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Una tarde en familia

Sentado en la Vuelta al Mundo lo observo todo: los padres han sacado al idiota a pasear pero el
idiota no entiende las reglas del juego. Lo traen al parque de diversiones para que no haga
idioteces pero si no hiciera idioteces no sería idiota.

Lo llevan al tiro al blanco donde hay que acertar a los patitos de madera y los patitos pasan cua
cua pero al idiota le dan lástima y no les tira. Lo llevan a otro tiro al blanco donde hay que
reventar globos de colores pero el idiota no quiere romper los lindos globitos y le revienta un ojo
al empleado con un balín y encima quiere llevarse el premio. El padre indemniza al empleado y
le dice a la madre que ese chico no salió a él. Cada vez que discuten por culpa del idiota él
insinúa lo mismo. La madre piensa que si la encubierta acusación de infidelidad fuera cierta ella
habría hecho algo bueno en la vida, pero como ha cometido la idiotez de serle fiel a ese
energúmeno, el energúmeno debe tener algo de razón y la idiotez del chico debe ser mas culpa
de ella que de él. Piensa eso, pero responde que el chico debe salir al abuelo paterno, que es
idiota para todo menos cuando ellos le piden plata prestada. El idiota se pone a llorar y el padre
dice vinimos a divertirnos no a discutir y la madre se calla y el padre se calla y el idiota mira los
juegos embobado como un idiota.

Vinieron a divertirse no a discutir pero el idiota no entiende las reglas del juego. Lo llevan a los
autitos chocadores y el idiota estaciona en un costado y se niega a chocar otros autitos porque él
quiere respetar las normas de tránsito. Lo llevan a la Nave Espacial pero el idiota no sube porque
dice que el capitán es un bicho verde traicionero y estúpido; cuando el bicho verde se saca la
máscara verde tiene abajo otra máscara verde y los padres se ríen pero el idiota no le ve la gracia
y tienen que llevárselo y el padre está enfurruñado porque no pudo conocer la Nave. Lo llevan a
la calesita y el idiota sale despedido por la fuerza centrífuga. Lo llevan a Dumbo y el idiota grita
Tantor, lo llevan a la montaña rusa y visita el Kremlin, lo llevan a las tacitas giratorias y sale sucio
de café con leche. Le compran helado y tiene principio de congelamiento, le compran cigarrillos
de chocolate y se le tapan los bronquios, le compran un oso de paño y el oso gruñe y se babea y
tiene que encadenarlo. Lo dejan entrar en Megashow para que vea el Gran Festival y el idiota
sale con pie de trinchera, le echan veinte centavos en la ranura y el idiota ve corpiños rosados y
se babea como un idiota. Lo llevan a los helicópteros y ametralla aldeas vietnamitas. Lo llevan a
la Casa de los Espejos y se mira la cara y dice qué idiota. Cuando habla El Muerto Que Habla el
idiota dice los muertos no hablan. Cuando disparan al Hombre Bala el idiota protesta contra el
armamentismo. Cuando lo traen a la Vuelta al Mundo, el idiota tarda ochenta días en bajar.

No hay caso con el idiota, no entiende las reglas y les amarga la tarde. El padre quiere ir a cenar
a un restaurante para pedir mariscos, que son su plato favorito. El idiota podrá pedir tallarines
con tuco como siempre, y ensuciarse la camisa con tuco y tallarines. Pero antes de irse la madre
quiere subir al cablecarril que recorre el parque de punta a punta para ver qué bonito es todo
desde arriba. En la Vuelta al Mundo yo veo todo desde arriba y no tiene nada de bonito.

Pero el idiota no entiende las reglas del juego. El cochecito del cablecarril donde entran ellos no
se dirige a la otra punta del cable sino que sube por la ladera de una montaña alpina, para gran
susto de la madre, y para la gran alegría del idiota y para gran indiferencia del padre. En la
terminal del cablecarril los esperan muchos idiotas con esquíes, ropa de color y gorritos con
pompones. Los idiotas los reciben muy alborotados y la madre le dice al idiota que no baje
porque no le trajo abrigo para ese clima, pero el idiota baja igual porque no entiende las reglas
del juego. Los padres también bajan y los idiotas los llevan en andas y los tiran por un precipicio.
Después se ponen a jugar con el idiota y se arrojan bolas de nieve festejando la idiotez del
mundo, y yo festejo con ellos cada vez que paso por la montaña alpina dando la Vuelta al Mundo
en esta gran rueda desde donde veo todo el parque de diversiones.

(De Juegos Malabares, 1984)

BIO

Carlos Gardini nació en Buenos Aires el 26 de agosto de 1948), es escritor y traductor.

Obras: Mi cerebro animal (cuentos, 1983), Primera línea (cuentos, 1983), Sinfonía cero (cuentos,
1984), Juegos malabares (novela, 1984), Cuentos de Vendavalia (cuentos infantiles, 1988), El
Libro de la Tierra Negra (novela, 1991), Los ojos de un Dios en celo (novela, 1996), El Libro de las
Voces (novela, 2001), El Libro de la Tribu (novela, 2001), Vórtice (novela, 2002), Fábulas
invernales (novela, 2004).