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Las Hermanas Daventry 03 –Kimberley Logan

SEDUCED BY SIN

SEDUCIDO POR EL PECADO

Un libertino baile, repleto de las más mezquinas sabandijas, no es lugar para la decente joven que tanto
me he esforzado en ser. Pero si quiero eludir el vergonzoso escándalo de mi madre que condujo a su
asesinato aún sin resolver... Yo, lady Maura Daventry, debo estar dispuesta a buscar en todas partes la
verdad sobre su asesino. Pero jamás esperé que me encontraría con el mismísimo diablo en persona: el
conde de Hawksley, un perverso y carismático granuja que siempre da pábulo a las lenguas de doble
filo con su afición a acosarse con mujeres casas por todo Londres... y cuyo padre fue el sospecho
principal en el asesinato de su amante casas: mi madre.

Pero nuevas pruebas parecen indicar que es otro culpable el responsable, y el único hombre que se
ofrece a ayudarme en mi búsqueda es el peligrosamente seductor Hawksley, quien, ¡vaya por Dios!, me
resulta más fascinante con cada hora que pasa.

Había oído las historias de sus grandiosas indiscreciones. Pero jamás soñé con convertirme en una de
ellas.

¿Qué mujer podría resistirse a un apasionado protector como Royce Grenville, el vizconde
Stonehurst? Sin duda, no yo, lady Aimee Daventry. Diez años atrás, fuíla única testigo del
escandaloso asesinato de mi madre. Ahora, el recuerdo de aquel aciago día comienza a perseguirme
en sueños. Y sólo yo puedo al fin conducir al demonio ante la justicia... si es que él no me
encuentra primero. Con mi vida en grave peligro, Royce está muy dispuesto a vigilarme.

Era yo una niña la primera vez que vi a Royce. Incluso entonces, me sentí atraída por él, aunque él
regresó de la guerra guardando oscuros secretos. He jurado que nada me impedirá vengar a mi
madre... pero el deseo que siento por el devastadoramente apuesto Royce está fuera de mi control,
¿cómo puedo resistirme a la seducción perfecta?
Contenido

Prólogo.............................................................3

Capítulo1…………………………..…………..8

Capítulo 2…………………………..…….…..24

Capítulo 3………………………………...…..38

Capítulo 4……………………….………..…..51

Capítulo 5………………………………...…..61

Capítulo 6…………………………………….72

Capítulo 7…………………………………….81

Capítulo 8……………………………………103

Capítulo 9……………………………………119

Capítulo 10……………………………….….133

Capítulo 11…………………………………..153

Capítulo 12…………………………………..167

Capítulo 13…………………………………..179

Capítulo 14…………………………………..200

Capítulo 15…………………………………..214

Capítulo 16…………………………………..219

Capítulo 17…………………………………..235

Capítulo 18…………………………………..248

Capítulo 19…………………………………..262

Capítulo 20…………………………………..279

Capítulo 21…………………………………..290

Capítulo 22…………………………………..311

Capítulo 23…………………………………..
Agradecimientos

Para Ann, Kathy, y Jan, que estuvieron allí desde el principio. Gracias por mostrarme el camino.

Y Steven, Kailee, Kurt, y Ryan, pues siempre me dan algo para sonreír, justo cuando más lo necesito.
Prólogo

Londres, 1823

Todo comenzó con un sueño. Para Lady Aimee Daventry no había nada raro en eso, en sí mismo. De
hecho, en los diez años transcurridos desde la noche del asesinato de su madre, había crecido
acostumbrada a las pesadillas violentas que tan a menudo plagaban su sueño. Y éste había comenzado
en la misma forma que todos los demás.

Ella tenía nueve años de nuevo, y se quedó en la oscuridad, el primer piso del pasillo de la casa
Albright de la ciudad, se había levantado de su cama sin saber por qué. Sus zapatillas heladas, se
arrastraban por el corredor alfombrado, iba con los brazos envueltos alrededor de sí misma para
protegerse del frío que se filtraba a través de la tela de su camisón, escuchaba con temor los frenéticos
susurros que llegaban al pasillo desde la biblioteca, justo delante.

Una de las voces pertenecía a su madre, la marquesa de Albright. El otro era un rumor áspero y
masculino que Aimee no reconoció. Por alguna razón, el sonido fue suficiente para enviar un
escalofrío de inquietud hasta su columna vertebral.

¿Quién podría estar hablando con mamá a esta hora?

Aunque ella forzaba sus oídos, no podía entender lo que decían por encima del rugido del trueno del
exterior. Por eso, avanzó paso a paso con las piernas inestables hasta que la puerta de la habitación se
alzaba frente a ella. Se había quedado ligeramente abierta, y una delgada franja de luz se derramaba a
través de la grieta.

Hubo un murmullo ininteligible desde el interior, seguido de un sollozo sofocado.

¿Mamá estaba llorando?

La posibilidad horrorizó a Aimee, y se acercó con la intención de abrir del todo la puerta y correr en
la defensa de su madre. Pero algo la detuvo en mitad del movimiento, con los dedos alrededor del
pomo de la puerta.

Su instinto le gritaba, le advertía en términos muy claros que si entraba en esa habitación, su vida
cambiaría para siempre.

De la nada, una ola de miedo inundó su corazón y alcanzó su garganta. Logró superarla, y dar un
pequeño empujón a la puerta, ampliando la apertura lo suficiente para poder mirar al interior de la
habitación. Al débil resplandor de una lámpara, pudo ver a madre de pie junto al escritorio de caoba
de su padre, todavía vestida con el traje de seda roja que había llevado al baile Briarwood esa misma
noche, aunque su negro pelo de marta había comenzado a desmoronarse en cascadas de elegantes
rizos, desde su moño.
Su hermoso rostro arrasado por las lágrimas, miraba hacia las puertas francesas que habían sido
abiertas a la noche por la tormenta, la barbilla levantada, desafiante y con el brazo extendido ante
ella, la palma hacia afuera, como si intentara contener al hombre que apareció en el umbral de su
vista.

El hombre que tenía el cañón reluciente de una pistola apuntando a su cabeza.

El brillante destello de un relámpago iluminó la biblioteca, penetrando en las sombras que envolvían
su rostro y revelando un rostro contraído en una máscara de odio.

"Me temo que sus súplicas caen en oídos sordos, milady", le decía con la suavidad de un depredador.

"Esta noche es tu noche para morir".

Fue demasiado para Aimee. La aterradora declaración del extraño, junto con la visión del arma de
fuego y su expresión malévola, fue suficiente para bloquear su mente.

El suelo se desplazó hacia ella, con su mente en blanco y su visión borrosa, seguida de un revoltijo de
imágenes desconcertantes que no podía enfocar. Un telón negro descendió junto al sonido de un
disparo, y ella no supo más.

Cuando finalmente recuperó la conciencia, estaba arrodillada en el suelo al lado de la mesa sin
recordar cómo había llegado allí, mirando aturdida, como una mancha de sangre carmesí avanzaba
desde la cabeza de su madre manchando la alfombra. Las puertas francesas se mecían con las ráfagas
de lluvia, el olor a aire que se arremolinaba en la habitación, pero el hombre había desaparecido.

Ahogando un sollozo, miró el rostro de Lady Albright, en busca de alguna señal de vida. No había
nada. No había subidas y bajadas del pecho con la respiración, no había aleteo de pestañas. Ninguna
chispa de vida. Su madre había muerto, y la agonía de Aimee al comprenderlo fue asombrosa.

Fue en ese momento cuando los ojos vidriosos de la marquesa inesperadamente parpadearon. Aimee
gritó, retrocediendo asustada para apoyarse en el escritorio. Cuando la mirada de color ámbar, se
centró en ella quemándola e inmovilizándola. Y mientras que el resto de su cuerpo permanecía rígido e
inmóvil, lady Albright alzó una mano pálida y señaló con un dedo acusador a su hija.

"¡Tú!" La palabra salió de entre sus labios, salpicando sangre, una mezcla hirviente de dolor y
desesperación. "¿Por qué continúa escondiéndose de lo que debe recordar?

Todos ellos creen que se acabó, pero tú sabes la verdad. "Su dedo se estremeció, y una sola lágrima,
cristalina se deslizó por su mejilla." Debes escucharme. No ha terminado. Nunca terminará hasta que
lo recuerdes todo..."

Con esa escalofriante declaración resonando en sus oídos, Aimee se despertó en la oscuridad de su
dormitorio, el recuerdo de la expresión de condena de su madre estampada en su conciencia como una
marca.

Pasó un largo tiempo antes de que fuera capaz de dormir de nuevo.


Capítulo 1

"Ella es hermosa, Maura".

Sosteniendo el paquete rosa envuelto en sus brazos cerca de su pecho, Aimee levantó una esquina de la
manta con una mano reverente para que pudiera mirar hacia abajo a la cara roja y arrugada de su
sobrina recién nacida. Los ojos azules miraban hacia ella con somnolienta curiosidad, y los labios
fruncidos como un capullo de rosa, antes de los tres meses de edad, Fiona Elisa Sutcliffe bostezó y se
quedó dormida con su pequeño puño enroscado sobre el dedo de su tía.

Aimee sintió que su corazón era atrapado por ese confiado gesto, y sonreía de placer cuando se volvió
hacia su hermana, que estaba sentada en el banco del jardín a su lado.

"De hecho", continuó, teniendo cuidado de mantener su tono de voz al nivel de un susurro: "Yo creo
que has sido bendecida con un bebé perfecto."

Su rostro se iluminó con orgullo maternal, Maura Sutcliffe, condesa de Hawksley, miró amorosa a su
hija dormida. "Ciertamente me gusta pensar que así es. Pero entonces, recuerdo haber dicho
exactamente lo mismo acerca de Thane y Roderick cuando ellos nacieron."

"Y yo sentía cada una de esas palabras." Aimee echó una mirada en dirección sus pelirrojos sobrinos,
que estaban muy ocupados jugando cerca, con un regimiento de soldados de juguete a la sombra de un
olmo. "Yo no creo que nadie pueda argumentar que Thane y Roddy no sean unos niños realmente
excepcionales.”

Un resoplido poco elegante vino de la figura sentada en el banco frente a ellos. "Si excepcional
significa rebelde, terco, y completamente incorregible, entonces me temo que me veo obligada a estar
de acuerdo." El mayor del trío de hermanas, Jillian Daventry Monroe, sacudió la cabeza con una mueca
triste. "Mis hijos llevan a sus niñera al borde de la renuncia de forma regular, e incluso Connor parece
incapaz de frenarlos. Me temo que estoy dispuesta a declararme una candidata adecuada para Bedlam".

( N del T: Bedlam institución psiquiatrica)

Su exasperada confesión, provocó una suave risa en Aimee y Maura, que estaban familiarizadas con el
temperamento testarudo de ambos gemelos.

Fue un día de septiembre inusualmente agradable en Londres, y los tres estaban sentados en el jardín de
la residencia que acaba de adquirir Jillian, en Berkeley Square, aprovechando los momentos de paz,
para disfrutar de una charla fraternal. Aimee había estado esperando esta visita desde que había
recibido la invitación de Jilly a tomar el té esa misma mañana, y con el alegre sol de la radiante tarde,
cayendo sobre ella, bañándola con su reconfortante calor, los sueños oscuros que le había perseguido
durante los últimos quince días de repente, se sentían muy lejos.

Pero había prometido que no iba a pensar en eso hoy. Hoy, no. Así que apartó las visiones que
danzaban burlonas por su cabeza y se enfrentó a sus hermanas, una vez más.
"Me imagino que es natural que los niños de la edad de Thane y de Roddy, se porten un poco mal de
vez en cuando", dijo ella en leal defensa de sus sobrinos. Había compartido siempre un estrecho
vínculo con los chicos y generalmente encontraba sus travesuras más graciosas que desalentadoras. "Y
son mucho más curiosos y alegres que la mayoría de los niños de tres años".

Maura enarcó una ceja. "También están muy mimados, gracias en parte a su tía Aimee".

Inclinando la cabeza, Aimee centró su atención en el bebé acurrucado en sus brazos. La visión de los
pequeños dedos agarrándola la llenó de una salvaje añoranza, haciéndola más consciente que nunca de
la dolorosa sensación de vacío que parecía haberse convertido en su compañera constante en los
últimos tiempos.

"Tal vez he sido demasiado indulgente", admitió. "Pero como es poco probable que alguna vez tenga un
marido y mis propios hijos, os aseguro que tengo derecho a adorar a mi sobrina y sobrinos de vez en
cuando."

Sus palabras fueron seguidas por un silencio cargado de tensión, y levantó la vista justo a tiempo para
ver el intercambio de veladas miradas entre sus hermanas.

Caramba! Tendría que haberse mordido la lengua antes de hacer ese comentario. Ella sabía que los
miembros de su familia siempre la habían protegido, y que ésto no había cambiado con el paso de los
años. Recientemente, había comprobado que todos la miraban con ansiedad cuando ella mencionaba su
estado de soltería, casi como si esperaran que ella se postrara a sus pies, llorando y gimiendo en la
miseria más abyecta debido a su lamentable falta de perspectivas.

Lo que no sabían que hacía mucho tiempo que se resignó a su suerte en solitario. "Me gustaría que no
os comportarais, como si acababa de anunciar que estoy sufriendo de alguna enfermedad rara y fatal, y
esperan expirar mi último aliento en cualquier momento", dijo con ironía. "No es tan terrible como
eso."

"No puedo evitarlo, mi amor." Jillian frunció el ceño, sin hacer ningún intento de ocultar su angustia.
"Nos preocupa cuando dices esas cosas. Después de todo, no eres una solterona de mediana edad, sin
posibilidad alguna de dejar de serlo. Eres joven, sin embargo, sólo diecinueve años, y te mereces tener
una familia propia algún día. "

Pretendiendo ocuparse de la tarea de meter la manta de lana más cómodamente bajo los pies de Fiona,
Aimee se encogió de hombros ligeramente, adoptando un aire de indiferencia, que estaba lejos de
sentir. "Supongo que algunas cosas simplemente no están destinadas a ocurrir."

"Tonterías". Esta afirmación inequívoca, vino de Maura, que se cruzó de brazos y miró a su hermana
menor con una astucia que era desconcertante. "Eso es algo que te dices a tí misma, por que te resulta
más fácil continuar haciendo lo que siempre has hecho, ocultarte entre las paredes de la casa de la
ciudad de papá."
"No me estoy escondiendo" Protestó vehemente Aimee, con su sobrina removiéndose inquieta en la
parte interior del codo, y hizo una pausa, esperando para asegurarse de que la niña había vuelto a
dormirse, antes de continuar con una voz mucho más tranquila. "Yo no lo hago

Maura entrecerró sus azules ojos. "¿No lo haces? Te pasas los días con la nariz metida en un libro, y
rara vez te aventuras a menos que sea para hacer una visita a Jilly o a mí. Y cada vez que se te ha dado
la oportunidad de cambiar tus circunstancias, le has dado la espalda. Estoy segura de que no es
necesario recordarte la oferta de papá para ofrecerte una temporada el año en que cumpliste los
dieciocho. Te negaste en términos muy claros ".

"Sí, y no me he arrepentido de esa decisión ni un instante." Aimee se estremeció, incapaz de ocultar su


disgusto. "¿Podéis imaginarme, mezclándome con los miembros de la aristocracia de la sociedad de
Londres, asistiendo a bailes y cenas y veladas musicales? No tengo idea de cómo ser ingeniosa o
encantadora, o cómo hacer para coquetear con los caballeros como hacen las jóvenes de mi edad.."

Habría terminado como los pobres alhelíes, que se ciernen lamentables, sobre los bordes de la
habitación, olvidados y miserables. "

Sólo imaginar el escenario que había descrito era suficiente para revolver su estómago.

Es cierto que nunca había sido una criatura muy sociable, y que a menudo deseaba ser más como sus
hermanas mayores, sin temores. Tanto la valentía independiente de Jillian y la regiamente sofisticada
Maura, habían heredado la pelinegra belleza y la fuerte voluntad de su madre, la famosa actriz de
teatro Elisa Marchand Daventry, la marquesa de Albright, y era muy dudoso que ninguna de ellas
supiera lo que era ser gobernada por la timidez o la incertidumbre.

Aimee, por otro lado, era consciente de que no poseía ninguno de los atributos que hacían a sus
hermanas tan sorprendentes. Pequeña de estatura, con cabello de un tono marrón y sin complicaciones,
ella era la hermana Daventry normal. La aburrida e insípida, cuya única pretensión de auténtico
atractivo eran un par de grandes ojos color ámbar demasiado grandes para su cara de duende.

Un ratón en más de un sentido.

Como si le leyera la mente, Jillian se inclinó hacia adelante y llegó a poner una mano en su brazo. "Te
das poco valor a tí misma, ya sabes. Estoy segura de que lo hubieras manejado todo mejor de lo que
piensas."

Aimee negó con la cabeza. "Tú sabes lo terriblemente tímida que soy, Jilly. Ya de niña, tenía esa
tendencia a congelarme y retirarme cuando una situación me intimidaba. Así he sido siempre.
"Desde..."

Se interrumpió, mordiéndose el labio inferior, pero no había necesidad de que terminara la frase. Todas
sabían lo que había estado a punto de decir.

Desde la noche que había presenciado el asesinato de su madre y la habían encontrado agachada al lado
del cuerpo, todo recuerdo del incidente, se había borrado de su mente.
Hasta hacía cinco años, todo Londres había creído que la escandalosa Lady Albright, había sido
asesinada por su amante casado, el conde Hawksley, antes de que él volviera el arma contra sí mismo.
Habían sido Maura y el hijo del difunto conde, quienes habían descubierto la verdad: que Hawksley
había sido culpado por el crimen de un hombre que había estado secretamente obsesionado con la
marquesa.

Jillian y Maura, intercambiaron una mirada de preocupación, antes de dirigirse a Aimee, una vez más.

"Cariño, ya sé que la muerte de mamá es muy dura de enfrentar. Fue difícil para todos nosotros, pero tu
eras sólo una niña cuando ocurrió. Después de las cosas horribles que debiste haber visto esa noche ..."

Sus ojos color ámbar estaban húmedos tras los cristales de sus gafas, hizo un alto y dejó un rastro de
voz en sordina, obviamente, no pudo terminar.

"Lo que estamos tratando de decir", aventuró Maura después de un momento incómodo, retomando lo
que su hermana mayor había dejado, "es que sería perfectamente comprensible si tuvieras dificultades
para superar ésto. Sin embargo, han pasado cinco años desde que el verdadero asesino de mamá fue
llevado ante la justicia. Cinco años desde que Lord Stratton confesó y se aclaró la inocencia del difunto
padre de mi esposo. El hombre está muerto y desaparecido, y todos hemos seguido adelante con
nuestras vidas. ¿No crees que es el momento de que puedas hacer lo mismo? "

Aimee sintió que su corazón latía dolorosamente en su pecho. ¿Cómo iba a superarlo cuando aún había
tanto que no podía recordar? Su médico había afirmado que su pérdida de memoria, en relación con los
acontecimientos de esa noche era la forma en que su mente, se protegía del trauma de lo que había
ocurrido, y tal vez fuera así. Ahora que era mayor, sin embargo, encontraba a su incapacidad para
recordar un obstáculo frustrante.

"Ojalá fuera tan fácil para mí", murmuró en voz alta. "Pero mientras mi memoria esté tan lleno de
agujeros, no sé que si posible para mí para dejarlo pasar."

"El médico dijo que los recuerdos pueden perderse para siempre", indicó Jillian con cuidado.

"Eso es algo que puedes tener que aprender a aceptar."

Pero ¿ y lo que sí estoy empezando a recordar?

El pensamiento cruzó por la mente de Aimee, convocando sucesivamente imágenes brutales del cuerpo
de su madre tendida en el suelo, la cabeza rodeada por un charco de sangre.

Debes escuchar. No ha terminado. Nunca se acabará hasta que recuerdes todo....

La voz de mamá se hizo eco en su cabeza, provocando un escalofrío por la espalda. Habían pasado
años desde que tuvo la primera de esa pesadilla, y nunca mientras estuvo viva había tenido
presentimientos. Sin embargo, aunque en parte estaba tentada en confiar en sus hermanas, como lo
había hecho desde que era niña, se resistía a la tentación. No había ninguna razón para molestarlas por
una pesadilla tonta, y ya no era una niña asustada que necesitaba a alguien para que librara las batallas
por ella. Incluso cuando a veces se sentía como tal.
Jillian Todavía estaba hablando, completamente ajena a la preocupación de su joven hermana.

"Cariño, tienes que reconocer que no puedes seguir así. Si tan sólo hicieras un esfuerzo para extender
tus alas un poco. Tal vez si te acompañáramos una de nosotras, en algún evento social ocasional y nos
permitieras presentarte a un apuesto caballero o dos "

"¿Con qué fin, Jilly?" Aimee cortó desanimada. "Incluso si pudiera dejar a un lado mis inseguridades,
nunca voy a ser la reina de la temporada. Soy simple, no soy el tipo de mujer que hace girar la cabeza a
los hombres o encenderlos de pasión. ¿Por qué molestarse cuando todo me parece un ejercicio inútil? "

"¿Cómo puedes saberlo si nunca lo has intentado?" Maura le dirigió una mirada reprobatoria.
"Rechazas la compañía masculina, como si fueran una plaga. Si recuerdas, me ofrecí a invitar a varios
de los conocidos más elegibles de Hawksley a la cena de esta noche, pero rechazaste la idea, sin
dudarlo un segundo."

Aimee se puso tensa. La cena de Maura, se acercaba rápidamente era justo una cosa en la que no quería
pensar, porque lo había estado temiendo durante semanas. Después de las noches pasadas en su
dormitorio, luchando contra sus pesadillas en lugar de dormir, estaba demasiado agotada para hacer
frente a la responsabilidad de mantener una pequeña charla amable con un grupo de pretendientes. La
simple contemplación de la idea fue suficiente para provocarle un dolor de cabeza punzante en las
sienes.

"No creo que me creyeras si te digo que me siento un poco indispuesta y no podré asistir." Miró a
Maura esperanzada.

"No creo que lo hiciera, y estaría muy enojada contigo, en caso de que intentes engañarme con una
excusa tan pobre."

Como si se despertara por el tono de Maura, Fiona escogió ese momento para dar un grito enojado, al
tiempo que Monroe, el mayordomo de la familia, salía a la terraza para anunciar que lord Hawksley
había llegado para acompañar a su esposa a casa.

"Parece que tu marido está sincronizado "dijo Aimee con una sonrisa, dando un beso en la mejilla
suave de su sobrina, antes de entregar el bebé a su madre. "Me temo que este pequeña ya me ha
soportado bastante."

"Yo sospecho que es muy consciente de que se acerca su hora de comer." Maura se levantó, poniendo a
su hija sobre el hombro. levantando a su hija de alta en su hombro. "Por mucho que sienta acabar con
esta corta visita, tengo que irme."

No quiero hacer esperar a Hawksley, ya lo tendrá que hacer esta noche." En medio de risas y abrazos,
las tres se despidieron, y Maura se dirigió hacia su casa, Fiona se había dormido de nuevo en sus
brazos. Cuando desapareció de su vista, Aimee se volvió y vio a Jillian mirarla.

"Tu puedes pensar que has logrado distraerme, joven", dijo su hermana mayor con severidad ", pero no
he olvidado lo que estábamos discutiendo."
"No hay nada que discutir." Maldiciendo la tenacidad de su hermana, Aimee evitó su mirada perspicaz,
centrándose en los gemelos. Después de haber abandonado sus soldados de juguete, los dos estaban
persiguiendo un gatito blanco y negro que había llegado al jardín para investigar el césped alrededor
del olmo. "Me pondré un bonito traje y desfilaré frente a todos los solteros de Londres, pero siempre
seré la hermana Daventry que nadie nota ni le importa."

"La única razón de que nadie se de cuenta, es que te escondes detrás de las barreras de protección que
has construido para mantenerlos a distancia. Pero tarde o temprano, cariño, tienes que aprender a
confiar en la gente lo suficiente como para dejarlos entrar"

Las palabras de Jillian, impedían tragar a Aimee. Era mucho más fácil decirlo que hacerlo, pensó
tristemente. Una vez que había cometido el error de bajar la guardia, de abrir su corazón a otra persona,
sólo para ser humillada y devastada por la experiencia.

De la nada, su mente evocó una imagen de un rostro fuerte, masculino, enmarcado por una melena
hirsuta de pelo oscuro. Los ojos gris pizarra, quemaban con melancólica intensidad, inquietantes, bajo
un par de cejas altas, y una piel pálida, con una cicatriz desigual que iba desde la sien hasta la cuadrada
mandíbula, dividiendo en dos la esquina de la boca firmemente cincelada. Era un rostro anguloso,
tallado con dureza, magnético en su atractivo y guapo aún a pesar de la imperfección de esa única
marca irregular.

La imagen aceleró el pulso de Aimee, pero la rechazó con fuerza. No tenía ganas de pensar en él ahora
mismo. Cualquiera de las infantiles esperanzas que había albergado una vez, cualquier emoción que
hubiera inspirado dentro de ella, las había enterrado hacía mucho tiempo. ¿Por qué se fijó en un
hombre que había dejado claro que nunca sería el tipo de mujer que él quería.

¿Y quién podía culparlo por eso? , se preguntó, con los hombros caídos. Después de todo, ¿qué
caballero con un mínimo de sentido, estaría interesado en atarse con un ratón, tan aburrida y con tan
pocas cualidades?

Una brisa fría de repente flotó sobre su mejilla, revolviendo los zarcillos de cabello en las sienes, y se
abrazó para evitar un escalofrío, finalmente encontró con la mirada de su hermana. "No todas las
mujeres están hechas para el matrimonio y la maternidad. Tan feliz como eres con Connor, no puedes
negar que antes disfrutaste siendo una mujer independiente. ¿No puedes entender que sea feliz sin un
maridos?"

El rostro de Jillian se suavizó. "Por supuesto que sí. Pero tienes mucho amor dentro de ti para dar,
cariño. ¡Sería tan terrible que te quedaras sola, sin nadie a quien dárselo?"

Con ojos borrosos por las lágrimas, Aimee puso los puños en su regazo. Las palabras de su hermana, la
golpearon como flechas, hundiendose directamente en el corazón de los sueños de infancia que había
acariciado en secreto. "No es tan terrible, no", susurró. "Pero algunas personas están mejor solas."

"Ahora hablas como tía Olivia."


"Tal vez, en este caso, la tía Olivia tenía razón".

"La tía Olivia es una mujer muy infeliz que no sabe cómo vivir sin hacer infelices a otros también ",
dijo Jillian con firmeza, tenía una opinión poco favorable de la hermana soltera de su padre, que
demostraba en la tensión de su mandíbula."Y no lleva razón. No en ésto. "

Poniéndose en pie, se arrodilló junto a Aimee y cubrió las manos de su hermana menor con la suya. "Ya
lo verás. Hablo por experiencia cuando digo que el hombre perfecto para ti aparecerá justo cuando
menos te lo esperas, y no podrás mantener tus palabras."

"Eso es muy romántico, Jilly, pero no es muy práctico", dijo Aimee, en su voz se reflejaba su
escepticismo.

"Nadie dijo nunca que el amor era práctico, cariño." Y tras hablar, Jillian dio a Aimee un apretón rápido
de manos y se enderezó. "Ahora bien, si no te importa vigilar a Thane y Roddy por un tiempo, tengo
algunas cosas que atender antes de que Connor regrese a casa. Pero quiero que pienses en lo que he
dicho mientras no estoy. Te mereces amor y felicidad tanto como Maura y yo, y no debes dejar que
nadie te convenza de lo contrario ".

Aimee esperó hasta que su hermana desapareció por el sendero antes de lanzar un suspiro cansado y
dejar caer sus pestañas. ¡ Cómo ansiaba creer en las garantías de Jillian !. Creer que todavía había una
posibilidad de un "vivieron felices para siempre" para ella. Pero su maltratado corazón aún no se había
recuperado de la última vez que había tratado de llegar a alguien, y la sola idea de correr el riesgo de
sufrir nuevamente el mismo tipo de dolor y desilusión la paralizada de miedo.

"¿Tía Mee?"

La voz inquisitiva la sacó de sus reflexiones, y abrió los ojos para encontrarse con las miradas curiosas
de sus sobrinos. Estaban de pie delante de ella, sus rostros idénticos manchados y su despeinada cabeza
roja inclinada hacia un lado mientras la miraban.

Uno de ellos, que posiblemente fuera Roddy, que solía hablar más que su gemelo, se pasó un regordete
dedo por su nariz y arrugando el ceño preguntó ¿te estás durmiendo?

La pregunta la hizo reir, a pesar de su estado de ánimo sombrío. "No, cariño. Estaba descansando los
ojos."

"Oh." Se detuvo un segundo, como si le diera vueltas a su respuesta, luego se sentó en el banco para
apoderarse de su muñeca. "Pero no puedes descansar los ojos ahora. Necesitamos tu ayuda."

"Mi ayuda" ¿con qué? "

"Kitty se subió al árbol, y no va a bajar." Esto vino de Thane, que dio un paso para acercarse a ella, con
una expresión de mal humor.
Aimee, estiró el cuello, entrecerró los ojos hacia las ramas más altas del olmo. Allí, apenas podía
distinguir un descontento rostro felino asomando entre el follaje, los bigotes contorsiones de
indignación. "¿Y por qué el gatito hizo una cosa así?"

"Roddy tiró de su cola. Muy, muy fuerte."

"En ese caso, quizás sería mejor que el gatito se quedara en el árbol."

"¡No!" Roddy respuesta fue contundente, y marcó su exclamación con otro tirón en el brazo.
"Queremos jugar él. ¿ Por favor, tía Mee?"

Y no parecía que nadie pudiera rechazar a esos dos pícaros, pensó con tristeza.

Poniéndose en pie, se alisó la falda de su vestido de día de color beige y se enfrentó a los niños con su
más severa mirada.

"Muy bien. Pero debéis prometerme que veia a ser buenos con el gato y no tirarle de la cola de nuevo."

"Lo prometemos, tía Mee".

El inocente tono de Roddy no la engañó, especialmente cuando vió la poco sutil mirada que
intercambió con su hermano, que se rió, antes de poner una mano sobre su boca para ahogar el sonido.
Ella no les hizo caso, sin embargo, y se puso al lado de la base del árbol, mientras trataba de decidir la
mejor forma de abordar el problema.

Pronto quedó claro que el gatito no se atrevería a bajar de las ramas del olmo en respuesta a su
persuasión, no estaba dispuesto a cooperar más. Especialmente cuando sus dos verdugos estaban aún
allí, saltando exuberantes al lado de Aimee. El animal enterró sus garras en la rama justo por encima de
la cabeza y se negó a moverse, con la pelambre erizada.

Obviamente, se necesitaban medidas más drásticas.

Aimee arrugó la nariz, lejos de saborear la tarea que le esperaba. Habían pasado años desde que había
subido a un árbol, y no iba vestida precisamente para la actividad. A pesar de que suponía que podría
avisar a un criado para hacer el trabajo, no tenía ningún deseo de distraerlos de su trabajo para esas
tonterías.

Por lo tanto, levantando los hombros, envolvió sus manos alrededor de la rama, para conseguir un
buen agarre antes de poner un pie contra el tronco del árbol. Luego, se levantó. Fue un proceso lento y
arduo, y la falda le impedía el progreso en cada paso del camino mientras sus pies peleaban contra la
corteza áspera, pero finalmente logró subir tan alto, que podía sentarse a horcajadas sobre la rama.

Fue en ese momento, sin embargo, cuando ocurrió el desastre.

El gatito, ofendido por la repentina aparición de Aimee en la rama que se alzó, dejó escapar un aullido
y le arañó la mano con sus garras. Esto fue suficiente para asustarla y aflojando el agarre se deslizó
hacia un lado, cayendo hacia el suelo con un grito de pánico.
Sólo para ser capturada por un par de brazos cálidos y fuertes.

Aturdida y sin aliento, Aimee se tomó un segundo para recuperar el equilibrio, apenas podía contener el
impulso deponer una mueca de dolor ante la imagen desaliñada sabía que debía mostrar. Se esforó por
encontrar las palabras para explicar su embarazosa situación, incluso mientras retiraba los rizos de sus
ojos. Sin embargo, cualquier explicación que pudiera haber dado voló de su cabeza cuando miró a su
salvador y se encontró mirando fijamente la cara del hombre que poco antes habían echado con tanta
fuerza de sus pensamientos.

Royce Grenville, el Vizconde Stonehurst.

Capítulo 2

El corazón se le subió a la garganta, Aimee estaba profundamente horrorizada ante el hombre que la
sujetaba, incapaz de creer que esto estaba sucediendo realmente. Se quedó muda, congelada por lo
inesperado de su aparición, cuando debería haber estado kilómetros de distancia, enclaustrado tras los
altos muros de la finca Cornwall, donde vivía en recluído.

¿Qué diablos estaba haciendo él aquí? ¿Y por qué tenía que presentarse ahora, justo a tiempo para
presenciar su humillante caída ?

Por lo que le pareció una eternidad, el silencio se extendió entre ellos. Entonces, el Señor Stonehurst
ladeó la cabeza, la miró con algo que le pareció a Aimee diversión, en sus habitualmente impasibles
ojos grises."Bueno," murmuró él, con su voz teñida de humor, lo que confirmaba sus sospechas de que
se estaba riendo de ella. "Creo que he capturado a un ratón".

Las risas de Thane y Roddy sacaron Aimee de su estupor, y una ola de color inundó sus mejillas.
Alzando una mano temblorosa, le dio a la sólida pared de su pecho un insistente empuje, los dedos le
hormiguearon desconcertantemente con el contacto.

"Por favor". Sonó poco más que un graznido, y tuvo que aclararse la garganta antes de que pudiera
intentarlo de nuevo. "Por favor, milord. Puede soltarme ahora".

Para su disgusto, el agarre Stonehurst sólo pareció apretarse, y arqueó una ceja, obviamente, no tenía
prisa por obedecerla. "Sabe", dijo arrastrando las palabras: "No estoy muy versado como algunos en lo
que se refiere a las costumbres de la buena sociedad, pero ¿no es habitual que una joven le dé las
gracias al caballero que acaba de rescatarla de una situación bastante grave y peligrosa? "

Todavía aturdida por el impacto de su presencia, a Aimee le costó un par de segundos registrar lo que
estaba diciendo. El olor almizclado de su piel y la sensación de sus brazos nervudos acunándola tan
estrechamente había confundido sus pensamientos hasta el punto de temer problemas para recordar su
propio nombre. Pero de alguna manera se las arregló para despejar lo suficiente la niebla que había
nublado sus sentidos, con el fin de responder.
"Le agradezco su intervención, Lord Stonehurst", aventuró, aliviada de dirigirse a él, sin que ningún
indicio traicionara la tensión que brotaba por debajo de su fachada, cuidadosamente compuesta. "A
pesar de que describir las circunstancias como " grave "y" peligroso "me parece un poco exagerado.
¿No le parece?"

Él se encogió de hombros negligentemente. "Tal vez. Supongo que depende de que vea o no vea los
moretones de su... orgullo como un asunto sin importancia."

Por su pausa significativa y la manera en que la miraba, Aimee dudó de que el orgullo fuera la palabra
que había tenido intención de utilizar. "Sí, bueno, mi orgullo está bastante intacto", le aseguró. "Y soy
perfectamente capaz de mantenerme de pie. Así que si usted fuera tan amable de bajarme, me sentiría
muy agradecida."

"Por supuesto, milady. Yo estoy siempre a sus órdenes."

Él la bajó sin más vacilaciones. Mientras lo hacía, sin embargo, Aimee no pudo dejar de notar la
ondulación de los músculos de los hombros y la espalda en el material superfino de su abrigo. Su
potencia y flexibilidad, la cautivaron, y por un instante se sintió tentada a pasar sus suaves palmas
sobre esa amplia extensión, para disfrutar de la tensa dureza y ... y ...

¡ Tuvo que refrenarse a ella misma ! Cielos, pero si unos pocos minutos en compañía del hombre y ya
estaba dejando que su mente vagara en una dirección peligrosa.

Necesitaba cierta distancia de su cercanía embriagadora, ella dio un paso inestable lejos de él tan
pronto como sus pies tocaron el suelo, luego miró en esa cara marcada con consternación. Todos los
rastros anteriores de levedad habían huido de su expresión, y permitió a su examen con un estoicismo
desconcertante.

Una figura alta e imponente, que se cernía sobre ella, en posición militar correcta. No había cambiado
en el año transcurrido desde que lo había visto, decidió. Las líneas alrededor de sus ojos y la boca tal
vez un poco más pronunciadas, y su pelo castaño oscuro era más largo. sus cabellos caían salvajes
sobre sus anchos hombros. Pero la belleza de los rasgos masculinos todavía tenía el poder para
mantenerla hechizada. El contraste entre el lado sano de su rostro y la cara marcada por la cicatriz,
lívido testimonio de su tiempo con la caballería inglesa, era sorprendente.

Aimee había conocido a Lord Stonehurst cinco años antes, en el matrimonio de Maura con su amigo, el
conde de Hawksley, y había estado fascinada por él desde el principio. Por debajo de ese exterior
taciturno, había sentido un dolor y una soledad, que coincidían con la suya, y que le había seguido
como un perrito sin amigos cada vez que había visitado a su padre. En su honor, había que decir que,
había sido sorprendentemente paciente con ella en su bruscas maneras, y una inocente amistad se había
formado.

Pero el año Aimee en que cumplió los dieciocho, todo había cambiado. Se había despertado una
mañana para darse cuenta de que su enamoramiento infantil con el vizconde se había convertido en
algo más potente, nuevas emociones habían despertado a la vida dentro de ella, dando origen a toda
clase de sueños de fantasía para el futuro, y ella había terminado arrojándole a la cabeza al hombre, sus
verdaderos sentimientos hacia él, como una tonta ingenua e impulsiva. Incluso ahora, podía recordar la
forma en que su expresión se había cerrado abruptamente. podía todavía oír su lejana respuesta a su
tímida confesión.

Pido disculpas si le he dado una impresión equivocada, milady, pero sería mejor que otorgara su afecto
a alguien que pueda corresponderle. Usted, tímida como un ratón pequeño que retrocede ante su propia
sombra, no pueder estar en absoluto interesada en mí.

Su rechazo le había herido profundamente, pero le había herido aún más ha sido la manera en que había
terminado su amistad y se había alejado de su vida. Sin despedirse, sin una palabra de explicación,
simplemente le volvió la espalda y se alejó. Y ahora aquí estaba él, ante ella una vez más, mirándola
hacia abajo de manera inescrutable, como si lo que había no pasado entre ellos nunca hubiera sucedido.

Había sido un poco boba al creer que alguien como él, pudiera nunca cuidar de alguien como ella,
pensó amargamente. Pero con todo lo que había sufrido, ella no tenía ninguna intención de dejarle
sentirse superior. Todo lo que tenía que hacer era mantener la calma, impávida y controlada, evitando
avergonzarse delante de él, aun más.

¿Por qué estás aquí ?

Espetó la pregunta antes de darse cuenta, sonó abrupta y alejada de una bienvenida. Aunque sus ojos se
estrecharon ante su desacostumbrada rudeza, Stonehurst no hizo ningún comentario. En su lugar,
simplemente se cruzó de brazos y la estudió atentamente. "Estuve en la ciudad atendiendo algunos
asuntos de negocios, así que decidí presentar mis respetos. He estado considerando hacer una inversión
en la empresa naviera Monroes, y pensé que este podría ser un buen momento para discutir el asunto
con él.

Ya - ya veo. Colocando los pliegues de su falda con dedos nerviosos y maldiciendo a sí misma
mentalmente, por permitir que él la alterara, Aimee lamió sus labios secos y evitó su mirada.

lo siento, Connor no está aquí ahora. Está todavía en la Oficina.

Así me informó el mayordomo. Le dije que yo no importaba esperar, porque tenía tiempo libre. El echó
un vistazo al jardín, antes de mirarla con inquietud: "pensaba que la Sra Monroe estaba aquí con los
niños".

Ella fue a atender algunos asuntos, pero estoy segura de que saldrá enseguida.

¡Hey!

La exclamación proveniente de uno de los gemelos, asustó a Aimee, que se agarró a la manga del
vizconde. Sus sobrinos habían estado tan tranquilos que casi había olvidado que estaban allí.

¿Nos ha traído caramelos? exigió saber el niño, saltando sobre sus pies expectante. ¿Eh? ¿Lo hiciste?

Thane!

Soy Roddy, tía Mee


Por supuesto lo eres. Sabía que su rostro ardía, que debía estar tan roja como una remolacha, Aimee
resistió las ganas de gemir con frustración. No solía equivocarse y echó la culpa de su error a la
presencia de Lord Stonehursts.

Cariño, sabes que es muy grosero hacer esas preguntas.

Pero él siempre nos trae caramelos.

El anuncio sorprendió a Aimee, aunque no estaba segura del porqué. Después de todo, sabía que había
viajado a Londres en alguna ocasión, y sospechaba que llegó a ver a Hawksley y Maura. Pero parecía
que su amistad con el esposo de Jillians se había estrechado lo suficientemente como para visitarles a
ellos también

. Al parecer, ella y su padre no habían sido considerados dignos de una visita, como de costumbre.
Extrañamente dolida por el desaire, vio como Stonehurst bajó una rodilla junto a Roddy, su gran
tamaño hacía parecer al niño mucho más pequeño. Lo siento , chico, dijo suavemente. Tenía un poco
que pensar hoy y no traje ningún caramelo. Lo haré la próxima vez, lo prometo.

Thane se unió a su hermano, mirando sin pestañear como si conociera ampliamente al vizconde. Usted
fue un soldado, gritó. Le oi decirlo a mi papá.

Sí, lo fui.

Stonehurst levantó una mano para palpar la cicatriz de manera ausente, y de repente su expresión se fue
muy lejos, casi como si se centrara en una visión interior que sólo él podía ver. Por un breve instante, la
sombra de algo oscuro y embrujado pasó sobre su expresión y sus ojos grises brillaron con una angustia
que fue tan cruda en su intensidad que Aimee se asustó.

Fui herido en batalla, sí, reconoció. Pero en verdad, chico, estaba herido mucho antes de la guerra.

¿Qué se suponía que quería decir ? Se preguntaba Aimee, curiosa. Incluso cuando habían compartido
un estrecho vínculo antes, el hombre siempre había sido frustrante críptico sobre su pasado. Ella había
escuchado sólo susurrantes rumores acerca de lo que le había llevado a su alejamiento de su difunto
padre y de su hermano, y solo era consciente de que había recibido la cicatriz en la batalla de Waterloo,
nunca le había confiado como se la había hecho. Cada vez que ella le había interrogado, se había
retirado y enfadado tanto, que nunca había sido capaz de forzar las respuestas.

Sintiendo una aguda empatía por su obvio tormento, decidió que era suficiente y dio un paso adelante,
señalando sus sobrinos.

¿Por qué no vais a jugar con kitty hasta que Papa llegue a casa? sugirió, les alejó del vizconde con un
leve movimiento. Estoy tan segura como que hay infierno, de que estará deseoso de ver a ambos
después de una larga jornada en las oficinas de la naviera.

Kitty corrió lejos cuando se cayó, tía Mee, le comunicó Roddy suavemente, plantado a sus pies y
mirándola con la misma testaruda inflexibilidad que con frecuencia mostraba su madre.
Por supuesto, kitty había corrido bien lejos. En este punto, Aimee casi deseaba poder unirse al animal.
Entonces ¿por qué no buscas a Mama y le dices que Lord Stonehurst está aquí para verla?

Con eso, una amplia sonrisa se extendió por las pecosas caras de los gemelos. Sí, tía Mee, corearon,
felices de tener un trabajo que hacer reemplazando su interés por el vizconde.

¿Y los soldados siempre mantienen sus promesas, no?

Sí, lo hacen. O al menos lo intentan.

Para no ser menos que su hermano, Roddy, empujó su pecho dándose importancia,. Mi papa dice que
los soldados luchan en la guerra. Deslizando un dedo por la roja cicatriz que le surcaba la mejilla al
vizconde, preguntó: ¿ fue herido en la batalla?

Stonehurst palpó con descuido su cicatriz, y su expresión súbitamente se hizo lejana, como si se
enfocara en una visión interna. Por un breve instante la sombra de algo oscuro y embrujado pasó por su
cara, e hizo que sus ojos grises brillaran con tanta angustia, que hizo que Aimee se conmoviera.

“Fui herido en la guerra, sí”, reconoció. “Pero la verdad, chico, es que me hirieron mucho antes de la
guerra”.

¿Qué se suponía que significaba eso? Se preguntó Aimee con curiosidad. Incluso en la época en la que
habían mantenido una relación estrecha, él siempre había sido frustrantemente críptico acerca de su
pasado. Ella había oído rumores sobre el distanciamiento con su padre y hermano mayor fallecidos, y
aunque sabía que la cicatriz procedía de la batalla de Waterloo, nunca le había confiado como se la
había hecho. Cuando le había preguntado se había tornado lejano y furioso, y nunca fue capaz de
arrancarle las respuestas. Sintiendo una estrecha empatía con su obvio tormento, decidió alejar de él, la
atención de sus sobrinos.

¿ Por qué no jugais con kitty hasta que papá vuelva a casa ?, sugirió, alejándolos del vizconde con un
gesto. “Estoy tan segura, como que existe el infierno, de que estaráencantado de veros después de un
largo día en la naviera ”.

Kitty se escapó corriendo cuando te caíste, tía Mee. Le dijo Roddy suavemente, plantado delante de
ella con la misma expresión que su madre mostraba a veces, de intratable testarudez.

Por supuesto que kitty se había alejado. En ese punto a Aimee, le hubiera gustado poder hacer lo mismo
que el animal. “Entonces, podríais buscar a mamá, y decirle que Lord Stonehurst está aquí para verla”.

Solo con eso, las pecosas caras de los gemelos, se llenaron con una amplia sonrisa, contentos de tener
un trabajo, que les alejaba de su atención por el vizconde. Empujándose mutuamente en su prisa,
salieron del jardín, cada uno decidido a ser el primero en dar a su madre la noticia.

Tan pronto como entraron en la casa, el vizconde dijo detrás de Aimee.

“Está bien. Sabes, no voy a engullirles”

Giró para enfrentarse a él, con las manos en las caderas. Espero que no, dijo con aspereza.
Después de todo, no significó ninguna ofensa. Ellos son sólo naturalmente curiosos.

Soy muy consciente de ello. Y a pesar de lo que pueda pensar, no suelo hacer que los niños corran tras
los gatos para entretenerme.

Aimee frunció su labio ante el poco sutil reproche. Lo sabía, por supuesto. Pero ciertamente no iba a
admitir que había estado preocupada, por si el sondeo de sus sobrinos le causaba dolor, mas que porque
el arremetiera contra ellos por sus preguntas.

Usted tiene razón, milord y me disculpo. Es sólo que nunca parecía querer hablar de su... lesión en el
pasado. ¿Que ha cambiado?

Poniéndose visiblemente rígido, giró sobre su talón, dándole la espalda y dejando caer la cabeza.
Cuando habló, tras un largo y penoso silencio, dijo con una voz fría que no dejaba lugar a la réplica:
No, nada ha cambiado.

Sintiendo que la decepción la embargaba, aimee elevó su mentón. Entonces quizás debamos pasar a un
tema diferente.

Él la miró sobre su hombro, la esquina de su boca alzada con burla. Excelente propuesta. Pongámonos
nuestras máscaras de urbanidad. ¿De qué podemos discutir? ¿El tiempo ? ¿La salud de su padre? ¿Tu?

Su comentario burlón alteró su temperamento, aunque logró frenarlo con un esfuerzo supremo de
voluntad. Agradable, bastante bien y muy bien, gracias.

El Vizconde rió en respuesta a las sucintas de Aimee y girando, cruzó la distancia que les separaba en
unos pasos, llegando a pararse ante ella. Muy cerca, se cernió sobre ella, tanto que podía oler su
embriagadora colonia. Como siempre la dejó sin equilibrio con las rodillas temblando.

¡Cómo somos de educados!. Su mirada inquietante no se separaba de su rostro, capturó su mano, pasó
su dedo sobre los arañazos que el gatito le había dejado en los nudillos antes. No necesitas mentirme.
No sucede muy a menudo, pero se cuando estás enojada. Con esos ojos de tigre tuyos, que
relampaguean encantadoramente y esa dulce boca como una ciruela. ¿Qué está mal, ratón?

Lo hizo. Elevándose a si misma furiosa, intentó liberarse. No me llame ratón, casi gritó.

AH. Parece que han crecido las garras en mi ausencia. Sabes, recuerdo un tiempo en el que te gustaba
que te llamara así.

Eso fue hace mucho tiempo. He cambiado.

No hace mucho tiempo. Pero quizás tengas razón y ya no te guste ratón. Me parece que me gusta gatito
igual. ¿Es más apropiado dadas las circunstancias, no crees?

Aimee se erizó y abrió su boca, totalmente preparada para responder como se merecía. Pero antes de
que pudiera decir nada, levantó una mano y toca su mejilla en una caricia de pluma, su pulgar sólo
rozando su labio inferior. Era como ser golpeada por un rayo, para cada músculo de su cuerpo se
sacudió con el contacto inesperado, y la reprimenda mordaz se congeló en la punta de su lengua.
Escupe y araña todo lo que quieras, pequeño gatito, murmuró, su boca curva casi seductora con su
cabeza doblada hacia ella, pero sé que me pierdes.

Tiempo parecía detenerse como sus miradas bloqueadas, sus labios tan juntos que Aimee podía sentir
su aliento de menta, cálido contra su piel. Seguramente tenía que interpretar erróneamente de lo que
estaba viendo en sus ojos. No podían ser remolinos de deseo en esas piscinas gris plateadas. No por un
simple ratoncito como ella....

En ese momento, una repentina ráfaga de viento azotó el jardín, revolviendo en sus faldas y
golpeándole abruptamente en sus sentidos. Ella vio la nariz Stonehursts enrojecerse, y se alejó un paso
de ella, dejando caer su mano. Perdón, milady, dijo bruscamente. Tenía una mota de polvo en su
mejilla.

Claro. Ella tragó, envolviendo sus brazos sobre su pecho, como si solo eso pudiera evitar que saltaran
en pedazos las costuras. Sabía que estaba equivocada. ¿No le había dado él, amplias pruebas de que no
debía sentir ninguna atracción por él?

Lord Stonehurst! ¡ Qué agradable sorpresa !

Con la interrupción, Aimee levantó la cabeza para ver a su hermana corriendo por el jardín hacia ellos,
sus labios curvados en una sonrisa de bienvenida.

Una vez más con una imagen de indolencia casual y comportándose como si nada hubiera ocurrido
nunca, Lord Stonehurst había aceptado la mano extendida de Jillians. Sra. Monroe. Estaba en la zona
y pensé que podría pasar para una corta visita.

¡ Qué amable, estoy segura de que Connor -- Buenos cielos, Aimee, ¿qué te has hecho?

La exclamación de Jillians hizo que Aimee empezara a colocar los mechones sueltos de su cabello
castaño, detrás de las orejas, mientras el pánico hacía correr ríos de adrenalina por sus venas.

¿Sabría su hermana que cerca había estado de perder la cabeza y lanzarse a sí misma una vez más a
este hombre? ¿Podía verlo en su cara? Mientras intentaba desesperadamente encontrar una manera de
explicar su comportamiento, Lord Stonehurst vino a su rescate. Su hermana estaba intentando liberar
un gatito varado en un árbol cuando llegué, señora Monroe, dijo, lanzando una mirada enigmática a
Aimee. El miedo lo tornó irritable, pero he conseguido parar su caída.

Bueno, no es de extrañar que parezca como si hubieras sido arrastrada a través de zarzas, querida.
Jillian sacudió su cabeza indulgentemente a Aimee. Realmente, no me puedo imaginar lo que estabas
pensando, trepando un árbol con uno de sus mejores vestidos de día.

Pareces asustada. Ella se volvió al vizconde. Como acabo de decirle, Lord Stonehurst, estoy segura de
que Connor estará feliz de que pasara, pero verdaderamente no lo espero hasta esta noche.

¿Esta noche ? las palabras hicieron eco en la cabeza de Aimee como una ominosa advertencia. ¿Qué
quieres decir?
Su hermana había pasado su brazo a través de ella, claramente encantada. Es correcto, e había olvidado
decírtelo. Lord Stonehurst se hospedará con Hawksley y Maura en los próximos días, mientras que
concluye su negocio en la ciudad, y como él no tiene otros planes, amablemente ha accedido a
complacernos con su presencia en la cena de esta noche. ¿No es una maravillosa noticia?.

Oh sí.... maravillosa noticia. Casi tan maravillosa como ser informada de que estaba a punto de
sumergirse en una cubeta de aceite en ebullición y luego embadurnada con un montón de plumas.

Aimee no sabía si reir o llorar cuando estudió la expresión ilegible del vizconde mientras Jillian
continuaba alegremente, inconsciente de la creciente alarma de su hermana. Esto tenía que ser su peor
pesadilla cobrando vida.

Ahora no sólo ella tendría que ponerse una máscara despreocupada y fingir que realmente disfrutaba de
una fiesta a la que no tenía ningún deseo de asistir, sino que tendría que averiguar la forma de estar en
la misma habitación con el hombre que más en el mundo quería evitar. Un hombre que todavía era
capaz de despertar las emociones que ella creía superadas hacía mucho tiempo. Definitivamente iba a
ser una noche muy difícil.

Capítulo 3

Con un bajo gruñido irritado, Royce Grenville, Vizconde Stonehurst, cambió su peso de un pie al otro,
dando un tirón de su corbata, intentando aliviar su constricción. El aire alrededor de él se estaba
volviendo más asfixiante y opresivo con cada momento que pasaba en esa tortura Infernal, y pensó que
deseaba, no por primera vez esa noche, estar en otra parte. Cualquier otra parte pero no aquí. Con su
frente surcada de un feroz enfado, observaba desde las sombras como el resto de la cena huéspedes
partido habían movido por el elegantemente amueblado salón de Lord y Lady Hawksleys, riendo y
charlando con evidente facilidad. A unos pocos metros de distancia, el duque de Maitland parecía estar
involucrado en una discusión con el Barón Bedford, mientras su

madrastra, la anciana duquesa viuda, estaba apostada en un sofá ante la chimenea, conversando de una
manera más animada con la ex actriz Violeta Lafleur.

No pertenezco aquí, pensaba Royce, volviendo a mirar la luna a través de un conjunto cercano de
puertas francesas. Con la excepción de Hawksley, Monroe y sus respectivas esposas, conocía
escasamente a los presentes, y sin poderlo evitar, se sentía como un elefante en una cacharrería, torpe y
fuera de lugar. Por supuesto, no era más que lo acostumbrado. Toda su vida se había sentido como un
paria que su padre había odiado y denostado, con una furia que normalmente se reserva para un
enemigo jurado. Su mutuo antagonismo había dado que hablar a la alta sociedad, y sólo había
aumentado la especulación cuando Royce retornó después de la guerra. Herido, cansados de la batalla y
ahogado en su culpa y su dolor, se había retirado de todo lo que una vez había conocido, convirtiéndose
en un recluso y una curiosidad para los miembros aristocráticas de la sociedad. En cuanto que era una
rareza odiada y envidiada, nunca se le dio completamente la bienvenida a su vuelta en sus filas.
En un gesto que nació de la costumbre, levantó la punta de un dedo, para trazar la línea que se extendía
a lo largo de su mejilla. Su tiempo con la caballería británica podría haberle dejado marcas físicas, pero
que había recibido sus cicatrices emocionales mucho antes de que incluso hubiera aceptado su
Comisión. Y la pesadilla de Waterloo finalmente había logrado destruir lo que quedaba de su alma,
dejándole una concha vacía de un hombre que estaba tan dañado que era dudoso que nunca volviera a
estar completo.

Maldito. Eso es lo que estaba. Maldito para vivir una vida aparte y solo para siempre. Había aprendido
de la amarga experiencia que nunca podría permitir que nadie pudiera llegar demasiado cerca de él,
cuando cometió el error de hacerlo siempre terminó sufriendo al final.

AH. Aquí estás, Stonehurst.

Le sacó de sus lucubraciones la voz aterciopelada, esperó para ver la figura alta y delgada de Gabriel
Sutcliffe, conde de Hawksley, dio unas zancadas hacia él, sosteniendo una copa de brandy en cada una
de sus cuidadas manos.

Debería heber sabido que te encontría aquí, al acecho en el fondo como el villano melancólico de
alguna novela melodramática, continuó el conde, parandose al lado de Royce y extendiéndole una de
las copas que llevaba, con una expresión oculta de mal humor.

Parece que podrías necesitar ésto.

Royce agradeció la oferta y tomó un sorbo jugoso del líquido ámbar, saboreando la quemadura lenta
que se abría camino hasta su estómago. Como siempre, la picadura del licor, restauraba una pequeña
fracción de su ecuanimidad.

Con un suave sonido, Hawksley bebió una porción de su propia bebida antes de inclinar la cabeza para
estudiar a Royce con cejas arqueadas. Impecablemente vestido con ropa de noche y con sus rizos
rubios ingeniosamente peinados, rebuscó al Ángel malvado que una vez todo Londres le habían
proclamado. Me corregirá si me equivoco, pero no creo que te hayas movido de este lugar, desde que
los invitados comenzaron a llegar. Estaba empezando a pensar que habías echado raíces aquí como
algun raro esqueje de una planta.

