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MARIA INES BARBERO

RUBEN L. BERENBLUM
FERNANDO R. GARCIA MOLINA
JORGE R. E. SABORIDO

Segunda edición
revisada y ampliada

Prólogo de Giulio S apellí

I IÜ

BUENOS AIRES - BOGOTA - CARACAS - MEXICO, DF


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Segunda edición
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E M P R E S A A D H E R ID A A L A C A M A R A A R G E N T IN A D E L L IB R O
LOS AUTORES

María Inés B arbero (194-9) es profesora Rubén L. Berenblum (1944) se graduó en la


acedada de Historia Económica y Social Facultad de Filosofía y Letras de la UBA en
General en la Facultad de Ciencias Económi­ ía carrera de Historia: desarrolló una dilatada
cas de ía UBA y profesora asociada en ia trayectoria docente en la especialidad de
Licenciatura en Historia en la Universidad Historia Económica en diversas universida-
Nacional de Luján. des de nuestro país y dei exterior, en las que
Su campo de especíaiización es ía Historia ha dictado numerosas conferencias, cursos y
Económica y en particular, la Historia de seminarios de grado y posgrado. Actualmen­
Empresas. te se desempeña com o Secretario de
Posgrado y director del Departamento de
Es .autora de Los nacionalistas (1983) (en Humanidades de la Facultad de Ciencias
colaboración con Fernando Devoto) e H istoria Económicas de la Universidad de Buenos
deempresas. Aproximaciones historiográficas Aires.
y problemas en debate (1993).
H a publicado diversos artículos sobre temas
de su especialidad en revistas nacionales y
J o rg e R. E. Saboríoo (1944) es profesor y
extranjeras, y el capítulo correspondiente a
licenciado en Historia.
ia Argentina en la última obra compilada p or
A lfr e d Ckandí.f.r (Bt'g Business a n d the Se desempeña como profesor titular de His­
W ealth o f N a tion s, 1997}. toria Social Genera! y de Historia Económica
Mundial (Universidad de Buenos Aires y
Universidad Nacional dé La Pampa).

Feknanoo R. García M olín a (1946) egresó Es autor, entre otras obras, de La España de
como profesor de Historia dei instituto Na­ los años '30. República, G uerra C iv il; Revo­
cional Superior dei Profssoradc. Se ha des* lución (1991); La em igración andaluza ti la
empeñado como docente reqular en diferen­ A rg e n tin a en la posguerra ciu ii española
tes niveles de ia enseñanza terciaria (univer­ (1992); Rusia 1 9 j 7: una introducción (1993);
sidades nacionales de Mar del Plata y Buenos Interp retacio ne s dei fascism o ( 1994).
Aires.. Instituto Nacional Superior) y también
en el posgrado de b Facultad de Ciencias
Económicas de ia URA Eí- autor, en colabo­
ración, de varios libros de. historia económi­
ca y política argenúna.
PROLOGO A LA SEGUNDA EDICION

U N A R E F L E X IO N S O B R E E L C R E C IM IE N T O
E C O N O M IC O Y E L D E S A R R O L L O S O C IA L

El libro que ten go el h on or de presentar por m ed io de estas breves notas tiene


p o r objetivo ei problem a centra! de la historia y de la teoría econ óm ica, problem a
que sintetizo en estas dos preguntas que dirijo al lector: ¿por qué múltiples causas
históricas, los cam inos de los sistemas sociales en transform ación tienden a
con verger en el crecim iento y p or tanto en los niveles de ingreso p er cápita?; ¿por
qué también puede ocurrir que el fen óm en o de la m encionada con vergen cia no se
realice y que los sistemas económ ico-sociales diverjan m ás y más en sus niveles de
renta per cápita y en la dotación de capitales, no sóio econ óm icos sino tam bién
sociales y culturales?

El desafío teórico que supone responder exhaustivam ente a esas preguntas se


alcanza en este volum en por m edio de una refinada síntesis historiográfica y de una
conceptuación ecléctica, encauzada en definitiva entre las teorías deí desarrollo
en d ógen o (B arro y S a l a -i-M artin ) ( l) y la relectura, realizada im plícitam ente, d e las
hipótesis kaldoreanas (2) sobre el crecim iento producido p or e! funcionam iento
virtuoso del sector industrial.

Reiecíura que lleva a ios autores a p rop on er nuevam ente la tesis de una fuerza
endógena responsable del funcionam iento del sistema. En el ultimo capitulo,
destinado a explicar las connotaciones y los límites de! proceso de globaíi^.ación. se
identifica ral fuerza no en la -industria (c o m o en el m o d elo de K alo o r ), sino en las
íina;;zas y en los servicios de com ercialización y en la acción empreñarla en un
m ercado abierto, reinlerpretando de tal m anera las grandes transform aciones
verificadas en el siglo que concluyó.

(.1) í v « « o . R. J. y Sai.a-í-Maííí-ín. X. (I9 9 i> ). E c o n o m ic C ro w th . M cG raw Mili. Nuc-va Yo;;-.

í¿; Kai.dor. N. {'1978}. F w -J ie r (isscys on E co n o m ic T h e o rv. D u ekw ortíi. Londres.


X HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

Por estas razones, esta obra tiene a mi juicio una gran importancia, contribuye
en forma no episódica a ía iarga y difícil tarea intelectual de refunóar una teoría de!
crecimiento, ofreciendo a ios estudiosos de la economía un terreno alternativo de
reflexión y pensamiento.

En este libro, en efecto, no se nos concentra en cuestiones de teoría genera!;


se sigue un camino diferente, más allá, de los vallados interpretativos y de las
reflexiones metodológicas que seña posible enunciar.

Los autores asumen com o implícito punto de partida de su reflexión ia


conciencia de que se encuentra abierta una nueva fase en ía teoría y en la historia
económica. Aquella que Singer (3) ba delineado sintéticamente tan bien:
“La historia de la economía deí desarrollo puede ser obsen/ada como
incluyendo dos cícíos similares: primero, énfasis en ei crecimiento de! PNB en
los cuarenta y ios cincuenta, seguido po r el énfasis en la distribución en ios
sesenta y ios setenta; y segundo, renovado énfasis en ei crecimiento dei PNB
en la contrarrevolución neoclásica durante ios ochenta, seguida por un
renovado énfasis en el desarrollo humano y ei alivio de la pobreza en los
noventa.”

Naturalmente a ninguno se le escapa la relevancia de esta transformación. Es


difícil contener en ia uulgata neoclásica omnicomprensíva, por refinada que ésta
sea, toda la potencialidad regeneradora que esta segunda fase teórica comporta. El
human d evelop m ent es difícilmente resumíble en la teoría del “capital humano’’ ,
así com o también en aquella d e l' capital social"' de matriz sociológica. El desarrollo
humano se refiere de hecho al nexo con la teoría política y con la necesidad de
renovar el concepto mismo de democraciay de ciudadanía social. Así com o también
ai hecho de que las mencionadas transformaciones configuren ía matriz misma de
la teoría deí crecimiento endógeno. L o ha comprendido muy bien Sen en uno de sus
ensayos tal vez más elípticos y alusivos:
“...(el) foco en la opción social democrática es parte crucial de! pasaje desde
la visión «sangre, sudor y lágrimas» del desarrollo a una que ataba la
cooperación y la acción de ia gente y la expansión de Ja libertad y las
capacidades humanas. Eí rechazo del «Estado duro» que niega la importan­
cia de los derechos humanos (incluyendo los derechos políticos a la celebra­
ción de discusiones públicas abiertas) es entonces complementario del
rechazo de otras formas de «du reza» que ven e! proceso de desarrollo como
terriblemente «fe ro z». El cambio en la comprensión de! proceso de desarrollo
tiene muchas implicancias de largo alcance.” (4)

(3) S in g u í . H. W . (1 9 9 7 ). Is Development Economics SUS! Releuant?. en Emmkky . L. (ed.).


Economic and Socio! Development imo the XXI Ceníursj. ¡mer-A.nericdn DevHopmynr Bank. The
John Hopkins University Press. Washington, pág. 51 1.
(4} Sr.fi. A. (1997), Development Thinking at the Beginúng oj the XX! Centura, en Ommmky.
L (ed.). op. cit en noía (35 pág. 544.
PROLOGOA LA SEGUNDA EDICION XI

Resultan evidentes las implicaciones para la teoría política y para ias políticas
publicas en cuanto políticas de "ofertas de bienes públicos" — sean esas ofertas
provenientes tanto del Estado com o del mercado— .

¿Por qué creo que sea tan importante esta aproximación conceptual? Porque
los problemas son los mismos que se plantearon al inicio de! siglo XX, y que
habíamos olvidado en este larguísimo siglo, al parecer, interminable. Me refiero no
solamente a la quiebra dei mercado consumada en ía primera mitad del siglo
(después de la Gran Depresión de 1929), sino también a su reaparición en la
segunda mitad. O sea en el triunfo del mercado, desde los años ochenta de las
■'revoluciones ¡iberistas" que nos desvelaron políticamente, y todavía lo hacen, el
advenimiento de una transformación mundial socialmente silenciosa que nos
envuelve y determina: el aumento del ingreso de las familias y el em erger de la
pequeña empresa y del trabajo autónomo. Estos, irreversiblemente, se sostienen en
la largay cíclica curva de la tecnología informática que atraviesa todo el mundo, tanto
aquel industrializado y tercerizado, com o aquel otro en vías de la misma transforma­
ción.

Pero esta revolución silenciosa representa tanto el triunfo del mercado com o
el fracaso de aquella mano visible que siempre había interpretado, durante todo el
siglo XX, el ansia de superar las barreras a la entrada interpuestas por el patrimonio,
por la ubicación originaria de los factores y por las dispares dotaciones de capital
social.

M e refiero al fracaso de la política, concepto más amplio que el del Estado y


que al mismo tiempo lo comprende, si por política se entiende al bien público
institucionalizado en un complejo de reglas y sistemas solidarios y no de intereses.
Estos últimos, com o nos enseñó O strqgorsky en el inicio del siglo XX, deben
encontrar en la organización partidaria ía cristalización histórica concreta capaz de
superar la atomización de la participación política en un sistema social desigual (5).

Lo que ha fallado es 1a solidaridad mecánica inmediata que se creaba al mismo


tiempo que la ideología identificaba los intereses. Una solidaridad mecánica que
provenía, en última instancia, del mismo tejido social: medias y grandes empresas,
enormes burocracias estatales y -de ía sociedad civil que parecían expandirse
indefinidamente: clases y no sectores y grupos sociales que se enfrentaban en la
¿.rena de la distribución de los recursos sociales y simbólicos. El tejido social se ha
convertido ahora en molecular y ya no es integrador com o en otra época. Se ha
desplomado el Estado piramidal realizador de la ética del bienestar, transformándo­
se de T-stado empresario y regulador en Estado de las clases políticas dirigidas a ¡a

(5) Os'reoGofv'Ki. M (1979), L a d é m o c ra tie e l ¡es p a rtís p o li tiq u e s . Testes chotsis et presenté
par Pihíkí: Rosanvau.on. Payare!. París.
XH HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

obtención de beneficios inmediatos a expensas de las generaciones futuras. De aquí


ia contradicción abierta entre morfología social y morfología política y la crisis, de
ella derivada, de tas clases políticas. Estas no son ya capaces de interpretar y
representar por largos períodos, com o en otra época, a formas del capitalismo y a
sociedades ahora moleculares que huyen de cualquier forma de planificación y de
representación de sus intereses a través del Estado.

De aquí la emergencia del llamado “ capitalismo anglosajón” , esencia de la


m orfología molecular y del Estado mínimo, como forma superadora entre los
sistemas económicos y sociales, enfrentado a aquellas manifestaciones del capitalismo
euroasiático. esencia de 1a morfología social agregada y del Estado piramidal.

Estas reflexiones sobre tas relaciones entre política y economía no son


peregrinas. Sin ellas, creo, no se podría comprender plenamente la importancia de!
trabajo que aquí presento. El ideal contracanto de este libro, en el frente de la historia
económica, es ia famosa obra que Irma A delman escribió en 1967 con T aft M orris.
Un libro seminal con un título más que elocuente, y que ha sido estudiado demasiado
poco por economistas e historiadores {6). Ella retomo recientemente la cuestión,
comentando un ensayo de A ngüS M addison, con una síntesis tan espléndida que vale
ia pena presentarla para alegría de! iettor:
“Un corolario de fa importancia de la política de gobierno, sugerida pero no
enfatizada por Maddison, es que la naturaleza de! Estado y su relación con ia
sociedad civil también cuentan. Tanto históricamente como en épocas
recientes, la estructura de poder en el gobierno ha determinado la elección de
las orientaciones políticas. La historia política y ía historia económica están
fuertemente vinculadas, como las referencias del artículo de Maddison sobre
las T hatcher-om ics indican. Cuando las élites políticas terratenientes se
modernizaron (como en Alemania y Japón}, lós industriaüzadores dei siglo
XÍX invirtieron en educación, en !a expansión de la agricultura y en políticas
de crédito que favorecieron a las empresas agrícolas familiares, elío, a su vez,
permitió mejoras técnicas en la agricultura y e¡ desarrollo de un mercado
interno para la industria. En contraste, allí donde (como en italía y Rusia) ios
grandes propietarios de tierras que ejercían el poder político estaban orien­
tados hacia la preservación dei statu quo, hicieron poco por la educación y por
¡a agricultura, el crecimiento fue dual y la pobreza y el analfabetismo fueron
crecientes. La importancia crítica de las instituciones políticas para sustentar
ei desarrollo económico es confirmada también por ei contraste entre ios
senderos de desarrollo, evidente en el siglo XIX, entre los territorios de
ultramar de población europea y abundancia de tierras, con Australia y Nueva
Zelanda por una parte, y Argentina y Brasil por otra. Así, ia historia económica
PROLOGO A LA SEGUNDA EDICION XII!

del sígío XiX confirma que las instituciones políticas cuentan para la propaga­
ción satisfactoria del desarrollo económico.” (7)

T aft Morris y A delman se interrogan sobre el problema centra! dei debate en


curso en ía esferas internacionaies de ia alta teoría económica y de la comunidad
científica de la historia económica.

El problema no es otro que el del rol que ejercen las instituciones sobre el
crecimiento económ ico y sobre ei desarrollo económ ico social. Existe un clisé sobre
este problema: que esa influencia existe, de lo que todos están convencidos, desde
la divulgación producida por ios aportes de N orth .

De qué manera esa influencia se ejercita, ninguno lo sabe o se propone


saberlo. El libro que aquí presento, precisamente porque está escrito por historia­
dores atentos a todas las implicancias del crecimiento y del desarrollo económ ico
y civil, nos permite salir de 1a uulgoíG habitúa! y dar un gran paso ai frente. Porque
demuestra, com o ha afirmado recientemente ia misma A delman:
“Las instilaciones afectan el desarrollo de un modo realmente no lineal. Más
específicamente, sugieren más bien con vehemencia que la efectividad de
ias instituciones individuales en ei desarrollo está sujeta tanto a umbrales
— antes d e que puedan tener un impacto visible— -como a techos— después
d e los cuales cesan de tener mucho impacto en el desarrollo económico
futuro— (s)

Esta anotación abre un ilimitado campo de investigación que conduce a la


admisión de las reiaciones entre Estado y sociedad civil com o elemento central de
reflexión sobre los factores del crecimiento— thestructure o f power in gouernm ent—
y nos lleva de la mano a la reflexión iniciada hace 40 años por un libro
importantísimo de B u c h a n a n y T u l l o c k (9), continuada después por una serie de
publicaciones relevantes.

Siguiendo la línea esencial de reflexión propuesta en este libro descubro por


ejemplo que ias instituciones con su mano visible han tenido un roí determinante
después de 1960 en la promoción del crecimiento del sudeste asiático. Esta
experiencia indica, sin embargo, que la ex p o rt oríentation ha sido más importante

(7) Ar«-:i.MAN. i. (1 9 9 7 ), Irm a A d e lm a n o n A ngus M ú ádison '$ P ape r: E conom ía a n d S ocial


P e r /a r m a r te o f C o p ita lis t E u ro p e : A n Ín ie rp re ía tiu e , C om m entary, en Emmhíy. 1... (en.), op . c it. en
■nota (3). páy>i- 3 1 7 y 31 8.

{S) Així.man. {. (1999). S ociety. P olític a an d E c o n o m ic D e ve lo p tn e n í ih ir ty veois u jie r , en


A¡v\ms. J. y Piíujaru. I'-. “Econom ic G row th and Chanoe*1. Edward Elcjar., Cheltónham . R .U . N orth am pion,
EE .U U ., pág. 96. . ........
(9} Buchanan. J, M. y Tu¡ j_t k'k. G. (1 9 6 2 ). Th e C a lcu la s o f C o n s e n í. C h icago Univür:->Hy Press.
A n n A rbor.
XIV HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

en ei comercio libre durante ei periodo en el que ei Estado controlaba la economía


en todo el .mundo. Es decir, cuando la denominada globalización no había
promovido, juntamente con ei impulso hegemónico norteamericano ( H>), el agota-
, miento de aquella relación entre economía y nación. Son ios mercados de productos
y no solamente los de capitales, los que han devenido menos imperfectos en escala
continental. También Asia se convierte en una economía continental abierta al fre e
tra d er, juntamente con el Pacífico y esto determina la transformación de sus
políticas económicas y de_. todas sus instituciones políticas relacionadas con la
economía.

N o se puede, por lo tanto, hablar de instituciones en abstracto. La experiencia


histórica enseña; un fenóm eno similar ha ocurrido ya en cuarenta años de
transformación en Europa, después de ia constitución del Mercado Común Europeo
y en los últimos quince años entre los Estados Unidos, Canadá y México, con el
N A F T A ; un procesosimilarsedesarroiia.desdehace un decenio, en A m é ric a L a tin a
con el Mercosur.

Los cam inos institucionales son distintos y presentan diferencias


circunstanciales, pero en todos se reconoce un núcleo fundamental en e! cambio de
rol de las instituciones con respecto a la economía y ia nación. Estas no protegen
ya el crecimiento en forma m aso menos directa, sino que lo sostienen indirectamen­
te, siguiendo la eficaz periodización que he recordado más arriba citando a S ínger.

La fuerza de Historia económ ica y social general de B a r b e r o , B e r e n b l u m ,


G M o l i n a y S a b o r i d o reside precisamente en la capacidad de establecer ias
a r c ía

diferencias y de comparar los distintos caminos del crecimiento en forma excelente.

Esta capacidad que nos permite, a mi parecer, poner en el centro de la


re'lexión la ten •ática esencial deí crecimiento endógeno, es la misma que nos lleva
a utilizar un enfoque multidisciplinario, verdaderamente convincente. La misma
iuerza interpretativa admite la presentación en forma dialéctica y discursiva, en los
tramos de razonamiento general, de propuestas ..teóricas que escapan al juicio
sentencioso, a la vez que encuentran lugar en la contribución analítica conducente
a la mejor con* presión de ios problemas de! presente en que nos encontramos
inmersos.

La diferencia entre ayer y hoy es de todas maneras profunda. Ayer es, para
mí, de manera expositiva y cor. convicción historiográfica, el espacio de tiempo
secular que va desde dei período que sigue a ia gran crisis agraria de los últimos
treinta años del siglo XIX hasta ia transformación cíclica de los setenta del sigio XX.

(10 ) F.s im portante para este prop ósito ia coniribución d e diw>isos autores, reunidos en Speciaí
E d iiio n : T h ir tv Years o f A S E A N , y d e KiMr.i Haka, R e th in k in g ihe C o id lV er ir; the A sían P a cific . en
“Pacific R eview -, respectivam ente el N * 2. 1998 y ei N " 4 19 99 . págs. 167-306 u 515-: .36.
PROLOGO A LA SEGUNDA EDICION XV

En esos momentos madura el surgimiento definitivo del hoy que se despliega ante
nosotros. Una hegemonía que pasó de fundarse sobre la preeminencia del principio
de nación al triunfo de la eficiencia económica por encima de economías cerradas
y mercados imperfectos. El comercio mundial liberalizado se convierte, con ía
creación de mercados financieros perfeccionados, en el elemento de fondo capaz
de impulsar el crecimiento (u) internacional a partir de ¡a segunda mitad de los años
setenta del siglo XX, con el consecuente despliegue planetario del capitalismo
anglosajón.

Ei proteccionismo nacional — quintaesencia del principio jerárquico— lucha


para no disgregarse aún en Asia al amparo de la China del partido único y del Japón
necfeudal. Frente a la intemperie de las economías abiertas, podemos hoy evaluar
mejor no sólo los progresos que permitió aquel principio, sino también los desastres
desencadenados por éi. En primer lugar la configuración de largos períodos
históricos. Cuaíido el principio jerárquico actúa en el largo plazo y com o consecuen­
cia de las condiciones rentísticas (ren tseeking) que crea y recrea continuamente, por
acción de las clases políticas u omisión de las clases económicas, los efectos
obtenidos son siempre más negativos que positivos.

Esta consideración conduce naturalmente a reflexionar sobre los riesgos


manifestados en mérito a la total factory p ro d u ctu ity y en el producto bruto interno
de algunos países, gracias a la intervención de las "manos visibles". Los efectos han
sido virtuosos sólo cuando se han puesto en movimiento mecanismos de equilibrio
entre poderes sociales que eludían la perduración de las posiciones rentísticas
(algunas dictaduras militares pueden explicarse, aunque no justificarse moralmente
de esta manera, a partir del modelo turco y de algunas experiencias latinoamerica­
nas). Por otra parte, los ejemplos de las tecnocracias francesas y alemanas de los
siglos XIX y XX no.'. demuestran que cuando ei principio de jerarquía es matizado
o choca con e! principio merítocrátíco, por un milagroso conjunto de factores
culturales e institucionales. puede ejercer efectos extraordinarios no sólo en los
períodos de economía cerrada, sino también en' las formaciones sociales que se
configuran en el período de su ocaso.

Hoy podemos decir que existe un principio de eficiencia que se asienta tanto
en la jerarquía como en z\mercado y que siempre arroja resultados excepcionaimen-
te positivos si logra difundirse en forma coherente con las necesidades funcionales
de la economía. Sirvan como ejemplo la unión dei sistema educativo con la
transformación tecnológica. Estos principios de eficiencia actúan virtuosamente
unidos y también de manera separada, en determinadas situaciones históricas.

{2 l}C ír . Saí’í-lu. G. (1998). S to ría e co n ó m ic a d e ll 'o h a iia con ie > n p orc¡n e a , Bruno Mondadori.
Miián.
XV! HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

Pensemos en Asia antes del periodo en que la giobalización se abatió con


violencia sobre ella, desencadenando la crisis de 1997. Asia presentaba institucio-
’ nesdel capitalismo y no del mercado. Sin embargo, en una economía cerrada existía
allí una política de e m p o w e rm e n t de los recursos humanos: ésta era una razón no
desdeñable por el cual se verificaba el crecimiento.

La raíz de este crecimiento, no por casualidad, descansaba también en la


acción de ías fuerzas tecnológicas. Queda establecido también que la tecnología
com o la educación es un p a r tí a l p u b lic g o o d , con todas ías consecuencias que esto
tiene para el razonamiento que haremos de aquí en más, partiendo de la tecnología.
Razonamiento que asume com o referencia, com o hoy está ocurriendo en ia praxis,
ía rápida caída de los monopolios efímeros de memoria schumpeteríana en las
ramas tecnológicas más avanzadas, sobre ia onda creciente de la conversión en
c o m m o d íty y de la ubicuidad cada vez más perfecta de los capitales financieros. El
problema se convierte, entonces, en ei de la difusión virtuosa posible del derrame
tecnológico (s p illo u e r ). Y yo, significativamente, enfatizo que, en la medida en que
ese hecho se produce, va reduciéndose simétricamente la apropiación monopólica
privada del conocimiento; inversamente se observa un efecto de incentivación
virtuosa de la mano pública y visible. Esta se presenta más activa en la medida en
que aquella privada e invisible no actúa a los efectos de ía promoción de políticas
de e m p o w e r m e n t deí conocimiento. Sólo eí entramado de todos estos factores
(derrame, difusión de los conocimientos promovidos por la mano visible, innovación
tecnológica), sienta las bases dei crecimiento irreversible. En sustancia, me parece
que esta consideración constituye la base de una definición de neo; econom \>
satisfactoria y científicamente fundada (I2). Se trata de subrayar radicalmente la
importancia de la capacidad para desarrollar stock de conocimientos a los efectos
de alcanzar altas p e r fo r m a n c e s de productividad en el nivel del sistema
socioeconómico. V de hacerlo sin olvidar la importancia que aún en economías
abiertas asume la intervención pública a esos efectos. El esfuerzo analítico de todas
maneras debe dirigirse no tanto sobre ías naciones, sino sobre las regiones y sus
diversos aportes en el desarrollo del crecimiento.

Siguiendo e! trabajo de B a r r o y S a l a - í- M a r t i n { 5;i}, se confirma la tesis por la


que ías diferencias regionales son siempre menores que aquellas nacionaies y esto
porque ios sistemas económicos sociales regionales están siempre más abiertos a
la competencia que los nacionaies y permiten una actuación de los factores
caracterizada por una mayor movilidad que 1a consentida por las fronteras de ios

(12 ) O. (20 00 ). P erché c s is io n o le impr&sse e com e sano fa tíe . Bruno Mondadori,


M ilán.

[ l o) Baiüío. R. y Sala-i-Maíítin. X. (1 9 5 6 ). op. cit. en noia íj).


PROLOGO A LA SEGUNDA EDICIÓN1 XVII

Estados. El numen inspirador en este recorrido conceptual no es tanto e! K a ld o r de


los F urther Essay..., que tanto significó en mi formación juvenil, com o el S olow
neoclásico de 1956 ( í<?), que formula ia hipótesis de la producción de un bien final
bajo rendimientos constantes de escala en un contexto de ausencia de externalidades
y en presencia de uniformidad tecnológica. La movilidad de los factores acelera los
procesos de convergencia. Es esta capacidad de aceleración enfatizada por las
relaciones interregionales que hoy se redescubren. Esta sirve de fundamento al
nuevo interés sobre las antiguas tesis neoclásicas de Solow .

De aquí la inspiración ecléctica que hay que tener en la práctica de la historia


económica en la que el enfoque kaldoriano debe convivir elegantemente y sin
contradicciones con el trabajo soíowiano recordado. Esta operación d eooerlap p íng
teórico puede efectuarse de esta manera. Se acepta el análisis de K a l d o r en lo que
concierne a la convergencia en presencia de una evolución virtuosa dei primero al
segundo y aún al tercer sector en la economía y en la sociedad. Pero este pasaje se
presenta precisamente com o virtuoso porque ya no es inducido por la mano pública,
sino por la facilidad de transferencia de los factores impulsados por el desarrollo
endógeno. Esta facilidad se señala com o una condición necesaria y suficiente para
poner en marcha la convergencia virtuosa, evitando ¡as fallas de la política. Si el
mercado fracasa y no provoca por si solo el desplazamiento de! sistema (y no sólo
de los factores) de un sector a otro, la política, con su mano visible, puede actuar y
promover la difusión de los bienes públicos de la educación y la transferencia
tecnológica, por medio de intervenciones breves y con una acentuada focaiización.
con el objeto de minimizar el efecto de la obtención de rentseeking.

Todo esto subraya, incluso de manera terapéutica, la importancia de las


reflexiones que este libro contiene para reconstruir no sólo una teoría, sino una
práctica del desarrollo endógeno capaz de frenar las divergencias y recrear las
condiciones para un virtuoso y renovado camino de convergencias.

La línea de acción posible está indicada teóricamente en un reclamo a las tesis


sobre ¡a eficacia dei learning by doiñg y no solamente en las routines de em pre­
sa También en los sistemas sociales se verifica el hecho de que el desarrollo de
ia produ :tividad general { !6} es más intenso en aquellos sectores económicos
caracterizados por los procesos deí learning by doing. Esto nos india al atento

(1 4 } Soi.ow, R M .. A C on írih u tio fi io Ihe T íie o r y o f E co n o m ic <3rou.ith. en '•Quaíerly; jourruM


o í Econom ics», N ’’ 70. páys. 65-94

(15 ) Nlí.son. R. R. y W in tdí. S. G. (10 82 ). A n E t-o íu iio ñ o rv T h c o rv o f E cono m ic C honge. T h e


Bcilkanp Press. Cambridge?, M A.

(16 ) Lucas. R. E. (1 9 8 8 }. O n ih e M ticcn is m o f th e Econo/sñc . cr> v/ourruji o;


M o w ía r y Econorntcs”. N ;’ 22. p¿gs. 3-42.
XVIII HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

estudio de los mecanismos de spillover intersectoriales (17) que vienen diseñándose


como arquetipos de las nuevas políticas de sostén: aquellas que yo prefiero llamar
políticas de ‘'sostén liviano", "frugal” .

El cuidado con el cual se deben estudiar las intervenciones “frugales", breves


y focalizadas, dirigidas a proporcionar bienes cuasi públicos como el conocimiento
y la tecnología, es muy importante desde ¿i momento en que gran parte de los
caminos regionales de crecimiento en el mundo están determinados por fuertes
idiosincrasias nacionales: estas constituyen variables explicativas y normativas que
deben ser tenidas bien presentes para modular las características de las intervencio­
nes dirigidas a !a convergencia posible.

De todas formas se puede afirmar que de la imponente masa de reflexiones


acumuladas en este libro — que confío hará meditar a muchos historiadores,
economistas y sociólogos del desarrollo— emergen algunas claras indicaciones para
la teoría. La primera de ellas es que debemos analizar finamente lo que concierne
a! significado del concepto de education y de su naturaleza de bien cuasi público
difundido e incrementado por políticas públicas y privadas. En segundo término, ía
que debe inducir a quienes toman las decisiones públicas de ía enferma mano de la
política a apresurarse de manera de prom over intervenciones directas con eí fin de
reclasíficar las cadenas del aprendizaje y el saber en todos los niveles de la
organización social; se trata de superar definitivamente, en el sur de Europa y en
América Latina en primer lugar, una arcaica concepción de la educación y la
capacitación, destinada a perpetuar mecanismos de status ya obsoletos. También
a fundar nuevas objetivizaciones significativas de ta persona en el nuevos modos de
trabajo que se presentan ante nuestros ojos. Sin un aumento de la motivación social
y dei grado de apropiación significativa deí trabajo no podrá haber irreversibilídad
de 1a productividad en la New E conom y.

Para ia teoría, además, de este libro deriva una confirmación de los aciertos
analíticos que sostienen las teorías del desarrollo endógeno. Para aquellos que han
sostenido siempre estas tesis en ía sociología, en la antropología y en ia historia (y
por le que respecta a quien esto escribe), por lo poco o mucho que hayan podido
hacer por el bien común en la uita activa, esta confirmación es “tna fiesta.

Un sendero no neoclásico se ha abierto en ia jungla de la academia,


sosteniendo con seguridad que sólo de los sistemas históricos concretos y no de
fuerzas externas pueden surgiré! crecimiento económ ico y >1desarrollo social y civil,
y que ambos -“ -crecimiento y desarrollo— , cuanto más juntos van por ias calles de

(17) Míírat. M. y Pkíiíars, F. (199S). Jn te rria tio n a ! T rade on Unuer. G ro iv th : a M o d a l tuith


¡n te rs e c ío ra l S p illo u e rs o f K n o w le d g e , en “Jou rn aloí im ernaíionai T ra d e a r.c Econom ic D ev elo p m en K
N" 7, págs. 221-236.
PROLOGO A LA SEGUNDA EDICION XÍX

los infinitos cursos de las alternativas de la historia, tanto más la humanidad podrá
extraer de eiios beneficio en ¡a eterna fatiga de ia existencia.

Este libro busca construir una tensión intelectual virtuosa entre la teoría dei
desarrollo endógeno y la teoría del desarrollo regional, según las más innovadoras
incitaciones provenientes de los estudios en este campo (1S).

Creo que io alcanza con gran éxito analítico. Sería un verdadero pecado no
continuar por este camino.

G iu u o S ap e l u

Profesor Titular de Historia Económica de la Universidad de Milán


Presidente del Centro de Historia de la Empresa y de la Innovación
Director de la Fundación Giangiacomo Feltrineüi

(18 } B grtu gu a. C. S.; Lom bardo. S. y Nukamp, P. {eds.} (1 9 9 7 ), ín n o u a tive B e h a o io u r in Space


cmd Tím e. Springer-Veríacj. Bei'Ün.
PROLOGO A LA PRIMERA EDICION

La invitación a prologar el texto Historia econ óm ica y social genera!


— coordinado por el profesor B e re n b lu m y con la contribución de los profesores
B a r b e r o , G a r c í a M o ü n a y S a b o r id o — por parte de Ediciones Macchi me produjo
una doble satisfacción.

La menos trascendente fue la de volver a enfrentarnos con el interrogante,


juvenil, acerca deí aporte de otro texto de historia económica y social a un estudiante
de ciencias económicas. O, lo que es más grave, que se suma un curso de historia
genera! a la curricula de ciencias económicas. No es poca cosa aquello que dice:
“Qué joven me siento” .

La segunda satisfacción, y por cierto la más significativa, fue encontrar por


demás saciada la antigua visión que nos forjaron maestros que diferían en nuestros
objetivos.

La sola impronta de ia obra al tratar tres universos, disjuntos pero secuenciales,


com o el mundo preindustrial, ía sociedad industrial y su rica y vasta evolución, y la
necesaria y crítica introducción al mundo posindustrial, conforma una suerte de
obligada reflexión para quienes hacen de las organizaciones, tanto en su taxonomía
como en su gestión o prospectiva, su-accionar profesional y académico.

Todo esto requiere una cosmovisíón integradora. Esta es otra de las virtudes
de la obra: centrar eí debate en el hoy y el ahora. Desterrar las visiones de tipo
costumbrista y de época para instalar una tribuna de hoy, para interpretar el antes
y el porqué.

Permítame el lector una licencia menor. La discreta pero crítica visión de la


globalización nos pone orgullosos de la familia docente de nuestra querida Facultad.
XXII HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

Mis felicitaciones a los autores y mi deseo, que seguramente será satisfecho,


de que la obra exceda coo .holgura las estrictas necesidades de un estudiante de
ciencias económicas. Gracias por la sobriedad que siempre distingue a las obras
llamadas a perdurar en nuestras bibliotecas.

Buenos Aires, julio de 1998

P ro f. D r. R o d o lf o H. P erez
Decano de la Facultad
de Ciencias Económicas (U BA)
PREFACIO

La presente obra ha sido especialmente redactada cubriendo los contenidos


de los programas más modernos de historia económica y social, que se dictar; en
las facultades de ciencias económicas de las principales universidades del mundo.

La organización y la definición de dichos contenidos fueron determinadas de


acuerdo con tres criterios fundamentales: el primero de ellos lo constituyó la
descripción dei mundo preindustrial, con el fin de que se comprenda el escenario
en que tuvo lugar la aparición de la industria.

Se ha puesto especial énfasis, en segundo lugar, sobre la interpretación de la


llamada Revolución Industrial y su expansión a lo largo del siglo XIX. Se utilizó para
ello una bibliografía renovada, teniéndose en cuenta los debates actuales sobre esa
cuestión. La continuidad de la descripción de las sociedades industriales en el siglo
XX es enfocada a través de un minucioso análisis de la evolución que el capitalismo
registró en Europa Occidental y en los Estados Unidos, así com o de ios sistemas
alternativos que fueron apareciendo a lo largo de este conflictivo período.

En tercer término, las transformado' íes contemporáneas que lievan a ía así


denominada globalizacíón son tratadas a . parúr de un prudente análisis, que
descansa en el reconocimiento del carácter prematuro de cualquier afirmación
definitiva sob:e e! destino de aquéllas, en el siglo XXI.

Los autores se han apoyado en el aparato erudito ineludible en este tipo de


trabajos y aspiran a ofrecer un aporte enriquecedor a la literatura especializada
referida a :a historia socioeconómica contemporánea. Se ha procurado emplear un
lenguaje claro y preciso, y recursos pedagógicos adecuados, de manera de facilitar
la comprensión de complejos procesos sociaies, económicos y políticos de conoci­
miento imprescindible para los estudiantes de ciencias sociales, especialmente
aquellos que cursan carreras de ciencias económicas.

Quienes deban tomar en e! futuro ¡as decisiones inherentes a la gestión de las


organizaciones de cualquier tipo y profundizar en ei análisis de la econom ía. habrán
XXIV HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

de contar con un conocimiento acabado de ias relaciones de causalidad que rigen


el funcionamiento de las sociedades, la dinámica histórica del crecimiento y el
desarrollo económicos, y la estratificación social.

N o menos importante resulta ei estudio de la evolución de las instituciones


políticas y de ia recíproca influencia que se establece con la economía y ias finanzas.
El esclarecimiento de esta temática ha. constituido el objetivo que llevó a la
consecución de la obra que ponemos a la consideración de ios lectores.

R ubén L. B erenblum
COMENTARIO PRELIMINAR

En su edición de febrero de 1985, la revista History Today publicó un articulo


en el que siete especialistas británicos respondían a la pregunta "¿Qué es ia historia
económica?'* (!). Las respuestas sirvieron para destacar la falta de unanimidad no
sólo respecto de los presupuestos de la disciplina, sino también de sus métodos.
Pero, además, una de ías cuestiones centrales que surgió de ia encuesta fue la
vinculación de la actividad económica con otras manifestación es de la sociedad. El
vuelco hacia ia teoría económica, que la llamada “ nueva historia económ ica" le dio
a la disciplina a partir de fines de los años '50 (2), ha dado lugar a una reacción que
puede resumirse en el argumento de que la comprensión de ¡a actividad económica
de ios hombres debe incluir el reconocimiento de la existencia de aspectos sociales,
políticos, institucionaies e incluso culturales, que ayudan a apreciarla en (oda su
complejidad.

En el mism o sentido, se expresaba unos años antes J ohn H icks : cuando


retrocedem os al pasado, estamos obligados a descubrir que los aspectos ec o n ó m i­
cos de la vida están m enos diferenciados de otros aspectos de !o que están h o y ” (3).

De allí que ei abordaje de la problemática relativa al uso de ios factores


productivos en ei pasado implica necesariamente referirse a una serie de circuns­
tancias que impulsaron, bloquearon y hasta llegaron a destruir las posibilidades de
crecimiento económico de cualquier sociedad.

(1 } E! artículo íue publicado en castellano por la revista D ébalas (1 9 8 5 ). N " 13. Valencia.

(2) La ‘ nueva historia econ óm ica" no sólo se caracteriza p o r la utilización expltdfñ de (una) teoría
económ ica, sino también p or la aplicación de elem entos estadísticos para tratar datos históricos seriados.
Asim ism o, otro de ¡os rasgos que ia han distinguido es ia elaboración de hipótesis contraíácíicas. U na
muesira relevante de las aportaciones de !a "n .h .e ." se encuentra en T hmín (19S4).

{3} H k:k>(19S4}.
XXVI HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

Por lo tanto, se justifica la utilización de la expresión "historia económica y


social” para titular un texto que. centrado en los aspectos económicos relativos al
desenvolvimiento de las sociedades humanas, avanza sobre cuestiones que van más
allá de las coordenadas estrictamente económicas vinculadas a la producción,
circulación, intercambio y consumo de bienes.
INDICE

Prólogo a la segunda edición ........................................................................ IX


Prólogo a ia primera ed ic ió n ........................................................................ XXi
P r e fa c io .................................................................................. ........................ XXIII
Comentario preliminar ................................................................................. X X V

PfiftT€

INTRODUCCION

F€ñNfiNDO ñ . GñftcmM o l i n a
Í0 R G € R . € . SfiBORIDO

C a p it u l o 1

E L C R E C IM IE N T O E C O N O M IC O E N L A P R E H IS T O R IA Y E N EL
M U N D O A N T IG U O

1.1. Economía e historia econ óm ica ........................................................... 3


1.2. La economía en la Prehistoria....... ..................................................... 5
1.3. E! surgimiento del Estado..................................................................... 8
1.4. Los imperios de la Antigüedad ............................................................ 9
1.5. El mundo mediterráneo y el Imperio R o m a n o .................................... 10

C a p it u lo 2

L A E U R O P A P R E IN D U S T R IA L

2.1. Antes del año 1000 ............................................................................ 13


2.2. La expansión económica de ios sígios XI aXIII ................................... 15
XXVIII HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

2.3. La crisis de ios siglos XIV y X V ........................................................... 16


2.4. La Europa del siglo X V ! ...................................................................... 19

2.4.1. La población ........................................................................... 20


2.4.2. La expansión de la agricultura................................................ 21
2.4.3. La organización industrial ................................................... 22
2.4.4. El comercio a larga distancia................................................... 24
2.4.5. El Estado absolutista................................................................ 26

2.5. La crisis del siglo XVII ......................................................................... 27


2.6. La revolución científica....................................................................... 34

B ib lio g r a fía ............................................................................................ 37

SCGUNDR PRRT€

€1 NRC!MI€NTO D€ IR S SOCi€DfiD€S ÍNDÜSTñifil€S

AAfifiiñ In€s BfiRsefio

C a p it u l o 3

E L S IG N IF IC A D O D E L A R E V O L U C IO N IN D U S T R IA L

3,1. El concepto de Revolución Industrial. Algunas definiciones posibles .. 45

3.1.1. La historiografía de la Revolución Industrial ............................ 46


3.1.2. De ios años cincuenta a los años setenta: la Revolución
Industrial y e! desarrollo económico .................................. . 47

3.1.2.1. La teoría del desarrollo y la Revolución industrial .. 48


3.1.2.2. Eí atraso económico en una perspectiva histórica .. 50
3.1.2.3. Los historiadores y ía visión "prometeica"’ de la
Revolución Industrial .............................................. 51

3.1.3. La historiografía de la Revolución industrial en los últimos


veinte años: ios límites del crecimiento ................................... 53
3.1.4. ¿Revolución o evolución?.................... .............. ................... 54
3.1.5. ¿En qué consistió ía Revolución Industrial? :.......................... 55
INDICE XXIX

3,2. El nacimiento de la industria m oderna................................................ 59

3.2.1. Las formas tradicionales de producción industrial................... 59

3.2.1.1. La industria artesanal.............................................. 59


3.2.1.2. La industria a dom icilio.......................................... 60
3.2.1.3. La protoindustrialización................................... 61
3.2.1.4. La manufactura centralizada............................. 62

3.2.2. El sistema de fábrica........................................................................ 63

3.2.2.1. Ei maquinismo......................................................... 63
3.2.2.2. Las nuevas fuentes de en erg ía ............................... 65
3.2.2.3. La disciplina y la organización del trabajo............. 67

a} La disciplina ....................................................... 67
b} La división del trabajo......................................... 69
c) Las fábricas de Josiah W edgwood ..................... 71

C a p it u lo 4

L O S F A C T O R E S C O N D IC IO N A N T E S D E L A IN D U S T R IA L IZ A C IO N

4.1. La población ........................................................................................ 76


4.2. Los recursos naturales............... ............... ......................................... 77
4.3. La tecnología................................ ........................................................ 78

4,3.1- invención e innovación........................................................... 79


4.3.2. La Revolución Industrial y la innovacióntecnológica............... 80

4.4. Los factores institucionales........................................... ...................... 81

4.4.1. El marco jurídico........................................................... 81


4.4.2. E! papel dei Estado........................................................ 83
4.4.3. Las instituciones financieras.................................................... 84
4.4.4. El sistema edu cativo..................................................... 84
4.4.5. Ei factor empresarial .................................................... 8b
4.4.6. S chumpster y ¡a teoría dei empresario innovador................... 86
4.4.7. Factores culturales y sistemas de valores................................. 88
XXX HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

C a p it u l o 5

L A R E V O L U C IO N IN D U S T R IA L E N G R A N B R E T A Ñ A

5.1. Los primeros procesos históricos de industrialización..................... . 91


5.2. La Revolución Industrial en Gran Bretaña........................................... 94

5.2.1. La economía británica en el sigío XVIII ........................ :........ 95

5.2.1.1. La población ........................................................... 95


5.2.1.2. Las transformaciones en la agricultura................... 97

5.2.1.2.1. Los cercam ientos................................. 98

5.2.1.3. Las industrias........................................................... 100


5.2.1.4. El m ercado.............................................................. 101

5.2.1.4.1. El mercado interno.............................. 101


5 .2 .1.4.2. El mercado e x íe rn o ............................. 103
5.2.1.4.3. ¿Consumo interno o consumo externo? 103

5.2.1.5. Una sociedad abierta ai c a m b io ............................. 104

5.2.2. La Primera Revolución Industria! ............................................ 104

5.2.2.1. La periodización ..................................................... 104


5.2.2.2. El crecimiento econ óm ico...................................... 105
5.2.2.3. El cambio tecnológico............................................. 107

5.2.2.3.1. La industria del a lgodón ...................... IOS


5.2.2.3.2. La industria metalúrgica...................... 110

5.2.2.4. Las nuevas fuentes de en erg ía ............................... 111

5.2.2.4.1. El carbón............................................... 113

5.2.2.5. Empresas y em presarios........................................ 114


5.2.2.6. Las regiones y ia industrialización......................... 116

5.2.3. Las consecuencias sociales de la industrialización.................. 117

5.2.3.1. La urbanización ...................................................... 118

5.2.3.1.1. Las nuevas ciudades industríales......... 119

5.2.3.2. La formación de la clase ob rera ............................ 120

5.2,3,2,1 - Las nuevas condiciones de trabajo..... 121

5.2.3.3. El trabajo de las mujeres y ios n iñ os...................... 122


5.2.3.4. Ei debate sobre el nivel de vida de los trabajadores 124
INDICE XXXf

C a p it u l o 6

L O S N U E V O S P A IS E S IN D U S T R IA L E S : E U R O P A O C C ID E N T A L
Y L O S E S T A D O S U N ID O S

6,1- La industrialización de Europa continental.......................................... 130

6.1.1. La economía europea en vísperas de la industrialización....... 130


6.1.2. Los procesos de industrialización............................................. 131

6.1.2.1. El papel del modelo inglés....................................... 131


6.1.2.2. La transferencia de tecn ología................................ 132
6.1.2.3. El papel del Estado................................................... 133
6.1.2.4. Los bancos y ios capitales....................................... 134

6.1.3. La revolución de los transportes y las com unicaciones.......... 135

6.1.3.1. El impacto del ferrocarril.......................................... 136

6.2. Los primeros países industriales: Bélgica y Francia............................. 138

6.2.1. La industrialización de B élgica ................................................. 139

6.2.1.1. La industria textil ......... ........................................... 140


6.2.1.2. La minería y la industria metalúrgica..................... 140
6.2.1.3. Algunos rasgos significativos de ia industrializa­
ción belga.................................................................. 142

6.2.2. La industrialización de Francia....................................... 144

6.2.2.1. La economía francesa en el siglo XV1H.................. 145


6.2.2.2. Ei impacto de la Revolución Francesa ................... 147
6.2.2.3. La industrialización en el siglo XIX:'
el dualismo industrial francés.................................... 147
6.2.2.4. Los sectores de ía actividad industrial.................... 149
6.2.2.5. Las empresas y los em presarios................... 151
6.2.2.6. El debate sobre el modelo de industrialización
fran cesa..................................................................... 153

6.3. La industrialización de A lem ania......................................................... 155

6.3.1. Las etapas de la industrialización alem an a............................. 157


6.3.2. La protoindustrialización................................................ 157
6.3.3. La primera industrialización (1 7 8 0 -1 8 4 0 )..................... 160
6.3.4. La Revolución Industrial (1 8 4 0 -1 8 7 0 ).......................... 161
6.3.5. La industrialización madura (1 8 7 0 -1 9 1 4 ).................... 163
6.3.6. Educación, ciencia y desarrollo tecnológico ........................... 166
XXXII HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

6.3.7. El papel del Estado.................................................................. 167


6.3.8. El papel de ios bancos en la industrialización ........................ 169
6.3.9. Las empresas y los em presarios............................................. 170

6,4. La industrialización de los Estados U n id o s .......................................... 171

6.4.1. Las etapas de ía industrialización norteamericana................. 172


6.4.2. La población, el mercado interno y losrecursos naturales...... 175
6.4.3. La innovación tecnológica :...................................................... 176
6.4.4. La revolución de los transportes............................................. 178
6.4.5. El impacto de ¡os ferrocarriles ................................................ 179
6.4.6. Las empresas y los em presarios.............................................. ISO
6.4.7. Las regiones y ia industrialización .......................................... 181

C a p it u l o 7

L A S E C O N O M IA S IN D U S T R IA L E S E N L A S E G U N D A M IT A D
D E L S IG L O X IX

7,1. Ei proceso de innovación tecnológica.................................................. 184

7.1.1. La revolución de los transportes............................................. 184

7.1.1.1. Los ferrocarriles............................ ......... ........... ...... 184


7.1.1.2. La navegación a vapor ........................................... 186

7.1.2. La Segunda Revolución Industrial ........................................... 1SS

7.1.2.1. El concepto de revolución tecnológica.................... 188


7.1.2.2. La innovación tecnológica....................................... 191
7.1.2.3. Eí carbón....................................................................... 192
7.1.2.4. De una edad dei hierro a una edad del acero ........ 192
7.1.2.5. La continuidad de la tecnología dei vapor com o
fuerza motriz ........... ................................................ 194
7.1.2.6. El petróleo y el motor de combustión interna........ 195
7.1.2.7. La electricidad ......................................................... 196
7.1.2.8. La industria qu ím ica................................................ 198

7.1.3. El nacimiento de la empresa m oderna.................................... 199


7 ,1 :4. Las nuevas formas de organización dei trabajo: taylorismo y
fordismo.......................................... ......................................... 203
INDICE XXXIII

7.1.4.1. Taylorismo .............................................................. 203


7.1.4.2. Fordism o.................................................................. 209
7.1.4.3. Similitudes y diferencias entre taylorismoy fordismo 211

7.2. Los países de industrialización tardía................................................... 212

7.2.1. La Europa periférica en vísperas de la industrialización......... 214


7.2.2. La industrialización de la Rusia im p eria l................................. 215
7.2.3. La industrialización de Italia...................................................... 218
7.2.4. Los países escandinavos: los casos de Dinamarca y Suecia.... 222

7.3. El crecimiento de la economía mundial en la segunda mitad del


siglo XIX (1 8 5 0 -1 9 1 4 ).......................................................................... 226

7.3.1. Ei ritmo de crecimiento y los ciclos eco n óm icos..................... 226

7.3.1.1. Los ciclos econ óm icos............................................. 226


7.3.1.2. Las fluctuaciones en la segunda mitad del sigloXIX 229
7.3.1.3. La expansión de 1S50 a 1 8 7 3 ............................... 229
7.3.1.4. La Gran Depresión de 1873 a 1896 ................... , 229
7.3.1.5. La “Belle Epoque" (1 8 9 6 -1 9 1 3 )............................. 230

7.3.2. El comercio internacional y la integración del mercado


mundial...................................................................................... 231

7.3.2.1. La era del librecam bio............................................. 231


7.3.2.2. Eí retorno del neomercantiMsmo proteccionista.... 236
7.3.2.3. El patrón-oro internacional .................................... 241

7.3.3. El imperialism o....................... .................................................. 245

7.3.3.1. Ei nuevo reparto del m u n d o................................... 245


7.3.3.2. Interpretaciones deí imperialismo .......................... 246

7.3.4. La emigración transoceánica..............:.................................... 248

7.4. El crecimiento demográfico y la urbanización..................................... 256

7.4.1. La población ................................... ......................................... 256


7.4.2. La urbanización ........................................................................ 258
7.4.3. Hacia una nueva sociedad........................................................ 260

B ib lio g r a fía .................................................................................... ............. 265


XXXIV HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

TeficeRa pflftT€

P16NÍTUD V CRISIS D€ IR SOCi£DftD INDUSTftlRl

Joñoe R. €. S rsorido

C a p it u l o 8

A S P E C T O S E C O N O M IC O S Y S O C IA L E S D E L A
P R IM E R A G U E R R A M U N D IA L

8.1. La ruptura de ¡as relaciones económicas internacionales..................... 278


8.2. La gestión de las economías en gu erra .....:........................................ 279

8.2.1. La producción ......................................................................... 280


8.2.2. La distribución......................................... ................................ 281
8.2.3. Los intercambios....................................................................... 2S2

8 ;3. La financiación de la g u e rra ................................................................. 283

8.3.1. La financiación ex terio r...............................................■........... 286

8.4. Los cambios tecnológicos y em presariales............................ ............. 287


8.5. La guerra y el resto de! m u n do............................................................ 288
8.6. La guerra y la sociedad......................................................................... 290

C a p ít u lo 9

LO S P R O B L E M A S DE L A D E C A D A DEL ’2 0

9.1. Las consecuencias económicas de la gu erra........................................ 294

9.1.1. Las pérdidas de la gu erra ........................................................ 294


9.1.2. La declinación económica eu ro p ea ........................................ 296
9.1.3. Ei nuevo mapa de Europa....................................................... 296
9.1.4. El tratamiento dado a Alem ania.............................................. 298

9.2. Las dificultades de ía inmediata posguerra .......................................... 299

9.2.1. Ei abandono del patrón-oro durante la guerra y


sus repercusiones..................................................................... 299
9.2.2. Ei retorno a la paz (1 9 1 9 -1 9 2 0 )............................................. 300
INDICE XXXV

9.3. Crisis de reconversión (1 9 2 1 -1 9 2 4 ).................................................... 302 •

9.3.1. La crisis de 1921 ...................................................................... 302


9,3-2. Alemania: el camino a ia hiperinflación.................................. 303

9.4. Normalización y crecimiento (1 92 5-1929 ).......................................... 306

9.4.1. El restablecimiento del patrón-oro .......................................... 307


9.4.2. La evolución de las principales potencias occidentales.......... 308

9.4.2.1. Los Estados U nidos.................................................. 308


9.4.2.2. Gran Bretaña............................................................ 310
9.4.2.3. Francia....................................................................... 313
9.4.2.4. Alemania e Italia....................................................... 315

9.4.3. La evolución económica de ía Rusia soviética ........................ 317


9.4.4. Los problemas de la prosperidad............................................. 323

9.4.5. El mundo extraeu ropeo........................................................... 326

9.5. La sociedad de los años ’ 20 ................................................................ 327

C a p it u lo 1 0

L A C R IS IS D E L O S A Ñ O S -30

10.1. Los indicadores de ia depresión........................................................ 332


10.2. Las explicaciones de la crisis ............................................................ 334
10.3. El crac de la Bolsa de Nueva Y o r k .................................................... 340
10.4. La difusión de la crisis hacia Europa................................................. 344
10.5. La depresión en ei resto del m u n do......... ....................................... 346
10.6. Las nuevas prácticas financieras y com erciales................................ 348

10.6.1. Control de cam bios........................................................... 348


10.6.2. Acuerdos bilaterales .......................................................... 349
10.6.3. Aranceles y otras restricciones al co m ercio ...................... 350

10.7. Los intentos de cooperación internacional....................................... 351


10.8. Las políticas económicas nacionales frente a la crisis...................... 352

10.8.1. Los Estados U nid os........................................................... 353


10.8.2. Gran Bretaña..................................................................... 355
10.8.3. Alem ania............................................................................ 356
10.8.4. Francia...................................... ......................................... 359

10,9. Keynes y Ja teoría genera!


XXXVI HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

10.10. Colectivización y planificación en la Unión S oviética .................... 363


10.11. El impacto social de la crisis............................................................ 366

C a p it u lo 11

L A S E G U N D A G U E R R A M U N D IA L

11,1- Elementos económicos de las decisiones m ilitares.......................... 370


11.2. El esfuerzo bélico de ios aliados................................,....................... 372
11.3. Alemania frente a la gu erra................................................... ............ 374
11.4. La economía soviética y la gu erra .................................................... 375
11.5. La Segunda Guerra y el m u n d o..................................... ................. 377
11.6. El cambio tecnológico..................................................................378
11.7. La guerra y la sociedad..................................................................... 379
11.8. La preparación del futuro ................................................................. 382

C a p it u lo 1 2

L A E X P A N S IO N D E L A S E G U N D A P O S G U E R R A

12.1. El crecimiento en cifras........... -.......................................................... 386


12.2. Las explicaciones del crecim iento........................................ ............. 389

12.2.1. La fundamenración neoclásica.......................................... 389


12.2.2. Los argumentos keynesíanos........................................... 390
12.2.3. Los modelos de! cambio estructura!.................................. 391
12.2.4. La escuela de! catchhig u p ............................................... 392
12.2.5. El enfoque marxista........................................................... 392

12.3. El punto de partida: Sas pérdidas de la gu erra.................................. 394


12.4. Ei plan Marshall y la reconstrucción europea .................................. 395
12.5. La dinámica dei crecimiento occidental en ios años 50 y '6 0 ........ 398

12.5,1. La economía mixta ............. ............ ................................ 398


12,5.,2. La importancia de ia oferta de trabajoy capital................ 399
12.5.3. E! progreso técnico y las modificaciones en la organización
de! trabajo y de la empresa ................................................ 403
12.5.4. Ei factor dem anda.............................................................. 405
12.5.5. La integración económica internacional ...................... 408
INDICE XXXVii

12,5,6. El sistema monetario internacional........................................ 410 •

12.6. La evolución económica de los principalespaíses occidentales..... 411

12.6.1. Los Estados U n id os.......................................................... 411


12.6.2. Gran Bretaña................................................ .................... 413
12.6.3. Francia........................................................................... . 415
12.6.4. A lem ania................... ,...................................................... 417

12.7. E! caso ja p on és................................................................................ 419


12.8. El "milagro" español ....................................................................... 426
12.9. La evolución de las economías de Europa del e s te ......................... 435
12.10. La expansión económica en el resto del m u n do.............................. 440
12.11. Los cambios sociales......................................................................... 442
12.12. La crisis de la década de 1970 y la inestabilidad de los años '80 .... 446

B ib lio g r a fía ............................................................................................. 451

CüflftTR PfiRTe

IR TRANSICION ñ tfi CCONOMIfi POSiHDUSTRlfit


Rubén L 8 €R€NBlum

C a p ít u l o 1 3

L A T R A N S IC IO N A L A E C O N O M IA P O S IN D U S T R íA L

13.2. In trod u cción ...................................................................................... 461


13.2. Ei comportamiento de los factores de ía producción........................ 462
13.3 El roi de ía tecn olo gía ....................................................................... 466
13.4 Características dei modelo posindustriai........................................... 469

13.4.1. La llamada ''globalí 2a c ió n " ....................................................... 469


13.4.2. El desarrollo asimétrico........................................................ 471
13.4.3. Los modelos del desarrollo.................................................. 473
13.4.4. Las temáticas criticas........................................................... 478

B ib lio g r a fía .................................................................................................. 481


PRIM€Rfl PflRTC

INTRODUCCION

fm m m o r. g a r c ía m o lin r
JORG€ R. €. SABORIDO
1

€1 CR€CIMÍ€NTO €COWOMIC©
€N Lfl PREHISTORIA V
€M €L MUNDO ANTIGUO (* )

1,1. ECONOMIA E HISTORIA ECONOMICA


Los grandes temas de la ciencia económica pueden expresarse por me­
dio de preguntas: ¿qué bienes y servicios produce una sociedad y en qué
cantidades?, ¿qué recursos humanos y naturales se utilizan y qué técnicas
se aplican?, ¿cuáles son las organizaciones económicas que los generan?,
¿para qué se producen bienes y servicios?, ¿cómo se distribuye el produc­
to generado por la sociedad?
Esas mismas preguntas son las que se plantea la historia económica:
“ explicar la estructura, el funcionamiento y los resultados de las economías
a lo largo del tiempo” sería una de las maneras de definir sus objetivos.
Justamente, al abordar el tema de los resultados, aparece la crucial cues­
tión del crecimiento económico. Este puede ser definido como el incremen­
to sostenido de los bienes y servicios que se producen en una sociedad dada.
Desde que los hombres se distinguieron de otros animales, han vivido
diferentes etapas de apropiación progresiva de la naturaleza —o de combina­
ción de los distintos factores productivos— que condujeron a una modifica­
ción de la capacidad de producción de las diversas sociedades.

( * } L o s a u t o r e s a g r a d e c e n l o s a p o r t e s d e D aníí -x V il i a k y S ilv ia C.r o c h r t t í .

(1) N’ ortk ÍI9 8 4 ).


HISTORIA ECONOMICA Y $ O C iA L G ENERAL
4

Un análisis de las características del incremento de la prod u cción , con­


duce a d is tin g u ir dos tipos de crecimiento económico: el e x te n s iv o y e l in­
tensivo.
Se habla de crecimiento ext«wsévo cuando hay un aum ento d e la produc-
/ción y de la población a tasas s»¿s o menos similares. El in te n s iv o , por su
parte, se verifica cuando se incrementa de manera significativa la p rod u cción
por habitante. Normalmente, implica también cambios es tru c tu ra le s , in sti­
tucionales y distributivos. A lo largo de la historia, el c re c im ie n to ex te n si­
vo ha sido la situación habitual; el aumento de la población, au n al s e r len ­
to, muestra la realidad del crecimiento global de la producción, e n tanto al­
canzó por lo menos para abastecer ese incremento dem ográfico.
Puede sostenerse, y ésta es una postura muy difuadida e n tr e lo s estu­
diosos de la historia económica, que el único tránsito ex itoso d e s d e el cre­
cimiento extensivo hacia el intensivo fue el que culminó en E u ro p a , en ge­
neral, y en Gran Bretaña, en particular, durante el siglo XIX.
Sin embargo, es válido también argumentar que hay un p r im e r sa lto en
el desarrollo económico de la humanidad concretado como c o n s e c u e n c ia de
la llamada “ revolución neolítica” , sostenida en la agricultura, la d o m e s tic a ­
ción de animales y el surgimiento de las actividades artesan ales.
Durante varios milenios, el crecimiento económico se b a só e n la s p osi­
bilidades brindadas por la expansión del área de las activid a d es a grícolas,
complementada por la introducción de licita d os avances t é c n ic o s , p o r las
posibilidades de especialización y de división del trabajo q u e b r in d ó e l de­
sarrollo dí 1 comercio, y por la nueva situación creada por el s u r g im ie n to de
estructuras estatales permanentes. Recién en la Europa del s e g u n d o m ile­
nio se fueron produciendo modificaciones que condujeron a l o s cam bios
económicos característicos del crecimiento intensivo, que se c o n c r e ta ro n en
la industrialización de los últimos dos siglos.
Si partimos de esta perspectiva, el objeto de estudio de la h is t o r ia eco­
nómica puede dividirse en tres partes:
1. La revisión ue la evolución económica en la P reh istoria y e n la Aii-
tigüedad.
2. El proceso de transición que se produjo en Europa d e sd e e l añ o 1000
hasta el siglo XVIII.
3. El nacimiento, la consolidación y la crisis de las e c o n o m ía s indus-
tríales.
En esta introducción, abordaremos de manera sintética lo s d o s prim e­
ros apartado.-:, dejando para el ie.sto de la obra el estudio de la s ec o n o m ía s
industriales.
CAP. 1 ~ EL CRECIMIENTO ECONOMICO EN LA PREHISTORIA Y E N E L 5

1,2. LA ECONOMIA EN LA PREHISTORIA


Hace unos 2,5 millones de años, surgió en Africa Oriental la primera es­
pecie del género humano, el homo habilis. Los registros de su actividad en
tiempos tan remotos ponen de manifiesto que nuestro ancestro cubría sus
requerim ientos energéticos organizado en grupos muy pequeños que se
apropiaban de recursos de origen animal y vegetal.
A partir de este tipo organizativo básico, que incluye un grado de movi­
lidad significativo, una incipiente división social del trabajo y la reciproci­
dad como mecanismo de cohesión grupal, se desarrolló y estructuró de ma­
nera progresiva una actividad cazadora y recolectora que constituyó la úni­
ca forma de captación de recursos utilizada tanto por las especies más an­
tiguas como por el hom o sapiens sapiens —los hombres anatómicamente
modernos— hasta tiempos muy recientes.
Paralelamente, la segunda especie humana —el hom o erectas— coloni­
zó las costas mediterránea e índica del Africa; luego, vastos sectores de Asia
Oriental y Occidental, y, finalmente, Europa, hasta una latitud aproximada
a los 45 grados Norte. Por último, nuestra especie actual también alcanza­
ría Oceanía y América en su dispersión.
Los instrumentos que acompañaron ese desarrollo, elaborados sobre
distintos tipos de rocas, fueron variando en su manufactura y utilización a
medida que las condiciones ambientales planteaban nuevos requerimientos,
durante un momento geológico, el Pleistoceno, caracterizado, sobre todo en
gran parte de Eurasia, por la rigurosidad derivada de sucesivos ciclos de ac­
tividad glaciaria.
El advenimiento del Holoceno (12.000/10.000 años antes del presente),
al provocar un reordenamiento de faunas y floras, se convirtió en escenario
de profundas transformaciones que afectaron la organización de las socie­
dades cazadoras-recolectoras. Algunas de ellas inauguraron formas alterna­
tivas de explotación de recursos, apoyándose en especies vegetales de ciclos
cortos —trigo y cebada en Asía anterior, maíz en América— , productoras de
semillas en cantidades importantes, que debían ser recolectadas con pres­
teza durante su breve lapso de maduración, y luego almacenadas para su
consumo a lo largo del año. Los herbívoros que se alimentaban de ellas
— ia c :ihra y ia oveja en Asia— se convirtieron también en objeto de atención
preferencia!.
Estos procesos, que modificaron de manera decísi%ra los niveles de cre­
cimiento económico, han sido explicados de distintas formas, que se anali­
zarán a continuación:
6 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

Gokdon Childe (2) postuló la existencia de una situación de obligada ve­


cindad que núcleo a hombres, plantas y animales en sitios húmedos y ba­
jos del Cercano Oriente y el norte de Africa, para protegerse de la aridez tí­
pica del momento. Esa contigüidad habría desencadenado nuevas formas de
explotación de recursos, llevando a una marcada dependencia mutua que
culminó en ia agricultura y ia domesticación animai.
La constatación de que tales cambio drásticos 110 tuvieron lugar, así
como la de que las variedades de gramíneas convertidas en cultivos se en­
contraban en su estado silvestre en otros terrenos, llevó a B ra id w o od (3) a
desechar la teoría de Gokdon C h ild e . En su argumentación sustitutiva, afir*
maba que la agricultura habría sido la consecuencia “ naturar’ de un proce­
so de elaboración y especialización protagonizado por cazadores-recolecto­
res que se encontraban en convivencia habitual con los recursos silvestres
que resultarían domesticados.
Ambas teorías, sin embargo, tenían en común la perspectiva de que la
humanidad tiende siempre a acrecentar sus medios de subsistencia y la tec­
nología de la que se vale para explotarlos. Por lo tanto, allí donde se diesen
las condiciones, resultaría “ lógico” que hubiera surgido la domesticación,
dado que ésta significa una mejora sustancial de la base económica.
Con posterioridad. Bjnforo (4) observó que la humanidad había atravesado
épocas prolongadas de gran estabilidad tecnológica y económica, como lo
demuestra el profundo registro arqueológico pleistocénico, de manera que
la perspectiva de B kaidwood admitía serias críticas en ese sentido.
Binford sostuvo que la “ domesticación vegetal” constituía una alternativa
posible, pero esto no implicaba que los hombres hubiesen optado por ella
necesariamente. De allí que muchas sociedades cazadoras-recolectoras bien
adaptadas a su situación no experimentaron variantes, pese a que se presen-
taron las condiciones para hacerlo.
En su análisis, introdujo el factor de la presión demográfica, construyen­
do para el Cercano Oriente la siguiente secuencia:
a) ciertas sociedades cazadoras-recolectoras pospleistocénicas se apro­
piaron con éxito de recursos silvestres ‘'fijos” en el espacio, generan­
do nuevas formas de explotación que se tradujeron en una tenden­
cia a la sedentarización;
b) esta explotación exitosa se. tradujo en una presión competitiva ejer­
cida sobre otras sociedades que mantenían sus formas tradicionales
de captación de recursos;

(2) G ouljon Cniun-: (1962).

(3) B kaidwoou (19 7 1 ).

{4) Bits-ronn (13S8).


CAP. í - EL CRECIMIENTO ECONOMICO EN LA PREHISTORIA Y EN EL.,. 7

c) en las zonas menos favorecidas comenzaron a experimentarse nue­


vas vías de incorporación de recursos. La crítica más consistente for­
mulada a esta explicación reside en que, hasta .el momento, los re-
gistros arqueológicos no reflejan la secuencia postulada.
Por su parte, C o h é n (5) se planteó dos cuestiones que consideró básicas
respecto del surgimiento de la agricultura. En primer lugar, se preguntó por
qué motivo sociedades de cazadores-recolectores bien adaptadas se convir­
tieron en sociedades agrícolas; luego, cuáles habrían sido las razones por las
que el proceso se produjo en distintos lugares del Viejo y del Nuevo Mundo,
sin conexión entre sí y en épocas marcadamente sincrónicas. El autor res­
ponde que ia escasez de fauna pleistocénica a partir del retiro de la última
glaciación —un fenómeno a escala planetaria— lesionó la calidad de vida de
poblaciones crecientemente numerosas de cazadores-recolectores instaladas
en distintos continentes, tornando más apetecibles ciertos recursos que
antes habían sido considerados en forma subsidiaria, como es el caso de los
granos silvestres. La explotación de estos recursos fue encarada en forma
planificada por esas poblaciones, que dirigieron su atención a vegetales
como el trigo y la cebada- Este sería el primer paso de una explotación es­
pecífica que terminaría por desembocar en la domesticación plena.
Se ha criticado el hecho de que C ohén su pone la existencia de una pre­
sión demográfica en sociedades tradicionalmente capaces de controlar sus
niveles de población. Esto es cierto, pero también lo.es que la población total
experimentó un aumento sensible, y la misma pudo haber tenido interven­
ción en las nuevas modalidades de explotación de recursos, aunque tai vez
no como causa principal del proceso.
Finalmente, Rindos sugiere qu e el origen de la agricultura puede ser
adecuadamente explicado si es percibido no como un estadio evolutivo pro­
gresivo. sino com o el resultado de la interacción coevolutiva de vegetales y
seres humanos.
El primer paso del proceso fue incidental y se produjo debido a que los
miembros de determinadas sociedades no agrícolas protegieron a ciertos
vegetales silvestres que ofrecían semillas nutritivas. Estas conductas fueron
luego seleccionadas debido a que los vegetales mostraban signos de cambio
que acentuaban sus posibilidades de aprovechamiento.
El paso siguiente fue la espccializacíón. al incrementarse las posibilida­
des de utilización de las plantas, aumentando de. esta manera la dependen­
cia mutua entre hombres y fítoc.omunidades útiles.

15} C ohén (1 9 8 4 ).

(6) R indos {4 9 90),


8 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

La agricultura propiamente dicha surgió, por fin, cuando se generaron


técnicas específicas para el tratamiento de las plantas, acentuándose la
coevolución de las poblaciones humanas y vegetales.
R in d os, al desechar la noción de “ primer m otor” que en ías restantes
teorías se asignaba a cambios climáticos o presiones poblacionales reitera­
damente cuestionados, inauguró una perspectiva novedosa. Desde su pun­
to de vista, la agricultura fue un proceso no programado por los hombres, ni
tampoco inevitable: simplemente tuyo lugar como resultado de una interac­
ción compleja y prolongada.
Más allá de ias polémicas académicas, la significación de estos avances
fue enorme, en tanto puso en marcha una serie de m odificaciones que se
concretaron en los milenios siguientes:
a) la población creció a una tasa sin precedentes, aumentando el nú­
mero de asentamientos humanos;
b) si bien de manera gradual, la agricultura sedentaria se fue transfor­
mando en la actividad económica dominante;
c) se produjo un progreso importante en el desarrollo de la tecnología,
que incluyó el comienzo de la alfarería y ia metalurgia del bronce y
el hierro;
d) surgieron las primeras ciudades, que se extendieron a lo largo del
Mediterráneo;
ej se desarrollaron y expandieron las actividades comerciales;
f) la división del trabajo y la distribución de los excedentes dieron lu­
gar al surgimiento de diferenciaciones sociales permanentes, que se
manifestaron desde un principio en fuertes disparidades en los ni­
veles de renta;
g} por primera-.vez apareció la organización política del Estado.

1,3. EL SURGIMIENTO DEL ESTADO


Si bien los Estados adoptaron formas diferentes — ciudades-Estado,
imperios— , pueden detectarse rasgos comunes, que son el resultado de res­
puestas que se articulan para enfrentar problemas similares.
La discusión acerca de los orígenes del Estado ha sido prolongada y dio
lugar al surgim iento de varias teorías, de las cuales resumiremos ías. de
rnayer repercusión:
CAP. 1 - EL CRECIMIENTO ECONOMICO EN LA PREHISTORIA Y EN EL... 9

— W i t t f o g e l (7) planteó ia llamada ‘'hipótesis hidráulica’', cuya argumen­

tación central es la siguiente: ia irrigación a gran escala y el control


eficaz y planificado del agua otorgaban un gran poder sobre los agri­
cultores. generándose un modo único y centralizado que el autor
denomina “ despotism o oriental", en el que las oteras de riego, su
organización y el m onopolio del poder se habrían desarrollado en
forma simultánea. Como lo afirma H a r r ís (*), el núcleo de la teoría
hidráulica fue anticipado por M a rx en sus escritos sobre el “modo de
producción asiático” .
— El modelo de C arn eiro (&J, más conocido por su concepto de “ circuns­
cripción social” , es fundamentalmente una teoría de la conquista, a
la que se le suman aspectos ecológicos. Su primer motor es la com­
petencia por la tierra, emergente del crecim iento demográfico. La
misma tomó la forma de guerra y “ a través de la conquista de aldea
por aldea, surgieron jefaturas, las primeras unidades supracomuna-
les", y de allí se pasó al Estado.
— Service (!0) plantea rigurosas distinciones entre banda, tribu, jefatu­
ra y Estado, formas que el autor denomina “ niveles de integración
sociocultural” . Una jefatura completamente desarrollada es aquella
que dispone de un efectivo control espacial sobre un área determi­
nada, en la cual se ha verificado un proceso de especialización regio­
nal y de división del trabajo individual. El jefe comienza su carrera
no como líder militar, sino como redistribuidor de los excedentes
generados por la sociedad; se encarga de garantizar una producción
estable y asegurar ei orden dentro del grupo, lo que lo lleva a estar
en condiciones de movilizar grandes cantidades de fuerza de traba­
jo tanto para fines productivos como militares. El Estado surge en­
tonces como ente regulador, creador de un sistema permanente de
redistribución garantizado por la burocracia y apuntalado ideológi­
camente por el clero.

1,4. LOS IMPERIOS DE LA ANTIGÜEDAD


Uno de ios rasgos principales de la evolución de las organizaciones es­
tatales en el mundo antiguo fue el surgimiento de grandes imperios. Desde

(7 ) W m T O G fa ( 1 9 6 6 )

( 8 ) H a r k i s ( 1 9 8 6 ).

(9) Carneiro (1970).


( 1 0 ) S e r v i c e ( 1 9 7 5 ).
10 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

la aparición del imperio de S a rg o n en Acad (2350-2300 a. C.} hasta la caída


del Imperio Romano de Occidente (476 d. C.), una cantidad significativa de
elaboradas estructuras estatales coexistieron o se sucedieron en un ámbi­
to territorial muy extenso.
Las bases económicas de estos imperios residían en la posibilidad de
obtención sistemática de tributos respecto de las masas campesinas y de los
pueblos conquistados. Existió también la esclavitud, pero hasta su estabi­
lización en el Mediterráneo grecorromano constituyó una forma marginal de
explotación de la mano de obra.
En muchos casos, como se ha comentado, la tarea de la autoridad con­
sistía en la implementación de la agricultura de regadío, que requería un alto
nivel de organización y de disciplinamieruto de la fuerza de trabajo. No cabe
duda de que los avances tecnológicos concretados en estos imperios fueron
muy escasos, reduciéndose al desarrollo de algunas de las posibilidades
abiertas por la “revolución neolítica” , pero algunos de sus logros institucio­
nales, como el establecimiento de la ley y el orden en áreas cada vez mayo­
res, facilitaron el crecimiento dei comercio, la especialización regional y la
división del trabajo.

1,5. EL MUNDO MEDITERRANEO


Y EL IMPERIO ROMANO
En el aproximadamente milenio y medio comprendido entre el 800 a. C.
y el siglo VI de nuestra era se produjo el auge de la civilización en el Medi­
terráneo, un fenómeno crucial para la comprensión del mundo occidental.
Este p ro ce so fue acom p añ ad o de un significativo nivel de d esarrollo
económ ico, que constituyó ía base que perm itió el surgim iento de un siste­
ma político y de una cultura nunca alcanzada hasta entonces.

Las ciudades-Estado griegas y el Imperio Romano estuvieron caracteri­


zados en el Lerreno económico por tres aspectos fundamentales;
1. Pese a tratarse de un universo centrado en las ciudades, la agrícul-
Uira constituyó el ámbito dominante de producción y proporcionó
las principales fortunas urbanas.
2. Tanto la producción agraria como 1a minoritaria actividad producti­
va desplegada en las ciudades se asentaron de manera fundamental
sobre la explotación de mano de obra esclava, ‘"la invención decisi­
va del mundo grecorromano” (“ ).

Í U ) A..\dí:rson (1 9 7 9 }.
CAP. 1 - EL CRECIMIENTO ECONOMICO EN LA PREHISTORIA Y EN E L 11

3. El mar Mediterráneo fue el escenario que permitió intercambios de


nivel inédito, ya que en el mundo antiguo el comercio marítimo era
el medio más viable para la circulación de productos en distancias
medias y largas (en .eí siglo III d. C. era más barato enviar trigo por
barco desde Siria hasta España — de un extremo a otro del Medite­
rráneo— que transportarlo 120 kilóm etros en carros) (I2J.
Por lo tanto, la riqueza, el bienestar y los logros concretados por los
hombres libres de la Antigüedad clásica —desde el arte y la filosofía hasta
la democracia— se basaron en el amplio excedente económico generado por
Ja presencia preponderante de este sistema de trabajo.
Si bien en el largo período dominado por la esclavitud se concretaron
algunas mejoras técnicas —m olinos giratorios para el grano, métodos de
soplado del vidrio— , lo cierto es que el crecim iento económ ico se asentó
sobre la expansión territorial y la ampliación, a través de la conquista o el
comercio, de la dotación de mano de obra servil. Justamente, la combinación
de un número de esclavos abundante con la descalificación del trabajo como
una actividad no compatible con la libertad impidió que se produjera una
aplicación de la cultura a la técnica para producir inventos. De allí que la
civilización clásica tuviera un carácter colonial: el saqueo y el reclutamiento
de esclavos eran los objetivos de la expansión; el poderío militar se asoció
al crecim iento económico más que nunca lo había estado antes o lo estaría
después. Como bien se ha dicho: “ ...los campos de batalla proporcionaban .
mano de obra para los campos de cereales y, viceversa, los trabajadores cau­
tivos permitían la creación de ejércitos de ciudadanos” (13).
Hubo tres grandes ciclos de expansión imperial en el Mediterráneo: el
ateniense, el helenístico y el romano.
El Imperio Romano fue la estructura política más elaborada y duradera
del mundo clásico. Sus logros están asociados de manera directa con las
características descriptas para el mundo mediterráneo en su conjunto; el
pueblo romano fue ei protagonista de la mayor expansión concretada en la
Antigüedad. Los lím ites máximos que alcanzó el Imperio a principios del
siglo ÍI obligaron a un enorme esfuerzo de organización estatal. Los éxitos
alcanzados, como ei crecimiento demográfico, el desarrollo urbano y la ex­
pansión del comercio a larga distancia, se afirmaron en un largo período de
paz asegurado por un Estado activo que protegía las fronteras y aseguraba
la paz interior.
Sin embargo, es preciso no olvidar un elemento de suma importancia: e!
Imperio era un Estado fundamentalmente agrario. Esta circunstancia es cru-

(1 2 ) E l p r o g r e s o c o m e r c i a l s e v i o fa c i l i t a d o p o r u n a in n o v a c i ó n d e g r a n i m p o r t a n ­
c ia : la i n v e n c ió n d e la m o n e d a .

(1 3 ) A k ü e rso n U 979 }.
12 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

cial a la hora de analizar el tema de la decadencia que condujo a la cáída de


la parte occidental del Imperio en 476 d. C.
Las controversias entre los historiadores respecto de las causas de la
decadencia dei Imperio Romano se han extendido a lo largo del tiempo y
abarcan, a grandes rasgos, dos tipos de cuestiones.
Por una parte, se enfrentan quienes destacan la importancia de la pre­
sión externa —los pueblos germánicos situados en las fronteras— con los
que ponen en primer pluno los factores endógenos. De acuerdo con las in­
terpretaciones actuales (14), parecen haber sido estos últimos los que produ­
jeron la caída del edificio imperial, generando una situación tal de debilidad
que facilitó finalmente la penetración desde el exterior.
Es complejo el análisis de esos factores internos. Si nos centramos en
los aspectos económicos, la discusión se relaciona con cuestiones como la
continuidad o crisis de la esclavitud, el tamaño del Estado, los conflictos
sociales del Bajo Imperio, etcétera.
Desde la perspectiva marxista, la declinación del Imperio Romano está
asociada a.la crisis del modo de producción esclavista. En algunos análi­
sis í15}, se vincula de manera estrecha a las luchas sociales protagonizadas
fundamentalmente por los esclavos, complementada, en visiones más am­
plias (1C), por el comportamiento de las clases aristocráticas, que destruye­
ron la estructura estatal en su beneficio.
Una visión centrada en el agotamiento del Estado imperial es la que brin­
da Bernardj (l?). Incorporando la idea de Estado benefactor, afirma que en el
Bajo Imperio éste estuvo sometido a cargas y tareas que excedían amplia­
mente su capacidad de obtener ingresos, sobre todo a partir del fin de las
guerras de conquista. Decidida a sostenerse, la burocracia imperial incre­
mentó la presión fiscal por encima de todo lím ite razonable, generando el
empobrecimiento de los pequeños y medianos propietarios y ía evasión por
parte de los grandes. El resultado final fue la bancarrota del Estado, mien­
tras que grupos privilegiados “eluden la im posición, acumulan riquezas y
crean alrededor de sus villas microcosmos económ icos y sociales com ple­
tamente al margen de la autoridad central” .

(1 4 ) U n a r e v is ió n d e la s p r in c ip a le s lín e a s d e in t e r p r e t a c i ó n p u e d e v e r s e e n A A . W .
(1 9 8 0 ).

(1 5 ) D o ckes (1 9 8 4 ).

(16) Anoerson (1979).


(1 7 ) BRKNARDr (1 9 7 3 ).
2

lf l e U R O P A P R C lW D U S T R Ifll

2,1. ANTES DEL AÑO 1000


Hasta hace muy poco tiempo, hablar de la Europa de los siglos VI a X era
referirse a un continente en el que el nivei ele la civilización material había
experimentado una fuerte regresión. Los últimos estenios {'} han modifica­
do esa visión, destacando que el período estuvo caracterizado más bien por
una disminución muy importante de los intercambios {sobre todo, el comer­
cio a larga distancia}, pero no necesariamente en las actividades primarias.
Una síntesis actual, que recoge los últimos aportes de los medievalistas,
puede ser la siguiente:
— La sociedad europea fue una sociedad esclavista, aunque se trataba
de una situación “ mejorada", ya que el esclavo estaba instalado con
su familia en un lote de tierra. Este último aspecto es de gran impor­
tancia, ya que confería al esclavo una cierta autonomía generadora
de su promoción social y económica.
En las tierras controladas por ia aristocracia y en las del alto cleio,
la situación se estaba modificando: hombres libres y esclavos coexis­
tían; incluso hay referencias a matrimonios mixtos. Se estaban pro­
duciendo dentro de los señoríos (-) las primeras manifestaciones de
una “ recomposición social” .
— La estructura social se caracterizaba por la existencia de tre.;. agre­
gados: la aristocracia —fuertemente jerarquizada— , los esclavos y
los campesinos libres organiz das en comunidades.

