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Uno Mismo Chile, Enero 2010

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Alice Thomas y Alejandro Celis,


pioneros de la Psicología Transpersonal en Chile:

“La espiritualidad se vive en total conexión con la tierra y con el


cuerpo”

Por Tatiana Vega P.

Dos psicólogos cuyos nombres –cada uno por su lado y también juntos-
forman parte ya de la historia de esta profesión en Chile. El detalle de su
desarrollo profesional no cabría en estas páginas. Ellos han sido y siguen
siendo verdaderos pioneros en un campo que hace algunas décadas apenas se
intuía: la psicología humanista y transpersonal.

Alejandro Celis, psicólogo de la Universidad de Chile, y Alice Thomas, de la


Diego Portales, crearon en 1997 el Instituto de Expansión de la Consciencia
Humana, y desde ahí ofrecen postítulos en Psicología Transpersonal, de dos
años de duración. En la actualidad, están dando cuatro postítulos, dos de ellos
en Santiago, uno en Antofagasta y otro en Concepción. Dos veces al año ofrecen
cursos de Eneagrama.

Muy conocido por sus certeros “despotriques” desde sus columnas de Uno
Mismo y desde cualquier espacio en que tenga tribuna (como las cartas de los
lectores en diarios y revistas) contra la sociedad de consumo en que vivimos y
ante mil y una situaciones de injusticia e inconsciencia, Alejandro ha escrito
libros, ha traído maestros espirituales a Chile y ha participado en numerosas
actividades relacionadas con la expansión de la conciencia en nuestro país,
además de escribir una columna mensual en Uno Mismo. También hace clases
en una Universidad.

Alice co-participa en el Instituto de Expansión de la Consciencia Humana


dando clases en los cursos en Santiago y también atiende pacientes en clínica
individual. Además, trabaja en Astrología y en formación de astrólogos. Desde
hace 13 años, participa en un grupo sufi dirigido en Chile por Gastón Fontaine,
y desde Turquía por Refik Algan. “Y siempre estoy estudiando por gusto –agrega-,
pero, no me está cundiendo tanto, porque soy mamá también, y trato de estar lo más que
puedo con mi hija Mariana”.

Dedicados a formar profesionales en la especialidad transpersonal de la


psicología, y desde la mirada de alguien que participa en esta actividad, es
impresionante el profesionalismo, la autenticidad, la asertividad y la sutileza –
entre muchos otros calificativos- que ambos aplican en sus roles de guías de las
nuevas generaciones que, en su instituto, se han formado y se están formando.
Ellos han creado un espacio cálido y protegido, que no permite transacciones ni
volteretas del ego en el momento de merecer un insight que lleve hacia el darse
cuenta, el tomar conciencia, el expandir paso a paso los límites interiores que
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cada uno de nosotros construye para mantenerse en el sufrimiento, en el apego
y en las creencias. Un “kiosaku” – el bastón de los maestros zen- energético
dado con destreza y amorosa compasión – y, ¿por qué no? con una buena dosis
de humor- exactamente en el clavo oxidado del adormecimiento de la
conciencia, insight éste respetuoso de la velocidad, de la capacidad y de las
características personales del proceso de cada uno, que impulsa hacia el mirarse
tal cual uno es, con sus luces y sombras y todo lo demás, hacia el soltar, soltar
y… soltar, derribando murallas -y con ellas, kilos y hasta toneladas de dolor- y
expandiéndose hacia el Ser, hacia esa Realidad que nos abarca a todos y a todo
en un oleaje interminable…
Con ellos, Alice y Alejandro, tuvimos esta conversación:

-¿Cómo llegó cada uno de ustedes a la psicología transpersonal? ¿Qué los


motivó a elegir este ámbito de desarrollo?