La mirada que Royce lanzó al otro hombre fue fulminante. Te advierto que no estoy de humor para una
conferencia. Tu sabes cuánto odio las reuniones de este tipo, y estoy seguro que dejé muy claro que no
tenía ningún deseo de asistir a ésta, pero te negaste a aceptar un no por respuesta.

Si hubiera sabido que pretendías echar pestes, sobre mi comportamiento huraño, una vez que me tenías
bajo tu techo, nunca habría accedido a tu sugerencia de quedarme contigo y con tu familia en Londres.

El conde levantó un hombro en un gesto indolente. Habría sido absurdo buscar una residencia cuando
tenemos mucho espacio. Y si esperas que me disculpe por obligarte a unirte para la cena en lugar de
pasar una noche solitaria en tu cámara, puedes seguir esperando. Desde que vendiste tu casa de la
ciudad de Londres, pasas la mayor parte de tu tiempo aislado, lejos en Stonecliff, y ha pasado
demasiado tiempo desde última vez que nos vimos. Además, después de perderte el bautizo de Fiona,
tu presencia en una reunión social única es lo menos que adeudas en nombre de la amistad. Ahogando
una maldición, Royce evitó los ojos verdes brillantes que lo estudiaban, mirando una vez más a través
de las puertas francesas. Es cierto que le debía mucho Hawksley. El conde fue una de las pocas
personas de su antiguo círculo de compatriotas que habían permanecido leales a pesar de todo,
ignorando obstinadamente flagrantes y frecuentemente repetidos intentos de empujarlo lejos. Y aunque
Royce sabía que sería mejor para todos los interesados si mantenía la distancia, no podía romper
definitivamente el último nudo que tenía con Alex. Después de todo, había sido un vínculo desde la
infancia después de que falleciera su hermano mayor.

Como siempre, el pensar en su hermano le atravesó como un cuchillo caliente al rojo vivo, los
recuerdos dolorosos de la tragedia, le habían conducido lejos Inglaterra hacía muchos años. La terrible
secuencia de eventos que se habían puesto en marcha ese día fatídico llegaron a su mente en un
revoltijo fragmentado de impresiones e imágenes: el faetón de Alex volcando a cámara lenta, arrastrado
varios metros por los frenéticos caballos antes romperse contra el tronco de un árbol con un tremendo
crack. El lento goteo de la sangre de Cordelia en el suelo debajo de ella... Casi de inmediato, esa escena
dio paso a otra. Aún más espeluznante,. la imagen mental de un campo de batalla oscurecido por el
humo donde los cuerpos caídos de los muertos sembraba el suelo. Donde el sonido del cañón y los
gritos de los heridos llenaban el aire.

Y donde Royce se había arrodillado en medio de la carnicería, impotente viendo como Benton Garvey,
su oficial de caballería, había muerto en sus brazos.

Impresionado, cerró los ojos, luchando frente a la embestida repentina de visiones. No era el momento
de rememorar sus recuerdos del pasado. La mayoría de la sociedad ya le miraba de reojo, y sólo podía
imaginar la reacción si perdía el control ahora, delante de una sala llena de invitados a la cena. Con un
esfuerzo supremo de voluntad, empujó las imágenes y se concentró en Hawksley, quien todavía estaba
hablando completamente ajeno a la distracción de Royce.

No es como si te pido que te mezcles con la multitud o entables una conversación, y sé que es
demasiado realmente esperar que disfrutes, decía el conde, seco en su tono. Pero los otros invitados
podrían no ser tan cuidadosos si no parecieras estar considerando la posibilidad de agarrar el brazo de
la primera persona que se aventure demasiado cerca.

Royce apretó el frágil cristal, que amenazaba romperse con la presión.

No entiendes.

Por el contrario. Lo entiendo. ¿Infiernos, Stonehurst, no crees que es el momento de dejar de castigarte
a ti mismo? Cordelia lleva muerta nueve años y Alex casi

ocho. Ninguno de ellos desearía que fueras por este camino, desperdiciando tu vida en luto por ellos.

Hawksleys lanzó sus palabras a Royce como un látigo, ahondando en las heridas abiertas que seguían
siendo dolorosas. Ojalá fuera así de simple. Pero Cordelia y Alex eran sólo dos de las víctimas de una
larga lista, había comenzando con la desaparición de su madre al darle a luz hacía veintinueve años, y
si bajara la guardia sólo por un momento, condenaría al siguiente.
No tiene nada que ver con castigarme a mí, dijo entre dientes, señalando con su mano libre, a los
invitados que paseaban por el salón. No tengo ni idea de cómo hacerlo... nunca más. Cómo
comportarme normalmente con otras personas. Eso es algo que la guerra se llevó lejos de mí, y dudo de
que nunca voy a recuperarlo. A veces pienso que...

Se cayó, no podía seguir. ¿Cómo podía contarle a Hawksley acerca de la oscuridad que le acechaba
desde que tenía uso de razón? ¿La parte amenazante, enojada de sí mismo que había crecido más fuerte
desde Waterloo? Era como si la mancha dejada por sus transgresiones hubiera tomado vida propia, y
estuviera agazapada debajo de su porte reservado, esperando la oportunidad de liberarse.

Tras varios segundos en silencio. Hawksley suspiró y sacudió su cabeza. Créelo o no, Stonehurst, me
doy cuenta de cuán difícil debe ser para tí, dijo tranquilamente. Si recuerdas, hasta hace unos años todo
el mundo pensaba que mi padre era un asesino que había matado a la madre de Maura antes de
suicidarse, y me trataban en consecuencia.

Royce tuvo que ceder a ese punto. No había sido hasta muchos años después, cuando se había
demostrado la inocencia del conde en la muerte de la célebre Lady Albright y Hawksley se casó con
lady Maura, que los miembros de la alta sociedad habían finalmente cedido y le aceptaron de nuevo en
el redil.

Y a pesar de que se ha limpiado el nombre de mi padre, el conde murió, todavía hay quienes preferirían
si desapareciera en la oscuridad, aunque no tengo ninguna intención de hacerlo y darles satisfacción.
Con un toque sardónico en sus labios, levantó una mano golpeando a Royce en la espalda. Y tú
tampoco puedes. En cualquier caso, deben llegar pronto refuerzos. Lord Albright y Lady Aimee
vendrán en cualquier momento.

La mera mención de su nombre, tensó el cuerpo de Royce y arrasó su aliento como si le hubieran dado
un golpe en el abdomen. Condenación, ella era la última persona que necesitaba ver! Su inesperado
encuentro anterior esa misma tarde le había dejado tembloroso y había logrado desenterrar todo tipo de
sentimientos no deseados dentro de él.

Sentimientos que todo el año pasado intentó desesperadamente enterrar y olvidar.

Antes incluso de llegar a la ciudad, se había hecho a la idea de que sería mejor evitar la compañía de
Aimee, y en el instante en que salió al jardín Monroe y encontró su falda revoloteando en el tronco de
ese árbol, debía haberse vuelto de espalda y desaparecer. Cada instinto que poseía le había gritado que
se fuera, pero en su lugar se había quedado congelado ante la provocación de su cadera y su trasero
oscilando debajo de la falda. Y cuando había caído en sus brazos, su fragancia floral familiar había
llenado su nariz, disparando su sangre y haciendo imposible resistir la tentación de tomarle el pelo un
poco, para lograr que chispeara esa rara chispa de temperamento en sus ojos.

Pero había sido contraproducente de la peor manera posible, y había terminó despierto y dolorido, cada
una de sus partes masculinas se endurecieron ante la proximidad de ella.
Apenas pudo ocultar un gemido. Aparentemente distanciándose de ella durante los últimos meses poco
había logrado en disminuir su efecto sobre él, y no sabía como lidiar con ello. Lo único que sabía era
que le faltaba el ánimo para enfrentarse a ella. Imposible si ya las paredes se cernían sobre él.

Acabando su brandy, colocó la copa vacía sobre una mesa cercana de mármol y compuso una
expresión relativamente tranquila antes de volverse y abordar al conde.

Aprecio tu preocupación, Hawksley, dijo en voz alta, observando con satisfacción que su voz se
mantenía estable a pesar de que las emociones hervían dentro de él. Verdaderamente. Pero esta no es la
manera de ayudarme. Hubiera estado mucho mejor en mi alcoba. Y aunque detesto defraudarles a usted
y a su encantadora esposa, me temo que es exactamente donde voy a pasar el resto de esta espuria
noche. Así que, si me perdona…

Con una rígida inclinación de cabeza, giró sobre su talón y salió de la sala antes de que el conde
pudiera ofrecer una palabra de protesta.

Una vez en el vestíbulo, donde el fragor de la conversación desde el salón se redujo a poco más que un
zumbido discordante, hizo una pausa y apoyando una mano contra los paneles de madera, se tomó un
segundo para retomar su control oscilante. Sabía que había sido bastante brusco con su amigo, pero no
podía evitarlo. Si hubiera permanecido allí, habría terminado dando un espectáculo, y eso era algo que
tenía que evitar a toda costa.

No tuvo tiempo para felicitarse cuando cambió su suerte, en ese momento un familiar voz
inesperadamente lo llamó desde el otro extremo del corredor.

Stonehurst, mi buen hombre!

Él contuvo una imprecación, sabiendo quien era, incluso antes de erguirse y mirar atrás sobre su
hombro. Por supuesto, el Marqués de Albright era el que traspasaba el arco desde el vestíbulo de
entrada, con su hermana solterona, Lady Olivia, aferrada a su brazo.

Y Lady Aimee siguiendo su estela.

Vestida con un traje noche sin adornos, con un cuello cuadrado, de seda color ámbar que escondía
eficazmente las sutiles curvas de su pequeña figura, ella marchaba estirada. Como de costumbre,
parecía que se había vestido con el único propósito de fundirse con la pared.

Muchos otros caballeros, la habrían más que probablemente descrito como lisa, en favor de las más
rabiosamente ataviadas y convencionalmente bellas señoritas que la alta sociedad sobrevaloraba.

Pero no así Royce que no se dejaba llevar por las apariencias superficiales. Cuando miraba Aimee, veía
la dulzura y la fuerza de carácter que irradiaba desde dentro, sus rasgos delicados, una estética discreta
tanto como atractiva. Llevaba el pelo recogido en un ordenado conjunto de trenzas, podrían parecer de
color marrón ordinario pero era espeso y lustroso, con toques dorados a la luz de las lámparas del
pasillo, sus ojos brillaban con un fuego interior.
Esos ojos se agrandaron, cuando sorprendida le miró, él podría jurar que su paso vaciló un segundo,
antes de alcanzar a su padre y su tía.

Bravo, aplaudió silenciosamente, olvidando temporalmente su consternación ante su muestra de coraje.


El ratón aparentemente estaba aprendiendo a valerse por sí misma, pero siempre había sabido que
poseía espíritu mucho más que de lo que otros creían.

En ese momento, Lord Albright se paró ante él, reclamando su atención. ¿Y dónde iba con tanta prisa?
el le preguntó el Marqués en un tono jovial, agitando su mano en saludo. Un hombre alto, de aspecto
académico, con pelo entrecano espeso con la misma sombra dorada como su hija más joven, había
tratado a Royce con calidez y respeto desde que le conoció, y se había desarrollado una fácil
camaradería entre ellos. ¿Seguramente no pensaría retirarse ya? Sé que llegamos un poco tarde, pero la
cena no se servirá hasta dentro de una hora.

Royce devolvió el apretón de manos, consciente todo el tiempo de Aimee, que al lado de su padre, con
semblante ilegible observaba su intercambio. Me temo que así es, sí. Parece que el viaje en coche desde
Cornwall fue más agotador de lo que pensaba, así que pensé mejor descansar ahora y volver para la
noche.

Lamento escuchar eso. Tenía la esperanza de que tuvieramos una oportunidad de hablar esta noche.

La expresión cabizbaja de Albright llenó de pesar a Royce. Por desgracia, alejarse a sí mismo de la vida
Aimee significaba más o menos cortar con su padre, y aunque sabía que había sido la única solución
viable en estas circunstancias, ese conocimiento no hizo nada para aliviar su culpabilidad.

Yo esperaba lo mismo, y ofrezco mis disculpas, dijo suavemente. Tal vez pueda reservar algún tiempo
para detenerme en Belgrave Square una tarde antes de salir para Stonecliff. Si recuerdo correctamente,
me diste un profundo revés en nuestra última partida de ajedrez, y me gustaría una revancha.

Hecho, y no hay necesidad de disculparse, le aseguró Albright. Aunque parece una pena perderse lo que
promete ser una cena deliciosa. El cocinero de Hawksleys hace un excelente pato estofado:…

Realmente, Philip, no lograrás persuadir al pobre hombre. Dijo Lady Olivia, que interrumpió a su
hermano con un movimiento descuidado de su mano, entonces inclinó su cabeza para examinar
fríamente a Royce por encima de su abanico. A pesar de que podría haber sido una vez una mujer
guapa, sus rasgos patricios se afilaron con la edad, y su envejecido cabello marrón, recogido en un
moño que tiraba severamente de las cejas hacia el cielo, dándole un aspecto vagamente sorprendido.
Aunque seamos privadosde su compañía, Lord Stonehurst está claramente agotado de su viaje. ¿No
queremos que se exceda en su primera noche en la ciudad, no?

Royce no se dejó engañar por las civilizadas palabras. Era consciente de que la hermana del marqués lo
desaprobaba. Como Hawksley acostumbraba a señalar, la mujer era una arpía rígida que no aprobaba
casi nada, incluso de las sobrinas que había ayudado a su hermano a criar. Especialmente Aimee.
Animado por el pensamiento sobre ella, envió una mirada velada en su dirección. Ella estaba con sus
manos cruzadas ante ella, su rostro blanco y absolutamente remota. Era como si se aislara ante la
discusión que se desarrollaba ante ella. Como si no tuviera ningún interés en estar presente esa noche .

Por alguna razón, su aire de distanciamiento le disgustó. Podría haber entendido y tolerado una muestra
de orgullo herido o de enojo, pero su aparente indiferencia le dolió.

De repente, el Diablo sobre su hombro tomó el control, y se puso a pensar en encontrar alguna manera
para destrozar su chapa de aislamiento.

Así, en lugar de disculparse a sí mismo y seguir hacia su cámara como sabía que debía hacer, capturó la
mano de Lady Olivia la pasó por su brazo, y dió muestras de gran solicitud.

¿Privado, dice ? ¿Por qué, mi señora, no tenía ni idea de que mi ausencia le causaría tal angustia. En
ese caso, no soñaría con privarle de mi presencia. De hecho, no encuentro nada que me diera más
placer que acompañarla en la cena.

Aunque alguna distancia les había separado, Royce oyó el suave gemido de Aimee, y sus labios se
curvaron en una sonrisa satisfecha de depredador. Así que ella no estaba tan despegada después de
todo. ¡ Como le hubiera gustado ver su expresión !, sin embargo, logró centrarse en Lady Olivia, que
había arrugado su nariz y le miraba como si oliera algo asqueroso.

Cómo... encantada, escupió, mientras estiraba sus finos labios en una línea estrecha, liberando su mano
del agarre. Estoy segura de que todos estarán encantados de saber que ha cambiado de opinión.

Era más que dudoso. En ese momento. estaba convencido de que debía haberse agotado su ingenio.
Después de pasar la noche intentando irse desesperadamente de la reunión, ahora se ofrecía a volver
justo a la guarida de los leones.

El marqués sonrió, y le palmeó en el hombro. Espléndido, Stonehurst. Perdidos era algo exagerado,
por parte de mi hermana, pero estoy seguro de que sin tí, hubiera sido mucho menos agradable.

Royce lentamente giró su cabeza para encontrar los ojos Aimee. Estaba tan estupefacta que parecía
aturdida, y estaba claro por su mirada consternada, que no compartía los sentimientos de su padre.

Sus miradas se encontraron y mantuvieron enlazadas, por lo que pareció un tiempo muy largo.

Entonces una luz de rebelión llegó a su profunda mirada ámbar y, ella levantó su mentón.

Tanto como había estado decidido a evitarla, estaba ahora obligado a mantenerse en contacto toda la
noche, todo por intentar provocar una reacción en ella. Pero no podía esperar menos, habñia lanzado un
guante, y ella no había tenido forma de evitar recogerlo. No había vuelta atrás para ninguno de los dos
y esperaba no arrepentirse de su impulso.

Capítulo 4
¿Aimee, puedes parar de moverte?, es realmente irritante y desagradable.

La poco suave crítica de Lady Olivia, sacó a Aimee de las profundidades de su sueño, y comenzó a
levantar la cabeza hasta que encontró la mirada reprobadora de su tía, y sus dedos se congelaron en los
pliegues de su falda. Explotó, no recordaba la cantidad de veces que su tía la había reprendido esa
noche. Inspiró profundamente, recomponiendo su expresión y cruzando las manos en su regazo,
mientras se preparaba para hablar.

Tomando una respiración profunda, reunieron los hilos deshilachados de su compostura y juntas sus
manos juntas estrechamente en su regazo antes de intentar hablar.

Lo siento, tía de Olivia, murmuró, intentando inyectar una nota de contrición en su voz, que estaba
lejos de sentir. Supongo que estoy un poco inquieta.

Su tía, que estaba sentada en el sofá a su lado, disimulando su gruesa apariencia, la miró altivamente.

Es muy obvio, dijo, con un todo de helada desaprobación. Todo el día con los maleducados gemelos de
Jillian, hasta que hemos llegado aquí. ¿Hay algo que te interese en el mundo?

Era una pregunta, pero Aimee dudaba que su tía esperara una respuesta.

Lanzó una mirada velada hacia el otro extremo de la sala, donde su padre estaba ocupado conversando
con Violeta Lafleur, Maura, Lord Hawksley y el hombre que causaba a Aimee esas molestias.

Lord Stonehurst levantó con indolente facilidad, un codo hasta la repisa de la chimenea y, mantenía la
cabeza inclinada hacia adelante como escuchando todo lo que era que Lord Albright estaba diciendo.
Con su cabello oscuro extralargo enmarcando su cara, y vistiendo ropa de noche oscura que marcaban
perfectamente sus músculos, le encontró aun más intimidante y peligrosamente atractivo que
habitualmente. El corazón de Aimee, dio un salto en su caja torácica, como si quisiera escapar. Se creía
preparada para verle de nuevo, pero la vorágine de sensaciones que la embargó, puso en evidencia que
se había engañado a sí misma.

A lo largo de la cena, había sentido su mirada sobre ella, quemándola como una marca al rojo,
siguiéndola en cada movimiento. Era desconcertante, como poco. Mientras todos los demás habían
estado charlando y riendo, ella no había logrado relajarse para participar, solo había conseguido que los
que estaban alrededor no lo notaran. Ese hombre estaba loco, pensó, y disfrutaba viéndola alterada ¿Por
qué otra cosa iba a estar tan pendiente?

En ese momento, un comentario de Violeta LaFleur, provocó la risa de Stonehurst y Aimee encontró
muy raro el sonido de su profunda risa entre dientes. La amplia boca, con los labios curvados en una
sonrisa genuina, permitió que por un instante vislumbrara al guapo y despreocupado joven que debía
haber sido antes de que la guerra, le cambiara. La transformación de su cara, hizo que todo su cuerpo
hormigueara por el deseo de levantarse, ir hasta él, hacer que bajara su cara y pasar por esos labios
firmes la punta de su dedo, seguido por la punta de su lengua. Santo Cielo, pero ¿ de dónde procedían
esas ideas ? Tenía que conseguir controlar sus caprichosos pensamientos antes de que terminara
haciendo algo que lamentable.
Apartando su mirada lejos de él, se obligó a mirar a su tía una vez más.

No pasa nada conmigo, tía Olivia, dijo en voz alta, ignorando el enjambre de mariposas que parecían
haber establecido su residencia en su estómago. Nada de nada.

Entonces sugiero que bajes de las nubes y aproveches esta oportunidad, dijo Olivia, señalando con la
cabeza, en dirección a un hombre alto, con el pecho en barril, y finos cabellos rubios, que se apoyaba
contra la pared al otro lado. Podrías escogerlo congraciarte con el duque de Maitland. Su esposa
falleció hace más de un año, y me imagino que él deberá empezar pronto a buscar una duquesa.

Aimee subrepticiamente estudió al duque a través de sus largas pestañas. Era un caballero bastante
agradable, con voz un poco chillona y más cercano a la edad de sus padres que a la suya propia. El
hijastro de la vieja amiga de su madre, la duquesa viuda de Maitland, había perdido a su esposa la
primavera anterior por una neumonía, pero ni siquiera la simpatía de Aimee por su pérdida podría
inducirla a considerar la posibilidad de casarse con él. La idea la dejó fría.

No tengo ningún interés en el matrimonio ahora, dijo firmemente, apartando la imagen mental de un
cierto Vizconde exasperante que brilló espontáneamente a través de su mirada interior. Y ciertamente
no estoy interesada en casarme con el duque de Maitland.

La frente de Olivia, mostró un ceño disgustado. Al parecer tienes muy poco interés en nada, aparte de
tus libros y ensoñaciones inútiles. Estrechando sus helados ojos azules, lanzó una mirada a Aimee, de
los pies a la cabeza con desdén. En realidad es bastante lamentable. Por supuesto, quizás estoy
esperando demasiado, especialmente cuando es evidente que te faltan gravemente todos los rasgos que
la mayoría de hombres buscan en una posible novia. Pero el Duque tiene una edad en la que cualidades
tales como la belleza y encanto no son tan importantes como una joven dama que pueda darle un
heredero. Como ese es un requisito que incluso tu pareces cumplir, se me ocurrió que podría estar
dispuesto a pasar por alto tus deficiencias más evidentes.

Le dolió la evaluación mordaz de sus deficiencias, aunque ya lo había escuchado antes. Por alguna
razón, Lady Olivia se había autoimpuesto como su misión, encontrar faltas en todo lo que su joven
sobrina dijera o hiciera, desde el momento en que había llegado a vivir con la familia después de la
muerte de lady Albright. Durante esos años, Lord Albright a menudo había recomendado a sus hijas
que trataran de ser más pacientes, para intentar mejorar su disposición ante su amargada tía, pero se
hubiera puesto furioso si hubiera conocido cuán cruel podía ser la mujer. Olivia tendía a atenuar sus
críticas en su presencia y Aimee no podía desencantar a su padre, como lo habían hecho sus hermanas
mayores. Eso no significaba que no se defendiera, sin embargo .Últimamente había crecido tanto el
interminable aluvión de censura y menosprecio, y estaba tan cansada, que esta noche tuvo el ánimo
para devolver las hondas y flechas en igual medida.

Así, levantando su mentón, ella hizo precisamente eso.

Me niego a ser reducida al nivel de una buscona, informó a su tía.

Y no quiero que me empujen a perseguir un partido que no quiero. Soy feliz como estoy.
La mujer sonrió desdeñosa. Vamos, ¿realmente deseas vivir bajo el techo de tu padre el resto de tu
vida? ¿Ser una carga financiera y física para él, cuando se vaya haciendo mayor? Seguramente no eres
tan egoísta.

¿Egoísta? La acusación fue tremendamente injusta y golpeó a Aimee, haciéndola explotar antes de
poder recapacitar. Tu estarás bastante contenta llevando esa existencia.

Olivia cerró los ojos, obviamente sorprendida por la muestra inusitada de acidez en las palabras de su
sobrina. ¿Cómo te atreves — empezó, con tono indignado, pero una voz imperiosa de repente cortó su
respuesta. ¿ En qué negociaciones estás ahora, Olivia?

Aimee, alzó la vista y soltó un suspiro de alivio al ver a Teodosia Rosemont, duquesa viuda de
Maitland, arrastrándose hacia ellos por toda la sala con ayuda de su bastón de marfil.

Lady Olivia compuso una máscara de dignidad dirigida a la anciana, que se detuvo delante de ellas.
Simplemente estaba señalando que ha llegado el momento para que empiece a pensar en su futuro. Esta
niña tonta, cree que las cosas pueden continuar así indefinidamente, pero usted y yo sabemos que no es
posible. ¿Qué perspectivas existen para una mujer educada distinta de matrimonio? Hay cosas peores
que el casarse con un hombre por conveniencia, y haría a Philip muy feliz ver que su hija menor,
finalmente, encontrara un marido que cuidara de ella y que tuviera su propio hogar.

Teodosia frunció los labios y contempló primero a Olivia y, a continuación a Aimee durante varios
segundos antes de agitar su blanca cabeza. Cierto, reconoció. Pero dudo que él quiera que se ateen un
matrimonio solo por su tranquilidad de mente.

Pero sólo sugería que podría estar de acuerdo con su hijastro … ¿Maitland? Es un bufón y nada
adecuado para Aimee. En cualquier caso, ahora no es el momento o el lugar para este tipo de discusión.
La Duquesa, bajó su forma regordeta a un sillón acolchado de brocado frente el sofá y, a continuación,
puso su arrugada mano en la rodilla de Aimee, con sus ojos marrones rebosando bondad. Cuando esté
lista para tomar una decisión, lo hará sin su ayuda. Olivia hizo un sonido de disgusto y se levantó de su
asiento con una expresión agria. Sólo quiero lo que es mejor para esta familia.

No, desea lo que es mejor para usted, dijo la viuda bruscamente. Podría venderla al mejor postor sin
pensar en sus deseos, sólo para conseguir tenerla bajo sus pies.

Pero el matrimonio no es un medio si no un fin. Es una unión que nunca debe realizarse por ninguna
razón distinta del amor. Hizo una pausa, su mirada se hizo triste y lejana, Aimee no estaba segura, pero
creía que sus pensamientos se dirigían a su propio y amado esposo, fallecido hacía muchos años. El
matrimonio consiste en un compromiso de permanecer juntos compartiendo todo, lo bueno y lo malo,
se trata de fidelidad, confianza y voluntad de hacer algo por el otro.

¡Escuche, escuche!
La rotunda exclamación, procedía del Barón de Bedford, que de repente se materializó, al lado de la
viuda. “Yo no podría haberlo expresado mejor”, Su Gracia, concluyó con aprobación, sin quitar sus
ojos de la cara de Olivia.

Aimee tuvo que reprimir una carcajada cuando las mejillas de su tía enrojecieron como un tomate. Un
ex pretendiente de Lady Albright durante sus días en el teatro, el Barón era un guapo caballero de edad
intermedia y menguante fortuna que había ganado una reputación en su juventud como irresponsable y
mujeriego notorio. También había hecho la corte a Lady Olivia, hacía algún tiempo. Sus atenciones la
ponían nerviosa, estaba decidida a no caer presa de los encantos de un hombre, que una vez había
sentido un afecto no correspondido, por la cuñada que ella había despreciado. Quédese tranquilo,
Bedford. Olivia decía entre dientes, enderezando los hombros con indignación. ¿Qué podría saber usted
acerca de confianza o fidelidad? ¿O de amor, no es así? Usted se deshace de las mujeres tan fácilmente
como de un traje viejo, pasando de una a otra como las abejas picoteando las flores.

La comisura del labio se elevó en una mueca irónica, se llevó la mano al corazón, como si le hubieran
asestado un golpe mortal, y dijo: Querida, me ha herido profundamente. Le he dicho repetidamente
que sería el más fiel de los esposos, si me hiciera el honor de aceptar mi propuesta.

¿Debo considerar su proposición, milord?. Lamentablemente he aprendido que los hombres,


especialmente los de su calaña, tienen tendencia a ser inconstantes.

¿Volubles?, diría yo, ¡no sea tan dura!

Sin embargo, es la verdad. Y no me ha dado ninguna razón para cambiar mi opinión. La pareja
continuó argumentando en bajos susurros, la duquesa viuda se inclinó hacia adelante, llamando la
atención de Aimee. ¿Está todo bien, querida? preguntó, con mirada comprensiva.

Aimee asintió y le ofreció una sonrisa tranquilizadora. Aunque no tenía tanta relación con Teodosia
como sus hermanas, le gustaba mucho la anciana y le agradecía su intervención.

Sí. Muchas gracias, su gracia.

Olivia intentará vejarte, pero no debes dejarla. Eres joven todavía, y después de todo resulta
perfectamente comprensible si no estás muy dispuesta enamorarte o compartir tu vida con un marido. A
veces debemos hacer las paces con los demonios de nuestro pasado, saber quiénes somos realmente y si
podemos sostenernos a nosotros mismos, antes de que ser lo suficientemente fuertes como para dar un
pedazo de nosotros mismos a alguien.

Las palabras de la viuda recordaron a Aimee las pesadillas que la habían torturando durante semanas,
y las imágenes oscuras pugnaron por salir, desde los rincones más lejanos de su conciencia como si
respondieran a una llamada. Una vez más, vio la feroz cara de Lord Stratton, vio a su madre mirándole
con ojos acusadores, repasando todo en su cabeza con terroríficos detalles.

Estremeciéndose, miró a su padre, que estaba con Violeta aun a su lado, sonreía y parecía mucho más
alegre, de lo que se le veía últimamente. Durante años, el marqués de Albright, había sido un hombre
muy triste y melancólico. Aunque había amado verdaderamente a su difunta esposa, no era un secreto
que ellos dos se habían causado mutuamente un gran dolor durante su matrimonio. La gran diferencia
en sus orígenes, la naturaleza coqueta de lady Albright y las lenguas chismosas, condujeron a un
distanciamiento que duró hasta la muerte de la marquesa. Devastado por su pérdida, Lord Albright, se
había recluído en sí mismo, convirtiéndose en una figura bastante trágica que rara vez sonreía, reía o se
alegraba de nada.

Recientemente, sin embargo, el Marqués había comenzado a emerger de su desánimo, para volver a
mostrar más interés en la vida. Era un experto en el campo de la criminología, había re tomado su
investigación sobre el tema, sirviendo a menudo como consultor para la Agencia de investigación
privada propiedad de su amigo, ex - policía de Bow Street, Morton Tolliver. La oscuridad había
desapareció de sus ojos de una vez por todas, y finalmente parecía contento.

¿Estás segura de no estar equivocada, niña? Te ves muy pálida de repente. Ante la pregunta de
Theodosia, tragó el bolo atascado en su gargante, y trató de evitar que su voz temblara cuando
respondió, estoy bien. Hace un calor espantoso aquí. Creo que necesito un poco de aire fresco ¿me
perdona?.

Desesperada por escapar de la mirada perspicaz de la viuda, se levantó y girando apresurada se dirigió
al otro extremo de la sala, donde las ventanas francesas se abrían a la noche. Lanzó una oración de
acción de gracias hacia el cielo cuando nadie intentó detenerla, en su camino hacia la terraza, siguió su
camino hacia las escaleras que conducían al jardín amurallado. Ahí todo estaba oscuro, las flores y
arbustos iluminados sólo por la luz de la luna. Aimee se dejó caer en uno de los bancos del sinuoso
camino.

Disfrutando la ligera brisa, sobre su piel caliente, cerró los ojos un instante para tranquilizarse.
Lentamente el peso que la aplastaba se fue elevando de sus hombros. Apenas había empezado a bajar la
guardia cuando un leve sonido le llegó en el aire de la noche. Asustada levantó la cabeza, mirando
sobre su hombro hacia la terraza, con el corazón en la garganta.

Justo a tiempo para ver a Lord Stonehurst salir de las sombras.

Capítulo 5

Al principio ninguno dijo una palabra. Se miraron simplemente, el silencio estaba cargado de una
tensión que como un cordón invisible iba acercándoles.

Aprovechando la ventaja del estado de shock de Aimee, que estaba desmadejada en el banco del jardín,
con la luna derramándose sobre ella, como una corona iluminando el delicado óvalo de su rostro y
revelando su vulnerabilidad con su expresión desgarrada. Su evidente melancolía despertó su
adormecido instinto protector, llenándole con un impulso inesperado e inexplicable de envolverla en
sus brazos y confortarla.

Era un impulso que no podía seguir. ¡Condenación! Había sabido que era un error , en el instante en
que la había seguido a la terraza, pero no importaba cuántas veces había intentado convencerse, de que
era mejor para ambos si la dejaba sóla, aún así no fue capar de resistir la necesidad de seguirla. Era
como si hubiera lanzado algún hechizo sobre él, al que no podía resistirse como el canto de las sirenas.
Al final, necesitando una distracción en el creciente silencio, apoyó los hombros en una columna y dijo
de manera deliberadamente provocadora. ¡Y yo que pensaba que era sólo a mí a quien quería evitar!.

Aimee visiblemente afectada por su tono burlón. Apretó sus labios en un rictus de enojo, se levantó y se
colocó ante él rápidamente, con las faldas ondulando en sus tobillos. ¿qué está haciendo aquí?, dijo
furiosa. Su mirada se dirigió a la casa comprobando que nadie más había salido. ¿ ha perdido el
sentido?

La pregunta le golpeó como algo divertido, puesto que él se lo había preguntado a sí mismo, su boca
bajó en un gesto humilde. ¡Sí, creo que sí!, admitió. Carezco de voluntad en lo que se refiere a ti.

Y ¿qué demonios significa eso?

Significa que me preocupas, y quería asegurarme de que estaba todo bien.

Su confesión la desequilibró, y cedió, parpadeando confusa mientras su ira se alejaba. ¿por qué? . Te vi
hablando con tu tía y parecías trastornada. Bajando la cabeza Royce buscó su cara, En la penumbra era
difícil verla, pero la ansiedad hizo su agarre casi palpable ¿qué te dijo?.

Un toque de color se deslizó en sus mejillas y miró a lo lejos. Nada. Nada valga la pena repetir, en
cualquier caso. Sólo estaba aprovechando la oportunidad para señalar una vez más todos mis defectos.
Como si no fuera ya plenamente consciente de cada uno.

Royce sintió ponerse todo su cuerpo rígido con el resentimiento. No ayudaba pero estaba indignado en
su nombre. La actitud despectiva de Lady Olivias a menudo le recordaba los denigrantes comentarios
que su padre le dedicaba a él a diario y se le hacía crudo presenciar como Aimee sufría el mismo tipo
de tratamiento. La mujer es una bruja, no puedo entender como tu padre la apoya. Ella es su hermana.
Y siente lástima por ella.

Pero ¿por qué?

Aimee levantó su hombro en un leve encogimiento. No estoy totalmente segura. Hace muchos años,
hubo un hombre, que ella amaba y con el que planeaba casarse, pero él la dejó cuando su familia no
aprobó el matrimonio de mis padres. Nadie parece saber quién era. Sucedió mientras papá, estaba
distanciado del abuelo y vivía con nosotros en Dorset y los esponsales nunca fueron oficialmente
anunciados. Se giró y volvió hacia el banquillo que había ocupado antes, su voz llegaba ligeramente a
Royce con la brisa. Ha estado amargada desde entonces, y creo que papá siempre se ha sentido
responsable.

Seguramente no autorizaría que sea tan vengativa contigo, insistió, despegándose de la columna y
siguiéndola a zancadas. Nada de eso fue culpa tuya, y tu padre debía haber puesto freno a su
comportamiento hace mucho tiempo.
Llegaron a un alto junto a una pequeña fuente, ella se asomó al agua burbujeante, como si estuviera
buscando respuestas en las profundidades cristalinas. Él no lo sabe. Ella es muy cuidadosa con sus
palabras delante de él, y yo nunca se lo dije.

¿Por qué infiernos no?

Le afectaría demasiado.

¿Así que piensas permitirla que siga haciéndote daño? De repente, sin advertencia, Aimee sorprendió
a Royce girándose hacia él, mirándole con hostilidad, se la veía herida en su mirada.

No puedo imaginar por qué nada de esto debe importarle a usted. Pensé que no tenía ningún interés en
ratones tímidos que flaquean ante la vista de su propia sombra.

El impresionante estallido fue seguido por otro largo silencio, y la parálisis que les había capturado a
ambos, finalmente aflojó sus tentáculos lo suficiente para que pudieran reaccionar.

Aimee claramente quedó consternada ante su pérdida de control, y sacudió su cabeza apurada, una
mano voló a su garganta. Lo siento, susurró, su voz llegaba fina y rota. Debo volver dentro ahora.

Ella levantó su falda y comenzó a rodearle, aparentemente con la intención de escapar hacia la casa.
Pero él la agarró por la muñeca antes de que pudiera llegar demasiado lejos, decidido a no dejarla
escapar. Espera..

Ella frenó sus pasos, miró hacia abajo donde sus dedos envolvían su muñeca, justo por encima de sus
guantes blancos de fiesta. Se mordió el labio inferior. La conciencia del contacto disparó su corazón,
en el segundo en que la tocó. Incluso a través del material de su guante, ella notaba su palma
directamente en su piel suave.

El contacto era peligroso para ambos, pero no la dejaba ir. Obviando su respuesta ante la cercanía y
concentrado en el asunto en cuestión. No entiendo, dijo suavemente. ¿Por qué dijiste algo así?.

Una sombra revoloteó en sus ojos, antes de que bajara sus pestañas, evitando su mirada. ¿No se
acuerda? Es lo que me dijo ese día. El día que nosotros —

Ella calló, pero no había necesidad. Mentalmente terminó la frase por ella.

El día que habían chocado accidentalmente en el vestíbulo de la casa de la ciudad de Albright y todo
entre los dos había cambiado para siempre.

Incluso después del año que había transcurrido desde entonces, Royce aún podía recordar la sacudida
de conciencia que había recorrido a lo largo sus terminaciones nerviosas ante la sensación de las
delicadas curvas de Aimee, presionadas contra él. Todavía podría recordar como se abrieron
levemente sus labios rosas, como le había mirado a los ojos, a escasas pulgadas su cara en forma de
corazón del suyo. ella había miró a los ojos, sus pulgadas escasa de cara en forma de corazón del suyo.
En ese instante, sus anteojeras habían sido arrancadas y no pudo seguir ignorando el hecho de que ya
no era la niña solemne de catorce años, que se había colgado de su ala tan necesitada de amistad.
De repente, todo se redujo a aprovecharse de esa dulce boca, explorando debajo de las capas de su
modesto vestido, las curvas recién maduradas, había quedado aturdido por la fuerza de su pasión ante
una chica que hasta entonces había sido para él como una hermana. Pero aún le aterrorizaron más los
sentimientos de ella, todo en su expresión era esperanza y con absoluta devoción en su voz susurró en
su oído.

Te amo, Royce.

Ese fue el día que tomó la decisión de cortar el frágil hilo que les vinculaba y salir de su vida. Había
sido un error permitir que un estrecho vínculo se estableciera entre ellos en primer lugar, no importa
que hubiera sido inocente, y aunque sabía que su despego le dolería, estaba convencido de que era la
única manera de rectificar la situación.

Incluso si su anhelo no hubiera sido una traición de la confianza que su familia tenía depositada en él,
no podía olvidar el desafortunado destino que esperaba a todos los que era tan tonto de cuidar.

Sin embargo, mirando hacia abajo a su cara en forma de corazón ahora, podía ver claramente la
angustia que tan duramente, intentaba ocultar, y se dio cuenta que le había herido más de lo que había
imaginado. Aunque no pudo recordar exactamente lo que había dicho en respuesta a su tímida
declaración de amor, odiaba creer que pudiera haber sido tan cruel. Pero en su desesperación por
alejarla, dejando las defensas intactas, no había pensado mucho en las palabras que utilizó para lograr
su objetivo.

Habló, intentando mantener su tono bajo y tranquilo. Todo lo que dije entonces, debes saber que no
significaba nada. Me pillaste desprevenido y no supe manejar muy bien el asombro. Pero:

Por favor. Le cortó con una mirada. No estoy interesada en escuchar sus explicaciones. Quizás me
hubiera interesado hace un año, cuando me volvió la espalda. En cualquier caso ahora nada de eso tiene
la más mínima importancia. Su afirmación, le irritó y la atrajo hacia él rompiendo facilmente la
resistencia que mostró inicialmente. Su abrazo fue suave pero firme. Sí fueron importantes para mí.

¿Sí…?No sonaba convencida., cuando le miró la duda se reflejaba en el ámbar de sus ojos. Sus
acciones lo demuestran, por lo que tendrá que perdonarme si no le doy crédito a sus palabras. No puedo
imaginar que podría decirme para hacerme creer lo contrario.

Ella tenía razón, reconoció Royce siniestramente, mirándola escrutadoramente con un tic en su
mandíbula. Aunque pudiera hacerla comprender que sus acciones iban guiadas por una buena razón,
nada cambiaría al final. Ella todavía estaría afectada por su decisión y todavía tendría que permanecer
lejos de ella. Simplemente no había otra opción. No quería que compartiera el triste final de todos los
que había sentido cercanos a él.

Por lo que retuvo su lengua. Y tal como sabía, su incapacidad para defenderse, reforzaba el sentimiento
de Aimee. Liberando su muñeca, ella se la frotó como si tratara de borrar todo rastro del contacto, antes
de levantar su mentón desafiante hacia él.
Entonces no hay nada más que discutir, ¿no? dijo fríamente, su voz temblaba un poco a pesar de su
porte altivo. Y como nuestra conversación acaba aquí, le agradecería que encontrara a otra persona que
atormentar y me dejara en paz.

Ella dio un par de pasos inestables, quedando iluminada por la luna, que la bañaba con su brillante
resplandor, convirtiendo las hebras de oro de su pelo, en un halo sobre su cabeza y iluminando su
agitado rostro.

Royce no podía ayudarla, notó como ella alarmada eataba a punto de colapsarse en cualquier momento.

Por Dios, ¿cómo no había notado esos círculos oscuros bajo los ojos y las líneas de tensión alrededor
de la boca? Fue como si el menor soplo de aire la pudiera romper en un millón de pedazos y nunca
sería capaz de recomponerlos.

Seguramente esta última confrontación no era responsable de esto. Tiene que haber algo más
preocupante le. Pero ¿qué pasaba?

Rápidamente, él cribada a través de sus opciones. Aimee le había pedido que la dejara en paz, y quizás
él debería. Todo lo que tenía que hacer era volver a interior y enviar una de sus hermanas o a su padre
que la ayudara. Sería un paso rápido, limpio, y podría lavarse las manos de todo y empezar olvidar la
fascinación que sentía por la chica. Pero él no podía dejarla así. Tenía que saber lo que le pasaba.

Aimee, dijo con cautela, poniéndose en su camino con sumo cuidado. ¿Hay algo má sque te disguste?
¿Algo además de la diatriba de tu tía y tu ira conmigo?

Ella se congeló, como un cervatillo ante la mira de un cazador. ¿Qué quiere decir?

Tendrías que estar ciega para no darte cuenta de qué lado estoy. Levantó una mano, cortándola antes de
que pudiera hablar. Antes de que lo digas, sé que mi retorno a la ciudad te ha causado agitación, pero
hay más. Estás pálida, ojerosa y obviamente agotada, como si no hubieras estado durmiendo bien. Y
puesto que apenas llegué a Londres esta mañana, no puedo ser responsable.

Cualquier resto de color voló de sus mejillas, dejando su tez translúcida, pero ella enderezó sus
hombros, logrando mantener un aire de compostura a pesar de su evidente inquietud. Gracias por su
preocupación, milord, respondió suavemente. Pero puedo asegurarle que estoy bien.

Sus palabras no engañaron a Royce, sin embargo. No me mientas, gatito.

No me llame gatita. Y yo no miento. Esas palabras podría dirigírselas a usted, que es un tremendo
mentiroso. Sin inmutarse con esa observación, Aimee se abrazó la cintura en actitud defensiva. Nada…
Sólo, sólo…, dejó que sus ojos se movieran a la deriva, titubeó, yo sólo…, y continuó con tono casi
despreocupado, He tenido algunos malos sueños últimamente. Eso es todo.

¿Qué tipo de sueños?, dijo Royce.

¿Importa?
Por supuesto es importante. Especialmente si tan malos, que te impiden dormir. Los sueños no pueden
herirte. Y desaparecerán con el tiempo. Siempre lo hacen.

Algo en Aimee resonó con el tono de Royce, golpeada como un acorde, trató de encajar todas las piezas
en su mente. El año pasado, tanto ella como su padre, le habían confiado las terribles pesadillas que
había tenido después del asesinato de su madre, sabía que habían tenido un efecto debilitador sobre
ella. Le había llevado años superarlas y la habían dejado tan traumatizada como el mismo suceso en sí.

¿Es posible...?

Estos sueños, señaló lentamente, mientras se acercaba. ¿Son como las pesadillas que solía tener cuando
era una niña? ¿Sobre la muerte de su madre?

Aimee no se molestó en responder. Ella simplemente inclinó su cabeza, centrando su atención en el


suelo.

Eso fue suficiente respuesta para Royce y su preocupación por ella creció rápidamente con un
presentimiento. Pensé que me dijiste que desaparecieron hace mucho tiempo.

Lo hicieron. Pero en las últimas semanas, han vuelto.

¿Por qué ahora? ¿Después de todos estos años?

No lo sé. Pero son diferentes de alguna manera. Más vívidos. He comenzado a preguntarme; Aimee se
detuvo de nuevo y le miró parpadeando, pasando la lengua por sus labios. Creo que van a devolverme
mis recuerdos de esa noche.

¿Se lo has dicho a tu padre?

Ante la pregunta de Royce, movió levemente la cabeza y sus ojos se llenaron de pánico. ¡No! Y no
tengo ninguna intención de hacerlo.

Su reacción temerosa le dejó perplejo. ¿Qué razón podría tener para querer ocultar algo así a las
personas que amaba? ¿Por qué no?

Porque todo eso se supone que ocurrió en el pasado. Pasado u olvidado. Stratton confesó y está muerto,
así que qué nada bueno, saldría de molestar a mi padre y hermanas con el recuerdo de nuevo.

Royce tomó una respiración profunda. Tendría que intentar razonar con ella, porque ésta no era una
cuestión insignificante que se barriera debajo de la alfombra. Esas pesadillas le habían hecho pasar un
infierna antes y no podía dejarla sufrir esa experiencia sóla de nuevo.

No importa tu determinación de permanecer al margen. Ambos sabemos que no son sueños ordinarios,
Aimee. Le recordó a suavemente. Deben haber vuelto nuevamente por una razón. Y si consigue
recobrar la memoria de esa época, su familia tiene derecho a saberlo. Tienes que decirles. No hay
ninguna otra opción.
Sí, existe. Puedo elegir no contárselo. Y me debe prometer que usted no se lo mencionará a ellos
tampoco.

Aimee, no me puede pedir eso. Su padre:

¡Prométalo!

Cuando apretó los labios y se negó a contestar, se apoderó de ella un frenesí desesperado. ¡Sin
vergüenza! Ni siquiera sé por qué le confié todo esto, pero ahora, ¡usted no puede decírselo a nadie!,
¡No puede!

Royce la agarró por las muñecas, le sujetó para que sus puños pudieran moverse sin alcanzarle. Podía
ver el cansancio escilpido en los rasgos delicados, y se dejó caer contra él, como si tuviera problemas
para mantenerse erguida.

Joder, ¡miralo! Dijo. Miralo, no puedes sostenerte.

Deje de fingir como si mi bienestar tuviera alguna importancia para usted. Yo pensaba que éramos
amigos, pero no signifiqué nunca nada para usted y lo sabe. Si es tan sincero como decía no sé porque
insiste en continuar con esta farsa.

Su mandíbula tembló con sus acusaciones. Por Dios, la única razón por la que insistí en poner fin a tu
amistad, fue lo mucho que me importabas. Demasiado. Su exasperante obstinación le hizo hervir la
sangre, no sabía si gritar o besarla. Escogió lo último.

Acercándola más, apretando sus dedos, bajó la cabeza y colocó su boca sobre la de ella.

Capítulo 6

El beso fue tan absolutamente inesperado que conmocionó a Aimee, hasta un estado momentáneo de
incredulidad. Ella apenas podía creer lo que estaba sucediendo. Un segundo antes estaba gritando como
una arpía, y al segundo siguiente su boca sobre la suya, le robaba la voz, el aliento y la capacidad de
pensar racionalmente.

Con la cabeza tambaleándose, se aferró al musculoso brazo de Stonehursts, sus dedos clavándose en el
rico tejido de su levita. No sabía si deseaba empujarle lejos o acercarle aún más, no estaba segura.
Encerrada en sus fuertes brazos con sus pequeños pechos apretados contra su pecho amplio, podía
sentir el golpeteo de su corazón, escuchar un gemido sordo, que de sus labios se trasladó a los suyos,
audaz y exigente.

Cielos, pensó. ¡Esta no era la manera en que había imaginado su primer beso! No es que hubiera
esperado que sucediera. Los ratones destinados a permanecer en el estante, no esperaban ningún tipo de
beso. Pero ella había fantaseado sobre cómo podría ser. Y sólo se mentiría si no reconociera que Lord
Stonehurst era el que la besaba en sus distintos escenarios románticos imaginarios. Esos intercambios
siempre habían sido corteses y tiernos, el tipo de abrazo inocente y puro al que se entregaban los
amantes en sus novelas favoritas.

Se trataba de un asalto. No había otra forma de describirlo. El conde saqueaba su boca y la devoraba
tan minuciosamente, que avergonzaba sus ensoñaciones. Una y otra vez su lengua se adelantaba para
trazar el contorno de sus labios, resbalando entre sus dientes, antes de sumergirse en la caverna caliente
de su boca. Era una sensación extraña, pero tan embriagadora que enviaba calor a través de sus venas.
Mientras las inquietas manos recorrían arriba y abajo su espina dorsal, provocándole, el suave tacto de
sus manos un escalofrío.

Cayendo más y más bajo el hechizo erótico que se tejía a su alrededor con cada segundo que pasaba,
Aimee respondió a su ardor apretándose contra él y elevando sus brazos alrededor de su cuello, su
herida y enojo olvidados. De repente podía imaginarse acostada con él, en la suave hierba junto a la
fuente, despojándola lentamente de su ropa, para poder explorar su cuerpo con las manos, la boca y su
ágil lengua. Imaginó el hambre feroz que se vería en su guapo rostro oscuro al caer sobre ella y… y …
¡Y tenía que terminar con esto ahora!

Con un grito separó sus labios y empujó su pecho en un intento desesperado por liberarse a sí misma.
No tardó mucho en la lucha por su parte, ella fue lanzada casi inmediatamente. Aturdida y
desorientada, apenas lograba mantenerse erguida con el mundo girando a su alrededor. Su pulso
machacaba sus oídos, levantó una mano temblorosa para colocarse unos mechones sueltos detrás de la
oreja, permitiéndose recuperar la tranquilidad, antes de buscar la mirada de Stonehursts. Él la estaba
mirando, con el pecho levantado y las mejillas teñidas pero no dijo nada. Sólo permaneció allí, con las
manos enguantadas en los costados, casi como si luchara por evitar agarrarla nuevamente.

En el fondo de su mente, susurraba una voz discordante. No la quería. No la quería sólo como amiga, ni
tampoco como algo más. Su abandono el año anterior lo hizo evidente y su conversación de esa noche
lo había confirmado. Pero entonces ¿por qué la había besado?

Estaba furioso con ella, quizás había sido algún tipo de castigo. Había llegado muy lejos para ser una
persona muy reservada y desapasionada ¿pero qué otra explicación razonable podría haber?

Él no podía querer que le besara, dijo de nuevo la voz en su cabeza, ¡qué hombre querría? No tienes
nada que ofrecer. No tienes encanto ni eres lo bastante interesante para inspirar tal deseo a nadie.
Simplemente no eres lo suficiente de nada, y se merece mucho más de lo que nunca podrías darle.

No eres suficientemente…

Las burlonas palabras resonaban en su cabeza, y se le escapó un gemido estrangulado que sacó a
Stonehurts de su estupor. Con sus ojos grises entornados, dio un paso tentativo hacia ella, con un tic
nervioso en la mandíbula.

Aimee, comenzó, pero ella levantó una mano para detenerle, no podía manejarse si él la tocaba. Ahora
no. Si lo hacía perdería los papeles.

¡Tenía que escapar!


Con su visión borrosa por lágrimas, se giró , dispuesta a huir antes de que él pudiera impedirlo, sólo
para ahogar un grito asustada cuando casi colisionó con alguien proveniente de la otra dirección.

Lady Olivia.

El pánico la barría en oleadas ¡Santo Dios!, ¿cuánto tiempo haría que estaba ahí su tía?, se preguntaba,
¿cuánto habría visto y oído?

Sus azules ojos miraron con recelo a Lord Stonehurst, antes de dirigir su mirada penetrante de Aimee
con evidente desaprobación.

Ustedes dos no deberían estar solos aquí, ¿Qué está sucediendo?

Aimee tragó el nudo de su garganta y echó un vistazo rápido sobre su hombro a Stonehurst, quien la
miraba con una expresión indescifrable. Ningún parpadeo, ningún tic nervioso delataba en su expresión
lo que había ocurrido.

Nada, le dijo a su tía en un susurro débil. ¡Nada de nada!

Con eso, levantó el dobladillo de su falda y empujando a Olivia, corrió hacia la casa lo más rápido que
sus piernas le permitieron. Volaba sin tener ni idea de donde iba, sabía que tendría que pedir permiso
antes de poder marcharse a su casa. Su carrera por la terraza, la condujo por delante del duque de
Maitland y el Barón de Bedford, que fumaban apoyados en la barandilla. El destello especulativo en
sus ojos la hizo preguntarse cuanto habrían escuchado e hizo ralentizar sus pasos, un guiño amable en
su dirección hizo que volviera a apresurarse. Sin ningún ánimo para enfrentarse con el resto de
invitados, entró en las casa por las puertas francesas que conducían al corredor principal. Buscó hasta
encontrar n pequeño cuarto en el que podría tener un poco de privacidad para recomponerse y despejar
la cabeza. Ella se desplomó contra la pared, sintiéndose miserable y dejando que fluyeran las lágrimas.

¿Por qué? ¿Por qué ella parecía carecer de ningún instinto de autoprotección cuando veía a Lord
Stonehurst? Había hecho tal ridículo, desafiándole como una niña petulante un segundo, para responder
a su beso con absoluta entrega al momento siguiente.

¿Y por qué le había dicho la verdad sobre sus sueños? El hombre maldita no le había prometido que no
mencionaría las pesadillas a su padre, así que ahora ella se enfrentaba con un dilema que no sabía cómo
tratar.

Todo lo que sabía era que no tenía fuerzas para continuar con la velada como si no hubiera pasado
nada, solo quería irse a casa, donde podría refugiarse en su habitación y olvidarse del mundo. Tal vez
podría buscar a su padre, alegar un dolor de cabeza y persuadirle de irse a pesar de ser muy temprano.
Así nadie sabría que cobarde era.

Respiró profundamente y desterró los últimos vestigios de lágrimas, dejó el cuarto y regresó a la sala,
con un rápido vistazo no encontró a Lord Albright, pero divisó a violeta, y se dirigió hacia ella para
preguntar por el paradero de su padre.
Hola, querida, le saludó la pelirroja mujer, con una amplia sonrisa de bienvenida en su rostro. Era una
buena amiga de la familia, que antes compartió escenario con la marquesa fallecida, ahora era
propietaria de una tiende¡a de disfraces en Bond Street y era un asiduo visitante en la casa de Daventry.
Aimee también sospechaba que la ex actriz estaba enamorada del marqués. ¡qué bien que te veo! No
hemos tenido la oportunidad de hablar en toda la tarde.

Aimee puso una sonrisa en su cara para ella. Realmente le gustaba Violeta y habría disfrutado de
ponerse al día, pero no estaba capacitada para conversar en ese momento. Lo sé. Me disculpo. La vi,
pero me siento indispuesta y vine con la esperanza de que papá estuviera de acuerdo en retirarse
temprano. ¿le ha visto?.

Creo que Maura le llevó junto con Jillian, al cuarto de los niños para visitar al bebé durante un corto
tiempo. Violeta frunció los labios y dirigió sus ojos avellana interrogantes llenos de preocupación a
Aimee.

¿Sabe?, parece a punto de explotar. ¿Necesita que vaya con usted a buscar a su padre?

Por favor, no se preocupe por mí, solo necesito descansar una noche, eso es todo. Dando a la mujer un
cálido apretón de mano, Aimee educadamente se excusó y abandonó la sala una vez más.

El corredor con luz tenue, estaba vacío, todo estaba tranquilo, no se encontró con nadie, ni un criado,
mientras se apresuraba a lo largo del pasillo. La escalera principal, escarpada y sinuosa, salía del
vestíbulo, y como estaba algo mareada, se agarró con fuerza a la barandilla, cuando comenzó a subir. A
medio camino, un ruido inesperado, llamó su atención, al llegar bruscamente, era como una pisada
sigilosa, que provenía de la oscuridad en la parte alta de la escalera. Un escalofrío recorrió su columna
vertebral.

¿Hola? llamó, conteniendo un poco el tono nervioso de su voz. ¿Hay alguien ahí?

No hubo ninguna respuesta, y aunque forzaba sus ojos, era imposible divisar nada en la negrura. No
sabiendo qué más hacer, esperó en un silencio tenso, con un sentimiento de pavor asentándose sobre
ella como un sudario, cuando intentaba convencerse de que sólo estaba siendo tonta, que estaba segura
en la casa de su hermana y que nadie allí le haría daño. Tenía que ser su imaginación jugándole malas
pasadas. Pero de alguna manera no podía escapar de la sensación de que alguien estaba allí esperando.
Alguien que la quería mal.