{1 } E « e s t a c a r a c t e r iz a c ió n n o s b a s a m o s e n D ojs (19315 y B im o a s s ib { UK v ¡) y (1 9 3 3 ).
m á s e l a p o r t e d e D uuy (1 9 7 6 }.

(2 } E l s e ñ o r í o t e r r i t o r i a l e r a « n a g r a n e x t e n s i ó n d e t ie r r a d iv id id a en íiO'. p a r te s :
ia r e s e r v a d e l s e ñ o r y la s t e n e n c ia s e n m a n o s cíe lo'-: c a m p e s i n o s , q u e esi,'i!>.i!) o b l i g a ­
d o s a e n t r e g a r t r ib u t o s y/o s e r v i c i o s p o r e i u s o d e ¡a t ie r r a .
14 HISTORIA ECONOMICA GENERAL SOCIAL

Se estaba verificando, sin embargo, un lento pero constante proce­


so de cambio: la aristocracia, que debía su posición de privilegio a
la posesión de esclavos y a los beneficios provenientes del aprove­
chamiento de su participación en el aparato estatal — especialmen­
te durante la experiencia carolingia— , se encuentra afectada por el
derrumbamiento de éste y por las rebeliones de esclavos. El resul­
tado va a ser, en el largo plazo, el surgimiento de un orden socioeco­
nómico nuevo, asentado en el dominio de una aristocracia distinta
— aunque muchos de sus miembros provengan de la anterior— , que
se apropia dei antiguo poder público en un marco territorial restrin­
gido. colocando de manera progresiva bajo su control a la totalidad
del campesinado. Las rentas banales o jurisdiccionales (3) y las ob­
tenidas de la cesión de la tierra constituirán en adelante las bases
de su poder económico.
El campesinado libre, por su parte, experimentó dos tipos de modi­
ficaciones: por un lado, incrementó su número y devino en protago­
nista importante del crecimiento agrario. Por otro, va siendo cada vez
más controlado por los poderosos, pasando a constituir, junto con
los esclavos que se van liberando, una clase de campesinos depen­
dientes que comparten rasgos comunes.
— Las relaciones ciudad-campo se han debilitado hasta el punto de que
puede hablarse "de un profundo foso que separaba la economía ur­
bana de la econom ía rural” (■*). Esta situación esLá vinculada a la
declinación de las ciudades, un tema por demás conocido pero no
demasiado esclarecido en cuanto a sus causas profundas. La reali­
dad muestra que las ciudades se achican en el seno de una sociedad
que se ha “ ruralizado” .
— Hacia los siglos IX y X -—en algunas regiones todavía antes— se ini­
ció una etapa de crecimiento agrario caracterizada por un aspecto
extensivo, el incx'emento del espacio cultivado, y otro intensivo, de
menor significación, basado en el progreso técnico. Los campesinos
^-eron, en general, los protagonistas de este proceso.

(3 ) L a s r e n l a s j u r i s d i c c i o n a l e s o b a n a le s e r a n la s q u e r e c i b í a n l o s s e ñ o r e s c o m o
c o n s e c u e n c ia d e s u a c a p a r a m ie n t o d e la s p r e r r o g a t i v a s r e a le s . S e tr a t a b a d e u n p o d e r
s o b r e l o s h o m b r e s , n o s o b r e la t ie r r a .

(4) Bots (1991).


CAP. 2 — LA EUROPA PREINDUSTRIAL 15

2,2. LA EXPANSION ECONOMICA


DE LOS SIGLOS XI A XIII
Numerosos indicios afirman la idea de que a partir del siglo XI se con­
solidó el crecimiento de la producción sobre la base de la expansión de la
economía agraria:
— Se afirma la existencia de un importante aumento de la población,
percibido con claridad aunque sin posibilidades de cuantificación
precisa en las fuentes disponibles de Alemania, Cataluña, Francia y
la Península Itálica (3).
— Se produjo una ampliación duradera de las áreas de cultivo. Empu­
jados en buena medida por el crecimiento demográfico, se concreta­
ron tanto un retroceso del baldío como la ocupación de nuevas tie­
rras, impulsadas en algunas ocasiones por los señores que instala­
ban en ellas campesinos para aumentar los tributos que percibían, y
en otras por los mismos campesinos, que respondían así a las nue­
vas circunstancias económicas y sociales que se estaban gestando.
— Algunas mejoras técnicas complementaron este proceso de expan­
sión de la economía agraria, hasta el punto de poder sostenerse la
idea de un alza de la productividad. Las más importantes fueron: el
perfeccionamiento del arado, introduciendo mayor cantidad de hie­
rro; la generalización en el uso del caballo en reemplazo del buey
para las tareas agrícolas, y, sobre todo, la introducción del barbecho
trienal, que permitió ampliar y diversificar la producción (G).
— El comercio experimenta un renacimiento, pero éste se verifica so­
bre nuevas bases, que incluyen los mecanismos de mercado y rela­
ciones recíprocas y ampliadas entre el campo y la ciudad. Muchos
núcleos urbanos crecieron y prosperaron, protegidos por señores
feudales, para quienes constituía un objetivo apetecido participar de
los beneficios del comercio en expansión. Se afirma así una clase
mercantil urbana integrada en el sistema, por más que sus activida­
des, en el largo piazo. socavaban las bases de existencia misma del

(5 ) U n c á l c u l o d e Russicu., c it a d o p o r A noers -on (1 9 7 9 ), c o n c l u y e q u e e n t r e 9 5 0 y


1 3 4 8 la p o b la c ió n ele E u r o p a O c c id e n t a l p a s ó d e 2 0 a 5 4 m i l l o n e s d e h a b it a n t e s .

(6 ) N o r m a lm e n t e , la t ie r r a c u lt iv a b le s e d iv id ía c u d o s p a r t e s : u n a d e e l l a s s e s e m ­
b ra b a c o n c e r e a l e s y la o t r a s e d e ja b a e n d e s c a n s o ;b ? .r b e e h L a in t r o d u c c ió n d e l
b a r b e c h o t r ie n a l c o n s i s t í a e n d i v id ir ía t ie r r a e n t r e s c a m p o s , a l t e r n a n d o o t r o c u l t i ­
v o , p o r e je m p lo , a v e n a , d e m a n e r a q u e la r o t a c i ó n c o n d u c í a a q u e e n c a d a c i c l o s ó l o
u n t e r c io d e la t ie r r a d e s c a n s a b a .
15 HISTORIA ECONOMICA GENERAL SOCIAL

feudalismo. Este rasgo contradictorio de las ciudades en relación


coa al régimen señorial, báream ente agrario, ha sido definido como
de “ e.ítei ioridad interna’' i7), expresión con la que se trata de definir
a i a vida comercial y manu facturera urbana a m o un ámbito en el
que si bien ésta logró ana prc ^lesiva autonomía, que le permitió el
crecim iento independíenle dei capital mercantil, la conquista de
rutas comerciales, etc.,-la ^ actividades que se desarrollaban estaban
subordinadas al campo. En efecto, era allí donde se generaba la abru­
madora mayoría de ía producción, quedando para Jas comunidades
urbana.'- ia distribución del excedente una vez que ha sido arranca­
do de lo .3 productores directos.
Por otra parte, en su relación con eí campo que las circundaba, las
ciudades lendieion en general a comportarse como un "señor colec­
tivo” , estableciendo mecanismos de dominación y monopolios a tra­
vés de los cuales ejercieron un dominio económico y. político sim i­
lar al d,í los señores.
— K¡i el leí reno sociopolítico, en ios alrcdedoies del año 1000 comenzó
a concretarse ei dominio de una ciase sociiJ que, a través del uso
más o menos amplio de la violencia y de la progresiva construcción
de una estructura ideológica justifica toria p), procedió a subordinar
al conjunto de la sociedad, estableciendo lo que se íia denominado
el “orden íeuda!” . basado en ia explotación ampliada deí campesina­
do — que tiende a unííormarse en una categoría general de "siervo"—
y en la generalización de relaciones personales de varillaje destina­
das a organizar esa explotación y a redistribuir sus beneficios entre
los poderosos. Estas relaciones de \rasallaje fueron acompañadas de
una gradación de ios derechos de propiedad, que siempre íoeron li­
mitados, reconociéndose asi, por ejemplo, el "dominio directo" de
los campesinos sobre la tierra, que limitaba las posibilidades de ex­
plotación de } <s señores, y el “feudo revocable", que permitía a ¿os
señores recuperar las lierras entregadas si el vasallo no cumplía con
Jos deber es que habían dado lugar a la entrega.

2,3. LA CRISIS DE LOS SIGLOS XIV Y XV


El crecimiento económico de ios siglos Xí a XIII fue seguido de una pro­
longada crisis, que uvo una duración variable según las regiones, pero que
en ¿iene. ral se extendió Jurante baruante mas de cien años.

(7 ) :\í :::s' n in í ;ton {1 9 7 7 }.

{8 } I )u » v (1 9 9 2 ).
CAP. 2 - L A EUROPA PREINDUSTRIAL 17

Una catástrofe coyuntaral, la "peste negra” (peste bubónica}, que llegó


a Europa procedente de Asia en 1348, tornó más dramática la situación al
producir una terrible mortandad que redujo la población del continente en
un porcentaje que, de acuerdo con los cálculos, oscila entre la cuarta par­
te y el tercio del total.
Eí estudio en profundidad de las causas de la crisis no ha conducido a
resultados concluyentes, pero permite conocer muchos de sus aspectos.
Una explicación apunta a los factores m eteorológicos, que redujeron la
productividad del suelo e incrementaron la posibilidad de epidemias. Sin
embargo, aun reconociendo alguna incidencia a las cuestiones climáticas
—está probado que el siglo XIV fue un largo período de deterioro climático—,
tiene más consenso la tesis de que el determinante más profundo de la cri­
sis reside en el desequilibrio entre la producción y la población. En efecto,
el motor básico del crecim iento extensivo, la roturación de nuevas tierras,
se enfrentó con la inexorable ley de rendimientos decrecientes, avanzándose
■en el cultivo de parcelas de inferior calidad. Fíente a esta situación, la ex­
pansión demográfica podía conducir a la superpoblación a la primera mala
cosecha. Desde principios del siglo XÍV, el hambre comenzó a asolar Euro­
pa; las tierras empezaron a abandonarse y el índice de natalidad disminuyó,
incluso antes de la llegada de la peste que castigó al continente.
Además, se produjo una escasez generalizada de dinero, originada en
distintos factores, entre los que se encuentra el techo alcanzado en la pro­
ducción de metales preciosos, que estaba limitada a las minas existentes en
algunas regiones del continente. La escasez de ésto* provocó envilecim ien­
tos de la moneda, que a su vez originaron profundas alteraciones de precios.
El impacto mayor fue un efecto de tijeras en las relaciones entre los precios
urbanos y agrícolas: mientras el descenso de la población afectaba de ma­
nera drástica los precios de los alimentos, las manufacturas urbanas, pro­
ducidas para el consumo señorial, se beneficiaron de una demanda relativa­
mente ínelástica, lo que motivó que mejoraran sus valores en términos re­
lativos. Este proceso afectó de manera profunda a la clase nobiliaria terra­
teniente, que dispuso de un nivel de rentas progresivam ente m enor para
adquirir los bienes de lujo ofrecidos por las ciudades.
Para completar el panorama, se produjo entonces la llegada de la peste
negra, que se cebó sobre una población debilitada. A partir de la manifesta­
ción inicial ocurrida en 1348, los brotes de peste se hicieron endémicos en
muchas regiones.
La confluencia de los diferentes factores que afectaron el nivel de ingre­
sos de los señores condujo a una agudización de la tensión social, en tan­
18 HISTORIA ECONOMICA GENERAL SOCIAL

to éstos intentaron atar a los campesinos al señorío^ buscaron reducir los


salarios o recurrieron simplemente al saqueo y a la guerra.
Sin embargo, el objetivo nobiliario de intentar que las clases subordina­
das pagaran el costo de la crisis se enfrentó con una fuerte resistencia cam­
pesina (y también de los sectores más pobres de las ciudades). Se trató de
un fenómeno de amplitud continental, que alcanzó sus manifestaciones más
explosivas en la gran ja cq u e rie francesa de 1358, la rebelión de los campe­
sinos ingleses en 1381 y, ya en. el siglo siguiente, la prolongada guerra de
remensas catalana.
Todas estas rebeliones fueron derrotadas y reprimidas políticamente l51),
pero su impacto fue muy profundo. La consecuencia directa y decisiva fue
una extensa transformación en el campo occidental, en tanto los alzamien­
tos rurales condujeron a cambios en el equilibrio de las fuerzas sociales en
la tierra. En lugar de empeorar la condición de los productores rurales, ésta
acabó mejorando, produciéndose la disolución de la servidumbre en la ma­
yor parte de Occidente.
Las razones de un resultado tan paradójico son varias:
1. AnLe la disminución del número de campesinos, los señores se vie­
ron obligados a conceder una relajación de los vínculos serviles, que
incluyó la entrega de tierras en arriendo y la difusión del trabajo
asalariado.
2. Contribuyó a esta situación —sostienen algunos expertos en el te­
ma (!ü)— la posibilidad de que los campesinos huyeran hacia las ciu­
dades, donde quedaban liberados de las cargas feudales. Refuerza
esta argumentación el hecho de que en ciertos casos las ciudades
apoyaron a los campesinos en su accionar antiseñorial.
3. Otros historiadores t11) afirman que fue más bien la resistencia de
los campesinos, organizados en las comunas y vinculados por pro­
fundos lazos de solidaridad, lo que forzó a los señores a reconocer
sus demandas (**).
Por otra parte, se produjo una serie de respuestas estructurales a ia
crisis, que condujeron a profundas reestructuraciones económicas y socia­
les; .

(9 ) C o n la e x c e p c i ó n p a r c ia l d e i m o v i m i e n t o cíe r e m e n s a en. C a t a lu ñ a .

(1 0 ) A4\-dekscw (1 9 7 9 ).

(1 1 ) E n p a r t ic u la r . B r k r n b r (1 9 8 8 ).

(1 2 ) L a i n e x i s t e n c ia d e e s t a s s ó lid a s o r g a n i z a c i o n e s c a m p e s in a s en E u r o p a O r ie n -
ta i h a b r ía s id o la c a u s a p r in c ip a l d e l t r iu n f o A p la s t a n t e :c ie lo -s s e ñ o r e s y la c o n s o l i d a ­
c ió n d e ía s e r v i d u m b r e e n e s e á m b it o .
CAP. 2 — LA EUROPA PREINDUSTRIAL 19

— Frente a los problemas ocasionados por la drástica disminución de


ia población, en Castilla e Inglaterra la clase terrateniente realizó
una amplia conversión de las tierras cultivadas hacia ía cría de ove­
jas, que demandaba una cantidad de mano de obra muy inferior (y,
además, la lana se vendía a muy buen precio en ios mercados urba­
nos).
— En el sigío XV, se inició una expansión ultramarina, protagonizada
por los portugueses y, más tarde, por los castellanos. Si bien la mis­
ma estuvo ligada a los intereses de los comerciantes y a las expec­
tativas de los monarcas que buscaban conseguir, a la vez, gloría y
rentas para el trono, puede, sin embargo, avanzarse sobre la hipóte­
sis de que para las exploraciones ibéricas la motivación inicial sur­
giera de la nobleza —en especial, de los “ segundones” , que carecían
de tierras— y recién detrás de ellos se animaron los com ercian­
tes (IS).
— Ante las dificultades económicas del momento —a las que había que
sumar los gastos, cada vez mayores que demandaban los requeri-
m ientosm ilitares—, fue surgiendo una institución centralizada, el
Estado moderno, que se benefició de una situación en la cual los
nobles en problemas recurrieron a los reyes en busca de seguridad,
conformándose lo que algunos llaman “renta de protección” .

2,4* LA EUROPA BEI^SIGLO XVI


La fase expansiva de la economía europea se extendió entre 1460 y 1620.
aproximadamente. El aumento demográfico y el incremento de la producción
y de la riqueza se generaron dentro del continente desde la segunda mitad
del sigío XV, pero recibieron un notorio impulso proveniente de ultramar.
¿Por qué crecía la actividad económica de Europa?
Más gente producía más bienes y servicios, aunque el incremento de la
producción, en tanto dependía de los limitados recursos de la tierra, iba a
la zaga del de población. El crecimiento de ésta provocó un aumento de la
presión de la demanda y un empeoramiento de la situación de las masas
populares durante e! sig'Jo XVI, concentrando una porción mayor de la ren­

( 1 3 ) W a i x e r s t ü i n { 1 9 7 9 }.
20 HISTORIA ECONOMICA GENERAL SOCIAL

ta en manos de los pudientes: terratenientes, funcionarios, mercaderes, abo­


gados y financistas. La demanda que éstos crearon de tejidos de lana y lino
de.buena calidad, pieles, sedas, vino, y otros artículos de lujo, fue lo que más
tarde promovió, según algunos autores, cierta concentración en la industria
y en la agricultura especializada, contribuyó a expandir el mercado interna­
cional y proporcionó oportunidades a las empresas, salidas a los capitales
acumulados y un escenario para experimentar nuevas instituciones econó­
micas.

2,4,1* LA POBLACION

La población comenzó a crecer en la mayor parte de Europa entre 1450


y 1480, y continuó haciéndolo hasta principios del siglo XVII.
A mediados del siglo XV, la población del continente era, en total, de
unos 50 m illones de habitantes. Dos siglos después trepaba a casi 100 mi­
llones. En 1600 debía ser, presumiblemente, igual de numerosa, si se tienen
en cuenta el estancam iento y la posible decadencia que experimentó en
buena parte del siglo XVII.
Si bien el crecimiento de la población fue general, no se distribuyó de
modo uniforme. La población de las distintas regiones de Europa variaba
considerablemente en densidad hacia el final del siglo. Italia, una economía
madura, y los Países Bajos, una econom ía en plena expansión dinámica,
tenían las mayores densidades, con 40 o más habitantes por kilómetro cua­
drado. Francia registraba una densidad de alrededor de 34, y la de Inglate­
rra y Gales era ligeramente inferior. En el resto dei continente la población
estaba más diseminada.
Las cifras demuestran que la concentración de la población estaba es­
trechamente relacionada con la productividad de ia agricultura. Las próspe­
ras llanuras estaban superpobladas: en algunas zonas, ln5 terrenos se iban
dividiendo a medida que cada vez más gente intentaba extraer de la tierra
siquiera lo necesario para su subsistencia. En otras regiones, el excedente
de población dejaba el campo, por voluntad propia o a ía fuerza. España y
Portugal contaban con sus imperios coloniales, pero, en el resto de Europa,
la mayoría de las migraciones fueron interiores.
Una consecuencia que éstas provocaron fue el rápido crecimiento de la
población urbana. Aunque la elevación del porcentaje se extendió por todi
Europa, resultó más pronunciada en el norte que en el sur. Dicho crecimien­
to. sin embargo, no debe considerarse como un indicador indiscutible del
desarrollo económico. Las ciudades funcionaban como centros comerciales
y administrativos más que industriales. Actividades manufactureras, como
la industria textil, tenían un em plazam iento creciente en el campo. Los
emigrantes rurales constituían en las ciudades una mano de obra no califi-
CAP. 2 — LA EUROPA PREINDUSTRIAL 21

cada, con frecuencia desocupada, que complemente ha sus magros ingresos


con pequeños robos y mendicidad. Sus misera bies condiciones de vida —que
ponían en peligro a toda la comunidad en tanto ia exponían a las epidemias—
contrastaban con ia abundancia y el exceso en los que vivía un limitadísimo
ntíinero de muy ricos. Notables desniveles de poder material caracterizaron,
efectivamente, a la sociedad preindustriai.
A medida que se restablecían los antiguos nive.'es de población, retorna­
ban las consiguientes dificultades para suministrai a más gente los alimen­
tos imprescindibles para su subsísteucií:, dados la limitada dotación de tie­
rra y el estrecho horizonte técnico existente. La presión de la población
sobre los recursos se hizo extrema a fines del siglo XVI.
En la primera mitad del siguiente, tna combinación de malas cosechas,
nuevos brotes de peste bubónica y de otras enfermedades epidémicas, ade­
más de las guerras, frenó en seco el crecimiento demográfico.

2,4,2. LA EXPANSION DE LA AGRICULTURA

Ante el aumento de la población se verificó inicialmente una vuelta al


cultivo de cereales, que produce la misma cantidad de calorías que la carne
en una superficie diez veces más pequeña. Pero, además, fue necesario abrir
la explotación a nuevas tierras. Este modelo básico extensivo sólo fue que­
brado en los alrededores de ciudades o de conjuntos de ciudades, como en
eí norte de Italia y los Países Bajos, o donde, como en Inglaterra, reinaban
condiciones favorables para la comercialización de la agricultura.
Las relaciones de producción agrarias comenzaron a desarrollarse en
direcciones divergentes en Europa Occidental y Oriental. El río Elba se con­
virtió en una de las más importantes líneas divisorias socioeconómicas de
Europa. Mientras que ai oeste se inició el tránsito hacia una economía ca­
pitalista, en la Europa del este se generó un proceso de refeudalización,
acompañado de una especialización en la producción de cereales y madera
destinados a los mercados occidentales.
Los procesos de intensificación que se iniciaron en Inglaterra y los Paí­
ses Bajos consistieron en una complementación estrecha entre la agricul­
tura y la ganadería, la introducción de nuevos cultivos, la postergación del
barbecho, el cultivo de forrajes en el mismo y el aprovechamiento sistemá­
tico del estiércol de los animales como fertilizante.
En cuanto a la estructura social, podemos perfilar dos situaciones dife­
renciadas en Europa Occidental.
En Inglaterra, a partir de la crisis de los siglos XIV y XV, se consolidó la
estructura señor/gran arrendatario capitalista/trabajador asalariado. El fra­
caso de los campesinos en su objetivo de conseguir un libre control sobre
22 HISTORIA ECONOMICA GENERAL SOCIAL

la tierra condujo a que los señores crearan extensos dominios, los que fue­
ron alquilados a arrendatarios que realizaron importantes inversiones de
capital y contrataron mano de obra asalariada (Vl).
En Francia, por su parte, los campesinos lograron mantener e incremen­
tar sus derechos sobre la tierra que ocupaban, para lo cual contaron con el
apoyo del Estado, que necesitaba montar una base impositiva propia e inde­
pendiente de los señores. Por lo tanto, se afirmó una estructura social sus­
tentada en un campesinado propietario, una nobleza que no pudo incremen­
tar de manera significativa su dotación de tierras — aunque mantuvo sus
derechos jurisdiccionales— y el aparato estatal como extractor independien­
te de excedente. No se dieron entonces las condiciones para que surgiera
una clase social en situación de acumular capital para invertir en el impul­
so del proceso productivo.

2,4,3. LA ORGANIZACION INDUSTRIAL

Como la cuestión será abordada en profundidad en el siguiente capítu­


lo, es posible aquí señalar sólo algunas características generales.
En la industria, el avance técnico durante el período fue modesto. El
aumento de la productividad manufacturera se vinculó, más que con los
cambios técnicos, con ios efectuados a nivel de organización, particularmen­
te a medida que asumieron la dirección de la industria los mercaderes-capi­
talistas. quienes pronto advirtieron la ventaja de controlar la producción de
los artículos que vendían. La manufactura, en sentido amplio, adoptó las
formas de trabajo doméstico, en el que el trabajador realizaba la tarea en su
propia casa, por su cuenta y riesgo: compraba la materia prima. la manufac­
turaba, a veces, con ayuda de colaboradores contratados, y la vendía en el
mercado local.
En las ciudades holandesas, donde la sociedad se había polarizado en
una próspera burguesía y un artesanado proletarizado, hubo violentos con­
flictos sociales. Los patrones trataron de evitarlos y encontraron entre los
campesinos y labradores una mano de obra no sólo más barata, sino también
más sumisa y menos capaz de asociarse.

{1 4 } E s t e p r o c e s o s o v io p o t e n c i a d o p o r lo s c e r c a m i e n t o s - ta i c u a ! s é a n a l i z a e n
e l c a p . 3-
CAP. 2 - L A EUROPA PREINDUSTRÍAL 23

El sistema de trabajo a dom icilio bajo esta nueva forma entregaba la


tarea al control de los empresarios. Los mercaderes capitalistas proveían la
materia prima para que los campesinos, al mismo tiempo que realizaban sus
tareas rurales, trabajaran en sus casas, generalmente en las aldeas, por un
salario. El empresario retiraba más tarde el producto terminado con desti­
no a su comercialización en mercados más lejanos-
En Flandes, Holanda, Inglaterra y el oeste de Francia, el hilado y el teji­
do de ía lana habían llegado a ser la casi total ocupación de familias espar­
cidas por el país, a menudo poseedoras de tierras, que trabajaban con tor­
nos de hilar y telares en sus propias casas. Libre de la regulación que las
ciudades imponían, la industria lanera podía dar trabajo a las mujeres de
familias rurales y a trabajadores temporarios que realizaban tareas agríco­
las de fácil aprendizaje; de esta manera, le era posible extender una produc­
ción barata de cierta calidad.
Los procesos más especializados — el teñido y el acabado— siguieron en
manos de los artesanos de las ciudades, mientras que, a largo plazo, la ex­
pansión de la industria rural llevó a numerosos tejedores a dedicarse plena­
mente a ésta y a abandonar la agricultura.
Desde el punto de vista del patrón, la organización descripta tenía la
ventaja de la flexibilidad, pues su capital era invertido de tal forma que cuan­
do el comercio aflojaba, en lugar de que aquél quedara inmovilizado en ins­
talaciones fijas cuyo paro resultaba costoso, pudiera ser reorientado de un
modo más provechoso. El control que ejercían los mercaderes permitió una
mayor adecuación a las demandas precisas de los mercados particulares, la
estandarización, la economía del tiempo de los productores y la concentra­
ción del capital en manos.de un número bastante pequeño de individuos.
Estos crearon así un circuito económico entre la ciudad y eí campo que fa­
voreció el aprovechamiento de la capacidad y ía baratura del trabajo campe­
sino, ai tiempo que se evadían las reglamentaciones que imponían los gre­
mios urbanos. La provisión casi ilimitada de mano de obra rural llevó a la in­
dustria europea a producir a precios que le abrieron, a la postre, las puer­
tas del mercado mundial.
Mientras la industria en su conjunto revelaba un escaso progreso de las
técnicas, la organización sobre líneas capitalistas avanzaba firmemente. La
división del trabajo dentro de las comunidades industriales, entre las nacio­
nes y en su interior comenzaba a cambiar, y eí resultado fue el crecim ien­
to deí com ercio internacional para abarcar un sector mayor, aunque aún
pequeño, de la producción y el consumo de la Europa Occidental,
24 HISTORIA ECONOMICA GENERAL SOCIAL

2,4,4. EL COMERCIO A LARGA DISTANCIA

La Europa Occidental, el centro de la nueva economía-mundo que esta­


ba surgiendo, acrecentó su comercio de un modo impresionante a partir del
siglo XVI, hasta el punto que puede hablarse de un dominio de éste sobre la
producción.
Los beneficios producidos por la actividad mercantil tendieron a facili­
tar la acumulación de capital destinado a la inversión en instalaciones y
empresas. El comercio no sólo contribuyó de esta manera al nacimiento del
capitalismo, sino que también promovió la formación de nuevos tipos de
organizaciones mercantiles, las compañías de comercio con ultramar. Des­
empeñó, por último, un papel importante en la creación de nuevas y más
extensas facilidades de crédito* e impulsó notablemente el crecimiento y la
expansión de la banca.
Las complicaciones de las transacciones al menudeo parecían triviales
comparadas con las de organizar la venta de artículos a clientes distantes y
desconocidos, efectuar el reparto y conseguir el pago a cambio. El comercio
a larga distancia revaiorizó el papel cumplido por el especialista mtermedia-
rio, el mercader, y creó necesidades de transporte y de servicios financieros
enteramente diferentes, que a su vez reclamaron nuevos especialistas.
Los mercaderes llegaron a diferenciarse por una variedad de funciones,
por lo que podemos distinguir:
— el mercader de la región manufacturera, que compraba al productor;
— el mercader viajante, que trataba en la feria con clientes llegados
desde muy lejos;
— el mercader exportador, que enviaba géneros a sus agentes para que
los vendieran en el extranjero;
— el mercader de la región consumidora, que vendía a sus similares de
los pequeños burgos y también a algunos clientes.
Una vez que un artesano pasaba a depender de un mercado que nunca
veía, corría el riesgo de caer bajo la subordinación de los especialistas del
comercio. Era probable que el productor acosara al mercader con el que
negociaba para recibir el pago antes de que el cliente lo hiciese por los ar­
tículos vendidos; al pagar al productor a fin de que siguiese trabajando, el
mercader fomentaba una deuda que a menudo se hacía permanente y que
con el tiempo convertía al productor en un empleado del mercader.
Para cerrar el círculo, el mercader dejó de comerciar con artículos de
productores que no se hallasen en la relación de dependencia y llegó a do­
minar toda la industria. Los artesanos perdieron importancia, hasta conver­
tirse en meros asalariados, y el capital y los beneficios pertenecían a los
CAP. 2 — LA EUROPA PREINDUSTRIAL 25

mercaderes; éstos tomaban las decisiones cruciales acerca de los estilos,


mercados y volumen de la producción, y empleaban o despedían a los arte­
sanos a voluntad. Hubo casos en los que el pequeño m ercader local que
empleaba algunas decenas de obreros pasó, a su vez, a depender financiera­
mente —o se convirtió en un agente— de los grandes comerciantes de Bru­
jas, de Amberes o de Londres, como ocurrió a fines del siglo XVII en gran
parte de la industria lanera inglesa.
El comercio a larga distancia —ya fuera nacional o internacional— reque­
ría facilidades especiales para ia transferencia de dinero y empleaba trans­
portes a una escala que el comercio local desconocía. Con. mucho,/ la mayor
parte dei valor monetario de la actividad estaba constituida por mercancías
de elevado valor por unidad, esencialmente, manufacturas textiles, tintes y
especias.
No era necesario emplear grandes recursos para el transporte, pero se
requerían complicadas disposiciones para la contabilidad y la transferencia
de pagarés que saldaran los balances entre mercaderes y entre regiones
comerciantes, si quería evitarse la ti'ansferencia de grandes cantidades de
monedas de oro y plata a largas distancias. Los italianos habían desarrollado
técnicas comerciales muy elaboradas: el comercio a crédito; la transferen­
cia de dinero mediante letras de cambio y de crédito; la banca; las socieda­
des comerciales y las agencias; el seguro marítimo; la teneduría de libros.
A fines del siglo XV, el comercio de Europa comenzaba a desviarse de las
rutas marítimas, en una etapa de transición entre la superación de la extre­
ma inseguridad del viaje por tierra y la expansión del comercio de mercan­
cías de gran volumen que obligó a recurrir al mar en el siglo XVII. A medi­
da que Europa central se enriquecía atrayendo suministros del norte y del
sur, y establecía firmes relaciones con Amberes —a través de Colonia— y
con Génova y Venecia —utilizando Jos pasos alpinos— renació el interés por
acarrear las mercancías por tierra entre Europa Septentrional y Occidental,
e Italia. Al mismo tiempo, la ruta que bordeando la costa atlántica más allá
de Gibraltar había vinculado de manera creciente el sur con el norte de Eu­
ropa a partir de fines del siglo XIII redujo su actividad. El tráfico marítimo
perdió intensidad un poco antes del año 1500, y el poderío naval turco en el
Mediterráneo occidental durante el segundo cuarto del siglo XVI lo desalentó
aun más. Con todo, sólo ios géneros más valiosos, comunmente, manufac­
turados, podían cubrir los gastos de largos viajes por tierra.
El comercio marítimo de los puertos de Europa Occidental se desarro­
lló rápidamente. Se enviaban cereales del Báltico no sólo a puertos holan­
deses, sino también a España y Portugal; la sal francesa del golfo de Vizca­
ya iba a todas las costas del Atlántico norte y del Báltico, y se complemen­
taba con la sal portuguesa llevada por navios hanseáticos dedicados al trans­
porte de trigo y que regresaban a los puertos de origen. Se llevaba vino de
Burdeos a Inglaterra, los Países Bajos y el Báltico, y los holandeses exped/an
grandes cantidades de arenques al norte y al sur. Estas mercancías, junto
26 HISTORIA ECONOMICA GENERAL SOCIAL

con la madera, constituían el comercio de gran volumen que mantenía en


movimiento a grandes barcos fuera del Mediterráneo.
En el comercio de ultramar, los europeos encontraron problemas de una
magnitud completamente nueva.
En primer lugar, dispusieron de cantidades crecientes de capital, y, en
segunda instancia, enfrentaron riesgos mucho mayores que en las operacio­
nes comercia’ es habituales. En términos generales, un grupo de países en­
contró la solución en ia participación dei Estado, como ocurrió con Portu­
gal y España; otro, que incluye a Inglaterra, Francia y Holanda, dejó menos
espacio a la intervención estatal y remarcó el aporte particular.
El com ercio con Am érica Latina se inscribió en el proceso interno de
desarrollo de la ecoiiomía occidental, que necesitaba metales preciosos para
sostener los intercambios crecientes. Una vez que se descubrieron las mi­
nas de plata en México y el Alto Perú, el saqueo y la explotación constitu­
yeron los contenidos fundamentales del sistema colonial del siglo XVI. El im­
perio español organizó un sistema monopólico que, a partir de la explotación
del trabajo indígena, trasladaba luego el metal precioso a la metrópoli. Las
enormes cantidades que llegaron a España y la movilización de un porcen­
taje de la plata hacia el resto de Europa a través de varias vías llevaron a
algunos historiadores p5) a sostener la tesis de que este flujo fue-la causa
principal de la inflación que caracterizó al siglo XVI. Si bien se han produ­
cido muchos cuesLionamientos a esta tesis (1G). queda en pie la idea de que
el tesoro americano fue uno más entre los variados elementos que explican
la subida de precios.

2,4,5. EL ESTADO ABSOLUTISTA

El proceso de surgimiento de una autoridad centralizada al qué se ha


hecbo referencia en el apart. 2,3 se concretó en el siglo XVI con el estable­
cimiento del Estado absolutista en sus diferentes variantes.
El análisis de las características políticas y sociales del absolutismo ha
dado lugar a discusiones de alto nivel f*5), pero nos interesa aquí hacer re­
ferencia a sus implicancias económicas.-
1. Los Estados absolutos fueron los que pusieron las bases de un sis­
tema impositivo moderno, si bien el mismo favoreció las exenciones

{ 1 5 } C o m o H a m il t o n ( 1 9 7 5 ) .

(1 6 ) V e r u n r e s u m e n e n W a l i .e r s t e í .n (1 9 7 9 ),

( 1 7 ) A n d k s s o t -: ( 1 9 7 9 a ) .
CAP. 2 — LA EUROPA PREINDUSTRIAL 27

de los grupos privilegiados, gravando con dureza a las clases más


pobres.
2. Al reiixtroducir el derecho romano, que se correspondía con las exi­
gencias constitucionales de la época, crearon el escenario jurídico
adecuado para el desarrollo del capital libre en el campo y en la ciu­
dad, en tanto la gran nota distintiva del derecho civil clásico era la
concepción de una propiedad privada absoluta e incondicional.
3. El mercantilismo, doctrina económica aplicada por los monarcas ab­
solutos, impulsó el desarrollo comercial al acabar con las barreras
opuestas a la circulación de bienes dentro dei ámbito nacional. A si­
mismo, conducido por la pretensión de aumentar el poder del Esta­
do, impulsó la exportación de bienes, alentó la producción nacional
para reducir las importaciones y prohibió la salida de metales pre­
ciosos y de moneda, guiado por la concepción de que existía una
cantidad fija de comercio y de riqueza en el mundo.

2,5. LA CRISIS DEL SIGLO XVII


Hace medio siglo se acuñó el término “ crisis general del siglo XVII” para
explicar los procesos sociales y políticos de ese período como causa, y en
parte, consecuencia, de un malestar económico generalizado. El rótulo de
“general” no es confirmado, sin embargo., por los hechos Pero antes de
analizar esta característica, repasemos los. rasgos más notorios de la crisis.
A la crisis comercial que se desató entre 1619 y 1622 —al parecer, su
causa inmediata— se sumó un conjunto de hechos que impidieron la plena
recuperación: la Guerra de los Treinta Años, la debilidad de los mercados
coloniales y la continua experimentación monetaria, que incluía habituales
alteraciones de la ley de las monedas, cambios en ia relación de los valores
del oro y la plata, y emisiones adicionales de monedas de cobre por parte de
las monarquías ávidas de recursos.
En los años que siguieron, los índices de precios, el volumen del comer­
cio internacional y la intensidad de la actividad industrial se vinieron aba­
jo uno tras otro. Hubo también una crisis demográfica

(1 8 } D avjs (1 9 7 3 ).

(1 9 ) D e V ríes (1 9 7 9 ).
28 HISTORIA ECONOMICA GENERAL SOCIAL

La inflación que se produjo durante el siglo XVI comenzó a remitir a par­


tir del siglo siguiente, e incluso en algunas regiones hubo caída de precios
entre 1630 y 1660.
Durante mucho tiempo, sobre todo a partir de los estudios de Ham ilton,
se sostuvo que habían declinado las importaciones de metales preciosos
provenientes del mundo americano. Las investigaciones de M orin eau han
arribado justamente a la conclusión opuesta: las llegadas de oro y plata a Eu­
ropa se incrementaron, si bien con exportaciones significativas hacia Extre­
mo Oriente (20).
A su vez, el comercio con las indias Orientales, que durante una gene­
ración había crecido de manera espectacular, ya no aumentó su volumen en­
tre 1620 y 1650. Dentro de Europa, com enzó el derrumbe del imperio vene­
ciano, socavado por la acción de sus rivales del Atlántico, mientras el comer­
cio del Báltico descendía bruscamente después del primer cuarto del siglo
XVII.
La crisis del com ercio internacional no pudo dejar de reflejarse en el
sector industrial de la economía europea. Primero fue Italia del Norte la que
vio sus industrias reducidas a la insignificancia; le siguió la industria lanera
de Flandes: en Francia cayeron ias industrias textiles, mientras que las ex­
portaciones de telas de lana inglesas descendieron fuertemente entre 1615
y 1630.
La población europea que había crecido de manera notable desde fina­
les del siglo XV dejó de hacerlo en el siglo XVII, y el fenómeno demanda una
explicación más detallada. La crisis demográfica subsiguiente puede compa-
rarse con la del siglo XIV. Las diferencias fundamentales entre una y otra
crisis fueron la gran amplitud que registra en su cronología la del siglo XVII
y la importancia relativa que adquirió según las regiones europeas de que se
trate. Fue así que en algunas partes del Mediterráneo cesó el crecimiento en
la década posterior a 1570, mientras que en el norte, las tendencias al cre­
cimiento no se vinieron abajo hasta casi un siglo después.
La caída más intensa se registró en Europa Central y Oriental. En torno
a los campos de batalla de la Guerra de los Treinta Años, la postración eco­
nómica y las operaciones m ilitares se combinaron con las epidemias de
peste de 1628, 1635 y 1638, diezmando a la población.
El Mediterráneo fue la otra gran región que sufrió un descenso demográ­
fico. Italia en conjunto pasó de 13 a 11 millones, y Castilla perdió un cuar­
to de la población hasta 1650. De estas bajas pudieron recuperarse sólo a

(2 0 ) M o r ik e a u (1 9 S 5 ).
CAP. 2 - L A EUROPA PREíNDUSTRIAL 29

mitad del siglo XVIII. En la Europa noroccidental, en cambio, las provincias


del sur de los Países Bajos aumentaron su población desde fines del siglo
XV a fines del XVII. En Holanda e Inglaterra se mantuvo un sustancial cre­
cimiento demográfico, de modo que a mediados del siglo XVIII había aumen­
tado la población en un 50 % respecto de la existente en 1600. Francia y A le­
mania, en cambio, mostraron un lento crecim iento visible alrededor de 1750.
En términos generales, puede afirmarse que, entre 1600 y 1700, la po­
blación europea creció aproximadamente un 12 % (21). Más significativo fue
el proceso de redistribución de la población: las zonas del norte y oeste de
Europa aumentaron relativamente respecto de las restantes, de m.odo que,
hacia 1650, la población noroccidental pasó de ser de un 50 % a un 70 %
respecto de la población del Mediterráneo.
¿Por qué se detuvo la expansión demográfica que dominó el siglo XVI?
El cese del crecim iento de la población en el siglo XVII difiere de la caí­
da dem ográfica del siglo XIV en otro aspecto esencial: según J an de V ries fue
en parte eí resultado de los esfu erzo s de varios gru pos sociales por con tro­
lar su destino económ ico y demográfico, y quizás, incluso, de su s deseos de
ajustar el núm ero de com ponentes de la fam ilia a las nuevas concepciones
de bienestar.

Se acepta hoy que la fertilidad fue un factor muy sensible a las condicio­
nes económicas. Es posible que el retraso de la edad de matrimonio, el ce­
libato y, consecuentemente, la reducción del tamaño de las familias — según
han detectado algunos estudios— fueran una reacción frente a las menores
oportunidades de empleo existentes en el siglo XVII, aunque de ser así no
podría explicarse el mismo fenómeno verificabie también entre la aristocra­
cia. En ésta, e! aumento dei número había provocado una movilidad social
descendente entre los no herederos y, por lo tanto, serias tensiones dentro
de la clase alta, como es el caso de la inglesa, por ejemplo. Luego la fertili­
dad se redujo de manera considerable y desde 1675 descendió radicalmen­
te. Así, el proceso cambió de dirección: la movilidad ascendente y la reduc­
ción de la competencia entre las familias aristocráticas contribuyeron a la
estabilidad de la sociedad inglesa, mientras que la más frecuente extinción
de la rama masculina coadyuvó a la concentración de la tierra en grandes
haciendas.
Los aristócratas, con una.familia reducida, podían proteger y concentrar
la propiedad de las riquezas; los campesinos, a su vez. querían retrasar el
matrimonio, aliviar la presión sobre la tierra y permitir que los jóvenes sol­
teros de ambos sexos ahorraran antes de formar sus propias familias. Una

(2 1 ) R om ano (1 9 9 3 ).
30 HISTORIA ECONOMICA GENERAL SOCIAL

actitud tan racional —cualidad que caracteriza, como se verá, a la sociedad


europea moderna también en otros aspectos— fue, probablemente, la señal
,tanto del deseo de alcanzar un nivel de vida más elevado como de la falta de
oportunidades de trabajo.
Los siglos XVÍÍ y XVIII llaman la atención, pues, por los sistemas de
control de la fertilidad que existieron en algunas áreas. No puede encontrar­
se nada semejante respecto de la mortalidad. Los frágiles fundamentos de la
economía europea hacían a la sociedad muy vulnerable a fuerzas tan elemen­
tales como la ecología bacterial y el clima, e imprimían súbitos cambios en
el nivel de la mortalidad. Estos cambios, que podían ser temporales — una
epidemia o una crisis de subsistencia— , a veces alcanzaban mayor duración.
La clásica conexión entre condiciones económicas e índices de morta­
lidad. ligada al nombre de M a lth u s , demuestra que una población creciente
superará probablemente la capacidad de la economía de generar alimentos
suficientes para mantenerla. La salud de la población se veía, en esos casos,
amenazada de inmediato por el hambre y la malnutrición. ¿Pudo Europa
haber alcanzado un techo económico a principios del siglo XVII, en el que
un equilibrio precario entre población y suministro de víveres estaba cons­
tantemente amenazado por cosechas insuficientes? Pese a que la crisis de
supervivencia podía haber sido prevista, puesto que la combinación de las
escasas reservas de grano y la exigüidad de las cosechas que hacía subir los
precios solía precederla, la mortalidad aparecía de repente. Durante el perio­
do subsiguiente, los supervivientes atrasaban sus matrimonios, dejaban de
concebir hijos, y sí podían, abandonaban el país o la región. Cuando la alta
mortalidad había cedido, la vida social y económica comenzaba a reajustar­
se de nuevo, se originaba una profusión de matrimonios y concepciones, y
en pocos años, se recuperaba una gran parte de las pérdidas.
La crisis demográfica no azotó, sin embargo, a todos los países por igual;
en los pueblos de economía cerealista, donde las diferencias sociales eran
muy pronunciadas y las facilidades de transporte eran primitivas, la crisis
demográfica causada por una mala cosecha fue más destructiva. Pero mu­
chos otros podían amortiguar el golpe por la existencia de economías más
diversificadas y transportes baratos. En Inglaterra, donde había una ley que
obligaba a alimentar a los pobres, y en los Países Bajos, que contaban con
un fácil acceso al mercado internacional de cereales, 1a tasa de mortalidad
y los precios del grano no se combinaron lo suficiente como para producir
verdaderas crisis de subsistencia.
Otro factor al que se concede importancia en ía elevación de ía tasa de
mortalidad es el de las epidemias. El nivel general de nutrición de una po­
blación afecta a su capacidad de resistencia a las enfermedades, aunque
éstas tenían su propia dinámica. Lo cierto es que el estancamiento de la
población que tuvo lugar a partir de la sexta década del siglo XVII se presentó
cuando las pestes estaban desapareciendo de la escena europea.
CAP. 2 - L A EUROPA PREINDUSTRIAL 31

Si bien las tendencias generales que se han descripto afectaron a casi


toda Europa, su alcance no fue universal, ni similar su impacto. Algunos
países no pudieron recobrarse de la crisis sino después de mucho tiempo,
pero hubo otros que progresaron. Este fue el caso de la economía de la Re­
pública holandesa, que creció sin pausa en el curso de los primeros dos ter­
cios del siglo XVII. Tanto su comercio exterior como su industria textil y su
población se desarrollaron mientras se estancaban los de otros Estados.
Analizar la crisis a escala '"general” , es decir, europea, impide ver, pues,
lo que fue su mayor consecuencia: la manera en que las líneas de desarro­
llo llegaron a diverger entre las regiones y los Estados, y cómo ese fenóm e­
no condujo a una sustancial redistribución del poder entre aquéllas y éstos.
La fuerte expansión comercial de Holanda, que sólo aminoró su ritmo
después de 1660, el desarrollo primero vacilante pero posteriormente ace­
lerado de la economía industrial y del comercio ingleses, la nueva riqueza
de ios Países Bajos de los H a b ssu rg o, una vez que hubieran terminado las
luchas más intensas en su territorio, y la naciente prosperidad de Portugal
bajo el estímulo del comercio con su Imperio brasileño, difícilmente forman
parte de una crisis general.
El contraste se encuentra en la experiencia de Francia, España y la pe­
nínsula itálica. Francia, en primer lugar, vio cómo su recuperación se hun­
dió después de 1630 y de nuevo luego de 1680, cuando unas cuantas déca­
das dé expansión demográfica crearon demandas que la tierra no podía sa­
tisfacer. Su caso proporciona gran parte de la base para generalizaciones
acerca de la “ crisis general” .
España atravesó un siglo de descenso demográfico ensom brecido por
una serie de catástrofes sucesivas. En la segunda mitad del siglo XVI, los
costos en hombres e impuestos de la política exterior de F elipe II, junto con
eí sistema de privilegios que caracterizaba a la sociedad y a la econom ía
españolas, encadenaron a los sectores productivos.
Las industrias españolas se arruinaban frente a la competencia extran­
jera; los campesinos abandonaban sus fincas para buscar trabajo como cria­
dos en las ciudades; los moriscos, moros conversos que constituían la es­
pina dorsal en ciertas ocupaciones, particularmente en la agricultura, fue­
ron expulsados del país entre 1609 y 1614 (como un siglo antes lo habían
sido los moros y los judíos): la gente buscaba una pátina de cultura para afe­
rrarse a la seguridad económica en una burocracia en expansión permanente
y, particularmente, en Ja Iglesia; todo el que disponía de un poco de dinero
adquiría un título de nobleza para evitar los onerosos impuestos. Así. la eco­
nomía española tenía que llegar forzosamente al colapso.
Por la misma época, el liderazgo económico de Venecia en el Mediterrá­
neo se acabó definitivamente. A partir de 1600, una rápida sucesión de pro­
blemas aplastó a este imperio marítimo. Los holandeses e ingleses, ai irrum­
pir en el Océano Indico, ie arrebataron el comercio de las especias-, su indus-
32 HISTORIA ECONOMICA GENERAL SOCIAL

tría textil adolecía de altos costos y se achicó en la siguiente mitad de siglo,


porque los tejidos de lana que aquéllos introdujeron reducían a los venecia­
nos a un cuarto del mercado de Constantinopla,- la Guerra de los Treinta
Años limitó aún más las exportaciones venecianas, mientras que el costo de
la seda y el algodón importados se increm entó repentinamente. Sólo una
población com ercial innovadora y adaptable podía haber superado tantos
obstáculos. No fue el caso de Venecia, que se convirtió en una ciudad turís­
tica a medida que sus acaudalados propietarios alejaban el capital del comer­
cio para dedicarlo a la agricultura y a la vida placentera.
Se trataba, en realidad, de un problema común a las ciudades del norte
de Italia, cuyas industrias laneras, metalúrgicas y de la seda decayeron con­
forme perdían sus mercados extranjeros. Los costos industriales — de ma­
terias primas, trabajo y transporte— eran muy altos, y parecía im posible
introducir los cambios necesarios en las técnicas y en las instituciones de
manera de seguir siendo competitivos. La rigidez que aquejaba a la econo­
mía de la península suele ser una característica común a las economías en
decadencia. Como consecuencia, aquellas pocas regiones donde las institu­
ciones y las coyunturas apoyaban las innovaciones que reducían costos ob­
tuvieron enormes ventajas. El antiguo sistema de localización industrial y
comercial sufrió, entonces, una radical modificación, como se analizará en
otra sección de este libro.
Otras economías, basadas en el intercambio comercial con el Mediterrá­
neo, tendieron a estancarse, como, por ejemplo, el norte de Alemania, en las
cercanías del Mar Báltico. Los holandeses empezaron a suplantar, en efec­
to, a los abastecedores italianos de especias y otros productos orientales, y
a tomar el lugar de los comerciantes hanseáticos que transportaban hasta
Occidente el grano de Danzig y la madera para construcciones navales de
Escandinavia. El arenque, que durante siglos había estado localizado en el
Báltico, trasladó sus bancos al Mar del Norte durante el siglo XVI. Esta fue
una ganancia importante para los holandeses, pues el arenque era uno de los
pocos pescados que se salaban a escala comercial para el amplio mercado
creado por las reglas católicas que prohibían comer carne los viernes y otros
días de abstinencia.
A medida que avanzaba la crisis, las econom ías de Europa central y
meridional perdían buena parte de su orientación internacional. La impor­
tancia de los mares Báltico y Mediterráneo fue reduciéndose conforme el
tráfico atlántico (por un cierto tiempo, en torno de España y de Portugal, y
más tarde, en el norte) se convertía cada día más en el eje del comercio eu­
ropeo.
Justamente uno de los nuevos elem entos aparecidos en el siglo XVII
fueron las plantaciones explotadas con trabajo esclavo en Brasil y las islas
de las Indias Occidentales. Con los productos que ellas aportaban al mercado
mundial —caña de azúcar, tabaco— , el com ercio internacional adoptó una
moderna estructura basada en la división del trabajo.
CAP. 2 — LA EUROPA PREINDUSTRIAL 33

La lógica de la economía de las plantaciones consistía en lo siguiente:


el trabajo esclavo era remunerado muy por debajo de sus costos de repro­
ducción, por lo que las expectativas de vida de la población esclava eran muy
bajas. Para maximizar la rentabilidad de las plantaciones, su reproducción
era externalizada, es decir, trasladada a las sociedades africanas. El reclu­
tamiento de cada nueva generación de esclavos estaba, por lo tanto, ligado
al comercio de éstos a través del Atlántico. Las premisas para el funciona­
miento del sistema eran precios bajos y una oferta suficiente de mano de
obra servil.
El conjunto de explicaciones que se ha elaborado en torno a la crisis del
siglo XVII puede clasificarse en cuatro tipos: las interpretaciones que ponen
el énfasis en la catástrofe demográfica; las que insisten en el impacto de las
guerras europeas y del absolutismo del siglo,- las que subrayan las dificul­
tades monetarias de la economía europea y, por fin, las que vinculan la cri­
sis con la estructura social.
Una explicación de los orígenes de la crisis asegura, según hemos vis­
to, que la población en expansión chocaba contra un techo fijó de produc­
ción agrícola y provocaba un colapso malthusiano. Sí bien es cierto que,
como se ha señalado, entre fines del siglo XV y comienzos del XVII, el cre­
cim iento de la población había sido muy rápido; que durante ese mismo
período los precios agrícolas subieron más velozmente que todos los demás,
y que la mayoría de la población sufrió una drástica reducción de su poder
adquisitivo; que existía una penuria crónica en algunas regiones del área
mediterránea como resultado de la excesiva proporción de habitantes por
unidad de tierra, algunos autores dudan de la presencia de una verdadera
crisis malthusiana dominando por entero el siglo XVII. La base económica
de la sociedad europea era poco sólida, y la población se hallaba indefensa
frente a las arrasadoras epidemias. Ahora bien, este estado de cosas no cons­
tituyó, según D e V ríes , una novedad, como tampoco una crisis malthusiana.
Una explicación que tiene la virtud de integrar la historia económica con
la política es la que atribuye la responsabilidad mayor del declive económ i­
co a una época en la que predominaron políticas de fuerza. Las incesantes
guerras, sobre todo la de los.Treinta Años, los enfrentamientos civiles de me­
diados de siglo en Francia, Inglaterra y España, y otros conflictos interna­
cionales, no podían dejar de destruir importantes recursos económicos. Pese
a ello, puede descartarse la guerra como causa general de la crisis. La cro­
nología de la destrucción militar y la del estancamiento económico no coin­
ciden en esta dirección, y es muy probable que la ruina provocada por las
conflagraciones haya sido compensada por el estímulo económico que sig­
nificó el aumento de los requerimientos y necesidades de los combatientes.
Así. pues, las incesantes guerras impulsaron a algunos sectores de la eco­
nomía europea, mientras que aniquilaron despiadadamente a otros.
34 HISTORIA ECONOMICA GENERAL SOCIAL

Un tercer enfoque se centra en los problemas monetarios. Más allá de la


ya citada discusión respecto de los niveles de importación de metales pre­
ciosos, se hace referencia a la desmonetización que afectó a vastas regiones
del continente europeo. Los comprobados retornos a una economía basada
en el trueque indican, por lo menos, una relativa escasez de moneda acuña­
da. Sin embargo, puede argumentarse, de manera inversa, que una actividad
económica en declinación genera una menor demanda de medios de pago.
Se plantea, por último, que las condiciones institucionales y sociales
vigentes en Europa ponían obstáculos a un mayor desarrollo, tanto o más
importantes que las limitaciones técnicas de la producción. Una sociedad de
campesinos y terratenientes ofrecía unos mercados muy limitados, aunque
se elevasen sus ingresos, mientras que los comerciantes que se acomoda­
ban a estos mercados, a pesar de su espíritu capitalista, eran a 2a postre
incapaces de revolucionar la economía. El crecimiento económico causado
por la expansión hacia áreas nuevas y por el abastecimiento de poblaciones
cada vez más extensas encontró sus límites muy pronto. Conforme los co­
merciantes acumulaban mayores beneficios, se presentaban pocas alterna­
tivas a la inversión que no fueran comprar tierras, cargos en el gobierno,
palacios o incluso obras de arte. El cuadro de una economía en la que el
capital estaba condenado a una frustrante mala inversión es lo que ha sido
llamado “ capitalismo” dentro de una estructura feudal.
Si bien la teoría de la crisis global no es capaz de explicar los sucesos
específicos que interrumpieron la expansión, aporta, en cambio, un análisis
que dirige la atención hacia la misma economía; se centra, además, en la
estructura social que sostiene un sistema económ ico dado, y destaca el
hecho de que los cambios en la inversión, la producción y el consumo no
ocurren aislados de aquélla.

2,6. LA REVOLUCION CIENTIFICA


Acontecim ientos como el descubrimiento de nuevos mundos y nuevos
productos, la prueba de la esfericidad de la Tierra, la invención de la impren­
ta, el perfeccionamiento de las armas de fuego, y el desarrollo de las cons­
trucciones navales y de la navegación originaron una revolución cultural (2~).
Durante mucho tiempo, los europeos aceptaron como verdaderas las
afirmaciones de los Padres de la iglesia o de autoridades en filosofía (por
ejemplo, A uistoteles ), y las utilizaron a modo de premisas, para alcanzar

(2 2 ) C lo u g h y R app ( 1 9 9 0 ) , C í p o u .a ( 1 9 8 1 ) .
CAP. 2 — LA EUROPA PREINDUSTRIAL 35

conclusiones extrañas o fantásticas. Estas estaban en contradicción direc­


ta con lo que los sentidos observaban en la naturaleza y servían muy poco
a quienes, como los matemáticos, los ingenieros y los arquitectos, se enfren­
taban con problemas materiales.
A sí entró en crisis la fe ciega y absoluta en los dogmas que habían pre­
valecido durante siglos. En lugar de seguir mirando al pasado como una
perdida edad de oro, un creciente número de europeos empezó a escudriñar
con optimismo el futuro, soñando con progresos y novedades. Estaba claro
que los hombres que debían ocuparse de las cosas de este mundo necesita­
ban conocimientos basados en observaciones reales, en reglas derivadas de
experimentos controlados y, siempre que fuera posible, apoyados en compro­
baciones matemáticas.
La Revolución Científica del siglo XVII — la época de G a u l e o , N ewton ,
H arvey, D escartes, C operníco y L eíbnitz— presenció la victoria de los "moder­
nos", del método experimental y de la aplicación de las matemáticas a la ex­
plicación de la realidad. La física y, en particular, la mecánica hicieron es­
pectaculares progresos, cuya fascinación fue tan grande que gradualmente
empezó a predominar una concepción mecanicista del Universo. Dios mis­
mo fue definido como “el perfecto relojero” .
Una de las características fundamentales de esa transformación fue ale­
jar la especulación humana de los problemas irisolubles o absurdos, y orien­
tarla hacia aquellos que podían tener una respuesta. La nueva problemáti­
ca era fruto de una actitud mental diferente, que concedía poco a poco más
importancia a lo racional que a lo irracional, a lo pragmático que a lo ideal.
En el plano tecnológico, la insistencia sobre la experimentación preparó el
camino para la solución de las dificultades que presentaba el dominio del
mundo natural y de su explotación.
El puente entre el espíritu racional y la sensación de dominio del espa­
cio físico, lo que L andes ha llamado ‘la ética faustiana” (aa), lo establece la
ciencia, es decir, la aplicación de la razón a la comprensión de los fenóme­
nos naturales y humanos, y la posibilidad de manipularlos con mayor efica­
cia. La prueba de la validez del conocim iento científico comenzó a residir,
precisamente, en dicha eficacia. Esta se perseguía en la producción de rique­
za o en el aumento del poder; así pues, el interés por las leyes del movimien­
to y de las trayectorias se vinculaba con el uso de la artillería; la búsqueda
de los principios de la hidráulica con los constructores de puertos; la pre­
ocupación por la química de los explosivos con el arte.de la guerra.
El notable movimiento de ideas al que se hace referencia tuvo importan­
cia en otro aspecto. Durante mucho tiempo, ciencia y tecnología habían
permanecido separadas y distintas. La ciencia era filosofía, y ía técnica era

(2 3 ) L anüus ( 1 9 7 9 ) .
36 HISTORIA ECONOMICA GENERAL SOCIAL

el ars del artesano. No existía interés p o r los asuntos tecn ológicos, y los
progresos eran más bien resultado de las fatigas de artesanos iletrados. Los
modernos del siglo XVII, en su reacción contra los valores tradicionales, y
en su esfuerzo por imponer el método experimental, se batieron con ener-
/gía para revalorizar la obra de los artesanos. Subrayaron así, repetidamen­
te, la necesidad de colaboración entre éstos y los científicos. Más aún, la
difusión de ia imprenta y en especial de la alfabetización en los países pro­
testantes implicó el progresivo abandono de actitudes que imponía la cos­
tumbre. en favor de otras más racionales y experimentales. La imprenta, que
había hecho posible que el hombre se educara a sí mismo, dio también a los
innovadores un medio de transmitir sus contribuciones a los demás, con­
trastarlas y acumularlas en un saber sistemático.
Un ejemplo de la aplicación de la racionalidad europea en relación con
el surgimiento de una economía industrial moderna en el continente fue
propuesto por el sociólogo alemán M a x W k b e r en una tesis que ya es clá­
sica. La aparición del capitalismo se vincula, así, con la difusión del protes­
tantismo y, particularmente, del calvinismo. W e b e r observó un vínculo, al pa­
recer causal, entre las creencias protestantes y el progreso económico, y
ofreció una explicación al respecto. La doctrina calvinista de la “ predestina­
ción" provocaba en los creyentes una profunda ansiedad acerca de conocer
su destino final, la que sólo podían aquietar si actuaban de acuerdo con el
tipo de vida que, suponían, deberían llevar los efectivamente destinados a la
salvación; esta conducta y el éxito en los negocios que conllevaba eran de
ascetismo mundano: una vida dedicada al trabajo y a la oración que condu­
cían a la gloria de Dios y, por qué no, a la acumulación de riqueza. Esta llegó
a ser percibida por el creyente individual como la mejor señal de que Dios,
en efecto, lo había predestinado a la salvación. La insistencia de la ética cal­
vinista en el valor del tiempo, y la condena del placer y de las diversiones sig­
nificaron, también, la aplicación de un criterio de eficiencia a todo tipo de
actividades C24}.
El desarrollo cultural del siglo XVII convalidó la búsqueda de la riqueza
personal desde un punto de vista ético, y creó las condiciones para la cola­
boración entre la ciencia y la técnica, que es la base y la esencia del moderno
desarrollo industrial.

(2 4 ) L a n d e s (1 9 7 9 ).
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€L NflCIMi€NTO D€ LAS
SOCS€DflD€S !MDUSTRIflL€S

M a ría I n €s B r r b c r o
3

€1 SIGNIFICAD© D€ Lfi
R€VOLUCION INDUSTRIAL

Desde mediados del siglo XVIII se inició una etapa de profundas trans­
formaciones —económicas, sociales, culturales— que dieron nacimiento a
las sociedades industriales. El proceso, que recibe genéricamente el nombre
de “ Revolución Industrial", comenzó en Inglaterra y desde allí fue difundién­
dose primero hacia Europa continental y los Estados Unidos, y más tarde
hacia otros países y regiones.
En contraste con el mundo preindustrial, en el que la principal actividad
económica era la agricultura, en la sociedad industrial el peso del sector
primario fue reduciéndose al tiempo que se incrementó el de la industria y
los servicios.
Mientras que en la sociedad preindustrial la gran mayoría de la población
vivía en el campo, dedicándose a actividades rurales, la sociedad industrial
se caracteriza por un alto grado de urbanización. No sólo creció el porcen­
taje de la población urbana, sino que también se incrementó significativa­
mente el número de grandes ciudades, que eran muy pocas antes del siglo
XIX.
' Una tercera diferencia entre el mundo preindustrial y el industrial radi­
ca en el ritmo de la innovación tecnológica. Este fue en general muy lento
hasta el siglo XVIÍI, pero a partir de entonces se aceleró notablemente. Una
de las características de la sociedad industrial es la velocidad del cambio
tecnológico, que ha permitido fuertes increm entos en la producción y la
productividad, aumentando sensiblemente la oferta de energía, de bienes y
de servicios. Si buena parte de la población, pudo dejar de trabajar en i'j agri-
culuira fue porque con menos brazos podía obtenerse la misma cantidad de
alimentos, o aun más, gracias a las mejoras en las técnicas de cultivo. Al
mismo tiempo, la oferta de bienes manufacturados creció significativamen­
te, alcanzando proporciones desconocidas hasta entonces. En el sector in­
dustrial los incrementos de la producción y de la productividad fueron mu­
cho mayores que en la agricultura. P aul B aíroch calcula que en los países
desarrollados de Occidente la productividad del conjunto de los factores se
multiplicó, entre 1700 y 1990, por 40 o por 45. Entre 1000 y 1700, que íue
44 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

globalraente una etapa de crecimiento de la economía europea, la producti­


vidad se multiplicó, en el mejor de los casos, por 2. En los tres siglos pos­
teriores a la Revolución Industrial, la productividad de los factores creció al
menos 20 veces más que en los siete siglos anteriores a ella (l).
Junto con la industrialización no sólo creció la producción, sino tam­
bién la población, que en los países más desarrollados se multiplicó por 5
entre 1760 y 1960. Se redujo notablemente la mortalidad infantil y creció la
esperanza de vida. En la Europa preindustrial, ésta era en promedio de 33
años, mientras que en 1990 en los países más desarrollados superaba los 75.
A la par de los cambios económicos y demográficos, que son aquéllos
más fácilm ente mensurables, tuvieron lugar profundas transformaciones
sociales, políticas y culturales. Con la sociedad industrial nacieron nuevas
formas de organización dei trabajo y de la familia, nuevas clases sociales,
nuevos modos de actividad política. Gracias al desarrollo de los transportes
y de las comunicaciones se incrementó el contacto entre las diversas regio­
nes del planeta, creció la actividad comercial y se incrementó el movimien­
to de las personas. Con la aparición de la imprenta a vapor y de otras inno­
vaciones en 1a industria editorial comenzó la producción de impresos a gran
escala y la circulación de libros y periódicos entre sectores cada vez más
vastos de la sociedad, que al mismo tiempo vieron ampliadas sus posibilida­
des de acceder a la educación.
La enumeración de factores que evidencian el contraste entre la socie­
dad preindustrial y la sociedad industrial podría continuar a lo largo de de­
cenas de páginas. No es nuestra intención hacerlo, sino señalar, a partir de
la información suministrada, algunos temas que consideramos centrales al
iniciar el estudio de los procesos de industrialización.
En primer lugar, una breve consideración sobre el problema de la discon­
tinuidad en la historia, que puede servir de introducción al debate sobre el
concepto de revolución industrial. La historia, por su propia naturaleza, es
una interacción constante de continuidad y cambio. Todo acontecimiento
tiene sus antecedentes, pero nada permanece igual, y algunos cambios son
más drásticos y rápidos que otros.
La contraposición entre sociedad preindustrial y sociedad industrial es
rmiy clara en la medida en que comparemos ei mundo resultante tras dos
siglos de industrialización con el mundo anterior al siglo XVIIÍ. Desde este,
punto de vista es evidente que existió una ruptura, que comenzó a ser visi­
ble para los contemporáneos ya desde las primeras décadas del siglo XIX.
Lo que también es evidente es que dicha ruptura no fue repentina, sino
que tuvo lugar a lo largo de un proceso que abarcó muchos decenios, en los

( l ] B aíh oc h {1 9 9 7 ).
CAP. 3 — EL SIGNIFICADO DE LA REVOLUCION INDUSTRIAL 45

que convivieron elementos del pasado con los del nuevo presente. La ruptura
no fue total, en la medida en que existen elem entos de continuidad entre
ambas sociedades, menos en el ámbito de la economía que en el de las re­
laciones sociales o el de la cultura.
A. P. U sher, un historiador de la tecnología, decía que Ja Revolución In­
dustrial fue una revolución en el verdadero sentido del término, excepto por
la rapidez de las transformaciones, ya que por su carácter los cambios no
podían producirse en forma repentina (2).
Tai vez lo más difícil de transmitir a quienes comienzan a estudiar es­
tos temas sea la noción de que la Revolución Industrial dio origen a una
nueva sociedad, pero que fue a la vez un proceso de cambio gradual, en el
que lo nuevo y lo viejo se combinaron de forma diversa según las regiones
y los ámbitos en los que se iban produciendo las transform aciones. Los
debates entre los historiadores, como veremos más adelante, giran en gran
medida en torno al problema del carácter más o menos violento del cambio,
enfrentándose las visiones “gradualistas" a aquellas "rupturistas” .
El historiador inglés M. P ostan afirmaba que el castigo por ser lo bastan­
te concreto para ser real es la imposibilidad de ser lo bastante abstracto para
ser exacto. Si en las páginas que siguen hemos simplificado algunos proble­
mas, ha sido con el fin de hacer más clara la exposición. Pero hemos inten­
tado también evitar ciertos excesos de la simplificación, en la medida en que
tratamos temas que han sido fuente de debate permanente entre los estu­
diosos.

3,1. EL CONCEPTO BE REVOLUCION INDUSTRIAL.


ALGUNAS DEFINICIONES POSIBLES
La expresión "Revolución Industrial'’ fue utilizada por primera vez a fi­
nes del siglo XVIíí, en referencia a las transformaciones que en ese enton­
ces se estaban produciendo en la economía británica. El término “ revolu­
ción” se usaba para comparar la situación dé Gran Bretaña a la de Francia,
señalando que si en este último país estaba en marcha una revolución so­
cial y política, en Inglaterra también se estaba viviendo un período de pro­
fundos cambios en la economía y en la sociedad, uno de cuyos rasgos más
visibles era el nacimiento y ia expansión de la industria fabril.

(2 ) U sü e r (1 9 2 0 ).
46 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

En el mundo académico, en cambio, el uso de la expresión fue mucho


más tardío, ya que recién empezó a difundirse a partir de las clases que dictó
el historiador A rnold T oynbee entre 1880 y 1881, publicadas a los pocos años
con el título de Lectures on the Industrial Revolution in England.
En el momento en que T oynbee enseñaba, el tema central que ocupaba a
los estudiosos de la Revolución Industrial eran ias consecuencias sociales
del proceso de industrialización, en particular, sus efectos negativos sobre
las condiciones de vida de la clase trabajadora. Este punto de vista prevale­
ció — salvo algunas excepciones notables— hasta la década de 1920.
A medida que la historia económica fue consolidándose como discipli­
na, desde principios de este siglo, la Revolución Industrial comenzó a ser
abordada desde otra perspectiva, en la que el estudio del pasado podía brin­
dar algunas claves para la comprensión de los problemas económ icos del
presente. Ello no significa que se perdiera el interés por los aspectos socia­
les de la industrialización, sino que ellos quedaban enmarcados en un pro­
ceso global en que la reflexión central pasaba por la dinámica del proceso
económico.
El historiador francés P aul M antoux, que publicó en 1906 su obra pionera
La R evolución Industrial en el siglo XVIH, consideraba que su trabajo debía
contribuir a estimular el interés por la historia económica y “a presentar un
estudio de una de las fases más importantes de la historia de los tiempos
modernos, cuyas consecuencias han afectado a todo el mundo civilizado, y
continúan transformándolo y modelándolo ante nuestra vista” (3).
Desde los años veinte, sobre todo a partir de la publicación en 1926 de
la E conom ic history o j modern B ritain, de J ohn C laphajvu esta visión fue afir­
mándose. La expresión “Revolución Industrial” fue perdiendo el significado
restringido con el que había nacido, como un proceso que se había dado en
Inglaterra entre las últimas décadas del siglo XVIII y las primeras del siglo
XDC, pasando a designar al proceso de nacimiento de la industria moderna,
concepto aplicable a cualquier sociedad.

3,1,1- LA HISTORIOGRAFIA DE LA REVOLUCION INDUSTRIAL

A la hora de buscar una definición de ia Revolución Industrial, surge el


problema de que « o i i a y una sino muchas, casi tantas como el número de
historiadores que se han especializado en su estudio, y cada una de ellas
pone el énfasis en diversos aspectos.
Además, las preguntas que los historiadores y economistas han formu­
lado al pasado se han visto siempre condicionadas por las inquietudes de su

(3 ) M a n t o u x (1 9 6 2 ).
CAP. 3 - EL SIGNIFICADO DE LA REVOLUCION INDUSTRIAL 47

presente. Davíd Cannadine ha propuesto una periodización que da cuenta de


la diversidad de interrogantes que han guiado a la historia de la Revolución
Industrial en los últimos cien años (4). Establece cuatro etapas, en las que
los temas dominantes —aunque no excluyentes— fueron sucesivamente las
consecuencias sociales, las fluctuaciones cíclicas, el crecimiento económico
y los iímítes al crecimiento.
En la primera, entre la década de 1880 y la de 1920, el énfasis estuvo
puesto en las consecuencias sociales de la industrialización, producto de las
nuevas condiciones de trabajo y dei proceso de urbanización. La visión pre­
dominante enfatizaba los aspectos negativos de la Revolución Industrial, a
la que se consideraba responsable del empobrecimiento y el deterioro de las
condiciones de vida de los trabajadores, como resultado de la difusión del
maquinismo y del sistema de fábrica, y de la concentración de la población
en las grandes ciudades industriales.
En una segunda etapa, entre los años veinte y los cincuenta, predomi­
nó el análisis de los ciclos económicos, en gran medida porque la crisis de
1929 y la depresión de los años treinta impulsaron a los estudiosos a inte­
resarse por las fluctuaciones cíclicas en una perspectiva histórica. Se reco­
pilaron estadísticas históricas que permitieron establecer los ciclos de la
economía industrial desde fines del siglo XVIII, y se esbozaron diversas teo­
rías para explicarlos. Algunos autores enfatizaron el papel de los factores
monetarios, mientras que otros vincularon las fluctuaciones a otras varia­
bles, como la producción, la inversión o la innovación. En este marco, la Re­
volución Industrial aparecía como el punto de partida de una economía ca­
racterizada por un funcionamiento cíclico.
De las dos últim as etapas analizadas por C annadine n o s ocuparem os m ás
extensam ente, ya que las o bras produ cidas a lo largo de ellas son las que
conservan un m ayor im pacto en los debates actuales.

3,1,2. DE LOS AÑOS CINCUENTA A LOS AÑOS SETENTA: LA


REVOLUCION INDUSTRIAL Y EL DESARROLLO ECONOMICO

Entre mediados de los años cincuenta y mediados de los años setenta,


el tema que estuvo en el centro de los estudios sobre la Revolución Indus­
trial fue el deí crecimiento económico..Dos circunstancias contribuyeron a
ello: por una parte, la expansión económica de los países industriales, y por
la otra, el problema deí subdesarrollo, que se hizo más visible a partir del
proceso de descolonización y de la emergencia del Tercer Mundo.
48 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

En este contexto, la industrialización aparecía como la clave del desarro­


llo, y la historia podía servir tanto para entender el éxito de los países ricos
como para proponer recetas a los países pobres, con el fin de que salieran
del atraso.
Todo ello influyó profundamente en la forma en que los historiadores
económicos enfocaron la Revolución industrial. Esta pasó a ser considera­
da como la fase inicial de los procesos de desarrollo, y el caso inglés, como
el primero de crecimiento económico sostenido. En vez de ser vísta como la
causa de los problemas de las sociedades contemporáneas, aparecía como
la guía para las aspiraciones del futuro. Dicho futuro era percibido en térmi­
nos optimistas, ya que se suponía no sólo que el desarrollo sostenido era
posible, sino que el crecimiento económico contribuiría a acortar la distan­
cia entre países pobres y países ricos, y a atenuar significativamente las
diferencias sociales dentro de cada país.

3,1,2,1. La teoría del desarrollo y la Revolución Industrial

Una obra paradigmática de esta etapa fue la de W. W. R ostow , uno de ios


economistas que formularon la teoría del desarrollo, quien tuvo siempre un
gran interés por poner en contacto a la teoría económica con la historia
económica.
En su obra Las etapas del crecimiento económ ico (5) propuso un modelo
para el estudio de la transición desde la sociedad tradicional — caracteriza­
da por el predominio de la agricultura y por una productividad limitada—
hasta la sociedad industrial de consumo masivo. Según Rostow, existían cinco
etapas: la sociedad tradicional, las condiciones previas para el impulso ini­
cial, el impulso inicial, la marcha hacia la madurez y la era del alto consu­
mo en masa. Este esquema lo veía como aplicable a todos los países, y con­
sideraba que Jos países subdesarrollados estaban en alguna de las etapas ini­
ciales, de las que podrían salir aplicando políticas económicas adecuadas.
En opinión de Rostow , las sociedades tradicionales tenían como princi­
pal limitación la existencia de un tope al nivel de la producción obtenible per
cápita, generado por la falta de acceso a las ciencias y a las técnicas m oder­
nas, o por la im posibilidad de aplicarlas en forma regular y sistemática.

En la etapa de las condiciones previas comienzan a producirse cambios


económicos, sociales, culturales o políticos que favorecerán ei paso a la
sociedad industrial. Para R ostow, éstos se dieron en Europa Occidental en­
tre fines del siglo XVII y principios del XVIII, siendo Inglaterra la primera en
desarrollarlos plenamente.

(5 ) R o s t o w (1 9 6 1 ).
CAP. 3 — EL SIGNIFICADO DE LA REVOLUCION INDUSTRIAL 49

La fase clave es ia del impulso inicial o despegue (take off), que Rosrow
identifica con la Revolución Industrial, a la que considera la gran línea di-
visoria en la vida de las sociedades modernas. En ella se superan los obstá­
culos y resistencias contrarios a un crecimiento permanente, que pasa a ser
la condición normal.
Las condiciones esenciales para el take o jf son, según Rosrow, la acumu­
lación de capital y la innovación tecnológica, y una variable clave es la tasa
de inversión, que debe ser equivalente al 10 % o más del ingreso nacional.
Debe existir también un sector empresarial o un grupo de funcionarios del
Estado que esté dispuesto a liderar el proceso de transformación.
Las características distintivas del take o£f son la difusión de nuevas téc­
nicas en la agricultura y la industria (lo cual incluye cambios radicales en
los métodos de producción), el crecimiento de la producción industrial y la
urbanización, contribuyendo todo ello a la expansión del sector moderno de
la economía y al incremento del ahorro y la inversión.
Es importante destacar que para R ostow este proceso tenía lugar en un
lapso muy breve: tanto la estructura económica como la social y la política
se transformaban en una o dos décadas, lo cual hacía posible sostener en lo
sucesivo un ritmo fijo de crecimiento. La Revolución Industrial para él era
fácilmente identificable si se medía la aceleración de la tasa de crecim ien­
to de la economía y se hallaba la proporción entre la inversión y el produc­
to nacional.
La etapa sucesiva —ia marcha hacia la madurez— es caracterizada por
R ostow como un largo intervalo de progreso sostenido y de difusión de la
innovación tecnológica, abarcando, unos cuarenta años a partir del fin del
despegue. En la era del alto consumo en masa se cosechan los frutos del
desarrollo, con un increm ento del ingreso real per cápita que permite el
aumento del consumo de bienes y servicios duraderos, cuyo sím bolo era
para R ostow la difusión del automóvil.
Si nos hemos detenido tanto en el análisis de la obra de R ostow ha sido
por diversas razones.
En primer lugar, porque refleja con claridad el tipo de interés con el que
los economistas se aproximaban a ía historia económica en una etapa en la
que la teoría del desarrollo estaba en expansión. El tema clave eran los pro­
cesos de desarrollo, y dentro de él, las formas históricas que había asumi­
do la industrialización.
En segundo lugar, porque en ella expresa algunas nociones muy difun­
didas en la historiografía de su época, sobre todo, la idea de un salto brus­
co y repentino hacia la industrialización, en un lapso breve e identificable
con facilidad, a partir del cual se rompe radicalmente con el pasado.
50 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

3,1,2,2. El atraso económico en una perspectiva histórica

La obra de R ostow originó discrepancias y debates desde su publicación,


en los que se discutían la validez de su modelo y la pertinencia de extraer
de la experiencia inglesa conclusiones generalizables a cualquier sociedad.
A lexander G erscbenkron , otro economista fuertemente interesado en la
historia, publicó, en los años cincuenta, diversos artículos que discutían la
idea de una uniformidad en los procesos de industrialización (5). G erschen-
kron compartía con R ostow la idea de la industrialización como producto de
una ruptura identificable en el curso de pocas décadas, a la que llamaba
“ gran salto” {big spurt). Pero no creía en la inevitabilidad histórica de la
industrialización ni en que el camino para alcanzarla estuviera predetermi­
nado, siguiendo una serie de etapas.
Para G erschenkron los procesos de industrialización en los países atra­
sados presentan diferencias considerables con los seguidos por la mayor
parte de los avanzados, tanto en el ritmo del desarrollo como en las estruc­
turas de producción y organización de la industria. Consideraba que el rit­
mo del proceso de industrialización es más acelerado en los países atrasa­
dos, fundamentalmente por la posibilidad con la que cuentan de poder co­
piar la tecnología de los países desarrollados.
Pero, además de ello, sostenía que el proceso de desarrollo podía ser
reforzado por el uso de determinados instrumentos institucionales y por la
aceptación de ideologías de industrialización específicas.
Destacaba en primer lugar el papel que habían cumplido los bancos de
inversión como proveedores de capital en ciertos países europeos, como
Francia, Alemania, el Imperio Austro-Húngaro y Suiza. En Inglaterra la in­
dustrialización había tenido lugar sin necesidad de recurrir a la banca para
financiar la inversión a largo plazo. Pero en los casos arriba indicados, los
bancos cumplieron un papel decisivo al orientar el ahorro hacia la inversión
para cubrir y orientar la demanda de capitales para la industria.
G erschenkron indicaba también que en otras naciones de desarrollo más
tardío, como Rusia, el principal agente impulsor de la industrialización ha­
bía sido el Estado. En este país la escasez de capital era tan grande que nin­
gún sistema bancario hubiera podido atraer fondos suficientes para financiar
una industrialización a gran escala. Para poder conseguir el capital que la
industria requería fue necesario el funcionamiento de la maquinaria estatal
que, por medio de la política impositiva, desvió las rentas del consumo a la
inversíón.

(6 } G erschenkron ’ (1 9 6 8 )
CAP. 3 — EL SIGNIFICADO DE LA REVOLUCION INDUSTRIAL 51

Asim ism o, señalaba que en los países económ icam ente atrasados la
industrialización requiere un clima favorable de ideas, una generalizada fe
en los beneficios del desarrollo, sin la cual es muy difícil romper los diques
del subdesarrollo.
Uno de los aportes más significativos de G erschenkron, que conserva una
gran vigencia, es la voluntad de combinar la elaboración de modelos con la
complejización del análisis de la realidad. Sostenía que del pasado no pue­
den extraerse más que preguntas inteligentes que se formulen a los mate­
riales actuales, pero no leyes a partir de las cuales construir el futuro. A
diferencia de R ostow —también de los marxistas— , se negó a aceptar la va­
lidez de un modelo uniforme de industrialización, basado en la experiencia
británica, ofreciendo una visión mucho más matizada de los procesos de
desarrollo económico.

