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VIAJAR

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-, dejan de ser tan contemporáneas como lo
eduardo LOSTAL ( Fotógrafo) es la sociedad que conocemos y a cuyos va-
lores, virtudes y defectos, la mayoría de no-
El canto de las Marzas, la última noche de febrero, parece ser de origen romano, se sotros pertenecemos…
Con el tiempo creo haber encontrado la
cristianizó después evolucionando hasta quedar en el ritual actual que hoy conoce- respuesta a esta pregunta.
mos de entonar canciones tradicionales por grupos de hombres, con fines jubilosos. Mi abuelo materno ha sido probablemen-
te uno de los miembros más desconocidos de
mi familia. El hecho de que fuera mexicano y

Un cántabro que viviera en aquel país, unido a su prema-


tura muerte - cuando yo era todavía un niño
-, hizo que mi trato con él fuera mínimo y

en tierra caníbal
apenas supiera de su vida nada, más allá del
salvoconducto, firmado de puño y letra por el
mismísimo Pancho Villa, que mi madre tenía
enmarcado en casa, y que estaba a nombre
(1ª parte) de mi abuelo Manolo.
No hace mucho tiempo, mi madre me mos-
tró unas viejas películas en 16 milímetros,
en las que se veía a mi abuelo durante varios
safaris a África, que había realizado a media-
dos del siglo XX.
Rodeado de nativos semidesnudos, em-
puñando arcos y flechas, mi abuelo se intro-
ducía en las entrañas de un enorme elefan-
te abatido.

¶ DE CAMINO
POR LA JUNGLA
Las vestimentas, el atrezzo, el escenario, y
el sabor del blanco y negro, me hacía pensar
que, en cualquier momento, un grito atrona-

Desde el interior de la tienda de campaña


ría en la selva y aparecería Tarzán, descol-
gándose con lianas, tal y como tantas veces
había visto en el cine.
Más tarde encontré distintos recortes de la

escuche gritos. Ya estaba acostumbrado a que, prensa de San Luis Potosí, en México, que na-
rraba las peripecias africanas de mi antepasa-
do durante una de sus expediciones.

entre ellos, se comunicaran de forma un tanto exagerada,


Junto a esos recortes, había otros que ha-
blaban de una faceta artística y de varias ex-
posiciones de pintura que D. Manuel Piñero

así que, en un principio, no di mayor importancia a las voces


había protagonizado o producido.
Me vi reflejado en todo aquello.
Al final, el miembro más desconocido de

que provenían del exterior. Sin embargo, el griterío se hizo cada mi familia iba a convertirse, por obra y gra-
cia de los genes, en el que más me había in-
fluenciado en una de las facetas más pinto-

vez más intenso y comencé a percibir cierto grado de agresividad en rescas de mi vida.
Por supuesto, desde muy pequeño seguí con
pasión las aventuras y peripecias de los más
las entonaciones, por lo que salí de la tienda a comprobar qué pasaba. Claramente, grandes viajeros y exploradores de la historia.
Y sobre todos ellos: el reportero Tintín.
Thony estaba enfrascado en una fuerte discusión con el jefe del poblado. Fue a raíz del safari que realicé a Kenia y
Tanzania, en 1990, cuando comencé a sentir


La cosa parecía seria, pero los ya ha- “vida y color”. mi inclinación por el descubrimiento de mun-
bituales aspavientos de los Korowais Sin embargo, aquella primera expe- dos y experiencias nuevas y excitantes.
,cuando debatían con ardor, no me riencia comenzó a saberme a poco tras Los 27 días que pasé acampado en la saba-
provocaron ninguna inquietud. De pron- hablar con John. Él me descubrió un na africana, en medio de la naturaleza más
to, todo cambió. Justo antes de retirarse, mundo mucho más recóndito y primi- pura y salvaje, aquella intensa sensación de
el gesto del jefe, se me antojó mucho más tivo, donde aún podías experimentar libertad, me marcaron como viajero.
amenazante que en veces anteriores, y la la emoción de un primer contacto con Un año después, viajé por primera vez a Le pregunte a Thony
cara de Thony denotaba preocupación. tribus casi paleolíticas. Por primera la isla de Papúa, a la parte oriental, conoci-
si pasaba algo.

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Entonces, Boas se dirigió hacia el resto de vez escuché aquel nombre: Irian Jaya, da como Papúa Nueva Guinea, y que, a dife-
los porteadores y, en pocos minutos, to- que significa “tierra caliente victorio- rencia de la parte occidental, que pertenece “Tranquilo”
dos estaban armados con arcos y flechas sa”. El lugar más remoto y salvaje de a Indonesia, es independiente.
a nuestro alrededor. la Tierra. En Papúa tuve mi primer contacto con las ances- - me contestó – más remotas y, por tanto, menos acostumbradas a la
Le pregunte a Thony si pasaba algo. John estaba a punto de adentrarse en trales culturas de las tribus de la zona: los Huli, los La respuesta no me visita del hombre blanco: los Lani, los Yali, los Asmat,
“Tranquilo”- me contestó – Irian Jaya. Con la sola compañía de un Arapesh… los Korowai, los Kombai, los Una…
La respuesta no me convenció… guía y unos porteadores nativos, se dis- Mi interés por la etnografía, y por la fotografía, en- convenció… De todos estos grupos yo me centre principalmen-
“Entonces, ¿por qué cogen los portea- ponía a internarse en las tupidas selvas marcada en esa área acababa de nacer. te en dos: los Yali de las montañas - cercanos a los
“Entonces, ¿por qué

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dores sus arcos y flechas?” – Insistí -. de Papúa en busca de sus inquietantes Como ya dije antes, fue allí donde conocí a John y Dani, pero instalados en un área de mucho más difí-
“El jefe del poblado nos pide demasiado e imprevisibles moradores. donde tuve por primera vez conocimiento de la exis- cogen los porteadores cil acceso y mucho más puros en cuanto a la influen-
por pernoctar aquí. Me he negado y nos ha amenaza- culturas de otros tiempos. Una afición que iba a ir a En ese momento, la decisión y el arrojo de aquel tencia de Irian Jaya y de las tribus que se escondían, cia occidental – y, sobre todos, los Korowai, ocultos y
do. Dice que piensa volver con más guerreros” -me más con el paso de los años. americano me llamó la atención. ajenas al resto del mundo, en sus tupidas, y casi inac-
sus arcos y flechas?” protegidos del resto de la humanidad por una densa
explicó Thony, con gesto un tanto desencajado-. John era un joven americano, de unos treinta y pico, Nada me hacia presagiar que catorce años más tar- cesibles junglas. y cenagosa selva.
“Volver, ¿a que?” - pregunté yo -. informático de profesión. Se había tomado un año sa- de, yo haría exactamente lo mismo. Todo aquello me resultaba apasionante, enorme- Internarme en territorio Korowai, un lugar donde po-
Esta vez, Thony no se anduvo por las ramas : “ ha bático para realizar el viaje de sus sueños, y en ese Con frecuencia me he preguntado de donde proviene mente atractivo, pero entonces, la posibilidad de em- cos occidentales se habían atrevido a llegar, habitado
amenazado con matarnos”. sueño coincidimos con él durante una travesía por el mi afición por los viajes a países remotos; a zonas del barcarme en una expedición al interior de las selvas por algunos de los grupos más belicosos y agresivos del
La primera vez que oí hablar de Irian Jaya fue en río Sepik. planeta que aún te ofrecen un cierto grado de aventu- de Irían Jaya se me antojaba un reto excesivamente planeta, aún hoy caníbales, y que construyen sus casas
1991. ra y te hacen sentir más libre y más vivo. peligroso, fuera de mis posibilidades. Sin embargo, la viajaría a Irian Jaya. en las copas de los árboles, iba a convertirse, sin lugar
La isla perdida; junglas impenetrables, tribus caní-
bales que seguían ancladas en la edad de piedra. Un ¶ DE CAMINO
POR LA JUNGLA
De otra parte está mi faceta artística. Desde pequeño
mantuve una estrecha relación con el mundo de la ima-
idea nunca se me iría de la cabeza.
Durante catorce años, me fui curtiendo como viajero
Son muchas las tribus que habitan Papúa Occiden-
tal. Los más populares son los Dani que se asientan
a dudas, en el reto más exigente de todo el viaje.
Lo que sí tuve muy claro desde el momento que tomé
mundo tan misterioso y peligroso como enormemen- Todo lo que estaba conociendo y viviendo en esa pri- gen, hasta llegar al área de la fotografía, íntimamente y como fotógrafo, y mi capacidad para adentrarme en en el valle de Baliem, la zona mas accesible y conoci- la decisión de embarcarme en la aventura de Irian Jaya,
te atractivo para mí. mera visita a Papúa me resultaba fascinante; una cul- ligada al universo de los viajes y a un tan inesperado zonas remotas y adaptarme a sus exigencias de todo da por los escasos treckers y viajeros que se deciden es que iba a ser fundamental prepararme a fondo.
Yo ya me encontraba en la isla de Papua, en la parte tura ancestral, nativos que se pintaban con llamati- como creciente interés por la etnografía, y por reflejar tipo fue a más. a visitar Irian Jaya.
oriental, la independiente, en compañía de mi ex-mujer vos colores y adornaban sus penachos con plumas de culturas y formas de existencia humana que, aunque en En agosto de 2004, recién regresado de Guatemala, Sin embargo, yo estaba decidido a ir más allá.
Patricia. Eran mis primeros escarceos en el área de la aves del paraíso… Todo, tal y como yo había visuali- muchas ocasiones parecen trasladarte a épocas pasa- tomé la decisión: el próximo verano afrontaría el reto, A medida que recopilaba información sobre la isla, iba
fotografía étnica, una de mis primeras incursiones en zado de pequeño en mis viejos álbumes de cromos de das, no por ello - y esto es lo mas sorprendente de todo me adentraría en lo más profundo de Papúa occidental, adquiriendo conocimientos sobre otras etnias mucho LA PRÓXIMA SEMANA 2ª parte
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con la ayuda imprescindible de las avionetas misio- línea y… “allá tú si te aventuras a hacerlo”.

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Los Betul son una rama de los Korowai tremenda-
eduardo LOSTAL ( Fotógrafo) mente belicosa. Temida incluso por el resto de sus neras, acceder a territorio Yali y a territorio Korowai Nuevamente aparqué la idea.
vecinos. y Kombai. En pocos días, Carrasco me consiguió los permisos
El canto de las Marzas, la última noche de febrero, parece ser de origen romano, se Me apasionaba la idea de llegar a contactar a esta El coste de la expedición seguía siendo alto, pero se necesarios para entrar en Papúa Occidental y las tierras
gente, pero pronto me di cuenta que podría realmente había reducido sustancialmente, y yo estaba decidido altas de la isla. El primero acababa de ser impuesto un
cristianizó después evolucionando hasta quedar en el ritual actual que hoy conoce- jugarme la vida en el empeño. a acometerlo. par de semanas antes por las autoridades indonesas,
mos de entonar canciones tradicionales por grupos de hombres, con fines jubilosos Leí sobre varios reporteros - incluido un equipo del Volví a interesarme por los Stone Korowais y la “lí- el segundo, el “Surat Jalan”, solía llevar casi un día de
National Geographic -, que habían intentado ir más nea de pacificación”, pero la respuesta fue idéntica a estancia personal en Yayapura, para su obtención. Yo
allá de la “línea de pacificación”. En todos los casos la de sus predecesores: ellos nunca traspasarían esa acababa de ahorrarme ese día. Desde luego, Alfonso

Un cántabro debieron salir huyendo casi inmediatamen-


te, porque su seguridad comenzó a correr
serio peligro.

en tierra caníbal
Decidí no arriesgar tanto y olvidarme por
ahora de los Betul.
Cuando comenté a la agencia que estaba
dispuesto a seguir con la idea en solitario,
(2ª parte) la respuesta no fue la esperada.
No les vi convencidos. Me describían el
acceso a territorio Yali como altamente
peligroso debido a los precipicios y a los
puentes semidestruidos que deberíamos
atravesar.
Además, intentaron persuadirme de in-
tentar el encuentro con las tribus Korowai,
dibujando un ecosistema auténticamente in-
fernal, para nadie que no estuviera acostum-
brado: serpientes venenosas, sanguijuelas,
arenas movedizas, un calor y una humedad
demoledores, y unas caminatas durísimas
con el fango y el agua por la cintura…

¶ DE CAMINO
POR LA JUNGLA
Me contaron que la última vez que se encon-
traron con unos occidentales que se habían
internado en aquella selva - un grupo de ita-

Mis anteriores viajes me habían dotado lianos -, estaban desencajados, exhaustos y


absolutamente demacrados. Describían la
experiencia como “una pesadilla”, y además,

del bagaje y la experiencia necesaria, para saber


tampoco habían sido capaces de avistar un
solo Korowai, algo de lo que también fui ad-
vertido que podría ocurrir, debido al carác-
ter nómada de este grupo, que no siempre
que la condición física es esencial para disfrutar de la es fácil de localizar en la jungla.
-“En la selva, los Korowai pueden hacer-

experiencia, e incluso, para salir sano y salvo de ella. Irian Jaya


se invisibles para el visitante. Puedes ser
observado, escudriñado a poca distancia
por ellos sin que tú seas capaz de percibir

iba a ser una vivencia muy exigente físicamente, por lo que, su presencia. Encontrarles o no encontrar-
les depende más de su propia decisión. En
realidad tu poco puedes hacer; si despier-
desde el primer día me dispuse a realizar, durante los 10 meses previos tas su curiosidad, serán ellos los que te en-
cuentren a ti”.
al viaje, un entrenamiento planificado específicamente para la ocasión. Por si fuera poco, el precio que pedían
los misioneros jesuitas por disponer de sus


Y que decir del aspecto psicológi- inevitable, porque las selvas de Papúa avionetas, para reducir trayectos era altí-
co. Adentrarte en mundos tan dis- aún esconden mucho más. simo, y el montante total de la expedición,
pares al nuestro como las selvas de Me explicaron que podría incluso para ser soportado por una sola persona,
Irian Jaya, es algo que requiere un alto aspirar a un primer contacto con al- alcanzaba ya números que superaban el es-
grado de adaptación y una adecuada gún grupo tribal, pero que ellos no es- fuerzo que estaba capacitado a realizar.
mentalización. taban dispuestos a acometer semejan- Estaba ya a principios de junio, quedaba
En enero de 2005 comencé a dar real- te objetivo. poco más de un mes para la fecha prevista
mente forma al proyecto. Leí mas sobre la -“Deberá ser por cuenta tuya”- me para la partida, y todo el proyecto parecía

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zona, busqué en Internet, y me puse ma- dijeron- “y debes tener claro que te ju- tambalearse.
nos a la obra para encontrar una agencia garías literalmente la vida”. Por primera vez, me encontraba un
especializada en este tipo de viajes, que se También me dejaron muy claro que poco desconcertado y empezaba a pensar
encargara de la infraestructura, las reser- si me adentraba en las “lowlands”, en que quizás debiera aplazarlo para mejor
vas de vuelos, el asesoramiento, y con la territorio Korowai, no podría ser eva- ocasión.
que planificar adecuadamente la ruta. cuado pasara lo que pasara. Entonces, tuve mucha suerte.
No creí que sería tan difícil encontrar -“Deberás entrar con tus propias Quedaban poco más de 15 días para la
alguien interesado en encargarse de la piernas, y esas mismas piernas debe- fecha de partida y empezaba a resignarme Le pregunte a Thony

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organización de la expedición. Especial- rán sacarte de allí; tanto si caes en- a ceñir el viaje al valle de Baliem, cuando
mente cuando explicaba las zonas dónde fermo, como si sufres algún acciden- casualmente oí hablar de un periodista cán-
si pasaba algo.
estaba dispuesto a llegar. te. Una vez en el interior de aquella tabro, que había realizado varios reportajes “Tranquilo”
La mayoría de las agencias que traba- jungla estarás sólo y prácticamente en distintos campos de refugiados, y que
jan en Irian Jaya centran su actividad en ilocalizable”. estaba a punto de marchar con su mujer a Irian Jaya, - me contestó – Carrasco sabía lo que se traía entre manos.
los alrededores de Wamena y en el valle de Balien. Un accesible y me olvidaba de penetrar al corazón de Irian Según iba recopilando más y más información so- para pasar una semana en el Baliem. La respuesta no me Fijamos una fecha de salida: su contacto en Jakarta
recorrido por territorio Dani, que reduce sustancial- Jaya, o asumía el reto de afrontar el viaje en solitario, bre los distintos habitantes de aquellas inmensas y Conseguí localizarle y él fue quién me puso en con- me estaría esperando el domingo 10 de julio. Yo debe-
mente el nivel de exigencia del viajero. tal y como hizo John catorce años antes. misteriosas extensiones cubiertas de agua y vegeta- tacto con Alfonso Carrasco, un madrileño que dirigía convenció… ría salir de España, el 9 de julio.
Sin embargo, alcanzar territorio Yali, y sobre todo, No lo dudé. Seguiría adelante. ción, me di cuenta que las advertencias eran absolu- una pequeña agencia especializada en Indonesia, y “Entonces, ¿por qué A principios de junio comencé a preparar el
internarte en las lowlands, y sus impenetrables selvas, tamente fundadas. que ya sabía lo que era llevar a profesionales - espe- equipo.
cogen los porteadores
era harina de otro costal.
El otro problema era el coste del proyecto. Despla- ¶ DE CAMINO
POR LA JUNGLA
La llamada “línea de pacificación” es una especie de
frontera natural que puede suponer la diferencia entre
cialmente reporteros y antropólogos -, a las zonas más
remotas de las islas. sus arcos y flechas?”
Mis viejas botas no eran adecuadas para el nivel de
humedad y de agua que iban a tener que soportar, así
zarte grandes distancias por las montañas o selva a Cuando decidí trabajar con la misma agencia con la la vida y la muerte para el hombre blanco. La separa- Carrasco conocía Indonesia al dedillo, y sus contac- que me compré otras más altas, complementadas por
través, sería durísimo, y, desde luego, llevaría meses, que había viajado a Camerún dos años antes, lo prime- ción entre el espacio de selva donde el extranjero es tos en Papúa, empezando por los guías, eran de los unas polainas para protegerme mejor de las mordedu-
por lo que necesitaríamos contratar avionetas que nos ro que les dije es que no quería abandonar Irian Jaya tolerado y allí donde los Korowai Betul - The Stone mejores del lugar.. ras de las sanguijuelas..
acortaran los trayectos. con la sensación de que dejaba cosas por ver y que Korowais, como son conocidos en la zona -, han deci- Le expliqué a Carrasco lo que pretendía y vio factible
Me di cuenta, entonces, que iba a tener dos alter- me había quedado en la superficie. dido mantenerse absolutamente aislados del mundo el proyecto. Se comunicó con sus contactos de Yaya-
nativas: o reducía la expedición a un área mucho más Ellos me respondieron que esa sensación sería y no permiten el menor intrusismo. pura y pronto tuvimos un itinerario que nos permitiría, LA PRÓXIMA SEMANA 3ª parte
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eduardo LOSTAL ( Fotógrafo)
El canto de las Marzas, la última noche de febrero, parece ser de origen romano, se
cristianizó después evolucionando hasta quedar en el ritual actual que hoy conoce-
mos de entonar canciones tradicionales por grupos de hombres, con fines jubilosos

Un cántabro
en tierra caníbal
(3ª parte)

El agua se aparecía como uno de los


grandes obstáculos a superar - especialmente
durante el trecking en la selva -. Llovería abundantemente
y la mayor parte del terreno podía quedar anegado de agua, que Le pregunte a Thony
si pasaba algo.
puede llegarte hasta la barbilla en más de una ocasión. Compré “Tranquilo”
- me contestó –
mochilas y bolsas estancas para proteger la ropa, el equipo La respuesta no me
fotográfico y la documentación. Para el recorrido por las montañas que integraban más engarza con la mentalidad africana es “a kuna convenció… Con una hora de retraso sobre el horario previsto, el
matata”, “no pasa nada”. Así que pensé: “a kuna ma- avión tomó tierra en el aeropuerto de Bangkok.
el territorio Yali, me preocupaba el radical cambio de temperatura que se producía... tata”, “ya resolveré este problema cuando llegue a
“Entonces, ¿por qué Una vez allí, pude resolver el problema de la pérdi-
Bangkok”. cogen los porteadores da de conexión con el vuelo a Jakarta, motivado por el


...al atardecer, y que podría pasar de tomar un avión hacia Madrid. La verdad es que aquella mañana me sentía como retraso en Madrid, y fui reubicado en el último avión
los 30 grados al medio día a cerca Por la mañana traté de relajarme. en una nube. Desde el momento que pisé el aeropuer- sus arcos y flechas?” de la tarde con dirección a la capital indonesa, un
de cero grados durante la noche. Si Desayune en El Sardinero, me di una to, desconecté de todo el stress, prisas y demás senti- vuelo de la compañía Lufthansa, que saldría ocho ho-
ese cambio te coge empapado en sudor, sauna en el Club de Tenis y paseé por mientos, inherentes a la sociedad en que vivimos por ras después.
el resultado es obvio, y si algo me parece Reina Victoria y la península de La estas latitudes, y me sumergí de lleno en la diferente Con tanto retraso, dispuse de muy poco tiempo para
imprescindible evitar en situaciones tan Magdalena, disfrutando de aquella mentalidad del mundo al que me dirigía, el cual no en- descansar del largo viaje en el cómodo hotel que ha-
adversas, es caer enfermo. belleza, que ese día me parecía aún tiende de ese tipo de sensaciones. enfrente, dan para pensar. bía reservado en Jakarta para tal fin.
Por eso, me compré varias camisetas de más espectacular. Estaba absolutamente centrado en la vivencia. To- Las dudas y temores sobre lo que me esperaba en Con los primeros rayos de sol, tras haber cerrado

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nueva tecnología, cuyo tejido te mantiene He viajado a lugares maravillosos, talmente mentalizado para acatar y adaptarme a cual- Irian Jaya no dejaban de visitarme de vez en cuando los ojos poco más de hora y media en la habitación del
seco por dentro. pero siempre he tenido la sensación quier imprevisto u obstáculo que se interpusiera en el y, ahora que me dirigía definitivamente hacia allí, se hotel, vino a recogerme un joven indonesio, que debía
El botiquín también sería importante y de tener el listón muy alto, de tener la camino. Así que, un simple retraso del vuelo no iba a acrecentaban cada vez más. Canibalismo, Stone Ko- llevarme de vuelta al aeropuerto, para tomar el vuelo
esta vez lo doté mucho más concienzuda- fortuna de vivir en uno de los parajes interrumpir aquella especie de “nirvana”. rowais, precipicios, serpientes venenosas …Eran ideas hacia Yayapura, capital de Papúa Occidental.
mente que en otras ocasiones, incluyendo más bonitos del mundo…A veces, se Mucha gente se agobia en los aeropuertos, pero para que me inquietaban y entraban en conflicto con mi de- La conversación que mantuve con aquel joven resul-
jeringas y agujas por si fuera necesario in- me pasaba por la cabeza la posibili- mí representan la puerta hacia la libertad, el pasadi- terminación y mi entusiasmo. tó tan breve como impactante y consiguió alimentar
yectarme antibiótico por vía intravenosa, dad de no volver a ver nunca la costa zo hacia el gran mundo que te espera al otro lado, dis- aún más mis dudas y temores.
algo en lo que prefería no pensar… de Cantabria…. puesto a enriquecerte y abrir tu mente a nuevas ideas
¶ DE CAMINO El joven de la agencia se había informado del desti-

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En sanidad exterior ya me cono- Por primera vez, me parecía percibir y filosofías de vida. POR LA JUNGLA no de mi viaje a Irian Jaya y. desde el primer momen-
cen; saben de mis viajes y de mi interés cierta preocupación y temor en todo el Al desprenderme del equipaje en el mostrador de De alguna manera, aquella experiencia iba a convertirse to, intentó persuadirme de la idea.
por llegar a zonas, normalmente poco mundo por mi causa: mis padres y her- facturación, tengo la sensación de quitarme también en la prueba del algodón. Iba a determinar si el concep- “la provincia está cerrada a occidentales desde hace
recomendadas. excesivamente grande para mí…?” manos, mis amigos…Lo notaba en su mirada cuando la carga del día a día. Me siento liberado y me dejo lle- to que tenía sobre mí mismo como viajero se ajustaba meses”-me dijo - “sólo se les facilita la entrada a aque-
Pero esta vez, cuando mencione Irian Jaya, la doc- Mi estado de excitación estaba por las nubes y mi se despedían. var pacientemente hacia el destino elegido. a la realidad o, por el contrario, era ficticio. llos a quienes se haya concedido el nuevo permiso para
tora me miró con estupor. motivación era cada vez mayor. Tras disfrutar de una buena cena, en compañía de De pronto, como por arte de magia, te encuentras De otra parte, era la primera vez que me embarca- viajar a la isla ”
Otras veces ya había intentado persuadirme de mis mis amigos, en Madrid, decidí acostarme; “ mejor em- dentro de un pintoresco hormiguero de razas y culturas ba en un viaje de estas características en solitario. Yo le mostré el impreso que Carrasco había conse-
planes sin éxito, así que en esta ocasión ni lo intentó.
El 7 de julio revisé por última vez el equipaje. Todo es- ¶ DE CAMINO
POR LA JUNGLA
pezar bien descansado”…
Mi primer imprevisto no tardo en llegar, pero no tuvo
que no se parecen en nada a lo que ves habitualmen-
te: negros, orientales, maletas, mochilas, pierceings,
No tenía ni idea de cómo sería mi guía y los portado-
res que estaban llamados a ser mis únicos compañe-
guido para mí en la Embajada de Indonesia poco an-
tes de mi partida.
taba preparado, la cuenta atrás había comenzado… Me encanta esa sensación de dejarte llevar rumbo a nada que ver con las peculiaridades de trasladarme turbantes, sarhis, sombreros téjanos… ros de viaje. “¿Cómo lo ha conseguido?; este permiso es muy di-
Las noches previas a la partida me notaba inquieto; lo desconocido, de esa especie de calma tensa que ex- prácticamente a la Edad de Piedra, sino, por el con- Son tus “nuevos vecinos”. Ahora eres un “ciudada- Si me pasara algo, ¿en quién me apoyaría?, ¿estaría fícil de obtener”- Parecía asombrado-.
no lograba dormir bien. perimento los momentos previos a un viaje de estas trario, de los frecuentes contratiempos que te depara no más del mundo”… mi vida a salvo en manos de estos desconocidos?, ¿po- Yo, la verdad, no sabía que responder. Sólo sabía
La adrenalina hervía en mi interior. La ansiedad iba características. el mundo del desarrollo y de la alta tecnología: el vue- El trayecto entre Madrid y Bangkok me llevaría ca- dría verme abandonado en mitad de la jungla al menor que para Carrasco había resultado relativamente fá-
en aumento y se mezclaba con un cierto desasosiego, Me gusta reunirme con mis amigos a modo de des- lo que debía tomar en el aeropuerto de Barajas tenía torce horas de vuelo. contratiempo? … Recordaba las advertencias de la pri- cil, y también sabía que el madrileño estaba muy bien
que me producía el temor a lo desconocido. pedida y darme algún lujo de los que no tendré a mi previsto una hora de retraso. Entre película y película, comida y cena, y el inter- mera agencia que contacté: “una vez en el interior de relacionado en la embajada…
Tenía dudas sobre mi propia capacidad para supe- alcance durante algún tiempo. Trato de alargar y de Como consecuencia, estaba claro que perdería la co- cambio de alguna palabra con la pareja, en luna de la jungla estarás sólo y prácticamente ilocalizable”. Ya
rar las adversidades de todo tipo en que podía verme sentir el paso de las horas… nexión a Yakarta, en el aeropuerto de Bangkok. miel, que estaba sentada a mi lado, la verdad es que era demasiado tarde para ese tipo de preguntas; no me
envuelto; “¿me habría embarcado en una aventura El viernes 8 de julio, a primera hora de la tarde iba a Una de las frases más utilizadas del swahili, y que catorce horas, con la vista clavada en el respaldo de quedaba otra opción que confiar en ellos. LA PRÓXIMA SEMANA 4ª parte
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el cansancio. Pero sabía que todo era cuestión
eduardo LOSTAL ( Fotógrafo) de relajarme y echarme en la cama.
A las ocho de la mañana del día siguiente
El canto de las Marzas, la última noche de febrero, parece ser de origen romano, se cogería un nuevo avión que me llevaría di-
rectamente a Wamena, capital del valle de
cristianizó después evolucionando hasta quedar en el ritual actual que hoy conoce- Baliem, donde comenzaría definitivamente
mos de entonar canciones tradicionales por grupos de hombres, con fines jubilosos. la ruta que habíamos diseñado. Así que de-
cidí cenar y aprovechar las diez horas que
tenía por delante para dormir y recuperar

Un cántabro la frescura.
Durante mi primera cena en Irian Jaya te-
nía una sensación extraña. El hotel, el único

en tierra caníbal
de la provincia con un cierto nivel de confort,
estaba prácticamente vacío. La noche era muy
cerrada y la iluminación brillaba por su au-
sencia. El comedor, situado junto a la piscina,
(4ª parte) se abrió para mí.
Mientras cenaba, en medio de un silencio
intenso, empecé a ser consciente de dónde
estaba; Irian Jaya, el rincón del mundo que
me descubrió aquel informático americano
y cuyos secretos, por fin, estaba a punto de
desvelar.
Me volví a sentir excitado. Las dudas y te-
mores surgidos durante el viaje se desvane-
cieron y sentí unas ganas enormes de aden-
trarme en aquel misterio. Sin ningún tipo de
prisa, disfruté de mi primera cena en Papúa.
Acto seguido, me metí en la cama y dormí
de un tirón.
- “¿ Eduardo?”
-“ Sí “
-“Soy Thony. Seré tu guía en Irian Jaya”

“¡Cómo que la provincia está cerrada!,


Tenía 45 años, estatura media y complexión
fuerte. Bajo su piel, curtida por el sol, no había
un ápice de grasa. Sus músculos eran pura
fibra, y sus potentes cuadriceps y gemelos

¿por qué motivo?”-Aquello me había llegado al


definían a una persona harta de recorrer ki-
lómetros por las selvas más infranqueables
y las montañas más escarpadas. Su pelo lar-

alma- “Es muy peligroso”- dijo-. , hay grupos


go era de color negro intenso, si bien ya co-
menzaba a reflejarse alguna cana. Aunque se
había criado en Papúa, su rostro revelaba su

independentistas refugiados en las selvas, y las tribus origen maluco. “Desde luego”, -pensé- “es-
toy ante una especia de Cocodrilo Dundee a
lo indonesio”
también andan revueltas. El gobierno indonesio no deja entrar
¶ DE CAMINO

prácticamente a nadie; ni turistas, ni periodistas… Podrían incluso POR LA JUNGLA


Sin embargo, yo ignoraba, en aquel primer
encuentro con el que no sólo sería mi guía, mi
desconfiar de las intenciones de tu viaje y poner agentes para seguir tus pasos, con ángel de la guarda y mi mejor amigo duran-
te las semanas que pasé en Irian Jaya, hasta
el fin de evitar el tráfico de armas”. La verdad, ¡yo flipaba!; ¿qué me estaba contando... que punto aquella primera impresión se iba
a ajustar más tarde a la realidad.


...aquel tipo?, ¿sería cierto todo aque- No tuve duda de que había llegado -“ ¿Que tal fue el viaje?”- me preguntó mien-
llo?. Y,si el Gobierno indonesio ha- a Papúa. tras me ayudaba con el equipaje que los mozos
bía realmente cerrado la entrada de Los típicos rasgos australoides de acababan de depositar sobre el mostrador de
extranjeros a Irian Jaya, ¿por qué habían sus habitantes se me habían quedado llegada del aeropuerto de Wamena-.
hecho una excepción conmigo?... No en- grabados en mi anterior visita a la isla. -“Bien. Muy largo, pero todo ha ido bien”-
tendía nada. Su nariz ancha y sus robustas y mar- contesté yo, ayudándoles con una de las
Cuando me quedé sólo en el aeropuer- cadas quijadas confieren a esta gente mochilas-.
to de Jakarta, después de que el joven me un aspecto fiero. Si a esos rasgos les En el corto trayecto desde el aeropuerto

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diera el número de un contacto en Bali añades la ornamentación típica de los al hotel, pude comprobar que Thony era un Le pregunte a Thony
por si se me presentaran problemas, no grupos tribales, el resultado puede cor- buen conversador y que su inglés era sufi-
lograba sacarme de la cabeza aquella tarte la respiración. cientemente fluido y rico como para poder si pasaba algo.
conversación. En el aeropuerto de Sentani, en Ya- tratar cualquier tipo de tema con él; algo im-
Llevaba meses intentando mentalizarme yapura, todo el mundo me observaba portante, sin duda alguna…
“Tranquilo”
sobre los riesgos de internarme en aquella con curiosidad. El hotel Baliem no estaba nada mal - básico, pero - me contestó – El interrogatorio prosiguió …
selva y entrar en contacto con seres hu- Pregunté si hacía mucho que no lle- acogedor- . El grado de confort era más que notable “¿Galletas, mermelada para el desayuno…?, ¿te gus-
manos que siguen practicando el caniba- gaba allí un hombre blanco y me con- en las latitudes en que me encontraba.
La respuesta no me ta la mantequilla de cacahuete?

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lismo ritual, pero nunca se me pasó por firmaron que no habían visto más de Lo primero que hice, una vez en el hotel, fue reor- convenció… Todo parecía indicar que el hambre no iba a ser un
la cabeza que Papúa estuviera viviendo cinco o seis en los últimos dos meses. ganizar el equipaje, limitando aquello que me llevaría problema durante el trecking.
un conflicto armado, ni que estuviera vetada al res- pasaje, y otro hombre, con pinta más bien descuidada, Lo primero que le pregunté al hombre de la agencia conmigo durante la expedición y dejando en la con-
“Entonces, ¿por qué Cuando terminamos con la logística, decidimos apro-
to del mundo. “¿Me estaría metiendo realmente en la cuya nacionalidad no logré descifrar… Por lo menos encargado de llevarme al hotel en Sentani fue sobre signa parte del contenido de las bolsas, que se queda- cogen los porteadores vechar el día para conocer un poco la ciudad y su merca-
boca del lobo…?” no viajaba sólo. Al parecer, la isla no estaba tan cerra- las advertencias de su homólogo en Yakarta. ría esperándome hasta mi vuelta a Wamena, dos se- do mientras Thony apuraba las últimas compras, y para
Por primera vez, me sentía inquieto de verdad. Lle- da como me había informado mi inquietante contac- Me mostró extrañeza. manas después. sus arcos y flechas?” realizar alguna visita a los poblados Dani cercanos.
gué a pensar incluso en quedarme en Yakarta, y no dar to en Yakarta. Me sentí más aliviado. Pero por poco “Los problemas con la guerrilla independentista También Thony quería repasar conmigo el equipo y Wamena es el único centro urbano de cierta em-
un paso más hasta que alguien me aclarara realmente tiempo; el avión que me llevaba hasta Yayapura debía se limitan al área de Timika, al suroeste de la isla”- concretar la lista de provisiones… bergadura del macizo central. Una pequeña ciudad,
la situación. Pero ya había llegado muy lejos y la idea realizar dos escalas previas en su trayecto. La prime- me dijo-. -“¿Traes saco de dormir, colchoneta, tienda…? “ donde se entremezcla la visión de los primeros Danis
de abandonar me resultaba demasiado frustrante, de ra en Bornéo, donde perdí de vista a los reporteros y Sí me confirmó que la ya habitualmente escasa pre- -“Todo menos la tienda” ó Lanis, pululando sin rumbo fijo por las calles, con el
modo que saqué mi tarjeta de embarqué y me dirigí al de nacionalidad no identificada. La segunda escala sencia de extranjeros, especialmente en las “tierras -“o.k., llevaremos tiendas. Aunque no creo que nos único atuendo de su tradicional cubre-pene de calaba-
hacia el vuelo que debía llevarme Yayapura. tenía lugar en la isla de Biak, muy próxima a Papúa y altas” y en las áreas selváticas, había decrecido consi- sirvan de mucho en la selva si sigue lloviendo como en -“Pasta” za, con el inexorable avance de la cultura occidental,
En la sala de embarque, mientras esperaba la hora codiciada por los amantes al buceo. derablemente en los últimos tiempos. las últimas semanas” -“o.k., llevaremos unas cajas de noodles; te los pue- introducida en este caso por la población indonesa lle-
prevista para el despegue, decidí contar el número de Cuando estaba a punto de reiniciar el definitivo des- Cuando llegué al hotel de Sentani, empezaba a A continuación, debí responder a un completo cues- do cocinar tanto al estilo asiático como imitando al gada de otras islas.
occidentales que viajarían en aquel avión:.. ¡vaya, éra- pegue hacia Yayapura, me di cuenta que el francés ya anochecer. tionario sobre mis gustos alimenticios… espagueti italiano. Tienes ante ti al mejor cocinero
mos seis! : un equipo de televisión italiana, compuesto no estaba en el avión. A pesar de las 44 horas de viaje que llevaba sobre mis -“¿Prefieres café o té?” de Papúa”
por una mujer y dos hombres, un francés con aspecto Efectivamente, el único extranjero que se disponía espaldas, y de que apenas había dormido tres horas des- -“Té” No podía ser de otra manera; Dandee era además
de ejecutivo, que desentonaba bastante con el resto del a entrar en Irian Jaya era yo. Sólo yo. de mi salida de España, aún no notaba que me venciera -“¿Arroz, pasta,...? un perfecto chef! … LA PRÓXIMA SEMANA 5ª parte
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VIAJAR

VIAJAR
eduardo LOSTAL ( Fotógrafo)
En 2005, el viajero cántabro Eduardo Lostal, se adentró en el ancestral mundo de Papua
Occidental. Con la única compañía de su guía, Thony, y de un grupo de porteadores, se internó
en la zona más olvidada del planeta, con la intención de contactar a sus siniestros moradores

Un cántabro
en tierra caníbal
(5ª parte)

Papúa se ha convertido de un tiempo a


esta parte en una especie de “salvaje oeste” para
los inmigrantes, que llegan a miles de todos los rincones
de Indonesia, en busca de fortuna y oportunidades. Este masivo “…debes tener muy
claro que te jugarías
desembarco de gente procedente de Sumatra, Java, Sulawesi, distinto y personal. Mientras que cubiertos por cami-
literalmente la vida”
Una afición que iba a ir a más con el
También me dejaron
Bornéo y otras islas, con una mentalidad de sacrificio y trabajo setas y pantalones, la mayoría de las veces roídos y
sucios, adquieren aspecto de pordioseros, de ciuda- muy claro que si
paso de los añoscultura ancestral.

danos de tercera… La curiosidad no tardó en vencer a la timidez de las


de sol a sol, choca con el espíritu indolente - poco habituado a las responsabilidades- El mercado de Wamena me pareció pequeño y sucio. me adentraba en mujeres, que comenzaron a arracimarse alrededor.

de la población nativa, que ve como, poco a poco, se va quedando al margen del...


Los cerdos campaban a sus anchas y el suelo estaba em- las “lowlands”, en Luego, venciendo sus miedos iniciales, comenzaron
barrado y cubierto de desperdicios. Bajo una techum- a tocarme y a inspeccionar mi atuendo – el reloj, la
bre, las mujeres Dani exponían a la venta sus productos, territorio Korowai, no cadena…-.

