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ESPIRITUALIDAD DE LA LIBERACIÓN

Aportes desde la Vida Religiosa


Camilo Maccise, OCD*
Le Teología de la Liberación (TL) está íntimamente unida a una
pastoral y es fruto de una espiritualidad. De ellas recibe fuerza e ins-
piración y, a su vez, las ilumina y alimenta. Al hablar de los aportes de
la Vida Religiosa a la TL en América Latina, me voy a centrar en su
contribución a la espiritualidad de la liberación.

1. Teología y espiritualidad de la liberación

Para poder encuadrar el aporte de los religiosos al desarrollo de la


Teología de la Liberación es necesario decir una palabra sobre los orí-
genes y la evolución de esta corriente teológica iniciada en el conti-
nente latinoamericano.

1.1. Origen y desarrollo de la TL – La Teología de la Liberación


(TL) nació en América Latina bajo la influencia decisiva del Vatica-
no II. La temática conciliar y algunas de sus líneas teológicas influye-
ron decisivamente en su gestación. Fue, sobre todo, la Constitución
Gaudium et Spes, con su teología de los signos de los tiempos, la que
llevó a la Iglesia a un acercamiento a la realidad del continente. En
ese documento se habla de una Iglesia en el mundo, preocupada de
sus problemas reales, de sus gozos y esperanzas, sus tristezas y angus-
tias y consciente de tener que encarnar el mensaje evangélico en las
diversas culturas. Esta doble conversión, al ponerse en práctica, llevó
a descubrir en los países latinoamericanos y caribeños una situación
muy distinta de la de los países más ricos y desarrollados. En éstos el
mensaje de salvación debía orientarse, hablando en general, a quienes
...................................................
* Mexicano, Religioso de la Orden de los Carmelitas Descalzos. Teólogo y biblista.
Gran animador de la Vida Consagrada en América Latina. Autor de varios libros
de espiritualidad. Fue Superior General de la Orden y Presidente de la Unión
Internacional de Superiores Generales (USG) con sede en Roma.
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Espiritualidad de la liberación

estaban alejados de la fe o de la praxis cristiana o vivían amenazados


por un materialismo creciente. El problema allí era el de hacer com-
prender la validez del mensaje evangélico en un mundo científico-
técnico y secularizado. En América Latina, en cambio, apareció que
el destinatario principal de la evangelización era un pueblo con fe
pero que, en su gran mayoría, vivía en condiciones infrahumanas y
se preguntaba acerca de lo que el cristianismo podía hacer por él. De
aquí se pasó a poner el acento en la liberación y en una labor apostó-
lica y pastoral orientada a la promoción humana integral, que no se
reduce a las dimensiones económica, política, social y cultural, pero
que las tiene muy en cuenta. Influyeron, además, en la pastoral y en la
teología latinoamericanas algunas perspectivas teológicas del mismo
Concilio: la de la unidad del plan de la creación y de la salvación y la
escatología como dimensión también de nuestra historia en la que
se juega la salvación. No cabe duda de que la teología del Vaticano II
tuvo una influencia determinante en la génesis de la TL, sin olvidar la
que tuvieron tres encíclicas papales de tema social: Mater et Magistra
(1961), Pacem in terris (1963) y Populorum progressio (1967).

Por otro lado, el mayor contacto con la realidad en la década de los


sesenta puso en tela de juicio la pastoral tradicional, preocupada casi
exclusivamente de la instrucción religiosa y de los sacramentos. Una
pastoral centrada más en ritos y devociones y orientada al servicio de
las élites de la sociedad, interesadas en conservar las estructuras socia-
les que las favorecían. Es entonces cuando se empiezan a manifestar
el desafío de la religiosidad popular de las masas y la exigencia de una
evangelización que anuncie una salvación integral, que implica la li-
beración de las opresiones espirituales y materiales. De las primeras,
para poder vivir como personas nuevas en Cristo; de las segundas,
para poder crear sociedades que respondan al proyecto de Dios. El
mensaje religioso de la Buena Nueva anunciada por Cristo tiene tam-
bién consecuencias sociales.

El ejercicio de una pastoral renovada llevó gradualmente a una nue-


va reflexión sobre la fe. Ésta, a su vez, influyó en el cambio de la pas-

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toral. De una pastoral de cristiandad y de nueva cristiandad se pasó,


poco a poco, a una de madurez cristiana y profética. La preocupación
por renovar la pastoral dio lugar a reuniones de carácter continental,
organizadas por diversos Departamentos del CELAM. Pastoralistas
y teólogos comenzaron a tener reuniones para intercambiar puntos
de vista, discutir y discernir la respuesta que la Iglesia estaba llamada
a dar ante la nueva situación.

En una conferencia pronunciada en Chimbote (Perú), en julio de


1968, G. Gutiérrez habla de la necesidad de pasar de una teología
del desarrollo a una teología de la liberación, no sólo como cambio
de palabra sino de contenido. Se trata de un modo nuevo de hacer
teología. Entre los años 1968 y 1978 se asiste a un crecimiento y de-
sarrollo de la TL. En este período se logra sistematizar el pensamiento
de esta corriente teológica latinoamericana: se publican libros y artí-
culos; se realizan diversos encuentros sobre la TL, tanto en América
Latina como en Europa; surge la reacción y se enciende la polémica
que ayuda a corregir, explicar y profundizar la temática en cuestión.
Acontecimientos económicos, políticos y eclesiales tienen una fuerte
incidencia en el desarrollo de la TL y de la praxis de liberación. La Se-
gunda Asamblea General del Episcopado Latinoamericano, celebra-
da en Medellín (Colombia) en 1968, asumió la realidad de América
Latina desde una visión teológico-pastoral e hizo una opción decidi-
da por la liberación integral que implica la liberación del pecado y de
sus consecuencias sociales y políticas. Surgen también en este tiempo
las Comunidades Eclesiales de Base que se van convirtiendo en focos
de evangelización y en motores de liberación y desarrollo. En el seno
de estas comunidades cristianas y en el de otros grupos comprometi-
dos se difunden ampliamente las reflexiones teológicas sobre la libe-
ración, que salen enriquecidas con las experiencias del compromiso
existencial en los caminos concretos de promoción liberadora.

Los religiosos/as comienzan a insertarse más ampliamente en me-


dio del pueblo y a participar solidariamente en sus anhelos y esfuerzos

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Espiritualidad de la liberación

de liberación a través de una vida religiosa más latinoamericana y cari-


beña y más integrada a la pastoral.

En 1971, aparecen los primeros intentos de sistematización de la


TL, especialmente en el libro de G. Gutiérrez; Teología de la Libera-
ción. En la década de los setenta aparecen también los cuestionamien-
tos, las críticas y los ataques a la TL. Éstas surgen por la imperfección
de un nuevo camino teológico y de una reflexión a partir de la praxis
y en conexión con ella. También por estar ligada, en cierto modo, a
opciones filosóficas y socio-políticas, en especial al análisis marxista
de la sociedad con su teoría de la dependencia.