3,1,2,3. Los historiadores y la visión “prometeica” de ia


Revolución Industrial

La econom ía del desarrollo tuvo también un fuerte impacto entre los


historiadores. La Revolución Industrial pasó a ser estudiada desde la pers­
pectiva del crecimiento económico, concentrándose ei interés en sus aspec­
tos macroeconómicos y en temas como los modelos de desarrollo, la forma­
ción de capital, la demanda, la distribución del ingreso o las fluctuaciones.
Muchas ideas formuladas explícitamente por R ostow se encuentran im ­
plícitas en la mayor parte de los estudios de la industrialización publicados
en ios sesenta y los setenta.
En general, los historiadores compartían la noción de que la Revolución
Industrial era el punto de partida de un proceso de crecimiento espectacu­
lar y de progreso sostenido. El historiador norteamericano D avid L andes eli­
gió el título Prom eteo liberado para su obra sobre el desarrollo industrial de
Europa desde mediados del siglo XVHI hasta el presente (7). Para explicar el
proceso de industrialización enfatiza la capacidad de tos europeos para
manipular racionalmente ai medio natural, el triunfo del hombre sobre la
naturaleza gracias al progreso de la ciencia y la tecnología.
L andes ve a la Resolución Industrial como la gran ruptura que en el lap­
so de menos de dos generaciones ha cambiado al mundo para siempre, y la
considera el inicio del proceso de modernización. En una obra reciente res­
cata la noción de R ostow de un despegue, en la medida en que da la idea de
que el crecimiento sostenido fue precedido por un movimiento hacia arriba

(7 ) L an d es (1 9 7 9 ).
52 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

y no por una trayectoria horizontal. No obstante, también aclara que, des­


afortunadamente, la comparación con un avión en ascenso da una idea de ra­
pidez que no se condice con un proceso que llevó varios decenios (s).
En muchos casos, las investigaciones concretas evidenciaban cambios
más lentos que los que R ostow sugería, e incluso procesos de industrializa­
ción sin despegue (como el de Francia a lo largo del siglo XIX). Pero más allá
de ello, la Revolución Industrial era vista como una gran ruptura, que en el
transcurso de algunas décadas había hecho posible el paso de una economía
agraria a una economía industrial.
Se trataba de la segunda gran ruptura que había tenido lugar, en el or­
den económ ico, desde los tiempos prehistóricos. La primera había sido la
Revolución Neolítica, signada por el nacimiento de la agricultura, alrededor
de 5.000 años antes de C risto. Desde entonces, la vida económica se había
basado en la agricultura como actividad principal, más allá de que diversas
sociedades hubieran desarrollado también una intensa actividad comercial
y de producción artesanal de bienes.
El historiador italiano C arlo C ipolla dirigió en los anos setenta la publi­
cación de una obra de historia económica de Europa desde la Edad Media
hasta nuestros días. E l mismo C ípolla decía en la introducción del volumen
dedicado a la Revolución Industrial que “los historiadores, para expresar la
idea de un cambio drástico, han hecho un uso abusivo del término «revolu­
ción»; sin embargo, exceptuando quizá la del Neolítico, no ha habido ninguna
revolución tan auténticamente revolucionaria como la Revolución Industrial.
Ambas cambiaron el curso de la historia, es decir, introdujeron un elemen­
to de discontinuidad en el proceso histórico. La Revolución Neolítica trans­
formó a la humanidad, de un conjunto de tribus salvajes de cazadores [...]
en una serie de sociedades agrícolas más o menos independientes. A su vez,
la Revolución Industrial convirtió a los granjeros y campesinos en manipu­
ladores de máquinas impulsadas por energía inanimada” (8). Consideraba que
estos cambios se habían producido en el curso de tres generaciones, y que
en 1850 el pasado no había simplemente pasado, sino que había muerto.

(8 ) L a n d e s (19 9 3 ).

(9) C íp o lla (19 7 9 ).


CAP. 3 - E L SIGNIFICADO DE LA REVOLUCION INDUSTRIAL 53

3,1,3. LA HISTORIOGRAFIA DE LA REVOLUCION INDUSTRIAL


EN LOS ULTIMOS VEINTE AÑOS: LOS LIMITES DEL
CRECIMIENTO

Desde mediados de los años setenta comenzó a ser crecientemente dis­


cutida la visión de la Revolución Industrial que se desprendía de los traba­
jos publicados en las dos décadas anteriores.
En general, en las ciencias sociales se iba diluyendo el optimismo que
había predominado desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, y la teoría del
desarrollo se vio seriamente cuestionada. La realidad había mostrado que la
aplicación de las recetas propuestas por los economistas no daba necesaria­
mente los frutos esperados, y que la mayor parte de los países del Tercer
Mundo no habían logrado salir del subdesarrollo. Por otro lado, no siempre
el crecimiento económico se traducía en una mejora de las condiciones de
vida de la población.
Pero, además de ello, aun la realidad de los países más ricos hacía du­
dar de que la industrialización hubiera resuelto de una vez y para siempre
los problemas económ icos y sociales. La crisis económica que produjo el
alza de los precios del petróleo a principios de los años setenta puso en
evidencia los límites de la expansión iniciada con eí fin de la guerra, y las
economías de los países más desarrollados debieron enfrentar problemas
como la desocupación, la recesíón y la inflación. Al mismo tiempo, comen­
zó a reconsiderarse el problema de la relación del hombre con la naturale­
za, y las denuncias de los ecologistas revelaron las consecuencias no desea­
das que el desarrollo económ ico podía generar al poner en peligro el medio
ambiente. El mismo R ostow decía, a fines de los setenta, que com enzó a
dudarse no sólo de la inevilabilidad, sino también de la legitimidad del de­
sarrollo económico.
Todo ello repercutió sensiblemente en los estudios sobre la Revolución
Industrial, que comenzó a. ser mirada desde.otra perspectiva, en la que em­
pezaron a considerarse no sólo los éxitos, sino también los fracasos. La
industrialización pasó a ser observada ya no como una progresión unidirec­
cional, sino como un proceso cíclico; como un proceso a largo plazo, más
que como un acontecimiento espectacular a corto plazo; como un modelo de
carácter multidimensional, más que como un modelo único (10).
En el caso de la historia económica de Inglaterra, el cambio de perspec­
tiva fue muy drástico. Teniendo en cuenta las dificultades que debió enfren­
tar la economía británica desde fines del siglo XIX y su pérdida de lideraz­
go entre los países industrializados, muchos buscaron las raíces de los
males presentes en las características de su Revolución Industrial.

(1 0 ) B cr r, (1 S 8 7 ).
54 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

En general, existe hoy una tendencia a ver la Revolución Industrial como


un proceso lento, no como una ruptura identificable en el término de pocas
décadas. La mayor parte de los estudiosos tiende a acentuar la complejidad
de los procesos de industrialización, insistiendo en que los cambios tuvie­
ron lugar en forma gradual y con fuertes diferencias regionales.
El libro de M axine B erg La era de las manufacturas, 1770-1820, publi­
cado en 1985, que lleva como subtítulo Una nueva historia de La Revolución
Industrial británica, puede servir de punto de referencia. La autora brinda
una imagen de la industrialización inglesa como un proceso en el que con­
viven, durante décadas, formas tradicionales y formas nuevas de producción.
Sin negar la existencia de la Revolución Industrial como fuente de profun­
das transformaciones, ofrece una visión menos “prometeica” de ella y pro­
pone que la consideremos un fenómeno más complejo, plurifacético y vas­
to de lo que han supuesto recientemente los historiadores económicos.
Otro historiador, J oel M okyr , afirma que Gran Bretaña era durante la
Revolución Industrial una economía dual, en la que coexistían un sector
tradicional, que se desarrollaba gradualmente y de manera convencional, y
un sector moderno, en el que se estaban produciendo las transformaciones
más significativas y en el cual se destacaban la industria del algodón, la de
los metales y algunas otras (ll).

3,1,4. ¿REVOLUCION O EVOLUCION?

Como hemos visto en páginas anteriores, en los últimos veinte años el


debate académ ico sobre la Revolución Industrial lia girado en gran parte
alrededor del problema de la continuidad y ia ruptura, y en él se han afirma­
do las tendencias gradualistas.
El historiador norteamericano R ondo C ambrón', en un artículo que publi­
có en 19S2, sostiene que la expresión “ revolución industrial” es incorrecta,
ya que para él no refleja la complejidad y las características de aquello que
se propone designar. Según Cambrón, la palabra “ revolución” da la idea de un
cambio rápido —mientras que la industrialización fue un proceso lento y
evolutivo— , y la palabra “ industrial” restringe su significado, ya que los
cambios afectaron no sólo a la industria, sino a la economía en general y
también a la sociedad, a ia política y a la cultura. Propone el uso de la ex­
presión “nacimien Lo de la industria moderna" (i2).

(.11) M o k y r (1 9 S 5 ).

(1 2 ) C a m e r o k (1 9 8 2 ).
CAP. 3 — EL SIGNIFICADO DE LA REVOLUCION INDUSTRIAL 55

La contraposición entre interpretaciones gradualistas y rupturistas no


es nueva, ya que se remonta por lo menos a la década de 1920. En su Eco-
nomic History of Modern Britain, publicada en 1926, J ohn C lapham remarcaba
que la Revolución Industrial en Inglaterra no había sido violenta, sino que
se había tratado de un proceso parcial y gradual. Para ello se basaba en los
datos del censo de 1851, que revelaban que el avance de la industria fabril
era lento y que las ocupaciones más difundidas seguían siendo la agricultura
y el trabajo doméstico.
Entre los estudiosos actuales que coinciden con esta visión gradualis-
ta de la Revolución Industrial podemos distinguir dos posturas muy diferen­
ciadas, ya que una de ellas ofrece un enfoque cuantitativo de la industriali­
zación y la otra centra su atención en las transformaciones cualitativas.
Los cuan tita ti vis tas —que se identifican con la New E conom ic History—
se interesan sobre todo por la medición del crecimiento económico, y utili­
zando técnicas muy sofisticadas han propuesto nuevos cálculos del creci­
miento de la economía británica en los siglos XVIII y XIX. Dichos cálculos
revelan tasas mucho más bajas que las estimaciones realizadas en los años
sesenta, y ello ha llevado a muchos historiadores económicos a presentar a
la industrialización como un proceso de cambio acumulativo, y a algunos de
ellos a negar la existencia de la Revolución Industrial.
Los historiadores más interesados en los cambios cualitativos genera­
dos por la industrialización —por ejemplo, en los sistemas de producción y
de trabajo— ponen el énfasis en la lenta difusión que dichas transformacio­
nes tuvieron a partir del siglo XVIII. Sin discutir la pertinencia del concep­
to de revolución industrial, resaltan a la vez la profundidad de los cambios
y su gradual expansión. Para ellos las transformaciones no pueden medir­
se sólo en términos cuantitativos, y menos aun con información agregada a
nivel nacional que opaca ías diferencias regionales. Consideran la revolución
como un proceso económico y social que dio un resultado mucho mayor que
la suma de las partes (!3).

3,1,5. ¿EN QUE CONSISTIO LA REVOLUCION INDUSTRIAL?

¿Cuál es el significado que los historiadores atribuyen hoy a ia expresión


“ revolución industrial” ? Como vimos en páginas previas, no existen ima
única definición ni un consenso total acerca de su contenido. Para llegar a
comprender su significado, el camino aue seguiremos será transcribir algu­
nas definiciones para reflexionar luego sobre ellas, buscando los elementos

(1 3 ) B erg y H udson (1 9 9 2 ).
56 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

que nos permitan tener una noción lo más clara posible de dicha expresión,
que a su vez no desdeñe los matices propuestos por los diversos autores.
D avid L andes propone tres definiciones, que se refieren a los distintos
usos que se le suelen atribuir:
a) “ El término «revolución industrial», en minúsculas, suele referirse
al complejo de innovaciones tecnológicas que, al sustituir la habili­
dad humana por maquinaria, y la fuerza humana y animal por ener­
gía mecánica, provoca el paso desde la producción artesanal a la
fabril, dando así lugar a la economía moderna” .
b) “ El significado del término es a veces otro. Se utiliza para referirse
a cualquier proceso de cambio tecnológico rápido e importante- !...]
En este sentido, se habla de una «segunda» o una «tercera» revolu­
ción industrial, entendidas como secuencias de innovación indus­
trial históricamente determinadas".
c) “El mismo término, con mayúsculas, tiene otro significado distinto.
Se refiere a la primera circunstancia histórica de cambio desde una
economía agraria y artesanal a otra dominada por la industria y la
manufactura mecanizada. La Revolución Industrial se inició en Ingla­
terra en el siglo XVIII y se expandió desde allí, y en forma desigual,
por los países de Europa continental y por algunas otras pocas
áreas, y transformó, en el espacio de menos de dos generaciones, la
vida del hombre occidental, la naturaleza de su sociedad y sus rela­
ciones con los demás pueblos del mundo’’
A su vez, el historiador inglés P eter M athjas la define como “las fases
iniciales del proceso de industrialización en el largo plazo” , y señala que los
dos criterios centrales para definir la Revolución Industrial son la acelera­
ción del crecimiento de la economía en su conjunto y la presencia de cam­
bios estructurales. Pone el énfasis en que dicho crecimiento debe darse en
el largo plazo y responder no a un incremento de los factores de producción,
sino a un aumento de ia productividad que se traduzca en un incremento del
producto per cápita. Los cambios estructurales que acompañan dicho cre­
cimiento incluyen, entre otros, la innovación tecnológica y organizativa, la
modernización institucional, el desarrollo de un sistema de transportes y la
m ovilización de la fuerza de trabajo. Este proceso genera, a su vez, modifi­
caciones en la estructura de la economía, en particular, la reducción de la
participación sectorial de la agricultura en el empleo y en el total de la pro­
ducción (t5).

(1 4 ) L a n d e s (1 9 7 9 ).

(1 5 ) M ath ia s (1 9 8 9 ).
CAP. 3 — EL SIGNIFICADO DE LA REVOLUCION INDUSTRIAL 57

Otro historiador inglés, E. A. W rigley, señala que “ la característica dis­


tintiva de la Revolución Industrial, que ha transformado las vidas de los
habitantes de las sociedades industrializadas, ha sido un aumento amplio y
sostenido de los ingresos reales per cápita. Sin un cambio de este tipo, el
grueso del total de ingresos se hubiese seguido gastando necesariamente en
alimentos, y el grueso de la fuerza de trabajo hubiese seguido siendo emplea­
do en la tierra” A l aumentar la productividad del trabajo, gracias al pro­
ceso de innovación, se incrementa el producto por habitante. W rigley con­
trapone dos modelos de crecimiento económico, uno de ellos asociado a la
economía orgánica avanzada, y el otro a la economía basada en la energía de
origen mineral. El primero precede al segundo en el tiempo, aunque existe
una superposición entre ambos.
En el modelo de economía orgánica avanzada, la industria se abastecía
esencialmente de materias primas animales o vegetales, y el grueso de la
energía que se utilizaba era proporcionado por los hombres y los animales,
complementado en algunos casos por la del viento o el agua. Ello ponía lí­
mites muy precisos al crecimiento económico. El uso de fuentes de energía
de origen mineral, en primer lugar el carbón, permitió superar dichos lím i­
tes, incrementando de manera sostenida la productividad y las tasas de cre­
cimiento de la economía.
Combinando estas definiciones podemos sostener que la Revolución
Industrial consiste en un proceso de cambio estructural en el que se com­
binan:
a) el crecimiento económico;
b) la innovación tecnológica y organizativa;
c) profundas transformaciones en la sociedad.
El rasgo más característico de dicho proceso es el nacimiento y el desa­
rrollo de la industria fabril.
El crecimiento económico se debe principalmente al aumento de la pro­
ductividad de la economía, y dicho aumento de la productividad es posible
gracias a la innovación,tecnológica y organizativa. Los rasgos esenciales de
la innovación tecnológica son el uso de máquinas que reemplazan a la ha­
bilidad humana y la utilización de mievas fuentes de energía inanimada que
reemplazan a la fuerza humana y animal.
La principa! innovación organizativa consiste en el nacimiento del sis­
tema de fábrica, como alternativa a las formas de producción tradicional (la
industria artesanal y la industria a domicilio).

(1 6 ) WitiGL ZY (1 9 9 3 ).
58 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

Los cambios tecnológicos y organizativos permiten producir una canti­


dad de bienes muchísimo mayor que la que podía fabricarse con los méto­
dos tradicionales, y a la vez nuevos tipos de bienes que son producto de un
proceso de innovación que no se detiene.
La Revolución Industrial está acompañada por cambios estructurales en
la economía y la sociedad. Por una parte, se va produciendo un descenso de
la participación de la agricultura en el total de la producción y de 1a propor­
ción de mano de obra empleada en el sector primario. Al mismo tiempo, se
verifica un avance de la industria y los servicios que aumentan su participa­
ción en el producto y en la ocupación.
Otro cambio estructural lo constituye el proceso de urbanización. A
medida que avanza la industria fabril, la producción y la población se van
concentrando en las ciudades. Van creciendo el número de ciudades, sus di­
mensiones y la proporción de población urbana en relación con la rural.
El crecimiento de la industria y de los servicios y la difusión del siste­
ma de fábrica dan nacimiento a nuevos sectores sociales. Cambian las con­
diciones de trabajo y se va multiplicando el número de trabajadores emplea­
dos en las fábricas, lo cual da origen al proletariado industrial. Este se di­
ferencia de los trabajadores del período preindustrial por sus condiciones de
trabajo. La nueva clase obrera está compuesta por trabajadores asalariados
que no son propietarios de los medios de producción, sino que venden su
fuerza de trabajo. No trabajan en sus casas, sino en las fábricas, en las que
deben cumplir con una disciplina estricta. Viven mayoritarxamente en áreas
urbanas, en las cuales se va concentrando la producción industrial,
Al mismo tiempo, crece el número de empresarios que invierten su ca­
pital en las nuevas actividades y son propietarios de industrias. Una nueva
burguesía industrial va buscando su lugar entre los sectores propietarios.
Pero también las clases medias son producto de la nueva sociedad in­
dustrial, ya que crecen junto con la expansión de los servicios y las activi­
dades administrativas.
Desde el punto de vista cronológico, ía Revolución Industrial se inició en
Gran Bretaña en la segunda mitad del siglo XVIII, y de allí se fue difundien­
do. con ritmos y características diversos, primero hacia el continente euro­
peo y los Estados Unidos, y más tarde hacia otras naciones.
Como hemos señalado en páginas precedentes, la Revolución Industrial
no tuvo lugar en forma abrupta. La mayor parte de los trabajos recientes ha
insistido en acentuar la complejidad del proceso de industrialización, seña­
lando que los cambios tuvieron lugar de una manera gradual y con fuertes
diferencias regionales. Aun en Gran Bretaña, la primera nación industrial,
la difusión de la industria moderna fue ienta, y afectó de modo desigual a los
diversos sectores de ía actividad industrial y a las distintas áreas geográfi­
cas.
CAP. 3 - E L SIGNIFICADO DE LA REVOLUCION INDUSTRIAL 59

Pero el hecho de que se haya tratado de un proceso gradual no invalida


la existencia'de la Revolución Industrial entendida como el punto de parti­
da para el nacimiento de un nuevo tipo de sociedad y, por lo tanto, como uno
de los grandes hitos en la historia de la humanidad.

3,2. EL NACIMIENTO DE LA INDUSTRIA MODERNA


¿Cuáles son los rasgos sobresalientes de la industria moderna? ¿Cómo
se diferencia de las formas anteriores de producción industrial?
En su definición más general, industria significa cualquier transforma­
ción de la materia prima llevada a cabo por parte del hombre, y existe como
tal desde los tiempos prehistóricos, como uno de los rasgos distintivos de
la especie humana.
A lo largo de la historia, se fueron sucediendo diversos modos de pro­
ducción industrial, a los cuales nos referiremos brevemente para poder com­
prender qué es lo que se fue transformando a partir de la Revolución Indus­
trial del siglo XVIIL

3,2,1, LAS FORMAS TRADICIONALES DE PRODUCCION


INDUSTRIAL

3,2,1,1. La industria artesanal

La industria artesanal se caracteriza por ser una forma de actividad in­


dustrial en la que los productores utilizan herramientas manuales que exi­
gen una alta dosis de habilidad.
La industria artesanal puede ser doméstica —cuando la actividad se rea­
liza en eí domicilio de los trabajadores— o llevarse a cabo en un taller.
Desde fines de la Edad Media creció la industria artesanal urbana, que
funcionaba en pequeños talleres, con una organización jerárquica basada en
el sistema de aprendizaje. Los talleres funcionaban en las casas de los maes­
tros, donde aprendices y oficiales realizaban sus tareas y convivían. En al­
gunas ciudades de Flandes y del norte de Italia surgieron talleres de mayo­
res dimensiones, sobre todo en la industria textil, llegándose a concentrar-
un número considerable de trabajadores bajo un mismo techo. Pero la for­
ma más extendida de producción industrial eran los pequeños talleres.
60 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

La actividad industrial urbana estaba fuertemente regulada por los gre­


mios, que establecían desde las no oías de calidad hasta las cuotas de pro­
ducción, y ofrecían algunos rudimentarios servicios sociales a sus miem­
bros. En general, salvo en determinados rubros, como el de los paños de
lana, la producción artesanal de las ciudades estaba destinada al mercado
local y al campo circundante, aunque una proporción muy alta de la pobla­
ción campesina elaboraba en su hogar los productos industriales que con­
sumía: vestido, calzado, utensilios domésticos.

3,2,1,2. La industria a domicilio

Desde el siglo XVI fue desarrollándose paulatinamente una forma de


organización de la producción industrial que tuvo una creciente expansión,
conocida con el nombre de “industria a domicilio” , cuya mayor difusión tuvo
lugar durante los siglos XVII y XVIII.
Se caracteriza por ser un sistema descentralizado de producción, en eJ
que los trabajadores realizaban las tareas en sus domicilios, con herramien­
tas que en general eran de su pertenencia. Trabajaban para un comercian­
te-empresario, que les encargaba los quehaceres y les suminis i aba la ma­
teria prima, retirando luego las piezas elaboradas por las que pagaba a des­
tajo.
Los productos fabricados por los trabajadores en sus hogares podían
estar ya. listos para su venta en el mercado, o bien podían requerir un pro­
ceso de terminación que era llevado a cabo en talleres urbanos (por ejrmplo,
el teñido o el estampado en los textiles). Él proceso de com ercialización
estaba en .manos de los comerciantes empresarios, y los productos se des­
tinaban a mercados no locales, europeos o ultramarinos-
En este sistema de trabajo, la mayor parte de los trabajadores eran cam­
pesinos que realizaban sus actividades industríales en los tiempos muertos
que dejaban las tareas agrícolas.
Las ventajas que presentaba esta forma de organización del trabajo con
respecto a la industria urbana artesanal consistían en que, por un lado, era
un sistema muy flexible, en el que la producción se regulaba de acuerdo con
la demanda, y en el que no existía una obligación por parte del empresario
de mantener un vínculo permanente con lostrabajadores. Los costos fijos
eran mínimos, y los salarios más bajos, ya que no se aplicaban las regula­
ciones que establecían los gremios para la industria urbana. Los trabajado­
res aceptaban recibir un pago menor porque para ellos se trataba de una
actividad complementaria, ya que su ocupación principal era la agricultura.
Además, a diferencia de la industria urbana, en ía manufactura rural traba­
jaban también mujeres y niños, cuyas remuneraciones eran más bajas que
las de los hombres adultos.
CAP. 3 - E L SIGNIFICADO DE LA REVOLUCION INDUSTRIAL 61

En las zonas agrícolas menos fértiles, la industria a domicilio ofreció la


posibilidad de mejorar los ingresos de los campesinos, ya que a la produc­
ción de la tierra sumaban las remuneraciones provenientes del trabajo in­
dustrial.
El sistema de trabajo a domicilio se extendió fundamentalmente en la
industria textil, aunque también se utilizaba en otras ramas, como la indus­
tria metalúrgica, la fabricación de vidrio y la de relojes. Se difundió por las
distintas áreas de Europa, y en algunas regiones siguió teniendo ua papel
muy relevante hasta fines del siglo XXX. Ello se debió a que o bien era más
ventajoso que el sistema de fábrica o bien se complementaba con él. En rea­
lidad, en diversas ramas de la actividad industrial sigue utilizándose hoy en
día, por ejemplo, en la confección.

3,2,1,3- La protoindustrialización

A comienzos de la década de 1970, el historiador F rankun M isndels elabo­


ró el concepto de protoindustrialización para referirse a lo que consideraba
la primera fase del desarrollo industrial de Europa, caracterizada por la ex­
pansión del sistema de trabajo a domicilio (I7j.
. Este concepto ha tenido un fuerte impacto en ia historiografía reciente,
que fue comparado con las repercusiones del concepto de despegue de R os­
tow en ios años sesenta £1S). Ha ampliado el horizonte del tiempo histórico
en el que son analizados los procesos de industrialización, y ha permitido
comprender mejor la relación y la complementación entre viejos y nuevos
sistemas de producción-
Para M endels , el proceso de industrialización en Europa pasó por dos
etapas: la primera había consistido en una “ industrialización preindustrial*’,
y ia segunda, en la industrialización moderna propiamente dicha. Llamó
“ protoindustrialización” a la primera fase, caracterizada por la difusión dei
sistema de trabajo a domicilio en la producción de bienes para mercados no
locales, que generó, a su vez, cambios significativos en la economía rural.
La segunda fase sería para M endels la de la Revolución industrial, signada
por el surgimiento del maqumismo y el sistema de fábrica.
La protoindustrialización, que se difundió entre los siglos XVI y XVIII,
permitió el crecimiento de la producción dentro de los sistemas técnicos
tradicionales de la industria doméstica, aumentando la productividad de los

(1 7 ) M bno e l s (1 9 7 2 ).

(1 8 ) M a t h ia s (1 9 8 8 )
62 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

trabajadores al ocupar en la industria mano de obra antes desempleada o


empleada parcialmente en actividades agrícolas.
Con la protoindustrialización se establecieron nuevas relaciones entre
los centros urbanos y las áreas rurales. De la ciudad provenían los empre­
sarios, los capitales y las redes de comercialización, y en la ciudad se rea­
lizaban algunas actividades industriales, sobre todo, procesos de prepara­
ción o acabado. En el campo se llevaba a cabo la mayor parte de la produc­
ción, con una organización descentralizada que operaba a escala regional.
Otros rasgos centrales eran que la producción estaba orientada a mercados
externos —regionales, nacionales o internacionales— , y que el management
estaba en manos de los comerciantes empresarios y no de los trabajadores.
Al ofrecer un medio de subsistencia complementario a la agricultura, la
protoindustria contribuyó a mejorar las condiciones de vida de los campe­
sinos, reduciendo eí impacto de las tradicionales crisis de subsistencia y
estimulando el crecimiento demográfico.
El concepto de protoindustrialización generó extendidos debates entre
los historiadores económicos. Mientras que algunos autores aceptan la vi­
sión de M endels de la protoindustria como la primera fase del proceso de
industrialización, otros sostienen que no se trata de una etapa necesaria,
sino de una forma de producción que coexistió con otras en los siglos an­
teriores a la Revolución Industrial. Uno de los puntos más cuestionados es
establecer porqué en algunas regiones la protoindustria condujo al naci­
miento de la industria fabril, mientras que en otras el proceso de industria­
lización quedó trunco-
Por otra parte, la obra de M endels sirvió para revalorizar el sistema de
trabajo a domicilio, que dejó de ser visto como un híbrido que no era ni ar­
tesanía urbana ni industria fabril, para ser considerado una forma de produc­
ción industrial que había sido característica de la Europa Moderna.

3,2,1,4. L-a manufactura centralizada

Además de la pequeña industria artesanal urbana y de la industria a


domicilio, existió en la Europa moderna un tercer tipo de organización in­
dustrial, caracterizada por las mayores dimensiones de la empresa, a la que
sucíe denominarse “protofábrica” { !9}.
S ’dkei' P ollard distingue tres tipos, y a la vez aclara que las fronteras
entre ellos no son siempre precisas;

í 19; P o l l a r d (1 9 9 1 ).
CAP. 3 — EL SIGNIFICADO DE LA REVOLUCION INDUSTRIAL 63

— Talleres centrales que preparaban y terminaban el trabajo de los tra­


bajadores rurales a domicilio, principalmente en el sector textil.
— Unidades que tenían que ser bastante grandes o que requerían mu­
cho capital por razones técnicas. Ejemplos: metalurgia, minería, fa­
bricación de vidrio, astilleros, refinerías de azúcar.
— Agrupación de talleres por una razón que no es económica ni técni­
ca, como consecuencia de un monopolio o de la iniciativa de algún
magnate territorial. Ejemplos: manufacturas reales creadas en Fran­
cia en el siglo XVII (tapices, porcelanas, armas), empresas reales
creadas en Prusia en el siglo XVIII (fundiciones de hierro, fábricas
textiles, de armas, de porcelana), fábricas textiles establecidas por
nobles checos en el siglo XVIII.

3,2,2. EL SISTEMA DE FABRICA

Con la Re\rolución Industrial nació el sistema de fábrica, que puede ser


definido como un sistema que se caracteriza por la mecanización de la pro­
ducción (producción con máquinas), por el uso de energía inanimada en
reemplazo de la energía humana o animal (las primeras formas de energía
inanimada utilizadas en las fábricas fueron la energía hidráulica y la ener­
gía del vapor), y por la presencia de trabajadores asalariados sometidos a un
régimen de estricta disciplina.

3,2,2,1. El maqumismo

Eí sistema de fabrica constituye lo que se denomina también “industria


moderna” , que se contrapone a ia "industria tradicional". Desde el punto de
vista de la producción, un rasgo central del proceso de modernización de la
industria fue la paulatina difusión del uso de máquinas activadas por ener­
gía inanimada.
Como señala P aul M antoux (20), no es sencillo encontrar una definición
adecuada deí término “ máquina”. Un primer paso es diferenciar una máquina
de una herramienta. Tanto una máquina como una herramienta permiten
economizar trabajo manual, ya que potencian la actividad humana. Hasta
una herramienta sencilla como una azada hace 3a tarea de veinte hombres
que utilizaran sus uñas para cavar la tierra.
Sin embargo, uno de los rasgos que distingue a las herramientas de las
máquinas es que las primeras son instrumentos en manos dei trabajador,

( 20 ) M a n to u x ( 196 2 !
64 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

que requieren una habilidad específica, sin la cual no puede llevarse a cabo
el proceso de producción. Hay herramientas sencillas, como el martillo, y
otras más complejas, como el telar, y no siempre es fácil trazar la línea di­
visoria entre una herramienta compleja y una máquina sencilla. Pero siem­
pre que se utilizan herramientas, el hombre o la mujer que las manejan
emplean sus conocimientos, su fuerza y su habilidad para producir bienes.
En el caso de las máquinas, en cambio, estamos frente a artefactos que
disponen de mecanismos que reemplazan, a la habilidad humana. M antoux
define la máquina como “un mecanismo que bajo el im pulso de una fuerza
motriz simple ejecuta los movimientos compuestos de una operación, técnica
efectuada antes por uno o varios hombres” . Las máquinas pueden ser impul­
sadas por energía animada {humana o animal) o inanimada (hidráulica, có­
lica, del vapor, eléctrica, de motores a explosión, atómica).
Algunos ejemplos pueden servir para aclarar más este punto. Tomemos
en primer lugar la industria del hilado. Desde tiempos remotos se utilizaron
herramientas como el huso, y, más adelante, la rueca, que era la más difun­
dida en Europa desde la Edad Media. Ei manejo de la rueca requiere un alto
grado dé habilidad, ya que se utilizan las manos, para sostener y retorcer el
vellón que se va transformando en hilo, y también los pies, para accionar un
pedal que sirve para mover la rueda.
En 1765 James H argrbaves, un tejedor y carpintero de Lancashire, inventó
la primera hiladora mecánica, que recibió el nombre de “spinning-jenny". Se
trataba de una máquina relativamente sencilla, compuesta por un marco
rectangular.montado sobre cuatro patas, en el que se colocaban los husos
para enrollar los hilos —husos que reciben el nombre de “ canillas’*— y dos
barras de madera montadas sobre una especie de carro, que se deslizaban
hacia adelante y hacia atrás e iban estirando el hilo. Con una mano el hilan­
dero hacía ir y venir el carro -—-para que el hilo se estirara y torcí era— , y con
la otra daba vueltas a una manivela cuyo movimiento se comunicaba a los
husos, en los que se enrollaban los hilos.
La je n n y se derivaba de la rueca, y fue alguna vez definida como una
rueca con varios husos. Lo que tenía de ventaja clave era que un solo obre­
ro podía producir varios hilos a la vez, con lo cual el trabajo humano se
multiplicaba. Las primeras j e n nies tenían ocho canillas, con lo cual una
persona hacía el trabajo que antes realizaban ocho. Todavía en vida de H a r *
grea''es llegaron a fabricarse con ochenta y más, y ello multiplicó aun más
la productividad del trabajo.
AJ mismo tiempo era una máquina muy sencilla, y era accionada por el
trabajador, es decir, por energía humana. Tenía una ventaja adicional: las
je n n ie s se utilizaban en las casas de los hilanderos, como las ruecas, con
lo cual el sistema de organización del trabajo no se modificaba, pero se in­
crementaba notoriamenu. la producción.
CAP. 3 — EL SIGNIFICADO DE LA REVOLUCION INDUSTRIAL 65

De todos modos, el rasgo dominante de la industria moderna fue la di­


fusión de ias máquinas accionadas por energía inanimada —primero energía
hidráulica, más tarde energía del vapor— que obligaron a sustituir las formas
tradicionales de organización del trabajo y dieron nacimiento al sistema de
fábrica.
Volviendo al ejemplo de la industria textil, poco tiempo después de la
invención de la jenny, R ichard A rkwríght patentó otra máquina de hilar, que
recibió el nombre de “ water-Jrame'\ A diferencia de la jen n y , no era movi­
da a mano, sino impulsada por energía hidráulica, lo que permitía ampliar
la escala de la producción e introducía modificaciones clave en la forma de
organizar el trabajo. Con la water Jrame y sus posteriores modificaciones,
el hilado pasó de ser una actividad doméstica a convertirse en un trabajo
realizado en fábricas. Ya el tamaño y el costo de las maquinarias hicieron im­
posible que fueran propiedad de los trabajadores y utilizadas en los domi­
cilios. Además, ai ser accionadas por energía hidráulica, requerían una lo ­
calización específica, junto a un curso de agua, y de mecanismos a través de
los cuales el movimiento se trasladaba a la máquina. Desde este punto de
vista, significó un cambio fundamental con respecto a la jen ny, ya que fue
eí uso de energía inanimada el que generó la difusión del sistema de fábri­
ca, característico de la moderna producción industrial.

3,2,2,2. Las nuevas fuentes de energía

Una de las claves del proceso de industrialización fue el acceso a nue­


vas fuentes de energía calorífera y mecánica, y el símbolo de los nuevos tiem­
pos fue la máquina a vapor.
En la sociedad preindustrial, el grueso de la energía que se utilizaba
provenía de fuentes orgánicas. La mayor parte de ia energía era suministrada
por la fuerza humana o animal, complementada en algunos casos por la del
viento o la del agua, y por el calor proporcionado por la madera. Por ello, los
niveles de productividad que podían conseguirse eran modestos, a pesar de
ios avances que se lograran con la división del trabajo o con la mejora de las
herramientas y los artefactos mecánicos que se empleaban en la producción.
Como ya vimos, W rigley señala como característica distintiva de la Re­
volución Industrial el paso de una economía orgánica avanzada a una eco­
nomía sustentada en la energía de origen mineral. La utilización de la ener­
gía calórica y mecánica proveniente del carbón mineral permitió incremen­
tar hasta niveles insospechados la productividad del trabajo. En un gran
número de procesos industriales la energía que gasta el trabajador es con­
siderable, y su fuerza física es una limitación fundamental para el nivel de
productividad que se puede alcanzar.
La difusión de las innovaciones fue lenta, y amplios sectores de la eco­
nomía no se vieron afectados por ellas antes de mediados del siglo XIX. En
66 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

las primeras décadas de la Revolución Industrial se combinó el uso de la


fuerza hidráulica y el de la energía del vapor, e incluso en el siglo XVIII tam­
bién se utilizaban caballos y bueyes para accionar las máquinas en la indus­
tria textil. La máquina a vapor de W att fue patentada en 1769, pero su uso
se difundió lentamente en la industria, y en los primeros tiempos se emplea­
ba sobre todo en las minas.
En un principio, las fábricas se instalaron en las orillas de cursos de
agua que tuvieran un caudal suficiente para aprovechar la energía hidráuli­
ca. Los primeros ingenieros que construyeron fábricas eran los antiguos
constructores de m olinos, y la primera máquina de hilar se llamó “water
Jrame". Todavía a mediados del siglo XIX, la importancia de la fuerza hidráu­
lica seguía siendo muy grande en Inglaterra, a pesar de que se iba generali­
zando el uso de la máquina de vapor.
Muchos autores siguen considerando la máquina de vapor como el inven­
to más característico de la Revolución Industrial. Su principal aporte fue
poder transformar la energía térmica (calor) en energía cinética (movimien­
to y trabajo). Desde el siglo XVII se utilizaron en Inglaierra y en países del
continente europeo máquinas precursoras de la de W att — como la máqui­
na atmosférica de N eivcomen— para bombear agua de las minas, pero eran
demasiado grandes, por lo que consumían excesivo combustible.
J ames W att inventó una máquina de vapor a la que introdujo mejoras
decisivas, que perm itieron reducir el consumo de carbón, disminuir sus
dimensiones y minimizar su costo. Gracias a ello pudo ser utilizada en cual­
quier parte, y su uso se fue extendiendo de las minas a la industria manu­
facturera. Con ello la industria pudo independizarse de la geografía, porque
las fábricas ya no debían instalarse a la vera de los Qursos de agua. Se fue­
ron localizando paulatinamente en los centros urbanos, dando nacimiento
a las ciudades industriales.
La máquina de W att fue, a su vez, perfeccionada a lo largo dei siglo XIX
por otros inventores, y ello permitió que pudiera utilizarse para impulsar
medios de transporte. A partir de la década de 1820 se construyeron los
primeros ferrocarriles y barcos de vapor, que revolucionaron las comunica­
ciones.
Como ya señalamos, además de la energía dei vapor, durante todo el si­
glo XIX siguió utilizándose la energía hidráulica, sobre todo en aquellos
países o regiones en los que no había carbón o era muy escaso y caro, y
donde, en cambio, abundaban los cursos de agua (como Suiza o el nordes­
te de los Estados Unidos). También la tecnología hidráulica se fue perfeccio­
nando, en especial gracias a la invención de la turbina en la década de 1830,
que permitió reemplazar la rueda y aprovechar mucho más eficientemente la
fuerza dei agua. En la industria textil de Nueva Inglaterra la turbina retrasó
por varias décadas el predominio de la energía del vapor en dicha industria-
CAP, 3 — EL SIGNIFICADO DE LA REVOLUCION INDUSTRIAL 67

Volviendo al tema central del significado del uso de fuentes de energía


inanimada como característica de la Revolución Industrial, debemos desta­
car una vez más que el principal impacto que tuvo fue posibilitar aumentos
de la productividad insospechados. Las innovaciones que se introdujeron
desde ias últimas décadas del siglo XIX —la electricidad y el motor a explo­
sión— no hicieron más que reforzar esta tendencia, multiplicando la oferta
de bienes y servicios.

3,2,2,3. La disciplina y la organización del trabajo

La productividad creció no sólo gracias a la utilización de máquinas y al


uso de nuevas fuentes de energía. Lo hizo también como producto de las
nuevas formas de organización del trabajo que acompañaron al sistema de
fábrica y del nuevo tipo de empresa que iba surgiendo con la Revolución
Industrial.

a) La disciplina

Con la fábrica se produjo en primer lugar una intensificación del traba­


jo. A diferencia de la industria a domicilio, en la que los trabajadores deci­
dían libremente cuándo y cuánto trabajar, la fábrica se caracteriza por exi­
gir a los obreros un horario estricto y una actividad constante.
El trabajo humano debió adaptarse al ritmo impuesto por las máquinas.
Los trabajadores debieron acostumbrarse a una precisión y una asiduidad
desconocidas con anterioridad, y modificar profundamente sus hábitos la­
borales.
Antes del advenimiento del sistema de fábrica, el trabajo era muy irre­
gular, y en general se combinaban momentos de trabajo intenso con perío­
dos de ociosidad (como recuerda el historiador J5, P. Thompson, csio hoy sólo
es posible en muy pocas profesiones: artistas, escritores, pequeños agricul­
tores, estudiantes..,) í2í).
Los lunes y martes se trabajaba a un ritmo lento; los jueves y viernes,
éste se aceleraba. Si por la mañana se empezaba tarde, se recuperaba tiem­
po por la noche. Casi todos los oficios hacían honor a “ San Lunes” ; ese día
no se trabajaba, sino que s.e usaba para recobrarse de Jos excesos ó el domin­
go, sobre todo de los de la bebida. Hasta las primeras décadas del siglo XÍX,
ei año laboral estaba salpicado de fiestas y ferias, que eran rigurosamente

(2 1 ) T h o m p s o n f 197:9).
68 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

respetadas por los trabajadores. Un alto funcionario francés calculaba que


en el siglo XVII un artesano trabajaba unos 120 días al año.
Un aspecto central de la producción preindustrial era que el conocimien­
to tecnológico tomaba la forma de oficios calificados, y quienes poseían el
oficio controlaban los procesos de producción.
La nueva disciplina no era fácilmente aceptada por los trabajadores adul­
tos, acostumbrados a sistemas mucho más flexibles, en los que el ritmo de
trabajo era mucho más relajado. Ello explica en parte que en la Revolución
industrial se haya recurrido al empleo de niños en las fábricas, aunque otra
razón era que cobraban salarios mucho más bajos.
Los nuevos empresarios lucharon por modificar los viejos sistemas de
trabajo recurriendo al control de los obreros, y algunos de ellos establecie­
ron una normativa muy rígida.
La entrada de los obreros en la fábrica, sus comidas y su salida tenían
lugar a una hora fija, pautada por el toque de una campana o por una sire­
na. En el interior, cada uno tenía un puesto determinado y una tarea estric­
tamente delimitada. Debían trabajar regularmente y sin detenerse, bajo la
mirada del capataz.
La jornada laboral era no sólo muy intensa, sino también muy extensa.
A comienzos del siglo XIX, el promedio de los establecimientos alcanzaba y
sobrepasaba las catorce horas diarias.
Para disciplinar a los trabajadores, los empresarios recurrían mayorita-
riamente a los castigos, y en mucha menor medida, a los premios para quie­
nes cumplían satisfactoriamente con las exigencias. S idnííy P ollard utilizó la
información proporcionada por una encuesta llevada a cabo por el gobierno
inglés en 1833 sobre el trabajo en las fábricas, para calcular en qué propor­
ción se utilizaban premios y castigos en el trabajo de los niños. De 607
empresas consideradas, 575 recurrían al castigo» que en más de la mitad de
los casos consistía en el despido. Las que utilizaban los castigos corpora­
les eran 55, y sólo 34 las que daban premios t22}.
Los castigos más difundidos eran el despido y las multas. Estas últimas
eran muy elevadas y no guardaban proporción con las faltas. A un obrero que
llegara uno o dos minutos tarde se lo podía privar de la paga de todo un
turno. También se reprimía severamente la falta de disciplina durante el tra­
bajo, por ejemplo, cuando los trabajadores hablaban entre sí mientras rea­
lizaban sus tareas, no estaban en su puesto o dejaban objetos fuera de lugar.

(2 2 ) P o l l a r d (1 9 6 5 ).
CAP. 3 — EL SIGNIFICADO DE LA REVOLUCION INDUSTRIAL 69

b) La división del trabajo

Una segunda característica de las fábricas, además de la disciplina, fue


la intensificación de la división del trabajo.
Se trata, en primer lugar, de una innovación organizativa, que no nece­
sariamente estuvo vinculada a la difusión de las máquinas, pero permitió
aumentos muy grandes de la productividad, que se obtuvieron gracias a
nuevas formas de organización de la actividad laboral.
En In vestigación sobre la na turaleza y causas de la riqueza de las
naciones, publicada por primera vez en 1776, A dam S mith dedicó el primer
capítulo del libro primero a la división del trabajo, a la que consideraba “cau­
sa principal de la expansión de su eficiencia" {a3}.
En su famoso ejemplo sobre una manufactura de alfileres, comparaba la
cantidad de piezas que podía confeccionar por día una empresa que aplica­
ra métodos tradicionales y la que podía fabricar otra que utilizara la división
del trabajo. En su cálculo (que, por otra parte, parece poco verosímil), indi­
caba que empleando 10 obreros, una fábrica sin división del trabajo podía
producir como máximo 200 alfileres por día, mientras que una que utiliza­
ra la división del trabajo podía llegar a fabricar 48.000. En el primer caso,
cada obrero producía como máximo 20 alfileres por día; en el segundo.
4.800, es decir, 240 veces más.
Aunque su cálculo fuera exagerado, da una idea muy precisa de cómo la
división del trabajo genera un fuerte aumento de sus facultades productivas.
Implica la especialízación de los trabajadores en una o varías tareas deter­
minadas. Ya no se trata de que cada uno de ellos haga un alfiler completo;
“Uno estira el alambre, otro lo endereza, un tercero lo va cortando en trozos
iguales, un cuarto hace la punta, un quinto obrero está ocupado en limar el
extremo donde se va a colocar la cabeza; a su vez, la confección de la cabe­
za requiere dos o tres operaciones distintas: fijarla es un trabajo especial,
esmaltar los alfileres, otro, y todavía es un oficio distinto colocarlos en ei
papel” .
S mith indicaba que la m ayor productividad derivaba de tres factores: la
mayor destreza de cada obrero en particular, el ahorro de tiempo que com ún­
mente se pierde al p asar de una ocupación a otra y la invención de m áqui-
ñas que facilitan y abrevian el trabajo, capacitando a un h om bre para hacer
la labor de m uchos.

Con la difusión del sistema de fábrica y ei empleo creciente de maqui­


narias, la división del trabajo se intensificó. La introducción de las máqui­
nas tuvo varias consecuencias. En primer lugar, muchas tareas se simplífi-

(2 3 ) S m ith (1 9 5 S ).
70 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

carón, ya que los mecanismos fueron reemplazando a la habilidad de los


trabajadores. Ello hizo posible incrementar la contratación de personal no
calificado que se especializaba en actividades rutinarias, como el simple
control de la máquina. En segundo término, muchas tareas dejaron de reque­
rir no sólo habilidad, sino también fuerza. Ambas condiciones llevaron a que
en las fábricas se contrataran cada vez más mujeres y niños, a los cuales se
pagaba salarios mucho más bajos y a los que se sometía a la disciplina con
más facilidad que a los hombres adultos.
En el tomo I de El capital (*4), Karl M arx analizó la lógica del proceso de
división del trabajo en las manufacturas y en las fábricas, remarcando las di­
ferencias entre ambos casos. En ía manufactura, la división deí trabajo con­
siste en la descomposición de un oficio manual en las diversas operaciones
parciales: por ello, en este caso M arx hablaba del “obrero parcial”. Pero, a la
vez, el oficio manual sigue siendo la base de todo.
Para M arx , la lógica del m aqumismo, característica de la fábrica, es de
índole diversa. El principio que rige en ella es el de un órgano de producción
objetivo e impersonal, que impone sus condiciones a los obreros. Aquí la
máquina sustituye al obrero por un mecanismo, y las herramientas se trans­
forman en componentes de un aparato mecánico. Mientras que el obrero de
la manufactura y de la industria manual se servía de sus herramientas, el de
la fábrica debe s e r v i r a la máquina, siguiendo sus movimientos, como par­
te de un “ mecanismo muerto” .
Como consecuencia de ello, la graduación jerárquica de los obreros que
se conservaba en la manufactura va siendo reemplazada por la tendencia a
igualar o a nivelar los trabajos. La degradación de la calificación, que expli­
ca el aumento del trabajo de mujeres y niños, redunda en una pérdida del
interés por el trabajo. Con ia gran industria se completa, para M arx, la sepa­
ración entre el trabajo manual y las potencialidades intelectuales de la pro­
ducción.
En realidad, la división del trabajo en las fábricas no implicaba necesa­
riamente la pérdida de la calificación, y en la mayor parre de los sectores dé­
la industria los trabajadores de oficio siguieron teniendo un papel significa-
tivo, por lo menos hasta fines del siglo XIX. Por una pane, siguieron diferen­
ciándose las tareas entre trabajadores calificados y peones, y las máquinas
generaron también un nuevo tipo de obrero especializado: el de los mecáni­
cos responsables de su manutención y reparación.
En palabras de B enjamín C oriat, “ ni la máquina ni ei trabajo de las muje­
res y los niños podrán suplirlo todo. Y ei oficio sigue siendo un pasa obli­
gado para muchas tareas” (2S).

(2 4 ) M a r x (1 9 6 8 ).

(2 5 ) Cowi.vr {1 S S 2 ).
CAP. 3 — EL SIGNIFICADO DE LA REVOLUCION INDUSTRIAL 71

A la ¡n T ouraine (2R) describe como sistema profesional aquel en el que los


obreros conservan una cierta autonomía y controlan los tiempos de produc­
ción, diferenciándolo de una segunda etapa, que se inicia a fines del siglo
XIX. en que los ritmos son fijados por la maquinaria-y el trabajo es continuo.
Esta segunda fase corresponde a la producción en masa y la difusión del
taylorismo y del fordismo, a lo cual nos referiremos más adelante.

c) Las fábricas de Jo si a h W edgw ood

Una de las empresas que es considerada un modelo en cuanto a la efi­


ciencia y la disciplina en los primeros tiempos de la Revolución Industrial
es la que pertenecía a J osíah W edgwood (27), dedicada a la fabricación de pro­
ductos de alfarería, que todavía sigue existiendo.
En sus talleres, W edgwood luchó por imponer una estricta disciplina a los
obreros alfareros, que hasta entonces tenían hábitos de trabajo muy irregu­
lares: la costumbre era que los lunes y martes, las mujeres y los niños pre­
pararan la arcilla, y que los alfareros trabajaran au n ritmo intenso a partir
del miércoles.
Una de las facetas más interesantes que presenta el ejemplo de W edgwood
es que consiguió grandes incrementos de la productividad mediante la orga­
nización del trabajo, sin recurrir a las máquinas. En sus empresas el trabajo
no estaba mecanizado, sino que era llevado a cabo por artesanos más o me­
nos especializados. Sin introducir innovaciones técnicas, W edgwood trató de in­
crementar al máximo la productividad del trabajo gracias a la disciplina y la
división de las tareas, es decir, mediante innovaciones organizacionales.
En primer lugar, separó la producción en cinco partes y diseñó los talle­
res de forma de conseguir la más estricta economía de trabajo, ya que las
piezas iban siguiendo un recorrido desde la preparación y los hornos has­
ta los depósitos.
En sus fábricas existía una estricta división de tareas, y los obreros no
podían pasar de una actividad a otra. De los 278 trabajadores empleados en
una de sus plantas —Eíruria— en 1790, sólo cinco no tenían asignado un
puesto específico, y todo el resto se especializaba en una tarea determina­
da. Dentro de ios talleres, W edgwood buscaba la mayor sincronización del
trabajo para incrementar el rendimiento individual. Incluso llegó a organizar
una escuela de aprendices para hacer frente a ia escasez de mano de obra
calificada.

(26J T ouraiíísc (1 9 6 2 ).

(2 7 ) M c K e n d ric k (1 9 7 2 ).
72 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

Además de adiestrar a los alfareros especializados, tenía que amoldar a


los trabajadores a las necesidades de su fábrica. Das normas que fue impo­
niendo fueron la puntualidad, la asistencia constante, las ñoras fijas, estric­
tas regias de cuidado y limpieza, medidas contra el derroche, la prohibición
de beber. Pero como los alfareros no estaban dispuestos a aceptarlas fácil­
mente, fue ideando diversos sistemas para ponerlas en práctica.
El factor clave para W edgwood fue un estricto control. En primer lugar,
supervisaba personalmente a :os trabajadores, llegando a romper las piezas
que consideraba que no cumplían con las normas de calidad. A medida que
sus actividades se diversificaron y no pudo estar todo;; los días en la fábri­
ca, delegó esta función en capataces y vigilantes móviles. Pero para hacer
n.rís estricto el control, elaboró instrucciones que contenían las normas por
las cuales debía regir. •. la actividad en los talleres.
Uno de los principales problemas era garantizar la puntualidad y la asis­
tencia regular de los trabajadores. Para ello se utilizaba una campana que iba
marcando desde la h o r de entrada hasta las pausas para la comida y la sa­
lida. Para controlar efectivamente que los trabajadores llegaran a horario,
inventó un sistema de fichado, en el que se empleaban tickets y pizarras, y
se castigaba con multas a los infractores.
Las instrucciones incluían también normas sobre la limpieza y el apro­
vechamiento de la arcilla, y reglamentaciones muy detalladas sobre la fabri­
cación de las piezas.
El no cumplimiento de las disposiciones era castigado con severas mul­
tas. Además de las infracciones a la puntualidad, la asistencia, la limpieza
o las normas de producción, las multas se aplicaban a quienes introdujeran
cerveza o licor en los talleres, tiraran algún objeto a los patios, escribieran
obscenidades en las paredes o jugaran a las cartas contra cualquier pared
que tuviera ventanas.
En la nueva sociedad industrial, el tiempo y la eficiencia pasaron a ser
las metas de los empresarios, pero para imponerlas debieron luchar contra
las prácticas tradicionales del trabajo y contra los hábitos de los trabajado­
res. Aun en las fábricas de W edgwood los alfareros volvieron, después de su
muerte, a muchas de las antiguas costumbres.
En realidad, se trató de un cambio no sólo de las formas de'trabajo, sino
de una nueva concepción del tiempo y de una nueva visión del valor del tra­
bajo y del ocio en ia sociedad.
A fines del siglo XVIH, el reloj todavía era considerado en Inglaterra un
producto de lujo: en 1797, el ministro P itt decidió cobrar un impuesto a los
propietarios de todo tipo de relojes {impuesto que duró menos de un año).
Pero para entonces, la realidad estaba cambiando, y los relojes se iban di­
fundiendo a medida que descendía su precio.
CAP. 3 — EL SIGNIFICADO DE LA REVOLUCION INDUSTRIAL 73

El uso del reloj se difundía también porque eran cada vez más necesa­
rios para regular el ritmo del trabajo y de la vida cotidiana. De la Revolución
Industrial surgió una sociedad más disciplinada, lo cual permitió sin duda
incrementar la productividad del trabajo y poner a disposición de la gente
muchos más bienes a precios accesibles.
Si ello fue o no favorable para los protagonistas del cambio, sobre todo
para los trabajadores, forma parte de una interminable discusión entre quie­
nes se inclinan por una u otra posición, a la cual volveremos a hacer refe­
rencia más adelante.
4

IOS ffiCTOftCS CONDICIONAMOS D€


IR INDUSTRIALIZACION

La dinámica de la historia económica, de la cual el proceso de industria­


lización es un aspecto, es producto de la interacción de una pluralidad de
factores, entre los cuales se incluyen variables tanto de orden económico
como no económico.
En él inciden sin duda los recursos naturales o la población con la que
cuentan un país o una región, pero también otros aspectos que son mucho
más difíciles de medir. Cuando en 1949 D avid L andes publicó un trabajo so­
bre la industrialización francesa, indicó que le interesaba dar una explica­
ción que fuera más allá de considerar a Francia como un país con una die­
ta “ pobre en minerales” . Tradicionalmente se había insistido en que la ra­
zón principal por la cual Francia no había conseguido una industrialización
tan exitosa como la inglesa o la alemana había sido la escasez de hierro y
carbón. L andes reclamaba una visión que incluyera también factores cultu­
rales, e insistía en remarcar que la sociedad francesa había sido muy con­
servadora con respecto a la innovación tecnológica y a la asunción de los
riesgos que implicaba invertir en sectores no tradicionales. Más allá de que
la hipótesis de L andes haya sido muy discutida, el ejemplo sirve para hacer
evidente la pluralidad de circunstancias que contribuyen a poner en marcha
o a obstaculizar un proceso de industrialización.
A partir del modelo propuesto por R ondo C amhron señalaremos cuatro
grupos de factores como condicionantes de los procesos de industrializa­
ción-. la población, los recursos naturales, la tecnología y los factores ins­
titucionales^

( i ) C am e r o n (1 9 9 5 ).
76 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

Hemos elegido este modelo porque permite abordar la problemática de


la industrialización desde una perspectiva compleja, que incluye una diver­
sidad de variables.

4,1. LA POBLACION
Desde el punto de vista económico, la población de un país constituye
un factor clave, ya que condiciona directamente tanto la oferta de mano de
obra como ia demanda interna de bienes y servicios.
Si bien la cantidad de población incide en la conformación de ía demanda
interna, una población numerosa no basta para generar un gran mercado
para la producción industrial. Para que ello ocurra, es necesario también que
los consumidores dispongan de suficientes ingresos, y que estén acostum­
brados a comprar en el mercado los productos que no puedan o no quieran
elaborar por sí mismos.
Cuando la mayoría de la población de un país vive en el nivel de subsis­
tencia, apenas puede satisfacer sus necesidades elementales, y no dispone
de excedentes que pueda destinar a la adquisición de bienes industriales. En
estas circunstancias, las familias campesinas elaboran en el h.ogar ciertos
productos básicos, como los textiles.
A mediados del siglo XIX, la población de Rusia era muy superior a la de
cualquier país europeo, y también mayor que la de los Estados Unidos. Pero
no contribuía a generar una demanda interna elevada, ya que la mayor par­
te de la población estaba constituida por campesinos en condición de ser­
vidumbre.
El incremento de la población puede ser producto tanto del crecimien­
to vegetativo como de la inmigración, que en muchos países jugó un papel
central a lo largo del siglo XIX y en las primeras décadas del siglo XX. Los
Estados Unidos tenían en 1790 una población de menos de 4 millones de
habitantes; en 1780, de casi 40 millones, y en 1915, de más de 100 millones.
La tasa de natalidad era muy elevada, pero además entre 1870 y 1914 ingre­
saron en el país más de 30 millones de inmigrantes.
La escasa población no es un obstáculo insalvable, ya que la producción
puede destinarse no al consumo interno, sino a la exportación, en la medi­
da en que los países estén integrados en el comercio internacional. Desde
sus orígenes, la industria suiza se desarrolló para la exportación, y la expe­
riencia comercial adquirida desde el siglo XVI contribuyó a que el proceso
de industrialización iniciado en el siglo XIX pudiera sustentarse en la pro­
ducción para mercados externos.
CAP. 4 - LOS FACTORES CONDICIONANTES DE LA INDUSTRIALIZACION 77

Una de ias ventajas que tuvo Gran Bretaña en su proceso de industria­


lización fue que contaba tanto con un mercado interno como con uno exter­
no, a los cuales se destinaba la producción de bienes manufacturados. La
población inglesa creció aceleradamente a lo largo del siglo XVIII, y en ge­
neral sus condiciones de vida eran mejores que las del continente. Además
de ello, existía ya entonces un mercado nacional integrado. Con respecto al
mercado externo, se había consolidado gracias el desarrollo del comercio de
ultramar, a la conquista de territorios coloniales y al poderío naval británi­
co, factores que le otorgaban una considerable superioridad sobre sus com­
petidores del continente.

4,2. LOS RECURSOS NATURALES


La dotación de recursos naturales es otro de los condicionantes de los
procesos de industrialización.
Dichos recursos comprenden no sólo la cantidad de tierra disponible, la
fertilidad del suelo o los recursos naturales tradicionales, sino también el
clima, ía topografía, la disponibilidad de agua y otros aspectos del ambien­
te natural, incluida la posición geográfica.
Las regiones provistas de carbón mineral gozaron durante décadas de
amplias ventajas comparativas, ya que éste fue el combustible que se utili­
zó para accionar las máquinas de vapor y para la fundición de los metales.
Recién en ía segunda mitad del siglo XIX, con la introducción de la energía
hidroeléctrica, países pobres en recursos minerales pero ricos en cursos de
agua, como Suiza e Italia, pudieron abastecerse sin tener que recurrir a la
importación.
E . A . W r e g l e y ha insistido en que la disponibilidad de recursos natura-
les responde en gran medida al azar, y por ello es un factor poco controla­
ble por el hombre. Lo afirma a partir del caso inglés y de sus riquezas mi­
nerales.
Pero también en este campo las ausencias pueden ser suplidas: la indus­
tria más dinámica en Inglaterra durante la Revolución Industrial fue la del
algodón, y la materia prima no podía producirse localmente por razones cli­
máticas. El algodón se importaba de los Estados Unidos, antes y después de
la guerra de la independencia: la actividad comercial compensaba los déficit
de la naturaleza.
78 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

4,3. LA TECNOLOGIA
Uno de los rasgos sobresalientes de la sociedad industrial, desde sus
orígenes, ha sido la permanente innovación tecnológica, que ha hecho po­
sible tanto el incremento sostenido de la productividad como la producción
de nuevos bienes.
El curso histórico del cambio tecnológico ha sido irregular y espasmo-
dico, concentrándose en determinados momentos históricos y en ciertas
áreas geográficas. No es sencillo explicar por qué ha habido sociedades,
como las de Europa Occidental y los Estados Unidos (pero más recientemen­
te también países de tradición no occidental, como Japón), con un mayor
número de individuos creativos que otras.
El historiador inglés H. J. Habakk.uk (1967) (2) distingue tres tipos de fac­
tores que explican que algunos países inventen y adopten métodos mecáni­
cos antes que otros.
En primer lugar, las influencias sociológicas: el valor otorgado a la in­
vención, la capacidad inventiva de la sociedad, la vinculación entre la capa­
cidad inventiva y el ámbito de la producción industrial, y las características
del empresariado, en particular, su disposición hacía la innovación.
Un segundo factor, de orden económico, es el volumen de acumulación
de capital. Cuando ya existe capacidad creada, los empresarios tienen más
oportunidades para adoptar nuevas técnicas y para desarrollar nuevas ideas.
La parte más importante de muchas mejoras no fue una idea nueva, sino la
acumulación de pequeñas m odificaciones realizadas una vez que la idea
había sido llevada a la práctica.
La tercera influencia también está vinculada a la acumulación de capi­
tal, en la medida en que la reducción de la tasa de ganancia que se verifica
como consecuencia del incremento de los costos de producción puede favo­
recer la innovación por parte de los empresarios y estimular el progreso
técnico.
Los siglos XVI y XVII, y el XVHI en sus inicios fueron más notables por
las realizaciones en ía ciencia y en la invención primaría que por ios avan­
ces que aumentaran de un modo conspicuo ia productividad de 1a industria
y la agricultura. Sin embargo, se echaron los cimientos de los grandes avan­
ces técnicos que siguieron.

(2 ) H a p .a k k u k (1 9 6 2 ).
CAP. 4 - LOS FACTORES CONDICIONANTES DEL A INDUSTRIALIZACION 79

4,3,1. INVENCION E INNOVACION

Los economistas e historiadores de la tecnología distinguen entre los


conceptos de invención e innovación. La invención hace referencia funda­
mentalmente a un acto creativo, y la innovación, a su difusión en la esfera
de la actividad económica.
El cambio tecnológico no es necesariamente producto de un acto genial.
En realidad, existen distintos tipos de actos creativos. Una novedad puede
ser fruto de un acto de intuición, de un invento llevado a cabo por una per­
sona superior en condiciones especiales. Pero puede ser también conse­
cuencia de actos de intuición desarrollados en el curso normal del ejercicio
de las habilidades.
Existen m acro in ven cio iies y m icro in v en cio n es. Las macroinvenciones
son aquellos inventos de los que emerge una idea radicalmente nueva, sin
precedentes. Las m icroinvenclones son pequeños pasos progresivos que
mejoran, adaptan y modernizan técnicas existentes que ya están en uso.
M icroinvenciones y m acroinvenciones no se sustituyen, sino que se
complementan. Aunque en términos numéricos las microinvenciones son
más frecuentes, las macroinvenciones son igualmente esenciales en la his­
toria de la tecnología (3).
Un ejemplo permite aclarar estos conceptos. La primera locomotora fue
construida por T r e v i t u í c k en 1804, y fue la aplicación más incipiente de la
máquina de vapor a un medio de transporte. Sin embargo, esta primera loco­
motora era poco práctica porque su capacidad de vapor era baja y porque era
demasiado pesada para los rieles de hierro colado que se usaban entonces. Un
nuevo modelo, ía “Royal George” , construida en 1826, era una locomotora de
carga pesada, pero no adecuada para el servicio de pasajeros. La “ Rocket” ,
construida por Roberí Stephenson & Co. en 1S29, fue la primera locomotora
en que se incorporaron en forma madura todas las características esenciales,
y la primera diseñada para operar a altas velocidades sobre los rieles.
Gracias a una serie de m icroinvenciones o inventos secundarios fue
posible construir una máquina apta para el servicio de transporte de carga
y de pasajeros, que fue utilizada en la primera linca ferroviaria que unió las
ciudades de Liverpool y Mancbester.
El progreso tecnológico depende tanto de la capacidad inventiva de una
sociedad como de la disposición de los empresarios a adoptar nuevos méto­
dos de producción. Como veremos más adelante, el econom ista austríaco
J o s k f h Schumpetkr consideraba que los principales agentes del cambio eco­
nómico eran los empresarios innovadores.' Concebía la innovación en un
sencido amplio, que no se limitaba al cambio tecnológico, sino que además
incluía los cambios organizacionales o la'apertura de nuevos mercados.

(3 ) M o k yr (1 9 9 3 ).
80 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

La teoría evolutiva de la empresa señala que la tecnología no se genera


necesariamente fuera de las empresas, sino que en gran medida se origina
en el seno de ellas. En primer lugar, en el caso de las mícroinvenciones, que
suelen estar estrechamente vinculadas con el trabajo y el uso cotidiano de
las máquinas, pero también como producto de los procesos de investigación
y desarrollo que se llevan a cabo dentro de las firmas.

4,3,2. LA REVOLUCION INDUSTRIAL Y LA INNOVACION


TECNOLOGICA

Los economistas clásicos suponían que eí crecimiento económico tenía


lím ites precisos, determinados por la disponibilidad de los factores de pro­
ducción (tierra, trabajo y capital). La tierra era la principal fuente de alimen­
tos para la población, y casi la única fuente de materias primas empleadas
en la producción industrial. Aun los trabajadores que procesaban los meta­
les dependían de la productividad del suelo, ya que se utilizaba una materia
vegetal— el carbón— para fundir y trabajar el metal.
Lo que para los clásicos limitaba el crecimiento era que todo aumento
de la población exigiría un aumento de la producción, lo que implicaría cul­
tivar tierras más pobres o incrementar las inversiones para aumentar la pro­
ducción de las tierras ya cultivadas, o alguna combinación de ambas posi­
bilidades. En todo caso, ello suponía rendimientos decrecientes del capital
y la reducción del incentivo a la inversión. El mismo proceso de crecimien­
to producía cambios que dificultaban el crecimiento posterior, ío cual los
inducía a tener una visión pesimista de las perspectivas futuras.
Ei camino para escapar de las limitaciones dei principio de rendimien­
tos decrecientes fue la innovación tecnológica y organizativa. Desde el punto
de vista tecnológico, la Revolución Industrial implicó:
a) La utilización de nuevas fuentes de energía inanimada, gracias a la
invención y difusión de la máquina a vapor y al m ejor aprovecha­
miento de fuentes de energía tradicionales, como la energía hidráu­
lica.
b) La utilización de maquinarias destinadas a la producción, y más tar­
de, al transporte. Desde comienzos del siglo XVIII se inició una etapa
de invenciones e innovaciones que no se detuvo hasta el presente,
aunque el ritmo de la innovación no haya sido uniforme.
Como señala L andsjs, cuando se habla de una segunda o tercera re­
volución industrial se está haciendo referencia justamente a una
etapa de aceleración del cambio tecnológico.
c) La utilización de sustitutos para las materias primas de origen ani­
mal y vegetal, cuya disponibilidad era limitada. Las materias primas
CAP. 4 - LOS FACTORES CONDICIONANTES DEL A INDUSTRIALIZACION 81

de origen mineral cumplieron este papel; en primer lugar, el carbón


y el hierro. Si bien son recursos no renovables que en largo plazo
pueden agotarse, sus reservas eran tan amplias que a los fines prác-
ticos podían responder a los incrementos de la demanda.

4,4. LOS FACTORES INSTITUCIONALES


Las instituciones sociales juegan un papel relevante en los procesos de
industrialización, combinándose e interactuando con los otros factores
mencionados. Las condiciones políticas, ía legislación, las políticas públi­
cas, el sistema educativo, las características de los grupos empresarios y, en
general, los rasgos culturales de una sociedad contribuyen activamente a
acelerar o retrasar el crecimiento económico.

4,4,1. EL MARCO JURIDICO

El desarrollo económico puede tener lugar en una variedad de contextos


institucionales, pero en cualquier caso no puede desconocerse la influencia
que ejerce ei marco jurídico sobre la actividad económica. En términos muy
generales, puede reducirse el problema a dos opciones extremas; un marco
legal fuertemente regulatorio de la actividad privada o un marco legal que
estimule el laissez Jaire, la libre iniciativa y los mecanismos de mercado.
Algunos historiadores económ icos, como D ouglass N orth y M ax H art-
w eu, {4L ambos partidarios del laissez Jaire, han remarcado la importancia
de los derechos de propiedad a la hora de comprender el funcionamiento del
sistema económico. Este tipo de enfoque, que hunde sus raíces en la eco­
nomía institucional, revaloriza el papel del derecho entre los determinantes
de la conducta económica.
Para N orth, el funcionamiento de todo sistema económico está determi­
nado por un conjunto de reglas básicas del jsxego, que en su mayoría toman
la forma de derechos de propiedad. Ello se debe a que los derechos de pro­
piedad proporcionan el juego básico de incentivos que formenta o desalienta
la actividad económica: para garantizar la inversión, según N orth, es nece­
sario que existan expectativas suficientes de ganancia.

(4 ) H artv /£u . (1 9 8 1 ); H a r t w e l l y N o rth (1 9 8 1 ); N or th y T ho m as (1 9 7 8 ).


82 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

El sistema legal en su conjunto puede actuar o no para fomentar la efi­


ciencia. N orth y H artwell consideran que la organización económica eficaz
es la principal condición del crecimiento, ya que proporciona los incentivos
suficientes para que los individuos lleven a cabo actividades productivas.
H a r t w e l l ha afirmado que durante el período que desembocó en la Revo­
lución Industrial y en el transcurso de ella, el derecho y las instituciones
jurídicas inglesas fueron importantes para determinar el liderazgo industrial
de Inglaterra y para mantenerlo durante la mayor parte del siglo XIX. En su
enfoque, los cambios jurídicos que se fueron dando desde el siglo XVII am­
pliaron las libertades económicas e hicieron más explícitos y menos limita­
dos los derechos de propiedad. El resultado fue reforzar el mercado como
principal mecanismo coordinador de la asignación de recursos, eliminando
los mecanismos regulatorios heredados del Antiguo Régimen.
El mismo H artwell considera, al estudiar la industrialización en el con­
tinente europeo, que su ritmo se adecuó a la adaptación, por parte de los
diversos países, de nuevos códigos civiles y comerciales, basados en el
modelo napoleónico, que garantizaban los derechos de propiedad y abolían
las viejas normas heredadas del período feudal.
Los trabajos de H a r t w b l l y N o r t h reflejan una posición fuertemente mer-
cadista y privatisla, y consideran que, en general, las regulaciones obstacu­
lizan el desarrollo. Otros autores, en cambio, remarcan que un marco regu-
latorio puede ser el motor de un proceso de industrialización.
Para el caso inglés, P atrick O 'B rien y otros han remarcado cómo una le­
gislación protectora que gravaba con altos impuestos la importación de te­
las de algodón favoreció el desarrollo de la industria algodonera desde prin­
cipios del siglo XVIII (5).
Otro tema que reviste gran interés es el de la legislación comercial. Esta
puede facilitar o no, por ejemplo, la formación de sociedades. A medida que
el tamaño de las empresas se acrecienta, junto a las sociedades simples se
van desarrollando las de responsabilidad limitada y las anónimas. La legis­
lación en cuanto a estas últimas variaba en el siglo XIX de país a país: era
muy restrictiva en Inglaterra y muy liberal en los Estados Unidos, lo cual
contribuyó en este país al desarrollo de la gran empresa.
En lo que hace a la legislación laboral, en la sociedad preindustrial exis­
tían normas muy precisas que regulaban los salarios y la actividad laboral,
pero la tendencia desde el s ig lo XVIII me ir aboliendo las reglamentaciones,
favoreciendo la iniciativa individual y la liberaiización del mercado de traba­
jo. Se llegó a la abolición de los gremios y a la prohibición de las asociacio­
nes obreras, medidas que comenzaron a ser revocadas desde mediados del
siglo XIX como consecuencia de la reacción y la lucha de los trabajadores.

(5 ; O 'B w k s ; G wfiths y H vkj {1991).


CAP. 4 - LOS FACTORES CONDICIONANTES D EL A INDUSTRIALIZACION 83

Como sabemos, ei tema de la regulación y la desregulación dei mercado de


trabajo sigue teniendo una gran vigencia en nuestros días.

4,4,2. EL PAPEL DEL ESTADO

Como ya señalamos, G erschenkron había observado que en aquellos paí­


ses en los que ei sector privado no protagoniza los procesos de industriali­
zación y desarrollo, el Estado puede asumir ese rol, impulsando medíante
políticas públicas activas los cambios requeridos.
Ei daba como ejemplo a la Rusia zarista, pero se pueden agregar muchos
otros, como, el de Japón. A llí desde la segunda mitad del siglo XIX fue la ac­
ción del Estado la que promovió la industrialización y la modernización, con­
tribuyendo a la vez al fortalecimiento de la empresa privada y de los grandes
grupos económicos.
Como muchos otros temas, el del papel del Estado en los procesos de
industrialización y, en general, el de la intervención del Estado en la econo­
mía han dado lugar a encarnizados debates.
La tradición liberal considera que el Estado debe ser lo más prescinden-
te posible y que ia econom ía debe ser librada a las fuerzas del mercado.
Otras corrientes de pensamiento le atribuyen, en cambio, un papel mucho
más dinámico en la actividad económica, y sostienen que el Estado debe
corregir las falencias del mercado y promover la industrialización y el desa­
rrollo.
Hoy en día suele predominar la idea de que el Estado debe intervenir lo
menos posible, pero al finalizar la Segunda Guerra Mundial, la posición más
difundida era la contraría: tanto en los países desarrollados como en ios
subdesarrollados, se confiaba en el Estado como motor del desarrollo.
Al margen del problema de las ideas dominantes entre los economistas
en la discusión sobre el problema del desarrollo (G), la experiencia históri­
ca ofrece abundantes ejemplos en los que ía acción estatal impulsó la indus­
trialización. Lo hizo a través de medidas tales como la protección aduane­
ra, los incentivos a la inversión, la construcción de una infraestructura de
transportes y servicios, o la participación directa en la actividad empresaria.
Ofrece también otros ejem plos de países que lograron un desarrollo
sostenido con un mínimo de protección estatal. Los Estados Unidos y A le­
mania aplicaron altos aranceles a la importación en los primeros tiempos de
su industrialización; Inglaterra, en cambio, se inclinó tempranamente por el
íibre comercio.

{6 ) K r u g m a n (1 9 S 6 ).
84 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

El Estado puede también asumir un papel más indirecto como promotor


de la industrialización, fomentando, por ejemplo, el sistema educativo o la
investigación científica; asimismo, asumiendo la función de redistribuir el
ingreso mediante políticas sociales. En todo caso, la historia económica
sirve para mostrar que hay una multiplicidad de caminos, y que no existen
recetas infalibles.

4,4,3. LAS INSTITUCIONES FINANCIERAS

No puede existir un proceso de industrialización sin inversión. Una de


sus condiciones básicas es, sin duda, la oferta de capital.
Puede darse el caso de que los empresarios dispongan de capitales pro­
pios, acumulados en la industria o en otras actividades económicas. Sin
embargo, lo más frecuente —salvo en el caso inglés— fue que recurrieran al
crédito.
Las instituciones financieras cumplen diversas funciones. Sirven como
intermediarias entre los ahorristas y los inversores, pueden proporcionar
medios de pago, financiación, e incluso, iniciativa y especulación.
En algunos países, como Francia y Alemania, el papel de los bancos fue
muy significativo durante el proceso de industrialización. A llí nacieron los
bancos de inversión, especializados en el crédito a largo plazo para financiar
las actividades industríales.

4,4,4. EL SISTEMA EDUCATIVO

La importancia del capital humano en el desarrollo económico ha sido


enfatizada por los economistas desde el siglo XVIII. A dam S mith decía que un
hombre educado a costa de mucho trabajo y de mucho tiempo se puede com­
parar a una máquina muy costosa, que por su rendimiento permitirá repo­
ner el capital invertido en ella y procurará, además, un beneficio.
¿En qué medida 3a educación contribuye a sustentar ios procesos de
crecim iento y de industrialización?
Una primera cuestión se refiere a ía educación que podem os llamar
masiva, del conjunto de la población, que se mide a través de la tasa de al­
fabetización y de la escolaridad. No es sencillo establecer una correlación
directa entre estas variables y el desarrollo, aunque desde el punto de vis­
ta cualitativo no puede ignorarse que un país con un buen sistema de edu­
cación básica debería contar con ventajas a la hora de emprender un proceso
de industrialización. Esto parece confirmarse más para el siglo XIX que para
CAP. 4 - LOS FACTORES CONDICIONANTES DE LA INDUSTRIALIZACION 85

el siglo XVIII, ya que en Inglaterra la Revolución Industrial tuvo lugar con


una población con un nivel educativo muy bajo. Pero a medida que la indus­
trialización avanza, la capacitación se va convirtiendo en un requisito indis­
pensable, ya que el grado de instrucción requerida para los trabajadores se
eleva.
En palabras de Cameron, “mientras que para los niños que trabajaban en
las fábricas algodoneras de Manchester no era necesario saber leer y escri­
bir, es inconcebible que una industrialización que ponga en juego una tec­
nología avanzada y que se extienda a una amplia gama de industrias pueda
realizarse sin una población trabajadora altamente alfabetizada” (7).
Por otra parte, la educación sirve también como experiencia de discipli-
namiento que facilita la incorporación en el mundo del trabajo.
En cuanto a la educación de elite, ella garantiza la formación de los
cuadros técnicos y empresariales, y permite sustentar el desarrollo cientí­
fico y tecnológico. En las primeras etapas del proceso de industrialización,
hasta mediados del siglo XIX, la innovación tecnológica no estuvo necesa­
riamente ligada al avance de la ciencia. Muchos de los primeros inventos
fueron realizados por artesanos habilidosos sin formación científica. Pero
ello se fue modificando al punto que desde fines del siglo XIX los avances
en la tecnología fueron de la mano del conocimiento científico.

4,4,5. EL FACTOR EMPRESARIAL

¿Qué papel cumplen los empresarios y las empresas en los procesos de


crecimiento económico?
A partir de J. B. Say, los economistas han tomado en consideración la
función del empresario como aquel que combina los factores productivos en
eí ámbito del proceso de producción y que asume los riesgos financieros
consecuentes. A lfred M ajíshall proponía considerar el factor empresarial (o
factor organización) como un cuarto factor de producción, agregándolo a los
tres factores clásicos: tierra, trabajo y capital.
Más recientemente, S o l o w ha enfatizado que el crecim iento económico
no puede ser explicado sólo a partir del incremento de ínputs de los facto­
res clásicos. Define el residuo como la parte del producto que no puede ser
atribuida al crecimiento de los medios de producción, sino a otros factores
ligados al capital humano.

(7 } C a m e ro n (1 9 8 1 ).
86 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

Gran parte del residuo se origina en el ámbito de la empresa, determina­


do por dos elementos. Por un lado, el sistema organizativo en cuyo ámbito
se lleva a cabo ia combinación de los factores productivos y en el que se
elaboran las estrategias. Por otro, la preparación, la experiencia y la capaci­
dad de quienes conducen las empresas.

4,4,6. SCHUMPETER Y LA TEORIA DEL EMPRESARIO


INNOVADOR

El economista que más contribuyó a la consideración del factor empre­


sarial como una variable clave en los procesos de desarrollo fue J oseph
S chumpeter. A diferencia de los economistas neoclásicos, que centraban su
interés en la economía en equilibrio, S chumpeter trató de explicar el cambio
económico, y en particular, los procesos de desarrollo.
En su Teoría del desenvolvim iento económ ico, publicada por primera
vez en alemán en 1911. señalaba la función empresarial com o la variable
clave del desarrollo económico {*).
S chumpeter sostenía que la teoría económica debía explicar las alteracio­
nes del equilibrio, en particular, las que. se verifican en la técnica y la orga­
nización productivas. Afirmaba que los cambios económicos se originan en
el ámbito de los productores, gracias a la acción de los empresarios innova­
dores, que eran capaces de “poner en práctica nuevas combinaciones” .
En función de ello, consideraba a los empresarios innovadores como “el
fenómeno fundamental del desenvolvimiento económ ico’’.
El modelo de empresario que ofrece S chumpeter es fundamentalmente el
empresario individual, el ‘"patrón'’ de fábrica, característico de las primeras
etapas de la industrialización, del cual un ejemplo es J osiab W edgwood.
Aunque este tipo de empresario sigue existiendo, más que nada en las
pequeñas y medianas empresas, desde fines del siglo XIX se ha ido produ­
ciendo la expansión de las grandes empresas, en las que la función indivi­
dual dei empresario ha sido reemplazada por la de la organización.
A medida que se han ido desarrollando las sociedades anónimas y que
se han ido expandiendo las empresas con una organización gerencia!, mu­
chas de las reflexiones de S chumpkter deben ser reconsideradas. Más que los

(8 ) SCilUMPKTBtt ( i 9 5 / }
CAP. 4 — LOS FACTORES CONDICIONANTES DE LA INDUSTRIALIZACION 87

empresarios individuales, son las empresas como organizaciones las que


pasan a ser las protagonistas de la innovación. La administración de empre­
sas pasa de ser el resultado de la intuición a convertirse en una disciplina
con status científico.
Los estudios más recientes sobre el factor empresarial en una perspec­
tiva histórica están más orientados hacia el análisis de la empresa como
estructura administrativa, del management y de las estrategias de la direc­
ción. Es el caso de los trabajos del historiador norteamericano A lfred C han-
d l e r , a los cuales haremos referencia más adelante.

Más allá de ello, la obra de S cbumpeter ha sido central para estimular el


interés por el factor empresarial y la reflexión histórica sobre la problemá­
tica de la innovación. A partir de sus propuestas, lo que podemos preguntar­
nos es hasta dónde es posible un proceso exitoso de desarrollo sin empre­
sarios y empresas innovadores, capaces de aceptar los riesgos de la incer-
tidumbre y del cambio. O, en todo caso, como diría G srschenkron, interrogar­
nos acerca de qué instituciones han reemplazado a la empresa privada en
esa funciója.
El riesgo de atribuir un peso excesivo a cualquier-factor explicativo en
detrimento de otros es perder de vista la complejidad de los procesos histó­
ricos. A propósito del factor empresarial, me parece útil transcribir un tex­
to del historiador alemán J ürgen K ocka . “ Si los recursos empresariales y
gerenciales son un factor independiente que facilita el proceso de industria­
lización o también una de las condiciones estratégicas preliminares de la
industrialización (o del desarrollo económico en general}, o son, en cambio,
una forma de simple adaptación casi automática a las nuevas exigencias
emergentes con la aparición de determinados factores ambientales (como las
oportunidades de mercado, la disponibilidad de factores de producción, las
posibilidades de beneficio, las invenciones, etc.), es una cuestión muy deba­
tida que ha tenido respuestas diversas, debidas en gran parte a la especia-
íización de los estudiosos, ai clima intelectual, a los intereses científicos y
no científicos, y a otra serie de motivos,” Según K ocka , el rol del empresa-
riado no puede ser considerado con independencia de los factores ambien­
tales. “ Pero no debería haber ninguna duda de que el problema no puede
comprenderse en forma adecuada sin hacer referencia al espíritu de empresa
y al management, al menos en la óptica de las relaciones entro input, por
una parte, y el desarrollo y el crecimiento económicos, por la otra” (■').

( 9 ¡ K o c k a (1 9 8 6 ).
88 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

4,4,7, FACTORES CULTURALES Y SISTEMAS DE VALORES

Este es, sin duda, uno de los temas más controvertidos y menos men­
surables a la hora de explicar los procesos de industrialización. ¿Son cier­
tos sistemas de valores más adecuados que otros como marco de un proceso
de industrialización?
A principios de este siglo, M ax W eber publicó un libro que tuvo una gran
repercusión, titulado La ética protestante y el espíritu del capitalism o ( ’0}.
Diversos trabajos de campo habían arrojado com o resultado lo que W eber
llamaba “el carácter eminentemente protestante tanto de la propiedad y
empresas capitalistas, como de las esferas superiores de las clases trabaja­
doras \ A partir de esta comprobación, elaboró la tesis de que la reforma
protestante, y sobre todo, el calvinismo, había jugado un papel clave en el
desarrollo del capitalismo en Europa. Indicaba que existen fuertes conexio­
nes de la ética económica moderna con la ética racional del protestantismo
ascético, y en general, que existen conexiones entre ‘‘las más importantes
religiones habidas en e} mundo” y la economía y la estructura social del
mundo en que nacieron.
Aclaremos que W eder consideraba que la relación entre la religión, por
un lado, y la estructura económica y social, por el otro, era mu}r compleja,
y rechazaba tanto las interpretaciones materialistas de la cultura como el
unilateral causalismo espiritualista".
Mas recientemente, un historiador japonés, M. M orsshima, aplicó el mo­
delo de W eber para el Japón (n). Según M grjshíma, el confucíanismo había
cumplido allí el papel del calvinismo en Europa. Para M orishima, ciertos ras­
gos de la cultura japonesa, como el sentido de las obligaciones mutuas, la
disciplina, el respeto por ios ancianos o la búsqueda de consenso, permiten
explicar el éxito económico del país. Dichos rasgos son para él producto de
la moral confucianista, que enfatiza el sentido del deber, del trabajo y del
colectivismo. Muchos otros autores han retomado esta posición no sólo para
el caso de Japón, sino también para otros países asiáticos.
Estos ejemplos nos sirven como punto de partida para reflexionar sobre
la relación entre factores culturales y desarrollo económico. También en este
tema existen posturas extremas.
Por una parte, está la visión materialista, que ve a la cultura como un
subproducto de la estructura económica y social, y de ninguna manera como
un factor determinante del desarrollo. El marxismo economicista es un ejem­
plo de ello.