¶ podría ser evacuado…


...desarrollo y de las riquezas que Me lo temía. Cuanto más iba conocien- especialmente taro, patatas dulces y plátanos… Una de ellas, que debía rondar los 20 años, me cogió
genera su propia tierra. De ahí, las do a aquella especie de Tarzán oceánico, Mientras yo tiraba alguna foto, Thony y su hija apro- de la mano y no me soltó durante el tiempo que duró
tensiones y las tendencias separa- con aspecto salvaje, pero maneras refina- vechaban para comprar algo de fruta para el viaje… mi visita al poblado. De vez en cuando, me dirigía al-
tistas surgidas en los últimos tiempos, de das y una labia fuera de dudas, más me -“¿Piña...?” guna palabra, que naturalmente yo no podía compren-
las que me había advertido, quizás de for- convencía de que aquel personaje tendría -“Me encanta” der. Cuando cruzábamos la mirada, ella esbozaba una
ma un tanto alarmista, mi joven contacto que resultar irresistiblemente atractivo -“o.k., llevaremos un par de piñas” amplia sonrisa.
de Yakarta. para la mentalidad de más de una aven- De pronto noté un cierto revuelo. Se oían gritos, y con que se conoce a sus cabañas. Las mujeres Dani se cubren de cintura para abajo
Esta problemática se percibe con cla- turera occidental que se hubiera perdido el gentío comenzó a retirarse del recinto. Parecían Thony contactó al jefe de una de las familias, y el ro- con faldas vegetales, que les llegan hasta la rodilla.

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ridad en la zona costera, en Yayapura y durante semanas en aquellas junglas, en atemorizados. busto anciano, de edad incalculable, se mostró honrado El torso lo llevan al descubierto. Sobre sus pechos, se
Sentani. El ambiente de aquella parte de su única compañía. “Una hija en Suiza, Pronto pude distinguir a un puñado de hombres que por nuestra presencia y orgulloso de poder mostrarnos arrojan collares y otros abalorios. También se adorr-
Papúa me recordaba al de Bali ó cualquier que él supiera”, pensé, “pero no me ex- se gritaban, amenazantes. Portaban hachas y mache- sus secretos culturales. nan el pelo con plumas.
otra isla del archipiélago, mientras que los trañaría que hubiera algún otro pequeño tes. Vestían camisas desgarradas y pantalones cortos Cuando me adentré en el recinto fortificado que ro- Los habitantes del poblado se mostraron muy hos-
papúes oriundos parecían tragados por Dundee perdido por el mundo” hechos jirones. deaba el poblado, me encontré cara a cara con una es- pitalarios conmigo.
aquel tsunami imparable. La avalancha de A paso lento, y parándonos a comprar La cosa parecía seria… pecie de masculino comité de bienvenida. Las muje- Mientras era observado por todas aquellas miradas,
inmigrantes comenzaba a alcanzar también en algún puesto, caminaba por las calles “Es una discusión entre Danis y Yalis” – me explicó res, por su parte, se ocultaban a la vista en el interior Thony me explicaba como la construcción del poblado
las tierras altas, si bien aquella indómita de Wamena junto a Thony y su peque- Thony, cubriendo a su hija con los brazos- “Vámonos de sus Honais. gira alrededor de la casa de los hombres, mientras que

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cadena montañosa y, especialmente, el di- ña princesa… de aquí; puede resultar peligroso”. las mujeres viven aparte, en compañía de los niños.
fícilmente habitable ecosistema formado
por las selvas y los pantanos del sur, es-
La mayoría de los Danis, Lanis ó Yalis
que habían decidido vivir cerca de la ciu-
Los Dani conforman una población de aproximada-
mente 100.000 individuos, que se extienden entre las ¶ Irian Jaya: “tierra
caliente victoriosa”
Me llamó la atención la abstinencia sexual que hom-
bre y mujer guardan tras el nacimiento de un hijo, y
taban actuando de escudo protector para dad, habían sucumbido ya a la influencia montañas de Irian Barat y norte del monte Maoke. Me llamó poderosamente la atención sus adema- que se puede prolongar durante un periodo de cinco
las más ancestrales y autóctonas culturas y formas de foránea y vestían harapos sucios y desgarrados. Se trata de una de las áreas menos exigentes para el nes y sus ruidos guturales, que yo debía considerar a seis años.
vida de la isla. Una afición que iba a ir a más con el De vez en cuando, la visión de algún nativo práctica- turista, por lo que es el grupo más acostumbrado a la como un saludo. Como gran tesoro, el jefe del poblado me mostró la
Wamena representa por ahora la orilla donde muere paso de los añoscultura ancestral. mente desnudo, portando orgullosamente el puntiagudo visita de extranjeros. Mientras me estrechaban su mano, botando levemen- momia de uno de sus antepasados, que databa de ha-
la ola de la expansión indonesa. La puerta al mundo de cubre pene de calabaza, me recordaba que ya estaba Los Dani y el valle de Baliem no eran mis principa- te sobre sus pies, proferían una especie de gruñidos cía más de cien años.
los Dani, los Yali, y demás grupos tribales vecinos. preciosa mi hija?” en Irian Jaya y me avisaba de las distintas formas de les objetivos del viaje, pero no quería desaprovechar similares a los que emiten los chimpancés. Me enseñaron como producían el fuego por fric-
Es también el último rincón donde los pocos turistas Y lo era, pensé yo. Tendría unos once años, y sus ras- vida con las que estaba a punto de contactar. la ocasión de fotografiarles y conocer un poco de su A parte de algún elemento decorativo - pequeños ción, y Thony convenció al jefe para que a mi vuelta
que visitan el valle de Baliem pueden encontrar aloja- gos finos y estilizados. Al igual que su padre, no tenían Siempre he considerado un error el que miembros forma de vida durante los dos días escasos que pasa- penachos ó cintas de plumas alrededor de la cabeza, de las “lowlands”, me reprodujeran una réplica de la
miento en un hotel medianamente cómodo. nada que ver con los de la población nativa. de grupos tribales de diferentes partes del mundo re- ría en el área de Wamena. o collares de dientes de cerdo o de perro -, no vestían ceremonia de iniciación de los jóvenes guerreros, que
Mientras paseaba con Thony por entre los puestos -“¿Es tu única hija?”- pregunté-. nuncien a sus tradiciones y acaben cediendo a las ten- A medida que el jeep se iba alejando de la ciudad y más que el “koteka”, una larga caperuza de calaba- solía tener lugar cada tres años.
de venta que se extienden a lo largo de las polvorientas Thony se llevó la mano al bolsillo y me mostró una dencias de Occidente. nos internábamos en zona rural, los signos de civiliza- za, que les cubre el pene, dejando expuestos a la vista Finalmente, a modo de despedida, cantaron y bai-
calles de Wamena, se nos acercó corriendo una niña. fotografía. Las pinturas, escarificaciones y tatuajes de gran parte ción iban desapareciendo. Las camisetas y pantalones los testículos. Alguno de ellos, posiblemente de más laron para mí.
“Esta es mi princesa” – comentó orgulloso, mientras “Se llama María... Y esa es su madre”- las dos eran de las etnias africanas, ó la desnudez imperante entre dieron paso a la desnudez de los cuerpos de los hombres alto rango, lucía una especie de corbata ancha, borda-
la niña le rodeaba con los brazos, sin apartar su vis- rubias como el sol, si bien la niña era de tez más mo- los grupos tribales de Irian Jaya, confieren al indivi- Dani y a las faldas de fibra vegetal de sus mujeres. da con conchas de caurí, que les confería un aspecto
ta de mí, con más curiosidad que temor.-“¿A que es rena- “Viven en Suiza” duo, según mi punto de vista, un porte espectacular, No tardamos en avistar las primeras “Honai», nombre más gallardo. LA PRÓXIMA SEMANA 6ª parte
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VIAJAR

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algún que otro viajero, que aprovecha
eduardo LOSTAL ( Fotógrafo) el vuelo para ahorrarse meses de cami-
natas por montañas y junglas.
En 2005, el viajero cántabro Eduardo Lostal, se adentró en el ancestral mundo de Papua La niebla, que se había acomodado
en el Baliem, había retrasado en una
Occidental. Con la única compañía de su guía, Thony, y de un grupo de porteadores, se internó
hora la salida. Pero por fin, tras cargar
en la zona más olvidada del planeta, con la intención de contactar a sus siniestros moradores el equipo y víveres, el piloto decidió
que podíamos partir.
La avioneta era muy pequeña; ape-

Un cántabro nas cabíamos cinco personas entre la


carga.
Yo ocupé el sitio junto al piloto, que

en tierra caníbal
me ayudó a abrochar correctamente
el cinturón.
Después, el americano rezó una ora-
ción que se prolongó por cerca de un
(6ª parte) minuto.
“En el nombre del Padre, del Hijo y
del Espíritu Santo... concédenos, Se-
ñor, un vuelo agradable... Permítenos
llegar sanos y salvos a nuestro desti-
no… En el nombre del Padre, del Hijo
y del Espíritu Santo, amén”
Siempre he confiado en la pericia
de estos pilotos que vuelan sobre las
selvas de Papúa con la sola ayuda de
su propio instinto y su enorme expe-
riencia. Alguien me dijo una vez que
eran los mejores…
Las hélices del aparato rugieron y
todo comenzó a vibrar mientras, poco
a poco, íbamos ganando velocidad.
Poco tiempo después, la avioneta vi-
raba rumbo al suroeste…

¶ Irian Jaya: “tierra

Cuando conseguí liberarme de la mano liente victoriosa”


Volar en una avioneta tan pequeña
como aquella resulta una experien-

de mi pegajosa anfitriona, regresamos al hotel.


cia excitante. Pero si además sobre-
vuelas las cimas y selvas de Papúa, a
una distancia tan baja, que crees tocar
con tu mano la copa de los árboles, el
Tras descansar un par de horas en la habitación, me momento se puede convertir en uno de
los más fascinantes del viaje.
Superada la impresión inicial, decidí
reencontré con Thony…-“¿Te acuerdas de la discusión entre relajarme y disfrutar del espectáculo
de la naturaleza en su estado más puro:

Danis y Yalis en el mercado?» -me preguntó. -“Sí” -“Acabó en montañas, tupidos bosques, árboles
gigantescos, cataratas…
« ¡It´s spectacular!” – le comenté al
pelea. Ha habido tres muertos.” Aquello no me sorprendió en absoluto. piloto-
“Oh, yes. Of course it is”
Yo ya sabía de la beligerancia casi enfermiza de todas las tribus que habitan la isla de Papúa Según nos íbamos adentrando en la
cadena montañosa “Jaja Wijaya”, co-


La guerra entre tribus o entre clanes sólo puede haber dos razones: cerdos o menzamos a avistar los primeros po-
pertenecientes a la misma tribu es el mujeres!” blados Yali. Primero chozas solitarias,
deporte nacional… después comunidades más grandes,
En mi anterior estancia, en Papúa Nueva Yo era el único huésped del hotel Ba- asentadas en las cimas más inaccesi-
Guinea, el australiano propietario del hotel en liem Pilamo esa noche. bles o en las pendientes más escarpa-
que me hospedaba tuvo que ponerse el mono De nuevo aquella paz, aquel silencio das y escurridizas.
de trabajo para atender a sus huéspedes, por- intenso que te envuelve al caer la tarde y Tras casi una hora de vuelo, llegó “…debes tener muy
que el servicio, perteneciente a la etnia Huli, que sólo puede percibirse lejos de la civi- uno de los instantes más impactan-
claro que te jugarías

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tuvo que acudir, de forma repentina, en apo- lización. Aquella oscuridad sólo rota por tes del viaje.
yo de los miembros de su clan, que estaban a la luz trémula de alguna lámpara de es- Entre aquel enjambre de montañas
punto de enfrentarse a otro clan rival. casa potencia. y ríos se dibujó de pronto una pequeña
literalmente la vida”
En un abrir y cerrar de ojos, los que hacía Mientras cenaba, recapitulaba sobre pista de aterrizaje, cubierta de hierba… También me dejaron
cinco minutos eran nuestros camareros, se mis primeros pasos en aquel mundo sor- “¡Más vale que tenga puntería!” ,me
despojaron de sus uniformes y partieron ha- prendente en el no había hecho más que dije a mí mismo, con la sensación de que aterrizar en
muy claro que si Una afición que iba a ir a más con el
cia la batalla, provistos de los arcos y flechas asomar. aquel espacio minúsculo sería tan complejo como ati- me adentraba en paso de los añoscultura ancestral.
que habían depositado a su llegada en la re- Mi contacto con los Dani me habían ser- nar con un dardo en el centro de una diana..
las “lowlands”, en

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cepción del hotel. vido de precalentamiento previo a lo que Poco a poco, la avioneta se situó de frente a la pista mutuamente.
Un día más tarde, me encontré cara a cara me esperaba a partir de la mañana siguien- y se lanzó derecha hacia ella. territorio Korowai, no Tras descargar nuestro equipaje y alguna otra pro-
con dos grupos de hombres armados y pinta- te, las dos auténticas metas de mi viaje: las A medida que nos aproximábamos, comencé a dis- visión que la avioneta trasportaba con destino a Kosa-
dos para la guerra, que se amenazaban y se arrojaban abruptas tierras de los Yalis y, como colofón, lo que allí tinguir tres o cuatro casetas y un pequeño hormigue- podría ser evacuado… rek, los hombres más jóvenes se ofrecieron como im-
alguna flecha a los pies. Su aspecto era fiero. Uno de Una afición que iba a ir a más con el conocían como “el Infierno del Sur”, las traicioneras ro de gente que se encaminaba hacia el lugar desde provisados porteadores y nos encaminamos hacia las
ellos, alto y musculoso, de pelo y barba rojiza, y con paso de los añoscultura ancestral. junglas, que sirven de seguro para la subsistencia de todas direcciones. casetas que, una vez, habían conformado una misión,
la cara y las piernas cubiertas de barro, iba ataviado los Korowai y los Kombai. Las ruedas tocaron tierra con una suavidad inespe- y ahora se habían convertido en una estación de radio
con un gorro de piel semejante al de “David Croket” hacha clavado en el cráneo. La escena impactaba. Cené sopa de espárragos con especias, patatas fritas rada y en breves instantes, el aparato se detuvo por y en un punto de “idas y venidas” para las compañías
y una camiseta sin mangas, con diseño de camuflaje Yo no moví ni un músculo, tratando de no atraer la y cangrejos de río. En aquel momento no imaginaba completo. de protección en la batalla -. Otros llevaban la típica aéreas de la zona.
y unas alas negras cosidas en el pecho, que se ceñía a ira de aquellos enfurecidos hombres armados hasta que estos últimos se iban a convertir en parte habitual Aun no había descendido del avión cuando la escena redecilla en la cabeza. Hay 30.000 Yalis en Irian Jaya, repartidos en peque-
su cuerpo, marcando al detalle su portentoso pecto- los dientes. de mi dieta durante mi expedición en Irian Jaya. que contemplé por la ventanilla me hizo comprender Las mujeres también mostraban toda la desnudez ños asentamientos a lo largo de un territorio boscoso
ral y sus robustos brazos. Completaba su aterradora Aquel día no se derramó más sangre y todo acabó “¡O.k. let’s go!” que había llegado por fin al corazón de Irian Jaya. Un de sus cuerpos. La faldita vegetal que colgaba de sus y montañoso, a más de 2000 metros de altitud, en el
imagen un taparrabos que le cubría de cintura hacia con el acuerdo de una compensación en forma de cer- El piloto que nos llevaría hasta Korarek, en territo- gentío procedente de las montañas y laderas cercanas caderas era mínima, y apenas las cubría por delante, que lo tienes que pensar dos veces antes de aceptar la
abajo.“No me gustaría caerle mal a ese tipo”- me dije dos. Pero otras muchas veces, la solución no resulta rio Yali, era un americano de mediana edad, que tra- comenzó a arremolinarse alrededor del aparato, con dejando al descubierto las nalgas. invitación del vecino del pueblo de al lado.
a mí mismo-.. tan sencilla… bajaba para los misioneros jesuitas. los ojos abiertos de par en par. Los hombres estaban Eran los Yali. Tal y como yo les había imaginado. El
El causante de aquella guerra entre clanes yacía a mi -“¿Sabes cual fue el motivo de la pelea? – le pregun- Un par de líneas aéreas, ambas pertenecientes a desnudos - llevaban el pene enfundado en largos “ko- momento me resultaba especialmente emocionante.
izquierda. Sobre un lecho de hojas, uno de los miem- té a Thony-. compañías misioneras, sobrevuelan aquellas selvas, tekas” -. Algunos de ellos lucían, alrededor de la cin- Lo cierto es que ni yo podía apartar la mirada de
bros del clan agraviado estaba tendido inerte, con un -“En Irian Jaya, cuando dos hombres se pelean, trasportando medicinas, comida y, de vez en cuando, tura, el sebiap – coraza de fibra vegetal, que les sirve aquella gente ni ellos de mí. Imagino que alucinábamos LA PRÓXIMA SEMANA 7ª parte
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eduardo LOSTAL ( Fotógrafo)
En 2005, el viajero cántabro Eduardo Lostal, se adentró en el ancestral mundo de Papua
Occidental. Con la única compañía de su guía, Thony, y de un grupo de porteadores, se internó
en la zona más olvidada del planeta, con la intención de contactar a sus siniestros moradores

Un cántabro
en tierra caníbal
(7ª parte)

Desde Kosarek, enmarcados en un


paisaje absolutamente espectacular, se podían
divisar varios poblados Yali, que aparentemente no
“…debes tener muy
estaban a excesiva distancia entre sí. Pero una cosa era la claro que te jugarías
literalmente la vida”
distancia en línea recta y otra muy distinta el tiempo y el esfuerzo También me dejaron
real que te llevaba trasladarte por aquellas montañas, cubiertas de me rodeaba, mientras respiraba hondo y un escalofrío
me recorría el cuerpo.
muy claro que si Una afición que iba a ir a más con el
paso de los añoscultura ancestral.
“¡Dónde estoy metido, qué maravilla!” me adentraba en
vegetación, y con un firme tremendamente traicionero. Los pocos puentes que los Aquel éxtasis duró poco. las “lowlands”, en evitar con su propia piel que los fluidos corporales, que
Desde mi llegada a Kosarek no había dejado de sen- se desprenden del muerto, lleguen a tocar el suelo.
Yalis habían construido en el pasado estaban semiderruídos. Atravesarlos conllevaba... tirme observado en todo momento. territorio Korowai, no “Reñido pulso el de la vida y la muerte”
Especialmente los niños y algún grupo de jovenci- podría ser evacuado… La guerra ha causado desde siempre estragos entre


...muchísimo riesgo. Tampo- nuevo hogar. tas recelosas, me seguían a todas partes, mirándome los pueblos vernáculos de aquellas selvas. Raras son
co había caminos, por lo que Por la tarde, aún tuvimos tiempo de arriba abajo, sin perder detalle de cualquier gesto las comunidades vecinas que no tienen muertos que
para llegar a una comunidad para visitar un pequeño poblado, o acción por mi parte. reclamarse o echarse en cara.
que se divisaba en la cima de una muy próximo a la misión. El proceso de lavarme los dientes, por ejemplo, les Una de las leyendas bélicas más conocidas entre los
montaña, al este, tenías que cami- Los Yali de aquella zona pertene- resultaba especialmente interesante, a tenor de los chis- pobladores de Papúa, es la de «los Hombres de Barro”,
nar hacia el oeste, luego hacia el cen a una rama denominada Meck. morreos, y de la enorme atención que ponían en cada eco de los barrancos lo transportó a cada rincón de aún hoy asentados en una de las regiones más abrup-
norte, de vuelta al oeste, y así con- Son de reducido tamaño, práctica- movimiento del cepillo. Tenía la sensación de formar aquellas montañas… tas de Papúa oriental.
tinuamente, mientras intentas en- mente pigmeos. Esta tribu se gana parte de algún experimento científico en el que yo era La muerte y la vida mantienen una pulso cotidiano Cuentan los viejos que esta tribu fue, en su día, ata-

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contrar un acceso entre la male- la vida con la agricultura, la caza y el extraño espécimen a estudiar… en Papúa. cada por una de las etnias más devastadoras de la isla.
za que te permita progresar hacia la cría de cerdos. Como casi todos Thony me había explicado que los Yali, al igual que la Los riesgos y peligros acechan a cada peso, desde Mientras el poblado era masacrado por sus enemi-
un destino del que con frecuencia los grupos de la zona rompen la mayoría de grupos de Papúa, debían tener sus relacio- que te levantas por la mañana hasta que, con un poco gos, varios miembros de la tribu huyeron, siendo per-
crees alejarte. Eso sin olvidar que monotonía enzarzándose en con- nes sexuales entre los arbustos del bosque, nunca en la de suerte, consigues alcanzar sano y salvo la hora del seguidos por sus atacantes hasta la orilla de un gran
lo abrupto y escarpado del terreno tinuas peleas y escaramuzas con casa, a menudo compartida por demasiada gente… crepúsculo. lago. Desesperados ante la perspectiva de convertir-
implica contínuas subidas y baja- las otras etnias vecinas. Hasta hace -“¡No me extraña que se vayan a echar el polvo a la En un mundo salvaje, dónde naturaleza, fauna e se en presas fáciles, los nativos decidieron enterrarse
das de pendientes, que la mayoría muy poco, continuaban practican- selva! – Espeté – ¡Es imposible tener intimidad ni para incluso tus semejantes se tornan habitualmente hos- bajo el lodo, recurriendo a unas finas cañas de bam-
de las veces llegan a los 80 gra- do el canibalismo ritual, si bien esa lavarte los dientes!” tiles, la muerte se impone con frecuencia en el duelo bú para poder respirar. Así permanecieron durante

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dos de inclinación. Yo había teni- costumbre está desapareciendo, de- Se rió. con la vida. algún tiempo.
do una conversación con Thony a bido principalmente a la influencia Con la caída de la noche, todo el mundo comenzó Cuando creyeron haberles burlado, los aborígenes
este respecto…
“No quiero intentar acaparar de-
misionera y a la determinación de
erradicarla por parte del gobierno
a retirarse a sus chozas, y Thony y yo nos quedamos
finalmente solos. ¶ Irian Jaya: “tierra
victoriosa”
liente emergieron del fango, encontrándose cara a cara con
varios de sus agresores, que continuaban rastreando
masiado territorio, y pasarme el día indonesio. De pronto, un sobrecogedor lamento rompió el silen- Las ceremonias funerarias de las distintas tribus que la zona, y que, al ver aquellas figuras humanas, rebo-
caminando de un lado para otro, El sol comenzó a ponerse en las cio y se impuso a la suave sinfonía de grillos, cigarras y habitan la isla de Papúa comparten en igual medida, zadas en barro, al contraluz de la luna llena que se re-
sin apenas encontrar señales de montañas de Jaya Wijaya. alguna ave del paraíso, que, desde hacía unos minutos, la dureza y la crueldad, que son parte innata de la lu- flejaba en las aguas del lago, creyeron encontrarse de-
vida. Prefiero centrarme en dos o tres poblados no Una afición que iba a ir a más con el Una cierta sensación de paz envolvió la vida alrede- se había adueñado del lugar. Era una especie de cánti- cha diaria de estos pueblos melanésicos. lante de espíritus malignos y corrieron, despavoridos,
muy lejanos y poder disponer de tiempo para com- paso de los añoscultura ancestral. dor de la misión. Como si todo se entregara definitiva- co desgarrado, salido de las entrañas. Procedía de una La antropofágia ritual de Korowais y Kombais, o la ante la perplejidad de sus víctimas.
partir y fotografiar a sus habitantes...” mente al descanso, tras una jornada llena de emocio- choza solitaria, que se veía a no mucha distancia. momificación de cadáveres por parte de temibles Cu- Esta tribu es conocida como “los Hombres de Barro”,
Thony me señaló con el dedo un par de picos sobre La caseta, de madera y techo de hojalata, en la que nes: personas, animales, naturaleza… El cielo estaba -“ ¿Qué es eso. ?”– le pregunté a Thony- ca-Cuca de Papúa oriental - antaño famosos por sus ya que, desde entonces, sus guerreros se embadurnan
los cuales se divisaban varias decenas de chozas… nos instalamos, había sido una escuela un par de años despejado y el sol, en su descenso, iluminaba con una -“Es el lamento de una madre por la muerte de su aterradoras cacerías en busca de carne humana en las el cuerpo y se cubren la cabeza con grandes máscaras
-“¿Ves aquellos poblados?..., son los más cercanos; atrás. luz intensa aquel paraje único, perdido en el principio joven hijo” – Respondió- poblaciones costeras -, son sólo algunos ejemplos. de barro, para acudir a la batalla.
visitarlos nos llevará un día entero...” – Dijo -. Lo que fue la habitación de la maestra, eran aho- de los tiempos - desde que puse los pies en Kosarek, Tenía dieciocho años. Había marchado a buscarse Una de las tradiciones mortuorias más espeluznantes Había llegado el momento de que Thony me demos-
-“o.k., nos centraremos en esos dos puntos” ra cuatro paredes vacías, con un sucio jergón de plu- me sentía como uno de aquellos pioneros, que en al- la vida a Wamena, a donde nunca llegó; en el trayecto ha sido preservada por los Huli de Papúa Nueva Gui- trara sus cacareadas habilidades como cocinero.
También decidimos convertir la antigua misión de ma, tirado en el suelo. “Más confort no cabía esperar gún momento de la historia habían vivido la experien- había sido mordido por una serpiente, muriendo prác- nea; el cuerpo debe descomponerse sobre una especie
Kosarek en nuestro campamento base y, salvo impre- en aquellas latitudes”, así que, desplegué sobre la cia de descubrir un mundo nuevo -. Salí de la cabaña y ticamente en el acto. de parigüela, mientras la viuda permanece semanas
vistos, regresar allí cada noche. colchoneta el saco de dormir y tomé posesión de mi me quedé admirando, ensimismado, el escenario que El llanto se prolongó durante cerca de una hora. El bajo el cadáver putrefacto de su esposo, tratando de LA PRÓXIMA SEMANA 8ª parte
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VIAJAR

VIAJAR
me metí en el saco, apagué la linterna
eduardo LOSTAL ( Fotógrafo) y decidí dormir…
Echado sobre el colchón de plumas,
En 2005, el viajero cántabro Eduardo Lostal, se adentró en el ancestral mundo de Papua repasaba cada detalle del día, mien-
tras esperaba que el cansancio hicie-
Occidental. Con la única compañía de su guía, Thony, y de un grupo de porteadores, se internó
ra su efecto.
en la zona más olvidada del planeta, con la intención de contactar a sus siniestros moradores A los pocos minutos noté ruidos ex-
traños en la habitación - un leve cru-
jir, como si algo se arrastrara por las

Un cántabro paredes y el suelo -. Encendí de nuevo


la linterna y enfoque a mí alrededor…
Tenía visita: por lo menos conté trein-

en tierra caníbal
ta cucarachas, además de algún otro
desagradable insecto volador, de con-
siderable tamaño.
-“Espero que no ronquéis” – me di-
(8ª parte) rigí a mis numerosas compañeras de
cuarto, apagando nuevamente la luz y
zambulléndome en el saco de dormir.
Mientras no fuera una serpiente o una
araña peluda todo iría bien -.

¶ Irian Jaya: “tierra


liente victoriosa”
Hay un capítulo de las historias de caza
de mi abuelo Manolo, que mi madre
me contó cuando era un niño y se me
quedó especialmente grabado en la ca-
beza. Sucedió en México. Se encon-
traba de cacería en el campo. Había
pernoctado al raso. Con las primeras
luces de la mañana, se despertó y se
dispuso a calzarse las botas. De pronto
sintió fuego en el pie y cayó al suelo.
Durante la noche, se le había introdu-

La débil llama de una lámpara de


cido en la bota una viuda negra, una
araña, cuya picadura puede resultar
letal. Mi abuelo estuvo al borde de
la muerte…

alcohol, con la ayuda de las linternas, iluminaba


A las cinco y media de la mañana
ya estaba harto de dormir. Esperé a
que la luz comenzara a filtrarse a tra-
vés de la cortinilla de la ventana y me
levemente el pequeño e improvisado comedor. Mientras levanté… Cogí las botas y las sacudí
bien antes de calzarlas... ¡ni rastro de
intrusos!
me servía, Thony me recitó el menú de aquella primera noche Terminé de vestirme y salí a dis-
frutar del sobrecogedor amanecer en

en Kosarek… “Noodles a la italiana y piña” “Perfecto” “Aquí tienes Irian Jaya.


Las nubes se desbordaban sobre los
picos de las montañas emulando a una
salsa picante, por si te apetece”. “Me encanta el picante” gran ola a punto de romper. El cielo
estaba despejado.
“A mí también. Si quieres, a partir de ahora cocinaré con especias” “Por mí, ningún... El espectáculo de la vida despere-
zándose en aquel recóndito rincón de


...problema. ¡Uhm, están realmente rostro. El momento fue especialmente la tierra resultaba una vivencia casi
buenos!” dramático; tras desaparecer unos segun- espiritual.
En su gesto, percibí satisfacción… dos entre la maleza, el pequeño hombre Volví a entrar en la caseta… Cus-
Mientras cenábamos, nos enfrascamos en emergió de nuevo, dando gritos y apun- cús Dandée seguía durmiendo sobre
una larga conversación. tando al holandés con su arco. Thony in- uno de los largos taburetes de madera
Era una buena oportunidad para conocer- tentó apaciguarle sin éxito. El holandés del comedor, que había elegido como
nos mejor, así que cada uno compartió con depósito la cámara en la hierba, mientras cama. “…debes tener muy
el otro una parte de su pasado, su presente y le mostraba las manos desnudas… Hacia poco más de una hora que los
claro que te jugarías

DOMINICAL
DOMINICAL

sus aspiraciones futuras… -“¡Tranquilo, tranquilo!”- profería, gallos habían dejado de cantar.
Me habló de su vida como guía. Aquellas desencajado-. A las siete de la mañana, tras desa-
selvas eran su mundo. En ellas se sentía có- El Korowai volvió a desvanecerse entre yunar consistentemente y llenar las
literalmente la vida”
modo, libre. Más de una vez, había realizado la vegetación, mientras los dos extranje- cantimploras, nos pusimos en cami- También me dejaron
a pie el trayecto para el que nosotros había- ros, y el propio Thony, intentaban recu- no hacia un asentamiento Yali que se
mos recurrido a la avioneta. Le había llevado perarse del susto. divisaba en lo alto de una montaña, aparentemente
muy claro que si Una afición que iba a ir a más con el
casi dos meses. En un par de ocasiones, se Decidieron regresar inmediatamente a cercana. Éramos cuatro personas. me adentraba en paso de los añoscultura ancestral.
había topado con habitantes de la selva … zona segura, antes de que el resto de la tri- -“Estos son Elías y Bartolomé; serán nuestros por-
las “lowlands”, en

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“Aquellos nativos jamás se habían visto cara bu tuviera noticias de su presencia. teadores en esta zona...” – Señaló Thony -. no era tarea fácil. El terreno, tanto en el descenso como
a cara con un ser humano distinto a ellos”-me -“Si tu estás interesado, yo te puedo cru- Elías y Bartolomé eran dos personas de confianza territorio Korowai, no en el ascenso, era muy inclinado, y estaba escondido
explicó con entusiasmo-.. zar la línea de pacificación” – Me dijo – para Thony, con los que había recorrido en infinidad bajo una densa vegetación que te impedía ver donde
Trató de describirme la mezcla de terror, asombro y “Pero tendrías que darme un par de meses, para entrar de ocasiones aquellas montañas. Dos jóvenes Yali, que podría ser evacuado… pisabas.
curiosidad que trasmitía su mirada, mientras le apun- Una afición que iba a ir a más con el yo primero y asegurarme que no seremos atacados” habían adoptado nombres cristianos tras ser bautiza- Mis botas, adecuadas para el barro y el agua, se con-
taban con la punta de su flecha. paso de los añoscultura ancestral. -»¡Estoy ante Cocodrilo Dundee!” – Bromeé yo.- dos por los misioneros cuatro años antes. vertían en auténticos patines sobre la piedra húmeda
En las junglas del Sur, había sido de los pocos en -“Soy Cuscús, Cuscús Dundee”- me corrigió, son- -“Elías cargará tu mochila” – me indicó Thony, ha- y el barrillo, por lo que no tardé en caer al suelo. Una
atreverse a traspasar la línea de pacificación, junto a músculo. riendo, haciendo referencia a una especie marsupial ciendo referencia a mi equipo fotográfico-. vez y otra y otra…
una pareja de holandeses. Su encuentro con un Ko- Cuando el receloso hombre de la selva pareció rela- que habita en aquella parte del mundo, de cierta simi- -“Prefiero cargarla yo” – Repuse -. -“¡He visto muchas películas de Tarzán y siempre se -“¡Creo que hoy voy a entrar en el
rowai Betul fue tenso…El pequeño hombrecillo les jarse un poco, uno de los holandeses le mostró a Thony litud con el koala.- -“Hazme caso; el recorrido es muy complicado, la cae el negro!” – Dije aquel día – “así que la cámara la Guínes!”- bromeé-.
observaba con gesto entre desconfiado y hostil. A ojos su cámara de fotos… -»¡El auténtico Cuscús Dundee en persona!” cámara estará mucho más segura en sus manos, y tu llevo yo!”- Estábamos bordeando una enorme pared Tras un primer descenso de algo más de media hora,
del Korowai, aquellos tres extraños seres podían ser -“¿ Puedo?” – Interpeló-. -»¡El auténtico Indiana Jones en persona!”-añadió te desenvolverás mejor. Elías será tu sombra, así que rocosa, por un estrecho sendero que limitaba con un nos encontramos de cara a una enorme subida, su-
“Laleoalíns”, espíritus malignos. -“¡Muy despacio!”. él, refiriéndose a mí-. cada vez que necesites echar mano de la cámara, le profundo precipicio-. mergida en vegetación. Era una pendiente de unos
“ El Laleoalin es una persona que posee Khakhua, El Korowai observaba confuso, como aquella enor- -“¡Por fin me has reconocido!” tendrás junto a ti...” Thony parecía muy seguro de sus palabras, así que 80 º grados.
poderes malignos, con los que puede provocar todo tipo me persona, de pelo amarillo, le apuntaba con un ex- -“Indiana y Cuscús Dundee, ¡vaya pareja!. Nada po- La idea seguía sin convencerme. Siempre había pre- le pasé a Elías la mochila y comenzamos la marcha
de desgracias: epidemias, inundaciones... En ocasio- traño objeto brillante… drá interponerse en nuestro camino; ni lluvia, ni fle- ferido cargar yo el equipo fotográfico. hacia el poblado.
nes, su piel puede adoptar el color blanco”. De pronto, la cámara accionó automáticamente el chas... ¡Podremos con todo!” Una vez, descendiendo a un poblado Dogón en la falla Pronto me percaté de que Thony tenía razón. Avan-
Durante unos segundos nadie movió un solo flash y lanzó un golpe de luz que se estrelló contra su Eran aproximadamente las nueve y media cuando de Bendiagara, en Mali, llegué a bromear con ello… zar por aquellas montañas tupidas y muy resbaladizas LA PRÓXIMA SEMANA 9ª parte
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VIAJAR

VIAJAR
eduardo LOSTAL ( Fotógrafo)
En 2005, el viajero cántabro Eduardo Lostal, se adentró en el ancestral mundo de Papua
Occidental. Con la única compañía de su guía, Thony, y de un grupo de porteadores, se internó
en la zona más olvidada del planeta, con la intención de contactar a sus siniestros moradores

Un cántabro
en tierra caníbal
(9ª parte)

Comenzamos a trepar a buen ritmo,


ayudándonos con ambas manos para tomar
impulso. Un pie y otro y otro… No sabía dónde pisaba ni
a qué me agarraba, mientras buceábamos en aquel denso “…debes tener muy
claro que te jugarías
océano verde. La ascensión comenzó a hacerse interminable a trasmitían mucha más felicidad y alegría que la ma-
literalmente la vida”
Una afición que iba a ir a más con el
También me dejaron
partir de la primera media hora de escalada, sin descanso. Mis manos yoría de las personas que viven en la parte del mundo
que conocemos como “civilización”. muy claro que si
paso de los añoscultura ancestral.

Entre escaladas y descensos, encontrar algún río esplendor debido a la inmensidad de las montañas que
estaban llenas de cortes y me había clavado más de una espina. Ni sé cuantos insectos de agua pura y cristalina reconfortaba el cuerpo y el me adentraba en se perdían en el horizonte, coronadas por las nubes

me tragué ,o cuantos logré escupir, al tratar de tomar aire con la boca abierta.
espíritu. las “lowlands”, en bajas que se resistían a abandonar el lugar - De otro,
En un par de ocasiones, decidimos quitarnos la ropa aquella atmósfera de clandestinidad que se percibía
y darnos un refrescante baño ante la atenta mirada de territorio Korowai, no alrededor del regateo.

¶ podría ser evacuado…


El sudor me empapaba de pies a la montaña donde se asentaba el pobla- varios niños Yali que, encaramados en la copa de un Todo era siniestro. Los Yali formaban una especie
cabeza. do. Estaba prácticamente desierto. Una árbol, nos espiaban a cierta distancia. Sumergido en de cuadrado alrededor de los improvisados puestos de
Tras aproximadamente una hora de mujer, con su pequeño en brazos salió a aquella corriente de agua, entre aquellas montañas venta y se limitaban a observar en silencio.
ascensión, comenzó otro vertiginoso des- recibirnos. La joven madre sólo vestía la casi vírgenes, la sensación de sentirte vivo alcanzaba De vez en cuando, un par de hombres se sentaban
censo, y acto seguido, de nuevo hacia arri- diminuta faldita vegetal, bajo una espe- su máxima expresión. en la hierba y negociaban entre cuchicheos, casi sin
ba; una vez y otra vez…una hora y otra cie de capucha que la cubría la espalda El sol comenzaba ya a ponerse cuando divisamos mirarse a los ojos, circunspectos, como si lo que ha-
hora… Todo el entrenamiento de los me- a modo de capa. Aquel curioso parape- la misión abandonada que nos servía de refugio y de convirtió mi baño en el acontecimiento del día. cían fuera ilegal y temieran ser descubiertos. Se toma-
ses previos a la partida adquirió sentido to, hecho con las hojas del bombonaje, hogar. De pronto, Bartolomé empezó a gritar, aleján- Una nueva noche y un nuevo amanecer entre las ban su tiempo. En aquella sociedad ancestral, tiempo

DOMINICAL
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en aquel primer día de máxima exigencia es típico entre los Yalis. Les sirve tanto dose entre aspavientos, despavorido... montañas de Jaya Wijaya. es lo que sobra…
en Irian Jaya. para protegerse del sol como de la lluvia, Yo aún tuve tiempo de ver el extremo de una ser- Con los primeros rayos de sol de mi quinto día en Yo me había acercado al mercadillo, sin sacar la cá-
Sin embargo, mucho peor que las conti- cotidiana en aquellos lugares.. piente que desaparecía entre las rocas. Irian Jaya, los Yali parecían prepararse para vivir al- mara de la mochila, para no deshacer el hechizo.
nuas subidas y bajadas resultó el bordear -“No queda nadie en el pueblo”- me Bartolomé seguía muy asustado, profiriendo una gún tipo de acontecimiento que iba a tener lugar en la De pronto, un hombre de mediana edad, al que creía
los barrancos y algunos terraplenes, cuyo explicó Thony – “Todo el mundo está lista sin fin de palabras y frases ininteligibles para mí, planicie utilizada como pista de aterrizaje por las avio- haber visto el día anterior, me murmuró algo. Estaba
final se perdía entre los arbustos. Con la trabajando en las terrazas...” mientras Elías intentaba calmarle. netas misioneras. Se percibía más movimiento de lo acuclillado a mis pies. Sostenía en sus manos un pedazo
espalda totalmente echada sobre la pared El sol te aplastaba en las horas cen- -“¿Todo por una serpiente?” - pregunté yo, extraña- habitual. Poco a poco, veía llegar nativos procedentes de taro. Estaba regateando con otro individuo…
de la montaña, aferrándome con todas mis trales del día… do por lo exagerado de la reacción-. de todos los rincones de la cadena montañosa. -“¿Qué quieres?”- gesticulé -.