La III Asamblea General del Episcopado Latinoamericano, celebra-


da en Puebla (México), en 1979, puso de relieve las tensiones entre la
teología y pastoral tradicionales y las que representaban la TL y la
pastoral que la sostenía. Puebla reafirmó la opción preferencial por los
pobres con sus consecuencias sociales. En los años ochenta se tienen
dos intervenciones de parte de la Congregación para la Doctrina de la
Fe. Una sobre algunas corrientes de corte marxista de la TL (marzo
1984), y otro sobre algunos aspectos de la TL (agosto 1984). En este
último se afirma que la llamada de atención contra las graves desvia-
ciones de ciertas teologías de la liberación, no debe ser interpretada
como una aprobación, aun indirecta, a quienes contribuyen al man-
tenimiento de la miseria y opresión de los pueblos.

A fines de la década de los ochenta, la caída del socialismo real, cues-


tionó algunas perspectivas de la TL pero, por otra parte, la abrió a
“nuevos horizontes, a partir de los nuevos rostros, sujetos emergentes,
nuevos niveles de conciencia y nuevos desafíos que la propia realidad
plantea: la naturaleza, la tierra, las mujeres, los afro-latinoamericanos,
los indígenas, el campesinado, los excluidos -cada vez más numero-
sos- por el neo-liberalismo, etc. Ello comporta cambios profundos en
el paradigma que empezó a desarrollarse hace cuatro décadas”1.

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1.2. TL y espiritualidad – La TL con sus luces y sombras es una


teología muy unida a la experiencia espiritual, la experiencia del Es-
píritu y de su presencia y exigencias en los signos de los tiempos y de
los lugares. Es una teología que conduce a un amor concreto y eficaz
con dimensión social. En la TL aparecen unidas pastoral, reflexión
teológica y espiritualidad alimentándose mutuamente.

Desde los primeros pasos de la TL existió la preocupación por la


espiritualidad, ya que su punto de arranque fue la cuestión de cómo
seguir a Jesús en las circunstancias concretas que enfrentaba la fe en
América Latina. Más todavía, a la base de la TL está la vida espiritual
de los cristianos comprometidos en el proceso de liberación. Esa fue
una opción desde la fe y el amor cristianos a partir de una experien-
cia de Dios en la historia, que lleva a una conversión impregnada de
gratuidad y alimentada por la oración. Esto conduce a una actitud de
pobreza que se apoya en la bondad y fidelidad de Dios2.

En la raíz de toda espiritualidad cristiana está una experiencia par-


ticular de Dios. En América Latina, la experiencia de Dios se vivió en
los años del posconcilio sobre todo en su dimensión histórica y antro-
pológica. En la primera, Dios aparece como el Señor de la historia, el
que está cercano y actúa abriendo perspectivas y horizontes de futuro.
Un Dios que guía la historia desde dentro. Una historia ambigua y
oscura donde están presentes el pecado, la injusticia, el egoísmo, la
opresión, la muerte. Por eso se experimentan el silencio y la ausencia
de Dios. La noche oscura de la injusticia y del sufrimiento condicio-
nan fuertemente la experiencia de Dios en la espiritualidad latinoa-
mericana. Allí se percibe su presencia por ausencia. Una ausencia que
cuestiona e interpela. En las situaciones de muerte se experimentó al
Dios como el Dios de la vida que exige un compromiso de amor al
prójimo hasta dar la vida por él. También apareció Dios en el triunfo
aparente del mal como alguien incomprensible y totalmente diver-
so pero, al mismo tiempo, gracias a los signos de esperanza, como el
Dios de la esperanza (Rom 15,13), que sostiene, ayuda, acompaña y
es fiel a sus promesas.

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Espiritualidad de la liberación

En la experiencia antropológica se descubrió a Cristo presente de


manera especial en los pobres. En ellos hay una experiencia privile-
giada del Señor. En sus rostros sufrientes se contemplan los rasgos
sufrientes de Cristo el Señor, que nos invita a un compromiso de ca-
ridad concreta y eficaz. El texto de Mateo 25,31-45 fue en la TL en
América Latina el punto de partida y el fundamento para iluminar
esta experiencia de un Dios que se ha querido identificar con los po-
bres y marginados. También se fue descubriendo gradualmente el ros-
tro materno de Dios en la mujer, marginada entre los marginados.

En los años sesenta el acento se puso en la pastoral; en los años se-


tenta se enfatizó lo teológico; a partir de los ochenta, el enfoque prin-
cipal es el de una espiritualidad a partir de la experiencia vital de una
evangelización liberadora.

2. El aporte de los religiosos

El aporte de los religiosos a la TL se realizó también en el campo


de la espiritualidad, sobre todo a partir de mitad de los años seten-
ta. Eso no nos debe extrañar, puesto que hasta los años sesenta era
impensable hablar de una espiritualidad latinoamericana. En los li-
bros de historia de espiritualidad se estudiaban las características de
las espiritualidades oriental y occidental y también las particulares
de las diversas naciones europeas: Italia, Francia, España, Alemania,
etc. Por este motivo, en sus reflexiones sobre la espiritualidad, en sus
conferencias, en sus escritos y diversas publicaciones, los religiosos
transmitían simplemente lo que era fruto de la experiencia y sistema-
tización de la espiritualidad en Europa.

Fueron los cambios que se efectuaron en la Iglesia y en el mundo


los que hicieron que los religiosos tomaran conciencia en América
Latina de la necesidad y de la legitimidad de un nuevo tipo de espiri-
tualidad cristiana encarnada en las propias circunstancias. El paso de
una Iglesia en la que la mayoría de los creyentes vivía en Europa, a una
en la que la mayor parte vivía ya en otros continentes y un 40% en el

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latinoamericano, fue imponiendo la necesidad de la superación de un


monocentrismo religioso, cultural y teológico para abrir paso a un
policentrismo. Esto trajo como consecuencia la conciencia de la nece-
sidad de encarnar el evangelio en las diversas culturas y de vivirlo con
un estilo peculiar, es decir, con una espiritualidad característica, más
inculturada. Se fue pasando de ser consumidores a ser productores
de espiritualidad. No fue un camino fácil por la formación recibida y
por las resistencias a abrirse a los nuevos desafíos eclesiales y sociales.
Un cierto espiritualismo acompañaba la vivencia y la transmisión de
la espiritualidad hasta los años setenta.

Las Asambleas del Episcopado latinoamericano celebradas en Me-


dellín, Puebla y Santo Domingo influyeron en la Vida Consagrada. La
reflexión sobre ella, que la Confederación Latinoamericana de Reli-
giosos (CLAR) organizó a partir del Concilio, impulsó también la
renovación de los religiosos. Podemos distinguir tres tipos de aportes
que dieron y siguen dando los religiosos a la espiritualidad de la libe-
ración: aportes de personas, aportes de instituciones, encuentros, publi-
caciones y aportes pastorales.

En una primera parte hago un pequeño repaso de los principales


aportes de los religiosos en general a la espiritualidad de la liberación.
En una segunda, me detengo con más amplitud en el de los carme-
litas, quienes por su carisma se centran en la animación, difusión y
profundización de la espiritualidad.

2.1. Aportes de la Vida Religiosa – Los religiosos y religiosas apor-


taron a la TL en el campo de la espiritualidad experiencias y reflexio-
nes. En el campo de la experiencia están las comunidades insertas en
medios populares y las iniciativas pastorales con las comunidades
eclesiales de base. En el ámbito de la reflexión hay que mencionar
libros y artículos.

