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Eventos finales: Una perspectiva adventista sobre los tiempos finales

Desde edades antiguas el hombre ha buscado con mucho ahínco conocer el


futuro. Es un asunto que fascina la mente humana. Saber el qué, el cómo, el dónde
y el cuándo de las cosas por venir hechizan su razón y los sume en una profunda
admiración por los eventos que aún no han sucedido.
Sin embargo, los corazones que no están en armonía con la voluntad divina
no aceptan lo que ya está escrito sino aquello que parece misterioso, buscan algo
místico y mítico también. Es decir, si les presentamos las profecías acerca de los
eventos finales descritas en la Biblia, entonces, las cuestionan. Argumentan sobre
la autenticidad del relato bíblico, sobre su origen, sobre su composición, sobre su
forma de trasmisión. De otro lado si les presentas a seudo profetas que anuncian la
destrucción de la tierra ya sea Nostradamus, los aztecas y/o cualquier cultura
antigua que tenga algo que decir sobre el futuro son aceptados, pero no es así con
la Biblia.
Si de la Biblia se trata, debemos afirmar que ésta es discriminada en todo
sentido, por una sola razón: se jacta de ser la palabra de Dios y la regla absoluta
para alcanzar salvación. De tener un mensaje actual y preponderante en el mundo
en que vivimos. De ser el único libro que tiene profecías cumplidas al pie de la letra.
De ser el libro que tiene información concreta y correcta de lo que ha de acontecer
en el cercano porvenir.
No obstante, aunque el mundo vea a la biblia con cierto escepticismo y trate
de hacerse a la vista gorda. Los planes de Dios siguen su curso y el “Reloj Divino”
sigue descontando los minutos, las horas, días y años para su retorno. No hay
ningún ser humano que pueda interferir con los planes del cielo.
 Vivimos en tiempos difíciles, pero no nos hemos percatado.
 Vivimos en tiempos difíciles, pero no nos preparamos.
 Vivimos en tiempos difíciles, pero no testificamos.
 Vivimos en tiempos difíciles, pero no oramos.
 Vivimos en tiempos difíciles, y aún no hemos sido salvos.
White afirma que “El tiempo de angustia, que irá en aumento hasta el fin, está a
las puertas.” Y si bien es cierto que estamos en la era de la Iglesia de Laodicea, y
que proféticamente nuestro andar sea lento y un tanto mediocre, esto no nos
autoriza a vivir así. Es más, debemos estar listo como las vírgenes sensatas
teniendo suficiente “Aceite” para esperar la llegada del Novio. “Debemos despertar
y pedirle al Señor Jesús que nos sostenga con sus brazos eternos y nos lleve a
través del tiempo de prueba que está ante nosotros.” El mundo se está volviendo
más y más anárquico. Pronto una gran angustia sobrecogerá a las naciones, una
angustia que no cesará hasta que Jesús venga. Y esto es una prueba más a favor
de la Biblia. Mientras que la “ciencia” afirma que vamos hacia la perfección la Biblia
afirma que estamos en decadencia.
Dios en su misericordia nos ha dado la Biblia que tiene el “MAPA” de la salvación
y nos ha advertido de sus juicios. Y así como antaño Dios dio señales de sus juicios,
así también lo hizo con nosotros en estos últimos días. Si ha Noé, Abraham y Lot
les dio señales y los visitó para advertirles de sus juicios hoy también lo hace. “Los
que se fijaron en la señal de la ruina inminente y huyeron de la ciudad escaparon a
la destrucción. Así también ahora hemos sido advertidos acerca de la segunda
venida de Cristo y de la destrucción que ha de sobrecoger al mundo. Los que
presten atención a la advertencia se salvarán.”
El problema es que no sabemos cuáles son las señales del fin de los tiempos
porque no se está estudiando la Biblia como debe ser. El tiempo, supuestamente,
no nos alcanza: entre el trabajo, la familia, los amigos, los hijos, los estudios, el
Facebook, el Twitter, los deportes, las vacaciones, el enamorado/a, el novia/a, el
esposa/a, etc. El día nos queda corto y de lo poco que nos queda le damos a Dios.
“Hay un tiempo de angustia que se aproxima para el pueblo de Dios, pero
no hemos de mantener eso constantemente delante de los nuestros, manejándolos
de tal manera que pasen por un tiempo de angustia de antemano. Ha de haber un
zarandeo entre el pueblo de Dios, pero no es ésta la verdad presente para llevar a
las iglesias”.
Enfocados en el tiempo de angustia y cuando sucederá, perdemos de vista
el propósito real de la iglesia: La verdad presente. Que es, en suma, un llamado a
todas las personas para que dejen de idolatrar la creación y para que adoren al
Creador (Apoc.14:7). Sabiendo de la debilidad humana y la facilidad con que nos
distraemos, Dios nos dio señales para que nos percatemos del tiempo en que
vivimos.
Señales del tiempo del Fin
Cristo advirtió a sus discípulos en cuanto a la destrucción de Jerusalén y las
señales que ocurrirían antes de la venida del Hijo del hombre. Todo el capítulo 24
de Mateo es una profecía concerniente a los acontecimientos que preceden a este
evento, y se usa la destrucción de Jerusalén para tipificar la última gran destrucción
del mundo por fuego.
Señales en los cielos y tierra: Cristo declaró que al final de la gran persecución
papal, el sol se oscurecería y la luna no daría su luz. Luego las estrellas caerían
del cielo. Y dice: “De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama se
enternece, y las hojas brotan, sabéis que, el verano está cerca. Así también
vosotros, cuando viereis todas estas cosas, sabed que está cercano, a las
puertas
Falsos profetas: Encontraremos falsas pretensiones; surgirán falsos profetas;
habrá sueños y visiones falsos; pero predicad la Palabra y no os dejéis alejar de
la voz de Dios manifestada mediante su Palabra.