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fuerzas a plantas, raíces y cuanto tenía a -“Lo mejor es que aprovechemos para -“El no ha visto una serpiente” – me explicó Thony – -“Vas a tener suerte” –me dijo Thony- «es día de El hombre me mostró los cinco dedos de la mano y
mi alcance, trataba de mantener la máxi- comer algo y descansar un par de ho- “para él, era un espíritu maligno, que se ha cruzado en mercado” luego marcó con el índice la parte anterior del codo…
ma concentración, buscando un resquicio ras” - Añadió – “hasta que baje un poco nuestro camino. Mal presagio para todos nosotros...” Thony me había explicado aquella forma de contar la
donde apoyar el pie sin resbalar, en aquel
estrecho pasillo, que nos separaba del precipicio…
el calor..”
Me miré las manos; estaban llenas de arañados…
Nadie me supo explicar que hacía especial aquella
serpiente con respecto a las muchas que sin duda rep- ¶ Irian Jaya: “tierra
victoriosa”
liente noche anterior: cada dedo, hasta diez; el dedo en la
muñeca significaba cien; en el codo mil; en el hom-
Esteban y Bartolomé, mucho más acostumbrados que Una afición que iba a ir a más con el Alcanzar aquel poblado Yali nos había llevado casi taban por aquellas montañas, para que Bartolomé viera A primera vista, aquello no tenía nada de especial. bro, diez mil…
yo a desenvolverse en aquella arboleda, y con la mejor paso de los añoscultura ancestral. cinco horas, y el trayecto había resultado durísimo. en ella “un espíritu portador de malos augurios”… Yo estaba harto de ver mercados por el mundo y, des- Cinco dedos y codo significaba… quinientos mil.-
adherencia que les permitía el poder caminar con los Casi tanto como apasionante. Yo me sentía pletórico cuando llegamos a la misión. de luego, aquel puñado de mugrientas de esteras, te- --¿Me estás pidiendo quinientas mil rupias?”
pies descalzos, no se separaban de mi, atentos a cada cine!”- me gritó Thony, mientras alcanzaba el final de Tras hacerle alguna foto a la mujer de la caperuza El día había sido exigente, pero tenía la sensación de jidas con hojas de palma, en las que se podía adquirir No respondió. Se limitó a rezongar, sin atreverse a
posible traspié . “Desde luego, no era el mejor momento uno de los tramos más escurridizos-. vegetal, me refugié junto a los demás a la sombra de haberlo pasado con nota. algún tipo de hortaliza y poco más, no tenía nada que sostenerme la mirada…
para sumar un nuevo resbalón al Guínes, porque esta -“¡Claro, tu, como eres un cuscús, puedes aferrarte una de las chozas. La única forma de asearme era aprovechando un ver con los coloridos mercados de Mali, de Kenia, de -“De acuerdo” – Accedí -.
vez, la caía podía tener consecuencias fatales” con la cola!” – Le seguí la corriente, mientras luchaba Por la tarde continuamos la marcha hacia otros pun- pequeño arroyo que había detrás de nuestra cabaña. Guatemala, o los polvorientos mercados de camellos Le pasé cinco sucios billetes de cien mil rupias - unos
Thony me contaría más tarde que en alguna oca- contra mi falta de resuello-. tos de aquellas montañas. Por el camino, nos íbamos Así que me quité la ropa y, dejando a un lado cualquier del Yemen o La India. Sin embargo, había dos cosas cuarenta céntimos de euro -. Él los tomó con sigilo y
sión ya había tenido que sacar sobre sus hombros al- Entre broma y broma, yo me alegraba en aquel mo- encontrando con los Yali en sus quehaceres diarios: atisbo de pudor, procedí a jabonarme y a aclararme que hacían de aquella pequeña congregación de Ya- completó la compra.
gún aventurero, que se había fracturado la pierna tras mento de que Patricia, mi esposa, se hubiera quedado las mujeres, al cuidado de la casa; los niños, vigilando con el agua de aquel pequeño regato. El proceso fue lis algo singular y único en el mundo: de un lado, la
caer por una de aquellas interminables pendientes en España y de no tener que preocuparme más que a los cerdos; y los hombres, encaramados en aquellos seguido atentamente por un grupo de jovencitas que belleza del entorno - visto desde la cabaña, aquellos
de lodo y piedras… por mi propia seguridad. sembrados, sobre escarpadas pendientes que daban cuchicheaban y reían entre dientes… cuatro puestos, alrededor de los cuales se apiñaban
-“¡Animo, indiana; tu ya has hecho esto en el Era medio día cuando por fin alcanzamos la cima de vértigo…Una vida dura y, sin embargo, aquellos seres No tardé en contar con una nutrida audiencia, que varias decenas de indígenas semidesnudos, cobraban LA PRÓXIMA SEMANA 10ª parte
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eduardo LOSTAL ( Fotógrafo)
En 2005, el viajero cántabro Eduardo Lostal, se adentró en el ancestral mundo de Papua
Occidental. Con la única compañía de su guía, Thony, y de un grupo de porteadores, se internó
en la zona más olvidada del planeta, con la intención de contactar a sus siniestros moradores

Un cántabro
en tierra caníbal
(10ª parte)

En realidad las rupias no servían de mucho


en aquellas latitudes. De no ser por mi presencia,
lo más probable es que hubieran acabado acordando algún “…debes tener muy
trueque. De cualquier forma, aquella especie de complicidad, claro que te jugarías
literalmente la vida”
surgida entre el Yali y yo, me había servido para romper el hielo, También me dejaron
gran cerdo salvaje hacia la explanada, mientras otro Una afición que iba a ir a más con el
muy claro que si
y ahora me aceptaban entre ellos con más naturalidad. Incluso me se aprestaba al sacrificio..
Sin ningún tipo de prisa, imprimiendo una cierta so- me adentraba en
paso de los añoscultura ancestral.

permitieron tomar fotografías; los hombres mucho más orgullosos, las mujeres lemnidad al momento, el Yali comenzó a girar alrede-
dor del cerdo, mientras sujetaba un gran arco y tensa-
las “lowlands”, en
amigo como si no eras bien recibido, te lo hacían saber
al instante. Su mirada era capaz de trasmitirte hospita-

tímidas y recelosas al principio, divertidas y hasta con un cierto grado de picardía después… ba una flecha - el extremo del venablo estaba sujeto a territorio Korowai, no lidad con la misma transparencia que su rostro podía
su muñeca mediante una especie de cordón vegetal-. tornarse amenazador y agresivo si se sentían agravia-
El animal reculaba receloso… podría ser evacuado… dos. En ese caso, “mejor estar muy lejos del alcance


Un muchacho estilizado, sin un gra- interminables. Como un torero, que espera a que se cuadre el toro de sus hachas de piedra”.
mo de grasa, que debía tener unos No tardé en oír los cánticos. El ritmo y se prepara para asestar una única estocada mortal, Desde la ventanilla del avión tenía la sensación de
16 años me seguía desde hacía un era simple, monótono. .. Aquellas can- el hombre aguardó a que el cochino fijara su posición que entre toda aquella gente y yo se había generado
rato, haciendo gestos para que le sacara ciones, de letra incomprensible para mí, y, lentamente, le apuntó con la afilada punta de su fle- ciertos lazos, que difícilmente puedes conseguir en
una foto. Estaba completamente desnu- provenían de los orígenes del mundo. Las cha… El cortante pedazo de bambú acertó de lleno en Llevábamos ya un par de horas con el equipaje pre- tan poco tiempo en nuestra recelosa y solitaria socie-
do, portando solo un pequeño cubrepene mismas canciones, que habrían cantado el corazón del animal. Inmediatamente, el Yali recupe- parado, esperando que llegara la avioneta. Entonces, dad. El momento de la despedida estuvo cargado de
de calabaza. Por el momento preferí no los primeros habitantes de aquellas in- ró la flecha con un brusco tirón del cordón que la su- notamos un gran revuelo entre los Yali, mientras co- emotividad.
fotografiarle y en su rostro percibí cier- dómitas tierras hacía millones de años. jetaba a su mano. La sangre brotó como un geiser del rrían hacia la pista de aterrizaje con la mirada fija en el Mientras la avioneta aceleraba hacia el final de aque-

DOMINICAL
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ta decepción; “¿por qué a mi no?”, pare- Canciones que habían pasado de padres costado del animal, que comenzó a retorcerse varios cielo. El ruido de los motores de la avioneta nos avisó lla lengua pelada que me parecía tan corta, contem-
cía decir... a hijos, conservando toda su pureza y su metros por el suelo, emitiendo gemidos de muerte. La de su llegada unos segundos antes de que apareciera plaba por última vez a los Yalis, agitando sus brazos,
Una hora más tarde, nos pusimos en carácter ancestral. agonía duró unos pocos segundos. entre las nubes. Pocas décadas atrás, los Yali habrían cuya mirada parecía decirme: “¡Vuelve cuando quie-
camino hacia un poblado que iba a orga- De detrás de las últimas chozas de la A continuación, cuatro hombres situaron el cuerpo corrido a esconderse en los bosques, despavoridos por ras, amigo!”
nizar una gran “Fiesta del Cerdo” para montaña, como emergiendo del fondo inerte del cerdo en el centro de la placita y, con gran la visión de aquel enorme pájaro de acero. Posiblemen- Estaba tan ensimismado en mis pensamientos, que
nosotros. del precipicio, apareció ante mi vista un destreza, comenzaron a desollarlo, utilizando afilados te, aquellas avionetas aún sobrevuelan por encima co- apenas me había percatado de que el piloto no era el
Una Fiesta del Cerdo es uno de los ma- numeroso grupo de Yalis, prácticamen- pedazos de caña. munidades selváticas, cuyos moradores las confunden americano de tres días atrás…
yores acontecimientos sociales que pueden te desprovistos de atavío alguno, que no Me fijé en uno de ellos, que tenía la nariz atravesa- con los gigantescos murciélagos que emergen de sus “Bonjour, monsieur”

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tener lugar no sólo entre los Yalis, sino en- fuera la pequeña faldita de las mujeres, da por un pequeño trozo de hueso - en la cabeza por- guaridas cada atardecer. Mas de uno habrá intentado “Bonjour”.
tre casi todos los grupos tribales que habi- o el koteká y el sebiap de los hombres. taba la redecilla típica de la indumentaria Yali -. Me inútilmente alcanzarlas con sus flechas. “Comment ça va? “
tan el macizo central de Irian Jaya. Se decoraban la cabeza y el cuello con llamaron poderosamente la atención sus extremida- “Ça va bien”
El cerdo lo es todo para las tribus de Pa-
púa. No es sólo un animal, apreciado por su carne, sino
plumas y collares. Algunos portaban ar-
cos y flechas. Pude ver algún niño pequeño sobre los
des; sus pies parecían lija, y se adaptaban a la forma
del terreno. Sus enormes manos me recordaban las ¶ Irian Jaya: “tierra
victoriosa”
liente Me dio la sensación de que aquel belga, de larga ca-
bellera blanca, hacía tiempo que había traspasado la
que supone el mayor signo de riqueza de una familia. Una afición que iba a ir a más con el hombros de su madre. de un simio… Mientras varios jóvenes se echaban sobre los hom- edad de la jubilación.
Funciona también como moneda de cambio. El acuerdo paso de los añoscultura ancestral. Serían unos sesenta, que cantaban y bailaban, mien- Mientras los hombres descuartizaban al cerdo, las bros nuestras mochilas y provisiones y se dirigían al Durante varios minutos, la avioneta sobrevoló las
de la dote para comprar una esposa, las negociaciones tras recorrían el poblado hacia nuestra posición. mujeres, siguiendo una especie de rito, arrojaban ho- punto donde se había detenido la avioneta, pude ver montañas del macizo central, rozando el fuselaje las
entre clanes, para fijar cualquier tipo de indemniza- que rodeaban la misión, los cuales no querían perder- Cuando llegaron a una pequeña explanada en el jas sobre su cuerpo, mientras avivaban el fuego donde al muchacho que en varias ocasiones había intentado cimas de los picos más infranqueables.
ción, …todo se realiza mediante transacciones porci- se la fiesta. centro del pueblo continuaron danzando en círcu- sería cocinada la carne. infructuosamente que le tirara una foto. No me quita- De pronto, la inmensa pared rocosa, decorada con
nas. Cuantos más cerdos posees, más rico eres. El poblado estaba emplazado sobre el lomo de una lo. Proferían cánticos y gritos, mientras daban pe- Por supuesto, fui invitado al festín. No me quedó más ba la vista a una prudente distancia. Sus ojos se abrie- gigantescas caídas de agua, quedó atrás, y bajo no-
Por lo tanto, el que una aldea fuera a sacrificar un pequeña montaña. No era un terreno llano, sino que queños saltos,sin ningún tipo de orden o formación remedio que probar aquel guiso, que para los Yalis re- ron de par en par cuando le indiqué que se situara ante sotros apareció una interminable alfombra selvática,
puerco y celebrar una fiesta en mi honor no dejaba formaba una ligera pendiente que moría al borde de aparente. presentaba un auténtico manjar. una pequeña choza, mientras procedía a extraer de mi sólo desagarrada por los numerosos ríos que serpen-
de ser un verdadero privilegio y, por supuesto, una vi- un profundo barranco. Así permanecieron durante cerca de veinte Mi tiempo entre los Yali se estaba acabando. A la mochila la cámara fotográfica. teaban entre la vegetación más exuberante que había
vencia que no podía desaprovechar. Visto de arriba a abajo, aquel conjunto de chozas de minutos. mañana siguiente, vendría a recogernos la avioneta Con qué poco podías arrancar de aquellos rostros visto jamás.
Esta vez, a la marcha hacia el poblado, que nos lle- paredes de barro y techumbre vegetal, parecía un de- Terminado el baile, las mujeres se retiraron, quedan- que nos llevaría a las “Lowlands”. Allí comenzaría la una enorme sonrisa, trasmisora de la felicidad y gra-
vó aproximadamente dos horas, se nos sumaron hom- corado del Hollywood de los años sesenta, que sobre- do únicamente un grupo de hombres, que parecían dis- parte más peligrosa, y a la vez más apasionante, de titud más sinceras. Aquellas gentes no sabían de do-
bres, mujeres y niños, de los pequeños asentamientos saliera sobre un gran lienzo, pintado, de picos y nubes puestos a hacer los honores. Uno de ellos atrajo a un mi viaje. bles-caras ó diplomacia; tanto si te consideraban un LA PRÓXIMA SEMANA 11ª parte
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VIAJAR

VIAJAR
-“Creen en los espíritus” – fue su es-
eduardo LOSTAL ( Fotógrafo) cueta respuesta-.
El recibimiento fue mucho menos
En 2005, el viajero cántabro Eduardo Lostal, se adentró en el ancestral mundo de Papua caluroso que en kosarek. Un grupo
de nativos, que vestían vieja ropa oc-
Occidental. Con la única compañía de su guía, Thony, y de un grupo de porteadores, se internó
cidental, salió a nuestro encuentro y
en la zona más olvidada del planeta, con la intención de contactar a sus siniestros moradores nos ayudó con los equipajes y los ví-
veres para la expedición al interior de
la jungla.

Un cántabro No eran sólo sus rasgos, típicamen-


te melanésicos, lo que diferenciaba a
esta gente de las tribus que había con-

en tierra caníbal
tactado en las tierras altas; su rostro
era mucho más hermético y su mirada
seguía un código difícil de descifrar.
Tenía la sensación de que ganarme su
(11ª parte) confianza iba a ser tarea ardua.
Un joven de unos veinticinco años,
de cara huesuda y un atisbo de bigote
bajo la nariz, se aproximó a nosotros.
Thony estrechó su mano…
-“¿Qué tal todo?” – Dijo Thony -.
“Bien” – Repuso el tipo enjuto -.
Thony se volvió hacia mí…
-“Te presento a Boas, nuestro guía
en la selva” – Añadió -.
Para pasar aquella noche, decidimos
alojarrnos en una de las primeras casas
del pueblo, un edificio absolutamente
destartalado, en cuyo interior abrimos,
a modo de mosquiteras, nuestras tien-
das de campaña…
En eso estábamos cuando se acercó
a saludarnos un pequeño hombrecito,
que sostenía un cuaderno y un bolígra-

“El Infierno del Sur”, el impenetrable


fo en las manos. Vestía una especie de
uniforme caqui…
-“Te presento al alcalde de Yani-
ruma”- dijo Thony, mientras proce-

hogar de los Korowai, los Kombai, y, mucho me


díamos al protocolario apretón de
manos-.
El pequeño hombrecillo me ofreció
el cuaderno…
temía, de más de un grupo humano, cuya existencia no -“ Este es el libro de visitas de Ya-
niruma” – dijo – “todos los extranje-
ros que pasan por aquí acostumbran
nos ha sido revelada aún. De hecho, el mundo no supo de vida a firmar en él. ¿Te importaría escribir
tu nombre, nacionalidad y fecha de

humana en aquellos pantanales hasta 1977. Con anterioridad a llegada?”


-“Por supuesto” – Accedí -.
Eché un vistazo a los nombres que
esa fecha, nadie imaginaba que aquella inmensa jungla pudiera aparecían en las primeras páginas del
cuaderno: la fecha más antigua da-
esconder personas, más allá del área conocida como “los Asmat”, una enorme ... taba de 2002; un tal “Carlo”, italia-
no. No conté más de cuarenta nom-


... extensión de selva y ciénagas, habi- alturas, para protegerse de los ataques de bres en la lista, lo que quería decir que
tada por la tribu del mismo nombre, sus enemigos, de los animales e incluso yo era uno de los pocos occidentales
temibles por su larga tradición como de las inundaciones. que había puesto los pies en aquel lu-
antropófagos y cortadores de cabezas. La No tardé en divisar más “Khaims”, que gar perdido. Las nacionalidades eran
existencia de canibalismo en los Asmat fue es como los hombres mono denominan a de lo más variadas. Había un par de
conocida a nivel mundial cuando en 1961, sus hogares arbóreos. A cierta distancia, españoles…
Michael Rockefeller, hijo de un famoso mul- resplandecían los afluentes de los ríos Di- Lo primero que hice fue dar un paseo “…debes tener muy
timillonario, desapareció sin dejar rastro en gul y Eilander, lindes naturales del terri- por el pueblo y acercarme a un peque-
claro que te jugarías

DOMINICAL
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aquella región y se especuló con la posibili- torio Korowai. ño río, que sirve de acceso fluvial a la
dad de que hubiera sido devorado por los ca- Había llegado al punto crucial de mi aldea, y en cuyos márgenes, descansa-
níbales que la habitaban. viaje a Irian Jaya. En pocos minutos pon- ban algunas canoas semihundidas. El
literalmente la vida”
Volábamos muy bajo. El tamaño de los dría pie en “tierra caníbal”. Thony aspecto de aquel sitio era desolador. También me dejaron
árboles, algunos de más de treinta metros, volvió a extender su dedo índice… No vi más de quince personas y otros
obligaba al piloto a mantener la máxima “Yaniruma” – Espetó -. tantos cerdos, algunos de considerable tamaño, que
muy claro que si Una afición que iba a ir a más con el
concentración. El único resquicio de civilización deambulaban a sus anchas entre las casas. me adentraba en paso de los añoscultura ancestral.
Además de la vegetación lo que más lla- en aquel territorio salvaje se llama Volví a revisar con Thony los víveres que portaríamos
las “lowlands”, en

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maba la atención desde allí arriba era la gran Yaniruma. durante el trecking, reduciendo al máximo la cantidad carreteros. Nos servirá para negociar con ellos o como
cantidad de agua que lo anegaba todo. Aparte de una pequeña tienda de ultra- de latas y paquetes. territorio Korowai, no tarjeta de visita”- me aclaró-.
Durante nuestra última cena en Kosarek, Thony me marinos, propiedad de un joven, originario de Bornéo, Después nos acercamos a visitar al joven Dayak, que El siguiente punto en la orden del día era la elección
había confesado su preocupación por el nivel que po- Una afición que iba a ir a más con el un sucio dispensario,desprovisto de medicamentos e arrendaba la tienda de ultramarinos. podría ser evacuado… de porteadores. Boas se había encargado de elaborar
día adquirir el agua en algunas zonas. paso de los añoscultura ancestral. instrumental, que corre a cargo de una enfermera de Tendría unos treinta años, era de complexión delga- una lista de candidatos…
-“Las noticias que tengo son de que está lloviendo Wamena, y una estación de radio, que mantiene contac- da y estatura media, lucía una larga cabellera negra, -“Aquellos dos son buenos porteadores” – aseveró
mucho. Podemos encontrar bastante agua en el ca- “¡Korowai!” - exclamó- to permanente con las avionetas que, de vez en cuan- que le llegaba hasta la cintura, y un largo mostacho, Thony, señalando a un par de jóvenes que observaban
mino y eso lo hará especialmente duro” Ante nosotros, sobre la copa de un árbol de más do, solicitan aterrizaje en la única pista disponible en que le colgaba por ambos lados de la boca. Vestía una a cierta distancia-. “¿Por qué no les has elegido?”
-“¿A qué altura crees que nos puede llegar el agua de veinte metros de altura, pude distinguir la pri- muchos kilómetros a la redonda, Yaniruma no es más camisa desabotonada, un pantalón pirata, que le llega- la visita de cuarenta potenciales clientes extranjeros... -“Son kombáis” – Replicó Boas – “cuando se han en-
mientras caminamos, la cintura?” mera “Treehouse”, la vivienda de los Korowai y los que una veintena de cabañas de madera, que a duras ba hasta la pantorrilla, y unas chanclas. Estaba tirado Hay cosas que me siguen resultando, como mínimo, terado que íbamos a territorio Korowai se han echa-
Thony me sonrió y se llevó la mano a la barbilla. Kombai. penas se sostienen en pie. en una especie de mecedora, en el porche de la casa, sorprendentes” do atrás… Es mejor que no incluyamos Kombáis en el
Llevábamos más de una hora sobrevolando una in- Los misioneros que habían levantado el pueblo de- al que se accedía por una pequeña escalinata. Como Pensamientos como este no cesaban de rondarme grupo; evitaremos problemas”
mensa extensión de selva que se perdía en el horizonte.
Yo permanecía absorto en aquella visión indescriptible. ¶ Irian Jaya: “tierra
caliente victoriosa”
cidieron abandonarlo tras varios años de inútiles in-
tentos de predicar el evangelio entre aquellas gentes
todo el mundo en Yaniruma, dejaba pasar las horas
con exasperante parsimonia…
por la cabeza, mientras Thony me presentaba al cu-
rioso e indolente tendero…
A continuación, me habló del odio histórico que am-
bas tribus se profesan…
Volvía a ocupar el asiento del copiloto, mientras Thony Los Korowai dicen que construyen sus casas en los ár- esquivas, sin poder llevar a efecto ni un solo bautizo “¿Cómo puede alguien montar un negocio aquí? , me -“ ¿Qué vais a llevar?” – nos preguntó-. -“Son enemigos eternos” – Concluyó-.
permanecía sentado detrás de mí, entre la carga. boles “para poder ver de cerca los pájaros y las monta- entre la población Korowai ó Kombái. dije, “un pueblo en mitad de la selva, donde sus dos de- -“Tabaco. Por lo menos diez cartones” - contestó
De pronto, extendió su mano y me señaló a un pun- ñas, y para que el brujo no pueda trepar hasta ellos”. -“¿Profesa esta gente alguna religión?” –Le pregunté cenas de habitantes no tienen una rupia que sacar del Thony , para mi asombro- “Es fundamental llevar un
to en la jungla… La realidad es menos poética; deben habitar en las a Thony unos días más tarde-. bolsillo y dónde, en los últimos tres años, han recibido buen cargamento de tabaco; los Korowai fuman como LA PRÓXIMA SEMANA 12ª parte
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VIAJAR
eduardo LOSTAL ( Fotógrafo)
En 2005, el viajero cántabro Eduardo Lostal, se adentró en el ancestral mundo de Papua
Occidental. Con la única compañía de su guía, Thony, y de un grupo de porteadores, se internó
en la zona más olvidada del planeta, con la intención de contactar a sus siniestros moradores

Un cántabro
en tierra caníbal
(12ª parte)

-“Incluye a Pies de Elefante” – señaló


Thony, refiriéndose a un hombre de tez morena,
pelo rizado y tupida barba, que padecía la enfermedad
“…debes tener muy
conocida como “pies de elefante”, motivo por el cual tenía los claro que te jugarías
tobillos muy hinchados y extremidades de considerable tamaño-. literalmente la vida”
También me dejaron
-“Es muy torpe en la selva” – Advirtió Boas-. -“Entonces, ¡es importante caerles bien”! – dije, adop-
tando mi versión más sarcástica -.
muy claro que si Una afición que iba a ir a más con el
paso de los añoscultura ancestral.
-“Pero muy leal “ - Insistió Thony – “Puedes confiar en él. Y los demás le respetan… Thony sonrió y volvió a reincorporarse a la me adentraba en
tertulia. las “lowlands”, en punto del río no formara parte del recorrido gastronó-


…Le necesitamos con noso- canibalismo con los enemigos Yo salí al porche, para disfrutar de la paz que se res- mico diario de los caimanes.
tros. Inclúyelo.” muertos en combate…” – Apun- piraba con la caída del sol. Al cabo de unos minutos, territorio Korowai, no A pesar de todo, escudriñé bien las orillas cercanas
-“ ¿Cuántos llevaremos?” – té yo -. el cielo se cubrió de centenares de sombras negras. podría ser evacuado… antes de aventurarme en el agua
pregunté yo -. -“Eso es cierto; de esa forma no Fue la primera vez que contemplé el espectáculo de Cuando consideré que todo estaba en regla, me qui-
-“Unos siete, además de Boas” solo le quitan la vida, sino que se los murciélagos gigantes saliendo de caza con la lle- té la ropa y me adentré en el río.
-“¿Necesitamos tantos?” quedan con parte de su valor y de gada de la noche. Flotando en aquellas aguas, rodeado de selva virgen,
-“Por la carga no. Pero es con- su fuerza… Es pura superstición. Con una precisión que ya quisieran para sí los relojes notaba como la adrenalina bullía en mi interior.
veniente por nuestra seguridad; si No debes relacionar canibalismo de muchos ayuntamientos en Europa, los gallos canta- Cogí el gel y me jaboné el cuerpo. Después, volví a
tuviéramos algún problema con los con hambre…” ron a la hora prevista, las cinco y media de la mañana. buenos remansos para bañarte sin problemas. El due- sumergirme entre una nube de espuma.
Korowai, estaremos más protegi- Yo contemplaba a aquel grupo Dos horas más tarde, la expedición estaba dispuesta ño de la casa te acercará en su canoa”. Fue entonces cuando me percaté de que alguien me
dos si contamos con un buen núme- de hombres, que, aunque vestían para partir hacia Mauggemahe, un pequeño pueblo Según mis noticias, aquellos ríos estaban infecta- estaba observando algunos metros más abajo. Era

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ro de arcos a nuestro lado” viejas camisas ó pantalones, no de- Korowai que representaba la frontera entre la selva dos de cocodrilos… una de las tres muchachas que nos habían acompa-
Sonaba razonable… jaban ser tan Korowais como los amable y la jungla más cerrada y cenagosa. -“No te preocupes por los cocodrilos; no suelen acer- ñado desde Yaniruma. Al principio pensé en acercar-
Nadie en Yaniruma parecía estar aborígenes desnudos que espe- De Yaniruma partimos un total de doce personas: carse dónde hay gente” – Aseguró Thony- “¡Anímate, me, pero ella también se estaba aseando y preferí no
demasiado ocupado, así que, con la raba localizar en lo profundo de Thony y yo, Boas, seis porteadores y tres mujeres, que, Indiana! ;yo te alcanzo en cuanto arregle un par de te- importunar.
caída de la tarde, nuestra casa se la jungla… según entendí, tenían su hogar en Mauggemahe. mas con Boas”. Cruzamos miradas unos segundos y volví a
convirtió en el punto de encuen- -“¿Quiere eso decir que todos es- El grupo de porteadores lo componía, además de El escenario desde la canoa era arrebatador. zambullirme.
tro de todos los habitantes del pue- tos Korowai han probado alguna “Pies de Elefante”, un hombre de aspecto chupado, dos El río era ancho y muy caudaloso. La corriente ba- -“¡Indiana!” – me gritó Thony, mientras se dirigía
blo. Unos por curiosidad, otros para vez la carne humana?” – le pregun- jóvenes de complexión robusta y un chaval de no más de jaba con fuerza. En ambas márgenes, la densa vege- hacia mí en otra canoa-.

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compartir con Thony los últimos té a Thony, no sin cierto morbo-. dieciséis años, que destacaba por su gran agilidad. tación devoraba la orilla. Una vez en el islote, se desvistió y se sumó al baño
acontecimientos y los más, para -“La mayoría.” – aseguró-. “Te El ritmo hacia Mauggemahe fue fuerte. Aunque el De vez en cuando, alguna ave del paraíso, con su en el río.
conseguir algún cigarrillo a cam- voy a contar una historia. Este al- sendero que seguíamos había sido trazado por la natu- plumaje de vivos colores, se aventuraba a cambiar La muchacha, sumergida hasta el cuello, seguía
bio de nada. calde que ves aquí, en realidad no raleza y no por el ser humano, estaba bastante despe- de rama. observando…
Mientras Boas comenzaba a preparar la cena, yo me Una afición que iba a ir a más con el lleva más de tres meses en el cargo. El anterior era una jado, y se podía caminar con cierta facilidad. Compa- Toda la admiración que aquella especie de edén me Después del baño volvimos al pueblo.
senté y seguí cada detalle de la reunión. Poco a poco, paso de los añoscultura ancestral. persona odiada hasta por su gente. Cada vez que un ex- rado con lo que nos esperaba a partir del día siguiente, causaba se reflejada en mis ojos. Según nos íbamos aproximando, comencé a percibir
nuestros numerosos invitados fueron marchando y en tranjero aterrizaba en Yaniruma, él le cobraba una es- aquel camino debía ser considerado como una gran Mi anfitrión asentía orgulloso mientras remaba sua- cierto revuelo. Al final de la única calle, que atravesa-
la oscura habitación quedó un grupo de ocho personas. pecie de tasa por alojarse en el pueblo, pero no repartía avenida en mitad de la selva. vemente hacia una especie de playita, formada por una ba la aldea, divisamos a un grupo de hombres. Se oían
Entre ellos, el Alcalde y Pies de Elefante. -“De acuerdo con sus creencias, ellos no comen se- nada con el resto de sus vecinos. Era un déspota y no Tres horas más tarde, llegamos a Mauggemahe. Era montonera de cantos rodados, donde el agua se aman- gritos. Poco a poco, lo que parecía una intensa discu-
Alrededor de la única mesa de la sala, todos pare- res humanos, sino demonios, laeolíns, que adoptan caía bien a nadie. Un día desapareció sin dejar rastro. un pequeño asentamiento de no más de quince casas saba, incitando al baño. sión se hizo más audible… Thony se tensó y me puso
cían divertirse con las historias de Thony, que, de vez forma humana. Ello son los causantes de la muerte o Nadie supo más de él. Sin embargo, yo te puedo decir hechas de bambú y separadas algo más de un metro Antes de zambullirme, no pude evitar mirar a mí al- la mano en el pecho para que me detuviera…
en cuando, se volvía hacia mí y me ponía al corriente la enfermedad de una persona, y solo la persona afec- que fue su propia gente quien le hizo desaparecer; ¡se del suelo mediante unos pilares de madera. rededor. Yo sabía que los cocodrilos son depredadores -»¡Korowais!”- me previno, con gesto grave – “¡Des-
sobre el tema de conversación. tada puede reconocerles. Por eso es conveniente man- lo comieron!. No quedó de él más que los huesos”. Al principio del pueblo había una pequeña capilla, que siguen unas pautas muy estrictas en cuanto a iti- pacio!”- me indicó, reanudando la marcha-…
Observando aquella gente, me venía a la cabeza tenerse alejado de personas enfermas o moribundas, -“¿Y dónde queda el demonio ahí?” – Pregunté-. por lo que al parecer, el trabajo de los misioneros, que nerarios e incluso horarios. Saben dónde y a qué hora
un pensamiento que me tenía intrigado: ¡el caniba- ya que si, en sus desvaríos, esta te señala como el de- -“Era un demonio de persona, créeme… De todas habían dejado el lugar unos años antes, no había sido pueden conseguir una buena presa, y no acostumbran
lismo¡ Thony ya me había explicado que los Korowai monio causante de su mal, puedes considerarte hom- formas, todo eso es la teoría. Ya me entiendes…” totalmente en valde. a modificar su hoja de ruta. Así que si los Korowai te
y los Kombai continúan practicando el canibalismo bre muerto. Y, por supuesto, devorado” Volví la vista hacia a nuestros desaliñados acompa- La sensación de paz era intensa… aseguraban que podías meterte en el agua sin riesgo de
ritual… -“Había leído que también suelen practicar el ñantes, que me observaban fijamente… -“Si quieres puedes ir al río” – me sugirió Thony- “hay ser atacado, lo más probable es que realmente, aquel LA PRÓXIMA SEMANA 13ª parte
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eduardo LOSTAL ( Fotógrafo)
En 2005, el viajero cántabro Eduardo Lostal, se adentró en el ancestral mundo de Papua
Occidental. Con la única compañía de su guía, Thony, y de un grupo de porteadores, se internó
en la zona más olvidada del planeta, con la intención de contactar a sus siniestros moradores

Un cántabro
en tierra caníbal
(13ª parte)

No tardé en distinguir a dos hombres


completamente desnudos, con una pequeña hoja
envolviendo el pene como única prenda. Uno de ellos se
“…debes tener muy
mostraba furioso y amenazador. Gritaba sin parar mientras claro que te jugarías
apuntaba a Boas con su arco - mi primer encuentro con un literalmente la vida”
También me dejaron
Korowai de la jungla no iba a estar exento de cierta emoción - Junto a -“Se llama Mada” - Apuntó Thony -.
-“¿Es Korowai?” – Pregunté -.
muy claro que si Una afición que iba a ir a más con el
paso de los añoscultura ancestral.
Boas, estaba Pies de Elefante y el otro porteador, de cara chupada… -“No. Ella y su hermana provienen de una región que me adentraba en
está lejos de aquí. Su tía sí es korowai” las “lowlands”, en Mada y yo tratábamos de asegurar la carga, des-


“¿Qué sucede?”- preguntó yo a mi esposa!... ¡Están locos!” Su hermana era la más joven de las tres. Se llamaba plazándonos lo menos posible, en un intento de pre-
Thony-. -“¡Vale, ya está, ya se han ido! - Priscilla, y padecía una especie de tiña que le cubría territorio Korowai, no servar en todo momento la estabilidad de la embarca-
Cuando me vieron, los dos Ko- Intentó calmarle Thony, mientras el cuerpo de pequeñas escamas, una enfermedad que podría ser evacuado… ción. Cualquier movimiento en falso podría hacernos
rowais quedaron petrificados, como los demás porfiábamos por recu- era frecuente entre los habitantes de aquel hábitat hú- volcar…
convencidos de encontrarse cara a perar el aliento – “Entremos todos medo y falto de higiene… -“¡Cuidado con ese árbol!” –le grité a Thony, que, a
cara con un auténtico Laleoalin. en la casa” -“ Con Mada puedes comunicarte;” – señaló Thony duras penas, pudo esquivar un gran tronco que se pre-
Tras unos segundos de estupor, Poco a poco, Boas pareció tran- – “ha estudiado en Yayapura y habla un poco de cipitaba contra nosotros arrastrado por el torrente-.
resurgió su faceta beligerante y, quilizarse … Thony le golpeó le- inglés” -“¡Sigue remando, no pares!” –exclamó Thony, al
mientras el más enfurecido volvía vemente el brazo en señal de -“ ¿En serio?, do you speak English?”- me dirigí a intentarlo, ¿no, Indiana?” comprobar que el chaval había bajado un poco el ritmo,
a apuntar a Boas, el otro dirigió su ánimo… la joven, que sabía perfectamente que estábamos ha- -“No he llegado hasta aquí para dar la media cegado por la lluvia que le golpeaba en los ojos-.
arco hacia mí… -“ ¡Están locos!” – insistió, una blando de ella-. vuelta” La otra embarcación nos seguía a poca distancia. Lle-

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-“¡Tranquilo, tranquilo!” –se inter- vez más, mientras su protuberan- -“A little”- me contestó, medrosa-. Una hora después, seguía lloviendo abundantemente. vados por la excitación del momento, Boas y sus otros
puso Thony, mientras los Korowai te bocaza esbozaba, por fin, una En realidad, el inglés de Mada era muy limitado. No lo pensamos más y nos pusimos en camino… El área dos ocupantes aullaban al viento mientras ensartaban
se mostraban vacilantes-“¿Qué ha amplia sonrisa-. Apenas pudimos ir mucho más allá en nuestra prime- selvática en que nos íbamos a adentrar estaba al otro los remos en el agua.
pasado?”- volvió a preguntarle a ra conversación… lado del ancho río, que bajaba caudaloso. Las canoas Thony me lanzó una fugaz mirada…
Boas-. Durante la cena, el impactante -“Las tres nos acompañarán en el trecking..”- dijo que nos esperaban en la orilla estaban semihundidas. -“¿Cómo lo llevas,Iindiana?”
Thony me tradujo la explica- encuentro con los dos Korowai de Thony-. Sólo dos se mantenían a flote, aunque fue necesario -“Calado hasta los huesos, pero bien… ¡Es
ción sin perder de vista al Korowai, la selva acaparó toda la conversa- -“¿Y eso?” achicar el agua que había en su interior. alucinante!”
que seguía amenazándonos con su ción. En la oscura estancia, Thony -“También tienen derecho a ganarse un dinero” Finalmente, la expedición la componíamos once La travesía duró treinta escalofriantes minutos.