2.1.1. Las comunidades religiosas insertas – En los años setenta


aparecen las comunidades de inserción. Tienen como primer fin la

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Espiritualidad de la liberación

misión más que la renovación de la Vida Religiosa. Se da el paso a la


inserción popular. Se van renovando las estructuras tradicionales. Se
mantienen las mínimas: oración, contacto con la congregación, pro-
yecto pastoral homogéneo. Todo siempre en función de la misión.
Estas comunidades, a partir de un proceso que pasa por tres etapas:
la polarización y el antagonismo con las obras tradicionales con una
mutua descalificación; la de coexistencia y la del diálogo, fueron ga-
nando credibilidad y se convirtieron en un acelerador de la vida reli-
giosa. En ellas surgió una nueva espiritualidad alimentada con la ex-
periencia y la reflexión a partir de la inserción y del compromiso con
una nueva evangelización liberadora.

La experiencia de Dios, base y fundamento de la Vida Religiosa, se


comenzó a tener en conexión con la vida y con la historia. Se apren-
dió a descubrir el rostro sufriente de Cristo que nos cuestiona e inter-
pela en el rostro de los hermanos que sufren. A Dios se le encuentra
en los signos de vida y de esperanza y también en los de muerte. En los
primeros por presencia, en los segundos por ausencia. Se comprendió
que toda auténtica experiencia de Dios cuestiona y compromete con
el hermano y con la transformación de la sociedad en la línea del pro-
yecto de Dios.

Esta espiritualidad que se fue desarrollando vive los elementos de


la espiritualidad cristiana con matices particulares. El punto de par-
tida fue siempre la experiencia de un Dios que, a través de los pobres,
evangeliza al evangelizador y lo conduce a una espiritualidad de en-
carnación y éxodo; camino de cruz y resurrección; a una espirituali-
dad profética de anuncio y denuncia, de compromiso y de fidelidad
en los conflictos; a una espiritualidad comunitaria expresada en la
solidaridad, la comunión y el discernimiento.

2.1.2. Comunidades eclesiales de base – Muchos religiosos y


religiosas estuvieron desde el principio animando las comunidades
eclesiales de base. En ellas, como afirmó Puebla, “crece la experiencia
de nuevas relaciones interpersonales en la fe, la profundización de la

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Palabra de Dios, la participación en la Eucaristía… Es comunidad de


fe, esperanza y caridad; celebra la Palabra de Dios en la vida, a tra-
vés de la solidaridad y compromiso con el mandamiento nuevo del
Señor” (DP 640-641). Aparecida presentó también las líneas princi-
pales de la espiritualidad de las comunidades eclesiales de base: “en
el seguimiento misionero de Jesús, tienen la Palabra de Dios como
fuente de su espiritualidad” (DA 179).

El Décimo Octavo Encuentro Nacional de las CEB en México, rea-


lizado en la diócesis de Coatzacoalcos -Veracruz en 2008, reflexionó
también sobre la espiritualidad que se vive en ellas. La calificó como
una espiritualidad de discípulos y discípulas de Jesús, una espiritua-
lidad misionera por el reino animada por un Espíritu profético que
anuncia el reinado de Dios, denuncia lo que se opone a él y convoca
a darle continuidad, en la historia actual a la Misión del Hijo, enco-
mendada por el Padre. La Espiritualidad de las CEB es por eso esen-
cialmente misionera, es acción.

Enviados al servicio del reinado de Dios en la realidad actual, lleva a


la práctica la petición que Jesús nos enseñó: “Venga tu reino”. El reina-
do de Dios ha llegado en la persona de Jesús, en su práctica misionera,
en sus obras y palabras. El reino de Dios es la acción transformadora
de Dios en el mundo. Es un mundo transformado por Dios. No es un
mundo simplemente mejorado, es un mundo liberado del anti-reino,
del pecado del mundo. Este pecado es un mundo estructurado por
la injusticia, que produce pobreza. Es el mundo que ha crucificado
a Jesús y que sigue crucificando a los pobres, que les sigue negando
su identidad, su participación y su acción en la construcción de una
sociedad justa, en donde sea posible la vida digna de los excluidos.

Es una espiritualidad de resurrección, que se hace realidad por la


acción solidaria y de servicio a los crucificados y se convierte en pre-
sencia de Jesús, en presencia actual de su misión para liberar a los po-
bres para que tengan vida en abundancia. Es una opción, por eso pasa
por la cruz de Jesús, por la cruz de los pobres. Las comunidades se ven

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Espiritualidad de la liberación

envueltas en el conflicto de esta sociedad que busca otros dioses, del


lucro, del poder y de la dominación y no el Dios que es Servicio, en-
trega de la propia vida, para la liberación de los hijos e hijas de Dios,
que son crucificados por esos dioses.

Esta espiritualidad se manifiesta sobre todo, en la atención y apoyo


a los migrantes, a los pobres, a los “desechables” y a sus derechos hu-
manos. Es una espiritualidad que se alimenta de la Palabra de Dios,
acontecida en la vida, expresada y asumida como luz en la Escritura.
Es pues, una espiritualidad, del Dios de la vida que une fe y existencia
humana. Es una espiritualidad que intenta vivirse en forma de conver-
sión permanente y que celebra la eucaristía y proclama la Palabra de
Dios. Se expresa en la vida, la solidaridad, la libertad, la resurrección.
Todo eso se vive en comunidad, formando comunidad de comunida-
des, en comunión con los Pastores de la Iglesia3.

2.1.3. Reflexiones y sistematización – Al tratar de las reflexiones


y sistematización de la espiritualidad de la liberación nos limitamos
a los religiosos, pero no olvidamos los grandes aportes de teólogos
y pastoralistas no religiosos como, por ejemplo: Gustavo Gutiérrez,
Segundo Galilea, J. Comblin, Helder Camara, Federico Carrasquilla
y otros muchos que escribieron libros y artículos; dieron conferencias
y cursos sobre el tema.

Una lista de algunos libros y artículos escritos por religiosos nos


pueden dar una idea de su aporte a la espiritualidad de la liberación.
Es una lista que no pretende ser exhaustiva.

• AA.VV., Espiritualidad y Liberación, DEI, San José de Costa


Rica, 1982.

“Hacia una espiritualidad de la liberación”, en Christus, México, n.


488, 1976, p. 23-51.

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• Betto, Frei, “Oracâo na acâo”, en Suplemento CEI, Rio de Janeiro,


n. 18, 1977.

“Masificación social y oración”, en Concilium, n. 166, 1981, p. 428-


434.

• Boff, L., La experiencia de Dios, Indo-American Press Service,


Bogotá, 1977.

Vida según el Espíritu, Indo-American Press Service, Bogotá,


1982.

“Contemplativus in liberatione. De la Espiritualidad de la liberación


a la práctica de la liberación”, en Christus, México, n. 529-530, 1979-
1980, p. 64-68.

• Cabestrero, T., “Espiritualidad revolucionaria”, en Misión Abier-


ta, 1981, n. 2, p. 285-293.

Orar la vida en tiempos sombríos, Sal Terrae, Santander, 1985.

• CLAR, La vida según el Espíritu en las comunidades religiosas de


América Latina, Indo-American Press Service, 1973.

• Casaldáliga, P. – Vigil, J.M., Espiritualidad de la liberación, Sal


Terrae, Santander, 1992.

• Castillo, A., “La espiritualidad latinoamericana emergente”, en


Christus, México, n. 500, 1977, p. 19-53.

“La vida según el Espíritu”, en Diakonía, n. 8, 1984, p. 110-112.

• Ellacuría, I., “La contemplación en la acción de la justicia”, en


Diakonía, n. 2, 1977, p. 7-14.