(1 0! Weber (1 9 6 9 ).

(1 1 ) M oríshima (1 9 8 8 ).
CAP. 4 - LOS FACTORES CONDICIONANTES DE LA INDUSTRIALIZACION 89

Por la otra, se encuentran las visiones culturalistas, que invierten el


orden. La sociología funcionalista norteamericana, por ejemplo, atribuye a
los valores sociales un papel decisivo en la explicación de la acción social.
Con respecto al proceso de industrialización, muchos estudiosos se han
preguntado por qué tuvo lugar en algunos países occidentales, y qué aspec­
tos de la cultura occidental pudieron contribuir a ello. D avid L andes , por
ejemplo, retomando muchas de las propuestas de W eber , considera que de­
terminados rasgos culturales de Occidente, como el racionalismo y la “ éti­
ca faustiana” de dominio sobre la naturaleza, fueron las bases del desarro­
llo de la ciencia y de la consecuente innovación tecnológica. “ La voluntad de
dominio, el enfoque racional de los problemas al que podemos llamar méto­
do científico, la competencia por la riqueza y el poder, todo este conjunto de
fenómenos consiguió eliminar la resistencia impuesta por las formas tradi­
cionales de comportamiento e hizo del cambio un valor positivo” (12).
Si aun en los datos cuantitativos sobre el crecimiento económico exis­
ten puntos de vista divergentes, en el terreno del impacto de los factores
culturales las posiciones son múltiples. A comienzos de los años cincuen­
ta, G srschenkron discutía con L andes y otros acerca del caso francés y, en
general, sobre la relación entre sistemas de valores y desarrollo económico.
Con manifiesta ironía, sostenía que “puede que las variaciones observadas
en el comportamiento seguido con respecto a las actividades empresariales
no dependan del sistema de valores dominante y del grado de aprobación
social con que éstas se encuentran, sino que sean el resultado — y sin duda
alguna lo son— de factores tales como el nivel de renta, las condiciones de
vida, la cantidad de recursos naturales con que cuenta un país, etc.” ( 13).
Sin embargo, que no haya certidumbres con respecto al papel de los fac­
tores culturales no implica que sea ocioso considerarlos, siempre que se evi­
ten los riesgos de las explicaciones monocausales.

{1 2 ) L a n d e s (1 9 7 9 ).

(1 3 ) G erscsíiíkkkon (1 S 6 8 ).
5
*18^3538323

10 R6VOLUCION" INDUSTRIAL
€N GRAN BR€TfiÑA

5,1. LOS PRIMEROS PROCESOS HISTORICOS


DE INDUSTRIALIZACION
Desde el siglo XVlll, Europa Occidental se transformó en la cuna de la
industria moderna. La Revolución Industrial comenzó en Inglaterra y desde
allí se difundió hacia el continente, afectando a las distintas naciones y re­
giones con ritmos diversos.
Los países continentales que primero transitaron el camino de la indus­
trialización fueron Bélgica, Francia, Suiza y Alemania. La industria moder­
na fue después extendiéndose hacía los países escandinavos, y los de Europa
del Sud y del Este, incluyendo Rusia. Para fines del siglo XÍX, la industria­
lización era un proceso en marcha en la mayor parte del territorio europeo.
Fuera de Europa, el único país que se industrializó tempranamente fueron
los Estados Unidos, donde el proceso se inició ya en las primeras décadas
del siglo XIX.
A partir de esa evidencia, una inquietud común a muchos historiadores
que estudian estos temas es tratar de comprender por qué fue Europa la
primera región industrial, y no otras zonas del planeta, considerando que
existían en el siglo XVIÍI algunas áreas con un considerable desarrollo eco­
nómico, político y cultural, como el Medio Oriente Islámico, la China o la
india.
Diversos autores han insistido en que el problema de las causas de la
Revolución Industrial debe ser estudiado, en primer lugar, no tanto desde la
especificidad inglesa como desde la especificidad europea. Es decir, sostie­
nen que ciertos rasgos comunes a los países de Europa Occidental, distin­
tos a su vez de los de las otras regiones del mundo, explican que el proce­
so de industrialización se haya iniciado en Europa, y que el caso de Ingla­
terra debe ser visto dentro de este contexto.
92 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

Eme J ones afirma que no hay que dar prioridad al estudio de los elemen­
tos “ únicos" del caso inglés, y que “ es mucho más instructivo considerar
que Gran Bretaña estuvo afectada por unas fuerzas que estaban actuando en
el conjunto del continente europeo, y a partir de las cuales se destacó lige­
ramente como la primera potencia industrial sobre la base del cambio tec­
nológico en la manufactura del algodón y del hierro” (l).
A la hora de explicar la especificidad europea, las razones esgrimidas
son múltiples y diversas. Citaremos sólo a algunos autores que han reflexio­
nado sobre este tema, con la finalidad de ofrecer algunas interpretaciones
alternativas que puedan servir de base para una posterior profundización.
Para D avid L andes, la clave debe ser buscada en ciertos rasgos culturales
y políticos de las sociedades europeas desde fines de la Edad Media. Entre
ellos destaca, en primer lugar, la función de la iniciativa económica privada,
respaldada por el respeto a los derechos de propiedad y por la consolidación
de unidades políticas en competencia entre sí (las ciudades Estado, prime­
ro, y los Estados nacionales después). Todo eso, según L andes, habría favo­
recido la actividad comercial y el desarrollo de una clase mercantil de gran
vitalidad y creciente influencia, que jugó un papel decisivo en el proceso de
expansión económica y de disolución del viejo orden feudal.
El segundo elemento clave de la peculiaridad europea es para L andes “el
alto valor atribuido a la manipulación racional del medio natural” , lo cual
puede descomponerse, a su vez, en dos elementos: “L a racionalidad y lo que
podríamos llamar el sentido de dominio faustiano sobre el hombre y la na­
turaleza". En esta interpretación, L andes coincide en gran medida con la tesis
de M ax W eber acerca de la vinculación entre la ética protestante y eí desa­
rrollo del capitalismo. Pero también sostiene que la ciencia constituyó el
puente perfecto entre la racionalidad y el dominio, y que el avance científi­
co hizo posible, por su parte, el desarrollo tecnológico.
Según L andes, “ la voluntad de dominio, eí enfoque racional de los proble­
mas al que llamamos método científico, la competencia por la riqueza y ei
poder, todo este conjunto de fenómenos consiguieron eliminar la resisten­
cia impuesta por las formas tradicionales de comportamiento e hicieron del
cambio un valor positivo” . Agrega que, sin duda, estas ventajas se vieron
reforzadas por la conquista de territorios extraeuropeos, y el ejercicio de la
violencia y el poder, lo cual tuvo consecuencias muy desiguales que, a su
vez, profundizaron la distancia entre el mundo de los países colonizadores
y los colonizados. No obstante, insiste en que el imperialismo no es de nin­
gún modo una explicación suficiente, ya que las sociedades que sufrieron la
conquista europea no esta.ban en camino de llevar adelante una revolución
industrial cuando fueron sometidas por las potencias colonialistas P).

(1 ) J on es (1 9 9 0 ).

(2 ) Lan d es (1 9 7 9 ).
CAP. 5 - L A REVOLUCION INDUSTRIAL EN GRAN BRETAÑA 93

J ones sostiene, al igual que L andes , que lo que denomina “ el milagro


europeo” debe ser comprendido como un proceso de muy largo plazo, que
se vislumbra, por lo menos, desde fines de la Edad Media. Considera que la
industrialización tuvo lugar en primer término en las economías de merca­
do, “ donde no sólo los productos, sino también los factores de producción
podían comprarse y venderse libremente” . Una vez constatado ello, no cree
que las fuerzas del mercado puedan ser comprendidas sin tener en cuenta
el papel del poder político, al que también atribuye un rol significativo a la
hora de explicar la génesis de la economía moderna.
Además de ello, insiste con énfasis en que Europa se vio favorecida por
las condiciones de producción que, como señalaba M arx, no pueden generar­
se a sí mismas. Para J ones , Europa poseía características tan especiales de
emplazamiento, localización y dotación de recursos que lo llevan a asirse a
una explicación ambiental, aunque entiende que el papel de los factores
ambientales fue esbozar las sendas con menores costos para la acción hu­
mana, que siguió siendo decisiva.
Desde este punto de vista, sostiene que tanto la fructífera variedad po­
lítica como la acumulación de capital y el comercio pueden, en parte, expli­
carse como ajustes al emplazamiento y a los recursos concretos de Europa.
Señala, por ejemplo, que en el continente europeo las catástrofes naturales
fueron menos frecuentes que en Asia, o que la geografía contribuyó a la
conformación de los Estados nacionales, en cuyo marco tuvo lugar el pro­
ceso de modernización. También afirma que la variedad topogeográfica, cli­
mática y geológica supuso un amplio abanico de recursos, lo cual generó el
desarrollo del comercio multilateral.-
J ones incluye, además, factores de otro orden. Indica que el contexto
cultural de Europa, de carácter único, contribuyó asimismo a la acumulación
de capital y la elevación de los niveles de vida, o que los Estados naciona­
les europeos fueron más adecuados para el crecimiento económico que los
imperios despóticos de Oriente, ya que favorecieron el intercambio y la com­
petencia, y respetaron más la propiedad privada. En este sentido destaca
que, desde su punto de vista, el crecimiento a muy largo plazo de Europa “no
fue tanto el resultado de una conjunción de fuerzas que prom ovieron el
desarrollo como la consecuencia de la eliminación de los impedimentos” (3).
Paul B airoch se pregunta por qué el desarrollo económico moderno co­
menzó en Inglaterra, y enumera ocho respuestas posibles, cada una de ellas
enfatizando el peso de un factor determinado. Dichos factores son la religión
y las mentalidades, la estructura política, la dotación de recursos naturales,
eí comercio internacional, la colonización, la existencia de grandes núcleos
urbanos, un nivel avanzado de desarrollo y un crecimiento demográfico rá­
pido. Después de analizarlos uno por uno, llega a la conclusión de que no

( 3 ) J o n e s (1 9 9 0 ).
94 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

son excluyentes de Inglaterra, sino que se encuentran en diversos países


europeos, a partir de lo cual sostiene que la pregunta "¿por qué Europa?”
es casi tan pertinente como el interrogante “¿por qué Inglaterra?” .
Buscando la respuesta a la primera de dichas cuestiones, señala que
sólo puede obtenerse comparando la situación de Europa con la de otras
regiones avanzadas, particularmente, la China. Para B airoch, los elementos
decisivos serían cuatro: el espíritu europeo abierto al cambio, las caracterís­
ticas geográficas del continente (incluyen la localización, el clima templado
y la disponibilidad de energía), el fraccionamiento político (que favoreció, a
su vez, la competencia entre Estados, y a partir de ella, el desarrollo del
comercio y la innovación tecnológica) y, por último, la existencia de ciuda­
des de dimensiones más modestas que las de los grandes imperios asiáticos
(que absorben una proporción demasiado alta de los excedentes agrícolas) (*}.

5,2. LA REVOLUCION INDUSTRIAL


EN GRAN BRETAÑA
El estudio de este tema puede iniciarse con una pregunta que se formula
la mayor parte de los historiadores: ¿Qué factores explican que Inglaterra
haya sido la “primera nación industrial"? ¿Por qué ella y no otros países que
en el siglo XVIII le disputaban la primacía comercial y económica, como
Holanda y Francia?
Hemos visto en el punto precedente que buena parte de las razones que
pueden aducirse para explicar las ventajas británicas eran comunes a varios
países europeos. Pero, más allá de eso, ciertas condiciones específicas de
Inglaterra y la combinación de todas ellas dieron como resultado la prime­
ra Revolución Industrial.
Debe destacarse en primer término que la economía británica creció a lo
largo de todo el siglo XVIII, y que la Revolución Industrial tuvo lugar en el
marco de una expansión secular. Inglaterra era uno de los países más ricos
del mundo al iniciarse la Revolución industrial, y su situación era muy di­
ferente de la de los países subdesarrollados del siglo XX.
En las páginas que siguen, haremos referencia a los principales factores
que sirvieron de punto de partida para la primera Revolución Industrial.

(4 ) B a ir o c h (1 9 9 7 ).
CAP. 5 - L A REVOLUCION INDUSTRIAL EN GRAN BRETAÑA 95

5,2,1. LA ECONOMIA BRITANICA EN EL SIGLO XVIII

5,2,1,1. La población

Desde fines dei siglo XVII, la población inglesa comenzó a aumentar a un


ritmo acelerado, muy superior al de los países de Europa Occidental, tal
como se observa en el cuadro 1. En las primeras décadas del siglo XIX, cre­
ció más deprisa que en cualquier período anterior o posterior de la historia
inglesa.

País es 1680 1820 1900

Inglaterra 4, 9 11,5 30 , 5
Francia 21,9 30,5 38,5
Holanda 1,9 2,0 5,1
Alemania 12,0 18,1 43,6
Europa Occidental 71 ,9 1 1 6 ,5 201 ,4

Fu ent e: W r i g l e y , £. A., G e n te s , ciu d a d e s y riqu e za . Crítica, Barcelona, 1992.

Cuadro 1. Población estimada (en millones).

El crecimiento demográfico tuvo como causa inmediata "rincipal el au­


mento de la fecundidad, y en menor medida, el descenso de la mortalidad.
El crecimiento de la fecundidad fue, a su vez, consecuencia del incremento
de la nupcialidad y de la reducción de la edad del matrimonio (5).
¿Por qué creció el número de matrimonios desde fines del siglo XVÍI?
Ello tuvo que ver fundamentalmente con las condiciones económicas favo-
rábles de la economía, ya que aunque las decisiones matrimoniales se ven,
sin duda, afectadas por un conjunto de presiones individuales y sociales,
además de las influencias económicás, la nupcialidad tiende a incrementarse
en las etapas de prosperidad. En Inglaterra, durante un largo período que
duró más de un siglo, los incentivos para casarse aumentaron continuamen­
te, y ios frenos disminuyeron a medida que las rentas reales crecían.
En ios siglos precedentes, todo aumento de la.población generaba a la
larga un alza de los precios de ios alimentos, al tiempo que la capacidad
productiva de la economía llegaba a sus límites. Cuando el crecimiento de­
mográfico superaba dicha capacidad, el precio de ios alimentos se elevaba.
Con ello se generaba un desequilibrio que desembocaba en un aumento de
1a mortalidad, una reducción de la fecundidad y el posterior descenso de la
población.

{5 j Wfíir.LKV f i 9S 2 ).
96 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

Por esta razón, los economistas ingleses que escribieron a fines del si­
glo XVIII, como A dam Smith o R obert M althus. veían el crecimiento demográ­
fico de su época como un proceso que terminaría en un desastre o en una
contracción económica.
Cuando M althus publicó en 1798 su Prim er ensayo sobre la población (6),
estaba alarmado por el crecimiento de la población británica a lo largo del
siglo XVIII. M althus sostenía que.la capacidad de crecimiento de la población
era infinitamente mayor que la capacidad de la tierra para producir alimen­
tos para el hombre. Señalaba que mientras que la población puede aumen­
tar en progresión geométrica, los alimentos aumentan sólo en progresión
aritmética. “ En igualdad de las demás circunstancias, se puede afirmar que
la población de un país está en función de la cantidad de alimentos huma­
nos que produce; y su felicidad, determinada por la generosidad con la cual
estos alimentos son distribuidos, o, lo que viene a ser lo mismo, por la can­
tidad de productos que el trabajo de un día es susceptible de adquirir.”
El problema que él veía era que la mejora de las condiciones económi­
cas generaba un aumento de población, pero que la población crecía más
deprisa que la producción. Consideraba que era el instinto natural de las
personas —la atracción entre los sexos—■lo que las llevaba necesariamen­
te a reproducirse cuando la situación económica era favorable.
El desequilibrio entre la oferta de alimentos y el crecimiento de la pobla­
ción podía, según M althus, resolverse por dos caminos. Uno era el que his­
tóricamente había servido de freno al crecimiento demográfico: el incremen­
to de la mortalidad como consecuencia de la enfermedad y el hambre. Al
aumentar la mortalidad, la población se reducía, y el equilibrio se restable­
cía. Lo que él proponía, en cambio, era la reducción de la natalidad, a través
del matrimonio tardío y del control de la reproducción, si bien era pesimis­
ta porque no creía en la capacidad de las personas, fundamentalmente de las
clases populares, para reprimir sus instintos.
Las previsiones de M althus no se cumplieron, y el crecim iento de la
población, tanto de Gran Bretaña como del continente, 110 desembocó en un
período de hambre y mortalidad. Lo que todavía no podían percibir los con­
temporáneos era que las condiciones en la Inglaterra del siglo XVIII diferían
de las de los siglos precedentes.
Estaba desapareciendo la correlación positiva entre tasa de crecimien­
to de la población y tasa de cambio de los precios de ios alimentos, lo cual
permitía mantener un aumento sostenido sin que se verificaran las conse­
cuencias catastróficas que la experiencia de los siglos precedentes augura­
ba. Ello se debía principalmente al incremento de la producción agrícola, que
había posibilitado satisfacer la creciente demanda generada por el aumento
de la población.

(6 ) M a l t h u s (1 9 8 2 ).
CAP. 5 — LA REVOLUCION INDUSTRIAL EN GRAN BRETAÑA 97

5,2,1,2. Las transformaciones en la agricultura

La principal actividad económica en la Inglaterra del siglo XVIII era la


agricultura, cuya productividad creció de modo constante en los siglos an­
teriores gracias a la introducción de mejoras en las técnicas de cultivo.
El incremento de la producción agrícola permitió no sólo que la pobla­
ción creciera a un ritmo acelerado, sino también que una proporción cada
vez mayor de ella pudiera trabajar en actividades no agrícolas, con lo cual
aumentó la oferta de mano de obra para la industria y los servicios.
Diversos autores han sostenido que la Revolución Industrial no hubie­
ra sido posible sin una precedente “ revolución agrícola” (7), que al incremen­
tar la producción agraria habría permitido y fomentado un desarrollo sin
precedentes de los sectores industrial y minero.
El concepto de revolución agrícola está hoy más cuestionado aun que el
de revolución industrial, y muchos autores prefieren utilizar la expresión
"nueva agricultura” (s). La palabra “revolución” da la idea de cambios acele­
rados, mientras que la difusión de las innovaciones en las técnicas agríco­
las fue muy gradual. El proceso se inició en los Países Bajos a fines de la
Edad Media, y los cambios se fueron incorporando, lentamente, en Inglate­
rra y Europa continental.
La agricultura tradicional tenía una serie de rasgos que hacían nvuy di­
fícil lograr incrementos en la productividad. El sistema de rotación que se
utilizaba desde la Edad Media dejaba en cada estación un tercio de la tierra
en barbecho, es decir, sin cultivar, para evitar su agotamiento. Como los
rendimientos eran bajos, la cantidad de animales que podían alimentarse era
reducida, lo cual redundaba, a su vez, en la escasez de abonos, que impedía
un uso más intensivo del suelo.
La consecuencia más grave de esta situación —que por otra parte no era
uniforme sino variada, según las regiones— era que si la población crecía a
tasas muy elevadas, la producción de alimentos no podía hacerlo al mismo
ritmo. Como vimos, ello generaba un desequilibrio entre población y recur­
sos que desembocaba en períodos de carestía, de hambre y de elevada mor­
talidad.
La nueva agricultura consistió en la combinación de tres elementos que
se reforzaron mutuamente: la introducción de cultivos novedosos, la alimen­
tación de la ganadería en establos y la supresión del barbecho.

( 7 ) B a i r o c h ( 1 9 7 9 ).

( 8 ) M o k y r ( 1 9 9 3 ).
98 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

El resultado fue que los campesinos pudieron tener más ganado y ali­
mentarlo mejor, lo cual aumentaba el suministro de productos animales. De
animales mejor alimentados se obtenía más abono, lo que contribuía a au­
mentar la producción de cereales, Las nuevas cosechas de forraje, como la
alfalfa, el trébol, los pastos artificiales, los nabos y la remolacha, resultaron
ser cultivos útiles para alternar con los cereales en los sistemas de rotación.
Algunos de estos cultivos servían para fijar el nitrógeno y para acabar con
los ciclos de plagas y enfermedades de las plantas. Gracias ai mayor uso de
abonos y a la rotación de cultivos fue posible suprimir el barbecho, lo cual
permitió incrementar la superficie de tierra cultivable.
A los nuevos sistemas de rotación se agregaron mejoras en las herra­
mientas, en la selección de semillas y en los sistemas de cría de ganado, así
como otras innovaciones que contribuyeron a elevar los rendimientos y a
modificar las condiciones en las que tenía lugar ía producción agrícola.
Desde mediados del siglo XVÍI comenzaron a utilizarse arados de hierro, que
eran más fáciles de manejar y requerían menos animales de tiro. Alrededor
de 1700 fue inventada la primera sembradora, aunque fue poco utilizada has*
ta principios del siglo XIX.
La nueva agricultura permitió romper con el círculo vicioso de la contra*
posición entre agricultura y ganadería.
El desarrollo de este proceso fue lento e irregular, afectando más a unas
regiones que a otras, y aun en las áreas más adelantadas su adopción por
parte de los agricultores no fue uniforme. No todos los suelos eran aptos
para los nuevos cultivos, pero la difusión de las innovaciones se veía tam­
bién trabada por la falta de capitales, la dispersión de las parcelas y la resis­
tencia de los campesinos a las prácticas innovadoras.
Desde principios del siglo XVII las nuevas técnicas agrícolas comenza­
ron a difundirse fuera de los Países Bajos, en primer lugar, a Inglaterra, lue­
go, a Francia (desde mediados del XVIII), y más tarde, a otros países de Eu­
ropa continental. En algunas regiones se adoptaron recién a fines del siglo
XIX.

5,2,1,2.1. L o s c e rc a m ie n io s

En el caso inglés, las innovaciones en las técnicas agrícolas fueroií


acompañadas por modificaciones en los sistemas de propiedad. A principios
del siglo XVIII, aproximadamente la mitad de las tierras en producción eran
explotadas con el sistema de campos abiertos, de origen medieval. Los cul­
tivos se llevaban a cabo en franjas discontinuas, y ios campesinos tenían
derechos de pastura, de recolección de leña y de caza en las tierras comu­
nales incultas. Hacia 1830, esta forma de explotación de la tierra había prác­
ticamente desaparecido.
CAP. 5 — LA REVOLUCION INDUSTRIAL EN GRAN BRETAÑA 99

La desaparición de los campos abiertos se dio como consecuencia de las


Leyes de Cercamientos (Enclosure Acts), que establecían la obligatoriedad
de cercar tierras que podían ser de cultivo, de pastoreo o incultas. Las an­
tiguas parcelas alargadas, distribuidas entre las tierras de cultivo, eran re­
emplazadas por nuevas parcelas en las que los propietarios concentraban la
superficie de tierra que antes tenían repartida.
Estas leyes, que habían comenzado en el siglo XVI, se multiplicaron en
la segunda mitad del siglo XVIII, en general, por presión de los grandes pro­
pietarios, en un contexto de alza de los precios del grano, consecuencia, a
su vez, del crecimiento de la población y del desarrollo de las ciudades.
El resultado de los cercamientos fue que una proporción muy alta de los
pequeños propietarios se vio obligada a vender sus tierras, que fueron com­
pradas por grandes propietarios locales o inversores provenientes de otras
áreas. También se vieron fuertemente perjudicados los campesinos sin tie­
rras que ocupaban campos comunales, y, en general, todos los campesinos
que perdieron la posibilidad de utilizar dichos predios para el pastoreo. Los
campesinos expulsados de sus tierras se transformaron, en su mayoría, en
jornaleros o arrendatarios con contratos de corto plazo.
La concentración de la propiedad de la tierra generó una mayor desigual­
dad social, pero contribuyó a incrementar la producción agraria, sobre todo,
porque creció la superficie de terreno cultivado, al incorporarse a la agricul­
tura tierras comunales y baldías.
Diversos autores han sostenido que los cercamientos favorecieron la
difusión de las innovaciones, en la,medida en que los grandes propietarios
y arrendatarios disponían de mayor capital y mayor información para incor­
porar los avances tecnológicos. Se había elaborado una imagen de los gran­
des empresarios agrarios como fuertem ente innovadores a partir de una
serie de casos individuales de propietarios “apasionados por la moda del
progreso agrícola” p).
Los estudios recientes revelan, en cambio, que no hubo un proceso
automático de innovación por parte de los propietarios incipientes. Mientras
algunos de ellos aplicaron a sus tierras las nuevas técnicas agrarias, otros
dejaron esta decisión en manos de los arrendatarios, y algunos ni siquiera
las explotaron ( í0).
En el análisis que realizó K a rí- M a r x en El. capital acerca de los orígenes
y causas de la Revolución Industrial, otorgó a los cercamientos una función
clave en lo que llamaba “proceso de acumulación originaría". Según M a r x ,

(9) D eane (1 9 7 1 ].

(1 0 ) M/vhüas (19S 9).


100 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

la acum ulación originaria era el punto de partida del régimen capitalista de


producción, y consistía, en esencia, en la separación de ios trabajadores de
la propiedad de lo s m edios de producción, en “el proceso histórico de diso­
ciación entre el productor y los medios de producción”. Para Marx, al perder
los trabajadores la propiedad de los medios de producción, se ven obligados
a vender su fuerza de trabajo en el mercado, en un sistema de producción
basado en una relación salarial entre propietarios del capital y trabajadores.

M arx con sideraba que los cercamíentos, al expulsar a los pequeños pro­
pietarios de la tierra, habían dado paso a la agricultura capitalistá y habían
creado “lo s contingentes de proletarios libres y privados de medios de vida
que n ecesitaba la industria de las ciudades” (,!).

También en este tema la investigación empírica ha ofrecido una visión


mucho más matizada, ya que no necesariamente los campesinos que deja­
ban de ser propietarios emigraban a las ciudades. Muchos de ellos continua­
ban en la tierra como arrendatarios o jornaleros, y otros encontraban ocu­
pación en las fábricas establecidas en áreas rurales, a la vera de los ríos que
proporcionaban la energía hidráulica. La emigración del campo a la ciudad
fue un proceso más paulatino, como la industrialización en general.

5,2,1,3. Las industrias

La actividad industrial tuvo en Gran Bretaña un crecimiento sostenido


a lo largo del siglo XVIII, pero con un modelo muy irregular tanto en térmi­
nos regionales como sectoriales.
La producción tenía lugar a través de distintas formas organizativas,
coexistiendo la producción artesanal, el sistema de trabajo a domicilio y la
manufactura centralizada.
La producción artesanal se llevaba a cabo, sobre todo, en los centros
urbanos y los suburbios. Además de la organización gremial tradicional,
existían formas cooperativas de producción entre artesanos de un mismo
olicio
Gran parte del avance industrial en la Inglaterra del siglo XVIII consis­
tió en la expansión de las industrias artesanales a través del sistema de in­
dustria a domicilio. Ello afectó sobre todo a la industria textil, y también a
algunos sectores de la industria del metal, como la fabricación de cuchillos
y clavos.
El sistema de trabajo a domicilio tenía como principal ventaja su flexi­
bilidad. El capital podía circular fluidamente de una industria a otra, ya que
la parte inmovilizada en inversiones fijas (edificios o equipo) era muy redu-

(1 1 ) M a r x (1 9 6 8 ).
CAP. 5 — LA REVOLUCION INDUSTRIAL EN GRAN BRETAÑA 101

cída. También la fuerza de trabajo era flexible, fácilmente expandible o pres­


cindible, dado que se trataba de una ocupación a tiempo parcial para las
familias que vivían de la agricultura, la minería o la pesca. Los salarios eran
muy bajos, inferiores en la mayoría de los casos a los salarios de subsisten­
cia, en parte porque para los trabajadores constituían un ingreso suplemen­
tario, y en parte porque la descentralización de la producción y la ausencia
de reglamentaciones gremiales daban a los empresarios un margen mayor de
negociación.
El desarrollo del trabajo a dom icilio contribuyó por diversas vías al cre­
cimiento industrial. Permitió la capacitación de los trabajadores, y la acumu­
lación de capital y de experiencia empresarial por parte de los comerciantes
empresarios. También favoreció el desarrollo de una infraestructura comer­
cial en el mercado nacional e internacional. Por último, ayudó a sostener el
crecimiento demográfico, al ofrecer mayores oportunidades de trabajo a la
población rural.
Otra forma de producción era la manufactura centralizada, difundida en
la minería, la metalurgia, algunas ramas de las industrias textil, del vidrio,
de la cerveza, del papel, de la sal y otros rubros. En general, se basaba en
técnicas de trabajo intensivo, en la disciplina de los trabajadores y en la
maximización de las habilidades como resultado del trabajo artesanal. Ya
hemos visto el ejemplo de la manufactura de alfileres que describe Smíth y
el de las empresas de J o s i a h W e d g w o o d en la alfarería.
En algunos sectores, como la minería, los astilleros o las grandes fábri­
cas de cerveza, una de las causas de la centralización de la actividad eran los
requerimientos de capital, muy elevados debido a la escala de la producción.
En otras circunstancias, la centralización se debía a necesidades técnicas,
como en el caso del papel o dei vidrio.
Debemos remarcar que las formas tradicionales de producción industrial
sobrevivieron a la Revolución industrial y se combinaron con el sistema de
fábrica. También fueron el punto de partida para la acumulación de capital,
para la capacitación de la mano de obra, para la constitución de un sector
empresario y para la conformación de redes comerciales.

5,2,1,4. El mercado

5,2,1,4,1. E l m e rc a d o in te rn o

La conformación de un mercado interno en Gran Bretaña a lo largo del


siglo XVÍ1I se vio favorecida por tina serie de factores.
En primer lugar, por el crecim iento de la población, que de menos de
6 millones en 1700 pasó a casi 9 millones en 1800.
102 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

En segundo término, por la ausencia de fronteras aduaneras internas y


de cargas feudales, lo cual se veía reforzado por una geografía que contribuía
a la unificación, debido a las dimensiones reducidas del territorio y a su
topografía.
Estas condiciones eran complementadas por el sistema de transportes
y comunicaciones. Desde mediados del siglo XVII se habían destinado fuer­
tes inversiones públicas y privadas a la extensión del sistema fluvial (a tra­
vés de la construcción de canales), y a la construcción de nuevos puentes y
carreteras. Este proceso se aceleró al promediar el siglo siguiente. En la In­
glaterra del siglo XVIII, los transportes eran relativamente fáciles y baratos:
ningún punto del país dista mucho más allá de los 100 km del mar, y menos
aun de algunos canales navegables.
La población rural estaba en Gran Bretaña más integrada al mercado que
la del continente, y gastaba más en productos manufacturados. Pero eí in­
cremento de la demanda interna se debió sobre todo a las necesidades y
pautas de consumo de sectores urbanos, en especial, las clases medias. Los
mercados urbanos en gran escala de bienes de consumo barato se desarro­
llaron tempranamente ( ia).
Los cambios en los gustos de las clases medías del siglo XVIII se vieron
fomentados por el comercio internacional. Los mercados de artículos extran­
jeros, como las telas de algodón estampadas Y decoración chinesca, cre­
cieron rápidamente, estimulados por la prosperidad de los sectores medios
y los pequeños comerciantes.
Parte de la demanda de nuevos artículos manufacturados en ei siglo
XVIII fue determinada por la moda, que variaba según las jerarquías socia­
les. En general, la pauta la dictaba la aristocracia, que era imitada por los
otros sectores sociales. Algunos empresarios fabricaban artículos para la
realeza y la aristocracia, y luego producían artículos parecidos, en materiales
diversos, que estaban al alcance de todos los niveles de la sociedad. Un ejem­
plo de ello son las hebillas de los zapatos, que se fabricaban en distintos
materiales, desde diamantes y oro hasta piedras de imitación y metales ba­
ratos.
Además de emular a los más ricos, las clases medias incrementaron
desde la primera mitad del siglo XVIII el consumo de bienes domésticos,
como utensilios de cocina, artículos de loza, relojes, cuadros, espejos y
cortinas.

(12 ) IJero (1 9 S 5 ).
CAP. 5 — LA REVOLUCION INDUSTRIAL EN GRAN BRETAÑA 103

5,2,1,4,2. E l m erc a d o ex tern o

Juntamente con el mercado interno, Inglaterra contaba con la ventaja de


poder acceder a un amplio mercado externo. Desde el siglo XVI había ido
desarrollando su flota hasta transformarse en la principal potencia maríti­
ma mundial en el siglo XVIII. Poseía importantes territorios coloniales, so­
bre todo, las trece colonias de América del Norte, pero además de ello tenía
relaciones comerciales, gracias a la extensión de su poderío naval y a su
política exterior, con las colonias españolas y portuguesas en América, y con
otras áreas de ultramar.
Desde el siglo XVI, el Estado había sustentado, mediante su política
exterior, la expansión económica y comercial. De su participación en las
guerras, Inglaterra había obtenido territorios coloniales y tratados de comer­
cio preferenciales. Las Actas de Navegación del siglo XVII, que establecieron
privilegios para los barcos ingleses en el comercio de ultramar, habían ser­
vido para proteger a la flota inglesa y para debilitar el poderío naval holan­
dés.

5,2,1,4,3. ¿C o n su m o in te rn o o co n s u m o e x te r n o ?

Uno de los temas en debate ha sido el de los roles de los mercados in­
terno y externo como motores del proceso de industrialización. Mientras que
algunos autores estiman que el mercado interno jugó el papel decisivo, otros
se lo atribuyen a las exportaciones. La escasa disponibilidad de estadísticas
para el siglo XVIII contribuye a generar posiciones encontradas.
Podemos afirmar que hoy predomina la tendencia a otorgar un rol deter­
minante al mercado interno por lo menos hasta las dos últimas décadas del
siglo XVIIL y a enfatizar el papel de las exportaciones para el período poste­
rior a 1780. Ello, en el marco de fluctuaciones a lo largo de todo el siglo, con
etapas de expansión y de estancamiento de las exportaciones, debidas, en
parte, a los avatares de los conflictos bélicos (13).
Esto indicaría que el comercio exterior no tuvo un papel decisivo como
motor de las transformaciones en las primeras décadas de la industrializa­
ción, pero que una vez en marcha el proceso de cambio, una proporción cre­
ciente de la producción de ios sectores más modernos de la industria estu­
vo destinada al mercado externo, tanto al de Europa continental como a los
territorios de ultramar.

{1 3 ) M a t h -a s (1 9 8 9 ).
104 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

Una de las ventajas mayores que tenía la industria textil del algodón era
que fabricaba un producto de demanda muy amplia y elástica, adecuado para
todo tipo de climas y fácilm ente colocable en los mercados ultramarinos.

5,2,1,5. Una sociedad abierta al cambio

Las características de la sociedad inglesa del siglo XVIII sin duda favo­
recieron el proceso de industrialización. Se trataba de una sociedad menos
rígida que las de la mayoría de los países del continente, más abierta a los
cambios y a las innovaciones.
L a m d e s destaca que se distinguía por una extraordinaria sensibilidad a las
oportunidades pecuniarias, y por una legitimación de las innovaciones y de
la búsqueda de riqueza como modo de vida. Señala que la aristocracia ingle­
sa tenía rasgos peculiares: era habitual que los hijos menores de las fami­
lias de abolengo se dedicaran a actividades mercantiles, y que los nobles
propietarios de tierras fueran proclives a las innovaciones en la producción
agrícola y a la inversión en otros negocios. Ello contribuía a legitimar el
comercio y la búsqueda de ganancias ( M).
En general, las barreras a la movilidad social eran más bajas que en el
continente, y la distribución de la renta, más equitativa. Eso incidía en las
pautas de consumo y creaba condiciones favorables para la producción de
bienes de consumo masivo, pero también favorecía la versatilidad y el mo­
vimiento de las personas hacia nuevas ocupaciones.
Gran Bretaña no poseía una superioridad científica y técnica con respec­
to a los países continentales: en el terreno educativo, algunos de ellos la
aventajaban. Pero para la primera Revolución Industrial estas condiciones no
fueron decisivas. La realización de los primeros inventos se encargó, en su
mayoría, a los artesanos, y las nuevas máquinas eran sencillas de construir
y de fácil uso.

5,2,2. LA PRIMERA REVOLUCION INDUSTRIAL

5,2,2,1. La periodízación

A sí como existen diversas definiciones con respecto a ia Revolución


Industrial, hay también fuertes discrepancias acerca de su cronología.
C onvencionalm ente se ubica a la revolución inglesa entre 1760-1780 y
1830-1850, aunque, como ya vimos, no hay de ninguna mañera un consen-

(1 4 ) L año es {1 9 7 9 ).
CAP. 5 — LA REVOLUCION INDUSTRIAL EN GRAN BRETAÑA 105

so generalizado. La periodización cambia según qué aspectos se enfaticen


y según se vea el proceso como una ruptura más o menos violenta.
También convencionalmente en ella pueden a su vez distinguirse dos
fases: la prim era entre 1760-1780 y 1800, y la segunda en tre 1800 y
1830-1850.
En la primera etapa tuvo lugar un acelerado proceso de innovación en
algunos sectores clave, que fueron la industria textil y la metalúrgica. Este
proceso generó cambios en la organización y un rápido aumento de la pro­
ducción, a partir de los cuales la economía inglesa comenzó a diferenciar­
se de las de Europa continental.
La etapa que transcurre entre 1800 y 1830-1850 fue el período de difu­
sión de la mecanización y del sistema de fábrica. El incremento del uso del
vapor como fuente de energía permitió que la industria se concentrara cada
vez más en las ciudades, dejando de depender de la existencia de cursos de
agua.
El proceso de innovación tecnológica continuó, sobre todo, en la indus­
tria metalúrgica y en la de maquinarias. Al final de esta fase com enzó la
construcción de los primeros ferrocarriles.
Para mediados del siglo XIX, Gran Bretaña se había transformado en “ el
taller del mundo” . La producción de muchos bienes, como el carbón, el hie­
rro o los textiles, había alcanzado niveles sin precedentes, que no tenían
paralelo en ninguna parte. Los costos de producción se habían reducido,
convirtiendo a la industria británica en la más competitiva del mundo.
Al mismo tiempo, las rentas reales, de la población se habían elevado,
gracias a la creciente disponibilidad de bienes y servicios.
Todo ello se debió principalmente a la expansión del sistema de fábrica
y a la difusión de la innovación tecnológica, si bien, como ya señaláramos
más de una vez, las viejas formas productivas y las ocupaciones tradiciona­
les sobrevivieron por mucho tiempo.

5,2,2,2. El crecimiento económico

Uno de los criterios xitüizados para detectar el inicio de un proceso de


revolución industrial ba sido el de la medición del crecimiento económico.
En ello tuvo una gran influencia el modelo de R o s to w , que establecía como
característicos del despegue altos índices de incremento de la producción.
Como vimos en el cap. 3 , P e te r M a t h ia s propone dos criterios globales
centrales en la definición de la Revolución Industrial. Según M a t h ia s , en pri­
mer lugar deben regístrai'se altas tasas de crecimiento de la economía en su
conjunto. Ellas deben medirse en el largo plazo, para poder determinar un
punto de inflexión, y distinguir una expansión coyuntural de un crecim ien­
106 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

to sostenido. Deben considerarse tanto los índices de crecimiento globales


como los índices de crecimiento per cápita.
Como indica M athias, al mismo tiempo deben registrarse cambios estruc­
turales, que implican un incremento de la productividad y de la eficiencia del
sistema, y transformaciones en la estructura sectorial de la economía.
La economía británica creció a lo largo de todo el siglo XVIII, pero dicho
proceso se aceleró a partir de la década de 1780, razón por la cual esa fecha
suele considerarse como el puuto de inflexión para el inicio de la Revolución
Industrial.
Las estimaciones de las tasas de crecimiento varían según los autores
que xas han llevado a cabo, com o puede advertirse en el cuadro 2. En él
reproducimos los cálculos efectuados en los años sesenta por P. D eanb y
W. A. C o l é , y a comienzos de los ochenta por N. F. R. C r a f ts ; estos últimos
son los que se aceptan en el presente como más cercanos a la realidad ( !5).

P ro d u c to I
P ro d u c to
j A u to re s A g ric u ltu ra In d u s tria n a c io n a l j
n a c io n a l
p e r c á p íía |

C rafts j
1700-1760 0,60 0,71 0,69 0,31 I
1760-1780 0,13 1,51 0,70 0,01 I
1780-1801 0,75 2,11 1,32 0,35 I
1801-1831 1,18 3,00 1,97 Ó, 52 j

D eane y C olé
1700-1760 0,24 0,98 0,66 0,45 l
1760-1780 0,47 0,49 0,65 -0,04
1780-1800 0,65 3 :43 2,06 1,08 |
1801-1831 1,64 4,44 3,06 1,61 I
Fuente: C rafts,N. F. FL, "The New Economic History and the Industrias Revolution”, en j
M a t h ia s , P. y Davis, J. (eds.}: The F irst Industrial Revolutions, B. Blackwell, Oxford, 1989. I

Cuadro 2. Crecim iento del producto nacional británico (porcentaje anual).

Ambos cálculos indican un crecim iento del producto nacional a lo lar­


go de todo el siglo XVIIí, así como una aceíex-ación en las dos últimas déca­
das, período en el que el producto industrial evolucionó más rápido que el
de la agricultura.

( l ; C rafts ( 1 9 8 9 ) .
CAP. 5 — LA REVOLUCION INDUSTRIAL EN GRAN BRETAÑA 107

Al mismo tiempo, las estimaciones de C r a f t s , que se basan en cálculos


más sofisticados, señalan que entre 1780 y 1830 la expansión fue menos
rápida que lo que D e a n e y C o lé sugerían.
Estas nuevas estimaciones sirvieron de base, como ya hemos visto, para
las discusiones más recientes sobre la pertinencia del concepto de Revolu­
ción Industrial. Para aquellos historiadores que ponen el énfasis sólo en el
primero de los criterios propuestos por M athias —es decir, en la aceleración
del crecim iento—, la comprobación de que las tasas de crecim iento de la
economía británica en las últimas décadas del siglo XVIII fueron más bajas
que lo que hasta ahora se había supuesto bastaría para considerar la indus­
trialización como un proceso evolutivo, negando la existencia de la Revolu­
ción Industrial.
Como también vimos precedentemente, este enfoque ha sido muy discu­
tido. En parte, porque implica una visión excesivamente cuantítativista so­
bre un proceso que es mucho más complejo. AI mismo tiempo, diversos his­
toriadores han insistido en que las tasas de crecimiento menos aceleradas
pueden explicarse por distintas razones.
En primer lugar, porque se trató de un proceso interno, basado en recur­
sos domésticos. Ello diferenció a Gran Bretaña de otros países que se indus­
trializaron más tardíamente y que pudieron aprovechar la experiencia ingle­
sa. Por otra parte, los parámetros de la evolución tecnológica del siglo XVIII
eran limitados en relación con la evolución posterior.
En segundo lugar, y éste es un punto crucial, debe establecerse con
fundamentos sólidos qué se considera un crecimiento rápido, y con qué se
lo compara. En relación con las tasas de crecimiento dei siglo XX, las de la
Revolución Industrial fueron bajas. Sin embargo, fueron altas si se las con­
fronta con los siglos precedentes, y en general con el periodo preindustrial.

5,2,2,3. El cambio tecnológico

Desde el punto de vista tecnológico, la Revolución Industrial consistió


en una fuerte aceleración del proceso de innovación que se había iniciado
en Europa a partir de la Edad Medía.
Se combinaron dos factores: los inventos y la iniciativa de los empresa­
rios para adoptarlos. Como ya vimos, S chompetkr distinguía invención de
innovación. La invención es el descubrimiento, el acceso al conocim iento
teórico o práctico que hace posible un cambio en los métodos de produc­
ción. La innovación es la aplicación de este nuevo conocimiento o el empleo
de la nueva máquina en la actividad económica práctica; es ella la q :e mul­
tiplica la posibilidad de producción.
En la Gran Bretaña del siglo XVIII, Ja actividad inventiva so desarrolló
mucho más que en cualquiera de los países del continente europeo. En elia
108 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

se patentó la mayor parte de las máquinas que conmocionaron a la indus­


tria y, más tarde, a los transportes, y la historia de la Revolución Industrial
es, también, la de los hombres responsables de dichos inventos.
No hubo en esta época una conexión estrecha entre desarrollo científi­
co y desarrollo tecnológico, y gran parte de los inventos fueron llevados a
cabo por artesanos habilidosos o por técnicos sin formación científica o
universitaria. En muchos casos, los inventos respondieron a la necesidad de
resolver problemas muy concretos, y en otros consistieron en mejoras a
máquinas ya existentes. Elio de ninguna mantera invalida su impacto, ya que,
como señalamos, la innovación tecnológica es, sobre todo, un proceso acu­
mulativo.
Hubo dos sectores que experimentaron ios primeros cambios revolucio­
narios en la tecnología y en la organización económica: la industria del al­
godón y la industria del hierro.

5,2,2,3,1. L a in d u stria d el a lg o d ó n

Esta industria pasó, en pocas décadas, de tener un papel insignificante


a ser la principal actividad industrial, y fue el primer sector que utilizó má­
quinas en gran escala.
L andes afirma que para que tuviera lugar ia Revolución industrial debían
conjugarse diversos factores. Por un lado, eran necesarias máquinas que no
sólo sustituyeran al trabajo manual, sino que impusieran la concentración
de la producción en las fábricas, es decir, que no pudieran ser utilizadas con
el sistema de trabajo a domicilio. Por el otro, era imprescindible una gran
industria que produjese una mercancía sujeta a una demanda amplía y elás­
tica, en la cual la mecanización de cualquiera de sus procesos de manufac­
tura creara fuertes tensiones en los otros y en la que el efecto de las m ejo­
ras introducidas repercutiese en toda la economía.
Ello se dio en la industria del algodón, que presentaba una serie de ven­
tajas. Desde el punto de vista tecnológico, se prestaba mejor que ia lana a
la mecanización, porque era más resistente. Tenía un mercado de consumo
más amplio, por la diversidad de usos que se le daba y por ser adecuada para
todo tipo de clima, y la elasticidad de la oferta de materia prima era mayor
que la de la lana.
Los inventos dieron lugar a una secuencia de desafíos y respuestas» en
la que la aceleración de una fase del proceso de industrialización llevaba a
la necesidad de innovar en las otras fases.
La primera gran innovación tuvo lugar en el tejido, con la invención de
la lanzadera volante de J ohn K a y en la década de 1730. Consistió en un per­
feccionamiento del antiguo telar, al que se le adicionó un dispositivo que
permitía a los tejedores mover la lanzadera accionando un mecanismo sen-
CAP. 5 — LA REVOLUCION INDUSTRIAL EN GRAN BRETAÑA 109

cilio, en vez de hacerla pasar a mano entre los h ilos de la urdim bre. Tam bién
sim plificaba el tejido de telas anchas, para el que anteriorm ente se n ecesi­
taban dos tejedores por cada telar.

Hacia 1760 su uso se había generalizado, y al incrementar la producti­


vidad del tejido se había acelerado la demanda de hilado.
La respuesta fue la invención de los prim eros m odelos de hiladoras
mecánicas, entre los que se destacó la jenny, patentada por J ames H argreaves
en 1770. El efecto inmediato de su uso fue multiplicar la cantidad de hila­
do que podía ser producido por un solo trabajador. Se difundió rápidamen­
te, entre otras cosas, porque era una máquina económica y simple, y sus di­
mensiones reducidas permitían instalarla tanto en fábricas como en los
domicilios de ios trabajadores. La jen ny hizo posible un fuerte incremento
de la productividad, pero no obligó a cambiar las formas de organización de
la producción.
Pero el invento que transformó más radicalmente a la industria algodo­
nera fue la hiladora hidráulica patentada por R ichard A rkwright en 1769. A
diferencia de la jenny, fue una máquina destinada desde el principio a las
fábricas; en sus inicios, se accionó por energía hidráulica, y en 1785 se la
usó por primera vez con máquinas a vapor.
Las nuevas m áquin as fueron constantem ente m odificadas y m ejoradas.
En 1779, S amuel C rompton patentó una hiladora que era una com binación de
la jen n y y la hiladora de A rkutoght — por su carácter híbrido, recibió el nom ­
bre de "m u lé"— y que podía producir un hilo m ás liso y m ás delgado.

La mecanización dei hilado incrementó la producción en forma notable.


Ello puede medirse con las importaciones de algodón, que entre 1780 y 1800
se multiplicaron por ocho.
La innovación en el tejido fue más tardía. El primer telar mecánico fue
inventado en 1787, pero se difundió muy gradualmente, y recién a partir de
la década de 1820 comenzó a utilizarse en gran escala.
El sistema de fábrica no suplantó rápidamente a la industria doméstica,
con la cual convivió por mucho tiempo. En el tejido, el aumento de la pro­
ducción provenía, sobre todo, del trabajo a domicilio. Los trabajadores pre­
ferían este sistema a la fábrica, y los empresarios eran reacios a incremen­
tar su inversión en capital fijo. La mecanización de la industria algodonera
concluyó recién hacia 1850.
Una de las características del sector textil es que se trataba de una
industria trabajo intensiva, que no requería altas inversiones de capital. Ello
facilitó el proceso de innovación, en la medida en que los empresarios pu­
dieron disponer de capitales suficientes, provenientes de su actividad en la
industria a domicilio o de las utilidades obtenidas en las fábricas. •
110 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

5,2,2,3,2. L a in d u s tria m e ta lú r g ic a

En los primeros tiempos de ia Revolución Industrial, el sector metalúr­


gico tuvo un crecimiento mucho menor que el del algodón, aunque debido
a su importancia posterior se le ha atribuido un papel más significativo que
el que merece. De todos modos, su peso fue decisivo porque la creciente
oferta de metal barato facilitó la m ecanización de las otras industrias, la
difusión de la máquina a vapor y la transformación de los medios de trans­
porte.
Desde principios del siglo XVIII fueron introduciéndose importantes in­
novaciones tecnológicas en la metalurgia del hierro, que permitieron obte­
ner un producto más resistente y más barato.
La industria del hierro se divide naturalmente en dos ramas principales:
una comprende la extracción y el tratamiento del mineral; la otra, el traba­
jo del metal en todas sus formas.
Los productos que se obtienen del tratamiento del mineral son el hierro
fundido, el hierro forjado y el acero, que se diferencian entre sí por la pro­
porción de carbono que contienen y por su dureza. El hierro fundido es el
que posee más carbono y menos resistencia, y el acero, el que tiene menos
carbono y más resistencia.
Tradicionalmente, para la fundición del hierro se usaban ía madera y el
carbón vegetal, hasta que en 1607 A b r a h a m D a r b y , un maestro de forjas bri­
tánico, comenzó a utilizar con éxito un nuevo combustible, el coque (térmi­
no que proviene de la palabra inglesa “ coíce” ). Se trata de un derivado del
carbón de piedra o hulla, que se obtiene por un proceso de destilación que
da como resultado un producto de mayor pureza.
La utilización del coque fue fundamental para el desarrollo de la indus­
tria metalúrgica por diversas razones. En primer lugar, porque la disponibi­
lidad de hulla era mucho mayor que la de madera, que estaba empezando a
convertirse en un recurso escaso y cada vez más caro.
En segundo término, el coque genera una cantidad de energía superior
a la del carbón de leña, lo cual facilita el proceso de fusión del mineral. Por
último, !a difusión del uso del coque exigió y estimuló el uso de hornos de
fundición cada vez mayores, lo cual redundó en economías de escala que
permitieron abaratar ios costos.
Otras dos innovaciones clave en la metalurgia del hierro fueron el pude-
lado y el laminado, y ambas tuvieron lugar en la última década del siglo XVílI.
El metal obtenido por la fundición (el hierro fundido) debía ser sometido a
una serie de procesos que eliminaran las impurezas, para convertirlo en un
producto moideable y resistente [el hierro forjado). En los sistemas de pro­
ducción tradicionales se lo golpeaba con martillos, manuales o hidráulicos.
En 1784, Henuv C ort patentó un nuevo sistema, llamado pudelado, que per­
mitió eliminar las impurezas de carbono mediante el uso de un tipo especial
CAP. 5 - L A REVOLUCION INDUSTRIAL EN GRAN BRETAÑA 111

de horno, el horno de reverbero. El mismo C ort inventó para esa época ei


proceso de laminado del metal, con el que se terminaba de purificar el me­
tal por martilleo y se lo im Meaba utilizando cilindros. El laminado permi­
tió producir de manera más rápida y en grandes cantidades, e hizo posible
obtener una serie de fox-mas estandarizadas —vigas, barras, xieles— que fue­
ron la base de la industria, la construcción y el transporte.
De acuerdo con los cálculos de B a i r o c h ( tG), la producción de hierro en
Inglaterra pasó de 25.000 toneladas en 1760 a 580.000 toneladas en 1825,
y a 2.250.000 toneladas en 1850: en menos de cien años se multiplicó por
100. En 1760, Inglaterra producía poco más de un tercio del hierro que con­
sumía, e importaba los casi dos tercios restantes. Un siglo más tarde, expor­
taba una tercera parte de su producción.
Debido al abaratamiento del precio hierro, su consumo se incrementó en
proporciones que no tenían precedentes. Parte de la producción se destinó
a la fabricación de instrumentos agrícolas, cuya demanda era creciente como
consecuencia de la modernización de la agricultura. El hierro sirvió tambiéii
de base para la fabricación de la maquinaria industrial; en primer término,
ias máquinas a vapor, y luego, la maquinaria textil, a medida que ésta se fue
perfeccionando (las primeras máquinas textiles tenían una alta proporción
de madera).
Desde las décadas iniciales deí siglo XIX se fue ampliando el uso del
hierro en la construcción —por ejemplo, de puentes— y fue esencial para el
desarrollo de los nuevos sistemas de transporte, en primer lugar, los ferro­
carriles.

5,2,2,4. Las nuevas fuentes de energía

Como decíamos en el cap. 4, la Revolución Industrial se basó en el uso


de dos fuentes de energía: la energía hidráulica y la del vapor. En ambos ca­
sos se trataba de energía inanimada, que reemplazó a la del hombre y a la
de ios animales, y que permitió multiplicar la productividad de la industria.
La energía hidráulica era un recurso que se había utilizado desde hacía
muchos siglos, ya que los molinos de agua se difundieron en Europa a par­
tir de la Edad Media. Durante mucho tiempo se los empleó sólo para moler
cereales, pero desde el siglo IX comenzaron a ser usados en actividades in­
dustriales, sobre todo en el sector textil y en el metalúrgico. Los producto­
res textiles los usaban especialmente para el abatanado de las telas (un pro­

{1 -3 } B a ír o c íí í 1 9 9 7 ).
112 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

ceso por el cual se las golpeaba para desengrasarlas y darles cuerpo), y los
herreros, para mover los martillos o los fuelles de las forjas (!7j.
Las primeras fábricas que nacieron, a fines del siglo XVIII para la produc­
ción de hilado de algodón (a partir de la utilización de la water fra m e de
A rkwright) usaron la energía hidráulica. Ello explica porqué en inglés la pa­
labra “ m ili" significa a la vez molino y fábrica. Por mucho tiempo la energía
del agua siguió teniendo un rol primordial en la producción manufacturera,
no sólo en Inglaterra, sino en todos los países industrializados.
A lo largo del siglo XIX, el aprovechamiento de 1a energía del agua se
incrementó significativamente gracias a una serie de innovaciones tecnoló­
gicas, de las cuales la más importante fue, como ya señalamos, la turbina
hidráulica, que abrió a su vez el camino para el nacirniento, en el últim o
cuarto del siglo, de la energía hidroeléctrica.
Como afirmamos en el pto. 5,2,2,1, la otra gran fuente de energía de la
Revolución Industrial fue el vapor, que se utilizó tanto para la producción
manufacturera como para los medios de transporte: los ferrocarriles y los
barcos.
Las primeras máquinas a vapor comenzaron a emplearse desde princi­
pios del siglo XVIII en la minería, para bombear el agua de las galerías. La
pionera fue construida por T h o m as N ewcomen en 1712, y a lo largo del siglo
XVIII se difundió tanto en Inglaterra como en el continente.
La máquina de Newcom en fue perfeccionada por Jam es W a t t , un. técnico de
la Universidad de Glasgow que le introdujo una serie de mejoras que permi­
tieron superar gran parte de los problemas técnicos que presentaba y adap­
tarla a nuevos usos. W a t t patentó su propia máquina a vapor en 1769 y se
asoció con un fabricante de herramientas, J o h n B o u lt o n , para producirla
comercialmente.
A diferencia de la máquina de N e w c o m e n , que se utilizaba sólo como
máquina de bombeo, ia de W a t t comenzó a usarse como fuente de energía
para la producción manufacturera. Fue adoptada primero en las hilanderías
de algodón (desde 1785), y más tarde, en otros sectores de la industria. Su
introducción fue paulatina, y aun en ia industria textil su difusión fue len­
ta: en la producción de tejidos recién se impuso después de la década de
1830.
Pero aunque su difusión no haya sido inmediata, la máquina a vapor fue
uno de los inventos que transformó más profundamente a la industria. En
primer lugar, porque permitió que ésta pudiera desarrollarse en forma cre­
ciente en las ciudades, liberándola de la dependencia con respecto a los
cursos de agua: las modernas ciudades industriales fueron hijas del vapor.

(1 7 ) W h it e (19 79).
CAP. 5 - L A REVOLUCION INDUSTRIAL EN GRAN BRETAÑA 113

Además, a diferencia de la energía hidráulica, la del vapor no está sujeta a


variaciones estacionales (por ejemplo, la congelación del agua) o climáticas
(como el descenso del nivel de los ríos).
En segundo lugar, porque al utilizar como combustible el carbón mine­
ral hacía uso de un recurso abundante y barato, y ofrecía la posibilidad de
librarse de las fuentes orgánicas de materias primas, que comenzaban a ser
escasas, como en el caso de la madera.
Eí uso más intensivo de la energía hidráulica y, sobre todo, eí uso del
vapoi proporcionaron enormes incrementos en la productividad. Las máqui­
nas pudieron funcionar más rápido y por más tiempo, multiplicándose mu­
chas veces la cantidad de trabajo realizada por cada trabajador.

&,2,2,4,1. E l c a rb ó n

Como vimos en el pto. 5,2,2,3,2, el c?rbón tuvo una importancia decisi­


va en la Revolución Industrial ingíesa. ya que se lo utilizó como combusti-
bie en las máquinas a vapor y como fuente de calor y de transformaciones
químicas en la industria del hierro. La dotación de recursos naturales cum­
plió un papel decisivo en los primeros tiempos de la Revolución Industrial,
ya que Gran Bretaña contaba con abundantes yacimientos de carbón y de
hierro que le otorgaron fuertes ventajas comparativas.
Aunque en el largo plazo se trataba de un bien no renovable, los yaci­
mientos de carbón mineral eran tan vastos que la demanda resultó peque­
ña en comparación con las reservas disponibles. Es paradójico que la utili­
zación de un recurso no renovable — el carbón de piedra— permitiera a la
industria liberarse de los lím ites de un recurso renovable —la madera— ,
pero, por cierto, renovable a un ritmo muy lento.
Como ya señalamos, W r í g l b y presenta como característica distintiva de
la Revolución Industrial el paso de una economía orgánica avanzada a una
economía basada en la utilización de energía de origen mineral, y había de
una “ revolución energética” en la industria manufacturera. Considera que en
la Revolución Industrial inglesa hubo una cuota de azar, proporcionada por
la riqueza mineral con la que contaba el territorio británico.
El impacto del uso del carbón fue muy amplio. Al ser un producto con
costos de transporte elevados, generó una fuerte presión para el mejoramien­
to de las comunicaciones. En Inglaterra, la demanda de carbón estuvo en la
base de la extensión de la red de canales desde la década de 1760, en la que
fue el principa] producto transportado. El canal que unió ia ciudad industrial
de Manchester con el puerto de Liverpool, inaugurado en 1776, es conside­
rado un símbolo de la Revolución Industrial.
Más adelante, ei carbón cumplió un papel decisivo en el desarrollo de un
nuevo y revolucionario medio de transporte: el ferrocarril (un tema que ana­
114 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

lizaremos en detalle en los capítulos siguientes). En las minas, que se ex­


plotaban a una profundidad cada vez mayor, el carbón se llevaba a rastras de
las galerías al pozo principal, desde donde se subía a la superficie. Este tra­
bajo era realizado por mujeres y niños, a menudo las esposas e hijos de los
mineros. En la década de 1760, en algunas minas comenzaron a usarse
ponies, que tiraban de vagones que circulaban sobre vías. Ya desde el siglo
XVII se utilizaban vías en las grandes cuencas carboníferas para comunicar
las minas con los muelles de los ríos o las costas, hacia los cuales se des­
plazaban los carros llenos de carbón, que eran luego transportados de nuevo
hacia las minas por caballos. Los primeros ferrocarriles fueron construidos
desde principios del siglo XIX justamente para transportar el carbón, y gra­
cias a las mejoras que se introdujeron en ellos fue posible a partir de 1830
inaugurar las primeras líneas ferroviarias para transporte de cargas y de
pasajeros.

5,2,2,5. Empresas y empresarios

Además de las innovaciones tecnológicas, el proceso de industrializa­


ción requería empresarios dispuestos a adoptarlas y a introducir nuevas
formas de organización del trabajo. En este campo, la Revolución Industrial
inglesa contó con un sector empresarial dispuesto a motorizar los cambios
y a correr los riesgos que ellos comportaban (aunque algunos autores sos­
tienen que dichos riesgos no eran tan altos como suele suponerse).
Como la mayor parte de los temas vinculados a la Revolución Industrial,
el de la acción empresarial también ha sido profusamente discutido* Algu­
nos historiadores ofrecen una visión “ heroica” de los empresarios ingleses
de la primera Revolución Industrial; otros, en cambio, disienten en ello y les
otorgan un papel menos relevante (1S).
Sin entrar en la polémica, puede ser útil tratar otros problemas. En pri­
mer lugar, debemos distinguir entre la función empresarial propiamente
dicha y la función gerencial.
El término “empresario” se utiliza preferentemente para designar a aque­
llos individuos o grupos que dentro de la empresa desempeñan funciones
estratégicas, mientras que los gerentes o managers ejecutan las ideas pro­
puestas por los empresarios (iSj. Esta distinción es válida, sobre todo, para
la gran empresa moderna, en la que las funciones están netamente diferen­
ciadas, pero es de gran utilidad aun para el caso de los primeros tiempos de

(1 8 ) P avis'E [1 9 8 6 ).

(1 S ) P e n k Osp: (1 9 5 9 ).
CAP. 5 — LA REVOLUCION INDUSTRIAL EN GRAN BRETAÑA 115

ia industrialización, en la medida en que permite reflexionar sobre dos cam­


pos de problemas diversos.
Aunque durante décadas ambas funciones hayan estado en manos de las
mismas personas, no por ello dejaban de ser diferentes. Por una parte, de­
bían enfrentarse problemas de orden estratégico, como el de adoptar un
nuevo método de producción o de organización, fabricar un nuevo tipo de
bien o penetrar un nuevo mercado. Por otra, se presentaban problemas con­
cretos de management, de gestión cotidiana de la empresa, que en muchos
casos eran completamente nuevos. Con la Revolución Industrial nació tam­
bién el management moderno, fundamentalmente, a partir de la difusión del
sistema de fábrica y de la ampliación de la dimensión de las empresas (20).
Como decíamos, existen posiciones encontradas acerca de los rasgos del
empresariado inglés de la Revolución Industrial, sobre todo, a partir de la
idea de hasta dónde es posible generalizar en un tema tan poco concreto
como el deí espíritu de empresa. Existen abundantes ejemplos de empresa­
rios innovadores exitosos, pero a ellos se los conoce más que a los que no
lo fueron, porque sus empresas sobrevivieron por mucho más tiempo.
Más allá de que el componente empresarial haya sido o no una clave del
éxito inglés, es cierto que sin empresarios dispuestos a introducir innova­
ciones, el cambio no hubiera sido posible. La pregunta sigue siendo si lo
hicieron porque eran personalidades fuera de serie o porque las condiciones
ambientales eran sumamente favorables, y dicha cuestión no tiene una sola
respuesta.
Entre los factores favorables se destaca, sin duda, el bajo costo de las
inversiones en los primeros tiempos de la Revolución Industrial. Ello se
debía a que las máquinas eran, en general, sencillas y poco costosas, a que
se podían utilizar edificios ya existentes para instalar las fábricas y, también,
a que la mano de obra era barata, y las condiciones de contratación, muy
flexibles. Al mismo tiempo, los beneficios eran muy elevados, y permitieron
que la autofinanciacíón fuera una práctica muy extendida. Más difícil que
reunir el capital necesario era probablemente lograr el reclutamiento, la
organización y el control de los trabajadores.
Con la expansión del sistema de fábrica fue surgiendo un nuevo tipo de
empresario, el capitalista industriaL En términos generales, la mayoría de
los nuevos empresarios provenía de los sectores mercantiles, incluyendo en
éstos a los i'comercíantes-empresaríos” de ia industria a domicilio.
A medida que ¡a industria fue transformándose en la actividad dominante
de la economía británica, la burguesía industrial pasó a ocupar un lugar
destacado en la sociedad, junto a ia burguesía comercial y financiera. Su

(2 0 ) P o ll a r d ( Í S 6 5 ) .
116 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

poder radicaba esencialmente en su riqueza, a diferencia de la aristocracia,


definida por el nacim iento y los privilegios.
En las primeras etapas del proceso de industrialización, el modelo de
organización era la empresa personal, en la que el propietario del capital
ejercía tanto las funciones empresariales como las gerenciales. Las empre­
sas eran mayoritariamente individuales o compuestas por un número redu­
cido de socios, que se dividían las tareas.
Aunque existían algunas empresas de grandes dim ensiones — sobre
todo, en la minería y la metalurgia— , ia mayor parte de las firmas era de
tamaño reducido, y no había requisitos de escala, fundamentalmente, en el
sector textil, que fue el sector de punta durante décadas. En general, lo que
diferenciaba a las grandes empresas de las pequeñas y medianas no era el
tipo de máquinas que usaban, sino la cantidad, y una gran empresa era una
yuxtaposición de empresas pequeñas (2l).

5,2,2,6. Las regiones y la industrialización

Como hemos remarcado más de una vez, la Revolución Industrial britá­


nica no fue un proceso unitario eininterrumpido, y afectó en forma desigual
a las diversas ramas de la industria y a las distintas regiones. Los sectores
industriales evolucionaron a ritmos diversos, y sólo algunas áreas geográ­
ficas sufrieron el impacto de ios cambios.
Ya en la etapa previa a la Revolución Industrial, la actividad manufactu­
rera había estado concentrada en algunas regiones, principalmente en fun­
ción de la localización de los recursos naturales. Las industrias se ubicaban
con preferencia cerca de los yacimientos de carbón o de minerales, o bien,
junto a los cursos de agua, ya qxie ésta se utilizaba como fuente de energía,
como medio de transporte o como insumo en los procesos productivos.
Además de los recursos naturales, otro factor de localización era la ofer­
ta de mano de obra, sobre todo de trabajadores calificados. Algunas regio­
nes se fueron especializando en la producción de determinados bienes de
acuerdo con la presencia de trabajadores de oficio, como los fabricantes de
clavos de las Midlands o ios trabajadores del metal de Sheffield.
Una vez comenzada la Revolución Industrial, la diferenciación regional
se mantuvo, aunque no necesariamente en las mismas áreas. Ello explica en
gran medida por qué el cambio fue tan significativo, a pesar de que las cifras
a nivel nacional indiquen un crecimiento lento.
La industria textil del algodón, que fue el sector más dinámico en las
primeras décadas, estaba concentrada en el condado de Lancashire.

(2 1 ) B a ir o c h ( 1 9 9 7 ).
CAP. 5 — LA REVOLUCION INDUSTRIAL EN GRAN BRETAÑA 117

Aún a mediados del siglo XIX el impacto del nuevo industrialismo era
limitado. S id n e y P o l l a r d propone la imagen de un mar de sectores preindus-
triales masivos, que formaban un océano en torno a las pequeñas islas de
industrialización. Sólo en algunas ramas de la industria textil había una
mayoría de trabajadores empleados en fábricas, en otros sectores eran sólo
una minoría, y en otros su presencia era excepcional. En la construcción, en
la producción de muchos bienes de consumo o en buena parte de las minas
y canteras, todavía no había tenido lugar una “revolución industriar’.

5,2,3. LAS CONSECUENCIAS SOCIALES


DE LA INDUSTRIALIZACION

La industrialización fue modificando profundamente a la sociedad britá­


nica. Fue un proceso largo y complejo, cuyos efectos se hicieron visibles,
sobre todo, a partir de mediados del siglo XIX, y que se debió no sólo a la
difusión de la industria, sino también a las transformaciones que tuvieron
lugar en la agricultura.
Entre 1751 y 1851, la población de Inglaterra y Gales pasó de 6,5 m illo­
nes de habitantes a casi 18 millones. Ello fue consecuencia principalmen­
te del incremento de la fertilidad, vinculada, a su vez, a las nuevas condicio­
nes económicas. Dos factores que influyeron significativamente en el incre­
mento de la población fueron el crecim iento de la economía y las nuevas
posibilidades de empleo, tanto en el campo como en la ciudad, que favore­
cieron el matrimonio temprano y el aumento de la natalidad.
Las consecuencias de la industrialización no fueron uniformes en todos
los sectores de la sociedad. Si bien la economía creció a un ritmo sosteni­
do, la nueva riqueza se repartió en forma muy desigual, sobre todo, en los
primeros tiempos de la industrialización. Aunque sobre estos temas se ha
generado una larga polémica, como veremos más adelante, hay razones su­
ficientes para afirmar que la renta real per cápita, en el mejor de los casos,
se encontraba estancada entre 1770 y 1820 más que en cualquier otro perío­
do desde las primeras décadas del siglo XVII, y que los salarios reales me­
joraron —sí es que efectivamente lo hicieron— recién a partir de 1820 (22).
Debemos aclarar que en ia medida en que se impone una visión más
gradualista de la Revolución Industrial, la ruptura con las viejas formas de
organización deí trabajo y, en general, con'las formas de vida tradicionales
es percibida como menos violenta y menos costosa para los protagonistas.
Desde este punto de vista, el carácter de largo plazo del crecimiento de la

(22 ) W r í g u -t (1992}.
118 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

industria de fábrica debió permitir un cierto ajuste frente a los cambios y la


p o s i b i l i d a d de elaborar algún tipo de respuesta a las nuevas condiciones (2:i).

Hecha esta adaiación, es evidente que la industrialización fue introdu­


ciendo profundas modificaciones en las condiciones de trabajo. En primer
lugar, el sistema de fábrica conllevó, como vimos en el cap. 3, un nuevo tipo
de disciplina y largas jornadas de labor con bajos salarios y gran inestabi­
lidad. Como vecemos en las páginas que siguen, im p licó también cambios
muy grandes en el trabajo femenino e infantil, todo ello con altísimos cos­
tos sociales. Al mismo tiempo, el debilitamiento de los antiguos mecanismos
de protección social redundó en un empeoramiento de las condiciones de
vida de los sectores más vulnerables.
Con el desarrollo urbano y la expansión de los servicios privados y pú­
blicos fue creciendo también la clase media urbana, otro de los sectores
característicos de los nuevos tiempos.
La expresión “clases medias” engloba a diversos grupos sociales, y en
Inglaterra suele usarse como sinónimo de burguesía (24). Junto a los propie­
tarios de empresas y a los profesionales fue creciendo el número de emplea­
dos, que se diferencian de los obreros industriales porque no desempeñan
trabajos manuales. Son los trabajadores “ de cuello blanco", por oposición
a los trabajadores “ de cuello azul” . Su número no era muy elevado en los
primeros tiempos de la Revolución Industrial, pero para fines del siglo XIX
habían adquirido un peso significativo.

5,2,3,1- La urbanización

La difusión del uso de la energía del vapor hizo posible la localización


de las actividades industriales en las ciudades y la creciente concentración
de la población en los centros urbanos. Este proceso tuvo lugar a lo largo del
siglo XIX, pero en forma más acentuada en la segunda mitad. Entre 1800 y
1850. ia producción de energía generada por máquinas a vapor creció 10
veces, mientras que entre 1850 y 1907 se multiplicó por 25. A mediados del
siglo XIX, menos del 12 % de los trabajadores estaba empleado en fábricas,
y todavía en 1871 el tamaño promedio de los establecimientos industriales
era de menos de 20 personas empleadas. Las actividades artesanales y los
trabajos no mecanizados eran los más numerosos. En 1851 había más za­

(2 3 ] S tkuv NSO* Í1993).

(2 4) H o &shawm U 9 8 9 j.
CAP. 5 — LA REVOLUCION INDUSTRIAL EN GRAN BRETAÑA 119

pateros que mineros, y en la minería el uso de la energía mecánica se com­


binaba con el trabajo manual (25).
La proporción de población empleada en la agricultura fue descendien­
do desde principios del siglo XIX, pasando del 35,9 % en 1800 al 21,7 % en
1851 y a aproximadamente el 8 % en 1901. La población rural excedente
emigró hacia las ciudades o hacia destinos transoceánicos.
A mediados del siglo XVIII, Londres —con 675.000 habitantes— era la
única ciudad inglesa con una población que superaba los 50.000. En 1851
había 29 ciudades con más de 50.000 habitantes, 9 de las cuales teníar* más
de 100.000. En el censo que se realizó en dicho año en Gran Bretaña, ia
población urbana superó a la rural. A fines del siglo XIX. casi el 80 % de la
población británica vivía en áreas urbanas.

5,2,3,1,1. L a s n u ev a s c iu d a d es in d u s tr ia le s

En general, las ciudades que más crecieron fueron aquellas en las que
se llevaban a cabo actividades industriales. Entre 1770 y 1830, Manchester,
centro de producción textil, pasó de 27.000 habitantes a 180.000. Al mismo
ritmo se incrementó la población de los centros de la industria metalúrgi­
ca, como Birmingham, Sheffíeld y Leeds. La industria y la minería eran tam­
bién la actividad principal de una multitud de ciudades menores, que tenían
entre 3.000 y 5.000 habitantes.
C h a r les D íc k e n s , en su novela Tiempos difíciles, ofrece un retrato fuerte­
mente negativo de las nuevas ciudades industriales textiles del norte de
Inglaterra. Coketown, el lugar donde transcurre la acción, “ era una ciudad
de ladrillo rojo, es decir, de ladrillo que habría sido rojo si el humo y la ce­
niza se lo hubiesen consentido, [...j Era una ciudad de máquinas y de altas
chimeneas, por las que salían interminables serpientes de humo que no
acababan nunca de desenroscarse. [...] Pasab.an por la ciudad un negro ca­
nal y un rio de aguas teñidas de púrpura maloliente; tenía también grandes
bloques de edificios llenos de ventanas, y en cuyo interior resonaba todo el
día un continuo traqueteo y temblor, y en el que el émbolo de la máquina de
vapor subía y bajaba con monotonía, lo mismo que la cabeza de un elefan­
te enloquecido de melancolía" (a0).
La industria modificó el paisaje urbano,, a medida que ias fábricas gana­
ban terreno. En general, las nuevas ciudades industriales se caracterizaron
por el deterioro de la calidad de vida y del medio ambiente urbano. El hecho

( 2 5 ) S t e v e n s o .n ( 1 9 9 3 )

( 2 6 ) D ic k e n s ( 1 9 8 2 ) .
120 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

de que crecieran rápidamente, sin una infraestructura adecuada, creó con­


diciones de /ida muy precarias para los trabajadores, con fuertes déficit en
lo relativo a la vivienda y a la sanidad.
En otros centros urbanos, en cambio, la industria se desarrolló en for­
ma más gradual, sin que los costos sociales fueran tan elevados: '‘Ver la
urbanización industrial sólo en términos de Coketown es no sólo simplis­
ta, sino también erróneo” i27).
En un caso o en el otro, el crecim iento urbano im plicó en increm ento de
la escala de las ciudades y una mayor densidad de población, y fue transfor­
mando las relaciones sociales, que se hicieron más complejas y más anóni­
mas.

5,2,3,2. La formación de la clase obrera

Junto con las fábricas nació un nuevo tipo de trabajador, el obrero in­
dustrial, cuyas condiciones de trabajo se diferenciaron marcadamente de las
de los oficios manuales tradicionales.
El moderno obrero industrial recibe también el nombre de proletario. En
la antigua Roma, esta palabra designaba a los no propietarios, a los que sólo
tenían a su familia o prole. El proletariado industrial se caracteriza por no
ser propietario de los medios de producción —las fábricas y ias máquinas,
que pertenecen a los capitalistas— y por vender su fuerza de trabajo en el
mercado, a cambio de un salario. Desarrolla su actividad en las fábricas,
trabajando con máquinas y sometido a una estricta disciplina.
Así como la difusión del sistema de fábrica fue gradual, también lo fue
la formación de la nueva clase obrera. A principios de la década de 1830, ios
tejedores manuales de algodón eran todavía más numerosos que todos los
hombres y mujeres empleados en el hilado y el tejido de todas las fábricas
algodoneras, laneras y sederas.
Todavía en 1830 el obrero industrial característico no trabajaba en una
fábrica, sino (como artesano o trabajador manual) en un pequeño taller o en
su propia casa, o (como peón) en empleos más o menos eventuales p*).
b e todos modos, durante la primera mitad del siglo XíX los empleos tra­
dicionales estuvieron permanentemente amenazados por la innovación tec­
nológica y la competencia del trabajo no calificado. Ello generó la radicali-
zación política de artesanos y trabajadores a domicilio, así como movimien-

(2 7 ) H oh enbero. y L ees (1 9 9 5 ).

(2 8 ) T ho m pso n (1 9 8 9 ).
CAP. 5 - L A REVOLUCION INDUSTRIAL EN GRAN BRETAÑA 121

tos de resistencia contra las nuevas formas de producción, que incluyeron


la destrucción de máquinas, fenómeno que alcanzó su mayor virulencia.a
comienzos de la década de 1810.
Más allá de la supervivencia de los oficios tradicionales, la extensión del
sistema de trabajo de fábrica constituye uno de los rasgos más destacados
de la Revolución Industrial. En el cap. 3 hemos descripto las características
de dicho sistema. Nos detendremos aquí en algunos temas específicos.

5,2,3,2,1. Las nuevas condiciones de trabajo

Como ya hemos visto, el sistema de fábrica implicó una nueva forma de


organización del trabajo, caracterizada por la concentración de gran núme­
ro de trabajadores en un mismo espacio para cumplir sus tareas bajo vigi­
lancia y según una estricta disciplina. En palabras de L andes , “la fábrica era
un nuevo tipo de prisión, y el reloj, un nuevo tipo de carcelero” (20).
Los trabajadores habituados a otras formas de trabajo, con horarios irre­
gulares y sin supervisión directa, debieron adaptarse a las nuevas condicio­
nes. La resistencia de los obreros a aceptar la nueva disciplina explica que
las normas establecidas por los patrones de las fábricas fueran tan estric­
tas, y que se castigaran severamente el ausentismo, la falta de puntualidad
y cualquier distracción durante el tiempo de trabajo.
El uso de maquinarias fue modificando también el grado de calificación
requerido a los obreros para realizar su trabajo. Ello varió según las ramas
de la industria, pero en general tendió a crecer el número de trabajadores no
calificados en relación con los calificados, y el trabajo de oficio fue perdien­
do terreno. Al mismo tiempo, surgieron nuevos trabajadores calificados, los
mecánicos, encargados de la reparación y el mantenimiento de las máquinas.
El sistema de fábrica también modificó las condiciones de trabajo de los
obreros que seguían realizando oficios manuales.
El historiador británico E. P. T hompson ofrece una descripción pormeno­
rizada de la situación de los tejedores ingleses a lo largo de la Revolución
Industrial. En el siglo XVIIl, el oficio era desempeñado por artesanos que
trabajaban en sus talleres o por trabajadores a domicilio de tiempo parcial.
Entre 1780 y 1830, su situación se degradó en gran medida, convirtiéndose
en su mayoría en proletarios a domicilio que tejían para agentes de las fá­
bricas o para algún intermediario. Los artesanos y oficiales tejedores se
transformaron en “tejedores manuales", expuestos a permanentes reduccio­
nes salariales.

(2 9 ) L an d e s (1 9 7 9 ).
122 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

En una primera etapa, hasta la década de 1820, el problema no fue la


competencia con el telar mecánico, sino la reducción de los salarios. T homp­
son remarca que el bajo precio y la abundancia de la mano de obra retrasa­
ron la mecanización, pero al costo del empobrecimiento y la explotación de
los tejedores manuales (30).

5,2,3,3. El trabajo de las mujeres y los niños

Con el sistema de fábrica se incrementó el trabajo de las mujeres y los


niños, para quienes se reservaban las tareas menos calificadas y que reci­
bían una paga menor que la de los hombres adultos, con respecto a los cua­
les eran además más disciplinados.
El trabajo femenino e infantil no era una novedad, ya que en la sociedad
preindustrial también trabajaba todo el grupo familiar, pero lo que cambió
radicalmente con la industrialización fueron las condiciones laborales.
Con la difusión de la industria doméstica en el siglo XVIII se había ex­
tendido el empleo de mujeres y niños, y sus ingresos eran generalmente
imprescindibles para la subsistencia de la familia. AI estudiar estos temas
es preciso no idealizar la situación precedente a la Revolución Industrial, en
la que las condiciones de trabajo y de vida eran también muy duras para los
sectores populares. Pero ello no parece ser un argumento suficiente para
negar los costos sociales que tuvieron las primeras décadas de la industria­
lización.
La actividad más característica de las mujeres era el hilado, y podían
utilizar la rueca mientras desempeñaban otras tareas, como vigilar los reba­
ños o cuidar a los niños. En los com ienzos de la mecanización, cuando
empezó a utilizarse la jen ny en las fábricas, ésta se veía como una amena-
za para los oficios femeninos de base familiar. En la práctica, las consecuen­
cias de la mecanización fueron otras. Las mujeres pasaron a trabajar en
otras industrias rurales o en los nuevos oficios urbanos que florecieron
desde la década de 1830.
La división sexual del trabajo había estado relacionada, desde sus oríge­
nes, con tas diferencias de fuerza y de destreza entre hombres y mujeres, lo
que implicaba que ciertas tareas sólo podían ser desempeñadas por los hom­
bres. Al mismo tiempo, los oficios específicamente femeninos, que requerían
una habilidad característica en las manos, como el hilado u otras tareas,
eran considerados por ios hombres como inferiores a los oficios masculinos,
y ésta es una razón por ia cual las mujeres recibían una paga menor por su

(3 0 ) T ü o w s o n ¡ ' 9 8 3 i
CAP. 5 - L A REVOLUCION INDUSTRIAL EN GRAN BRETAÑA 123

trabajo. Aun las mujeres que realizaban trabajos calificados eran infravalo­
radas: en los talleres de W e d g w o o d en Londres, una pintora de flores gana­
ba dos tercios de lo que percibía un hombre que hiciera la misma tarea (31).
Cuando comenzaron a utilizarse máquinas accionadas por energía inani­
mada, la situación se modificó parcialmente. Las mujeres pudieron desem­
peñar tareas antes reservadas a los hombres, pero como el trabajo fem eni­
no se consideraba inferior, siguieron percibiendo salarios menores. En la
primera mitad del siglo XIX, la mayor parte de las mujeres trabajaba en la
industria textil y la del vestido, que eran las principales ocupaciones junto
con el servicio doméstico. En la industria del hierro y en la minería las
mujeres trabajaban muy poco, salvo en la fabricación de clavos, o seleccio­
nando y clasificando los minerales en la superficie de las minas. En gene­
ral, estaban excluidas de los oficios artesanales y de las organizaciones de
trabajadores masculinos calificados (3a).
El trabajo de las mujeres en las fábricas tuvo un fuerte impacto sobre la
vida familiar. A diferencia de las otras formas de actividad industrial, im pli­
caba la ausencia del hogar por larguísimas horas y ia imposibilidad de cui­
dar de los hijos durante ese tiempo. Desde comienzos del siglo XIX se incre­
mentó el número de hogares en los que junto a un matrimonio y sus hijos
vivía alguna persona anciana •—en general, la madre de uno de los cónyu­
ges— que se ocupaba de las tareas domésticas y del cuidado de los niños
mientras la mujer trabajaba en la fábrica (33). De todos modos, era más ha­
bitual el trabajo fabril de las mujeres solteras que el de las casadas.
Al igual que en el caso de las mujeres, en la época preindustriaí los ni­
ños trabajaban, pero lo hacían en general dentro de la unidad doméstica,
ayudando a los adultos en las tareas agrícolas e industriales, o bien, en el
seno de otro grupo familiar en el cual realizaban el aprendizaje de un oficio.
Sus condiciones no eran las mejores, y había muchos casos de abuso y ex­
plotación, pero en comparación con los primeros tiempos de la industriali­
zación, la brecha es enorme.
Con la Revolución Industrial, los niños comenzaron a trabajar masiva­
mente en las fábricas. Eran más dóciles que los adultos, recibían-una paga
mucho menor e incluso eran más adecuados para algunas tareas que reque­
rían manos pequeñas o baja estatura, por ejemplo, el manejo de las máqui­
nas de hilar o ciertos trabajos en las minas.
El trabajo infantil constituye, sin. duda, el aspecto más negro de la Re*
voiución Industrial. Una enorme cantidad de testim onios — entre ellos, los

(3 1 ) B ero (1 9 8 7 ).