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flecha… y yo ocupábamos los dos únicos Mada seguía lanzándome miradas furtivas… personas. Estaba claro que todos no entraríamos en Una vez en la otra margen, buscamos un lugar dón-
-“Por lo visto, la segunda esposa taburetes disponibles, mientras aquellos estrechos troncos huecos… de poder desembarcar.
de Boas pertenecía a su familia”.- se Boas, nuestro anfitrión y su espo- A la hora de la partida, llovía torrencialmente. Desde -“Habrá que hacer dos viajes” -. Apuntó Thony-. Nuestras botas se hundieron en el lodo, mientras
refería al más agresivo de los dos sa permanecían sentados sobre el primeras horas de la mañana, el agua no había cesado En la primera canoa subimos Thony y yo, junto a tirábamos de la canoa para que no fuera arrastrada
aborígenes-. “La mujer contrajo una enfermedad y fa- Una afición que iba a ir a más con el suelo de caña. de caer con fuerza. Mada y el más joven del grupo. por la corriente.
lleció hace unos meses. Este hombre acusa a Boas de paso de los añoscultura ancestral. Yo estaba atendiendo a las historias que narraba el Después de desayunar, me aseguré de que mi equi- Boas y otros dos porteadores abordaron la segunda Apenas había espacio dónde pisar y poder depositar
haber utilizado sus poderes malignos para matarla, y matrimonio, sobre otros altercados anteriores con sus po fotográfico estuviera a salvo de la humedad. Cubrí embarcación, con la mayor parte del cargamento. El las mochilas y el resto del cargamento. Ante nosotros,
ahora le exige una compensación por su muerte”. vecinos de la jungla, cuando alguien colocó un plato la mochila con su funda impermeable y protegí el di- resto se quedó en la orilla. se levantaba un enorme muro formado por la vegeta-
El Korowai que apuntaba a Boas volvió a proferir un Las miradas se entrecruzaron. Los hombres de la sel- de arroz ante mí. nero y la documentación dentro de pequeñas bolsas Thony y el chaval tomaron los remos y nos encami- ción más exuberante que había visto jamás. Una pa-
montón de improperios, mientras tensaba la cuerda de va no dejaron de apuntarnos, ni modificaron un ápice Entonces, reconocía a la muchacha del río, que esbo- estancas. namos río abajo, entre una densa cortina de agua. red compacta, de lianas, raíces entrelazadas y árboles
su arco. Boas se volvió hacia él y levantó los brazos, su rictus amenazante… zó una tímida sonrisa cuando la agradecí el gesto. Thony miraba al cielo con preocupación … -“Bien, ¡agárrate fuerte, Indiana!- espetó Thony gigantescos, donde no se divisaba la menor grieta que
situándose ante la punta de la flecha… Tras unos segundos de indecisión, el Korowai mu- Algo en su mirada la hacía diferente a los demás; -“¡Llueve muchísimo! ; la selva va a estar anegada ,mientras nos aproximábamos al epicentro de aque- nos permitiera acceder a su enigmático mundo.
-“¡No puedo compensarte porque no tengo nada!. sitó algo. Su tono trasmitía rabia e indignación. Final- parecía mucho más viva, más inteligente. Sus rasgos de agua” lla gran avalancha de agua-.
¡Si quieres matarme, mátame, pero no puedo darte mente, optaron por recoger los arcos y desaparecer físicos tampoco coincidían; era de complexión más -“¿Cómo lo ves? Contuve la respiración. La naturaleza se revelaba en
nada!” – Vociferó, entre aspavientos -. entre la arboleda. fuerte y su tersa piel se me antojó más bruna y brillan- -“Dificultará mucho la marcha. Vamos a esperar a su estado más salvaje e indomable…
Entonces me di cuenta de que Pies de Elefante blan- -“¡Están locos!” – seguía vociferando Boas , que daba te. Tenía unos ojos grandes y hermosos, y a mí, me pa- ver si amaina. ..” La corriente bajaba con fuerza. En algunos tramos,
día una lanza en defensa de su amigo. muestras de un estado de gran agitación-. “¡Cómo voy a reció que, entre los de su raza, debía ser considerada -“ ¿Y si no?” los remolinos amenazaban con engullir a las frágiles
Los instantes posteriores fueron de gran tensión. tener yo poderes malignos!, ¡cómo voy a haber matado una mujer bella… -“Si no, nos espera una paliza. Pero habrá que canoas. LA PRÓXIMA SEMANA 14ª parte
2 3
VIAJAR

VIAJAR
Pies de Elefante se situó delante de
eduardo LOSTAL ( Fotógrafo) nosotros, sujetando firmemente su
lanza…
En 2005, el viajero cántabro Eduardo Lostal, se adentró en el ancestral mundo de Papua Entonces, de entre la vegetación,
surgió un hombre desnudo, seguido
Occidental. Con la única compañía de su guía, Thony, y de un grupo de porteadores, se internó
de una mujer que vestía una pequeña
en la zona más olvidada del planeta, con la intención de contactar a sus siniestros moradores falda de fibra vegetal…Estaba claro
que estábamos ante dos Korowais de
la jungla…

Un cántabro El hombre, de amplio pelo rizado,


aspecto menudo y de nariz perforada
por un pequeño pedazo de hueso, nos

en tierra caníbal
miró con asombro, vacilante…Su ins-
tinto de defensa se activó al instante,
armando su arco, para persuadirnos
de cualquier amago de violencia por
(14ª parte) nuestra parte.
Cuando me vio, la mujer reaccionó
con temor…
Boas no tardó en adelantarse a ha-
blar con ellos…El Korowai añadió algo,
sin apartar sus ojos de mí…
-“No es un ser maligno” - le tran-
quilizó Boas – “no tiene Khakhua. Es
amigo”
-“Dile que nos dirigimos a Yafofla.
Pregúntale si vamos bien”- intervino
Thony-.
-“Dice que sí, que él y su esposa tam-
bién se dirigen a Yafofla”
-“Dile que le estaríamos muy agra-
decidos si nos guiaran allí, que les ob-
sequiaríamos con buen tabaco”
El Korowai seguía mirándome con
recelo… Finalmente asintió…

Mientras una de las canoas retornaba


-“Pregúntale si sabe por dónde cru-
zar el río”
-“Por aquí” – añadió Boas, interpre-
tando sus palabras-.

en busca del resto de porteadores, cubrimos el


-“Por aquí es imposible; ¡demasiado
profundo!” - dijo Thony-.
Inmediatamente, el pequeño Ko-
rowai entró en acción; recorrió los ár-
equipaje con hojas, para aislarlo de la lluvia, y nos boles con la mirada, palpando la cor-
teza con las manos, como si estuviera
calculando la altura y el grosor.
dispusimos a esperar al resto del grupo. Una hora después, Luego, tras descartar varios troncos,
señaló uno que debía rondar los quin-

seguía lloviendo vehementemente. La canoa había regresado con ce metros de alto.


Entonces, empuñó con firmeza el
hacha, que portaba a la espalda, y co-
el resto del equipo, de manera que los porteadores se echaron al menzó a talarlo con gran criterio y ha-
bilidad. Diez minutos después, la gran
hombro el equipaje y, sin más dilación, nos internamos en la jungla… mole de madera se desplomó con un
enorme chasquido, arrastrando ramas


Thony y Boas se situaron al frente del Por otra parte, me llamaba la aten- y vegetación en su caída. El habitante
grupo, abriendo camino en la tupida fo- ción que alguien pudiera orientarse en de la jungla acababa de tendernos un
resta con sendos machetes… aquel laberinto forestal, carente del me- puente hasta la otra orilla.
Como nos temíamos, el terreno estaba com- nor sendero. Para la pareja de Korowais, habitua-
pletamente anegado. En realidad, todo el área dos a desenvolverse en los árboles, y
era una ciénaga donde, a cada paso, te hun- -“Más de una vez ya nos hemos perdido, cuyos pies se articulaban, acoplán-
días en el fango hasta la rodilla, lo que entor- y nos ha llevado horas recuperar el sentido dose al tronco como si de una pitón “…debes tener muy
pecía la marcha, haciéndola especialmente de la orientación” – se sinceró Thony-. se tratara, atravesar aquel improvisa-
claro que te jugarías

DOMINICAL
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farragosa. Tras varias horas de lucha con el barro, do pasadizo, de superficie cilíndrica
Yo intentaba aprovechar las raíces de los abriéndonos paso a fuerza de machete, y muy resbaladiza, no representó el
árboles que se entrecruzaban a nuestro paso nos dimos de bruces con una gran canti- menor problema. Sin embargo, para el
literalmente la vida”
a modo de adoquines. dad de agua que se interponía en nuestro resto de la expedición - especialmen- También me dejaron
En algunos tramos, el agua nos llegaba por camino. La intensa lluvia había provoca- te, para mí -, el reto no estaba caren-
el pecho. No veías el firme y era necesario do el desbordamiento de aquel río, du- te de riesgo.
muy claro que si Una afición que iba a ir a más con el
caminar con mucho tiento. Especialmente plicando su caudal. El área inundada era El primero en decidirse fue Thony, seguido de Boas me adentraba en paso de los añoscultura ancestral.
teniendo en cuenta que en la zona abunda- muy extensa, y la parte central se revela- y de Mada. Yo iba tras ellos y, a continuación, el resto
las “lowlands”, en

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ban las arenas movedizas… ba demasiado profunda para vadearla a de porteadores, con la dificultad añadida de las mo- Cuando salimos del agua, tuve que sacudir las san-
-“¡Cuidado aquí, Indiana!” - me avisó pie… Revisamos la orilla de arriba abajo, chilas y la carga. territorio Korowai, no guijuelas que se me habían pegado al cuerpo. No se
Thony, señalándome una especie de finas plantas, en busca de un punto más accesible, pero no lo encon- Parecíamos una hilera de equilibristas avanzando me había introducido ninguna en las botas, gracias a
que colgaban a la altura de nuestros hombros -“Son Una afición que iba a ir a más con el tramos. Teníamos un problema. Tanto Thony como sobre el alambre de un circo. podría ser evacuado… las polainas, y, exceptuando la que me arranqué del
plantas cortantes, extremadamente afiladas. Si te ro- paso de los añoscultura ancestral. Boas parecían desconcertados… Nuevamente, las botas se convirtieron en mi peor cuello, la mayoría estaban adheridas a la ropa.
zas con una de estas, te harás una buena herida. Prés- De pronto, la hojarasca crujió y todo el mundo se puso enemigo para caminar sobre la corteza mojada. Trataba Aún restaban unas tres horas de marcha hacia Ya-
talas mucha atención.” -“No lo olvidaré” alerta… ¡Algo se acercaba por nuestra izquierda!... de mantener el equilibrio con los brazos abiertos. Me foflá, que era el nombre del poblado dónde habíamos
-“De acuerdo” -asentí, tratando de memorizar su Pronto me di cuenta que desenvolverme en aquel -“¡Puede ser un casuario, cuidado!” – advirtió tomaba mi tiempo entre paso y paso, con la sensación decidido establecernos los dos días siguientes.
forma y textura-. complejo ecosistema iba a ser una cuestión de habili- Thony-. de que, al siguiente, me escurriría y acabaría cayendo Aún tuvimos que avanzar durante cerca de una hora En realidad, los poblados Korowai son pequeñas co-
-“Recuerda esto: en la selva debes mantener en todo dad y de agilidad, más que de mera resistencia física. El casuario es una de las especies más peligrosas en aquella ciénaga cubierta de agua. con el agua por el cuello. munidades de tres o cuatro Khaims, en las que habita
momento la concentración. Debes ver lo que pisas, a Avanzar hacia el interior de la jungla implicaba puen- que te puedes encontrar en las selvas de Papúa. A pri- Mada se percató de mi inseguridad y me tendió la Las mochilas se sumergían casi por completo, y yo una misma familia, que da nombre al pueblo.
lo que te agarras, lo que cuelga a tu paso y hasta lo tear infinidad de pequeños ríos ó regatos, que no podías mera vista, se trata de una especie de pájaro grande, mano. Yo la tomé sin dudarlo y entre los dos, poco a cruzaba los dedos para que la humedad no alcanzara Thony había seleccionado un par de comunidades
que respiras. Lo que tienes a los costados, a tu espal- vadear a pie, debido a su fondo excesivamente cenago- semejante al avestruz. Sin embargo, es una criatura poco, alcanzamos la otra orilla. mi equipo fotográfico. que contaran con una “ casa larga”.
da y delante de ti. No debes despistarte, porque de ello so, obligándote a hacer verdaderos equilibrios sobre tremendamente agresiva, que puede desenvolverse a -“¡Thank you very much!” – le agradecí a la mucha- -“¡Quietos!..” – ordenó Thony –
puede depender tu supervivencia. Aquí, el terreno es húmedos troncos de árbol, tendidos de orilla a orilla, gran velocidad en aquel terreno, y capaz de rajar en cha, que me sonrió complacida-. Una larga serpiente pasó nadando a escasa
traicionero, la vegetación es traicionera, los animales sobre los que las rígidas y embarradas suelas de mis canal a un hombre con su temible espolón. Uno tras otro, los porteadores fueron llegando al distancia…
y, hasta los seres humanos que habitan, son traicio- botas perdían toda adherencia y se convertían en un El grueso del grupo retrocedió unos pasos, aleján- otro lado del río, sin que nadie ni nada hubiera sufri- -“¿Venenosa?”- pregunté-.
neros... No lo olvides” punto de apoyo demasiado inestable y resbaladizo. dose de los arbustos. do ningún percance. -“Mejor no hacer la prueba” LA PRÓXIMA SEMANA 15ª parte
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VIAJAR

VIAJAR
eduardo LOSTAL ( Fotógrafo)
En 2005, el viajero cántabro Eduardo Lostal, se adentró en el ancestral mundo de Papua
Occidental. Con la única compañía de su guía, Thony, y de un grupo de porteadores, se internó
en la zona más olvidada del planeta, con la intención de contactar a sus siniestros moradores

Un cántabro
en tierra caníbal
(15ª parte)

La casa larga era una especie de galería,


preparada para acoger a los miembros de otras
familias cuando estaban de visita con motivo de alguna
“…debes tener muy
celebración en el pueblo. Estaba edificada al ras del suelo, claro que te jugarías
sobre unos pequeños pilares que la aislaban de la humedad… literalmente la vida”
También me dejaron
-“Dentro podremos pernoctar al resguardo de la lluvia y las posibles El propietario de aquella especia de rascacielos de la
jungla intentó en todo momento persuadir al germano
muy claro que si Una afición que iba a ir a más con el
paso de los añoscultura ancestral.
riadas. Acampar en el exterior es demasiado peligroso; las tiendas no soportarían... para que renunciara a su descabellada idea. me adentraba en
-“Dice que no lo intentes, cree que no aguantará tu las “lowlands”, en Una vez en el riachuelo, nos desnudamos y procedi-


... tanta agua. De cualquier La temperatura era magnífica y peso” – insistió también Thony, haciendo de intérpre- mos a asearnos, sentados sobre una rama hundida.
forma, las montaremos en el el grado de humedad muy alto, así te de su guía Korowai-. territorio Korowai, no -“Esta noche vendré a pescar con arco, ¿te apuntas?”
interior de la casa larga para que me quedé sólo con un pantalón -“Tonterías; iré con cuidado” podría ser evacuado… –me preguntó Thony mientras procedía a jabonarse-.
que nos sirvan de mosquiteras” – corto, unas calcetines secos y unas El alemán hizo caso omiso a las advertencias y co- -»¡Con arco!”- exclamé, sorprendido-.
explicó Thony-. chanclas. De forma instintiva, me menzó a trepar por el poste, descansando cuidadosa- -“Así pescan los Korowai, normalmente aprovechan-
Nueve horas después de aban- aseguré que el cuchillo que guar- mente la punta de sus botas en cada hendidura, y abra- do la luna llena. Nosotros utilizaremos linternas si es
donar Mauggemahe, embarrados daba en mi mochila estuviera al al- zándose al mismo con ambos brazos. necesario. Es una experiencia magnífica. ¡Anímate!”
y calados hasta los huesos, nos en- cance de la mano. Después, decidí Hacía poco que la familia había terminado aquella -“¡No tengo nada mejor que hacer esta noche!”
contramos cara a cara con la pri- relajarme un rato y esperar a que vivienda y el terreno que rodeaba el gran árbol, que sobreponerme a la trágica narración que acababa de
mera casa de los árboles… aparecieran nuestros inquietantes servía de columna vertebral del edificio, estaba sem- oír-. De vuelta al poblado, al atravesar la zona inundada,
-“¡Khaim!” – se volvió hacia no- anfitriones… brado de puntiagudas estacas de madera y bambú, que -“ Ha sido mi momento más duro como guía”“ – ase- oímos un chapoteo en el agua.

DOMINICAL
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sotros el Korowai, señalando una habían quedado a medio talar. guró Thony, con la mirada perdida en la jungla. Lue- Instintivamente, miramos a nuestro alrededor, para
gran choza que estaba encarama- Mientras contemplaba la Cuando el alemán se hallaba a unos quince metros go, se volvió a mí-. …”No intentes subir a una Khaim comprobar que no se tratara
da en un árbol de unos diez metros Khaim,que sobresalía por encima del suelo, el poste comenzó a tambalearse como una sin ser invitado previamente, Indiana. No sólo porque de una serpiente o alguna otra especie peligrosa…
de altura -. de las copas más altas del bosque, hoja de afeitar. El enorme hombre blanco se aferró a nadie mejor que quienes la utilizan a diario saben si Apenas pudimos percibir una pequeña silueta que
-“Ya llegamos, Indiana: Yafofla” la mente de Thony retrocedió ocho él como un koala y, por primera vez,tuvo la sensación aguantará tu peso, sino porque, además, podrías tener emergió de detrás de unos arbustos, desapareciendo
– confirmó Thony-. años en el tiempo. de haber cometido un grave error al desatender los problemas con los nativos” súbitamente entre las palmas.
En aquel instante sentí que el En 1997, se había adentrado en avisos de su guía. -» ¡Ya he hecho bastantes equilibrios sobre troncos -“Tenemos visita” – confirmó Thony-.
esfuerzo había merecido la pena. aquella jungla en compañía de un Desde el suelo, el Korowai presintió la tragedia… por un día!» – Bromeé -. Un segundo niño, de corta edad, salió de detrás de

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Cuatro enormes cabañas descan- aventurero alemán de nombre “¡Baja ya, Manfred,. no sigas subiendo!” – gritó -“... ¿Qué tal un baño en el arroyo?” un árbol y, entre gemidos, corrió a refugiarse tras
saban sobre las ramas de los árbo- Manfred. Era un hombre muy cor- Thony-. Mi primer intento de salir a la jungla, calzado con el cuerpo del primero. Los dos niños Korowai se nos
les, coronando un pequeño claro en pulento - medía cerca de dos me- En ese momento se escuchó el primer crujido. El ale- unas simples chanclas, fue todo un desastre; no había quedaron mirando atónitos; el primero, de unos once
mitad de la jungla. Tres de ellas se tros y su evidente sobrepeso ron- mán, vencido por el miedo, era incapaz de dar un solo avanzado ni diez metros, portando la toalla en una años, sugería más curiosidad que temor. El pequeño,
asentaban sobre robustos troncos de unos diez metros Una afición que iba a ir a más con el daría los 110 kilos -. Habían localizado un pequeño paso. Desde lo alto de la casa, la esposa del Korowai mano y el bote de gel en la otra, cuando tuve que op- que apenas tendría siete, nos miraba despavorido,
de altura. Pero la cuarta sobresalía por encima de la paso de los añoscultura ancestral. asentamiento Korowai, compuesto por tres Khaims, en contemplaba la escena con horror e impotencia; “si tar por regresar a la casa larga. Tenía los pies acribi- asomando sus grandes ojos desde detrás de su her-
selva, a unos veinticinco metros del suelo. las que vivían un total dieciocho miembros de la misma intentaba bajar en ayuda del hombre blanco, la esca- llados con diminutas espinas y todo tipo de pequeñas mano mayor.
Una obra de la que se habrían sentido orgullos los familia. El alemán se había empeñado en trepar hasta linata no resistiría”…Entonces, los peores temores se plantas punzantes. En la entrada de la casa larga, Boas nos esperaba,
más prestigiosos arquitectos del viejo continente. No pude decir lo mismo de mis botas, que se des- la choza más alta, que descansaba sobre un enorme hicieron realidad; un gran chasquido recorrió la selva, -“ Andar descalzo en la selva solo está al alcance de dialogando con dos nuevos indígenas.
El poblado estaba vacío… bordaron al voltearlas, como un caldero que estuvie- árbol de unos treinta metros de altura. provocando que algunos pájaros retomaran el vuelo. los Korowai” – Señaló Thony – “ Ni tu ni yo nos pode- Uno de ellos era un hombre bastante longevo, lo
-“Estarán cazando o recogiendo el sago“ - dedujo ra a rebosar. Para acceder a lo alto de la Khaim, los Korowai utili- Un chasquido, acompañado de un grito espeluznante. mos permitir ese lujo” que, para una población cuya esperanza de vida ron-
Thony –“Montaremos el campamento y esperaremos En pocos minutos, la larga galería de madera y caña, zan un largo poste, en el que, a golpe de hacha, tallan El poste se quebró por la mitad y el pesado cuerpo del Volví a calzarme mis empapadas botas, las cuales da los cincuenta años, significaba haber superado los
a que regresen” se había convertido en un enorme tendal, del que col- pequeñas muescas a modo de escalones donde apo- teutón se precipitó al vacío, ensartándose en las esta- aún rezumaban… cuarenta. Un pequeño pedazo de hueso le atravesaba
Junto con la pareja de Korowais, sin cuya ayuda vete gaba pantalones, camisetas y todo tipo de prendas, que yar la punta del pie. cas que rodeaban la Khaím. El arroyo al que se refería Thony era una pequeña las fosas nasales.
a saber si habríamos encontrado el lugar, procedimos goteaban sin cesar. Una escalinata suficientemente resistente para los corriente de agua que se encontraba a unos cinco mi-
a instalarnos en la casa larga, levantando las tiendas. Los porteadores se acomodaron en lechos de hojas menudos y etéreos habitantes de la selva, pero mucho Thony se quedó pensativo, como si hubiera vuelto a nutos del poblado. Como no podía ser de otra forma,
Yo comprobé, con alivio, que en el interior de las mo- secas que se extendían, a modo de literas, a lo largo más frágil e inestable para la envergadura de un típico sentir todo el horror de aquel momento… para llegar a ella, había que caminar por un bosque
chilas no había entrado ni una sola gota de agua. de la choza. centroeuropeo con exceso de cerveza en sus carnes. -¡Debió ser espantoso!” – Dije, cuando conseguí pantanoso, dónde nos hundíamos hasta los muslos. LA PRÓXIMA SEMANA 16ª parte
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VIAJAR

VIAJAR
cangrejos, una especie de carpa de río
eduardo LOSTAL ( Fotógrafo) y, como manjar estelar, un delicioso
roedor, el cual continuaba ensartado
En 2005, el viajero cántabro Eduardo Lostal, se adentró en el ancestral mundo de Papua en la flecha que el Korowai mostraba
con júbilo a los porteadores que nos
Occidental. Con la única compañía de su guía, Thony, y de un grupo de porteadores, se internó
esperaban en el poblado.
en la zona más olvidada del planeta, con la intención de contactar a sus siniestros moradores Yo tenía la sensación de haber per-
dido el apetito. «¡Siempre me quedan
las barritas de Isostar!”, me dije.

Un cántabro A la hora de la cena, todos estába-


mos sentados alrededor de la hoguera,
bajo la techumbre de hoja seca que cu-

en tierra caníbal
bría la casa larga. En el exterior, conti-
nuaba lloviendo copiosamente.
Los Korowai acostumbran a compar-
tir lo poco o mucho que tienen para co-
(16ª parte) mer. Unos a otros, se pasan los trozos
de carne o de pescado, o el sago…
Yo intenté participar de toda la co-
mida, aunque pude evitar la carne de
rata, argumentando que prefería de-
dicarme a los cangrejos y a la carpa, y
que el roedor era demasiado pequeño
para tanto comensal. En un intento por
seguir sus normas de conducta, saqué
una barrita energética y, tras dar un
mordisco, la fui pasando de mano en
mano. Uno a uno, los Korowai, tanto
porteadores como nativos, mordieron
aquel extraño alimento con sabor a li-
món, con la misma precaución que yo
mostré al probar un pedazo de sago
asado.
Mada me observaba y estaba espe-
cialmente pendiente de mí.

El otro, de presencia mucho más


Le sonreí. Por primera vez tuve la
sensación de que pudiera estar des-
pertando interés en aquella joven
de piel de cacao y ojos profundos y

orgullosa, andaría rozando de la treintena.


despiertos.
También el resto de porteado-
res se estaban refiriendo a mí en su
conversación.
Tenía una barba muy poblada y era bastante alto para la -»¿Qué dicen?”“ – le pregunté a
Thony-.
-“ Que te has desenvuelto muy bien
media de su raza - “aproximadamente uno setenta”, calculé en la selva. Que eres un gran camina-
dor. Otros extranjeros que han llegado

-. Ambos estaban completamente desnudos, con la única aquí han tenido serios problemas para
avanzar por el barro o al pasar por en-
cima de los troncos. Normalmente la
excepción de una pequeña hoja que les envolvía el pene, que marcha es mucho más lenta. Más de
una vez, hemos tenido que evacuar a
sujetaban con una especie de cordón vegetal. Boas nos hizo la introducción y, entre... alguno que había sufrido algún tipo
de percance.


... él y Thony ,entablaron diálogo con -“¡A ver qué tal se te da, Indiana¡” Consideran que el hombre blanco es
los dos aborígenes. Thony me puso en la mano un arco y torpe e inútil, incapaz de sobrevivir por
El más joven resultó ser el cabeza de varias flechas de triple punta, y partimos sí sólo en la jungla. Tu les has impre-
familia … de nuevo hacia el arroyo, en compañía de sionado bastante en ese sentido”
-“Estas Khaim están ahora abandonadas”- Boas y los dos Korowai. -“¡Vaya!”
me explicó Thony, mientras el Korowai me Una vez en el río, nos metimos hasta -“Es más importante de lo que crees.
escrutaba a cierta distancia-. “El y su fami- la cintura y, ayudándonos con las linter- El hecho de que te vean capaz, que “…debes tener muy
lia se han mudado a un nuevo hogar, que no nas, nos entregamos, pacientemente, a la vean que te integras, que cazas con
claro que te jugarías

DOMINICAL
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está muy lejos de aquí” localización de alguna presa. No era ta- ellos, que compartes su comida, es im-
-“Vamos allí” – sugerí yo-. rea fácil. De vez en cuando, los Korowai portante. Has conseguido que te res- literalmente la vida”
-“El problema es que todavía no han cons- ó Thony, acertaban a impactar en algún peten y te acepten como uno más.”
truido más que una Khaim, y aún no tienen cangrejo, pero los peces brillaban por su Eché un vistazo a mis acompañantes; parecían sen- También me dejaron Una afición que iba a ir a más con el
casa larga, así que es preferible que sean ellos ausencia. tirse cómodos en mi presencia… muy claro que si paso de los añoscultura ancestral.
los que se trasladen aquí. Mañana vendrá el Respiré aliviado al percatarme de que Me fijé en que Priscila tenía una pequeña herida en
resto de su familia, a excepción de una de sus yo no era el más torpe de los cinco; Boas la pierna, que debía de haberse producido en el trans- me adentraba en primera mujer del jefe, en compañía de sus dos hijas y
dos esposas que, por lo visto, está muy en- evidenciaba una total falta de destreza en curso del trecking. Me ofrecí a limpiársela y a desin- las “lowlands”, en de otros tres miembros de la tribu.

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ferma. Nos enseñarán como recogen el sago, el arte de la pesca con flecha. “Esta visto fectarla con Betadine… Aquella mañana la dediqué a acompañar a los Ko-
como cazan,... En fin, su forma de vida” que, lo mismo que no todos los españoles Junto a un arcaico hacha de piedra, el jefe del poblado territorio Korowai, no rowai en algunas de sus tareas diarias.
-“Muchas gracias”- sonreí al Korowai, que no esbo- somos toreros, tampoco todos los korowais son bue- me observaba, mientras fumaba “clavo” en una larga podría ser evacuado… Mi interés les motivaba. Se esforzaban en explicarme
zó ni una mueca-. Una afición que iba a ir a más con el nos cazadores”, pensé… pipa de madera. Le musitó algo a Thony… el proceso para la obtención del sago, una apreciada
Empezaba a atardecer. paso de los añoscultura ancestral. De pronto, uno de los Korowai se giró bruscamente -“Dice que le gustaría que le acompañaras maña- fécula que extraen de los troncos de las palmeras y que
Salí de la casa larga y me alejé unos metros para y disparó su arco hacia la orilla. na a su nueva Khaim y echaras un vistazo a su mujer forma parte fundamental de su alimentación. También
orinar... Observaba con admiración aquella enorme cubrirse de cientos de gigantescas manchas negras. Profiriendo pequeños aullidos, como congratulán- enferma” de los troncos podridos, talados y abandonados en el
Khaim, ahora abandonada, desde la que quizás se po- Al igual que los murciélagos, también las tribus que dose por la consecución de una presa importante, el -“Dile que yo no soy médico, que no sabría como agua, obtenían una de las principales fuentes proteíni-
día tocar el cielo - desde luego, desde aquel lugar “se habitan en las selvas de Papúa aprovechan la oscuri- indígena se apresuró a recuperar la flecha que había curarla …” seguro; como le produzca alguna reacción ó efecto cas de la dieta de los Korowai y los Kombai: las larvas
tenía que estar muy cerca de los pájaros” - Por un mo- dad de la noche para salir a cazar. impactado de lleno en una enorme rata de río. Enton- Thony tradujo mis palabras, pero el jefe insistió… secundario, podrían culparte por ello y tendríamos de escarabajo. Tras desmembrar la reblandecida corte-
mento, me vino a la mente la dramática historia del Thony sentía auténtica devoción por la caza bajo la ces, nos mostró su trofeo, orgulloso. -“Dice que el hombre blanco es poderoso ante la en- serios problema “ za, los indígenas se dedicaban a recolectar decenas de
alemán, que me había contado Thony… luna llena. Ese era el momento preferido por los Ko- -“¿Cómo lo ves, Indiana?,¡ya tenemos carne para fermedad, que sabe de su magia” Devolví la mirada al Korowai… gusanos blancos y gordos, algunos de los cuales se lle-
De pronto, una enorme sombra me pasó por enci- rowai para revisar las trampas ó disparar sus flechas cenar!” – me sonrió Thony, no sin cierta sorna, sabe- -»¿Qué pasa con los demonios?, ¿qué debo hacer?» -“Dile que mañana le acompañaré gustoso a su casa, vaban inmediatamente a la boca, preservando la mayor
ma, a poca distancia de la cabeza… El murciélago de- contra casuarios, ratas, cerdos salvajes u otros mamí- dor de la repugnancia que produce ese animal en la – le interpelé a Thony -. que haré todo cuanto pueda por su esposa” parte, para elaborar sus platos más exquisitos…
bía medir más de un metro. Realmente, había pasado feros, que forman parte de su dieta diaria. cultura occidental-. -“Creo que debes ir; no debe creerte indiferente a A la mañana siguiente, mis botas seguían empapa-
muy cerca. No había luna en aquella noche cerrada, por lo que, Yo asentí con una leve mueca… su problema. Pero no te compliques. Insiste en que tu das. Las sacudí como acostumbraba y aún cayó agua
Levanté la mirada; era la hora vespertina para las a falta de caza mayor, decidimos cenar pescado y can- Tras casi una hora en remojo, regresamos a la no tienes la magia, que no eres médico, y no se te ocu- de su interior.
criaturas de la noche, y el techo de la jungla volvió a grejos de río. casa larga con el botín obtenido: un buen número de rra darla ninguna medicina si no estás absolutamente Estábamos desayunando cuando llegó al poblado la LA PRÓXIMA SEMANA 17ª parte
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eduardo LOSTAL ( Fotógrafo)
En 2005, el viajero cántabro Eduardo Lostal, se adentró en el ancestral mundo de Papua
Occidental. Con la única compañía de su guía, Thony, y de un grupo de porteadores, se internó
en la zona más olvidada del planeta, con la intención de contactar a sus siniestros moradores

Un cántabro
en tierra caníbal
(17ª parte)

Evidentemente, en aquella selva no


había nada que pudiera hacerse con el agua por
debajo de la rodilla, salvo, naturalmente, la recolección
“…debes tener muy
de cocos en las copas de los árboles. Pero esa tarea estaba claro que te jugarías
reservada únicamente a aquellos hombres mono, que, con sus literalmente la vida”
También me dejaron
extremidades articuladas, trepaban por los troncos de las palmeras yacía la esposa enferma.
Su aspecto me impactó; estaba tendida sobre una
muy claro que si Una afición que iba a ir a más con el
paso de los añoscultura ancestral.
más altas y se desplazaban de rama en rama, con la agilidad del mismísimo Tarzán. especie de estera trenzada con fibra vegetal, sobre un me adentraba en
lecho de hojas secas. Tenía el rostro y las extremida- las “lowlands”, en y, al llegar al campamento, se lo comunicó al resto de


Con la caída de la tarde, el jefe me ascensión ó el descenso por aquellas des hinchadas hasta la deformidad. porteadores. Uno a uno fueron estrechándome la mano:
recordó mi promesa y, en compa- delgadas escalinatas pareciera fácil. Miré a Thony de reojo… territorio Korowai, no Boas, Pies de Elefante, el muchacho, el cara chupada,
ñía de Thony, Boas y otro indíge- Sin embargo, allí estaba yo, enrosca- -“Recuerda lo que te dije” – Insistió -. podría ser evacuado… los dos atléticos y las tres mujeres del grupo: la tía, Pris-
na, nos encaminamos hacia la nueva do al tronco, como un marsupial de Me situé en cuclillas junto a la mujer, que me con- cilla y, cómo no, la que más parecía trasmitirme con su
ubicación de la tribu, donde debíamos las antípodas, incapaz de dar un solo templaba, entre aterrada e implorante… apretón de manos y su sincera sonrisa, Mada…
encontrarnos con su debilitada segun- paso en firme… -“¿Tiene dolores?”- pregunté -. Tras quitarme toda la ropa mojada y descan-
da esposa. -“Animo, Indiana; no mires abajo” – Thony trasmitió mi pregunta a Boas, que, a su vez, sar un rato, salí de la tienda de campaña. Ya había
Apenas tardamos una hora en llegar Gritó Thony -. ejerció de intérprete de la mujer… oscurecido.
a un claro en la jungla, dónde la fami- Pero no podía. Era imposible. No, -“A veces” –tradujo Boas- “al moverse…,o si la -“No es Khakhua, no habita en ella ningún ser ma- En un extremo de la casa larga se agolpaban los por-
lia estaba levantando su nuevo hogar. mientras siguiera calzando aquellas tocan” ligno” – Dijo Thony – “ solo está enferma. Necesita teadores - las mujeres ayudaban a Boas a cocinar una
Alrededor de la Khaím, había infinidad pesadas botas que me impedían apo- Alargué mi mano para paparla delicadamente la medicina. Debes llevarla a Yaniruma para que la vea especie de verdura -. En el extremo opuesto, el grupo de

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de restos de árboles a medio cortar. La yarme en las pequeñas muescas, labra- frente. Ella reculó… la enfermera. Ella sabrá como curarla.” Korowais de la selva se arremolinaba alrededor de un
única casa terminada estaba emplazada das en el tronco… Así que, como ellos, -“¡Tranquila!”- le sonreí-. - “La llevaré a Yaniruma” - Repuso el korowai – segundo fuego. Los hombres charlaban ó fumaban en
en medio del claro. A su derecha, des- tomé la determinación de descalzarme. El jefe le dijo algo y, por fin, se quedó quieta. Enton- “¡Pero si la magia blanca no la cura, buscaré al hom- pipa. Las mujeres más adultas también se encargaban
cansando sobre el suelo, reconocí par- Muy lentamente, conseguí desatarme ces, pude apoyar la palma de mi mano en su frente… bre, le mataré y me comeré sus entrañas!” de la cocina. Los niños corrían por todas partes. Y una
te de la estructura de una nueva choza las botas, dejándolas caer a los pies de -“No parece que tenga fiebre” – Dije. Por decir algo…- joven madre amamantaba a su pequeño… Junto a ellos,
en proceso de construcción.
La Khaim a la que debíamos trepar
Thony. Después, me quité también los
calcetines mojados…
“No sé, podría ser algún tipo de alergia. Alguna reac-
ción a la picadura de un bicho. Pero yo no soy médico, ¶ Irian Jaya: “tierra
victoriosa”
liente tres pequeños lechones campaban a sus anchas.
Thony no había salido de su tienda…
estaba situada a unos nueve metros El contacto de la piel con la made- no puedo saberlo” De vuelta a Yafofla no me quitaba de la cabeza el ros- Yo me aproximé a Mada e intenté mantener una

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del suelo. ra y la mayor flexibilidad de la plan- -“No te compliques” – Repitió Thony-. tro deformado de la mujer y las últimas palabras del conversación…
Desde la plataforma ó terraza que ta del pie, me proporcionó, por fin, la -“En el botiquín tengo algunos antiestamínicos, Korowai. Qué delgada era la línea que separaba la cara -“So, you’ve studied in Wamena, Mada?” – Dije -.
rodea el habitáculo principal, dos mu- sensación de apoyo fiable que necesi- quizás...” amiga y hospitalaria de aquella gente, con su lado más -“Yes” – sonrió, entre tímida y ansiosa-.
jeres y una niña nos invitaron a subir. taba. Así pude alcanzar la Khaim, sin mayor proble- -“Ya hemos c umplido con el jefe por su hospitalidad. cruel y temible… Thony había hecho muy bien en no -“What did you study there?”
Los primeros en trepar fueron los dos Korowai. Una afición que iba a ir a más con el ma. “Al final, era una simple cuestión de adaptación Es mejor que nos alejemos de ella. Recuerda lo que te permitir que me involucrara más en el problema; en -“Primary school”
Traté de fijarme atentamente en la técnica de esca- paso de los añoscultura ancestral. al medio…” expliqué de los demonios…” un mundo en el que todo es khakhua, en el que todo La muchacha se esforzaba por mantener la conver-
lada por el tronco; especialmente en la forma en que Una vez arriba, me llamó la atención la sencillez del Por boca de Boas, Thony se dirigió al jefe… se explica en función a espíritus y a fuerzas malignas, sación, pero estaba claro que no podríamos progresar
adaptaban la almohadilla de sus pies a las diminutas donde apoyar la punta de las botas, me provocaban la habitáculo. El interior era diáfano, la corteza de árbol -“¿Le ha picado algún insecto últimamente?” – Pre- cualquier torpeza, cualquier acto de buena voluntad, mucho más. Entonces, cuando estaba a punto de tirar
hendiduras que servían de escalones. Con mis enor- sensación de que, en cualquier momento, podría sufrir era el material que utilizaban tanto para cubrir el piso, guntó -. con consecuencias no deseadas, podría ser malinter- la toalla, ella fue capaz de trenzar una nueva frase…
mes y rígidas botas mojadas, la cosa iba a ser mucho un traspiés y precipitarme al vacío, como le ocurrió al a modo de moqueta, como para formar las mamparas, -“No. Ella fue a visitar a un familiar cerca de aquí. pretado por los habitantes de los árboles. Entonces, -“I want to go to Yayapura. I want to go to
más complicada… protagonista de la macabra historia de Thony. A partir que dividían los espacios destinados a las mujeres y Cuando regresó ya tenía los malos espíritus en el cuer- en un abrir y cerrar de ojos, podías pasar de compar- university”
Una vez en lo alto de la casa, el jefe mi hizo un gesto de cinco metros, la sensación de altura comenzaba a los hombres. Había un pequeño montón de ceniza, api- po” – Contestó el korowai -. tir su comida a formar parte del “menú”. Aunque me -“That’s great!. What would you like to study at
para que subiera… provocar vértigo. Por un momento, me ví incapaz de lada sobre la sección de un tronco talado que emergía -“El blanco no es médico, no tiene magia para había quedado un cierto malestar por no ser capaz de university?”
-“Despacio, Indiana; no hay prisa” – me animó dar un solo paso, ni hacia arriba, ni hacia abajo.“No me del suelo, en mitad de la estancia principal. Era el lu- curarle” aliviar a la mujer. -“Anthropologist” - A la muchacha le costó escupir
Thony extraña”, pensé, “que vean al hombre blanco como un gar del fuego. -“Yo sé quién ha metido el demonio en el cuerpo” – Con tantas emociones, no me había percatado de aquella enrevesada palabra…-
A medida que me iba alejando del suelo, la sensación ser inútil y torpe”. Verles a ellos deslizarse por aque- El jefe de la tribu me observaba, entre paciente y ex- Afirmó el Jefe – “uno de los hombres a los que visitó que ese día que se aproximaba a su crepúsculo, ¡era
de falta de seguridad en mi mismo iba en aumento. La llos troncos - cargados con perros, bebés ó piezas de pectante. Entonces recordé el motivo por el que había tiene Khakhua, él le ha enfermado. Si ella muere, iré el de mi cuarenta y seis cumpleaños...!
escasa adherencia del calzado y la falta de espacio, caza -, con aquella facilidad casi primate, hacía que la sido invitado a la Khaim y le seguí hacia el lugar donde al poblado y le mataré.” Cuando lo comenté, Thony me felicitó efusivamente LA PRÓXIMA SEMANA 18ª parte
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VIAJAR

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-“Puedo decirles que te lo asen un
eduardo LOSTAL ( Fotógrafo) poco más. Pero, mentalízate, Indiana,
no te va a quedar más remedio que co-
En 2005, el viajero cántabro Eduardo Lostal, se adentró en el ancestral mundo de Papua merte las larvas”
Miré a mi alrededor; los nativos pa-
Occidental. Con la única compañía de su guía, Thony, y de un grupo de porteadores, se internó
recían pendientes de mí, como pregun-
en la zona más olvidada del planeta, con la intención de contactar a sus siniestros moradores tándose a que esperaba…
Thony le dijo algo a Boas y este se
dirigió al jefe, que, tras asentir con la

Un cántabro cabeza, tomó de mi mano la hoja que


envolvía aquella especie de pastel de
escarabajo y volvió a pasarla por el fue-

en tierra caníbal
go. El Korowai me lanzó una mueca
de asentimiento a la que yo respondí
con una sonrisa, que procuré resulta-
ra lo menos forzada posible. No podía
(18ª parte) creer que fuera a tener que meterme
uno de aquellos gordos gusanos blan-
cos, a la boca…
Cuando consideró que estaban su-
ficientemente asados, el Korowai reti-
ró el envoltorio, extrajo una larva con
los dedos y la seccionó por la mitad
con los dientes, ofreciéndome la mi-
tad restante…
La escena había atraído alrededor
nuestro a todos cuantos compartíamos
refugio en la casa larga: aborígenes,
porteadores, guías…
Haciendo de tripas corazón, tragué
saliva y extendí la palma de mi mano,
para que el Korowai depositara en ella
la mitad del cuerpo anillado de la lar-
va. Cuando estaba a punto de dejarlo
en mi mano, el korowai me lo arrebató