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Espiritualidad de la liberación

• Espeja, J., Espiritualidad y liberación, Ed. San Esteban, Salaman-


ca, 1986.

• González Buelta, B., El Dios oprimido. Hacia una espiritualidad


de la inserción, Sal Terrae, Santander, 1989.

• Hernández Pico, J., “La oración en los procesos latinoamericanos de


liberación”, en Christus, México, n. 529-530, 1979-1980, p. 85-92.

• Libânio, J.B. – Boff, L., Liberar para la comunión y participación,


CLAR, Bogotá, 1982.

• Sobrino, J., La oración de Jesús y del cristiano, CRT, México,


1978.

“Espiritualidad de Jesús y de la liberación”, en Christus, México, n.


529-530, 1979-1980, p. 59-63.

“Experiencia de Dios en la `Iglesia de los pobres´”, en Resurrección de


la verdadera Iglesia, Sal Terrae, Santander, 1981, p. 143-176.

“La vida espiritual en las comunidades religiosas”, en Diakonía, n.


16, 1981, p. 9-22.

Liberación con Espíritu. Apuntes para una nueva espiritualidad, Sal


Terrae, Santander, 1985.

• Zenteno, A., “Espiritualidad que nace de la experiencia popular”,


en Christus, México, n. 516, 1978, p. 36-41.

“Compromiso por la liberación. Espiritualidad de las comunidades”,


en Christus, México, n. 548, 1981, p. 41-47.

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Camilo Maccise, OCD

• Zevallos, N., Espiritualidad del desierto. Espiritualidad de la in-


serción, Indo-American Press Service, Bogotá, 1981.

Contemplación y Política, CEP, Lima, 2ª ed., 1979.

2.2. Aportes de la Orden del Carmen

2.2.1. Aportes de religiosos – El influjo del Documento de Me-


dellín se dejó sentir en muchos religiosos. Ellos comenzaron a tener
nuevos horizontes en la comprensión y en la vivencia de la espiritua-
lidad. En la predicación, en conferencias, retiros y en artículos ma-
nifestaron un nuevo lenguaje más encarnado en la realidad, aunque
todavía ligado a una formación clásica que, poco a poco, fue dejando
mayores espacios a los nuevos enfoques teológico-espirituales. En este
campo de aportes a la espiritualidad de la liberación se distinguieron,
por su carisma, los carmelitas.

En 1975, el P. Camilo Maccise, miembro de la Provincia de los Car-


melitas de México, entró a formar parte del Equipo de Teólogos de
la CLAR en su calidad de biblista y de especialista en espiritualidad.
El estudio de los diversos temas de Vida Religiosa junto con el Equi-
po de Teólogos y el contacto con las comunidades religiosas insertas
entre los pobres lo llevó a percibir la necesidad de sistematizar la ex-
periencia espiritual de las mismas y de las Comunidades Eclesiales
de Base. Su colaboración en los folletos de la CLAR y en el Boletín
CLAR se fue caracterizando cada vez más como un aporte en la lí-
nea de la espiritualidad. Más adelante, a petición de la Directiva de la
CLAR, asumió la responsabilidad de organizar para los religiosos y
religiosas en todo el Continente latinoamericano seminarios sobre la
espiritualidad de la liberación o, como se prefirió llamarla, espiritua-
lidad de la evangelización o de la inserción. Entre 1984-1988, dirigió
seminarios CLAR en la mayor parte de los países de Latinoamérica
y del Caribe. Fruto de esos seminarios fueron artículos y folletos que
presentaban en forma sistemática la nueva espiritualidad latinoameri-
cana. Un grupo de religiosos carmelitas teresianos acompañó activa-

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Espiritualidad de la liberación

mente la realización de esos seminarios que quedaron interrumpidos


a partir del momento en el que la Congregación de Religiosos inter-
vino la CLAR (1989).

Entre las publicaciones del P. Camilo Maccise se pueden señalar:


Nueva espiritualidad de la vida religiosa en América Latina (1977);
Ser signos de liberación. Cuestionamientos a la vida religiosa desde las
enseñanzas de San Pablo (1978); Espiritualidad bíblica en Puebla
(1983); Palabra y comunidad en San Pablo y en las comunidades ecle-
siales de base en América Latina (1988); Espiritualidad de la nueva
evangelización. Desafíos y perspectivas (1991); Rezar con la Biblia en
el contexto de la vida (1991); Perspectivas latinoamericanas de San
Juan de la Cruz (1991); Espiritualidad en el libro de los Hechos de los
Apóstoles (1991). A estas publicaciones hay que añadir un número
grande de artículos publicados en diversas revistas y los apuntes de
clase para los alumnos sobre espiritualidad bíblica, espiritualidad de
la Vida Consagrada y espiritualidad latinoamericana.

Un aporte muy importante, si bien en forma indirecta, a la espi-


ritualidad de la liberación ha sido el del P. Rafael Checa, carmelita
teresiano de la Provincia de México. A él se debe la insistencia en una
pastoral de la espiritualidad. En un libro suyo con este título, publica-
do en 1991, el P. Checa puso de relieve las relaciones que deben exis-
tir entre la teología espiritual y la pastoral de la espiritualidad e indicó
los diferentes sectores de la pastoral de la espiritualidad, los agentes
e instituciones. De este modo abrió el camino para una espirituali-
dad que llega a todos los sectores de la vida de la Iglesia y a todas las
personas y ámbitos, desde la religiosidad popular hasta la espirituali-
dad más sistematizada y científicamente expuesta. Al P. Checa, junto
con el P. José Miguel Miranda, carmelita teresiano de la Provincia de
Colombia, se debe igualmente la iniciativa de los Congresos Lati-
noamericanos OCD de Espiritualidad y numerosas publicaciones de
espiritualidad. Los Encuentros Intercongregacionales Carmelitanos
de AL, centrados siempre en la reflexión y búsqueda de una espiritua-

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Camilo Maccise, OCD

lidad en el continente fueron organizados desde el principio por el


mismo P. Rafael Checa.

En Brasil, un gran promotor de la espiritualidad de la liberación en


el Carmelo Teresiano ha sido el P. Patricio Sciadini, miembro de la
Provincia del Sudeste de Brasil. Autor de muchísimas publicaciones
de divulgación y de alta divulgación; ha sabido unir los valores de la
tradición espiritual de la Iglesia y del Carmelo y los ha encarnado en
la realidad de América Latina. Además de sus libros, de gran éxito
editorial, confirmado por múltiples ediciones, el P. Sciadini ha sabido
difundir la espiritualidad de la liberación por los medios de comu-
nicación social como la radio y la TV y a través de la predicación de
ejercicios espirituales y por medio de cursos académicos.

En Ecuador y Bolivia, el P. Eugenio Sáinz de Baranda, ha contri-


buido al conocimiento de la espiritualidad de la liberación en co-
nexión con la espiritualidad del Carmelo Teresiano con cursos, con-
ferencias y artículos. En ellos ha analizado el influjo de los santos
del Carmelo en la TL y en la espiritualidad de la liberación. Otro
tanto ha hecho el P. Rómulo Cuartas, de la Provincia de Colombia,
director además durante varios años de la revista Vida espiritual, a
la que supo imprimir una línea latinoamericana y liberadora. En los
medios de comunicación, especialmente en la radio, la televisión y
la prensa colombianas ha destacado en la difusión de una espiritua-
lidad comprometida el P. Gonzalo Gallo. También en el campo de la
prensa y del magisterio hay que nombrar a los PP. José Miguel Mi-
randa y Hernando Uribe, de la misma Provincia colombiana. En la
línea bíblica de la espiritualidad de la liberación hay que mencionar
en Centroamérica al P. Silvio Báez.