Nunca se acabará hasta que te acuerdes de todo…

El ominoso susurro, fue aumentando en intensidad dentro de su cabeza, repitiéndose una y otra vez,
hasta convertirse en un estruendo, y ella retrocedió hasta la noche en que su madre fue asesinada. La
biblioteca oscura en la que lord Stratton robó todo lo que de bueno había en su vida con un solo tiro.

Amenazantes imágenes brillaron ante sus ojos, borrosas e indistinguibles, ella intentó aclarar la niebla.
Si pudiera conseguir centrarse, estaba convencida de que podría ver lo que realmente había sucedido…
En ese momento, las sombras aterrizaron sobre Aimee, que se movió y desplazó de sitio, y una sombra
oscura impactó contra ella, que aterrada se soltó de la barandilla, cayendo de repente hacia atrás,
cayendo… cayendo… cayendo en la nada.

Golpeó el suelo con la cabeza brutalmente, al caer en el vestíbulo de entrada. Y no supo más.

¡Maldito el infierno eterno!

Su sangre hervía a fuego lento en sus venas, Royce regresó a la casa, totalmente disgustado con él
mismo y con Lady Olivia Daventry.

Había perdido temporalmente su cordura, decidió. No había ninguna otra explicación posible para lo
que había hecho. Había prometido que iba a dejar a Aimee sola. Que nunca traicionaría por palabra o
escritura que la quería con una fiereza que rozaba la obsesión. Aún así la había cogido en sus brazos y
besado como si tuviera todo el derecho. Como si le perteneciera a él.

¿En qué había estado pensando?

Ah, pero ahí estaba el problema. No había pensado. O, más bien, había pensado con su polla en lugar
de con su cabeza. Había dejado que su temperamento y su deseo se impusieran, y el resultado había
sido un beso explosivo que le había dejado tambaleándose.

Se dolió, recordando la infinidad de expresiones que habían cruzado la cara de Aimee a raíz de su
abrazo. Vergüenza, confusión y daño habían pasado por sus ojos, y no podía hacer nada para ayudarla.
Cristo, pero ¿cómo podría hacerla entender cuando apenas se entendía a sí mismo?

Y para rematar todo, la tía musaraña de Aimee, no le consideraba adecuado. Manténgase alejado de mi
sobrina, Lord Stonehurst. Le había advertido sin rodeos en el momento en que Aimee, se fue del jardín
y se quedaron solos. No era un compañero adecuado para una niña impresionable y ahora que es
mayor, su asociación sería totalmente inaceptable. Ya es bastante malo que mis dos sobrinas mayores
hayan acabado con hombres mal vistos por la aristocracia, pero no voy a consentir que Aimee traiga
más desgracia a esta familia por su vinculación con alguien que es un paria a los ojos de la sociedad.

Lo único que podía reconocer de las palabras de la bruja, era que la mayor parte de lo que le había
dicho era verdad. Sabía en su interior que lo mejor era permanecer lejos de Aimee, y esta noche había
demostrado la importancia de esa decisión.

Sin embargo tenía que reconsiderar sus pesadillas. No podía decir que eran el regreso de sus recuerdos,
e independientemente de sus deseos, no se sentía bien ocultando un secreto de esa magnitud ante su
padre y el resto de la familia.

Era una maraña, y no sabía lo que iba a hacer. Sin embargo, sí sabía lo que no debía hacer, había sido
un error participar en la fiesta desde el principio, y eso iba a rectificarlo ahora.

Con grandes zancadas entró a través de las puertas francesas en el salón, notó con alguna sorpresa que
la sala estaba bastante desierta. Las únicas personas presentes fueron Miss Lafleur, la duquesa viuda de
Maitland y Connor Monroe, que estaban sentados ante la chimenea, charlando cómodamente. Él
inclinó la cabeza ante ellos, pero no se detuvo a hablar. En cambio salió al pasillo, intentando localizar
a Hawksley, así podría desear a su amigo buenas noches antes de irse a su alcoba.

Pensando se había detenido en el arco del vestíbulo, cuando sonó un grito estridente que hizo eco en las
paredes. Girando la cabeza encontró una doncella joven aterrorizada en el extremo opuesto del
vestíbulo, que apuntaba con su cabeza en dirección a lo que parecía un montón de ropa en la base de la
escalera, asustada con la mano en la boca y su cesto caído a sus pies. Pero cuando se asomó, se dio
cuenta de que no era ropa. Era un cuerpo. Un cuerpo pequeño y femenino vestido con seda de color
ámbar.

¡Aimee!

Su corazón pareció dejar de latir por un momento terrible y, a continuación, se lanzó nuevamente en un
galope alimentado por la adrenalina, corrió a su lado y se arrodilló junto a ella. La intensa palidez de
su rostro fijó sus ojos, sin poder saber si estaba respirando. Al llegar, rozó un lado del cuello para
comprobar su pulso. Era tan débil y errático, que casi no lo detectaba, su boca se apretó en una sombría
línea cuando vió el charco de sangre debajo de su cabeza. Rezumando de una herida que estaba un
poco por encima de su oreja izquierda.

Pero lo que le asustaba más que nada era su quietud absoluta. Ni una vez durante su inspección había
despertado ni siquiera un poco.

Dios mío, ¿qué ha pasado?

La exclamación preocupada provenía de Lord Albright, que descendía las escaleras tan rápido como
podía un hombre de su avanzada edad, sus dos hijas mayores iban detrás.

Cogió a Aimee en sus brazos, y Royce se levantó, sólo apenas podía escuchar las frenéticas
instrucciones de Lady Hawksley a la sirvienta moviéndose para enviar un lacayo que trajera al médico.
Estaba demasiado preocupado por la forma en que se inclinaba la cabeza de Aimee sobre su hombro,
como para notar nada más. De nuevo le vino a la cabeza la imagen fugaz del cuerpo de Cordelia,
debajo del faetón de Alex, y escuchó la voz de su padre, como si estuviera a gran distancia, mordaz y
llena de odio. Desde el momento en acabó con la vida de su madre al nacer, solo había provocado
destrucción en su familia. Y a quien fuera suficientemente tonto para cuidar, al final sólo le provocaría
sufrimiento. Tembló ante su condena. Aimee tenía que estar bien, simplemente tenía que estarlo. Se
negó a creer que su maldición se la había arrebatado. La mera posibilidad era demasiado dolorosa
incluso para considerarla.

No sé lo que ocurrió, dijo finalmente en voz alta, intentando responder a la mirada ansiosa del marqués.
Pero puedo asegurarle que tengo toda la intención de averiguarlo.

Capítulo 7
Lo primero que Aimee percibió fue un murmullo de voces. Bajas, distintas, con diferentes grados de
preocupación, mezclándose con un molesto zumbido en los límites de su conciencia.

A través de la niebla que nublaba sus sentidos, luchó para saber que decían, desesperada por saber por
qué sonaban tan preocupadas. Pero aunque lo intentaba, no podía entender ninguna de las palabras.
Eran demasiado bajas y confusas.

Lo siguiente que percibió fue un dolor palpitante en sus sienes, que parecía empeorar con cada minuto
que pasaba. Y cuando intentó mover su cuerpo para comprobar su condición, se dio cuenta de que el
resto no estaba en mucha mejor forma. Sentía como si todo fuera una masa de golpes y contusiones, y
se sentía como si hubiera sido atropellada por un carro.

Estrechando sus ojos, parpadeó, tratando de determinar su paradero. Apareció acostada en uno de los
sofás en frente Maura y Hawksley, y sólo pudo divisar vagas sombras de personas que se reunían a su
alrededor. Nerviosa, intentando escuchar por encima del zumbido en sus oídos fragmentos de
conversación finalmente comenzó a comprender con sorprendente claridad.

Se ve tan pálida...

Nunca debí animarla a venir esta noche, pero pensé que sería bueno para ella... No entiendo por qué no
nos dijo antes...

Fue ese último comentario, el que hizo que jadeara y se levantara, pero en ese momento, el dolor de
cabeza explotó como una bola de fuego matándola, y ella gritó.

No intente moverse demasiado rápido, querida.

La amable voz masculina fue acompañada por una mano suave que presionaba su espalda contra los
cojines del sofá, y no intentó resistirse. En cambio exploró con delicadeza con las puntas de los dedos,
la parte trasera de su cabeza y encontró los gruesos pliegues de un vendaje.

Supongo que le debe doler la cabeza.

Al instante, supo quien había hablado, y miró acusadoramente a su torturador. Stonehurst.

Estaba apoyado en la parte trasera del sofá, su frente fruncida, lanzó una mirada inescrutable. Imposible
saber que pensaba con su mirada desapasionada.

¡Maldito hombre! pensó Aimee. Si él había traicionado su confianza y les había hablado sobre sus
sueños, nunca le perdonaría.

Luchando para evitar mostrar su malestar, miró alrededor al resto de su familia, que estaban reunidos
todos en la sala. Su padre y un caballero de edad que reconoció como el Dr. Merriman, el médico de la
familia, inclinados sobre ella, con cara de preocupación.

¿Qué ha pasado? ella susurró, apenas capaz de forzar la cuestión fuera a través de los labios resecos.
Esperábamos que pudieras decírnoslo. Dijo Lord Hawksley, que estaba detrás del médico y el Marqués,
envolviendo a Maura por la cintura con un brazo y con gesto angustiado.

¿Qué queréis decir?

Te encontramos al pie de la escalera, querida. Jilin se sentó en el otro extremo del sofá, con los ojos
abiertos y turbulentos, tras sus gafas. No estamos seguros de cómo llegaste hasta allí, pero debes
haberte caído y golpeado la cabeza.

Caído. Sí, podía recordar ahora. Había sido subiendo las escaleras hacia el segundo piso cuando alguien
salió de las sombras y la empujó…

No, espera. ¿Alguien la había empujó? Ahora al recordar, se dio cuenta de que no había sentido
realmente a nadie tocarla. Había estado tan asustada, confusa y abrumada por las pesadillas sobre su
pasado, que no podía estar segura de lo que había pasado realmente. ¡Y no tenía sentido! ¿Qué razón
podría tener nadie para querer perjudicarla? Independientemente del temor que la embargaba, no tenía
la certeza de que alguien la hubiera acechando en la oscuridad, era probable que nadie hubiera estado
allí en absoluto. Había imaginado todo. Pero no podía decírsela a nadie. Su familia pensaría que estaba
loca.

Así que desplazó a un lado su recuerdo del incidente y se obligó a sí misma a hacer frente a su padre en
un tono tranquilo. Te estaba buscando, papá. Me he sentido indispuesta durante la mayor parte de la
noche y tenía la esperanza de que usted estaría de acuerdo en llevarme a casa.

Lord Albright la examinó con ojos ansiosos. Sí Violeta nos ha informado. ¿Esa es la razón por la que te
caíste, ratón? ¿Te han echado algún hechizo mareador?

Sí, lo creía. Mordió su labio inferior, ignorando la quemadura de la mirada de Stonehurst, en la parte
posterior de su cuello. Se negó a sentirse culpable por intentar proteger a quienes amaba de más dolor.
Me dolía un poco la cabeza, así que supongo que debí marearme y perder el equilibrio.

El Dr. Merriman, que sujetaba su muñeca, tomándole el pulso, que siempre había sido su querido
médico, dijo “Deberías descansar durante algunos días, pequeña”, acariciándole la mano. “Mucho
reposo en cama, así bajará la hinchazón del ojo, no se debe dejar esa contusión pasar a la ligera”. Su
sonrisa se desvaneció, y una luz brilló en sus ojos, sin olvidar que estabas agotada y debilitada, antes de
que esto ocurriera. ¿Exactamente cuánto tiempo has estado enferma?

Aimee cruzó las manos en su regazo. Yo no diría que estuviera enferma, solo me dolía la cabeza. Y…

Ah, Aimee, Maura interrumpió su explicación, me dijo esta tarde que se sentía mal, y no la creí, pensé
que sólo era una excusa.

Estoy bien, Maura.

Eso está por ver, joven dama. El doctor se enderezó y se fue a recuperar su maletín. En cualquier caso,
el reposo le vendrá bien. No debe hacer ningún esfuerzo, y si continúan los dolores de cabeza, espero
que me informen... Miró atrás sobre su hombro. ¿Entienden?
Aimee demasiado cansada y dolorida, solo pensaba en regresar a la casa de Albright y trepar a su cama
suave. Quizás después de la emoción de esta noche, estaría tan cansada por primera vez que sería capaz
de dormir toda la noche sin que sus pesadillas le preocuparan. Papá, ¿crees que Cono o Hawksley
podrían ayudarme con el traslado? preguntó al Marqués. Estoy más que dispuesta a volver a casa, pero
me temo que no me sostendrían mis pies.

¿Es eso inteligente? La pregunta vino de Stonehurst, e hizo que le mirara iracunda. Había contribuido a
la discusión hablando de su testarudez y ahora volvía a interferir. Si no puede sostenerse sobre sus pies,
dudo que ir en un carruaje hasta Belgrave Square sea una buena idea.

¡Claro, Stonehurst!, no lo había pensado dijo Lord Albright. Giró y levantando una ceja se dirigió al
médico. ¿Merriman?

El médico contempló a Aimee por un momento en silencio antes de responder. Lord Stonehurst está en
lo cierto, dijo finalmente. Probablemente sería mejor si no se moviera por un tiempo. Incluso sin una
conmoción, lidiar con su caída por las escaleras probablemente la dejará dolorida por una semana o
dos.

Maura se adelantó y llamó la atención del marqués, colocando una mano en su brazo. Puede quedarse
con nosotros durante unos días, papá. Tenemos mucho espacio. También eres bienvenido si deseas
quedarte. Lord Albright, mostró una mirada de alivio. Una idea fantástica, querida.

Aimee sintió una repentina oleada de náuseas y no podía decidir si lo era debida a la protuberancia de
su cabeza o su rápidamente creciente aprensión. No podía quedarse. Él se hospedaba aquí.

Levantando su mentón y rogando que su voz no demostrara su agitación, tragó la bilis de la garganta y
trató de protestar. Maura, por favor. No quiero imponer mi presencia.

No te impones. Insisto.

Pero esto es completamente innecesario. Estoy bien. ¿Ves?

Aimee comenzó a sentarse, con intención de probar su afirmación, pero tuvo que ahogar un gemido
cuando la sala comenzó a dar vueltas a su alrededor y su estómago protestó.

Maura corrió a su lado para volver a tumbarla. No estás bien, hermana. Y haremos lo que el Dr.
Merriman, crea necesario. Te agradecería que no discutieras conmigo.

Parecía que había tomada la decisión por ella. Antes de que pudiera pronunciar otra palabra de protesta,
hubo un éxodo masivo. Maura se apresuró una de las preparar una de las habitaciones para Aimee,
mientras que Lord Albright, Jillian y Hawksley habían seguido al médico cuando salió al pasillo
emitiendo instrucciones para su cuidado.

Alguien debía vigilarla toda la noche, y les iba a dejar unos gramos de láudano para el dolor, les estaba
diciendo. Por supuesto si me necesitan…
Su frase quedó en un indescifrable mutis y Aimee quedó sola en un silencio abrupto con Lord
Stonehurst.

¿Se da cuenta de lo que ha hecho? escupió, golpeando con su puño los cojines junto a ella. Estamos
ambos atrapados en la misma casa por quién sabe cuánto tiempo. ¿O ha olvidado que se hospeda aquí?

Casualmente paseando alrededor del extremo del sofá, se situó a pocos metros de distancia y le
devolvió una mirada desafiante. No lo he olvidado.

Entonces ¿en qué estaba pensando?

Estaba pensando, que necesita alguien que la vigile. Usted y yo sabemos que su caída por las escaleras
fue un resultado directo de esas malditas pesadillas suyas. No puede dormir y apenas come, está
enferma. ¿Cómo explica su repentino desfallecimiento?

Aimee echó un rápido vistazo al corredor, donde sus familiares todavía conversaban con el Dr.
Merriman en voz baja. Ella respondió a las observaciones del vizconde, con fingida incomprensión. No
sé de qué me está hablando.

Estoy seguro de que sí. El rostro de Stonehurst, se endureció repentinamente, y por primera vez desde
que había recuperado la conciencia, vislumbró una chispa de emoción real en sus ojos grises.
¡Maldición, podrías haber sido asesinada! ¿Tienes alguna idea de cómo me sentí cuando te encontré
tirada allí en el hall de entrada? Estabas sin sentido y sangrando, temblaban las palabras y la mandíbula
estaba tensa, la cicatriz resaltaba como una vívida marca en la cerúlea palidez de su rostro. Sin
embargo, después de un segundo o dos, una cortina en blanco cubrió su expresión, y pasó a un tono
mucho más controlado. No me gusta lo que haces. Pero si no voy a ser honesto con tu padre acerca de
todo esto, entonces supongo que me debo nombrar tu Ángel de la guarda.

Aimee fue sacudida en su armadura impenetrable, pero disfrazó su desconcierto con su estado delicado.
Tal vez lo que pasó entre nosotros en el jardín ha nublado su mente, pero en este momento, no puedo
sino pensar que usted es la última persona que debería cuidar de mí

El protestó. Sugiero que ambos hagamos nuestro mayor esfuerzo para fingir que nunca pasó. Fue un
beso. Nada más. Y estoy dispuesto a poner cualquier diferencia que tengamos un lado si significa
asegurarme de mantenerte fuera de problemas. Estimo mucho a su padre, y realmente debo impedir que
le suceda cualquier cosa a su amada hija debido a su obstinación.

¿Obstinación? ¿Cómo se atreve?

Levantó las cejas indignado ¿qué es incorrecto, mylady? preguntó burlonamente. Seguramente si yo
puedo sobrevivir unos días bajo el mismo techo que usted, podrá tolerar mi presencia un poco. A
menos que haya alguna razón que lo haga muy difícil. Quizás ese beso significó más para ti de lo que
pretendes.

Usted… que arrogante…


Estás ahí, Stonehurst. Vi el médico salir. Dime cómo está.

La orden cortó a Aimee, que esperó para ver entrar a la duquesa viuda de Maitland en la sala.

Suavizadando rápidamente su expresión, le dedicó una sonrisa a la anciana. Puede preguntarme usted
misma,su gracia.

¡Ah!. Así que estás despierta. Apoyándose fuertemente en su bastón, se había sentado en el sillón
enfrente del sofá, su rostro denotaba su preocupación. Da gusto saberlo. Estábamos bastante cerca,
sabes. Fue una caída desagradable.

Un destello de movimiento más allá del hombro de la viuda, hizo que Aimee, mirara el pasillo fuera de
la puerta. Su padre, Jillian y Hawksley habían desaparecido de la vista, pero su tía, Lord Bedford, y el
duque de Maitland habían tomado su lugar. Los tres agrupados en un pequeño nudo apretado,
murmurando entre sí furtivamente.

No había nada furtiva en la intención de Olivia, sin embargo. Su mirada glacial habría sido suficiente
para producir un escalofrío en la más incondicional de las personas.

¿Cariño?

Theodosia, puso fin a la distracción de Aimee, que alejó su mirada de su tía. Si, su gracia, fue una mala
caída, pero como puede ver estoy bien.

No estás bien.

No en vano, esta evaluación contradictoria provenía de Stonehurst, y Aimee dijo con resentimiento por
su temeridad. Si digo que estoy bien es que estoy bien.

Tendrá que disculparme, su gracia, si le aconsejo no tomar en consideración su opinión, ella es la única
que piensa así.

¿Sabe?, no solía ser tan tirano y dictatorial, milord. Me gustaba mucho más cuando era esquivo y
taciturno.

Y yo prefería cuando no eras tan rencorosa e irascible.

Si yo estoy irritable, es sólo porque…

Theodosia, que había estado observando el antagonista intercambio con asombro, golpeó el piso con
su bastón, para poner fin a su disputa. Sus ojos marrones demasiado perspicaces, saltaban de ida y
vuelta entre ellos. ¿Qué el significado todo esto? ¿Me he perdido algo?

Aimee inspiró profundamente, intentando frenar su temperamento. Mortificada al darse cuenta de que
estaba manteniendo otra batalla verbal con él, enfrente de la viuda. Ella que era la hermana Daventry
tímida. La que nunca se enojaba ni discutía con nadie. Pero desde que había descubierto que Stonehurst
había regresado a la ciudad, sus emociones se habían hecho extremadamente volátiles, y su falta de
control sobre ellas era desconcertante por no decir otra cosa.

Perdón, su gracia, dijo altiva. Al parecer Lord Stonehurst está bajo la impresión equivocada de que soy
incapaz de cuidar de mí misma.

¿Seguramente apenas puede culparme por haber formado esa impresión? replicó. Creo que después de
los acontecimientos de esta noche, cualquier ser humano razonablemente inteligente se vería obligado a
aceptar que tu juicio, cuando se trata de su propio bienestar, deja mucho que desear. Pero no estoy de
humor para discutir el más el tema. Con ojos grises tan duros como el granito, inclinó su cabeza a la
duquesa viuda en una reverencia. ¿Me disculpa, su gracia?

Lívida, Aimee vió como abandonaba la habitación, luego se volvió a Teodosia con brazos cruzados en
una pose indignada. ¿Ve cómo me insulta? Ahora está cuestionando mi inteligencia. Y pensar que
tendré que soportar su insufrible presencia en los próximos días. Gracias a sus maquinaciones, Maura
ha insistido en que me quede aquí, donde ella puede cuidarme mientras me recupero de mi caída. Es tan
odioso que me impulsará a matrme antes de que acabe todo.

La viuda parpadeó, claramente impresionada por su hostilidad. Estoy asombrado. Nunca te he visto
como antes. Había pensado que antes se llevaban bastante bien. Y ahora aquí están, peleando como...
— ella se calló abruptamente y sus ojos se redujeron con un destello especulativo de no buen augurio.
Su expresión era de alguien que había tropezado con algo de interés y ahora intentaba decidir qué hacer
al respecto.

Eso fue suficiente para poner a Aimee extremadamente nerviosa.

¿Su gracia? se atrevió cuando fue evidente que la Duquesa no iba a continuar. ¿Qué estaba a punto de
decir?

¿Hmmm? Teodosia parpadeó nuevamente y salió de su trance. ¿Iba a decir algo? Lo siento, querida.
Pero la memoria se pierda a mi avanzada edad. ¿De qué estábamos hablando?

Discutimos mi estancia inminente bajo el mismo techo que Lord Stonehurst.

Sí, puede resultar ser muy interesante, reflexionó la Duquesa, con una astuta sonrisa curvando sus
labios.

Más que interesante, de hecho.

Las palabras llenaron a Aimee con una sensación de malestar, y súbitamente tuvo la sensación de que
las cosas estaban a punto de ponerse mucho más interesantes de lo que incluso la viuda sospechaba.

Capítulo 8
A la mañana siguiente, Royce recorría a zancadas el largo del pasillo del segundo piso en su camino
para desayunar cuando vió a Lady Hawksley, que justo salía de uno de los otros dormitorios del
corredor.

Con sus trenzas de ébano sueltas de su elegante chignón y sus ojos azules brillando con agotamiento, la
Condesa parecía cansada.

Sin embargo, una sonrisa de genuina calidez, la iluminó en el momento que vió a Royce.

Buenos días, lord Stonehurst, le saludó. Confío en que durmió bien.

Había pasado las últimas horas, entrando y saliendo de la cama. No importaron todos sus esfuerzos
para bloquear su mente, seguía invadida por imágenes de Aimee caída en la base de la escalera,
encontrarla pálida e inmóvil, con el cuerpo golpeado y sin conocimiento, le había dejado tambaleante.

Quizás por eso, no manejó su confrontación con ella con táctica. No es que se la conociera por su tacto,
pero había sido más arbitrario que de costumbre. Descontento con los resultados esperaba, que
compartiendo el mismo techo, podría tener la oportunidad de manejarlo mejor. Ahora todo lo que tenia
que hacer era protegerla y no tener ningún contacto directo con ella, al mismo tiempo.

Una tarea bastante monumental, de hecho. Y no podría confiar en nadie. Ni siquiera en Lady Hawksley.

Por lo tanto, ocultó sus rasgos con una máscara, contestando a la pregunta educadamente en un tono
informal, que ocultaba su agitación interior. Supongo que he dormido según las circunstancias.

La Condesa suspiró. ¿Sí, la noche fue bastante agitada, no?

Sin duda era un eufemismo, pero Royce no se molestó en señalarlo. En su lugar se movió hacia la
puerta que acababa de cerrar detrás de ella. ¿Cómo está?

No parece que tenga más daños, gracias a Dios. Aunque debo decir, nunca me di cuenta de lo mal
paciente que puede llegar a ser. Se queja de estar aburrida e insiste en vestirse. A pesar de que he
trazado la línea impidiéndola bajar, ella está enfadada conmigo ahora, pero estoy decidida a que se
respeten las instrucciones del médico en ese sentido.

Bastante admirable. Una vez que se recupere plenamente, estoy seguro de que apreciará el hecho de
que sólo el interés por su bienestar ocupaba su corazón.

Lady Hawksley, dijo con expresión mesurada. Me siento responsable, admitió suavemente. Yo fui la
que la empujó a venir anoche, pero no tenía ni idea de que se estuviera sintiendo mal.

Seguro que ella no quería que se supiera, señaló Royce, intentando aliviar una pequeña porción de
autoinculpación. A su hermana no le gusta ser una carga para aquellos que ama, y se le da bien ocultar
cosas cuando quiere.

Sí, ella es así. Inclinando su cabeza, le estudió con sumo interés. Parece conocerla excepcionalmente
bien.
Y aquí empezaba a tener que andar con cuidado. Había aprendido que lady Hawksley era muy astuta, y
no quería para nada despertar su curiosidad, acerca de sus sentimientos hacia Aimee. La conozco lo
suficientemente bien como para ser consciente de que tiene mucha más voluntad de lo que su timidez
sugeriría.

La Condesa rió por su observación. Eso es cierto, estuvo de acuerdo.

Ella tiende estar molesta conmigo porque la importuno incesantemente, pero ha sufrido mucho desde
que murió mamá. Podría encerrarse en sí misma, alejada de todos. Yo insisto en que asista a algún
evento social eventualmente y le presento a los lores más elegibles de nuestro círculo. El tipo de
jóvenes bien parecidos, que podrían despertar su interés sin hacerla sentirse amenazada.

En otras palabras, el tipo de hombres jóvenes que Aimee encontraría demasiado vacíos y habladores,
concluyó Royce un gesto de burla. Hombres jóvenes que nunca podrían identificarse con el dolor que
había sufrido o el trauma dejado por la experiencia. Esos tontos cabeza hueca no eran para ella.
Necesitaba alguien que pudiera entender y simpatizar con el hecho de que había sido marcada por la
tragedia que aún la atormentaba. Alguien como…

Pero se negó a terminar el resto de la oración, incluso en su propia mente. O contemplar la pequeña
chispa de celos que le hirió al pensar en ella con otro hombre. Era lo adecuado pero le enloquecía.

Ajena a las cavilaciones de Royce, la Condesa todavía hablaba, sin poder ocultar la frustración que se
había colado en su voz. Lamentablemente, mi hermana es más que resistente a mis esfuerzos de
emparejamiento. Por eso, cuando Gabriel ideó la planificación de una cena para celebrar su llegada a la
ciudad, pensé que era una oportunidad perfecta para invitar a algunos de nuestros conocidos varones
jóvenes, pero Aimee... Se calló bruscamente, enrojeciendo, estrechó los ojos al darse cuenta de su
equivocación.

Oh querida. Lo sé bastante bien, milady, aseguró, con un gesto irónico de su boca. Ya había conjeturado
que la reunión de anoche era más o menos en mi beneficio. ¿Hawksley intenta probarme y arrastrarme
fuera de mi exilio autoimpuesto, supongo?

Sólo quiere verle feliz, milord. Del mismo modo que yo quiero ver a Aimee feliz. Royce podría haber
dicho a la Condesa que algunas personas no merecen la felicidad y sólo cosechaban lo que sembraron,
pero mantuvo su lengua. Era mejor para la mujer ver las cosas desde su punto de vista.

En ese momento, se abrió la puerta del dormitorio de Aimee y una criada delgada, sacó una bandeja de
té y pan tostado. Milady, se niega a tomar incluso un mordisco de su desayuno, la camarera sonaba
angustiada. Dice que comerá cuando esté hambrienta y ni un minuto antes.

Las manos de Lady Hawksley manos fueron a sus caderas como muestra de descontento. ¡Cielos!
Estoy seguro de que no sabe lo mal que se comporta.

Había pocas dudas en la mente de Royce acerca de lo que conducía a la obstinación de Aimee. Ella
estaba enojada con él, y al parecer planeaba sacar a todo el mundo de sus casillas, durante su
convalecencia.
La Condesa había comenzado a caminar delante de él, con pasos agitados. Aimee simplemente debe
comer algo, dijo El Dr. Merriman fue categórico, pero parece luchar contra cada palabra que tengo que
decir, y no tengo tiempo para discutir con ella. Ya es tiempo de alimentar a Fiona, y ella debe estar
montando un alboroto ahora mismo.

Royce miró fijamente la puerta y, a continuación, contempló la bandeja en las manos de la criada.
Debía permanecer al margen. Lo sabía. ¿No acababa de decirse que tenía que evitar cualquier contacto
directo si quería acabar cuerdo en los próximos días? Pero su conciencia no le permitió escaparse de
una situación derivada en parte por sus decisiones, y habló antes de que pudiera reconsiderar sus
palabras. ¡Deme la bandeja!, conseguiré que ella coma.

Lady Hawksley se calló bruscamente y parpadeó con asombro. Lord Stonehurst, dijo poco a poco, no
sería precisamente muy considerad si le diera permiso para hacer tal cosa. No es un sirviente ni
enfermera para manejar esa tarea y estoy seguro que no necesita que le recuerde que no es en absoluto
adecuado que un caballero que no es pariente esté a solas con una mujer joven en su alcoba.

Ah, pero yo soy prácticamente un miembro de la familia dijo en tono indolentes. O por lo menos es lo
que dice su marido bastante a menudo. Y si van contra la pronta recuperación de Lady Aimee, las
normas del decoro parecen bastante intrascendentes. ¿No está de acuerdo?

La Condesa cruzó los brazos y le examinó con una intensidad que inquietante, casi como si estuviera
tratando de leer sus pensamientos. Después de un largo período de silencio, sin embargo, finalmente
aclarará su semblante y apareció un destello de humor en los ojos. ¿Y está seguro de que puede lograr
esta hazaña, milord? Mi hermana ya ha echado a los miembros más robustos de mi personal. Y después
de estar sentado con ella durante la mayor parte de la noche, incluso papá fue expulsado esta mañana.
Creo que se fue murmurando algo sobre una soga y cargos de asesinato.

Royce levantó una ceja. He enfrentado lo peor que el escuálido ejército tenía que ofrecer, Lady
Hawksley, dijo escuetamente. Creo que puedo manejar un problema con una niña.

Muy bien. Pero si necesita refuerzos, Hawksley, voy a estar abajo.

¿Está intentando asustarme, milady?

¿Funciona?

Supongo que todavía está por verse.

La condesa se rió y, a continuación, inclinó su cabeza en aprobación antes de dirigirse a la sirvienta.

Hannah, dele a Lord Stonehurst la bandeja.

La doncella entregó su carga sin dudar y, a continuación, cruzó rápido hacia el corredor, como si
tuviera miedo de que cambiara de opinión. Lady Hawksley la siguió, después de echar un último
vistazo divertido a Royce sobre su hombro.
Y con una respiración profunda y una oración por la paciencia, se había cuadrado de hombros y se
aventuró en la guarida del león.

Vestida con un traje de mañana de muselina azul pálido que parecía un poco demasiado grande para su
pequeño cuerpo, Aimee estaba sentada en la cama con dosel, apoyada contra un montón de almohadas.
Y como Royce esperaba, con su nariz enterrada en las páginas de un volumen grueso y polvoriento de
poesía.

Se paró justo al lado de la puerta, mirando cómo leía, cuando un rayo de sol desde una ventana cercana
se derramó sobre su rostro picante, haciéndole parecer casi etéreo. Con el vendaje blanco apretando su
sien y el cabello castaño con un estilo más libre que de costumbre, parecía suave y delicada y muy,
muy frágil...

¿Sabe?, dijo de repente, sorprendiéndole, es muy grosero entrar en una habitación sin llamar. Se asomó
por encima de su libro, y se dio cuenta de que había sido consciente de su presencia todo el tiempo que
había estado estudiándola. También es grosero mirar.

Pillado desprevenido, en sus caprichosas meditaciones, disimuló su inquietud poniéndose a salvo. Y ya


que estamos en el tema de la grosería, creo que tratar a su familia como si se tratara de sus sirvientes,
entraría en esa categoría también.

Cuando vaciló un poco y evitó sus ojos, supo que su dardo había hecho diana.

Dejando la puerta abierta a sus espaldas, entró dentro de la sala, colocó la bandeja en la mesa junto a la
cama, y se cruzó de brazos en una pose deliberadamente indolente.

Lejos de mi intención darle un consejo, pero sería todo más fácil para ti, sin mencionar a todo el mundo
que está tratando de ayudar a que te recuperes, si simplemente cooperaras.

Es una cuestión de opinión, dijo, dirigiéndole una mirada cautelosa. ¿Qué hace aquí?

Le dije a tu hermana que estaba seguro de que tomarías tu desayuno. Fijó en ella su mirada, e
inclinándose hacia ella, dijo con voz llena de determinación. Y comerás, mi niña, aunque tenga que
alimentarte yo mismo.

¿Cómo se atreve? Dijo con el entrecejo fruncido, bajando el libro y elevando altiva la frente.

Apoyando ambas palmas sobre el colchón y había acortado la distancia entre ellos, hasta que su cara
estaba sólo a escasos centímetros de distancia de ella. Ah, te aseguro que me atrevería a casi todo. Por
eso sugiero que te tomes un momento para reconsiderarlo, antes de continuar discutiendo conmigo.

Las palabras fueron seguidas por un silencio cargado y Royce sintió una poderosa oleada de calor pasar
a través de él, cuando fue consciente de cuán cerca estaba de ella. Una vez más, se había puesto a sí
mismo en una situación precaria, pues su cercanía estaba causando estragos en sus sentidos y llenaba su
cuerpo de pulsante vida. Todo lo demás dejó de tener importancia y sólo podía pensar, en inclinar la
cabeza hasta la tentadora seda de sus labios, que estaban justo a nivel de su boca y capturarlos, justo
com había hecho anoche…
La memoria de aquel beso era una entidad tangible, agitando el aire entre ellos. Y era innegable que
afectaba a Aimee. Royce podía verlo en las profundidades de color ámbar de sus ojos.

Alejándose de ella, separó los pies de la cama y luchó por recobrar el control sobre sí mismo, antes de
abordarla nuevamente. Entonces ¿qué va a ser, milady? Pidió bruscamente.

Apretó los labios en una fina línea, hasta dejarlos exangües y no contestó. Justo cuando pensaba que
tendría que cumplir su amenaza y darle de comer él mismo, partió un trozo de tostada y se la llevó a la
boca con poca delicadeza. Se recostó en las almohadas y comenzó a masticar mientras le miraba con
hostilidad.

Con una máscara estoica firmemente colocada en su lugar, se hundió en un sillón cercano y apoyó los
codos sobre sus rodillas, tamborileando los dedos, mientras pensaba como decirle algo sin que se
enfadara con él aún más.

¿Sabes?, comenzó, entiendo que estés enojada conmigo y nada te gustaría más que ir a casa y olvidar
que existo. Pero es injusto castigar a tu familia por ello. ¿Qué culpa tienen? Sólo quieren asegurarse de
tu pronta recuperación, y tu actitud beligerante les hace sufrir tanto como a ti.

Hubo una larga pausa, ella miró hacia sus manos dobladas en su regazo. Tiene razón, milord, reconoció
finalmente, su expresión enfadada se desvanecía, reemplazada por otra de contrición sincera. Y voy a
pedirles disculpas, la próxima vez que les vea.

Su rápido cambio aturdió a Royce, pero ella no pareció notarlo. Continuó hablando, como si se hubiera
roto una presa, no podía detener el flujo de palabras. No quería disgustarles. Sé que están preocupados
por mí, y que no hay excusa para mi comportamiento. No es habitual en mí, pero se que he sido muy
desagradable, pero… Se calló, mordiéndose el labio. No fue necesario que continuara, él sabía
exactamente lo que iba a decir y terminó por ella: “Estaba totalmente sobrepasada por las
circunstancias”

Ella asintió. Las pesadillas. El accidente de anoche. Usted. Fue demasiado para poder hacer frente a
todo. He dejado que me domine el malhumor, no me reconozco y lo odio.

Por eso debe compartir sus cargas, Aimee. Con sus hermanas y su padre, antes de poder empezar a
olvidarlo todo.

No puedo hacer eso, y usted sabe por qué. Debo pasar por esto sola. Debo hacerlo.

Royce sofocó un juramento enfadado por su feroz declaración. Parece no la podría convencer de que no
podía manejar sola ese asunto. Dada su terquedad estaba agradecido de que estuviera en casa de su
hermana, donde le mecen desde su determinación para manejar todo a sí misma. Su terquedad pura
sólo lo hizo aún más agradecidos que ella estuvo aquí en su casa de hermanas, donde al menos no
descuidaría su salud. Necesitaba a alguien que la cuidara, tanto si quería admitirlo como si no. Y hasta
que ella estuviera dispuesta a confiar en alguien, él era la única persona disponible como centinela.
En cualquier caso, era evidente que seguir insistiendo, solo conduciría al fracaso, por lo que cambió de
tema. ¿Cómo te sientes esta mañana?

Dolorida, me duele un poco la cabeza. Tocó cautelosamente el vendaje. Aparte de eso, me siento
suficientemente bien.

En mi opinión, es bastante cuestionable.

¿Qué quiere decir?

Cuando ella iba a reforzar su comentario con un movimiento de mano, le dijo: Espera. Tanto si lo crees
como si no, no quiero pelear contigo ya. Sé que no estás en la mejor de las situaciones, pero ¿crees por
el bien de tu familia que podríamos intentar llegar a algún tipo de tregua? Sólo hasta que estés lo
suficientemente bien como para volver a casa. Después de todo, somos dos adultos, y si hacemos
nuestro mejor esfuerzo para mantener las formas delante de los demás, seguramente podríamos lograrlo
por unos días.

Después de una vacilación sorprendentemente breve, ella cedió. Supongo que podríamos intentarlo.
Como usted ha dicho, es sólo por unos pocos días. Y no es como si nos… ¡Tía Mee!

Al oir el alegre saludo de los niños, Aimee y Royce, giraron la cabeza para ver como Jillian, Connor y
sus dos gemelos llegaban al cuarto. Su madre estaba parada, con las mejillas rosas y sin aliento,
tratando de detener a los pequeños, Imparables, dijo a Aimee, después de mirar brevemente a Royce, y
ponerse a los pies de la cama. He tratado de retenerlos , pero estaban muy ansiosos por ver a

su tía después de oír hablar de su calvario. Tuve que prometerles traerles esta mañana a primera hora,
para una corta visita, para que comprobaran por sí mismos que estaba bien. Royce vió como uno de los
chicos subía a la cama junto a Aimee y lanzaba sus brazos alrededor de su cuello en un apretado
abrazo. Si podía saber si era Thane o Roderick, todavía tenía que averiguar una forma de distinguir a
los gemelos.

¿Te caíste? el pequeño niño preguntó, sonando horrorizado por la idea.

Aimee le abrazó, su gesto suavizado por el cariño. Sí, lo hice, Thane. Pero voy a estar bien antes de que
te des cuanta. Solo fue un pequeño golpe.

Por lo que el gemelo que permanecía junto a la silla de Royce y le miraba fijamente con ojos solemnes
era Roderick. O Roddy, como su familia lo llamaba.

Estabas preparado para cogerla, dijo el niño gravemente. Como ayer.

Royce sintió como su corazón daba un vuelco. ¿Sabes? dijo al muchacho en un tono igualmente
sombrío. Siento haber llegado un poco tarde esta vez, pero prometo que no volverá a pasar. Sus ojos
encontraron los de Aimee sobre la cabeza de Roddy, llenos de la promesa que había formulado, y al
instante fueron arrastrados los dos por el mar de fondo que corría entre ellos.
Tras unos segundos, sin embargo, Jillian, tosió rompiendo el hechizo. Veo que te has visto obligada a
pedir prestado un traje de Maura, observó, indicando el traje que Aimee llevaba, sentándose en el borde
del colchón.

Aimee levantó a su sobrino y le mostró el vestido de color hielo azul, que le quedaba grande con una
mueca. Sí, pero papá a prometido traer algunas cosas esta tarde. Mis vestidos, algunos de mis libros y
objetos personales. Estaré contenta si lo hace, porque no me gusta no tener mis cosas a mi alrededor.

Bien... Su hermana miró hacia atrás sobre su hombro, señalo con su dedo índice a Roddy. Los chicos
han traído algo que creo que ayudará un poco.

Roderick se acercó a la cama, con una sonrisa radiante en su cara pecosa. Royce, que estaba
observando el proceso, observó por primera vez, como el niño sacaba un paquete que tenía escondido
entre los pliegues de su camisa.

Trajimos un regalo, tía de Mee, anunció, y luego depositó una bola de pelo blanco y negro en su
regazo.

¡Tu gatito! Aimee lloraba, recogiendo a la criatura enseguida y acariciándola bajo la barbilla. La gata
ronroneo, la alzó y le dio un pequeño beso. Veo que no le pasó nada, después de correr ayer tantas
aventuras.

Su nombre es Sr. Tiddles ahora, le comunicó Roddy, trepando a la cama para sentarse junto a su
hermano.

¿Por qué Sr. Tiddles?

Fue Thane quien recostó en cerca a ella y contestó en un susurro, porque se comportó como un bebé en
los mejores zapatos de papá, esta mañana.

Aimee se rió, el sonido musical sorprendió a Royce con su nota de pura alegría. Con su rostro
iluminado desde dentro, nadie que la viera podría pensar en ella como simple.

¿Por eso decidisteis que era mejor alejarle de la vecindad de papá? Revolvió el pelo en las cabezas de
los chicos a su vez. Es un bonito gesto, pero no estoy segura de si su tía Maura querrá un gatito en
casa.

Lo comprobamos primero, le aseguró Jillian. Pero los muchachos querían asegurarse de que tenías un
amigo, que te hiciera compañía mientras que te recuperes.

La tía Mee, le salvó la vida, corearon los gemelos, con expresión seria.

Eso es bastante exagerado, creo. Realmente salvó su propia vida. Yo fui la que hizo el tonto por caerme
del árbol.

Ah, no sé, intervino Royce, con un toque de humor. Si te no te hubieras subido detrás de él, el pobre Sr.
Tiddles no podría haber encontrado el coraje para bajar. Podría estar incluso en ese árbol todavía.
Se levantó, se acercó a la cama y acarició la oreja puntiaguda del gatito, desde la pequeña cabeza bajó
al mentón, el borde de su pulgar, sólo rozó la mejilla de Aimee en una caricia sutil.

Una vez, dos veces. Ella se mantuvo completamente inmóvil, y él podía sentir cada uno de sus
estremecimientos como un latigazo.

¿Sabes? dijo con voz baja y suave como el terciopelo, en algunas culturas se cree que al salvar una
vida, ésta le pertenece.

Su boca se abrió, pero no emitió ningún sonido. Simplemente le miró fijamente, aparentemente
extasiada por el hechizo que tejió con sus palabras y por el tacto de su piel suave.

Jillian aclaró su garganta nuevamente, sacándolos a ambos de su ensoñación. Royce se alejó de la cama
preguntándose que poder tenía sobre él, que debía alejarse, que había razones por las que no podía
tocarla, sostenerla, besarla…

Tenía que salir de ahí.

Bueno, supongo que es hora de atender mis obligaciones, dijo uraño, retrocediendo hacia la puerta.
Tengo una cita con mi abogado esta mañana y varios otros mandados antes de salir para Stonecliff al
final de la semana. ¿Sime disculpan, miladys?

Y con eso, bosquejó una breve reverencia y salió de la habitación como si los sabuesos del infierno le
persiguieran, sintiéndose feliz de escapar.

Capítulo 9

¿Eso es todo, milady?

Ante la recatada pregunta, Aimee levantó la vista de su reflejo vanidoso en el espejo, para encontrar a
Hannah, la criada a su lado.

Sí, gracias, Hannah, dijo suavemente, ofreciendo a la chica una sonrisa amable. Se puede ir.

La sirvienta, no dijo nada más, ni siquiera buenas noches, se inclinó en una reverencia antes de salir de
la alcoba. Obviamente, la pobre Hannah, aún no se había recuperado de su primer encuentro, Aimee
reflexionaba sobre su mueca de rechazo y continuó peinando su pelo. Aunque había intentado
compensar su anterior comportamiento desabrido, la sirvienta todavía parecía inclinada a mostrarse
cautelosa con ella, y no podía culparla. Su comportamiento había sido imperdonable. Nunca antes se
había dejado llevar por la ira y la frustración afectando el trato con los de su alrededor y eso la llenaba
de tristeza.

Una ola de culpabilidad la embargó, se peinó con tal fuerza un largo mechón, que le dolió la cabeza.
Aunque todavía estaba fresca, la protuberancia de la cabeza parecía ir evolucionando bien, y justo el
día antes el Dr Merriman había asegurado que se recuperaba muy bien.
Había pasado casi una semana desde su caída por las escaleras. Ahora, sus mejillas lucían con un
saludable color y había recuperado parte del peso que había perdido en las semanas anteriores a su
accidente. Ella también había conseguido dormir varias noches sin sueños, bajo la atenta mirada de
Maura.

Y a Stonehurst, le había visto muy poco.

No era que le hubiera buscado, por supuesto, se aseguró apresuradamente a sí misma. Pero no podía
dejar de notar su ausencia. El Vizconde había estado fuera de la casa, desde el momento en que se fue
de su habitación para dedicarse a sus negocios y reunirse con su abogado. Se habían cruzado en el
pasillo una o dos veces y la había saludado fríamente en las pocas cenas familiares a las que había
asistido, había mantenido su promesa de mantenerse fuera de su camino. Y aunque sabía que eso, debía
hacerla feliz, lo encontró extrañamente molesto.

La mañana, pensó, que había entrado en su habitación, amenazándola terriblemente si no desayunaba,


se había comportado como un tirano autocrático. Había estado indignada con él, hasta que su toque
excitante, la hizo olvidar todas las razones por las que debía estar enojada con él.

Parecía que sin importar lo furiosa que pudiera conseguir ponerla, ella respondía sin poder controlar su
respuesta a su innato magnetismo.

Ahogando un suspiro, terminó de trenzar su cabello y se levantó de los almohadones colocados sobre la
cama. Su padre le había prometido que podría regresar a casa al día siguiente, y estaba ansiosa por
hacerlo. Aunque las pesadillas no la habían agobiado tanto durante su estancia en casa de su hermana,
no habían llegado a desaparecer del todo. Y seguía sin saber descifrarlas. No habían revelado nada
nuevo, sólo seguían desfilando las mismas indescifrables imágenes repetidamente.

Retiró la colcha, un maullido quejumbroso, hizo que tuviera que ahogar una carcajada, levantó el gatito
de sus sobrinos desde su cobijo, hasta acariciarle con la nariz.

Lo siento, Sr. Tiddles, le dijo suavemente. Estás en medio de mi terreno. Pero hay mucho espacio para
ambos, intenta no ser demasiado pesado conmigo.

Levantó el dobladillo de encaje de su camisón de batista blanco y se subió en el alto colchón, con un
sonido de satisfacción. Era una noche cálida, y había dejado las puertas del balcón abiertas para que la
ligera brisa refrescara su piel. La luna brilló a través de las cortinas sin molestarla. De hecho, sabía que
su luz, la ayudaba a conseguir un sueño profundo, al eliminar las sombras amenazantes que usualmente
bailaban alrededor de su cama. Así segura y con el Sr Tiddles, acurrucado junto a su cara, no tardó
mucho en dormirse y comenzar a soñar…

Una vez más, estaba en ese oscuro familiar pasillo, su corazón galopando en su pecho cuando se
asomó en a través de la ranura en la puerta de la biblioteca, con una escena aterradora desplegada
delante de ella. Su madre estaba frente a las puertas francesas, con el ceniciento rostro lleno de miedo,
intentando resistirse al hombre que tenía enfrente.
Por favor, decía la señora Albright, obviamente agitada pero intentando parecer calmada. Lo siento si
te herido, pero yo no sabía…

Lo sabías, interrumpió salvajemente el hombre, avanzando un paso amenazante. Te dije mis


sentimientos por ti, y reíste como si todo fuera una broma.

¡Eras tan joven! Pensé que era un simple encaprichamiento y que pronto olvidarías todo. La marquesa
hizo un movimiento involuntario con su cabeza. Pero obviamente estaba equivocada, pero esto no
resuelve nada.

¡No importa! Sus palabras sonaban atormentadas y el arma tembló visiblemente en su mano, aunque
seguía apuntando a su víctima. ¿No puedes entender que no tengo elección? Todo ido demasiado lejos
para que mí volver ahora. Verte con mi padre fue bastante malo, pero verte con Hawksley me mató.
Tengo que sacarte de mi cabeza. Tengo que hacerte parar.

Él hizo una pausa, y cuando continuó era con una nota de resolución inconfundible. Tienes que morir.

La amenaza fue suficiente para sacar a la petrificada Aimee de su estupor. Pasando a la acción,
empujó a un lado su inquietud y entró en la habitación, apretando los dientes y los puños ¡No haga
daño a mi mamá!

Hubo un instante de silencio asombrado cuando dos pares de ojos giraron en su dirección. ¡Aimee!
Jadeó la marquesa, con una expresión de horror y consternación. Pero cuando se movió para ir hacia
su hija, el hombre la detuvo con un gesto de su mano libre.

Bueno, ¿qué tenemos aquí? Su risa era fuerte y algo maníaco se desprendía de ella. Parece que tienes
un ratón en casa, milady. Quizás yo debería eliminarlo para usted.

La siguiente cosa que Aimee supo, fue que miraba el cañón de la pistola.

Por favor, ¡no! Rogó angustiada lady Albright, su voz sonó en la quietud, llena de angustia y alarma.
¡No le hagas daño! Es una niña.

Una niña que ha visto y oído demasiado, le comunicó el hombre desalentándola. No puedo dejar
testigos, ¿qué puedo hacer ahora?

A la marquesa le temblaban las manos. Un miedo muy real, nadaba en las profundidades de sus ojos
color ámbar y un nudo de pavor apretó la boca del estómago de Aimee. Nunca había visto tanto miedo
en la mirada de su madre, eso hizo que aumentara diez veces su propio terror.

Sin embargo, después de un segundo o dos, Lady Albright consiguió recuperarse lo suficiente para
enviar a su hija una mirada tranquilizadora. Luego, con una sonrisa trémula, giró y se dirigió al
hombre en voz baja, sorprendentemente sensual tan reñida con la ansiedad que acechaba en su
mirada, que conmocionó a Aimee. Si lo hicieras, sería muy imprudente, milord. Hay otras alternativas
mucho más atractivas para usted. Usted ha dicho que me ama. Que sólo quería estar conmigo. Si
cierto eso, entonces tengo una sugerencia.
¿Y cual sería?

Podemos irnos lejos juntos. Sólo nosotros dos. Comenzar una nueva vida en otro lugar.

Levantó su cabeza. Sus ojos, depredadores y brillantes, fueron la única parte de él que Aimee pudo
discernir claramente en la penumbra. ¿Lo haría? ¿Salir conmigo y no regresar nunca?

Con descuido deliberado, la marquesa levantó un hombro con despreocupación estudiada. ¿Por qué
no? Después de todo, no es como si mi vida ahora fuera feliz. Mi esposo nunca quiere que me divierta,
está siempre pontificando. Si me escapara, y tuviera que hacerse cargo de sus hijas, estaría agobiado.
Esa tediosa existencia podría ser suficiente para otra persona, pero nunca será suficiente para mí.

El tono despectivo de lady Albright apuñaló a Aimee como un cuchillo, y miro hasta en la mujer que le
había dado su vida con incredulidad. ¿Por qué estaba mama diciendo cosas tan terribles? No podía
dejarla. ¡No podía!

Las palabras siguieron saliendo por la boca de la marquesa, esta noche la niña ha sido testigo sólo,
del hecho de que su madre decidió huir con otro hombre. No hay que preocuparse de ella. Un ratón,
como usted ha dicho. Nadie la tomará en cuenta.

¿Y Hawksley?

Traté de explicarle que Hawksley no significa nada para mí. Tal vez ahora comprenda que le estaba
diciendo la verdad.

Una vez más, la pistola vaciló en su mano. Eso no forma parte del plan, insistió.

Pero a Aimee le sonaba menos seguro de sí mismo.

Pueden cambiar los planes. Siseó lady Albright un poco más cerca a él, mirándole debajo de sus largas
pestañas, ¡Vámonos ahora! Realmente no quiere verme muerta. ¿No preferiría tenerme toda para
usted?

Él dudó lo que parecía una eternidad y, a continuación, lentamente comenzó a bajar la pistola.

Y Aimee se asustó. No quería creerlo, pero no podía negar lo que había escuchado, y su sentimiento de
traición fue asombroso. Mamá realmente iba a hacerlo. Realmente iba a irse por esa puerta con ese
hombre y dejar a todos los que amaba detrás.

Lágrimas de dolor y enojo nublaron su visión, reaccionó sin pensar, volando hacia el monstruo que
querían robar a su madre lejos de ella y le atacó agitando los puños. ¡No permitiré que te lleves a mi
mamá!

A partir de ese momento, todo sucedió como a cámara lenta. Hubo otro destello del relámpago, y el
hombre la empujó lejos, levantó una vez más su arma. Al mismo tiempo, la marquesa dio un grito
estrangulado, y embistió tirándose entre su hija y la pistola.

La explosión de una bala resonó en las paredes.


Aimee quedó detenida en su movimiento, un grito de negación, se le escapó cuando vió a su madre
caer como una marioneta a la que cortaran los hilos. La vista la llenó de nauseas, y la habitación
comenzó a girar como un trompo a su alrededor. Pero aun cuando su mente abandonaba la
consciencia de lo que había presenciado, cuando todo se volvía negro, vió una persona sobre el
hombro que sólo añadió terror a su estado. Repentinamente un fuerte sonido sibilante llenó sus orejas,
y se dio cuenta que no podía respirar...

Se despertó, para tomar conciencia de que el sonido sibilante venía del Sr. Tiddles, que había saltado a
la cornisa cerca de la ventana y estaba erizado con ferocidad felina, el pelo de la espalda levantado con
indignación.

Y ella realmente no podía respirar.

Había algo que mantenía su garganta agarrada, cerrando su tráquea e impidiendo el flujo de aire a
sus pulmones. Y sólo entonces sus ojos comenzaron a ajustarse un poco y la figura oscura agachada
sobre ella comenzó a tomar forma la luz de la luna.

Debe olvidar, susurró una voz, las palabras resonaban con una amenaza sedosa.

¿Me oyes? Cualquier cosa que hayas recordado, debes olvidarla. O puedo prometerte que tus pesadillas
serán la menor de tus preocupaciones. No vivirás para contarlo.

Una almohada la golpeó en la cara, y ella empezó a luchar en serio.

Se desplomó en el sillón junto a su cama, Royce miró sin ver, por la ventana, el puñado de estrellas que
lucían contra el telón de fondo negro aterciopelado del cielo. Era bien pasada la medianoche, y la casa
hacía mucho tiempo que se había quedado tranquila. Pero después de haber pasado varias noches
mirando al techo, sabía por experiencia, que no le esperaba ningún descanso. A pesar de sus esfuerzos
de limpiar su mente, parecía que no había nada que sirviera para distraerle de su obsesión por la
seductora joven, que ocuparon la habitación de al lado.

Mientras que había logrado evitar a Aimee, durante toda la semana, no había podido sin embargo, dejar
de pensar en ella. Durante el día, cuando salía de la casa para dedicarse a sus asuntos, se encontraba
repasando en su cabeza todo lo que había pasado entre ellos, reviviendo cada detalle del apasionado
beso que habían compartido. Y por la noche, las horas de sueño que lograba alcanzar estaban llenas de
terribles sueños, en los que veía impotente como ella caía de las empinadas escaleras y aterrizaba en un
montón de abajo un vuelo empinado escaleras y aterrizaba en un montón de ropa en la parte inferior.
Cuando corría hacia ella y la levantaba en sus brazos, era para descubrir que ya no era Aimee, sino
Cordelia. Cordelia con sus ojos bien abiertos y vidriosos y su cuello doblado en un ángulo antinatural,
justo como lo había estado, cuando arrastró su cuerpo desde los restos del faetón de su hermano,
aquella tarde de hacía muchos años.

Ni que decir tiene que la falta de sueño le había dejado al límite. Mañana, sin embargo, podría poner fin
a su tormento. Concluido su negocio en Londres, planeaba salir hacia Stonecliff a primera hora de la
mañana. En cuanto pudiera agradecerle Hawksley, su hospitalidad, sería un alivio volver a casa. Su
extensa y remota finca en Cornwall, ubicada en la escarpada costa, era el lugar donde se sentía
realmente cómodo y libre para bajar sus defensas.