La respuesta a mi pregunta no dejó


con una sacudida y se lo llevó directa-
mente a la boca…
-“¡¡¡Ñahm!!!»
Acto seguido, me dedicó una mueca

de sorprenderme; Mada volvía a evidenciar mucha


burlona, abriendo desmesuradamente
los ojos, mientras el resto de cohabi-
tantes de la choza rompían a reír con
estrépito.
más ambición y ganas de aprender que el resto de nuestros -“¡Sentido del humor Korowai, India-
na! – Dijo Thony – “tranquilo, no tienes
que comerlo si no te gusta”
analfabetos acompañantes…-“Anthropologist!”- Exclamé -. “I guess Los Korowai, por su parte, seguían
divirtiéndose a mi costa.

you are just in the right place for it”…La conversación se estancó Yo les obsequié con una amplia son-
risa, mientras aplaudía y asentía con
la cabeza…
en ese punto, pero ella parecía realmente complacida… Cuando me Mada se me acercó y me ofreció un
pedazo de sago asado, que esta vez
acerqué al grupo de Korowais, una escena me llamó poderosamente... sí, degusté sin problema. Su sabor me
transportó a los fríos inviernos de Can-


la atención: la joven madre que había Estábamos cenando alrededor de la ho- tabria, a las castañas asadas, que tantas
estado amamantando a su hijo, había guera. Yo comía las verduras que había veces me había comprado mi madre en
dejado a un lado a su pequeño y le daba cocinado Boas y que Mada, que se había las viejas locomotoras verdes, donde
el pecho a uno de los lechones… convertido en mi ayudante de cámara per- las vendedoras, todavía hoy, te sirven
-“Al igual que los Yalis y las restantes tri- sonal, me había servido en un plato. Los la docena en el típico cucurucho de pa-
bus que habitan en Papúa, los Korowai con- korowai por su parte, envolvían en hojas pel, mientras se protegen de las bajas “…debes tener muy
sideran a los cerdos su bien más preciado. las larvas de coleóptero que habían reco- temperaturas al calor de la brasa.
Por eso las madres en estado de lactancia no lectado por la tarde, tras mezclarlas con Al día siguiente, levantamos el cam-
claro que te jugarías
literalmente la vida”

DOMINICAL
DOMINICAL

dudan en alimentar a los lechones huérfa- una masilla de sago, y las asaban a fuego pamento. Queríamos llegar a un po-
nos. La escena es preciosa, ¿verdad? ”- me lento hasta que consideraban que habían blado que estaba situado a unas cuatro horas, selva
explicó Thony, que acababa de emerger de alcanzado el punto idóneo. adentro, así que, tras almorzar ligeramente, nos des- También me dejaron Una afición que iba a ir a más con el
su tienda de campaña-. Entonces, retiraban la hoja y devoraban pedimos de nuestros hospitalarios amigos y nos pu- muy claro que si paso de los añoscultura ancestral.
-“¡Es una pasada!” Aseveré yo -. su contenido con auténtica devoción. No simos de nuevo en marcha…
Por un momento, estuve a punto de correr cabía la menor duda de que para aquella -“No dejes de llevar a tu esposa a Yaniruma” – insistió me adentraba en tipo de fuego, así que tuvimos que cenar a base de ga-
a por la cámara de fotos e inmortalizar aque- gente, los gusanos blancos del escarabajo Thony, mientras le estrechaba la mano al jefe-. las “lowlands”, en lletas y crema de cacahuete.
lla estampa única, pero no quise arriesgar- representaban un manjar de dioses. A la hora de los murciélagos, no habíamos encontra- Los porteadores se repartieron turnos de vigilancia,
territorio Korowai, no

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me a estropear el sentimiento de confianza De pronto, uno de los Korowai adul- do ni rastro del pueblo al que nos dirigíamos…Llevá- para alertar de cualquier eventual peligro en forma
que se había forjado entre aquel grupo de tos se dirigió a mí y me ofreció una de las bamos más de tres horas avanzando por las ciénagas, podría ser evacuado… animal ó humana…
aborígenes y yo… hojas que acababa de retirar del fuego. Me hacía ges- a golpe de machete y bajo la incesante lluvia. La noche prometía ser larga…
-“Boas sale a pescar tu cena” – Dijo Thony – “¿te ape- Una afición que iba a ir a más con el tos para que me lo metiera en la boca y lo masticara, Yo me preguntaba si algún día volvería a sentirme Las enormes hojas de palma servían de eficaz parape-
tece acompañarle?” paso de los añoscultura ancestral. seguro de que lo encontraría delicioso… Yo dirigí mi seco… to contra las gotas de lluvia que golpeaban sobre ellas
Pude ver la enorme bocaza de Boas sonriéndome, mirada implorante hacia Thony… En más de una ocasión, habíamos presentido la pre- con la cadencia del tic-tac de un escandaloso reloj.
mientras blandía un arco y varias flechas… la imprevisible reacción de los nativos-. -“Son deliciosos, Indiana. Nada mejor para celebrar sencia de los hombres mono, y distinguido sus siluetas, A pesar de su impermeabilidad, al cabo de un rato
-“¡Qué Boas va a pescar mi cena!” Pero fue demasiado tarde; los hombres de los árbo- tu cumpleaños…” – Dijo -. deslizándose por las ramas de los árboles. Pero por el Antes de que la noche cayera por completo, busca- el agua comenzó a filtrarse en el habitáculo, goteando
-“Exactamente” les ya había roto a reír escandalosamente. Incluso la -“Y, ¿pasa algo si lo rechazo?» momento, nuestros nuevos vecinos habían preferido mos un pequeño espacio, aceptablemente seco, que sobre mi cuerpo, recostado en la colchoneta. Debía pre-
-“¡Qué mi cena depende de la destreza de Boas para joven, que seguía dándole el pezón al pequeño cerdo, -“¡Cómo dices…! – espetó Thony-. ignorarnos… los porteadores limpiaron de vegetación a golpe de pararme a pasar una noche pasada por agua …
pescar con arco!- acentué el nivel de mi sarcasmo no pudo contener la risa… -“Dile que lo agradezco mucho, que seguro que es -“¿Y bien?»“– le pregunté a Thony en un momento machete. Desde mi posición, mientras intentaba conciliar el
-….”Dile a esa joven madre que después del lechón Otra vez la delgada línea me situaba en la cara más exquisito, pero que estoy muy lleno, que no puedo co- en que nos detuvimos a respirar-. No había sitio para montar las tiendas, así que tu- sueño, pude distinguir los enormes ojos blancos de
voy yo” afable de aquellos seres, mitad hombres mitad monos. mer más” -“Nos debe quedar cerca de una hora de camino… vieron que improvisar. Utilizando ramas y grandes Mada, tratando de guarecerse, junto a su hermana
Thony rompió en carcajadas; mi ocurrencia le ha- Sin duda, estábamos separados por millones de años -“¡Estás loco!, rechazar un guiso de larvas es una te- Apenas tenemos unos minutos de luz...” -reflexionó hojas de palmera, construyeron una especie de “hái- y su tía.
bía hecho muchísima gracia y no tardó en traducírse- de evolución, pero, por lo visto, compartíamos el mis- rrible ofrenda para los Korowais; el escarabajo es una en voz alta-. mas”, de poco más de un metro de altura, donde re-
lo a Boas y hacer que este se lo trasmitiera al grupo mo sentido del humor. especie de insecto sagrado para ellos, les protege del -“¿Seguiremos de noche?» fugiarnos del agua.
de korowais… Esa noche, aún tendría oportunidad de presen- khakhua. ¡Podrían matarte si les haces ese feo!” -“Demasiado peligroso. Me temo que tendremos que Cayó la noche.
“¡Espera, espera!»- traté de impedirlo, temeroso por ciar otro ejemplo de su espíritu bromista y alegre… -“¿En serio. ?” – no daba crédito-. pasar la noche a la intemperie” La vehemente lluvia nos impedía hacer cualquier LA PRÓXIMA SEMANA 19ª parte
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eduardo LOSTAL ( Fotógrafo)
En 2005, el viajero cántabro Eduardo Lostal, se adentró en el ancestral mundo de Papua
Occidental. Con la única compañía de su guía, Thony, y de un grupo de porteadores, se internó
en la zona más olvidada del planeta, con la intención de contactar a sus siniestros moradores

Un cántabro
en tierra caníbal
(19ª parte)

Pies de Elefante se hizo cargo de la


primera guardia. La vegetación volvió a crujir
cerca del campamento… -“Están ahí” – musitó Thony
“…debes tener muy
desde su refugio-. “Hace tiempo que nos vienen observando. claro que te jugarías
Estos Korowais recelan de nosotros más de lo habitual. Espero literalmente la vida”
También me dejaron
que no tengamos problemas con ellos”. Aquella noche, apenas conseguí a la entrada de la choza. Eran tres individuos de entre
veinte y treinta años. De complexión ágil y fibrosa. Es-
muy claro que si Una afición que iba a ir a más con el
paso de los añoscultura ancestral.
dormir un par de horas… Con las primeras luces del día ya estábamos otra vez en camino. taban armados con arcos y flechas… me adentraba en
Thony y Boas se apresuraron a hablar con ellos. En las “lowlands”, en lado, rígidos como una momia. Estaba claro que no


Desde la mañana anterior no había montéis todavía las tiendas; no vaya a ningún momento percibí la cordialidad de los habitan- existía la menor química entre aquellos arborícolas
logrado librarme de la sensación de ser que tengamos que salir corriendo” tes de Yafofla. Con ceño fruncido, parecían escudri- territorio Korowai, no y el grupo.
mojado, y ya estaba otra vez cami- –apuntó Thony, sin dejar de mirar hacia ñarnos, muy especialmente a mí. No daban la sensa- podría ser evacuado… Thony estaba sentado frente a mí, al otro lado de la
nando con el agua por la rodilla. Sin em- los árboles-. ción de prestar la más mínima atención a las palabras hoguera, tratando de relajarse, con los ojos cerrados,
bargo, aquel amanecer el cielo estaba más Siguiendo las instrucciones de Thony, de Boas, salvo cuando, de vez en cuando, se dignaban mientras fumaba en una pipa Korowai. Priscilla se
despejado y por primera vez no amena- procedimos a acomodarnos en nuestro contestar de forma parca. arrodilló a su espalda y se ofreció a darle un masaje
zaba lluvia nuevo alojamiento, pero sin deshacer del Luego, siguieron unos minutos de tenso silencio, de en hombros y cuello.
Yo marchaba en segunda posición, justo todo el equipaje. cruce de miradas, hasta que por fin, el que debía ser el Yo estaba contemplando la escena cuando Mada se
entre Thony y Boas, el Cara Chupada nos Yo aproveché a cambiarme la ropa mo- jefe de la tribu asintió levemente con la cabeza y pro- cómodos con mi presencia. Accedían a regañadien- me acercó, sonriente… Me preguntó si me apetecía
seguía a poca distancia. jada, pero preferí quedarme con las botas firió una frase tan escueta como tajante… tes, cada vez que Boas les sugería que me mostraran un masaje también -.
De pronto, el huesudo porteador dio un puestas, por si acaso. Thony se volvió hacia el resto de la expedición… como realizaban sus quehaceres cotidianos. Seguían -“Yes. Thank you…” – Respondí -.

DOMINICAL
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salto al frente y se abalanzó sobre una pe- Los porteadores transpiraban inquietud. -“Montad las tiendas” sin desprenderse de sus armas, y sus omnipresentes fi- Entonces, la joven se situó detrás mio y comenzó a
queña serpiente que cruzaba nuestra sen- También Boas parecía intranquilo... El grupo se puso manos a la obra. guras, apostadas entre nosotros, recordaban más a los masajearme con esmero...
da, y cuya presencia nadie más había per- Thony se había sentado sobre un lecho Al cabo de un rato, se nos unió todo el poblado. En guardas de una prisión de alta seguridad, pendientes -“¡Vaya novia que te has echado, Indiana!” – Bromeó
cibido. Con el largo palo que portaba en la de corteza de árbol. Parecía pensativo. Me total, unas veinte personas, entre niños, mujeres y de evitar un intento de fuga, que a unos hospitalarios Thony, con los ojos entrecerrados-.
mano, a modo de bastón, el Cara Chupada dejé caer a su lado… hombres, que merodeaban entre nosotros, escrutando anfitriones, preocupados por el bienestar y el confort Yo sonreí y guardé silencio, mientras me concen-
comenzó a golpear al reptil hasta matarlo. -“¿Es normal que se muestren tan es- cada objeto que extraíamos de las mochilas. de sus huéspedes. traba en el tacto de aquellos dedos, que presionaban
Después, lo recogió con la vara y se acercó quivos? «– le pregunté-. Mientras Thony repartía unos cigarrillos entre los suavemente mi piel…
para mostrármelo, mientras, por medio de -“Depende” adultos, varios pequeños se me acercaron e incluso
¶ Irian Jaya: “tierra liente Con tanto placer y la falta de sueño de la noche an-

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la mímica, me hacía entender que se trata- -“¿De qué?» se aventuraron a palparme con curiosidad. Yo saqué victoriosa” terior, los párpados comenzaron a pesarrme como lo-
ba de una serpiente realmente letal… -“De lo acostumbrados que estén al con- una barrita energética y me dispuse a repartirla entre Thony también parecía un poco estresado, debido a la sas. Así que no pasó mucho tiempo antes de que deci-
-“Si te muerde una de estas, estás muer- tacto con el hombre blanco. Podríamos es- ellos, pero uno de los nativos lanzó un grito y los niños persistencia del jefe de la tribu, que, continuamente, se diera acostarme.
to; es una de las más peligrosas” – explicó Thony -. tar ante una tribu poco amigable. La verdad es que la rehusaron mi ofrecimiento. le acercaba, en tono hostil, con la intención de negociar Pero aquella última noche en la jungla, el sueño iba
Los reflejos del Cara Chupada acababan de salvarnos Una afición que iba a ir a más con el última vez que tuve un presentimiento así fue al otro En ningún momento, los hombres - diez en total - alguna compensación. Por lo visto, ya no se conforma- a tener que esperar…
de una posible tragedia. Todos le mostramos nuestro paso de los añoscultura ancestral. lado de la línea de pacificación, con los Betul” soltaron sus armas. Principalmente arcos y flechas, ba con los cigarrillos que, hasta ese momento, habían Apenas había pasado una hora desde que me retiré
agradecimiento. La posibilidad de haber contactado un grupo de Sto- pero también lanzas y hachas de piedra. podido amortiguar su avalancha de exigencias. a mi colchoneta.
Eran las nueve de la mañana cuando por fin llega- podías distinguir a silueta de algún hombre desnudo, ne-Korowais o, por lo menos, una tribu virgen en cuan- Habían pasado seis días desde mi llegada a las Con la caída de la noche, la mayoría de los nativos Desde el interior de la tienda de campaña escuché gri-
mos al poblado que andábamos buscando. encaramado en la rama de un árbol, atento a cada uno to al contacto con el mundo exterior, me llenaba de ex- lowlands, cuatro desde que nos adentramos en selva se retiraron a sus khaims, y nosotros nos quedamos tos. Yo estaba acostumbrado a que entre ellos, a veces
La comunidad la componían cuatro Khaims, edifica- de nuestros movimientos… citación y preocupación a partes iguales… virgen. Cuatro días en que había permanecido prácti- solos, junto al jefe, una de sus esposas y otros tres se comunicaran de forma un tanto exagerada, así que
das a unos diez metros del suelo, y una casa larga, de Boas dijo algo en voz alta. Imaginé que se trataba A las once de la mañana, por primera vez desde camente a remojo. Al día siguiente, teníamos previsto miembros de la tribu. en un principio, no di mayor importancia a las voces
mayor tamaño que la que dejamos en Yafofla. de una especie de saludo a los habitantes del pueblo. que nos adentramos en la jungla, el sol se filtraba con regresar a Yaniruma, para, un día más tarde, tomar la El día y la noche anterior habían sido tensos, así que provenían del exterior. Sin embargo, el griterío se
A primera vista, el pueblo estaba desierto. Pero pron- Pero nadie contestó. fuerza entre la densa foresta, provocando un calor hú- avioneta que nos llevaría de vuelta a Wamena. Sin em- que, después de cenar, intentamos relajarnos alrede- hizo cada vez más intenso y comencé a percibir cierto
to comenzamos a constatar presencia humana a nues- Tras unos minutos de indecisión, decidimos to- medo, capaz de abatir a un elefante… Fue entonces bargo, tenía el presentimiento de que mi tiempo en la dor del fuego. grado de agresividad en las entonaciones, por lo que
tro alrededor. mar posesión de la casa larga y esperar a que nues- cuando los primeros habitantes del poblado hicieron jungla aún iba a depararme fuertes emociones. Las risas y las bromas de la última noche en Yafofla salí de la tienda a comprobar que pasaba.
De las puertas de las Khaim asomaban de vez en tros enigmáticos anfitriones decidieran revelarnos su su aparición… Durante el día de estancia en esta nueva comunidad habían dado paso al silencio y a la sensación de recelo
cuando las cabezas de las mujeres y los niños Korowai, presencia… Procedentes de las copas de los árboles, varios cuer- Korowai, tuve oportunidad de seguir conociendo sus mutuo entre los miembros de la expedición y los cin-
que nos espiaban clandestinamente. Si te esforzabas, -“Ir dejando las cosas en la casa larga, pero no pos desnudos se deslizaron por el tronco, deteniéndose hábitos de vida. Pero estos nativos no parecían sentirse co aborígenes, que permanecían sentados a nuestro LA PRÓXIMA SEMANA 20ª parte
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con el consiguiente riesgo de fracturarte una
eduardo LOSTAL ( Fotógrafo) pierna. Además, estaban las incontables lia-
nas y plantas colgantes, que te golpeaban
En 2005, el viajero cántabro Eduardo Lostal, se adentró en el ancestral mundo de Papua el rostro a cada paso, y la insistente lluvia,
que se te introducía en la boca, abierta en
Occidental. Con la única compañía de su guía, Thony, y de un grupo de porteadores, se internó
busca de resuello, obligándote a escupirla
en la zona más olvidada del planeta, con la intención de contactar a sus siniestros moradores cada dos por tres..
Llevábamos más de una hora de marcha,
cuando comprobamos que Thony y Pies de

Un cántabro Elefante se habían quedado atrás. Boas de-


cidió que nos detuviéramos a esperarles y
descansar un poco, mientras el resto de por-

en tierra caníbal
teadores se mostraban alterados y circuns-
pectos. Casi diez minutos después, apare-
cieron los dos rezagados…
-“El ritmo es demasiado fuerte para Pies
(20ª parte) de Elefante” – Aclaró Thony -.”Seguid vo-
sotros; yo me quedo con él. Os daremos al-
cance en el río”
Acto seguido, los porteadores volvieron a
echarse encima la carga y reiniciamos nues-
tra vertiginosa escapada hacia Yaniruma.
Cuatro horas más tarde, el terreno comen-
zó a ser todavía más blando, y la enorme
cantidad de agua que anegaba el sendero,
nos avisaba de la proximidad del gran río
Eilander, la frágil frontera natural entre el
mundo salvaje de los Korowai y el peque-
ño retazo de civilización, que representaba
Yaniruma.

¶ Irian Jaya: “tierra


te victoriosa”
lien-

El cambio de ruta nos había hecho desviar


del punto en el que habíamos dejado las ca-

Claramente, Thony estaba enfrascado


noas cinco días antes, por lo que, una vez
en el río, recorrimos varios metros de ori-
lla en busca de alguna embarcación aban-
donada. La única que localizamos estaba

en una fuerte discusión con el jefe del poblado.


inservible.
Entonces, dos de los porteadores, los que
yo distinguía por su complexión atlética, se
lanzaron al agua y se dejaron arrastrar río
La cosa parecía seria, pero los ya habituales aspavientos abajo por la fuerte corriente.
En pocos segundos, sus cabezas, como cás-

de los Korowai, cuando debatían con ardor, no me provocaron


caras de nuez debatiéndose en la gran masa
de agua, quedaron fuera de nuestro campo
visual. Yo miré a Boas, extrañado…
ninguna inquietud. De pronto, todo cambió. Justo antes de -“¡Canoes!” – trató de explicarme, seña-
lando hacia el otro lado del río-.

retirarse, el gesto del jefe se me antojó mucho más amenazante que -“¿Han ido a por canoas?”
-“¡Canoes, Yanirura canoes!”- insistió,
asintiendo con la cabeza-.
en veces anteriores, y la cara de Thony denotaba preocupación. Sólo quedaba esperar, esperar a que los
dos porteadores regresaran con las embar-


Entonces, Boas se dirigió al resto de los Aunque no sabia muy bien para qué… caciones que nos transportarían a la otra
porteadores y,en pocos minutos, todos orilla y esperar a que Thony y Pies de Ele-
estaban armados con arcos y flechas a A las cuatro y media de la mañana ya fante contactaran de nuevo con el grupo. Así “…debes tener muy
nuestro alrededor. estábamos preparados para partir. Aún que volvimos a cubrir el material con hojas
Le pregunté a Thony si pasaba algo… quedaba más de media hora para que co- y nos armamos de paciencia…
claro que te jugarías
-“Tranquilo”- Contestó. Pero la respuesta no menzara a amanecer y de nuevo llovía Aproximadamente veinte minutos más literalmente la vida”
me convenció-. copiosamente. tarde, sentimos que alguien se aproximaba
-“Entonces, ¿por qué cogen los porteadores Esta vez, la fuerte lluvia se aliaba con no- a nuestra posición. Cuando Thony y Pies de Elefante También me dejaron Una afición que iba a ir a más con el
muy claro que si

DOMINICAL
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sus arcos y flechas?” –insistí-. sotros al ahogar con su estruendo, cualquier emergieron de la jungla, parecían alarmados… paso de los añoscultura ancestral.
-“El jefe del pueblo nos pide demasiado por ruido que pudiera alertar a los Korowai so- -“¡Korowais!”–exclamó, señalando hacia el interior
pernoctar aquí. Me he negado y nos ha ame- bre nuestra huida. del bosque, mientras el resto de porteadores echaban me adentraba en
nazado. Dice que piensa volver con más gue- -“Modificaremos la ruta prevista para lle- mano a sus arcos -. las “lowlands”, en nos amenazó de muerte”
rreros”- me explicó Thony, con gesto un tanto gar al río Eilander, por si acaso deciden se- -“¿Qué pasa?” – Pregunté -. -“Ese es el hombre que hizo enfermar a mi esposa” –
desencajado-. guirnos.” – me susurró Thony-. -“Un grupo de korowais, no sé cuántos. ¡Están aquí territorio Korowai, no dijo el jefe, en boca de Boas-“¡Es mal hombre…!”
-“Volver,¿a qué?” – pregunté yo-. -“¿En serio crees que podrían mismo!” – Contestó Thony -. podría ser evacuado… Los korowais se quedaron un tiempo conversando
Esta vez, Thony no se anduvo por las seguirnos?” -“¿Son ellos?” con nosotros y luego continuaron su marcha hacia Ya-

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ramas… -“No conoces a los Korowai cuando se -“No sé” niruma. Buscaban el lugar donde habían ocultado la
-“Ha amenazado con matarnos”. sienten ultrajados o engañados. Puede que Por un momento, la sangre hirvió en mi interior. No canoa, “la última vez que cruzaron el gran río”.
-“¿Pueden cumplir su amenaza?” no, pero este jefe me parece un poco paranoico. Modi- tenía claro qué estaba a punto de ocurrir, pero, fuera Nosotros aún tuvimos que esperar cerca de una hora,
-“Pueden... ¿Quién sabe?. No creo que esta noche Una afición que iba a ir a más con el ficaremos la ruta “ - Concluyó -. lo que fuera, ya no había forma de evitarlo; el río nos bajo una fuerte lluvia, hasta que los dos porteadores
vayamos a tener problemas. Pero podrían mostrarse paso de los añoscultura ancestral. Con el mayor sigilo, abandonamos la casa larga por impedía cualquier intento de escapada, mientras cada enferma en una especie de camilla tejida con hoyas y regresaron con sendas embarcaciones.
hostiles mañana si presienten nuestra marcha” la parte de atrás, la más alejada de las khaims y, con vez se hacía más patente que alguien se aproximaba trozos de rama. Un quinto individuo adulto completa- Mientras me alejaba del impenetrable mundo de los
Siguieron unos minutos de tensa espera, escudriñan- -“Ahora no podemos hacer nada. Pasaremos la no- paso torpe e impreciso, debido a la falta de visibilidad, entre la foresta. ba la comitiva. hombres de los árboles, y a medida que me iba aproxi-
do la oscuridad, tratando de captar cualquier sonido che aquí. Dejad el campamento recogido; dormiremos nos sumergimos de nuevo en la jungla. -“¡Ya les tenemos encima!..” – reculó Thony, al com- Al vernos, el jefe pareció alegrarse. Se aproximó a mando al pequeño embarcadero fluvial de Yaniruma,
que permitiera adivinar los movimientos de nuestros fuera de las tiendas…Descansa todo lo que puedas, In- Con las primeras luces del día, Boas, que encabeza- probar que la vegetación se agitaba cerca de nuestra estrecharnos la mano, muy efusivo... una profunda sensación de bienestar me recorrió el
amenazadores vecinos. diana; antes de que amanezca tenemos que habernos ba la marcha, aumentó el ritmo de la zancada y se lan- posición-. -“Llevo a mi esposa a Yaniruma” – tradujo Boas-. cuerpo. Era una mezcla de alivio y de satisfacción per-
El Cara Chupada y Pies de Elefante habían arma- largado de este lugar” zó selva a través, a gran velocidad. Estaba claro que Segundos después el grupo de korowais emergió -“Dile que nos alegramos mucho de verles, que he- sonal, como si todos mis músculos, y hasta mi mente, se
do sus arcos… Tratando de hacer el menor ruido posible, para no persistía el nerviosismo en el grupo. Los porteadores de la selva. mos tenido problemas con sus vecinos y que estamos hubieran relajado por fin, tras una semana de máxima
Un grito rompió el silencio de la selva. Debía ser un poner a los Korowai sobre aviso de nuestros planes, estaban deseando abandonar aquel pedazo de jungla La visión de aquellos indígenas desnudos fue un ali- preocupados por si intentan seguirnos. Dile que han concentración. Me decía a mi mismo: “lo has hecho;
insulto ó una nueva amenaza, que provenía de lo alto plegamos las tiendas y recogimos el material de acam- que, de pronto, se había vuelto demasiado hostil. El vio para todo el grupo. sido poco hospitalarios y que nos han amenazado. Por has sido capaz, has vivido una experiencia única, y has
de las khaims. El alarido fue jaleado por un coro de pada, a excepción de las colchonetas, para pasar la no- paso se hacía cada vez más ligero y avanzar por aquel Sus caras me resultaban conocidas, ya que con ellos eso estamos armados” superado la prueba”
aullidos humanos. che. Yo opté por dormir con la ropa del día siguiente, fangal, agotador y peligroso. Tan pronto te tropezabas había compartido incluso bromas durante mi estan- El jefe escuchó atentamente la versión de Boas…
De nuevo un angustioso silencio se adueñó del lugar incluidas las botas, a pesar de que seguían empapadas. con una de las innumerables raíces que se cruzaban en cia en Yafofla. Encabezaba el grupo el jefe del pobla- -“Ese jefe es muy hostil” – señaló Thony-“No hacía
… Thony tomó una decisión… Y esta vez, coloqué el cuchillo debajo de la almohada. tu camino, como te clavabas hasta la rodilla en el lodo, do. Tras él, otros dos hombres portaban a la esposa más que pedir y pedir, hasta que me negué, y entonces LA PRÓXIMA SEMANA 21ª parte
2 3
VIAJAR
con la ayuda imprescindible de las avionetas misio- línea y… “allá tú si te aventuras a hacerlo”.

VIAJAR
Los Betul son una rama de los Korowai tremenda-
eduardo LOSTAL ( Fotógrafo) mente belicosa. Temida incluso por el resto de sus neras, acceder a territorio Yali y a territorio Korowai Nuevamente aparqué la idea.
vecinos. y Kombai. En pocos días, Carrasco me consiguió los permisos
El canto de las Marzas, la última noche de febrero, parece ser de origen romano, se Me apasionaba la idea de llegar a contactar a esta El coste de la expedición seguía siendo alto, pero se necesarios para entrar en Papúa Occidental y las tierras
gente, pero pronto me di cuenta que podría realmente había reducido sustancialmente, y yo estaba decidido altas de la isla. El primero acababa de ser impuesto un
cristianizó después evolucionando hasta quedar en el ritual actual que hoy conoce- jugarme la vida en el empeño. a acometerlo. par de semanas antes por las autoridades indonesas,
mos de entonar canciones tradicionales por grupos de hombres, con fines jubilosos Leí sobre varios reporteros - incluido un equipo del Volví a interesarme por los Stone Korowais y la “lí- el segundo, el “Surat Jalan”, solía llevar casi un día de
National Geographic -, que habían intentado ir más nea de pacificación”, pero la respuesta fue idéntica a estancia personal en Yayapura, para su obtención. Yo
allá de la “línea de pacificación”. En todos los casos la de sus predecesores: ellos nunca traspasarían esa acababa de ahorrarme ese día. Desde luego, Alfonso

Un cántabro debieron salir huyendo casi inmediatamen-


te, porque su seguridad comenzó a correr
serio peligro.

en tierra caníbal
Decidí no arriesgar tanto y olvidarme por
ahora de los Betul.
Cuando comenté a la agencia que estaba
dispuesto a seguir con la idea en solitario,
(2ª parte) la respuesta no fue la esperada.
No les vi convencidos. Me describían el
acceso a territorio Yali como altamente
peligroso debido a los precipicios y a los
puentes semidestruidos que deberíamos
atravesar.
Además, intentaron persuadirme de in-
tentar el encuentro con las tribus Korowai,
dibujando un ecosistema auténticamente in-
fernal, para nadie que no estuviera acostum-
brado: serpientes venenosas, sanguijuelas,
arenas movedizas, un calor y una humedad
demoledores, y unas caminatas durísimas
con el fango y el agua por la cintura…

¶ DE CAMINO
POR LA JUNGLA
Me contaron que la última vez que se encon-
traron con unos occidentales que se habían
internado en aquella selva - un grupo de ita-

Mis anteriores viajes me habían dotado lianos -, estaban desencajados, exhaustos y


absolutamente demacrados. Describían la
experiencia como “una pesadilla”, y además,

del bagaje y la experiencia necesaria, para saber


tampoco habían sido capaces de avistar un
solo Korowai, algo de lo que también fui ad-
vertido que podría ocurrir, debido al carác-
ter nómada de este grupo, que no siempre
que la condición física es esencial para disfrutar de la es fácil de localizar en la jungla.
-“En la selva, los Korowai pueden hacer-

experiencia, e incluso, para salir sano y salvo de ella. Irian Jaya


se invisibles para el visitante. Puedes ser
observado, escudriñado a poca distancia
por ellos sin que tú seas capaz de percibir

iba a ser una vivencia muy exigente físicamente, por lo que, su presencia. Encontrarles o no encontrar-
les depende más de su propia decisión. En
realidad tu poco puedes hacer; si despier-
desde el primer día me dispuse a realizar, durante los 10 meses previos tas su curiosidad, serán ellos los que te en-
cuentren a ti”.
al viaje, un entrenamiento planificado específicamente para la ocasión. Por si fuera poco, el precio que pedían
los misioneros jesuitas por disponer de sus


Y que decir del aspecto psicológi- inevitable, porque las selvas de Papúa avionetas, para reducir trayectos era altí-
co. Adentrarte en mundos tan dis- aún esconden mucho más. simo, y el montante total de la expedición,
pares al nuestro como las selvas de Me explicaron que podría incluso para ser soportado por una sola persona,
Irian Jaya, es algo que requiere un alto aspirar a un primer contacto con al- alcanzaba ya números que superaban el es-
grado de adaptación y una adecuada gún grupo tribal, pero que ellos no es- fuerzo que estaba capacitado a realizar.
mentalización. taban dispuestos a acometer semejan- Estaba ya a principios de junio, quedaba
En enero de 2005 comencé a dar real- te objetivo. poco más de un mes para la fecha prevista
mente forma al proyecto. Leí mas sobre la -“Deberá ser por cuenta tuya”- me para la partida, y todo el proyecto parecía

DOMINICAL
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zona, busqué en Internet, y me puse ma- dijeron- “y debes tener claro que te ju- tambalearse.
nos a la obra para encontrar una agencia garías literalmente la vida”. Por primera vez, me encontraba un
especializada en este tipo de viajes, que se También me dejaron muy claro que poco desconcertado y empezaba a pensar
encargara de la infraestructura, las reser- si me adentraba en las “lowlands”, en que quizás debiera aplazarlo para mejor
vas de vuelos, el asesoramiento, y con la territorio Korowai, no podría ser eva- ocasión.
que planificar adecuadamente la ruta. cuado pasara lo que pasara. Entonces, tuve mucha suerte.
No creí que sería tan difícil encontrar -“Deberás entrar con tus propias Quedaban poco más de 15 días para la
alguien interesado en encargarse de la piernas, y esas mismas piernas debe- fecha de partida y empezaba a resignarme Le pregunte a Thony

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organización de la expedición. Especial- rán sacarte de allí; tanto si caes en- a ceñir el viaje al valle de Baliem, cuando
mente cuando explicaba las zonas dónde fermo, como si sufres algún acciden- casualmente oí hablar de un periodista cán-
si pasaba algo.
estaba dispuesto a llegar. te. Una vez en el interior de aquella tabro, que había realizado varios reportajes “Tranquilo”
La mayoría de las agencias que traba- jungla estarás sólo y prácticamente en distintos campos de refugiados, y que
jan en Irian Jaya centran su actividad en ilocalizable”. estaba a punto de marchar con su mujer a Irian Jaya, - me contestó – Carrasco sabía lo que se traía entre manos.
los alrededores de Wamena y en el valle de Balien. Un accesible y me olvidaba de penetrar al corazón de Irian Según iba recopilando más y más información so- para pasar una semana en el Baliem. La respuesta no me Fijamos una fecha de salida: su contacto en Jakarta
recorrido por territorio Dani, que reduce sustancial- Jaya, o asumía el reto de afrontar el viaje en solitario, bre los distintos habitantes de aquellas inmensas y Conseguí localizarle y él fue quién me puso en con- me estaría esperando el domingo 10 de julio. Yo debe-
mente el nivel de exigencia del viajero. tal y como hizo John catorce años antes. misteriosas extensiones cubiertas de agua y vegeta- tacto con Alfonso Carrasco, un madrileño que dirigía convenció… ría salir de España, el 9 de julio.
Sin embargo, alcanzar territorio Yali, y sobre todo, No lo dudé. Seguiría adelante. ción, me di cuenta que las advertencias eran absolu- una pequeña agencia especializada en Indonesia, y “Entonces, ¿por qué A principios de junio comencé a preparar el
internarte en las lowlands, y sus impenetrables selvas, tamente fundadas. que ya sabía lo que era llevar a profesionales - espe- equipo.
cogen los porteadores
era harina de otro costal.
El otro problema era el coste del proyecto. Despla- ¶ DE CAMINO
POR LA JUNGLA
La llamada “línea de pacificación” es una especie de
frontera natural que puede suponer la diferencia entre
cialmente reporteros y antropólogos -, a las zonas más
remotas de las islas. sus arcos y flechas?”
Mis viejas botas no eran adecuadas para el nivel de
humedad y de agua que iban a tener que soportar, así
zarte grandes distancias por las montañas o selva a Cuando decidí trabajar con la misma agencia con la la vida y la muerte para el hombre blanco. La separa- Carrasco conocía Indonesia al dedillo, y sus contac- que me compré otras más altas, complementadas por
través, sería durísimo, y, desde luego, llevaría meses, que había viajado a Camerún dos años antes, lo prime- ción entre el espacio de selva donde el extranjero es tos en Papúa, empezando por los guías, eran de los unas polainas para protegerme mejor de las mordedu-
por lo que necesitaríamos contratar avionetas que nos ro que les dije es que no quería abandonar Irian Jaya tolerado y allí donde los Korowai Betul - The Stone mejores del lugar.. ras de las sanguijuelas..
acortaran los trayectos. con la sensación de que dejaba cosas por ver y que Korowais, como son conocidos en la zona -, han deci- Le expliqué a Carrasco lo que pretendía y vio factible
Me di cuenta, entonces, que iba a tener dos alter- me había quedado en la superficie. dido mantenerse absolutamente aislados del mundo el proyecto. Se comunicó con sus contactos de Yaya-
nativas: o reducía la expedición a un área mucho más Ellos me respondieron que esa sensación sería y no permiten el menor intrusismo. pura y pronto tuvimos un itinerario que nos permitiría, LA PRÓXIMA SEMANA 3ª parte
2 3
VIAJAR

VIAJAR
eduardo LOSTAL ( Fotógrafo)
El canto de las Marzas, la última noche de febrero, parece ser de origen romano, se
cristianizó después evolucionando hasta quedar en el ritual actual que hoy conoce-
mos de entonar canciones tradicionales por grupos de hombres, con fines jubilosos

Un cántabro
en tierra caníbal
(3ª parte)

El agua se aparecía como uno de los


grandes obstáculos a superar - especialmente
durante el trecking en la selva -. Llovería abundantemente
y la mayor parte del terreno podía quedar anegado de agua, que Le pregunte a Thony
si pasaba algo.
puede llegarte hasta la barbilla en más de una ocasión. Compré “Tranquilo”
- me contestó –
mochilas y bolsas estancas para proteger la ropa, el equipo La respuesta no me
fotográfico y la documentación. Para el recorrido por las montañas que integraban más engarza con la mentalidad africana es “a kuna convenció… Con una hora de retraso sobre el horario previsto, el
matata”, “no pasa nada”. Así que pensé: “a kuna ma- avión tomó tierra en el aeropuerto de Bangkok.
el territorio Yali, me preocupaba el radical cambio de temperatura que se producía... tata”, “ya resolveré este problema cuando llegue a
“Entonces, ¿por qué Una vez allí, pude resolver el problema de la pérdi-
Bangkok”. cogen los porteadores da de conexión con el vuelo a Jakarta, motivado por el


...al atardecer, y que podría pasar de tomar un avión hacia Madrid. La verdad es que aquella mañana me sentía como retraso en Madrid, y fui reubicado en el último avión
los 30 grados al medio día a cerca Por la mañana traté de relajarme. en una nube. Desde el momento que pisé el aeropuer- sus arcos y flechas?” de la tarde con dirección a la capital indonesa, un
de cero grados durante la noche. Si Desayune en El Sardinero, me di una to, desconecté de todo el stress, prisas y demás senti- vuelo de la compañía Lufthansa, que saldría ocho ho-
ese cambio te coge empapado en sudor, sauna en el Club de Tenis y paseé por mientos, inherentes a la sociedad en que vivimos por ras después.
el resultado es obvio, y si algo me parece Reina Victoria y la península de La estas latitudes, y me sumergí de lleno en la diferente Con tanto retraso, dispuse de muy poco tiempo para
imprescindible evitar en situaciones tan Magdalena, disfrutando de aquella mentalidad del mundo al que me dirigía, el cual no en- descansar del largo viaje en el cómodo hotel que ha-
adversas, es caer enfermo. belleza, que ese día me parecía aún tiende de ese tipo de sensaciones. enfrente, dan para pensar. bía reservado en Jakarta para tal fin.
Por eso, me compré varias camisetas de más espectacular. Estaba absolutamente centrado en la vivencia. To- Las dudas y temores sobre lo que me esperaba en Con los primeros rayos de sol, tras haber cerrado

