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Ensayo.

Formando Ciudadanos a través de la Convivencia Escolar

CLAUDIA TORRES ROLLINO

El mayor desafío que tienen hoy los Establecimientos Educacionales no solo del
país, sino en el contexto internacional, es educar no solo para la vida sino también
para la paz y justicia social (Delors, 1993). Por tanto, el individuo que se desarrolla
o se educa dentro de una escuela o liceo, debe ser Integral. ¿Pero qué se
entiende en nuestro país como educación integral? La Ley General de Educación,
define a esta como “el proceso de aprendizaje permanente que abarca las
distintas etapas de la vida de las personas y que tiene como finalidad alcanzar su
desarrollo espiritual, ético, moral, afectivo, intelectual, artístico y físico, mediante la
transmisión y el cultivo de valores, conocimientos y destrezas. De esta definición
se desprende, que el estudiante en cuestión es un ser formado en un contexto
sociocultural, donde se valora el respeto y las libertades fundamentales, que sepa
comprender que existe una diversidad cultural en la cual ella o él, tendrá que con-
vivir en forma responsable, tolerante y solidaria, es decir, vivir con otros
democráticamente.

Sin embargo, la cultura escolar entendida como el conjunto de prácticas y


simbolizaciones construidas en la escuela, se encuentra hoy afectada
predominantemente por el cruce de dos culturas; una asociada al tradicionalismo
controlador reproducido por el propio sistema educativo y otra emergente
vinculada a la cultura social que promueve un individualismo que repercute en la
forma de mirar a los otros y al mundo guiada por una lógica que instrumentaliza
las relaciones humanas, debilitando con ello, el sentido público en los sujetos
(Redón y Toledo, 2009).

¿Cómo entonces las escuelas consideradas como un microcosmos social, puede


formar estudiantes que valoren la convivencia, la democracia y la participación en
su entorno (contexto escuela) si están cada vez más inmersos en una cultura que
valora el individualismo? ¿Pueden las escuelas educar la importancia del rol de
ciudadanos solo a través del ejercicio cotidiano de una sana convivencia? En otras
palabras, ¿no está en el seno de la Convivencia Escolar la formación de un
Ciudadano democrático y respetuoso con lo social?

Hoy la escuela es un espacio de transmisión de valores, formación para la


ciudadanía y lugar público institucionalizado en el que se debiera aprender a vivir
en democracia. La tarea de los ciudadanos por construir espacios que nos
devuelvan la esperanza del protagonismo civil, para movilizar sociedades más
justas y democráticas, ubica a la escuela en el centro de los “dardos” como eje
sustantivo de formación para la ciudadanía (Redón y Toledo, 2009).

Construir la ciudadanía en la escuela es establecer un escenario de vivencia del


otro, valorando la diversidad de vivencias culturales, potenciando la asociatividad y
buscando romper con las desigualdades instaladas. Reconocer al otro (diferente)
como legítimo implica el establecimiento de una comunicación que identifique
lugares comunes de referencia, capaces de orientar las acciones en la perspectiva
de un bienestar compartido y, a la vez, prolongar el deseo de bien común.

Sin embargo, hoy los establecimientos planifican sus acciones en dos frentes, uno
el Plan de Formación Ciudadana y otro el Plan de Convivencia Escolar, ambos
considerados dentro de todo Plan de Mejoramiento Escolar (PME) con acciones
muchas veces consideradas como momentos y con recursos de todo tipo
asociados. Este tipo de estrategia podría dificultar el logro de formación de un
estudiante que valore la Convivencia y la relacione efectivamente con la
Ciudadanía efectiva.

Más bien, si la escuela se centrara en un proceso formativo continuo, centrado en


el con-vivir permitiría que los niños, niñas, jóvenes y adultos desarrollen un
conjunto de conocimientos, habilidades y actitudes que resultan fundamentales
para la vida en una sociedad democrática. Dispersar las prácticas de cómo ser
social en distintos Planes y no centrarlo solo en acciones diarias valorando la
participación, tanto en el aula como fuera de ella, sin duda también atenta con
desarrollar aprendizajes disociados y poco significativos.
La Escuela debiese promover en distintos espacios, oportunidades de aprendizaje
que permitan que niños, niñas, jóvenes y adultos se formen como personas
integrales, con autonomía y pensamiento crítico, principios éticos, interesadas en
lo público, capaces de construir una sociedad basada en el respeto, la
transparencia, la cooperación y la libertad. Asimismo, que tomen decisiones en
consciencia respecto de sus derechos y de sus responsabilidades en tanto
ciudadanos y ciudadanas. Valorando lo público, lo social.

Los establecimientos educacionales han sido convocados a construir


colectivamente la ruta que les permitirá alcanzar el desarrollo de todas y todos sus
estudiantes. Este proceso no está exento de dificultades, especialmente en la
construcción de una visión compartida. No obstante, existe la fundada convicción
de que tanto la escuela como el liceo han sido y serán un espacio privilegiado de
encuentro con los otros, donde se configura, desde la misión y la visión, el tipo de
ciudadana y ciudadano que el país necesita (MINEDUC, 2016, pág. 7).

Esta visión debe sin duda traducirse en un mandato, que todo espacio educativo
debe ser democrático, participativo, tolerante y justo, pues el progreso de uno,
contribuye al progreso de toda una sociedad.

Bibliografía

Delors, J. (1993). La Educación encierra un tesoro. UNESCO

Ley N°. 20.370, Ley General de Educación (2009). MINEDUC

MINEDUC, 2016. Orientaciones para la elaboración del Plan de Formación


Ciudadana.

Redón, S. y Toledo, L. (2009). Escuela, Democracia y Ciudadanía. Revista


Docencia n° 39.

Redón, S. Estudios Pedagógicos XXXVI, Nº 2: 213-239, 2010. La escuela como


espacio de ciudadanía.