En el ámbito de las relaciones entre psicología y espiritualidad de


la liberación merece una especial mención el P. Luis Jorge González,
de la Provincia de México, autor de muchos libros, conferenciante y
profesor. Entre sus más de cincuenta libros, se ha ocupado más direc-

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Espiritualidad de la liberación

tamente del tema de la espiritualidad de la liberación en uno de ellos:


Liberación para el amor.

El P. Augusto Guerra, de la Provincia de Castilla, quien durante 25


años residió en República Dominicana donde fundó y dirigió un Ins-
tituto de Espiritualidad y la revista caribeña de espiritualidad Espíritu
y vida, ha dado un impulso decisivo a la investigación, profundiza-
ción y divulgación de la espiritualidad latinoamericana. Ha sabido
profundizar en los grandes autores de la Orden descubriendo en ellos
cuatro ejes que constituyen un aporte de la espiritualidad carmelitana
a la espiritualidad de la liberación. En Santa Teresa, además de lo que
dice sobre la Humanidad de Cristo y la oración, ha subrayado el de las
obras como verificación de la verdad y lugar de la experiencia de Dios
y que los negocios y la caridad son también lugares donde se puede vi-
vir la unión con Dios. De la doctrina sanjuanista toma la perspectiva
pneumatológica. Esta aporta la convicción del primado de la acción
del Espíritu y la dimensión personal del creyente guiado por él. La
doctrina de las manos vacías en Teresa de Lisieux hace comprender
que en un mundo en el que sólo o principalmente cuenta lo grande,
hay que recordar el valor de los pequeños y de los pobres y vivir la
gratuidad de Dios en sociedades en que predomina lo económico. El
acercamiento a Edith Stein, a su vida y a su mensaje ayuda a compren-
der tres experiencias de la espiritualidad latinoamericana: la presencia
de la persecución y el martirio; la cuestión de cómo hablar de Dios
en situaciones como la de Auschwitz y la condición marginada de la
mujer en AL.

Otro carmelita de la Península ibérica, el P. Maximiliano Herráiz,


de la Provincia de Aragón y Valencia, además de ayudar en la profun-
dización de la espiritualidad latinoamericana en general, reflexionó
de manera muy significativa sobre la oración como experiencia libera-
dora, confrontando la espiritualidad de la liberación y la experiencia
mística teresiana. Después de examinar la experiencia oracional te-
resiana y la de la espiritualidad latinoamericana llegó a la conclusión
de que “el místico está más cerca que ningún teólogo de escuela de la

437
Camilo Maccise, OCD

espiritualidad de la liberación. Y ésta se aproxima más a la experiencia


y talento del místico que a ninguna teología de corte antiguo o de
reciente data”.

Junto a estos carmelitas en forma menos sistemática o por escrito,


un buen número de miembros del Carmelo Teresiano en América
Latina, especialmente en la última década, han dado un aporte sig-
nificativo a la experiencia espiritual de la liberación en las diversas
circunscripciones que la Orden tiene en los países de América Latina
y del Caribe.

Mención especial merece en el campo bíblico el carmelita de la


Antigua Observancia, Carlos Mesters pionero en la reflexión bíblica
con el pueblo, fundador del Centro Ecuménico de Estudios Bíblicos
(CEBI), en Brasil y autor de incontables escritos sobre la Biblia para,
desde una exégesis bien fundamentada, hacer comprender al pueblo
sencillo la riqueza de conectar la palabra de Dios en la Escritura con la
palabra de Dios en la vida. Él fue uno de los autores del proyecto “Tu
Palabra es Vida” para una lectura orante de la Biblia, aprobado por el
episcopado del Brasil.

2.2.2. Aportes de instituciones y estructuras – La Orden car-


melitana en América Latina creó en la época posconciliar diferentes
instituciones y estructuras que promueven la espiritualidad latinoa-
mericana.

Cabe destacar, en diversos países, la creación de semanas de espiri-


tualidad y cursos de verano que se orientaron siempre en una línea de
espiritualidad renovada y en los que nunca faltaron temas de espiri-
tualidad de la liberación. De modo especial los cursos de verano de
espiritualidad organizados en la Provincia de México ayudaron du-
rante más de veinte años a tomar conciencia de la legitimidad de una
espiritualidad latinoamericana vivida en línea de continuidad con la
gran tradición espiritual de la Iglesia y del Carmelo.

438
Espiritualidad de la liberación

El Carmelo Teresiano en Ecuador organizó desde finales de los años


ochenta semanas de espiritualidad en Quito. En ellas fue desarrollan-
do diversos temas relacionados con la espiritualidad de la liberación:
Las fuentes de la espiritualidad de la liberación (1986); Nuevo camino
de la espiritualidad. Un pueblo que sabe vivir y morir (1987); La ex-
periencia de Dios. Los hombres descubren la cercanía del Señor (1988);
La oración, encuentro de amor con el Dios de la vida (1989); Espiri-
tualidad eclesial, el Espíritu nos empuja a vivir una iglesia más comu-
nitaria (1990); San Juan de la Cruz, el hombre de Dios que recrea la
espiritualidad latinoamericana (1991); Nueva evangelización, nueva
espiritualidad (1992). Las conferencias de esas semanas fueron siem-
pre editadas en Ecuador.

Más importantes que las Semanas y los cursos de espiritualidad han


sido los Institutos de espiritualidad fundados por la Orden en algunos
países de América Latina. Cronológicamente, el primero fue funda-
do en la Ciudad de México, en 1976, por el P. Rafael Checa. Llamado
Centro de Estudios de los Valores Humanos, A.C. (CEVHAC). En sus
treinta y dos años de existencia ha contribuido a la sistematización
de la espiritualidad en el continente latinoamericano. Además de los
cursos académicos y de los cursos de posgrado, el CEVHAC ha con-
tado con un Departamento de Investigación y con una serie de publi-
caciones sobre temas de espiritualidad.

Otro Instituto académico es el fundado por los Carmelitas en Re-


pública Dominicana, en 1993. Se caracteriza por una línea claramente
latinoamericana y por el empeño en investigar la producción espiri-
tual de América Latina y del Caribe.

El Vicariato del Perú tiene también un Instituto de Espiritualidad


establecido en Lima, lugar donde nació la TL y busca transmitir una
espiritualidad de la liberación enraizada, al mismo tiempo, en la tra-
dición espiritual de la Iglesia.

439
Camilo Maccise, OCD

Junto a estos tres Institutos podemos mencionar otros menos aca-


démicos y estructurados, como el de la Provincia de Colombia, en Bo-
gotá, y el del Vicariato de Chile, en Santiago.

A lo largo y ancho del continente latinoamericano, el Carmelo Te-


resiano tiene otras estructuras para la difusión de la espiritualidad:
casas de oración, casas de ejercicios, escuelas de oración. En todas
ellas se busca, en mayor o menor medida, testimoniar y transmitir
una espiritualidad encarnada e inculturada.