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nueva tecnología, cuyo tejido te mantiene He viajado a lugares maravillosos, talmente mentalizado para acatar y adaptarme a cual- Irian Jaya no dejaban de visitarme de vez en cuando los ojos poco más de hora y media en la habitación del
seco por dentro. pero siempre he tenido la sensación quier imprevisto u obstáculo que se interpusiera en el y, ahora que me dirigía definitivamente hacia allí, se hotel, vino a recogerme un joven indonesio, que debía
El botiquín también sería importante y de tener el listón muy alto, de tener la camino. Así que, un simple retraso del vuelo no iba a acrecentaban cada vez más. Canibalismo, Stone Ko- llevarme de vuelta al aeropuerto, para tomar el vuelo
esta vez lo doté mucho más concienzuda- fortuna de vivir en uno de los parajes interrumpir aquella especie de “nirvana”. rowais, precipicios, serpientes venenosas …Eran ideas hacia Yayapura, capital de Papúa Occidental.
mente que en otras ocasiones, incluyendo más bonitos del mundo…A veces, se Mucha gente se agobia en los aeropuertos, pero para que me inquietaban y entraban en conflicto con mi de- La conversación que mantuve con aquel joven resul-
jeringas y agujas por si fuera necesario in- me pasaba por la cabeza la posibili- mí representan la puerta hacia la libertad, el pasadi- terminación y mi entusiasmo. tó tan breve como impactante y consiguió alimentar
yectarme antibiótico por vía intravenosa, dad de no volver a ver nunca la costa zo hacia el gran mundo que te espera al otro lado, dis- aún más mis dudas y temores.
algo en lo que prefería no pensar… de Cantabria…. puesto a enriquecerte y abrir tu mente a nuevas ideas
¶ DE CAMINO El joven de la agencia se había informado del desti-

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En sanidad exterior ya me cono- Por primera vez, me parecía percibir y filosofías de vida. POR LA JUNGLA no de mi viaje a Irian Jaya y. desde el primer momen-
cen; saben de mis viajes y de mi interés cierta preocupación y temor en todo el Al desprenderme del equipaje en el mostrador de De alguna manera, aquella experiencia iba a convertirse to, intentó persuadirme de la idea.
por llegar a zonas, normalmente poco mundo por mi causa: mis padres y her- facturación, tengo la sensación de quitarme también en la prueba del algodón. Iba a determinar si el concep- “la provincia está cerrada a occidentales desde hace
recomendadas. excesivamente grande para mí…?” manos, mis amigos…Lo notaba en su mirada cuando la carga del día a día. Me siento liberado y me dejo lle- to que tenía sobre mí mismo como viajero se ajustaba meses”-me dijo - “sólo se les facilita la entrada a aque-
Pero esta vez, cuando mencione Irian Jaya, la doc- Mi estado de excitación estaba por las nubes y mi se despedían. var pacientemente hacia el destino elegido. a la realidad o, por el contrario, era ficticio. llos a quienes se haya concedido el nuevo permiso para
tora me miró con estupor. motivación era cada vez mayor. Tras disfrutar de una buena cena, en compañía de De pronto, como por arte de magia, te encuentras De otra parte, era la primera vez que me embarca- viajar a la isla ”
Otras veces ya había intentado persuadirme de mis mis amigos, en Madrid, decidí acostarme; “ mejor em- dentro de un pintoresco hormiguero de razas y culturas ba en un viaje de estas características en solitario. Yo le mostré el impreso que Carrasco había conse-
planes sin éxito, así que en esta ocasión ni lo intentó.
El 7 de julio revisé por última vez el equipaje. Todo es- ¶ DE CAMINO
POR LA JUNGLA
pezar bien descansado”…
Mi primer imprevisto no tardo en llegar, pero no tuvo
que no se parecen en nada a lo que ves habitualmen-
te: negros, orientales, maletas, mochilas, pierceings,
No tenía ni idea de cómo sería mi guía y los portado-
res que estaban llamados a ser mis únicos compañe-
guido para mí en la Embajada de Indonesia poco an-
tes de mi partida.
taba preparado, la cuenta atrás había comenzado… Me encanta esa sensación de dejarte llevar rumbo a nada que ver con las peculiaridades de trasladarme turbantes, sarhis, sombreros téjanos… ros de viaje. “¿Cómo lo ha conseguido?; este permiso es muy di-
Las noches previas a la partida me notaba inquieto; lo desconocido, de esa especie de calma tensa que ex- prácticamente a la Edad de Piedra, sino, por el con- Son tus “nuevos vecinos”. Ahora eres un “ciudada- Si me pasara algo, ¿en quién me apoyaría?, ¿estaría fícil de obtener”- Parecía asombrado-.
no lograba dormir bien. perimento los momentos previos a un viaje de estas trario, de los frecuentes contratiempos que te depara no más del mundo”… mi vida a salvo en manos de estos desconocidos?, ¿po- Yo, la verdad, no sabía que responder. Sólo sabía
La adrenalina hervía en mi interior. La ansiedad iba características. el mundo del desarrollo y de la alta tecnología: el vue- El trayecto entre Madrid y Bangkok me llevaría ca- dría verme abandonado en mitad de la jungla al menor que para Carrasco había resultado relativamente fá-
en aumento y se mezclaba con un cierto desasosiego, Me gusta reunirme con mis amigos a modo de des- lo que debía tomar en el aeropuerto de Barajas tenía torce horas de vuelo. contratiempo? … Recordaba las advertencias de la pri- cil, y también sabía que el madrileño estaba muy bien
que me producía el temor a lo desconocido. pedida y darme algún lujo de los que no tendré a mi previsto una hora de retraso. Entre película y película, comida y cena, y el inter- mera agencia que contacté: “una vez en el interior de relacionado en la embajada…
Tenía dudas sobre mi propia capacidad para supe- alcance durante algún tiempo. Trato de alargar y de Como consecuencia, estaba claro que perdería la co- cambio de alguna palabra con la pareja, en luna de la jungla estarás sólo y prácticamente ilocalizable”. Ya
rar las adversidades de todo tipo en que podía verme sentir el paso de las horas… nexión a Yakarta, en el aeropuerto de Bangkok. miel, que estaba sentada a mi lado, la verdad es que era demasiado tarde para ese tipo de preguntas; no me
envuelto; “¿me habría embarcado en una aventura El viernes 8 de julio, a primera hora de la tarde iba a Una de las frases más utilizadas del swahili, y que catorce horas, con la vista clavada en el respaldo de quedaba otra opción que confiar en ellos. LA PRÓXIMA SEMANA 4ª parte
2 3
VIAJAR

VIAJAR
el cansancio. Pero sabía que todo era cuestión
eduardo LOSTAL ( Fotógrafo) de relajarme y echarme en la cama.
A las ocho de la mañana del día siguiente
El canto de las Marzas, la última noche de febrero, parece ser de origen romano, se cogería un nuevo avión que me llevaría di-
rectamente a Wamena, capital del valle de
cristianizó después evolucionando hasta quedar en el ritual actual que hoy conoce- Baliem, donde comenzaría definitivamente
mos de entonar canciones tradicionales por grupos de hombres, con fines jubilosos. la ruta que habíamos diseñado. Así que de-
cidí cenar y aprovechar las diez horas que
tenía por delante para dormir y recuperar

Un cántabro la frescura.
Durante mi primera cena en Irian Jaya te-
nía una sensación extraña. El hotel, el único

en tierra caníbal
de la provincia con un cierto nivel de confort,
estaba prácticamente vacío. La noche era muy
cerrada y la iluminación brillaba por su au-
sencia. El comedor, situado junto a la piscina,
(4ª parte) se abrió para mí.
Mientras cenaba, en medio de un silencio
intenso, empecé a ser consciente de dónde
estaba; Irian Jaya, el rincón del mundo que
me descubrió aquel informático americano
y cuyos secretos, por fin, estaba a punto de
desvelar.
Me volví a sentir excitado. Las dudas y te-
mores surgidos durante el viaje se desvane-
cieron y sentí unas ganas enormes de aden-
trarme en aquel misterio. Sin ningún tipo de
prisa, disfruté de mi primera cena en Papúa.
Acto seguido, me metí en la cama y dormí
de un tirón.
- “¿ Eduardo?”
-“ Sí “
-“Soy Thony. Seré tu guía en Irian Jaya”

“¡Cómo que la provincia está cerrada!,


Tenía 45 años, estatura media y complexión
fuerte. Bajo su piel, curtida por el sol, no había
un ápice de grasa. Sus músculos eran pura
fibra, y sus potentes cuadriceps y gemelos

¿por qué motivo?”-Aquello me había llegado al


definían a una persona harta de recorrer ki-
lómetros por las selvas más infranqueables
y las montañas más escarpadas. Su pelo lar-

alma- “Es muy peligroso”- dijo-. , hay grupos


go era de color negro intenso, si bien ya co-
menzaba a reflejarse alguna cana. Aunque se
había criado en Papúa, su rostro revelaba su

independentistas refugiados en las selvas, y las tribus origen maluco. “Desde luego”, -pensé- “es-
toy ante una especia de Cocodrilo Dundee a
lo indonesio”
también andan revueltas. El gobierno indonesio no deja entrar
¶ DE CAMINO

prácticamente a nadie; ni turistas, ni periodistas… Podrían incluso POR LA JUNGLA


Sin embargo, yo ignoraba, en aquel primer
encuentro con el que no sólo sería mi guía, mi
desconfiar de las intenciones de tu viaje y poner agentes para seguir tus pasos, con ángel de la guarda y mi mejor amigo duran-
te las semanas que pasé en Irian Jaya, hasta
el fin de evitar el tráfico de armas”. La verdad, ¡yo flipaba!; ¿qué me estaba contando... que punto aquella primera impresión se iba
a ajustar más tarde a la realidad.


...aquel tipo?, ¿sería cierto todo aque- No tuve duda de que había llegado -“ ¿Que tal fue el viaje?”- me preguntó mien-
llo?. Y,si el Gobierno indonesio ha- a Papúa. tras me ayudaba con el equipaje que los mozos
bía realmente cerrado la entrada de Los típicos rasgos australoides de acababan de depositar sobre el mostrador de
extranjeros a Irian Jaya, ¿por qué habían sus habitantes se me habían quedado llegada del aeropuerto de Wamena-.
hecho una excepción conmigo?... No en- grabados en mi anterior visita a la isla. -“Bien. Muy largo, pero todo ha ido bien”-
tendía nada. Su nariz ancha y sus robustas y mar- contesté yo, ayudándoles con una de las
Cuando me quedé sólo en el aeropuer- cadas quijadas confieren a esta gente mochilas-.
to de Jakarta, después de que el joven me un aspecto fiero. Si a esos rasgos les En el corto trayecto desde el aeropuerto

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diera el número de un contacto en Bali añades la ornamentación típica de los al hotel, pude comprobar que Thony era un Le pregunte a Thony
por si se me presentaran problemas, no grupos tribales, el resultado puede cor- buen conversador y que su inglés era sufi-
lograba sacarme de la cabeza aquella tarte la respiración. cientemente fluido y rico como para poder si pasaba algo.
conversación. En el aeropuerto de Sentani, en Ya- tratar cualquier tipo de tema con él; algo im-
Llevaba meses intentando mentalizarme yapura, todo el mundo me observaba portante, sin duda alguna…
“Tranquilo”
sobre los riesgos de internarme en aquella con curiosidad. El hotel Baliem no estaba nada mal - básico, pero - me contestó – El interrogatorio prosiguió …
selva y entrar en contacto con seres hu- Pregunté si hacía mucho que no lle- acogedor- . El grado de confort era más que notable “¿Galletas, mermelada para el desayuno…?, ¿te gus-
manos que siguen practicando el caniba- gaba allí un hombre blanco y me con- en las latitudes en que me encontraba.
La respuesta no me ta la mantequilla de cacahuete?

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lismo ritual, pero nunca se me pasó por firmaron que no habían visto más de Lo primero que hice, una vez en el hotel, fue reor- convenció… Todo parecía indicar que el hambre no iba a ser un
la cabeza que Papúa estuviera viviendo cinco o seis en los últimos dos meses. ganizar el equipaje, limitando aquello que me llevaría problema durante el trecking.
un conflicto armado, ni que estuviera vetada al res- pasaje, y otro hombre, con pinta más bien descuidada, Lo primero que le pregunté al hombre de la agencia conmigo durante la expedición y dejando en la con-
“Entonces, ¿por qué Cuando terminamos con la logística, decidimos apro-
to del mundo. “¿Me estaría metiendo realmente en la cuya nacionalidad no logré descifrar… Por lo menos encargado de llevarme al hotel en Sentani fue sobre signa parte del contenido de las bolsas, que se queda- cogen los porteadores vechar el día para conocer un poco la ciudad y su merca-
boca del lobo…?” no viajaba sólo. Al parecer, la isla no estaba tan cerra- las advertencias de su homólogo en Yakarta. ría esperándome hasta mi vuelta a Wamena, dos se- do mientras Thony apuraba las últimas compras, y para
Por primera vez, me sentía inquieto de verdad. Lle- da como me había informado mi inquietante contac- Me mostró extrañeza. manas después. sus arcos y flechas?” realizar alguna visita a los poblados Dani cercanos.
gué a pensar incluso en quedarme en Yakarta, y no dar to en Yakarta. Me sentí más aliviado. Pero por poco “Los problemas con la guerrilla independentista También Thony quería repasar conmigo el equipo y Wamena es el único centro urbano de cierta em-
un paso más hasta que alguien me aclarara realmente tiempo; el avión que me llevaba hasta Yayapura debía se limitan al área de Timika, al suroeste de la isla”- concretar la lista de provisiones… bergadura del macizo central. Una pequeña ciudad,
la situación. Pero ya había llegado muy lejos y la idea realizar dos escalas previas en su trayecto. La prime- me dijo-. -“¿Traes saco de dormir, colchoneta, tienda…? “ donde se entremezcla la visión de los primeros Danis
de abandonar me resultaba demasiado frustrante, de ra en Bornéo, donde perdí de vista a los reporteros y Sí me confirmó que la ya habitualmente escasa pre- -“Todo menos la tienda” ó Lanis, pululando sin rumbo fijo por las calles, con el
modo que saqué mi tarjeta de embarqué y me dirigí al de nacionalidad no identificada. La segunda escala sencia de extranjeros, especialmente en las “tierras -“o.k., llevaremos tiendas. Aunque no creo que nos único atuendo de su tradicional cubre-pene de calaba-
hacia el vuelo que debía llevarme Yayapura. tenía lugar en la isla de Biak, muy próxima a Papúa y altas” y en las áreas selváticas, había decrecido consi- sirvan de mucho en la selva si sigue lloviendo como en -“Pasta” za, con el inexorable avance de la cultura occidental,
En la sala de embarque, mientras esperaba la hora codiciada por los amantes al buceo. derablemente en los últimos tiempos. las últimas semanas” -“o.k., llevaremos unas cajas de noodles; te los pue- introducida en este caso por la población indonesa lle-
prevista para el despegue, decidí contar el número de Cuando estaba a punto de reiniciar el definitivo des- Cuando llegué al hotel de Sentani, empezaba a A continuación, debí responder a un completo cues- do cocinar tanto al estilo asiático como imitando al gada de otras islas.
occidentales que viajarían en aquel avión:.. ¡vaya, éra- pegue hacia Yayapura, me di cuenta que el francés ya anochecer. tionario sobre mis gustos alimenticios… espagueti italiano. Tienes ante ti al mejor cocinero
mos seis! : un equipo de televisión italiana, compuesto no estaba en el avión. A pesar de las 44 horas de viaje que llevaba sobre mis -“¿Prefieres café o té?” de Papúa”
por una mujer y dos hombres, un francés con aspecto Efectivamente, el único extranjero que se disponía espaldas, y de que apenas había dormido tres horas des- -“Té” No podía ser de otra manera; Dandee era además
de ejecutivo, que desentonaba bastante con el resto del a entrar en Irian Jaya era yo. Sólo yo. de mi salida de España, aún no notaba que me venciera -“¿Arroz, pasta,...? un perfecto chef! … LA PRÓXIMA SEMANA 5ª parte
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VIAJAR

VIAJAR
eduardo LOSTAL ( Fotógrafo)
En 2005, el viajero cántabro Eduardo Lostal, se adentró en el ancestral mundo de Papua
Occidental. Con la única compañía de su guía, Thony, y de un grupo de porteadores, se internó
en la zona más olvidada del planeta, con la intención de contactar a sus siniestros moradores

Un cántabro
en tierra caníbal
(5ª parte)

Papúa se ha convertido de un tiempo a


esta parte en una especie de “salvaje oeste” para
los inmigrantes, que llegan a miles de todos los rincones
de Indonesia, en busca de fortuna y oportunidades. Este masivo “…debes tener muy
claro que te jugarías
desembarco de gente procedente de Sumatra, Java, Sulawesi, distinto y personal. Mientras que cubiertos por cami-
literalmente la vida”
Una afición que iba a ir a más con el
También me dejaron
Bornéo y otras islas, con una mentalidad de sacrificio y trabajo setas y pantalones, la mayoría de las veces roídos y
sucios, adquieren aspecto de pordioseros, de ciuda- muy claro que si
paso de los añoscultura ancestral.

danos de tercera… La curiosidad no tardó en vencer a la timidez de las


de sol a sol, choca con el espíritu indolente - poco habituado a las responsabilidades- El mercado de Wamena me pareció pequeño y sucio. me adentraba en mujeres, que comenzaron a arracimarse alrededor.

de la población nativa, que ve como, poco a poco, se va quedando al margen del...


Los cerdos campaban a sus anchas y el suelo estaba em- las “lowlands”, en Luego, venciendo sus miedos iniciales, comenzaron
barrado y cubierto de desperdicios. Bajo una techum- a tocarme y a inspeccionar mi atuendo – el reloj, la
bre, las mujeres Dani exponían a la venta sus productos, territorio Korowai, no cadena…-.

¶ podría ser evacuado…


...desarrollo y de las riquezas que Me lo temía. Cuanto más iba conocien- especialmente taro, patatas dulces y plátanos… Una de ellas, que debía rondar los 20 años, me cogió
genera su propia tierra. De ahí, las do a aquella especie de Tarzán oceánico, Mientras yo tiraba alguna foto, Thony y su hija apro- de la mano y no me soltó durante el tiempo que duró
tensiones y las tendencias separa- con aspecto salvaje, pero maneras refina- vechaban para comprar algo de fruta para el viaje… mi visita al poblado. De vez en cuando, me dirigía al-
tistas surgidas en los últimos tiempos, de das y una labia fuera de dudas, más me -“¿Piña...?” guna palabra, que naturalmente yo no podía compren-
las que me había advertido, quizás de for- convencía de que aquel personaje tendría -“Me encanta” der. Cuando cruzábamos la mirada, ella esbozaba una
ma un tanto alarmista, mi joven contacto que resultar irresistiblemente atractivo -“o.k., llevaremos un par de piñas” amplia sonrisa.
de Yakarta. para la mentalidad de más de una aven- De pronto noté un cierto revuelo. Se oían gritos, y con que se conoce a sus cabañas. Las mujeres Dani se cubren de cintura para abajo
Esta problemática se percibe con cla- turera occidental que se hubiera perdido el gentío comenzó a retirarse del recinto. Parecían Thony contactó al jefe de una de las familias, y el ro- con faldas vegetales, que les llegan hasta la rodilla.

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ridad en la zona costera, en Yayapura y durante semanas en aquellas junglas, en atemorizados. busto anciano, de edad incalculable, se mostró honrado El torso lo llevan al descubierto. Sobre sus pechos, se
Sentani. El ambiente de aquella parte de su única compañía. “Una hija en Suiza, Pronto pude distinguir a un puñado de hombres que por nuestra presencia y orgulloso de poder mostrarnos arrojan collares y otros abalorios. También se adorr-
Papúa me recordaba al de Bali ó cualquier que él supiera”, pensé, “pero no me ex- se gritaban, amenazantes. Portaban hachas y mache- sus secretos culturales. nan el pelo con plumas.
otra isla del archipiélago, mientras que los trañaría que hubiera algún otro pequeño tes. Vestían camisas desgarradas y pantalones cortos Cuando me adentré en el recinto fortificado que ro- Los habitantes del poblado se mostraron muy hos-
papúes oriundos parecían tragados por Dundee perdido por el mundo” hechos jirones. deaba el poblado, me encontré cara a cara con una es- pitalarios conmigo.
aquel tsunami imparable. La avalancha de A paso lento, y parándonos a comprar La cosa parecía seria… pecie de masculino comité de bienvenida. Las muje- Mientras era observado por todas aquellas miradas,
inmigrantes comenzaba a alcanzar también en algún puesto, caminaba por las calles “Es una discusión entre Danis y Yalis” – me explicó res, por su parte, se ocultaban a la vista en el interior Thony me explicaba como la construcción del poblado
las tierras altas, si bien aquella indómita de Wamena junto a Thony y su peque- Thony, cubriendo a su hija con los brazos- “Vámonos de sus Honais. gira alrededor de la casa de los hombres, mientras que

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cadena montañosa y, especialmente, el di- ña princesa… de aquí; puede resultar peligroso”. las mujeres viven aparte, en compañía de los niños.
fícilmente habitable ecosistema formado
por las selvas y los pantanos del sur, es-
La mayoría de los Danis, Lanis ó Yalis
que habían decidido vivir cerca de la ciu-
Los Dani conforman una población de aproximada-
mente 100.000 individuos, que se extienden entre las ¶ Irian Jaya: “tierra
caliente victoriosa”
Me llamó la atención la abstinencia sexual que hom-
bre y mujer guardan tras el nacimiento de un hijo, y
taban actuando de escudo protector para dad, habían sucumbido ya a la influencia montañas de Irian Barat y norte del monte Maoke. Me llamó poderosamente la atención sus adema- que se puede prolongar durante un periodo de cinco
las más ancestrales y autóctonas culturas y formas de foránea y vestían harapos sucios y desgarrados. Se trata de una de las áreas menos exigentes para el nes y sus ruidos guturales, que yo debía considerar a seis años.
vida de la isla. Una afición que iba a ir a más con el De vez en cuando, la visión de algún nativo práctica- turista, por lo que es el grupo más acostumbrado a la como un saludo. Como gran tesoro, el jefe del poblado me mostró la
Wamena representa por ahora la orilla donde muere paso de los añoscultura ancestral. mente desnudo, portando orgullosamente el puntiagudo visita de extranjeros. Mientras me estrechaban su mano, botando levemen- momia de uno de sus antepasados, que databa de ha-
la ola de la expansión indonesa. La puerta al mundo de cubre pene de calabaza, me recordaba que ya estaba Los Dani y el valle de Baliem no eran mis principa- te sobre sus pies, proferían una especie de gruñidos cía más de cien años.
los Dani, los Yali, y demás grupos tribales vecinos. preciosa mi hija?” en Irian Jaya y me avisaba de las distintas formas de les objetivos del viaje, pero no quería desaprovechar similares a los que emiten los chimpancés. Me enseñaron como producían el fuego por fric-
Es también el último rincón donde los pocos turistas Y lo era, pensé yo. Tendría unos once años, y sus ras- vida con las que estaba a punto de contactar. la ocasión de fotografiarles y conocer un poco de su A parte de algún elemento decorativo - pequeños ción, y Thony convenció al jefe para que a mi vuelta
que visitan el valle de Baliem pueden encontrar aloja- gos finos y estilizados. Al igual que su padre, no tenían Siempre he considerado un error el que miembros forma de vida durante los dos días escasos que pasa- penachos ó cintas de plumas alrededor de la cabeza, de las “lowlands”, me reprodujeran una réplica de la
miento en un hotel medianamente cómodo. nada que ver con los de la población nativa. de grupos tribales de diferentes partes del mundo re- ría en el área de Wamena. o collares de dientes de cerdo o de perro -, no vestían ceremonia de iniciación de los jóvenes guerreros, que
Mientras paseaba con Thony por entre los puestos -“¿Es tu única hija?”- pregunté-. nuncien a sus tradiciones y acaben cediendo a las ten- A medida que el jeep se iba alejando de la ciudad y más que el “koteka”, una larga caperuza de calaba- solía tener lugar cada tres años.
de venta que se extienden a lo largo de las polvorientas Thony se llevó la mano al bolsillo y me mostró una dencias de Occidente. nos internábamos en zona rural, los signos de civiliza- za, que les cubre el pene, dejando expuestos a la vista Finalmente, a modo de despedida, cantaron y bai-
calles de Wamena, se nos acercó corriendo una niña. fotografía. Las pinturas, escarificaciones y tatuajes de gran parte ción iban desapareciendo. Las camisetas y pantalones los testículos. Alguno de ellos, posiblemente de más laron para mí.
“Esta es mi princesa” – comentó orgulloso, mientras “Se llama María... Y esa es su madre”- las dos eran de las etnias africanas, ó la desnudez imperante entre dieron paso a la desnudez de los cuerpos de los hombres alto rango, lucía una especie de corbata ancha, borda-
la niña le rodeaba con los brazos, sin apartar su vis- rubias como el sol, si bien la niña era de tez más mo- los grupos tribales de Irian Jaya, confieren al indivi- Dani y a las faldas de fibra vegetal de sus mujeres. da con conchas de caurí, que les confería un aspecto
ta de mí, con más curiosidad que temor.-“¿A que es rena- “Viven en Suiza” duo, según mi punto de vista, un porte espectacular, No tardamos en avistar las primeras “Honai», nombre más gallardo. LA PRÓXIMA SEMANA 6ª parte
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VIAJAR

VIAJAR
eduardo LOSTAL ( Fotógrafo)
En 2005, el viajero cántabro Eduardo Lostal, se adentró en el ancestral mundo de Papua
Occidental. Con la única compañía de su guía, Thony, y de un grupo de porteadores, se internó
en la zona más olvidada del planeta, con la intención de contactar a sus siniestros moradores

Un cántabro
en tierra caníbal
(21ª parte)

Todavía seguía en “el Infierno del Sur”,


todavía continuaba en tierra caníbal, pero tras
seis días buceando en las entrañas de la jungla, Yaniruma “…debes tener muy
claro que te jugarías
producía en mí una sensación de seguridad y de confort. literalmente la vida”
Sentía que los peligros habían quedado definitivamente atrás y También me dejaron
muy claro que si
que nada podría evitar ya que regresara a casa sano y salvo…
emisora-. Una afición que iba a ir a más con el
-“Hay dos pasajeros que deben volar hoy a Wamena. me adentraba en paso de los añoscultura ancestral.
Cambio” –contestó el radiotelegrafista--“Lo sé, Yani-
Sentía muchas cosas, pero en eso, … ¡estaba totalmente equivocado!. ruma. Pero por ahora no hay nadie que se arriesgue a
las “lowlands”, en que el simple acto de expulsar el humo les suponía un
volar a esa zona. territorio Korowai, no esfuerzo inasumible... El alcalde se dirigió a mi …


La visión de dos hombres blancos en al cenagoso rincón del mundo que yo aca- Contactad en dos horas y veremos si cambia la si- -“¿Qué dice?” – le pregunté a Thony -.
el embarcadero de Yaniruma, los pri- baba de abandonar… tuación. Cambio.” podría ser evacuado… -“Dice que entra poco dinero en Yaniruma”- Son-
meros que veía desde que puse pie en De vuelta en la cabaña que volvía a ser- -“De acuerdo, Wamena. Cambio y corto”. rió -.
Irian Jaya, debió de resultar tan sorpren- virnos de albergue en Yaniruma. Aquel Confirmado que por el momento deberíamos per- “Sí. Me imagino” – Evidentemente, no había enten-
dente para mí como para ellos la aparición desvencijado chamizo me parecía ahora manecer en Yaniruma, Thony y yo abandonamos la dido nada. Preferí no insistir en el tema-.
de aquel español, calado hasta los huesos, el palacio de Buckingham. emisora y nos dirigimos, a paso lento, de vuelta al Comenzaba a anochecer. Entonces, recibimos una
con barba de más de siete días y bastante Mientras la mayoría de porteadores se albergue… señalizadotes para las avionetas. visita que nos alegró el ánimo; el jefe de Yafofla ha-
demacrado, emergiendo de los confines ausentaba durante un tiempo, para vi- -“ El cielo está muy cerrado. Mala pinta, Indiana” Tras dos nuevas tentativas, tuvimos que resignarnos bía dejado a su esposa ingresada en el dispensario y
de la selva virgen. sitar a sus familias, otros habitantes del -“¿Qué pasa si no cambia el tiempo?” a pasar otra noche en Yaniruma. andaba deambulando desnudo por el pueblo. Cuando
Es curioso lo que sucede cuando te en- pueblo, como el alcalde o el inalterable -“Habrá que esperar noticias. Si cambia antes de las Posiblemente, el más beneficiado con aquel contra- nos vio, se acercó,efusivo…
cuentras lejos de lo que percibes como “tu Dayak, no tardaron en salir a nuestro en- cuatro, nos sacarán de aquí hoy mismo. Después de tiempo fue el comerciante Kayak, ya que, en un inten- -“¿Qué tal tu esposa?”- le pregunté por medio de

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mundo”. Probablemente, si alguien te lle- cuentro, ansiosos por conocer de prime- esa hora no vuela nadie en Papúa, así que tendríamos to de seguir ganándole segundos a la tarde, decidí vi- Thony-.
ga a insinuar en el viejo continente, que ra mano los detalles de nuestra aventura que quedarnos hasta mañana. Suele ocurrir en esta sitar su tienda y acabé comprándole un espectacular -“Se encuentra mejor”- repuso, agradecido por mi
dos reporteros eslovacos pudieran tener en la jungla. parte de la isla. ¡Paciencia, hermano!” escudo Kombai. Me pareció que el escuálido tendero interés-.
algo que ver contigo, con tu forma de ser, Yo seguía anclado en el más profun- La verdad es que la perspectiva de pasar otras vein- de Bornéo acaba de cerrar la venta del año. Boas había terminado de prepararnos la cena y el
con tu cultura, lo negarías al instante. Sin do estado de relajación y de satisfacción ticuatro horas en aquel desolador y aburrido tugurio jefe aceptó nuestra invitación para compartirla con
embargo, a miles de kilómetros de casa,
aquellos dos rubios exponentes de la Eu-
personal. Una intensa sensación de paz,
acentuada por el melodioso selvático, en-
no me seducía lo más mínimo. Pero, por lo visto, no
había más remedio que armarse de paciencia y espe- ¶ Irian Jaya: “tierra
victoriosa”
liente nosotros…
Uno a uno, nuestros visitantes habían regresado
ropa del este te parecían hermanos de san- volvía aquel puñado de tambaleantes ca- rar… Saqué un taburete al porche, coloqué los pies A media tarde, recostado sobre los escalones del por- cansinamente a sus hogares – antes de que la noche

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gre. Todas las diferencias perdían relevancia, en favor sas, al que otorgaban rango de pueblo. sobre la barandilla, y me dispuse a emular al joven che, pude saber que la escasez de entrada de dinero en cayera por completo, ya que, según decían, los malos
de las coincidencias en la forma de entender la vida, Una afición que iba a ir a más con el Comenzaba a caer la tarde; asomado al porche, en Dayak, apoltronado en la mecedora, a la puerta de su Yaniruma se había convertido en el enésimo tema de espíritus habitan en la oscuridad - Solo Pies de Elefan-
mucho más cercana que la de los habitantes de aquel paso de los añoscultura ancestral. cuya baranda, una hilera de botas y ropa intentaba pequeña tienda de ultramarinos. conversación de la tediosa e interminable tertulia que te y el joven Dayak, además de Boas, Thony, el jefe y
mundo paleolítico. por fin secarse al aire, pude admirar por última vez, el Dos horas más tarde, las nubes seguían encalladas se había establecido en la entrada de nuestra casa y a yo, quedamos en la casa….
-“Hallo!” – nos saludamos, sin ocultar nuestra sor- -“Six months, can you imagine?, I told you he was diario acontecimiento de los gigantescos murciélagos sobre todo el área de las tierras bajas. la que poco a poco, se había ido sumando una nutrida De pronto, el joven porteador que nos había acom-
presa y agrado-. crazy!” – exclamó el más menudo de los dos, que se cubriendo el cielo de Papúa. -“Imposible volar, Yaniruma. Cambio” – volvió a con- representación de lugareños, que como de costumbre, pañado en la expedición irrumpió en la casa, jadean-
Antes de que los eslovacos subieran en su canoa, en había decidido a acompañar a su amigo a la isla de sus A las diez de la mañana del día siguiente, se puso en firmar la voz metálica, que llegaba de forma entrecor- no parecían tener nada mejor qué hacer… te y con rostro desencajado. Algo dijo, que provocó
compañía de su guía y sus porteadores, tuvimos tiem- amores y que, por lo visto, no acababa de compartir funcionamiento la estación de radio de Yaniruma. La tada a través de la emisora-. -“Falta flujo de dinero”- me aventuré a opinar –“No la nerviosa reacción de todos los presentes. Boas y
po para intercambiar experiencias e impresiones. El del todo su entusiasmo- avioneta debería habernos recogido a las nueve, pero -“Hablamos dentro de dos horas, Wamena. Cam- sólo entra poco, sino que no tenéis dónde gastarlo en Pies de Elefante se apresuraron a trancar puertas y
más fuerte de los dos, de unos treinta y cinco años, era Durante unos minutos, pude admirar su magnífico una hora más tarde no había noticias del aparato. bio y corto.” Yaniruma, porque, salvo el tendero, nadie ofrece un ventanas…
un auténtico enamorado de Papúa. Aquella era la dé- equipo fotográfico y compartir con ellos mi propia El día había amanecido muy nublado, y Thony temía Un paseo a lo largo del pueblo, te comía media hora servicio por el que cobrar al resto de la comunidad. El -“¿Qué sucede?”- pregunté-.
cima vez que viajaba a la isla, e incluso había llegado experiencia… que, en esas condiciones, las pequeñas avionetas de - quince minutos de ida y quince de vuelta - siempre y poco dinero que entra no se mueve y acaba acumulán- -“¡Nos han seguido!” - contestó Thony, con gesto
a adoptar a un par de niños en Yayapura. -“We had some problem in a village near Yafofla. la “A.M.A.” no se aventuraran a volar desde Wamena. cuando te tomaras tu tiempo entre cada paso… dose en las manos de unos pocos, que probablemente tenso y preocupado-.
En esta ocasión, su estancia no duraría más de cinco People are not very friendly there and can even turn Tras contactar con el piloto, nuestros temores se hi- Pronto descubrí que cundía más el pedregoso re- terminarán gastándolo lejos de aquí” Instantes después, se escuchó un gran revuelo en el
días, los necesarios para realizar las últimas tomas de dangerous. Ask my guide, he will tell you...” – traté cieron realidad… corrido de la pista de aterrizaje; aproximadamente Me pregunté si habrían captado la idea que intentaba exterior de la casa…
un reportaje en video sobre los Korowai y los Kombai, de advertirles sobre el trato dispensado en el último -“Con este tiempo, imposible volar hasta vosotros, podías matar unos cuarenta minutos, si te parabas a trasmitir en boca de Thony. Todo el mundo asentía a
para el cual anteriormente había permanecido seis me- poblado-. Yaniruma. Cambio” – comunicaba el piloto, mien- retar a Thony en un mano a mano de lanzamiento de mis palabras, mientras fumaban como chimeneas, con
ses conviviendo con ellos en el interior de la jungla… Poco después, los eslovacos se alejaron en dirección tras Thony y yo rodeábamos al responsable de la piedras contra los barriles oxidados que servían de la mirada perdida en el suelo. Daba la impresión de LA PRÓXIMA SEMANA 22ª parte
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VIAJAR

VIAJAR
algún que otro viajero, que aprovecha
eduardo LOSTAL ( Fotógrafo) el vuelo para ahorrarse meses de cami-
natas por montañas y junglas.
En 2005, el viajero cántabro Eduardo Lostal, se adentró en el ancestral mundo de Papua La niebla, que se había acomodado
en el Baliem, había retrasado en una
Occidental. Con la única compañía de su guía, Thony, y de un grupo de porteadores, se internó
hora la salida. Pero por fin, tras cargar
en la zona más olvidada del planeta, con la intención de contactar a sus siniestros moradores el equipo y víveres, el piloto decidió
que podíamos partir.
La avioneta era muy pequeña; ape-

Un cántabro nas cabíamos cinco personas entre la


carga.
Yo ocupé el sitio junto al piloto, que

en tierra caníbal
me ayudó a abrochar correctamente
el cinturón.
Después, el americano rezó una ora-
ción que se prolongó por cerca de un
(6ª parte) minuto.
“En el nombre del Padre, del Hijo y
del Espíritu Santo... concédenos, Se-
ñor, un vuelo agradable... Permítenos
llegar sanos y salvos a nuestro desti-
no… En el nombre del Padre, del Hijo
y del Espíritu Santo, amén”
Siempre he confiado en la pericia
de estos pilotos que vuelan sobre las
selvas de Papúa con la sola ayuda de
su propio instinto y su enorme expe-
riencia. Alguien me dijo una vez que
eran los mejores…
Las hélices del aparato rugieron y
todo comenzó a vibrar mientras, poco
a poco, íbamos ganando velocidad.
Poco tiempo después, la avioneta vi-
raba rumbo al suroeste…

¶ Irian Jaya: “tierra

Cuando conseguí liberarme de la mano liente victoriosa”


Volar en una avioneta tan pequeña
como aquella resulta una experien-

de mi pegajosa anfitriona, regresamos al hotel.


cia excitante. Pero si además sobre-
vuelas las cimas y selvas de Papúa, a
una distancia tan baja, que crees tocar
con tu mano la copa de los árboles, el
Tras descansar un par de horas en la habitación, me momento se puede convertir en uno de
los más fascinantes del viaje.
Superada la impresión inicial, decidí
reencontré con Thony…-“¿Te acuerdas de la discusión entre relajarme y disfrutar del espectáculo
de la naturaleza en su estado más puro:

Danis y Yalis en el mercado?» -me preguntó. -“Sí” -“Acabó en montañas, tupidos bosques, árboles
gigantescos, cataratas…
« ¡It´s spectacular!” – le comenté al
pelea. Ha habido tres muertos.” Aquello no me sorprendió en absoluto. piloto-
“Oh, yes. Of course it is”
Yo ya sabía de la beligerancia casi enfermiza de todas las tribus que habitan la isla de Papúa Según nos íbamos adentrando en la
cadena montañosa “Jaja Wijaya”, co-


La guerra entre tribus o entre clanes sólo puede haber dos razones: cerdos o menzamos a avistar los primeros po-
pertenecientes a la misma tribu es el mujeres!” blados Yali. Primero chozas solitarias,
deporte nacional… después comunidades más grandes,
En mi anterior estancia, en Papúa Nueva Yo era el único huésped del hotel Ba- asentadas en las cimas más inaccesi-
Guinea, el australiano propietario del hotel en liem Pilamo esa noche. bles o en las pendientes más escarpa-
que me hospedaba tuvo que ponerse el mono De nuevo aquella paz, aquel silencio das y escurridizas.
de trabajo para atender a sus huéspedes, por- intenso que te envuelve al caer la tarde y Tras casi una hora de vuelo, llegó “…debes tener muy
que el servicio, perteneciente a la etnia Huli, que sólo puede percibirse lejos de la civi- uno de los instantes más impactan-
claro que te jugarías

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tuvo que acudir, de forma repentina, en apo- lización. Aquella oscuridad sólo rota por tes del viaje.
yo de los miembros de su clan, que estaban a la luz trémula de alguna lámpara de es- Entre aquel enjambre de montañas
punto de enfrentarse a otro clan rival. casa potencia. y ríos se dibujó de pronto una pequeña
literalmente la vida”
En un abrir y cerrar de ojos, los que hacía Mientras cenaba, recapitulaba sobre pista de aterrizaje, cubierta de hierba… También me dejaron
cinco minutos eran nuestros camareros, se mis primeros pasos en aquel mundo sor- “¡Más vale que tenga puntería!” ,me
despojaron de sus uniformes y partieron ha- prendente en el no había hecho más que dije a mí mismo, con la sensación de que aterrizar en
muy claro que si Una afición que iba a ir a más con el
cia la batalla, provistos de los arcos y flechas asomar. aquel espacio minúsculo sería tan complejo como ati- me adentraba en paso de los añoscultura ancestral.
que habían depositado a su llegada en la re- Mi contacto con los Dani me habían ser- nar con un dardo en el centro de una diana..
las “lowlands”, en