(3 2 ) R u l £ (1 9 9 0 ).

(3 3 ) A n d e r s o n (1 9 7 7 ).
124 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

inform es gubernamentales— confirma que las condiciones solían ser inhu­


manas.
En primer lugar, se redujo la edad mínima del ingreso en el mercado de
trabajo y se disminuyó la importancia deí aprendizaje, que era el período de
; transición por excelencia. En la industria algodonera, los niños comenzaban
a trabajar desde muy pequeños, a partir de los 6 u 8 años.
El horario de trabajo era el mismo que el de los adultos, entre 14 y 16
horas por día. Los salarios eran irrisorios: en las hilanderías de Lancashi-
re, la remuneración de los niños de menos de 11 años era 6 veces menor que
la de un adulto no calificado, y con lo obtenido por un niño en una jornada
de trabajo se podía comprar menos de un kilo de pan C3*). La disciplina era
muy dura, recurriéndose en muchos casos a los castigos corporales. Además
de todo ello, las condiciones insalubres del trabajo en las fábricas tenían
efectos muy negativos sobre la salud y el desarrollo infantiles.
Aunque ya en 1802 el Parlamento aprobó una ley para proteger a los
niños que trabajaban como aprendices en las fábricas, recién a partir de la
década de 18.30 el Estado comenzó a penalizar en forma efectiva los abusos
cometidos por los propietarios de las fábricas y a poner en vigencia nuevas
reglamentaciones, dirigidas a regular ei trabajo infantil. Al avanzar el siglo
XIX, la situación fue mejorando paulatinamente, aunque pasaron muchas
décadas hasta que se prohibió el trabajo de los menores en las fábricas.

5,2,3,4. El debate sobre el nivel de vida de los trabajadores

La discusión sobre las consecuencias sociales de la Revolución indus­


trial ha dado lugar a un largo debate acerca del nivel de vida de los trabaja­
dores, debate iniciado en la década de 1920 y todavía no concluido. Las dos
posiciones extremas son la de los “pesimistas" (que enfatizan los aspectos
negativos del proceso de industrialización] y la de los “ optim istas” (que
subrayan, en cambio, las mejoras obtenidas por los trabajadores en sus
condiciones materiales de vida).
Como vimos en el cap. 3, los primeros trabajos publicados sobre la Re­
volución Industrial se centraban en sus consecuencias sociales, y brindaban
una imagen fuertemente critica de ella. Las obras clásicas en este campo son
5a de A rnold T oynfmse (The industrial Revolution. 1884), ia de S ídney y B satricí-;
VVkbb (History o f Trade Unionism, 1894), y 3a de B arbara y J. L. H ammond [The
Skilled Labourer, 1919). Todas ellas veían a la industrialización como un

[ 3 4 ) B a iroch ( 1 9 9 7 ) .
CAP. 5 — LA REVOLUCION INDUSTRIAL EN GRAN BRETAÑA 125

proceso que había generado un empobrecimiento creciente de la población


y una degradación de grandes grupos de productores, y consideraban que eí
resultado final había sido muy negativo (35).
En 1926, J. H. C lapham publicó su E conom ic History o f Modern Brítain,
en la que discutió la visión pesimista desde una nueva perspectiva. Por una
parte, sostenía que la situación de los trabajadores no había empeorado
durante la Revolución Industrial, pero además decía que las afirmaciones
que se hicieran en este campo debían fundamentarse en datos estadísticos.
En la base de su argumentación utilizaba datos sobre salarios que habían
sido compilados por distintos autores, a partir de los cuales afirmaba que
entre 1790 y 1850 el poder adquisitivo medio de los obreros industriales
había aumentado aproximadamente en un 60 %. En los años cuarenta, T. S-
A shton continuó la línea inaugurada por C lapham . Utilizó nuevos datos esta­
dísticos porque consideraba que los que había usado C lapham no eran con­
fiables. pero coincidió con él en sostener una posición optimista, afirman­
do que en 1830 los miembros de las clases trabajadoras que habían salido
beneficiados con el advenimiento de la industria fabril superaban en número
a los que no habían experimentado mejora alguna (36).
Hasta la década de 1950, las respuestas de los pesimistas se basaron no
en datos estadísticos, sino en apreciaciones sobre la calidad de vida de la
población trabajadora: unos se situaban en el terreno de la cuantificación,
y otros, en el del impacto cualitativo de la industrialización.
En 1957, Ersc H obsbawm fue el primero que fundamentó la posición pesi­
mista con datos cuantitativos, tratando de demostrar que la industrialización
había tenido un impacto negativo también en el nivel material de existencia
de las clases trabajadoras. En un artículo sobre el nivel de vida en Gran
Bretaña entre 1790 y 1850, sostenía que las estadísticas disponibles sobre
salarios no eran adecuadas, y que para establecer cómo había evolucionado
el nivel de vida debían utilizarse otros indicadores, como la mortalidad, la
salud, el desempleo y el consumo. Consideraba que ei aumento de la mor­
talidad entre 1810 y 1840, y los datos disponibles sobre desempleo apunta­
laban la posición pesimista, y que la información sobre consumo arrojaba
bastantes dudas con respecto a la posición optimista. Como conclusión,
afirmaba que para el período comprendido entre 1790 y mediados de la dé­
cada de 1840, los niveles de vida habían descendido, y que para dicha eta­
pa la posición optimista carecía de toda base sólida (y7).

(3 5 ) R ule (1 9 9 0 ).

(3 6 ) T a y l o r (1 9 8 5 ).

(3 7 ) H o ijs b a w m (1 9 7 9 ).
126 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

El trabajo de H obsbawm provocó la respuesta de R. M. H artwell , que pu­


blicó en 1961 un artículo titulado “ El aumento del nivel de vida en Inglate­
rra, 1880-1850". Asumiendo la posición optimista, la fundamentaba con una
nueva argumentación. H artwell decía que dado que en ese período había
aumentado la renta inedia per cápíta, que no hubo en la distribución una
tendencia en contra de los trabajadores, que desde 1815 bajaron los precios
pero se mantuvieron constantes los salarios nominales, que se incrementó
el consumo per cápita de alimentos y otros bienes, y que el Estado intervi­
no crecientemente para proteger o elevar los niveles de vida, “hay que con­
cluir que en los años que van de 1800 a 1850 se produjo un aumento en los
salarios reales de la mayoría de los trabajadores ingleses" (3S).
La polémica adquirió a partir de entonces una gran intensidad. Se habían
puesto en marcha tres líneas básicas de investigación: el nivel de los sala­
rios reales, las pautas de consumo y la distribución de la renta nacional. El
enfrentamiento entre H obsbawm y Hartwell se acentuó, y otros autores inter­
vinieron en la contienda. En la discusión se combinaron la evidencia empí­
rica y las posiciones ideológicas, así como el desacuerdo acerca de cuáles
eran los datos más relevantes a la hora de medir el impacto de la industria­
lización sobre el nivel de vida.
T hompson retomó en los años sesenta la senda de los H ammond. Sostuvo
que los problemas más acuciantes de los primeros tiempos de la industria­
lización no se reflejan necesariamente en una estadística sobre el costo de
vida y tienen que ver, en cambio, con la puesta en juego de valores como las
costumbres tradicionales, la justicia, la independencia, la seguridad o la
economía familiar. Considerando los estudios sobre el consumo, T hompson
insiste en que si bien la renta per cápita aumentó, es enormemente difícil
evaluar cómo estaba distribuida. Destaca también que los cambios en cier­
tos hábitos de consumo —por ejemplo, la disminución del consumo de cer­
veza y el paralelo aumento del consumo de té, o el incremento del consumo
de papas—■eran vividos por los contemporáneos como una degradación.
Para T hompson, “en conjunto, los logros no fueron demasiado brillantes.
Tras cincuenta años de Revolución Industrial, la ciase obrera tenía una par­
ticipación en el producto nacional que, casi con toda seguridad, había des*
cendido en relación con la participación de los propietarios y profesionales.
El trabajador medio siguió estando muy próximo al nivel de subsistencia, en
una época en que estaba rodeado de testimonios evidentes del aumento de
la riqueza nacional. Gran parte de ella era, a todas luces, fruto de su propio
trabajo y pasaba, también con toda transparencia, a manos de sus patronos.
En términos psicológicos, esto se vivía en forma muy parecida a un descenso
de ios niveles” (39).

[3 8 ) H ar t w e ll (1 9 S 5 ).

(3 9 ) T hom pson (1 9 8 3 ).
CAP. 5 - L A REVOLUCION INDUSTRIAL EN GRAN BRETAÑA 127

El debate aún continúa, sin que una posición haya triunfado sobre la
otra en forma definitiva. P eter L indert y J epfrey W iluamson , dos historiadores
cuan ti tativistas norteamericanos, han propuesto una nueva periodízación a
partir de sus cálculos sobre los salarios. Afirman que entre 1790 y 1820, los
salarios reales permanecieron estancados, y que para este período sus con­
clusiones están a mitad de camino entre las de los pesimistas y las de los
optimistas. Al mismo tiempo, sostienen que entre 1820 y 1850, los salarios
reales prácticamente se duplicaron, y que ello consistió en un incremento
mucho mayor que lo que cualquiera de los optim istas hubiera supuesto
hasta ahora (40).
Pero las posiciones pesimistas también han encontrado nuevos defen­
sores. Jo£L M okyr ha demostrado mediante un análisis econométrico que las
tendencias en el consumo de ciertos bienes importados como el tabaco, el
azúcar y el té no parecen respaldar la tesis de un aumento de los salarios
reales y que aparentan sugerir mejoras muy limitadas en el nivel de vida de
la mayoría de los obreros hasta mediados del siglo XIX (41).
Por otra parte, diversos autores coinciden en afirmar que hubo fuertes
variaciones regionales, y que también deben considerarse las fluctuaciones
económicas de corto plazo, así como el impacto de las guerras a la hora de
hacer el balance de las consecuencias de la Revolución Industrial en el ni­
vel de vida de los trabajadores.
Los optimistas han enfatizado que, en el largo plazo, la industrialización
permitió un incremento del bienestar para el conjunto de la sociedad: no
sólo una mayor abundancia y variedad de bienes, sino también mejores con­
diciones sanitarias y educativas, y un aumento sostenido de la expectativa
de vida. Desde este punto de vista, no puede negarse que un obrero inglés
del siglo XX vive mejor que un noble del siglo XVII.
Los pesimistas, en cambio, aun reconociendo esta realidad, sostienen
que ella no puede ocultar ni hacernos olvidar los altísimos costos sociales
que se pagaron en los primeros tiempos de la industrialización, costos pa­
gados por personas de carne y hueso durante varias generaciones.

(4 0 ) L indert y W íi.l >a m son (1 9 8 3 ).

(4 1 ) M o k y r (1 9 8 8 ).
*

él
IOS NU€VOS PfilS€S ¡NDUSTftlñl€S:
CUBOFfi OCCID6NTAI V LOS CSTODOS
UNIDOS

Con las primeras décadas del siglo XIX la industria moderna se fue di*
fundiendo desde Gran Bretaña hacía algunos países de Europa continental
— Bélgica, Francia, Alemania— y hacia los Estados Unidos.
En este capítulo nos centraremos en el análisis comparado de los pro­
cesos de industrialización. El objetivo de la exposición es, fundamentalmen­
te, transmitir la complejidad de dichos procesos, y las diferentes combina-
clones de factores que en cada caso contribuyeron a hacer posible la indus­
trialización y a otorgarle rasgos característicos. Ello debería servir para la
reflexión sobre la dinámica del crecimiento económico y del desarrollo in­
dustrial.
A partir de los casos nacionales haremos referencia también a problemas
más generales y a procesos que son comunes a todos ios países. Por razo­
nes de orden cronológico, incluimos en la primera parte aspectos de la re­
volución de los transportes, en particular, el desarrollo del ferrocarril, que
en algunos de los países estudiados fue un factor clave en el proceso de
industrialización.
En todos los casos hemos tratado sólo algunos temas, que consideramos
relevantes, y en función del espacio disponible y de la claridad de la expo­
sición hemos obviado otros. Veremos, en primer término, los casos euro­
peos, y ai final, ei de los Estados Unidos.
130 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

6,1. LA INDUSTRIALIZACION DE EUROPA


CONTINENTAL
6,1,1. LA ECONOMIA EUROPEA EN VISPERAS
DE L A INDUSTRIALIZACION

Como señala S idney P ollard, a comienzos del siglo XIX Europa no era un
continente estancado o inerte, sino un área conformada por muchas econo*
mías diversificadas y contrastantes entre sí, y se encontraba en un proceso
de desarrollo y de cambio del que la Revolución Francesa fue sólo uno de los
ejemplos más significativos (M-
La Europa noroccidental, que fue la primera en industrializarse, era
aquella que más se asemejaba a Gran Bretaña, e incluía a las actuales Ho­
landa, Bélgica, Francia y Alemania. Los territorios que se encontraban ha­
cia el norte, el este y el sur formaban círculos concéntricos cuyo grado de
atraso económ ico era mayor cuanto más se alejaran del centro. Dentro de
cada país existían, además, diversidades regionales.
La agricultura había sufrido a lo largo del siglo XVIÍI una serie de trans­
formaciones que habían acentuado las diferencias entre las distintas regio­
nes. Como vimos en el capítulo precedente, los cambios se iniciaron en los
Países Bajos holandeses ya en el siglo XVI, e implicaron la supresión del
barbecho, la diversificación de los cultivos y la combinación de agricultura
y ganadería. A fines del siglo XVIII, la agricultura holandesa era la más avan­
zada de Europa, y su población campesina se había liberado desde hacía
mucho tiempo de los lazos feudales.
Las áreas con una agricultura más moderna eran — después de Holan­
da— Bélgica, Francia y la zona occidental del territorio alemán. En estas
regiones se habían incorporado las innovaciones y se había difundido la
economía de mercado. En Europa oriental, en cambio, seguían vigentes los
antiguos métodos de producción y las relaciones sociales de carácter feudal.
La producción industrial se llevaba a cabo según los métodos tradicio­
nales: la industria artesanal urbana, la industria rural a domicilio y la ma­
nufactura centralizada. Europa continental contaba con una fuerte tradición
protoindustrial, y a lo largo del siglo XVIU había habido un fuerte desarro­
llo de la industria a domicilio y de las “ pr oto fábricas” -
El desarrollo de las industrias se había visto favorecido por el incremen­
to de la demanda, la expansión del comercio y el avance de la urbanización.

(1 } P o l l a r d (1 3 9 1 ).
CAP. 6 - LOS NUEVOS PAISES INDUSTRIALES: EUROPA OCCIDENTAL Y. 131

La demanda interior fue la parte más significativa del mercado para los pro­
ductos manufacturados, y se vio estimulada por el incremento de la propen­
sión a consumir, en particular, de las clases medias urbanas.
El intercambio comercial con el mundo extraeuropeo creció rápidamente
a partir del siglo XVII, proveyendo de materias primas y, en mucha menor
medida, de mercados de consumo.
Desde mediados del siglo XVIII, la población de Europa continental co­
menzó a crecer a una tasa mayor que en cualquier período precedente, sin
que ello tuviera necesariamente que ver con transformaciones económicas,
ya que el crecimiento fue común a todas las regiones. Entre 1750 y 1780, la
tasa de incremento demográfico osciló entre un 30 y un 50 %, y respondió
a una multiplicidad de causas, que variaron según las regiones y para cuya
explicación se manejan distintas hipótesis (2).
Entre fines del siglo XVIII y principios del XIX, Europa continental vivió
un proceso de profundos cambios institucionales, producto de la Revolución
Francesa y de la expansión napoleónica, que fue acompañada por la aplica­
ción de las reformas revolucionarias en los territorios ocupados.
La Revolución Francesa ayudó a la creación de condiciones institucio­
nales favorables a la industrialización. Abolió los últimos residuos del orden
feudal e instituyó un sistema jurídico que garantizó las libertades individua­
les y la propiedad privada. Fueron suprimidas las corporaciones e institui­
da la libertad económica. La nueva legislación fue recopilada en el Código
Civil y el Código de Comercio, que fueron adoptados por la mayor parte de
los Estados europeos.

6,1,2. LOS PROCESOS BE INDUSTRIALIZACION

6,1,2,1. El papel del modelo inglés

Uno de los temas que aparece como central a la hora de estudiar ia in­
dustrialización del continente es el dei impacto del modelo inglés. Inglate­
rra constituyó en gran medida el ejemplo que los nuevos países industria­
les debieron imitar, entre otras cosas porque el proceso de innovación tec­
nológica había otorgado fuertes ventajas a la economía inglesa, cuya indus­
tria era mucho más competitiva que ia de Europa continental.
Inglaterra contaba con ventajas por haber sido la primera nación indus­
trial, y se había visto beneficiada también por el hecho de que durante más
de veinte años el Continente había vivido casi permanentemente en estado

(2 ) PCLLARO (1 9 9 1 ],
132 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

de guerra, como consecuencia de la Revolución Francesa y de las campañas


napoleónicas, que finalizaron recién en 1815.
Los nuevos países industriales absorbieron e imitaron, directa o indirec­
tamente, la tecnología que fue usada por primera vez en Inglaterra, pero, al
mismo tiempo, cada proceso de industrialización tuvo rasgos específicos.
Como veremos más adelante, mientras que en Bélgica la adopción de las
innovaciones fue muy rápida, en el caso de Francia la difusión de la nueva
tecnología fue mucho más lenta, y las formas tradicionales de producción
industrial siguieron teniendo un papel muy destacado hasta muy avanzado
el siglo XIX.
La mayor parte de los historiadores coincide hoy en que no existió un
camino único hacia la industrialización, sino una multiplicidad de modelos,
sin que necesariamente uno —el inglés— fuera superior a los otros. En cada
caso, las tradiciones preindustriales, la dotación de recursos, las caracterís­
ticas del mercado, el papel del Estado y muchos otros factores otorgaron una
singularidad al proceso de difusión de la industria moderna.
Hecha esta salvedad, el hecho de que Inglaterra haya tenido su Revolu­
ción Industrial en forma más precoz la convirtió naturalmente en un referen­
te clave, y desde el punto de vista tecnológico la industrialización de Euro­
pa continental en la primera mitad del siglo XIX consistió, en gran medida,
en la difusión de las innovaciones de la Revolución Industrial inglesa.
Las transformaciones que tuvieron lugar en Gran Bretaña cambiaron la
situación de los países continentales, que debieron hacer frente a la compe­
tencia de los productos ingleses, que eran mucho más baratos, tanto en sus
mercados internos como en los mercados de exportación.
A1 mismo tiempo, al contar con un antecedente como el de Inglaterra,
Europa continental pudo aprovechar lo que A lexander Gerschenkron denomi­
naba “ventajas del atraso” , al imitar un ejemplo ya existente, copiando tec­
nología e incorporando recursos humanos y capitales. El proceso de difusión
se continuó después dentro de Europa, y los países de industrialización más
temprana sirvieron de centro de irradiación de las innovaciones hacia las
áreas menos desarrolladas.

6,1,2,2. La transferencia de tecnología

Como señala P ollard , a comienzos del siglo XIX la brecha tecnológica


entre Gran Bretaña y Europa noroccidental no era demasiado grande, y en
varios países ya estaban presentes otros requisitos económicos y sociales
para la industrialización (3).

(3 ) P ollard (19 91).


CAP. 6 - LOS NUEVOS PAISES INDUSTRIALES: EUROPA OCCIDENTAL Y. 133

A pesar de ello, la adopción de los nuevos métodos de producción debió


enfrentar diversos obstáculos. En primer lugar, las restricciones impuestas
por el gobierno inglés, que a fines del siglo XVI11 aprobó diversas leyes (abo­
lidas en su totalidad recién en 1843} que prohibían la exportación de maqui­
narias y la emigración de artesanos, con el fin de evitar la difusión de las
innovaciones que otorgaban su superioridad a la industria británica.
De todos modos, estas disposiciones fueron burladas en forma reitera­
da mediante el contrabando de maquinarias, la emigración clandestina y el
espionaje industrial, y mxtchos de los nuevos emprendimientos en los pri­
meros países industríales del continente se llevaron a cabo empleando má­
quinas y recursos humanos ingleses (empresarios, técnicos y trabajadores
especializados).
Sin embargo, la adopción de la nueva tecnología debía superar otras di­
ficultades, en particular, los problemas técnicos que acarreaba la utilización
de la nueva maquinaria, y la falta de personal capacitado y con experiencia
en su manejo. En una primera etapa, la capacitación tuvo lugar de manera
personal, en los puestos de trabajo, pero más tarde fueron creadas escuelas
técnicas en las que se formaron mecánicos e ingenieros.

6,1,2,3* El papel del Estado

Como veremos al tratar los distintos casos nacionales, en la industria­


lización de Europa continental el papel del Estado fue mucho más activo que
en Gran Bretaña. Al analizarlo, debemos tomar en consideración que las
formas de intervención fueron muy variadas y no se limitaron de ningún
modo a ia protección arancelaria.
En primer lugar, los Estados estimularon el crecimiento industrial gra­
cias a su capacidad de reestructurar las instituciones sociales, creando un
ámbito favorable para el desarrollo de la empresa privada. La supresión del
poder de las instituciones feudales, la abolición de aranceles internos y el
mantenimiento de sistemas legales ordenados contribuyeron a dar forma al
ambiente en que se desarrollaron las empresas, incrementando la seguridad
empresarial y coadyuvando a la libre circulación de hombres y recursos.
Otra forma de contribución fue la puesta en marcha de servicios que
permitieron la creación de economías externas que favorecieron ía industria­
lización, como la educación técnica o los servicios de información oficiales.
En tercer lugar, los Estados tomaron medidas más directas para estimu­
lar el desarrollo de la empresa privada, a través de subsidios, tasas a la im­
portación, garantías a las inversiones y concesión de préstamos en condicio­
nes favorables.
134 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

Por último, y ello ocurrió en algunos países con los ferrocarriles, el


Estado podía asumir directamente la función de inversor y empresario (4).

f 6,1,2,4. Los bancos y los capitales

Uno de los requisitos de los procesos de industrialización es el de la


disponibilidad de capitales para la inversión. Estos pueden proceder de dis­
tintas fuentes: de las actividades no industriales (como la agricultura o el
comercio), de los beneficios obtenidos en la industria (como la reinversión
de utilidades), o bien, del sistema financiero.
Hasta las primeras décadas del siglo XIX, el crédito bancario en eí con­
tinente europeo era poco adecuado a las necesidades de la industria, ya que
los bancos ofrecían créditos de corto plazo, más propicios para el comercio
o la agricultura que para la inversión en el sector manufacturero, qué requie­
re tiempos más largos.
A medida que avanzó el proceso de industrialización, surgieron nuevas
formas de crédito que respondieron a los crecientes requerimientos de ca­
pitales, no sólo para la industria, sino también para financiar la construcción
de los ferrocarriles.
Una de las novedades más importantes del siglo XIX fue el nacimiento
de los bancos especializados en la financiación de la inversión industrial. El
primero fue creado por el gobierno, belga en 1822, pero otros bancos del
mismo tipo surgieron en Francia y en Alemania a partir de la década de 1850.
Además de ofrecer crédito a largo plazo, realizaban otras operaciones que
requerían las grandes empresas, como la capitalización y la emisión de tí­
tulos.
Una forma muy difundida a mediados del siglo XIX fueron los bancos de
crédito industrial, en los que fue pionero el Crédit Mobílier, creado por los
hermanos P ereire en Francia en 1852 con el propósito explícito de servir a
la industria, que estableció filiales en otros países y fue imitado en Alema­
nia y en otras naciones europeas-
A partir de la década de 1870, los bancos de crédito fueron reemplaza­
dos por un nuevo tipo de institución, los bancos de inversión, que se exten­
dieron con rapidez por toda Europa.
La financiación de ia industrialización europea se llevó a cabo, además,
mediante la inversión extranjera. Los primeros flujos de capital partieron de
Gran Bretaña, y se destinaron a financiar la construcción de ferrocarriles en
Francia y en Bélgica. Más tarde estos países y otros se transformaron, a su

(4 ) S us-k .e (1 9 7 9 )-
CAP. 6 — LOS NUEVOS PAISES INDUSTRIALES: EUROPA OCCIDENTAL Y. 135

vez, en exportadores de capitales hacia otras naciones europeas, financiando


no sólo la construcción ferroviaria, sino también las actividades industria­
les, sobre todo aquellas con mayores requerimientos de inversión, como la
industria pesada.

6,1,3. LA REVOLUCION DE LOS TRANSPORTES


Y LAS COMUNICACIONES

Como veremos más adelante, los procesos de industrialización en Euro­


pa y en los Estados Unidos se dieron en forma paralela a la modernización
del sistema de transportes, que constituyó, a su vez, un fuerte estímulo al
desarrollo industrial.
Hasta la década de 1830, las principales innovaciones en el campo de los
transportes y las comunicaciones consistieron en el mejoramiento de los
medios tradicionales.
En primer lugar, la extensión de la red de canales, que eran, junto con
los ríos, el medio de comunicación interior más rápido y barato. La impor­
tancia de los canales siguió siendo muy grande durante todo el siglo XIX.
También se mejoraron las rutas terrestres gracias a nuevas técnicas de
construcción, en particular el macadam, que era un empedrado combinado
con un sistema de drenaje.
Pero el invento más revolucionario fue el ferrocarril. Como vimos en el
capítulo precedente, desde la década de 1820 se comenzó a utilizar la má­
quina a vapor para impulsar medios de transporte. Para mediados del siglo
XIX, prácticamente todos los países europeos contaban con redes ferrovia­
rias, aunque su extensión, fuera de Gran Bretaña y Bélgica, y en menor
medida, Alemania, era todavía muy reducida.
A comienzos del siglo XIX, las máquinas a vapor comenzaron a utilizarse
también en la navegación: no obstante, en este campo los progresos fueron
limitados hasta la década de 1840.
El desarrollo de los ferrocarriles y de la navegación a vapor permitió
abaratar sensiblemente los.costos de transporte. Según estimaciones de P.^ul
B aíroch, entre 1800 y 1910 el descenso de los precios reales fue del orden de
10 a 1. El mismo B aírock calcula que éntre 1830 y 1870 los precios del trans­
porte terrestre, comparando las rutas con el ferrocarril, descendieron de 10
a 2, y los de la navegación marítima, en proporción de 10 a 4 ír>).

( 5 ) B a er o c k ( 1 9 8 7 ) .
136 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

Otro de los elementos centrales en la revolución de las comunicaciones


fue el telégrafo, que se utilizó por primera vez en 1839 y se difundió masi­
vamente a partir de mediados de la década de 1840; en ese sentido, Gran
Bretaña y los Estados Unidos fueron los países pioneros.
El telégrafo tuvo una enorme repercusión en la sociedad del siglo XIX.
Su uso fue muy importante en el campo militar y en el político, pero también
en la coordinación de los mercados financieros y comerciales. A diferencia
del ferrocarril, no tenía sustitutos qué se compararan, y por primera vez
permitió que la información viajara más rápido que las personas (")•

6,158,1 . El impacto del ferrocarril

El descenso de los costos de transporte se tradujo en un incremento


sostenido de la actividad comercial. Con el ferrocarril, .por primera vez se
logró abaratar el precio del transporte por tierra, que había sido siempre más
elevado que el del transporte por agua, y a medida que se fueron construyen­
do las redes ferroviarias pudieron incorporarse nuevas regiones a los circui­
tos comerciales, integrándose mercados regionales y nacionales. Otro ele­
mento central de los ferrocarriles fue su rapidez, que se fue incrementando
a lo largo del siglo y redujo sensiblemente ios tiempos requeridos para el
transporte de bienes y de personas.
Sin embargo, el impacto del ferrocarril fue más allá de las comunicacio­
nes, ya que fue también un gran impulsor del desarrollo industrial. Los eco­
nomistas denominan “ eslabonamientos" a los efectos expansivos que una
determinada actividad económica genera sobre otras. A lbert H írsciiman defi­
ne a los efectos del eslabonamiento de una determinada línea de producto
como “ fuerzas generadoras de inversión que son activadas, a través de las
relaciones insumo-producto, cuando las estructuras productivas que abas­
tecen los insumos de dicha línea o que utilizan sus productos son inadecua­
das o inexistentes. Los eslabonamientos hacia atrás conducen a nuevas in­
versiones en actividades proveedoras de insumos, y los eslabonamientos
hacia adelante, a inversiones en actividades que utilizan sus productos” (7).
En los primeros países industriales de Europa y en los Estados Unidos,
el ferrocarril fue un gran generador de eslabonamientos hacia atrás, favore­
ciendo el desarrollo de las diversas ramas de la producción que debieron
hacer frente a la demanda creciente de hierro, acero, carbón, maquinarias y
vagones. La minería del carbón, la producción de hierro y acero, y la indus­
tria mecánica constituyeron ios sectores más directamente afectados, pero

{6 } M o k v r (1 9 9 3 ).

(7 ) H irsc h m a n (1 9 8 3 ).
CAP. 6 - L O S NUEVOS PAISES INDUSTRIALES: EUROPA OCCIDENTAL Y.. 137

los eslabonamientos hacia atrás no se limitaron a ellos, incidiendo en mu­


chas ramas industriales proveedoras de bienes.
El ferrocarril permitió también fuertes incrementos en la producción
industrial gracias a la disminución de los costos de transporte y la amplia­
ción de los mercados, y favoreció la difusión de la máquina a vapor como
consecuencia del abaratamiento del transporte del carbón.
Mientras que en Gran Bretaña la Revolución Industrial precedió al ferro­
carril, en Europa noroccidental y ea ios Estados Unidos el ferrocarril llegó
junto con la industrialización y se convirtió en una parte integrante de ella.
En el resto de Europa, en cambio, los ferrocarriles llegaron antes que el
proceso de industrialización se hubiera iniciado (fij.
Estas diferencias incidieron en el impacto de los ferrocarriles sobre el
desarrollo industrial, ya que mientras en los primeros países industriales se
generaron rápidamente eslabonamientos hacia atrás, en los de industriali­
zación tardía el efecto fue menos significativo, sobre todo, porque la cons­
trucción de las redes ferroviarias fue financiada, en la mayoría de los casos,
con capitales extranjeros y porque ia importación de material ferroviario a
bajos costos obstaculizó el desarrollo de las industrias locales.
Desde el punto de vista de la organización empresaria, los ferrocarriles
pueden considerarse las primeras empresas modernas, que sirvieron de
modelo para la conformación de las grandes corporaciones industriales que
nacieron a fines del siglo XIX. El historiador norteamericano Alfrüd Chan-
d l i s r , a partir del caso de los Estados Unidos, señaló cómo el desarrollo del

ferrocarril contribuyó a la constitución de las sociedades anónimas y al


nacimiento de empresas con una organización gerencial y burocrática. La
dimensión de las empresas ferroviarias, a mediados del siglo XIX, era muy
superior a la de las firmas industriales, movilizando capitales y recursos
humanos a una escala sin precedentes {a}.
En los países europeos, a diferencia de los Estados Unidos, en la cons­
trucción y la gestión de los ferrocarriles hubo participación tanto del capi­
tal privado como iel Estado, y en algunos de ellos, como Bélgica y Alema­
nia, ei Estado tuvo el papel más significativo. Pero también en Europa las
empresas ferroviarias tuvieron grandes dimensiones y fueron, como en los
Estados Unidos, ias primeras grandes empresas modernas.
Aunque en algunos países, como Inglaterra y Francia, hubo participación
de empresas pequeñas en los inicios de la construcción de las líneas, la
tendencia a lo largo del siglo XIX fue a la concentración y la formación de
grandes compañías. Ello impulsó la constitución de sociedades anónimas y

[8) P ollakc (1 9 9 1 ).

(9) ClíArjDurií (1 9 8 8 ).
138 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

de nuevos sistemas de financiación, y la adopción de una estructura buro­


crática, tomando com o modelo, en muchos casos, a la organización militar
(esto último, sobre todo, en Alemania).
En Inglaterra, la primera línea, que unió a la ciudad industrial de Man-
chester con el puerto de Liverpool, fue inaugurada en 1825. Para 1850, las
redes que enlazaban Londres con los centros industriales y con otras gran­
des ciudades estaban casi todas abiertas a la circulación, y en las décadas
posteriores se efectuaron pocas modificaciones. Inglaterra fue el país en el
que la participación del Estado en la construcción de los ferrocarriles fue
más débil, y el control que éste ejercía sobre las compañías privadas fue muy
limitado.
Los primeros ferrocarriles del continente fueron los de Bélgica, en los
que el Estado fue el principal constructor y administrador. Comenzaron en
la década de 1830, y para 1850 el con ju nto del territorio estaba tan bien
comunicado como el de Inglaterra.
En Alemania, la construcción se inició a com ienzos de la década de
1840, y las líneas más importantes se terminaron antes de 1870. Al princi­
pio, el régimen de construcción y explotación fue muy variado, pero a par­
tir de fines de los años cuarenta se fueron ampliando la red estatal y la par­
ticipación del Estado en el tendido y gestión de las líneas. En la década de
1880, más del 80 % de la red de ferrocarriles de Prusia estaba en manos del
Estado.
De los primeros países industriales, Francia fue el que más tardó en
construir su red de ferrocarriles. Si bien la primera línea se inauguró en
1827, recién en la década de 1850 com enzó la construcción en gran escala,
gracias al sistema de concesiones y ventajas financieras ofrecidas por el
Estado. Los primeros ferrocarriles fueron construidos por empresas locales
pequeñas y, sobre todo, con inversiones inglesas, pero desde mediados del
siglo, la construcción estuvo en manos de grandes grupos financieros fran­
ceses. que también invirtieron en el tendido de líneas en Europa Central y
del Mediterráneo.

6,2. LOS PRIM EROS PAISES INDUSTRIALES:


BELGICA Y FR AN C IA

Bélgica y Francia fueron, junto con Suiza, los dos primeros países del
continente en industrializarse. Comenzaron su proceso de industrialización
a fines del siglo XVHí; si bien tienen algunos rasgos comunes, constituyen
dos modelos diferenciados de desarrollo a lo largo del siglo XIX.
CAP. 6 - LOS NUEVOS PAISES INDUSTRIALES: EUROPA OCCIDENTAL Y. 139

6,2,1. LA INDUSTRIALIZACION DE BELGICA

La primera región del continente que experimentó la Revolución indus­


trial fue el territorio que a partir de 1830 constituyó el reino de Bélgica. La
difusión de la industria moderna empezó a fines del siglo XVIII, afectando en
una etapa inicial, sobre todo, al sector textil, y más tarde —fundamentalmen­
te, en las décadas de 1820 y 1830— , a la industria del carbón y a la del hie­
rro.
En el siglo XIX, fue el país más industrializado de Europa, después de
Gran Bretaña, y aquel cuyo desarrollo industrial más se asemejó al mode­
lo inglés. Hacia 1860-1870, había completado su industrialización, y sus
cuencas industriales pueden ser consideradas como el primero de los
círculos concéntricos de la industrialización europea, ya que, a su vez, des­
de su territorio la industria se fue difundiendo hacia otras regiones del con­
tinente (10).
El éxito del proceso de industrialización de Bélgica lleva, sin duda, a
buscar sus razones, que son múltiples. En primer lugar, la abundancia de
hierro y carbón, ya que existen importantes yacimientos en las cuencas de
los ríos Escalda y.Mosa.
Otro factor favorable fue la disponibilidad de fuerza motriz, ya que par­
te del territorio está atravesado por ríos de corrientes rápidas que proporcio­
naban energía para una multitud de molinos de agua, y que servían también
como medios de comunicación y transporte.
La localización geográfica de Bélgica fue otro elemento que benefició a
la industrialización. La cercanía con respecto a Gran Bretaña facilitó la
transferencia de tecnología, y la vecindad con Francia le permitió contar con
un mercado externo al que destinó la mayor parte de su producción de car­
bón.
Además de ello, Bélgica contaba con una larguísima tradición industria!,
tanto en la minería y la metalurgia como en él sector textil. La minería de
carbón belga era la más antigua de Europa —había surgido en el siglo XIÜ--
y las raíces de ia industria del metal se remontaban a la prehistoria (u). La
industria textil, sobre todo la de la lana, tuvo una gran expansión desde la
Edad Media, cuando la zona de Flandes se especializó en la fabricación de
paños de lana de gran calidad para la exportación, convirtiéndose en una de
las principales áreas de producción de Europa. .

(1 0 ) P ollard (1 9 9 1 ).

(1 1 ) D k o n t y B r u w ie r (1 9 8 2 ).
140 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

Como veremos más adelante, el Estado también contribuyó a la indus­


trialización, invirtiendo en la infraestructura de transportes y promoviendo
la creación de bancos de inversión. Eso facilitó el desarrolio de las socieda­
des anónimas y la entrada de capitales extranjeros — franceses e ingleses—
en las décadas de 1830 y 1840.

6,2,1,1. La industria textil

Como decíamos en párrafos precedentes, desde la Edad Medía se había


desarrollado en Flandes un centro de industria textil lanera. También alií,
sobre todo alrededor de la ciudad de Gante, se habían expandido desde el
siglo XVIII la industria del lino y 1a fabricación de telas estampadas de algo­
dón, que se producían con métodos tradicionales en grandes talleres urba­
nos.
La industria lanera tenía su principal centro, a fines del siglo XVIíí, ai-
rededor de la ciudad de Verviers. El hilado y el tejido se llevaban a cabo
mediante el sistema de trabajo a domicilio, y las otras operaciones se rea­
lizaban en talleres urbanos, cada uno de los cuales ocupaba a varias doce­
nas de trabajadores.
En los últimos años dei siglo XVIII, comenzó la maquinizacíón de la in­
dustria algodonera en la zona de Gante. Los primeros pasos se dieron en la
fabricación de hilados, con la introducción de máquinas y de trabajadores
ingleses. Se difundió rápidamente el uso del vapor, y algunas empresas
empezaron a fabricar maquinaria textil, e incluso, a integrarse verticalraente,
produciendo desde las máquinas hasta las telas estampadas. La expansión
de la industria del algodón se aceleró con el fin de las guerras napoleónicas.
Para 1840, en el área de Gante tanto el hilado como el tejido dei algodón
estaban completamente mecanizados.
También en la industria de la lana empezaron a utilizarse máquinas de
hilar desde fines del siglo XVIII. Las primeras fueron importadas de Inglate­
rra, pero, como veremos enseguida, ya desde principios del siglo XIX comen­
zaron a ser fabricadas en la zona de Lieja, que era el centro metalúrgico
vecino a Verviers. La mecanización del tejido de lana fue más tardía, difun­
diéndose recién en la década de 1860.

6,2,1,2. La minería y la industria metalúrgica

La industria del carbón se desarrolló principalmente en la zona occiden­


tal del territorio, en ia que se utilizaban máquinas de N e w c o m e n desde prin­
cipios del siglo XVIII. Bélgica poseía varias cuencas carboníferas cuya pro­
ducción se destinaba al consumo local y, sobre todo, a la exportación al
norte de Francia. La modernización de la industria deí carbón fue constan-
CAP. 6 - L O S NUEVOS PAISES INDUSTRIALES: EUROPA OCCIDENTAL Y. 141

te desde mediados del siglo XVIII, obteniéndose grandes incrementos en la


producción y en la productividad. Hasta entonces, la explotación de la ma­
yor parte de los yacimientos era llevada a cabo por cooperativas de mineros,
pero a medida que los requerimientos de capital aumentaron y la organiza­
ción técnica y financiera se volvió más compleja se constituyeron grandes
empresas privadas, en las que tuvieron una participación destacada los gran­
des comerciantes de carbón de las ciudades. A pesar de las reducidas dimen­
siones de su territorio, Bélgica fue eí principal productor de carbón del con­
tinente europeo basta la década de 1850.
La industria del hierro también se había desarrollado desde mucho an­
tes del siglo XVIII, sobre todo, en ei área de Lieja. En el período previo a la
Revolución Industrial esta zona se había especializado en la fabricación de
clavos y en la producción de láminas de hierro, pero ambas industrias per­
dieron importancia durante el siglo XVIÍL Aquí la Revolución Industrial sig­
nificó una ruptura con la tradición, y hubo una clara separación entre las
viejas y las nuevas fábricas. Estas últimas se establecieron según el mode­
lo inglés, especializándose en la fabricación de máquinas de hilar destina­
das a la industria textil lanera de las áreas vecinas, y, más tarde, en ía pro­
ducción de máquinas a vapor.
En el caso de Lieja es muy interesante observar el proceso de difusión
de la innovación desde Gran Bretaña, ya que la modernización de la indus­
tria del metal fue encabezada por un técnico inglés, W iluam C ockerill, que se
instaló en la zona a partir de 1799. C ockbrjll fue el primero en fabricar má­
quinas de hilar, y desde 1813 comenzó a producir también máquinas de
vapor con el sistema de James W att .
A fines de la década de 1820, la firma Cockerill era probablemente la
mayor empresa industrial del continente. Empleaba a casi 2.000 operarios
y representaba una Inversión equivalente a 1.500.000 de dólares, lo que
constituía una suma enorme para la época. Era, además, una empresa inte­
grada verticalmente, que incluía minas de carbón y de hierro, altos hornos,
refinerías, laminadores y fábricas que maquinaria. Durante un tiempo fue la
mayor proveedora de locomotoras deí continente, vendiendo a clientes de
casi toda Europa (12).
La otra zona tradicional de producción de hierro era la de Charleroi. en
la que desde inicios del siglo XIX comenzaron a utilizarse los métodos in­
gleses para la fundición y laminación del metal, lo que permitió reducir el
precio e incrementar la producción, que prácticamente se cuadruplicó entre
1835 y 1847 ( ia).

(12) C am ekon (1995); P o llard (1991).


(13) D h o n t y B u u w ie k {1982J.
142 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

En la década de 1830 ya estaba difundido el uso de la máquina a vapor


tanto en el sector textil com o en la minería del carbón y la metalurgia, y se
había extendido el sistema de fábrica. La construcción de los ferrocarriles,
que tuvo lugar a partir de 1834, contribuyó a sostener la expansión de la
industria del carbón, de la siderurgia y de la fabricación de maquinarias.

6,2,1,3. Algunos rasgos significativos de la industrialización belga

Para 1840, Bélgica se había convertido en una de las naciones más in­
dustriales del continente. Su caso reviste interés no sólo por haber sido el
primer país industrial dei continente, sino también por otras razones que
expondremos a continuación.
En primer lugar, porque es un ejemplo muy claro de industrialización
por difusión del modelo inglés, a través de la transferencia de tecnología, de
recursos humanos y de capitales.
Otro de los rasgos distintivos fue el papel asumido por el Estado. Su
acción se orientó, en primer lugar, a estimular el desarrollo de la industria,
y a partir de la década de 1830, a evitar las protestas obreras y el alza de los
salarios, que se mantuvieron por debajo de los del resto de Europa í14).
Paradójicamente, la Revolución Industrial tuvo lugar en Bélgica en un
período de gran inestabilidad institucional. Durante el siglo XVIII, estuvo
bajo el dominio austríaco. Entre 1795 y 1814, fue incorporada a Francia, y
entre 1814 y 1830, perteneció al reino de los Países Bajos. Recién en 1830,
se transformó en un reino independiente. Pero los distintos gobiernos tuvie­
ron un papel activo en el proceso de industrialización, más acentuado des­
de la década de 1820.
La industrialización comenzó en la época austríaca, etapa en la que el
gobierno ayudó a proteger a los fabricantes locales contra la competencia de
Inglaterra y Holanda. Se aceleró durante eí dominio francés, gracias a la
extensión del mercado a todo el imperio napoleónico, lo que favoreció, so­
bre todo, a los textiles. En este período, al introducirse la legislación fran­
cesa, el Estado m onopolizó las concesiones mineras, beneficiando a las
sociedades de grandes dimensiones. En la etapa de unificación con Holan­
da, la monarquía realizó fuertes inversiones en la construcción de canales,
pero- también-invirtió- directamente en acciones industriases y en subvencio­
nes a ia industria, y creó el primer banco de inversión. Por último, el gobier­
no independiente, desde mediados de la década de 1830, construyó y explotó
las principales líneas ferroviarias.
Otros de los rasgos característicos del modelo belga fueron el activo
papel de los bancos y la temprana constitución de grandes sociedades. E1

(1 4 ) P o u . t ó i) ( Í S 9 1 ) .
CAP. 6 — LOS NUEVOS PAISES INDUSTRIALES: EUROPA OCCIDENTAL Y... 143

primer banco de inversión en forma de sociedad anónima que existió en el


mundo fue la Société Générale de Belgique, fundado por el rey de Holanda
en 1822. En los años treinta, capitalistas privados crearon otro banco de las
mismas características, la Banque de Belgique. Los bancos de inversión tu­
vieron un papel muy importante en el proceso de industrialización, ya que
favorecieron la formación de sociedades anónimas y sirvieron para atraer
capitales extranjeros, sobre todo franceses (15|.
Algunas de estas grandes empresas estaban, a su vez, bajo el control de
los grandes bancos, que a cambio de los créditos otorgados habían obteni­
do participación en el capital accionario. Ello fue muy frecuente en la m ine­
ría y en la industria del hierro, sectores en que la dimensión de las empre­
sas exigía inversiones muy elevadas. Desde mediados de la década de 1830,
la mayor parte de las empresas de Charleroi pasaron a estar bajo el control
de los grandes bancos de Bruselas. En 1842, los C ockerill tuvieron serios
problemas financieros, y sus empresas fueron transformadas en sociedades
anónimas en cuya propiedad también participaron los bancos acreedores.
En Bélgica se desarrollaron muy tempranamente las grandes empresas
industriales, favorecidas por una legislación que facilitaba la formación de
sociedades anónimas. Fue muy precoz la constitución de empresas integra­
das verticalmente, tanto en la minería y el hierro como en el sector textil.
La sociedad belga contó con un empresariado que contribuyó activamen­
te a la industrialización, gracias a su disposición a adoptar las innovaciones.
En la industria textil, la modernización fue llevada a cabo, fundamentalmen­
te, por los viejos capitalistas, propietarios de las empresas de la era preme-
canica. En eí carbón y el hierro, el liderazgo provino, sobre todo, de los ban­
queros, de los comerciantes de carbón y de algunos industriales locales. En
ciertos sectores, como eí del algodón y el de la industria mecánica, fue tam-
bién muy importante el papel de los técnicos extranjeros.
La financiación de la Revolución Industrial provino de diversas fuentes.
Por una parte, de la inversión de las viejas dinastías de comerciantes e in­
dustriales; por la otra, la nobleza y los rentistas invirtieron a través de los
bancos que, como vimos, tuvieron un papel decisivo desde los años treinta.
Aunque su territorio y su mercado interno eran de dimensiones reduci­
das, una porción muy significativa de ía producción industrial se destinó a
ia exportación; Francia fue su principal mercado. Ello se vio favorecido por
la cercanía geográfica y la cornplementación económica: esta última se acen­
tuó durante la etapa de dominación francesa. Francia contaba con escasos
recursos minerales e importaba el carbón belga. A su vez, exportaba capita­
les a Bélgica, principalmente, con ia mediación de los grandes bancos fran­
ceses vinculados a ia banca belga.

! 15; C am e r o * (1 9 7 4 ).
144 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

6,2,2. LA INDUSTRIALIZACION DE FRANCIA

A diferencia de Bélgica, cuyo proceso de industrialización en el siglo XIX


siguió un camino similar al de Inglaterra, el caso de Francia es el de un
modelo de industrialización que en muchos aspectos se diferenció netamen­
te del británico.
Durante décadas, en los estudios sobre procesos de industrialización se
admitió la noción de un “ retraso" francés en relación con una economía
industrial que era proclamada como modelo (primero, la inglesa. luego, la
alemana, y, más tarde, la japonesa).
Desde los años cincuenta en adelante, esta noción fue sometida en for­
ma creciente a un proceso de revisión, y lo que hoy predomina es la idea de
que no existe una vía única hacia la industrialización, que sería el modelo
universal a imitar, sino múltiples caminos transitados por las diversas eco­
nomías nacionales y regionales. En ese marco, el caso francés constituye,
como todos los otros, un caso singular, ni superior ni inferior a los de los
otros países europeos (lfi).
La industrialización francesa fue una industri lízación sin “ revolución
industrial’', o, al menos, sin una etapa de despegue claramente identiíicable.
Constituyó un proceso gradual y sin un ritmo uniforme, que se inició en las
últimas décadas del siglo XVIII y en el que se alternaron períodos de acele­
ración y de desaceleración del crecimiento.
La modernización de la industria comenzó en el siglo XVIII, pero se vio
interrumpida a partir de 1789 por el estallido de ía Revolución Francesa. Con
ei fin de las guerras napoleónicas, en 1815, el proceso se reínició.
En términos generales, puede hablarse de dos grandes oleadas de indus­
trialización en el siglo XIX, que coinciden con las etapas de mayor creci­
miento de la economía a lo largo del siglo. La primera oleada se ubica entre
1815 y 1860, con una aceleración entre 1840 y 1860. Durante esta primera
etapa el crecimiento de la industria tuvo lugar, en gran medida, dentro de las
formas de producción tradicionales, con una mecanización reducida y un
alto empleo de mano de obra.
Entre 1860 y 1885, el ritmo de crecimiento de la economía fue más lento,
y el de la industria también, en parte, como consecuencia del agotamiento
de los recursos de la primera industrialización.
Una nueva etapa de expansión tuvo lugar desde mediados de 2a década
de 1885 hasta las vísperas de la Primera Guerra Mundial, acompañada por
una segunda industrialización de carácter más intensivo que ia primera, con

( 1 6 ) B o u v ie b ( 1 9 8 7 ) .
CAP. 6 — LOS NUEVOS PAISES INDUSTRÍALES: EUROPA OCCIDENTAL Y. 145

una amplia difusión de las innovaciones características de la industria mo­


derna (I7).
A lo largo de todo eí siglo XÍX, la transformación de la estructura
económica de Francia fue lenta, y la agricultura siguió teniendo una alta
participación en el producto total del país, como puede observarse en el cua­
dro 1:

Rubros 1820 1860 1880 1910

Agricultura 45,7 34,6 30,3 28,3


industria 28,7 31,4 33,3 37,0
C onstrucción 8,9 11,1 7,2 5.6
S ervicios 16,7 22,9 29,2 ■■29,1
Tota! 100,0 100,0 100,0 100,0
Fuente: Levy-Leboyer, M- y B o u r g u ig n o n , F., L ’économie frangaise au XIX siécle.
Economica, París, 1985.

Cuadro 1. Francia: estructura del producto nacional (en porcentajes).

Si consideramos la población empleada en los distintos sectores de la


actividad económica, el peso de la agricultura es aun mayor, ya que en 1886
el 47 % de ía población trabajaba en ocupaciones rurales.
Durante todo eí siglo XÍX, la tasa de urbanización francesa fue baja, y,
a diferencia de Inglaterra y Alemania, Francia siguió siendo un país predo­
minantemente rural. En 1846, ía población urbana representaba sólo el 25 %
del total, contra un 75 % de población rural. En 1901, todavía el 59 % de la
población vivía en el campo (la).

6,2,2,1. La economía francesa en eí siglo XVTII

En el sigío XVIII, Francia era uno de los países más ricos de Europa. Si
comparamos su economía con la inglesa en términos de tasas de crecimien­
to, ambas se expandieron a lo largo del sigío a un ritmo similar. Ello se con­
firma, en primer lugar, por los datos relativos al comercio exterior, pero tam­

i l 7) D avikt í I.9 9 7 L evv ' L kbovek y B ourgcicnon (1 9 S 5 ).

(1 8 ) F oülen (1 9 8 2 ).
146 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

bién por los de la producción industrial, por lo menos hasta la década de


1770. En cuanto a la agricultura francesa, si bien no sufrió las transforma­
ciones que afectaron a la inglesa, fue menos inmóvil que lo que tradicional-
mente se había supuesto C19}.
Durante el siglo XVHI, Francia tuvo, al igual que otros países del conti­
nente, un fuerte crecimiento de las actividades protoindustriales. La indus­
tria a domicilio se expandió gracias al impulso de la demanda exterior y a la
acción de los comerciantes empresarios de las ciudades que contrataron
mano de obra rural. El sector más importante era el de la industria textil, en
particular la de la lana, difundida por todo el territorio. En las últimas dé­
cadas comenzó también a expandirse la industria del algodón, que adoptó
rápidamente las innovaciones provenientes de Gran Bretaña.
Otros sectores industriales destacados eran la minería del carbón y la
metalurgia, en las que predominaban las viejas técnicas, aunque en el siglo
XVIII empezaron a utilizarse bombas de N bwcomen y nuevos métodos de pro­
ducción del hierro.
En algunas ramas de la industria funcionaban protofábricas que se ha­
bían expandido desde el siglo XVII gracias al apoyo del Estado, que contri­
buyó activamente a la creación de grandes empresas para la producción, de
bienes de lujo como gobelinos, porcelanas y cristales.
Aunque en vísperas de la Revolución Francia había iniciado el proceso
de modernización de su industria, lo había hecho a un ritmo mucho más
lento que el de Gran Bretaña. En la década de 1780, Inglaterra era un país
más “ desarrollado”, en el que la economía de mercado estaba más difundi­
da y en el que eran más favorables las condiciones para el progreso técni­
co.
Para el historiador F ranqois Crouzet, que estudió en forma comparada el
crecimiento de Inglaterra y Francia en el siglo XVIII, la diferencia fundamen­
tal entre ambas economías residía sobre todo en el terreno tecnológico. El
desarrollo industrial francés se dio en un marco de industria tradicional,
mientras que el crecimiento de la producción en Gran Bretaña estuvo signa­
do por la innovación.
C rouzet señala que en el caso inglés no hubiera sido posible un creci­
miento sostenido de la industria con los métodos de producción tradiciona­
les, y que ello llevó a los empresarios a adoptar las innovaciones. En Fran­
cia, en cambio, esta situación no se.dio, y la producción pudo satisfacer a
ia demanda sin que tuviera lugar un proceso de innovación tecnológica ge­
neralizado (20). Como veremos más adelante, la persistencia de los sistemas

(1 9 ) C r o u z e t (1 96G ).

(2 0 ) CROu/.í-rr (1 9 6 6 ).
CAP. 6 - LOS NUEVOS PAISES INDUSTRIALES: EUROPA OCCIDENTAL Y., 147

tradicionales de producción fue un rasgo distintivo de la industrialización


francesa también en el siglo XIX.

6,2,2,2. El impacto de la Revolución Francesa

Desde el comienzo de la Revolución Francesa, en 1789, hasta el fin de


las guerras napoleónicas, en 1815, el país vivió casi permanentemente en
guerra, lo que tuvo como resultado una disminución del ritmo de crecimien­
to de la economía.
El impacto de la Revolución sobre el proceso de industrialización fue am­
biguo. Desde el punto de vista económico tuvo efectos negativos, como la pér­
dida de su imperio colonial, de mercados externos y de fuentes de abastecimien­
to, a los que debe sumarse la movilización masiva de la población para la gue­
rra. En general, el proceso de innovación tecnológica se detuvo, salvo para la
industria textil del algodón. El efecto fue aun más negativo en términos relati­
vos, ya que a lo largo de 25 años la brecha con Gran Bretaña se amplió.
Por otro lado, muchas de las reformas institucionales impulsadas duran­
te la Revolución y el imperio beneficiaron en ei largo plazo el desarrollo in­
dustrial. La nueva legislación Creó un marco favorable para el desarrollo de
la iniciativa privada, consolidando los derechos de propiedad y suprimien­
do los vestigios del régimen corporativo.
Otro de los aspectos positivos de la etapa revolucionaria fue la política
educativa, con la creación de las escuelas especializadas en materias cien­
tíficas y en ingeniería, dedicadas a la formación de profesionales y a la in­
vestigación.
La Revolución modificó profundamente a la agricultura, aboliendo los
derechos feudales y consolidando un régimen de pequeña y mediana propie­
dad que constituyó uno de los rasgos característicos de la economía france­
sa. Como ya señalamos, el sistema de propiedad de la tierra explica, en gran
medida, la baja tasa de urbanización de Francia a lo largo del siglo XÍX.

6,2,2,3. La industrialización en el siglo XÍX: eí dualismo


industrial francés

„ La expresión “dualismo industrial" es utilizada por un número crecióme


de historiadores para caracterizar ai desarrollo industrial de Francia en el
siglo XIX, y refleja la complejidad que signó a la evolución de la industria,
qué no fue ni unilineal ni unívoca p 1).

{2 1 ) C a v ez (1 9 6 8 ).
148 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

El término hace referencia a la coexistencia, machas veces complemen­


taria, de formas tradicionales y formas innovadoras de producción industrial,
de la industria manual y la industria mecanizada. En Francia, las estructu­
ras protoindustriales se prolongaron y desarrollaron hasta muy avanzado el
siglo XIX, y acompañaron, ayudaron y facilitaron el surgimiento de ia gran
industria. Hasta mediados del siglo, la producción industrial francesa se
basó tanto en la manufactura tradicional como en la nueva industria mo­
derna.
En los dos primeros tercios del siglo, las formas modernas de produc­
ción industrial continuaron siendo excepcionales, localizadas en algunas
regiones y en algunas ramas de actividad, como el carbón y la siderurgia, y,
en menor medida, la industria metalúrgica, la química y la del vidrio. Estos
sectores eran, a su vez, los que tenían las tasas de crecimiento más eleva­
das.
Estas características, que como dijimos se mantuvieron hasta muy en­
trado el siglo, diferencian netamente a la industrialización francesa de la
inglesa o de la belga. En la década de 1860, el 60 % de los establecimientos
industriales de Francia utilizaba energía hidráulica, y sólo el 31 % usaba la
energía del vapor. Esta última se empleaba, sobre todo, para la navegación
y los ferrocarriles.
Además de ello, la industria francesa del siglo XIX fue mano de obra
intensiva. Se caracterizó más por la movilización y organización sistemáti­
ca de la mano de obra que por la introducción masiva de técnicas nuevas.
Gran parte de la mano de obra empleada en la industria seguía viviendo
en el campo y trabajando a domicilio. Aun el trabajo en las fábricas conser­
vaba, en muchos casos, rasgos arcaicos, y varias fábricas funcionaban más
como una “yuxtaposición de artesanos" que como una concentración de
proletarios (22). Pero al trabajar en relación de dependencia, los artesanos
perdieron el acceso directo al mercado, e incluso los que trabajaban en su
domicilio se convirtieron en asalariados.
En las empresas era muy frecuente una organización dualista, sobre
todo, en la rama textil, en la que existían distintos tipos de combinaciones,
como hilado en fábricas y tejido a domicilio, o tejido concentrado y otras
operaciones realizadas a domicilio.
Uno de los sectores que reviste particular interés es el de la industria de
la seda, fundamentalmente porque este producto fue uno de los principales
bienes de exportación de la industria francesa hasta fines del siglo XIX. En
la región de Lyon, que era la zona productora más importante, la fabricación
de telas de seda siguió haciéndose durante todo el siglo con métodos tradi­

(2 2 ) C a y e z (1 9 8 8 ).
CAP. 6 - LOS NUEVOS PAISES INDUSTRIALES: EUROPA OCCIDENTAL Y...

cionales. Se utilizó, sobre todo, el sistema de industria a domicilio, tanto


urbano como rural, y se recurrió limitadamente a la fábrica.
Como ya dijimos, desde fines de la década de 1860 y mediados de la de
1880 el ritmo de expansión de la economía francesa se desaceleró, declinan­
do las tasas de crecimiento de la renta nacional y las de la producción in­
dustrial.
Ello se debió, en parte, a la crisis de la agricultura {motivada, en gran
medida, por la competencia de productores extraeuropeos), aunque también
al agotamiento del modelo de industrialización, que hasta entonces había
funcionado bien, pero que comenzó a revelar sus insuficiencias, en particu­
lar su falta de competitividad.
Como respuesta a la crisis, la industria se modernizó, y a partir de la
década de 1880 se aceleró la inversión en equipos. Se difundió masivamen­
te el uso de la máquina a vapor, y, en general, las industrias tradicionales
se mecanizaron.
Ai mismo tiempo, se desarrollaron la industria metalúrgica y la quími­
ca, y aparecieron industrias nuevas, como la producción de hidroelectrici-
dad, la construcción de automóviles y la industria de material fotográfico.
En esta etapa se incrementó la financiación bancaria de las inversiones
industriales y creció el número de sociedades anónimas, favorecidas por una
reforma de la legislación que facilitó su formación. De este período datan
también las asociaciones entre grandes empresas, en primer lugar en la si­
derurgia y la química, que dieron nacimiento a grupos económicos de gran
magnitud.
El desarrollo industrial de las últimas décadas del siglo XIX fue generan­
do la transformación estructural de la economía francesa, reduciendo el
antiguo predominio de la agricultura. En 1914, el sector primario todavía era
el mayor sector en términos de empleo (un poco más del 40 % de la pobla­
ción activa), pero ya no eí primero por su contribución al producto nacional.
En ese año, la industria aportaba más del 40 %, la agricultura, entre un 25
y un 30 %, y el sector tei'ciario, el resto (23). De todos modos, en comparación
con Gran Bretaña, 3a importancia del sector agrícola era aún muy alta a co­
mienzos del siglo XX.

6,2,2,4. Los sectores de la actividad industrial

Entre ios primeros países industriales del continente, Francia fue, ju n­


to con Suiza, el que tuvo vina menor dotación de recursos naturales; dicho

(2 3 ) D a v íe t (1 9 9 7 ).
150 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

en términos más precisos, no tuvo la abundancia de recursos minerales con


la que contaron Inglaterra, Bélgica y Alemania.
Ello explica, en cierta medida, algunas características básicas de la in­
dustrialización francesa, en particular la lenta difusión de la máquina de
vapor y el papel menos protagómco jugado por la industria del hierro y la del
carbón. Una parte significativa de la demanda de carbón se cubría con la
importación desde Bélgica.
Las dos principales zonas productoras de carbón, en las que también se
desarrolló la siderurgia, fueron la del noroeste, en la frontera con Bélgica,
y la del valle del Loira superior.
En el norte, las minas de carbón se encontraban a mayor profundidad
que en Bélgica, lo que incrementaba su costo. Recién en la segunda mitad
del siglo XÍX, con la utilización de nueva tecnología, la cuenca carbonífera
norocciden tal jugó un rol estratégico en la fase principal de la industrializa­
ción francesa. En 1913 generaba dos tercios de la producción total del país.
También la producción de hierro en el área norocciden tal era inferior a
la belga. La protección aduanera favoreció el desarrollo de ía industria side­
rúrgica desde la década de 1820, con el aporte de técnicos belgas e ingleses,
y la utilización de los nuevos métodos de producción. En 1835, los depar­
tamentos del noroeste tenían casi la mitad del total de máquinas de vapor
existentes en Francia.
La zona del valle del Loira superior fue la otra gran área .productora de
carbón de alta calidad, lo cual favoreció la modernización temprana de las
industrias siderúrgica y mecánica.
La industria textil fue uno de los sectores que más se expandió en el
siglo XIX, y en ella fue muy visible la combinación de viejas y nuevas técni­
cas de producción. El sector que más se modernizó fue el del algodón, cu­
yos principales centros de producción se encontraban en el noroeste y en
Alsacia.
Esta última región fue una de las más dinámicas de la economía france­
sa, en parte, gracias a la abundancia de energía hidráulica. La industria del
hilado se mecanizó rápidamente, desde xa década de 1S20. El algodón impul­
só, a su vez, el desarrollo de otros sectores: industria química y maquina­
ria, tanto maquinaria textil como otros productos mecánicos, incluyendo
locomotoras. A mediados del siglo XIX, el complejo industrial de Alsacia
comprendía la producción siderúrgica, textil, de azúcar y otros artículos para
la exportación. Como Bélgica, era un centro secundario para la difusión de
la tecnología británica hacia otras áreas f2'1).

(2 4 ) P ols.akd (1 9 9 1 ).
CAP. 6 — LOS NUEVOS PAISES INDUSTRIALES: EUROPA OCCIDENTAL Y. 151

En la industria de la lana, en cambio, fue mayor la persistencia de los


■métodos de producción tradicionales. El hilado comenzó a mecanizarse en
la década de 1820, y el telar mecánico empezó a utilizarse en la de 1840,
pero su difusión fue muy lenta.
El otro sector destacado en la industria textil era el de la seda, cuyo
centro principal de producción era el área de la ciudad de Lyon. La indus­
tria de Lyon dominaba el mercado mundial de la seda. Como vimos preceden­
temente, también en ella la producción se llevaba a cabo mediante la com­
binación de métodos tradicionales y modernos.

6,2,2,5. Las empresas y los empresarios

Diversos historiadores han atribuido la lenta difusión de la industria


moderna en Francia tanto a las características de la sociedad francesa como
a una presunta falta-de espíritu innovador por parte de los empresarios.
Esta fue una interpretación difundida sobre todo en los años cincuenta
y sesenta, a partir de la obra de dos historiadores norteamericanos, J ohn
S awyer y D avid L andes . S awyer hacía hincapié en lo que señalaba como los
rasgos tradicionales de la sociedad francesa del siglo XIX, heredados de la
etapa prerrevolucionaria, que habrían obstaculizado el proceso de innova­
ción y la toma de riesgos por parte de los empresarios. Para S awyer, la men­
talidad burguesa se habría difundido lentamente, abriéndose paso con difi­
cultad frente a la mentalidad aristocrática.
L andes , en cambio, centró su argumentación en las características de los
empresarios franceses, a los que consideraba conservadores, hostiles a lo
nuevo y lo desconocido, y, por lo tanto, poco dispuestos a aceptar la inno­
vación. Para L andes, ésa habría sido la causa de que las empresas francesas
fueran mayoritariamenle pequeñas y familiares, que no se modernizaran y
que se mostraran poco competitivas {a:i}.
Si bien estas interpretaciones fueron debatidas y discutidas desde el
momento en que se formularon, la imagen de los empresarios franceses
como poco innovadores en su gran mayoría persistió por mucho tiempo. En
trabajos más recientes se ha enfatizado el tema de la dimensión y la estruc­
tura de las empresas francesas como un signo de atraso relativo frente a
otros países industríales.
Ambos argumentos, el de los empresarios conservadores y ei de las
empresas poco evolucionadas, son hoy fuertemente rebatidos. Este tema
tiene mucho interés porque, más allá del caso francés, permite reflexionar

(2 5 ) L an o ks (1 9 4 9 ).
152 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

sobre cuestiones como la racionalidad empresaria y los modelos de organí-"


zación de las firmas.
Veamos, en primer lugar, el caso de los empresarios. Aquello que enfa­
tizan los más críticos hacia el modelo francés es que los empresarios fran­
ceses adoptaron las innovaciones características de la industria moderna a
un ritmo mucho más lento que los de otros países europeos. Por ello los
pintan como empresarios arcaicos, que seguían utilizando los métodos de
producción tradicionales, como la-industria a domicilio, y cuyas empresas
eran, en su mayoría, de dimensiones reducidas.
Pero en ia industria francesa de la primera mitad del siglo XIX, y aun en
las décadas sucesivas, no siempre la opción más racional era la moderniza­
ción tecnológica. Los métodos de producción tradicionales presentaban una
serie de ventajas, y el sistema industrial funcionaba con mínimos costos y
con los menores riesgos. El capital fijo era reducido, la fuerza hidráulica era
más barata que el vapor y la utilización de reservas de mano de obra costa­
ba menos que la de maquinaria (20). Desde esta perspectiva, los empresarios
son percibidos como empresarios racionales que se adaptan a las condicio­
nes del mercado y sacan ventajas de la combinación de lo viejo y lo nuevo.
En el caso' de las empresas, ei argumento que es esgrimido como signo
de atraso es que todavía a comienzos del siglo XX la dimensión media de las
firmas francesas era menor que en los otros países industrializados. El de­
sarrollo de la gran empresa moderna, gerencial y descentralizada, fue lento.
Las empresas familiares siguieron siendo predominantes, y hasta la década
de 1870 se crearon muy pocas sociedades anónimas p7).
Diversos autores han atribuido estas características a la falta de inicia­
tiva de los empresarios. Otros, en cambio, remarcan que ellas respondían en
gran medida a las condiciones del mercado, en el que la demanda de produc­
tos industriales era más reducida que en otros países desarrollados y eí nivel
de urbanización era más bajo, lo cual reducía las posibilidades de desarro­
llar una producción en gran escala y la integración de circuitos comerciales
por parte de las empresas de producción (3S). Por otro lado, las empresas
familiares no fueron necesariamente poco competitivas; así lo revelan mu­
chos de los casos que han sido estudiados en distintas ramas de 3a produc­
ción, como la siderxirgia o la mecánica.

(26) C ayez (1988).


(27) Fo:«,£N (1979)-
(28) Cayez (1988)
CAP. 6 - LOS NUEVOS PAISES INDUSTRÍALES: EUROPA OCCIDENTAL Y.. 153

Como decíamos previamente, el debate sobre los empresarios franceses


puede servir de punto de partida para la discusión de otros temas; .por ejem­
plo, la interacción de factor empresarial y factores ambientales, así como la
diversidad de las formas eficientes de organización industrial.

6,2,2,6. El debate sobre el modelo de industrialización francesa

En realidad, ei debate sobre el erapresariado francés forma parte del


debate más amplio acerca del presunto retraso de esa nación con respecto
a otros países industriales.
Como vimos al iniciar el estudio del caso francés, hoy se discute esta
noción del atraso relativo. ínsistiéndose, además,-en ias singularidades de
las distintas vías de industrialización.
A esta nueva perspectiva han contribuido en gran medida los estudios
cuantitativos sobre las tasas de crecimiento de la economía francesa en el
siglo XIX, y la comparación con las de otros países, en particular las de Gran
Bretaña.
Como señala C rouzet, el producto nacional francés creció más lentamen­
te que el de otros países occidentales, pero la población de Francia también
creció a una tasa menor. En consecuencia, el producto per cápita se expan­
dió a un ritmo que no fue inferior al de los países de industrialización más
exitosa. Ello no debe hacer olvidar, por otra parte, que en el siglo XIX el
ingreso per cápita de los ingleses era un tercio más elevado que el de los
franceses, pero ésta era una distancia que ya era visible en el siglo XVIII (-9).
Cuando pensamos en la economía francesa en su conjunto, no debemos
olvidar que a lo largo dei siglo XIX. Francia se autoabastecía de productos
agrícolas, e incluso exportaba una parte de la producción. Este fue otro rasgo
que la diferenció netamente de Gran Bretaña y Bélgica.
Otra característica relevante de la historia de Francia ha sido ei lento
crecimiento de su población en los últimos dos siglos. Por razones que aún
no han sido suficientemente diíucidadas,-desde fines dei siglo XVIII se difun-
dio, antes que en los otros países europeos, el control de la natalidad.
Mientras que en el siglo XIX la población de los países europeos creció
a una tasa muy elevada, la cié Francia tuvo un comportamiento diverso, como
puede observarse en el cuadro 2. Por esta razón Francia no fue un país de
emigración masiva, como las otras naciones de Europa Occidental, sino que
recibió inmigrantes europeos.

{ 20 ) C houzüt (19 97).


154 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

Anos
1800 1850 1900 1910 j
Países
Bélgica 3,0 4,3 6,7 7,4 I
Gran Bretaña 10,9 20,9 36,9 40,8 I
Francia 26,9 36,5 40,7 41,5 j
Alemania 24,5 .. 31,7 50,6 58,5 |
F uen te: A r m e n g a u d , A., “La población europea. 1700*1914", en C ip o l l a , C . (com p.), La
Revolución Industria!, Ariel, Barcelona, 1979.

Cuadro 2. Población estimada en varios países europeos entre 1800 y 1910


(en millones).

En lo relativo al crecimiento no ya de la economía en su conjunto, sino


de la producción industrial, los historiadores P atrick O ’B ríen y Caglar K eydbr
han estudiado en forma comparada a Francia e Inglaterra, llegando a la con*'
clusión de que a lo largo del siglo XIX la industria francesa en su conjunto
no estuvo retrasada con respecto a la inglesa. Hacen hincapié én las diferen­
cias sectoriales, sosteniendo que la industria francesa fue competitiva al
concentrarse en actividades para las que tenía ventajas relativas, y deducen
que, a pesar de la menor difusión de la innovación tecnológica, la producti­
vidad de la industria francesa no fue inferior a la de la inglesa p0).
En realidad, O 'B riek y Keyder subrayan otro punto que para ellos es cru­
cial, el de los costos sociales del proceso de industrialización. Comparando
el modelo francés y el inglés, desde la perspectiva social se inclinan por el
primero, resaltando que la población francesa tuvo en el siglo XIX una cali­
dad de vida superior a la inglesa, sobre todo porque el sistema de propiedad
fue más igualitario en Francia, favoreciendo la persistencia de la pequeña
propiedad rural y manteniendo por mucho más tiempo a la población en el
campo.
Enfatizan, y éste es un. punto crucial en su exposición, que tanto el ere- ,
cimiento económico como el cambio estructural no son fines en sí mismos,
sino instrumentos para promover el bienestar social, elevar los niveles de
consumo y, quizá, la calidad de vida. En función de ello, sostienen que el
desarrollo francés puede ser considerado como “ un transición más humana,
y tal vez no menos eficaz, hacia la sociedad industrial” (3!).

(3 0 ) O ’ B rjen y K eyüer (1 9 7 S ).

(3 1 ) 0 ‘B rien y K eydsr [1979j.


CAP. 6 - L O S NUEVOS PAISES INDUSTRIALES: EUROPA OCCIDENTAL Y... 155

La interpretación de O’Bríen y K e y o e r ha sido muy discutida. L a n d e s , por


ejemplo, considera que su tesis es provocadora, y que su comparación en­
tre Francia y Gran Bretaña ignora temas que para él son centrales, como la
importancia del cambio tecnológico y ia transformación estructural de la
economía (32).
Pero más allá de las posiciones encontradas, creemos que el caso fran­
cés puede servir para reflexionar desde una perspectiva complejizante sobre
la relación entre el desarrollo económico y el impacto que éste tiene sobre
los distintos sectores de la sociedad.

6,3. LA INDUSTRIALIZACION DE ALEMANIA


Alemania comenzó su revolución industrial en la década de 1840. Fue,
por lo tanto, el más rezagado de los países de la primera oleada de industria­
lización en el continente, pero en vísperas de la Primera Guerra Mundial
había logrado superar a Gran Bretaña y se había transformado en la princi­
pal potencia económica europea.
A principios del siglo XIX, los mayores obstáculos a la industrialización
alemana eran de orden institucional. Su territorio se hallaba fragmentado en
una gran cantidad de unidades políticas independientes, y ello creaba fuer­
tes trabas para la formación de un mercado interno unificado. El comercio
interior se veía limitado por innumerables barreras aduaneras, diferentes
monedas y monopolios comerciales.
Aunque la unificación política de Alemania se completó recién en 1871.
ya en 1834 se llevó a cabo una unión aduanera {el Zotlverein) que permitió
la unificación del mercado interno.
Antes de las guerras napoleónicas seguían subsistiendo rasgos feudales
en la sociedad y lazos de servidumbre en las áreas rurales, sobre todo en ¡as
regiones orientales. Ello limitaba la movilidad geográfica y social, y desalen­
taba la iniciativa individual y las innovaciones. También redundaba en una
capacidad de demanda interna restringida, con una población sometida a
cargas feudales e impuestos públicos, y un escaso desarrollo de una econo ­
mía de mercado.
Como contrapartida. Alemania contaba con una serie de condiciones
ventajosas que, una vez superados los obstáculos institucionales, sirvieron
para motorizar eí proceso de industrialización más exitoso deí continente.
Entre ellas, podemos destacar la disponibilidad de recursos naturales (prín-

(3 2 ) L a n u k s (1 3 9 3 ).
156 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

cipalmente hierro y carbón), una fuerte tradición en la industria doméstica


y artesanal, y un sistema educativo avanzado, con tasas de analfabetismo
inferiores a las del resto de Europa, salvo Suiza.
Una de las peculiaridades de la Revolución Industrial alemana fue el
avance simultáneo de la tecnología manufacturera y de la conversión en una
economía de mercado (y3J.
Al igual que en casi todas las naciones que se industrializaron a partir
del siglo XVIII, en Alemania fueron muy marcadas las diferencias regionales.
En términos globales, la región occidental del territorio fue la más industria­
lizada, mientras que la zona oriental, en cambio, siguió siendo, en gran par­
te, un área agrícola.
A medida que avanzó la industrialización, ambas zonas tendieron a com­
plementarse: el este proveía al oeste de materias primas y alimentos, y el
oeste vendía al este productos manufacturados. El este fue, además, un área
de emigración de mano de obra, que se dirigía a los centros industríales de
la zona occidental. Por otro lado, la producción agraria del este también se
destinaba al mercado externo —sobre todo a Gran Bretaña— , contribuyen­
do a equilibrar la balanza comercial.
A su vez, en el conjunto del territorio hubo fuertes diferencias entre las
regiones. Algunas zonas lideraron el proceso de industrialización, como
Sajonia y Renania, pero la industria no se difundió en forma automática
desde estos centros hacia otras partes de Alemania, y en términos regiona­
les el desarrollo industrial fue muy desigual.
El caso alemán es un ejemplo de mdusfcrsalisación derivada, ya que el
modelo inglés ejerció una profunda influencia sobre él. El proceso de moder­
nización de la industria fue en gran medida, en sus orígenes, una respues­
ta al desafío que significó la competencia de los productos británicos, en
especial después del fin de las guerras napoleónicas. Como en el caso inglés,
la industrialización recibió su mayor impulso en un período relativamente
breve, y se basó en los mismos sectores: carbón, hierro, industria mecáni­
ca y textil. Pero a diferencia de Inglaterra, en Alemania la importancia de la
industria textil fue limitada, y los sectores de punta fueron la industria pe­
sada y la de bienes de capital.
Durante la primera mitad del siglo XIX, Alemania pudo aprovechar las
ventajas del atraso imitando a otros países —Inglaterra en primer lugar, pero
también Bélgica, Francia y Suiza— , tanto en lo relativo a la innovación tec­
nológica como a las transformaciones institucionales que habían acompaña­
do a los procesos de industrialización.

(3 3) B o r c h a r d t (1982).
CAP. 6 - LOS NUEVOS PAISES INDUSTRIALES: EUROPA OCCIDENTAL Y.. 157

En los comienzos de su industrialización, recibió el aporte de capitales


extranjeros (por ejemplo, capitales franceses en la minería), e importó insu-
mos industriales (como hierro e hilados de algodón) y bienes de capital (má­
quinas de vapor, maquinaria textil, locomotoras, etc.). Más tarde, la indus­
tria local sustituyó paulatinamente a las importaciones, y la inversión con­
tó con fuentes de financiación interna.

6,3,1- L A S E T A P A S D E L A I N D U S T R I A L I Z A C I O N A L E M A N A

En las ultimas décadas, los historiadores de ía industrialización alemana


han logrado un consenso acerca de su periodízacióñ, que si bien retoma el
modelo de las etapas de Rosxow, corrige la cronología que el mismo R o s t o w
había establecido (34).
La primera etapa, comprendida entre 1780 y las décadas de 1830-1840,
constituye lo que se denomina “ primera industrialización". Este período fue
el de ios comienzos de la mecanización, en el que se llevaron a cabo refor­
mas institucionales que favorecieron la liberaiización del comercio, y de los
mercados de mano de obra y de la tierra.
La segunda, que transcurre entre 1840-1850 y la década de 1870, corres­
ponde a la Revolución Industrial, o al “despegue” en términos rostowianos
(aunque no todos aceptan la pertinencia del concepto de despegue). En esta
etapa fueron cruciales el desarrollo del ferrocarril y su impacto sobre la in­
dustria del carbón, la del hierro y la de las maquinarias, que pasaron a ser
ios sectores líderes de la industria alemana.
La tercera etapa se ubica entre ia década de 1870 y la Primera Guerra
Mundial, y se caracteriza como “ fase industrial madura” . Coincide con la
difusión de la industria moderna, y con la aceleración del cambio estructu­
ral y de la urbanización. En este período tuvo lugar la expansión internacio­
nal de la economía alemana, que comenzó a desplazar a Gran Bretaña en el
liderazgo industrial.