Y tal vez una vez pusiera unos cientos de kilómetros entre él y Aimee, finalmente sería capaz de
olvidarla.

Levantándose de su asiento, se pellizcó el puente de la nariz con una exhalación cansada.

Mañana prometía ser un largo día, y quería empezar temprano. No quería empezar el agotador viaje, ya
agotado. Quizás si esforzara por vaciar su cabeza, podría lograr una o dos horas de sueño.

Justo cuando iba a moverse, sin embargo, un leve sonido penetró en sus sentidos privados de sueño,
giró la cabeza y sus ojos se posaron en el muro que le separaba de Aimee. Se había convertido en una
gallina clueca, con cada ruido pegaba la oreja a la pared, esperando con ansiedad hasta asegurarse de
que todo estaba bien. Pero el sonido que había escuchado, no parecía tan inocuo como eran
habitualmente, una leve pisada, el crujido de la cama. Era poco más que una leve perturbación en el
aire, que le provocó un escalofrío la médula espinal, le hizo levantarse y ponerse en situación de alerta.
Y al girarse se dio cuenta de por qué.

Era un grito femenino estrangulado.

Con una velocidad que desconocía poseer, voló en el vestíbulo, sin molestarse en vestirse antes de abrir
bruscamente la puerta de la habitación de Aimee y colocarse encima del umbral. Debido a que la luz de
la luna, se derramaba a través de las puertas del balcón abierto, el interior de la cámara era casi tan
brillante como el día y allí no tuvo dudas al ver una figura masculina inclinada sobre la cama, que
intentaba aplastar a Aimee sobre el colchón, luchando por ahogarla con una almohada.

Un gruñido bajo salió de la garganta de Royce, y avanzó con la furia de un río de lava caliente, fuerte,
electrizada. Su visión estaba nublada por la ira, que le cegaba de todo excepto de la necesidad de
eliminar la amenaza.

Embistió hacia adelante. Pero antes de que él pudiera cruzar la habitación, el intruso giró, lanzando su
puño a la almohada y saltando de la cama para desaparecer por el balcón.

Con intención de no dejarle escapar, Royce lo siguió de cerca, sólo para ver como saltaba la baranda
con la facilidad de un hombre experimentado. Se balanceó hasta el suelo, y corrió para escalar la puerta
trasera, perdiéndose en la noche.

¡Condenación! Royce golpeó con un puño impotente contra la baranda. ¡Con sólo haber llegado un
segundo antes, habría detenido al bastardo! Frustrado con la rabia corriendo a través de sus venas, se
sintió como una pantera enjaulada, queriendo correr detrás del hombre, localizarle y desgarrarle con sus
manos.

¿Stonehurst?

La ronca voz de Aimee, le devolvió algún sentido y con cada fibra de voluntad intentó controlar la ira
que le embargaba. No podía perder el control delante de ella. Y no podía dejarla. Ahora no.
Entró en la habitación una vez más, se acercó a la cama y lentamente se sentó en el borde del colchón,
su mirada evaluar resbalando sobre ella, buscando signos visibles de heridas. Ella estaba hecha una
bola, con el pelo marrón suave suelto cayendo hasta la cintura y con el blanco camisón abierto en el
cuello revelando la pálida y suave curva de su hombro. Su expresión era tan asustada y vulnerable que
nada podría apartarle de ella. Ni su promesa de mantener sus manos lejos.

La atrajo hacia él, presionó su cara en su cuello y cerró los ojos, saboreando la sensación de sentirla
contra él cómoda y segura en sus brazos. Nunca antes había sintió tal temor o tal instinto de protección,
aunque no fuera capaz de examinar las razones demasiado estrechamente.

Shhh, la calmaba, acariciando su espalda, retirando los mechones de pelo, que habían caído en su cara,
mientras la acariciaba con la otra. Podía sentir como temblaba, lo que revivió su ira contra el agresor
que se había atrevido a poner sus sucias manos sobre ella. Pero se las arregló para ahogar esa chispa de
temperamento y continuó hablándola, tratando de calmarla con tono tranquilizador. Está bien.
Stonehurst.

Shhh.

No, Stonehurst, debe escucharme. La voz de Aimee, subió inesperadamente de volumen, y seguía
sonando vagamente rasposa, se apartó para poder mirarle. Tuve otro sueño.

La miró disgustado, por su insistencia en esa historia en un momento como ese. Aimee, aunque tus
pesadillas te preocupen, creo que hay ahora cuestiones mucho más importantes de las que ocuparnos,
como por si no lo has notado, que alguien ha tratado de matarte. Tenemos que advertir a su familia y
avisar a tu médico…

No, no lo entiende, le interrumpió, agarrando con sus manos su camisa, como si intentara transmitirle
desesperadamente la importancia de lo que tenía que decir. Vi más esta vez. Algo que nunca había
visto en mis sueños antes.

¿Qué?

Una cara. Vi una cara mirando a través de las puertas francesas detrás de Lord Stratton cuando sonó la
pistola. Era borrosa y no podía divisar bien quién era, pero había alguien allí. La conocía.

Aimee paró, se lamió los labios, luego siguió rápidamente como si necesitara sacar hablar sin pensar. Y
el hombre de esta noche dijo… dijo que tenía que olvidar. Que tenía que olvidar todo lo que había
recordado o no viviría para contarlo. Creo... Creo que debe estar vinculado de alguna manera con mis
sueños.

Royce la apretó en un abrazo cuando lo que ella le decía comenzó a aclararse en su mente. ¡Por Cristo!,
sabía que estas sangrientas pesadillas eran un mal presagio. Debía haber seguido sus instintos y contado
a su padre la información desde el principio. ¡maldición!

Se quejó, pero no dejó que sus palabrotas la callaran. Eso es no todo, dijo suavemente, a regañadientes.
La otra noche, no piense que sólo perdí el equilibrio y caí por las escaleras. Estoy casi segura ahora de
que alguien me empujó. Que alguien intentaba matarme.

Una rugiente explosión llenó la cabeza de Royce, que luchaba para mantener el equilibrio. Alguien
había intentado matarla. No sólo una vez, sino dos veces. Y si lo hubiera logrado, Royce habría sido
culpable. Había motivos para mantener la historia en secreto, en contra de su mejor juicio, pero ya no.
Soltándola, se levantó, sin dejar de mirarla. Dijo entre dientes. Es el momento de decirle todo a tu
familia. Ahora.

Capítulo 10

Simplemente no entiendo por qué no viniste a mí con esto.

Sentada en el borde del mismo sofá a rayas de damasco, donde había estado recostada cuando perdió la
conciencia después de su caída hacía varias tardes, Aimee colocó sus manos en puños apretados en su
regazo y observó a su padre. Él la miraba con cara tensa por la ansiedad y los labios fruncidos.

Era una expresión que conocían muy bien sus hijas, pues era idéntica a la que había usado en los días
inmediatamente posteriores al asesinato de su madre.

Esto era todo por su culpa, pensaba Aimee sintiéndose miserablemente mal. Era la responsable de
poner esa mirada en su cara, y ella misma se odiaba por ello.

Con el corazón batiendo, miró alrededor del salón a los otros miembros de su familia. Se habían
reunido esta mañana en respuesta a la convocatoria urgente de Lord Albright, y aunque todos
permanecían tranquilos cuando Aimee habló acerca de sus sueños recientes y los relacionó con el relato
del intruso de la última noche, su preocupación era evidente. ¡Si hubiera habido alguna forma de
impedir arrastrar a la gente amaba a este lío terrible! Pero después de lo que había sucedido, no pudo
evitar involucrarlos. Ella casi había sido asesinada. Y si no lo hubiera confesado, Stonehurst lo habría
hecho.

Por el rabillo del ojo, estudió al vizconde subrepticiamente. Estaba a pocos metros de distancia, con los
brazos cruzados observando el procedimiento con su típica expresión estoica. Aimee era consciente, sin
embargo, de que estaba mucho más afectado de lo que aparentaba. Cuando inesperadamente la tomó
en sus brazos después de perseguir a su agresor la noche anterior, ella se encontraba en estado de
shock, al principio no había podido procesar nada, salvo la calidez de su abrazo y el hecho de saber que
estaba segura. Pero después de un segundo o dos, se dio cuenta de que podía escuchar su corazón
golpear como un tambor en su pecho, podría sentir el temblor de sus manos cuando acarició su cabello
y su espalda, y los signos reveladores de su miedo por ella, la habían dejado aturdida.

Nadie lo diría al mirarle ahora, sin embargo, nadie diría que su conducta desapasionada fuera sólo
superficial.

En ese momento, Lord Albright llamó su atención al girar hacia ella y mirarla a sus ojos.
Aimee, sabes cuánto te amo a ti y tus hermanas, dijo suavemente, sinceramente. Ojala no hubiera
pasado nada con vuestra madre, que nada os hubiera ocurrido a ninguna de vosotras…Se pasó una
mano por su espesa melena de pelo y, a continuación, se hundió en el sofá junto a ella como si sus
piernas se negaron a mantenerlo erguido. Debías haberme dicho lo que estaba pasando.

Una bola de emoción se atascó en su garganta las palabras, y tuvo que tragar varias veces antes poder
hablar. No podía, papá. No quería preocuparle. Y pensé que eran sólo malos sueños. Que podría lidiar
con ellos.

Aun así. Merecía saber por lo que estabas pasando. Y evidentemente hay más que sólo malos sueños si
alguien está intentando matarte por ellos.

Pero no sospeché hasta anoche. La noche de la cena estaba tan cansada y confundida, que no podía
estar segura de nada. Realmente no sentí que nadie me empujara, así que me convencí de que estaba
imaginando todo

No imagino esos moretones alrededor de su cuello.

Esto provenía de Stonehurst, cuya mirada resbaló hacia nunca las marcas negras y azules, que
destacaban en la cremosa piel de su garganta. Ella levantó la mano, las tocó suavemente, y con un tirón
de su cuello de encaje las ocultó de la vista.

No, admitió. Pero aparte de lo que me dice mi instinto, todavía no tenemos pruebas de que estén
relacionados los dos incidentes. Al menos nada que la ley pudiera considerar en absoluto convincente.

Un músculo saltaba en la mandíbula cuadrada del vizconde. ¿Parece una conclusión bastante lógica, no
le parece? Sin darle oportunidad de responder, se volvió a mirar a su padre. Le pido disculpas una vez
más, Albright, por no informarle de todo esto cuando Lady Aimee primero confió en mí.

¡Tonterías!. Le cortó el marqués con la mano. Las disculpas no son necesarias, Stonehurst. Sé lo que mi
pequeño ratón piensa, mejor que ella. Puede parecer mansa y moldeable, pero debajo de todo es más
testaruda mis otras chicas juntas. Arqueó una ceja y miró astutamente a su hija menor. Y suena como si
ella no hubiera confiado enteramente en usted sobre el asunto.

No, no lo hizo, reconoció Stonehurst, en un tono recortado, su mirada brillante fija nuevamente en
Aimee. Puedo asegurarle que si hubiera tenido la más mínima sospecha de que alguien había tratado de
empujarla deliberadamente por la escalera, ella le habría informado en ese instante, o yo le habría
comunicado esa información.

Aimee se enfadó, no sólo por que hablaban como si ella no estuviese allí, sino por lo despótico de la
declaración. El hombre parecía estar bajo la impresión equivocada de que tenía el derecho a regir sus
acciones, y le hubiera encantado sacarle de su error.

Sin embargo, la presencia de su familia en la sala, la obligó a permanecer en silencio.

Fue Connor quien finalmente puso fin a la tensión que colgaba sobre todos ellos. Esa cara que vio en su
pesadilla... ¿No tienes ni idea de quién era?
Agradecida por la oportunidad de concentrarse en otra cosa además de mirar feroz a Stonehurst, Aimee
sacudió la cabeza. Sucedió muy rápido, y no podía ver claramente. Me desperté antes de que pudiera
enfocar todos los detalles.

¿Podría haber sido mi padre? Esta pregunta provenía de Hawksley, que estaba apoyado contra la
ornamentada chimenea, mientras Maura estaba sentada al otro lado del salón, con la frente surcada por
arrugas.

Sabemos que estuvo aquí por la carta que Stratton envió a su madre, es posible que coincidiera con
Stratton aquí. No lo creo. Puedo ser cierto, por supuesto, pero no me parece. Hubo otra corta pausa. A
continuación, Lord Albright repentinamente golpeó con un puño contra el brazo del sofá, haciendo
saltar la alarma.

¿Maldita sea, cuántas personas estuvieron en mi casa esa noche? Ladró. Hawksley. Stratton. ¿Y ahora
nos damos cuenta de que alguien más estaba allí también? ¿Cómo es posible que la mitad de Londres
estuviera en mi puerta, y que nadie viera nada?

Apenada por la culpa que el dolor de su revelación le causaba, Aimee observó como Jillian, se
desprendía del abrazo de Connor, para avanzar y echar un brazo reconfortante sobre el hombro de su
padre. Papá, hubo una terrible tormenta esa noche y era bastante tarde, le dijo suavemente. No resulta
sorprendente que nadie viera nada. Y tiene que calmarse. Si usted enferma, no le va a hacer bien a
nadie en este momento.

Exhalando un suspiro, se desplomó en su asiento, parecía más frágil de lo que le hacia su edad. Lo sé.
Sólo que creía que todo esto había acabado y vuestra madre podía descansar en paz, y el descubrir
ahora que alguien más pudo haber participado, sólo abre la puerta a más preguntas. Levantó una mano,
pellizcándose el puente de la nariz con gesto cansado. Por lo menos, esa persona fue testigo del crimen
y nunca acudió a limpiar el nombre de Lord Hawksley y en el peor. ..

Su voz se apagó, pero no era necesario seguir. Aimee sabía exactamente qué había querido decir. Había
una posibilidad distinta, alguien acechando fuera esa noche que podría haber sido cómplice del crimen.

Eso era absolutamente absurdo.

La declaración hizo que algunas miradas a hurtadillas, se dirigieran hacia la rígida figura sentada junto
a Maura. Lady Olivia había dicho muy poco, ya que había llegado con Lord Albright hacía varias horas
y era la única del grupo que no había mostrado, ningún tipo de reacción visible a la historia de Aimee.
Pero su expresión ahora reflejaba claramente su opinión sobre el asunto, primero miró a Aimee y, a
continuación, a su hermano con más condescendencia.

Realmente, Philip, no se cómo puedes tomar esa basura en serio, reprendió ella, con sus labios
fruncidos con desdén. No hay ninguna prueba de que esos recuerdos de Aimee, no sean más que
ilusiones inducidas por las pesadillas. Se encogió de hombros. La idea de que alguien más estuviera allí
es absurda. Stratton confesó, y él no dijo que hubiera nadie más implicado. La chica tiene la cabeza
confusa, eso es todo.
Enojada al ver que su tía rechazaba tan fríamente todo lo que había sufrido en las últimas semanas,
Aimee levantó su mentón, dispuesta a defenderse. Para su sorpresa, sin embargo, Stonehurst habló
antes de que pudiera incluso abrir la boca.

Entonces ¿cómo explica los intentos de acabar con su vida, milady? exigió, la mujer le miró con la ceja
levantada. Alguien ha intentado asesinarla. No una, sino dos veces. Y su atacante anoche al marcharse,
la advirtió de que debía olvidar todo lo que hubiera recordado. Ni que decir tiene, que eso es suficiente,
para tomar toda esta basura, como usted lo llama, muy en serio.

De hecho. El corpulento y casi calvo, Tolliver, irrumpió en el salón, sin previo aviso, con su rostro
grave y solemne y el sombrero de castor debajo del brazo. Definitivamente es motivo suficiente.

Un amigo del marqués, Mingus había sido la primera persona con la que Lord Albright había
contactado al enterarse de lo que le había sucedido a su hija, y el hombre había acudido con el resto de
la familia temprano esa mañana, ofreciéndose a hacer todo lo que pudiera para ayudarles.

Tras la disolución de las oficinas de Bow Street y la formación de la policía metropolitana unos años
antes, el ex agente, abrió su propia agencia de investigación y a su llegada a la casa de Hawksley,
inmediatamente había sido informado de toda la historia.

Tolliver. Levantándose rápidamente, Lord Albright cruzó la sala para saludar al hombre a mitad de
camino.

¿Han podido averiguar algo?

No mucho, me temo. Dijo Tolliver disgustado. Acabo de hablar con el oficial encargado de la
investigación, y parece convencido de que ha sido un intento de robo al azar, que fue truncado. Han
echado una mirada a la alcoba y al balcón, terminado de hablar con el oficial a cargo de la
investigación bastante superficial, y están interrogando al personal incluso mientras hablamos, pero es
muy improbable que sigan con la búsqueda mucho más. Como el sospechoso no robó nada y se carece
de una descripción detallada para trabajar, su captura no parece ocupar un lugar muy alto en su lista de
prioridades.

Su padre alarmantemente rojo, parecía que fuera a sufrir una apoplejía, dirigió una mirada a Aimee
¡Ese monstruo atacó a mi hija! ¿Qué más necesitan para convertirlo en una prioridad?

Tolliver tocó brevemente el hombro del marqués. Lo siento, Albright. Me gustaría tener mejores
noticias que darle. Pero independientemente de lo que crea la ley, estoy a su disposición para lo que
necesite. Le prometo, que voy a llegar al fondo de todo esto, cueste lo que cueste. Miró alternantemente
a Aimee y a Stonehurst, ¿pueden decirme algo sobre el intruso? ¿algo que recuerden?

Súbitamente, Aimee retrocedió de nuevo al instante en que se había despertado con esa sombra oscura
que se cernía sobre ella. Todavía podía sentir sus manos rodeándola el cuello, asfixiándola, cortándola
el aire y se vió agobiada por una sensación de terror creciente que congeló su lengua.
Como si sintiera su incapacidad para responder, el Vizconde cambió sutilmente su gran cuerpo un poco
más cerca de ella, moviéndose hasta pararse junto al brazo del sofá. La calidez que vibraba desde él, la
rodeó, haciéndola sentirse inexplicablemente segura, y dio un suspiro agradecida, cuando respondió a
la pregunta por ambos. Llevaba un abrigo largo con el cuello levantado y una gorra baja inclinada sobre
su cara. Incluso con toda la luz de la luna inundando la habitación, no podía ver sus rasgos. Era alto y
fibroso y eso es todo.

Tolliver se quedó quieto un momento, como reflexionando, luego avanzó hacia el sofá, deteniéndose
ante Aimee y la miró con ojos marrones compasivos.

Lady Aimee, le dijo amablemente. Dice que ese hombre sabía que sus recuerdos sobre el asesinato de
su madre, se habían reavivado. ¿Cómo podría haber llegado él a ese conocimiento?

Ella se mordió el labio. Eso se lo había preguntando a sí misma, y aún tenía ninguna respuesta. No lo
sé. Nunca hablé acerca de mis sueños en voz alta a nadie hasta que confié en Lord Stonehurst la noche
de la cena.

Entonces si su señoría, no compartió esa información con nadie, sólo hay otra solución. Alguien debió
escuchar la conversación.

Las palabras de Tolliver, hicieron que Aimee mirara al vizconde. En sus rasgos comprobó que él
pensaba exactamente lo mismo. Los dos habían estado tan enfrascados en su acalorada discusión en el
jardín por la noche, que cualquiera podía haber estado en el jardín escuchándoles sin que se percataran.
Su tía, también había llegado hasta ellos, sin que se percataran, casi se había puesto debajo de sus
narices, igualmente cualquiera podía haber acechado en las sombras, espiándoles sin que ellos lo
supieran.

El pensamiento envió un escalofrío a Aimee.

Tolliver todavía estaba hablando, uno de sus rechonchos dedos acariciaba su mentón. Miró a lo lejos.
Sospecho que el hombre de anoche fue un mero subordinado, contratado para hacer el trabajo por el
verdadero culpable.

Lord Albright habló detrás de su amigo. ¿Qué dices?

Estoy diciendo que no creo que fuera mera casualidad que el primer intento contra la vida de Lady
Aimee, tuviera lugar en esa cena.

Aimee sintió tenso a Stonehurst junto a ella. Creo que alguien que estuvo aquí la otra noche tiene algo
que ocultar. No era una pregunta y las palabras tenían un borde escalofriante de amenaza.

Desde el otro lado de la sala, Maura hizo un sonido de protesta. ¡Pero eso es imposible! exclamó. Los
únicos asistentes eran amigos cercanos y familiares.

Exactamente. Tolliver miró con los ojos entrecerrados, alrededor de la sala en general.
Fue en ese momento cuando Lady Olivia se levantó, con sus mejillas ardiendo ¿Cómo se atreve?...
nadie que conozcamos…

Silencio, ¡Olivia! Dijo Lord Albright con determinación y ella calló. Y volviéndose hacia el agente, dijo
continúe Tolliver.

¿Si descartamos a todos los de esta sala, quiqn queda? ¿Quién fue invitado a la fiesta?

Maura tenía una lista de invitados muy pequeña. Dijo Jillian, con tono apagado, inclinándose hacia su
esposo, que se había sentado junto a ella en el sofá. La duquesa viuda y el duque de Maitland, Lord
Bedford y Violeta Lafleur.

No pudieron ser la duquesa viuda ni Miss Lafleur, afirmó Stonehurst. Las vi a las dos, hablando con
Monroe en el salón cuando venía del jardín.

Es cierto, confirmó Connor. No abandonaron la sala en todo el tiempo.

¿Y qué decir de Bedford y Maitland?

La pregunta de Tolliver, hizo recordar a Aimee, su carrera en la terraza, hacia la casa, cuando encontró
las dos figuras masculinas recostadas en la balaustrada fumando unos puritos en la oscuridad.

Estaban fuera, susurró.

Stonehurst lanzó una afilada mirada en su dirección. ¿Qué?

El Barón y el duque. Les vi en la terraza cuando estaba volviendo a la casa. Pensé que ambos me
miraban de forma bastante extraña, pero ninguno de ellos dijo nada. Con todo el caos que rodeó mi
accidente después, me olvidé de esto.

Por lo que es concebible que podrían haber sido, reflexionó Tolliver. Aunque Maitland parece un
sospechoso poco probable. No hay ninguna motivación que pueda ver. Bedford, sin embargo... hizo
una pausa, cerrando los ojos, estoy seguro de que ninguno de nosotros ha olvidado que su relación
previa con lady Albright una vez lo puso en la lista inicial de sospechosos. Quizás fuimos demasiado
rápidos absolver a todos de la participación en la muerte de la marquesa, después de la confesión de
Stratton.

¡No!

Sus ojos parpadeaban como duros diamantes. Lady Olivia atravesó la sala, llegó junto a Tolliver y
levantó un dedo acusador frente a su cara, mientras le miraba enfurecida. ¡Es una suposición odiosa!,
escupió. No le permitiré hacerlo, ¿me oye?, ¡No le permitiré condenar a un inocente!

Aimee miró a su tía, asustada por la venenosa reacción desencadenada por el nombre de Lord Bedford.
Al parecer se interesaba más por el barón de lo que todos pensaban.
Incluso si hubiera estado allí esa noche, siguió furiosa Olivia, moviendo su dedo ante Mingus, para
enfatizar su diatriba, podría haber sido cualquiera. Un sirviente o alguien que pasara por la calle. No se
puede tener una persona detenida sólo por la fuerza de…

¡Es suficiente, Olivia! Agarrando a su hermana por los brazos, Lord Albright la alejó a corta distancia
de Mingus y la sacudió un poco. ¡Debes calmarte!. No hemos proclamado la culpabilidad del barón, ni
el plan es arrojarle a una celda de Newgate, en cualquier momento. Pero tenemos que examinar todas
las posibilidades. Especialmente cuando la vida de Aimee puede estar en peligro.

Sí. Claramente impresionado por el ataque de Olivia, Mingus recolocó las solapas de su abrigo, aclaró
su garganta y dijo en tono brusco, en cualquier caso sería mejor mantener a Lady Aimee, alejada de
todos los interesados por algún tiempo. Que salga de la ciudad hasta que se aclare todo el asunto.

El Marqués le hizo un guiño de aprobación. ¡Una excelente sugerencia!.

Aimee se sintió abrumada por el pánico, ante el acuerdo de su padre. ¿Dejar ahora a su familia, cuando
se necesitaban más que nunca? No podía hacerlo. ¡No, papá! Quiero participar en esto, quiero
quedarme y ayudar.

Lord Albright lanzó todavía una fulminante mirada a Lady Olivia y regresó al sofá para posar una
mano en el hombro de Aimee. Ratón, por favor. Ese monstruo te atacó justo aquí en casa de tu propia
hermana. ¿Cómo puedo quedarme tranquilo si estoy constantemente preocupado por la posibilidad de
que puede golpear nuevamente? Sacudió su cabeza. Lo siento, pero no podemos darle la oportunidad.
Una vez que pueda estar seguro de que estás a salvo, podré concentrarme mejor en llegar al fondo de
una vez por todas.

¿Pero a dónde podemos enviarla, papá? Preguntó Jillian. Seguramente Albright Hall sería una elección
demasiado obvia y es tan grande y extenso, que no puede ser muy fácilmentevigilado. Lo mismo
puede decirse de la finca de Hawksley.

¿Stonecliff?

La sugerencia de Lord Hawksley, encontró una amplia gama de reacciones. Lady Olivia frunció el
entrecejo y parecía incluso más pálida, mientras el marqués parecía estar dándole vueltas a la idea.
Todos los demás miraban, esperando el veredicto de Lord Albright.

Aimee se sentía entumecida, sus dedos clavados en sus rodillas a través del tejido de su vestido de
mañana paralizada. Realmente, las cosas iban empeorando con cada segundo que pasaba. ¿Realmente
esperaban que ella misma se dejara encerrar en un virtual aislamiento con el hombre que tenía un
efecto peligroso en sus emociones más profundas y su tranquilidad? Simplemente por eso, la idea la
llenaba de inquietud.

Le había costado mucho esfuerzo controlar la respuesta de su cuerpo hacia él en los últimos días,
cuando había un montón de personas para interponerse entre ellos. ¿Cómo iba a poder seguir
comportándose como si nada ocurriera, cuando se viera forzada a tal proximidad estrecha y continua?
Por el rabillo del ojo, miró el grave semblande de Stonehurst. Vió como se sentía de infeliz. Las manos
apretadas en sus costados y la columna tan recta que parecía que se partiría en dos.

No creo que eso sea una buena idea, finalmente dijo en voz alta, sonaba como si hablara a través de los
dientes cerrados.

Lord Hawksley entornó sus ojos, mirando a su amigo con interés. ¿Por qué no? Me parece la solución
perfecta. Tu pacífica, remota y alejada de Londres finca cercana a la frontera escocesa. Y con las
paredes de la finca de un lado y la barrera natural de los acantilados y el mar por el otro, la casa es
prácticamente una fortaleza.

Y precisamente por eso no es lugar para una mujer joven. Lady Aimee no está acostumbrada a ese tipo
de aislamiento. Se aburriría en menos de una semana, y yo no soy el más sociable o encantador de los
anfitriones.

Se le pide que cuide de ella, Stonehurst, no que la entretenga. El conde dejó el lado de Maura, para
cruzar la sala y palmear al otro hombre en la espalda con gesto amistad. Y en ese sentido, tengo fe en
que ella estará bien protegida.

Stonehurst echó un vistazo rápido, indescifrable en dirección a Aimee, su mirada fugazmente se enredó
con la suya. Yo no estaría tan seguro, murmuró bajo.

Ella parecía ser la única que lo escuchó, sin embargo.

El marqués de Albright, que había seguido la discusión con las manos en la espalda. Se giró
abruptamente decidido al parecer. Stonehurst, lo consideraría un favor personal. Ustedes sabe cuánto
significan mis hijas para mí, y es uno de los pocos hombres a los que confiaría la seguridad de Aimee.

Cuando el Vizconde permaneció en silencio, el marqués dio un paso hacia él, suplicante. Por favor. No
puedo perder de una de mis niñas. Se lo pido en nombre de nuestra amistad.

Ni el más duro de los individuos podría haberse negado a tal solicitud. Después de un segundo,
Stonehurst consintió e inclinó su cabeza reticente. Muy bien.

Gracias. Sé que estará en buenas manos con usted.

Dando la espalda de los otros ocupantes de la habitación, el Vizconde se acercó a la ventana del salón,
mirando por a través de las cortinas de encaje los alrededores bulliciosos de Grosvenor Square.
Mirándole, Aimee podía sentir la tensión saliendo de él en olas palpables.

Antes de todo esto ocurriera, había planeado salir para Stonecliff esta mañana, dijo sobre su hombro sin
girar. Evidentemente es demasiado tarde para eso, pero quiero ponerme en marcha tan pronto como sea
posible.

Cuanto antes, mejor, acordó Lord Albright. Será necesario hacer algunos arreglos y empacar las
pertenencias de Aimee, pero que no debería tardar mucho. Podría partir sin mucho retraso. ¿Bastará
mañana?
Aimee enterró su rostro en sus manos. Toda su vida se decidía a su alrededor, y como de costumbre
simplemente lo dejaba pasar. Pero ¿qué otra cosa podía hacer? Ciertamente no podía explicar a su
padre por qué era tan reacia a ir con Stonehurst. Por lo que parecía no tenía ningún recurso.

Entretanto, su padre actuaba como si ella nunca hubiera ofrecido una palabra de protesta, emitía
instrucciones a derecha e izquierda. Tolliver, si me pudiera proporcionar algunos de sus hombres más
fiables, estaría dispuesto a pagar muy generosamente ese viaje, para un poco de protección adicional y
prestar su ayuda si Stonehurst lo precisa. Y por supuesto, Olivia irá así…

No, no lo haré.

La declaración inequívoca hizo que todos los ojos volaran en dirección de Lady Olivia.

Ella tenía las manos sobre sus caderas, y miraba a su hermano con resentimiento. Estoy cansada de
cambiar y perturbar mi vida por culpa de Elisa, escupió. Esa mujer ha muerto y aún logra causarle
problemas a esta familia a cada paso. Bueno, ya no. Me niego a ser desterrada a la selva de Cornualles
por quién sabe cuánto tiempo mientras que peinan la ciudad en busca de algún cómplice ficticio del
delincuente Stratton. Y no voy a cambiar de opinión, Philip, así que no trates de convencerme. No
insistas en perder tu tiempo en ello, puede irse sin mí. Con ello, salió de la habitación, dejando un
silencio incómodo a su paso.

¿Qué haremos ahora, papá? Aventuró Maura después de un largo momento, mordiéndose el labio.
Aimee no puede acompañar al vizconde Stonecliff sin algún tipo de carabina.

La chispa de esperanza que las palabras de su hermana, encendió en Aimee, fue rápidamente extinguida
cuando el marqués levantó la barbilla con determinación.

Entonces tendremos que juntar nuestras cabezas y encontrar otra solución, dijo, con voz llena de
resolución. Ella simplemente no puede quedarse aquí. Nunca podría perdonarme si...

Cuando él se calló, Jillian se levantó del sofá y pasó su brazo por el de su padre. Está bien papá. Juntos
pensaremos en algo. Si tía Olivia no va, quizás Connor y yo podríamos ir. O Maura y Hawksley. Estoy
segura de que les encantaría la oportunidad de visitar Stonecliff.

Sus dedos tamborileaban nerviosamente en su regazo, mientras Aimee observaba como Lord Albright,
miraba primero a un yerno y luego al otro, antes de rechazar la sugerencia de su hija mayor.

Voy a necesitar más que probablemente a Connor y Hawksley, con Mingus y conmigo en la
investigación. Y tú y Maura tienen hijos en los que pensar. Él sacudió su cabeza, una luz iluminó sus
ojos. Tendremos que pensar en otra alternativa, y creo que ya tengo a alguien en mente.

Por lo que parecía que su suerte estaba sellada, admitió Aimee. Iba a ser enviada, independientemente
de sus deseos, y el hecho la dejó dolida y resentida. Pero quería a su padre, y se daba cuenta de que
todo lo hacía pensando en su bienestar, ella no podía dejar de pensar en lo que hubiera ocurrido si lo
mismo le hubiera ocurrido a Jilly o a Maura. “No hay que pensar en ella. Un ratón”, como había dicho.
Las palabras desdeñosas de su madre en el último sueño, sonaron en su cabeza como un eco, ella se
resistía a que los demás organizaran su vida. Miró el perfil de Stonehurst, que aún miraba a través de la
ventana de cristal. Pero como si de pronto sintiera el peso de su mirada, se volvió y sus miradas
chocaron con tal fuerza casi física, que prácticamente la golpeó dejándola sin aliento. La agitación en lo
profundo de sus ojos, la dejó saber que no era la única que se sentía enredada en esa maraña.

Durante un tiempo desconocido, iban a estar obligados a convivir en estrecha proximidad, lado a lado
en una finca remota donde no habría nadie para actuar como mediador si la espiral se iba fuera de
control. Sólo podía rezar para que los dos sobrevivieran a la experiencia.

Capítulo 11

Mi querida hija, simplemente no puedo entender por qué me mira como si estuviera siendo llevada a la
horca. Seguramente no puede ser tan malo como todo eso.

Metiendo un zarcillo de pelo, que se había escapado, de vuelta detrás de su oreja, Aimee miró a la
duquesa viuda de Maitland. La mujer estaba estudiándola con sus perspicaces ojos marrones desde su
esquina del coche, las plumas de su turbante de satén púrpura se bamboleaban bastante cómicamente
con cada sacudida de transmisión.

Normalmente la vista habría tenido Aimee luchando contra las ganas de reir, pero no hoy. Estaba
demasiado ocupada tratando de ignorar el dolor que su sentimiento de culpabilidad le causaba. Era
consciente de no ser la mejor compañera de viaje.

Gran parte de esa semana de viaje desde Londres, la habían pasado en sofocante silencio. En parte
debido a su propia infelicidad al verse obligada a hacer el viaje y en parte debido a su temor de hablar
demasiado y decir accidentalmente algo que no debiera.

Al tomar la decisión de pedir a la Duquesa que acompañara a su hija a Stonecliff, Lord Albright había
llegado a la conclusión de que era lo mejor si la anciana permanecía en la oscuridad sobre las
verdaderas razones de la salida de Aimee de la ciudad. No es que desconfiaran de Theodosia, sino que
el marqués pensaba que cuantas menos personas conocieran los detalles en Londres mejor sería.
Siempre podía ocurrir que la viuda pudiera equivocarse y revelar la información a un conocido. Sin
olvidar que el conocimiento sólo serviría para asustarla innecesariamente.

Aimee hizo una mueca. Su padre le había asegurado que le contarían todo a Theodosia, una vez que
tuvieran las respuestas que buscaban, pero aún así no iba a ser fácil mantener el secreto. Ocultar todo se
agregaba a su ya pesada carga, e iba pasando recibo. Con cada día que pasaba en su pequeña caravana
camino de Cornualles, sus encontradas emociones rodaban más cerca de la superficie, amenazando con
romper su fachada tan engañosamente compuesta, lo cual la abrumaba.

Y no ayudaba nada que Lord Stonehurst descansara en el asiento frente a ella todo el tiempo, sus ojos
fijos en ella con feroz intensidad. Si ella había estado callada, él lo había estado aún más. De hecho, no
había dicho ni una palabra desde el día en que salieron hacia Stonecliff, y había tomado su reticencia
como un signo de su disgusto con la situación que le había sido impuesta. Después de todo, estaba a
punto de invadir su santuario personal y dudaba de que él estuviera encantado con la perspectiva.

Le miró furtivamente por la esquina dl ojo, viendo como la observaba ahora, con la boca alzada en una
sardónica sonrisa, esperando su repuesta a la pregunta de Theodosia. Era como si esperase que se
equivocara en la explicación.

Al parecer la tregua que había existido entre ellos bajo el techo de su hermana había quedado anulada y
sin efecto. Tipo irritante, pensó. Cada vez que comenzaba a creer que existía un ser humano detrás de
ese duro exterior, demostraba que estaba equivocada. Bueno, le dejaría sonreírse tanto como quisiera.
Pero no le permitiría que le causara ni el más mínimo disgusto.

Mirando a lo lejos, se volvió a la viuda, aparentando calma ante su minucioso examen. Lo siento, su
gracia, supongo que estoy algo nostálgica. Nunca me he alejado de mi familia por un período de tiempo
tan prolongado.

Theodosia inclinó su cabeza, considerando lo que Aimee había dicho durante varios largos segundos
antes de hacer un simpático guiño. Es comprensible, reconoció. Pero después de tu terrible experiencia
de la otra noche, tu padre tenía razón en querer sacarte fuera de la ciudad por un tiempo. Por eso, ¡fue
simplemente atroz! Una persona no está ya segura ni en su propia casa. Y ser abordada tan pronto
después de su accidente... un estremecimiento sacudió su rechoncha figura. Espero que la ley logre
atrapar al desaprensivo y le castigue más que severamente por sus malas acciones.

Otra piedra de culpabilidad golpeó a Aimee. El marqués le había contado a la viuda, el robo en casa de
Maura y el encontronazo de Aimee con el intruso, pero la había dejado creer que había sido un intento
fallido de robo, como la ley había proclamado. Tal subterfugio no sentó bien a Aimee, especialmente
cuando la Duquesa siempre había sido tan buena con ella en el pasado.

Antes de que ella pudiera pensar en una palabra para llenar el silencio, Theodosia se anticipó
enfrentándose a Stonehurst. Ha sido sumamente amable, milord, ofreciendo su casa para que Lady
Aimee pueda recuperarse en un entorno pacífico, dijo con aprobación.

El Vizconde levantó un hombro en un encogimiento indolente. Lord Albright ha sido siempre muy
amable conmigo. Era lo menos que podía hacer a cambio.

Su nada sutil mensaje no hubiera quedado más claro si lo hubiera gritado. Estaba haciendo esto por su
padre. No por Aimee. su menos sutil mensaje podría haber sido todo más claro si él había gritado.
Estaba haciendo esto para su padre. No para Aimee. Y no sabía si significaba algo su inclinación hacia
ella al hablar. Por alguna razón estaba siendo deliberadamente cruel con ella.

La duquesa viuda frunció los labios, su mirada iba de uno a otro, como sopesando sus razones. Ya veo,
murmuró, su tono mostraba que veía más de lo que le hubiera gustado.

En un esfuerzo por distraer de sí misma la tensión dentro del carruaje, Aimee movió su cabeza y se
asomó fuera viendo el cielo plomizo a través de la ventana. Con cada milla que les acercaba a la finca
de Stonehurst, el paisaje se tornaba más solitario y rocoso, y el olor de la lluvia, así como el del mar, le
llegaba de manera ocasional con la brisa.

Uno de los hombres que Tolliver había elegido como guardia cabalgaba junto al cochero, levantó su
gorra con deferencia ante la insistencia de su mirada y trotó más rápido hacia adelante en el camino
polvoriento.

La vista de él y los otros jinetes que los rodeaban la devolvió a la realidad de sus circunstancias con
dolorosa claridad y lanzó un suspiro tembloroso. Ella anhelaba poder volver a casa con su familia, creía
que esto era parte de otra pesadilla de la que podría despertar en cualquier segundo. Pero ella tenía
mucho miedo de que no sucediese.

A pesar de sus reiteradas súplicas para poder permanecer en Londres, Lord Albright había permanecido
inflexible en su negativa a ceder. Nada evitaría que Aimee fuera llevada lejos del peligro a toda
velocidad, y si bien entendía su necesidad de protegerla, eso no disminuía su frustración.

Es por tu propio bien, cariño, le había dicho cuando la besó al decirla adiós y dejarla en manos de su
cuidadora. No pude evitar que las vidas de Jilly y Maura estuvieran en peligro durante las intrigas que
rodearon a la muerte de tu madre, pero ahora no estoy tan indefenso, y no puedo permitir que te veas
envuelta en todo esto. Intenta divertirte en este tiempo. Te prometo que podrás volver a la ciudad, tan
pronto como Tolliver haya detenido a ese sinvergüenza.

Pero ¿quien sabía cuánto tiempo podría ser? Se preguntaba escéptica. Aunque parecían centrarse en el
Barón Bedford, había que examinar el escenario y descartar otras posibilidades antes de poder
determinar nada en firme. El personal de Maura iba a ser estrechamente vigilado, por si alguno había
participado o simplemente había escuchado la confesión de Aimee a Stonehurst, y la había transmitido
inadvertidamente a alguien. Incluso el hijastro de Theodosia, el duque de Maitland iba a ser escrutado.
El marqués había dejado claro que nadie iba a ser excluido totalmente, hasta que fuera capturado el
verdadero demonio, lo que significaba que Aimee, tendría que permanecer en guardia.

En ese momento, oyó gritar a alguien y el cochero, se detuvo ante unas altas puertas de hierro en un
alto muro de piedra. El hombre que había montado junto a ellos, se había apeado del caballo y había
abierto las puertas, permitiendo pasar al carruaje.

Una vez más, continuaron siguiendo una pista estrecha que rodeó una densa arboleda, antes de virar a
un camino ligeramente más ancho que corría paralelo a la costa.

Del lado del coche de Aimee, el terreno caía abruptamente y se encontró mirando las agitadas aguas del
mar. Sólo más adelante, en un promontorio rocoso, que era una extensión irregular de los acantilados,
que daban nombre a la finca, se encontraba una extensa

Y sólo hasta adelante, encaramado en un promontorio rocoso que fue una extensión irregular de los
acantilados circundantes que dio la finca su nombre, era la extensa y prohibida estructura construida en
piedra gris que parecía mezclarse con la misma roca de los alrededores. Stonecliff.
Aimee tembló. Con el sombrío telón de fondo del cielo y las olas estrellándose contra la base de los
acantilados mucho más abajo, preveía un panorama sombrío y desolador. La propia casa aparecía como
una impenetrable fortaleza medieval sin posibilidad alguna de fuga.

¿Este iba a ser su refugio seguro para las próximas semanas? ¡Cielo Santo! ¡Había sido desterrada a los
confines de la tierra!

El carruaje siguió pendiente arriba, el conductor siguió un recorrido tortuoso, hasta llegar a la parte
posterior de la casa, donde se detuvo. Rápidamente llegaron dos hombres desde los cercanos establos,
uno se hizo cargo de las riendas y el otro abrió la puerta con broche de oro carruaje

Levantándose de su asiento, Stonehurst bajó y ayudó primero a Theodosia, a Aimee después. Cuando la
dejó fuera, Aimee notó que tuvo gran cuidado en evitar su mirada, y ella se preguntaba si habría sentido
el mismo revoloteo cuando su mano había rozado su brazo. Si lo sintió no mostró ningún signo de ello,
y la soltó tan pronto ella se asentó sobre los adoquines a su lado.

Su falta de reacción hirió su orgullo. ¿Por qué luchaba para mantenerse a distancia de un hombre para
el que no significaba nada en absoluto?

Bienvenidas a Stonecliff, su gracia, Lady Aimee, dijo, ofreciéndoles una fría y cortés, antes de señalar a
un hombre delgado, con gafas que había salido de la casa al sentir el carruaje y que estaba a su vera
esperando instrucciones. Este es el mayordomo, Whitson. Él les mostrará sus habitaciones y las
ayudará a instalarse.

Su frío tono cuando ella estaba tan desconcertada, despertó la ira de Aimee, que levantó el mentón
desafiante y colocó las manos en sus caderas ¿Y usted donde va a estar, milord?

La miró desapasionadamente, pero tic en su mandíbula, demostraba que él no era tan inmune a su
influjo como intentaba parecer.

Odio dejarlas tan pronto después de nuestra llegada. Pero desgraciadamente tengo algunos asuntos muy
urgentes que necesitan mi atención después de mi larga ausencia. Whitson está a su disposición para
cualquier cosa que necesiten, y las veré a ambas durante la cena. Hizo una leve reverencia. ¿Si me
disculpan? Con eso, giró y se dirigió hacia las caballerizas, dejando a Aimee furiosa. ¡Asuntos
urgentes! Simplemente no quería pasar ni un minuto más en su presencia. Y si era razonable admitía su
razonamiento. Con la creciente tensión entre ellos, lo prudente sería evitarse tanto como fuera posible
durante su forzada reclusión juntos.

Adoptando un aire tranquilo, miró a Theodosia que la observaba con la ceja levantada interrogante.
Pero antes de que pudiera decir nada, Whitson, se adelantó, llamando su atención.

Su gracia, milady, entonó. ¿Me siguen?

En medio de la conmoción repentina de varios chicos subiendo al carruaje para bajar el equipaje, inició
la marcha hacia el interior.
Para su consternación Aimee, descubrió al entrar en la casa que el interior estaba tan oscuro y triste
como el exterior, con pisos de pizarra, paredes cubiertas de tapices y ventanas estrechas, arqueadas que
permiten entrar poca luz. Y aunque las habitaciones comunicadas que el mayordomo les mostró eran
amplias y elegantes, el mínimo rastro de polvo y el olor a cerrado eran pruebas de que sólo
recientemente habían sido abiertas apresuradamente para prepararlas para la ocupación.

Era evidente que el Vizconde rara vez recibía huéspedes.

Una vez que le subieron sus baúles, Whitson las dejó deshaciendo el equipaje con la asistencia de una
de las criadas- Theodosia claramente agotada optó por acostarse y dormir una corta siesta antes de
prepararse para la cena. Ella después de cambiarse el arrugado vestido de viaje y pasar un cuarto de
hora dejado a descomprimir con la asistencia de una de las criadas, una Teodosia claramente agotado
optó por acostarse y tomar una siesta corta para actualizar a sí misma antes de la cena. Pero después de
cambiar de su vestido itinerante arrugada y pasar a un cuarto de una hora tirada encima de la colcha,
llegó a la conclusión de que el sueño le iba a resultar esquivo con sus preocupaciones. Ella no estaba
tan cansada como su compañera. Sus agitados pensamientos no la dejaban descansar. Cada vez que
cerraba los ojos, no podía dejar de preguntarse si la pesadilla volvería, revelando más cosas de las que
ella podía soportar.

Así, con una noción vaga decidió explorar un poco, se levantó y salpicó su cara con agua tibia del
cuenco de porcelana del lavabo, antes de salir de su habitación.

No tenía ningún destino concreto en su mente, pero finalmente su deambular por los pasillos de
iluminación tenue y laberínticos, la llevó fuera al patio, donde hizo una pausa para observar la actividad
que se desarrollaba a su alrededor. El establo parecía ser el centro de mayor bullicio, dos mozos
Stonecliff y los hombres de Tolliver, se apresuraban a resguardar los caballos desensillados antes de
que llegara la tormenta.

No había ningún rastro de Stonehurst y Aimee no podía ayudar, pero se preguntaba ¿qué era tan urgente
que le hacía abandonar a sus invitados a la primera oportunidad, dejándolos abandonados a su suerte?

No pudo reprimir su curiosidad, levantó sus faldas y cruzó los adoquines, sorteando los hombres que
bloqueaban la entrada a la cuadra. Su presencia pasó desapercibida, como de costumbre. El viento
había arreciado y hacía mucho más frío que a su llegada, se alegró al entrar de lo caldeado de los
edificios. Dentro, las cosas eran un poco menos caóticas, y se detuvo un momento a observar. Fue
entonces, mientras escudriñaba las sombras, buscando alguna señal de su anfitrión errante, cuando un
suave sonido llegó a sus oídos. Estaba tan cerca que al girarse se asustó al encontrarse nariz con nariz
con un castrado marrón que sacaba la cabeza por encima de la puerta de una caballeriza.

Aimee sabía nada de caballos, pero siempre le habían gustado los animales y la dulzura de los ojos
marrones hizo que perdiera el miedo. Alzándose acarició el morre aseguró a la dulzura en esos ojos
marrón desapareció. Alzara, ella acarició el canoso morro, y rió encantada cuando relinchó suavemente
y empujó su palma.
Usted le gusta. Un mozo robusto, delgado con pelo rojizo, se acercó por detrás, con una contagiosa
sonrisa en su cara. Baltasar no hace eso con cualquiera.

Su comentario la hizo sonreír. Es tan dulce.

Shhh. El hombre puso un dedo sobre sus labios, su expresión era de horror simulado.

No debe oírle decir eso, milady. Balthazar, fue un caballo de guerra en su día, y si lo describe como
dulce podría herir su ego.

Ya veo. Luchando por mantener su semblante serio, Aimee asintió. Lo siento, ciertamente no quise
ofender su orgullo masculino.

Eso está bien. Estoy seguro que la perdonará si se compromete a traerle un terrón de azúcar la próxima
vez que lo visite.

AH. Gracias por el consejo. Lo intentaré y recordaré que, ¿mister...?

Sólo OKeefe. Usted debe ser Lady Aimee. El mozo se inclinó y cruzó sus brazos, le examinó con sus
cejas tupidas levantadas. ¿Hay algo en lo que pueda ayudarla? Siento que no es el mejor tiempo para
sacar uno de los caballos fuera. Amenaza tempestad y parece que será bastante feroz. Generalmente así
son estas tormentas de finales de septiembre.

Ella sacudió su cabeza. Oh, no quería montar. En realidad, estaba buscando a Lord Stonehurst. Le vi
venir aquí antes, aunque no puedo encontrarle ahora.

Estuvo aquí, pero salió hace poco tiempo. Levantando una mano grande, cuadrada, OKeefe la pasó por
detrás de una de las orejas puntiagudas de Balthazar, y el caballo dio otro relincho satisfecho, antes de
acercarse y bajar la cabeza para que el mozo lo alcanzara mejor. Este pobre compañero es muy viejo,
ha venido sin demora a ver que todo estuviera bien. Su señoría se preocupa por él. Quería comprobar y
asegurarse de que todo estaba bien.

¿Ah? Aimee miró al castrado con mayor interés. El normalmente taciturno Stonehurst nunca le había
parecido del tipo que se encariñaba con un animal, y la revelación la sorprendió.

Mmm. Tienen un fuerte vínculo, Balthazar fue el caballo que el vizconde montaba mientras estuvo en
la caballería. Por supuesto no volvió a montarlo después de su lesión.

Al principio Aimee pensó que el hombre se refería a Stonehurst. Hasta que al desplazar la mano hacia
atrás, ella pudo distinguir la blanca cicatriz en su flanco izquierdo, era dentada y parecía que había
llegado hasta el hueso. La visión la dejó sin palabras.

Hubo quienes pensaron que era una locura, continuó el mozo, ajeno al estado de shock de Aimee. Pero
su señoría no quiso oir nada de eso. Trajeron a Balthazar a Inglaterra y luchó duro para salvar su vida,
incluso cuando el mismo se encontraba en mal estado.

Una mirada triste cruzó su rostro arrugado. No sé qué pasará cuando le llegue su hora a Balthazar.
Seguro como que el infierno existe que estará devastado, aunque seguro como el infierno que lo negará.
Segura de que el asombro asomaba a su rostro, lo escamoteó de la mirada, centrándose en el suave
movimiento con el que acariciaba la nariz del animal.

¡Qué triste!, logró decir finalmente, forzando sacar las palabras que se habían atascado en su garganta.

¡Es muy triste! Y aunque soy reacio a decirlo, creo que ese día llegará más temprano que tarde.
Balthazar está viejo y cansado, para no mencionar que medio ciego y enfermo la mitad del tiempo. El
mozo sacudió la cabeza. Lord Stonehurst ya ha perdido mucho, odio verle perder algo más.

Aimee levantó la cabeza en su dirección, en alerta. Antes de que pudiera preguntar nada, uno de los
otros mozos le llamó y agitando su gorra para disculparse, se alejó con grandes zancadas.

Tan pronto como salió de su vista, Aimee volvió al caballo, mordiéndose el labio contemplándolo. Por
alguna razón, ella no podía equiparar su visión del vizconde con lo que OKeefe le había dicho.

Después de todo lo que había sucedido entre ellos el año pasado, se había convencido de que nunca
existió el Lord Stonehurst, con el que una vez había tenido una amistad. Que la bondad y compresión
que la habían enamorado, sólo era una fachada que ocultaba al hombre duro e insensible que
verdaderamente estaba debajo. Eso necesitaba creer para sobrevivir a su rechazo.

¿Pero sería alguien así capaz de cuidar y luchar por la vida de un simple caballo?

¿Seguiría cuidando al animal, incluso cuando sus detractores parecían creer que era una locura?

¿Y lo que el mozo había dicho cuando mencionó que Stonehurst ya había perdido tanto?

Definitivamente tenía para reflexionar.

Capítulo 12

Pues bien, este calvario sin duda era poco agradable. El extremo de su boca se elevó en un gesto
sardónico, Royce contempló a sus invitadas desde la cabecera de la mesa. Se sentaban una a cada lado,
las cabezas inclinadas sobre sus platos. La conversación había sido escasa, pero no las podía culpar por
ello. El ambiente sombrío era suficiente para sofocar el mejor de los espíritus. Echó un vistazo a la
familiar decoración del entorno. Aunque el estaba acostumbrado desde la infancia al aura oscura y triste
de la casa, podía ver como influía en los extraños. Las llamas que parpadeaban en los candelabros
proyectaban un resplandor misterioso, casi místico, sobre el enorme comedor. Su escasa luz no lograba
disipar las sombras en los extremos de la habitación. Además el resplandor tras las cortinas y el sonido
intermitente de los truenos en el exterior, que sacudían la casa hasta los cimientos, agrandaban la
tensión que colgaba sobre ellos. Recordando a Royce de las interminables cenas familiares que había
sufrido en su juventud. Los asfixiantes silencios y la tensión que invadía el aire cuando su padre les
miraba ceñudo desde esa misma silla, a él y a Alex, que esperaban cautelosos como si alguien fuera a
saltarle al cuello en cualquier segundo. Había un marcado contraste con sus recuerdos de las comidas
que había compartido con Alex y Cordelia en los años antes de abandonar Stonecliff. En esas
ocasiones, habían reinado la risa y la alegría. Y había sido gracias a Cordelia. Ella había llenado la sala
de luz, como había llenado sus vidas, consiguiendo unir la brecha entre los dos hermanos, aunque fuera
por un corto tiempo. Royce lo recordaba como uno de los raros periodos felices de su vida. Pero ha
sido todo demasiado fugaz.

Milord, debe felicitar de mi parte a su cocinero.

La nítida voz le sacó de sus melancólicas elucubraciones, y miró a la duquesa viuda de Maitland, que le
miraba sobre su copa de vino, intentando averiguar la dirección de sus pensamientos.

La cena fue magnífica, dijo, limpiando sus labios con su servilleta. Especialmente el faisán asado. No
recuerdo la última vez que probé algo tan delicioso. Se volvió a la muchacha sentada frente a ella, con
cejas levantadas interrogantes. ¿No estás de acuerdo, Aimee?

Sorprendida por tener que responder a la pregunta tan abruptamente, Aimee parpadeó y dejó sobre el
mantel el tenedor que sostenía en su mano blanca.

Sí, su gracia, coincidió, aunque no parecía estar entusiasmada. Estaba delicioso.

Una observación interesante, meditaba Royce, considerando que apenas había tocado nada de su plato.
No la reclamó nada, sin embargo. En su lugar centró su atención en la Duquesa.

Me alegro que disfrutara y transmitiré al personal de cocina que quedaron impresionadas por sus
esfuerzos.

¡Excelente!. La anciana dejó su servilleta, e hizo una seña a Whitson, que se apresuró hacia adelante.
Ahora siento tener que excusarme. Odio retirarme tan pronto, pero me temo que mis viejos huesos aun
no se han recuperado de nuestro viaje. Royce sofocó la sonrisa que le provocó el cer a Aimee,
levantarse rápidamente sin esperar que un criado la ayudara y se quedó de pie. Era obvio que estaba
dispuesta a aprovechar cualquier excusa para alejarse de él.

Pero la viuda la detuvo con un movimiento de su mano. No, Aimee, no debes acortar la velada por mi
culpa. Ninguno de nosotros ha sido del tipo considerado con lo apropiado y no veo razón para empezar
ahora. Debes quedarte y charlar con Lord Stonehurst.

Royce observó a la mujer, tomando nota del ávido destello en sus ojos. No conocía muy bien a
Teodosia Rosemont, pero había escuchado historias de Hawksley que le había advertido sobre su
predilección por jugar a casamentera. Ella esperaba probablemente que su ausencia de alguna manera
lograría reunirles a él y a su joven carga, colocándolos en el camino a la felicidad matrimonial.

Por supuesto, él podría haberle dicho que estaba condenada al fracaso. Incluso si Aimee pudiera
perdonarle por darle la espalda a su antigua amistad, el no podría permitir que la atracción que existía
entre ellos fuera a ninguna parte.

No era un candidato adecuado para marido de ninguna joven de buena crianza y más especialmente de
Aimee. Al final, terminaría dañándola mucho más de lo que ya lo había hecho.
Visiblemente desinflada, Aimee se hundió en su asiento, aunque el ángulo desafiante de su mentón
daba testimonio mudo al hecho de que no había renunciado a la posibilidad de escapar todavía.

Royce casi podía ver su mente trabajando frenéticamente tratando de idear otro plan de ataque.

¿Pero usted será capaz de encontrar su camino de regreso a su alcoba sola, su gracia? Insistió, con un
vago indicio de desesperación en su tono. Acaba de decir cuando bajábamos a cenar que todos los
pasillos le parecían iguales.