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cepción del hotel. vido de precalentamiento previo a lo que Poco a poco, la avioneta se situó de frente a la pista mutuamente.
Un día más tarde, me encontré cara a cara me esperaba a partir de la mañana siguien- y se lanzó derecha hacia ella. territorio Korowai, no Tras descargar nuestro equipaje y alguna otra pro-
con dos grupos de hombres armados y pinta- te, las dos auténticas metas de mi viaje: las A medida que nos aproximábamos, comencé a dis- visión que la avioneta trasportaba con destino a Kosa-
dos para la guerra, que se amenazaban y se arrojaban abruptas tierras de los Yalis y, como colofón, lo que allí tinguir tres o cuatro casetas y un pequeño hormigue- podría ser evacuado… rek, los hombres más jóvenes se ofrecieron como im-
alguna flecha a los pies. Su aspecto era fiero. Uno de Una afición que iba a ir a más con el conocían como “el Infierno del Sur”, las traicioneras ro de gente que se encaminaba hacia el lugar desde provisados porteadores y nos encaminamos hacia las
ellos, alto y musculoso, de pelo y barba rojiza, y con paso de los añoscultura ancestral. junglas, que sirven de seguro para la subsistencia de todas direcciones. casetas que, una vez, habían conformado una misión,
la cara y las piernas cubiertas de barro, iba ataviado los Korowai y los Kombai. Las ruedas tocaron tierra con una suavidad inespe- y ahora se habían convertido en una estación de radio
con un gorro de piel semejante al de “David Croket” hacha clavado en el cráneo. La escena impactaba. Cené sopa de espárragos con especias, patatas fritas rada y en breves instantes, el aparato se detuvo por y en un punto de “idas y venidas” para las compañías
y una camiseta sin mangas, con diseño de camuflaje Yo no moví ni un músculo, tratando de no atraer la y cangrejos de río. En aquel momento no imaginaba completo. de protección en la batalla -. Otros llevaban la típica aéreas de la zona.
y unas alas negras cosidas en el pecho, que se ceñía a ira de aquellos enfurecidos hombres armados hasta que estos últimos se iban a convertir en parte habitual Aun no había descendido del avión cuando la escena redecilla en la cabeza. Hay 30.000 Yalis en Irian Jaya, repartidos en peque-
su cuerpo, marcando al detalle su portentoso pecto- los dientes. de mi dieta durante mi expedición en Irian Jaya. que contemplé por la ventanilla me hizo comprender Las mujeres también mostraban toda la desnudez ños asentamientos a lo largo de un territorio boscoso
ral y sus robustos brazos. Completaba su aterradora Aquel día no se derramó más sangre y todo acabó “¡O.k. let’s go!” que había llegado por fin al corazón de Irian Jaya. Un de sus cuerpos. La faldita vegetal que colgaba de sus y montañoso, a más de 2000 metros de altitud, en el
imagen un taparrabos que le cubría de cintura hacia con el acuerdo de una compensación en forma de cer- El piloto que nos llevaría hasta Korarek, en territo- gentío procedente de las montañas y laderas cercanas caderas era mínima, y apenas las cubría por delante, que lo tienes que pensar dos veces antes de aceptar la
abajo.“No me gustaría caerle mal a ese tipo”- me dije dos. Pero otras muchas veces, la solución no resulta rio Yali, era un americano de mediana edad, que tra- comenzó a arremolinarse alrededor del aparato, con dejando al descubierto las nalgas. invitación del vecino del pueblo de al lado.
a mí mismo-.. tan sencilla… bajaba para los misioneros jesuitas. los ojos abiertos de par en par. Los hombres estaban Eran los Yali. Tal y como yo les había imaginado. El
El causante de aquella guerra entre clanes yacía a mi -“¿Sabes cual fue el motivo de la pelea? – le pregun- Un par de líneas aéreas, ambas pertenecientes a desnudos - llevaban el pene enfundado en largos “ko- momento me resultaba especialmente emocionante.
izquierda. Sobre un lecho de hojas, uno de los miem- té a Thony-. compañías misioneras, sobrevuelan aquellas selvas, tekas” -. Algunos de ellos lucían, alrededor de la cin- Lo cierto es que ni yo podía apartar la mirada de
bros del clan agraviado estaba tendido inerte, con un -“En Irian Jaya, cuando dos hombres se pelean, trasportando medicinas, comida y, de vez en cuando, tura, el sebiap – coraza de fibra vegetal, que les sirve aquella gente ni ellos de mí. Imagino que alucinábamos LA PRÓXIMA SEMANA 7ª parte
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VIAJAR
eduardo LOSTAL ( Fotógrafo)
En 2005, el viajero cántabro Eduardo Lostal, se adentró en el ancestral mundo de Papua
Occidental. Con la única compañía de su guía, Thony, y de un grupo de porteadores, se internó
en la zona más olvidada del planeta, con la intención de contactar a sus siniestros moradores

Un cántabro
en tierra caníbal
(7ª parte)

Desde Kosarek, enmarcados en un


paisaje absolutamente espectacular, se podían
divisar varios poblados Yali, que aparentemente no
“…debes tener muy
estaban a excesiva distancia entre sí. Pero una cosa era la claro que te jugarías
literalmente la vida”
distancia en línea recta y otra muy distinta el tiempo y el esfuerzo También me dejaron
real que te llevaba trasladarte por aquellas montañas, cubiertas de me rodeaba, mientras respiraba hondo y un escalofrío
me recorría el cuerpo.
muy claro que si Una afición que iba a ir a más con el
paso de los añoscultura ancestral.
“¡Dónde estoy metido, qué maravilla!” me adentraba en
vegetación, y con un firme tremendamente traicionero. Los pocos puentes que los Aquel éxtasis duró poco. las “lowlands”, en evitar con su propia piel que los fluidos corporales, que
Desde mi llegada a Kosarek no había dejado de sen- se desprenden del muerto, lleguen a tocar el suelo.
Yalis habían construido en el pasado estaban semiderruídos. Atravesarlos conllevaba... tirme observado en todo momento. territorio Korowai, no “Reñido pulso el de la vida y la muerte”
Especialmente los niños y algún grupo de jovenci- podría ser evacuado… La guerra ha causado desde siempre estragos entre


...muchísimo riesgo. Tampo- nuevo hogar. tas recelosas, me seguían a todas partes, mirándome los pueblos vernáculos de aquellas selvas. Raras son
co había caminos, por lo que Por la tarde, aún tuvimos tiempo de arriba abajo, sin perder detalle de cualquier gesto las comunidades vecinas que no tienen muertos que
para llegar a una comunidad para visitar un pequeño poblado, o acción por mi parte. reclamarse o echarse en cara.
que se divisaba en la cima de una muy próximo a la misión. El proceso de lavarme los dientes, por ejemplo, les Una de las leyendas bélicas más conocidas entre los
montaña, al este, tenías que cami- Los Yali de aquella zona pertene- resultaba especialmente interesante, a tenor de los chis- pobladores de Papúa, es la de «los Hombres de Barro”,
nar hacia el oeste, luego hacia el cen a una rama denominada Meck. morreos, y de la enorme atención que ponían en cada eco de los barrancos lo transportó a cada rincón de aún hoy asentados en una de las regiones más abrup-
norte, de vuelta al oeste, y así con- Son de reducido tamaño, práctica- movimiento del cepillo. Tenía la sensación de formar aquellas montañas… tas de Papúa oriental.
tinuamente, mientras intentas en- mente pigmeos. Esta tribu se gana parte de algún experimento científico en el que yo era La muerte y la vida mantienen una pulso cotidiano Cuentan los viejos que esta tribu fue, en su día, ata-

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contrar un acceso entre la male- la vida con la agricultura, la caza y el extraño espécimen a estudiar… en Papúa. cada por una de las etnias más devastadoras de la isla.
za que te permita progresar hacia la cría de cerdos. Como casi todos Thony me había explicado que los Yali, al igual que la Los riesgos y peligros acechan a cada peso, desde Mientras el poblado era masacrado por sus enemi-
un destino del que con frecuencia los grupos de la zona rompen la mayoría de grupos de Papúa, debían tener sus relacio- que te levantas por la mañana hasta que, con un poco gos, varios miembros de la tribu huyeron, siendo per-
crees alejarte. Eso sin olvidar que monotonía enzarzándose en con- nes sexuales entre los arbustos del bosque, nunca en la de suerte, consigues alcanzar sano y salvo la hora del seguidos por sus atacantes hasta la orilla de un gran
lo abrupto y escarpado del terreno tinuas peleas y escaramuzas con casa, a menudo compartida por demasiada gente… crepúsculo. lago. Desesperados ante la perspectiva de convertir-
implica contínuas subidas y baja- las otras etnias vecinas. Hasta hace -“¡No me extraña que se vayan a echar el polvo a la En un mundo salvaje, dónde naturaleza, fauna e se en presas fáciles, los nativos decidieron enterrarse
das de pendientes, que la mayoría muy poco, continuaban practican- selva! – Espeté – ¡Es imposible tener intimidad ni para incluso tus semejantes se tornan habitualmente hos- bajo el lodo, recurriendo a unas finas cañas de bam-
de las veces llegan a los 80 gra- do el canibalismo ritual, si bien esa lavarte los dientes!” tiles, la muerte se impone con frecuencia en el duelo bú para poder respirar. Así permanecieron durante

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dos de inclinación. Yo había teni- costumbre está desapareciendo, de- Se rió. con la vida. algún tiempo.
do una conversación con Thony a bido principalmente a la influencia Con la caída de la noche, todo el mundo comenzó Cuando creyeron haberles burlado, los aborígenes
este respecto…
“No quiero intentar acaparar de-
misionera y a la determinación de
erradicarla por parte del gobierno
a retirarse a sus chozas, y Thony y yo nos quedamos
finalmente solos. ¶ Irian Jaya: “tierra
victoriosa”
liente emergieron del fango, encontrándose cara a cara con
varios de sus agresores, que continuaban rastreando
masiado territorio, y pasarme el día indonesio. De pronto, un sobrecogedor lamento rompió el silen- Las ceremonias funerarias de las distintas tribus que la zona, y que, al ver aquellas figuras humanas, rebo-
caminando de un lado para otro, El sol comenzó a ponerse en las cio y se impuso a la suave sinfonía de grillos, cigarras y habitan la isla de Papúa comparten en igual medida, zadas en barro, al contraluz de la luna llena que se re-
sin apenas encontrar señales de montañas de Jaya Wijaya. alguna ave del paraíso, que, desde hacía unos minutos, la dureza y la crueldad, que son parte innata de la lu- flejaba en las aguas del lago, creyeron encontrarse de-
vida. Prefiero centrarme en dos o tres poblados no Una afición que iba a ir a más con el Una cierta sensación de paz envolvió la vida alrede- se había adueñado del lugar. Era una especie de cánti- cha diaria de estos pueblos melanésicos. lante de espíritus malignos y corrieron, despavoridos,
muy lejanos y poder disponer de tiempo para com- paso de los añoscultura ancestral. dor de la misión. Como si todo se entregara definitiva- co desgarrado, salido de las entrañas. Procedía de una La antropofágia ritual de Korowais y Kombais, o la ante la perplejidad de sus víctimas.
partir y fotografiar a sus habitantes...” mente al descanso, tras una jornada llena de emocio- choza solitaria, que se veía a no mucha distancia. momificación de cadáveres por parte de temibles Cu- Esta tribu es conocida como “los Hombres de Barro”,
Thony me señaló con el dedo un par de picos sobre La caseta, de madera y techo de hojalata, en la que nes: personas, animales, naturaleza… El cielo estaba -“ ¿Qué es eso. ?”– le pregunté a Thony- ca-Cuca de Papúa oriental - antaño famosos por sus ya que, desde entonces, sus guerreros se embadurnan
los cuales se divisaban varias decenas de chozas… nos instalamos, había sido una escuela un par de años despejado y el sol, en su descenso, iluminaba con una -“Es el lamento de una madre por la muerte de su aterradoras cacerías en busca de carne humana en las el cuerpo y se cubren la cabeza con grandes máscaras
-“¿Ves aquellos poblados?..., son los más cercanos; atrás. luz intensa aquel paraje único, perdido en el principio joven hijo” – Respondió- poblaciones costeras -, son sólo algunos ejemplos. de barro, para acudir a la batalla.
visitarlos nos llevará un día entero...” – Dijo -. Lo que fue la habitación de la maestra, eran aho- de los tiempos - desde que puse los pies en Kosarek, Tenía dieciocho años. Había marchado a buscarse Una de las tradiciones mortuorias más espeluznantes Había llegado el momento de que Thony me demos-
-“o.k., nos centraremos en esos dos puntos” ra cuatro paredes vacías, con un sucio jergón de plu- me sentía como uno de aquellos pioneros, que en al- la vida a Wamena, a donde nunca llegó; en el trayecto ha sido preservada por los Huli de Papúa Nueva Gui- trara sus cacareadas habilidades como cocinero.
También decidimos convertir la antigua misión de ma, tirado en el suelo. “Más confort no cabía esperar gún momento de la historia habían vivido la experien- había sido mordido por una serpiente, muriendo prác- nea; el cuerpo debe descomponerse sobre una especie
Kosarek en nuestro campamento base y, salvo impre- en aquellas latitudes”, así que, desplegué sobre la cia de descubrir un mundo nuevo -. Salí de la cabaña y ticamente en el acto. de parigüela, mientras la viuda permanece semanas
vistos, regresar allí cada noche. colchoneta el saco de dormir y tomé posesión de mi me quedé admirando, ensimismado, el escenario que El llanto se prolongó durante cerca de una hora. El bajo el cadáver putrefacto de su esposo, tratando de LA PRÓXIMA SEMANA 8ª parte
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me metí en el saco, apagué la linterna
eduardo LOSTAL ( Fotógrafo) y decidí dormir…
Echado sobre el colchón de plumas,
En 2005, el viajero cántabro Eduardo Lostal, se adentró en el ancestral mundo de Papua repasaba cada detalle del día, mien-
tras esperaba que el cansancio hicie-
Occidental. Con la única compañía de su guía, Thony, y de un grupo de porteadores, se internó
ra su efecto.
en la zona más olvidada del planeta, con la intención de contactar a sus siniestros moradores A los pocos minutos noté ruidos ex-
traños en la habitación - un leve cru-
jir, como si algo se arrastrara por las

Un cántabro paredes y el suelo -. Encendí de nuevo


la linterna y enfoque a mí alrededor…
Tenía visita: por lo menos conté trein-

en tierra caníbal
ta cucarachas, además de algún otro
desagradable insecto volador, de con-
siderable tamaño.
-“Espero que no ronquéis” – me di-
(8ª parte) rigí a mis numerosas compañeras de
cuarto, apagando nuevamente la luz y
zambulléndome en el saco de dormir.
Mientras no fuera una serpiente o una
araña peluda todo iría bien -.

¶ Irian Jaya: “tierra


liente victoriosa”
Hay un capítulo de las historias de caza
de mi abuelo Manolo, que mi madre
me contó cuando era un niño y se me
quedó especialmente grabado en la ca-
beza. Sucedió en México. Se encon-
traba de cacería en el campo. Había
pernoctado al raso. Con las primeras
luces de la mañana, se despertó y se
dispuso a calzarse las botas. De pronto
sintió fuego en el pie y cayó al suelo.
Durante la noche, se le había introdu-

La débil llama de una lámpara de


cido en la bota una viuda negra, una
araña, cuya picadura puede resultar
letal. Mi abuelo estuvo al borde de
la muerte…

alcohol, con la ayuda de las linternas, iluminaba


A las cinco y media de la mañana
ya estaba harto de dormir. Esperé a
que la luz comenzara a filtrarse a tra-
vés de la cortinilla de la ventana y me
levemente el pequeño e improvisado comedor. Mientras levanté… Cogí las botas y las sacudí
bien antes de calzarlas... ¡ni rastro de
intrusos!
me servía, Thony me recitó el menú de aquella primera noche Terminé de vestirme y salí a dis-
frutar del sobrecogedor amanecer en

en Kosarek… “Noodles a la italiana y piña” “Perfecto” “Aquí tienes Irian Jaya.


Las nubes se desbordaban sobre los
picos de las montañas emulando a una
salsa picante, por si te apetece”. “Me encanta el picante” gran ola a punto de romper. El cielo
estaba despejado.
“A mí también. Si quieres, a partir de ahora cocinaré con especias” “Por mí, ningún... El espectáculo de la vida despere-
zándose en aquel recóndito rincón de


...problema. ¡Uhm, están realmente rostro. El momento fue especialmente la tierra resultaba una vivencia casi
buenos!” dramático; tras desaparecer unos segun- espiritual.
En su gesto, percibí satisfacción… dos entre la maleza, el pequeño hombre Volví a entrar en la caseta… Cus-
Mientras cenábamos, nos enfrascamos en emergió de nuevo, dando gritos y apun- cús Dandée seguía durmiendo sobre
una larga conversación. tando al holandés con su arco. Thony in- uno de los largos taburetes de madera
Era una buena oportunidad para conocer- tentó apaciguarle sin éxito. El holandés del comedor, que había elegido como
nos mejor, así que cada uno compartió con depósito la cámara en la hierba, mientras cama. “…debes tener muy
el otro una parte de su pasado, su presente y le mostraba las manos desnudas… Hacia poco más de una hora que los
claro que te jugarías

DOMINICAL
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sus aspiraciones futuras… -“¡Tranquilo, tranquilo!”- profería, gallos habían dejado de cantar.
Me habló de su vida como guía. Aquellas desencajado-. A las siete de la mañana, tras desa-
selvas eran su mundo. En ellas se sentía có- El Korowai volvió a desvanecerse entre yunar consistentemente y llenar las
literalmente la vida”
modo, libre. Más de una vez, había realizado la vegetación, mientras los dos extranje- cantimploras, nos pusimos en cami- También me dejaron
a pie el trayecto para el que nosotros había- ros, y el propio Thony, intentaban recu- no hacia un asentamiento Yali que se
mos recurrido a la avioneta. Le había llevado perarse del susto. divisaba en lo alto de una montaña, aparentemente
muy claro que si Una afición que iba a ir a más con el
casi dos meses. En un par de ocasiones, se Decidieron regresar inmediatamente a cercana. Éramos cuatro personas. me adentraba en paso de los añoscultura ancestral.
había topado con habitantes de la selva … zona segura, antes de que el resto de la tri- -“Estos son Elías y Bartolomé; serán nuestros por-
las “lowlands”, en

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“Aquellos nativos jamás se habían visto cara bu tuviera noticias de su presencia. teadores en esta zona...” – Señaló Thony -. no era tarea fácil. El terreno, tanto en el descenso como
a cara con un ser humano distinto a ellos”-me -“Si tu estás interesado, yo te puedo cru- Elías y Bartolomé eran dos personas de confianza territorio Korowai, no en el ascenso, era muy inclinado, y estaba escondido
explicó con entusiasmo-.. zar la línea de pacificación” – Me dijo – para Thony, con los que había recorrido en infinidad bajo una densa vegetación que te impedía ver donde
Trató de describirme la mezcla de terror, asombro y “Pero tendrías que darme un par de meses, para entrar de ocasiones aquellas montañas. Dos jóvenes Yali, que podría ser evacuado… pisabas.
curiosidad que trasmitía su mirada, mientras le apun- Una afición que iba a ir a más con el yo primero y asegurarme que no seremos atacados” habían adoptado nombres cristianos tras ser bautiza- Mis botas, adecuadas para el barro y el agua, se con-
taban con la punta de su flecha. paso de los añoscultura ancestral. -»¡Estoy ante Cocodrilo Dundee!” – Bromeé yo.- dos por los misioneros cuatro años antes. vertían en auténticos patines sobre la piedra húmeda
En las junglas del Sur, había sido de los pocos en -“Soy Cuscús, Cuscús Dundee”- me corrigió, son- -“Elías cargará tu mochila” – me indicó Thony, ha- y el barrillo, por lo que no tardé en caer al suelo. Una
atreverse a traspasar la línea de pacificación, junto a músculo. riendo, haciendo referencia a una especie marsupial ciendo referencia a mi equipo fotográfico-. vez y otra y otra…
una pareja de holandeses. Su encuentro con un Ko- Cuando el receloso hombre de la selva pareció rela- que habita en aquella parte del mundo, de cierta simi- -“Prefiero cargarla yo” – Repuse -. -“¡He visto muchas películas de Tarzán y siempre se -“¡Creo que hoy voy a entrar en el
rowai Betul fue tenso…El pequeño hombrecillo les jarse un poco, uno de los holandeses le mostró a Thony litud con el koala.- -“Hazme caso; el recorrido es muy complicado, la cae el negro!” – Dije aquel día – “así que la cámara la Guínes!”- bromeé-.
observaba con gesto entre desconfiado y hostil. A ojos su cámara de fotos… -»¡El auténtico Cuscús Dundee en persona!” cámara estará mucho más segura en sus manos, y tu llevo yo!”- Estábamos bordeando una enorme pared Tras un primer descenso de algo más de media hora,
del Korowai, aquellos tres extraños seres podían ser -“¿ Puedo?” – Interpeló-. -»¡El auténtico Indiana Jones en persona!”-añadió te desenvolverás mejor. Elías será tu sombra, así que rocosa, por un estrecho sendero que limitaba con un nos encontramos de cara a una enorme subida, su-
“Laleoalíns”, espíritus malignos. -“¡Muy despacio!”. él, refiriéndose a mí-. cada vez que necesites echar mano de la cámara, le profundo precipicio-. mergida en vegetación. Era una pendiente de unos
“ El Laleoalin es una persona que posee Khakhua, El Korowai observaba confuso, como aquella enor- -“¡Por fin me has reconocido!” tendrás junto a ti...” Thony parecía muy seguro de sus palabras, así que 80 º grados.
poderes malignos, con los que puede provocar todo tipo me persona, de pelo amarillo, le apuntaba con un ex- -“Indiana y Cuscús Dundee, ¡vaya pareja!. Nada po- La idea seguía sin convencerme. Siempre había pre- le pasé a Elías la mochila y comenzamos la marcha
de desgracias: epidemias, inundaciones... En ocasio- traño objeto brillante… drá interponerse en nuestro camino; ni lluvia, ni fle- ferido cargar yo el equipo fotográfico. hacia el poblado.
nes, su piel puede adoptar el color blanco”. De pronto, la cámara accionó automáticamente el chas... ¡Podremos con todo!” Una vez, descendiendo a un poblado Dogón en la falla Pronto me percaté de que Thony tenía razón. Avan-
Durante unos segundos nadie movió un solo flash y lanzó un golpe de luz que se estrelló contra su Eran aproximadamente las nueve y media cuando de Bendiagara, en Mali, llegué a bromear con ello… zar por aquellas montañas tupidas y muy resbaladizas LA PRÓXIMA SEMANA 9ª parte
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VIAJAR
eduardo LOSTAL ( Fotógrafo)
En 2005, el viajero cántabro Eduardo Lostal, se adentró en el ancestral mundo de Papua
Occidental. Con la única compañía de su guía, Thony, y de un grupo de porteadores, se internó
en la zona más olvidada del planeta, con la intención de contactar a sus siniestros moradores

Un cántabro
en tierra caníbal
(9ª parte)

Comenzamos a trepar a buen ritmo,


ayudándonos con ambas manos para tomar
impulso. Un pie y otro y otro… No sabía dónde pisaba ni
a qué me agarraba, mientras buceábamos en aquel denso “…debes tener muy
claro que te jugarías
océano verde. La ascensión comenzó a hacerse interminable a trasmitían mucha más felicidad y alegría que la ma-
literalmente la vida”
Una afición que iba a ir a más con el
También me dejaron
partir de la primera media hora de escalada, sin descanso. Mis manos yoría de las personas que viven en la parte del mundo
que conocemos como “civilización”. muy claro que si
paso de los añoscultura ancestral.

Entre escaladas y descensos, encontrar algún río esplendor debido a la inmensidad de las montañas que
estaban llenas de cortes y me había clavado más de una espina. Ni sé cuantos insectos de agua pura y cristalina reconfortaba el cuerpo y el me adentraba en se perdían en el horizonte, coronadas por las nubes

me tragué ,o cuantos logré escupir, al tratar de tomar aire con la boca abierta.
espíritu. las “lowlands”, en bajas que se resistían a abandonar el lugar - De otro,
En un par de ocasiones, decidimos quitarnos la ropa aquella atmósfera de clandestinidad que se percibía
y darnos un refrescante baño ante la atenta mirada de territorio Korowai, no alrededor del regateo.

¶ podría ser evacuado…


El sudor me empapaba de pies a la montaña donde se asentaba el pobla- varios niños Yali que, encaramados en la copa de un Todo era siniestro. Los Yali formaban una especie
cabeza. do. Estaba prácticamente desierto. Una árbol, nos espiaban a cierta distancia. Sumergido en de cuadrado alrededor de los improvisados puestos de
Tras aproximadamente una hora de mujer, con su pequeño en brazos salió a aquella corriente de agua, entre aquellas montañas venta y se limitaban a observar en silencio.
ascensión, comenzó otro vertiginoso des- recibirnos. La joven madre sólo vestía la casi vírgenes, la sensación de sentirte vivo alcanzaba De vez en cuando, un par de hombres se sentaban
censo, y acto seguido, de nuevo hacia arri- diminuta faldita vegetal, bajo una espe- su máxima expresión. en la hierba y negociaban entre cuchicheos, casi sin
ba; una vez y otra vez…una hora y otra cie de capucha que la cubría la espalda El sol comenzaba ya a ponerse cuando divisamos mirarse a los ojos, circunspectos, como si lo que ha-
hora… Todo el entrenamiento de los me- a modo de capa. Aquel curioso parape- la misión abandonada que nos servía de refugio y de convirtió mi baño en el acontecimiento del día. cían fuera ilegal y temieran ser descubiertos. Se toma-
ses previos a la partida adquirió sentido to, hecho con las hojas del bombonaje, hogar. De pronto, Bartolomé empezó a gritar, aleján- Una nueva noche y un nuevo amanecer entre las ban su tiempo. En aquella sociedad ancestral, tiempo

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en aquel primer día de máxima exigencia es típico entre los Yalis. Les sirve tanto dose entre aspavientos, despavorido... montañas de Jaya Wijaya. es lo que sobra…
en Irian Jaya. para protegerse del sol como de la lluvia, Yo aún tuve tiempo de ver el extremo de una ser- Con los primeros rayos de sol de mi quinto día en Yo me había acercado al mercadillo, sin sacar la cá-
Sin embargo, mucho peor que las conti- cotidiana en aquellos lugares.. piente que desaparecía entre las rocas. Irian Jaya, los Yali parecían prepararse para vivir al- mara de la mochila, para no deshacer el hechizo.
nuas subidas y bajadas resultó el bordear -“No queda nadie en el pueblo”- me Bartolomé seguía muy asustado, profiriendo una gún tipo de acontecimiento que iba a tener lugar en la De pronto, un hombre de mediana edad, al que creía
los barrancos y algunos terraplenes, cuyo explicó Thony – “Todo el mundo está lista sin fin de palabras y frases ininteligibles para mí, planicie utilizada como pista de aterrizaje por las avio- haber visto el día anterior, me murmuró algo. Estaba
final se perdía entre los arbustos. Con la trabajando en las terrazas...” mientras Elías intentaba calmarle. netas misioneras. Se percibía más movimiento de lo acuclillado a mis pies. Sostenía en sus manos un pedazo
espalda totalmente echada sobre la pared El sol te aplastaba en las horas cen- -“¿Todo por una serpiente?” - pregunté yo, extraña- habitual. Poco a poco, veía llegar nativos procedentes de taro. Estaba regateando con otro individuo…
de la montaña, aferrándome con todas mis trales del día… do por lo exagerado de la reacción-. de todos los rincones de la cadena montañosa. -“¿Qué quieres?”- gesticulé -.

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fuerzas a plantas, raíces y cuanto tenía a -“Lo mejor es que aprovechemos para -“El no ha visto una serpiente” – me explicó Thony – -“Vas a tener suerte” –me dijo Thony- «es día de El hombre me mostró los cinco dedos de la mano y
mi alcance, trataba de mantener la máxi- comer algo y descansar un par de ho- “para él, era un espíritu maligno, que se ha cruzado en mercado” luego marcó con el índice la parte anterior del codo…
ma concentración, buscando un resquicio ras” - Añadió – “hasta que baje un poco nuestro camino. Mal presagio para todos nosotros...” Thony me había explicado aquella forma de contar la
donde apoyar el pie sin resbalar, en aquel
estrecho pasillo, que nos separaba del precipicio…
el calor..”
Me miré las manos; estaban llenas de arañados…
Nadie me supo explicar que hacía especial aquella
serpiente con respecto a las muchas que sin duda rep- ¶ Irian Jaya: “tierra
victoriosa”
liente noche anterior: cada dedo, hasta diez; el dedo en la
muñeca significaba cien; en el codo mil; en el hom-
Esteban y Bartolomé, mucho más acostumbrados que Una afición que iba a ir a más con el Alcanzar aquel poblado Yali nos había llevado casi taban por aquellas montañas, para que Bartolomé viera A primera vista, aquello no tenía nada de especial. bro, diez mil…
yo a desenvolverse en aquella arboleda, y con la mejor paso de los añoscultura ancestral. cinco horas, y el trayecto había resultado durísimo. en ella “un espíritu portador de malos augurios”… Yo estaba harto de ver mercados por el mundo y, des- Cinco dedos y codo significaba… quinientos mil.-
adherencia que les permitía el poder caminar con los Casi tanto como apasionante. Yo me sentía pletórico cuando llegamos a la misión. de luego, aquel puñado de mugrientas de esteras, te- --¿Me estás pidiendo quinientas mil rupias?”
pies descalzos, no se separaban de mi, atentos a cada cine!”- me gritó Thony, mientras alcanzaba el final de Tras hacerle alguna foto a la mujer de la caperuza El día había sido exigente, pero tenía la sensación de jidas con hojas de palma, en las que se podía adquirir No respondió. Se limitó a rezongar, sin atreverse a
posible traspié . “Desde luego, no era el mejor momento uno de los tramos más escurridizos-. vegetal, me refugié junto a los demás a la sombra de haberlo pasado con nota. algún tipo de hortaliza y poco más, no tenía nada que sostenerme la mirada…
para sumar un nuevo resbalón al Guínes, porque esta -“¡Claro, tu, como eres un cuscús, puedes aferrarte una de las chozas. La única forma de asearme era aprovechando un ver con los coloridos mercados de Mali, de Kenia, de -“De acuerdo” – Accedí -.
vez, la caía podía tener consecuencias fatales” con la cola!” – Le seguí la corriente, mientras luchaba Por la tarde continuamos la marcha hacia otros pun- pequeño arroyo que había detrás de nuestra cabaña. Guatemala, o los polvorientos mercados de camellos Le pasé cinco sucios billetes de cien mil rupias - unos
Thony me contaría más tarde que en alguna oca- contra mi falta de resuello-. tos de aquellas montañas. Por el camino, nos íbamos Así que me quité la ropa y, dejando a un lado cualquier del Yemen o La India. Sin embargo, había dos cosas cuarenta céntimos de euro -. Él los tomó con sigilo y
sión ya había tenido que sacar sobre sus hombros al- Entre broma y broma, yo me alegraba en aquel mo- encontrando con los Yali en sus quehaceres diarios: atisbo de pudor, procedí a jabonarme y a aclararme que hacían de aquella pequeña congregación de Ya- completó la compra.
gún aventurero, que se había fracturado la pierna tras mento de que Patricia, mi esposa, se hubiera quedado las mujeres, al cuidado de la casa; los niños, vigilando con el agua de aquel pequeño regato. El proceso fue lis algo singular y único en el mundo: de un lado, la
caer por una de aquellas interminables pendientes en España y de no tener que preocuparme más que a los cerdos; y los hombres, encaramados en aquellos seguido atentamente por un grupo de jovencitas que belleza del entorno - visto desde la cabaña, aquellos
de lodo y piedras… por mi propia seguridad. sembrados, sobre escarpadas pendientes que daban cuchicheaban y reían entre dientes… cuatro puestos, alrededor de los cuales se apiñaban
-“¡Animo, indiana; tu ya has hecho esto en el Era medio día cuando por fin alcanzamos la cima de vértigo…Una vida dura y, sin embargo, aquellos seres No tardé en contar con una nutrida audiencia, que varias decenas de indígenas semidesnudos, cobraban LA PRÓXIMA SEMANA 10ª parte
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eduardo LOSTAL ( Fotógrafo)
En 2005, el viajero cántabro Eduardo Lostal, se adentró en el ancestral mundo de Papua
Occidental. Con la única compañía de su guía, Thony, y de un grupo de porteadores, se internó
en la zona más olvidada del planeta, con la intención de contactar a sus siniestros moradores

Un cántabro
en tierra caníbal
(10ª parte)

En realidad las rupias no servían de mucho


en aquellas latitudes. De no ser por mi presencia,
lo más probable es que hubieran acabado acordando algún “…debes tener muy
trueque. De cualquier forma, aquella especie de complicidad, claro que te jugarías
literalmente la vida”
surgida entre el Yali y yo, me había servido para romper el hielo, También me dejaron
gran cerdo salvaje hacia la explanada, mientras otro Una afición que iba a ir a más con el
muy claro que si
y ahora me aceptaban entre ellos con más naturalidad. Incluso me se aprestaba al sacrificio..
Sin ningún tipo de prisa, imprimiendo una cierta so- me adentraba en
paso de los añoscultura ancestral.

permitieron tomar fotografías; los hombres mucho más orgullosos, las mujeres lemnidad al momento, el Yali comenzó a girar alrede-
dor del cerdo, mientras sujetaba un gran arco y tensa-
las “lowlands”, en
amigo como si no eras bien recibido, te lo hacían saber
al instante. Su mirada era capaz de trasmitirte hospita-

tímidas y recelosas al principio, divertidas y hasta con un cierto grado de picardía después… ba una flecha - el extremo del venablo estaba sujeto a territorio Korowai, no lidad con la misma transparencia que su rostro podía
su muñeca mediante una especie de cordón vegetal-. tornarse amenazador y agresivo si se sentían agravia-
El animal reculaba receloso… podría ser evacuado… dos. En ese caso, “mejor estar muy lejos del alcance


Un muchacho estilizado, sin un gra- interminables. Como un torero, que espera a que se cuadre el toro de sus hachas de piedra”.
mo de grasa, que debía tener unos No tardé en oír los cánticos. El ritmo y se prepara para asestar una única estocada mortal, Desde la ventanilla del avión tenía la sensación de
16 años me seguía desde hacía un era simple, monótono. .. Aquellas can- el hombre aguardó a que el cochino fijara su posición que entre toda aquella gente y yo se había generado
rato, haciendo gestos para que le sacara ciones, de letra incomprensible para mí, y, lentamente, le apuntó con la afilada punta de su fle- ciertos lazos, que difícilmente puedes conseguir en
una foto. Estaba completamente desnu- provenían de los orígenes del mundo. Las cha… El cortante pedazo de bambú acertó de lleno en Llevábamos ya un par de horas con el equipaje pre- tan poco tiempo en nuestra recelosa y solitaria socie-
do, portando solo un pequeño cubrepene mismas canciones, que habrían cantado el corazón del animal. Inmediatamente, el Yali recupe- parado, esperando que llegara la avioneta. Entonces, dad. El momento de la despedida estuvo cargado de
de calabaza. Por el momento preferí no los primeros habitantes de aquellas in- ró la flecha con un brusco tirón del cordón que la su- notamos un gran revuelo entre los Yali, mientras co- emotividad.
fotografiarle y en su rostro percibí cier- dómitas tierras hacía millones de años. jetaba a su mano. La sangre brotó como un geiser del rrían hacia la pista de aterrizaje con la mirada fija en el Mientras la avioneta aceleraba hacia el final de aque-

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ta decepción; “¿por qué a mi no?”, pare- Canciones que habían pasado de padres costado del animal, que comenzó a retorcerse varios cielo. El ruido de los motores de la avioneta nos avisó lla lengua pelada que me parecía tan corta, contem-
cía decir... a hijos, conservando toda su pureza y su metros por el suelo, emitiendo gemidos de muerte. La de su llegada unos segundos antes de que apareciera plaba por última vez a los Yalis, agitando sus brazos,
Una hora más tarde, nos pusimos en carácter ancestral. agonía duró unos pocos segundos. entre las nubes. Pocas décadas atrás, los Yali habrían cuya mirada parecía decirme: “¡Vuelve cuando quie-
camino hacia un poblado que iba a orga- De detrás de las últimas chozas de la A continuación, cuatro hombres situaron el cuerpo corrido a esconderse en los bosques, despavoridos por ras, amigo!”
nizar una gran “Fiesta del Cerdo” para montaña, como emergiendo del fondo inerte del cerdo en el centro de la placita y, con gran la visión de aquel enorme pájaro de acero. Posiblemen- Estaba tan ensimismado en mis pensamientos, que
nosotros. del precipicio, apareció ante mi vista un destreza, comenzaron a desollarlo, utilizando afilados te, aquellas avionetas aún sobrevuelan por encima co- apenas me había percatado de que el piloto no era el
Una Fiesta del Cerdo es uno de los ma- numeroso grupo de Yalis, prácticamen- pedazos de caña. munidades selváticas, cuyos moradores las confunden americano de tres días atrás…
yores acontecimientos sociales que pueden te desprovistos de atavío alguno, que no Me fijé en uno de ellos, que tenía la nariz atravesa- con los gigantescos murciélagos que emergen de sus “Bonjour, monsieur”

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tener lugar no sólo entre los Yalis, sino en- fuera la pequeña faldita de las mujeres, da por un pequeño trozo de hueso - en la cabeza por- guaridas cada atardecer. Mas de uno habrá intentado “Bonjour”.
tre casi todos los grupos tribales que habi- o el koteká y el sebiap de los hombres. taba la redecilla típica de la indumentaria Yali -. Me inútilmente alcanzarlas con sus flechas. “Comment ça va? “
tan el macizo central de Irian Jaya. Se decoraban la cabeza y el cuello con llamaron poderosamente la atención sus extremida- “Ça va bien”
El cerdo lo es todo para las tribus de Pa-
púa. No es sólo un animal, apreciado por su carne, sino
plumas y collares. Algunos portaban ar-
cos y flechas. Pude ver algún niño pequeño sobre los
des; sus pies parecían lija, y se adaptaban a la forma
del terreno. Sus enormes manos me recordaban las ¶ Irian Jaya: “tierra
victoriosa”
liente Me dio la sensación de que aquel belga, de larga ca-
bellera blanca, hacía tiempo que había traspasado la
que supone el mayor signo de riqueza de una familia. Una afición que iba a ir a más con el hombros de su madre. de un simio… Mientras varios jóvenes se echaban sobre los hom- edad de la jubilación.
Funciona también como moneda de cambio. El acuerdo paso de los añoscultura ancestral. Serían unos sesenta, que cantaban y bailaban, mien- Mientras los hombres descuartizaban al cerdo, las bros nuestras mochilas y provisiones y se dirigían al Durante varios minutos, la avioneta sobrevoló las
de la dote para comprar una esposa, las negociaciones tras recorrían el poblado hacia nuestra posición. mujeres, siguiendo una especie de rito, arrojaban ho- punto donde se había detenido la avioneta, pude ver montañas del macizo central, rozando el fuselaje las
entre clanes, para fijar cualquier tipo de indemniza- que rodeaban la misión, los cuales no querían perder- Cuando llegaron a una pequeña explanada en el jas sobre su cuerpo, mientras avivaban el fuego donde al muchacho que en varias ocasiones había intentado cimas de los picos más infranqueables.
ción, …todo se realiza mediante transacciones porci- se la fiesta. centro del pueblo continuaron danzando en círcu- sería cocinada la carne. infructuosamente que le tirara una foto. No me quita- De pronto, la inmensa pared rocosa, decorada con
nas. Cuantos más cerdos posees, más rico eres. El poblado estaba emplazado sobre el lomo de una lo. Proferían cánticos y gritos, mientras daban pe- Por supuesto, fui invitado al festín. No me quedó más ba la vista a una prudente distancia. Sus ojos se abrie- gigantescas caídas de agua, quedó atrás, y bajo no-
Por lo tanto, el que una aldea fuera a sacrificar un pequeña montaña. No era un terreno llano, sino que queños saltos,sin ningún tipo de orden o formación remedio que probar aquel guiso, que para los Yalis re- ron de par en par cuando le indiqué que se situara ante sotros apareció una interminable alfombra selvática,
puerco y celebrar una fiesta en mi honor no dejaba formaba una ligera pendiente que moría al borde de aparente. presentaba un auténtico manjar. una pequeña choza, mientras procedía a extraer de mi sólo desagarrada por los numerosos ríos que serpen-
de ser un verdadero privilegio y, por supuesto, una vi- un profundo barranco. Así permanecieron durante cerca de veinte Mi tiempo entre los Yali se estaba acabando. A la mochila la cámara fotográfica. teaban entre la vegetación más exuberante que había
vencia que no podía desaprovechar. Visto de arriba a abajo, aquel conjunto de chozas de minutos. mañana siguiente, vendría a recogernos la avioneta Con qué poco podías arrancar de aquellos rostros visto jamás.
Esta vez, a la marcha hacia el poblado, que nos lle- paredes de barro y techumbre vegetal, parecía un de- Terminado el baile, las mujeres se retiraron, quedan- que nos llevaría a las “Lowlands”. Allí comenzaría la una enorme sonrisa, trasmisora de la felicidad y gra-
vó aproximadamente dos horas, se nos sumaron hom- corado del Hollywood de los años sesenta, que sobre- do únicamente un grupo de hombres, que parecían dis- parte más peligrosa, y a la vez más apasionante, de titud más sinceras. Aquellas gentes no sabían de do-
bres, mujeres y niños, de los pequeños asentamientos saliera sobre un gran lienzo, pintado, de picos y nubes puestos a hacer los honores. Uno de ellos atrajo a un mi viaje. bles-caras ó diplomacia; tanto si te consideraban un LA PRÓXIMA SEMANA 11ª parte
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-“Creen en los espíritus” – fue su es-
eduardo LOSTAL ( Fotógrafo) cueta respuesta-.
El recibimiento fue mucho menos
En 2005, el viajero cántabro Eduardo Lostal, se adentró en el ancestral mundo de Papua caluroso que en kosarek. Un grupo
de nativos, que vestían vieja ropa oc-
Occidental. Con la única compañía de su guía, Thony, y de un grupo de porteadores, se internó
cidental, salió a nuestro encuentro y
en la zona más olvidada del planeta, con la intención de contactar a sus siniestros moradores nos ayudó con los equipajes y los ví-
veres para la expedición al interior de
la jungla.