2.2.3. Aportes de Encuentros de espiritualidad a nivel latino-


americano – Algunos años después del Concilio Vaticano II, el Car-
melo Teresiano en América Latina, con una conciencia más clara de
su identidad, inició a nivel continental Encuentros de espiritualidad
en búsqueda de un servicio eclesial carismático al Pueblo de Dios.
Como indicamos, iniciadores de estos Congresos, en 1971, fueron
los PP. José Miguel Miranda (Colombia) y Rafael Checa (México).
Concomitante fue la fundación de la Conferencia Interprovincial de
los Carmelitas de América Latina (CICLA). A partir de entonces se
han celebrado ocho Congresos. Una mirada a ellos nos permite des-
cubrir la búsqueda de un camino latinoamericano de espiritualidad.
Al principio a tientas. Más adelante con claridad y decisión. Se ha
tratado siempre de responder a los signos de los tiempos y a las nuevas
corrientes espirituales de la Iglesia latinoamericana.

El primer encuentro se tuvo en Villa de Leyva (Colombia), del 6


al 12 de septiembre de 1971. Su tema fue: La espiritualidad hoy y
aquí. Fue el primer esfuerzo para reflexionar juntos sobre las nuevas
circunstancias sociales y eclesiales después de la Asamblea episcopal
de Medellín (1968). Lo más importante fue la toma de concien-
cia de la necesidad de volver a las fuentes bíblicas y carmelitanas y
de superar en la espiritualidad los dualismos del pasado. Todavía se
mezclan en las conferencias el lenguaje tradicional y el nuevo len-
guaje teológico-existencial. Se habló de las nuevas corrientes de es-

440
Espiritualidad de la liberación

piritualidad, del camino para una nueva espiritualidad en América


Latina, de la nueva y la vieja cultura, del presente y del futuro de la
espiritualidad latinoamericana.

Poco más de un año después, del 6 al 12 de octubre de 1972, se or-


ganizó el segundo encuentro. Tuvo lugar en Valle de Bravo (México).
Se escogió como tema: Iniciación a la vida espiritual del hombre lati-
noamericano. Tuvo tres partes: una de carácter antropológico enca-
minada a estudiar la espiritualidad del hombre latinoamericano de la
época precolonial y colonial. En la segunda parte se tuvo la reflexión
teológica. La tercera parte fue de confrontación. Fue un balbuceo.
Este encuentro concluyó reafirmando la necesidad de presentar la
espiritualidad como una actitud fundamental de vida, que compro-
mete. La liberación fue enfocada desde la perspectiva de un camino
hacia la plenitud, si somos capaces de centrarla en Cristo, auténtico
liberador. La espiritualidad, que tiene como centro la experiencia de
Dios, es una base para la promoción integral de la persona humana
que, en la espiritualidad, se abre hacia el absoluto. El misterio pascual
debe iluminar todo el camino de liberación integral para asumir el
dolor, la presencia del mal y la muerte como camino de vida.

En Quito, Ecuador, se celebró, dos años después, del 2 al 10 de sep-


tiembre de 1974, el tercer encuentro OCD de espiritualidad latinoa-
mericana. Aquí ya se abordó el tema de la Espiritualidad para un con-
tinente en desarrollo: Teología y espiritualidad de la liberación. Como
en los dos encuentros anteriores, se siguió el método ver, juzgar y ac-
tuar. Después de analizar la realidad e iluminarla con la revelación
se formularon proyectos concretos operativos: promover la auténti-
ca comunidad religiosa carmelitana insertada en la realidad de AL;
evangelizar a partir de una inserción en el mundo de los pobres; vivir
una contemplación comprometida y liberadora para poder ayudar en
los procesos de liberación.

La III Asamblea General del Episcopado Latinoamericano en Pue-


bla (México) y la publicación de su Documento volvió a relanzar la

441
Camilo Maccise, OCD

celebración de los encuentros latinoamericanos. Estos se habían sus-


pendido, entre otros motivos, por falta de un lenguaje común y por
las mentalidades contrastantes, cosa común en el período posconci-
liar. El Documento de Puebla invitó a una opción preferencial por los
pobres y trazó como ideal la comunión y participación. La necesidad
de profundizar en estas opciones de Puebla llevó a los carmelitas nue-
vamente a Villa de Leyva (Colombia), del 25 de julio al 2 de agosto de
1980, para celebrar el cuarto encuentro de espiritualidad con el tema:
Nuestro servicio evangelizador en el presente y futuro de América La-
tina a la luz de Puebla. A diferencia de otros encuentros, éste estuvo
precedido por una reflexión anterior de todos los carmelitas de Amé-
rica Latina. En ese encuentro quedó claro que los carmelitas en Amé-
rica Latina querían seguir el paso del Señor y prestar su servicio apos-
tólico preferencialmente en el campo de la espiritualidad, insertos en
la realidad creyente y empobrecida. Se trataba de una espiritualidad
encarnada y comprometida con el desarrollo y la promoción de los
pueblos latinoamericanos, en diálogo abierto y sincero con todos los
que trabajan por una sociedad más justa y más humana, es decir, más
evangélica. Algunas opciones trataron de ayudar a poner en práctica
las conclusiones del encuentro: una formación inicial y permanente
en contacto con la realidad, una opción preferencial por los pobres y
por las comunidades eclesiales de base, la espiritualidad de la evange-
lización y la dimensión misionera en el compromiso apostólico. Se
insistió en la opción preferencial por los jóvenes.

El quinto encuentro de espiritualidad tuvo como tema La espiritua-


lidad de la evangelización. Se celebró en Sâo Roque (Brasil), en agos-
to de 1984. Quiso ser una continuación y profundización del ante-
rior. Objetivos principales fueron: encarnar el patrimonio espiritual
del Carmelo Teresiano dentro de la realidad latinoamericana con sus
grandes compromisos y opciones, en especial la de los pobres; crecer
en una lectura de la Palabra de Dios desde la realidad; experimentar a
Dios presente en el hermano que clama por la libertad y la justicia.

442
Espiritualidad de la liberación

Entre la celebración del quinto encuentro y la del sexto transcurrie-


ron diez años en los que se vivieron grandes tensiones en la Iglesia
latinoamericana, con la polémica sobre la TL, con la intervención
hecha a la CLAR y los problemas suscitados por el proyecto Palabra-
Vida promovido por ella.

Por diversos motivos, no se pudo celebrar un encuentro con oca-


sión de la celebración del cuarto centenario de la muerte de San Juan
de la Cruz, que se había proyectado para 1989 ó 1991. Fue sólo en
1994, del 28 de febrero al 4 de marzo, cuando se tuvo el sexto encuen-
tro de espiritualidad, en Villa de Leyva (Colombia). Su tema fue:
Una nueva espiritualidad para una nueva evangelización, teniendo
como telón de fondo el Documento de la Asamblea episcopal de
Santo Domingo. En este encuentro se continuó el diálogo entre la
espiritualidad y los dinamismos de la Iglesia y la realidad del pue-
blo latinoamericano. Se volvió a retomar con fuerza la convicción de
una contemplación comprometida en la promoción humana y en la
transformación de la sociedad.