La Duquesa dudó y, a continuación, arrugando la nariz en una mueca irónica. “Debo confesar que mi
sentido de la orientación no es ya lo que una vez fue”. Se enfrentó a Royce, su semblante reflejando le
suavidad inusitada. Si un miembro de su personal fuera tan amable para escoltarme, Lord Stonehurst,
estaría muy agradecida.

Claro. Con un guiño a Whitson, Royce se levantó, rodeó la mesa, cuando llegó al lado de la viuda,
sujetó su codo, mirándola severamente intentando que comprendiera que había interpretado
correctamente su mensaje.

Esta mujer fue no se dejaba engañar, y aunque podría haber tomado la decisión de depositar su
confianza en él por el momento, no significaba que había obtenido su aprobación incondicional. Sus
ojos le advirtieron en términos inequívocos que seguro se lamentaría si resultara indigno de su
confianza.

No sabía que su advertencia era completamente innecesaria. No debía preocuparse, Aimee estaba
estrictamente fuera de su alcance.

Espero que tenga una noche tranquila, su gracia, dijo solícito.

Estoy segura. La Duquesa hizo una cortés reverencia con su cabeza, antes de echar a Aimee, sentada en
su silla, una aguda mirada. Ahora, ¿ves, querida? Voy a estar bien, y no hay razón para interrumpir su
cena. De hecho, insisto en que te quedes y termines cada bocado.

Sus palabras estaban impregnadas de un énfasis significativo que provocó en Aimee un


enrojecimiento de sus mejillas. A pesar de lo divertido de la situación, Royce no podía ayudarla. No era
muy frecuente ver que tu carabina te empujaba prácticamente a los brazos del hombre que odiabas.

Apoyándose fuertemente en su bastón, la excéntrica anciana abandonó la sala con el mayordomo tras
girarse. A raíz de su partida, descendió un silencio glacial, salpicado por el tic-tac del reloj de la
esquina. Cuando Royce inició su camino de regreso a su asiento, podía sentir la mirada hostil de Aimee
quemándole como una marca. Dispuesto a mirar en su dirección, algún diablo sobre su hombro le
pinchaba a esperar hasta que llegó a la cabecera de la mesa, antes de soportar su furiosa mirada. No
quiero señalar lo obvio, dijo con despreocupación sabiendo que lograría irritarla aún más, pero su
elogio a la comida de esta noche no parece ser cierto. Señaló con un movimiento de su mano, el plato
casi lleno. Uno podría pensar que la comida no fue de su gusto.

Quizás es la compañía y no la comida, lo que se encarga de robarme el apetito, milord.


Su aguda respuesta hizo que Royce arqueara una ceja divertido. Bien, sin duda me ha puesto en mi
lugar, ¿no es cierto?

Ella le miraba altiva. Ríase si quiere, ¡pero encuentro esta situación insostenible! No pertenezco aquí.
Debería estar en casa con mi familia, ayudándoles con la investigación de la noche de la muerte de mi
madre y sólo…

Sus palabras se ahogaron y se desplomó en su asiento, su expresión rebelde se desvaneció, para ser
reemplazada por una de miseria y desesperación que provocó en Royce, ansias por cogerla en sus
brazos, para confortarla como hizo después del ataque del intruso.

Un impulso peligroso y que tenía que ser resistido a toda costa. Durante ese tiempo en que tuvo Aimee
sujeta en su abrazo, se hizo más y más difícil dejarla ir.

Perdón, milord, dijo tranquilamente, ajena a las emociones que había provocado, por debajo de su
fachada indolente. Debo sonar como una niña mimada, y no tenía ningún derecho a atacarle.
Especialmente cuando ha sido obligado por mi padre. Pero no puedo dejar de sentirme así. Yo soy la
culpable de todo esto, y sin embargo, nuevamente me han relegado a un segundo plano como si fuera
incapaz de aportar algo útil.

Su inesperada disculpa cogió a Royce con la guardia baja, y le azotó la culpabilidad. En verdad,
merecía su ira, pues tenía que admitir que la había deliberadamente aguijoneado, y no sólo por el puro
placer de ver sus ojos dorados chispear con el enfado, aunque eso era un aliciente. Debajo de su
pantalla de chulería cínica había sido un deseo de restablecer la distancia que le resultaba tan difícil
mantener entre ellos.

Estoy seguro de que su padre no lo ve así en absoluto, milady, aseguró con voz suave y sincera,
incluso tuvo que agarrarse al borde de la mesa por la atracción continua de llegar a ella. Y no tienes la
culpa de lo qué sucedió. No tengo ni idea cómo llegaste por esa conclusión, pero no has hecho nada
malo.

Ella mordió ligeramente su labio y miró hacia abajo a sus manos en el regazo. Fue el regreso de mis
pesadillas lo que puso esto en marcha. Nunca debí contárselo. Ahora estarían seguros.

Tú no puedes estar segura de eso. Y mantener tal secreto fue ya torturarte hasta la enfermedad. Tenía
que salir. No había ninguna otra opción.

Las palabras de Royce llenas de autorizada convicción no influyeron en Aimee.

Supongo que estamos en desacuerdo sobre el tema, vale dijo, levantando un hombro delicadamente en
un leve encogimiento. En cualquier caso, no puede estar feliz en invitarme para mi estancia aquí. Vi su
cara cuando Hawksley hizo la sugerencia de que buscara refugio en Stonecliff. No quería ni oir hablar
de ello.

Él no podía negarlo. Pero cualquiera que fuera su inclinación inicial, no había podido rechazar solicitud
de Lord Albright. ¿Cómo podría cuando la vida de Aimee estaba en peligro? Independientemente de
cómo fuera de difícil tenerla aquí, nunca habría podido perdonarse si al alejarse, algo le hubiera
sucedido a ella como resultado.

Por un breve instante, recordó el momento en el que irrumpió en la alcoba de Aimee, y encontró la
figura oscura y amenazante inclinada sobre ella, con las manos envolviendo su cuello y una enorme
ola de rabia le alcanzó. El mero recuerdo le afectó tanto como el mismo hecho aquella noche, pero de
alguna forma logró sobreponerse y concentrarse en la conversación.

Tal vez no, dijo en voz alta, buscando un tono neutral. Pero ahora estás aquí, y no hay nada que hacer al
respecto salvo resignarnos y tratar de pasarlo lo mejor posible.

Con eso, le hizo una seña a Whitson, que había regresado de escoltar a la duquesa viuda a su habitación
y rondaba discretamente en la puerta. Con la señal el mayordomo, batió palmas, convocando a los
criados que habían estado esperando sus instrucciones.

Aunque los sirvientes convergieron sobre ellos, Royce continuó hablando, más que listo para poner
cierta distancia entre él y esa enervante mujer, que estaba demasiado especializada en desenterrar sus
emociones más profundamente enterradas. “Como parece que ninguno de nosotros está en el ánimo de
hacer justicia a lo que queda de la comida, le propongo que sigamos el ejemplo de la viuda y retirarnos
esta noche. El viaje desde Londres no ha sido fácil y una noche larga de descanso nos vendrá bien”

Aimee no respondió, y vio tranquilamente como los criados salían presurosos, llevándose las bandejas
y platos de la mesa y el aparador. Cuando todo desapareció hacia las cocinas, ella miró a Royce,
repentinamente un parpadeo de humor iluminó las profundidades de sus melancólicos ojos.

“Supongo que se da cuenta de que sus sirvientes están aterrorizados de usted”.

Su franca observación le asustó. Durante años, estaba tan acostumbrado a las miradas furtivas y
actitudes temerosas de sus sirvientes, siempre que estaban en su presencia que rara vez incluso lo
notaba ya. Era un temor cuyas semillas sembró su padre y las nutrió durante mucho tiempo. Muchos
miembros del personal doméstico habían trabajado en Stonecliff durante una generación o más y los
delirios finales del vizconde, acerca de la maldición de su hijo más joven, junto con la participación de
Royce en la trágica muerte de Cordelia, había formado su opinión sobre él antes incluso de que
regresara de la guerra.

Pero no iba a intentar explicárselo a Aimee. Procedente de una familia amorosa, ella nunca lo
comprendería. Hizo un gesto desdeñoso con la muñeca. “Te aseguro que no les he dado ninguna razón
para ello”, dijo fríamente. Están acostumbrados a andar con cuidado en mi cercanía, supongo que me
encuentran intimidante.

Ella lo estudió en silencio durante varios segundos y, a continuación, sacudió su cabeza. “No creo que
sea tan duro como le gustaría que la gente creyera” afirmó con una firmeza sorprendente.

OKeefe ciertamente, parece conocerle lo suficientemente bien.


¿Okeefe? Royce sintió un ramalazo de alarma ante la mención de su pelirrojo ayudante. Lo último que
quería era que Aimee se familiarizase con un hombre en Stonecliff, que sabía todo lo que había que
saber sobre él. ¿Cuándo hablaste con él?

Esta tarde, cuando fui a los establos para encontrarle.

Yo era consciente de que había estado buscándome.

No necesitaba nada en particular. Simplemente me sentía inquieta y decidí salir a explorar. Aimee hizo
una pausa, escrutando su cara, como si buscara algo en su expresión, antes de continuar tentativamente,
él me presentó a Balthazar.

Royce luchó para mantener su rostro sin alterarse. Sólo pensar en su caballo le traía toda la ansiedad y
preocupación por el moribundo animal, junto con memorias de otro día terrible de su pasado que no
tenía ningún deseo de volver. ¿Eso hizo?

Ella asintió. Me dijo que Balthazar fue herido en Waterloo de mala manera y que usted le trajo a
Stonecliff. Que salvó su vida cuando todos los demás creían que debía ser sacrificado. No pudo ocultar
su interés por él, la curiosidad asomó a sus ojos. No mucha gente haría eso por un caballo. Debe
significar mucho para usted.

Para su consternación, su comentario atragantó su garganta y tuvo que tragar varias veces antes de
finalmente superarlo. Era cierto. Balthazar era el único ser vivo al que se había permitido acercarse
desde la muerte de Garvey. Nunca buscó que sucediera, pero su determinación por sacar adelante al
animal de sus tremendas lesiones, le había ayudado en su recuperación y había forjado una conexión
con el castrado que él no podía romper. Ahora se preocupaba mucho más por él. Por supuesto, no
tenía intención de confesárselo a Aimee. Pero al no responder a su sondeo poco sutil, ella se inclinó
adelante en su asiento, evidentemente no muy dispuesta a renunciar. ¿Cómo se lesionó?

Sus dedos apretaron con fuerza su servilleta de lino, como si su pregunta reavivara imágenes
intermitentes a través de su cabeza. Los franceses emergían desde el humo de la batalla, con las armas
levantadas y preparados para la lucha.

El suelo había pasado corriendo debajo de él, hasta que Balthazar cayó con un relincho estridente. La
neblina roja que había ocultado su visión, se abrió para ver la punta de la bayoneta cortando su mejilla,
abriendo la carne y dejando un rastro de agonía en su estela. Y la cara de Garvey, plagada de horror
que corría para interceptar ese golpe final, de muerte...

Dios, ¡no quería pensar en ello! Sin embargo, era evidente que Aimee no iba a cejar hasta que le dijera
algo, por lo que decidió no podía herir a parte darle unos pocos detalles.

Tal vez si él aplacaba algo de su curiosidad, dejaría el tema pasar.

“Fue una bayoneta francesa, le informó con un gruñido, alcanzó a Balthazar en los cuartos traseros y
dañó los músculos de su flanco izquierdo.

¿Fue la misma bayoneta que le hizo su herida?


Sintió un músculo saltar en su mandíbula por la pregunta y la servilleta que había estado agarrando
osciló hasta el suelo a sus pies, mientras luchaba por mantener su máscara de control.

¡Eso es algo que no quiero discutir!, gruñó entre dientes.

Aimee fijó en él, su mirada turbulenta. Pero quizás debiera. No ha hablado nunca de ello, y no debe ser
bueno mantenerlo dentro. OKeefe dice…

Suena como si OKeefe hubiera hablado demasiado. Y son cuestiones que no te incumben. Te dije que
no quiero discutirlo y eso he querido decir…

Un silencio pasmado siguió su admonición. Aimee parpadeó como si la hubieran abofeteado. Entonces,
al igual que una vela se apaga, cada bit de emoción desapareció abruptamente de su expresión, dejando
su cara fría y lejana.

Por supuesto, dijo lentamente. Perdóneme por ser tan curiosa. Como una tonta, pensé que podría
ayudarle. Haciendo retroceder su silla, se levantó y le enfrentó con un aire de serenidad altiva que
habría hecho sentir muy orgullosa a su tía Olivia. ¿Después de todo, uno tiene que ser humano para
sufrir emociones humanas, no? Pero eso es un error, no volveré a hacerlo de nuevo.

Con eso, giró y se marchó del comedor en un torbellino de faldas, dejando a Royce mirando
sombríamente detrás de ella.

Capítulo 13

Royce agitó su bebida mientras se asomaba a través de la ventana estrecha de la biblioteca, sobre los
acantilados que rodeaban su casa. Aunque había pasado lo peor de la tormenta, el retumbo ocasional
del trueno podía oírse todavía en la distancia, nubes bajas hacían que el cielo pareciera de ónix.

Después de los desastrosos acontecimientos que tuvieron lugar durante la cena, el caos de sus
pensamientos hizo imposible la posibilidad de arreglar la noche. Así que en lugar de retirarse a su
alcoba, se había retirado a un lugar que siempre había sido su santuario, en la esperanza de que una
vigorizante copa de brandy, le ayudaría a calmar su ansiedad y buscar la mejor manera de arreglar las
cosas con Aimee. Le gustara o no, iban a tener que aceptar que ella iba a estar allí por un periodo
indefinido de tiempo, al menos hasta que su atacante fuera capturado. Las cosas ya estaban bastante
tensas sin dejar más asuntos sin atar.

Mentalmente se maldijo al recordar lo herida se había sentido con su reprimenda, antes de que
abandonara el comedor. Sabía que su comportamiento había sido imperdonable, y su única justificación
era el hecho de que había sondeado en heridas que todavía estaban demasiado abiertas. Para bucear en
su pasado no necesitaba ninguna ayuda. Aquí en Stonecliff, los recordatorios de algunos de los
momentos más trágicos de su vida acechaban en cada esquina, esperando para asaltarle con alarmante
frecuencia.
Alejándose de la ventana, pasó su mirada melancólica alrededor de la sala. Si cerraba los ojos, podía
verse a sí mismo como un niño pequeño, jugando a los soldados con Alex, corriendo arriba y abajo por
los pasillos formados por las filas de estanterías imponentes, su risa haciendo eco en las paredes.

El pensar en su hermano mayor, Royce no pudo dejar de sentir un fuerte remordimiento.

A lo largo de los años, Alex había intentado en numerosas ocasiones llegar a él, para restablecer la
cercanía que los dos había compartido una vez cuando eran niños. Pero las maquinaciones de su padre
y la envidia de Royce por su posición como hijo favorecido y heredero habían terminado rápidamente
con ello. Como si fueran peones sobre un tablero de ajedrez, el Vizconde enfrentó a sus hijos uno
contra el otro, manipulándolos en un juego competitivo que finalmente había logrado destruir cualquier
frágil vínculo que alguna vez hubiera existido entre ellos.

No había sido hasta que Alex heredó el título, hasta que Cordelia había entrado en sus vidas y adoptado
el papel de pacificadora, que dieron los primeros pasos hacia la reparación de su relación. Pero las
acciones temerarias de Royce el día que había sido muerto Cordelia habían terminado por alejar a su
hermano.

En ese momento, un sonido tenue desde la puerta de la biblioteca le arrancó de sus lucubraciones y vió
una sombría figura pasando el umbral. Aunque ajustó sus ojos en la penumbra, el brillo de la lámpara
en su escritorio no bastaba para iluminar ese lado de la cámara y sólo pudo distinguir una vaga silueta.

¿Quién está ahí? Dijo con un tono de impaciencia en su voz. La figura dudó, como si se debatiera entre
responderle o no, dio un paso hacia el centro de la sala. La luz se derramó sobre una cara con forma de
corazón llena de inquietud.

Aimee.

Enmarcada en la puerta, vestida con una bata blanca de batista y encaje y con su cabello castaño claro
suelto cayendo sobre sus hombros, era una imagen alejada de la señorita joven formal que
habitualmente presentaba. De hecho, parecía una etérea hada, que hubiera salido de las páginas de un
cuento. Sus ojos color ámbar parecían incluso más grandes de lo habitual, grandes piscinas doradas
luminosas, fácilmente podría ahogarse en ellos.

Lo siento, murmuró. No podía dormir por la tormenta, así que pensé que podría encontrar un libro para
pasar estas horas, no pensé que habría nadie aquí.

Acabando el resto de su bebida, Royce se tomó un segundo para asegurarse de que la inquietud que
sentía por su aparición inesperada no se reflejara en su rostro. ¿Y si lo hubiera sabido?

Elevó el mentón y una chispa de temperamento iluminó sus ojos. Si lo hubiera sabido, puedo asegurarle
que me habría quedado en mi habitación.

Royce reprimió su respuesta mordaz. Estaba siendo un burro y no se equivocaba, por alguna razón, sin
embargo, no parecen podía controlarse cuando estaba cerca de Aimee. Aunque reconocía la amenaza
que ella representaba para su tan cacareado control, involuntariamente golpeaba sus defensas cuando
estaba en las inmediaciones, sin darle respiro. Aun cuando su conciencia se estremecía por su mal
comportamiento, tocó el borde pulido de la mesa antes de hacer con el brazo un gesto burlón. Puesto
que ya estás aquí, no tienes que venir. No muerdo, al contrario de la opinión generalizada de mi
personal.

Aimee agarró los bordes de su bata de encaje, acercándolos sobre su camisón más estrechamente. No
voy vestida precisamente para un encuentro con usted, dijo en tono apagado, echando un vistazo hacia
el pasillo detrás de ella mientras se abrazaba su cintura inconscientemente.

Levantó un hombro en un descuidado encogimiento. Como la duquesa viuda observó durante la cena,
nunca he sido demasiado respetuoso con el protocolo. Y dudo que quede alguien despierto que pueda
sorprendernos. Arqueó una ceja, cruzó sus brazos y dijo con un toque de cinismo. O quizás ese era el
plan. ¿Han decidido que soy la solución a sus problemas matrimoniales?

Sus palabras hicieron que su frente se arrugara en un gesto de confusión. ¿Perdón?

Su carabina parecía más bien ansiosa antes, de que pasáramos un tiempo a solas.

Metió las manos en sus bolsillos, hizo una pantomima de salir con grandes pasos al corredor. ¿Espera
ahí fuera para atraparnos en una situación comprometida y así poder colocar la soga en mi cuello?
Sonaba absurdo, incluso a sus propios oídos. ¿Estás tan desesperada para considerar a un joven con el
ojo deformado, lo suficientemente digno para ser candidato a ser atrapado en matrimonio?

Después de todo, era el huraño Vizconde de Stonehurst medio loco, y sus días de ser considerado en el
mercado matrimonial habían pasado. Pero era tarde para rectificar y esperó que Aimee, se entregara al
esclarecimiento que tan ricamente se merecía.

En cambio, ella sacudió su cabeza y le miró como si nunca lo hubiera visto antes. No entiendo qué le
sucede, susurró, su expresión era una mezcla de tristeza y desconcierto que incluso en su corazón
endurecido provocó una contracción dolorosa. No solía ser así, tan insensible y antagónico. Quizás
estaba un poco hosco en alguna ocasión, pero incluso cuando estaba enojado, nunca había sido
deliberadamente cruel. Me hace preguntarme si ese otro hombre existió alguna vez.

Se giró, con la intención de dejarle a su albedrío. Pero cuando lo hizo, una ola de pánico le arrastró. No
podía dejarla marchar así. No con tanta ira y tensión hirviendo a fuego lento entre ellos.

La alcanzó, la atrapó por la muñeca, tirando de ella bruscamente. Espera, dijo con voz que sonaba
como un ronco croar. Por favor.

Ella se detuvo, mirándole sobre su hombro con frialdad marcada. ¿Sí?

Como siempre, la textura satinada de su piel debajo de sus dedos causó estragos en sus sentidos,
haciéndole difícil el concentrarse. Pero de alguna manera se las arregló para ignorar la marea caliente
que crecía dentro de él y se concentró en lo que quería decir.

Tiene razón, admitió. Estoy siendo un colosal bruto.


¡Sí!

Su recortada afirmación le hizo esbozar una sonrisa, que contuvo casi de inmediato y continuó,
decidido a convencerla de su seriedad. Por favor, acepta mis disculpas. Como sin duda dedujiste, no
estoy acostumbrado a tener invitados en Stonecliff. Su presencia me desborda y me pongo de muy mal
humor como resultado.

Aimee entornó sus ojos, examinándole para determinar la profundidad de su sinceridad. A


continuación, para su alivio, hizo un guiño, sus labios se curvaron en una sonrisa. Supongo que puedo
perdonarle, si me perdona por mi curiosidad de antes, cedió. No tenía derecho a hablar de cosas que no
está claramente dispuesto a compartir.

No hay nada que perdonar. No me causaste ningún daño y nunca debí maltratarte. Y a pesar de mis
ridículas acusaciones, me doy cuenta de que no estoy precisamente en la parte superior de la lista de
potenciales esposos. Fue tonto de mi parte, sugerir que podrías recurrir al chantaje para asegurar una
proposición.

Para perplejidad de Royce, una sombra cruzó la cara de Aimee, sus palabras robaron su sonrisa. Dijo,
“no es tan tonto, realmente”. No es como si los pretendientes hicieran cola para pedir mi mano a mi
padre, e imagino que algunas jovencitas en mi posición pensarían que estaban justificadas tales
medidas desesperadas. Dio un paso alejándose, su mano libre se movió con ella. “Bastante puedo
entender por qué sería tan abominable el pensamiento de estar atado a mí para el resto de su vida”.

Temporalmente aturdido por sus palabras, se quedó paralizado, tan atónito que no percibió cuando
empezó a darle la espalda.

Justo antes de que llegara a la puerta, sin embargo, lo percibió y la agarró una vez más, esta vez por el
brazo. Espera un segundo, gruñó, con su frente surcada de un feroz surco. ¿Abominable? ¿Que se
supone que significa eso?

Eso significa que soy consciente de que no soy el tipo de mujer que los hombres encuentran atractiva y
nunca me querrían como esposa.

La miró confundido. Ella parecía creer honestamente que era cualquier cosa menos deseable. No, no
era una belleza deslumbrante, pero poseía una dulzura y fuerza de espíritu que muchos caballeros
encontrarían muy atractivas, si ella bajara la guardia lo suficiente para permitir a un hombre
verdaderamente conocerla.

Le miró, juntando sus manos. ¿Por qué dijo algo así? preguntó suavemente, aun cuando endureció el
agarre suave de sus dedos.

Su mirada nunca vaciló, aunque brilló un desánimo que no pudo ocultar detrás de sus ojos. Porque es la
verdad. Me conozco desde siempre. Soy normal y aburrida, totalmente aburrida en apariencia y
personalidad. Absolutamente olvidable en todos los sentidos.
Royce tuvo que refrenar sus ganas salvajes de reír por su auto-descripción. ¿Olvidable? Él no lo creía.
Había estado intentando por más de un año olvidarse de ella, con poco éxito.

Ella todavía hablaba, completamente ajena a los pensamientos que corrían por su cabeza. Pero está
bien, decía, sonaba como si estuviera tratando de convencer se a sí misma tanto como a él. Me he, más
o menos, reconciliado con el hecho de que no estoy destinada al amor o al matrimonio, y puedo
aceptar mi suerte y estar contenta.

Sin palabras, intentaba pensar en algo, cualquier cosa que pudiera decir para hacerla entrar en razón,
aunque era el último que debía asesorarla. Aimee, eres tan joven, empezó con cautela. Demasiado
joven para tomar una decisión sobre tu futuro ahora. Puedes encontrar a alguien que haga que cambie
tu forma de pensar. Alguien que te tratará como tú te mereces.

Aun cuando se sentía asfixiado por un pensamiento no deseado, de ella con cualquier otro hombre que
no fuera él. Aimee le lanzó una mirada desdeñosa, ahora suena como mis hermanas,

Realmente, Stonehurst, no creo que mi edad tenga nada que ver con ello. Tía Olivia dice que algunas
mujeres simplemente están destinadas a vestir santos.

Bueno, eso está mal. Especialmente si lo que implica es un destino como el suyo.

Discúlpeme si tengo dudas al respecto. Es difícil mantenerse optimista sobre mis perspectivas
románticas cuando la mayoría de los hombres tienden a mirar a través de mí.

No pudiendo reprimir su creciente exasperación por su testarudez, Royce la sacudió.

¿Por qué infiernos debe escuchar esa basura? Sólo porque la arpía de su tía ha renunciado todo para
estar sola e infeliz, eso no significa que tengas que estar así tú. No te pareces en nada a ella. Eres una
joven cálida y encantadora a la que cualquier hombre reclamaría orgulloso como su esposa.

“Eso le ofrecí yo a usted”. Deslizándose fuera de su alcance, Aimee se situó delante de la ventana por
la que él había estado mirando antes, con los puños apretados a ambos lados, tan estrechamente que sus
nudillos se pusieron blancos. ¿Y quién podría culparle? Debe haber sido una situación muy incómoda.
Es un hombre cultivado, y yo era una niña tonta que le acosaba incesantemente, siguiéndole y…

No, la interrumpió, con voz clara llena de emoción contenida. Puedes creer que no te vi nunca como a
una niña tonta. Y la razón por la que me fui, no tiene nada que ver contigo. Al menos no de la manera
que ella sospechaba, recapacitó en silencio. Pero sería mejor si ella nunca descubría que su partida
provenía de su propia fascinación obsesiva y totalmente inapropiada con ella. Sólo serviría para
complicar el asunto.

No hay nada malo contigo, dijo, sus palabras sonaron totalmente convincentes. Nada de nada.

Ella agachó la cabeza, y la luz de la lámpara sobre la mesa jugó con ella, resaltando las curvas sutiles
de su cuerpo y delinear la estructura ósea delicada de su rostro. Su frágil encanto fue suficiente para
hacer que su boca se secara por la necesidad. Si ella pudiera verse ahora, nunca, nunca más dudaría de
su encanto.
Por favor, no me mienta, para no herir mis sentimientos, dijo bajo. Ya le he dicho que no me hago
ilusiones en cuanto a mis defectos. ¿Por qué debería ser diferente con cualquier otro hombre?

Su negativa a ver lo que era tan evidente, le despertó su temperamento. Alargó los brazos, la tomó en
sus brazos y la acercó, sus ojos flameantes la miraban.

¡Maldición!, ¿que debo hacer para que dejes de desvalorizarte a tí misma? dijo enfadado. ¡Eres
perfecta!

¡Tan malditamente perfecta que no puedo mantener mis manos lejos de tí!

Su exabrupto fue seguido por un segundo de quietud.

¿qué? Finalmente logró tartamudear sin aliento.

Bueno, había fracasado en mantener su atracción para él mismo, Royce meditaba desalentado. Y ahora
que había salió la verdad, no tenía ningún sentido eludir la verdad. Me has oído. Si eres tan indeseable,
¿por qué no puedo sacarte de mi cabeza? ¿Por qué crees que te besé de la manera que lo hice, la noche
de la cena?

¡No lo sé!. Sus mejillas enrojecieron, Aimee se agarró a las mangas de su chaqueta, sus dedos clavados
en el tejido, ni aparentemente darse cuenta de lo que estaba haciendo. Estaba enojado y frustrado y
quería probar algo, eso es todo. Usted no… nunca podría quererme a mí.

Puedo y lo hago. Desde hace más de un año.

Ella hizo un sonido de denegación mirando a Royce, que había empujado sus caderas adelante
insistentemente, ajuste la repentinamente rígida y dolorida longitud de su excitación, en la muesca
cálida y sombría entre sus muslos.

¿Qué sientes, Aimee? Largó a través de sus dientes cerrados, tratando desesperadamente de resistir las
ganas de seguir balanceándose contra ella, deslizándose a sí mismo de ida y vuelta, sobre la parte más
secreta y sensible de ella hasta que ambos acabaran destrozados por el placer del encuentro.

Niégalo, si puedes. Esto es lo que me pasa siempre. Si estoy cerca de ti, lo único que quiero hacer es
enterrarme en tu calor líquido. Lanzarme sobre ti hasta que todo deje de existir y nos perdamos uno en
el otro.

Si esperaba que su flagrante declaración la impulsara a aceptarle, el efecto fue justamente el contrario.
Su espalda se mantuvo recta, le miraba irritada, sus palmas sobre su pecho abiertas, como
manteniéndole a raya.

Me imagino que es más o menos la respuesta típicamente masculina por estar en la proximidad de una
mujer, le informó. Especialmente si ella está casi desnuda. No importa que mujer tenga en los brazos.
La reacción siempre sería la misma.

Su afirmación altiva consiguió finalmente empujarle más allá de los límites de su paciencia. ¿Es eso
realmente lo que crees? Grajeó. Supongo sólo tengo que probar que estás equivocada, ¿no?
Entonces, a pesar de que sabía que era un error y que se despreciaría a sí mismo más tarde, ahuecó su
rostro en sus manos y la besó con una intensidad salvaje.

Fue como estallar en llamas. El instante en que su boca tocó la suya, el fuego que había mantenido
justo debajo de su piel se desató y se convirtió en un incendio, quemando toda lógica, toda razón. Se
consumía por la mujer acurrucada contra él, y no había nada más allá de ese momento. Sin pasado, sin
futuro. Sólo la dulzura de sus labios como él devoró con todo el anhelo feroz que había luchado
durante tanto tiempo por ocultar.

Y al parecer no era el único atrapado en el poder de su abrazo. Para su deleite, Aimee no hizo ningún
movimiento para empujarle lejos o para intentar escapar a su control. De hecho, después de una
vacilación inicial, tentativamente deslizó sus brazos alrededor de su cuello y le besó con igual fervor.

Una y otra vez sus bocas se reunieron, mezclándose y aferrándose en un intercambio ardiente, cada
beso se fundía con el siguiente con engañosa languidez que desmentía la urgencia que Royce sentía
agitarse en su corazón. Lo llevaba, susurrando en su oído para tomar lo que había estado esperando
todo este tiempo, y tuvo que luchar para mantener su lujuria a raya, evitando ir demasiado rápido.

¿Me crees ahora? murmuró entre besos, su lengua rastraba alrededor de sus labios, antes de dirigirse al
borde de su mandíbula. ¿Me crees si te digo que te deseo?

Ella tembló y cerró los ojos como si intenta evitar su mirada interrogante, pero él no le permitió
hacerlo.

Ahondando sus dedos en su cabello, envolvió en su mano un ovillo marrón brillante con hilos de oro y
le dio un tirón suave. La pesada melena era mucho más larga de lo que había imaginado en sus
ensoñaciones, cayendo casi hasta su cintura en una brillante cortina de seda.

Dime, pidió, besando delicadamente su oreja. ¿me crees?

Un quejido sordo fue su única respuesta, pero fue suficiente para Royce. La forma en que ella se
aferraba a sus hombros, como si tuviera miedo de que intentara alejarla, era un silencioso testimonio de
la profundidad de su propio deseo por él.

Lleno de una sensación de euforia, la levantó en sus brazos y la llevó a un sofá tapizado de terciopelo
que estaba escondido en la esquina más oscura de la sala, donde la depositó sobre los cojines y
siguiéndola hacia abajo. Mientras tanto, besó, sus labios con devastadora maestría. Cuando finalmente
levantó la cabeza para mirarla, una mirada vidriad de pasión, brillaba en sus ojos de color ámbar,
invitándole.

No eres un ratón, pensó Royce con satisfacción, sino una chica dorada. Su chica dorada. Una mujer de
rara belleza interior que podía calentar su alma y que sólo quería que él la deseara.

Necesitaba verla, entera, aflojó el cinturón de su bata con una mano insegura, entonces llegó a deslizar
sus dedos bajo su camisón de encaje. Ella no protestó, aunque se tensó mínimamente y mordió su labio
inferior ya hinchado por los besos con evidente aprensión.
Está bien, la calmaba, acariciándose su sien. Todo va a estar bien, cariño.

Sólo quiero mirarte. Hace mucho tiempo que deseaba verte. Bajó la tiranta desde su hombro, para
revelar un pecho desnudo cremoso en todo su esplendor. Pequeño y elevado, su pezón visiblemente
endurecido por el aire fresco de la cámara le rozó y Royce dejó escapar un gemido ante la visión,
mientras sostenía el ligero peso de su seno en la mano.

Cuando Aimee se movió con su toque, se apresuró a calmarla, con un susurro seductor. Shhh. Todo irá
bien, te lo prometo. Eres muy hermosa, corazón, te lo prometo.

Ella tragó, su garganta moviéndose convulsivamente y pálida, dijo. Soy demasiado pequeña.

No. Él acarició con su pulgar el aterciopelado pecho, alcanzando la carne rosada de su aureola y, a
continuación, toqueteó con la punta en su centro, haciéndola temblar. Ella era tan suave y tan sensible.
Todo lo que había soñado. Eres perfecta para mí.

Y lo era. Era cierto, no poseía las curvas maduras, demasiado abundantes de las mujeres sin rostro y
sin nombre que él había tenido en su cama en el pasado. Pero de alguna manera encontraba su forma
esbelta mucho más agradable. Junto a la tentación de que ella representaba, todas las otras mujeres con
las que hizo el amor desaparecieron en la oscuridad.

Con la intención de demostrarla lo que quería decir, se inclinó sobre su pecho, tomó el erecto pezón en
el calor de su boca hirviente, un grito estrangulado salió de ella cuando pasó la lengua sobre la cresta
sensible. Ella arqueó su espalda hacia él, hundió los dedos en su pelo, acercándole mientras se
amamantaba vorazmente.

Dios, era deliciosa. Incluso si la probaba durante un mes, nunca quedaría satisfecho de ella.

Por favor, Royce, farfulló, y él dudaba que en el estado de aturdida felicidad en el que se hallaba, fuera
consciente de haberle llamado por su nombre en vez de usar su apellido. Las palabras caían en cascada
de sus labios. Royce hazme tuya.

La petición hizo eco en su cabeza, registrándose vagamente como una ominosa advertencia y después
de pasar varios minutos perdido en el embriagador sabor de ella, la razón gradualmente comenzó a
regresar.

Royce, hazme tuya.

¿Qué demonios estaba haciendo?

Con un juramento violento se levantó, con rápidas zancadas se alejó al otro lado de la habitación, para
escapar al hechizo sensual que ella había tejido sin esfuerzo. Levantó el pecho, hizo varias
inspiraciones profundas para controlar sus emociones y recuperar su compostura antes de hablar.

Perdóneme, milady, finalmente dijo en voz alta, con tono estirado, casi formal. Esto no debería haber
ocurrido nunca.
Hubo un ruido tenue, y él miró a Aimee justo a tiempo para ver como se sentaba subiéndose la tiranta
del camisón para cubrir su pecho. Un tic saltó en su mandíbula cuando a pesar de la distancia, vió como
un parche de humedad aparecía rápidamente en el tejido sobre su pezón, filtrando la humedad de su
boca.

No entiendo, aventuró ella sin convicción. Pensé que me deseaba.

Sí.

Entonces ¿por qué deja? ¿Seguramente no es ninguna vergüenza si nos deseamos mutuamente?

Royce sacudió su cabeza por su ingenuidad. Ojalá fuera así de simple. Hay demasiadas cosas que no
sabes. Cosas que no te he dicho.

Entonces dígamelas ahora. Ella se inclinó hacia delante en su asiento, su semblante agitado y con aire
de preocupación instándole a confiar en ella. Por favor.

Sus hombros se inclinaron con cansancio, volvió su mirada a la negrura del cielo nocturno. ¿Cómo
podría haberse abandonado tan completamente?

Había dejado a su debilidad gobernar sus acciones, y lo había llevado peligrosamente cerca de cruzar
hacia territorio prohibido. Sólo los rudos ruegos de Aimee, le habían salvado, devolviéndole al borde
antes de que fuera demasiado tarde.

Y ahora tenía que encontrar una manera de decirle que lo que había no pasado entre ellos, nunca podría
volver a ocurrir.

Por eso me fui. La confesión de salió como una ráfaga sin su voluntad, obligándose a pasar su
atragantamiento. ¿Por eso me distancié de ti por tanto tiempo. Esta condenada necesidad, me sigue
dondequiera que vaya. Pero no importa cuánto te desee, no puedo permitírmelo. No ahora Nunca.

Hubo una pausa larga, interminable, y Royce prácticamente podría sentir el peso de la mirada vigilante
de Aimee en él desde atrás, sobre su nuca. Cuando habló otra vez, en su voz había una nota de genuino
desconcierto. Pero ¿por qué?

Tu padre es un buen amigo, y te ha colocado bajo mi protección. No puedo abusar de su confianza


seduciendo a su hija. Especialmente cuando no tengo ninguna intención de pedir su mano.

Ya veo.

La herida que esas dos palabras mostraban, hizo a Royce mirar la cara de Aimee una vez más, sus
manos apretadas en puños de frustración. No, no lo ves, y no tengo ni idea de cómo explicártelo. No
tiene nada que ver contigo, Aimee, pero mantengo lo que dije anteriormente. ¡Algún día alguien hará
que seas una esposa más que admirable! Yo soy quien está mal, no tú . Esto es sobre mí y mis fallos.

Ella parpadeó, evaluándole bajo cejas. A continuación, levantándose con real dignidad, caminó a través
de la habitación, parándose delante de él.
¿Exactamente a qué defectos se refiere? exigió saber, fora imperiosa sin dejar lugar a equívocos.

¡Santo Dios!, ¿qué podría decirle? Royce agonizaba. Sus pecados eran demasiado numerosos para
siquiera empezar a enumerarlos. Y si tenía alguna sospecha de la destrucción que provocaba en
aquellos que alguna vez le habían importado, ella huiría de él con horror.

Baste decir que no te merezco. No merezco tener una esposa y familia. Para ser feliz. Pasó una mano
por su cabello, se movió delante de ella, haciéndole un nudo a su corbata en creciente agitación. Me
acusaste de ser menos que humano en la cena de esta noche, y tenías más razón de lo que piensas. Hay
una oscuridad en mí que aún no has visto y a la que no puedo exponerte. He dañado a mucha gente. No
quiero lastimarte a ti también.

Usted no podría nunca hacerme daño, dijo con una fe inquebrantable que le hubiera halagado en
distintas circunstancias.

Ah, pero lo haría, le aseguró. Tarde o temprano, hago daño a todo el mundo.

No le creo.

No importa lo que usted cree. ¡Es así, como tiene que ser! Pasando a su lado, Royce avanzó hasta la
cercana mesa, descorchó el decantador de brandy que había dejado allí antes y se sirvió otros dos
dedos de licor en su vaso vacío. Ahora, si me disculpas, creo que es mejor si vuelves a tu habitación
mientras intento tranquilizarme.

Pero…

Vete, Aimee. Su orden brusca y autoritaria, cortó la protesta. Y si sabes lo que es bueno para ti, intenta
permanecer lejos, muy lejos de mí.

Le dio la espalda, no quería ver el dolor en sus ojos al marcharse. Sus dedos apretaron el frágil cristal,
esperó con ansiedad hasta que escuchó como la puerta se ccerraba detrás de ella con un clic suave.
Luego arrojó la copa al otro lado de la habitación con toda su fuerza, destrozándola contra la pares, el
líquido ambarino goteó por la pared hasta el suelo.

¡Maldición! Había hecho lo correcto al alejarla. Lo sabía. Así que ¿por qué se sentía más solo de lo que
nunca se había sentido en su vida?

Capítulo 14
En los días siguientes, Aimee siguió el consejo de Stonehurst e hizo todo lo que pudo para mantenerse
fuera de su camino. No fue difícil de lograr, pues parecía igualmente decidido a evitarla.

De hecho, rara vez le vislumbró excepto en las ocasiones poco frecuentes, en las que decidía unirse a
sus invitadas para cenar. La mayor parte de su tiempo lo pasaba encerrado en la biblioteca o en su
estudio del segundo piso, aparentemente atendiendo sus negocios.

Pero Aimee sabía que era mejor.

“Es lo mejor”, reflexionaba una mañana al bajar a desayunar, una semana después de su llegada a
Stonecliff. Por mucho que ella odiara la distancia entre ellos, la mera posibilidad de estar sola con el
hombre, de tratar de llevar una conversación cortés con él, después de todo lo que había pasado la otra
noche, la llenaba de un pánico abrumador.

Un rubor escaldó sus mejillas, al recordar cómo se sentía el fuerte cuerpo de Royce presionado contra
ella, el calor húmedo de su boca en su pecho desnudo. La había tocado y besado, como si nunca
pudiera saciarse, había despertado sensaciones profundas dentro de su núcleo femenino que nunca
antes había experimentado. Y para su asombro absoluto, había admitido que la quería. Incluso ahora,
una emoción secreta la atravesaba cuando recordaba su confesión. La revelación la había sorprendido,
incapaz de creer lo estaba oyendo. Pero no podía negar la evidencia de su excitación, ni negar el
hambre por ella que ardía en sus ojos.

¿Con qué frecuencia había fantaseado que él la vería de esa manera? ¿Que podría llevarla en sus brazos
y besarla con el mismo tipo de necesidad apasionada que mostró esa noche? Apenas él cumplió todos
sus sueños aniñados, cuando le arrebató todo. Su abrupta despedida después de lo que habían
compartido la había herido más de lo que nunca sabría.

Por alguna razón, estaba convencido de que su mutua atracción nunca podría conducirles a ninguna
parte, y era evidente que nada que de lo que dijera Aimee cambiaría su mente. No lo entendía, pero
estaba claro que él no iba a ofrecerle una explicación detallada.

En cualquier caso, preocuparse por el problema haría poco en su favor. Tuvo que recordar que hasta
que le dijo que la deseaba, él nunca había mencionado amor. Quizás su renuencia a seguir no tenía nada
que ver con su pasado, sino que estaba relacionado con la falta de sentimientos verdaderos hacia ella
aparte de la lujuria.

Era una revelación desgarradora.

Al llegar a la parte inferior de las escaleras, reprimió sus deprimentes elucubraciones lejos y se miró en
un espejo cercano, asegurándose con la tenue iluminación del pasillo de que estaba presentable antes de
llegar al comedor.. Aunque que se sentía un poco hambriento, no tenía prisa por unirse a la duquesa
viuda, Teodosia tenía una misteriosa habilidad para saber cuando algo la preocupaba. Sintiendo la
tensión entre la joven a su cargo y su anfitrión, la anciana había estado intentado husmear la verdad del
asunto, preguntando insistentemente a Aimee, cosas a las que ella no quería responder. No ahora.
Como caminaba a un ritmo tranquilo, echó una mirada sobre los retratos de la familia de Grenville, que
forraban las paredes a ambos lados de ella. Una o dos veces antes los había examinado, y las caras
sombrías, que la miraban desde cada lienzo la habían desconcertado.

Una imagen en particular había llamado su atención. Orlado por un marco ornamentado y ocupando un
lugar preferente al final del corredor cerca del vestíbulo, habría sido difícil de perdérselo. El tema era
un gran hombre intimidante que guardaba una llamativa semejanza con Stonehurst, aunque más viejo
sin su espeso pelo oscuro y sin que la cicatriz marcara su rostro prohibido.

Tenía que ser el padre de Royce, concluyó Aimee, parándose delante. Y la pintura más pequeña junto a
la otra debía de ser de Royce y su hermano mayor. En ella, ambos estaban en un escenario al aire
libre, vestidos con chaquetas de caza con caballos a sus lados. Eran ambos poco más que jóvenes de
quizá dieciséis o diecisiete años de edad, y mientras Royce parecía rígido y sobrio, había una inocencia
juvenil y esperanza en esos ojos grises que hace mucho tiempo había sido sustituida por la brusquedad
y el hastío.

Ah, aquí estás, querida.

El sonido de la voz viniendo así de cerca de su oreja sorprendió a Aimee, que giró la cabeza
encontrando a Teodosia al lado de su codo. Tan absorbida había estado en el estudio de los retratos que
no escuchó la llegada de la mujer.

¡Qué vergüenza!, había sido pillada mirando hechizada la semejanza con Royce.

Con labios fruncidos, examinó las pinturas, la Duquesa viuda parecía ser consciente del desconcierto
de Aimee. ¿Un lote bastante gruñón, no? reflexionó en voz alta, haciendo gestos hacia los retratos con
una mano regordeta.

Aimee echó otra mirada al retrato del padre de Royce, superada repentinamente por una ola de
curiosidad. ¿Les conoció? preguntó tímidamente. A la familia de Lord Stonehurst, quiero decir.

No muy bien, lo siento. Estaba familiarizada con su padre y su madre, solíamos asistir a muchos de los
mismos acontecimientos sociales en mis años jóvenes. La Vizcondesa era dulce, un poco demasiado
dócil para mi gusto. El vizconde, por otro lado... Theodosia arrugó la nariz en claro desdén. Baste decir
que no era el más encantador de los caballeros. Un individuo fríamente autocrático e individualista
que nunca he conocido. Su temperamento sólo empeoró después de que su esposa falleciera dando a
luz al actual Lord Stonehurst.

Pobre Royce, pensó Aimee, mordiendo su labio. No tenía ni idea de que la Vizcondesa había muerto en
el parto. Debe haber sido difícil, creciendo sin madre y con un padre severo y dominante.

Su mirada se dirigió al retrato del hermano de Royce. Un hombre alto, rubio con brillantes ojos azules,
era uno de los pocos rostros sonrientes entre los muchos retratos que colgaban de las paredes. Y ¿cuál
era su impresión del hermano de Lord Stonehurst? pidió, manteniendo su tono deliberadamente
indolente en un esfuerzo por disimular su interés.
Un compañero afable, supongo. No como su padre. Fue el conde por un año o dos y el heredero, ya
sabes. Las facciones de la viuda tomaron un tinte sombrío. Creo que él y Stonehurst consiguieron
mantenerse unidos, pero algo pasó entre ellos no mucho después de la muerte de su padre que resultó
una grieta. Algo sobre la prometida del hermano mayor.

¿Prometida?

Mmm... Hubo algún tipo de accidente y murió. Un mal asunto fue bastante trágico. Abundaban los
rumores, pero no creo que nadie sepa toda la historia aparte de aquellos que estuvieron directamente
involucrados en el incidente.

Esta nueva información puso en marcha las ruedas de la especulación, de nuevo, en la cabeza de
Aimee.

¿Era esa la pieza faltante del rompecabezas que había estado buscando? ¿Podría la muerte de la
prometida de su hermano desempeñar de alguna manera un papel en la determinación de Royce de
mantenerla a distancia?

Niña, sé que no puedo ayudarte, pero has estado incluso más tranquila de lo habitual, en los últimos
días ¿Está todo bien?

La pregunta de Theodosia la sacó rápidamente de su ensoñación. Estoy bien, su gracia, ofreciendo una
sonrisa tranquilizadora a la anciana. Solo añoro mi casa y deseando que papá escriba diciendo que han
detenido a mi asaltante.

Gran parte era cierto. No había tenido más pesadillas durante su estancia en Stonecliff, y aunque parte
de ella estaba contenta, otra pequeña parte se sentía decepcionada. Quería ver más. Quería saber quién
había acechando fuera en esa noche tormentosa.

Ahora se sentía impotente, no podía hacer nada para ayudar en la investigación, pero si pudiera
recordar ese rostro pálido, borroso, enfocarlo, finalmente podría tener la respuesta de quien deseaba
deshacerse de ella.

La viuda cubrió la mano de Aimee con la suya. Debes intentar no preocuparte. Estoy segura de que tu
padre enviará un mensaje tan pronto como el sinvergüenza esté detenido.

Una flecha de culpabilidad atravesó a Aimee. Aquí estaba, aprovechándose de la generosidad de


Theodosia, y conversando como si nada se saliera de lo común, manteniéndola en la oscuridad de la
verdadera naturaleza del peligro que las rodeaba.

Luchando contra las ganas contarle la verdad acerca de todo, apretó agradecida la mano de la viuda. Es
muy amable, su gracia. No puedo decirle lo mucho que agradezco todo lo que ha hecho.

Buah.. Teodosia había pasado su brazo a través de Aimee, alejándola de los retratos. Su madre era una
de las mejores amigas que he tenido. Ella estuvo allí conmigo, en aquellos días oscuros y difíciles
cuando mi esposo empezó a sentirse tan mal. Y cuando falleció y el bufón de mi hijastro tomó su
herencia y continuó su camino feliz sin asomo de preocupación por mi bienestar, Elisa fue quien me
hizo ver que no podía simplemente renunciar. Que tenía que seguir viviendo, aunque fuera sin mi
Randall. A cambio, lo menos que puedo hacer es estar aquí con sus hijas cuando alguna de vosotras me
necesite.

Aimee estudió su regio perfil cuando comenzaron a regresar por el pasillo hacia el comedor, con pasos
lentos y medidos para adecuarse a la marcha de la viuda y su bastón. Desde que podía recordar, esta
mujer había sido una figura benevolente en su vida, prácticamente un miembro de la familia. Pero de
repente se dio cuenta que realmente nunca le había preguntado por como habían llegado a esos
términos. No tenía ni idea de lo que había provocado la amistad de su madre y de Teodosia, o incluso
cuando se conocieron por primera vez.

Estoy pensando que realmente no sé cómo conoció usted a mamá, dijo en voz alta, avergonzada de que
nunca había puesto interés. Superficialmente, no parece como si las dos hubieran tenido mucho en
común. Una ex actriz y una Duquesa.

Un destello pasó por los ojos de la dama mayor. Más de lo que podrías sospechar. Verás, mi padre era
un mero caballero, por lo que mi matrimonio con el duque creó bastante revuelo. La primera esposa de
Randall fue ampliamente adorada por la aristocracia y nunca perdieron una oportunidad para que
dejarme saber que no era una digna sustituta. Supongo que cuando conocí a tu madre, reconocí un
espíritu afín. Ella hizo una pausa y miró a Aimee, con las cejas bajadas en evaluación reflexiva. Tú me
recuerdas mucho a ella.

Aimee miró a Teodosia dubitativa. Encontraba esa observación bastante difícil de creer, Considerando
que la Marquesa de Albright había sido una mujer audaz, hermosa y deslumbrante que nunca se
encogía ante nada. Muy diferente de su hija menor aburrida y obtusa

Su escepticismo debió ser obvio para la Duquesa que se detuvo con brusquedad inesperada en medio
del pasillo tirando de Aimee, hasta que se detuvo junto a ella.

Eres mucho más parecida a Elisa de lo que crees, querida, insistió la mujer, con expresión sincera.
Tienes su tozudez y su tranquila determinación. Y sospecho que detrás de ese tímido exterior tuyo se
esconde una reserva de fuerza apasionada de la que puedes no ser consciente aún. Cuando algo tenga
finalmente la importancia para que luche por ello, ahí encontrarás esa fuerza.

Ella acariciaba la mano de Aimee que se posaba en su brazo, con gesto enérgico y reconfortante. Sólo
recuérdalo la próxima vez que comiences a dudar de ti misma.

Con eso, comenzó a marchar una vez más, remolcando a Aimee con ella.

Eres más parecida a Elise de lo que crees, querida.

La parada de Teodosia y su inequívoca declaración reverberaron en la cabeza de Aimee, haciéndola


desear poder justificar la fe de la viuda en ella. Que era más fuerte de lo que nunca había imaginado
poder ser. Pero la degradante voz de su tía Olivia, siempre estaba en el fondo de su cabeza, no
tardando en oscurecer ese pensamiento…
¡Vamos Aimee!, debes ver que simplemente te estás engañando a ti misma. Lo único que heredaste de
su madre, aparte el color de sus ojos, es una indiscutible debilidad de carácter. Fingir que eres otra cosa
más que un pequeño ratón patéticamente inepto, sería una gran estupidez.

En las puertas del comedor, notó como un peso helado se instalaba en su estómago. Su apetito la había
abandonado completamente, y no tenía ningún deseo de ver una cara caritativa y comportarse como si
todo fuera bien, dedicada a una futil conversación durante el desayuno.

Escondiendo cuidadosamente sus pensamientos a su compañera, con una máscara ilegible, dijo,
discúlpeme, su gracia, pero no tengo hambre. Si me permite iré a la biblioteca a ver si puedo encontrar
un libro para pasar el tiempo.

¿Estás segura, querida? La mirada de Teodosia, estaba plagada de preocupación. No estabas bien
cuando llegamos y volverás a estar mal si continúas así. Te veo más delgada de lo que me gustaría.

Aimee le dio un abrazo rápido, agradecida por la genuina preocupación dela duquesa. Por favor no se
preocupe por mi. No es necesario. Si disminuye su angustia, prometo que comeré más en la cena.

Deseosos de evitar más objeciones se alejó de la anciana mujer, dejando a la viuda mirando
ansiosamente tras ella.

Más de una hora después, sin embargo, apostada en una butaca de la biblioteca con un polvoriento
tomo de poesía, Aimee había suspirado tanto que admitió su derrota. Intentar concentrarse en la lectura
estaba resultando un ejercicio imposible. Por primera vez le resultaba imposible, perderse en un libro y
ese descubrimiento era muy inquietante para ella.

Quizás tenía que ver con el hecho de que todo en esa sala le recordaba su encuentro con Royce.
Bastaba una mirada al sofá en la esquina más alejada para recordar esa noche y la forma en que había
sentido sus brazos, sus manos y labios, acariciándola, moviéndose por su piel…

Sofocando un quejido, empujó lejos las imágenes excitantes y subió a reemplazar el libro en la
estantería. Había sido un error entrar aquí. ¿Pero si no podía escapar de su agitación en la biblioteca,
donde podría?

Su mirada se desvió en dirección a la ventana y a la franja de cielo azul que podía ver más allá del
cristal. Como el clima parecía haber cambiado, tal vez ella podría dar un paseo y luego detenerse en
los establos para ver a Balthazar. Con tanto tiempo libre a su disposición, había ido a visitar al caballo
cada día y se había establecido entre ellos una rápida conexión. A pesar de su edad y sus problemas de
salud, era un animal noble y cariñoso, y ella podía entender por qué Royce había trabajado tan duro
para salvarlo, pues ella habría hecho lo mismo, sin duda...

Seguramente un poco de aire fresco sólo podía hacerle bien, decidió Aimee. Y tenía que ser mejor que
soportar ese monstruoso mueble, el resto de la tarde. Estiró las arrugas de su traje gris paloma, y
abandonó la sala, con pasos decididos, deteniéndose en la cocina un momento para que el cocinero le
diera un terrón de azúcar, antes de salir.
En el momento que salió de la casa hacia la luz solar, su guardia asignado, un corpulento ex-agente
llamado Edmundson, salió detrás de ella con un guiño amable.

Ella le sonrió cordialmente a cambio. La semana pasada, se había acostumbrado a tener a los hombres
de Tolliver cuando se aventuraba al aire libre, aunque inicialmente la había fastidiado. Le hubiera
gustado pasear sola, pero se dio cuenta de que sólo querían su protección y había admitido más o
menos su presencia.

Cruzando los adoquines con Edmundson en sus talones, fue repentinamente consciente de la
conmoción dentro de los establos. Pocos caballos había en Stonecliff y sólo un puñado de mozos eran
empleados en su cuidado, por lo que las caballerizas estaban normalmente tranquilas. Pero no ahora,
sin embargo. El zumbido sordo de voces ansiosas llegaba a sus orejas, enviando una alarma que la hizo
salir corriendo.

Rápidamente se introdujo a través de la puerta cerrada parcialmente, su corazón aleteaba rruidosamente


y escuchaba los relinchos fuertes de un caballo agonizante. Varios hombres se encontraban reunidos
alrededor de Balthazars y pudo ver a Royce, con una máscara de severidad sombría, hablando con un
hombre rechoncho, y canoso que mantenía un gran maletín negro agarrado en una mano.

Lo siento, milord, pero no pinta bien, decía el hombre, con expresión tan grave como la de Royce. El
animal no estaba muy bien y en estas condiciones no es fácil afrontar esta nueva enfermedad. Está muy
débil y tiene dificultad para mantenerse en pie y estoy seguro de que no necesito decirle que eso es una
mala señal. Especialmente cuando es crucial en este punto que camine.

¡Cielos! ¿Él hablaba de Balthazar?

Localizando a OKeefe en el borde del grupo, Aimee se adelantó a su guardia, que se situó justo dentro
de la puerta del establo y agarró al mozo por el brazo para atraer su atención. Cuando se volvió a
mirarla fijamente, percibió la desesperación en sus ojos con la fuerza de un golpe.

¿Qué tiene? susurró, sus dedos agarrando la tela de su manga.

Cólico. Escupió la palabra como si se tratara de una maldición. Algun maldito tonto ayer le dio pienso
enmohecido a Baltasar y una de las yeguas.

La boca de Aimee se secó. No sabía mucho pero había oído hablar de ello y sabía que era un mal
temido por los propietarios de caballos ¿es grave?

OKeefe asintió. Puede ser. Pudimos cuidar a la yegua , que ha pasado lo peor y ya debe estar bien, pero
es más joven y más fuerte que Baltasar. Un tic saltó en su mandíbula, levantó su cabeza hacia Baltasar,
que continuaba con sus estridentes relinchos. Tenía un gran dolor anoche y no parecen mejorar. El
veterinario no tiene muchas esperanzas.