6,3,2. LA PROTOTNDXJSTRÍ ALXZACION '

Como la mayor parte de los países europeos, Alemania tenía una larga
tradición protoindustrial. Desde el siglo XVI, en varias áreas rurales se ha­
bía ido expandiendo la producción industrial orientada hacia la exportación,

(3 4 ) T il l y (1 9 8 8 ).
158 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

basada en el sistema de industria a domicilio. Esta actividad protoindustrial


se incrementó a lo largo del siglo XVIII, favoreciendo el desarrollo de las
industrias textil y metalúrgica. La producción se destinaba tanto al merca­
do interno como ai externo, incluyendo a Europa y a regiones extraeuropeas,
sobre todo el continente americano.
El caso alemán, en el que la industria rural lia sido un tema muy estu­
diado desde el siglo XIX, sirve para observar ei impacto diferenciado que la
protoindustria tuvo en distintas regiones sobre el posterior desarrollo indus­
trial.
En términos generales, la actividad protoindustrial contribuyó a crear
condiciones favorables a través de diversos canales. Desde mucho antes del
siglo XIX existían regiones industriales que producían bienes textiles y
metalúrgicos, entre las que se destacaban Renania, Sajorna y Silesia. En
todas ellas la protoindustria favoreció la acumulación de capital, la capaci­
tación de la mano de obra y el desarrollo de los circuitos comerciales den­
tro y fuera del territorio alemán.
De todos modos, la transición hacia el sistema de fábrica no fue automá­
tica. Veremos cómo en ei sector textil, que era el más importante a comien­
zos del siglo XIX, en Renania y en Sajonia la base protoindustrial dio ei
impulso para el desarrollo de la industria de fábrica, mientras que en Sile­
sia la industria tradicional no consiguió llevar a cabo un proceso de trans­
formación y terminó desapareciendo. Las diferentes reacciones frente a la
mecanización se explican, en gran medida, por las condiciones socioeconó­
micas e institucionales de las regiones.
Aunque a continuación nos centraremos en el sector textil, con eí fin de
simplificar la exposición, en las tres regiones también se había desarrolla­
do la industria metalúrgica. La principal zona productora en esta rama era
Renania, en la que se fabricaban productos de metal —entre ellos, cuchillos,
armas y una gran variedad de utensilios— , que se destinaban mayormente
a la exportación.
Silesia (situada en el área oriental del reino de Prusía) se había especia­
lizado en la industria textil del lino, que era el producto de mayor consumo
popular, y desde el siglo XVI producía para ei mercado internacional. Hasta
fines del siglo XVIII, la expansión de la producción continuó sin impedimen­
tos, basada en el sistema de trabajo a domicilio en las áreas rurales. A par­
tir dei fín de las guerras napoleónicas .y de la reanudación del comercio
europeo con Gran Bretaña, la producción texiil de Silesia comenzó a entrar
en crisis. Debió competir con los hilados y los tejidos de lino británicos,
cuyo precio era muy inferior porque se elaboraban en forma mecanizada, y
también con los tejidos de algodón, que empezaban a reemplazar a los de
lino.
Frente a la competencia británica la industria no se modernizó, sino que
inició una decadencia irreversible y perdid'^ü-svin'etcad'tís^La resistencia a la
CAP. 6 — LOS NUEVOS PAISES INDUSTRIALES: EUROPA OCCIDENTAL Y.. 159

mecanización fue producto de una diversidad de factores ligados a las carac­


terísticas de la industria a domicilio en la región, y, en general, a la estruc­
tura social e institucional, que conservaba fuertes rasgos feudales (35). Por
otro lado, la industria del lino fue uno de los sectores protoindustriales más
negativamente afectados en toda Europa por la Revolución Industrial, ya que,
como ya dijimos, debió enfrentar la competencia del algodón como produc­
to sustituto.
La región de Renania tuvo, en cambio, una evolución muy distinta. Era
una zona mucho más integrada al mercado mundial, gracias a la cercanía
con Holanda. En ella el sistema feudal se debilitó tempranamente, y se vio
favorecida de manera directa por las reformas institucionales que tuvieron
lugar durante la ocupación napoleónica.
El sector más desarrollado en la etapa protoindustrial fue el de la indus­
tria textil: en una primera etapa, la del lino, más tarde, también la de la seda,
y, desde fines del siglo XVIII, la del algodón.
A diferencia de Silesia, Renania pudo competir con la producción inglesa
que comenzó a inundar el mercado después de las guerras napoleónicas,
especializándose en la fabricación de bienes textiles de alto valor agregado,
mecanizando la industria de tejidos de algodón y utilizando hilados impor­
tados de Inglaterra.
Las razones de esta reacción tan diversa frente al desafío de la compe­
tencia británica radican, en gran medida, en las características de la socie­
dad, en la que las estructuras agrarias tradicionales habían sido erosiona­
das y el marco social era mucho más abierto a la innovación.
Por otra parte, en ambas regiones la organización del sistema de traba­
jo a d om icilio había sido diferente. En Silesia, predominaba el Kaufsystem,
en el qae los pequeños productores vendían su producción a los comercian­
tes, asumiendo todos los riesgos. En Renania, en cambio, el sistema más
extendido era el Verlagssystem, en el que los comerciantes empresarios
encargaban el trabajo y proveían la materia prima. En este último caso, las-
posibilidades de adoptar innovaciones eran mucho más amplias í” '].
La región de Sajorna, por último, era otra de las zonas de mayor tradi­
ción protoindustrial. La actividad principal era la industria textil, seguida por
la metalurgia y otros rubros. La artesanía textil rural derivó desde comien­
zos del siglo XIX hacia la industria mecanizada, favorecida, como en el c.r~:so

(35) K íscü í 19S6).

(36) K is c h (19S6).
160 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

de Renania, por condiciones institucionales y sociales que propiciaban la


innovación {37j.

6,3,3. LA PRIMERA INDUSTRIALIZACION (1780-1840)

En las primeras décadas del siglo XIX, Alemania sufrió una serie de
transformaciones que sirvieron de base para el proceso de industrialización
que s’e aceleró a partir de los años cuarenta.
En primer lugar, fueron removidos muchos de los obstáculos de orden
institucional y legal que dificultaban eí desarrollo industrial. Con las guerras
napoleónicas se alteraron las estructuras tradicionales, y la nueva legisla­
ción debilitó a las instituciones feudales. Paulatinamente- fue desapareciendo
la servidumbre en las áreas rurales y, al mismo tiempo, se liberalizó la ac­
tividad industri'L, suprimiendo los privilegios gremiales. Estas medidas no
tuvieron efectos inmediatos, pero permitieron liberar mano de obra e inte­
grar la población campesina en el mercado.
Desde fines de las guerras napoleónicas se inició también un proceso de
crecimiento de la población, gracias al aumento de las tasas de natalidad y
de nupcialidad. El número de habitantes pasó de 24.800.000 en 1816 a
35.500.000 en 1850 í33). Ello se vio acompañado por el incremento de la pro­
ducción agrícola, que se basó, sobre todo, en la ampliación de la superficie
cultivada, pero que implicó también un proceso de modernización que inclu­
yó la reducción del barbecho y la introducción de nuevos cultivos.
Como ya señalamos, Alemania contaba con una importante tradición
protoindustrial, sustentada en la producción artesanal y la industria domés­
tica, en la que se destacaban el sector textil y el metalúrgico.
Hasta la década de 1840, los incrementos en la producción industrial
provinieron mayoritariamente de estos dos sectores, que se fueron moder­
nizando de modo gradual. En la industria textil comenzó la mecanización
fundamentalmente en el sector del algodón, primero en el hilado y luego en
el tejido, pero las antiguas formas de producción siguieron subsistiendo.
También en la industria metalúrgica asistimos a una lenta difusión de
los nuevos métodos junto a los tradicionales. Los mayores pasos tuvieron
lugar en la fabricación de bienes (como el acero o los objetos de ese mate-

( 3 7 ) F i s h e r (1 98 1).

(3 8 ) B orciíarot Í1982J.
CAP. 6 — LOS NUEVOS PAÍSES INDUSTRIALES: EUROPA OCCIDENTAL Y.. 161

rial) que requerían pericia técnica y un alto empleo de mano de obra. En ese
rubro, el principal centro de producción era Renania, seguido por Silesia í39}.
En esta etapa se constituyó, en 1834, una unión aduanera, el ZoLlverein,
que permitió la integración económica de la mayor parte de los territorios
que más tarde formaron el imperio alemán, contribuyendo de manera deci­
siva al proceso de industrialización. El mercado se unificó gracias a la abo­
lición de las aduanas interiores, y se establecieron aranceles comunes para
el comercio exterior, que ofrecieron una protección moderada a la industria.

6,3,4. LA REVOLUCION INDUSTRIAL (1840-1870)

A partir de la década de 1S40, la modernización de la industria se ace­


leró, sobre todo gracias a la construcción de los ferrocarriles — que comenzó
luego de 1835— y a los eslabonamientos que éstos generaron. La construc­
ción ferroviaria disminuyó un poco en la década de 1850, pero luego se ace­
leró nuevamente, y continuó aún después de la de 1870. La longitud de las
vías férreas era en 1850 de 6.000 kilómetros, y en 1870 —momento en el que
ya había sido construido lo esencial de las grandes líneas— alcanzaba los
19.500 kilómetros f40}.
Los ferrocarriles permitieron, en primer lugar, el abaratamiento del
transporte, cuyo costo descendió entre un 80 y un 85 % (4l}. La red ferroviaria
fue clave para la integración del mercado interno, y se complementó con la
de canales y carreteras, que también se expandieron y mejoraron. El ferro­
carril hizo posible el transporte terrestre a larga distancia del carbón, con­
tribuyendo decisivamente a la difusión de la máquina a vapor y, en general,
al desarrollo de la industria.
No obstante, el impacto más significativo de los ferrocarriles sobre el
sector industrial fue el impulso que dieron a la expansión y modernización
de la industria siderúrgica y mecánica, que pasaron a liderar el proceso de
industrialización desde los años cuarenta.
En los primeros años, la demanda generada por los ferrocarriles era
cubierta medíante la importación, pero rápidamente se desarrolló una indus­
tria sustítutiva. Al comenzar la construcción de las líneas férreas, casi la
totalidad de los productos de hierro que se requerían eran importados, pero

(39) L ardes (1 9 7 9 ).

(4 0) V s r l e y (1976).

(4 1 } B orciiardt (1982S-
162 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

en el curso de dos décadas los ferrocarriles fueron abastecidos por la Indus­


tria local, desde las locomotoras basta los rieles y los metales necesarios
para su fabricación í42}.
El acelerado desarrollo de la siderurgia se vio favorecido por la disponi­
bilidad de yacimientos de hierro y carbón. En este punto Alemania tuvo una
situación privilegiada, debido a su dotación de recursos naturales. En la
segunda mitad del siglo XIX, comenzaron a explotarse nuevos centros mine­
ros en la Alta Silesia, el Sarre y Renania-Westfalia.
Desde la década de 1840, la principal zona productora de hierro y car­
bón fue la de la cuenca del Ruhr, en la región de Renania-Westfalia, que se
desarrolló en forma tardía pero a un ritmo muy rápido. En el lapso de me­
dio siglo se transformó en la principal región industrial del continente, gra­
cias a sus riquísimos yacimientos de hulla y a su ubicación geográfica; esta
última ie permitía comunicarse con el resto del territorio por vía fluvial (a
través de ríos y canales) o por vía terrestre, mediante el ferrocarril.
Para el desarrollo del área del Ruhr, la construcción de .la red ferrovia­
ria fue un factor decisivo por diversas razones. En primer lugar, por el incre­
mento de la demanda de hierro y carbón, pero también porque los ferroca­
rriles permitieron el transporte del carbón a larga distancia y el abasteci­
miento de mineral de hierro a las cuencas carboníferas, cuyas reservas de
hierro eran reducidas.
La explotación sistemática de los yacimientos de carbón se inició recién
en la década de 1840, porque, debido a su profundidad, requirieron tecno­
logía muy avanzada. Como vimos, en Renania existía una industria metalúr­
gica desde comienzos de la época moderna, pero ei distrito del Ruhr en el
siglo XVIII era un área principalmente agrícola, en la que sólo había algunas
pequeñas explotaciones mineras. La producción de carbón era ir¡ significan te,
y ia industria metalúrgica seguía usando métodos tradicionales. Recién en
1848 fue instalado el primer alto horno para la producción de hierro median­
te la utilización de coque.
En la segunda mitad del siglo XIX, la producción de carbón creció a un
ritmo vertiginoso, pasando de 1.700.000 toneladas en 1850 a 11.600.000
toneladas en 1870, a 60.100.000 toneladas en 1900 y a 114.220.000 tonela­
das en 1913. Esta última cifra representaba el 60 % de la producción alema­
na, y casi 3 veces el total de la producción francesa E"3}.
Junto con la producción de carbón se expandió.la industria siderúrgica,
cuyo principal centro fue también ía zona del Ruhr, en la que se desarrolla-

(42) F remdukg (1977).

(43) P ollard (1991).


CAP. 6 - LOS NUEVOS PAÍSES INDUSTRIALES: EUROPA OCCIDENTAL Y...

ron ias primeras empresas que integraron verticalmente la producción. Las


mayores corporaciones, como Krupp, Thyssen y otras, eran propietarias de
minas de hierro y carbón, de plantas para la producción de coque, de altos
hornos, de fundiciones, de plantas de laminación, y de fábricas de produc­
tos metálicos y de maquinarias.
El ritmo de la innovación tecnológica fue muy rápido. Desde la década
de 1860 comenzaron a adoptarse nuevos métodos para la producción de
acero: el proceso Bessemer (que redujo notablemente los costos) y los altos
hornos Siemens-Martin (que posibilitaron elevar la calidad). En la década del
ochenta empezó a utilizarse el proceso Gilchrist Thomas, que permitió usar
hierro con alto contenido de fósforo y emplear el mineral proveniente de la
región de Lorena, que estuvo bajo dominio alemán desde el fin de la guerra
franco-prusiana {en 1871) hasta el término de la Primera Guerra Mundial
(1918).
Entre 1870 y 1913, la producción alemana de acero creció a una tasa
anual superior aí 6 %. El incremento más acelerado tuvo lugar después de
1880, tras la incorporación de las minas de Lorena: entre 1880 y 1900, la
producción se multiplicó por 10. En 1895, la producción de acero alemana
superó a la inglesa, y en 1914, la había duplicado (44).
Para fines de siglo, el costo de la elaboración del acero era sólo el 10 %
del nivel que tenía en la década de 1860.
La reducción del precio del acero permitió incrementar su uso. y comen­
zó a utilizarse en forma creciente para la construcción y para la fabricación
de barcos y ferrocarriles.

6,3,5. LA INDUSTRIALIZACION MADURA (1870-1914)

La última fase de la industrialización fue la de mayor expansión econó­


mica de Alemania 3^ el período en el cual superó definitivamente sus condi­
ciones de atraso relativo. Por las dimensiones de su economía y su adelan­
to tecnológico se convirtió en el país más desarrollado del continente euro­
peo, y en algunos sectores —hierro, acero, química, electroquímica— sobre­
pasó también, a. Gran Bretaña.
Entre 1873 y 1914. el producto bruto interno de Alemania se triplicó, y
la actividad industrial contribuyó de manera decisiva a su expansión. Debe­
mos aclarar que-a lo largo de ese período las tasas dé crecimiento variaron:
fueron menores hasta la década de 1890 y se incrementaron después. Ello
fue consecuencia del impacto de la depresión económica que se extendió

( 4 /í) RokCHAXDT ; 19 8 2 ); C amküom (1 9 9 5 ).


164 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

entre 1873 y 1895, la cual, de todos modos, afectó a Alemania menos que a
otros países europeos.
Entre 1873 y 1914, la participación de la industria en el producto total
pasó de un tercio a la mitad. La tasa de crecimiento anual de la producción
industrial fue del 3,7 %, y hasta la década previa a 1a Primera Guerra Mun­
dial, las industrias productoras.de bienes de capital prosperaron más rápi­
damente que las de bienes de consumo (45).
En esos años también se aceleraron el ritmo de crecimiento demográfi­
co y el proceso de industrialización. La población aumentó de 41.600.000 en
1871 a 64.900.000 en 1910. Mientras que en 1871 el 63,9 % de los habitan­
tes vivía en áreas rurales, en 1910 la población rural había descendido al
39,9 % y la población urbana alcanzaba al 60,1 %, habiéndose invertido las
proporciones t*0).
A pesar dei incremento demográfico y de la acelerada urbanización, has­
ta la Primera Guerra Mundial el peso del mercado interno de bienes de con­
sumo no fue tan decisivo en la industrialización alemana como en ía ingle­
sa y la norteamericana. La principal diferencia con Gran Bretaña fue que la
tasa de urbanización era más baja, pero, sobre todo, que la población urba­
na estaba mucho menos concentrada en grandes ciudades y que las áreas
urbanas estaban mucho más dispersas en el territorio. Todavía en vísperas
de la Primera Guerra Mundial, las tínicas grandes concentraciones urbanas
eran la de la zona del Ruhr y el área metropolitana de Berlín. Además, las
diferencias regionales entre el oeste industrial y ei este agrario siguieron
teniendo un fuerte peso en la economía.
Con respecto a los Estados Unidos, la diferéncia esencia! fue que ía tasa
de crecimiento de la población era más baja: en 1871, ambos países tenían
casi la misma cantidad de habitantes (41.000.000), pero en 1910, mientras
que Alemania tenía casi 65.000.000, los Estados Unidos ya superaban los
92.000.000.
Por último, el ingreso per cápíta, si bien creció rápidamente en el perío­
do anterior a la Primera Guerra Mundial, siguió siendo inferior al de Gran
Bretaña y al de los Estados Unidos, como revela el cuadro 3:

(43) R ocha (1979).

(4 6 ) C h a n d l e r (1 9 9 0 ).
CAP. 6 - LOS NUEVOS PAISES INDUSTRIALES: EUROPA OCCIDENTAL Y... 165

Anos
1870 1913
Países
Alemania 535 1.073
Gran Bretaña 972 1.481
Estados Unidos 769 1.813
F u e n t e: M adoison , A., Phases o f Capitalist Development, i
N u e v a York, 1982. ¡

Cuadro 3. Ingreso per cápíía (en dólares de 1970).

Debido a las características del mercado interno alemán, la gran expan­


sión de las últimas décadas del siglo XIX tuvo como correlato el incremen­
to de las exportaciones de productos industríales, lo que ocurrió a un ritmo
vertiginoso.
Hasta fines del siglo XIX, Alemania exportaba sobre todo bienes de con­
sumo a los mercados urbanos de Europa Occidental y de los Estados Unidos,
pero a partir de inicios de este siglo la exportación de bienes de capital pasó
a ser eí rubro principal; abarcó, fundamentalmente, metales, maquinaría,
productos químicos y equipos eléctricos.
Los destinos más importantes de estas exportaciones fueron los países
de Europa deí Este y del Sud, que comenzaban sus procesos de industria­
lización, y Gran Bretaña y los Estados Unidos (47}.
En el terreno de la innovación tecnológica y de la actividad industrial,
Alemania fue, en las últimas décadas del siglo XIX, uno de los centros de
irradiación de la Segunda Revolución Indu strial (de la cual volveremos a
hablar en el próximo capítulo), caracterizada por la expansión de nuevos
sectores de punta, en ios que se destacan, junto a la siderurgia y la produc­
ción de bienes de capital, la industria química, y la de equipo y material eléc­
trico.
La industria química comenzó a acelerar su crecimiento en la década de
1860, y en vísperas de la Primera Guerra Mundial se había transformado en
una de las ramas mas dinámicas. Los principales productos fueron en esa
etapa los colorantes y los fertilizantes artificiales, con ios que por primera
vez se pudo reemplazar a los abonos naturales en la agricultura. Desde fi­
nes de siglo se desarrolló, en sus inicios como un derivado de la química,
la industria farmacéutica.
La industria eléctrica se expandió rápidamente desde la década de 1880.
Al comienzo, sus aplicaciones más relevantes fueron la iluminación y los

(4 7 ) C h a k o u ík (1 9 9 0 ).
166 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

transportes urbanos, pero va a partir dei siglo XX los motores eléctricos


empezaron a competir con las máquinas a vapor y a reemplazarlas.
Tanto la industria química como la eléctrica constituyen ramas en las
que la producción está estrechamente ligada a la investigación científica, y
ambas se beneficiaron con el desarrollo del sistema educativo alemán, al q\ie
haremos referencia a continuación.
Los logros de la industrialización alemana a fines del siglo XIX y su
competencia exitosa con Gran Bretaña han merecido explicaciones diversas.
Sin adoptar ninguna en forma excluyente, veremos seguidamente algunas de
sus características, que contribuyen tanto a ia comprensión del caso alemán
com o a la reflexión sohre los procesos de industrialización taraía.
Como podrá observarse en párrafos siguientes, el éxito alemán fue resul­
tado de la combinación de una pluralidad de factores. En la base estuvo, sin
duda, la dotación de recursos naturales, que fue privilegiada en términos de
los requerimientos de la industria en el siglo XIX. Como ya vimos, la cons­
trucción de los ferrocarriles tuvo también un rol esencial en la etapa de ía
Revolución Industrial. Pero la industrialización alemana no puede compren­
derse sin hacer referencia a la formación de sus recursos humanos, a la
acción dei Estado, al papel de los bancos y al de las empresas y empresarios.
A eso debemos agregar, por supuesto, la circunstancia de que la industria-
lización alemana constituyó, como ya dijimos, una industrialización deriva­
da, en la que otras naciones industriales estimularon el desafío y ía compe­
tencia, y proveyeron, en las primeras etapas, tecnología, recursos humanos
y capitales.

6,3,6. EDUCACION, CIENCIA Y DESARROLLO TECNOLOGICO

Entre las causas a las que suele atribuirse el éxito de la industrialización


alemana, su sistema educativo ocupa uno de los lugares privilegiados, jun­
to a ia dotación de recursos naturales, ia disponibilidad de capitales, e.l ca­
rácter innovador de sus empresarios y la acción del Estado.
En el siglo XIX. el sistema educativo alemán fue el más avanzado dei
continente europeo, tanto en la educación elemental como en la técnica y
científica. A lo largo del siglo creció la escolaridad (en prusia y Sajorna,
donde ia enseñanza primaria era obligatoria, alcanzaba en la década de 1S60
a casi el 100 % de los niños en edad escolar), lo cual generó un alio nivel de
instrucción básica en extensos sectores de la sociedad.
Como señalan diversos autores, es difícil establecer una relación de
causalidad directa entre la educación elemental y el desarrollo industrial en
el siglo XIX, ya que se haría muy complejo explicar ia Revolución Industrial
inglesa. Pero como observa L a n o k s , la ca liesa.el, de la educación primaria ale­
CAP. 6 — LOS NUEVOS PAÍSES INDUSTRÍALES: EUROPA OCCIDENTAL Y. 167

mana era muy elevada, y la escolaridad constituía también una experiencia


de disciplinamiento í48). Por otra parte, a medida que avanzó la industriali­
zación, los requerimientos de instrucción de los trabajadores fueron aumen­
tando.
En Alemania se estableció de modo precoz la enseñanza profesional,
técnica y científica, cuyo impacto sobre el desarrollo industrial fue mucho
más directo. La formación en escuelas reemplazó al sistema de aprendiza­
je en los puestos de trabajo, y la complejidad creciente de la tecnología re­
quirió un mayor adiestramiento del personal.
En las primeras décadas del siglo, las universidades alemanas fueroja,
reformadas, siguiendo el modelo de las grandes escuelas francesas, y se
convirtieron en centros de excelencia académica, en las que se promovió el
desarrollo de las carreras técnicas y de la investigación científica.
Las universidades fueron pioneras en la adquisición y transferencia del
conocimiento, y se orientaron hacia el desarrollo de la física, la química y
sus aplicaciones en ei campo de la medicina y la tecnología industrial. Desde
fines del siglo XIX se crearon posgrados en ingeniería, y se establecieron
universidades técnicas con el objeto de formar personal para la industria. A
principios de siglo nacieron las primeras escuelas de negocios, para la for­
mación de cuadros geren cíales
El gobierno creó también institutos de investigación científica, que
mantuvieron lazos estrechos con las universidades, las escuelas técnicas y
las grandes empresas industriales.
A medida que eí desarrollo de la industria comenzó a estar creciente­
mente subordinado ai de la ciencia, y que 3a gestión de las empresas tendió
a complejizarse y a requerir personal cada vez más calificado, el sistema
educativo y científico alemán fue un factor determinante en el desarrollo de
su economía.

6,3/7. E L P A P E L D E L E S T A D O

En la industrialización alemana el papel del Estado fue muy activo, y se


manifestó de varios modos. Debemos remarcar que las formas de interven­
ción estatal en ios procesos de industrialización son complejas y van mucho
más allá de la política arancelaria, incluyendo —como acabamos de. v e r -
medidas tales como la orgn-iízación del sistema educativo y la promoción de
la investigación científica.

[4 8 ) L/\ K13es {1 r¡7 9;.

(4 2 j C hande.er U S 9 0 ).
168 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

Para el caso alemán podemos señalar, en una instancia inicial, el papel


que jugaron las reformas institucionales de ia primera mitad del siglo XLX
(que liberalizaron la estructura económica y social heredada del Antiguo
Régimen y crearon las condiciones para una economía de mercado), y, más
tarde, ia Unión Aduanera (que permitió la constitución de un mere, do inter­
no unificado).
La intervención estatal fue también muy relevante en la modernización
del sistema de comunicaciones. Hasta mediados de la década de 1870, la
mayor parte de las líneas ferroviarias fueron construidas por empresas
privadas con participación ocasional del gobierno, pero a partir de entonces
los Estados alemanes adquirieron las compañías ferroviarias, y las nuevas
líneas fueron construidas, en general, por cuenta del gobierno. El Estado fijó
las tarifas ferroviarias de modo de favorecer el intercambio entre las diver­
sas regiones, y la promoción de las actividades industriales y las exportacio­
nes (50).
Hasta la década de 1870 la protección arancelaria fue moderada, aunque
para el caso de los ferrocarriles las tarifas propiciaron la sustitución de
importaciones, ya que facilitaban la importación de metales en bruto y gra­
vaban la de productos elaborados (5l).
A fines de los años setenta, la política arancelaria viró hacia el protec­
cionismo, tanto para la industria como para la agricultura, como reacción a
los efectos negativos de la crisis económica que se inició a comienzos de la
década. En realidad, como veremos en el próximo capítulo, Alemania no fue
el único país en aplicar una política proteccionista en eí período de la Gran
Depresión (1873-1895), sino que dicha aplicación fue una tendencia genera­
lizada. con muy pocas excepciones.
Los aranceles proteccionistas favorecieron ía expansión de las exporta­
ciones industriales alemanas, ya que las empresas pudieron vender a precios
elevados en el mercado interno (protegido por las barreras aduaneras) y a
precios bajos en el mercado externo, practicando políticas de dumping. El
Estado, a su vez, contribuyó en forma directa a la promoción de las expor­
taciones industriales, facilitando a los empresarios el acceso a la informa­
ción y promoviendo su penetración en los mercados externos.
En este punto no es ocioso recordar que las últimas décadas del siglo
XIX fueron un período de ascenso del nacionalismo en los países europeos,
y que el desarrollo industrial pasó a ser percibido como un requisito para la
expansión económica y militar de ias naciones. En el caso de Alemania, que
fue uno de los países que más tarde logró su unificación política, su afirma­
ción como potencia fue respaldada por su poderío industrial, que fue, a su
vez, explícitamente fomentado por el Estado.

[50) B orchardt (1982).


(5 1 ) F rem dunc, (1 9 7 7 ).
CAP. 6 — LOS NUEVOS PAÍSES INDUSTRIALES: EUROPA OCCIDENTAL Y... 169

6,3,8. EL PAPEL DE LOS BANCOS EN LA INDUSTRIALIZACION

Otro actor decisivo en el proceso de industrialización de Alemania fue­


ron los bancos, ya que fue el país de Europa en el que existió la relación más
estrecha entre crédito bancario y desarrollo industrial, sobre todo en las
últimas décadas del siglo XIX. Relación estrecha no significa necesariamente
causalidad directa, ya que la financiación industrial ofrecía también otras
vías, en especial, la autofinancíación (52}, pero ello no puede hacer perder de
vista la importancia de los vínculos que existieron entre bancos y empresas.
La construcción de los ferrocarriles, que hasta la década de 1870 fue
llevada a cabo mayorítariamente por empresas privadas, creó una creciente
demanda de capital que favoreció la creación de nuevas instituciones finan­
cieras.
Hacia 1850 nacieron en Alemania los bancos de crédito, creados según
el modelo deí Crédit Mobilier francés, que hasta la década de 1870 proveye-
ron la mayor parte del capital invertido en el sector ferroviario.
Desde los años cincuenta, los bancos financiaron actividades industria­
les, pero esta función se fue acentuando a partir de los años setenta y, so­
bre todo, desde comienzos de la década de 1890. En la última etapa de la
industrialización alemana, ei crédito bancario tuvo una importancia crucial,
y la cooperación entre bancos y empresas industriales aumentó constante­
mente.
Desde mediados del siglo XIX fueron creados los grandes bancos de in­
versión (todos ellos con sede en Berlín), que sustituyeron a los bancos de
crédito desde la década de 1870. Los bancos de crédito y los grandes ban­
cos alemanes estuvieron entre las primeras instituciones financieras que
combinaron la función comercial con la de inversión, y por ello se los sue­
le llamar “ bancos mixtos” . Además de las operacioxtes de crédito (de corto
y de largo plazo), promovían la formación de nuevas empresas y canalizaban
el ahorro hacia ellas a través de la emisión de acciones y obligaciones (53).
En las últimas décadas del siglo XIX, los grandes bancos tuvieron un
papel que fue mucho más allá que el de intermediarios financieros. Los ban­
cos se convirtieron en accionistas de las grandes empresas industriales, y
como tales comenzaron a participar en su dirección.
Desde la década de 1870, las sociedades anónimas alemanas tenían la
obligación de contar, junto con el consejo directivo, con un consejo de su­
pervisores, que era elegido por los accionistas, y podía intervenir en la toma
de decisiones estratégicas. En su carácter de accionistas, los grandes ban-

(52) T ílly (1988).


(53) Tjlly (1974).
170 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

eos pasaron a formar parte del gobierno de las empresas. El grado de depen­
dencia entre bancos y empresas industriales variaba de sector a sector, y fue
mayor en la minería que en las industrias química y eléctrica.
La fuerte inñuencia de los bancos sobre la industria alcanzó su culmi­
nación a comienzos del siglo XX, pero a partir de entonces comenzó a dis­
minuir. La tendencia a las fusiones entre empresas que los mismos bancos
habían promovido aumentó el poder de las empresas industriales, cuyas
necesidades de capital superaban a menudo la capacidad financiera de un
solo banco i5*).

6,3,9- LAS EMPRESAS Y LOS EMPRESARIOS

Otro de los rasgos característicos de la industrialización alemana fue el


rol que desempeñaron en ella las grandes empresas que dominaron la acti­
vidad industrial desde la década de 1870.
Ello tuvo que ver, en gran medida, con el carácter de los sectores de
punta —industria del carbón, del hierro y del acero, química, eléctrica—, que
por sus características favorecieron la formación de empresas de grandes
dimensiones. Para fines del siglo XIX, algunos sectores, como eí minero, el
mecánico, el químico, el electromecánico y el textil, mostraban altos índices
de concentración.
El surgimiento de la empresa moderna se dio en Alemania en las últi­
mas décadas del siglo XIX, a la par que en los Estados Unidos. Con el incre­
mento paulatino dei número de sociedades anónimas desde los años setenta
se aceleró el proceso de separación entre propiedad y gestión. Las dimensio­
nes de las empresas, que alcanzaron grandes proporciones, generaron el
desarrollo de una organización burocrática y gerencial, que en muchos ca­
sos tomó como modelo la organización burocrática del Estado (55).
La competitividad de las empresas alemanas reposó, en gran medida, en
la eficiencia de su organización. Además, fueron tecnológicamente innova­
doras, y desde fines del siglo XIX contaron con sus propios laboratorios de
investigación científica y desarrollo tecnológico.
Una característica distintiva en las grandes empresas alemanas fue La
tendencia a la expansión y a la integración vertical, con el fin de controlar
las diversas fases de la producción, como vimos al referirnos a las empresas
de la zona del Ruhr.

(5 4 ) K o c k a (1 9 7 9 ).

(S f o K oc: sía ( 1 9 8 1 ) .
CAP. 6 - LOS NUEVOS PAISES INDUSTRIALES: EUROPA OCCIDENTAL Y.. 171

Desde la década de 1870 se manifiestan otros dos rasgos sobresalientes.


Por una parte, la estrecha vinculación entre empresas y bancos, de la cual
ya hemos hablado. Por otra, los acuerdos de cooperación entre empresas,
que llevaron a la formación de carteles (del alemán “KarteU” ), es decir, a aso­
ciaciones entre empresas en las que cada una conservaba su independencia.
Dichos acuerdos tenían como objeto el control del mercado, para contrarres­
tar las caídas de precios y ia sobreproducción en la época de la Gran Depre­
sión.
Una vez superada la crisis, ei número de carteles no disminuyó, sino que
se incrementó. Sirvieron para limitar la competencia y controlaron el mer­
cado en forma monopólica. Se calcula que, en 1907, la producción en manos
de carteles equivalía ai 25 % de la producción industrial total. El desarrollo
de los carteles se vio favorecido por la ausencia de leyes que limitaran su
formación, y su legitimidad fue confirmada por las máximas autoridades
judiciales. Recién se declararon ilegales después del fin de la Segunda Gue­
rra Mundial.
Estos rasgos llevaron a distintos autores a caracterizar al modelo alemán
como “capitalismo organizado” (56) o “capitalismo gerencial cooperativo” (57).

6,4. L A IN D U STR IALIZAC IO N


BE LOS ESTADOS UNIDOS

Entre comienzos de la década de 1780, al finalizar la Guerra de la inde­


pendencia, y 1914, al estallar la Primera Guerra Mundial, los Estados Uni­
dos pasaron de serán país con una población reducida, distribuida en un ex­
tenso territorio, a ser la nación con el mayor ingreso per cápita del mundo
y el país industrial líder, superando a Gran Bretaña desde fines del siglo XIX.
Entre 1S98 y 1900, los Estados Unidos generaron el 30 % de la producción
industrial mundial, mientras que en ese período a Gran Bretaña le corres­
pondió el 20 %, y a Alemania, el 17 % (Gíi).

(56} K ocka {1 9 7 9 ).

( 5 7 ) Chañóles* { 19 9 0 ) .

(5 6 ) C h a k d l e r { 1 9 9 0 ) .
172 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

6,4,1. LAS ETAPAS DE LA INDUSTRIALIZACION


NORTEAMERICANA

Antes de analizar aspectos particulares del proceso de industrialización


en los Estados Unidos, haremos referencia a las etapas por las que ella atra­
vesó a lo largo del siglo XIX, utilizando como base la periodización que pro­
pone el historiador D ouolass N orth
Debemos señalar, en primer lugar, que en el curso del siglo no se iden­
tifica con claridad una etapa de “despegue” . La economía y la industria cre­
cieron en forma sostenida en el transcurso de todo el siglo, aunque con más
celeridad después del fin de la guerra civil (que se libró entre 1861 y 1865).
El promedio anual de la tasa de crecimiento del producto per cápita fue del
1,3 % hasta la guerra, y del 1,8 % en la etapa posterior (G0).
Como veremos después con más detenimiento, el proceso de industria­
lización se vio favorecido por la disponibilidad de recursos naturales y por
la existencia de un inmenso mercado interno, con un extraordinario aumen­
to de la población, que pasó de menos de 4.000.000 de habitantes en 1790
a 90.000.000 en 1910, gracias a la inmigración masiva y a las altas tasas de
crecimiento vegetativo.
Además, estos factores se combinaron con un proceso constante de in­
novación tecnológica y organizativa, que Ies otorgó a los. Estados Unidos
fuertes ventajas frente a sus competidores europeos.
En la etapa colonial, la economía norteamericana era fundamentalmen­
te agraria: en fcl norte, predominaban las explotaciones agrícolas familiares,
y en sur, las grandes plantaciones esclavistas. La producción industrial era
limitada, y se llevaba a cabo en unidades domésticas o en talleres artesana­
les.
La situación comenzó a cambiar con la revolución de la independencia,
que liberó al territorio del mercantilismo británico y le dio la estabilidad
política necesaria para la expansión comercial (5I).
Entre fines de la década de 1780 y 1920 transcurrió la etapa que N orth
denomina “ primeras tentativas industriales” . Fue un período en el cual la
producción industrial se expandió (tanto en sus formas tradicionales como
en las más modernas) y en el que comenzó la mecanización, sobre todo, en
la industria textil, que se vio favorecida por las limitaciones a la importación
que se instauraron en la época de las guerras napoleónicas.

(59) N o r th (1978).
(60) D a v id (1984).
(61) K hxick (1979).
CAP. 6 - LOS NUEVOS PAÍSES INDUSTRIALES: EUROPA OCCIDENTAL Y. 173

En esta primera etapa, la industrialización tropezó con dificultades con­


siderables. En primer lugar, la exigüidad y la dispersión del mercado inter­
no; en 1790, la población {como ya señalamos) era de menos de 4.000.000
de habitantes, dispersa en un territorio muy vasto, con un grado de urbani­
zación bajísimo {el 92 % de la población vivía en áreas rurales). Las comu­
nicaciones eran rptuy difíciles porque las distancias eran muy grandes, y el
sistema de transportes, inadecuado. Otros obstáculos eran la escasez de
mano de obra y capitales, y el alto costo del trabajo, un factor que, como
veremos, incidió mucho en la posterior industrialización.
Al mismo tiempo, las posibilidades de desarrollo industrial se vieron
estimuladas por la expansión dei comercio exterior. La ruptura con Inglate­
rra alteró las viejas prácticas comerciales y abrió nuevas regiones al mter-
cambio. La transformación más decisiva fue la expansión del comercio del
algodón, que comenzó a cultivarse con fines comerciales a mediados de la
década de 1780. El volumen de las exportaciones de algodón pasó de 550.000
libras en 1793 a 83.000.000 en 1815, y continuó creciendo en las décadas
siguientes (62).
El “boom" del algodón contribuyó al desarrollo de la actividad comercial,
del transporte y del sistema financiero, y a la acumulación de capitales,
además de proporcionar la materia prima para el sector más dinámico de la
industria.
Entre 1820 y 1860 transcurre lo que N orth -denomina “la era de la indus­
trialización". Fue el período en el que la industria manufacturera se afirmó
en una serie de sectores, con el liderazgo de la industria textil. La región
más dinámica, en la que se concentró la actividad industrial, fue 1a del nor­
deste, favorecida por varios factores entre los que se contaban la población,
la urbanización y la disponibilidad de .energía y de servicios.
El desarrollo industrial y la difusión del sistema de fábrica se vieron
estimulados por la construcción de los ferrocarriles, que comenzó en 1830
y se aceleró a partir de 1840. En una primera etapa, la red ferroviaria com­
plementó a la de vías fluviales (ríos y canales), pero luego pasó a ser, como
veremos, un factor clave en la unificación del mercado interno y en la cons­
titución de un mercado de masas.
En el período 1840-1860, la industrialización se basó, sobre todo, en la
producción de bienes de consumo, en primer lugar la de textiles de algodón,
seguida por la del calzado y del cuero, la del hierro y la de máquinas.
La industria textil generó fuertes eslabonamientos hacia atrás y hacia
adelante. En el primer caso, impulsó la fabricación de maquinaria textil, que

(6 2) CilANDJLER (1 9 7 9 ).
174 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

comenzó tempranamente, en la década de 1810. Las fábricas de maquinaria


textil fueron el punto de partida para ei desarrollo de la industria mecánica,
ya que dieron origen a establecimientos dedicados a la fabricación de otro
tipo de bienes, desde máquinas-herramientas hasta locomotoras. Hacia ade­
lante ia industria textil derivó en la industria dei vestido, que ocupó un lu­
gar relevante en la expansión manufacturera.
En esta etapa, el desarrollo de la industria del hierro fue todavía limita­
do, aunque ya desde la década de, 1830 se había iniciado la modernización
de la producción. Ello se debió, en parte, a la escasez de carbón en la zona
de ia primera industrialización y a las dificultades de comunicación con las
áreas de producción. El hecho de que la oferta de carbón fuera restringida
estimuló ei uso de la energía hidráulica, sobre la base de la cual se desarro­
lló la industria textil de Nueva Inglaterra.
Además, en la primera etapa de la construcción de los ferrocarriles,
hasta la década de 1860, sus efectos sobre la producción local de hierro y
acero fueron limitados, ya que en la construcción de vías y material rodan­
te se utilizó una gran proporción de hierro im portado C*53).
El período que va de 1860 a 1914 fue la etapa de afi-mación de los Es­
tados Unidos como nación industrial; en ese lapso, se profundizaron las
transformaciones estructurales que se habían iniciado en las décadas ante­
riores.
La industria incrementó su participación en el producto nacional, a ex­
pensas de la agricultura, y el proceso de urbanización se aceleró. Mientras
que entre 1860 y 1910 la población rural se duplicó, la población urbana se
multiplicó por 7 ECi).
El mercado interno se amplió considerablemente gracias al crecimien­
to de la población, y se convirtió en un mercado de masas como consecuen­
cia de la extensión de la red ferroviaria y de la difusión del uso del telégrafo.
En esta etapa hubo cambios notables en la estructura de la industria, y
el liderazgo pasó de los sectores productores de bienes de consumo a los
productores de bienes de capital. Al igual que Alemania, en las últimas dé­
cadas del siglo XIX los Estados Unidos fueron uno de los centros de la Se­
gunda Revolución Industrial.

{63} F rp,m duno [1 9 7 7 ).

(G4> N o h th { i 978).
CAP. 6 — LOS NUEVOS PAÍSES INDUSTRIALES: EUROPA OCCIDENTAL Y. 175

En la industria, el proceso de innovación tecnológica fue constante, y las


ramas que más crecieron fueron la del liierro y el acero, la mecánica y la
producción de bienes de consumo durables. Entre fines del siglo XIX y prin­
cipios del siglo XX, comenzó la expansión de nuevos sectores que tuvieron
un papel decisivo en las décadas sucesivas. En primer lugar, la industria
automotriz, que inició la producción en masa a partir de la década de 1910,
y la refinación de petróleo, que tuvo una importancia creciente desde la
década de 1880.
Junto con la expansión y la transformación de la industria, hubo varia­
ciones en su distribución regional, declinando el peso relativo del nordes­
te a favor de la zona de los Grandes Lagos, que fue la principal área produc­
tora de hierro y acero, y, más tarde, de la industria automotriz. Además, se
fueron incorporando otras zonas, como, por ejemplo, las áreas productoras
de petróleo en el oeste y el sudoeste.
Por el volumen de su producción, en 1914, los Estados Unidos eran eí
país más industrializado del mundo, y su ingreso per cápita era mayor que
eí de cualquier otra nación. En los puntos que desarrollaremos a continua­
ción se encuentran algunas de las claves de su liderazgo, que continuó a lo
largo de este siglo.

6,4,2. LA POBLACION, EL MERCADO INTERNO


Y LOS RECURSOS NATURALES

A diferencia de los países europeos, la industrialización de los Estados


Unidos en ei siglo XIX se basó casi exclusivamente en el mercado interno.
Ya hicimos algunas referencias al tamaño de la población y a su tasa de
crecimiento. En ei cuadro que sigue ofrecemos una síntesis de su evolución
entre 1730 y 1910, que incluye la distinción entre población urbana y pobla­
ción rural:

\ Anos P o b la c ió n ío ía i P o b la c ió n u rb a n a P o b la c ió n ru ra l

¡ 1790 ' 3,929.214 201.655 3.727.559


I 1820 9.638.453 693.255 8.945.198
¡ 1850 23.191.876 3.543.71 S 1S .64 8.160
l 1880 50.1 55.783 14.129.735 36.026.048
1910 91.972.266 41.998.932 49 .973.334

I Fuente: N o s tv u D .. "La industrialización do ios Estados Unidos", e n Habakkuk. J. y P o s t a jí.


I M. {comps.), U n iversid a d d e C a m b rid ge. H istoria e c o n ó m ic a d o E u rop a . V o lu m e n Vi; ¡a
I R e v o lu c ió n ind ustria ! y s u s desarrollos, Editorial R e v is ta re D erech o Privado, Madrid,
| 1978.
-J
C u a d ro 4. P o b la c ió n u rb a n a y p o b la c ió n ru ra l en lo s E s ta d o s U n id o s.
176 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

Para 1910, la población de ios Estados Unidos era mucho mayor que la
de cualquier país europeo, salvo Rusia. El gran aumento de la población en
el siglo XIX se debió a una elevada tasa de crecimiento vegetativo, pero, so­
bre todo, a la inmigración europea, que comenzó en los años veinte y se fue
incrementando en las décadas sucesivas, alcanzando su pico en los 10 años
anteriores a la Primera Guerra Mundial. Entre 1820 y 1920 se radicaron
25.000.000 de inmigrantes, provenientes de Europa del Norte, del Este y del
Sud.
La fuerza del mercado interno norteamericano no radicaba sólo en el
número de habitantes, sino también en su capacidad de demanda y en la
integración de la población al mercado. En este sentido, el proceso de urba­
nización y la política de distribución de tierras, que favoreció la conforma­
ción de un amplio estrato de propietarios rurales, crearon una fuerte deman­
da que pudo ser cubierta a medida que el desarrollo de los transportes fue
unificando el territorio. El carácter masivo del mercado fue un requisito para
el desarrollo de la producción y la distribución en gran escala, que fueron
una de las características sobresalientes de la industrialización norteame­
ricana.
Además de una población en constante crecimiento, los Estados Unidos
tenían una dotación privilegiada de recursos naturales. Poseían vastas tie­
rras fértiles y excepcionales recursos minerales en oro. hierro, carbón y
petróleo. Contaban, también, con abundante madera y cursos de agua en las
primeras zonas industriales, lo que permitió obtener energía barata antes de
que comenzara la explotación del carbón.
De todos modos, el potencial de recursos sólo pudo ser aprovechado en
su totalidad a medida que avanzó la ocupación del territorio hacía el oeste,
y cuando el desarrollo de los transportes y el de las comunicaciones hicie­
ron viables los intercambios regionales.

6,4,3. L A IN N O V A C IO N T E C N O L O G I C A

El constante proceso de innovación tecnológica y organizativa es otro de


los factores que explican los altos índices de crecimiento de-la,.economía
norteamericana y la expansión de su Industria a lo largo dei siglo XIX.
La competítividad de la industria se basó, en gran medida, en su eficien­
cia y en su elevada productividad, y ella derivó, a su vez, de la utilización de
métodos de producción capital intensivos. Eso se dio también en ia agricul­
tura, en la que el empleo de maquinarias se difundió tempranamente.
Uno de los rasgos que diferenció a los Estados Unidos de las naciones
europeas fue el alto costo de la mano de obra. A principios de siglo, ello se
debió, sobre todo, a la escasez de población, y. más tarde, a la existencia de
una frontera móvil hacia el oeste y un vasto territorio a colonizar.
CAP. 6 - LOS NUEVOS PAISES INDUSTRÍALES: EUROPA OCCIDENTAL Y.. 177

A partir de las diferencias entre los métodos de producción ingleses y los


norteamericanos, que eran ya perceptibles desde las primeras décadas del
siglo X I X , ei historiador inglés J o h n H a b a k k u k elaboró una interpretación en
la que sostiene que el alto costo del trabajo y la escasa elasticidad de su
oferta en los Estados Unidos fueron el factor determinante para la adopción
de tecnología que permitiera ahorrar mano de obra. Ello generó, según H a ­
b a k k u k :, una mayor tasa de inversión en la economía norteamericana que

actuó, a su vez, como impulso al desarrollo (e5).


Más allá de que la escasez del factor trabajo fuera el elemento esencial
(y en esto la interpretación de H a b a k k u k ha sido muy discutida), es induda­
ble que la industria norteamericana tendió a ser capital-intensiva desde las
primeras décadas del siglo XIX.
En los comienzos de la industrialización hubo importantes influencias
externas, en primer lugar, la difusión de las innovaciones que se habían
desarrollado en Gran Bretaña, pero ya desde las décadas de 1820 y 1830
empezaron a inventarse nuevas técnicas. En algunos casos, la productividad
se incrementaba con una combinación original de las técnicas existentes. En
Massachusetts se instaló por primera vez, en los inicios de la industria tex­
til, una fábrica que integró el hilado y el tejido del algodón.
En muchos casos, las innovaciones tecnológicas consistieron en m ejo­
ras de las técnicas en uso (microinvenciones). En otros, en aportes origina­
les que contribuyeron a desarrollar lo que se denomina “american system".
Entre éstos, se destaca la utilización de piezas intercambiables en la fabri­
cación de bienes industriales, método que se originó en la industria de ar­
mas y luego se expandió hacia otros rubros, desde los relojes y las cerradu­
ras hasta las máquinas de coser, las locomotoras y diversos tipos de moto­
res.
La fabricación de bienes finales mediante el sistema de piezas intercam­
biables otorgó ventajas a la producción norteamericana de máquinas-herra­
mientas, que fue. a su vez, uno de los factores que impulsaron el avance
industrial en el siglo XIX.
Otro de los rasgos de la industria norteamericana fue la producción de
bienes estandarizados destinados al mercado de masas. Las características
de la demanda requerían bienes relativamente homogéneos, lo cual facilitó
la utilización de maquinaria en su producción.
Hasta fines del siglo XIX, los principales aportes de los Estados Unidos
se dieron en el campo de ia tecnología, mientras que el avance científico
continuó generándose en ios países europeos, sobre todo, en Alemania. A
partir de comienzos de este siglo, esa situación empezó a modificarse.

( 6 5 } H a b a k k u k (1 9 6 7 ).
178 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

La competítividad de la industria norteamericana no fue producto sólo


de la innovación tecnológica, sino también de la innovación organizativa,
sobre todo desde las últimas décadas del siglo XIX. Como veremos luego con
más detenimiento, a partir de la década de 1870 se fueron desarrollando
nuevos métodos de gestión de las empresas y de organización del trabajo,
que redundaron, a su vez, en el incremento de la eficiencia y la reducción
de los costos de producción.
En las primeras décadas del siglo XX, el “american system” se difundió
más allá de sus fronteras, y sirvió de modelo para la organización de las
grandes empresas industriales europeas.

6,4,4. LA REVOLUCION DE LOS TRANSPORTES

A comienzos del sig'Io XIX, el elevado costo del transporte interior limi­
taba la posibilidad de explotar los recursos naturales del territorio. Además,
a diferencia de los países europeos, las distancias entre las regiones eran
muy grandes, lo cual dificultaba el establecimiento de comunicaciones por
vía terrestre.
En las primeras décadas del siglo XIX, la vía de comunicación por exce­
lencia fueron los ríos y los canales. En la década de 1810 comenzó ia utili­
zación de buques de vapor en los ríos. El Mississippi y sus afluentes fueron
la vía de comunicación del norte con el sur y el Medio Oeste; el río San Lo­
renzo y los Grandes Lagos, la ruta hacia el oeste por el norte. Se completa­
ron las comunicaciones lluviales con una compleja red de canales, construi­
da sobre todo en las décadas de 1820 y 1830, que agilizó eí comercio inter­
regional y permitió la conexión entre los principales centros urbanos.
Como ya señalamos, en 1830 se inició la construcción de los ferrocarri­
les. En una primera etapa, ellos no alteraron de forma sustancial las rutas
o los medios de transporte existentes, pero la situación comenzó a cambiar
a partir del primer “ boom" ferroviario, a fines de la década de 1840 y prin­
cipios de la de 1850. En ios años cincuenta llegaron áí Medio Oeste, y en
1869, a la costa del Pacífico. Para entonces, ya había 70.000.millas en fun­
cionamiento, y estaba construida la red básica. A partir.de 1880 se fueron
completando las redes secundarias, y en 1910 se había integrado ei trazado
ferroviario, con una longitud de 385.000 kilómetros ;

(5 6 ; C h a ^ ííl e r ¡1 9 8 8 ); K h. u c k (1 9 7 S ).
CAP. 6 — LOS NUEVOS PAISES INDUSTRIALES: EUROPA OCCIDENTAL Y. 179

6,4,5. EL IMPACTO DE LOS FERROCARRILES

El tema del impacto del ferrocarril en la industrialización norteamerica­


na ha dado lugar a fuertes controversias. En las interpretaciones tradiciona­
les sobre el papel del ferrocarril en el desarrollo industrial se sostenía que
había sido un factor decisivo en el crecimiento de la economía norteameri­
cana a lo largo del siglo XIX, y que el desarrollo de la agricultura y la indus­
tria no hubieran sido posibles sin él.
En la década de 1960, esta visión fue cuestionada por el historiador
que argumentó, a partir de un análisis cuantitativo, que no
R obkrt F o g e l ,
existió una relación de causalidad entre la construcción de los ferrocarriles
y el desarrollo económico, y que su función pudo haber sido desempeñada
por los sistemas de transporte fluvial preexistentes. F ogel ofreció también
una visión revisionista del papel deí ferrocarril como generador de eslabo­
namientos hacía atrás, refutando el argumento que veía en la demanda ferro­
viaria un gran impulso al desarrollo de la industria local (67).
La publicación d e los trabajos de F ogel estimuló el debate y suscitó nue­
vas investigaciones. Mientras que sus afirmaciones sobre el papel de los fe­
rrocarriles en la integración del mercado han sido refutadas por distintos
historiadores, se ha aceptado, en cambio, que hasta 1860 la demanda gene­
rada por el sector ferroviario tuvo una incidencia limitada en el desarrollo de
la industria del hierro, ya que hasta entonces una parte significativa de di­
cha demanda se cubría con importaciones, aunque luego la tendencia se
revirtió (ss).
Desde la historia de empresas, A lfked C handlür ha ofrecido una interpre­
tación novedosa sobre el impacto de los ferrocarriles, enfatizando su contri­
bución al nacimiento y el desarrollo de la gran empresa moderna. C handler
afirma que los ferrocarriles fnerori el primer "big business" norteamericano,
y que, debido a 3a complejidad de su financiación y de su administración, sus
cuadros dirigentes fueron pioneros en la adopción de modernas formas de
gestión {6ü}.
C hañóle » discrepa de F o gel , y enfatiza eí papel del ferrocarril —junio con
el telégrafo— en la integración de un mercado de masas, gracias a Ja dismi­
nución de los costos de transporte y ai incremento de la velocidad de ia dis­
tribución.

{67} F ogeí. (198.4).

(68) D a v id ÍI984],

(69} C h a n d lk ti (1988)
180 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

6,4,6. LAS EMPRESAS Y LOS EMPRESARIOS

Otro de los grandes temas en la historia de la industrialización norte­


americana ha sido el del papel que debe atribuirse al factor empresarial, y
en particular, en qué medida la existencia de empresarios innovadores fue
una de las condiciones que posibilitaron el desarrollo económico.
En este campo, la propuesta -más integral es la de A lfred C handler — a
quien ya nos hemos referido— , que ha elaborado en diversas obras una in­
terpretación de la historia económica, norteamericana desde la perspectiva
de la empresa (70).
El enfoque de C hañóles se centra particularm ente en la gestación de lo
que denom ina “la gran em presa m oderna”; analiza cómo las grandes empre­
sas p a sa ro n a dom inar la econom ía noi'teamericana a partir de la segunda
mitad del siglo XIX.

Como ya señalamos, las primeras empresas modernas, según C handler,


fueron los ferrocarriles, por cuya dimensión y complejidad se erigieron en
el escenario del desarrollo de nuevas formas de gestión.
Las modernas empresas industriales nacieron en las últimas décadas del
siglo XIX, junto con la producción y la distribución en gran escala, favore­
cidas por las dimensiones del mercado y la modernización del sistema de
transporte y comunicaciones.
Junto a la conformación de un mercado de masas, el otro factor que
condicionó la aparición de las grandes empresas modernas fue ei proceso de
innovación tecnológica. Fueron hijas de la Segunda Revolución Industrial y
se desarrollaron en sectores capital intensivos que requerían economías de
escala.
Las grandes empresas modernas nacieron en diversas ramas de la pro­
ducción; industrias de producción en gran escala mediante procesos conti­
nuos (refinación y destilación, bienes de consumo masivo), industrias de
fusión y primera elaboración de metales, industria metalmecánica (maqui­
narias producidas en gran escala a través del sistema de piezas intercambia­
bles). En todos eííos, la producción estaba concentrada en unos pocos es­
tablecimientos grandes, y muchas de estas empresas oligopólicas se trans­
formaron én multinacionales a comienzos del siglo XX. Entre sus caracte­
rísticas, com unes. C handleií destaca sus dimensiones, y la integración de
producción'^distribución en gran escala.
Se tratabav-además, de empresas gerenciales, en las cuales se había dado
el proceso de separación entre propiedad y gestión, y que eran administra­
das de acuerdo con una estructura jerárquica y burocrática. Desde las últi­

(70 ) C h a n d le r (1 9 8 8 ) y (19 90).


CAP. 6 - LOS NUEVOS PAÍSES INDUSTRIALES: EUROPA OCCIDENTAL Y. 181

mas décadas del siglo XIX fueron adquiriendo tina estructura descentraliza­
da, con una organización departamental.
La forma de propiedad característica fueron las sociedades anónimas, y
la principal fuente de financiación fue el mercado de capitales, en el que los
bancos de inversión tuvieron un papel destacado.
Para C handler , la organización gerencial y burocrática fue una de las
claves del éxito de las grandes empresas norteamericanas; enfatiza que el
hecho de que la legislación haya prohibido los acuerdos interempresarios
favoreció la búsqueda de la competitividad mediante la eficiencia.
Como veremos con más detenimiento en el cap. 7, las empresas norte­
americanas fueron las primeras en las que se desarrolló lo que se conoce
como “management científico” . Este se basó, fundamentalmente, en el in­
cremento de la productividad del trabajo a través de la racionalización de la
producción.
Eí modelo más acabado de organización científica de la producción a
comienzos de este siglo fue el de la empresa Ford, en la que en 1913 se
implantó por primera vez la cadena de montaje.

6,4,7. LAS REGIONES Y LA INDUSTRIALIZACION

El proceso de industrialización en los Estados Unidos no puede ser com­


prendido si no hacemos referencia a las diferentes regiones que integraban
su territorio — el nordeste, el sur y el oeste— y a la complementación eco­
nómica que se dio entre ellas.
El desarrollo industrial se concentró en la región del nordeste, que
mantuvo su primacía a lo largo de todo eí siglo XIX. La primera zona indus­
trial fue la de Nueva Inglaterra, el principal centro de desarrollo de las indus­
trias textil y mecánica hasta la década de 1860. En esa etapa, Nueva Ingla­
terra fue la zona más poblada y urbanizada, y la que disponía de mejores
servicios comerciales y financieros.
A partir de entonces, el eje se desplazó hacia la región de los Grandes
Lagos, donde se desarrollaron las nuevas actividades industriales, funda­
mentalmente la siderurgia y todas las ramas vinculadas a ella (incluyendo
desde fines del siglo XIX la industria automotriz).
• Las otras dos grandes regiones del territorio, el sur y el oeste, fueron,
en esencia, productoras agrícolas. Ambas abastecieron a las industrias y a
las poblaciones deí nordeste, y fueron mercados de consumo para la produc­
ción industrial del norte.
El sur fue hasta el fin de la Guerra de Secesión una zona de plantacio­
nes esclavistas. Su principal producción desde fines del siglo XVÍII fue el
182 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

algodón, qrie contribuyó decisivamente al proceso de industrialización, di-


namizando ei comercio exterior y abasteciendo a la industria textil. Después
de esa guerra, la agricultura del sur entró en decadencia y la región se trans­
formó en la zona más deprimida del territorio. Ello fue en parte revertido
desde fines dei siglo XIX por el desarrollo de algunas zonas industriales, en
las ramas textil, del tabaco y de la industria del petróleo.
El oeste fue poblado a lo largo del siglo XIX, en un proceso de permanen­
te expansión de la frontera. El tema de la frontera ha ocupado un lugar re­
levante en las interpretaciones sobre la historia norteamericana, que va
mucho más allá de su impacto económico. Pero restringiéndonos a este úl­
timo, señalemos que la ocupación de un inmenso territorio ofreció una
amplia disponibilidad de recursos minerales y de fértiles praderas —sobre
todo en el Medio Oeste— que fueron explotadas para la producción agraria
y ganadera.
El oeste actuó como una fuente de abastecimiento del este, al que envia­
ba pieles, cueros, oro, minerales y productos alimenticios a cambio de pro­
ductos manufacturados y de servicios. Fue también una zona de atracción
para los capitales del este.
has praderas que se fueron colonizando a partir de la década de 1840
abastecieron la demanda de alimentos de las zonas industriales, desarrollán­
dose tempranamente una agricultura extensiva y mecanizada.. Constituyeron,
además, un importante mercado de consumo para los bienes industriales. El
sistema de propiedad de la tierra, que favorecía las explotaciones familiares,
creó una extensa clase media rural con fuerte capacidad de demanda.
7

LRS eCQNOMIftS INDUSTRIAIS €N Iñ


S€GUNDfi MITAD D €l SIGLO XSX ( * )

Como vimos en el cap. 6, para mediados del siglo XIX la Revolución In­
dustrial se había difundido desde Gran Bretaña hacia Europa Occidental y
los Estados Unidos. En la segunda mitad del siglo, el proceso de industria­
lización fue avanzando hacia los países escandinavos y el este y el sur de Eu­
ropa.
En este capítulo veremos una serie de temas relacionados con el avan­
ce de la industrialización, sus características y sus consecuencias. En pri­
mer lugar.'el proceso de innovación tecnológica, que se identifica en una
primera etapa con la “revolución de los transportes” (a la cual nos hemos
referido ai hablar de los ferrocarriles) y que se refuerza en las últimas déca­
das del siglo gracias a la Segunda Revolución Industrial. Este proceso se vio
acompañado por la emergencia de la empresa moderna y de nuevas formas
de organización del trabajo {el taylorismo, el fordismo), destinadas a perdu­
rar durante la mayor parte del siglo XX. Incluiremos el análisis de algunos
procesos de industrialización tardía, con la finalidad, una vez más, de obser­
var la variedad de modelos que ella ha seguido.
En segundó lugar, veremos algunos de Ios-rasgos más característicos de
la economía mundial en la última mitad del siglo XÍX. economía que se va
reestructurando en función de los procesos de transformación sufridos por
los países industriales, de las innovaciones tecnológicas, de las migraciones
masivas hacía América y otros destinos cxiraeuropeos, de la expansión eco­
nómica y colonial de los países de Europa, y, en general, de la nueva dina
mica de la economía industrial.
P o r último, haremos una breve referencia a algunas de las principales
transformaciones que el proceso de industrialización generó en las socieda ­
des ea las cuales se fue afirmando. La nueva civilización industrial fue mo­
dificando paisajes y grupos sociales, las distancias se acortaron, cambiaron

• ' ; E n Sa r e d a c c i ó n d e a l g u n a s p a n e s d e e s r e c a p í i u l o c o l a b o r ó Fí.a\io Ri/i-roí.o.


184 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

las formas de trabajo, se incrementaron la cantidad y la variedad de bienes


disponibles, la gente se fue concentrando en las ciudades, y se transforma­
ron las modalidades de hacer política y los protagonistas de ella, así como
el tipo de conflictos sociales.
Cuando comenzamos esta primera parte, señalamos que a lo largo de ella
el eje estaría puesto en el proceso de transición desde la sociedad preindus-
trial hasta la sociedad industrial. Como veremos en este capítulo, las socie­
dades industriales de fines del siglo XIX contrastan fuertemente con las de
los siglos precedentes. Ello no significa que no existieran continuidades: ya
hablamos del tema en el cap. 3. Pero al margen de ellas, la vida de los hom­
bres y las mujeres había experimentado grandes transformaciones, que fue­
ron el resultado de la industrialización y de sus consecuencias sociales,
entendidas en su sentido más amplio.

7,1. EL PROCESO DE INNOVACION TECNOLOGICA


7,1,1. L A R E V O L U C IO N DE LO S TRANSPO RTES

7,1,1,1. Los ferrocarriles

No resultaría posible explicar el proceso de industrialización en la se­


gunda mitád del siglo XIX sin destacar el papel estelar desempeñado por el
transporte, tanto en la integración de los mercados como en el incremento
de la demanda de bienes industriales generada por su construcción.
Como ya indicamos en el cap. 6, la expresión “revolución de Jos trans­
portes" se utiliza para hacer referencia al conjunto de innovaciones que tu­
vieron lugar a partir de la década de 1830, desde el momento en el que co­
menzó a usarse la energía dei vapor para accionar medios de transporte por
tierra y por agua; dicha denominación designa, sobre todo, lo que podríamos
llamar la era del ferrocarril y de los barcos a vapor. En realidad, el proceso
de innovación en el terreno de los transportes fue continuo, ya que desde fi­
nes del siglo XIX comenzaron a construirse los primeros automóviles y los
medios de transporte accionados por la electricidad (tranvías, subterráneos,
ferrocarriles), y en el siglo XX se desarrolló el transporte aéreo.
El vapor reemplazó a la energía animal en el transporte por tierra, y a la
del viento, las corrientes y los remos en el transporte por agua. Como ya
señalamos, el invento más revolucionario lo constituyó el ferrocarril, que
permitió por primera vez abaratar y agilizar el transporte por tierra, que
hasta entonces era costoso y, sobre todo, lento, lo cual dificultaba las comu­
nicaciones en los casos en los que no existían vías fluviales o marítimas.
CAP. 7 — LAS ECONOMIAS INDUSTRIALES EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIX -} 85

Como ya vimos, la construcción de canales, que comenzó en el siglo


XVIII y continuó a lo largo de todo el siglo XIX, hizo posible agilizar las co­
municaciones internas, pero sólo en aquellas áreas en las que la geografía
lo permitía. El ferrocarril, en cambio, pudo construirse en cualquier tipo de
terreno y salvar toda clase de obstáculos. Debemos recordar, por otra par­
te, que en las áreas en las que existían buenas comunicaciones internas por
agua, los ferrocarriles no compitieron con las redes de ríos y canales, sino
que las completaron.
Hacia 1850, sólo los países más industrializados contaban con una ex­
tensión considerable de vías férreas. En la segunda mitad del siglo. la cons­
trucción se aceleró. Los países más desarrollados completaron sus redes,
mientras que los de la periferia comenzaron a tender sus líneas. El cuadro
que sigue muestra cuál era la situación en 1870, momento en el que la cons­
trucción estaba ya avanzada.

¡ P aíses Kilóm etros j

1 Gran Bretaña 24,5

| Francia 17,5 |
Alem ania 19,5

Austria-Hungría 10,1
B élgica 3>°
Italia 6,0
España 5.5

Hoíanda 1,4

Suiza 1,4

Fuente: Pcllaíid, S., La con q u is ta p a c ífic a , Universidad de Z a - j


ragoza, Z arag o za . 1992. f

Cuadro 1. Extensión de las vías férreas en diversos países


europeos en 1870 (en miles de km).

Los datos confirman la superioridad de Gran Bretaña y Europa norocci-


dental. En el caso de Bélgica, por tratarse de un país muy pequeño, la lon­
gitud era necesariamente reducida, pero disponía de una red que comunica­
ba a todo su territorio.
Entre 1850 y 1870 se construyeron 75.000 kilómetros de ferrocarriles en
Europa (sin contar a los de Rusia y el Imperio Otomano). En la medida en
que se fueron completando las redes nacionales también se fue integrando
un mercado continental. Hacia 1880, prácticamente todas las vías férreas
186 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

estaban unidas entre sí, y la estructura ferroviaria de Europa continental


apenas sería modificada luego.
Las grandes construcciones ferroviarias fueron el principal impulso a la
expansión de la industria hasta la década de 1870 y sustentaron el creci­
miento económico del período 1S50-1873. J o s e p h S c h u m p e t e r llamaba a esta
etapa “ K o n d r a t i e f f ferroviario” , refiriéndose a la fase expansiva del ciclo eco­
nómico 1850-1895 (tema al cual haremos mención en este mismo capítulo).
La construcción masiva de líneas férreas demandó crecientes inversio­
nes de capital. Como ya dijimos, el ferrocarril contribuyó al desarrollo de
nuevas formas de financiación y de organización de las empresas. Nos que­
da agregar que mientras que en los primeros países industríales —Gran
Bretaña, Bélgica, Francia, Alemania y Estados Unidos— los ferrocarriles
fueron construidos con capitales nacionales (privados o públicos), en los de
industrialización tardía fue determinante el papel de la inversión extranje­
ra. En Europa, los capitales franceses tuvieron el papel más importante.
Conviene aclarar que en aquellos países en los que los ferrocarriles fue­
ron construidos con capitales extranjeros, ios efectos de eslabonamiento
hacia atrás resultaron mucho menores, sobre todo en las primeras etapas.
Desde fines del siglo XIX, los distintos Estados empezaron a nacionalizar los
ferrocarriles o> al menos, a exigir que fueran equipados por las industrias
locales, y la situación comenzó a revertirse.

7,1,1,2. La navegación a vapor

Si el ferrocarril fue el primero y más dinámico de los medios de trans­


porte que dieron impulso a la Revolución Industrial, las transformaciones en
el transporte marítimo, que por otro lado había iniciado su desarrollo inclu­
so antes que la locomotora, fueron, con mucho, ¡as que permitieron a una
Europa en plena expansión salir hacia el resto del mundo. E! mercado mun­
dial adquiría así nuevos horizontes que poco a poco pondría ai alcance de
su mano. Sus productos primero y los hombres después llegarían a los le­
janos mercados de América del Norte, Australia y América del Sur, generan­
do la competencia entre la producción europea 3^la no europea.
El importante papel desempeñado por los barcos a vapor en el comercio
marítimo sólo se dejaría sentir a partir de 1840, año aproximado que marca
la incorporación de innovaciones revolucionarias en su desarrono. De todos
modos, hasta la década de 1870 había veleros, los clippers, que eran más
veloces que ellos.
Como decíamos, desde la década de 1S40 hubo una serie de innovacio­
nes técnicas que sustentaron la superioridad de los barcos a vapor. En pri­
mer lugar, el reemplazo de la rueda por la hélice y la posterior mejora de esta
última, con la introducción de la hélice de tres palas en vez de cuatro y su
adopción definitiva a partir de 1860. Fim'ségundo-tormino, la adopción deJ
CAP. 7 - L A S ECONOMÍAS INDUSTRÍALES EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XÍX 187

motor compuesto luego de 1860, que permitió abandonar para siempre las
velas auxiliares. En tercera instancia, la construcción de cascos de acero en
reemplazo de los de madera, hacia 1860-1870. Con esto se lograba no sólo
dar mayor solidez a los barcos, sino también permitir la instalación de mo­
tores más potentes y aumentar tanto el tonelaje como la velocidad. Final­
mente, en 1890 se incorpora la turbina de vapor, con lo cual se daba uno de
los últimos pasos hacia la consolidación del transporte marítimo.
Si en 1890 ya se habían integrado las principales innovaciones técnicas,
faltaba aún un importante salto cualitativo en la logística que debía acom­
pañar la supremacía total del barco a vapor. Esto último llegó con la reduc­
ción significativa en los costos de producción del carbón y del acero, con lo
cual se abarató de modo considerable la construcción de navios. A esto se
sumó, finalmente, un abastecimiento eficiente de combustible con barcos
carboneros que aprovisionaban a los grandes puertos de escala, lográndose
así una mayor autonomía de navegación.
Un último aspecto a contemplar es el hecho de que, paralelamente a las
innovaciones técnicas, crecieron los costos de construcción de los barcos.
Este incremento fue de tal magnitud que no pudo ser afrontado por los tra­
dicionales armadores. Los capitales fueron ahora provistos por grupos ban-
carios que sostenían a grandes empresas, con la colaboración, en muchos
casos, del Estado. Esta última presencia que respaldó a las modernas em­
presas navieras permitió en ciertos casos el control casi monopólico de las
líneas. El desarrollo de la nueva tecnología fue seguido por un importante
proceso de concentración que acompañó simultáneamente el desplazamien­
to hacia una situación de neto corte monopólico. Todos estos cambios, como
era lógico, llevaron aparejada una sustancial reducción en los costos de los
fletes y el consiguiente aumento en el volumen transportado.
Si bien todos los países se vieron involucrados en el proceso hasta aquí
descripto, sólo aquellos con un considerable grado de industrialización
pudieron desarrollar las nuevas tecnologías e incrementar su presencia con
cada innovación que se incorporaba. Hacía 1850, la dueña indiscutída de los
mares era Gran Bretaña, con un volumen de 3.565.000 toneladas, que lue­
go de la incorporación deí casco de acero y el vapor, pasó en 1870 a
5.691.000 toneladas y en 1900 a S.304.000 toneladas. A continuación se
encontraba Francia, que logró mantener un segundo puesto en el tonelaje.
Sin embargo, para 1870 Francia sería desplazada como segunda potencia, y
Alemania ocuparía rápidamente su lugar. Esa ubicación estaba, no obstan­
te, muy lejos de la primera, ocupada por Inglaterra, que desplazaba un tone­
laje más de 4 veces mayor.
Por ultimo, digamos que el transporte marítimo debió ser acompañado
por el desarrollo de una importante infraest.rucU.u~a portuaria, que al iguai
que la evolución mencionada de ios navios, llevó a la concentración en unos
pocos puertos de vastas magnitudes y con los requerimientos técnicos su­
ficientes para atender las necesidades de las grandes embarcaciones. Entre
188 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

los primeros puertos europeos se contaban los de Londres, Amberes, Ham-


burgo, El Havre, Marsella, Burdeos y otros de menor relevancia. La importan­
cia de los anteriores puertos dependió, en gran medida, de su correcta vincu­
lación con las líneas ferroviarias que los abastecían y completaban así los
diferentes circuitos de las mercancías.

7,1,2. L A S E G U N D A R E V O L U C IO N IN D U ST R IA L

7,1,2,1. El concepto de revolución tecnológica

A lo largo de todo el cap. 3 discutimos acerca deí concepto de Revolución


Industrial y de la pertinencia de su uso. Al comentar las definiciones posi­
bles, dijimos que D a v i d L a n d e s aclaraba que la expresión “ revolución indus­
trial” solía utilizarse para hacer reférencxa a cualquier proceso de cambio
tecnológico acelerado, y que en ese sentido se hablaba de una segunda y de
una tercera revolución industrial.
Sin duda, este uso del concepto de Revolución Industrial es discutible,
ya que mientras que la primera fue acompañada de profundas transformacio­
nes económicas y sociales, la segunda o la tercera consistieron sólo en eta­
pas de innovación tecnológica sin que se modificaran los rasgos más carac­
terísticos de la Primera Revolución Industrial, es decir, la mecanización y eí
sistema de fábrica.
Hechas estas observaciones, la expresión “ Segunda.Revolución Indus­
triar’ se utiliza generalmente para hacer referencia al conjunto de innovacio­
nes técnico-industriales, fundadas en el acero barato, la química, la electri­
cidad, el petróleo, ei motor de combustión interna, ía nueva empresa moder­
na, y los nuevos tipos de gestión del trabajo y organización industrial, que
emergen durante el último tercio del siglo XIX.
Se trata fundamentalmente de una revolución tecnológica, que se distin­
gue por su capacidad de transformar el aparato o sistema productivo de una
economía (industrializada) en su conjunto, y que como tal tiene un impac-
to global en la dinámica del crecimiento económico, en las formas socioins-
titucionales y en el régimen de acumulación del capital.
Antes de describir su historia nos referiremos al concepto de revolución
tecnológica, lo cual nos permitirá un análisis más sistemático del proceso.
Siempre es importante tener presente la distinción de S c h u m p e t e r ( ‘ )
entre la invención (que se produce en la esfera científico-técnica), la inno­
vación {que tiene lugar en la esfera técnico-económica, a través de nuevas

(1 ) SCHUMPETER (1 9 6 3 ).
CAP. 7 - L A S ECONOMIAS INDUSTRIALES EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIX 189

combinaciones de los recursos productivos, cuyo futuro será decidido por


el mercado) y la difusión, lo que en última instancia transforma a las ante­
riores en un fenómeno económico-social.
Desde el aspecto tecnológico, se pueden distinguir dos tipos de innova­
ciones de carácter m últiple—radicales e incrementales— , que corresponden
a las macroinvenclones y las microinvenciones.
Las primeras, las radicales, son por definición “una ruptura capaz de
iniciar un rumbo tecnológico nuevo [...] introducen productos y/o procesos
productivos verdaderamente nuevos" (2); pueden dar nacimiento a toda una
industria, abrir un nuevo mercado e inaugurar otro tipo de organización
industrial. Las innovaciones incrementales son “las mejoras sucesivas a las
que son sometidos todos los procesos [productivos] y productos. [...] Sus­
tentan un incremento de la productividad” (3). La ductilidad de estas últimas
comprende una amplia gama de innovaciones que consisten en perfeccionar
la eficiencia técnica, y mejorar la productividad y la precisión en los proce­
sos, esto es, modificaciones en los productos para elevar su calidad, dismi­
nuir su costo o ampliar su gama de uso en el mercado.
Por un lado, el origen y el encadenamiento de innovaciones radicales in-
terrelacionadas técnica y económicamente que se difunden a lo largo y an­
cho dei sistema productivo, y que terminan por englobar a toda la economía,
son una verdadera revolución tecnológica. Por el otro, la articulación e in­
teracción de las innovaciones incrementales alrededor de los núcleos tecno­
lógicos de las innovaciones radicales interrelacionadas configuran un tipo
de dinámica de la revolución, que sigue una lógica, denominada “paradigma
tecnológico” (4).
Una vez establecido el paradigma tecnológico, es posible predecir la evo­
lución y el sentido de los costos relativos en la mayoría de los insumos y
procesos empleados, previendo que algunos tenderán a la baja —a abaratar­
se— y otros a la alza por largos períodos. La previsibilídad permite estable­
cer los principios orientadores del rumbo económico; de esta manera, el
paradigma guía el comportamiento de los agentes económ icos y termina
enraizado en su conciencia colectiva, hasta convertirse en el “ sentido co­
mún" (5} de sus decisiones y emprendimíentos. La revolución tecnológica
alcanza así la difusión de un sector a otro y a escala mundial. Su éxito de­

( 2 ) PEREZ { 1 9 8 9 } .

{ 3 } PEREZ ( 1 9 8 9 ) .

( 4 ) Dos i ( 1 9 8 2 ) .

( 5 ) Ominami ( 1 9 8 9 ) .
190 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

penderá de un “vehículo sencillo de propagación, accesible a millones de


agentes individuales de decisión” (6). Generalmente, se acepta que éste sea
un in su m o—o varios—.
Dicho insumo se reconoce como “factor llave” y debe reunir las siguien­
te scondiciones: ostentar un costo relativo bajo, que tienda al descenso;
parecer de oferta ilimitada; tener una universalidad de usos y aplicaciones,
y encontrarse en el centro de un núcleo de innovaciones radicales, capaces
de desarrollar un gran salto de productividad en todo el aparato productivo
y de modificar la estructura de costos relativos.
Resta puntualizar tres elementos. En primer lugar, aunque ya lo mencio­
namos, cada revolución tecnológica conjuga innovaciones en insumos, pro­
ductos y procesos con innovaciones institucionales, organizativas y geren-
ciales.
En segundo lugar, con respecto a cuáles son los agentes de los proce-
sos de innovación, tenemos dos posturas extremas que dominaron mucho
tiempo el escenario del debate entre expertos. Una de ellas, la del “Science
push” , pone énfasis en la oferta del conocimiento científico y técnico en el
proceso de innovación, en un modelo lineal que presenta la articulación “in­
vento-innovación-difusión” . Para ella, el avance científico y la aplicación de
la ciencia en la innovación son el motor del avance y del cambio tecnológi­
cos. La corriente del “Science push” se vincula con el pensamiento schum-
peteriano.
La otra, denominada del “demand p u lí", se centra en la demanda del
mercado, las inversiones de capital y su relación con el nacimiento de las in­
novaciones. La teoría del “demand pulí” estaría dentro de la línea del pen­
samiento neoclásico (7).
Otro intento actual y más interesante de interpretar el proceso de inno­
vación, aunque se inscribe en el marco de referencia del "science push" , es :
la llamada “ teoría evolutiva” , según la cual el progreso tecnológico tiene
lugar de una manera evolutiva y compleja en la que interviene, en primer
término, el actualmente conocido conglomerado institucional de investiga­
ción y desarrollo industrial (I & D).
El I & D como conglomerado institucional es la resultante de la progre- •
siva articulación e interacción entre especialistas científicos, ingenieros, ,
ejecutivos profesionales y empresarios (que aparecen ya desde finales del
siglo XIX), como requisito ineludible para el desarrollo tecnológico. En él hay
una retroalímentación entre los descubrimientos de las áreas y departamen-

(6j B íjvíír y S.vjx a r d (1 9 9 6 ).

•7) V iasa . y C f.kvtu .a (1 9 9 2 ],


CAP. 7 — LAS ECONOMÍAS INDUSTRIALES EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIX 191

tos de ciencia y experimentación de las empresas — el I & D propiamente


dicho— y la investigación científica realizada en las universidades e institu­
tos de investigación. Se convierte en la fuente principal de invención y el
punto de entrada del conocimiento científico en las empresas. En segundo
lugar, detrás del papel de la “ ciencia organizada en la producción” , adquie­
re relevancia el comportamiento de la empresa. Comportamiento condicio­
nado por el ambiente competitivo del mercado, el paradigma tecnológico en
el que la empresa opera y su propio margen de maniobra (8).
Un tercer problema a debatir es cuáles son las razones que llevan a las
empresas a introducir innovaciones. La tradición schumpeteriana pone el
énfasis en el espíritu innovador de los empresarios individuales, que actúan
en función de diversas motivaciones, las cuales van desde la perspectiva de
aumentar los beneficios hasta la de construir un ámbito de poder.
Otras perspectivas, en cambio, hacen hincapié en la empresa como ins­
titución burocrática y en la dinámica de innovación y expansión como carac­
terística de la gestión gerencial, remarcando las ventajas de las grandes
empresas que cuentan con sus propios organismos de investigación y desa­
rrollo.
Con la Segunda Revolución Industrial se da el paso de la empresa per­
sonal a la empresa burocrática, que se acentúa en las primeras décadas del
siglo XX.

7, 1,2,2. La innovación tecnológica

Analizamos en los capítulos anteriores cómo el proceso de industriali­


zación de la primera mitad del siglo XIX tuvo en la trilogía constituida por
la industria del hierro, el uso del carbón de piedra como combustible indus­
trial y la utilización de la máquina de vapor en la producción el núcleo ge­
nerador de las innovaciones tecnológicas que revolucionaron el escenario de
la economía mundial, desarrollando un saito impresionante en los niveles de
productividad. La virtuosa y dinámica combinación entre estos verdaderos
factores clave hizo posible el desarrollo del ferrocarril,'que por su trascen­
dental impacto en la historia de ese siglo se convirtió en ei paradigma tec­
nológico de la época. No en vano, y sin exagerar, se denominó “ la e.-ca del
ferrocarril" a ios años que van de la década de 1840 a finales del sigio.
Como un rasgo singular de la Segunda Revolución Industrial, observare­
mos que sus innovaciones tecnológicas fueron para los contemporáneos
factores que, en primer lugar, sirvieron para actualizar y relanzar la tecno­
logía de la Primera Revolución Industrial a través de una serie de peri'eccio-

{8 } N e í .son y W;ríTER (1 9 3 2 ).
192 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

namientos en ia tecnología del vapor y la del hierro por medio del acero y las
turbinas, así como también en la producción y el consumo del carbón.

7,1,2,3. El carbón

El carbón mantuvo, a lo largo de la industrialización del siglo que nos


ocupa, la supremacía absoluta como fuente de energía. El impresionante
aumento de su producción junto a la reducción de sus costos condujeron a
una tendencia hacia la baja de su precio.
Se abrió así la posibilidad de un insumo básico barato, de uso extensi­
vo y con una oferta muy elástica. Su privilegiada posición como recurso
energético perduró incluso hasta la Primera Guerra Mundial, aunque ya para
esos años evidenció una disminución de su importancia relativa respecto de
las nuevas fuentes generadoras de energía. En Europa, el carbón fue despla­
zado recién hacia mediados del siglo XX a un segundo lugar por el uso del
petróleo, momento en que se evidenció una rápida sustitución de un tipo de
combustible por el otro, mientras que en los Estados Unidos el proceso
ocurrió antes de la Segunda Guerra Mundial (9).

7,1,2,4. De una edad del hierro a una edad del acero

La industria del hierro hacia mediados del siglo pasado se convirtió en


el sector que experimentó una de las más profundas transformaciones del
aparato productivo, basada en el desarrollo de la industria del acero, a tal
punto que la segunda mitad del siglo XIX puede ser caracterizada para toda
la industria como la transición de una edad del hierro a una edad del acero. -
Eso nos permitiría afirmar que el acero dio el puntapié inicial de la Segun­
da Revolución Industrial (10).
Como ya explicamos, el acero es en realidad una variedad especial del
hierro qué contiene una pequeña cantidad de carbono. Para su uso indus­
trial se lo obtiene quemando esa parte del carbono que tiene el hierro en
fusión o colado, de manera que resulta menos frágil que el hierro fundido,
pero más resistente y duradero que el hierro forjado.
Se lo conocía desde mucho antes, pero se lo producía en pequeñas can­
tidades y.a un alto costo, de forma que su uso estaba limitado a productos,

(9] B r o ííd e l (1981).