El séptimo encuentro de espiritualidad se celebró en Bogotá (Co-


lombia) del 1-5 de septiembre de 1997 y tuvo como tema, Teresa de
Lisieux, una propuesta de esperanza. Se celebraba el primer centenario
de su muerte y estábamos en vísperas de su declaración como Docto-
ra de la Iglesia. En todas las ponencias se tuvo siempre presente la rea-
lidad latinoamericana como perspectiva de lectura de la experiencia
y doctrina teresiano-lexoviense. Esto llevó a poner de relieve la exi-
gencia de privilegiar en el campo evangelizador a los grupos que son
expresión de la pobreza y pequeñez: indígenas, afroamericanos, mu-
jeres, marginados para proponer el ideal de santidad al pueblo senci-
llo. Apareció igualmente la importancia de lo femenino en la realidad
social y eclesial de una espiritualidad encarnada en América Latina.

Finalmente, del 16-21 de abril de 2001, se celebró el octavo encuen-


tro latinoamericano de espiritualidad OCD, en Sâo Roque (Brasil).
Su tema fue: En camino con nuestros pueblos. Este encuentro quiso ser,

443
Camilo Maccise, OCD

a principios del Tercer Milenio, una mirada al camino recorrido por


el Carmelo latinoamericano en los esfuerzos por vivir y transmitir
una espiritualidad de la liberación. Se examinó lo que la Orden había
hecho en la promoción cristiana liberadora junto con otros teólogos
de la espiritualidad latinoamericana. Se volvió a tomar conciencia de
los aportes ofrecidos en los últimos treinta años y se pusieron los ojos
en el futuro hacia el cual conduce el Espíritu. En esta línea se conclu-
yó que era necesario continuar adelante en la apertura de estructuras
que faciliten el servicio en el campo de la espiritualidad a todos los
niveles. En particular, hay que continuar adelante con la creación de
institutos de espiritualidad inculturados; crear un equipo ambulante
de espiritualidad latinoamericana que pueda ofrecer sus servicios a
las Conferencias Nacionales de Religiosos/as a través de seminarios;
seguir adelante y mejorar la publicación de libros de espiritualidad
encarnada en la realidad de América Latina. De este modo se podrá
continuar ofreciendo los aportes del carisma a la TL y a la espiritua-
lidad liberadora.

Con una cierta conexión con los encuentros de espiritualidad hay


que mencionar como instrumentos del aporte de los carmelitas a
la TL la celebración de Encuentros de los Institutos Carmelitanos de
América Latina (EICAL), iniciativa también del P. Rafael Checa.
Durante algunos años se celebraron para retomar a nivel intercongre-
gacional los temas y conclusiones de los encuentros. De esta manera,
con una colaboración más amplia, la contribución del Carmelo Tere-
siano en el campo de la espiritualidad de la liberación pudo llegar a un
número mayor de personas.

A partir de 1994 existe también una Comisión Mixta O.Carm.-


OCD de reflexión teológico-espiritual en América Latina con el propó-
sito de desarrollar, mantener y difundir un trabajo de reflexión teoló-
gica, pastoral y espiritual sobre temas y experiencias carmelitanas en
el contexto de la realidad, para crecer en comunión como familia del
Carmelo, en diversidad y pluralidad, al servicio del Pueblo de Dios

444
Espiritualidad de la liberación

en América Latina y el Caribe. Aquí se tiene también un aporte muy


actual a la reflexión espiritual de la Iglesia del Continente.

2.2.4. Revistas y publicaciones – Entre los aportes que los car-


melitas han dado a la TL y la espiritualidad que la alimenta están
también algunas publicaciones: libros y revistas. Algunos de los pri-
meros han sido señalados anteriormente. Entre las revistas hay que
mencionar especialmente tres: Temas de espiritualidad, publicada en
México entre los años 1964-1974. Vida espiritual, que se publica en
Colombia desde 1962 y Espíritu y Vida. Revista caribeña de espiritua-
lidad, publicada por el Instituto de Espiritualidad de los carmelitas
teresianos en República Dominicana, desde 1993. Un recorrido por
las páginas de esas revistas testimonia el compromiso del Carmelo
en América Latina en el campo de una espiritualidad comprometida
y liberadora.

2.2.5. Una pastoral liberadora – La contribución de los carme-


litas a la TL y a su espiritualidad no se ha reducido solamente al cam-
po de la reflexión y sistematización de esa espiritualidad emergente
en la Iglesia latinoamericana. Se ha extendido a todos los campos de
la pastoral, desde el misionero hasta el sacramental y oracional.

En el campo misionero destaca la labor de los carmelitas en las misio-


nes de Sucumbíos (Ecuador) y Tumaco (Colombia) que han optado, en
mayor o menor medida, por una evangelización liberadora a partir de
una opción preferencial por los pobres, con la convicción de que entre
evangelización y promoción humana -desarrollo, liberación- existen
vínculos muy profundos antropológicos, teológicos y evangélicos,
como afirmaba Paulo VI en su Evangelii nuntiandi. Otras misiones
más pequeñas de los carmelitas en América Latina han seguido una
línea semejante a la luz de Medellín, Puebla y Santo Domingo y han
tratado de poner un acento de espiritualidad en todas sus actividades.
En Perú, Mons. Albano Quinn, carmelita de la Antigua Observancia,
orientó la misión que le fue encomendada en la misma línea de una
pastoral animada por una espiritualidad liberadora.

445
Camilo Maccise, OCD

Fuera de los territorios misionales se trata de vivir y transmitir una


espiritualidad renovada por medio de diversas iniciativas pastorales:
grupos bíblicos, grupos de oración, escuelas de oración, educación a
la espiritualidad litúrgica, para que sean un dinamismo de compro-
miso y de esperanza en la evangelización liberadora. Por este medio
se busca conducir la religiosidad popular a un compromiso liberador
vital con las exigencias de la vida cristiana. La misma devoción al esca-
pulario se ha orientado en esa dirección para transformarlo en signo
e instrumento para un compromiso de fe, esperanza activa y amor
concreto y eficaz hacia el prójimo.

Mérito de miembros del Carmelo teresiano ha sido especialmente


el esfuerzo de sistematización y difusión de la espiritualidad de la libe-
ración y de una pastoral de la espiritualidad liberadora, necesarias para
vivir con autenticidad el compromiso con la nueva evangelización.
En diversos libros, artículos y conferencias han insistido en puntos
centrales de la espiritualidad cristiana vividos con características par-
ticulares derivadas de un contacto con la realidad y un servicio de
evangelización liberadora. Los principales puntos de la sistematiza-
ción, hecha también por carmelitas, han sido entre otros: la experiencia
de Dios, las relaciones entre acción y contemplación, el seguimiento
de Jesús en la historia, la apertura a la acción del Espíritu, la vida teo-
logal, la ascesis, la ecología, la devoción mariana.

En primer lugar, los carmelitas han puesto de relieve, teniendo en


cuenta la vivencia espiritual de creyentes comprometidos y de los
grandes místicos del Carmelo, la importancia de una experiencia de
Dios en el interior de cada uno de nosotros que nos conduce a descu-
brirlo también en los demás y en los acontecimientos positivos y ne-
gativos de la vida y de la historia. Un Dios que cuestiona la injusticia
e invita a una conversión con consecuencias sociales.

La oración y la contemplación cristianas son realidades íntimamente


unidas a la experiencia de Dios. En la espiritualidad latinoamerica-
na se busca una síntesis entre contemplación y acción, entre oración

446
Espiritualidad de la liberación

y compromiso con los hermanos, entre oración personal y oración


litúrgica. Se trata de tener una mirada contemplativa que lleve a la
oración la vida de cada día. Los tiempos dedicados a la oración van
abriendo a una visión contemplativa de la realidad que descubre en
todo a Dios. Se trata de llegar a ser contemplativos en la oración y en
el compromiso de una evangelización liberadora.