Hubo un largo lapso de silencio preocupado cuando el corro de hombres bloqueó su visión del capado.
Luego OKeefe había pasado una mano a través de su cabello en un movimiento brusco, rompiendo el
hechizo.
Después de todo lo que él ha hecho para que el caballo viva, no puede terminar así, preocupado, su
mirada se centró en el vizconde. Si Balthazar no lo logra... Bueno, eso es algo que no debo ni
considerar.

Con ojos desenfocados con lágrimas, Aimee miraba fijamente el rostro pálido y tenso del hombre que
lenta pero definitivamente derribaba las barreras de su corazón. Un corazón que ahora se estaba
rompiendo él. Pero era algo que no quería pensar bien.

Capítulo 15

Nunca se sintió tan inútil.

No fue hasta que el sol había comenzado a hundirse por debajo del borde de la línea del acantilado que
Aimee recordó su promesa anterior a Teodosia y a regañadientes volvió a la casa para unirse a la
duquesa viuda en una cena ligera. Su apetito era inexistente, sin embargo, y una vez que terminó de
contar a la anciana sobre Balthazar, no perdió el tiempo cambiándose por ropa cálida y regresó a los
establos. Royce parecía totalmente ajeno a su presencia, pero por razones que no quería examinar muy
detenidamente, necesitaba estar allí con él si ocurría lo peor.

El cielo estaba oscuro y el viento había cesado considerablemente cuando cruzaba el patio una vez más.
Ajustando su capa más estrechamente alrededor de ella contra el frío de la noche, dejaba que
Edmundson fuera delante con una linterna. Pero cuando se acercaban al establo salió uno de los mozos
fuera de las puertas, bloqueándole el paso.

Lo siento, milady, comenzó de forma deferente, pero sería mejor que no regresara dentro, las cosas
están peor ahora y …

No esperando que terminara, le empujó y se apresuró hacia el edificio tenuamente iluminado, con el
miedo corriendo a través de sus venas, si las circunstancias eran tan terribles, no tenía ninguna
intención de esperar fuera.

Dentro, sólo OKeefe y Royce todavía asistían a Balthazar. El capado estaba tirado en el suelo,
moviendo su cabeza salvajemente y mordiendo al vizconde cuando él se aventuraba demasiado cerca,
evidentemente demasiado enfermo para reconocer a su dueño. Una vez, el caballo valientemente trató
de levantarse sobre sus propias patas en respuesta a la insistencia de Royce, pero horas de caminar
habían debilitado su pierna lesionada aún más y no pudo mantenerse, cayendo al suelo una vez más.

Joder, hombre, usted sabe lo que va a suceder, decía OKeefe, su mandíbula tensa mientras observaba
desde un fuera del cubículo, lejos de las pezuñas del animal. Es una maldita locura.

Sorprendida Aimee escuchó al mozo hablar a su empleador tan familiarmente, aunque supuso que no
debería estarlo. Desde el día en que Okeefe, le había hablado de Royce el primer día que lo conoció,
había adivinado que había algún tipo de vínculo entre ellos dos que había nacido de largos años de
asociación, y parecía estar en lo cierto.
Miró un poco más cerca, asomándose sobre uno de los puntales de madera cerca de la entrada, la voz
del hombre pelirrojo sonaba pesarosa. No me gusta lo que hace, es tiempo de terminar con esto. Doc
Finnerty dijo que no hay nada más que hacer.

Royce, que perturbaba a Balthazar de manera suave, se detuvo y miró hacia atrás sobre su hombro al
mozo, su expresión despectiva transmitía su opinión sobre el buen doctor Finnerty es un burro que
admitió que no quería perder su tiempo tratando de salvar a un caballo que debería haber muerto hace
ocho años.

Un burro puede ser, pero que no cambia los hechos. OKeefe pasó su gorra por la frente quitándose el
sudor, señalando al castrado agotado. ¡Por Cristo! Lo ha visto, está demasiado agotado para seguir
luchando. ¿Realmente desea prolongar su sufrimiento porque es demasiado terco para ver la verdad?

Su mirada traspasó las tensas facciones de Royce, Aimee casi podía ver la batalla que se estaba
librando dentro de él en ese preciso momento. Después de luchar arduamente tanto tiempo para
mantener vivo a Balthazar, estaba segura que iba contra cada fibra de su de su instinto simplemente
renunciar.

Simplemente no podía rendirse si había otro recurso, pero era innegable que posponer lo inevitable sólo
prolongaría el sufrimiento del animal.

Tienes razón, finalmente dijo en voz alta, el reconocimiento sonó alto e impasible.

Sólo los más avispados observadores habrían notado el endurecimiento de su mandíbula y su lento
apretar y aflojar los puños en su costado, y acabó tan pronto como empezó.

Con cara solemne, OKeefe se levantó para coger algo que estaba en la pared junto a él. Cuando levantó
la linterna pudo ver un cañón largo metálico y el estómago de Aimee dio un vuelco.

Un rifle de caza.

Sosteniendo el arma en su brazo, el mozo entró en el puesto y levantó una mano cuadrada, pecosa,
tocando a su empleador en el hombro en una muestra de apoyo y compasión.

Yo lo haré, ofreció tranquilamente.

La respuesta de Royce fue inmediata e inequívoca al coger él el rifle. No lo harás. Es mi


responsabilidad. Entonces su mirada melancólica vagó por el establo para encontrar la suya. Ella no
tenía ni idea de que él había descubierto su presencia allí.

Si quieres hacer algo para ayudarme, dijo, OKeefe, movió la cabeza en su dirección, llévatela fuera de
aquí.

Ella frunció el entrecejo y comenzó a protestar, pero el mozo se acercó, advirtiéndola con la mirada que
no armara alboroto. Venga, milady, murmuraba suavemente. Por favor. Él no desea que le vea hacer
esto.
Sin otra palabra, a regañadientes dejó que OKeefe la condujera en su salida al patio, donde los otros
mozos y los hombres de Tolliver, con sus gorras en las manos y expresión sombría, esperaban el
desenlace.

Hubo un largo silencio. Entonces el crack fuerte de un disparo sonó.

Durante varios segundos, nadie habló. El único movimiento provenía del constante viento que soplaba
desde el mar desarreglando su pelo y su ropa. Sus dientes se hundieron en su labio inferior tan
profundamente que estaba segura que se había hecho sangre. que era seguro de que ella había dibujado
sangre, Aimee miraba fijamente las puertas, deseando desesperadamente poder ver a través de ellas.
Detrás de esa barrera de madera, podía oír al resto de los caballos relinchando nerviosamente,
asustados por el disparo, ningún otro sonido le ofrecía una pista de lo que pasaba dentro.

A pesar de que había estado esperando con ansiedad a que lo hicieran, no estaba en absoluto preparada
cuando las puertas finalmente oscilaron al abrirse con una fuerza que hizo que todos saltaran. El
hombre que surgió desde el interior oscuro parecía cansado y viejo más allá de sus años. Su cicatriz se
destacaba contra la blancura de un rostro congelado en una máscara deliberada, aunque las sombras de
medianoche bailaban en las profundidades de sus ojos, haciendo alusión a las emociones volátiles que
se arremolinaban justo debajo de la superficie de su chapa impasible, intentando liberarse.

Aimee parpadeó para despejar la humedad que desdibujaba su visión, y dio un paso hacia él, con su
mano extendida como para tocarlo, para ofrecer cualquier pequeño apoyo que pudiera.

¿Milord? se atrevió, pero no dio indicios, incluso de haberla escuchado. Caminó recto, sin mirar a
izquierda o derecha, y ella se quedó mirando impotente como desaparecía en la casa.

No se lo tenga en cuenta, milady, OKeefe, dijo en un tono consolador cuando se puso en pie a su lado.
El resto del grupo ya había regresado a sus anteriores puestos de trabajo en el establo y alrededor del
patio. De los hombres de Tolliver, sólo Edmundson estaba cerca, velando por su seguridad.

Él siempre tiene la costumbre de encerrarse en sí mismo como una concha siempre que sufre, explicó el
mozo, con semblante preocupado. Esto ha sido un gran golpe, una parte de él lo estaba esperando pero
otra parte se estará culpando a sí mismo por todo.

¿Echarse la culpa a sí mismo? Aimee repitió asombrada. Pero ¿por qué? No tiene ninguna culpa.

Intente decírselo. Pero aquí, todo es culpa suya. Su maldición trabajando una vez más, sabe.

Las palabras de O keefe, hicieron pensar a Aimee, recordando algo, pero sin lograr desenredar el hilo,
arrugó la frente confundida.

¿Qué quiere decir? le preguntó. ¿Qué maldición?

Los ojos del mozo se estrecharon observándola. Eso es algo que tendrá que discutir con él, milady, pero
le diré esto. Ese demonio de su padre tiene mucho por lo que responder. Con una última mirada
enigmática en dirección a la casa, OKeefe giró y la dejó con los interrogantes zumbando en su cabeza.
Capítulo 16

Dos horas más tarde, Aimee todavía había podido apartar de sus pensamientos la sorprendente
declaración del mozo. Tumbada en la cama, mirando al techo, sopesaba diversas posibilidades, pero lo
único que lograba era frustrarse más.

Ese demonio de su padre tiene mucho por lo que responder...

¿Que había hecho el padre de Royce para justificar que se considerara como un demonio? se
preguntaba. Sabía que Teodosia lo describió como un hombre duro, pero ¿él verdaderamente había sido
tan terrible como todo eso? ¿Y a qué tipo de maldición había OKeefe hecho alusión?

Era todo muy confuso, y no tenía ni idea de qué hacer. Todo lo que sabía era que en algún lugar en esta
casa, Royce pasaba el duelo por Balthazar solo. Y de repente esa idea fue más de lo que podía soportar.

Retiró las mantas y bajó de la cama, sólo se detuvo para deslizar una bata encima de su camisón y para
asegurarse de que la duquesa viuda continuaba roncando en la habitación de al lado, antes de salir
furtivamente de su alcoba.

Sólo había dos lugares, en los que Aimee pensaba que el Vizconde podría retirarse para lamer sus
heridas en privado. Y así fue, su primera suposición resultó ser la correcta.

Cuando se acercó a su estudio del segundo piso, ruidos tenues se escuchaban a través de la puerta
cerrada.

Reuniendo todo su coraje, levantó la mano y golpeó bruscamente la puerta de roble, esperando con
ansiedad una respuesta.

Hubo un segundo de silencio.

Vete.

La orden era inconfundible en la dura voz, pero no estaba dispuesta a desalentarse y golpeó de nuevo
un poco más insistentemente.

¡Dije que te fueras!

Esta vez la orden fue gritada, y fue seguida por una maldición particularmente virulenta y el sonido del
vidrio al romperse.

Su corazón latía asustado, Aimee dudó, pero empujó la puerta abierta y entró en la sala.

Dentro, todo estaba oscuro, la única luz procedía del tenue resplandor del fuego del hogar para
protegerse del frío de la noche. Al principio no pudo ver nada, sólo distinguía formas sobre ese oscuro
telón de fondo, y tuvo que forzar sus ojos para ver a través de la penumbra.

¿Royce? se atrevió sin certeza.


En el extremo de la habitación, una figura se separó de las sombras que bailaban en las paredes y se
acercó al círculo de luz. Las llamas parpadeaban iluminando una cara pálida, marcada por el cansancio
y los estragos de la aflicción.

Detrás de su máscara y con sus ropas manchadas, Royce estudiaba a Aimee, con ojos húmedos y sus
dedos estrechamente envueltos alrededor del cuello de lo que parecía una botella medio vacía de
whisky escocés.

Odio ser grosero, comenzó, su informal tono era un marcado contraste con las órdenes que había
gritado cuando ella estaba al otro lado de la puerta, pero parece que tu educación ha sido totalmente
descuidada. Pareces estar bajo la impresión equivocada pues cuando alguien dice vete lejos, significa
entra, independientemente de si has sido invitada a hacerlo o no.

Aimee puso un gesto altivo, decidida a no dejarse intimidar y dio un paso dentro de la cámara. Se
detuvo abruptamente cuando sintió algo crujir debajo de su zapatilla. Al mirar vio los restos del cristal
esparcido por el piso, y pensó que procedían del golpe que acababa de escuchar justo antes de entrar en
el estudio.

La imagen mental de él tras la puerta poseído por una oscura emoción, fue suficiente para recordarle la
angustia que debía estar sufriendo e inmediatamente se suavizó.

Royce, por favor, le suplicó. Sé cuánto significaba Balthazar para usted y sé que debe estar sufriendo.
No debe estar solo ahora.

Su risa estuvo llena de cinismo y escasa de humor. Ah, pero ahí es donde te equivocas. Estoy mejor
solo. Es mucho mejor para todos.

Nadie está mejor solo.

¿De verdad? Royce arqueó una ceja ante la categórica afirmación de Aimee. Bien, tú tienes derecho a
opinar, supongo, pero siento estar en desacuerdo.

Girando sobre sus talones, se acercó al aparador de caoba, donde se sirvió una generosa dosis de
whisky escocés y mirándola sobre su hombro, con una mueca burlona en su boca, le dijo. ¿Sabes? Es la
segunda vez desde que llegaste a Stonecliff que me buscas vistiendo sólo un camisón.

Su mirada deliberadamente vagó sobre ella desde la cabeza a los pies, fijándose de manera flagrante en
cada curva y hueco. Se me podría disculpar y pensar que mi acusación de la otra noche no era tan
desacertada, después de todo.

Aimee se cruzó sus brazos y le miró enfadada. A pesar de ser consciente de a qué estaba jugando, no
podía contener el escalofrío que la recorría ante su lujuriosa mirada. Si está tratando de ofenderme, ya
puede dejarlo. No va a funcionar.

Ah, pero si al principio no lograra...


Olvidando la burla de las palabras de Royce, avanzó hacia él, acortando la distancia que les separaba
hasta encontrarse lo suficientemente cerca para ver su sardónico rostro.

Por favor, le susurró. No tiene que fingir conmigo. Permítame ayudarle.

Por sólo un instante, pensó que vislumbró un fantasma en las profundidades de sus ojos, antes de que
golpeara la copa vacía sobre el aparador, y se alejara de ella con una callada imprecación.

Cree mis palabras, Aimee, ladró, con los puños apretados en sus costados, comenzó a pasear inquieto
por los bordes de la habitación. No quieras ayudarme. Nunca es una buena idea defender una causa
perdida. Basta con mirar al pobre Balthazar. Traté de ayudarlo, y ves lo que pasó.

Usted no es una causa perdida y la muerte de Balthazar no fue tu culpa. Hizo todo lo posible por
salvarlo, pero ya lo dijo el veterinario. No había nada más que hacer.

Todo lo que pudo para salvarlo hiciste, pero conoces al médico. No había nada más que hacer.

Royce pasó sus dedos inestables a través de su cabello. Fue un error mantenerme cerca, dijo
amargamente. Dejarlo a mi cuidado. Piensas que fue lo mejor pero deberías saber… Su boca se apretó
en una línea sombría, y cuando su mirada se reunió con la de Aimee, ésta vió una expresión salvaje que
le recordó a un animal enjaulado. Si tienes algún sentido de autoprotección, gatito, intenta huir ahora y
espera lograrlo con suerte.

La firmeza de su última declaración le provocó una sensación vagamente incómoda, podía sentir como
la tensión iba aumentando, cargando el aire a su alrededor. Como el relámpago antes del trueno.

¿Que se supone que significa eso? exigió saber, plantando sus manos sobre sus caderas.

Eso significa que quiero que te vayas. Caminó a través del estudio hacia el aparador en unos pocos
pasos largos, llegó hasta la botella de whisky escocés de nuevo, con la mirada llena de desenfreno. Así
podría beber hasta olvidar, y lo haría en paz.

Cuando ella no se movió ni habló, pero permaneció allí, volvió hacia ella la cabeza con hostilidad. ¿Me
oyes? escupió. Dije que te fueras.

Ella vaciló con su mente trabajado a un ritmo frenético. Quizás era un error presionarle ahora, pero no
podía dejarle en ese estado. Así que pese al temblor de su cuerpo, levantó la barbilla y le enfrentó
desafiante. ¡No!

Y fue entonces cuando explotó el desenfreno.

¡Por todos los infiernos! Gritó con sus dientes apretados en un gruñido casi salvaje, Royce arrojó la
botella de whisky contra la pared tan fuerte como pudo. Se fragmentó en mil pedazos, su contenido
líquido se extendió como una marea de color ámbar. El sonido de la rotura del cristal al chocar contra el
suelo hizo flaquear a Aimee.
A continuación, antes de que tuviera una oportunidad de recuperarse de la impresión y reaccionar de
alguna manera, él embistió hacia el escritorio de la esquina, arrasando todo a su paso y lanzó al suelo
libros, documentos y todo el material para escribir.

¡Maldita sea! ¿Qué tengo que hacer para que te vayas? tronó, la rodeó, su cara llena de una primitiva
furia. ¿Ahora ves por qué tienes que permanecer lejos de mí?

Aturdida, desolada. Aimee sabía que debería estar aterrorizada por su despliegue de violencia.

No le había visto nunca así y era escalofriante de contemplar. Pero algo crudo y torturado justo debajo
de la superficie de su furia, la reclamaba, sosteniéndola incluso cuando su cabeza la impulsaba a huir.
De alguna manera sabía que aun fuera de control, no la haría daño. Por tanto, respiró profundamente,
alejando su inquietud y dio un paso hacia adelante, cuando él hizo otro movimiento conflictivo como si
estuviera considerando romper algo más.

¡Pare, Royce! lloró, agarrando su muñeca, con la esperanza de prevenir mayores daños. Deje de
intentar ahuyentarme. Usted no es así.

Él se congeló, su pecho se movía con una respiración trabajosa, y podía sentir la tensión atravesándole,
mientras la miraba febrilmente. Finalmente, después de un largo, largo momento en que empezó a
cuestionarse sobre la sabiduría de sus acciones, pareció que con un gran esfuerzo recuperaba cierta
apariencia de control sobre su temperamento.

Lenta pero seguro, un aliento tras otro, la ira le fue abandonando. Soltándose de su agarre, se alejó un
paso de ella, sus hombros se inclinaron con expresión fatalista al ver la destrucción que había causado.
No te engañes, Aimee. Este es mi verdadero yo. No existe el hombre que crees conocer, es un disfraz
que me pongo para ocultar la verdad.

Entonces ¿cuál es la verdad? Para no permitirle darle la espalda, Aimee lo persiguió, llegando a agarrar
su manga. Cuéntemelo Royce. Permítame comprenderle.

Traté de decírtelo la otra noche. Moviéndola la colocó en una silla junto a los restos del escritorio, la
acarició levemente la cara con mano temblorosa. Hay algo dentro de mí. Una oscuridad tan llena de
rabia y desolación que apenas puedo contenerla. Extendió sus brazos en un gesto que abarcaba no sólo
su entorno inmediato, sino todo Stonecliff. Mira a tu alrededor. No tengo una vida normal. Tuve que
aislarme, recluirme a mí mismo, porque cada momento que paso en compañía de otras persona, puedo
sentir la bestia arañar mis entrañas, luchando por escapar. Y cada vez que se apodera de mí, alguien
resulta herido. Alguien que me importa.

Aimee se deprimió, tratando de encontrar algún tipo de sentido a sus palabras. Había escuchado hablar
sobre hombres que regresaron de la guerra cambiados para siempre, con sus mentes alteradas por lo
habían visto en la batalla. ¿Podría él haber sido afectado así?

Royce, escúcheme, comenzó con dificultad. Sé que lo que experimentó en Waterloo debió ser una
pesadilla para usted. Y sé que los hombres se ven obligados a hacer cosas terribles en la guerra que…
¡No!, la interrumpió, sacudiendo su cabeza. Esto no se debe a Waterloo. Oh, ciertamente aumentó y se
hizo más difícil de controlar después, pero ha estado siempre conmigo. Desde que nací, creo.

Dejando que su mirada pasara desde ella, en la dirección a la chimenea, contempló el parpadeo de las
llamas con una expresión lejana fascinada. Mi madre murió tras traerme a este mundo, y mi padre
siempre me odió por ello. Nunca me permitió olvidarlo. Toda su atención y cariño fue para mi
hermano, siempre fui tratado como una basura que se había pegado a la parte inferior de su bota. Solía
decirme que yo era un maldito bastardo que había sido maldecido desde el segundo que me arrancaron
del vientre de mi madre. Que estaba destinado a traer dolor y miseria a todos a mi alrededor.

Aimee sintió como se indignaba, su sangre hervía a fuego lento en sus venas como lava.

¿Qué tipo de monstruo diría cosas tan imperdonables a su propio hijo? Ella colocó una mano suave en
la rodilla de Royce. Lo siento tanto, dijo suavemente. Suena como un hombre horrible que no merecía
tener hijos.

Su boca se curvó en una mueca irónica. No podría argumentar en tu contra. Pero lo que me dijo, no era
nada más que la verdad.

No lo creo.

Nunca quise creerlo, Aimee, pero no puedo negar que estaba lleno de rabia desde el momento en que
nací. Me sentía constantemente impulsado a rebelarme, a atacar a la gente a mí alrededor, y había muy
poco a lo que no me atreviera.

Querías llamar la atención de tu padre, Royce. Eso es todo.

Quizás. Pero había más que eso, sin embargo. Quería hacerle daño, y finalmente aprendí que la manera
más eficaz para hacerlo era a través de Alex.

Aimee inclinó su cabeza, estudiando a Royce. ¿Tu hermano? Preguntó.

Asintió con la cabeza, se movió hasta la chimenea, con el dolor marcando inconfundible su semblante
melancólico. Alex no merecía mi ira. Él nunca me trató con el desprecio cruel de nuestro padre.
Estábamos incluso unidos durante un tiempo cuando éramos muchachos. Pero empecé a resentirme
porque él nunca hacía nada mal, y me volví ferozmente competitivo con él. Miró a Aimee. Por
supuesto, después de que nuestro padre falleciera y Alex heredara el título, las cosas mejoraron un
poco. No éramos los mejores amigos, seguro, pero sin nuestro padre que avivara las llamas de nuestra
rivalidad, fuimos capaces de llegar a un cierto entendimiento. Y entonces fue cuando Cordelia entró en
nuestras vidas.

La forma reverente en la que pronunció su nombre, la genuina calidez que encendió sus ojos aunque
demasiado brevemente, hizo evidente que Cordelia significó mucho para él. Era hija del Conde de
Sumter y era realmente hermosa, continuó. Tanto por dentro como por fuera. Siempre sonriente y
alegre. Alex cayó rendido a sus pies desde el instante en que se conocieron y le propuso matrimonio
poco después. Y cuando la trajo a Stonecliff a conocerme, estuve igualmente encantado. Enseguida ella
sintió la tensión entre nosotros y comenzó tratando de derribar las vallas, para que nos uniéramos
como hermanos. Nunca había conocido a nadie como ella.

Aimee se levantó y se puso de pie junto a él. Se enamoró, dijo tranquilamente. No fue una pregunta.
Nunca antes había considerado la posibilidad de que Royce hubiera entregado su corazón a alguien, y
sintió un pinchazo indeseado de celos.

Pensé que era amor en ese momento. Mirando hacia atrás ahora, sin embargo, puedo ver que era sólo
un enamoramiento juvenil. Yo era joven, tenía veinte y me daba miedo que mi resentimiento hacia
Alex no estuviera completamente enterrado. De repente empecé a mirar todo lo que tenía… el título,
Stonecliff, Cordelia, y decidí que quería algo para mí.

Entonces la sedujo. Una vez más, no era una pregunta y Royce respondió a Aimee, pronunció su
sentencia con un gesto de desaprobación. No estoy orgulloso de ello, dijo preocupado. Sin embargo,
en mi defensa, ella seguramente no desalentó mis atenciones. Incluso me atrevería a decir que era fue
seducción mutua. Pero Cordelia se arrepintió casi inmediatamente. Ella me dijo que amaba a Alex y
que siempre lo haría. Que lo que había sucedido entre nosotros nunca podría volver a ocurrir.

Y fue entonces cuando la oscuridad dentro de mí se levantó, más fuerte que nunca. Enojado,
consumido por la necesidad de atacar a todo el mundo, especialmente a Alex. Era como una
enfermedad, persistente, me superaba incluso cuando estaba preparado para resistirme. Pero sin
importar lo enfadado que estuviera, yo nunca…No quise…

Cuando Royce se frenó y se atragantó visiblemente, Aimee supo que él había llegado a la parte más
importante de la historia, y alcanzó a tocarle el brazo en un gesto de consuelo.

¿Qué pasó? Dijo suavemente.

Apretó los puños tanto que podían verse los nudillos blancos. Yo estaba montando una tarde cuando me
encontré con Alex y Cordelia, paseando en el faetón de Alex, y sólo el verla sentada a su lado fue
suficiente para hacer rugir mi enfado. Como de costumbre fui sarcástico e insultante e intercambiamos
algunas palabras acaloradas. Antes de saberlo, estaba lanzando un desafío: una carrera hasta la casa, el
ganador recibiría un beso de Cordelia.

Por supuesto, yo sabía que Alex aceptaría. Nunca fue capaz de echarse atrás en un reto, y parecía
especialmente preparada para ganarme. Tal vez tenía alguna sospecha sobre lo que había pasado entre
Cordelia y yo, pero supongo que ya nunca lo sabré. A medio camino de nuestro destino, tomó una
curva en la pista demasiado rápidamente y el faetón se estrelló contra un árbol.

Hizo una pausa, y cuando continuó, su voz sonaba gruesa y gutural, como si las palabras salieran de él
contra su voluntad. Cordelia murió al instante, con el cuello roto. Alex quedó debajo del coche y se
destrozó las piernas, quedó lisiado.

Horrorizada, Aimee miró fijamente al hombre de pie junto a ella, su corazón dolorido por él. Aunque
su rostro permanecía impasible, podía sentir la inmensa culpa y el dolor pasar por él como algo
tangible.
Sus uñas agarraron su camisa, le obligó a mirarla para que viera la sinceridad en sus ojos. Royce, usted
no puede culparse. Fue un lamentable accidente, pero no hizo que sucediera. No fue su culpa.

Cuando su mirada finalmente se unió a la suya, no pudo dejar de ver la agonía que había en los grises
ojos. Alex sin duda, pensó que lo era. Puedo recordarle cuando me atacó en el funeral de Cordelia,
acusándome de ser una plaga para la familia. Me dijo que todo lo que mi padre me había dicho, era
cierto y que quien me importara estaría condenado a un final trágico.

Estoy segura de que no quiso decir eso.

Y yo estoy seguro de que lo hizo. Acababa de matar a la mujer que amaba, Aimee.

Antes de que pudiera expresar la protesta que asomaba en sus labios, Royce se alejó de ella y volvió
hacia su escritorio, donde se inclinó para recuperar un pisapapeles de vidrio pesado del desastre en el
suelo.

En cualquier caso, no podía soportar permanecer en Stonecliff y ser testigo de su dolor día tras día,
continuó. Sopesó el objeto en su palma, examinándolo como si nunca lo hubiera visto antes, como si
necesitara algo más en lo que concentrarse además de la historia que relataba. Hice las maletas y acepté
mi comisión militar, como cualquier hijo obediente. En ese momento, estaba tan impulsado por la
oscuridad, tan lleno de rabia y auto desprecio que no me importaba lo que me pasara, y puedo recordar
que realmente estaba expectante para la batalla. Tal como sucedió, no tardé mucho antes de conseguir
mi deseo.

¿En Waterloo? Aimee conjeturó, viéndole pasar para colocar el pisapapeles en una mesa cercana.

Él inclinó su cabeza en reconocimiento. En Waterloo. Era un oficial inexperto en un regimiento


inexperto bajo el mando del conde de Uxbridge, y cuando nos dio la orden para luchar ese día en apoyo
de la infantería, no lo dudé. Me arrojé a la refriega imprudentemente, sin pensármelo dos veces. Creo
que quería morir.

Todo está desenfocado, y no recuerdo mucho de la batalla real excepto el sonido del cañón. Estaba en
medio de la lucha, cuando un soldado francés apareció desde fuera de la humareda y golpeó de mi
caballo. Levantando su mano, tocó la cicatriz que se extendía por su mejilla. Viste lo que le hizo a
Balthazar. Lo mismo hizo para mi cara antes de que pusiera su arma sobre mi corazón. Pensé que el
final que había buscado había finalmente llegado.

Pero no murió. Aimee envolvió sus brazos alrededor de su pecho, luchando para reprimir las ganas de
abrazarle a él en su lugar. Tenía mucho miedo de que si lo hacía, él la echaría fuera y acabaría su
conversación.

Sobreviví. Pero no por nada que yo hiciera, dijo Royce rotundamente. Uno de los soldados en mi
Regimiento era un hombre joven llamado Benton Garvey. Éramos conocidos, habíamos asistido a Eton
juntos, pero nunca habíamos sido amigos. Por alguna razón, decidió acercárseme, y aunque traté de
mantener la distancia entre nosotros, no pude disuadirle, el muy tonto. Lo último que vi antes de que
me desmayara por el dolor fue a él lanzándose contra el enemigo y alejándole de mí.
Su mandíbula crujió furiosamente y él cerró los ojos, como si tratara de alejar los recuerdos que le
asolaban. Cuando recobré la conciencia, estaba tumbado en el campo de batalla, sangrado pero vivo.
Vivo mientras que tantos a mí alrededor estaban muertos. Incluyendo a Garvey. Y para añadir a mi
culpa, al volver descubrí que Alex había muerto también. Una tardía víctima del accidente que causé.

Tal vez entonces, concluyó, enfrentándose a Aimee con aire casi resignado, fue cuando supe que mi
padre había estado en lo cierto todo el tiempo. Estoy maldito. Y si bien agradezco tu preocupación,
gatito, si valoras tu vida, estarás mucho mejor lejos de mí.

Aimee deja pasar varios segundos en silencio antes de responder.

No lo creo, dijo finalmente, lentamente y deliberadamente, nunca he escuchado tal montón de basura
en mi vida.

Capítulo 17

Royce examinó a Aimee con estupefacción, con la boca abierta. Posiblemente no la había oído
correctamente. ¿Justo después de acabar de confiarle todos los sórdidos detalles de su sombrío y
angustioso pasado, ella lo había llamado montón de basura?

¿Perdona? Dijo lentamente, sus ojos casi cerrados en aberturas peligrosas.

¡Me ha oído! Sus propios ojos estaban tan llenos de ira que salía despedida en rayos. ¡Menuda mierda!
No está más maldito que yo.

Las facciones de Royce le mostraban indignado con la afrenta. ¿Has prestado la menor atención a todo
lo que acabo de decir? dijo entre dientes, intentando desesperadamente aferrarse a lo que quedaba de su
paciencia. Esto no es una broma, ni es una exageración de mi parte. Las personas mueren a mi
alrededor.

¡Pero no por usted! Fueron accidentes. Seguramente puede verlo. Cuando él no pudo responder, hizo
un sonido de frustración y dio una patada, su pequeño cuerpo vibrando con la fuerza de su indignación.
Desearía tener a su padre delante de mí ahora. Que... que... monstruo debía ser para ser el primero en
poner una idea así en su cabeza.

Royce sorprendido al ver que su furia era por él, se sintió menos irritado. Hacía bastante tiempo que
nadie le defendía y su lealtad calentaba algo dentro de él, profundamente en un lugar que había estado
frío y vacío durante mucho tiempo.

Adelantó un paso, colocó las palmas de sus manos sobre sus hombros rígidos antes de hablar en un
tono cuidadosamente controlado. Aimee, aprecio que desee ayudarme, pero no hay nada que puedas
hacer por mí. Sabes de lo que soy capaz y puede ser peor… Fui capaz de contenerme en ese momento,
pero la próxima vez...Se detuvo, su mirada solemne fija en la suya. No siempre controlo mi mente
cuando ocurre, y no quiero herirte.
¡Tonterías!, dijo con tranquila confianza. Ya lo dije antes y vuelvo a repetirlo. Nunca me haría daño. Sí,
al parecer tiene un formidable temperamento, pero eso no significa que deba ser apartado de la luz del
día y condenado por toda la eternidad. Y personalmente creo que dice mucho a favor de su persona que
en todos los años que hace que le conozco, usted no ha mostrado el lado volátil de su naturaleza delante
de mí hasta ahora.

¡Maldito infierno!, ¡qué mujer más obstinada!, pensaba Royce. Liberándose, se alejó de ella, intentando
encontrar en su cerebro algún medio para hacerla entrar en razón, pero ella le siguió dando vueltas
hasta volver a encontrar su rostro, una vez más.

Royce, favor, murmuraba, con expresión atribulada. Debe ver lo ridículo que es. Dígame honestamente
que no cree que realmente haya sido maldecido.

Evitando a su mirada interrogante, dijo con un encogimiento fatalista. ¿En el sentido literal? Tal vez no.
Pero hay algo mal en mí, Aimee. Estoy de alguna manera dañado. No sé si debido a mi padre, a la
gente que he perdido, a la guerra o a alguna maldición mística, no lo sé. Lo que sí sé es que no se puede
evitar y que no voy a exponer a nadie a este demonio que me atormenta.

Empezó a alejarse nuevamente, pero esta vez ella lo detuvo por el simple gesto de poner su frágil mano
en él. La confianza con la que unía sus manos hizo que se atragantara, dejándole temporalmente sin
palabras.

Royce, créeme cuando digo que entiendo lo que es estar tan atormentado por el pasado que afecta cada
aspecto de su vida. Su voz era estable y tranquila. Durante años pensé que me faltaba algo. Como si
fuera insuficiente en muchas maneras. Estaba convencida de que nadie podría desearme y el
pensamiento de ofrecerme yo a alguien, arriesgándome a que me rechazara, me resultaba aterrador. Fue
mucho más fácil ocultarme tras cuatro paredes y parecer una desaliñada solterona para siempre,sin
ninguna oportunidad.

Sus palabras desataron una ola de fuego en Royce. ¡Lo ves!, dijo enfadado. Eso es por mi culpa.

Ella sacudió la cabeza. ¡No! No fue hasta que mis recuerdos comenzaron a volver cuando pude regresar
a la noche en que mi madre fue asesinada. Sé ahora que mamá, no pensaba ninguna de las cosas que
dijo a Lord Stratton, que fue todo un intento para distraerle, para impedir que me lastimara. En aquel
entonces, sin embargo, cuando la escuché decirle que era infeliz con su vida, que quería irse con él,
estaba destrozada por ella. Realmente creía que mis hermanas y yo no éramos lo suficientemente
importantes como para quedarse con nosotros. Que yo no era lo suficientemente importante.

Su semblante mostraba tanto dolor, que Royce no pudo resistir las ganas de levantar sus manos hasta
sus labios y depositar un tierno beso en sus nudillos. Nunca dudes de tu importancia, gatito. Sé que ella
te amaba.

Sí, ella lo hizo. Pero mirando hacia atrás, veo cómo sus palabras de esa noche han afectado mi
capacidad de autoestima durante años, a pesar de que conscientemente no recordaba ni una sola de las
mismas. Y hay que añadir además que me sentí responsable de que Lord Stratton apretara el gatillo…
Así, se puede imaginar.
No fue culpa tuya. Eras sólo una niña que quería quedarse con su madre.

Quizás, eso puede ayudarme, aunque me pregunto ¿qué habría sucedido si simplemente la hubiera
dejado ir. Ella aún podría estar viva si no hubiera interferido.

Indignado de que se echara esa carga sobre sus hombros, miró a Aimee con gesto severo. ¡No te hagas
eso! le dijo firmemente. Puede que Stratton vacilar un instante, pero el hombre estaba loco y hubiera
probablemente disparado de todas formas. No hay nada que pudieras haber hecho de forma diferente
para cambiar el resultado.

Ella tocó su labio. Quiero creerlo, susurró.

Entonces, créelo. Bajó su mano hasta situarla bajo su mentón. Puedes creerlo, no hay nada malo en ti.
Lo dije la otra noche y lo vuelvo a repetir. Todo en ti está increíblemente bien.

Una marea de color bañó sus mejillas por el elogio. Creo que está empezando a convencerme. Sabiendo
que su deseo me hace diferente al resto del mundo.

Ella le dio una sonrisa incierta. Sabe, ha sido una de las pocas personas en mi vida, aparte de mi padre
y hermanas que nunca me trataron como si fuera deficiente. No puedo decirle lo mucho que significó
para mí y cuánto valoré nuestra amistad. Yo... le eché en falta cuando se fue.

Royce parpadeó. Nunca antes de que había apreciado realmente la magnitud de los daños que había
causado a su vulnerable corazón al dejarla. Pero ahora lo sabía y su culpabilidad y arrepentimiento fue
muy grande. Siento haberte dejado sin ninguna explicación, Aimee, carraspeó. Estaba tratando de
hacer lo correcto.

Pensé que era porque mi declaración de amor le había repelido. Esa era su manera de rechazarme.
Desvió brevemente su mirada a la mesa volcada y al desorden que los rodeaba ¿Por eso lo hizo, no?
Debido a esta maldición que piensa pende sobre usted.

Volviendo a unas imágenes que no quería recordar, bajó su mano y le dio la espalda, alejándose de su
tentadora proximidad. Te dije antes que no tenía nada que ver contigo. Te deseaba…te deseo. Pero no
podía comprometerme más contigo de lo que ya estaba. Cada vez era más difícil resistirme a la
atracción entre nosotros y sabía que si seguía visitando a su padre tarde o temprano, caería.

Con una mirada especulativa en sus ojos, dio un paso hacia adelante, reduciendo inmediatamente la
distancia que él había puesto entre ellos. No parecen tener problemas para resistirse ahora, murmuró,
bajando sus pestañas de una manera sorprendentemente provocadora.

Quizás debo ver si puedo hacer algo al respecto.

Poniéndose de puntillas, ella pasó un dedo a lo largo de su mandíbula, se preguntó si trataba de


seducirle. Si era así, era extraordinariamente hábil en su inocencia. Se quedó congelado en su sitio,
prisionero de su toque y de la calidez en sus ojos.
Pero cuando su dedo se desplazó hacia arriba, haciendo contacto inesperado con el borde irregular de
su cicatriz, se asustó y rápidamente atrapó su muñeca. No.

¿Por qué?

Porque es la marca de la fealdad dentro de mí.

No hay ninguna fealdad dentro de ti. Cuando te miro, no la veo en absoluto.

Aimee, por favor. Su cercanía dispersaba sus pensamientos como hojas al viento, lo que hacía
imposible recordar todas las razones por las que no debería tocarla. No creo que esto sea una buena
idea.

Ella se acercó más, las suaves curvas de sus pechos rozándole apenas. Oh, realmente pienso que es una
idea muy buena, dijo. Inclinándose hacia delante, entonces, presionó sus labios sobre su cicatriz en una
tierna caricia.

Y eso fue todo lo que necesitó. De repente, el deseo que sentía por ella era más de lo que podía
contener, y ya no podría recurrir a la voluntad para tratar de luchar contra él.

Con un gruñido salvaje, la envolvió en sus brazos y tomó sus labios con los suyos.

Aimee sintió el júbilo atravesarla cuando Royce bajó su boca buscándola. Nunca había desempeñado el
papel de tentadora antes y el asegurarse de ser capaz, le causaba un placer adictivo. Era embriagadora
la sensación de saber que un hombre poderoso era susceptible a su sensual hechizo, que lo retenía junto
a ella como su esclavo.

Enredó sus dedos en el cabello rizado de su nuca, mientras sus fuertes brazos se apretaban alrededor de
su cintura, la inmovilizó contra él. Sus labios la acariciaban como si no pudiera obtener lo suficiente de
ella. Paladeaba la más erótica de las fantasías, de sabor picante e intoxicante para los sentidos, y un
calor intenso comenzó a desplegarse dentro de ella, consumiendola. Sólo podía pensar en acercarse más
a él, haciéndole ver que lo que había entre ellos no podría ya ser negado.

Esto se siente tan bien, pensó. Como si estuvieran destinados a estar juntos. Seguramente él podía
sentir lo mismo.

Como en respuesta a sus pensamientos, Royce hizo repentinamente el beso más profundo, su lengua
traspasó sus labios para ahondar en el calor húmedo de su boca y se enredó con la suya al sacarla. Un
quejido vibró en la parte trasera de la garganta, admitiendo su invasión con un hambre igual, arrastrado
por su mutuo ardor.

La siguiente cosa que supo, fue que estaba tumbada sobre la alfombra frente a la chimenea y que él se
cernía sobre ella, quitándose rápidamente su camisa, con dedos diestros, lanzándola lejos, apenas fue
capaz de sofocar una exclamación al apreciar la perfección de sus músculos. El resplandor del fuego
sobre los músculos esculpidos, bañaban su piel, dándole un aspecto bronceado. Era como si una estatua
griega hubiera cobrado vida, Apolo o Adonis de carne y hueso. Ella apenas podía creer que la quería,
pero tampoco podía negar la evidencia de su deseo, al quitarse los pantalones su pene surgió libre,
grueso e hinchado por la excitación.

Royce, murmuró, levantando sus brazos, deseosa de sentirlo nuevamente contra ella. Te necesito.

Shhh. Se colocó sobre ella y le dio otro beso en la punta de su nariz, el parpadeo de las llamas iluminó
la parte sin cicatriz de su rostro y reveló una desconocida sonrisa en su boca. Quiero que sea perfecto
para ti, gatito, y tengo toda la intención de ir despacio. ¡Paciencia!, hmmm

Suspiró suavemente cuando él acarició su cabello mientras la besaba en el cuello dejando una estela en
llamas a su paso. Le provocó un escalofrío cuando la mordió delicadamente encima de la clavícula.

Por favor, pinchó, no muy segura de que lo que le estaba pidiendo. Aferrando a sus hombros, arqueó su
cuello para darle mejor acceso, inundado de sensaciones que la asustaban tanto como la excitaban.
Estaba húmeda y dolorida entre los muslos, desesperada por algo que instintivamente sabía, sólo él
podía darle.

Y él era consciente de cómo le estaba afectando. Lo haré, amor, dijo cerca de su oído, su aliento
cosquilleando en su mejilla y removiendo los zarcillos de pelo en su sien. Lo prometo.

Sus dedos largos y delgados fueron trabajando, y de alguna manera sus ropas desaparecieron en un
momento. Cuando él finalmente la tuvo desnuda ante él, echó la cabeza hacia atrás y deslizó su mirada
por cada centímetro de ella, desde las curvas de sus pechos pequeños, a sus caderas delgadas, al
triángulo sedoso de pelo marrón dorado que protegía la entrada a su núcleo femenino.

Eres hermosa, Aimee, carraspeó, con su rostro tenso lleno de un hambre cruda y salvaje.

Nunca lo dudes nuevamente.

Y cubrió su cuerpo con el suyo una vez más, su boca capturó sus labios para otro largo y adictivo beso,
realmente se sintió hermosa por primera vez en su vida.

En ese momento todo pensamiento racional pareció volar de la cabeza de Aimee, y se perdió en ser la
apasionada amante del hombre que sabía, ahora sin duda, que eligió su corazón.

Con rigor metódico, Royce consiguió que cada uno de sus nervios hormigueara. Con los labios, manos
y lengua, exploró sus curvas y huecos, prodigando su ardiente atención en sus pechos, vientre y muslos.
El calor húmedo de su boca, la impulsaba a alturas de éxtasis, que no sabía que existían. El chupaba sus
pezones hasta que ella se retorció debajo de él.

Pero cuando había ahuecada sus caderas y se adaptaba contra ella de la manera más íntima posible, la
atacó una ola de inseguridad. Presionó sus manos contra su pecho, apartándole, mirándole indecisa.

Royce, espera.
Sus palabras le detuvieron en seco, y levantó la cabeza para mirarla fijamente con preocupación. ¿Qué
pasa? preguntó.

No lo sé. Sólo... Se mordió su labio inferior, estudiando su atractivo rostro. ¡Había visto tanto mundo!
Sin duda había compartido con muchas otras mujeres lo que iba a compartir con ella a lo largo de los
años, y el pensamiento hizo que todas sus inseguridades volvieran. No deseo decepcionarte.

La tensión que había invadido su cuerpo pareció disiparse al escuchar sus palabras, la miró
tiernamente. Nunca podrías decepcionarme.

Pero soy tan penosamente inexperta, Royce. Sé que debe haber mujeres en el pasado que sabían cómo
complacerte, pero…

Él la silenció con un beso. Ha habido mujeres, aunque no tantos como podrías pensar. Levantando su
mano, tocó su cicatriz de una manera casi ausente. La mayoría de las mujeres que encontré se echaban
atrás al ver esto. Y te juro que ninguna de ellas me afectó tanto como tú lo haces.

La pregunta salió de los labios de Aimee antes de que pudiera arrepentirse. ¿Ni Cordelia siquiera?

Hubo un silencio ensordecedor. Luego, con sus ojos iluminados por una fuerte emoción, Royce acunó
su rostro en sus manos y mirándola fijamente dijo: Ni Cordelia siquiera.

La seguridad en su voz áspera logró disipar sus temores y finalmente la dejó volver a ella, retomándolo
donde lo había dejado.

Y lo hizo. Entre besos renovados y caricias, separó sus muslos, sus dedos buscando la entrada de su
portal femenino y se deslizó suavemente dentro, intentando ampliarla en preparación para su posesión.
Ella respondió a su fiebre, líquido cálido brotaban de ella, cuando la longitud de su rígida hombría se
ubicó contra su suave nido de rizos, y usó la untuosidad de sus jugos para facilitar la penetración
presionándose a sí mismo en sus profundidades aterciopeladas y rompiendo la barrera de su inocencia.

Al principio, Aimee no fue consciente de nada pero cuando percibió una plenitud ardiente, sus uñas se
clavaron en sus flancos en reacción. Pero cuando con un suave balanceo, comenzó a moverse dentro de
ella, cada movimiento iba disminuyendo su malestar hasta que jadeó con la fuerza de su placer
rápidamente creciente. Su cuerpo aparentemente estaba fuera de control, ella apretaba alrededor del eje,
ordeñándole, incrementando la excitante fricción, y él respondió levantando sus piernas por encima de
sus caderas y hundiéndose más profundo, y más rápidamente con su eje.

De repente, con un duro gemido, se puso rígido encima de ella y se estremeció convulsivamente, el
calor de su liberación apretando su vientre y enviándola en su caída al borde de su propio orgasmo
demoledor.

Después, saciados y agotados, ambos se encontraban abrazados juntos, sus cuerpos todavía
entrelazadas.

Más feliz de lo que nunca había estado en su vida, Aimee podía sentirse flotando en una nube
maravillosa, imágenes del futuro que podría tener con este hombre pasaban por sus ojos.
Te amo, Royce.

Ella no quiso decirlo en alto, pero se le escapó sin su voluntad. Y como la última vez que le había
susurrado esas palabras, Royce abruptamente se apartó de ella y rodó lejos.

Con ojos agitados, vió como se vestía, rezando por no haber arruinado todo con su precipitada
declaración. ¿Qué pasa, Royce? murmuró, a pesar de que sabía la respuesta. ¿Qué está mal?

Poniéndose su camisa, la miró por encima de su hombro. No me ames, Aimee, gruño con ojos fríos.
Esto sólo puede acabar destruyéndote al final y me niego a dejar que suceda. No hay ninguna
posibilidad de acabar felizmente conmigo.

Con eso, giró y salió de la habitación, dejándola sola y fría a pesar del fuego.

Capítulo 18

El resto de la noche pasó con lentitud agonizante para Aimee una vez que regresó a su propia
habitación. Mirando la colcha y las cortinas, incapaz de dormir, había pasado la mayor parte del tiempo
pensando sobre todo lo que había sucedido y si ella dicho o hecho algo para lograr convencer a Royce
de la falacia de su pensamiento.

El maldito hombre era tan terco, que ella reverberaba. Podía ser capaz de creer lo peor de sí mismo.
Pero desde luego, no tenía realmente ninguna razón para creer lo contrario. Perdiendo las pocas
personas que habían realmente sido importantes en su vida, le debía haber causado amargura y ganas de
vengarse del padre que le había tocado en suerte.

OKeefe había estado en lo cierto. El Vizconde anterior había sido un demonio, y confiaba en que
ardiera en el fuego del infierno. Debido al odio irracional de su padre y a la tragedia que le hacía
sombra desde su nacimiento, Royce estaba honestamente convencido de que él era un peligro para
quien consiguiera acercarse demasiado, y estaba decidido a darle la espalda a ella y a todo lo que
podrían tener juntos a fin de salvarla de alguna inexistente maldición.

Pero ella no iba a renunciar fácilmente. Esta noche finalmente despidió a todas sus reservas e
inhibiciones y puso su corazón, así como su cuerpo en manos de Royce. Estaba enamorada de él. Era
tan simple… y tan aterrador: como que no tenían ninguna intención de dejar que la alejara de él. No
después de lo que habían compartido.

Sus mejillas enrojecieron al recordar el camino recorrido por ambos. Le hizo el amor de forma tan
tierna, tan exquisita. Era todo lo que ella había soñado y mucho más. Tal como había predicho Jillian,
estaba abstraída totalmente, y por el hombre que siempre había anhelado secretamente. Un hombre que
vió detrás de su aspecto ratonil y tímido, a la mujer que realmente había debajo.

No importaba lo que dijera, no importaba cómo de firme era en su decisión de mantenerla a distancia,
tenía que hacerle ver su amor no era un error.
Finalmente, después de lo que le parecieron horas en lucha con sus pensamientos, intentando dormir
sin éxito, Aimee admitió su derrota y consiguió salir de la cama con un suspiro. Asegurándose de
quedarse tan quieta como fuera posible para no despertar su carabina todavía adormilada, luchó con un
botón de su vestido de mañana, con agujetas en lugares que antes no sabía que tuviera. Pero el malestar
sólo era recordatorio de su amor por Royce y dejó la habitación con una sonrisa complacida.

Era tan temprano que nadie parecía estar despierto, ni siquiera un sirviente. Los pasillos estaban
tranquilos y desiertos.. Decidió que lo que necesitaba era dar un paseo enérgico para despejar su
cabeza, cogió su capa y su gorro y bajó por las escaleras traseras, desde donde pudo oir al personal
comenzando el ajetreo en las cocinas. Nadie la oyó salir con el traqueteo de ollas y sartenes, mientras
salía a la luz del alba. No fue una sorpresa encontrar a Edmundson en su puesto. Independientemente
de la hora, los hombres de Tolliver estaban siempre vigilantes.

Después de darles los buenos días al guardia le informó de sus planes, salió rápida con el pegado a sus
talones como de costumbre. Las heridas del día anterior aún eran demasiado frescas para querer estar
cerca del establo vacío de Balthazar.

En cambio, dejó el patio, siguiendo el camino sinuoso que se extendía alrededor del lado de la casa
antes inclinándose abruptamente hacia abajo para recorrer la ruta que siguió su coche el día de su
llegada. Cuando se alejó de la vista del mar, el sol subió más alto en el cielo y perdió toda noción del
tiempo.

Cuando finalmente se concentró lo suficiente para notar su entorno, se dio cuenta de que ella había
llegado a la curva donde la carretera se desviaba bruscamente lejos de los acantilados y entraba en una
densa arboleda. Ahí estaban al otro lado las imponentes puertas de entrada de la finca. Quizás
deberíamos volver, milady, sugirió Edmundson detrás de ella, sonando vagamente desaprobador.

Probablemente esté en lo cierto, concedió Aimee, mordiendo su labio contemplando el asunto.

Estaban en el campo abierto y a bastante distancia de la casa, sin dejar de mencionar que Teodosia
estaría pronto preguntándose donde estaba. Pero después de aburrirse tanto tiempo, no estaba lista para
regresar a la atmósfera opresiva de Stonecliff. Se sentía demasiado libre en el aire fresco sin paredes
que la limitaran.

Estoy totalmente de acuerdo, aseguró al guardia, sonriéndole de forma encantadora para desarmarle,
pero está demasiado bonito el día para desaprovechar la oportunidad de disfrutarlo mientras se pueda.

Echó un vistazo alrededor, vió una roca grande, al lado del camino, encaramada en una cornisa amplia
con vistas al agua. Un único árbol la sombreaba y había varios arbustos, parecía el lugar perfecto para
relajarse y olvidarse de todos sus problemas. Se dirigió hacia ella, sólo voy a sentarme un rato mientras
recupero el aliento, prometo no demorarme. Aunque no estaba muy contento con su decisión,
Edmundson no puso ninguna objeción. Sólo se quedó sobre la roca y asumió una postura alerta junto al
árbol, su mirada vigilante moviéndose constantemente sobre su entorno, buscando en las sombras
cualquier signo de peligro oculto.
Sentándose con un suspiro, Aimee le dio la espalda y dejó que sus ojos se llenaran con la espectacular
vista. Desde este punto de vista, podía ver millas. Ahora a la derecha, el contorno imponente de
Stonecliff sobresaliendo contra los acantilados circundantes, enclavado en su promontorio escarpado.

Era tan tranquilo, con el cielo azul uniéndose en la lejanía con el agua, le era difícil recordar que
alguien quería verla muerta. Se sentía allí segura, lejos de todo lo que había ocurrido en Londres,
especialmente dado que sus pesadillas parecían haberla abandonado.

Quería creer que sus sueños podrían haberla jugado una mala pasada. Quería creer, incluso, que ahora
un mensaje de su padre estaba en camino a Cornualles, llevando la noticia de que había sido capturado
el hombre que la había abordado. Que la afirmación de la policía de que el incidente había sido nada
más que un intento de robo fallido, había demostrado correcta. Tal vez entonces ella podría finalmente
aceptar que sus recuerdos de la muerte de su madre habían desaparecido para siempre y concentrarse
en lo único que parecía dominar sus pensamientos excluyendo todo lo demás.

Una vida con Royce.

Aimee deja su cabeza soñar, saboreando la posibilidad de un futuro con el hombre que amaba a su lado.
Juntos se enfrentarían a los comentarios sarcásticos de la alta sociedad y pondrían a descansar los
fantasmas de su trágico pasado.

Era una fantasía encantadora, y la envolvió en un aura cálida durante largos minutos. De hecho, tan
atrapada estaba en sus ensoñaciones que no fue consciente de nada, hasta que escuchó un sonido fuerte
detrás y un golpe, sobresaltándola. Antes de que pudiera darse la vuelta, algo la aprisionó con una
fuerza impresionante, haciéndola perder el equilibrio y enviándola tambaleante hacia el peligroso borde
del acantilado. Y cuando trataba en vano de ponerse en pie, otro empujón la hizo caer con un grito
sordo. Fue cayendo con aterradora velocidad por el aire vacío. En la última fracción de segundo logró
agarrarse desesperadamente al borde de la cornisa con ambas manos. Aferrada con todas sus fuerzas,
sentía como las grietas cortaban sus manos, luchaba con fuerza pero sus pesadas faldas la
obstaculizaban. Algunas piedras sueltas cayeron sobre sus hombros golpeándola, pero no miró hacia
abajo, no quería ver su destino si se deslizaba. Acabaría destrozada sobre las afiladas rocas que
asomaban en el agua debajo de ella. De repente una sombra oscura cayó sobre ella cuando alguien se
inclinó al borde del acantilado, bizqueando sobre la cornisa. Era un hombre, alto, cadavéricamente
delgado y vestido con ropas grandes, su rostro pálido y afilado le hacía parecer un zorro. El destello
amenazador en sus ojos hizo que un escalofrío recorriera su columna.

Hello, milady, saludó con voz grave, una sonrisita torció una esquina de su cruel boca. ¿No me
reconoce?

Ciertamente lo hizo, y se quedó helada llena de miedo y temor. Pudo no haber visto su cara esa noche,
pero reconoció sus formas y el olor fétido de su cuerpo sin lavar. Era el hombre que su padre y Mingus
estaban buscando en Londres ahora.

Su misterioso asaltante.
Si hubiera tenido aliento para hacerlo, ella se habría reído histéricamente. Allí colgada y pensando que
se había imaginado el peligro que la había acechado las últimas semanas. Pero se había equivocado. Se
había relajado demasiado en cuanto a su seguridad, y ahora parecía iba a pagar por su temeridad con su
vida.

Usted es bastante difícil de matar, sabe, le dijo el hombre casi con sarcasmo. Como un maldito gato de
nueve vidas. Niver penó que sería fácil matar a una joven señorita mimada.

Por favor, susurró, sus hombros y brazos dolían por la fuerza de soportar su peso suspendido. La piedra
afilada cortaba sus dedos, y sintió un hilillo de sangre correr por su palma, intentó encontrar un apoyo
para los pies y no pudo encontrar ninguno. Por favor no.

Él sacudió su cabeza. No es nada personal, entiéndalo. Pero tengo un trabajo que hacer y he visto esta
manera para terminarlo. Mi empleador no estará satisfecho si la dejo viva de nuevo, y me pagará la
mitad. Puso una de sus manos en el borde de la plataforma de roca, en un gesto de simpatía simulado.
Lo siento, milady. ¿Pero un hombre tiene que buscarse la vida, no?

La siguiente cosa que supo, fue que él intentaba romper su frenético agarre. Ella gritó, sintió como sus
uñas arañaban intentando aferrarse en un último esfuerzo.

Querido Dios, realmente voy a morir aquí, pensó. Nunca podría ver de nuevo a su familia. Nunca
tendría el futuro con Royce que había soñado. Este monstruo iba a matarla, y no podía hacer nada para
detenerlo.