-Alejandro: Desde muy temprano (a mediados de los 70) lo transpersonal me


eligió a mí, ya que estuve en contacto con personas como Ana María Noé,
Gonzalo Pérez, Ada Contreras y luego Héctor Fernández -, todos estaban en el
Instituto Arica de Oscar Ichazo-, que habían dado ese salto desde lo psicológico
hacia lo espiritual, lo cual me hizo cada vez más sentido, porque en ese tiempo
comencé a tener muchas experiencias místicas, de trascendencia, en las que
encajaban todos mis anhelos, intuiciones y comprensión del mundo. En ese
marco, lo meramente psicológico, sin misticismo, me resultó cada vez más
pobre e incompleto.

-Alice: No recuerdo un hito en particular… Fue entramándose en los últimos


años de universidad, sin un nombre... Recién salida de la universidad el 91,
concreticé ese interés al estudiar Tarot con Carmen Balmaceda y Astrología con
Gonzalo Pérez, pero aún los veía como intereses separados de la psicología.
Luego, me emparejé con Alejandro, que estaba ya involucrado en la psicología
humanista transpersonal y él me estimuló –y “cateteó”- para que yo integrara
ese interés con la psicología, y desarrollara capacidades como la intuición. Sin
su estímulo constante, creo que me habría demorado mucho más en juntarlos y
no me habría atrevido a mostrarme así no más.

La cosa iba para largo…

- Y ¿cómo se conocieron? ¿Cómo fue el enamorarse?


-Alejandro: Nuestros inicios son bastante divertidos y humorísticos, y creo que
reflejan lo que vino después. Alice fue alumna mía en la Universidad, pero me
tomaba tan poco en serio que casi nunca la vi en clases. Nos conocimos más de
cerca a través de una pareja suya y, cuando se separaron, nos acercamos más,
pero tardamos en darnos cuenta -sobre todo ella- que la cosa iba para largo, que
al parecer íbamos a estar juntos, de verdad, por siempre... y por supuesto, no
por obligación, sino 100% por gusto.

-Alice: Tal cual, así pasó. Muy desde el inicio hubo algo que estaba más allá de
cómo actuásemos. Cómo actuábamos era una cosa y lo que sentíamos era otra;
suena disociado, lo sé, pero es lo que provoca el miedo a la intimidad, un miedo
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que los dos teníamos. Una vez que fuimos madurando en esta relación y dando
más espacio a la aceptación que siempre hemos sentido, el enamorarse ha sido
un continuo, que mientras más maduramos va siendo cada vez más grato.

-¿Cómo ven el panorama actual de la psicología humanista y transpersonal en


Chile? ¿Y en el mundo?

- Alejandro: No tengo ninguna ilusión respecto al crecimiento de esta corriente,


ni siquiera del Humanismo. El mundo está tan distorsionado que son
poquísimos los que están dispuestos a detenerse unos instantes para de veras
escuchar(se) y examinar la vida que llevan.

-Alice: Dentro del gremio de los psicólogos, aún no es bien considerado. No es


culpa del gremio; más bien, los psicólogos transpersonales no nos identificamos
tanto con el gremio y eso hace que se produzcan pocos intercambios.

En la sociedad, en cambio, hay un interés más abierto, una curiosidad más


abierta. Desde el interés en “consumir” un nuevo producto -que hay mucho-; el
interés por cuestionar normas, creencias, costumbres y tabús sociales -de eso
hay bastante menos-, hasta los interesados por el cambio interno más radical o
sincero, por escuchar la voz interna o los llamados internos y perseverar en
ellos. Eso requiere de muchísimo más compromiso, y son muchos menos.

Creo que el lenguaje que hoy en día puede hacer más eco y llegar más directo,
para comenzar a descubrir y más adelante vivenciar valores intemporales, se
encuentra en los hallazgos de la física cuántica y la neurociencia que transmite
un Joe Dispenza, por ejemplo. Un intercambio e integración de la espiritualidad
y la ciencia que el mismo Dalai Lama está propiciando. Allí la psicología
transpersonal tiene mucho por hacer.

Escuchar la propia verdad

-¿Qué es para ustedes lo transpersonal? ¿Hasta dónde abarca?

