº 1, pág. 51-53.
24
OROUKE BOYLE, Marjorie; “Aquina´s Natural Heart”; Centre of Medieval Studies, University of Toronto,
edición on line, pág.269.
25
AQUINO, Santo Tomas; “Suma Teológica” 1q.75 art. 5; Tomo III, B.A.C, 1959, pág. 183.
26
AQUINO, Santo Tomas; “Suma Teológica” 1q.75 art. 5; Tomo III, B.A.C, 1959, pág. 184.
27
ibid nota nº 1, pág. 31.
28
ibid nota nº 1, pág. 33.
entonces la separación del alma y el cuerpo, la corrupción de la materia y la trascendencia
de alma.

Conclusión
A lo largo de este trabajo se ha observado como Santo Tomas explica filosóficamente el
movimiento del corazón.

Señala que es movido por el alma sensitiva-intelectiva, que dicho movimiento es natural,
intrínseco, involuntario y continuo.

Se ha observado como el alma que informa sustancialmente al corazón marca con su


presencia el inicio del movimiento (vida) y con su ausencia (muerte) el fin del mismo.

Por otro lado, a modo de abordar la cuestión de la unidad sustancial del hombre, se
explica la relación entre las pasiones y las alteraciones del movimiento del corazón.
Señalando que son estas las cuales causan las alteraciones y no el corazón por sí mismo.

En la introducción del presente trabajo se formularon preguntas que intentaron ser


respondidas durante el desarrollo. La última de ellas, se ha reservado para esta instancia a
modo de conclusión.

Esta plantea si el corazón es el punto en el cual se concreta la unidad sustancial del


hombre. Es decir, donde lo material y lo formal (espiritual-intelectual) se funden
formando la unidad entitativa, hombre.

Sin duda, se entiende que el corazón no es una suerte de órgano híbrido en el cual radica
el alma. Sino que el mismo es el inicio de la concreción de dicha unidad. “Siguiendo al
Estagirita (Sto. Tomás) sostiene que el alma es el acto primero de un cuerpo orgánico que
tiene la vida en potencia. Por ella el cuerpo viviente ejerce su operación primera, que es la
29
de vivir.”

El alma del hombre es intelectiva o espiritual cuya “vida se manifiesta sobre todo en dos
30
operaciones la de conocer y la de moverse” ​ . Pero “Si bien Santo Tomás asume la
doctrina aristotélica del hilemorfismo, según la cual la unión del alma con el cuerpo es a la
manera de una forma con su materia, para él el alma humana trasciende el carácter
meramente formal de las almas de los demás vivientes, puesto que se trata de una
sustancia completa en el orden del ser, si bien incompleta en el orden que la naturaleza
exige, ya que para completar su especie, requiere de la unión con el cuerpo. Por ser la
forma del cuerpo, el alma reúne dos características muy importantes: a) es principio de las
29
ALBY, Juan Carlos; “La medicina Medieval y la Filosofía tomista del cuerpo”; Tomado de ​
www.es.scrib.com​
,
pág. 6.
30
AQUINO, Santo Tomas; “Suma Teológica” 1q.75 art. 1; Tomo III, B.A.C, 1959, pág. 172.
operaciones del compuesto, pero principio remoto, no inmediato; b) está presente en
todas y cada una de las partes del cuerpo, pues no se trata de una forma accidental sino
sustancial, y como tal, es acto y perfección no solamente del todo sino de cada una de sus
partes. De ahí que el movimiento del corazón tenga su principio en el alma en cuanto esta
31
es forma de un tal cuerpo y, en particular, del corazón.”

Aclarado lo cual se sostiene que el corazón es el punto de contacto entre la realidad


material y espiritual que conforma la unidad sustancial, hombre. Por lo dicho
anteriormente, se entiende que el alma no radica en el corazón, pues se encuentra en
toda y cada una de las partes del cuerpo. Pero aún así, este será el responsable del inicio,
mantención y fin de la unidad sustancial, siendo informado por el alma e iniciado con ello
el movimiento que de acabar, acabará con la unidad sustancia llamada hombre.
Bibliografía.

AQUINO, Santo Tomas; “Suma Teológica” 1q.75 art. 1; Tomo III, B.A.C,

AQUINO, Santo Tomás; “Del Movimiento del Corazón”, trad. Víctor Besterreche, comentario Mario Caponneto;
Athanasius- Scholastica, Bs. As, 1994

AQUINO, Santo Tomás; “Los principios de la Naturaleza”, Edición Bilingüe; Agape Libros, Bs. As, 2007

ALBY, Juan Carlos; “La medicina Medieval y la Filosofía tomista del cuerpo”; Tomado de ​
www.es.scrib.com

OROUKE BOYLE, Marjorie; “Aquina´s Natural Heart”; Centre of Medieval Studies, University of Toronto, edición
on line

31
ALBY, Juan Carlos; “La medicina Medieval y la Filosofía tomista del cuerpo”; Tomado de ​
www.es.scrib.com​
,
pág. 6-7.