Glotonería e intemperancia: La glotonería y la intemperancia se hallan en el


fundamento de la gran depravación moral de nuestro mundo. Satanás está
consciente de esto y constantemente tienta a hombres y mujeres para que
satisfagan sus gustos a expensas de la salud y hasta de la vida misma. En el
mundo, comer, beber y vestirse se convierten en el blanco de la vida.
Precisamente tal estado de cosas existió antes del diluvio. Y este estado de
disipación es una de las evidencias sobresalientes de la pronta terminación de la
historia de esta tierra.

Hechos de violencia: La perversidad y la crueldad de ellos llegará a grado que


Dios se revelará en toda su majestad. Muy pronto la maldad del mundo habrá
llegado a su límite como en los días de Noé, Dios derramará sus juicios.

Guerras y desastres: En las escenas finales de la historia de esta tierra, la


guerra prevalecerá. Habrá epidemias, mortandad y hambre. Las aguas del
abismo rebasarán sus límites. Incendios e inundaciones destruirán la propiedad
y la vida. Debiéramos estar alistándonos para las mansiones que Cristo ha ido a
preparar para los que lo aman.

Grandes bolas de fuego: Vi una inmensa bola de fuego que caía en medio de
un grupo de hermosas casas que fueron destruidas instantáneamente.

Terremotos e inundaciones: La corteza terrestre se rasgará a causa de las


erupciones de los elementos ocultos en sus entrañas. Estos elementos, una vez
desatados, barrerán los tesoros de aquellos que por años han estado
aumentando sus riquezas al obtener de sus empleados grandes posesiones a
precios de hambre. Y también el mundo religioso será terriblemente sacudido,
porque el fin de todas las cosas está cercano. En incendios, inundaciones,
terremotos, en la furia de las grandes profundidades, en calamidades por mar y
tierra, se da la advertencia de que el Espíritu de Dios no contenderá para siempre
con el hombre.

Crímenes, hambres y pestilencia: Satanás está obrando en la atmósfera; la


está envenenando, y nosotros dependemos de Dios para la protección de
nuestras vidas: de nuestra vida actual y eterna. Y por encontrarnos en la posición
en que estamos, necesitamos estar bien despiertos, plenamente consagrados,
completamente convertidos y cabalmente dedicados a Dios. Pero al parecer
permanecemos inactivos como si estuviésemos paralizados. ¡Dios del cielo,
despiértanos! Se me ha mostrado que el Espíritu del Señor se está retirando de
la tierra. Pronto se les negará el poder protector de Dios a todos los que continúan
despreciando sus mandamientos. Diariamente nos llegan informes de
transacciones fraudulentas, asesinatos y crímenes de toda clase. La iniquidad se
está convirtiendo en un asunto tan común que ya no sacude los sentidos como
en un tiempo lo hacía.
Estas son las señales de los tiempos del fin y si alguno desea estar
preparado, el tiempo es ahora. No importa lo que ha de venir, lo importante es estar
listos para el retorno de Cristo. Una añeja canción versaba así:
 Nada sé sobre el futuro,
 Desconozco lo que habrá,
 Es probable que en las nubes,
 Mi luz venga a opacar.
 Nada temo del futuro,
 Pues Jesús, conmigo está,
 Yo le sigo decidido,
 Pues él sabe lo que habrá.
No importa lo que haya de venir, importa estar listo. Si el cielo se desploma prefiero
creer y saber que Cristo volverá y tener una relación salvadora con él, que saber
cuándo se caerá el cielo.