(10) V e r i.e y (1976).
CAP. 7 — LAS ECONOMIAS INDUSTRIALES EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLOXIX 193

herramientas e.instrumentos de alta calidad. Entre mediados de la década


de 1850 y fines de la de 1870, la elaboración del acero fue objeto de notables
innovaciones tecnológicas.
La primera innovación fue el proceso Bessemer, que permitió elaborar
acero directamente del hierro fundido, eliminando el proceso de pudelado y
ofreciendo un producto mejor. Esto aumentó rápidamente la producción de
acero desplazando pronto al hierro ordinario. En la década de 1860, los
metalúrgicos M a r t i n y S i e m e n s desarrollaron el horno de solera abierta, que
si bien era más lento y algo más costoso que el proceso Bessemer, ofrecía
un producto de mayor calidad. Finalmente, en 1878, T h o m a s y G i l c h r i s t cons­
truyeron un convertidor que consistía en revestir el horno de solera abier­
ta o el convertidor de Bessemer con piedra caliza y otras materias básicas
que hicieron posible la utilización de minerales con fósforo ácido, abundan­
tes e importantísimos en yacimientos del continente europeo ( u).
' El encadenamiento de estas innovaciones redujo sensiblemente el cos­
to de producción, abaratando el precio del acero de 1850 a 1880 entre un 50
y un 70 %, lo cual generó la emergencia de un factor clave, el acero barato.
En estas innovaciones, la aplicación de la ciencia en la tecnología no
resultó ser un factor determinante;-en cuanto a la introducción y comercia­
lización de las innovaciones en la industria siderúrgica, dependió más de las
inversiones de capital (fijo) que de la “oferta de la ciencia” . Debido a los al­
tos, costos de los nuevos procesos, para aplicarlos se necesitaba un umbral
mínimo de cantidades de acero a producir, es decir, se requerían niveles de
inversión y producción que condujeron hacia un fuerte proceso de concen­
tración del sector (l2).
“ Como resultado de estos procesos, la producción mundial de acero
aumentó de medio m illón de toneladas en 1865 a más de 50 millones de
toneladas en vísperas de la Primera Guerra Mundial” (u). La expansión de la
industria del acero tuvo un enorme impacto global en todo el sistema eco­
nómico. Funcionó como factor de retroalímentación tanto en las industrias
que la abastecían (por ejemplo, el carbón) como en las que se servían de él.
Los raíles de acero para el ferrocarril duraban más y eran más seguros
que los de hierro. El uso de laminado de acero para la construcción navie­
ra permitió construir barcos más grandes, más ligeros y más rápidos, y tam­
bién, acorazados de guerra. El uso de travesaños y vigas de acero hizo po­
sible la construcción de importantes obras de ingeniería civil y de industrias

(1 1 ) C a m e r o n ( 1 9 9 5 ) .

(1 2 ) H a l l (1 9 7 3 ). '

( 1 3 } C a m b r ó n (1 9 9 5 ).
194 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

pesadas. El desarrollo de estas últimas se apoyó en el acero barato, la me­


cánica, la metalurgia, la industria química y la fabricación de equipos de
generación eléctrica. El acero no tardó en reemplazar al hierro en herramien­
tas, máquinas y en cientos de productos.

7, 1,2,5. L a continuidad de la tecnología del vapor como


fuerza motriz

La máquina de vapor mantuvo, como el carbón, aunque no con la mis­


ma intensidad y duración, el papel estelar de máquina generadora de fuer­
za motriz. Con todo, las limitaciones de la tecnología del vapor se hicieron
sentir a medida que ia misma presión de la industrialización las imponía.
Las superó incrementando su eficacia y su eficiencia técnico-productiva, en
virtud de una serie acumulativa e interrelacionada de innovaciones que
mejoraron y perfeccionaron su funcionamiento.
Si bien desde principios del siglo XIX hubo importantes progresos, se­
guramente las experimentaciones y construcciones hechas por mecánicos
e ingenieros con máquinas de alta presión fueron determinantes para su
aplicación en la propulsión de barcos y locomotoras, base de la revolución
de los transportes.
Otro de los avances más relevantes de la segunda mitad del siglo XIX fue
la introducción de máquinas compuestas, de doble y triple tracción, como
las grandes máquinas de barcos que podían desarrollar más de 1.000 caba­
llos de fuerza. Para ese entonces, la tecnología dei vapor alcanzaba prácti­
camente a todas las industrias existentes C'1}. Hacia finales del siglo se ha­
bía llegado a los límites efectivos de la máquina de vapor de doble acción,
con algunas máquinas marinas de triple expansión, capaces de generar 5.000
caballos de fuerza. No obstante, estas enormes instalaciones eran inade­
cuadas para el nuevo uso de la energía de vapor: la generación de electri­
cidad ( 15j.
La tecnología del vapor pudo desarrollar durante esas décadas la turbi­
na de vapor, que adquirió un gran impulso gracias a las innovaciones ríe la
Segunda Revolución Industrial. Hacia 1880, la turbina se aplicó con éxito
para la generación de electricidad. Hacía 1910-1920, con este nuevo apara­
to era posible generar más de 100.000 kilovatios a partir de una soia insta­
lación. Esta tecnología alcanzó a desplazar a ía energía hidráulica,-que tuvo
su punto culminante (aparte de los generadores de electricidad, que vinie­
ron después} en el tercer cuarto del siglo XÍX.

(1 4) H a u : [1 97 3); .Ca m í c ( 1995) .

(1 5 ) Xír a t o -x (1 9 7 3 ).
CAP. 7 - L A S ECONOMIAS INDUSTRIALES EN LA. SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIX 195

Observado este rasgo singular de la Segunda Revolución Industrial, tra­


taremos ahora de describir sintéticamente el núcleo tecnológico de punta,
que terminó por caracterizar a la fabulosa irrupción tecnológica y científica
que ella produjo.
Resulta fundamental entender que las nuevas industrias que ella gene­
ra comenzaron a desempeñar un papel estelar, sobre todo, en las nuevas
economías más dinámicas de la “Belle Epoque” , los Estados Unidos y Ale­
mania; recién después de la Primera Guerra Mundial, determinaron el nue­
vo paradigma tecnológico del extenso proceso de industrialización que si­
guió teniendo lugar durante el siglo XX.

7,1,2,6. El petróleo y ei motor de combustión interna

Comparándolo con el carbón, el petróleo tiene mayor poder calorífico, es


de más fácil transporte y presenta un espectro de uso mucho más amplio,
potente y diversificado que aquél. Pero cronológicamente estamos lejos de
ver al petróleo como eí factor clave que junto a los insumos petroquímicos
y otros materiales energético-intensivos conducirá a la industrialización
hacia rumbos tecnológicos y productivos que abrirán un nuevo paradigma.
Sin embargo, sus primeros pasos tuvieron lugar en la segunda mitad dej
siglo XIX (ie).
Hacia 1859 empezó su explotación comercial en los Estados Unidos. Ai
igual que la electricidad, el petróleo líquido y su derivado, el gas natural, se
utilizaron durante aquellos años primordialmente como fuentes de ilumina^
ción. El petróleo crudo se compone de varias sustancias o fracciones. Des­
de el inicio se consideró al querosén como la más valiosa por su adecuación
para las lámparas de aceite. Otras fracciones se utilizaron como lubricantes,
cuya demanda aumentó rápidamente con la extensión de la maquinaria con
piezas móviles, y con propósitos medicinales.
De esta forma observamos que hasta la primera década del siglo XX el
petróleo había sido empleado para fines limitados, hasta que el motor a com­
bustión interna lo transformó en- la principal fuente de energía para todo tipo
de equipos de transporte. Es aquí cuando las fracciones más ligeras y más
volátiles, como la nafta y la gasolina, consideradas durante mucho tiempo
peligrosas, adquirieron la importancia que aún tienen para nosotros (!7).
Ya desde 1890, inventores é ingenieros —sobre Lodo, alemanes, como
Karl Biínz y Gí -ttukb D aimler— experimentaron con los motores a combustión
interna. En 1900 se habían diseñado varios prototipos. "La aplicación más

{16} B uonok:. í.ltíSl).

(171 Hsato?; (1973).


196 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

importante del motor a combustión interna fue ei transporte ligero, como los
automóviles, los camiones y autobuses” (1S); fue llevada a cabo por los em­
presarios franceses A rm a n p P eugeot , L ouis R enault y A ndre C itro en , el inglés
W jlliam M orris y el norteamericano H en ry F o rd , quienes dieron origen a la
industria que se convirtió en el paradigma industrial del siglo XX, la auto­
motriz.
El automóvil, la línea de ensamblaje, la estructura corporativa, las redes
de fabricantes de autopartes, de distribuidoras-concesionarias, las estacio­
nes de servicio de combustible, la expansión de las ciudades a través de sus
zonas residenciales, la red caminera, etc., son sólo parte de la constelación
de interrelacíones técnicas económicas y sociales estructuradas alrededor
del motor a combustión interna (ly).

7,1,2,7. La electricidad

Hacia principios del siglo XIX, elitalíano A lessandro V o lt a , al inventar la


batería, elevó la electricidad a objeto de laboratorio. La electrólisis, por la
cual una corriente eléctrica descompone los elementos químicos en ciertas
soluciones acuosas, dio paso a la industria de! galvanizado.
Desde 1820, varios científicos observaron que una corriente eléctrica
produce un campo magnético, estableciendo la relación cuantitativa entre la
electricidad y el magnetismo. M ichael Fa r a d a y , en 1831, concluyó con el des­
cubrimiento del fenómeno de inducción electromagnética (la generación de
corriente eléctrica haciendo girar un imán dentro de una bobina de cable) e
inventó un generador manual. A partir de estos conocimientos, S amuel M orse
desarrolló el telégrafo eléctrico en la década de 1840. J ames M a x w e l l , en su
obra E lectricity and Mágnetism, dio una formulación científica, al plantear
que la luz en sí misma es un fenómeno electromagnético. H einrich H ertz
descubre un poco más tarde las ondas eléctricas, base de la radio, y formula
la teoría ondulatoria de la luz (primera fisura de la física newtoniana). Lue­
go, G üglielmo M arconi aplica esta ley en la telegrafía sin hilos. Estos son cla­
ros ejemplos de cómo el conocimiento científico se constituye en el origen
de las innovaciones y su aplicación en la esfera técnico-económica (20).
Sin embargo', su difusión —es decir, el uso industrial de la electricidad—
se retrasó por las dificultades que implicaba la invención de un generador
económico eficaz.

(18) C a m & ro n (1995).


(19) P eiíB2 (1989).
(20) H a ll (1973).
CAP. 7 — LAS ECONOMÍAS INDUSTRIALES EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIX 197

Científicos e ingenieros experimentaron con toda una serie de aparatos


con el fin de generar electricidad. Desde 1859. se empiezan a construir los
primeros acumuladores: hacia 1870, se inventa la dínamo, antecedente de
los generadores y alternadores. En 1873, al unirse en los Alpes franceses
una turbina hidráulica a una dínamo, se produjo el inicio de la energía hi­
droeléctrica, que desde 1880 se extendió alcanzando cifras cada vez más
importantes.
No obstante, hasta ese momento la electricidad como fuente de ilumina­
ción competía con otras dos: el gas natural y el querosén, derivados del
petróleo. Entre 1878 y 1880, el perfeccionamiento de la lámpara eléctrica
incandescente, conseguido casi simultáneamente por J. Swan y T komas E di­
s o n , inauguró una nueva era de la industria eléctrica. La última década del
siglo fue testigo de importantes adelantos en el transporte de la corriente
eléctrica a través de cables de alta tensión gracias a la invención del alter­
nador y el transformador.
La electricidad es una de las formas de energía más versátiles y tiene,
por lo tanto, una multitud de aplicaciones prácticas.
Si bien la iluminación fue en la primera época la más importante, fueron
consolidándose otras. E rnest W ekner von S iem ens , en 1880, inventó eí tranvía
eléctrico, con consecuencias revolucionarías para el transporte de las ma­
sas en las nacientes metrópolis de la época.
Los motores eléctricos y equipos dé maquinarias eléctricas fueron en­
contrando para ellos docenas de aplicaciones industriales, y los inventores
estaban empezando a pensar ya en los pequeños electrodomésticos. La elec­
tricidad también podía utilizarse para producir calor y de ese modo pasó a
emplearse en la metalurgia, especialmente en la fundición de metales (un
ejemplo fue el recién descubierto aluminio}
Fue trascendental la aplicación de la electricidad para el desarrollo de
los medios de comunicación a larga distancia, como el telégrafo, primero con
hilos. Hacía 1850, la mayoría de las ciudades estaban unidas por cables de
telégrafo, y en 1866, se tiende el cable submarino transoceánico entre Eu­
ropa y América deí Norte. Después, el telégrafo sin hilos, y paralelamente,
el teléfono y las emisiones radiofónicas; todos ellos surgen con fuerza en las
dos últimas décadas del siglo XIX. La cinematografía, que aparece en esos
años, establecerá las bases de su desarrollo posterior.
Nacen así las grandes compañías de material eléctrico, como Philips,
Siemens, General Electric, Westinghouse y otras más, que impulsan el de­
sarrollo del sector a través de sus departamentos de I & D. Después de la
Gran Guerra, con el desarrollo de las centrales generadoras termoeléctricas,
la corriente eléctrica se convierte en un servicio público por excelencia (2~).

(21) Cameron (1995).


(2 2) B eatón (1973j.
198 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

7,1,2,8. La industria química

La Industria química fue, junto a las industrias anteriores, otro de los


grandes núcleos tecnológicos de punta que caracteriza a la Segunda Revo­
lución Industrial. Este sector adquirió una proyección económica inmensa.
En principio, la ciencia química demostró ser especialmente prolífíca en
el nacimiento de innovaciones, nuevos productos y procesos productivos.
Fue, al igual que la electricidad, un sector donde se manifestó muy claramen­
te el decisivo papel que tuvo la investigación científica como factor de cre­
cimiento.
La institucionalización de I & D en las corporaciones químicas fue requi­
sito ineludible para su desarrollo. Entre las principales empresas se encon­
traban Hoec.hst, Bayer, B.A.S.F. (alemanas); Dupont {norteamericana); Nobel
(sueca); Ciba (suiza) y Solvay (belga). Todas ellas presentaban un alto grado
de concentración.
Resulta muy largo y complejo seguir la trayectoria de cómo se fueron
articulando e interrelacionando de manera acumulativa ciencia e industria
química (23). Entre las más destacadas innovaciones diremos que hacia me­
diados del siglo aparece con inusitada fuerza la industria de colorantes sin­
téticos; es el nacimiento de una nueva industria de productos de química
orgánica. Desde ésta se desprendieron nuevas ramas o subsectores quími­
cos de gran futuro: la industria farmacéutica, los explosivos, las fibras y el
caucho sintéticos, las telas artificiales y la industrialización de residuos
minerales (un ejemplo fue el alquitrán a partir de la hulla).
Otro papel sobresaliente del sector químico se debió a que sus innova­
ciones radicales tuvieron un efecto multiplicador en algunas ramas de la
industria, así como en otros sectores de la economía. Tales efectos se regis­
tran en la rama metalúrgica al actuar como medio para el descubrimiento de
nuevos metales, tales como zinc, aluminio, níquel, magnesio y cromo. Ade­
más, esto permitió el ulterior desarrollo de los procesos de aleación, tenien­
do al acero como metal básico. En la rama alimenticia, ei impacto de 1a quí­
mica no fue menos importante. A grandes rasgos, hubo dos direcciones: por
un lado, la agricultura, a través de la elaboración de fertilizantes artificiales
(fosfatos, superfosfatos, potasa y diversos ácidos); por el otro, la producción,
procesado y conservación de alimentos a través de los métodos de pasteu­
rización de la leche, de refinación del azúcar, de envasado en latas esterili­
zadas y cerradas herméticamente y de proceso de refrigeración artificial de
los alimentos como la carne. Estas innovaciones dieron origen a la “agricul­
tura científica1* y permitieron especialmente que las regiones de ultramar,
como la Argentina o Australia, pudieran exportar hacía Europa alimentos
perecederos.
CAP. 7 — LAS ECONOMIAS INDUSTRÍALES EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIX 199

Es imposible resumir en pocas páginas la trascendencia y proyección de


ias tecnologías y ramas desarrolladas por la Segunda Revolución Industrial.
Los metales, el cemento, la maquinaria agrícola, los armamentos, las máqui­
nas de coser, de escribir y fotográficas, el franqueo de la correspondencia y
un sinnúmero de otros ejemplos sirven para ilustrar nuestras limitaciones
para describir a todas.
Quizá la maquinaria para fabricar el papel y la prensa cilindrica de im­
primir sean interesantes de mencionar en cuanto redujeron el costo de los
libros y los periódicos. Estamos en los umbrales del auge de los periódicos
masivos pertenecientes a las grandes ciudades: hacia 1900 eran varios los
diarios con circulación de más de 1 .000.000 de ejemplares.

7,1,3. EL NACIMIENTO DE LA EMPRESA MODERNA

La segunda mitad del siglo XIX fue la época del nacimiento de la empresa
moderna, entendiendo como tal a la gran empresa con una organización
burocrática, administrada por gerentes asalariados, cuya forma jurídica más
característica es la sociedad anónima.
La difusión de las nuevas formas de organización empresaria se llevó a
cabo en las últimas décadas del siglo; en una primera etapa, los países en
los que tuvieron un rol más significativo fueron Alemania y los Estados
Unidos. En otros, como Francia e Inglaterra, la persistencia de las formas
tradicionales fue mayor, y la empresa familiar siguió desempeñando un pa­
pel muy destacado.
De acuerdo con la definición de A lfr ed C h a n d l í :r (24). que toma como
modelo al caso norteamericano, ía empresa moderna tiene una serie de ras­
gos qué la diferencian netamente de la empresa tradicional, característica de
la industrialización en sus primeras etapas.
Lá empresa tradicional es de dimensiones pequeñas, consta de una sola
unidad.operativa y se especializa en un tipo de función (producción o distri­
bución), o en la producción de un tipo de bien o de servicio. Se trata de fir­
mas en las que no se ha producido la separación entre propiedad y gestión,
mayoritaríamente empresas familiares, dirigidas por una persona o un nú­
mero reducido de personas, que son, a ía vez, sus propietarios.
Las empresas modernas se diferencian de las empresas tradicionales en
distintos aspectos. En primer lugar, por sus dimensiones y las actividades
que desarrollan, ya que se trata de grandes empresas que han integrado di­
versas fundones, combinando la producción y la distribución en gran escaía.

(2 4 ) C ü a n ^ lru (i9 8 7 '¡.


200 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

Las mayores dimensiones de las empresas fueron, en gran medida, una


consecuencia de la Segunda Revolución Industrial y de las características de
las ramas más dinámicas de la industria en las últimas décadas deí siglo XIX.
En los sectores de punta de la Primera Revolución Industrial, fundamental­
mente en la industria textil y la metalurgia liviana, no se requerían econo­
mías de escala, y las pequeñas empresas podían operar en forma eficiente.
Con la Segunda Revolución Industrial, en cambio, las condiciones fueron
diferentes. En la siderurgia, en la industria química, en la explotación del
petróleo y la petroquímica, y, en general, en todos los sectores capital inten­
sivos, los requerimientos de escala fueron altos, y las dimensiones de las
empresas, necesariamente grandes.
Otro factor que contribuyó aí desarrollo de la gran empresa fue la amplia­
ción de los mercados. En la medida en que se fueron conformando merca­
dos de masas, el volumen de producción de las empresas se incrementó
también en rubros que no requerían imprescindiblemente economías de
escala, pero que permitían la fabricación en serie con la incorporación de
innovaciones tecnológicas, como la producción de cigarrillos, de alimentos
enlatados o de bebidas destiladas, e incluso, el procesamiento de la carne
que realizaban los grandes frigoríficos.
Además de los requerimientos de escala y de la producción en masa, el
tamaño de las empresas se amplió, en muchos rubros, como consecuencia
de las estrategias de integración horizontal y vertical. En el primer caso, ía
unión de corporaciones independientes (por consenso o por absorción de las
más débiles) generó empresas de mayores dimensiones. En eí segundo, tu­
vieron lugar procesos de integración hacia atrás y hacia adelante. Los pro­
cesos de integración hacia atrás se produjeron con el^ in de controlar el
abastecimiento de materias primas y de insumos; los de integración hacia
adelante, con la finalidad de controlar el proceso de distribución. Por últi­
mo. la dinámica de expansión de las empresas las llevó a implementar estra­
tegias de diversificación, ampliando el espectro de bienes producidos con el
objeto de aprovechar en forma más eficiente sus instalaciones y de ampliar
sus mercados.
Más allá de cuáles fueran los caminos, la constítución;dé grandes em­
presas implicó crecientes dificultades en su funcionamiento y en su gestión.
Las formas tradicionales de administración, centralizadas y personalizadas,
debieron ceder terreno a sistemas de gestión mucho más complejos y a una
estructura que se adecuara a las nuevas realidades. De allí deriva un segun­
do grupo de elementos característicos de la gran empresa: que adquirieran
una estructura burocrática y crecientemente descentralizada, y que fueran
gobernadas por gerentes asalariados.
El desarrollo de un management sistemático en gran escala respondió
a las nuevas necesidades de coordinación y eficiencia. Los métodos con base
familiar o transmitidos de una persona a otra se revelaron inadecuados, e
incluso, considerando las mayores exigencias de coordinación y eficiencia,
podían resultar contraproducentes.
CAP. 7 — LAS ECONOMIAS INDUSTRIALES EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIX 201

.Hacia fines de siglo, en los Estados Unidos y en Alemania comenzaron


a aparecer los principios del “ management científico", del que hablaremos
con más detenimiento en el próximo punto. Digamos por ahora que se fue
dando una separación creciente entre la preparación y el control de la pro­
d u c c ió n , por un lado, y la ejecución, por el otro. En el campo de la dirección
de las empresas se afirmaron las tendencias basadas en la teoría y el estu­
dio de la organización empresarial y el management.
El proceso de separación entre propiedad y gestión estuvo estrechamen­
te vinculado al incremento dé los volúmenes de capital que las grandes
empresas requerían. Para ello debieron recurrir crecientemente al crédito
bancario y al mercado de capitales, mediante la emisión de acciones y obli­
gaciones, lo cual tuvo como contrapartida ei incremento del número de so­
ciedades anónimas, que se constituyeron en-la forma jurídica más caracte­
rística de la gran empresa moderna. En el caso norteamericano, ello fue
desembocando en los sistemas de propiedad pública de las empresas, es
decir, en la multiplicación del número de accionistas- En el caso alemán, en
cambio, la constitución de sociedades anónimas se vio acompañada por la
creciente participación de los bancos en la propiedad de las empresas.
En realidad, como ya señalamos en el cap. 6, las primeras grandes em­
presas modernas no fueron aquellas de sesgo industrial, sino los ferroca­
rriles.
Ellos demandaron, desde el principio, grandes inversiones de capital y
un elevado número de trabajadores, que en el caso de los Estados Unidos
superaban el doble del de las mayores empresas industriales. Los requeri­
mientos de capital contribuyeron al desarrollo de los bancos de inversión y
a ía conformación de mercados financieros de alcance nacional, favoreciendo
al mismo tiempo 3a constitución de sociedades anónimas y ei nacimiento de
los modernos métodos de compraventa y transferencia de acciones.
Las dificultades que debió enfrentar la gestión de los ferrocarriles fue­
ron mucho mayores, a mediados de siglo, que las que presentaba la adminis­
tración de las firmas industriales. Problemas tales como los cálculos de
costos y tarifas o los diagramas de circulación obligaron a diferenciar fun­
ciones en forma muy precisa, estableciéndose por primera vez la distinción
entre la línea y el staff.
Las necesidades de coordinación y control llevaron a los dirigentes de
las primeras compañías ferroviarias a concebir una articulación organizati­
va, es decir, una estructura de las empresas, en la que eran definidas las
relaciones de autoridad, de responsabilidad y de comunicación, que fueron
fijadas por primera vez en organigramas en la década de 1860.
Como señala C hanoler, en los Estados Unidos fueron las empresas ferro­
viarias las primeras en contratar gerentes asalariados y en descentralizar su
gestión, mientras que en. Inglaterra y en Europa continental se mantuvieron
sistemas de organización más centralizados.
202 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

Los ferrocarriles no fueron el único modelo de organización burocráti­


ca que las grandes empresas industriales tuvieron como punto de referen­
cia. En el caso alemán, como señala J ürgen K ocka (25), la circunstancia de que
la organización burocrática del Estado haya precedido a la industrialización
ofreció a las empresas privadas la posibilidad de tomar como modelo a la bu­
rocracia pública, en sus pautas, estilos y valores. K o c k a remarca que ello
puede servir para explicar el éxito de las empresas alemanas en la construc­
ción de organizaciones en gran escala y su competitividad en el mercado in­
ternacional.
En Alemania, los funcionarios públicos, civiles y militares cumplieron
un papel destacado en el sistema de educación técnica, en el desarrollo de
la ingeniería y en las primeras asociaciones científicas e industriales. Mu­
chos de ellos tuvieron a su cargo la gestión de empresas públicas (sobre
todo, en la minería, y más tarde, en los ferrocarriles que pasaron al control
del Estado) y otros fueron contratados por las empresas privadas.
La organización burocrática implicó un funcionamiento más eficiente de
las empresas, a través de la adopción de normas generales e impersonales,
de la planificación, de la racionalización de los procesos de producción y de
la adopción de sistemas más sofisticados de contabilidad y de venías. Más
adelante, el proceso de burocratizacíón continuó como producto de la diná­
mica interna de las empresas, y también de la difusión del modelo norteame­
ricano, sobre todo, desde ía primera década del siglo XX.
La constitución de grandes empresas cuya gestión revestía una creciente
complejidad implicó también inversiones cada vez mayores en la formación
y capacitación de recursos humanos, en particular, en lo que C eiandler de­
nomina i%m anageríal capabilities", es decir, en la formación de los mana-
gers. Desde fines de siglo surgieron las primeras escuelas de negocios en los
Estados Unidos y Alemania, y la administración se convirtió en una discipli­
na científica.
El proceso de consolidación de la gran empresa en sectores clave de la
actividad industrial generó una creciente concentración y formas olígopóli-
cas en los mercados, fundamentalmente en las ramas capital intensivas de
la producción. Aquí también existen variantes. En el sistema alemán, la for­
mación de carteles y los acuerdos interempresarios para controlar el mer­
cado eran una práctica comtin a fines dei siglo XIX, y estaban permitidos por
la legislación vigente. En ios Estados Unidos, en cambio, la legislación an­
titrust motivó un tipo de funcionamiento distinto,, con mayor competencia
entre las empresas.
Como señala C handi-k k , ia gran empresa moderna se convirtió en una de
las instituciones características del capitalismo industrial a fines del siglo

K o c k a (1 9 S 1 ).
CAP. 7 - LAS ECONOMÍAS INDUSTRÍALES EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIX 203

XIX. En. las ramas más dinámicas de la economía, las empresas que consi­
guieron afianzar su posición en forma temprana lograron mantener su pre­
dominio durante décadas. Muchas de las grandes empresas de hoy en día,
con las que estamos en contacto en nuestra vida cotidiana, datan justamente
de este período, desde fábricas de automóviles hasta fábricas de cigarrillos,,
de comida envasada o de productos medicinales. Eí hecho de ser las “Jirst
com ers” les dio fuertes ventajas competitivas.
El proceso de consolidación de la gran empresa se acentuó desde prin­
cipios de este siglo con los inicios de la diversificación geográfica y el na­
cimiento de las empresas multinacionales. Ya antes de la Primera Guerra
Mundial algunas grandes empresas habían comenzado a instalar plantas de
producción en países extranjeros, con el fin de aprovechar las ventajas de la
localización o de tener un mejor acceso a los mercados. Tras el fin de la
guerra, la multinacionalización de las grandes empresas —sobre todo, las
norteamericanas— se acentuó.
Chanoj.er utiliza la expresión “mano visible” para referirse al proceso por
el cual las grandes eiv.presas van reemplazando a los mecanismos del mer­
cado, al internalizar funciones a través de los procesos de integración. El
modelo de g'ran empresa integrada va a tener un papel clave hasta los años
setenta de este siglo, momento en que van surgiendo otras formas de orga­
nización más descentralizadas, en un contexto generalizado de cambio or­
ganiza cion a1.

7,1,4. LAS NUEVAS FORMAS DE ORGANIZACION DEL


TRABAJO: TAYLORISMO Y FORDISMO

Con la Segunda Revolución Industrial, no solo se produjeron transforma­


ciones significativas en la organización de las empresas, sino también cam­
bios profundos en el proceso de trabajo, que implicaron la creación de nue­
vas modalidades en el ámbito de la organización y gestión de las tareas,
cuyas expresiones más sobresalientes fueron él'taylorism o y eí fordísmo.
Ambas se originaron en los Estados Unidos entre fines dei siglo XIX y prin­
cipios del XX, y tienen en común proponer una organización más raeíonnl
del trabajo, con el fin de incrementar su productividad.

7,1,4,1. Taylorismo

Como decíamos en páginas precedentes, e- desarrollo de ia gran empresa


fue acompañado de problemas de gestión cada vez más complejos, a los
cuales se respondió con la búsqueda de formas de organización ereoienre-
mente eficientes. Desde la década de 1870 se fueron 'elaborando nuevos
métodos de gestión, que recibirán más tarde ia denominación de "mcinage-
204 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

ment científico” , en cuya formulación los ingenieros desempeñaron un pa­


pel protagónico.
El management científico implicaba un sistema de control muy preciso
sobre la organización de la producción y de la gestión, e incluía un campo
muy amplio de problemas, entre ellos, los cálculos de costos y beneficios,
los métodos de contabilidad, el cálculo de los tiempos de producción, los
sistemas de control y el estudio de los sistemas de remuneración. En esta
línea de pensamiento, el taylorismo aparece com o la propuesta de “ organi­
zación científica del trabajo” difundida con éxito a partir de la última déca­
da del pasado siglo, primero en los Estados Unidos y luego por las regiones
más industrializadas del mundo.
Durante el siglo XIX, en el ámbito de la industria, la “ mano” y el “saber”
del trabajador de oficio determinaban, tanto en talleres como en fábricas, las
condiciones y los niveles de producción manufacturera. Y este control y
dominio en manos de los obreros los transformaba en el factor más cafo de
la producción, además de otorgarles un cierto poder e independencia con
respecto a sus patrones, quienes no podían tener el conocimiento exacto de
los ritmos de trabajo, procedimientos y tareas necesarios para la fabricación
de sus mercancías.
La Primera Revolución Industrial produjo la ruptura del antiguo mode­
lo de trabajo preindustrial. Asentada sobre el maqumismo y la fábrica, su
consolidación permitió multiplicar radicalmente la productividad deí traba­
jo. En esta nueva situación, el obrero deja de manejar y controlar los instru­
mentos de trábajo y pasa a ser “ controlado” por el ritmo de la máquina,
transformá¿Ldps.e en un servidor de la misma. Sin embargo, el pasaje de una
situación apotra no es tan lineal ni tan directo como parece. Por el contra*
rio, a pesar de los avances producidos por la introducción de las máquinas,
el obrero de oficio, heredero de los “ secretos" del gremio, siguió siendo la
condición ineludible, la figura necesaria de la manufactura fabril. Hasta tanto
no se alcanzara todavía la completa (siempre en términos relativos) apropia­
ción por parte de las máquinas de los caracteres cualitativos del trabajo, que
descansaban .en las habilidosas manos del obirero, lo esencial para los fabri­
cantes era conservar aún de manera estable al obrero de oficio. Puesto que
el desarrollo de las máquinas-herramientas todavía era muy modesto y len­
to, el trabajo artesanal y técnico resultaba ser un complemento esencial del
nuevo maqumismo.
El “ saber” -del oficio mantenía así su vital importancia en la producción
de bienes industriales. La centralidad de los obreros calificados en los pro­
cesos productivos permitió desarrollar una sólida base para la organización
sindical por oficios que incluía exclusivamente a este sector privilegiado del
mundo del trabajo. Dicha organización sindical les brindó una eficaz resis­
tencia ante las presiones del capital destinadas a tener un mayor control y
conocim iento'del trabajo y aumentar así la productividad. Los trabajadores
de oficio contaban a su favor el hecho de que constituían, como colectivo de
trabajo, un reducido número; la escasez de estos trabajadores se mantenía
CAP. 7 - L A S ECONOMÍAS INDUSTRÍALES EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIX 205

en gran parte gracias a que los mismos se encargaban de guardar celosamen­


te ios conocimientos y habilidades manuales que detentaban. La adquisición
del oficio y su difusión estaban muy reglamentadas y cuidadas al extremo
por el gremio que los nucleaba, ser pocos era esencial para conservar el
lugar de privilegio. Existía en ellos la idea de que, si crecían en número, se
crearía una situación de fuerte desempleo. Lo mismo pasaba con su interés
de controlar los niveles de producción: creían que aumentar la cantidad de
productos significaría saturar el mercado, y en consecuencia bajarían los
precios, disminuiría el trabajo, los salarios caerían proporcionalmente, y
hasta podrían llegar a perder el empleo. Es que predominaba todavía en la
época la idea de que los mercados eran limitados y proclives a saturarse ante
el incremento de la producción.
Este monopolio deí conocimiento artesanal y técnico por parte del ofi­
cio permitía a los obreros calificados concentrar y dominar las tres etapas
básicas que conformaban su trabajo: concepción, organización y ejecución
del mismo. Se concretaba así el control de los tiempos productivos por parte
de los obreros de oficio, lo cual, desde la perspectiva de los empresarios, era
aprovechado para crear dentro de la fábrica un sinnúmero de momentos im­
productivos y de ocio, a los que se llamó ‘"tiempos muertos”. Por otro lado,
debido a la falta de una organización racional capitalista, los tiempos muer­
tos podían producirse también por deficiencias en la coordinación de las di­
ferentes etapas del proceso productivo, que llevaban a discontinuar el pro­
ceso de transformación, o por la pérdida de tiempo en el desplazamiento de
las piezas de un lugar a otro, tiempos de reparación y mantenimiento de los
equipos, deficiente coordinación en un proceso de actividades eslabonadas,
desplazamientos anárquicos del trabajador dentro de las plantas o entre los
distintos equipos, etcétera.
En las décadas de 1880 y 1890, en los Estados Unidos (país donde la
escasez de trabajadores de oficio era quizá la amenaza más grave que se cer­
nía sobre su industria manufacturera}, F re d e ric k T a y lo r logró con cierto éxito
uno de los primeros intentos en la racionalización del trabajo y en el crono­
metraje de las tareas. Cuando él y sus- seguidores introdujeron la norma y
el cronómetro dentro de la fábrica, lo que pretendían era reducir al máximo
esos tiempos muertos. La idea era “acabar con el ojíelo para acabar con el
control de los tiempos de prod ucción" (aG). El sistema de “dirección cientí­
fica" preconizado por T a y l o r nace en su totalidad de la lucha contra la va­
gancia sistem ática que él observaba en los trabajadores industriales:
“Cuando un obrero americano ju e g a al baseball {...] no nos'equivocam os
diciendo que hace todo io posible para darle la victoria á. su ^guipo [...}
Cuando el mismo obrero vuelve al día siguiente a trabajar; en lugar de
hacer un esfuerzo para producir el máximo, en la mayoría de los casos se
esfuerza por hacer lo menos posible sin correr riesgos..." (27).

(2 6 ) C orsat (1 9 8 8 }.
(2 7 ) SrAN'KiKwicz {1 9 9 1 }.
206 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

En efecto, según T a y l o r , esta estrategia de control del ritmo de trabajo,


sabiamente organizada y en extremo difundida, era defendida por los obre­
ros desde el punto de vista de sus intereses más legítimos, teniendo en
cuenta eí contexto general de la época. En lugar de una relación conflictiva
con los trabajadores, postulaba considerarlos como sus am igos íntir .os,
estimulándolos a que realizaran el trabajo más intenso y calificado del cual
eran capaces; a cambio de eso recibirían una paga proporcional a su rendi­
miento y esfuerzo.
Analicemos sintéticamente en qué consistió la contribución del tayloris­
mo al proceso de industrialización. La llamada “ organización científica del
trabajo” está orientada a lograr una mayor economía de tiempo, con el ob­
jeto de incrementar la producción, reducir los costos y los precios de los
productos, apropiándose de los conocimientos y saberes productivos acumu­
lados por los trabajadores industriales calificados.
El taylorismo consiste en tina serie de principios que tienen vigencia
permanente entre los creadores e inspiradores de esta forma de organizar el
trabajo, y en varios mecanismos y técnicas que pueden variar sensiblemente.
Los criterios tayloristas tuvieron una importante difusión mundial — aun­
que con distintos ritmos y modalidades— y perduraron durante muchas
décadas.
Los principios derivan de una particular concepción del hombre en la
situación de trabajo (la tendencia innata al ocio y a la vagancia por parte de
los trabajadores debido a los prejuicios provocados por el temor a la desocu­
pación y a un irracional sistema de remuneración) y pueden resumirse esen­
cialmente en dos. Primero, la naturaleza científica —en el sentido de racio­
nal-— de las decisiones que deben adoptar los responsables de las empresas
u organizaciones, en lugar de medidas fundadas en la intuición, en las cos­
tumbres, en las creencias y en Jos sentimientos. Segundo, la convicción
profunda acerca de la objetiva existencia de intereses comunes y convergen­
tes entre la dirección de las empresas y sus trabajadores. Esto se basa en
el pensamiento económico de Yaw-or, quien argumenta que sólo un aumento
de la productividad p8} puede favorecer el desarrollo de la acumulación de

(28) E l a u m e n t o d e ia p r o d u c t i v i d a d s e d a c u a n d o d e n t r o d e u n m i s m o r i t m o
h o r a r i o d e t r a b a j o la m i s m a c a n t i d a d d e t r a b a j a d o r e s f a b r i c a u n a m a y o r c a n t i d a d de
m e r c a n c í a s . L o s p r o g r e s o s c o m p r o b a d o s d e b e n a t r i b u i r s e a p r o g r e s o s e n la e f i c a c i a
t é c n ic a de io s m e d io s d e p r o d u c c ió n u tiliz a d o s . En e s te s e n tid o , sería m á s a d e c u a d o
i d e n t i f i c a r a! t a y l o r i s m o c o n un i n c r e m e n t o e n la i n t e n s i d a d d e l t r a b a j o , p u e s t o q u e
e n e s t e c a s o t e n e m o s una t e c n o lo g ía c o n s t a n te , un m i s m o n ú m e r o d e tra b a ja d o re s
q u e p r o d u c e n e n e l m i s m o t i e m p o ttna c a n t i d a d m a y o r d e p r o d u c t o s . E s t e a u m e n t o d e
m e r c a n c í a s resxilta d e l i n c r e m e n t o d e í r it m o d e tra ba jo, o, ío q u e v ie n e a s e r lo m i s ­
m o , d e l a r e d u c c i ó n d e l o s t i e m p o s m u e r t o s e n l a p r o d u c c i ó n . N o o b s t a n t e , pa ra eí
n i v e l d e a n á l i s i s q u e e s t a m o s r ea i i z a n d o p a s á r e m o s p*«r a n o e s t a d i s t i n c i ó n “ t c c n o -
«c a lific a ” .
CAP. 7 — LAS ECONOMIAS INDUSTRIALES EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIX 207

capital. En su visión, mayor productividad y producción, en vez de crear


crisis, amplían los horizontes del crecimiento económico —de la producción
y del consumo— .
Las técnicas y mecanismos propuestos para lograr la vigencia de esos
principios y alcanzar los objetivos mencionados son numerosos, entre los
que se destacan:
1. El estudio de los tiempos y movimientos de las tareas — tanto las
manuales directamente productivas como las de tipo administrati­
vo— para identificar los movimientos inútiles y seleccionar aquellos
más rápidos e imprescindibles.
2. Instaurar dentro de los talleres y oficinas una acentuada división so­
cial y técnica del trabajo p 3l- Esta parcelación y segmentación del
proceso de trabajo está condicionada a la previa ejecución del estu­
dio de tiempos y movimientos, para ‘'racionalizarlos’'. En realidad,
la originalidad del pensamiento de T aylor reside en la afirmación de
un principio único: organizar una absoluta separación entre la con­
cepción y ejecución del trabajo. Este principio difiere en apariencia
del que se basa en una especiaiización extrema de los obreros, y
sabemos que el proceso de descom posición del trabajo ya había
comenzado y se había extendido primero en las manufacturas y lue­
go en las fábricas bajo el impulso del maqumismo (industrializa­
ción}. El trabajo parcelado es, entonces, anterior al taylorismo, pero
también es cierto que durante su reinado ese fraccionamiento será
llevado hasta extremos que eran difíciles de imaginar. En consecuen­
cia, la dinámica inmanente de la organización taylorista tiende siem­
pre a la división y subdivisión cada vez mayores, con el doble fin de
aislar las operaciones simples y simplificar las que aún siguen sien­
do complejas.
3. La estandarización de las tareas, para realizarlas manual o mecáni­
camente, utilizando las herramientas más adecuadas y efectuando
los gestos más eficaces. En consecuencia, se estahiece normativa­
mente “ ia única y mejor manera” de hacer el trabajo, y las fierra-
. mientas y maquinarias que ie son inherentes.
4. La asignación, por anticipado, de número limitado de tareas es­
pecíficas a cada uno de los trabajadores, para que éstos las realicei;
de manera regular y permanente, respetando un tiempo proscripto.

Í29 j L l a m a m o s “ d i v i s i ó n s o c i a l d e l t r a b a j o " a Ja d i v i s i ó n r e a l i z a d a e n t r e !a s t a r e a s
de c o n c t ' p c i ó i i - p r o g r a m a c i ó n , c o n c e n t r a d a s e n ia d i r e c c i ó n d e j a s e m p r e s a s , c o n la s
t a r e a s d e e j e c u c i ó n , a s i g n a d a s e x c l u s i v a m e n t e a l o s t r a b a j a d o r e s en r e l a c i ó n d e d e p e n ­
d e n c i a . E s la d i v i s i ó n e n t r e t r a b a j o i n t e l e c t u a l y m a n u a l . Y l l a m a m o s " d i v i s i ó n t é c n i ­
ca d e t r a b a j o " a l o s d i v e r s o s g e s t o s y m o v i m i e n t o s o p e r a t o r i o s o t a r e a s com por­
ten u n a a c t i v i d a d l a b o r a l . E s la d e s c o m p o s i c i ó n d e l a s t a r c a s b a s a d a e n la i d e n u l i o a -
ció n de las o p e r a t o r ia s s i m p l e s s o b r e la s c u a l e s se e s t r u c t u r a b a el p r o c e s o g lob a l.
208 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

utilizando los métodos de trabajo y las herramientas que han sido


consideradas como las mejores a partir de la experiencia empírica,
y cumpliendo con las especificaciones en cuanto a procesos, canti­
dad y calidad proporcionadas por los responsables del planeamien­
to y control de la producción. La definición del trabajo prescripto
queda, entonces, exclusivamente en manos de la dirección. El traba­
jo realizado por los obreros debe haber sido “ previamente” preparado
hasta en sus más mínimos detalles, indicando lo que tiene que ser
hecho, el modo de hacerlo, precisando las herramientas que se han
de utilizar y fijando el rendimiento esperado.
5. La necesidad de individualizar el trabajo, oponiéndolo a la tarea gru-
pal o en equipo. Esta individualización se aplica también a las rela­
ciones de trabajo sin que ello implique desconocer la existencia de
los sindicatos. Los trabajadores así individualizados son instruidos
y formados para la especialización en un número limitado de tareas
y gestos operatorios, en lugar de un sistema tradicional de aprendi­
zaje'basado en la polivalencia del ofícío-
6. Un sistema de remuneraciones estructurado básicamente en función
del rendimiento personal {equivalente salarial por cada unidad de
mercancía producida), con el objeto de estimular ei esfuerzo dé los
obreros que acepten las nuevas reglas y modalidades de trabajo.
7. El control y la estrecha supervisión de cada trabajador por parte de
los supervisores o capataces, reduciendo su margen de autonomía.
Estos hacen una medición objetiva del trabajo realizado por cada obre­
ro y tienen un aito poder disciplinario y coactivo sobre los mismos.
Gracias a T a y l o u y a sus discípulos, la gestión de empresas pasó a ser
considerada, desde fines del siglo XIX, una “dirección y administración cien­
tífica ” , sustituyendo los viejos métodos empíricos que dejaban a los traba­
jadores un gran margen de iniciativa en cuanto a la forma de organizar el
proceso laboral, reuniendo de manera deliberada la gran masa de conoci­
mientos tradicionales que en ei pasado se encontraban en la cabeza de los
obreros y que se exteriorizaba a través de la habilidad que habían adquiri­
do por años de experiencia.
La teoría “ tajdorista” encuentra su máxima expresión lógica en la orga­
nización empresarial de grandes equipos de trabajo, es decir, en las corpo­
raciones que emplean masivas cantidades de obreros, pero lo más interesan­
te es que su aplicación se puede realizar en todo tipo de empresa. Los prin­
cipios de la “administración científica" han ejercido una ínfuencia decisiva
sobre los métodos de organización del trabajo que se ixn¡elementaron en el
curso de las últimas décadas.
Finalmente, es preciso destacar que es durante ia Primera Guerra Mun­
dial cuando el taylorismo encuentra 1a decisiva oportunidad de demostrar
sus potencialidades y eficacia productiva. En la década de 1920 llega a los
países más industrializados de Europa (incluyendo ia Unión Soviética). Asi­
CAP. 7 — LAS ECONOMIAS INDUSTRIALES EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIX 209

mismo, y esta cuestión es fundamental, con los nuevos métodos se produ­


ce la entrada masiva de los trabajadores no especializados en la producción,
desplazando no sólo al trabajador de oficio, sino también al obrero sindica-
lizado.

7,1,4,2 . Fordisjno

Desde las primeras décadas del siglo XX, otra forma específica de mana­
gement científico y de organización, del trabajo se implantó selectivamente
en las empresas que manufacturaban grandes series de bienes de consumo
durables de naturaleza homogénea, orientados a satisfacer un mercado sol­
vente y creciente: su nombre es “fordismo".
Núcleo vital de la producción en masa, el fordismo consiste fundamen­
talmente en una producción en serie de mercancías estandarizadas “«esta n­
darización» y «producción en serie» son dos especificaciones com plem en­
tarias, expresando una en el orden de la calidad lo que expresa la otra en
el orden de la cantidad” (30). La calidad o “estándar" significa que los bienes
durables (electrodom ésticos, aparatos de radio o televisores, autos, etc.)
están constituidos por partes idénticas y totalmente intercambiables.
La producción masiva y en serie se apoya “en la cadena de m ontaje
sobre la cinta transportadora, lo que im plicaba un flu jo continuo de p ro ­
ducción, el permanente m ovimiento de las piezas y subconjuntos, evitan­
do el desplazamiento de los trabajadores encargados anteriorm ente de su
transporte y m anipulación” in ). Es una suerte de “mecanización de los tra­
bajadores” , que eliminaba los tiempos muertos entre las diversas operacio­
nes. Pudo así llevarse hasta el límite-de lo posible —pero con otros méto­
dos— la división social y técnica del trabajo, concretando un aumento espec­
tacular en la escala de producción.
Fue el empresario norteamericano H enrv F ord quien, eri respuesta al mo­
delo de crecimiento económico de los Estados Unidos, que giraba en torno
al mercado interno, empezó a diseñar en su mente las características que de­
bía reunir el nuevo automóvil para el consumo de las masas: “de buena ca­
lidad de materiales, asegurar un uso prolongado sin deterioro, simplicidad
en su funcionam iento, estar dotado de una fu erza m otriz suficiente, segu­
ridad absoluta en el desplazamiento, ser liviano, fle x ib le en su manejo y
fá cil de reparar" (32}. En su búsqueda implemento por primera vez en 1913
el nuevo proceso de producción fordista, es decir, la cadena de montaje so­

(3 0 ) C orsat (1 9 8 8 ).

(3 1 ) N e f f a (1 9 9 0 ).

{3 2 ) F ord (1 9 2 2 ).
210 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

bre la cinta transportadora (o cadena de producción semiautomática), apli­


cándola a la fabricación de los clásicos autos “ Ford T ” .
El fordismo se caracteriza por las siguientes cualidades:
X. La utilización de plantillas, moldes y matrices de fundición, que per-,
miten obtener piezas absolutamente idénticas.
2. La progresividad y coordinación en cuanto al movimiento de las pie­
zas y de los subconjunt'ós dentro de la planta industrial, siguiendo
una secuencia que se orientaba hacia el lugar donde debía realizar­
se el ensamblaje (las piezas y subconjuntos son desplazados por la
cinta transportadora). Se sigue una secuencia lógica, eliminando los
movimientos y operaciones innecesarios.
3. La regulación del ritmo de trabajo de manera totalmente exterior al
obrero por medio de la velocidad dada a la cinta que “ pasa” delante
de cada uno —que tiene un lugar fijo y tareas preestablecidas en la
línea de montaje—.
4. Finalmente, el fordismo se insertaba en un marco económico global
en el que los productos estaban destinados a un amplio mercado,
solvente y en expansión, cuya demanda no planteaba mayores exi­
gencias en cuanto a variedad y calidad; la competencia se establecía
en función de los costos- Existía un mercado de trabajo que funcio­
naba en condiciones de relativo pleno empleo y que para asegurar
una mayor producción requería fuertes contingentes migratorios de
mano de obra para evitar alzas de salarios.
Se puede deducir de esta descripción que, en cuanto proceso de produc­
ción, el fordismo consiste en una serie de innovaciones mecánicas, tecno­
lógicas y organizativas que se articulan para lograr la producción en masa
en un flujo continuo.
Para entender el significado real y la evolución que tuvo en la compañía
Ford la implementación de la línea de montaje en su planta de Detroit, nos
referiremos a algunas cifras de ios años comprendidos entre 1910 y 1920. En
1910 el precio de un Ford X era de 950 dólares, y ese año se fabricaron
18.664 unidades. Tres años más tarde, cuando se instala la cadena de pro­
ducción semiautomática, el precio del auto desciende a 550 dólares, con una
fabricación total anual de 248.317 unidades. En 1915, el valor era de 440
dólares y se llegaron a fabricar 533.921 unidades. Cinco años después e¡
precio del modelo Ford T había bajado a 335 dólares y la cantidad de unida­
des manufacturadas ascendió a 1.250.000. Asimismo, mientras que a prin­
cipios de 1913 llevaba 12 horas fabricar un auto, un año 3r medio después sé
bacía en 1 hora y media, y la planta de Ford en 1S15 estaba en condiciones
de producir más de 1.000 autos por día p3).

C ü a i v o u :;.- ( 1 9 . 8 7 ) .
CAP. 7 - L A S ECONOMÍAS INDUSTRÍALES EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIX %11

Si bien el fordismo retomó los principales conceptos del taylorismo;


intensificando el trabajo, incrementando radicalmente la separación entre
trabajo manual e intelectual, y profundizando la mecanización, implicó tam­
bién otros cambios importantes respecto del taylorismo, que lo diferencian
de manera sustantiva. Las nuevas exigencias de la producción masiva reque­
rían una modificación de las normas del consumo y-de las normas de vida
de ios trabajadores, es decir que las empresas comenzaran a preocuparse
sistemáticamente por lo que sucedía fuera de las paredes de 1a fábrica, de­
jando de tomar como un peligro el incremento de las remuneraciones sala­
riales. Los trabajadores pasaron a ser considerados consumidores potencia­
les, para lo cual era menester aumentar su poder de compra y reducir los
costos de producción.
F ord es el que establece en 1915 un acuerdo general sobre los salarios
de sus obreros. Consistió en un fuerte aumento de los mismos de 2,5 dóla­
res diarios por término medio a 5 dólares por día. Esta decisión le permitió
a la empresa asegurarse un aprovisionamiento continuo de fuerza de trabajo
(dado que el ritmo impuesto por la mecanización de la producción fordista
generaba un gran desgaste físico-mental provocando un alto ausentismo y
deserción laboral). Pero, además, el "Jive dollars day" rompía con el estado
de insubordinación crónica vinculado ai sindicalismo y al radicalismo polí­
tico de la época. Aseguraba, a su vez, una mejora sustancial del poder de
compra de los trabajadores, abriendo así el camino para la aparición de un
obrero consumidor de lo que produce. Se estaba en ei umbral de la moder­
na sociedad de consumo.

7,1,4,3. Similitudes y di£ei~encias entre taylorismo y fordismo

Taylorismo y fordismo son dos procesos de organización y de trabajo


distintos, cada uno con trazos específicos. Sin embargo, como liemos visto,
ambos comparten los principios básicos que configuran el comienzo de una
nueva época en la organización de la gran empresa y dei trabajo. Los dos
pueden y suelen con frecuencia encontrarse juntos dentro de una misma
fábrica, predominando uno u otro de acuerdo con las necesidades.
Particularmente, el taylorismo aumentó la eficiencia del trabajo manual
a través de la introducción de la norma y eí cronómetro en la fábrica. T a v í .ou
encaró el estudio de tiempos y movimientos; apuntó a 1a racionalización del
trabajo eliminando ios movimientos inútiles;'introdujo normas y tipos de
tareas específicas y preestablecidas por la dirección; fijó un sistema de re­
muneraciones según el rendimiento, subordinando el trabajo a la disciplina
del supervisor (trabajo a destajo). En el taylorismo, más que un aumento de
la productividad existe un fuerte incremento de la intensidad de! trabajo.
El fordismo, por su parte, significó 1a sustitución del trabajo manual de
los artesanos y oficiales calificados por el accionar de máquinas-herramien­
212 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

tas especialmente diséñadas con dicho propósito y atendidas por obreros


especializados. Las máquinas funcionaban de modo continuo, regulándose
según la cadencia que les era impuesta por los ingenieros; los trabajadores,
que debían acompañar sus movimientos, no eran pagados por su rendimien­
to, dado que el ritmo de trabajo estaba determinado por la máquina de ma­
nera rígida. De esta forma, concreta un importante crecimiento de la produc­
tividad del trabajo basado en su intensificación y en la mecanización, pero
que permitía al mismo tiempo la reducción de los costos unitarios, el incre­
mento de las tasas de beneficio empresariales, de los niveles de inversión y
de los salarios reales.
En realidad, es muy difícil poder distinguir con exactitud cuándo se trata
puramente de un incremento de la productividad y cuándo de la intensifica­
ción del trabajo. Lo importante es reconocer en los dos sistemas de traba­
jo una búsqueda de métodos destinados a la maximización del excedente
económico. Ambos permitieron la creación de la producción y consumo en
masa y la aparición de un nuevo tipo de trabajador, el obrero-masa. Tales
logros fueron los que posibilitaron al taylorismo y al fordismo inaugurar en
el siglo XX un nuevo régimen de acumulación de capital. Recién a partir de
la década de 1970 empezaron a ser reemplazados por nuevos métodos de
organización, que tuvieron origen en el Japón en la década de 1950 y reci­
bieron el nombre genérico de “ toyotismo”.

7,2. LOS PAISES DE INDUSTRIALIZACION TARDIA


En la segunda mitad del siglo XIX, la industrialización se fue difundiendo
hacia las regiones de la Europa periférica, es decir, hacia las naciones del
este y ei sur del continente, y los países de Escandinavia.
En dichos países existían regiones con un cierto desarrollo industrial
(como Bohemia o Cataluña), pero no se había verificado un verdadero proce­
so de industrialización, comparable aí que había vivido Europa Occidental.
En general, la producción industrial se llevaba a cabo con métodos tradicio­
nales y se destinaba al mercado local, y ia demanda de productos manufac­
turados se satisfacía principalmente medíante la importación.
Las condiciones en las que se dio la industrialización, en la Europa pe­
riférica fueron en muchos aspectos distintas de las de Europa Occidental. En
gran medida porque se trataba de países con una estructura económica y
CAP. 7 - L A S ECONOMÍAS INDUSTRIALES EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIX 213

social más arcaica, pero también porque al industrializarse tardíamente lo


hicieron en otro contexto internacional. Si debiéramos resumir brevemen­
te este tema, diríamos que contaron con lá ventaja de disponer de modelos
externos y de poder recurrir a la tecnología y los capitales extranjeros, pero
asimismo se caracterizaron por la desventaja de tener que competir con
países de los que los separaba una brecha cada vez mayor. Mientras que en
algunos casos los procesos de industrialización fueron exitosos, en otros no
fue así.
Ello se debió a la combinación de factores diversos. En primer lugar, la
disponibilidad de recursos naturales, pero, además, la mayor o la menor
dificultad de las comunicaciones y el desarrollo de los sistemas de transpor­
te. La industrialización también fue condicionada por la disponibilidad de
capitales, por la dimensión de los mercados, por la mayor o la menor tasa
de urbanización, y, en general, por el marco institucional y cultural.
En los procesos de industrialización tardía, él rol del Estado fue muy
activo. Ello se debió a causas diversas y complejas, pero a grandes rasgos
podemos señalar, de acuerdo con el modelo de A lexandkr G erschenkron , que
en la mayor parte de los casos los Estados contribuyeron a crear condicio­
nes favorables a la industrialización con el fin de compensar las debilidades
de los mecanismos de mercado y de cerrar la brecha en aumento entre paí­
ses industrializados y no industrializados (3i), Por otro lado, como indica
S ídkev P o lla r d , desde la década de 1870 la intervención del Estado fue cada
vez mayor también en los países de industrialización temprana, en parte
como respuesta a la depresión económica que se inició en 1873, y en parte
como síntoma del creciente nacionalismo que caracterizó a Europa en esta
etapa f35}.
Los países de industrialización tardía, como ya dijimos, tuvieron la po­
sibilidad de recibir capitales y tecnología de! exterior. La difusión de la in­
dustria hacía la Europa periférica fue acompañada por la exportación de
capitales, de técnicos y de maquinaria que suplían la falta de recursos loca­
les. Los capitales se invirtieron sobre todo en títulos de deuda pública y en
obras de infraestructura, con los ferrocarriles en el primer lugar, y en me­
nor medida, aunque no despreciable, en la industria. Los países más desa­
rrollados exportaron también sus instituciones bancarias y las nuevas for­
mas de crédito.
Un último tema que debemos considerar es que los países que se indus­
trializaron a fines del siglo XIX lo hicieron en un nuevo contexto internacio­
nal en el que eí mercado mundial estaba crecientemente integrado y ios in­
tercambios comerciales se habían expandido de modo significativo. Algunos

(345 G e rs c h e n k ro .n ' (1 9 6 S ).

(3 5 ) P o l l a r d (1 9 9 2 ).
214 HiS TORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

de elios consiguieron insertarse favorablemente en el mercado internacional,


lo cual actuó como un factor de impulso al desarrollo de la industria, ya sea
por la posibilidad de exportar bienes primarios e industriales (como los paí­
ses escandinavos), o bien, por la de obtener recursos gracias a la emigración
masiva (como en el caso de Italia).

7,2,1* LA EUROPA PERIFERICA EN VISPERAS


DE LA INDUSTRIALIZACION

A mediados del siglo XIX, en la Europa periférica la agricultura represen*


taba la principal fuente de ocupación y de ingreso. Se basaba todavía en
parte, en la producción para el autoconsumo, pero fue integrándose crecien­
temente en el mercado internacional, proveyendo a la Europa industrial de
alimentos y materias primas agrícolas. El desarrollo de una economía de
mercado fue una condición necesaria para la industrialización, ya que ésta
requería la modernización institucional, una oferta creciente de capitales y
mano de obra, y el incremento de la demanda interna de productos manufac­
turados.
En Europa Oriental, las transformaciones más importantes que tuvieron
lugar en la agricultura a lo largo del siglo XIX consistieron en la emancipa­
ción de los campesinos de la servidumbre y en la difusión de la economía de
mercado en las áreas rurales.
En esta región de Europa, que abarcaba desde Prusia hasta Rusia, se
había producido durante el siglo XVII un empeoramiento de las condiciones
de los campesinos, que fueron privados de su tierra y su libertad, reforzán­
dose los lazos feudales. La servidumbre fue abolida en primer lugar en Pru­
sia, donde la emancipación de los campesinos se completó a fines de la
década de 1840, y luego en el Imperio Austro húngaro, en los Países Bálticos,
en Polonia y en Rusia, donde tuvo lugar a comienzos de la década de 1860.
La persistencia de la servidumbre había obstaculizado la difusión de la
industrialización en Europa Oriental, y su abolición fue un factor esencial
en la conformación de una economía de mercado. Su desaparición fue en
gran medida consecuencia de la industrialización de'Europa Occidental y de
las nuevas condiciones del comercio internacional, pero su supervivencia
hasta mediados dei siglo XIX contribuyó a dar rasgos característicos ai sis­
tema industrial cuando éste comenzó a desarrollarse.
En la Europa del Sur (Italia, España y Portugal). Ja servidumbre de la
gleba había sido abolida antes dei siglo XVIII, y sus vestigios habían desapa­
recido en la época napoleónica. De todos modos, las condiciones de opresión
de los campesinos persistieron en Italia meridional, en Portugal y en algu­
nas regiones de España (como Galicia. Asturias y, sobre todo. Andalucía),
o bst.acu¡iza ndo el proceso úe indus tr.í a Uz aei ó n "v Ta c o ní'o r?n;¡ e i6 n de una
economía de mercado.
CAP. 7 —IA S ECONOMIAS INDUSTRÍALES EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIX 215

La experiencia de los países escandinavos fue muy diferente, y en ellos


la disolución de las relaciones feudales, que tuvo lugar a fines del siglo XVIíl,
se dio en condiciones mucho más favorables para ios campesinos. El resul­
tado fue una ciase campesina relativamente independiente, abierta a la in­
novación y orientada hacia el mercado, lo cual incentivó por distintas vías
el desarrollo de la industria.
Al igual que en el caso de Europa Occidental, en la Europa periférica los
modelos de industrialización variaron de país a país, y dentro de ellos hubo
también marcadas diferencias regionales.
Con el fin de ilustrar mejor este proceso veremos tres ejemplos que re­
presentan a las diversas áreas a las .que nos hemos referido: Rusia para
Europa Oriental, Italia para Europa del Sur, y Suecia y Dinamarca para Es-
candinavia.

7,2,2. LA INDUSTRIALIZACION DE LA RUSIA IMPERIAL

El caso de Rusia se diferencia del de todos los otros países que hemos
incluido en este capítulo y en los anteriores porque su proceso de industria­
lización se inició en el siglo XIX bajo el régimen zarista, en el marco de un
sistema capitalista, de propiedad privada de los medios de producción, y se
continuó tras la revolución de 1917 con ei régimen socialista, en que dichos
medios pasaron a ser propiedad del Estado.
En este punto nos referiremos a la primera etapa, en la cual se produjo
el inicio de la industrialización, que tuvo lugar en forma gradual desde la
década de 1830, acentuándose sobre todo a partir de 1S90. En realidad, ios
antecedentes de la industria se remontan ai siglo XVin, en el que Rusia era
el principal productor mundial de hierro, posición de la que fue desplazada
por los países industrializados durante las primeras décadas del siglo XíX.
El proceso de industrialización tuvo lugar de. modo discontinuo, alter­
nándose períodos de expansión y de estancamiento. Un'primer impulso se
produjo entre la década de 1S30 y la de 1850, etapa en Ja cuai el sector más
dinámico fue la industria del algodón. Una segunda fase de aceleración del
crecimiento se llevó a cabo desde comienzos de la década de 1860, registrán­
dose innovaciones tecnológicas significativas en varios sectores industria­
les, sin que pueda hablarse propiamente de una revolución industrial, bu
difusión de ias nuevas tecnologías abarcó al sector textii, ia elaboración ár,
productos alimenticios, la fabricación de papel y, en menor medida, la indus­
tria mecánica. En esta etapa, el desarrollo de la industria se dio en form.i
autónoma, sin qtie fuera promovido por el Estado, estimulado por el creci­
miento dei mercado interno y por la industrialización de Europa Occ.idcntai.
La tercera fase, que se inicia en la década de estuvo signad;! ñor
una participación mucho más activa del Estado y por -.os efectos de la cous-
216 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

trucción de los ferrocarriles. L o s sectores más dinámicos fueron los de la


industria pesada: carbón, h ie rro y acero, industria mecánica y explotación
del petróleo. La tasa de c re c im ie n to de la producción industrial entre 1890
y 1900 fue del 8 % anual, y en tre 1907 y 1914, del 6,25 % anual.
En vísperas de la Prim era Guerra Mundial, Rusia poseía una estructura
industrial que la ubicaba en el cuarto lugar entre los países de Europa y en
el quinto en el mundo, si se consideran los Estados Unidos.
Pero en términos de in greso per cápita, de valor de la producción indus­
trial per cápita o de prod u ctividad agrícola, se encontraba en los últimos
lugares de los países industrializados e incluso resistía más la comparación
con países europeos poco desarrollados. La producción per cápita equivalía
a un décimo de la de los E stados Unidos.
Si se tienen en cuenta la estructura del producto bruto nacional, el ni­
vel de urbanización y la estructura de la población activa, Rusia no era aún
un país económicamente m oderno (36). Por estas características, P o l l a r d con­
sidera que su revolución industrial fue sólo “ parcial” o “ incompleta” , inclu­
yendo a ese país entre los de despegue “ incierto” p7}.
Entre las ventajas comparativas que tuvo Rusia, debemos citar su enor­
me dotación de recursos naturales, que pudo explotarse satisfactoriamente
en la medida en que se desarrolló el sistema de transportes, en particular los
ferrocarriles. En 1886 se instaló, en la cuenca del Donetz, la primera línea
que comunicaba u n yacim iento de carbón con minas de hierro, situados a
200 millas de distancia uno de otras, y a partir de ello surgió un complejo
industrial que en 1898 comprendía 17 grandes fundiciones, 29 altos hornos
y otros 12 eir construcción.
Su población era muy superior a la de cualquier otro país europeo; au­
mentó de 74.000.000 de habitantes en 1861 a 133.000.000 en 1901, y a
161-000-000 en 1911 (3S). En este punto debemos remarcar que la mayor par­
te de la población campesina, que constituía todavía el 80 % del total en
1913, tenía ingresos muy bajos y una capacidad de consumo muy limitada,
lo cual condicionaba las posibilidades de expansión del mercado interno.
La abolición d.e la servidumbre tuvo lugar recién en 1861, pero la refor­
ma agraria que. la acompañó no favoreció la formación de una clase de peque­
ños propietarios rurales y lim itó la movilidad de la mano de obra. En víspe­
ras de la Primera Guerra Mundial, las condiciones de vida de la mayoría de
los campesinos seguían siendo de extrema pobreza.

( 3 6 ) C r is p ( 1 9 8 8 ) .

(37) P o l l a k d ^ 1992).

(38) M ítc h sia (19 82 }-


CAp 7 - L A S ECONOMÍAS INDUSTRIALES EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIX 217

Por otra parte, las elevadas tasas de crecimiento demográfico explican en


gran medida el desarrollo de la economía rusa en el siglo XIX. Por un lado,
p o r q u e estuvieron en la base del crecimiento de la producción agrícola, que
fue consecuencia principalmente de una oferta creciente de mano de obra y
¿e tierras más que de un aumento de la productividad. Por otro, porque los
bajos niveles de consumo de la población campesina independizaron en gran
^medida a la industrialización de la demanda de los consumidores internos,
f a v o r e c ie n d o la inversión en la industria de bienes de capital.

En las interpretaciones sobre el proceso de industrialización en Rusia,


uno de los principales temas en debate es el deí papel del Estado. El mode­
lo de G erschenkron. al que siguen suscribiendo otros autores, indicaba que
el Estado había creado las precondiciones para el despegue (que él llamaba
“big spurt", .o sea, “gran salto” }. Las interpretaciones más recientes apun­
tan a señalar la existencia de un modelo de industrialización caracterizado
por dos tendencias de desarrollo interconexas, una inducida por el Estado
y otra autónoma.
La acción estatal se canalizó a través de vías diversas. En primer lugar,
la industrialización se insertaba en un marco más general de expansión po­
lítica y militar del imperio ruso, que desde el siglo XVIII se iba afirmando
como una de las principales potencias europeas, y desde entonces fueron
creadas industrias para abastecer al ejército y a la armada.
En eí curso de la mayor parte del siglo XIX, el gobierno imperial hizo
muy poco para promover directamente el desarrollo industrial, pero, desde
mediados de siglo comenzó a construir líneas de ferrocarril, y más tarde, a
estimular su construcción con el concurso de empresas privadas.
Las dos grandes etapas de construcciones ferroviarias fueron la de 1866-
1875, en la que se pusieron en explotación 15.000 kilómetros de nuevas líneas,
y la de la década de 1890, en la que se construyeron más de 22.000 kilómetros.
En ía primera etapa, los ferrocarriles desempeñaron un papel esencial al
agilizar las comunicaciones y echaron ios cimientos para el rápido incremen­
to del comercio internacional de la década de 1870, basado en la exportación
de cereales. Las líneas privadas fueron construidas con capitales extranje­
ros y no generaron eslabonamientos hacia atrás, ya que se equiparon con
material adquirido en el exterior.
La segunda gran oleada de construcciones ferroviarias tuvo lugar en otro
contexto. Desde fines de la década de 1870, el gobierno fue adoptando una
política proteccionista que elevó los aranceles a los bienes industriales
importados, y ios ferrocarriles comenzaron a ser abastecidos por la indus­
tria local, que recibió un fuerte impulso. Desde la década de 1890, el Esta­
do fue aumentando su participación en la propiedad, gestión y construcción
de las vías férreas, pero en 1914 todavía el 74 % del capital invertido en los
ferrocarriles pertenecía a empresas privadas extranjeras.
218 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

La acción del Estado en favor de la industria fue decisiva a partir de la


década de 1890. Se tomaron medidas para la atracción de inversiones extran­
jeras en la industria, se dio un tratamiento preferencial a las industrias ins­
taladas en el territorio ruso para el abastecimiento al Estado y se adoptó el
patrón-oro en 1897, lo cual aceleró el ingreso de capitales. Estos se invirtie­
ron principalmente en la industria pesada y los ferrocarriles, y desde inicios
del siglo XX, en el sector bancario.
Los bancos extranjeros, que adoptaron el m odelo alemán, pasaron a
desempeñar un papel cada vez mayor en la financiación y el control de la
industria en los primeros años de este siglo, hasta el estallido de ia Prime­
ra Guerra Mundial.
En una medida aun mayor que en los otros casos que hemos estudiado,
la industrialización rusa tuvo un marcado carácter regional. La industria se
concentraba en pocas grandes ciudades (Moscú en primer lugar) y en algu­
nas áreas industriales, como ía de la industria pesada del Donetz o los ya­
cimientos petrolíferos del Cáucaso- Ai mismo tiempo, como ya vimos, en
1913 el 80 % de la población seguía viviendo en el campo, y una parte sig­
nificativa de ella se encontraba en condiciones de gran -atraso.

7,2,3. LA INDUSTRIALIZACION DE ITALIA

En el caso italiano, ei proceso de industrialización se inició lentamente


desde mediados del siglo XIX, acelerándose entre la década de 1890 y las vís­
peras de la Primera Guerra Mundial. La unificación política, que tuvo lugar en
1861, contribuyó a poner en marcha la. modernización económica deí país.
Entre los autores que han estudiado el caso italiano se han generado
debates e interpretaciones alternativas sobre ei ritmo y los factores explica­
tivos clave del proceso de industrialización, a los que necesariamente debe­
remos hacer referencia, aunque lo haremos sólo en iérminos muy amplios (3ÍJ).
En genera!, existe consenso acerca de que no hubo una etapa de “des­
pegue", sino diferentes “oleadas" de industrialización desde la década de
1860, alternadas con períodos de crisis en los que el proceso se detuvo. Aun
en el caso de la interpretación de G íírsckenkkosv, que había individualizado un
“big spuri” en i a etapa 1896-1908, el axitor aclaraba que la tasa de crecimien­
to industrial en dichos años había sido menor de lo esperahle, sobre todo
teniendo en cuenta el carácter tardío de la industrialización y comparándola
con las de Suecia, Rusia o Japón.

(39¡ Para el d e s a r r o llo d e e s te p u n to , io s p r in c ip a le s tex to s q u e h e m o s c o n s u lta d o


s o n C afa gk a ( 1 9 S 2 ) y (.1 98 9) ; D e R o s a ( 1 9 3 0 5 ; G¡¿K8Cii£fíKU¡c>s,í L.96.0);'R om eo ( 1 9 S 8 ) : T o m ó ­
lo Xamagní í ! 9 9 0 ¡ .
CAP. 7 — LAS ECONOMÍAS INDUSTRIALES EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIX 21S

En la primera mitad del siglo XIX, hasta la unificación política, la acti­


vidad industrial más im portante de Italia fue la producción de seda, que
constituyó el principal bien de exportación hasta la Primera Guerra Mundial.
La producción italiana se especializaba en las etapas iniciales de la elabo­
ración {el devanado y el torcido), y se exportaba la seda cruda o hilada a otros
mercados —fundamentalmente Francia y Gran Bretaña— donde se fabrica­
ban las telas.
La seda constituye un sector característico de actividad protoindustrial.
Hasta mediados del siglo, la producción se llevaba a cabo con métodos tra­
dicionales, en haciendas agrícolas, y algunas etapas del ciclo productivo se
realizaban en los dom icilios de los campesinos. A partir de entonces, hubo
u n proceso de modernización en la elaboración del hilado, instalándose fá­
bricas —en general, pequeñas— que utilizaban energía hidráulica.
L uciano C a f a c n a , un historiador italiano, ha enfatizado el papel de la seda
en el proceso de industrialización de Italia en el largo plazo, desde la pers­
pectiva del papel que cumplen determinados bienes de exportación como
motores del crecim iento. En este sentido, señala cómo la industria de la
seda contribuyó al adiestramiento de los trabajadores, al desvío de ia inver­
sión hacia actividades no agrícolas y al incremento de la actividad comercial,
creando economías externas para un desarrollo industrial posterior.
Las otras ramas de la producción textil fueron mucho menos importan­
tes, y aunque hubo un cierto desarrollo de la industria del algodón, la ma­
yor parte -del consumo local se cubría con bienes importados. En compara­
ción. con otros países, en su conjunto, la industria textil italiana era muy
limitada. ' '
En todo.el período previo a la década de 1860 no surgió ningún impul­
so favorable al desarrollo de la construcción de maquinarias o de la siderur­
gia, y la industria metalúrgica era rnuy modesta, en gran medida por la fal­
ta de yacimientos de carbón. Los ferrocarriles comenzaron a construirse en
ía década de 1S30, pero en 1860 la longitud de las vías era de menos de 2.000
kilómetros, y el material ferroviario, se importaba del extranjero.
En las dos primeras décadas posteriores a ía unificación —entre 1S60 y
1878— , el proceso de industrialización avanzó, aunque a un ritmo lento,
favorecido por las nuevas condiciones políticas. También aquí las interpre­
taciones sobre el papel de los primeros gobiernos unitarios son varias y han
engendrado debates muy intensos...,E-n general, ia mayoría de los autores
sostiene que la unificación fue positiva para el desarrollo industrial, pero
atribuyen este fenómeno a factores diversos.
Algunas interpretaciones enfatizan el papel de la política librecambista
adoptada por el gobierno unitario y de la inserción de Italia en el mercado
internacional, que habría generado una industrialización gradual (compara­
ble a la de los países escandinavos).
220 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

Otros, en cambio, ponen el acento en el papel que jugó la unificación


política en la unificación del mercado interno, sobre todo por la supresión
de las aduanas interiores y la construcción de los ferrocarriles; este último
hecho fue impulsado activamente por el gobierno central.
Otra interpretación enfatiza la contribución de las nuevas condiciones
institucionales a ía acumulación de capital, gracias a la expansión agraria y
a las posibilidades que se abrieron para la inversión en la industria, favore­
cida por las obras de infraestructura y la desviación de recursos desde el
agro, generada por la nueva política fiscal.
En esta “ segunda oleada” , la industria avanzó lentamente, y el sector
textil siguió siendo el más importante. En él tuvo lugar un aumento de la
producción y de la capacidad productiva, gracias a la introducción de inno­
vaciones en las industrias de la seda, del algodón y de la lana.
La construcción de los ferrocarriles, que se llevó a cabo con inversiones
extranjeras, generó muy pocos eslabonamientos hacia atrás porque, salvo
los durmientes, el resto del material se importaba. En toda esta etapa, eí
desarrollo de la industria deí hierro fue muy modesto, así corno en el caso
de la fabricación de maquinaria.
La siguiente etapa se ubica entre 1878 y 1895, con un período de expan­
sión hasta 1889 y otro de crisis en los últimos años. En ella se adoptó una
política proteccionista y el Estado intervino activamente en la promoción d.e
las industrias del hierro y de la maquinaria.
El mayor sector industrial siguió siendo el textil, que comenzó a expor­
tar parte de su producción hacia mercados extranjeros, sobre todo de Am é­
rica Latina.
Las industrias del hierro y del acero se desarrollaron, como ya señala­
mos, gracias a la protección del Estado (que promovió la construcción de la
primera planta siderúrgica integral — es decir, que producía desde el hierro
fundido hasta los laminados— ) y a la reducción del precio del carbón impor­
tado. También se expandió la industria de la maquinaria, que comenzó a
abastecer a los ferrocarriles, a los sistem as de transporte urbano y a las
otras ramas de la industria.
La crisis económica interrumpió el proceso de crecim iento industrial,
pero en la etapa siguiente, entre 1897 y 1913, éste alcanzó niveles mayores
que los'iíe cualquiera de los períodos precedentes. Los distintos cálculos
sobre la tasa de crecimiento ofrecen valores diversos, que oscilan entre ei
4,3 % y el 5,4 %.
En estos años, que Gcrschenkron consideraba los del ¿Lbig spurC", se
duplicó la fuerza m otriz instalada en las industrias manufactureras, y se
desarrollaron, sobre todo, los sectores industriales más modernos.
CAP. 7 — LAS ECONOMÍAS INDUSTRIALES EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XÍX 221

La industria textil y la alimenticia representaban en 1913 el 60 % de la


producción manufacturera. Los textiles siguieron siendo el sector más im­
portante y la única gran industria de exportación, que tenía como uno de sus
destinos el abastecimiento de mercados de consumo de países no industria­
les o escasamente industrializados.
Paralelamente se fueron expandiendo las ramas características de la
Segunda Revolución Industrial: electricidad, siderurgia, maquinaria (bienes
de capital y de consumo, incluyendo entre éstos a los autom óviles) y, en
menor medida, la química.
El conjunto de la actividad industrial se vio beneficiado por la explota­
ción de la energía eléctrica, ya que una de las lim itaciones que había teni­
do Italia en la etapa previa era la escasez de carbón, al igual que muchos
oíros países de industrialización tardía. El desarrollo de la industria hidro­
eléctrica aseguró el sum inistro de energía y favoreció la expansión de la
industria mecánica desde la década de 1890.
Como en casi todos los aspectos que hacen al desarrollo industrial ita­
liano, los-distintos autores disienten acerca del papel que desempeñaron el
Estado y el mercado. Aunque Gerschenkron sostenía que el Estado había
intervenido en una dirección equivocada —favoreciendo sectores para los
cuales Italia no tenía ventajas comparativas—, otros estudiosos enfatizan el
papel positivo de la protección arancelaria y de la demanda estatal para la
industria mecánica y la siderurgia. Todos coinciden, en cambio, en atribuir
un rol muy activo a los bancos de inversión (sobre todo, a los bancos alema­
nes) y a los empresarios privados (con un peso significativo de las pequeñas
y medianas empresas).
Otros historiadores han señalado como un aspecto central de la indus­
trialización italiana el papel jugado por el sector externo, y dentro de él, por
las remesas enviadas por los emigrantes. Italia fue uno de los países euro­
peos de los que emigró más población, en especial desde las últimas déca­
das del siglo XIX. Las remesas contribuyeron decisivamente a equilibrar la
balanza de pagos y permitieron compensar el aumento de importaciones que
generó la industrialización en términos de ínsumos y equipos. Otros facto­
res que equilibraron las cuentas fueron la expansión de la producción agrí­
cola y el desarrollo de las industrias de exportación.
Desde antes de la industrialización, Italia tenía fuertes contrastes regio­
nales entre el norte, que era la zona más dinámica, y el sur, que era la re­
gión más estancada. Con la industrialización, el dualismo económ ico se
acentuó, y hasta la Primera Guerra Mundial, la industria moderna se había
desarrollado sólo en las regiones noroccí den tales' englobadas en un triángu-
io cuyos vértices eran las ciudades de Genova, Turín y Milán.
En virtud de ello, el caso italiano puede ser mucho m ejor comprendido
desde un enfoque regional como el que propone‘P óíxard, ya que los prome­
222 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

dios nacionales tienden a distorsionar la realidad. El norte de Italia puede


ser considerado como un “pequeño país” , cuyos índices de crecimiento se
aproximan a los de otros pequeños países europeos, com o Bélgica o Suiza.