- Alejandro: Para mí, éste es un modo de vida. No una filosofía, no un set de


ideas, sino que implica tener ciertas prioridades en la vida que uno lleva. Por
ejemplo, favorecer el escuchar la propia verdad, favorecer la VERDAD en todas
sus formas y desarrollar un auténtico respeto por la vida, también en todas sus
formas. Esto, por supuesto, puede también mal entenderse y creer que, si
favorecemos la vida, los humanos tenemos que reproducirnos ilimitadamente,
como conejos. Creo que todas las formas de vida son importantes –no sólo la
humana- y con nuestro crecimiento exponencial y desquiciado estamos
aplastando muchísimas otras formas de vida.

Y creo que también implica no conformarse con sobrevivir, sino buscar la


continua expansión de nuestras posibilidades.

-Alice: Me gusta la manera en que lo expresa Alejandro: como un modo de


vida. Coincido 100% en eso.
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Lo transpersonal es la dimensión espiritual; eso siempre ha existido, va más allá


de la religión o la psicología. Abarca muchísimo y nace desde lo interno. Y si
bien esa dimensión no se puede ‘psicologizar’ o reducir a lo psicológico, la
psicología -en general- ha hecho un aporte concreto en el estudio del ego. Hoy
sabemos mucho más cómo se forma y opera el ego; casi nadie niega la
existencia del inconsciente, los efectos del condicionamiento y el apego, y los
mecanismos de defensa, como tampoco la formación de la identidad.

El desarrollo de la espiritualidad requiere que “seamos del mundo sin serlo”,


como dicen los sufis, pero para lograrlo necesitamos tener un ego sano, que
tenga también capacidad para hacer frente al mundo y a las crisis espirituales.

-¿Qué papel sienten que han desarrollado ustedes en la psicología


transpersonal en Chile?

- Alejandro: Creo que ha sido claramente un papel importante, difusor, de la


corriente. Pero no inventamos nada y hay muchas personas muy valiosas que
abrieron camino antes en el país, algunos muy notorios –como Claudio Naranjo
o Francisco Huneeus, especialmente de la corriente humanista- y otros más
quitados de bulla, como la misma Ana María Noé, con quien trabajamos en el
Instituto. Creo que nuestro mérito ha sido atrevernos a ser originales,
exponiendo el enfoque enteramente desde nuestra experiencia directa y no
desde los libros. Y en ese sentido hemos encarnado lo que enseñamos.

Alice: Yo difundo muy poco y no siento haber sido pionera tampoco en nada.
Pero sí he buscado que exista un lenguaje lo más sencillo posible y que la
espiritualidad no se transforme sólo en un voladero de luces, sino que las
personas que asisten a terapia y los cursos sientan que pueden encontrar un
lugar donde vivir su cotidianidad de manera más auténtica y aceptadora de
ellos mismos y de los demás. Y en eso hemos intentado ser congruentes.

Desenmarañar el ego

-¿Cómo se amalgaman lo espiritual, lo energético, lo corporal y lo psicológico


en la terapia que ustedes desarrollan? ¿Y en la formación de terapeutas?

-Alice: Luego de hacer tantos cursos de formación, tenemos un modelo de


trabajo en que intentamos que la vitalidad se desbloquee, en ocasiones a través
del trabajo corporal, pero la mayor parte de las veces ‘desenmarañando’ el ego,
lo que implica mayor honestidad. Y cuando te miras honestamente ya no hay
resistencia ni nada que proteger; eso de inmediato libera energía vital. Una vez
que se desbloquea la energía vital, se trabaja más sutilmente en la autenticidad
y la aceptación y en la presencia, porque la persona está más presente y con más
energía disponible.

Cuando la persona comienza a aceptar más su verdad, a decir Sí a lo que está


vivenciando interna y externamente, comienza a hacerse cargo de su vida; su
conciencia comienza a expandirse y el ego se torna mucho más permeable o
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nítido, como un espejo que puede reflejar aspectos más sutiles de la realidad.
Pero, este último proceso muchas veces no llega a ocurrir en los dos años de
trabajo en grupo, sucede más adelante si la persona persevera. Lo importante es
aprender a decir Sí, a aceptar y a no luchar con la propia verdad.

