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El ciego de Jericó

Fuente: Catholic.net
Autor: P Clemente Gonzélez

Lucas 18, 35-43

Sucedió que, al acercarse él a Jericó, estaba un ciego sentado junto al camino pidiendo
limosna; al oír que pasaba gente, preguntó qué era aquello. Le informaron que pasaba
Jesús el Nazoreo y empezó a gritar, diciendo: «¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de
mí!» Los que iban delante le increpaban para que se callara, pero él gritaba mucho más:
«¡Hijo de David, ten compasión de mí!» Jesús se detuvo, y mandó que se lo trajeran y,
cuando se hubo acercado, le preguntó: «¿Qué quieres que te haga?» El dijo: «¡Señor,
que vea!» Jesús le dijo: «Ve. Tu fe te ha salvado». Y al instante recobró la vista, y le
seguía glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al verlo, alabó a Dios.

Reflexión

Cada vez que Jesús llegaba a una población se armaba un gran revuelo. Mucha gente
tenía un deseo de conocerle por lo que habían oído de Él y otros lo hacían por mera
curiosidad. Al acercarse a Jericó se encuentra un ciego que pedía limosna. Se sorprende al
escuchar tanto ruido y se interesa por lo que pasa. Alguien le dice: "Jesús, el de Nazaret,
está pasando por ahí", y el ciego comienza a gritar: "Hijo de David, ten compasión de
mí". Con esto consiguió que algunos se molestaran con sus gritos e intentaron que se
callara. Pero insistía más. Jesús se detiene y ordena que le traigan al ciego. Le pregunta:
¿Qué quieres que haga por ti? "Señor, que vea", respondió. La reacción de Jesús es
inmediata: "Recobra la vista, tu fe te ha salvado". El ciego logra por su fe lo que Cristo
ofrece por su caridad.

Cuánto nos enseña el Señor en un solo hecho. En este pasaje se muestra una persona que
busca la solución a su problema físico. Solución que pasa por la fe. Este hombre
probablemente nunca había visto al Señor; habría oído mucho sobre él. Esto le bastó para
creer que Jesús era hijo de David y también para saber que Jesucristo tenía un corazón tan
grande que siempre se compadecía de aquellos que sufrían. Cristo nunca coarta la
libertad, sino que respeta profundamente a cada ser humano. "¿Qué quieres que haga por
ti?" El ciego responde sencillamente con lo que tenía dentro del corazón: "Señor haz que
vea", y Jesús se compadece de inmediato.

Lo hermoso del pasaje y lo que nos puede ayudar a reflexionar más es la actitud del ciego
una vez que deja de serlo, y es que "sigue a Jesús glorificando a Dios". Qué maravilla de
actitud, no sólo buscar a Jesús por conveniencia o por curiosidad, sino buscarlo para tener
un encuentro personal con Él.