A continuación, tan abruptamente como el hombre había aparecido, desapareció. Entre los zumbidos de
sus oídos, escuchó una maldición sorda, seguida de gritos y varios golpes. Y antes de que pudiera
preguntarse qué estaba pasando, alguien apareció en el mismo sitio que antes estaba su atacante en la
cornisa.

Royce.

Su rostro estaba tenso y sus ojos llameaban, estaba tumbado sobre su estómago, extendiendo su fuerte
mano con la palma hacia arriba, hacia ella.

Dame tu mano, Aimee, ordenó con tono firme e inquebrantable. Yo te voy a dejar caer, pero tienes que
agarrarte a mí primero.

Ella vaciló, sabía que podría caer y morir si aflojaba su agarre siquiera un instante. Pero su mirada
alentadora, le dio la fuerza que necesitaba para superar su miedo.

Respirando profundamente, murmuró una rápida oración y agarró su mano. Él capturó sus dedos con
los suyos, con la otra mano bajó hasta su antebrazo para agarrarla. Con un fuerte tirón la levantó sobre
el borde del suelo… hasta sus brazos.

Por largos minutos, ni se movieron ni hablaron. Permanecieron arrodillados sobre la cornisa,


estrechamente abrazados. Temblando por el esfuerzo, Aimee pasó sus manos por la camisa de Royce y
enterró su cara en su cuello, con un suave sollozo, mientras que lágrimas incontenibles mojaban su
almidonada corbata. Tenía miedo de soltarle. Temía que si lo hacía perdería cualquier control sobre sus
turbulentas emociones.

Él sólo la abrazaba estrechamente, presionando su boca contra su cabeza, acariciándola a través de su


cabello, y lasamente podía disfrutar de su toque porque había perdido su gorro. Aplastada contra él,
podía sentir su corazón latiendo con el mismo ritmo rápido y errático que tenía aquella noche en la sala
de invitados de su hermana. La noche que la salvó de este mismo hombre.

¿Estás bien? finalmente murmuró, alejándola sólo la longitud de su brazo, para poder examinar si había
cualquier señal de lesión.

Ella hizo un gesto raro. Estoy bien.

Dios, cuando pienso en lo que pudo haber ocurrido... Inclinó su cabeza, presionó un beso en sus dedos
arañados y sangrantes, su expresión agonizante revelaba claramente que había estado muy asustado por
ella.

Si la Duquesa viuda no me hubiera mandado a buscarte…Si Okeefe no te hubiera visto tomar este
camino…

Ella le silenció poniendo un dedo sobre sus labios. Necesitará más que una caída por un precipicio para
deshacerse de mí, le aseguró con una sonrisa tenue, un poco de su chispa volvía ahora que se
recuperaba del shock. Sigo intentando decirle que soy más fuerte de lo que piensa.

Echando un vistazo sobre su hombro, vió a un Edmundson con aspecto aturdido inclinado contra un
árbol cercano, la palidez de su piel y la horrible herida sobre su oreja derecha explicaba porque no
había acudido en su rescate. No muy lejos, otro de los hombres de Tolliver tenía a su atacante reducido
con las manos atadas a su espalda y una pistola encañonando su sien.

El recuerdo de ese rostro lascivo inclinado sobre el borde del acantilado provocó un escalofrío a Aimee
a pesar del calor, y se acercó a Royce.

Es él, dijo, luchando por mantener su voz firme y serena. Ella no permitiría que el odioso sapo, tuviera
la satisfacción de saber cuánto la había aterrorizado. La persona que me atacó en casa de Maura y
Hawksley.

Ella sentía a Royce tenso junto a ella, y cuando giró su cabeza para mirarle de nuevo, descubrió que su
semblante se había endurecido en una máscara de furia amenazadora.

¿Ese es? gruñó, izándose se acercó amenazadoramente al cautivo.

¡No, Royce! Aferrada a su brazo, Aimee logró mantenerse así, aunque seguía débil. No le hagas daño.
Alguien lo contrató. Lo admitió. Tenemos que conseguir que nos diga quién fue o nunca se acabará.

Frunciendo sus cejas, y dio un paso hacia adelante, arrastrándola con él. ¿Es eso cierto? exigió, sus
manos apretadas en sus costados, como si apenas resistiera las ganas de arremeter con sus puños contra
él.
El hombre endureció su boca en una línea, negándose a hablar.

Le pregunté si era cierto lo que dijo. ¿Alguien te contrató?

Aún no hubo respuesta.

¡Maldita sea! Antes de que Aimee pudiera detenerle, Royce embestía al hombre, le agarró por las
solapas de su abrigo mugriento, y le sacudió con fuerza. Quizás tienes la impresión errónea de que
puedes elegir si vas a responder o no a mis preguntas. Te aseguro que no es así. Quiero saber quien te
contrató y quiero saberlo ahora.

Una risa escapó del hombre y sus labios curvados en una sonrisa malvada, que revelaba varios dientes
podridos y la falta de otros ¿Que me darán si les digo?

Baboso bastardo, mi maldita promesa de no desgarrarle…

Royce, por favor. Poniéndose en movimiento por la intención homicida escrita en su rostro, Aimee
agarró el brazo de Royce, desesperada por obtener las respuestas que buscaban del hombre antes de que
lo estrangulara.

Escucha. Él no vale la pena. Deje que los hombres de Tolliver hombres lo interroguen.

Incluso, dijo gritando, cuando te hubiera matado si no hubiera llegado a tiempo, las palabras vibraban
con la fuerza de su ira.

Pero no lo hizo. Se acabó y estoy bien. Por favor, déjalo ir.

Parecía que su ruego hizo mella, finalmente la miró, su mandíbula se movía frenéticamente. A
continuación, con una maldición salvaje, soltó al hombre y se volvió de espaldas, pasándose una mano
por el pelo.

¡Lleváoslo de aquí, ahora!

El guardia sujetó al prisionero inmediatamente, dirigiéndole a punta de pistola hasta los caballos que
habían quedado en el camino a pocos metros.

Consciente del enfado de Royce, Aimee tentativamente apretó su brazo, captando su atención. Sus ojos
cuando la miraron eran grises y acuosos como el cielo durante una tormenta.

Así es mejor, dijo suavemente, poniendo una nota tranquila de convicción en su tono. Verá como los
hombres de Tolliver llegan al fondo de este asunto.

Royce la miró poco convencido, y sólo abrió la boca para expresar su opinión escéptica sobre el tema
cuando ocurrió.

A medio camino de los caballos, el atacante de Aimee, inesperadamente se liberó de su captor con una
sorprendente fuerza, golpeando al guardia, que cayó y soltó la pistola, que voló por los aires. A
continuación se giró, sacó un cuchillo que había mantenido oculto en la bota antes de enfrentarse a
Royce y Aimee con propósitos homicidas.

Tiempo de terminar las cosas, milady, gruñó.

A partir de ese momento, todo transcurrió como en cámara lenta para Aimee. Se inclinó hacia ella, con
un destello maníaco en sus ojos. Al mismo tiempo, Royce dejó escapar un grito y se colocó delante de
ella, para que su cuerpo la escudara de la amenaza próxima.

Las imágenes de su madre haciendo exactamente lo mismo la noche que Lord Stratton la apuntó con su
pistola, pasaron por su cabeza con cegadora velocidad. ¡Dios misericordioso, Royce iba a morir por
ella! ¡ No podía permitirlo! no podía dejarlo! ¡No podía!

Pero cuando luchaba para empujarle y liberarse de su abrazo protector, sonó un disparo.

Levantando el cuello por encima del enorme cuerpo de Royce, Aimee pudo ver al hombre detenerse,
quedarse con los ojos en blanco y caérsele el cuchillo fuera de su alcance. Más allá de la figura
oscilante, pudo ver a Edmunson, que ahora permanecía de pie con una mano apoyada sobre el árbol,
bajo el que había estado sentado antes. En su otra mano mantenía la humeante pistola aún.

Con pasmosa incredulidad vio como el hombre daba un último paso espasmódico y luego caía al suelo
desmadejado, como una muñeca de trapo, con sus ojos inertes mirando al cielo.

Estaba muerto. Y se había llevado con él la identidad de la persona que le había contratado para
matarla.

Capítulo 19

Y ahí estaba, dejada a sus propios medios una vez más.

Paseando furiosa por delante de la cama, Aimee había rechinado sus dientes y mirado molesta en
dirección a la puerta de la habitación. Había pasado horas luchando con las ganas de golpear la puerta
de madera, en demostración de infantil enfado. ¿Cuántas veces a lo largo de la tarde y la noche había
abierto mentalmente la puerta? ¿Cuántas veces había estado tentada de lanzarse a abrirla ella misma? Y
llegar al vestíbulo y montar un escándalo intentando averiguar dónde estaba el señor de Stonecliff?

Pero ella se quedó donde estaba. Y la puerta había permanecido herméticamente cerrada. Eso era
suficiente para hacer que quisiera gritar enfadada.

Al regresar a la casa después del incidente en los acantilados ese mismo día, Royce la había depositado
en su habitación y allí la había dejado con la severa admonición de que no debía salir por ningún
motivo. No le había visto desde entonces, y no tenía idea de lo que estaba pasando o de lo que planeaba
hacer a continuación.

Obviamente deberían informar a su padre de lo ocurrido, razonó. No dejarían que el Marqués y Mingus
continuaran perdiendo su tiempo buscando un hombre que estaba muerto. Y después de su advertencia
de quedarse encerrada, sin duda tendrían que decidir si era seguro para ella permanecer aquí o regresar
a Londres.

En cualquier caso, Aimee no podía ayudar, aunque sentía que debería participar en el proceso de toma
de decisiones. Después de todo, era su vida la que estaba en juego, y que estaba cansada de ser relegada
a un segundo plano mientras otros determinaban su destino.

Con un frustrado bufido, se levantó del borde del colchón y miró su mano vendada. Los cortes eran
pequeños y no requerían la atención de un médico, pero le había costado a Aimee todas sus habilidades
persuasivas para convencer a Royce de que no llamara a uno. La sirvienta que le había llevado su
bandeja con la cena, la había ayudado atenderlos, y el desinfectante que se había aplicado, sólo la
molestó mínimamente.

¡Dios que testarudo es Royce! ¿Por qué insistía en retenerla? El hombre que la había consolado tan
tiernamente en el acantilado después de su calvario, desapareció una vez regresaron a Stonecliff. Sus
defensas se levantaron firmemente en su lugar, y parecía como siempre que la quería mantener a
distancia.

Así que estaba, sola una vez más, sin nadie para compartir sus temores e incertidumbre. No podía
incluso hablar con Teodosia. ¡Cuánto había anhelado contarle a la duquesa viuda todo!, había ocultado
el intento de asesinato, diciendo que había tropezado y se había caído durante su paseo. Aunque la
mirada de la anciana mostraba sospecha, no había hecho ningún comentario.

Desde algún lugar fuera en el vestíbulo, un reloj marcó la medianoche, haciendo mirar a Aimee su
almohada amorosamente. A pesar de su cansancio, sabía que no sería capaz de perderse en el dulce
olvido del sueño. Había echado una siesta corta antes por la tarde, pero se sentía demasiado inquieta
ahora para considerar incluso acostarse.

¿Cuánto tiempo esperaba que siguiera así? Se preguntaba airadamente, ignorando la sensación urticante
en sus dedos cuando cruzó las manos en su regazo. ¿Cuánto tiempo debía estar encerrada mientras la
gente a su alrededor decidía que era lo mejor para ella? Tal vez podría antes, haberse contentado con
una existencia protegida y aislada, pero ya no.

Ella había cambiado, y no volvería a ser el ratoncito tímido que había sido antes. ¡Ya no era una
opción!.

Eres más como Elise de lo que crees...

Las palabras de Teodosia, sonaron en su cabeza, haciendo que se levantara con un aire de intención
deliberada.

No iba a acobardarse en su habitación. Iba a encontrar a Royce y hacerle saber en términos inequívocos
que no apreciaba que se la mantuviera en la oscuridad respecto a los asuntos que la afectaban y que no
iba a aguantarlo más.
Todavía había cosas que debían resolverse entre ellos, y si no lo sabía, estaba a punto de averiguar
podría ser tan terca como él.

¡Condenación!

Con un golpe feroz de su pluma, Royce tachó la frase que había tardado un cuarto de hora tratando de
componer y que lucía en el pergamino ante él. El resto de la página estaba lleno de borrones, que
empezaban a dificultar el poder leer algo. Después de varias horas y numerosos falsos comienzos, no
estaba más cerca de terminar esa carta maldita, de lo que estaba cuando se sentó primero a escribirlo.
Las ideas estaban en su cerebro, pero las palabras no lograban plasmarlas.

Pero entonces, ¿cómo podría encontrar las palabras para decirle a un hombre que admiraba tanto como
admiraba al Marqués de Albright, que había hecho las cosas tan mal? ¿Qué no había podido hacer la
única cosa que el Marqués le había pedido?

Proteger a su hija.

Por un breve instante, Royce recordó el momento infartante, cuando al echarse sobre su pecho al borde
del acantilado, mirando hacia abajo, había encontrado a Aimee mirándole con ojos asustados y grandes.
Verla allí, colgando sobre las olas que golpeaban y las afiladas rocas debajo, había convertido su sangre
en hielo en sus venas. Nunca antes había estado tan asustado por otra persona, y el vuelco de su
estómago, le hizo ser consciente de que si hubiera llegado a la escena sólo uno o dos segundos más
tarde, hubiera sido demasiado tarde para rescatarla. Demasiado tarde para evitar su muerte.

Empujando lejos las terribles imágenes del cuerpo de Aimee, destrozada y todavía en la base del
acantilado, se centró en la hoja de pergamino con una imprecación callada. Tendría que terminar
escribiendo su misiva el Marqués a primera hora de la mañana y esperaba que las palabras adecuadas
llegaran un poco más fácilmente después de un sueño reparador. Una vez que supiera que su mensaje
estaba seguro, en camino hacia Lord Albright, en manos de uno de los hombres de Tolliver, él podría
volver su atención para conseguir que Aimee y la duquesa viuda embalaran y se prepararan para el
viaje. Si algo, había probado el incidente en los acantilados, era que ella estaría mucho mejor bajo la
protección de su familia de lo que nunca estaría con él.

Sin duda, Aimee estaría de acuerdo con su evaluación, pensó desplazando la silla y levantándose con
una exhalación cansada. Con su constante mal genio durante la última semana y su calvario de esta
mañana, ella estaría encantada de alejarse de él y de Stonecliff y él no podía culparla. Había permitido
que su determinación por evitarla y su dolor por Balthazar, distrajeran su atención de la amenaza que
colgaban sobre su cabeza. Y aunque no había no perdió tiempo en encargar a los hombres de Tolliver la
tarea de vigilarla, el lapso que permitió que su agresor se deslizara dentro de los terrenos de la finca, al
final sabía que él era verdaderamente culpable

¡Dios!, él nunca debía haber cedido ante su necesidad por ella, nunca debería haberse permitido tocarla
cuando fue hasta él anoche. El dolor por la muerte de Balthazar había debilitado su resistencia hasta el
punto en que no hubiera podido alejarse aunque lo hubiera intentado. Ella se había sentido tan bien en
sus brazos, tan perfecta debajo de él, y no se creía capaz de olvidar nunca la sensación de su piel de
seda o el sentido de volver a casa que había sentido cuando se introdujo profundamente dentro de ella.
Hacer el amor con ella había sido todo lo que había soñado y mucho más.

Pero ha sido un error. Uno que la podría haber expuesto a la creciente oscuridad que le rodearon y que
parecía reclamar a cualquiera que estuviera cerca.

En ese momento, un golpe en su puerta le sacó de sus elucubraciones irritándole. Había pasado la
medianoche, y él no podía imaginar qué nadie le buscara en su alcoba a una hora tan tardía. A menos
que... hubiera habido otro atentado contra la vida Aimee.

La simple posibilidad le provocaba tal temor, que inundaba su mente de todo tipo de visiones de
pesadilla y le llevó en pocas zancadas a abrir la puerta.

Sólo para encontrar a Aimee en el otro lado.

Necesito hablar con usted, dijo bastante abruptamente con su mentón elevado en un ángulo de
beligerante.

Ella no le dio ninguna oportunidad para responder, mientras pasaba a través del umbral, con obvia
determinación.

Sorprendido por su inesperada aparición, Royce hizo lo posible para ocultar su inquietud cuando cerró
la puerta detrás de ella. Cruzó sus brazos y se recostó contra la puerta, con una expresión
deliberadamente anodina, orando para que su hambre por ella, que había sido su constante compañera,
desde que ella había llegado para quedarse en Stonecliff, no se manifestara en su mirada.

Pensé que te dije que te quedaras en tu habitación, dijo, en tono frío y distante.

Ella giró para enfrentarse a él, no dejándose influir por su poco efusiva bienvenida. Me dice que tengo
que hacer un montón de cosas, le informó ella ásperamente, pero eso no significa que tenga que
escucharle.

Su respuesta tipo tártaro, le hizo sonreír a pesar a la gravedad de la situación. Pero ella parecía
decidida a enfrentarse con él y que nada iba a disuadirla.

Se suponía que debía estarle agradecido de que al menos fuera completamente vestida esta vez. No se
creía capaz de resistir la tentación, si hubiera aparecido con su insinuante camisón nuevamente.

Los recuerdos de la forma en que ella se había presentado ante él, su piel cremosa reluciente como la
luz, sus delicadas curvas esbozadas apenas bajo el tejido, le provocó una ola de deseo de la cabeza a los
pies. Pero lo apartó con esfuerzo y se alejó de la puerta y de ella, colocándose a los pies de la cama.

¿Supongo que no se te ocurrió, comenzó, preguntando sin girarse, considerar lo que podría suceder si
su carabina se despierta y encuentra que te has ido?

No lo hará. La declaración de Aimee, tenía una nota de inquebrantable certeza. Teodosia duerme como
si estuviera muerta. Y hubiera estado muy feliz de tener esta conversación en otro tiempo y lugar, pero
habría sido difícil ya que se pasó la mayor parte del día evitándome.
Él la miró fijamente sobre su hombro, una ceja elevada de manera engañosamente perezosa, que
disimulaba su agitación interna. Y ¿por qué pensaste que te estaba evitando?

Ella le miró enfadada. Oh, tal vez el hecho de que me dejara en mi habitación como un niño
recalcitrante y sin dejarme saber lo que estaba ocurriendo. Usted debería saber que tendría preguntas,
que me gustaría saber lo que tiene previsto hacer ahora que mi atacante ya no es una amenaza, pero no
me dejó ninguna oportunidad.

¿Qué podría contestar a eso? se preguntó, contemplándola en un melancólico silencio. Aunque no podía
negar que conscientemente se había mantenido alejado de ella, por el contrario rara vez la había alejado
de su mente en todo el día.

No tenía ninguna intención de confesarlo, por lo que se encogió de hombros con descuido. No hay nada
que contar. En este punto, creo que la única opción es escribir a tu padre y hacerle saber que te llevaré
de vuelta.

Colocó sus manos sobre sus caderas, enderezó su espalda y dio un paso hacia él.

¿Qué sucederá si no deseo volver a casa? Preguntó desafiante.

¡No seas absurda! Sólo hace poco más de una semana, cuando insistías en no querer acompañarme aquí
a Stonecliff.

¡Eso fue antes!.

¿Antes de qué?

Antes de que hiciéramos el amor, ¡exasperante e insensible estúpido!

Golpeado por sus palabras, Royce miró fijamente a Aimee, pillado desprevenido por la vehemencia de
su arrebato de ira. Y ella parecía un poco confusa, como si no pudiera creer no ya haber dicho esas
palabras en voz alta, si no haberlas gritado con toda la fuerza de sus pulmones. Sus mejillas se
ruborizaron al darse cuenta, pero no se amilanó. Simplemente volvió a mirarle con su mirada feroz e
inquebrantable.

Una vez más, una imagen mental de ambos entrelazadas brilló detrás de sus ojos, pero él cerró su
memoria como quien cierra una cortina y finalmente consiguió hablar en tono grave. Te dije que sería
mejor si ambos nos olvidamos de eso.

Bueno, no estoy de acuerdo. Se acercó otro paso más a él, y pudo ver que sus ojos se habían sutilmente
suavizado. Las profundidades ámbar contenían un ruego que tenía con toda su voluntad evitar darle. No
puedo olvidarlo. Y no entiendo cómo puede pretender que no significó nada para usted.

Agarrar la columna con una mano apretándola tanto, que los nudillos se le pusieron blancos, apretó los
dientes ante el deseo que le provocaba, deseando desesperadamente dejarse persuadir y acercarse.
Tenerla tan cerca y no poder tocarla, le causaba un dolor casi físico. ¿Por qué no podía ver que lo
estaba haciendo por su propio bien? ¿Por qué ella tiene que hacer todo tan malditamente difícil? Joder,
¿no oíste nada de lo que te dije anoche?

Ah, lo oí. Pero no significó nada para mí.

¿Cómo que no? Por Dios, Aimee, ¡casi mueres esta mañana! ¡Seguramente ahora deberías ser
consciente de que todo lo que te dije que era cierto!

Ella parpadeó ante su agonizante exclamación. ¿De qué se trata? ¿Cree que su maldición tuvo algo que
ver con lo que pasó en los acantilados?

Antes de que Royce fuera consciente, había cruzado la distancia entre ellos y recogiéndose la parte
anterior de su falda. Escúcheme, dijo lentamente, enunciado claramente, como si tratando de
comunicarse con alguien que fuera un poco difícil de convencer. Yo soy la culpable de lo ocurrido hoy
y nadie más. Yo fui la que decidió caminar sin pensar en mi seguridad. Yo fui la que se negó a escuchar
cuando Edmundson sugirió regresar. Yo actué precipitadamente, convencida de que no había ningún
peligro y me puse pongo en peligro.

Abrió la boca para discutir el punto, pero ella le cortó, su semblante reflejaba su frustración.

¡No! Así que guarde su discurso, porque me niego a admitir de ninguna manera, que sea su culpa.
Alguien estaba tratando de matarme mucho antes de que hiciéramos el amor. Su ficticia maldición no
tiene nada que ver con mi ataque. Y aun si fuera tan tonto como para creerlo, ya acabó todo y estoy
bien. Tal vez, no importa lo que dijera su padre, no todo el mundo al que se permite cuidar, está
destinado a tener una muerte horrible.

Los primeros signos tenues de un dolor de cabeza habían comenzado a palpitar en las sienes de Royce
y su creciente agotamiento sólo obstaculizaba su capacidad de pensar con coherencia. Él podía sentir
los dedos de Aimee, quemándole a través de la tela de su camisa, directamente sobre su piel, como si su
apasionado intento de tratar de razonar con él consiguiera destruir sus defensas, debilitando su voluntad
de no ceder a su necesidad.

Luchando para mantener su máscara en su lugar, intentó desvincularse de su desconcertante agarre. Tú


y yo ambos sabemos que aún no estás fuera de peligro, le dijo, su boca apretada en una línea sombría.
Es muy posible que quien contratara a tu agresor, simplemente contratará a alguien más una vez que
descubra que estás todavía viva. Y la próxima vez, podría resultar diferente.

¡Sí, podría!, aceptó sin dudarlo. Pero no estoy dispuesta a ocultarme en mi habitación, por si lo hace.

Bueno, lo siento yo no estoy dispuesto a arriesgar tu vida, simplemente para calmar tu sentimiento de
indignación por haber sido ignorada.

Su dura réplica fue un intento deliberado de sacarla de quicio, para obligarla a alejarse, y lo consiguió.
Soltando sus manos con un gesto de furia exasperada, comenzó a moverlas delante de él, entrecerrando
los ojos.
Esto no es un berrinche infantil, y lamento su implicación pero no perderé mi tiempo disculpándome,
ladró, dirigiéndole una mirada glacial. ¿Por qué todo el mundo insiste en tratarme como si todavía fuera
una aterrorizada chica de nueve años que fue testigo del asesinato desu madre? ¿Cómo es que estoy en
necesidad de constante protección y completamente carente de siquiera un mínimo de inteligencia?

La mezcla de dolor y desconcierto, que resonó en su voz afectó a Royce a pesar de sí mismo,
haciéndole imposible mantener su porte implacable. Nadie te trata de esa manera, Aimee, dijo
tranquilamente, con tono amable.

¿No? Se detuvo y se inclinó nuevamente hacia él. Es mi vida la que está en juego, Royce. Mis
recuerdos de la noche en que mi madre murió trajeron ésto ¿No cree que merezco formar parte de esto?
Su mirada implorante penetró facilmente las barricadas que había intentado levantar entre ellos,
arrastrando su corazón. ¿No merezco la oportunidad de demostrar que puedo aportar algo útil a la
investigación?

¿Qué puedo ser igual de fuerte que mis hermanas?

Antes de que pudiera detenerse, levantó la mano hasta su mejilla, con su pulgar la acarició tan
suavemente como una pluma. No necesitas demostrarme nada. Ya sé lo fuerte que eres.

Entonces quizás necesito demostrármelo a mí misma. Quizá finalmente estoy lista para dejar el pasado
atrás y seguir adelante con mi vida, como Jilly y Maura han estado diciéndome durante meses. Hizo
una pausa, y tragó con apuro, y tal vez quiero hacerlo contigo.

¡Dios, cómo anhelaba aprovechar lo que ella estaba ofreciendo y no mirar atrás nunca más! Dejar de
lado los grilletes de su trágico pasado y tener fe en que todo estaría bien. Pero ¿cómo podría cuando ya
había estado hoy mismo demasiado cerca de descubrir como era el mundo sin Aimee cerca? El la
quería, quería estar con ella, pero no podía permitir que corriera la misma suerte de los otros que alguna
vez habían estado cerca de su corazón.

Bajó su mano poco a poco, sintiendo el peso aplastante de su pérdida, aplastándole como un yunque.
Lo siento Aimee. No puedo.

La luz en los ojos se apagó y murió, y ella rápidamente agachó la cabeza. ¡Por supuesto que no!

¡Tonta de mí! Supongo que simplemente supuse que nuestro encuentro de la otra noche significó tanto
para usted como para mí. Levantó un hombro, intentando un gesto de indiferencia. Obviamente me
equivoqué.

No. Por favor, no se sienta como si me debiera una explicación. Ya estoy suficientemente humillada
así.

¿Sólo digamos que una vez fue suficiente para usted y lo dejamos así, de acuerdo?

Aimee giró sobre su talón y dirigió hacia la puerta, y al verla partir, Royce fue consciente del dolor que
el vacío le causaba en el pecho. Una enorme boca de oscuridad y desesperación, crecía más grande con
cada paso que se alejaba.
¡Una vez nunca podría ser suficiente para mí!

Las palabras salieron como una ráfaga de sus labios sin voluntad, haciéndose eco de la quietud de la
cámara y deteniendo a Aimee.

Siguió un silencio. Varios segundos tensos, y cuando se hizo evidente que ella no iba a hablar o dar la
vuelta, dijo con voz ronca.

Sé que no lo entiendes, Aimee. Que piensas que todo está en mi cabeza. Pero ya creas que estoy
maldito o no, tengo demasiada sangre en mis manos para fingir que fue mera coincidencia. Nunca
podría perdóname si por estar conmigo pusieras en peligro tu vida.

Hubo otro corto silencio, y cuando finalmente Aimee le miró, su rostro estaba rígidamente compuesto,
totalmente desprovisto de emoción.

Le dije que le amaba anoche, Royce, dijo suavemente, solemne, y eso quise decir. Con maldición o sin
maldición. Pero no estoy dispuesta a esperar en vano, al día que decida que estar conmigo es un riesgo
que vale la pena afrontar.

Apretó los puños impotente, reprimiendo apenas el impulso de golpear la columna con ellos frustrado.
¡Maldito infierno! ¿Pero es que no ves que estoy tratando de protegerte?

¿Seguro? O ¿intenta protegerse a sí mismo?

Su acusación le golpeó, dejándolo boquiabierto. Ella no le dio una oportunidad de recuperarse, sin
embargo. Simplemente siguió hablando, como si un dique se hubiera roto y estuviera decidida a
aliviarse de todo lo que había querido decirle.

Últimamente me he dado cuenta de que realmente quiero una familia algún día. Un marido e hijos. Una
vida real. Y sinceramente creía que era el hombre que me estaba predestinado. Pero si es desear
demasiado, tendré que resignarme a ello y encontrar una manera de seguir sin usted.

Ella le miró a los ojos, con un tenue brillo de lágrimas brillando como una rociada de diamantes en
miniatura en sus pestañas. Le quiero. Pero no quiero… no puedo… pasar el resto de mi vida sola.

Con eso, le dio una última sonrisa trémula y comenzó a caminar nuevamente hacia la puerta.

Él debía dejarla ir, Royce pensaba obnubilado, con sus ojos fijos en su espalda. Dejarla seguir con su
vida sin él y desear su bien. Pero sólo visualizar a Aimee en los brazos de otro hombre, amarle y dejar
que la amara, dándole sus niños... Era como si un cuchillo se le clavara en su corazón, y él no podía
soportar la agonía.

¡Aimee, espera!

La alcanzó, atrapando su mano cuando la tenía sobre el pomo de la puerta y esposó su muñeca, sin
estar muy seguro de lo que esperaba lograr reteniéndola, sólo sabía que estaba desesperado por hacerlo.
Se puso tensa con su toque, luego giró lentamente su cabeza para mirarle, las lágrimas finalmente se
desbordaron corriendo por sus mejillas.

Y la siguiente cosa que supo, eran que estaban encerrados juntos en un tórrido abrazo, besándose entre
sí como si nunca pudieran tener bastante.

Royce, sintió como desaparecía todo lo que la rodeaba, y en ese mismo instante estuvo perdido. No
importaba nada más. Era lo que necesitaba, no podía creer que se hubiera resistido tanto tiempo. Con
una urgencia indomable, devoró los labios de Aimee, y ella le correspondió con impaciencia, beso a
beso, sus bocas aferradas y sus lenguas enredadas. Su embriagador sabor calentaba su sangre, tanto
como el sentir sus suaves curvas, presionadas contra le hizo desear hacer desaparecer la barrera de su
ropa, para exponer su piel sedosa a sus manos y boca.

Su pasión era una espiral fuera de control, la cogió en sus brazos y la llevó a la cama, y dejando a un
lado los cortinajes, la depositó sobre el alto y firme colchón. Ella se recostó sobre las almohadas
admirando con sus ambarinos ojos entrecerrados como se deshacía de su camisa y sus calzones.

Y si él tenía alguna duda de que deseaba esto, tanto como él, instantáneamente se disipó cuando ella se
acercó y le dijo con una sonrisa placentera. Ámame, Royce, murmuró.

Y amarla fue lo que hizo. Salvajemente, minuciosamente y con una intensidad ferviente que nunca
antes supo que sería capaz. Quitándola el vestido y el resto de capas de ropa interior, hasta que quedó
desnuda y temblando ante él, reverenció con sus labios cada centímetro de carne cremosa al
descubierto, sin dejar ninguna curva o hueco de su cuerpo sin explorar. Cada beso, cada caricia avivaba
las llamas de su mutuo ardor. Y cuando finalmente culminaron juntos, fue una unión tan poderosa, tan
cataclísmica que los dejó destrozados.

Después, con una somnolienta Aimee recostada contra su pecho, Royce miró hacia abajo, su rostro
delicado y se preguntaba qué había hecho para merecer su inquebrantable fe en él. Ella le hacía creer en
los cuentos de hadas y finales felices, cuando él había dejado de creer en esas cosas hacía mucho
tiempo.

Te dije te amo anoche, Royce, y eso quise decir...

Escuchar esas palabras saliendo de sus labios, lo llenaron con un feroz sentido de euforia, incluso con
todas sus campanas de alarma interna. Nunca se había permitido examinar sus propios sentimientos por
Aimee, demasiado estrechamente, nunca había querido poner un nombre a las emociones poderosas
que ella despertaba dentro de él. Sabía que la quería más, de lo que nunca había querido a nadie en su
vida, pero admitir sentir algo más fuerte que el deseo parecería tentar al destino, especialmente cuando
él sabía que nunca podría ser ¿Cómo podría considerar la idea de construir un futuro con ella, cuando
estaría continuamente preguntándose cuando se la arrebatarían lejos de él?

¿Cuando sabía que si le daba su corazón, sólo la perdería a ella, que la destruiría?

Él miró fuera a la penumbra de la habitación, y pasó mucho tiempo antes de que se durmiera.
Capítulo 20

¡Oh Dios, Mamá está muerta!

El conocimiento golpeó Aimee como un mazazo en el pecho, robándole el aliento, mientras veía caer el
cuerpo de su madre al suelo, sin vida. El sonido de la pistola aún resonaba en la quietud de la sala,
haciéndose eco en sus oídos, alejándose como el sonido del trueno hasta desaparecer.

En un estado de shock y petrificada por el miedo, se envolvió con sus brazos temblorosos y desvió su
incrédula mirada lejos de la todavía marquesa, para mirar al hombre que se alzaba sobre ella,
esperando que descargara su ira mortal sobre ella en cualquier segundo.

Confundida, vió que el asesino de su madre parecía ser aturdido. Con ojos salvajes, dejó caer su arma
humeante de su mano y se desplomó al lado de lady Albright, temblando como si se hubiera duchado
con agua helada.

¡No!, gimió, sonó poco más que un suspiro. Levantó la mano, agarró a la marquesa por el hombro y
la sacudió, como si no pudiera creer que ella se había ido realmente. Pero cuando su cabeza cayó a un
lado y su mirada vidriosa permaneció fija, se le escapó un sonido estrangulado. Ella iba a irse
conmigo. Íbamos a estar juntos.

Atormentada por una implacable mezcla de dolor y tristeza, Aimee sabía que debía gritar con toda su
fuerza, debería llamar a alguien que la ayudara, pero sus cuerdas vocales estaban tan paralizadas
como el resto de ella. Antes de que pudiera encontrar su voz, la mirada enloquecida cayó sobre ella.

¡Esto es culpa tuya, puta! escupió con salvaje ferocidad, ¡Esto no tiene que ocurrir! Ella venía
conmigo, pero arruinaste todo. ¡Me hiciste matarla!

Aimee sacudió su cabeza y se apartó de él, cubriendo sus orejas con sus manos. No quería oír lo que le
estaba diciendo, pero no podía aislarse. Del mismo modo que no podía olvidar lo que había visto. No
podía olvidar la verdad.

Mamá estaba muerta.

Fue en ese momento, cuando asumió la enormidad de lo que había ocurrido y lágrimas silenciosas se
derramaban por sus mejillas, cuando el destello de un relámpago iluminó la habitación nuevamente.
En el resplandor plateado, fijó su vista más allá de las ventanas donde antes había percibido un
destello en movimiento, justo cuando el hombre apretó el gatillo. Una cara, presionada contra el
vidrio, escudriñándolos a través de la lluvia torrencial.

El hombre, ajeno al hecho de que estaban siendo observados, se había levantado, buscando el arma y
continuaba despotricando de manera inconexa, aunque algo en el reborde de conciencia de Aimee le
decía que escuchara ese murmullo indescifrable, que sus palabras eran importantes, pero su atención
se había desviado por la aparición de ese rostro pálido y familiar enmarcado en la ventana.

Un rostro femenino y familiar que de pronto se enfocó…

Aimee despertó con un grito estrangulado, para encontrarse en los brazos fuertes de Royce, una de sus
manos apartaba su cabello enmarañado de su rostro, mientras susurraba suavemente en su oído.

Shhh. Todo está bien, gatito. Estás segura. Yo estoy aquí.

Por unos minutos se aferró a su sólida presencia agradecida, reconfortada, el sueño la fue relajando y su
latido se estabilizó a un ritmo normal. Dándose unos segundos más para recomponer sus nervios, tomó
aire una vez, luego otra, antes de levantar la cabeza hasta su ansiosa mirada.

¿Fue otra pesadilla? preguntó con expresión interesada.

Ella asintió. Sí. Y esta vez... Oh, Royce, esta vez la reconocí.

Levantó una ceja, momentáneamente perplejo por su declaración. ¿Reconociste a quién?

La persona que se encontraba fuera en la lluvia, la noche del asesinato de mamá. Hizo una pausa y su
estómago saltó, cuando una imagen de ese pálido semblante pasó por su mente. Aún podía ver los fríos
ojos azules, mirándola a través del vidrio empañado, con satisfacción malévola. Aún podía recordar la
como caían los mojados mechones castaños de su pelo, escapados de su alto moño. Los fuertemente
tallados pómulos en una cara que conocía bien. Incluso ahora, le resultaba difícil aceptar lo que su
sueño le había revelado, pero no podía negar lo que había visto con sus propios ojos.

Era mi tía, susurró finalmente la verdad, que salío de sus labios con dolor. Tía Olivia.

Treinta minutos más tarde, completamente vestida y acurrucada en la silla turca, tapizada de seda, junto
a la cama, Aimee observaba como Royce caminaba delante de ella, con las manos a la espalda y el ceño
fruncido.

¿Estás segura de que era tu tía? Preguntó por segunda vez en pocos minutos, echándola una mirada
inescrutable por encima de su hombro.

Sí, Estoy segura, dijo, con un punto arisco en su voz cansada. Le había contado todos los detalles de us
pesadilla, y la experiencia la había dejado agotada y apática. Cada palabra que salía por suboca, le
hacía revivir el calvario y no quería hacerlo de nuevo.

Pero al parecer Royce no era consciente de su creciente agitación, se detuvo y giró para enfrentarse a
ella, firmemente siguió con su línea de interrogatorio.

¿No hay ninguna posibilidad de que estés equivocada o de que te lo hayas imaginado…?

Ella le cortó, con un movimiento de cabeza. Lo vi muy claramente esta vez.


Abrazandose contra el frío que la rondaba como un sudario desde que se había despertado, saltó y se
dirigió a la ventana, donde miró a la oscuridad sin ver. Era tía Olivia. No me engaño.

¡Santo Dios!, cómo deseaba ella estar equivocada, pensaba desesperadamente, sus dedos aferrados a las
cortinas de terciopelo. Sentía como si todo su mundo se hubiera derrumbado bajo sus pies y no tuviera
nada a lo que aferrarse.

No importa que nunca se hubiera sentido cercana a su tía, que la mujer nunca le hubiera mostrado
incluso el menor indicio de calor o bondad. Dolía saber que un miembro de su propia familia, alguien
que se suponía que la amaba…podía odiarla, hasta querer verla muerta.

¡Y pobre Papa! Iba a sentirse devastado, cuando descubriera que Olivia, estaba cerca en el asesinato de
su esposa, pero también podría estar detrás de los ataques a su hija.

Todos estos años vivió bajo el techo de mi padre, dijo con rudeza, las palabras tenían sabor amargo en
su boca. Pretendiendo que ella estaba allí para ayudar a criarme a mí y a mis hermanas, y era una
mentira. Ella estaba sólo porque quería vigilarme. Para asegurarse de que nunca recordara su presencia
allí esa noche.

Pasó un breve lapso en silencio, antes de que Royce hablara detrás de ella. Sabes, que sólo porque ella
estuviera allí no significa necesariamente que estuviera involucrada en la muerte de tu madre. O que
contratara a tu atacante.

¿Pero tiene sentido, no es cierto? Le miraba deslumbrada. Tía Olivia siempre odió a mi madre. Odiaba
el hecho de que se casara con mi padre y trajera todo tipo de escándalo al nombre de la familia. Y
estaba en el jardín la noche de la cena también. Podría habernos escuchado discutir mis sueños tan
fácilmente como el Barón Bedford o el duque de Maitland.

¡Es verdad! Sin embargo, no eliminar completamente a todos los demás de la lista de sospechosos.

De alguna manera, la racionalidad de Royce lograba enfriar la rabia de Aimee y que cediera la rigidez
de su columna. Se sentó en un sillón al lado de la ventana con un suspiro.

Supongo que no, concedió, incapaz de lograr que su voz no temblara, le miró impotente. Pero incluso si
ella no está directamente involucrada, ¡ella estaba allí! Royce. Ella vio lo que sucedió, y no movió un
dedo para venir en mi ayuda. Sólo se alejó y allí me dejó con un loco.

Por un instante fugaz, podría han jurado ver un rastro de alguna emoción volátil a la que no podía poner
nombre en las brillantes profundidades de sus ojos grises, e hizo un movimiento brusco, como para
alcanzarla. Pero para su decepción, simplemente desplazó su mirada a lo lejos, se pasó una mano por su
ya revuelto pelo, con rasgos inexpresivos y tensos.

Mordiendo su labio ente su retirada, inclinó la cabeza y trató de defenderse de la desesperación que se
agitaba dentro de ella, amenazando con desbordarla. El sentimiento de traición que sentía por la
perfidia de su tía, fue asombroso y ella nunca había necesitado más, los brazos de Royce a su
alrededor, pero era un deseo que parecía destinado a quedar sin cumplir.

Aunque no tenía ni idea del por qué, él se había alejado de ella, poco después de que le contara su
sueño, reafirmando sus defensivos muros, para hacerlos más altos y más impenetrables que nunca.

A pesar de todo y después de todo lo que habían compartido, su fría indiferencia era casi más de lo que
podía soportar, pero se forzada a sí misma a olvidar su herida y a centrarse en el asunto.

Pues tenemos que decirle a tu padre lo que pasó, decía Royce, con los brazos crruzados y las cejas
levantadas. Voy a enviarle un mensaje con uno de los hombres de Tolliver…

No, le interrumpió bruscamente. Papa merece escuchar esto cara a cara, y no quiero estar a kilómetros
de distancia de él cuando lo descubra. Quiero ser yo la que se lo diga. Hizo una pausa, sus ojos
sostenían su mirada encendida con determinación. Y quiero ser yo quien se enfrenta a mi tía con lo que
he recordado.

Un músculo saltaba en su mandíbula. No creo que eso sea una buena idea.

¿Por qué no? Apretando sus manos en los brzaos del sillón, se inclinó hacia él. Decidida a que no
pudiera obligarla a hacer lo que no quería. Hemos hablado de ello antes, Royce.

Después de todo me afecta a mí, tengo derecho a mirarla a los ojos y hacerla reconocer lo que hizo. Y
quiero que sepa que no tengo ninguna intención de dejar que se salga con la suya.

Después de una vacilación, caminó hacia adelante y esta vez llegó hasta ella, aunque no la abrazó. Él
la tomó por los hombros y la levantó, con una ferocidad que habría amilanado a alguien con menos
alma que ella.

Escucha. Su voz era un gruñido bajo y áspero. No sabemos qué va a hacer ella o cómo va a reaccionar
si se ve acorralada. Obviamente, la mujer está desesperada. Si es capaz de contratar a alguien para
matar a su propia sobrina, ella será capaz de cualquier cosa.

Tal vez no me importe.

Bueno, tal vez a mí sí.

Aimee, se sintió enfadar por momentos, incluso lágrimas de enojo enturbiaban su visión ¿Cómo se
atrevía él a mostrar preocupación por ella ahora?

¿De verdad? chirrió. Porque no veo ningún signo de ello. Si realmente te importara, no me habrías
alejado justo cuando más te necesitaba. No me quedaré aquí hablando con alguien que siento como un
extraño para mí.

Royce dio un paso alejándose de ella, sus ojos oscurecimiento como turbulentas nubes de tormenta.

Este no es el momento para mantener una conversación sobre nosotros.


Creo que sí lo es. No hace mucho más que una hora, los dos estábamos haciendo amor. Y ahora estás
actuando como si no nunca hubiera ocurrido. ¿Por qué?

¡Maldición, Aimee, te he dicho todas las razones del por qué! Las palabras explotaron con el impacto
contundente de una bala de cañón, estalló de sus labios como si hubieran estado demasiado tiempo
contenidas y ya no pudiera retenerlas más.

Hacer el amor no limpia esas razones, no importa cuánto podría desear que las circunstancias fueran
diferentes. ¡Dios!, deberían dispararme por haberte tocado de nuevo, pero últimamente parece que no
tengo ningún autocontrol cuando estoy preocupado. Sacudió su cabeza y se pasó la mano por lacara
conmovido visiblemente. Todavía soy el hombre equivocado para ti. Soy demasiado…

Sí, ya he oído todo eso antes. Aimee pasó de su explicación con un gesto desdeñoso. Está demasiado
dañado para tener una vida normal, una relación normal. Todos los que cuida están condenadas a morir.
¿He olvidado algo? Su tono era cáustico, pero no podía reunir la energía para mejorarlo. Estaba
demasiado cansada y lastimada para ser simpática o comprensiva. Por mucho que su padre le odiara,
también le proporcionó una buena excusa ¿no es así? Se levantó, un rubor teñía sus altos pómulos.

¿Qué significa eso? Dijo él.

Eso significa que como cree que todo lo que dice, es la verdad, puede seguir justificando su decisión de
aislarse de la gente que le rodea. Utilice las palabras de su padre como un escudo y dígase que está
haciendo lo mejor para todo el mundo, cuando lo que hace realmente es lo mejor para usted.

Espera sólo un minuto…

No, espere usted. Se adelantó, cruzó la distancia que les separaba hasta que se encontró audazmente
ante él. Sabe que estoy en lo cierto, dijo, con su mirada fija en él.

¿No es más fácil para usted empujar a todos lejos, que darse una oportunidad de amar y perder de
nuevo?

Su rostro se endureció y abrió la boca para hablar, pero ella no le dio tiempo a replicarle. Se puso
delante, con intención de hacerle comprender la locura de su razonamiento. Royce siento que Cordelia
y Garvey murieran. También siento que Alex muriera sin tener la oportunidad de aclarar las cosas entre
ustedes. Pero no es la única persona en el mundo que ha perdido a alguien querido y ha sufrido por
ello.

Alzándose, tocó su mejilla, sus dedos sólo delinearon la línea dentada de su cicatriz.

No es el monstruo que cree que eres. Podría decirle que la oscuridad que le atormenta no es nada más
que el dolor y la rabia de un muchacho confundido, que encerró sus emociones descuidadamente en su
interior y se negó a sentir nada. Que no hay ninguna maldición y que nunca la ha habido. Ella sacudió
su cabeza tristemente, y su mano se alejó. Pero a menos que esté preparado par creer eso usted mismo,
estoy desperdiciando mu aliento.
Él la miró, sus ojos mostraban una vulnerabilidad dolorida que muy rara vez mostraba. Tú no lo
entiendes.

Lo entiendo, Royce. El amor nos hace vulnerables, y no hay garantías para ninguno de nosotros. Pero
sinceramente creo que por estar contigo, vale la pena correr el riesgo. Y si alguna vez llegas a esa
misma conclusión, sabes dónde encontrarme.

Alejándose, se secó sus húmedas palmas en la falda. Va a amanecer pronto. Voy a informar a la viuda
de nuestra inminente partida para que comience a embalar. Le dedicó una trémula sonrisa. Sólo
avíseme cuando esté listo para salir.

Estaré esperando.

En más de un sentido, agregó silenciosamente, obligándose a no a mirar atrás, salió fuera de la


habitación, sintiendo pesar en su corazón. Había hecho todo lo que podía. Ahora sólo podía rezar para
que Royce se diera cuenta de cuánto perderían, antes de que fuera demasiado tarde.

Capítulo 21

En el momento en que su transporte llegó a Park Lane y frenó delante por la curva delante de la casa
Maitland, varios días más tarde, Aimee comprobó que estaba muy lejos de resolver el dilema planteado
en su ultima noche con Stonehurst. De hecho parecía estar más lejos que nunca. Las defensas que había
levantado una vez más entre ellos eran más altas y fuertes que nunca, y ella no tenía ni idea de cómo
derribarlas.

¡Maldito testarudo!

Royce estableció un ritmo vertiginoso, en el viaje de regreso a Londres, limitando el número de paradas
en el camino, y no tuvo ninguna posibilidad de enfrentarlo de nuevo sobre su relación. Ella sospechaba
que lo había planeado así. En lugar de viajar en el coche con ella, había hecho la mayor parte del viaje
a caballo, cabalgando junto a los hombres de Tolliver. Y en las pocas ocasiones en que se había retirado
a los confines del carruaje, sus conversaciones habían estado restringidas por la presencia de la duquesa
viuda.

Recordando a su anciana compañera, Aimee miró a Teodosia. La mujer estaba sentada en la esquina
opuesta del transporte, sus manos dobladas sobre la cabeza de su bastón y su rostro se mostró de perfil,
cuando ella miró por la ventana al imponente edificio de su casa. Su expresión era lejana e ilegible, casi
como si estuviera perdida en sus elucubraciones.

Curiosamente, la viuda había estado atípicamente silenciosa desde que se salieron de Stonecliff.
Aunque miró especulativamente a Aimee, cuando le comunicó que adelantaban su regreso a Londres,
no hizo ningún comentario sobre su salida precipitada de la finca del vizconde o el aumento de tensión
que rondaba en el aire. Aimee no podía ayudarla pero se pregunto en que debía estar pensando, era una
mujer demasiado perspicaz como para no saber que algo estaba en marcha.
En ese momento, el chirrido de la puerta del carruaje, le permitió ver la gran silueta de Royce
recortándose contra la luz brumosa del sol de la tarde detrás de él. Aunque su semblante estaba en
sombras, podía percibir su dureza cuando ayudó a la viuda a descender, antes de ayudar a Aimee. Los
criados estaban detrás de él.

¿Qué estamos haciendo aquí? Dijo molesta. No voy a quedarme aquí. Le dije que quiero…

Sé lo que me dijiste, pero no va a suceder. Su voz era un profundo y amenazante gruñido, y él se


inclinó hacia ella para que Teodosia no pudiera escuchar desde fuera del coche. Y te quedarás aquí
aunque tenga que echarte encima de mi hombro y llevarte a la casa. ¿Es realmente lo que deseas?

Sería demasiado. La advertencia en sus ojos le dijo en términos inequívocos que no dudaría en
humillarla llevándola al interior como un saco de patatas, delante de la viuda y el resto de peatones de
Park Lane. Así que le miró impotente y a regañadientes le permitió ayudarla a bajarse.

Metiendo el brazo de la viuda a través de su brazo y manteniendo su mano en el codo de Aimee,


procedió a guiarlas hasta los escalones de mármol de la puerta, incluso cuando varios jóvenes se
abalanzaron para descargar el equipaje de Teodosis del carruaje.

¡Su gracia! Fielding, el mayordomo calvo y encorvado de la viuda, se inclinó en el vestíbulo de


entrada. Evidentemente nervioso por la aparición inesperada de su señora, se apresuró a ayudarla a
quitarse su polvorienta capa de viaje. No tenía ni idea que planificaban regresar hoy. Creía que se
quedaría en Cornualles durante bastante tiempo.

Así era Fielding. Echó un vistazo hacia atrás sobre su hombro a Aimee, los ojos de Theodosia se
redujeron astutamente. Habría enviado un mensaje por delante para informarle de mi llegada, pero al
parecer era precisa una gran velocidad y un gran secreto.

Aimee se amilanó ante esa mirada penetrante. Sabía que la viuda no se olvidaba de que algo estaba
sucediendo y parecía que iba a dejar de evitar el tema. Pero ¿cómo podría encontrar las palabras para
explicarlo todo?

Antes de que ella pudiera incluso comenzar a rascar su cerebro para encontrar la respuesta a esa
pregunta, Royce habló con su tono firme y autoritario. Fielding, a partir de este momento, nadie puede
ser admitido en la casa hasta que regrese. Por ningún motivo. Si alguien se acerca a la puerta, deberás
informarles que la duquesa viuda está agotada de su viaje y no recibe visitantes hoy. También quiero
reunir a unos pocos lacayos y asegurar que todas las puertas y ventanas estén correctamente cerradas.
Quiero controlar todos los medios posibles para entrar. ¿Debo suponer que no está Maitland aquí?

El mayordomo parpadeó aturdido por la abrupta pregunta después de tal letanía de instrucciones y, a
continuación, sacudió su cabeza. No, milord. Creo que su gracia iba a asistir a algún tipo de reunión en
la casa de Lord y Lady Braverhampton y no esperamos que vuelva hasta tarde.

Bueno. Eso significa una persona menos a las que dar explicaciones ahora. En cualquier caso…
Perdone, Stonehurst. La orden imperiosa en la voz de Theodosia, hizo que Royce centrara su atención
en ella. Apoyada en su bastón, con el ceño fruncido, dijo. Supongo que no le importará decirme por qué
está ordenando a mi personal como si estuviéramos bajo su mando. Usted hace que suene como si
estamos bajo asedio.

Se volvió para enfrentarse a ella, con su expresión cuidadosamente en blanco inclinó su cabeza de
manera deferente. Perdón, su gracia, por usurpar su autoridad. Habría solicitado su permiso para dictar
estas instrucciones, pero como usted ha dicho antes, el tiempo es esencial. Le prometo, que todo se
explicará poco a poco.

Sin esperar respuesta, agarró a Aimee por la muñeca y tiró de ella hacia la puerta, fuera del oído de sus
compañeros.

Escúchame, empezó, su mirada sostenía la suya con una intensidad grave. Voy a dejar dos de los
hombres de Tolliver, aquí con ustedes mientras voy a casa de tu padre. Envié un mensaje por delante
por lo que espero encontrarme allí con Mingus. Esperemos que antes de que acabe el día podamos
llegar al fondo de las cosas. La sacudió levemente y un tic apareció en su mandíbula. No debes
aventurarte fuera de la casa bajo ninguna circunstancia. ¿Entiendes? No importa quién sea nuestro
culpable, no tenemos forma de saber si ha tenido oportunidad de contratar a alguien para deshacerse de
ti. Estarás más segura aquí, mientras tanto.

Pero…

No hay peros, Aimee. No tengo tiempo para discutir contigo sobre esto, y necesito saber que vas a usar
la cabeza y no vas a hacer nada precipitado, como intentar deslizarte fuera y seguirme una vez salga.

La expresión de Aimee fue de asombro. Por supuesto ella había previsto hacer exactamente eso, y fue
frustrante hasta el extremo saber que podía leer su mente tan fácilmente. No suponga que no podría ser
de alguna utilidad, dijo herida, enderezando sus hombros. Después de todo, poseo un mínimo de
inteligencia en alguna ocasión.

Soltando sus muñecas, Royce deslizó sus dedos a lo largo de sus manos y se apartó un paso de ella. Sus
ojos le calentaron y le robaban el aliento.

Lo sé. Créelo o no, escuché lo que dijiste la otra noche, y tenías razón, en cierta medida. Si tu tía es
parte causante de todo lo que has sufrido en los últimos diez años, mereces la oportunidad de
confrontarla. Exigir algunas respuestas de ella. Pero necesitas dejarme evaluar la situación en primer
lugar. No tenemos idea de cómo va a reaccionar a nuestras acusaciones o quien podría haberla ayudado
si ella es culpable. Estamos caminando a ciegas, y si algo te sucediera…

Listo para irse, inclinó su cabeza por un segundo, y luego aclaró su garganta y expresó una garantía
tranquilizadora. Si es verdaderamente lo que desea, prometo que tendrá la oportunidad de enfrentarse a
ella, una vez que tengamos todo bajo control y sepamos con qué estamos tratando. Puedo asegurártelo.
Pero ahora, tengo que saber que estás segura.
Aimee sintió que su corazón se fundía en un charco en sus zapatillas. Aquí estaba ella, maldiciéndole
interiormente por su naturaleza sobreprotectora y autocrática, y tuvo que darse la vuelta y mirarle
fijamente, parecía que ella era todo lo que importaba para él. Tuvo que decir algo en ese tono solemne
y cuidado para que su ira se disipara como la niebla de la mañana. Cada vez que ella está dispuesta a
llegar a las manos y alejarse de él, hacía o decía algo que le daba esperanzas de que todo no estaba
perdido entre los dos.

Cerró sus ojos un brevísimo instante, recordando las últimas palabras que Okeefe le había susurró a
ella, antes de que todos subieran a bordo del carruaje, la mañana que partieron de Stonecliff.

Por favor no renuncie a él, milady. Creo sinceramente que él está profundamente interesado en usted,
no importa cuánto intente negarlo. No es tan duro o tan indiferente a su existencia solitaria como
pretende ser, y necesita a alguien en su vida. Alguien que entienda las heridas que ha sufrido en el
pasado y que sea lo suficientemente paciente para permanecer junto a él. Alguien como usted…

No, ella no podría… No quería… renunciar a Royce, porque le amaba demasiado para hacerlo nunca.
Lady Aimee Daventry nunca había sido el tipo de persona que luchara por lo que quería antes, pero
estaba a punto de cambiar. Una vez que hubieran resuelto el misterio detrás de los intentos de atentar
contra su vida y el culpable estuviera finalmente detenido, planearía la forma de hacer que ese hombre
entendiera de una vez por todas que se pertenecian el uno al otro. Con maldición o sin ella.

Volvió a tragar el nudo de su garganta, le hizo un guiño reacio, sus dedos se apretaron alrededor de los
suyos. Muy bien. Me quedaré aquí. Pero por favor, prometa que me permitirá saber enseguida, todo lo
que averigue.

Lo haré. En el ínterin, sospecho que estarás muy ocupada explicándoselo todo a la viuda. Algo me dice
que ella no te permitirá dejar de lado el más mínimo detalle. Con una mueca irónica en sus labios,
Royce la liberó de su agarre y se inclinó sobre Fielding, murmuró unas palabras en el oído del
mayordomo, y luego se volvió hacia la puerta.