-La Wikipedia define la psicología transpersonal como “un paradigma de la


psicología cuyo objeto de estudio son los estados no ordinarios (o alterados)
de conciencia que trascienden el estado de vigilia y el cambio propiciado por
dichos estados en la conciencia ordinaria”. ¿Están de acuerdo con este
concepto?

-Alice: Yo no diría que la psicología transpersonal se enfoca sólo en los estados


no ordinarios, sino que los integra dentro de la gradiente posible de estados de
conciencia. Hoy también hay mucho interés en el desarrollo del ego y en la
desidentificación.

A aquellas experiencias que corresponden a estados expandidos y que


involucran un desarrollo mayor de responsabilidad, compasión, comprensión
de la realidad y entrega a la dimensión sagrada de la vida, las “despatologiza”,
ya que la mirada psiquiátrica tradicional tendía a verlas como patologías.

Por ejemplo, muchas experiencias transpersonales que se vivencian como la


interrupción de identidad con el yo habitual y donde lo observado y el
observador son lo mismo, se han diagnosticado desde la psiquiatría como
desórdenes de disociación. No es que no haya que descartarlo, pero también
pueden ser un paso a un estado superior del desarrollo humano, y esa
posibilidad la abrió la psicología transpersonal, por su interés en los estados no
ordinarios de conciencia.

-Alejandro: No estoy muy de acuerdo con esa definición. Creo que más bien el
asunto apunta a la segunda parte: “el cambio propiciado por dichos estados en
la conciencia ordinaria”. Para mí, el propósito de esta psicología es transformar
la forma en que vivimos: vivir de manera más consciente, amorosa, respetuosa,
sensible… con nosotros mismos, con los demás, con el entorno. Si sólo
comenzáramos a vivir más sensiblemente con el entorno, quizás salvaríamos
este hermoso planeta. Es la forma como vivimos la que nos tiene así como
estamos.

Por supuesto, los estados no ordinarios son estados en que nos sumergimos en
alguna ocasión y que nos indican hacia dónde ir. En ese sentido, son
tremendamente importantes, pero no diría que ése es el objeto de esta
psicología, porque para mí son eventos ocasionales, y lo que importa es lo que
hacemos con eso en el día a día.

Despatologizar estados no ordinarios de conciencia

-¿Cómo se logran estos estados no ordinarios de conciencia? ¿Con sustancias


especiales, con meditación…, con qué?
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- Alice: No centramos nuestro trabajo o atención particularmente en los estados
no ordinarios de conciencia. Más bien nos centramos en que las personas
encuentren una manera honesta de mirarse, de hacerse responsables y expandir
su conciencia en aceptación y en que transformen su vida y cuestionen su
condicionamiento. Esto genera mini-expansiones de conciencia que si bien no
son tan espectaculares, son maneras seguras que permiten integrar mejor los
conflictos que puedan venir tanto desde el medio como desde la emergencia
espiritual.

Pero si alguien vive espontáneamente un estado no ordinario de conciencia a


través de un trabajo de meditación, sí, lo integramos y lo “despatologizamos”,
cuando es el caso.

Los estados no ordinarios de conciencia pueden emerger espontáneamente o ser


la consecuencia de un trabajo guiado de meditación o de disciplina espiritual.
También puede ser provocado por la ingestión de sustancias enteógenas como
la psilocibina o el ayahuasca, por ejemplo.