Un cántabro No eran sólo sus rasgos, típicamen-


te melanésicos, lo que diferenciaba a
esta gente de las tribus que había con-

en tierra caníbal
tactado en las tierras altas; su rostro
era mucho más hermético y su mirada
seguía un código difícil de descifrar.
Tenía la sensación de que ganarme su
(11ª parte) confianza iba a ser tarea ardua.
Un joven de unos veinticinco años,
de cara huesuda y un atisbo de bigote
bajo la nariz, se aproximó a nosotros.
Thony estrechó su mano…
-“¿Qué tal todo?” – Dijo Thony -.
“Bien” – Repuso el tipo enjuto -.
Thony se volvió hacia mí…
-“Te presento a Boas, nuestro guía
en la selva” – Añadió -.
Para pasar aquella noche, decidimos
alojarrnos en una de las primeras casas
del pueblo, un edificio absolutamente
destartalado, en cuyo interior abrimos,
a modo de mosquiteras, nuestras tien-
das de campaña…
En eso estábamos cuando se acercó
a saludarnos un pequeño hombrecito,
que sostenía un cuaderno y un bolígra-

“El Infierno del Sur”, el impenetrable


fo en las manos. Vestía una especie de
uniforme caqui…
-“Te presento al alcalde de Yani-
ruma”- dijo Thony, mientras proce-

hogar de los Korowai, los Kombai, y, mucho me


díamos al protocolario apretón de
manos-.
El pequeño hombrecillo me ofreció
el cuaderno…
temía, de más de un grupo humano, cuya existencia no -“ Este es el libro de visitas de Ya-
niruma” – dijo – “todos los extranje-
ros que pasan por aquí acostumbran
nos ha sido revelada aún. De hecho, el mundo no supo de vida a firmar en él. ¿Te importaría escribir
tu nombre, nacionalidad y fecha de

humana en aquellos pantanales hasta 1977. Con anterioridad a llegada?”


-“Por supuesto” – Accedí -.
Eché un vistazo a los nombres que
esa fecha, nadie imaginaba que aquella inmensa jungla pudiera aparecían en las primeras páginas del
cuaderno: la fecha más antigua da-
esconder personas, más allá del área conocida como “los Asmat”, una enorme ... taba de 2002; un tal “Carlo”, italia-
no. No conté más de cuarenta nom-


... extensión de selva y ciénagas, habi- alturas, para protegerse de los ataques de bres en la lista, lo que quería decir que
tada por la tribu del mismo nombre, sus enemigos, de los animales e incluso yo era uno de los pocos occidentales
temibles por su larga tradición como de las inundaciones. que había puesto los pies en aquel lu-
antropófagos y cortadores de cabezas. La No tardé en divisar más “Khaims”, que gar perdido. Las nacionalidades eran
existencia de canibalismo en los Asmat fue es como los hombres mono denominan a de lo más variadas. Había un par de
conocida a nivel mundial cuando en 1961, sus hogares arbóreos. A cierta distancia, españoles…
Michael Rockefeller, hijo de un famoso mul- resplandecían los afluentes de los ríos Di- Lo primero que hice fue dar un paseo “…debes tener muy
timillonario, desapareció sin dejar rastro en gul y Eilander, lindes naturales del terri- por el pueblo y acercarme a un peque-
claro que te jugarías

DOMINICAL
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aquella región y se especuló con la posibili- torio Korowai. ño río, que sirve de acceso fluvial a la
dad de que hubiera sido devorado por los ca- Había llegado al punto crucial de mi aldea, y en cuyos márgenes, descansa-
níbales que la habitaban. viaje a Irian Jaya. En pocos minutos pon- ban algunas canoas semihundidas. El
literalmente la vida”
Volábamos muy bajo. El tamaño de los dría pie en “tierra caníbal”. Thony aspecto de aquel sitio era desolador. También me dejaron
árboles, algunos de más de treinta metros, volvió a extender su dedo índice… No vi más de quince personas y otros
obligaba al piloto a mantener la máxima “Yaniruma” – Espetó -. tantos cerdos, algunos de considerable tamaño, que
muy claro que si Una afición que iba a ir a más con el
concentración. El único resquicio de civilización deambulaban a sus anchas entre las casas. me adentraba en paso de los añoscultura ancestral.
Además de la vegetación lo que más lla- en aquel territorio salvaje se llama Volví a revisar con Thony los víveres que portaríamos
las “lowlands”, en

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maba la atención desde allí arriba era la gran Yaniruma. durante el trecking, reduciendo al máximo la cantidad carreteros. Nos servirá para negociar con ellos o como
cantidad de agua que lo anegaba todo. Aparte de una pequeña tienda de ultra- de latas y paquetes. territorio Korowai, no tarjeta de visita”- me aclaró-.
Durante nuestra última cena en Kosarek, Thony me marinos, propiedad de un joven, originario de Bornéo, Después nos acercamos a visitar al joven Dayak, que El siguiente punto en la orden del día era la elección
había confesado su preocupación por el nivel que po- Una afición que iba a ir a más con el un sucio dispensario,desprovisto de medicamentos e arrendaba la tienda de ultramarinos. podría ser evacuado… de porteadores. Boas se había encargado de elaborar
día adquirir el agua en algunas zonas. paso de los añoscultura ancestral. instrumental, que corre a cargo de una enfermera de Tendría unos treinta años, era de complexión delga- una lista de candidatos…
-“Las noticias que tengo son de que está lloviendo Wamena, y una estación de radio, que mantiene contac- da y estatura media, lucía una larga cabellera negra, -“Aquellos dos son buenos porteadores” – aseveró
mucho. Podemos encontrar bastante agua en el ca- “¡Korowai!” - exclamó- to permanente con las avionetas que, de vez en cuan- que le llegaba hasta la cintura, y un largo mostacho, Thony, señalando a un par de jóvenes que observaban
mino y eso lo hará especialmente duro” Ante nosotros, sobre la copa de un árbol de más do, solicitan aterrizaje en la única pista disponible en que le colgaba por ambos lados de la boca. Vestía una a cierta distancia-. “¿Por qué no les has elegido?”
-“¿A qué altura crees que nos puede llegar el agua de veinte metros de altura, pude distinguir la pri- muchos kilómetros a la redonda, Yaniruma no es más camisa desabotonada, un pantalón pirata, que le llega- la visita de cuarenta potenciales clientes extranjeros... -“Son kombáis” – Replicó Boas – “cuando se han en-
mientras caminamos, la cintura?” mera “Treehouse”, la vivienda de los Korowai y los que una veintena de cabañas de madera, que a duras ba hasta la pantorrilla, y unas chanclas. Estaba tirado Hay cosas que me siguen resultando, como mínimo, terado que íbamos a territorio Korowai se han echa-
Thony me sonrió y se llevó la mano a la barbilla. Kombai. penas se sostienen en pie. en una especie de mecedora, en el porche de la casa, sorprendentes” do atrás… Es mejor que no incluyamos Kombáis en el
Llevábamos más de una hora sobrevolando una in- Los misioneros que habían levantado el pueblo de- al que se accedía por una pequeña escalinata. Como Pensamientos como este no cesaban de rondarme grupo; evitaremos problemas”
mensa extensión de selva que se perdía en el horizonte.
Yo permanecía absorto en aquella visión indescriptible. ¶ Irian Jaya: “tierra
caliente victoriosa”
cidieron abandonarlo tras varios años de inútiles in-
tentos de predicar el evangelio entre aquellas gentes
todo el mundo en Yaniruma, dejaba pasar las horas
con exasperante parsimonia…
por la cabeza, mientras Thony me presentaba al cu-
rioso e indolente tendero…
A continuación, me habló del odio histórico que am-
bas tribus se profesan…
Volvía a ocupar el asiento del copiloto, mientras Thony Los Korowai dicen que construyen sus casas en los ár- esquivas, sin poder llevar a efecto ni un solo bautizo “¿Cómo puede alguien montar un negocio aquí? , me -“ ¿Qué vais a llevar?” – nos preguntó-. -“Son enemigos eternos” – Concluyó-.
permanecía sentado detrás de mí, entre la carga. boles “para poder ver de cerca los pájaros y las monta- entre la población Korowai ó Kombái. dije, “un pueblo en mitad de la selva, donde sus dos de- -“Tabaco. Por lo menos diez cartones” - contestó
De pronto, extendió su mano y me señaló a un pun- ñas, y para que el brujo no pueda trepar hasta ellos”. -“¿Profesa esta gente alguna religión?” –Le pregunté cenas de habitantes no tienen una rupia que sacar del Thony , para mi asombro- “Es fundamental llevar un
to en la jungla… La realidad es menos poética; deben habitar en las a Thony unos días más tarde-. bolsillo y dónde, en los últimos tres años, han recibido buen cargamento de tabaco; los Korowai fuman como LA PRÓXIMA SEMANA 12ª parte
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eduardo LOSTAL ( Fotógrafo)
En 2005, el viajero cántabro Eduardo Lostal, se adentró en el ancestral mundo de Papua
Occidental. Con la única compañía de su guía, Thony, y de un grupo de porteadores, se internó
en la zona más olvidada del planeta, con la intención de contactar a sus siniestros moradores

Un cántabro
en tierra caníbal
(12ª parte)

-“Incluye a Pies de Elefante” – señaló


Thony, refiriéndose a un hombre de tez morena,
pelo rizado y tupida barba, que padecía la enfermedad
“…debes tener muy
conocida como “pies de elefante”, motivo por el cual tenía los claro que te jugarías
tobillos muy hinchados y extremidades de considerable tamaño-. literalmente la vida”
También me dejaron
-“Es muy torpe en la selva” – Advirtió Boas-. -“Entonces, ¡es importante caerles bien”! – dije, adop-
tando mi versión más sarcástica -.
muy claro que si Una afición que iba a ir a más con el
paso de los añoscultura ancestral.
-“Pero muy leal “ - Insistió Thony – “Puedes confiar en él. Y los demás le respetan… Thony sonrió y volvió a reincorporarse a la me adentraba en
tertulia. las “lowlands”, en punto del río no formara parte del recorrido gastronó-


…Le necesitamos con noso- canibalismo con los enemigos Yo salí al porche, para disfrutar de la paz que se res- mico diario de los caimanes.
tros. Inclúyelo.” muertos en combate…” – Apun- piraba con la caída del sol. Al cabo de unos minutos, territorio Korowai, no A pesar de todo, escudriñé bien las orillas cercanas
-“ ¿Cuántos llevaremos?” – té yo -. el cielo se cubrió de centenares de sombras negras. podría ser evacuado… antes de aventurarme en el agua
pregunté yo -. -“Eso es cierto; de esa forma no Fue la primera vez que contemplé el espectáculo de Cuando consideré que todo estaba en regla, me qui-
-“Unos siete, además de Boas” solo le quitan la vida, sino que se los murciélagos gigantes saliendo de caza con la lle- té la ropa y me adentré en el río.
-“¿Necesitamos tantos?” quedan con parte de su valor y de gada de la noche. Flotando en aquellas aguas, rodeado de selva virgen,
-“Por la carga no. Pero es con- su fuerza… Es pura superstición. Con una precisión que ya quisieran para sí los relojes notaba como la adrenalina bullía en mi interior.
veniente por nuestra seguridad; si No debes relacionar canibalismo de muchos ayuntamientos en Europa, los gallos canta- Cogí el gel y me jaboné el cuerpo. Después, volví a
tuviéramos algún problema con los con hambre…” ron a la hora prevista, las cinco y media de la mañana. buenos remansos para bañarte sin problemas. El due- sumergirme entre una nube de espuma.
Korowai, estaremos más protegi- Yo contemplaba a aquel grupo Dos horas más tarde, la expedición estaba dispuesta ño de la casa te acercará en su canoa”. Fue entonces cuando me percaté de que alguien me
dos si contamos con un buen núme- de hombres, que, aunque vestían para partir hacia Mauggemahe, un pequeño pueblo Según mis noticias, aquellos ríos estaban infecta- estaba observando algunos metros más abajo. Era

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ro de arcos a nuestro lado” viejas camisas ó pantalones, no de- Korowai que representaba la frontera entre la selva dos de cocodrilos… una de las tres muchachas que nos habían acompa-
Sonaba razonable… jaban ser tan Korowais como los amable y la jungla más cerrada y cenagosa. -“No te preocupes por los cocodrilos; no suelen acer- ñado desde Yaniruma. Al principio pensé en acercar-
Nadie en Yaniruma parecía estar aborígenes desnudos que espe- De Yaniruma partimos un total de doce personas: carse dónde hay gente” – Aseguró Thony- “¡Anímate, me, pero ella también se estaba aseando y preferí no
demasiado ocupado, así que, con la raba localizar en lo profundo de Thony y yo, Boas, seis porteadores y tres mujeres, que, Indiana! ;yo te alcanzo en cuanto arregle un par de te- importunar.
caída de la tarde, nuestra casa se la jungla… según entendí, tenían su hogar en Mauggemahe. mas con Boas”. Cruzamos miradas unos segundos y volví a
convirtió en el punto de encuen- -“¿Quiere eso decir que todos es- El grupo de porteadores lo componía, además de El escenario desde la canoa era arrebatador. zambullirme.
tro de todos los habitantes del pue- tos Korowai han probado alguna “Pies de Elefante”, un hombre de aspecto chupado, dos El río era ancho y muy caudaloso. La corriente ba- -“¡Indiana!” – me gritó Thony, mientras se dirigía
blo. Unos por curiosidad, otros para vez la carne humana?” – le pregun- jóvenes de complexión robusta y un chaval de no más de jaba con fuerza. En ambas márgenes, la densa vege- hacia mí en otra canoa-.

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compartir con Thony los últimos té a Thony, no sin cierto morbo-. dieciséis años, que destacaba por su gran agilidad. tación devoraba la orilla. Una vez en el islote, se desvistió y se sumó al baño
acontecimientos y los más, para -“La mayoría.” – aseguró-. “Te El ritmo hacia Mauggemahe fue fuerte. Aunque el De vez en cuando, alguna ave del paraíso, con su en el río.
conseguir algún cigarrillo a cam- voy a contar una historia. Este al- sendero que seguíamos había sido trazado por la natu- plumaje de vivos colores, se aventuraba a cambiar La muchacha, sumergida hasta el cuello, seguía
bio de nada. calde que ves aquí, en realidad no raleza y no por el ser humano, estaba bastante despe- de rama. observando…
Mientras Boas comenzaba a preparar la cena, yo me Una afición que iba a ir a más con el lleva más de tres meses en el cargo. El anterior era una jado, y se podía caminar con cierta facilidad. Compa- Toda la admiración que aquella especie de edén me Después del baño volvimos al pueblo.
senté y seguí cada detalle de la reunión. Poco a poco, paso de los añoscultura ancestral. persona odiada hasta por su gente. Cada vez que un ex- rado con lo que nos esperaba a partir del día siguiente, causaba se reflejada en mis ojos. Según nos íbamos aproximando, comencé a percibir
nuestros numerosos invitados fueron marchando y en tranjero aterrizaba en Yaniruma, él le cobraba una es- aquel camino debía ser considerado como una gran Mi anfitrión asentía orgulloso mientras remaba sua- cierto revuelo. Al final de la única calle, que atravesa-
la oscura habitación quedó un grupo de ocho personas. pecie de tasa por alojarse en el pueblo, pero no repartía avenida en mitad de la selva. vemente hacia una especie de playita, formada por una ba la aldea, divisamos a un grupo de hombres. Se oían
Entre ellos, el Alcalde y Pies de Elefante. -“De acuerdo con sus creencias, ellos no comen se- nada con el resto de sus vecinos. Era un déspota y no Tres horas más tarde, llegamos a Mauggemahe. Era montonera de cantos rodados, donde el agua se aman- gritos. Poco a poco, lo que parecía una intensa discu-
Alrededor de la única mesa de la sala, todos pare- res humanos, sino demonios, laeolíns, que adoptan caía bien a nadie. Un día desapareció sin dejar rastro. un pequeño asentamiento de no más de quince casas saba, incitando al baño. sión se hizo más audible… Thony se tensó y me puso
cían divertirse con las historias de Thony, que, de vez forma humana. Ello son los causantes de la muerte o Nadie supo más de él. Sin embargo, yo te puedo decir hechas de bambú y separadas algo más de un metro Antes de zambullirme, no pude evitar mirar a mí al- la mano en el pecho para que me detuviera…
en cuando, se volvía hacia mí y me ponía al corriente la enfermedad de una persona, y solo la persona afec- que fue su propia gente quien le hizo desaparecer; ¡se del suelo mediante unos pilares de madera. rededor. Yo sabía que los cocodrilos son depredadores -»¡Korowais!”- me previno, con gesto grave – “¡Des-
sobre el tema de conversación. tada puede reconocerles. Por eso es conveniente man- lo comieron!. No quedó de él más que los huesos”. Al principio del pueblo había una pequeña capilla, que siguen unas pautas muy estrictas en cuanto a iti- pacio!”- me indicó, reanudando la marcha-…
Observando aquella gente, me venía a la cabeza tenerse alejado de personas enfermas o moribundas, -“¿Y dónde queda el demonio ahí?” – Pregunté-. por lo que al parecer, el trabajo de los misioneros, que nerarios e incluso horarios. Saben dónde y a qué hora
un pensamiento que me tenía intrigado: ¡el caniba- ya que si, en sus desvaríos, esta te señala como el de- -“Era un demonio de persona, créeme… De todas habían dejado el lugar unos años antes, no había sido pueden conseguir una buena presa, y no acostumbran
lismo¡ Thony ya me había explicado que los Korowai monio causante de su mal, puedes considerarte hom- formas, todo eso es la teoría. Ya me entiendes…” totalmente en valde. a modificar su hoja de ruta. Así que si los Korowai te
y los Kombai continúan practicando el canibalismo bre muerto. Y, por supuesto, devorado” Volví la vista hacia a nuestros desaliñados acompa- La sensación de paz era intensa… aseguraban que podías meterte en el agua sin riesgo de
ritual… -“Había leído que también suelen practicar el ñantes, que me observaban fijamente… -“Si quieres puedes ir al río” – me sugirió Thony- “hay ser atacado, lo más probable es que realmente, aquel LA PRÓXIMA SEMANA 13ª parte
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eduardo LOSTAL ( Fotógrafo)
En 2005, el viajero cántabro Eduardo Lostal, se adentró en el ancestral mundo de Papua
Occidental. Con la única compañía de su guía, Thony, y de un grupo de porteadores, se internó
en la zona más olvidada del planeta, con la intención de contactar a sus siniestros moradores

Un cántabro
en tierra caníbal
(13ª parte)

No tardé en distinguir a dos hombres


completamente desnudos, con una pequeña hoja
envolviendo el pene como única prenda. Uno de ellos se
“…debes tener muy
mostraba furioso y amenazador. Gritaba sin parar mientras claro que te jugarías
apuntaba a Boas con su arco - mi primer encuentro con un literalmente la vida”
También me dejaron
Korowai de la jungla no iba a estar exento de cierta emoción - Junto a -“Se llama Mada” - Apuntó Thony -.
-“¿Es Korowai?” – Pregunté -.
muy claro que si Una afición que iba a ir a más con el
paso de los añoscultura ancestral.
Boas, estaba Pies de Elefante y el otro porteador, de cara chupada… -“No. Ella y su hermana provienen de una región que me adentraba en
está lejos de aquí. Su tía sí es korowai” las “lowlands”, en Mada y yo tratábamos de asegurar la carga, des-


“¿Qué sucede?”- preguntó yo a mi esposa!... ¡Están locos!” Su hermana era la más joven de las tres. Se llamaba plazándonos lo menos posible, en un intento de pre-
Thony-. -“¡Vale, ya está, ya se han ido! - Priscilla, y padecía una especie de tiña que le cubría territorio Korowai, no servar en todo momento la estabilidad de la embarca-
Cuando me vieron, los dos Ko- Intentó calmarle Thony, mientras el cuerpo de pequeñas escamas, una enfermedad que podría ser evacuado… ción. Cualquier movimiento en falso podría hacernos
rowais quedaron petrificados, como los demás porfiábamos por recu- era frecuente entre los habitantes de aquel hábitat hú- volcar…
convencidos de encontrarse cara a perar el aliento – “Entremos todos medo y falto de higiene… -“¡Cuidado con ese árbol!” –le grité a Thony, que, a
cara con un auténtico Laleoalin. en la casa” -“ Con Mada puedes comunicarte;” – señaló Thony duras penas, pudo esquivar un gran tronco que se pre-
Tras unos segundos de estupor, Poco a poco, Boas pareció tran- – “ha estudiado en Yayapura y habla un poco de cipitaba contra nosotros arrastrado por el torrente-.
resurgió su faceta beligerante y, quilizarse … Thony le golpeó le- inglés” -“¡Sigue remando, no pares!” –exclamó Thony, al
mientras el más enfurecido volvía vemente el brazo en señal de -“ ¿En serio?, do you speak English?”- me dirigí a intentarlo, ¿no, Indiana?” comprobar que el chaval había bajado un poco el ritmo,
a apuntar a Boas, el otro dirigió su ánimo… la joven, que sabía perfectamente que estábamos ha- -“No he llegado hasta aquí para dar la media cegado por la lluvia que le golpeaba en los ojos-.
arco hacia mí… -“ ¡Están locos!” – insistió, una blando de ella-. vuelta” La otra embarcación nos seguía a poca distancia. Lle-

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-“¡Tranquilo, tranquilo!” –se inter- vez más, mientras su protuberan- -“A little”- me contestó, medrosa-. Una hora después, seguía lloviendo abundantemente. vados por la excitación del momento, Boas y sus otros
puso Thony, mientras los Korowai te bocaza esbozaba, por fin, una En realidad, el inglés de Mada era muy limitado. No lo pensamos más y nos pusimos en camino… El área dos ocupantes aullaban al viento mientras ensartaban
se mostraban vacilantes-“¿Qué ha amplia sonrisa-. Apenas pudimos ir mucho más allá en nuestra prime- selvática en que nos íbamos a adentrar estaba al otro los remos en el agua.
pasado?”- volvió a preguntarle a ra conversación… lado del ancho río, que bajaba caudaloso. Las canoas Thony me lanzó una fugaz mirada…
Boas-. Durante la cena, el impactante -“Las tres nos acompañarán en el trecking..”- dijo que nos esperaban en la orilla estaban semihundidas. -“¿Cómo lo llevas,Iindiana?”
Thony me tradujo la explica- encuentro con los dos Korowai de Thony-. Sólo dos se mantenían a flote, aunque fue necesario -“Calado hasta los huesos, pero bien… ¡Es
ción sin perder de vista al Korowai, la selva acaparó toda la conversa- -“¿Y eso?” achicar el agua que había en su interior. alucinante!”
que seguía amenazándonos con su ción. En la oscura estancia, Thony -“También tienen derecho a ganarse un dinero” Finalmente, la expedición la componíamos once La travesía duró treinta escalofriantes minutos.

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flecha… y yo ocupábamos los dos únicos Mada seguía lanzándome miradas furtivas… personas. Estaba claro que todos no entraríamos en Una vez en la otra margen, buscamos un lugar dón-
-“Por lo visto, la segunda esposa taburetes disponibles, mientras aquellos estrechos troncos huecos… de poder desembarcar.
de Boas pertenecía a su familia”.- se Boas, nuestro anfitrión y su espo- A la hora de la partida, llovía torrencialmente. Desde -“Habrá que hacer dos viajes” -. Apuntó Thony-. Nuestras botas se hundieron en el lodo, mientras
refería al más agresivo de los dos sa permanecían sentados sobre el primeras horas de la mañana, el agua no había cesado En la primera canoa subimos Thony y yo, junto a tirábamos de la canoa para que no fuera arrastrada
aborígenes-. “La mujer contrajo una enfermedad y fa- Una afición que iba a ir a más con el suelo de caña. de caer con fuerza. Mada y el más joven del grupo. por la corriente.
lleció hace unos meses. Este hombre acusa a Boas de paso de los añoscultura ancestral. Yo estaba atendiendo a las historias que narraba el Después de desayunar, me aseguré de que mi equi- Boas y otros dos porteadores abordaron la segunda Apenas había espacio dónde pisar y poder depositar
haber utilizado sus poderes malignos para matarla, y matrimonio, sobre otros altercados anteriores con sus po fotográfico estuviera a salvo de la humedad. Cubrí embarcación, con la mayor parte del cargamento. El las mochilas y el resto del cargamento. Ante nosotros,
ahora le exige una compensación por su muerte”. vecinos de la jungla, cuando alguien colocó un plato la mochila con su funda impermeable y protegí el di- resto se quedó en la orilla. se levantaba un enorme muro formado por la vegeta-
El Korowai que apuntaba a Boas volvió a proferir un Las miradas se entrecruzaron. Los hombres de la sel- de arroz ante mí. nero y la documentación dentro de pequeñas bolsas Thony y el chaval tomaron los remos y nos encami- ción más exuberante que había visto jamás. Una pa-
montón de improperios, mientras tensaba la cuerda de va no dejaron de apuntarnos, ni modificaron un ápice Entonces, reconocía a la muchacha del río, que esbo- estancas. namos río abajo, entre una densa cortina de agua. red compacta, de lianas, raíces entrelazadas y árboles
su arco. Boas se volvió hacia él y levantó los brazos, su rictus amenazante… zó una tímida sonrisa cuando la agradecí el gesto. Thony miraba al cielo con preocupación … -“Bien, ¡agárrate fuerte, Indiana!- espetó Thony gigantescos, donde no se divisaba la menor grieta que
situándose ante la punta de la flecha… Tras unos segundos de indecisión, el Korowai mu- Algo en su mirada la hacía diferente a los demás; -“¡Llueve muchísimo! ; la selva va a estar anegada ,mientras nos aproximábamos al epicentro de aque- nos permitiera acceder a su enigmático mundo.
-“¡No puedo compensarte porque no tengo nada!. sitó algo. Su tono trasmitía rabia e indignación. Final- parecía mucho más viva, más inteligente. Sus rasgos de agua” lla gran avalancha de agua-.
¡Si quieres matarme, mátame, pero no puedo darte mente, optaron por recoger los arcos y desaparecer físicos tampoco coincidían; era de complexión más -“¿Cómo lo ves? Contuve la respiración. La naturaleza se revelaba en
nada!” – Vociferó, entre aspavientos -. entre la arboleda. fuerte y su tersa piel se me antojó más bruna y brillan- -“Dificultará mucho la marcha. Vamos a esperar a su estado más salvaje e indomable…
Entonces me di cuenta de que Pies de Elefante blan- -“¡Están locos!” – seguía vociferando Boas , que daba te. Tenía unos ojos grandes y hermosos, y a mí, me pa- ver si amaina. ..” La corriente bajaba con fuerza. En algunos tramos,
día una lanza en defensa de su amigo. muestras de un estado de gran agitación-. “¡Cómo voy a reció que, entre los de su raza, debía ser considerada -“ ¿Y si no?” los remolinos amenazaban con engullir a las frágiles
Los instantes posteriores fueron de gran tensión. tener yo poderes malignos!, ¡cómo voy a haber matado una mujer bella… -“Si no, nos espera una paliza. Pero habrá que canoas. LA PRÓXIMA SEMANA 14ª parte
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VIAJAR

VIAJAR
Pies de Elefante se situó delante de
eduardo LOSTAL ( Fotógrafo) nosotros, sujetando firmemente su
lanza…
En 2005, el viajero cántabro Eduardo Lostal, se adentró en el ancestral mundo de Papua Entonces, de entre la vegetación,
surgió un hombre desnudo, seguido
Occidental. Con la única compañía de su guía, Thony, y de un grupo de porteadores, se internó
de una mujer que vestía una pequeña
en la zona más olvidada del planeta, con la intención de contactar a sus siniestros moradores falda de fibra vegetal…Estaba claro
que estábamos ante dos Korowais de
la jungla…

Un cántabro El hombre, de amplio pelo rizado,


aspecto menudo y de nariz perforada
por un pequeño pedazo de hueso, nos

en tierra caníbal
miró con asombro, vacilante…Su ins-
tinto de defensa se activó al instante,
armando su arco, para persuadirnos
de cualquier amago de violencia por
(14ª parte) nuestra parte.
Cuando me vio, la mujer reaccionó
con temor…
Boas no tardó en adelantarse a ha-
blar con ellos…El Korowai añadió algo,
sin apartar sus ojos de mí…
-“No es un ser maligno” - le tran-
quilizó Boas – “no tiene Khakhua. Es
amigo”
-“Dile que nos dirigimos a Yafofla.
Pregúntale si vamos bien”- intervino
Thony-.
-“Dice que sí, que él y su esposa tam-
bién se dirigen a Yafofla”
-“Dile que le estaríamos muy agra-
decidos si nos guiaran allí, que les ob-
sequiaríamos con buen tabaco”
El Korowai seguía mirándome con
recelo… Finalmente asintió…

Mientras una de las canoas retornaba


-“Pregúntale si sabe por dónde cru-
zar el río”
-“Por aquí” – añadió Boas, interpre-
tando sus palabras-.

en busca del resto de porteadores, cubrimos el


-“Por aquí es imposible; ¡demasiado
profundo!” - dijo Thony-.
Inmediatamente, el pequeño Ko-
rowai entró en acción; recorrió los ár-
equipaje con hojas, para aislarlo de la lluvia, y nos boles con la mirada, palpando la cor-
teza con las manos, como si estuviera
calculando la altura y el grosor.
dispusimos a esperar al resto del grupo. Una hora después, Luego, tras descartar varios troncos,
señaló uno que debía rondar los quin-

seguía lloviendo vehementemente. La canoa había regresado con ce metros de alto.


Entonces, empuñó con firmeza el
hacha, que portaba a la espalda, y co-
el resto del equipo, de manera que los porteadores se echaron al menzó a talarlo con gran criterio y ha-
bilidad. Diez minutos después, la gran
hombro el equipaje y, sin más dilación, nos internamos en la jungla… mole de madera se desplomó con un
enorme chasquido, arrastrando ramas


Thony y Boas se situaron al frente del Por otra parte, me llamaba la aten- y vegetación en su caída. El habitante
grupo, abriendo camino en la tupida fo- ción que alguien pudiera orientarse en de la jungla acababa de tendernos un
resta con sendos machetes… aquel laberinto forestal, carente del me- puente hasta la otra orilla.
Como nos temíamos, el terreno estaba com- nor sendero. Para la pareja de Korowais, habitua-
pletamente anegado. En realidad, todo el área dos a desenvolverse en los árboles, y
era una ciénaga donde, a cada paso, te hun- -“Más de una vez ya nos hemos perdido, cuyos pies se articulaban, acoplán-
días en el fango hasta la rodilla, lo que entor- y nos ha llevado horas recuperar el sentido dose al tronco como si de una pitón “…debes tener muy
pecía la marcha, haciéndola especialmente de la orientación” – se sinceró Thony-. se tratara, atravesar aquel improvisa-
claro que te jugarías

DOMINICAL
DOMINICAL

farragosa. Tras varias horas de lucha con el barro, do pasadizo, de superficie cilíndrica
Yo intentaba aprovechar las raíces de los abriéndonos paso a fuerza de machete, y muy resbaladiza, no representó el
árboles que se entrecruzaban a nuestro paso nos dimos de bruces con una gran canti- menor problema. Sin embargo, para el
literalmente la vida”
a modo de adoquines. dad de agua que se interponía en nuestro resto de la expedición - especialmen- También me dejaron
En algunos tramos, el agua nos llegaba por camino. La intensa lluvia había provoca- te, para mí -, el reto no estaba caren-
el pecho. No veías el firme y era necesario do el desbordamiento de aquel río, du- te de riesgo.
muy claro que si Una afición que iba a ir a más con el
caminar con mucho tiento. Especialmente plicando su caudal. El área inundada era El primero en decidirse fue Thony, seguido de Boas me adentraba en paso de los añoscultura ancestral.
teniendo en cuenta que en la zona abunda- muy extensa, y la parte central se revela- y de Mada. Yo iba tras ellos y, a continuación, el resto
las “lowlands”, en

Planeta • S U P L E M E N TO
Planeta • S U P L E M E N TO

ban las arenas movedizas… ba demasiado profunda para vadearla a de porteadores, con la dificultad añadida de las mo- Cuando salimos del agua, tuve que sacudir las san-
-“¡Cuidado aquí, Indiana!” - me avisó pie… Revisamos la orilla de arriba abajo, chilas y la carga. territorio Korowai, no guijuelas que se me habían pegado al cuerpo. No se
Thony, señalándome una especie de finas plantas, en busca de un punto más accesible, pero no lo encon- Parecíamos una hilera de equilibristas avanzando me había introducido ninguna en las botas, gracias a
que colgaban a la altura de nuestros hombros -“Son Una afición que iba a ir a más con el tramos. Teníamos un problema. Tanto Thony como sobre el alambre de un circo. podría ser evacuado… las polainas, y, exceptuando la que me arranqué del
plantas cortantes, extremadamente afiladas. Si te ro- paso de los añoscultura ancestral. Boas parecían desconcertados… Nuevamente, las botas se convirtieron en mi peor cuello, la mayoría estaban adheridas a la ropa.
zas con una de estas, te harás una buena herida. Prés- De pronto, la hojarasca crujió y todo el mundo se puso enemigo para caminar sobre la corteza mojada. Trataba Aún restaban unas tres horas de marcha hacia Ya-
talas mucha atención.” -“No lo olvidaré” alerta… ¡Algo se acercaba por nuestra izquierda!... de mantener el equilibrio con los brazos abiertos. Me foflá, que era el nombre del poblado dónde habíamos
-“De acuerdo” -asentí, tratando de memorizar su Pronto me di cuenta que desenvolverme en aquel -“¡Puede ser un casuario, cuidado!” – advirtió tomaba mi tiempo entre paso y paso, con la sensación decidido establecernos los dos días siguientes.
forma y textura-. complejo ecosistema iba a ser una cuestión de habili- Thony-. de que, al siguiente, me escurriría y acabaría cayendo Aún tuvimos que avanzar durante cerca de una hora En realidad, los poblados Korowai son pequeñas co-
-“Recuerda esto: en la selva debes mantener en todo dad y de agilidad, más que de mera resistencia física. El casuario es una de las especies más peligrosas en aquella ciénaga cubierta de agua. con el agua por el cuello. munidades de tres o cuatro Khaims, en las que habita
momento la concentración. Debes ver lo que pisas, a Avanzar hacia el interior de la jungla implicaba puen- que te puedes encontrar en las selvas de Papúa. A pri- Mada se percató de mi inseguridad y me tendió la Las mochilas se sumergían casi por completo, y yo una misma familia, que da nombre al pueblo.
lo que te agarras, lo que cuelga a tu paso y hasta lo tear infinidad de pequeños ríos ó regatos, que no podías mera vista, se trata de una especie de pájaro grande, mano. Yo la tomé sin dudarlo y entre los dos, poco a cruzaba los dedos para que la humedad no alcanzara Thony había seleccionado un par de comunidades
que respiras. Lo que tienes a los costados, a tu espal- vadear a pie, debido a su fondo excesivamente cenago- semejante al avestruz. Sin embargo, es una criatura poco, alcanzamos la otra orilla. mi equipo fotográfico. que contaran con una “ casa larga”.
da y delante de ti. No debes despistarte, porque de ello so, obligándote a hacer verdaderos equilibrios sobre tremendamente agresiva, que puede desenvolverse a -“¡Thank you very much!” – le agradecí a la mucha- -“¡Quietos!..” – ordenó Thony –
puede depender tu supervivencia. Aquí, el terreno es húmedos troncos de árbol, tendidos de orilla a orilla, gran velocidad en aquel terreno, y capaz de rajar en cha, que me sonrió complacida-. Una larga serpiente pasó nadando a escasa
traicionero, la vegetación es traicionera, los animales sobre los que las rígidas y embarradas suelas de mis canal a un hombre con su temible espolón. Uno tras otro, los porteadores fueron llegando al distancia…
y, hasta los seres humanos que habitan, son traicio- botas perdían toda adherencia y se convertían en un El grueso del grupo retrocedió unos pasos, aleján- otro lado del río, sin que nadie ni nada hubiera sufri- -“¿Venenosa?”- pregunté-.
neros... No lo olvides” punto de apoyo demasiado inestable y resbaladizo. dose de los arbustos. do ningún percance. -“Mejor no hacer la prueba” LA PRÓXIMA SEMANA 15ª parte
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VIAJAR

VIAJAR
eduardo LOSTAL ( Fotógrafo)
En 2005, el viajero cántabro Eduardo Lostal, se adentró en el ancestral mundo de Papua
Occidental. Con la única compañía de su guía, Thony, y de un grupo de porteadores, se internó
en la zona más olvidada del planeta, con la intención de contactar a sus siniestros moradores

Un cántabro
en tierra caníbal
(15ª parte)

La casa larga era una especie de galería,


preparada para acoger a los miembros de otras
familias cuando estaban de visita con motivo de alguna
“…debes tener muy
celebración en el pueblo. Estaba edificada al ras del suelo, claro que te jugarías
sobre unos pequeños pilares que la aislaban de la humedad… literalmente la vida”
También me dejaron
-“Dentro podremos pernoctar al resguardo de la lluvia y las posibles El propietario de aquella especia de rascacielos de la