7,2,4. LOS PAISES ESCANDINAVOS: LOS CASOS


DE DINAMARCA Y SUECIA

A mediados del siglo XIX, los países escandinavos eran principalmente


agrícolas, con muy pocas industrias modernas, y parecían estar destinados
a ser “ colonizados” por el capital extranjero y a transformarse en abastece­
dores de alimentos y materias primas a los países de Europa Occidental.
Sin embargo, y contra estas predicciones, en la segunda mitad del siglo
iniciaron un exitoso proceso de industrialización, que se aceleró desde la
década de 1870. En las cuatro décadas anteriores a la Primera Guerra Mun­
dial, Escandinavia m ostró una de las tasas de crecim iento más elevadas
entre todas las naciones industrializadas, y hoy los países nórdicos se cuen­
tan entre los más ricos del mundo (4Í>).
El caso de Escandinavia presenta un gran interés porque se trató de
países que pudieron sostener una industrialización exitosa, a partir de la
expansión de la exportación de productos primarios y de los eslabonamien­
tos hacia atrás y hacia adelante generados por el sector agrario y la minería.
Tuvieron la capacidad de adaptarse a la división internacional del trabajo
establecida por ios países industrializados, y de controlar en los mercados:
internacionales áreas de especialización para las cuales ostentaban venta­
jas comparativas.
Uno de los rasgos más interesantes que exhiben es que en ellos se dio
una fuerte complem en ración entre desarrollo agrario e industrialización, al
punto que algunos autores sostienen que en este caso, sobre todo en el de :
Dinamarca, es ocioso establecer una distinción muy nítida entre sector pri­
mario y secundario, y que los límites entre economía “industrial” y “agríco­
la ” no eran claros. El desarrollo del sector agrícola, orientado a la exporta­
ción, no sólo contribuyó a La expansión de la economía, sino que creó un
mercado interno para los productos industriales., tema que han enfatizado
las interpretacione.s más recientes del caso escandinavo, sin que ello signi­
fique que se quita importancia a la demanda externa.
Por otra parte, las exportaciones de bienes primarios fueron reemplaza­
das de m odo paulatino por las de productos crecientem ente elaborados.
Suecia y Noruega, hasta mediados de siglo, exportaban troncos de madera a

( 4 0 ) P a r a e i d e s a í r o ! J o d e e s t e p u n t o , n o s ' P e r n o s b a s a d o e n J ó k u r k c ( I 9 S 2 ¡ ; H;S-r
0 !-:ísraí''!> (1 9 8 S ); Poi.la p .o S í.39'2;: B lo m stro n s y ( i 990 ’: (1 9 9 5 )-
CAP. 7 — LAS ECONOMIAS INDUSTRIALES EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIX 223

Gran Bretaña, donde eran transformados para ser utilizados en la construc­


ción y en la industria. Desde la década de 1850, se instalaron en Suecia
aserraderos mecánicos para transformar los troncos en madera para la cons­
trucción. A partir de los años sesenta, com enzó a fabricarse y exportarse
pulpa de papel; luego, ésta empezó a elaborarse y se exportó papel. Por este
proceso, los bienes de exportación tuvieron cada vez mayor valor agregado
y la industria se desarrolló a la par del comercio exterior.
Los cuatro países escandinavos —Dinamarca, Suecia, N.oruega y Finlan­
dia— poseían a mediados del siglo XIX una serie de características comunes.
Todos ellos mantenían un amplio com ercio ultramarino, basado en cada
caso en unos pocos productos de exportación (cereales, pescado, madera,
hierro) y ostentaban una muy buena localización geográfica para el intercam­
bio comercial.
En cuanto a la dotación de recursos naturales, todos carecían de carbón,
aunque Suecia y Noruega tenían abundancia de madera y una buena dispo­
nibilidad de energía hidráulica, cuyo aprovechamiento se incrementó a fines
de siglo con el uso de la electricidad. Dinamarca estaba desprovista de fuen­
tes de energía, pero era la que contaba con una mayor superficie de tierras
cultivables. Suecia poseía abundantes minerales y un desarrollo de la indus­
tria del hierro basada en formas tradicionales de producción.
Hacia mediados del siglo XIX, en los países escandinavos las zonas ru­
rales estaban superpobladas, lo cual dio origen a un masivo proceso de
emigración. Como contrapartida, para entonces habían sido abolidas las
■instituciones feudales y se había formado una clase de pequeños propieta­
rios rurales fuertem ente orientados hacia eí mercado. Ello contribuyó al
desarrollo de las actividades agrícolas, que a su vez generaron crecientes
eslabonamientos hacía el sector industrial.
Una de las principales ventajas con las que contaron desde el siglo XIX
fue la calidad del sistema educativo. Para fines de siglo, una enseñanza pri­
maria de alta calidad era obligatoria en todos los países; prácticamente, ei
analfabetismo había desaparecido. A ello debe sumarse un fuerte énfasis en
la ciencia aplicada y en la educación para adultos, que contribuyó a la capa­
citación de la mano de obra. Algunas interpretaciones del caso escandina­
vo han im stido en la educación y los recursos humanos como factores cla­
ve que explicarían su sostenido desarrollo desde las últimas décadas de.i
siglo XIX.
El Estado asumió desde una etapa ú-riipxana el papel de proporcionar
infraestructura y servicios administrativos y sociales, mientras que la acti­
vidad productiva permaneció en manos privadas. Asimismo, a través del sis-
tema tributario contribuyó a la redistribución del ingreso.
224 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

En los comienzos de la industrialización fue muy importante el papel de


la tecnología y el capital extranjeros, pero ello no obstaculizó el desarrollo
de las empresas locales, que se vieron favorecidas por la capacitación de sus
recursos humanos y consiguieron com petir exitosam ente en el mercado
mundial.
Como complemento de esta exposición general, veremos con más dete­
nimiento algunas características de la industrialización de Dinamarca y
Suecia, ya que se trata de dos modelos alternativos, uno basado en la agri­
cultura y en la industria alimenticia, y el otro, en las industrias de la madera
y dei hierro.
Dinamarca fue el país en el que la agricultura tuvo un papel más deci­
sivo en el proceso de crecimiento y de industrialización. Desde la década de
1830, el sector agrario exhibió un desarrollo sostenido, gracias al crecimien­
to de la producción y la productividad.
Hasta los años ‘70, los cereales eran el principal producto de exporta­
ción, pero frente a la competencia del cereal extraeuropeo, los productores
daneses decidieron sustituirlos por la producción y exportación de carne y
lácteos, importando cereales baratos para alimentar al ganado. La agricultura
danesa enfrentó a 1a crisis agrícola internacional por medio de una reestruc­
turación de la producción, potenciando un sector cuyos precios fueron
mucho más estables que los de los cereales y aprovechando en su beneficio
el descenso de los de estos últimos.
La especialización en la carne y en los lácteos, que se destinaban sobre
iodo a Gran Bretaña, permitió a Dinamarca seguir ocupando un papel des­
tacado como país exportador. La com petítividad de sus productos en el
mercado internacional se basó en la innovación tecnológica y 103 controles
de calidad, favorecidos, a su vez, por el desarrollo de las cooperativas y de
la educación técnica.
En los años previos a la Primera Guerra Mundial, el 87 % de las expor­
taciones danesas estaba compuesto por carne, manteca, huevos y queso, y
de ellas eL50 % lo constituía la manteca, que había sido el rubro más diná-
mico.
E1 desarrollo de las exportaciones agrícolas generó un fuerte ingreso de
divisas y el aumento de la renta agrícola, la que contribuyó a incrementar la •
demanda de bienes industriales.
El scCtor industrial más dinámico, como ya vimos, fue el de la produc­
ción de alimentos, fuertemente ligado al desarrollo de la agricultura y la
CAP. 7 - LAS ECONOMIAS INDUSTRIALES EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIX 225

ganadería, al punto que en este caso la distinción entre sector primario y


secundario, como ya dijimos, se hace difícil. El desarrollo agrario estimuló,
a su vez, la producción de maquinarias destinadas a la industria alimenticia.
Al mismo tiempo, el desarrollo de un mercado interno para los bienes de
consumo favoreció el desarrollo de una industria local sustitutiva de impor­
taciones, que se aceleró a partir de la década de 1860. A diferencia de los
otros países escandinavos, la producción danesa de bienes industriales (sal­
vo los de la industria de la alimentación) estuvo destinada al mercado inter­
no. y en ella tuvo un papel destacado la producción artesanal.
En el caso de Suecia, el proceso de industrialización se aceleró a partir
de la década de 1870, y se basó en la creciente explotación de los recursos
mineros y forestales, así como en el desarrollo de las exportaciones de bie­
nes industriales cada vez más elaborados.
Los dos sectores que lideraron eí proceso fueron la industria del hierro
y la de la madera y el papel. En ambos, como ya señalamos para el caso de
la madera, fueron perdiendo im portancia aquellas ramas que procesaban
sólo en escasa medida, y la ganaron las que hacían productos acabados ba­
sándose en las mismas materias primas.
En la industria del hierro, Suecia tenía la ventaja de poseer yacimientos
de mineral y abundancia de madera, que se utilizaba como combustible. El
hierro producido con métodos tradicionales constituía uno de los bienes de
exportación de Suecia en la etapa preindustrial y se caracterizaba por su alta
calidad. La producción se m odernizó en el siglo XIX, y las exportaciones de
lingotes de hierro se incrementaron sensiblemente, aunque la calidad dis­
minuyó. A fines de la década de 1860, comenzó la moderna producción de
acero, utilizando carbón importado, y para fines dei siglo se difundió el uso
del proceso Bessemer. Suecia se fue especializando en la producción de
acero de alta calidad, aprovechando sus recursos hídricos cuando empezó
a emplearse energía eléctrica. A l mismo tiempo, se fue incrementando la
producción de maquinaria y de productos de metal con alto valor agregado,
que requerían mano de obra muy calificada y una tecnología avanzada.
Desde la década de 1890, la industria orientada al mercado interno tuvo
una expansión al mismo nivel qué la de exportación. Lo que se dio fue una
complementariedad entre diversas ramas. En ia industria de la maquinaria,
pox ejemplo, la producción de las ramas más dinámicas se exportaba (tur­
binas, m otores de combustión, maquinaria eléctrica, cojinetes) y la de
ios sectores de crecim iento más lento se destinaba ai mercado interno y
regional.
226 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

7,3. EL CRECIMIENTO DE LA ECONOMÍA MUNDIAL


EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIX (1850-1914)
7,3,1. EL RITMO DE CRECIMIENTO Y LOS CICLOS
ECONOMICOS

En términos globales y en relación con la etapa preindustrial, el ritmo


de crecim iento de la economía en los países industrializados a 3o largo del
siglo XIX fue muy rápido. Entre 1800 y 1913, para el conjunto de los países
desarrollados, el PBN per cápita creció a un promedio anual del 1,1 %, lo que
implica una tasa por lo menos 10 veces mayor que la de las etapas de expan­
sión de los siglos precedentes (4Í).
Más allá del promedio, que tiene la ventaja de ofrecer una visión de con­
junto que permite medir el impacto del proceso de industrialización sobre
el crecimiento, es útil hacer una serie de precisiones.
En primer lugar, la tasa de crecim iento varió entre los países, sin que
ello pueda vincularse necesariamente con el carácter más o menos tempra­
no de la industrialización, sino más bien con una compleja combinación de
factores que abarca desde la tasa de crecim iento demográfico y la relación
población-recursos hasta el nivel educativo. A partir de ello, puede estable­
cerse una distinción entre países de crecim iento “rápido” (que incluye a
Estados Unidos, Alemania, Bélgica, Dinamarca, Francia, Suecia y Suiza), de
crecim iento “ mediano” (entre los que se encuentran Gran Bretaña, Austria-
Hungría, Noruega, Rumania y Rusia) y de crecimiento “lento” (que compren­
de a la Europa del Sur y los Balcanes) i42}.
En segundo término, y éste será el tema que desarrollaremos a continua­
ción, el ritmo de crecim iento no fue uniforme a lo largo del período consi­
derado, alternándose etapas de expansión con otras de estancamiento.

7,3,1,1. Los ciclos económicos

Uno de los rasgos característicos de la economía industrial en los paí­


ses capitalistas ha sido la aparición de nuevos tipos de fluctuaciones eco­
nómicas, diferenciadas de las de las sociedades preindustríales.

*4 1) Baikoci: {1 9 9 ¡ }.

(4 2 ) B a ' k o c ;-! Í 1 9 9 7 ).
CAP. 7 — LAS ECONOMIAS INDUSTRÍALES EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIX 227

En el Antiguo Régimen, las fluctuaciones de corto plazo estaban condi­


cionadas por la producción agrícola, y se trataba generalmente de crisis de
subsistencia. En el largo plazo existían, en cambio, ciclos de larga duración,
las tendencias seculares, caracterizadas por una sucesión de fases positivas
y negativas de una duración de dos o tres siglos.
Con la industrialización se atenúan las fluctuaciones de los rendim ien­
tos agrícolas, desaparecen las. hambrunas periódicas y emergen nuevos ti­
pos de ciclos específicos. Por otra parte, es probable que hayan desaparecido
las tendencias seculares, aunque sobre ello hay un mayor grado de incerti-
dumbre.
Los ciclos característicos de las economías industriales son de diversos
tipos y se clasifican según su duración. Los ciclos más largos o de K ondra-
t í e f f , de una duración de alrededor de 50 años: los ciclos intermedios, de una
duración de a 22 años; los ciclos cortos o de J uglar , de una duración
media de.esitre 7 y 10 años; los ciclos m enores o de Kítchin, de 3 años y
medio, y las variaciones estacionales.
Nos referiremos más en particular sólo a algunos de ellos, con la fina­
lidad de ilustrar las grandes líneas de las fluctuaciones económ icas en el
siglo XIX. Aclaremos primero que en los ciclos pueden identificarse cuatro
momentos diferentes: la expansión o auge; la crisis, o sea, el momento de
inversión de la tendencia al alza; la depresión y la contracción, y, por últi­
mo, la recuperación, o sea, el momento de reinicio de la expansión.
Los ciclos largos o de K o k d r a t í e f f deben su nombre al economista ruso
que investigó en la década de 1920 las fluctuaciones económicas desde fi­
nes del siglo XVIII, basándose principalmente en los movimientos de precios.'
K o n d r a t i e f f identificó ciclos recurrentes de aproximadamente 50 años de
duración, divididos a su vez en dos períodos, uno de alza y otro de descen­
so de los precios.
Los ciclos de J u g l a r constituyen movimientos de corta duración o “ c i ­
clos comerciales'’. Se componen de 4 o 5 años de “ buenos negocios” y alza
de precios, a los que sigue una crisis que produce quiebras y desempleo, y
luego, una depresión relativa que permite un saneamiento dei mercado por
eliminación de empresas ineficientes. El paso siguiente es ia recuperaeióii
y el comienzo de un nuevo ciclo í43).
Las crisis pueden entenderse como parte constitutiva del ciclo económ i­
co. Para algunos autores, es mucho, más legítim o utiliza r...d concepto de
crisis económica que emplear el término “ ciclo económ ico", puesto que lo
que determina ia existencia del ciclo es, precisamente, la crisis. De modo
analítico se pueden identificar distintos tipos de crisis: Jas que se deben a

(4 3] VKRL.ÜV i i. 9 ? 6;.
228 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

alguna perturbación externa, las crisis endógenas o cíclicas (que son con­
secuencia de las tensiones generadas en los períodos de expansión) y las
“grandes c ris is ” o crisis estructurales (que se producen cuando no está
asegurada la compatibilidad de las formas institucionales de regulación con
la dinámica económica, como, por ejemplo, en 1929) ('ilj.
Con respecto a los factores causales de las crisis, se pueden distinguir
tres grandes posturas que enumeramos a continuación:
— Las explicaciones que p rio riz a n los factores financieros y/o mo­
n etarios com o fa ctore s causales: por ejemplo, las variaciones del
tipo de interés, la política de los bancos centrales y los cambios en
el stock de metales preciosos. Remarcan el carácter inflacionario del
momento de expansión que crea importantes distorsiones y, conse­
cuentemente, eclosiona en crisis, seguida por un reajuste de la eco­
nomía a través de un proceso deflacionarío que corrige los excesos
del auge —fase de depresión— .
— Los modelos que parten de las relaciones entre producción y con­
sumo: hablan de crisis de “ sobreproducción relativa” o de “ subcon-
sumo relativo". En los períodos de auge económico, hay una oferta
de bienes inferior a la demanda existente; los momentos de crisis
serían caracterizados por la existencia de una oferta superior a la
demanda; en el período de deflación, la demanda se muestra inferior
a la producción. Vinculada a esta explicación está ia perspectiva
keynesiana que centraliza su análisis en la relación entre inversión
y consumo.
— ILas in terp reta cion es qsie relacion an los ciclos económ icos con
ías innovaciones tecnológicas: partiendo de una situación de equi­
librio, éste se rompe cuando, por un aumento del conocimiento y/o
deseo de aumentar las ganancias, el empresario es llevado a innovar,
conducta que es seguida por otros. La emergencia de innovaciones
tecnológicas originales 3? olas secundarias que son determinadas por
los mecanismos acumulativos conduce a la fluctuación de la coyun­
tura económ ica hasta un punto en que la expansión encuentra sus
lím ites naturales.
No todos los autores consideran que se pueda establecer una teoría ge­
neral de las crisis, o que todas respondan al mismo tipo-de causa. Algunos
han insistido en que debe diferenciarse entre las crisis previas y posterio- -
res a la Primera Guerra Mundial. Por último, también sé discute la existen­
cia de movim ientos cíclicos a largo plazo como ias ondas de K o n d r a t i e p p , y
hay autores que atribuyen las fluctuaciones más a perturbaciones específi­
cas que a mecanismos intrínsecos de la economía (45)-

(4 4 ) B ovbr v S a i l l a r o (1 9 9 6 j.
(4 5 ) M a d o ís o p í (1 9 9 1 ).
CAP. 7 - L A S ECONOMÍAS INDUSTRIALES EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIX 229

7,3,1,2. Las fluctuaciones en la segunda mitad del siglo XIX

En términos relativos, ei siglo XIX fue más inestable que los preceden­
tes. pero más estable que el siglo XX. De acuerdo con la periodización de
Kondratikff, un primer ciclo, u “onda larga", transcurre entre 1789 y 1849,
con su fase ascendente entre 1789 y 1814, y su fase descendente entre 1814
y 1849. El segundo se verifica entre 1850 y 1896, con la fase de ascenso en­
tre 1850 y 1873, y la de descenso entre 1873 y 1896. Por último, K o n d r a t i e f p
había identificado la fase ascendente de un tercer ciclo entre 1896 y 1914.

7,3,1,3. La expansión de 1850 a 1873

La primera gran oleada de la industrialización generó un rápido y enor­


me crecimiento de la economía mundial que tuvo Jugar entre el comienzo de
la década de 1850 y 1873, la “ onda larga” de alza de precios del ciclo de
KofíDRATSEFF (aunque otros autores proponen cronologías ligeramente distin­
tas).
El número reducido de la primera “ horneada” de países industrializados,
dentro de un contexto donde las novedades tecnológicas suscitaron tantas
expectativas fundadas en la fácil transmisión e imitación de aquéllas, favo­
reció al desarrollo de una expansión industrial prácticamente sin riesgos,
con una reducida competencia y con mercados ilimitados en su capacidad
de absorción, que empujaron hacia arriba el volumen del comercio exterior,
alentado también por un muy im portante aumento de la masa monetaria
basada en metales preciosos y por la vigencia dei librecambio. Se afianzaron
las perspectivas de obtención de mayores beneficios con un consecuente
aumento de la tasa de inversión.

7,3,1,4. La Gran Depresión de 1873 a 1896

Desde 1873, la dirección del ciclo económico se invierte. Los contempo­


ráneos veían cómo la economía mundial empezaba a estar marcada por una
perturbación y depresión del comercio sin precedentes; de ahí que para dar
un nombre a esta nueva fase, crearon el término de “la Gran Depresión” (46).
Sin embargo, para muchos expertos, el “ largo período" desde 1873 hasta
1896 no fue una crisis económica en el sentido estricto de la palabra, sino
una fase de cambios estructurales económ ico-sociales, unidos a una cierta
reducción de la expansión económica ('57). Entre las décadas de 1870 y 1890,

(46) H o b sü a v,t.í (1990).


(47) Mommsen (1985).
230 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

la Revolución Industrial se extendió progresivamente a otros países, como


Suiza, Holanda, Suecia, Italia y Rusia; mientras tanto, algunos países de
ultramar se integraban en el mercado mundial. En consecuencia, la produc­
ción y el comercio mundial, iejos de estancarse, continuaron aumentando en
forma sustancial, aunque a un ritmo menor que antes. La depresión fue,
entonces, el resultado de factores reales; de manera, destacada, de la reduc­
ción de los costos de elaboración de muchos productos —por ejemplo, el
acero y el trigo—, y en especial, del descenso en los costos de transporte por
medio de los ferrocarriles y los barcos de vapor.
Una sensación de malestar general invadía el sentimiento de “ los hom­
bres de negocios” . La competencia se había intensificado ante una reducción
de los mercados, o m ejor dicho, ante mercados que no crecían al ritmo de
una producción inducida por xiuevos adelantos tecnológicos. El riesgo del
empresario volvió a aumentar, y las nuevas inversiones de capital excedían
el autofinanciamiento empresarial. Lo que más preocupaba era la prolongada
deflación de los precios agrícolas e industriales ante un incremento del vo­
lumen de los bienes; una depresión del interés y un descenso alarmante de
los beneficios capitalistas hacen a las empresas más vulnerables ante las
dificultades. “ En resumen, tras el drástico hundimiento de ía década de
1870, lo que estaba en ju ego no era la producción, sino su rentabilidad"
La crisis de 1873 puso fin a la época del librecambio, y en su reempla­
zo renació el proteccionism o económ ico. Los distintos gobiernos, excep­
tuando unos pocos, alzaron barreras proteccionistas para resguardar la pro­
ducción de sus economías nacionales — especialmente, la de productos agrí­
colas y artículos de consum o— de la competencia de bienes importados.
Volvía ei neomercantilismo. la confluencia entre la economía y la autoridad
política. Después de las crisis cíclicas de 1882 y 1890, buscando la forma de
ampliar el com ercio, las potencias europeas se lanzaron a ganar nuevos
mercados: era el nacimiento de la era imperial.

7,3,1,5. La “Belle Epoque” (1896-1913)

La constelación de innovaciones características de la Segunda Revolu­


ción Industrial fue decisiva para que en 1896 se iniciara tina segunda onda
larga ascendente que duró, con algunas oscilaciones, hasta 1913. La rece­
sión que se hizo visible antes de ia Primera Guerra Mundial mutó en una
formidable expansión, inducida por las medidas dirígisías, que sei-vían a las
necesidades de los Estados beligerantes inmersos, con el fin de ganar la
guerra, en una carrera armamentista.
Durante esta fase se equilibró el nivel de precios, si bien no alcanzaron
nunca el nivel anterior a 1873-1875. La extraordinaria amplitud e intensidad

(•18) H o o s b a w m ( ( 9 3 0 ) .
CAP. 7 — LAS ECONOMÍAS INDUSTRÍALES EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIX 231

de la expansión económica, principalmente, de Alemania y los Estados Uni­


dos; el desarrollo de centros industriales en las naciones atrasadas de Eu­
ropa, como Rusia, Italia y Suecia, y, por último, el progreso económ ico de
algunos países de ultramar —productores de materias primas— , como la
Argentina y Australia, favorecieron en su conjunto el auge de una economía
mundial cada vez más articulada, según eí orden de la división internacio­
nal del trabajo.
La tasa de crecimiento del comercio internacional se aceleró de nuevo
en las dos décadas anteriores a la Gran Guerra. A tal grado, que la economía
mundial, a principios del siglo XX, estuvo espectacularmente integrada e
interdependiente en el marco de un sistema multilateral de intercambios y
libre circulación de mano de obra y capitales que, de manera paradójica,
había surgido en la lucha económica de los Estados industriales, perpetra­
da detrás del proteccionism o de fines de la década de 1870. Esta gran pros­
peridad en los negocios constituyó el trasfondo de lo que se conoce todavía
en Europa como la “Belle Epoque” .

7,3,2. EL COMERCIO INTERNACIONAL Y LA INTEGRACION


DEL MERCADO MUNDIAL

7,3,2,1- La era dei librecambio

El mercado mundial de la primera mitad del siglo XIX registraba una


dimensión económ ica y una escala de relaciones internacionales relativa­
mente modestas con una muy limitada capacidad para los flujos internacio­
nales masivos, en parte por falta de excedentes para la exportación (excep­
to en Gran Bretaña), o a causa del atraso de los transportes, con serias di­
ficultades para mover hombres y mercancías en volumen y cantidad suficien­
tes. También, a causa de los saldos relativamente modestos para invertir en
el extranjero qiíe habían podido acumularse hasta ese momento (incluso en
Gran Bretaña). Otro factor de muy fuerte limitación al comercio exterior era
ei complicado sistema de restricciones arancelarias y discriminaciones co­
merciales, ímplementado por todos los gobiem os-
Pero entre 1S60 y 1875 surgió de manera progresiva un sistema mundial
extensivo de flujos de capital, trabajo y mercancías, prácticamente sin res­
tricciones, . que constituyó el régimen de librecambio. Toda Europa quedó
integrada en torno al sistema de Kbre comercio, mientras que ios Estados
Unidos siguieron siendo proteccionistas, aunque con algunos intervalos de
disminución de aranceles (1832-1860 y 1865-1875). Ai mismo tiempo, ía
adopción general de u n patrón-oro por las monedas de las principales nacio­
nes simplificó las operaciones en un solo sistema mundial de comercio li­
bre. y multilateral (4il).

Í 4 9 ) ríoissRA'-'-v. ( 1 9 7 7 K
232 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

El com ercio in tern acion al entre 1800 y 1830 llegaba a alrededor de


£ 400.000.000, con un crecim iento del 30 % en todo el período. Entre 1840
y 1870, los niveles van de £ 400.000.000 a £ 2.000.000.000, con un incremen­
to en los 30 años del 450 %. Superó en la década 1840-1860, en 5 veces, el
crecim iento de la producción. Respecto del volumen de las transacciones,
Europa representaba casi un 70 % del comercio exterior de toda la economía
mundial.
En resumen, el régimen de libre comercio, que se generalizó a partir de
1850, favoreció espectacularmente al comercio internacional, lo integró y lo
multiplicó. Promovió la difusión y transmisión de la tecnología, alentando la
eficacia técnica y el aumento de la productividad. Se convirtió en uno de los
soportes de la “ onda larga ascendente” que experimentó la economía mun­
dial hasta mediados de 1870. Los beneficios parecían alcanzar a todos los
países por igual.
Entre 1830 y 1870, Inglaterra era el "taller del mundo” , debido a su al­
tísimo nivel de producción y exportación de bienes industriales. Su supre­
macía se basó cada vez más en su expansión dentro del comercio interna­
cional, donde los mercados parecían ilimitados. Toda esta situación condujo
a muchos autores a sostener que fue Gran Bretaña el núcleo propulsor y la
principal beneficiaría del librecambio.
La tradición inglesa librecambista se gestó prácticamente entre el final
de las guerras napoleónicas y mediados del siglo XIX. Aquellas guerras de­
terminaron el establecim iento de un duro bloqueo a Gran Bretaña y un ce­
rrado sistema continental, que terminaron por obstruir decisivamente el co­
m ercio internacional. Con la paz, se inició con lentitud, hacia 1820, un mo­
vim iento político favorable al librecambio, que tuvo origen en los círculos
mercantiles de Londres dedicados al comercio exterior. Para ello, dichos cír­
culos se sirvieron de los argumentos teóricos de dos grandes pensadores de
la economía clásica: Adam S mith y D avid R scardg.
La teoría clásica define el principio de ia división del trabajo como un
factor fundamental del crecim iento económico, que a su vez depende de la
magnitud y del grado de libertad del mercado —cuanto más grande y libre,
mayor crecim iento— . Aplicando el principio de la división deí trabajo en el
com ercio internacional, se formula que los beneficios de la especialización
geográfica y de la división del trabajo entre ios países se basan en ei crite­
rio de “ventaja comparativa” o “ costos comparativos” .
Ellos resaltan de las diferencias en los costos de producción de algunos
productos por parte de ciertos países con respecto a otros, diferencias crea­
das por condiciones naturales o por condiciones tecnológicas, que orientan
a un país determinado a la especialización productiva y a la exportación de
aquellas mercancías que puede producir o fabricar con un costo absoluta y/o
relativamente menor frente a otras naciones.
Desde esta perspectiva, la especialización productiva termina benefician­
do a todas las naciones que la practican. Es posible aumentar la producción
CAP. 7 — LAS ECONOMIAS INDUSTRIALES EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIX 233

total de los bienes, abaratar ios costos y disminuir los precios, sin utilizar
para ello mayor cantidad de horas de trabajo (3Ü). De ahí se deduce la impor­
tancia fundamental de la libertad de mercado para dar total fluidez y ampli­
tud al intercambio de mercancías entre países y del librecambio como con­
dición necesaria para un mercado mundial organizado, de acuerdo con la
división internacional del trabajo. Las cuestiones aquí expuestas son muy
básicas y reducidas para explicar estrictamente el librecambio de la época.
Hasta la actualidad, se han desarrollado numerosos aportes y refinamientos
a este núcleo del pensamiento clásico (31).
Fuera de esto, el objetivo concreto que movía a los industriales británi'
eos hacia la apertura económica era una reducción del costo de las materias
primas industriales —lana y algodón, que representaban un 20 % de las
importaciones inglesas— , pero también una disminución en el precio de los
alimentos para no aumentar los salarios industriales.
Progresivamente, entre 1820 y mediados de la década de 1830, el esce­
nario político de Inglaterra fue invadido por hombres de negocios que defen­
dían y promovían ias ideas liberales y un comercio más libre, apoyados por
el voto de las clases medias. La política adquirió paulatinamente una orien­
tación favorable hacia ia modernización y liberaiización de la economía in­
glesa. El gran debate y el realineamiento de las principales fuerzas políticas
por ei tema del libre comercio giraron alrededor de la revocación de las lla­
madas Leyes del Grano, que establecían la aplicación de aranceles sobre el
grano importado y que, junto a las Actas de Navegación, eran la cristaliza­
ción de la legislación proteccionista y mercantiiista de la antigua Inglaterra.
El aumento demográfico y el doble proceso de industrialización-urbanización
hicieron de estas leyes un serio obstáculo para el crecim iento económico.
En las postrimerías de la década de 1830, para poner fin a las Leyes del
Grano, se gestó un proceso que dio a luz a duros y cruzados enfrentamien­
tos entre whígs, después conocidos com o ‘‘lib erales” (librecam bistas), y
Lories, llamados luego ‘‘conservadores” (proteccionistas). En los primeros
años de la década de 1840, la cuestión empezó a dominar 1a atención de toda
la opinión pública inglesa. La coyuntura política se aceleró por la grave crisis
agraria de 1845, que afectó a toda Europa, a tal punto que, en enero de 1846,
el Parlamento revocó las Leyes del Grano. Caído este símbolo deí proteccio­
nismo, entre ese año y 1850 se dejó sin efecto gran parte de la vieja legis­
lación, incluyendo las Actas de Navegación, pieza clave del antiguo mercan­
tilismo. Durante la década de 1850-1860, se consolidó la política liberal, lo
que significó la total adhesión de Inglaterra al libre comercio

(5 0 ) P ollakd (1 9 9 2 ).

(5 1 ) M o c h o s yB e k e r (1 9 9 6 ).

(521 C ame r o n (1 9 9 5 }-
234 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

Gran Bretaña esperaba con esta unilateral apertura a los productos ex­
tranjeros que los países europeos y de ultramar siguiesen su ejemplo y
abriesen sus fronteras a las mercancías inglesas. Se desarrollaría así un
sistema de relaciones comerciales internacionales, que redundaría en bene­
ficios para todos, según lo formulado por el pensamiento clásico.
Sin embargo, vale preguntarse si este camino bacía el librecambio y la
división internacional del trabajo no se debió tanto a las teorías y decisio­
nes políticas como a las consecuencias de la Revolución Industrial en el
comercio mundial, que generaron fuertes ventajas comparativas en favor de
Gran Bretaña. Esta podía exportar a menor precio que nadie carbón, bienes
intermedios y bienes de consumo manufacturados, además de ias maquina­
rías, sector donde, durante este tiempo, conservaba la "exclusividad mun­
dial" en las exportaciones y en la transferencia de tecnología (03). Por otro
lado, se veía beneficiada por la reducción de los precios de los alimentos
(que incidían directamente sobre los salarios) y los de las materias primas
en el mercado mundial.
Estos indicadores pueden presuponer que el libre comercio favorecía en
mayor medida a la economía más avanzada, es decir, a Inglaterra, por sobre
las demás naciones. No obstante, no debe perderse de vista cómo evolucio­
nan, entre 1850 y 1875, las relaciones económicas entre Inglaterra y sus
socios comerciales del continente europeo y ios Estados Unidos, por una
parte, y con los países de los demás continentes, por la otra. Las ventaje:s
que al principio tuvo con el primer grupo de países retrocederían más tarde.
El relativo declive de Gran Bretaña se evidenció claramente cuando ha­
cia 1890 fue sobrepasada por Alemania y los Estados Unidos. Con respecto
a los lazos com erciales con los países de ultramar. las im portaciones de
Gran Bretaña aumentaron más que las exportaciones; los beneficios de los
fletes y los capitales invertidos en el extranjero, como su liderazgo en las
finanzas mundiales, bastaron ampliamente para equilibrar la balanza de
pagos y convertirla en superávit. Sin lugar a dudas, el inicio del librecambio
inglés precedió al auge de la coyuntura económica mundial de 1850-1S75,
que se debió en g'ran medida a la difusión del liberalismo económico a es­
cala mundial (54).
Dbsde la década de 1840, otros países del continente europeo fueron
adoptando el librecambio; Holanda fue eí primero de eiios, en 1846- Eí res­
to dejlos países dei continente europeo sólo accedió a Liñudas y parciales
disminuciones de ias tarifas en la década de 1850. Recién cu 1860, cuando
Francia decide poner fin a su larga tradición proteccionista, el movimiento
deí librecambio adquiere un empuje fundamental, puesto que, a. partir de ese
momento, el resto del continente lo adoptó en su conjunto.

(5 3 ) Pr,i.!.Aít» (1 9 9 2 ).

l?.4) V.-jííley (1 9 7 6 ).
CAP 7 _ LAS ECONOMÍAS INDUSTRÍALES EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIX 235

En Francia, desde principios de 1850, las nuevas y arrolladoras ideas del


liberalismo económico y del librecambio fueron ganando la voluntad de los
f u n c i o n a r i o s del Segundo Imperio, cuyo je fe de Estado era, el emperador
¡Napoleón III. Creían en las ventajas de la apertura del com ercio y estaban
p e r s u a d id o s de que la disminución de barreras aduaneras y restricciones al
comercio exterior daría un nuevo impulso a la economía francesa. Aun con­
tando con estas voluntades, reducir ei andamiaje proteccionista era extrema­
damente difícil. Los sectores sociales y políticos que se negaban a la aper­
tura de la economía eran todavía lo suficientem ente poderosos. Los círcu­
los industriales franceses se consideraban aún mal preparados para hacer
frente a la competencia inglesa, en especial, los sectores textil y siderúrgi­
co — que eran los más amenazados— . Argumentaban que el Reino Unido
babía abierto sus fronteras aduaneras con sus industrias ya consolidadas,
mucho más productivas y competitivas que las del continente europeo.
Con todo, el gobierno del Segundo Imperio no resignó su posición. Por
el contrario, avanzó decisivamente y firmó, en 1860. el Tratado Bilateral de
Comercio con Inglaterra, conocido con el nombre de Cobden-Chevalier (53).
Las autoridades estaban convencidas de que dicho tratado ayudaría a
modernizar la industria y a reducir sus precios, aunque el desmantelamiento
de los aranceles no fue del todo completo y éstos se mantuvieron a un ni­
vel medio del 15 %. El Estado se comprometió a contribuir fuertemente en
las transformaciones necesarias y costosas, mediante el crédito, la deman­
da estatal y una política de obras públicas. En cuanto a las exportaciones,
la reducción de los derechos arancelarios ingleses sobre los artículos de
París -—sedas, porcelanas, vinos y alcoholes— permitiría incrementarlas (GG).
Además de las consecuencias que tuvo para las economías de los dos
países, el tratado adquirió un gran significado en virtud de la famosa cláu­
sula de “ nación más fa vorecid a ". Dicha cláusula establecía que si una de las
partes del acuerdo bilateral concedía a un tercer país, a través de un nuevo
tratado comercial, una ventaja aduanera, se comprometía a otorgar a la otra
la misma ventaja con la que se había beneficiado al tercer país.
Ahora bjen, en los años siguientes a 1S60, la mayoría de los países eu­
ropeos firmarían con Francia e, Inglaterra tratados comerciales con la inclu­
sión de la cláusula de nación más favorecida, vinculando, pues, a todos los
países e iropeos en una red cada vez más extensa de librecambio y reducien­
do automáticamente los derechos aduaneros al más bajo nivel. Bélgica. Ita­
lia. Holanda, el Zollverein alemán, Suiza y España, fueron incorporándose en
el sistema librecambista, a través de tratados no só*o con Francia o Inglate­
rra, sino además entre eílos.

(55) C a.»jkro*

(56] V skc- y (1976).


236 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

Las economías del continente europeo se orientaron comercialmente en


dos direcciones: una hacía “ el taller del mundo” , comprando a Gran Breta­
ña hilados, lingotes, maquinarias y otras manufacturas, a un precio con el
que no podían competir. La segunda dirección fue hacia los vecinos menos
adelantados, a los que exportaban tejidos y manufacturas de hierro, rubros
en los que eran más competitivos con Gran Bretaña, no sólo en cada país,
sino incluso en los demás mercados.
Las naciones que habían empezado a industrializarse detrás de la prime­
ra fueron ocupando, frente a sus vecinos y a otros países más atrasados, la
posiciór de proveedores industríales, mientras que los países de la perife­
ria europea y de los otros continentes -—a excepción de los Estados Unidos—
fueron receptores de la producción industrial del centro, y, a su vez, econo­
mías productoras —exportadoras de alimentos y materias primas— y merca­
dos para ¡as inversiones de capitales extranjeros (r>7).
Las consecuencias de la difusión del librecambio ligado a la expansión
mundial de la Revolución Industrial fueron, de acuerdo con todos los índi­
ces, extraordinarias para el comercio internacional. Tal vez deban destacarse
algunas lim itaciones de este modelo. La primera es que sus mejores resul­
tados se dieron en Europa y en una determinada fase de su desarrollo, donde
las diferencias de costos o de eficiencia de una nueva tecnología son la más
importante de todas las ventajas comparativas. La segunda consiste en que
la fuerte integración económica, al sincronizar los movimientos de los pre­
cios a través de las fronteras nacionales, hizo a la economía mundial más
vulnerable a las. fluctuaciones cíclicas.

7,3,2,2. El retorno del neom ercantilism o proteccionista

Después de la crisis de 1873, la Gran Depresión se encargaría de inver­


tir la coyuntura de alza del librecambio y generaría una vuelta al proteccio­
nismo.
Nubarrones ensombrecieron el claro cielo que disfrutaron las naciones
industrializadas, cuando el libre com ercio brillaba con el esplendor de un
verdadero sol. El mal tiempo afectaba a los precios, y, especialmente, a la
rentabilidad del capital. Desbordaban los productos agrícolas e industriales,
que no encontraban cauce en un mercado mundial que parecía haber nega­
do a su techo. La competencia se tornaba más intensa y agresiva, atemori­
zando tanto a los círculos industriales como al sector agrario, sobre ios que
se cernía la amenaza de la depresión. A muchos países, el miedo los unió en
una misma reivindicación: la protección estatal.

(5 7 ] P o llard (1 9 9 2 ).
CAP. 7 — LAS ECONOMIAS INDUSTRIALES EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIX 237

Entre 1878 y 1890, una gran ola proteccionista cubrió al mercado mun­
dial- Sólo Inglaterra, Bélgica. Holanda, Suiza y Dinamarca permanecieron
’ fieles al libre comercio.
El Reích alemán fue el primer Estado europeo en abandonar el librecam­
bio y elevar sus tarifas aduaneras. Hubo varias razones que lo indujeron
hacia el neomercantilismo; en menor medida, una tradición proteccionista
en el pensamiento económico alemán, defensora de los aranceles aduaneros
c o m o medio para el desarrollo de la economía nacional.

Pero la principal causa fue la crisis de 1873. La econom ía alemana su­


frió más que las economías de los países vecinos los embates de la crisis,
que en el corto plazo generaron importantes perturbaciones.
Aparecida la depresión, las industrias siderúrgica, metalúrgica y textil
pidieron protección al Estado, frente a la com petencia de los países más
avanzados y a una reducción deí mercado mundial, a medida que otros nue­
vos países empezaban a industrializarse. También la nobleza terrateniente
alemana veía perder para sus productos los mercados de exportación de
Europa noroccidental, y peor aun, su propio mercado interno, ante la inva­
sión de cereales americanos y del este de Europa a menor precio.
Los grandes propietarios agrarios, los Junkers de Prusia oriental, repre­
sentados por el conservadurismo, exigieron al gobierno reservar para su
producción el mercado alemán. De esta manera, industria y agricultura se
aliaron contra el librecambio ante el temor de la competencia y la pérdida de
mercados. No obstante, los intereses del círculo de armadores y negocian­
tes de las grandes ciudades comerciales -siguieron defendiendo el libre mer­
cado.
El Reich alemán, que al principio no se definía por la adopción de una
política proteccionista, decantó, hacía fines de la década de 1870, en un giro
hacia el proteccionismo. En 1879, el Parlamento alemán, por ley, fijó para
los productos agrarios y metalúrgicos importados fuertes aranceles y restric­
ciones. Si bien la protección estatal, dadas las condiciones reales de la eco­
nomía, no podía reestablecer eí nivel de precios, logró resguardar ios inte­
reses de los terratenientes que iniciaron un proceso de m odernización del
campo. En cuanto a los sectores industríales, aprovechando el cierre de las
fronteras a la importación, desplegaron mecanismos de dum ping: vender a
precios elevados en ei mercado interno para poder vender más barato que
sus competidores en sus propios países y en otros mercados externos. Esta
política promovió significativamente las exportaciones industríales alema­
nas.
Como contrapartida, los sectores consumidores y asalariados fueron los
que tuvieron que soportar con precios más elevados que en el exterior la
expansión de la producción y de las exportaciones alemanas. A mediados de
la década de 1890, la industria alemana había conquistado el primer pues-
238 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

to en Europa, desplazando a Gran Bretaña. En esos años, los aranceles pro­


teccionistas empezaron a ser considerados como factores que encarecían el
costo de la vida y mantenían los salarios altos. La presión industrial no se
dejó esperar, reclamando ía reducción, de las tarifas aduaneras en los alimen­
tos. La depresión de los precios ya no era una amenaza; una nueva “ onda
larga de alza” iniciaba su movimiento [5S). La fuerza de la industria alemana
era impresionante, y ésta se encontraba ju nto a los Estados Unidos en los
primeros puestos del desarrollo industrial del mundo de fines del siglo XIX.
Francia fue mucho más lenta en la adopción de medidas proteccionistas;
la crisis de 1873 casi no la afectó. Pero la actitud de Alemania — su princi­
pal contrincante en el continente— favoreció el renacimiento paulatino de
la antigua tradición arancelaria. Entre 1881 y 1889, muy selectivamente, se
aplicaron derechos aduaneros ante la presión de los distintos sectores de la
producción, en especial, en favor de ía industria. En la decáda de 1890, cuan­
do la economía alemana era ía primera en Europa, Francia se orientó aun
más hacia ei proteccionismo. Se fijaron altos aranceles aduaneros* incluyen­
do a los productos agrícolas; las medidas no eran del todo extensivas, sino
que guardaron siempre un carácter de “ proteccionismo refinado” {sí)}.
En forma paralela, entre 1880 y 1895, aproximadamente, se desalaron
una serie de “guerras de aranceles” entre las distintas economías naciona­
les, que fueron involucrando de manera progresiva a la mayoría de los paí­
ses europeos. La difícil situación por la deflación de precios y beneficios
junto a la creciente amenaza de la competencia internacional enrareció el
clima de los negocios con un “caliente" enfrentamiento aduanero. Europa
entraba así en un sistema proteccionista que incluía, entre otros países, a
Alemania, Francia, Italia, Austria-Hungria, España y Rusia.
Sólo Gran Bretaña, Bélgica, Holanda, Suiza y Dinamarca continuaron
adheridas al librecambio- La primera, aunque hubo algunas medidas insig­
nificantes para defender la industria nacional, en franco declive con respecto
a la alemana y a la norteamericana, siguió descansando en el libre comercio
en virtud de sti gran imperto colonial. Los otros países “chicos” de la Europa
librecambista, desde sus inicios industriales, habían orientado su produc­
ción hacia la exportación, por lo cual no iban a cambiar de posición.
La otra gran potencia de la economía mundial, los Estados Unidos, ha­
bía oscilado durante ei siglo XIX entre el libre comercio y un férreo protec­
cionismo. más en el segundo que en eí primero. Pero, desde antes de 1870,
el país se convirú'ó en una de las economías nacionales más proteccionis­
tas del mundo, esto duró en gran medida hasta fines de ia Segunda Guerra
Mundial.

( 5 8 : V fjíe.k y (1 .9 7 6 ).

Í 5 9 ) C a m k k o n í 1 9 9 5 ],
CAP. 7 — LAS ECONOMIAS INDUSTRÍALES EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIX 239

El período de la Gran Depresión da comienzo a la convergencia creciente


política y economía. Mientras que la industrialización marca ei ritmo
■ e n tre
de crecimiento de la economía mundial, la influencia cada vez mayor del
instado en los asuntos económ icos equivale a volver al proteccionismo. De­
trás del ascenso del neomercantilismo, percibimos el nacimiento de “ la era
del imperio” .
La acción estatal se fue fortaleciendo de manera progresiva. En su alan
de proteger, terminó incidiendo poderosamente en ia vida económica. En el
ámbito nacional, en especial, en lo relativo a la industrialización y al resguar­
do de intereses locales. En el espacio internacional, interrumpiendo el mo­
v i m i e n t o de mercancías, que había sido relativamente fácil y libre entre las
naciones, e incrementando la rivalidad entre ellas. La Gran Depresión impri­
me en el contexto mundial una nueva dinámica, virando el sentido exitoso
de la relación entre librecambio e industrialización (r,°).
Parecería que el librecambio como marco institucional y .regulatorio, con
la crisis, deja de ser “ funcional” para el desarrollo de muchas economías
nacionales en vías de industrializarse. La misma industrialización, como
proceso que tuvo lugar de forma desigual entre los países, generó en su
avance distintas posiciones competitivas entre los mismos, lo que en parle
explica los cambios de la política arancelaria y el retorno del proteccionis­
mo: “L a jo r m a más am pliam ente difundida de neom ercan tilism o en este
período" (61).
Dos interrogantes sobrevuelan los fenómenos de la Gran Depresión y la
vuelta al proteccionismo: ¿Fue literalmente una gran depresión la suírida por
la economía mundial entre 1873 y 1896? ¿Fue tan grande la marca protec­
cionista como para frenar el crecimiento del comercio internacional?
La deflación de los precios, de los beneficios y del interés condujo a los
contemporáneos de la época a hablar de una gran perturbación y malestar
económicos, y a utilizar la expresión “ la Gran Depresión” .
La tasa de crecimiento deí comercio internacional, aunque disminuyó,
siguió siendo positiva. La producción mundial, en cambio, tuvo un creci­
miento sustancial. La b?tse geográfica de la economía mundial industrial se
expandía. Suiza. Holanda, Italia, Rusia, Suecia y otros emprendieron, con
mayor o menor éxito, el ingreso en el concierto de las naciones industriali­
zadas. El mercado internacional de materias primas y alimentos se amplió
extraordinariamente, la producción y oí comercio internacional de esos pro­
ductos adquirieron una altísima Lasa de crecim iento con una consecuente
disminución de los precios. La agricultura, ea la década de 1880, sufrió más
que la industria ia caída de las rentas, y del campo europeo emigraron olea-

PotLAfcD (1992}.

(61; Por.LAKU (-1992}.


240 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

das masivas de campesinos. La periferia europea y las regiones de ultramar


se integraban m ejor en el mercado mundial. El avance impresionante de la
infraestructura y el descenso de los precios en los costos del transporté
— ferrocarril y barcos a vapor— contribuyeron decisivamente a consolidar,;
hacia 1890, una división internacional dei trabajo, compleja y sofisticada,
difícil de reducir en un intercambio lineal de manufacturas-materias primas,
aunque ahora no se hacía en un marco de libertad de mercado.
Al final de la “onda larga” depresiva, “ ía econom ía mundial era mucho
más plural que antes” (e-)- El mayor número de economías industriales, cada
vez más competitivas, había incrementado enormemente la capacidad tota!
— incremento que se multiplicaba velozmente por el avance tecnológico con
un constante aumento de la productividad— , lo que invirtió, hacia 1895, el
sentido de los términos reales de intercambio en favor de la agricultura y de
las materias primas.
El desarrollo de la producción, en su conjunto, desbordaba la capacidad
de absorción de un mercado mundial. Para defenderse de la competencia
extranjera y la sobreproducción, la alternativa que ofrecía eí proteccionismo
se presentó a los gobiernos como la más viable y eficaz. De esta forma, eí
sistema de aranceles, preferencias y subsidios estatales dio cuenta de que
en la segunda mitad del siglo XIX, “el núcleo fundam ental del capitalism o
m undial lo con stitu ía n cada vez más las «econ om ías naciona les» [...] la
industria liza ción y la depresión hicieron de ellas un grupo de economías
«riv a le s »" (63).
El principio teórico del pensamiento clásico, que defendía la idea de que
la economía de mercado no reconocía fronteras, resultaba inadecuado para
generar el equilibrio y el bienestar general que él mismo propugnaba. En su
lugar, la emergencia de sólidas economías nacionales definidas por ías fron­
teras de los Estados aparecía como la principal razón dei desarrollo econó­
m ico . Era el neomercantílismo.
Naturalmente, este modelo se limita al sector desarrollado del mundo.
Sólo esos Estados eran capaces de proteger de la competencia extranjera a
sus economías nacionales en proceso de industrialización; economías riva­
les, donde los beneficios de una parecían amenazar la posición de las otras.
Sin embargo, el proteccionismo que se extendió con fuerza no era tan exten­
sivo ni tampoco excesivamente riguroso. En consecuencia, no frenó ni per-
ju dicó demasiado el crecimiento del comercio internacional; sólo lo afectó
en determinadas “ franjas” de mercado.
Prevaleció un tipo de protección selectiva o refinada, que al mismo tiem-
po podía variar de acuerdo con los grados de desarrollo y competitividad .

{6 2 ) H obsbaw m (1 9 9 0 ].

(6 3 ) H obsbaw m ¡ 1 9 9 0 ).
CAP, 7 - L A S ECONOMÍAS INDUSTRIALES EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIX 241

a lc a n z a d o s por cada sector. L o s más protegidos fueron los bienes de consu­


mo y los productos agrícolas. Por el contrario, el movimiento de capitales y
mano de obra a escala mundial nunca se vio inüuido. Los bienes de equipo,
m a q u in a r ia s , insumos semielaborados y otras tantas manufacturas especí­
ficas, así como materias primas y alim entos de mayor poder adquisitivo,
f u e r o n afectados muy poco por las barreras aduaneras. En este rubro, las
m is m a s potencias económicas rivales se constituían paradójicamente en sus
principales clientes, ai tiempo que crecía el intercambio entre las regiones
atrasadas y desarrolladas del mundo.
Definitivamente, la economía mundial tendía a la concentración: el mun­
do desarrollado aglutinaba, en la década de 1890, el 80 % del mercado mun­
dial y más de un 70 % de la producción total de manufacturas. Las transac­
ciones financieras internacionales se perfeccionaron con el patrón-oro, arri­
bando entre 1890 y 1914 a un exitoso multilateralismo de pagos y transac­
ciones-
A lo largo de las dos décadas de la Gran Depresión, la economía mundial
fue también escenario de un profundo cambio en la distribución del poder
económico entre las grandes potencias. Inglaterra estaba demasiado compro­
metida con la tecnología y la organización comercial originadas en la primera
fase de la industrialización, gracias a la cual accedió a ocupar el lugar de
“ taller del mundo” hacia mediados del siglo. Pero entre 1880 y 1895, no
podía mantener tal exclusividad. Su industria había sido superada por la de
los Estados Unidos y la de Alemania, más dinámicas e innovadoras.
No obstante, Gran Bretaña continuó conservando y m ovilizando sus re­
cursos de tal forma que mantuvo el liderazgo de la economía mundial. En
primer lugar, eí hierro y el carbón, bases de la Revolución Industrial ingle­
sa, son industrias que hasta 1914 mantendrían una tasa de crecimiento muy
alta. En segundo lugar, retenía, lejos de los países competidores, el primer
puesto en las inversiones extranjeras de capital. Por último, Gran Bretaña
conservó y consolidó su hegemonía en los servicios financieros, monetarios
y comerciales, y en el transporte naviero a escala mundial. En este campo
su preeminencia continuaría siendo indiscutible.

7,3,2,3. El patrón-oro internacional

El patrón-oro internacional era el eje en torno al cual giraban el siste­


ma monetario y el comercio multilateral de las últimas décadas del siglo XIX,
io cual para varios expertos fue la principal razón del alto grado de integra­
ción y estabilidad conseguido en la economía mundial entre 1890-1895 y
1914 V 11)-

(6 4 } H a k o a c h (1 9 8 6 ).
242 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

El patrón-oro es un sistema de tipo de cambio fijo, en el que éste que­


da ligado a una determinada mercancía patrón, que en este caso es el oro.
Un país se encuentra dentro del sistema cuando su banco nacional y/o cen­
tral está en condiciones de asegurar la libre convertibilidad de los billetes
de banco y depósitos bancarios en oro — a un precio oficial y fijo— , y cuan­
do no impone restricción alguna a la importación y exportación de oro —una
función de la balanza de pagos— .
La oferta monetaria del país, por lo tanto, está vinculada a las reservas
de oro en el banco central — por lo cual sus variaciones provocan fluctuacio­
nes en el movimiento de los precios— (65). Si un país incurre en un déficit
de su balanza de pagos, la reducción en sus reservas de oro induce al ban­
co central a que aumente los tipos de interés y reduzca la oferta monetaria
y crediticia. Se restringe la demanda interna; como consecuencia, deberían-
aumentar las exportaciones y disminuir las importaciones. Por esa razón,
entraría más oro y el déficit se eliminaría automáticamente, de forma tal que
el tipo de cambio no se alteraría (GS).
El sistema del patrón-oro no ba funcionado nunca en su más pura expre­
sión, pero, en teoría, contribuye a que ias economías mantengan sus tran­
sacciones internacionales en equilibrio, en tanto las diferentes monedas
nacionales (billetes de banco) se intercambian libremente sobre la base de
su relación fija con el oro.
La función de un patrón m onetario es, entonces, definir la unidad de
valor de un sistema monetario, la unidad de cuenta en la cual son conver­
tibles todas las demás formas de moneda. Históricamente, los patrones eran
el oro y la plata; de ahí que hasta el siglo XVIII todos los países tenían un
patrón “ bim etálico” . Se creía que eí bimetalismo estabilizaba los precios del
mercado en virtud de un mecanismo regulador llamado “precio de acuñación
de ía moneda metálica” (la casa de la moneda tendía a acuñar más monedas
de aquel metal que escaseaba en el mercado); la plata era el metal más usado
en las transacciones comerciales. Mientras la relación de precio entre ios
dos metales se mantuvo fija, no hubo problemas.
Fue primero en Inglaterra, entre fines del siglo XVÍÍ y mediados del XVIÍÍ,
donde la escasez de plata y el mayor ingreso de oro alteraron la relación fija
y desestabilizaron la función de la unidad de cuenta del patrón bimetálico.
Ello indujo en 1717 a fijar la libra esterlina (que hasta esc momento se de­
finía legalmente como una íibra de peso de plata de ley “ sterling” } a un pre­
cio en oro (una onza de oro equivalía a 3 libras, 1.7 peniques y 10,5 chelines),
valor que perduró hasta 1931 con los intervalos de 1797-1819 y 1914-1925
(en estos años no hubo patrón monetario, había dinero fiduciario o de circu­
lación forzosa) (r;7|. En 1844, la ley bancaria que otorgó el monopolio en la

(0 5 ) C am e ro n (1 9 9 5 ).
(6 6 ¡ Mochon- y Bekkk ¡1 9 9 6 ).
[í¡ 7) KiNOLESeSfiER í I y.SSi.
CAP. 7 - L A S ECONOMIAS INDUSTRÍALES EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIX 243

e m is ió n de bilietes al Banco de Inglaterra determinó también la proporción


.mínima de reservas de oro en relación con el total de billetes emitidos, que
tradicionalmente consistió en un tercio, mientras que los otros dos tercios
de la reserva estaban constituidos por títulos.
Por el contrario, el continente europeo continuaba adherido al patrón
bimetálico; su centro era Francia. Esta dualidad, Inglaterra con patrón-oro
y Europa continental con bim etalism o —incluidos los Estados Unidos—
exigió que entre 1825 y 1875, aproximadamente, hubiera una estrecha coope­
ración entre los bancos nacionales y/o centrales para mantener la estabili­
dad del sistema monetario. Teniendo en cuenta el impacto que tuvieron los
descubrimientos de oro en California y Australia, en 1848 y 1849 (algunas
estimaciones sugieren que la producción mundial de oro se multiplicó por
;10, y con ella, los precios durante este período), los dos sistemas de patrón
se engranaron, sin duda, suave y automáticamente, de tal manera que per­
mitieron la expansión del librecambio en el com ercio internacional hasta
.1875.
A mayor libre comercio, mayor integración de la economía mundial; a
pesar de operar sobre una pequeña base de oro, el Banco de Inglaterra y la
City londinense pudieron afectar en gran medida las condiciones del siste­
ma financiero mundial, debido al papel preeminente de Gran Bretaña en ei
comercio y las finanzas. Una consecuencia de todo esto fue la sincronización
de los movimientos o fluctuaciones de los precios a nivel internacional.
El liderazgo británico llevó a que el conjunto de Europa, entre 1875 y
1878, se pasara al patrón-oro. Esto ocurrió no sin resistencia. Francia, en­
tre 1865 y 1875, encabezó un intento de crear la Unión Monetaria Latina, un
área monetaria que adhería al patrón plata —incluía a Francia, Bélgica, Sui­
za, Italia, España, Rumania, Serbia y Grecia— . Este intento fracasó: en pri­
mer iugar, debido a que durante esos años la plata inundó a los mercados
(por descubrimientos de nuevos yacimientos y el desarrollo de un proceso
electrolítico de refinado, que abarató sus costos de elaboración): en segun­
da instancia, a causa de que el im perio alemán adoptó, después de Gran
Bretaña, el patrón-oro (y esto sucedió luego de que Prusia derrotara a Fran­
cia en la guerra de 1871. obligando a esta última a pagar una fuerte indem­
nización); a continuación de Alemania siguió Bélgica, y finalmente, Jos Es­
tados Unidos, después de 1a guerra civil.
El peso de Inglaterra y Alemania adheridas al pátrón-oro hizo que. en la
Segunda Conferencia Monetaria .'Internacional (1878), convocada a efectos de
determinar una " moneda u n iversa l", se adoptara de modo unánime el pa­
trón-oro. A los países más avanzados les siguieron otros, como Rusia, Japón
y Argentina. De esta forma, la pía La Sirvió sólo para las monedas fracciona­
rias o para ei com ercio con Asió-, especialm ente con China. Otros países,
como México, permanecieron con el patrón plata.
Sin embargo, con respecto a U universalización dei patrón-oro desde
IS80 hasta 1914, resta plantear dos puntos de vista op Lies los. Uno puede
244 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

denominarse monetarismo mundial —se remonta al siglo XIX— y sostiene


que el patrón-oro internacional se basa exclusivamente en que la producción
y el stock mundial de ese metal precioso determinan la oferta monetaria y
los precios internacionales, sin que las políticas de los bancos centrales
puedan modificar dichas condiciones.
En el otro extremo se sitúa la opinión de que el patrón-oro era, de he­
cho, un patrón libra esterlina,, dirigido y manejado a escala mundial con ei
Banco de Inglaterra en el centro. Esta tesis, que tiene origen después de la
Primera Guerra Mundial, observó que durante el apogeo del patrón-oro se
daban mecanismos de regulación que dependían, más que del sistema mo­
netario, del papel que tenía Gran Bretaña en el mercado mundial. En primer
lugar, cómo el tipo de descuento del Banco de Inglaterra — tasa modificada
hasta 400 veces entre 1844 y 1900— afectaba a los precios y atraía o repe­
lía los flujos de capital a corto plazo del resto del mundo, estableciendo así
el nivel de los tipos de interés mundiales, lo cual aseguraba a la economía
inglesa su estabilidad interna y su supremacía financiera y comercial en los
negocios internacionales. En segunda instancia, se observó que Gran Bre­
taña financiaba sus exportaciones e importaciones con libras esterlinas o
con letras de cambio en esterlinas y no en oro; asimismo, que los demás
países hacían sus transacciones com erciales con terceros, con efectos o
letras en esterlinas —y, en menor medida, con libras—, por lo que tenían que
mantener saldos en dicha moneda (es). Las letras de cambio se giraban contra
las casas de aceptación y eran descontadas por otras casas especializadas
de la City londinense.
Con letras de cambio en esterlinas com ercializadas a nivel mundial,
sustituyendo no del todo al dinero, pero sí prácticamente al oro como uni­
dad de cambio en los negocios entre los países, y con Londres manipulan­
do el tipo de interés, se deduce que el patrón-oro internacional era virtual-
mente un sistema libra esterlina y que ésta desempeñaba, de hecho, un
papel de moneda de reserva. Esto facilitaba también las inversiones británi­
cas en el extranjero, que podían hacerse en libras.
Sin embargo, el hecho de que los pagos financieros en oro fuesen muy
raros contribuyó, en mucho, a mejorar y ampliar la disponibilidad de crédi­
to en los intercam bios y préstamos internacionales, promoviendo así, de
manera decisiva, el establecimiento de un sistema multilateral de los inter­
cambios y pagos.

{ 6 8 ] K in d l e b k r c .e r (1 9 S 8 ).
CAP. 7 — LAS ECONOMÍAS INDUSTRIALES EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIX 245

7,3,3. EL IM PERIALISM O

7,3,3,1. E l n u evo re p a rt o d el m un d o

El período comprendido entre 1875 y 1914 se caracterizó por el hecho


de que la mayor parte del mundo ajeno a Europa y al continente americano
quedó sometida al gobierno formal o al dom inio político inform al de un
número limitado de países: Gran Bretaña, Francia. Alemania, Italia, Holan­
da. Bélgica, Estados Unidos y Japón.
Dos grandes zonas del planeta fueron el escenario del reparto: Africa y
el Pacífico. En 1914, el continente africano pertenecía casi en su totalidad
a británicos, franceses, belgas, alemanes, portugueses y, en mucho menor
medida, españoles. Las únicas excepciones eran Etiopía, la República de
Liberia y una parte de Marruecos que resistía el dominio colonial.
En Asia, por su parte, los principales imperios tradicionales se mantu­
vieron independientes, pero las potencias occidentales establecieron allí
"zonas de influencia" que limitaban la soberanía de los mismos. Este reparto
era la expresión más clara de la asimetría de poder que se estaba producien­
do en el mundo. Los países “avanzados” , que habían alcanzado un importan­
te grado de industrialización, establecieron formas de dominación inéditas
respecto de aquellos que no siguieron el mismo camino (o no lo hicieron con
la necesaria celeridad) y se convirtieron en países “ atrasados” . Se consoli­
dó así a partir de 1880 un sistema de relaciones internacionales que se co­
noce con el nombre de “ época del im perialism o” .
El término “ im perialism o” se incorporó al vocabulario político en el
curso de Jos debates que se desarrollaron en torno a la conquista colonial.
Los emperadores y ios imperios eran instituciones antiguas, pero el impe­
rialismo era un fenóm eno nuevo. Nunca han resultado convincentes las
posiciones de quienes han intentado negar que se trataba de una novedad
en el desarrollo político y económico (incluso en algunos casos sostenien­
do que era una supervivencia precapitalista).
La cuestión central en relación con la nueva realidad de la hegemonía de
los países desarrollados es la discusión que se inició en esos años y se pro­
longó durante mucho tiempo en los ámbitos políticos y académicos respecto
de las dimensiones económicas de esta época imperialista.
246 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

7 y3>3,2. In te rp re ta c io n e s d el im p e ria lism o

Como se ha analizado, uno de los acontecimientos más importantes del


siglo XIX es el surgimiento de una economía mundial caracterizada por un
notable incremento de los movimientos de capitales y de mercaderías entre
los países desarrollados, y entre éstos y el mundo periférico. La expansión
de la flota mercante y el crecim iento de la red ferroviaria mundial posibili­
taron la incorporación de los productos provenientes de las zonas más atra­
sadas del planeta.
Por una parte, el incremento del consumo de masas en los países me*
tropolitanos im plicó la rápida expansión de la demanda de productos ali­
menticios, la que empezó a ser cubierta por los cereales y la carne prove­
nientes de zonas templadas, de tierras fértiles —Argentina, Uruguay, el
medio oeste norteamericano— en las que se cultivaban a muy bajo costo.
Pero, además, las nuevas condiciones del comercio mundial transformaron,
el mercado de productos conocidos incorporando las frutas frescas prove­
nientes de las regiones tropicales y subtropicales, y ampliando la oferta de
azúcar, té, café, cacao, etcétera.
Ahora bien: ¿qué relación existe entre la importancia económica cre­
ciente del mundo periférico para la economía mundial y la acelerada carrera
iniciada por los Estados industriales para dividir el mundo en colonias y es­
feras de influencia?
El economista inglés J ohn A, H obson fue el primero en plantear de ma­
nera global el tema del imperialismo. Su obra, publicada en 1902 ana­
lizó de manera detallada los rasgos de una realidad que, desde su mirada,
relacionaba la expansión colonial con el crecim iento del comercio exterior
y de las inversiones de capital británico- Las vinculaciones económicas con
el mundo colonial se originaban en el desequilibrio entre una demanda aco­
tada y un ilimitado incremento de la producción. La exportación de capita­
les pasa a ser el objetivo de los inversionistas que no encontraban posibi­
lidades rentables en la metrópoli. Las conquistas coloniales, impulsadas por
intereses sectoriales en beneficiarse con estas operaciones —fabricantes de
armas, especuladores, exportadores—, han sido, entonces, la consecuencia
de esta nueva fase del capitalismo.
Por lo tanto, para Hobson, ei imperialismo no era un fenómeno intrínse­
co al capitalismo, sino una distorsión originada en las ambiciones de una
minoría oligárquica que arrastran ai resto del país. De alL que existan so­
luciones para resolver el problema: una política de altos salarios y pleno em­
pleo permitiría aumentar eí consumo, por lo que no habría necesidad de
luchar por mercados extranjeros o áreas de inversión, embarcándose en
aventuras colonialistas.

(6ÍJ) H o e so n {1 9 8 1 ).
CAP. 7 — LAS ECONOMIAS INDUSTRIALES EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIX 247

La obra de H obson es considerada tanto una precu rsora de la teoría mar-


xisla del im perialism o com o de la teoría keyn esian a de la ocupación.

En 1910, se publicó en Alemania El ca p ita l Jina nciero (70), escrito por


uno de los principales intelectuales marxistas de la épo­
R u d o i ,f H i l f e r d i n g ,
ca. En esa obra por primera vez se enfatizaba la importancia del proceso de
concentración de capitales, que conducía al control de las grandes empre­
sas industriales por parte de grupos bancarios y que, por lo tanto, podían ob­
tener el máximo rendimiento posible de su capital a expensas de los obre­
ros y de los consumidores. Asimismo, la exportación de capital hacia áreas
subdesarrolladas permitía aumentar los beneficios como resultado de privi­
legios y monopolios. Es este esquema, el dominio colonial no está conectado
directamente con las nuevas características del capitalismo; aparece cuan­
do surgen trabas por parte del país receptor del préstamo o de la inversión
productiva; entonces, se requiere la presencia del Estado para eliminar los
obstáculos a la penetración del capital.
La aportación de H ilferdíng fue fundamental para la aproximación mar-
xista a la cuestión del imperialismo, abriendo el camino a textos como los
de R osa L uxemburgo' (71) y N jco-las B ujarim (72).
En razón de la estatura política alcanzada por Lenin, s u trabajo FA impe­
rialismo, etapa superior del ca p ita lism o, publicado en 1916 (73j, constituye
¡a base de la visión marxista del capitalismo del siglo XX, y el centro de las
críticas de quienes niegan de plano la importancia central de los factores
económicos en la expansión colonial.
Su definición del imperialismo consiste en afirmar que representa la eta­
pa monopólica del capitalismo, resultado de la evolución de las contradiccio­
nes de éste. Los cinco rasgos que lo caracterizan son:
1. La concentración de la producción y el capital hasta el punto de
crearse m onopolios que desempeñan un papel decisivo en la vicia
económica.
2. La fusión dei capital bancarío con el capital industrial, y la creación,
sobre esta base, de una oligarquía financiera.
3. La importancia que adquiere la exportación de capitales, desplazan­
do a la exportación de mercaderías.
4. La formación de grandes grupos moncpólicos que se reparten el mer­
cado mundial.

(7 0 ) H ilfekdino (1 9 S 5 ).

(7 1 ) L uxem uukoo ( i 9 6 7 }.

( 7 2 ) B ü j .'j -'.! N (1 9 7 1 ;.

( 7 3 } L e n in ( 1 9 8 3 ) .
248 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

5. La distribución territorial del mundo entre las más grandes poten­


cias imperialistas.
Junto a las explicaciones que enfatizaban las relaciones entre imperia­
lismo y economía, en muchos casos destacando la insuficiencia de ésta para
dar cuenta del proceso que se inicia en las últimas décadas del siglo XIX
—por ejemplo, el hecho de que la mayor parte de los capitales exportados
por las m etrópolis no se dirigió hacía las colonias— , surgieron otros análi­
sis que insistieron en la significación de factores extraeconómicos. Se ha
destacado, por una parte, el oportunismo de las clases dominantes, centrado
en la utilización de la política colonialista como elemento de distracción que
apartara a la sociedad —en particular a las clases trabajadoras— de los pro­
blemas sociales internos. También se ha hecho referencia a que ei clima in­
telectual de la época, fuertemente afectado por el darwinísmo social, favo­
reció la expansión europea. Los argumentos de la “supremacía de los mejo­
res” se aplicaron para justificar el colonialismo.
D avid F ieldhouse {7a), uno de los mayores estudiosos del tema, ha resumi­
do susraportaciones sosteniendo que sí bien los factores económicos influ­
yeron, en mayor o menor medida, en casi todos los hechos que concluyeron
en el establecim iento de situaciones de dominio imperialista, no había una
vinculación estrecha entre economía e imperio. Por el contrario, durante
mucho tiempo el pensamiento oficial en las altas esferas de la política eu­
ropea sostenía que las cuestiones económicas internacionales debían resol­
verse sin la intervención directa del Estado. Sin embargo, los problemas
creados en la periferia por las empresas europeas, económicas y de otra ín­
dole, terminaron adquiriendo una naturaleza política —por ejemplo, afectan­
do los intereses nacionales de la m etrópoli— transformándose así en la ex­
plicación última de la anexión.

7,3,4. LA E M IG R A C IO N T R A N S O C E A N IC A

Las migraciones internacionales fueron un fenómeno característico del


siglo comprendido entre 1815 y 1914. Ciertamente, los movimientos de po­
blación tenían una larga tradición en la Europa preindustrial; sobre todo, en
el siglo precedente, vastos contingentes de personas se habían desplazado
temporaria y permanentemente dentro de Europa o hacia América.
Sin embargo, luego del Tratado de Víena, firmado tras el fin de las gue­
rras napoleónicas, el m ovim iento m igratorio alcanzó niveles enormes.
Aproximadamente 50.000.000 de personas se trasladaron a América en eí
siglo anterior a la Primera Guerra Mundial. Muchos millones más se movi­
lizaron dentro de las fronteras de Europa, y aun dentro de cada país, hacia

( 7 4 J S u o b r a p r i n c i p a l e s F ie l d h o u s e ( 1 9 7 7 ) .
CAP. 7 - L A S ECONOMÍAS INDUSTRIALES EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIX 249

los nuevos núcleos industriales que surgían en numerosas regiones y ciu­


dades del Viejo Continente.
Todo ello se produjo en un contexto de libertad de inmigración, ya que
los. países americanos rara vez pusieron trabas efectivas para la misma, y en
un marco de relativa libertad de emigración por parte de los países europeos,
sobre todo desde el último cuarto del siglo XIX, cuando se fueron apagan­
do las políticas que restringían la libertad de expatriar de países e imperios
del sur y del este de Europa.
Visto en su conjunto, el movimiento migratorio europeo transoceánico
se desplaza de oeste a este hasta afectar a todo el V iejo Continente. Las
áreas occidentales más atlánticas, las Islas Británicas o Portugal, que tienen
una larga tradición de emigración a América en los dos siglos precedentes,
ven despegar su flujo migratorio más tempranamente, en las primeras déca­
das del siglo XIX. Luego, el movimiento se propaga hacia las regiones escan­
dinavas o Alemania en torno a 1850, para finalmente involucrar a las distin­
tas áreas del centro y del sur de Europa en las últimas décadas del siglo XIX.
Si bien el movimiento migratorio afectó a toda Europa, el porcentaje de
]os migrantes por habitante es significativamente diferente en las diversas
naciones y regiones. Como expone el cuadro incluido a continuación, m ien­
tras la tempranamente industrializada Inglaterra exhibe desde comienzos del
siglo XIX tasas migratorias muy elevadas que se sostienen a lo largo del
tiempo, Francia, por el contrario, muestra un comportamiento distinto por
completo.

Países 1851- 1861- 1871- 1881- 1891- 1901- 1913 1921-


1860 1870 1880 1890 1900 1910 1930

Irlanda 14,0 14,6 6,6 14,2 8,9 7,0 6,8 5,9


N oruega 2,4 5,8 4,7 9,5 4,5 8,3 4,2 3,1
Suecia 0,5 3,1 2,4 7,0 4,1 4,2 3,1 1,8
Dinamarca n.d. n.d. 2,1 3,9 2,2 2,8 3,2 1,7
Inglaterra 2,6 2.8 4,0 5,6 3,6 5,5 7,6 2,7
E scocia 5,0 4,6 4,7 7,1 4,4 9,9 14,4 9,2 ;
Alem ania n.d. n.d. 1,5 2,9 1=0 0,5 0,4 1,0
Holanda 0,5 0,6 0,5 1.2 0,5 0,5 0,4 0,5
B élgica n.d. n.d. n.d. 0,9 0,4 0,6 1,0 0,3
Francia 0,1 0,2 0,2 0,3 0,1 0,1 0,2 n.d. 1
Italia n.d. n.d. 1,1 3,5 5,0 10,8 16,3 3,4
España n.d. n.d. n.d. 3,4 3,4 5.7 10,6 4,0 ¡
Portugal n.d. 1.9 2,9 4,3 5,6 6,5 13,9 5,3 f

F u e n te : Bainús, D., M ig ra tio n in ü M a íu re E co n o m y, 1861-1900, C a m b rid g e U n iversíty P r e s s


C am b rid g e, 1985.

C u a d ro 2. E m ig ra c ió n e u ro p e a (18 51 -193 0}. Tasa m e d ia a n u a ! p o r 1.000


h a b ita n te s ( fr o n te ra s d e 1914).
250 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

En cualquier caso, las medias nacionales reflejan de modo parcialmen­


te insatisfactorio el fenómeno. Visto desde una perspectiva regional, al igual
que lo que ha sostenido P ollaud acerca de la industrialización, encontramos
dentro de cada nación algunas áreas con elevadas tasas migratorias y otras
con tasas muy bajas. En este sentido, regiones como Galicia en España, los
Abruzzos, Calabria y BasiUcata en Italia, Pomerania en Alemania, Transilva-
nía en la actual Rumania, el oeste de Irlanda y Bukovina en Checoslovaquia
presentaron tasas mucho más aítas que la media de sus respectivas nacio­
nes, alcanzando en algunos casos y para determinados años cotas superio­
res a los 30 emigrantes anuales por cada 1.000 habitantes f75).
Si la emigración hacia América fue muy elevada, también lo fue eí retor­
no. El mismo fue muy desigual según regiones y naciones. En términos
generales, las áreas del norte de Europa (Escandinavia y Alemania) tuvieron
bajos índices de migrantes retornados (alrededor del 20 %),-mientras que los
países del centro de Europa e Inglaterra vieron retornar a mayor número de
personas (entre el 30 y el 40 % del total de partidas), y los emigrados de Italia
se manifestaron aun como más m óviles (entre un 40 y un 50 % de regresos).
Estas características diferenciadas llevaron a muchos observadores del
fenómeno a proponer una dicotomía entre una “antigua emigración” con un
alto porcentaje de grupos familiares, profesionaimente más calificada y per­
manente, y una “nueva em igración” , integrada de manera predominante por
hombres jóvenes, trabajadores menos calificados (en general, jornaleros
adventicios) que aspiraban a obtener buenos ingresos en el corto plazo para
luego retornar a sus hogares. Serán los conocidos como “ aves de paso” o
golondrinas, muy característicos de la emigración, del sur y del este de Eu­
ropa en la década anterior a la Primera Guerra Mundial (7R). Como cualquier
otro esquema, éste sim plifica demasiado una realidad más compleja y se
suele basar en el estudio del caso de los Estados Unidos. En la migración
hacia otros destinos sudamericanos, como Brasil o, sobre todo, la Argenti­
na, la emigración de países del sur de Europa como Italia o España supo ser
también más familiar, calificada y permanente, como habían sido los tempra­
nos movimientos del norte de Europa a los Estados Unidos.
En cualquier caso, es evidente que la tasa de retorno fue más elevada
entre los grupos migrantes que se dirigieron a América en los 20 años pre­
cedentes a 1914. Ello parece haber tenido que ver no sólo con las caracte­
rísticas y aspiraciones de ios migrantes, sino también con Jas nuevas con­
diciones en que se realizaba ia travesía atlántica. La aparición del vapor en
reemplazo de la vela primero y luego ias mejoras en las condiciones habita-

[7 5 ] Haíne-.s (1 9 9 4 ).

\7í>) P .o o x a r il'A H r ,) .
CAP. 7 — LAS ECONOMIAS INDUSTRIALES EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIX 251

y sanitarias en el viaje de la tercera clase, debido tanto a la más


c ló n a le s
severa política de control de los gobiernos como a l a s técnicas constructi­
vas de las naves, favorecieron la circulación de personas y mercaderías en
Atlántico.
En realidad, todo ello parece deberse menos a una reducción del costo
del viaje, que fue lento y sometido a fuertes oscilaciones estacionales, que
a una disminución de los días de navegación, la cual, desde Europa hasta
Sudamérica, podía significar un descenso de los 50 días promedio de media­
dos del siglo XIX a 15 días en los años anteriores a 1914 (77). Fue esa dismi­
nución del tiempo en el que un trabajador debía estar desocupado durante
el trayecto hacia su destino lo que reducía los costos de la experiencia mi­
gratoria, favoreciendo que más personas se decidieran a emigrar por tempo­
radas breves (2 o 3 años) para aprovechar los. ahorros que permitían hacer
los salarios comparativamente altos que se pagaban, sobre todo en los Es­
tados Unidos, en los años anteriores a la Primera Guerra.
Los migrantes europeos se dirigieron hacia numerosos destinos dentro
de Europa o más allá del océano. Se trataba en su gran mayoría (porcenta­
jes superiores al 80 %) de personas procedentes o residentes habitualmen­
te en las áreas rurales de Europa, entendiendo esta expresión en un senti­
do genérico, ya que muchas personas se movían entre ocupaciones rurales
y urbanas a lo largo de su vida. Dentro de este mundo predominantemente
rural, la experiencia migratoria intereuropea estaba al alcance de los grupos
más pobres, en general trabajadores adventicios, braceros, jornaleros, sin
arraigo en ia tierra.-Para éstos, afrontar el costo de una emigración transo­
ceánica, que debía ser financiada en general por los ahorros del grupo fami­
liar, se revelaba como una empresa im posible (salvo que quien financiara
fuera el gobierno de un país deseoso de ati'aer emigrantes, como ocurría
dentro de Brasil con el Estado de San Pablo). La experiencia transoceánica,
en cambio, atraía más a pequeños propietarios, arrendatarios o colonos que
podían permitirse eí lujo de pagar el viaje de un miembro de la familia (co­
múnmente, un hijo varón joven) y prescindir durante algún tiempo de los
ingresos o simplemente de los brazos que éste aportaba a la economía fami­
liar.
De los destinos americanos, Jos listados Unidos recibieron el mayor
número de inmigrantes. Entre 1815 y 1930, 32.600.000 inmigrantes desem­
barcaron en ios Estados Unidos, seguidos en segundo lugar por la Argenti­
na, con 6.400.000. y luego por Canadá, con 4.700.000-(aunque en realidad ia
cifra de arribados a Canadá fue de 7.200.000, se estima que 2.500.000 utili­
zaron ese t>aís como una puerta trasera para entrar en los Estados Unidos
con el fin de eludir distintas restricciones} y Brasil, con 4.300.000.
252 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

En general, los Estados Unidos fueron el lugar predominantemente ele­


gido por casi todos los grupos europeos, con dos notables excepciones:
España y Portugal continental. La península ibérica dio un número muy bajo
de emigrantes atraídos por el ‘'im án” norteamericano y en cambio proveyó
sus migrantes a los países del sur. La Argentina fue el principal destino para
los españoles (seguido de Cuba y Brasil), y Brasil lo fue para los portugue­
ses. También los italianos, tomados en su conjunto, en las dos últimas dé­
cadas del sigloXIX preferían los destinos sudamericanos, mientras que des­
de principios del siglo XX se orientarían decididamente bacía los países
norteamericanos.
Nuevamente aquí las aproximaciones nacionales proveen un indicador
general de grandes tendencias, pero en un análisis más detallado se perci­
ben especializaciones regionales y locales en cuanto a los lugares de desti ­
no. Elio se debe a que las migraciones se producen en gran parte a través del
mecanismo que los historiadores llaman “ cadena migratoria” . En su definí'
ción más popular, la cadena migratoria “ es el movimiento a través del cual
los futuros inmigrantes conocen las oportunidades, son provistos de medios
de transporte y obtienen la primera habitación y empleo a través de las re­
laciones sociales primarias con inmigrantes anteriores” (7fi). La cadena, que
es un mecanismo parental y aldeano, provee entonces de los dos instrumen­
tos básicos para tomar la decisión de emigrar y decidir adonde hacerlo: in­
formación y asistencia.
La información acerca de las posibilidades existentes en un determina­
do país americano circula a trax'és de muchas vías: folletos de propaganda
de gobiernos interesados en promover la emigración, publicidad de agentes
y subagentes de compañías de navegación {llamados en España “ganchos”),
o de personas que contratan trabajadores por cuenta de terceros — en gene­
ral, grandes compañías que requieren mano de obra estacional en ios países
norteamericanos— llamados “ 6oss” o “padrom ” . Con todo, la información
más confiable es la que circula por ios lazos familiares o interpersonales. El
inmigrante parece haber dado siempre más crédito a las noticias que llega­
ban vía cartas de parientes, amigos o paisanos. En este sentido, al propagar­
se la información a través de las relaciones sociales primarias a nivel de
pequeños territorios, se explica por qué desde una comuna o un conjunto
de comunas cercano se emigraba a un determinado lugar en América y desde
otro conjunto cercano se emigraba a otro muy distante (por ejemplo, a Nueva.
York unos y a Buenos Aires los otros). La posesión de la información y, a
veces, de la asistencia de un pariente o amigo ya emigrado que envía el ‘'bi­
llete de llamada” y consigue un lugar de trabajo seguro para el futuro emi­
grante es también lo que explica en parte por qué algunos eligen emigrar y
otros en similares condiciones sociales, económicas o familiares, en cam­
bio. deciden permanecer.

(? 8 ) M:\c.Domald y M a c D o n 'a i.o (1 9 6 4 ).


CAP. 7 — LAS ECONOMIAS INDUSTRIALES EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIX 253

La discusión acerca de por qué las personas resuelven emigrar ha sus­


c ita d o muchos debates entre economistas, demógrafos e historiadores. En
términos generales podemos hablar de dos tipos de explicaciones opuestas:
la de los llamados “pesim istas” , que hacen hincapié en los fa c to re s de e x ­
pulsión desde los países de origen, y la de los llamados “ optim istas” , que
p o n e n el énfasis en los fa c t o r e s d e a t r a c c ió n que ofrecían los países de
destino.
Para los pesimistas, la emigración masiva fue el resultado del empeora­
miento relativo de las condiciones de vida generado por las grandes trans­
formaciones que acompañaron al desarrollo del capitalismo industrial en sus
primeras etapas. Desde esta perspectiva, proponen diversos factores expli­
cativos de la emigración, entre los que se destacan los que enumeramos a
c o n t in u a c ió n :

— La inserción de economías cercanas a la autosubsistencia en una


economía mundial, lo que trajo consigo la ruptura de antiguos equi­
librios.
— La revolución de ios transportes, que abarató los fletes marítimos y
que significó para la economía rural del Viejo Continente la introduc­
ción de la feroz competencia de algunas producciones agrarias de
fuera de Europa que tenían costos de producción sustancialmente
más bajos {por ejemplo, en eí trigo).
La difusión de innovaciones tecnológicas (como el telar mecánico),
que privaron a las familias campesinas de algunas de sus fuentes de
recursos adicionales.
— La crisis de las políticas asistenciales de las sociedades antiguas,
reemplazadas por una voluntad de imponer reglas de mercado que li­
berasen mano de obra y suprimiesen vínculos, tutelas y asistencia-
lismo.
Para los optimistas, en cambio, más que lo que ocurría en el Viejo Con­
tinente, las nuevas oportunidades que surgían en los países nuevos eran lo
que alentaba a las personas a emigrar, al darles una posibilidad concreta de
modificar una situación estancada. En este caso, las discusiones apuntan a
señalar que era el diferencial de salarios entre el lugar de origen y eí lugar
de destino lo que explicaba por qué las personas decidían ir de un país a
otro. Cuanto más elevado fuera ese diferencial, más crecería el número de
personas dispuestas a emigrar. En realidad, debería recordarse que no era
tanto el salario como la capacidad de ahorro lo que podía interesar al inm i­
grante, y ello estaba ligado al nivel dei salario y a la posibilidad de restrin­
gir al máximo el consumo. Eso explica que para otros autores optimistas,
más que un determinado nivel de salario, lo que importaba era la posibilidad
254 HISTORIA ECONOMICA Y SOCIAL GENERAL

de encontrar un empleo, por io cual, lo que atraía a los inmigrantes


c ie r t a
eran los m om entos de gran expansión de la econom ía en la que surgían,
m u c h a s nuevas oportunidades laborales (79). En cualquier caso, para cono-,
cer esas oportunidades en el nuevo país, los inmigrantes necesitaban infor-