-Alejandro: Además de las experiencias espontáneas, que son regalos del


universo, pueden ocurrir con psicotrópicos o meditación o rebirthing, por
ejemplo, que son formas en que uno “invita” estados como éstos. Pero lo
fundamental es que en lo cotidiano favorezcamos permanecer en el presente y
soltar el control de la mente… Fácil decirlo, ya sé, pero realmente es fácil. El
estar pegados a la mente y a su necesidad de controlarlo todo es un hábito
tremendamente enraizado que tenemos… y es un hábito, no una condición
inevitable. Y cuando logramos estar atentos a lo sensorial, al cuerpo, a lo que
está pasando a nuestro alrededor, y paralelamente nos desconectamos de la
mente, empezamos a entrar en otro estado que es, en sí, un estado “alterado”,
en el sentido de que no es el habitual estado robótico y condicionado en el que
solemos estar, y que, de ampliarse, puede ser extático.

-¿Cómo colabora la psicología en la disminución del sufrimiento humano?

-Alejandro: Habría que aclarar qué es el sufrimiento y hasta dónde queremos


aliviarlo. El Buda afirma que la simple condición del ser humano que NO está
despierto –o sea, prácticamente toda la humanidad- implica sufrimiento. Y es
fácil verlo en la vida cotidiana: nuestra propia inconsciencia nos lleva a sufrir en
forma innecesaria e interminable, por ejemplo en las relaciones humanas,
intentando cosas imposibles: que nuestra pareja se interese sólo en nosotros,
que cambie según nuestras propias pautas, que solucione nuestros vacíos e
inseguridades, etc. Todo destinado al fracaso, desde Adán y Eva. Entonces, la
psicología más básica alivia el dolor, sí, nuestras dificultades cotidianas.

Ahora bien, si queremos ir a la raíz del sufrimiento, deberemos hacernos


preguntas más radicales, y muy pocos estamos dispuestos a eso. Nos dejamos
distraer por la vida cotidiana, por la mente… hasta que estamos con un pie en el
cajón. La idea es inquietarse antes por el tema. Pero mientras estemos vivos, no
es tarde.
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-Muchos maestros actuales han tenido que pasar por momentos muy difíciles,
por no decir tortuosos, para luego despertar. ¿Es necesario experimentar “la
noche oscura del alma” para acceder a una expansión de la conciencia?

- Alice: No es el ideal. Pero, no me atrevo a decir si es necesario o no pasar por


la ‘noche oscura del alma’, pues no estoy despierta como los maestros
espirituales. Pero, pienso que si la persona no ha forzado la expansión de la
conciencia a través de ingesta de sustancias o ejercicios extremos, puede confiar
en que aquello “le llegó” desde su interior. Y si hay madurez, o ego sano, o un
maestro que guíe su proceso, entonces, el individuo tendrá las herramientas
necesarias para traspasar las dificultades o la crisis y encontrar un sentido a
todo ello.

Alejandro: La verdad es que, como dije antes, estamos muy, muy dormidos y
muy distraídos por los temas cotidianos: la supervivencia, los hijos, los
horarios, el qué dirán, las exigencias de los demás, el consumismo…
Lamentablemente, muchas veces necesitamos un remezón en verdad profundo
para empezar a hacernos preguntas más radicales. Necesitamos una
enfermedad catastrófica, una debacle económica, la muerte de un cercano, una
crisis de marca mayor. En teoría, esto no es necesario, pero por lo general
parece serlo… Hay muy, muy pocas personas que tienen inquietudes realmente
profundas y persistentes desde que son niños.

Donde el mundo y lo sagrado se unen

-¿Qué es para ustedes el “despertar”? ¿Es sinónimo de iluminación?