La experiencia del Dios de N.S. Jesucristo nos conduce a su segui-


miento. Esta experiencia de Jesús está siempre condicionada por el
contexto histórico. El contacto con la realidad, iluminada por la Pala-
bra de Dios, ha ayudado a redescubrir al Jesús del Evangelio, viviente,
cercano, liberador, Buena Noticia.

Este Cristo liberador proclama un mensaje religioso-pastoral pero


con implicaciones y consecuencias sociales, porque Jesús se opuso a
los totalitarismos, convocó a los pobres al Reino, anunció las bien-
aventuranzas, creó la conciencia de la igualdad y de la fraternidad
universal. Seguir a Jesús, síntesis de la espiritualidad cristiana, se re-
viste en América Latina, de estos matices de las exigencias de la rea-
lidad. Se trata de renovar en nosotros la experiencia que tuvo Jesús,
que experimentó a Dios como Padre, a los demás como hermanos y
hermanas y al mundo como lugar de encuentro con Dios y con los
demás. Aquí la experiencia y la doctrina de los místicos carmelitas
han sido iluminadoras.

El Espíritu, siempre presente en la Iglesia, la orienta hacia el segui-


miento de Jesús, camino, verdad y vida. La experiencia del Espíritu
en la espiritualidad latinoamericana está caracterizada por algunos
rasgos. Se le descubre no sólo en los signos de los tiempos sino tam-
bién en los de los lugares. En particular en los anhelos de salvación
liberadora, suscitados por el mismo Espíritu. Es Él quien impulsa a
los creyentes a descubrir el plan de Dios para la construcción de una
sociedad más justa, humana y fraterna. Se está aprendiendo también a
descubrir su presencia y acción en los frutos que produce: amor eficaz
y concreto, compromiso con los pobres, esperanza activa, alegría en

447
Camilo Maccise, OCD

medio a los sufrimientos y dificultades. La doctrina sanjuanista ha


tenido una palabra iluminadora en este aspecto de la espiritualidad
de la liberación.

La vida teologal, esencia de la espiritualidad cristiana, se está vivien-


do con matices particulares. La fe, como apertura a Dios, más que
como simple aceptación de verdades, está acostumbrando a los cris-
tianos de América Latina a saber descubrir al Señor presente e inter-
pelante en la realidad y a reconocerlo en los hermanos, especialmente
en los pobres y en los que sufren. Se trata de una fe que se debe ex-
presar en el compromiso de una caridad con dimensión social y que
revela su fuerza en los momentos de prueba y oscuridad.

La esperanza subraya su aspecto activo y comprometedor en el tra-


bajo por la justicia, la libertad, la paz y la fraternidad. Los pobres son
grandes evangelizadores que sostienen la esperanza contra toda es-
peranza y enseñan a descubrir en la historia de las personas y de los
pueblos las semillas de vida y de resurrección que están presentes y
actuando en la lucha entre el bien y el mal en el mundo. La esperan-
za en la espiritualidad latinoamericana busca conjugar dos actitudes
fundamentales: la del apoyo en la bondad y fidelidad de Dios y la de la
respuesta humana que debe colaborar activamente con Él, aceptando
sus caminos incomprensibles y misteriosos.

La espiritualidad latinoamericana está viviendo en forma nueva las


exigencias de un amor cristiano concreto y eficaz. El amor cristiano,
en las situaciones de inhumana pobreza, revela sus exigencias socia-
les. Éstas piden un compromiso a nivel personal y de estructuras con
el servicio y la promoción de los grupos humanos más desposeídos
y humillados. En esta perspectiva de la caridad, aunque se valoran
también sus expresiones asistenciales, éstas no se consideran como las
únicas o las principales. Por el contrario, se juzgan poco eficaces si no
están orientadas a formas de promoción humana y de transformación
de las estructuras injustas, raíz y causa de opresiones sociales. Junto al
pecado personal se encuentra también el pecado social. La insistencia

448
Espiritualidad de la liberación

en la vida teologal fundamental en Teresa de Jesús y Juan de la Cruz


ha sido una gran ayuda para ir a lo esencial de la espiritualidad.

En la espiritualidad latinoamericana la ascesis se considera más en


conexión con la vida que en relación a las prácticas ascéticas que no
se desprecian. La ascesis se trata de vivir como parte del seguimiento
de Jesús. Desde este enfoque, lejos de alienar a la persona o sumirla en
una pasividad resignada frente al dolor, se da el esfuerzo por transfor-
mar el sufrimiento. De este modo la ascesis propicia el crecimiento en
la fe, la esperanza y el amor.

En esta misma línea de la ascesis se comienza a vivir el respeto por


la ecología como dimensión social de la misma. Se trata de evitar una
explotación de la naturaleza para enriquecimiento y poderío, sin in-
teresarse por otros grupos humanos de hoy y de mañana, sometiendo
la creación con una orientación antropocéntrica y con proyección
social. Con esa ascesis “ecológica” se procura abrir camino a una es-
piritualidad que nace de una vida sencilla y sobria y que ponga de
relieve la superioridad del ser humano sobre la naturaleza. A nivel
social compromete en el trabajo por la justicia social en las relaciones
nacionales e internacionales.

La espiritualidad latinoamericana ha ido cada vez más descubrien-


do a María en su historia. Vista desde la realidad de América Latina y,
más en concreto, desde el mundo de los pobres, María aparece como
el rostro materno y misericordioso de Dios; como señal de presencia y
cercanía del Padre y de Cristo. Dos aspectos se descubren en la María
del Evangelio, que impactan fuertemente la espiritualidad: su apertu-
ra a Dios y su cercanía al pueblo. María es vista como peregrina de la
fe y de la esperanza, escuchando la Palabra de Dios en la Biblia y en
la vida, creyendo en esa Palabra y viviendo sus exigencias en todas las
circunstancias. Al mismo tiempo es modelo de servicio: se preocupa
de las necesidades materiales de las personas ( Jn 2,1-12; Lc 1,39-45).
Se pone de parte de los sencillos y proclama lo que Dios ha hecho
y sigue haciendo por ellos en la historia de la salvación. También la

449
Camilo Maccise, OCD

Virgen acompaña a los discípulos que se preparan a recibir al Espí-


ritu. Ella conoce la pobreza, la persecución y el exilio. Es la primera
evangelizada y modelo evangelizador mostrando siempre el rostro de
Jesús y orientando a seguir sus enseñanzas ( Jn 2,5).

En todo este proceso de una espiritualidad encarnada en la reali-


dad de América Latina hace falta todavía la perspectiva femenina y
de las culturas marginadas. Ciertamente en ellas ya se viven los ele-
mentos principales de la espiritualidad cristiana con las característi-
cas propias de la mujer y de la religiosidad popular en esas culturas.
Se requiere, con todo, una reflexión y sistematización hecha, sobre
todo, por sus protagonistas.
...................................................
1
Tamayo, J.J., “Cambio de paradigma teológico en América Latina”, en Panorama de
la Teología Latinoamericana, Estella, 2001, p. 29-30.
2
Cf. Gutiérrez, G., Beber en su propio pozo, Lima, CEP, 1983.
3
Cf. Resumen de Ignacio Javier Garibay, SJ, en Internet.

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