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Educación y cultura

Por: Ricardo Torres Cantú

El propósito comunicativo de este texto es exponer la relación entre el concepto de cultura que explica
Zygmunt Bauman y los modelos históricos de intervención y de extracción que se han tenido del
concepto educación. Por concepto entenderemos, de acuerdo con Nicola Abbagnano (2004: 189-193),
que el concepto en su naturaleza es un signo con funciones de instrumentalidad. Esta consideración del
concepto permitirá su valoración instrumental de las siguientes cuatro maneras: el concepto permite
describir los objetos (concretos o abstractos) de la experiencia a fin de permitir su reconocimiento;
los conceptos clasifican porque son signos recopiladores e indicadores de posibles relaciones de la
experiencia; los conceptos organizan los datos de la experiencia para establecer relaciones lógicas
(comprensión y extensión); el concepto sirve también para predecir la experiencia futura a la luz de la
experiencia pasada.

Entre los textos se identifican dos modelos del concepto educación; uno es el modelo de intervención y
el otro es el modelo de extracción.

En el primer caso se considera que Educación designa el proceso social básico por el cual las personas
adquieren la cultura de su sociedad para poder incorporarse a ella (Browen & Hobson, 1997: 12).
Villalpando (1981: 6-10, 171-176; 2005: 1) señala que la educación es una realidad empírica, un
acontecimiento de contenido social en el que se correlacionan tres elementos: el educando, el
educador y la cultura. La cultura es concebida, por el último autor citado, como ámbito y designio de la
educación; la educación, pues, tiende a incrementar el mundo cultural. Abbagnano (2004: 343-344) y
Larroyo (35-36) comparten la misma postura social-semántica de la educación y el último manifiesta
que la educación es un fenómeno por el cual los sujetos se apropian, en más o en menos, de la cultura
(conocimientos, sentimientos, costumbres, moral, lengua, ritos).

Respecto al modelo de modelo extracción. Este otro modelo tiene su raíz en el verbo educere. Jean
Château (2001: 13) argumenta que la educación no consiste en formar solamente a un miembro de un
grupo, un trabajador en el hormiguero, sino en constituir un ser que supere al presente y se aventaje a
sí mismo. Bajo la misma óptica Georg Kerschensteiner (citado en: Château, 2001: 238) considera a la
educación como un acto de la comunidad cultural que tiene por objeto la formación del ser espiritual
del individuo y pretende realizar en él los valores espirituales inmanentes a la comunidad. Se requiere
entonces que los valores espirituales constituyan el centro mismo del ser. Émile Chartier “Alain” (citado
en Château, 2001: 230) manifiesta que la educación es una conquista de cada momento. Una conquista
de sí mismo; que educar es sacar al hombre de la barbarie primitiva, darle a conocer su poder para
gobernarse y para no creer sin pruebas.

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Bien. Ahora miremos como encaja el concepto de cultura que Zygmunt Bauman explica en su texto “La
cultura en el mundo de la modernidad Liquida” (20013: 9-23). El autor señala que la “cultura” cambia
de un estimulante y se convierte en un tranquilizante y agrega que cuando la cultura dejó de ser “el
arsenal de una revolución” y se convirtió en “un depósito de productos conservantes” (2013:16) fue
porque resultó de una serie de procesos que modificaban toda la modernidad. Estos cambios marcaron
el fin de la fase “sólida” y el inicio de la fase “líquida” (2013:17). Bauman emplea el término
“modernidad líquida” para referirse a la condición que algunos autores llaman “posmodernidad”,
“modernidad tardía”, “segunda” o “híper” modernidad (2013:17).

Zygmunt Bauman explica que la cultura en la modernidad líquida tiene una libertad individual de
elección, pero que esta misma libertad lleva a que una la misma elección “sea y continúe siendo una
necesidad y un deber ineludible de la vida” obligándolo a ser el único “gerente general y único ejecutor
de su política de vida” (2013:18)

Si algo debe decirse es que las concepciones de Bauman están marcadas por el capitalismo, cuestión
que se refleja en la siguiente noción de cultura. La cultura, señala, “… consiste en ofertas; la cultura hoy
se ocupa de ofrecer tentaciones con seducción y señuelos para sembrar y producir nuevos deseos y
necesidades en lugar de imponer el deber; la cultura de hoy cumple la función de una demanda de
cambio constante…”. Cierra afirmando que la cultura es para consumidores, la cultura es consumo
fugaz y distraído (2013: 19). El autor elabora una imagen indicando que la cultura es una tienda
gigantesca, llamémosle supermercado, en el que cada sección ofrece productos a clientes insatisfechos
y siempre con una necesidad nueva.

En el refranero popular mexicano tenemos muchas aseveraciones relacionadas con el comercio: “el que
tiene tienda que la atienda…”; “la conciencia es un estorbo en el comercio”; “quien quiera azul celeste
que le cueste”; “el cliente siempre tiene la razón”. Tomaré el último refrán para considerar al estudiante
como cliente pues es el consumidor principal de la cultura. De ahí afirmo que por ello en las escuelas
de educación secundaria técnica: los estudiantes tienen a bien en la práctica que aprender y cuando
aprender; ellos deciden a quien le compran y como lo compran; el estudiante decide de su vida de la
manera que más le plazca sin condicionar el placer a los dictados de la razón.

Bibliografía

1. Abbagnano, N. (2004). Diccionario de filosofia. Mexico: FCE.


2. Bauman, Z. (2013). La cultura en el mundo de la modernidad Liquida. México: FCE
3. Browen, J. & Peter H. (1997). Manual del maestro. Teorías de la educación. México:
Limusa.
4. Château, J. (Comp.) (2003). Los grandes pedagogos. México: FCE.
5. Larroyo, F. (1986). Historia general de la educación. Mexico: Porrúa.
6. Villalpando, J. (1981). Sociología de la educación. México: Porrúa.
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