-Alejandro: Nosotros los usamos como sinónimos, aunque en las tradiciones


orientales hablan de diversos niveles de esa experiencia –o más bien, estado-.
Está lo que podríamos llamar una “ventana”, una experiencia mística
momentánea en que percibimos ese otro nivel de la realidad… Puede ser una
experiencia muy transformadora, pero es momentánea. Y hay experiencias que
pueden mantenerse por bastante tiempo (meses o años), lo que me permite
sospechar dos cosas: una, que esto puede ser más un estado que una
experiencia y dos, que aunque se transforme en un estado, no hay garantía de
que la persona se pueda quedar ahí y dormirse en sus laureles, porque si lo
hace, simplemente se saldrá del estado. Pero éste es un tema que seguimos
explorando internamente…
-Alice: Sí, creo que hay experiencias que se pueden mantener en el tiempo.
Identifico la iluminación como un flash, un período de tiempo en el que todo
puede ser percibido con mayor claridad y donde el mundo y lo sagrado se
unen, pero donde puede ser perturbador entrar al mundo luego de haber tenido
ese flash, pues aún la identidad no está lista para integrar ambas dimensiones,
hay algo que aún no encaja. Pero el despertar yo lo veo como algo más continuo
en el tiempo, y con la capacidad para integrar lo personal y lo impersonal, la
dimensión sagrada al mundo y el mundo a lo sagrado.

-¿Cuál sería el peor enemigo en la evolución de la conciencia humana? ¿El


ego? ¿La ignorancia? ¿La inconsciencia?
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- Alice: El ego no puede ser nuestro peor enemigo, aún cuando sé que hay
maestros espirituales que lo apuntan como el enemigo. El ego o la identificación
a un yo es un punto de partida para el trabajo interno. Si no hay ego con el que
partir, no hay trabajo interno.

La identificación con un yo o con un concepto de sí mismo rígido que no


permite el reflejo de ningún otro aspecto de la realidad es lo que nos hace sufrir.
No queremos aceptar obviedades como que nos vamos a morir o que la vida
está en constante cambio y movimiento; así, no aprendemos, ni crecemos ni
podemos desidentificarnos.

-Alejandro: Son tres nombres para lo mismo… La sociedad estimula el olvido


de nosotros mismos y la ignorancia. La educación nos llena la cabeza de datos
casi enteramente inútiles y muchas veces falsos. Estamos cada vez más
conscientes de que los medios nos manipulan: esto ha sido siempre así, al igual
que los poderes económicos. La codicia mueve al planeta y la gran, gran
mayoría paga el pato. Y la TV chilena, por ejemplo –que es para llorar si uno la
recorre, por decir, a las 18 horas- pone su parte para aturdirnos en nombre de la
“entretención”. Y el lavado de cerebro que nos hacen de la cuna en adelante nos
hace formar un ego que va a ser el programa de funcionamiento de nuestra
particular forma de robotización.

Hablar desde la experiencia

-Formar terapeutas implica una tremenda responsabilidad humana y social.


¿Qué valores debe tener sí o sí un terapeuta transpersonal?

- Alice: Valores como sinceridad, integridad, deseo de trascender las


mezquindades, hacerse cargo de sus propios actos y ser congruentes con el otro.
Y no tomarse tan en serio a sí mismo.

-Alejandro: Eso último lo hallo súper importante… Y lo otro: hay tanta basura
new age circulando que lo que creo que es exigible para un terapeuta de esta
corriente es hablar desde su propia experiencia directa, no desde cosas que
repite sin conocerlas realmente. Es preferible decir “no sé” que guiarse por un
dogma o repetir como loro. Si no tienes ninguna experiencia respecto a las vidas
pasadas, por ejemplo, no puedes asegurar que existen: lo mismo con los
chakras, el aura, los maestros ascendidos y todos esos conceptos aparentemente
hermosos que circulan. Y no digo que no existan; lo que digo es que no tienen
ninguna validez mientras no los experimentemos. Creer o no creer en Dios –que
es algo que, por ejemplo, inquieta mucho a los norteamericanos-, es totalmente
superfluo. Una creencia es equivalente a NADA. Estamos llenos de ellas y lo
único que aportan es contaminación mental: nos alejan de la verdad. Y no hay
que olvidar que la mente nos puede hacer creer cualquier cosa…

-¿Cuáles han sido o son sus maestros en esta tarea?


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-Alice: Para mí, los sufis. Gastón Fontaine y Refik Algan han sido
predominantemente, mis grandes maestros. Maestros de la dedicación y la
paciencia infinita para conmigo. Gastón es además absolutamente inusual en
Chile, sincero e íntegro, no es fácil encontrar un guía así. Me han ayudado a
madurar la espiritualidad, a entregarme a Dios más confiada y a un ritmo
pausado. A tener fe, nada fácil para alguien como yo, que al poco rato pasaba
del entusiasmo a la desconfianza y la incredulidad. Del entusiasmo a la flojera,
y del voladero de luces a la decepción.

Mis papás, mis hermanos y toda mi familia, que aún alimentan el sentido del
humor y me ayudaron a no tomarme tan en serio. Mi hija, Mariana, y
Alejandro, que me han enseñado a ver que la vida también es un juego. Y en
especial, Alejandro, que es un maestro a la hora de confiar en que se puede.

Gonzalo Pérez y Carmen Balmaceda, que tuvieron en su momento gran


generosidad conmigo y me enseñaron a ser generosa al enseñar. Lucy
Krstulovic, amiga que trabaja con nosotros y que me enseñó la importancia de
acompañar y acompañarse.

-Alejandro: Yo me he sentido sumamente regalado en este plano. Sin duda, los


más importantes han sido Bhagwan (Osho) Rajneesh, quien me mostró la
posibilidad de aceptarme íntegramente a mí mismo y me reforzó mi ya fuerte
irreverencia y anarquismo, mientras me daba una nueva comprensión de la
historia de la búsqueda espiritual y de los mensajes de los Maestros del pasado.
Y lo más importante: que la espiritualidad se vive en total conexión con la tierra
y con el cuerpo, y con el presente. Paul Lowe profundizó esas enseñanzas en un
contacto directo muy generoso de su parte, en que fue clave para enseñarme a
desconectar de la mente y estar presente. Un verdadero mago Merlín de quien
en algunos momentos sentí que me leía por dentro, aún a distancia. Fue un pilar
para mí por más de 20 años, y aún seguimos en contacto. Su pareja por mucho
tiempo, Ava, fue también una gran fuente de inspiración y complementaba
muy bien lo que Paul hacía.

Hay muchos otros, porque la vida ha sido muy generosa en este ámbito: Ana
María Noé fue de las primeras figuras que me mostró integridad, profundidad
y totalidad, y fue mi contacto más directo con el Instituto Arica, donde me
removieron todo por 5 años; Adriana de Malloco fue un importante apoyo en el
camino a lo trascendente en los 80, y también Tom Heckel, quien me enseñó la
importancia de la intención y me guió en la caminata sobre brasas, e Iván
Taborga, quien por casi dos décadas ha sido mi homeópata de cuerpo y
espíritu. Y hay otros, pero sería muy largo…

En un plano más cotidiano, no quiero dejar de mencionar a mi mamá, quien nos


crió sola, mostrando una apertura mental y una flexibilidad extraordinarias,
además de un gran sentido del humor, una inusual honestidad, y el no
habernos lavado el cerebro con ningún dogma. A mis anteriores parejas,
Verónica y Margarita, también les agradezco, y a mi pareja actual, Alice, el
haberme soportado y apoyado en mis facetas de inconsciencia “dura”, que
simplemente me avergüenzan cuando miro hacia atrás.
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-¿Qué sueños sin cumplir tienen por delante?

-Alice: Gran parte de los sueños se me han ido cumpliendo, sólo espero tener
más entusiasmo, capacidad y años para agradecer y devolver todo lo que se me
ha dado en la vida. Y el único sueño, que me viene ahora, si Dios quiere, es
poder ver a nuestra hija, sana y disfrutando su adultez.

-Alejandro: Hay días en que todo se ve tan perfecto y me siento tan agradecido
que es casi un abuso pedir más, y de verdad no tendría ningún derecho a
quejarme si me fuera hoy mismo. Por supuesto, estoy bastante apegado a la
vida que llevo, que en muchos aspectos es idílica, así que lo más que quisiera es
prolongarla hasta donde se me conceda.