Cuando él dudó junto a ella una vez más, Aimee mordió su labio y le miró ansiosamente. Era
consciente de que su corazón estaba en sus ojos, y no le importaba. Quería que viera cuánto significaba
para ella.

Tenga cuidado, susurró.

Su mirada ardía en la suya, él levantó una mano y acarició su mejilla. Sólo una fugaz, tierna caricia,
pero que provocó escalofríos en ella.

Y entonces él se fue.

La puerta apenas se había cerrado detrás de él cuando un carraspeo, hizo que Aimee girara su cabeza en
dirección a Theodosia. La viuda estaba mirándola con los labios fruncidos y sus cejas juntas en un
gesto feroz.
Bueno, la anciana levantó su bastón del suelo para que apuntara a Aimee en severa reprimenda. Me
preguntaba cuando alguien finalmente me iba a decir la verdad sobre nuestra pequeña excursión a
Cornwall. Empieza por el principio, querida, y no te dejes nada.

Mientras Royce dirigía su caballo por las calles de Mayfair hacia la casa de Albright en Belgrave
Square, su mente recordaba los últimos instantes que había pasado con Aimee. La mirada en su cara
mientras se alejaba hacia la puerta del vestíbulo de la casa Maitland, había estado tan llena de temor y
tristeza que había anhelado darse la vuelta y abrazarla. Para tenerla cerca y no dejarla ir nunca. Pero
¿cómo podría cuando quedaban todavía muchas cuestiones sin resolver entre ellos?

Siempre recordaría la forma en que la había tratado después de hacer el amor, la noche antes de partir
hacia Londres, no pudo evitar estremecimiento de culpa. Había sido frío hasta el punto de la
insensibilidad, pero era la única manera que pudo idear para distanciarse de ella y obtener algún tipo de
perspectiva racional de su relación. Ella le hacía sentir demasiado, le hacía querer cosas, que sabía
estarían siempre más allá de su alcance y era una propuesta peligrosa.

No eres el monstruo que crees que eres.

¡Dios, cómo anhelaba poner su fe en las palabras de Aimee! Quería creer que era posible tener algún
tipo de futuro con la mujer que se había instalado en su corazón y que nunca lo liberaría. Pero si
colocaba la vida con ella en la balanza, no tenía la mínima duda de que cualquier dolor que hubiera
soportado, no sería nada si lo comparaba con el dolor de perderla a ella. Él nunca podría sobrevivir.

Sin embargo, ahora no era el momento para pensar en eso, se dijo a sí mismo, apartando sus pesadas
elucubraciones dejó su montura en el patio detrás de la residencia de Albright, y se bajó de la silla de
montar. Había otros, asuntos mucho más urgentes con los que lidiar por el momento. Como la captura
de la persona que parecía tan decidida a poner fin violento y prematuro en la vida de Aimee. Como se
especificaba en el mensaje que Royce había enviado por delante a la casa, Lord Albright estaba
esperando su llegada en la biblioteca e inmediatamente abrió las puertas francesas para franquearle el
paso, cuando él tocó ligeramente en el cristal. Tolliver estaba allí, sentado en una de las sillas que
flanqueaban la gran mesa de caoba situada en la esquina de la habitación.

Stonehurst. Albright lo saludó con un apretón de manos antes de mirar por encima del hombro de
Royce, para ver si alguien le acompañaba ¿Dónde está Aimee?

La dejé con la viuda Duquesa en la casa de Maitland. Parecía lo más seguro por ahora.

Su mensaje decía que tenía algunas noticias importantes.

Sí. Royce calló y estudió el semblante de este hombre que había sido tan amable con él a través de los
años. Era una triste realidad que probablemente, esto iba a herir a Lord Albright tanto como a Aimee,
si no más. Pero no había nada que hacer. El Marqués tenía que escuchar la verdad y no podía evitarlo.

Creo que, finalmente, dijo, indicando las sillas vacías junto a la mesa con un movimiento de su mano,
sería mejor que nos sentáramos.
Treinta minutos más tarde, concluyó su relato, sólo seguido por un aturdido silencio. Ambos hombres
le miraban congelados en sus sillas, incrédulos.

No puedo creerlo.

Las palabras provenían de Lord Albright, rompiendo la tensión que se había asentado en la sala con su
contundente negación. Balanceándose en su asiento, detrás de su escritorio, con expresión demacrada y
casi desesperada.

No puedo creerlo, dijo nuevamente. No es posible.

Royce observó al Marqués con ojos entornados, manteniendo su preocupación cuidadosamente velada
incluso respondió en un tono tranquilo. Me temo que es muy posible, según lady Aimee.

Ella debe estar equivocada.

Ella insiste en que no. Y aunque estoy de acuerdo, en que debemos actuar con cautela y reservarnos la
sentencia, creo que debemos tomarla en serio.

¿Pero mi hermana? Lord Albright se detuvo en sus movimientos y puso sus manos sobre su cara.
Durante años ha vivido bajo mi techo. Me ha ayudado a cuidar de mis hijas. ¿Cómo...? ¿Por qué...?
Aún no puedo entenderlo.

Tolliver habló con voz introspectiva, como si estuviera estudiando la posibilidad en su mente. Odio
decirlo, Albright, pero tiene sentido. Lady Olivia nunca ha ocultado el hecho de que odiaba a su esposa.
El escenario me parece totalmente plausible.

Plausible o no, me piden que considere que mi hermana podría ser una asesina, el Marqués se quebró.
Creer que e se asoció con Stratton en un complot para matar a mi esposa y luego contrató a alguien
para librarse de mi hija, continuando mientras tanto todo el tiempo como si nada pasara. Sólo un
monstruo haría algo así. Es…

Debe considerarlo, nos guste o no, su amigo le interrumpió. No podemos ignorar esta pieza del
rompecabezas sólo porque Lady Olivia sea su hermana.

Levantándose de su silla, Tolliver se inclinó hacia adelante y apoyó sus manos sobre la mesa, su mirada
nunca se despegó de Lord Albright. Vamos, Philip. Si quitamos a Bedford como sospechoso, ¿qué nos
queda? Stonehurst y Lady Aimee la vieron en el jardín la noche de la cena. Y fuimos testigos de su
reacción cuando discutimos el retorno de los sueños de Lady Aimee, la mañana tras el ataque en la casa
Hawksley ¿Qué le sugieren las pistas?

No lo sé. El Marqués sacudió su cabeza diletante, mayor y más cansado, de lo que Royce nunca lo
había visto.

Entiendo su vacilación, milord, aventuró suavemente, levantándose y situándose al lado del marqués.
No sugiriendo que la llevemos a Newgate derecha en este instante, pero creo que ella debe ser
interrogada. Seguro que hay suficientes evidencias para justificarlo.
Negarse sería estar haciendo su hija un flaco favor.

Hubo un momento de silencio, luego Lord Albright dio un suspiro cansado y se trasladó a la puerta
para llamar a un sirviente.

“Señora Bellows”, dijo al ama de llaves cuando apareció, con voz renuente. ¿Por casualidad sabe dónde
está mi hermana ahora?

Creo que está en el salón, con el Barón Bedford, que ha venido de visita, milord.

Por favor, dígale que necesito verla en la biblioteca. Ahora.

La mujer regordeta asintió y se apresuró, y unos minutos más tarde, Lady Olivia aparecía en la sala.

Realmente, Philip, dijo, en su rostro mostraba su disgusto. Debo decir no me gusta ser convocada como
si fuera una humilde sierva. Y es bastante grosero que insistas en que deje a mi invitado para
entretenerte a ti, mientras…

El marqués, levantó una mano, silenciándola. Olivia, hay algo de profunda importancia que necesito
hablar contigo, y creo que sería mejor que te sentaras.

Arqueando una ceja altiva por sus formas abruptas, se sentó en una silla cercana y estiró sus faldas,
antes de prestarle atención. Muy bien. ¿Qué es?

Voy a hacerte una pregunta y quiero que me prometas contestarme sinceramente.

Claro. ¿Estabas aquí en la casa la noche en que Elise fue asesinada?

Hubo un silencio prolongado, Lady Olivia parpadeó con semblante ilegible. No entiendo, dijo
finalmente, con voz demasiado estricta y controlada. ¿Por qué me pides algo así? Sabes que yo no
estaba.

Royce dió un paso adelante y habló, sin poder permanecer en silencio a pesar de sus mejores
intenciones. Lady Aimee ha recordado varios detalles más de esa noche. Según ella, era tu rostro el que
vio esa noche en la ventana.

Algo brilló en las profundidades de los helados ojos azules de la mujer cuando miró en su dirección, y
la risa que escapó de sus labios sonó extrañamente chillona. ¡Eso es completamente absurdo!

¿Lo es?

¡Sí! La chica no sabe lo que está diciendo.

El tono despectivo de Lady Olivia, puso a Royce en el borde. Nunca había sido capaz de soportar esa
actitud despectiva y vengativa hacia Aimee y necesitaba muy poca provocación para desatar su
temperamento con ella. Su sobrina afirma que está bastante segura de lo que vió. Que recuerda
claramente su presencia.
¡Entonces ella miente! Levantando su mentón, Olivia miró a Royce antes de echar un vistazo en
dirección a su hermano. Felipe, por favor. Sabes que yo no podía haber estado aquí esa noche. Os
acompañé a ti y a Elise al baile de Briarwood y luego regresé a mi habitación y me retiré durante la
noche.

Ah, pero podrías haber estado aquí esa noche, Olivia. El marqués la miraba fijamente, un músculo
moviéndose en la línea de su mandíbula. Albright Hall está a sólo un paso de Londres. Y aunque odio
siquiera considerar la posibilidad de que pudieras haber jugado una parte en lo que le sucedió a Elise,
no puedo negar que todas las piezas empiezan a encajar.

Sus ojos se redujeron. ¿Estás realmente acusándome de estar implicada en su asesinato?

¿Crees que quiero creer que mi propia hermana pudo ser capaz de algo tan vil? Pero Aimee no mentiría
sobre esto, y tú y yo sabemos cuánto odiabas a Elise.

¡Tenía todo el derecho! Lady Olivia embistió desde su asiento, con su cara roja con rabia repentina y
las manos apretadas a sus costados. Desde el momento en que esa mujer entró en nuestras vidas ¡Lo
arruinó todo! Yo estaba feliz y enamorada y entonces ella lo echó todo a perder. Un sonido
estrangulado se le escapó antes de que el resto de las palabras salieran como una ráfaga.

¡Ella me quitó a Hawksley!

Y de repente todo encajó en la mente de Royce. Fragmentos de la conversación que había tenido con
Aimee en relación con su tía la noche de la cena y miró a la mujer con asombro. El hombre que la
abandonó, fue el anterior Lord Hawksley.

La revelación golpeó a los otros ocupantes de la habitación con la fuerza de un puñetazo. Lord Albright
frunció el entrecejo y dio un paso atrás y aún Tolliver palideció. Pero Olivia ignoró su reacción y centró
su mirada febril en Royce.

Sí, escupió. Fue Hawksley. Me dijo que su familia no aprobaba el matrimonio de Philips con Elise y
que no podía casarse conmigo, para años más tarde enamorarse de Elise, él mismo. Como si nuestra
relación nunca significara nada para él. El veneno que había en su tono era inconfundible. No podía
soportar verles a los dos juntos. Hablando y riendo y susurrando en las esquinas. En la noche del baile
Briarwood, finalmente me decidí a enfrentarle.

El Marqués se hundió en una silla, su mirada nunca se despegó de su hermana. ¿Y? le pidió
tranquilamente.

Y afirmó que no había nada de naturaleza romántica entre ellos. Que los rumores de su romance eran
falsos y que siempre me amó. Ella hizo un encogimiento rebuscado. No le creí. Y cuando encontré la
nota, me pareció que tenía una buena razón.

¿Qué nota? La pregunta vino de Mingus, que se había inclinado hacia delante en su asiento y la miraba
estrechamente.
Una pidiéndole reunirse con Elise aquí en la casa, después de la medianoche. Cayó de su bolsillo antes
de dejar el baile. Por supuesto, no se dió cuenta en ese momento que había sido falsificado por Lord
Stratton. En un movimiento repentino, se enfrentó a su hermano. ¡Aquí! Admitió. ¡Sí, estuve aquí esa
noche! pero yo no tuve nada que ver con la muerte de tu esposa. Estaba esperando fuera que Hawksley
llegara con la esperanza de capturarle a él y a Elise en medio de sus escarceos. Cuando Lord Stratton,
apareció no sabía qué pensar. Y luego sacó un arma.

Lord Albright sacudió su cabeza, con aspecto pálido y confundido. Fuiste testigo, exhaló, con expresión
de incredulidad aturdida. Viste todo. Sabías desde el principio que Lord Stratton mató a Elise y que
Hawksley era inocente, sin embargo, te mantuviste en silencio.

Estaban ambos muertos. ¿Qué bien habría hecho si hubiera contado lo que sabía? No les habría traído
de vuelta.

¡Por Dios, Olivia, dejaste que el verdadero asesino quedara libre! ¡Sabías la verdad y dejaste que un
hombre inocente fuera arrastrado por el barro durante años!

¡Él lo merecía! Lady Olivia, chirrió, con su mentón desafiante. Sin una chispa de remordimiento en sus
ojos fríos. Por el dolor que me había causado. Me rompió el corazón. Se merecía ser pagado en igual
medida.

Royce, que había observado todo el intercambio en silencio, finalmente perdió la paciencia. ¿Y qué
tiene que decir de Aimee, milady? Sedosa, controlada, su voz sonaba peligrosamente suave. ¿Ella se lo
merecía?

Hubo un segundo de silencio, cuando todos miraron asombrados en su dirección, pero estaba
demasiado enojado para prestar atención a las miradas sorprendidas. Era obvio que esa mujer sólo se
preocupaba por ella misma, por nada y por nadie, y estaba tentado de agarrarla por el cuello y acabar
con su vida.

Él merodeaba cerca de ella, su gran cuerpo prácticamente vibrando con la fuerza de su furia.

Durante años, su sobrina ha sufrido debido a lo que ocurrió esa noche. Debido a la pérdida de sus
recuerdos. Y la dejó así sin hacer nada al respecto.

No lo hice…

¡Lo hizo! Fuera de su visión periférica, Royce era consciente de que el marqués, le miraba
boquiabiertos por el asombro, pero no podía detenerse. No ahora que tenía delante a su presa y en la
punta de la lengua todo lo que había querido decirle a esa mujer en nombre de Aimee. ¿Pero no
importaba, no? Deseaba verla sufrir. La gustaba criticarla, descalificarla, porque era su forma de
castigarla. De castigar a lady Albright a través de su hija ¿no es así?

¿Cómo se atreve? Lady Olivia, se giró dándole la espalda y situándose enfrente de su hermano. ¿Por
qué no me escuchaste, Philip y lo dejaste pasar? Pero tenías que ir dragado el pasado, investigando
asuntos que estaban mejor enterrados. Debería haber sabido, que algo extraño pasaba, cuando el duque
de Maitland, me hizo todas esas preguntas acerca de Aimee y de la noche que fue asesinada Elisa, pero
nunca pensé que alguien pudiera espiar a su propia hermana. Eso es una barbaridad y…

Olivia, ¡si no dejas de croar en este instante, te juro que te voy a amordazar!

La mujer frunció el entrecejo y retrocedió, asombrada ante la reprimenda de su hermano, pero Royce
estaba demasiado preocupado para disfrutar del enfrentamiento.

Por alguna razón, sus palabras le erizaron el pelo de la nuca. No tiene ningún sentido. ¿Por qué
preguntaría el duque de Maitland a Lady Olivia sobre Aimee?

Ni el Marqués ni Tolliver, habían incluido a Maitland en la investigación y Royce no podía pensar en


ninguna otra razón para el interés de duques. Por supuesto, su madrastra era la carabina de Aimee,
podría ser sólo curiosidad.

Aún así, algo no estaba bien...

Un terrible presentimiento le invadió de repente, dejándole helado de miedo, se volvió y corrió hacia la
puerta.

¿Stonehurst, que infiernos está haciendo?

Royce no se detuvo para responder a los gritos de Tolliver. No podía. Todo lo que podía pensar era en
llegar a la casa Maitland tan rápido como pudiera.

¡Dios, había pasado todo este tiempo rechazando a Aimee!, negando el amor que le consumía, ahora
que sabía sin sombra de duda lo que él sentía por ella, ¿sólo para perderla de todas formas?

Capítulo 22

"Así que ¿Olivia ha estado detrás de todo esto desde el principio?"

La exclamación sorprendida de Theodosia resonó en la quietud de la sala, y Aimee contuvo una mueca
de dolor, le latía la cabeza en las sienes desde la salida de Royce.

"Parece que es verdad", dijo con gravedad. "Yo no quería creerlo, pero todas las piezas parecen
encajar."

La viuda, que estaba sentada en el sofá enfrente de Aimee, negó con la cabeza aturdida. "No sé por qué
estoy tan estupefacta. Nadie odiaba a tu madre más que Olivia, y habría adaptado sus propósitos para
deshacerse de Elisa si hubiera podido. Pero estábamos tan seguros de que Stratton actuaba solo. No
había razón para sospechar de nadie más”.

Inquieta, Aimee se levantó y se acercó a la ventana para contemplar Park Lane. Justo debajo estaban
los guardias que había dejado Royce, para mantener tranquilo el perímetro de la calle, y reconoció a
uno de ellos como Edmundson, una venda le cubría su lesión de aquel terrible día en los acantilados.
Durante varios minutos, observó a los dos hombres sin ver, sus pensamientos estaban muy lejos.

Algo la molestaba en el fondo de su mente, pero no podía poner el dedo en lo que era, y su cerebro
estaba demasiado confuso en este momento para tratar de averiguarlo.

"¡No está bien!", murmuró en voz alta, sus dedos se clavaron en la madera pulida de la repisa de la
ventana hasta que estuvieron exangües. "Todos estos años que ha pasado a mi tía riéndose de nosotros
al mismo tiempo que representaba su farsa. Me duele pensar que haya vivido en la misma casa con mi
familia, cuando debería haber estado en Newgate pagando por sus crímenes."

"Bueno, me imagino que va a pagar ahora", dijo Theodosia detrás de ella. "Siempre supe que esa mujer
era una bruja cruel e intrigante, pero nunca imaginé que pudiera ser tan indescriptiblemente malvada.
Newgate sería demasiado bueno para ella."

Aimee se apartó de la ventana para encontrarse con la mirada de la anciana. "Por lo menos esta
pesadilla por fin ha terminado. No tendré que mirar más por encima de mi hombro, preguntándome si
alguien me va a empujar por un precipicio o a tirarme por unas escaleras."

La expresión de la viuda reflejaba claramente su malestar al recordar el peligro que había atormentado
a su joven pupila las últimas semanas. "Sí, eso es una cosa que se agradece. No puedo creer que
estuviera tan ignorante de a que te enfrentabas. Cuando pienso en ti colgando sobre el borde de ese
precipicio…” Se estremeció. "Debías habérmelo dicho, hija."

"Yo quería", Le aseguró Aimee, sintiéndose adecuadamente castigada, se removió en la silla. "Pero
papá pensó que sería mejor que sólo lo supiéramos entre nosotros. No quería asustarla o causarle
ninguna molestia."

"Hmm. Debes saber ahora, que no se me asusta con facilidad. Y me causa más estrés que no compartas
tus problemas conmigo." Un brillo astuto de repente iluminó los ojos de Theodosia y se inclinó hacia
delante en su silla, apoyándose en su bastón. "Y yo que creía que nuestra prisa en el camino de
Cornualles, no se debía a una necesidad más urgente que la publicación de las amonestaciones.
Después de todo, tu desapareciste de tu cama durante unas horas, la noche que dejamos Stonecliff.

Tomada por sorpresa, mientras estaba sentándose, Aimee abrió la boca y cayó hacia atrás, golpeando
los cojines lo suficiente para que saliera el aire de ellos. Aspirando una bocanada de aire, mostró su
consternación.

"Bueno, no es necesario mirarme boquiabierta como si estuviera completamente loca", dijo Theodosia,
agitando la mano de una manera imperiosa. "Puede que no sepa de algunas cosas, pero no es el caso de
mujeres jóvenes que se levantan a escondidas de sus camas cuando se supone, que están
profundamente dormidas. La única razón por la que no te he reclamado es porque tengo un gran respeto
por lord Stonehurst, y sé que él cuida de ti. Él es un hombre honorable, y si te ha comprometido de
alguna manera, estoy segura de que hará lo necesario para rectificar la situación. "
Inclinando la cabeza, examinó Aimee con una intensidad desconcertante. "Hay una propuesta de
matrimonio a la vista, ¿no?" El tono de la anciana era agudo como una cuchilla. "Voy a reclamar a ese
joven, si él no está a la altura."

Antes de que Aimee, pudiera recuperarse de su turbación lo suficiente como para emitir una respuesta
coherente, una voz resonó desde la puerta.

"¡Eh!"

El rostro rubicundo envuelto en una sonrisa alegre, del duque de Maitland entró en la habitación, su
repentina aparición sorprendió a las dos.

"Qué sorpresa tan agradable madrastra," gritó jovialmente, cerrando la puerta detrás de él y cruzar
hacia el sofá para llevar la mano Theodosia a sus labios como saludo. "No esperaba verte en varios días
más."

La viuda reconoció su bienvenida con una inclinación fuerte de la cabeza. "Sí, me temo que hubo un
cambio de última hora en los planes. Lord Stonehurst tenía algo urgente que atender aquí en la
ciudad."

"Ya veo." Un fruncimiento del ceño afeó el rostro del corpulento duque. ¿Y “este” asunto urgente
"tiene algo que ver con los dos hombres armados que prohíben a la gente el acceso a mi casa?"

Su voz sonaba un poco contrariada por tal imposición, y Aimee se levantó tímidamente de su asiento
antes de aclararse la garganta para responder. "Lo siento, señoría", aventuró ella, con las mejillas
encendidas. "Es por mi culpa."

La perplejidad se asomó a su rostro rubicundo. "Perdona, querida, pero ¿por qué habría que ser tu
culpa?"

Aimee sabía que merecía una explicación, pero no tenía idea de por dónde empezar, así que miró a
Theodosia, en silencio pidiendo ayuda.

Y la viuda obligada, relató de manera rápida los detalles de los atentados contra la vida de Aimee y lo
que ella recordaba de la noche de la muerte de su madre. En el momento en que acabó, el duque se
había sentado en el sofá, con expresión de incredulidad, mirando a Aimee.

"¡Qué asombroso!”, exclamó. "Y dice que ¿Lady Olivia fue la responsable de todo esto?"

Aimee asintió con la cabeza. "Por desgracia, sí. Lord Stonehurst está en casa de mi padre
enfrentándola en este momento." Se miró las manos cruzadas en su regazo, mientras las lágrimas
humedecían sus pestañas. "Simplemente no lo entiendo. Sabía que tía Olivia odiaba a mi madre, ¿pero
conspirar para matarla? ¿Cómo pudo hacer algo así?"

Theodosia suspiró. "Me temo que a los ojos de su tía, el matrimonio de tu padre y tu madre y el
escándalo que le acompañó le costó, todo lo que era importante para ella. El buen nombre de su
familia, su prestigio en la sociedad y el hombre del que estaba enamorada. Tal vez pensó que era la
única manera de recuperar lo que había perdido. Olivia nunca fue muy racional cuando se trataba de
Elisa. "

"Sí, bueno, la gente tiene una tendencia a ser más irracional cuando están en peligro de perder todo lo
que les pertenece."

Esta declaración que hizo Maitland, y algo en su forma de hablar, la extraña nota en su voz, atrajo de
inmediato la atención de Aimee. La miraba de cerca, sus ojos brillaban con una luz extraña que la hizo
sentir vagamente incómoda.

"¿Es todo lo que puedes recordar de esa noche, querida?" dijo, su mirada ávida estaba fija en su rostro.
“Stratton dijo que usted pensaba que alguien más que Lady Olivia podría haber estado involucrado"

Por alguna razón, el dolor de cabeza que había pulsaba en sus sienes se hizo más profundo, estallando
en una bola de fuego que quemó el interior de su cráneo, como cuchillos de fuego. El dolor era casi
más de lo que podía soportar. Balanceándose en su silla, dejó que sus pestañas se cerraran, la sala
comenzó a desdibujarse a su alrededor.

De repente ya no estaba en la sala de la Casa Maitland, sino de vuelta en la biblioteca oscura de sus
pesadillas, y Lord Stratton la sacudía, reprendiéndola, aunque ella no podía escucharle por el sordo
zumbido de sus oídos. Sabía que si miraba por encima del hombro vería a su tía mirándoles a través
del cristal empapado por la lluvia de las puertas francesas, pero esta vez se obligó a concentrarse en
Stratton, en su rostro abigarrado que resplandecía enfurecido mientras su boca formaba las palabras que
ella no podía oír.

Debes escuchar. No ha terminado. Nunca terminará hasta que recuerdes todo....

Las advertencias de su madre resonaron en su cabeza, y finalmente todo encajó en su lugar. Ahora todo
tenía sentido. Lo importante, no era la presencia de Lady Olivia allí esa noche. Era todo lo que había
dicho Lord Stratton. Eso era lo que mamá había estado tratando de decirle todo el tiempo.

Al comprenderlo, el molesto zumbido se desvaneció como si nunca hubiera existido, y su oído regresó
con una claridad cristalina.

"Eres una pequeña puta", gruño Stratton, escupiendo saliva de su boca mientras la apretaba
cruelmente en sus brazos. "Si sabes lo que es bueno para ti, te olvidarás de todo lo que viste aquí esta
noche. Todo. Porque si se lo cuentas a alguien, Maitland me enviará de vuelta aquí para matar a tu
precioso papá y a tus hermanas también. Los verás morir, al igual que viste morir a tu madre. Así que
mantén cerrada la boca. "

Aimee se sacudió volviendo de nuevo al presente, su corazón golpeaba contra sus costillas con fuerza,
su mirada se centró en el duque, que se inclinaba hacia delante en el sofá, mirándola con el ceño
fruncido.

"Usted ha recordado algo, ¿no?" le dijo en voz baja, y por un breve instante se le veía realmente
arrepentido. "¡Qué desgracia! Supongo que fue un error preguntar, pero tenía que saberlo. Tuve que
averiguar si ese idiota Stratton había dejado caer algo esa noche, algo que me pudiera incriminar.
Siempre juró que no lo había hecho pero no estaba seguro. “Poniéndose de pie, sacó una pistola de
aspecto malvado del bolsillo interior del abrigo y la levantó apuntándola calmadamente. "Parece que
tenía razón para estar preocupado."

Theodosia se quedó rígida, con el ceño fruncido, mirando indignada a su hijastro. "Maitland, ¿has
perdido la cabeza? ¿Qué demonios estás haciendo?"

"Limpiando el lío, lo que debería haber hecho Stratton antes de que tuviera la mala suerte de hacerse
matar."

Aimee se tragó la bilis y se aferró a los brazos de su silla, incapaz de apartar los ojos del cañón de la
pistola que le apuntaba. "Él es el único, su gracia", susurró ella, luchando por mantener la voz firme a
pesar de su miedo. "Él es el único que conspiró con Lord Stratton, no tía Olivia."

"Eso no es posible." La mirada incrédula de viuda viajaba de uno a otro, antes de decidirse por el
duque. "Warren, no sé lo que estás tratando de probar, pero dile que no pudiste..."

"Oh, le aseguro que pude y lo hice", le interrumpió, con expresión muy seria. "Pero yo no tenía otra
opción. Tuve que hacerlo para lograr lo que me corresponde por derecho." Se produjo un silencio
opresivo, y cuando Theodosia, se dirigió a su hijastro su voz era solo un susurro apenas audible.
"Randall te lo dijo, ¿no?"

Maitland hizo un gesto con la cabeza en su dirección, estudiándola con evidente interés. "Ah. Entonces,
¿sabía usted que Elisa Marchand era hija bastarda de mi padre. A menudo me lo preguntaba."

Aimee parpadeó, sorprendida y confundida por lo que acababa de escuchar. ¿Qué tipo de estratagema
era esa? Estaba el hombre en realidad, tratando de decir que.... No, no podía ser.

Pero aunque negaba la posibilidad, la viuda estaba asintiendo con la cabeza de mala gana, los labios
apretados en una línea delgada blanca. "Sí, lo sabía. Randall confió en mí justo antes de que se pusiera
tan mal, justo cuando Elisa entraba en la sociedad como nueva marquesa Albright."

La tranquila confirmación de la anciana, sacudió Aimee, dejándola perdida y tambaleante. ¿Su madre
había sido hija ilegítima del difunto duque de Maitland? Fue demasiado para ella, y fue aún más difícil
aceptar que Theodosia, una de las pocas personas en las que había depositado su fe, había sido
consciente de ello y lo había mantenido en secreto.

"Su Gracia", balbuceó, abrazándose en una postura defensiva, como si pudiera evitar así el sentimiento
de traición que amenazaba con desbordarla. "¿Es eso cierto?"

La mirada que Theodosia le envió estaba plagada de dolor y pesar. "Me temo que sí, querida", admitió
con voz ronca." Lo siento, pero Randall me hizo jurar el secreto, y yo tenía que cumplir con sus deseos.
Sabes, él acababa de saber quién era Elisa, y no había tomado ninguna decisión firme sobre lo que
hacer al respecto."

"Oh, él había tomado una decisión, pero nunca le di la oportunidad de actuar en consecuencia."
La sombría declaración de Maitland, hicieron brillar la sospecha en los ojos de su madrastra, que se
volvieron hacia él.

"¿Qué estás diciendo?" dijo sin aliento.

El duque soltó una risa que no tenía nada de divertida. "Estoy diciendo que el viejo me llamó a su
dormitorio una noche poco después de que su enfermedad se agravara. Sospechaba que el tiempo que
le quedaba para vivir era limitado, y quería que yo supiera de Elisa. Él planeó el reconocimiento
público como a su hija e iba a asegurarse de que recibiera su parte de la riqueza Maitland”. Hizo un
gesto enojado con su arma. "Bueno, yo no podía dejar que eso sucediera, ¿verdad? ¿Se imagina el
escándalo que hubiera hecho caer en nuestra familia cuando anunciara a la sociedad que la actriz más
notoria de Londres era mi hermana bastarda?"

Una de las esquinas de su boca se torció en una mueca de maliciosa satisfacción. "Así que tuve que
evitarlo."

La viuda palideció y pareció encogerse sobre sí misma, cayendo de nuevo sobre los cojines del sofá,
como si ya no fuera capaz de sostenerse a sí misma en posición vertical. "Warren, no lo hiciste… Era tu
padre… Claramente incapaz de continuar, sacudió la cabeza.

Maitland se encogió de hombros en un gesto que era más escalofriante aún, por su indiferencia.

"Fue fácil, realmente. El luchaba por respirar, así que todo lo que tuve que hacer fue poner la almohada
sobre su rostro, hasta que se paró.... Le hice un favor sacándole de su miseria. Su madrastra emitió un
débil gemido, él le lanzó una mirada feroz. ¡Cállese! ¿No ve que tenía que hacerlo? ¿Debía
mantenerme al margen y dejar que arruinara nuestras vidas? ¡Renunciar a una parte de mi herencia a
manos de una maldita ramera! ¡Sobre mi cadáver!"

Aimee sentía toda la sangre huir de sus venas, mirando boquiabierta a ese hombre que había conocido
desde niña. ¿Cómo podía haberla engañado con su actitud afable? El duque era un monstruo que había
asesinado a su propio padre a sangre fría antes de planear el asesinato de su madre. Fue el responsable
de la contratación de un asesino que había sido su terror en las últimas semanas, y sin embargo ella
nunca lo había sospechado.

"Por supuesto, siempre y cuando Elisa estuviera viva, era una amenaza", añadió con frialdad. "No
podía correr el riesgo de que averiguara quién era en realidad algún día. Fue entonces cuando terminé
reclutando a Stratton. Ya estaba medio loco y obsesionado con ella hasta los huesos, por lo que tuve
que insistir muy poco para convencerle de que era una mujerzuela infiel, que conduciría a los hombres
a la ruina si no se la eliminaba. Y al final Lord Hawksley fue nuestro conveniente incauto."

Su mirada fría se centró en Aimee, perforándola con su hostilidad. "Las cosas no salieron según lo
planeado, sin embargo, gracias a su intervención. Usted fue testigo de todo, y Hawksley llegó antes de
que ese idiota Stratton pudiera terminar el trabajo. Así que usted puede imaginarse nuestro gran alivio
cuando nos enteramos de que los recuerdos de esa noche se habían borrado de alguna manera de su
memoria. Al pasar los años y no mostrar signos de recordar nada, empezamos a bajar la guardia, a creer
que estábamos a salvo. Y cuando la parte que Stratton, había jugado en el crimen fue descubierta y lo
mataron sin que me nombrara a mí, como cómplice, creí que todo había terminado para siempre. "

"Pero luego me oyó hablar a Lord Stonehurst de mis pesadillas en la noche de la cena" Aimee
conjeturó, capaz de adivinar cómo los acontecimientos se había desarrollado a partir de ahí. "Se asustó
y me empujó por las escaleras."

Un tic palpitaba en su mandíbula. "En ese momento, me di cuenta de que no podía permitirme el lujo
de que usted viviera. No sin saber lo que Stratton podría haber dicho o hecho que me implicara delante
de usted. Su caída por las escaleras fue un intento mal concebido y desesperado por mi parte, lo
reconozco. Y cuando no se rompió el cuello como esperaba, llegué a la conclusión de que sería mejor
pagar a alguien para llevar a cabo la acción”.

"Pero el hombre que contrató falló también."

"Para mi decepción. Pero parece que usted no va a encontrar ayuda una vez más. Y ahora tengo a dos
personas de las que librarme yo sólo. Bastante inconveniente, ¿no?”

"Entonces, ¿qué planeas hacer ahora?" dijo Theodosia. Al parecer, había recuperado un poco de su
temple, la viuda miraba ceñuda a su hijastro, su pecho temblaba por la fuerza de su ira. "No nos puedes
disparar aquí en las narices de los sirvientes que llenan la casa."

"Es cierto", admitió el duque. "Pero me imagino que no pensarán nada si las llevo a pasear por el
parque en un carruaje. Sólo para mantener su mente lejos de este desagradable asunto de Lady Olivia,
ya me entiende. Y cuando nuestro cochero se enfrente a los bandidos, yo seré el único superviviente del
ataque... Bueno, no habrá razón para que alguien sospeche, ahora que Olivia, ha sido acusada. “Él
arqueó una ceja, su boca se curvó en una sonrisa burlona. "Mi plan es tomar todas las precauciones
para asegurarme de que parece que he luchado con valentía para intentar salvarlas a ambas. Algunas
contusiones y cortes. Tal vez una herida de bala en el brazo o la pierna. Nadie dudará de que hice todo
lo posible para defender a mi querida madrastra y a su inocente protegida”.

Aimee respiró hondo, tratando de mantener su rostro en calma, mientras sentía el miedo crecer
rápidamente.

"Se olvida de que Lord Stonehurst dejó a dos de los hombres de Tolliver, aquí para cuidar la casa.
Nunca logrará pasar con nosotras."

"Ah, pero ahí es donde te equivocas, querida." Maitland levantó su mano libre en un brusco
movimiento, y las puertas francesas cercanas se abrieron, entrando Edmundson, que paseaba por la
habitación con tanta naturalidad como si perteneciera a ese lugar.

"Ya ve", continuó el duque, haciendo un gesto hacia el hombre con una reverencia. "Uno de los
guardias ha decidido que le gusta el color de mi dinero mucho más que el de Mr. Tolliver."
Aimee se quedó sin palabras. Justo cuando estaba segura de que nada podría sorprenderla, lo lograron
de nuevo. ¡No era de extrañar que el asesino contratado por Maitland, hubiera podido acercarse
sigilosamente a ella, tan fácilmente el día en que había sido empujada por el precipicio!

"¿Qué pasa con el otro guardia?" Preguntó Maitland a Edmundson, con tono áspero e impaciente.

"No se preocupe," le informó el hombre con evidente entusiasmo. "Le golpeé el cráneo con una piedra
y arrojé su cuerpo entre los arbustos, detrás de la casa. Puedo garantizar que no se despertará."

"¿Y mi coche?"

"Listo y esperando, como usted solicitó. Su conductor ya está tomando una siesta larga y bonita en el
desván de la cochera. Y no se preocupe, me aseguré de que no viera quien le golpeaba".

"Muy bien". Osciló la pistola frente a Aimee y Theodosia, una vez más y luego giró la cabeza hacia las
puertas francesas. "Vamos. Nos vamos."

Aimee intercambió una mirada aprensiva con la viuda. A pesar de estar tentada a negarse a cooperar,
probablemente les serviría de poco. Así que se puso de pie y ayudó a la anciana a levantarse de su
asiento, con su mente acelerada todo el tiempo. En este punto, todo lo que podía hacer era rezar para
que Stonehurst volviera antes de tiempo y se diera cuenta de que algo andaba mal.

Mientras tanto, ella tendría que idear un plan propio para salir de ese lío.

Con la viuda aferrada a su brazo y seguidas de cerca por Edmundson, siguió al duque a través de las
puertas francesas y por el camino empedrado que rodeaba esa parte del edificio, su mirada frenética
barría su alrededor. Park Lane estaba relativamente tranquila y desierta a esa hora del día, y sólo unos
pocos peatones caminaban por las aceras, demasiado lejos para que si gritaba pidiendo ayuda, la
pudieran auxiliar.

El carruaje estaba esperándoles en la curva del camino, los caballos enjaezados y haciendo cabriolas.
Ocultos como estaban por una hilera de setos altos, era muy improbable que alguien fuera capaz de
verlos desde la casa. Edmundson inmediatamente se subió en el pescante, y Maitland abrió la puerta,
teniendo cuidado de mantener la culata de su arma oculta en los bordes superpuestos de su chaqueta,
aunque el cañón, apuntaba directamente a sus futuras víctimas.

"Entrad", ordenó.

Theodosia lo enfrentó mirándole con odio, antes de entrar ayudada por su bastón, y Aimee se deslizó
detrás de ella. Tan pronto como ella se acomodó en el asiento de enfrente, Maitland lanzó una
blasfemia y prácticamente se lanzó dentro del coche, cerrando la puerta detrás de él.

"¡Ese maldito Stonehurst!" siseó.

Una oleada de alivio se apoderó de Aimee, y estiró el cuello para poder ver por la ventana.
Efectivamente, vio a Royce galopando hacia ellos por el tortuoso camino, como el caballero blanco en
su fiel corcel de los cuentos de hadas, de vivieron felices y comieron perdices.
Pero aunque su corazón se alegró, Maitland aporreó en el techo del carro.

"¡Vamos, estúpido!" gritó a Edmundson. Entonces, cuando el carruaje se puso en marcha, se inclinó
fuera de la ventana, mecido por la marcha, se inclinó por la ventana y apuntó su pistola.

Si realmente planeaban disparar a Royce o hacerle un disparo de advertencia o simplemente blandirla


amenazadoramente, Aimee no lo sabía y no le importaba. Sólo que al ver que el objetivo era el hombre
que amaba, algo saltó en su interior y una nube roja ensombreció su visión. Ese monstruo, la había
hecho perder mucho más, de lo que cualquier persona debería tener que perder, y de pronto se
enfureció violentamente. Era hora de que el ratón empezara a luchar de nuevo.

Con un grito, se abalanzó sobre el duque, cogiéndole por la muñeca y desviando el brazo hacia arriba
tan fuerte como pudo, golpeándole contra el marco de la ventana en un intento de hacerle soltar el
arma. Al mismo tiempo, Theodosia levantó su bastón, que impactó sólidamente en la espinilla. Maldijo,
y sonó un disparo, la bala fue disparada inofensivamente al aire.

Y los caballos aterrorizados aprovecharon para desbocarse.

Royce estaba a varios metros de distancia cuando oyó el eco de un disparo de pistola, y la sangre se le
heló en las venas, espoleó a su caballo a un galope rápido, más duro. Aunque no podía ver con
suficiente claridad para saber lo que estaba pasando dentro del coche, no había duda de que luchaban, y
sospechaba que un conocido gatito había desnudado sus garras para la venganza. Sólo podía rezar para
que ella no fuera la que estaba al otro lado del cañón, cuando se disparó la bala. La posibilidad le
llenaba de un pavoroso terror, más allá de lo que nunca antes había conocido.

Pronto se hizo evidente que el disparo también había logrado asustar a los caballos, Royce podía ver al
conductor que luchaba para controlarlos. Pero parecía que el hombre fracasaba en esa tarea, el
transporte de repente se salió de la calzada y se dirigió a través de la amplia extensión verde que
separaba la casa Maitland de la casa de al lado, aumentando la velocidad de su paso. Dirigiéndose a
través del césped en pendiente, evitando un muro bajo de piedra y dirigiéndose directamente hacia un
estanque que estaba rodeado por un bosquecillo de árboles.

¡No!, rugió la mente de Royce, las visiones del faetón volcado de su hermano, de Cordelia aplastada y
con el cuello roto, pasaban por delante de sus ojos. Era como revivir uno de los peores días de su vida
otra vez, y no había manera de que pudiera llegar a tiempo para detener lo que iba a suceder.

Atónito por el horror, vio como los caballos trataba de hacer un viraje en el último minuto.

Pero ya era demasiado tarde. El carruaje se estrelló en el estanque con un golpe fuerte, y luego se volcó
de lado, haciendo caer al conductor.

Una fracción de segundo más tarde, Royce frenaba su montura a corta distancia, apenas llegó a pararse
completamente antes de que se arrojara de la silla y corriera hacia el estanque, gritando el nombre de
Aimee. Sólo era vagamente consciente de los sirvientes que llegaban a la carrera desde la casa
Maitland, convocados por el sonido del disparo.
Recorrió la superficie del agua para detectar cualquier signo de movimiento, se quitó la chaqueta y las
botas, rezando como no había rezado desde que era un niño pequeño. El estanque no se era
particularmente profundo, pero suficiente para sumergir la mayor parte del coche, y cualquier persona
que quedara atrapada o demasiado herida para escapar estaba en grave peligro de ahogarse.

No dudó, sino que se lanzó y nadó con movimientos largos y continuos, intentando llegar al carruaje.
Todo lo que podía pensar era en llegar hasta Aimee, y contaba cada segundo. Pero antes de que se
hubiera ido muy lejos, una pequeña cabeza salió a la superficie del agua cerca de la orilla de la laguna,
tosiendo y escupiendo. Y cuando un par de conocidos ojos de color ámbar en un rostro pálido y
húmedo se volvieron hacia él, sintió una ola inmensa de alivio.

¡Gracias a Dios!

Cambiando bruscamente de dirección, nadó hacia la pequeña, tomando conciencia sólo cuando se
acercó a ella de que llevaba algo a remolque detrás de ella.

"Ayúdeme", dijo Aimee. "Theodosia."

La viuda era un peso muerto en sus brazos, arrastrándola hacia abajo, y Royce inmediatamente la alivió
de su carga. Envolvió un brazo alrededor de la anciana para mantener su cara fuera del agua, y se
dirigió a la orilla con el ritmo que Aimee marcaba a su lado, que era lento, y él se mostró agradecido
cuando uno de los lacayos de la casa Maitland se metió para ayudarle a llegar a tierra seca.

Una vez que dejó a Theodosia a cuidado de una criada, se desplomó en un banco, apretando a Aimee
contra su pecho. Era evidente que estaba cansada y sin aliento, pero milagrosamente libre de lesiones, y
él estaba tan lleno de alegría por tenerla de vuelta en sus brazos, que no pudo contenerse de abrazarla
con fuerza.

"Th-Th-" Entre el castañeteo de dientes, luchaba para formar palabras y se aferró a su camisa mojada.

"Shhh", murmuró, depositando un beso en su sien. "Estás a salvo, mi amor. No trates de hablar."

"Pero...Theodosia"

"Está bien. Ella respira, y su personal se ocupa de ella."

Hubo un breve silencio y luego volvió a hablar, en un ronco susurro. "Lo hice, Royce".

"¿Qué has dicho, gatito?

"Lo hice. Sobreviví a tu maldición. Ahora no hay más excusas."

No tenía idea de cómo responder a eso, por lo que permaneció en silencio, viendo como los sirvientes
levantaban un cuerpo destrozado de las profundidades del carro. Era evidente por el ángulo que el
cuello de Maitland estaba roto, y sólo podía agradecérselo al destino, si el hijo de puta hubiera estado
vivo, le habría matado el mismo.
En sus brazos, Aimee de repente hizo un gesto impaciente, como si estuviera a punto de levantarse,
pero él la aferró, no estaba dispuesto a dejarla ir. No creía que nunca estuviera dispuesto a dejarla ir. No
después de esto.

"Dios, casi te pierdo hoy", le susurró al oído, apoyando la barbilla en su mano y levantándole la cara
para poder mirarla a los ojos. Incluso mojada y sucia, nunca le había parecido tan hermosa. "Por favor,
Gatito, nunca me dejes."

Y apretó los labios con los ella en un furioso pero tierno beso, prometiéndola que él haría todo lo
posible a partir de entonces, para asegurarse de que nunca lo hiciera.

Capítulo 23

"Por favor, Theodosia, debe descansar todavía. Sabe que el médico ha dicho que no puede esforzarse
por ninguna razón."

Ante la advertencia de Jillian, la viuda se dejó caer contra las almohadas irritada, sus fosas nasales se
dilataron en evidente descontento. "Fustian. Ese hombre es un matasanos. Estoy perfectamente bien, y
no necesito que se ciernan sobre mí como si estuviera a punto de exhalar mi último suspiro".

Ella interrumpió su declaración con una mirada petulante hacia el pequeño grupo de personas reunidas
alrededor de su cama. Aimee, sus hermanas y su padre, ninguno de los cuales se dejó intimidar
especialmente por sus quejas.

"Casi se ahogó hoy día, Su Gracia", señaló Lord Albright desde donde se encontraba a los pies de la
cama. Sus brazos se cruzaron y él era imagen de la severidad. "Tiene que descansar y recuperar fuerzas.
Y si se niega a cooperar, le aseguro que no voy a dudar en solicitar a sus sirvientes que la aten."

Theodosia dio otro suave jadeo, pero no discutió más. Era una indicación de cuán débil estaba debajo
de todas sus bravatas.

Sentada en una silla junto a la cama, Aimee examinó las normalmente regias facciones de la viuda con
una preocupación, que no podía ocultar. Pese a sus protestas, la mujer se veía cansada y demacrada. Su
piel estaba pálida y delgada como pergamino, tirante sobre los huesos de la cara, y había círculos
oscuros debajo de los ojos.

A medida que notó la expresión ansiosa de Aimee, el rostro deTheodosia se suavizó. "No te preocupes
así, hija", murmuró. "Sabes que soy más resistente de lo que parezco. Y no te olvides, de que yo no era
la única en el carruaje".

"Ella está bien, querida." Su padre dio la vuelta a la cama para colocar su mano sobre el hombro de su
hija menor. "Has pasado por mucho en las últimas semanas, y el médico me dijo que necesitaba
descansar también. Cuando pienso en todo lo que has sufrido"

"Estoy bien, papá." Le miró tranquilizadora. "En realidad".


"Sin embargo, debes hacerlo", dijo Maura mientras se levantaba de su silla y se ponía de mala gana de
pie. "Theodosia debería estar durmiendo, y nosotros..."

"Esperen, por favor." La viuda hizo hacia ella un gesto suplicante, levantándose ella misma, con una
velocidad que desmentía su fragilidad. "Antes de iros, os debo una explicación. Yo... tengo que pedir
disculpas".

Jillian, que estaba sentado en el borde de la cama, presionó su espalda con suavidad. "No seas tonta. No
tienes nada de qué disculparte."

"Sí, lo tengo. Debería haber hablado hace mucho del vínculo de mi marido con Elisa, pero..." La
anciana se detuvo, mordiéndose el labio, luego respiró hondo antes de continuar con voz ahogada. "El
año después de la muerte de su primera esposa, Randall tuvo un romance con una joven sirvienta de su
casa. No le estoy excusando. Él era mucho mayor que la chica y sabía muy bien que se equivocaba al
aprovecharse, pero estaba triste, y creo que su amor le hizo olvidar su dolor por un corto tiempo. "

Aimee sentía tensa la mano de su padre en el hombro. "Hasta que se quedó embarazada", concluyó.

La viuda asintió con la cabeza tristemente. "Randall habría asumido la responsabilidad del niño, pero
ella nunca le dio la oportunidad. Tal vez creía que iba a tratar de arrebatarle el bebé, o tal vez
simplemente le entró miedo. Cualquiera que fuera la razón, un día simplemente desapareció. Durante
años, él hizo todo lo posible para encontrarla. Incluso después de nuestra boda, siguió buscando,
peinando Inglaterra y contratando investigadores. Él estaba empezando a perder la esperanza cuando
uno de los investigadores, le informó de que la chica había muerto en el parto. "

Ella bajó la cabeza por un instante, y cuando la levantó de nuevo, sus ojos brillaban con lágrimas. "El
niño fue entregado a un orfanato, y a partir de allí creció hasta convertirse en una actriz de teatro en
Londres y luego pasó a casarse con el marqués de Albright."

"Mamá," apuntó Aimee.

"Sí. Os podéis imaginar la sorpresa de Randall cuando se enteró. No sabía qué hacer, dónde acudir. Y
fue entonces cuando me lo confió. Me pidió que hiciera amistad con Elisa, para llevarla bajo mi ala y
tratar de facilitarle su camino en la sociedad hasta que pudiera decidir la mejor manera de manejar las
cosas. "

"Pero ¿por qué no se lo dijo a mamá?" le preguntó Maura, acercándose a la cama. "¿ella no tenía
derecho a saberlo?”

Theodosia esbozó una sonrisa trémula. "Por supuesto que sí, querida, pero no quiso interrumpir su vida.
Había crecido sin él, y creo que tenía miedo de que ella estuviera enojada o resentida de alguna manera.
Que ella no lo quisiera. “Una lágrima rodó por su mejilla arrugada. "Y entonces él enfermó y todo se
detuvo. Obviamente, se decidió a decirle que él era su padre, pero él nunca me habló de sus planes.
Debió haber hablado con Warren en primer lugar, y... "
Se interrumpió, y Aimee, no pudo soportarlo más. Se levantó y le echó los brazos al cuello a la anciana.
"Debes superarlo", dijo, con los ojos llenos de lágrimas. "No fue culpa tuya."

"Fue mi culpa", insistió la viuda. "Si yo hubiera sido honesta desde el principio, podría haber prevenido
por lo menos, la muerte de Elisa, si no la de Randall. Yo sabía que algo no estaba bien con Warren, pero
nunca soñé que fuera un monstruo capaz de matar a su padre y a su media hermana. ¿Cómo pude haber
albergado un demonio así en mi casa y ni siquiera ser consciente de ello? "

"Ninguno de nosotros era consciente de ello, Su Gracia", le recordó el marqués. "Él era muy bueno
engañando a la gente. Mi familia incluida."

Theodosia se separó Aimee y se quedó mirando a las tres hermanas amontonadas al lado de su cama.
"¿Podréis perdonarme? Pensé que estaba haciendo lo correcto, que era una buena esposa por mantener
el secreto Randall. Pero ahora me doy cuenta que una vez que él se había ido debería habérselo dicho
todo a Elisa. Vuestra madre fue una muy querida amiga y nunca dudé de ella."

Aimee intercambió una rápida mirada con Jillian y Maura y respondió por todas ellas. "Por supuesto
que te perdonamos. ¡Te queremos, y sabemos que nos amas! Eso es lo que importa."

La mirada de la viuda se dirigió a Lord Albright. "¿Felipe?"

Se detuvo por un largo rato y luego habló en un tono áspero. "Has hecho tanto por nuestra familia, su
gracia. Si Elisa estuviera aquí ahora, te perdonaría, sin dudarlo un segundo. ¿Cómo puedo hacer
menos?"

La mojada sonrisa de Theodosia estaba llena de gratitud.

"Ahora, debemos irnos", anunció el marqués inclinando su cabeza hacia la puerta. "Ha pasado la
medianoche, y Fielding, estará fuera del vestíbulo esperándonos, aunque le advertí".

Efectivamente, el arrugado y encorvado mayordomo se pasearía por el umbral, mirando hacia ellos con
el ceño fruncido en desaprobación, y todos ahogaron una carcajada.

Conscientes de que su padre tenía razón acerca de lo avanzado de la hora, sin embargo, las hermanas
dieron las gracias y se turnaron para desearle buenas noches a la viuda. Y Aimee se inclinó hacia
adelante para depositar un beso en la frente de la mujer, en voz baja dijo "Te queremos, abuela" lo que
trajo renovados brillos de lágrimas a los ojos de Theodosia. Sólo que esta vez eran claramente lágrimas
de alegría.

Una vez en el pasillo, los cuatro miembros de la familia Daventry se volvieron y comenzaron a
moverse hacia la escalera en el otro extremo, caminando juntos en cansado silencio mientras
reflexionaban sobre todo lo que había sucedido ese día.

"¿De verdad crees que se ha acabado, papá?" Dijo Maura a medida que comenzaba a bajar las
escaleras. "¿Para bien esta vez?"
Lord Albright suspiró. "Parece que así es, querida". Y sólo las tres podréis entender cuán agradecido
estoy de poder decir eso. Hemos sido atormentados por las peores pesadillas en los últimos diez años,
pero creo que finalmente podemos dejar de lado el pasado”. Él sonrió a Aimee a su lado. "No más
pesadillas para ninguno de nosotros."

"Pero ¿qué pasa con la tía Olivia?" se aventuró, estudiándole con preocupación. Ella sabía lo mucho
que oír la verdad sobre su hermana le había herido, y ansiaba ofrecerle el consuelo que pudiera.

Su expresión se endureció. "Ella ya no es bienvenida en mi casa, y es de esperar que se haya ido


cuando lleguemos a casa", rechinaron sus palabras con la fuerza de su ira. "Ya fuera responsable de la
muerte de vuestra madre o no, estaba allí esa noche y no hizo nada para evitarlo. Deliberadamente dejó
a un hombre inocente cargar con la culpa de un crimen que no había cometido, con el fin de aplacar sus
celos. Bedford será bienvenido, si es tan tonto como para querer casarse con ella aún después de esto. "

Se detuvo en la parte inferior de la escalera para abrazar con fuerza a su hija menor. "Lo siento mucho,
Aimee. Debería haber visto cuán abominablemente, te estaba tratando Olivia, pero lord Stonehurst
tuvo que rasgar mis anteojeras y obligarme a enfrentarme a lo que se había convertido. No creo que
pueda llegar a ser capaz de perdonarme a mí mismo por dejar que te hiciera tan desgraciada."

"Está bien, papá." Abrazándole por la cintura, Aimee le devolvió el abrazo, su corazón le dolía por él.
"Nunca te culpé de nada de eso. Y se necesitaría mucho más que la lengua viciosa tía Olivia para
derrotarme. Yo soy hija de mamá, después de todo."

Una de las esquinas de la boca de Lord Albright se arqueó con tristeza y, apretó su abrazo. "Ah, parece
que mi pequeño ratón creció cuando no estaba mirando. No es de extrañar que mis canas se hayan
multiplicado".

Ella se rió y juntos alcanzaron el vestíbulo, seguidos de Jillian y Maura, en la sala las esperaban
pacientemente Hawksley y Connor. Pero cuando Aimee entró en la habitación, descubrió que los
esposos de sus hermanas no eran los únicos presentes. Lord Stonehurst inmediatamente se levantó del
sofá, y todo lo demás se desvaneció mientras enganchaba su vista en él.

Con su pelo oscuro revuelto salvajemente y la ropa arrugada y manchada por su inmersión en el
estanque antes, tenía peor aspecto que sus ropas. Pero a pesar del agotamiento y de la tensión marcada
en su rostro, no podía dejar maravillarse por la riqueza de emociones que brillaban en sus ojos grises al
mirarla.

Durante un breve instante, su mente se remontó al momento cuando sacó la cabeza del agua después
del accidente. Si cerraba los ojos, todavía podía recordar la forma en que la había mirado. Todavía
podía sentir el temblor de sus fuertes brazos cuando la acunaban tan cerca de él. Y las palabras que le
había susurrado al oído tenían el poder aún de hacerla temblar...

Por favor, Gatito, no me dejes.

Ella quería creer en lo que significaban. Que había esperanza para los dos. Pero había sido rechazada
por él demasiadas veces para aventurarse a dar el primer paso.
Fue Jillian quien la trajo de vuelta al presente. "¿Es él, no?" dijo en un tono suave, mirando a Aimee a
sabiendas. "El hombre adecuado".

Cuando Aimee sólo pudo asentir, su hermana se inclinó para darle un abrazo. "Entonces, agarrale y no
le dejes ir, querida. Te mereces ser feliz."

"Ella lleva razón, cariño", dijo su padre, por detrás de ella. "Es un buen hombre, y por lo que vi hoy,
diría que está muy enamorado de ti." La besó en la sien.

"Te esperaremos en el coche. Y dile a Lord Stonehurst, que espero una llamada suya muy pronto. Hay
una manera correcta de proceder sobre este asunto del matrimonio, ya sabes."

Lo siguiente que supo, era que su padre y sus hermanas habían abandonado la habitación con Hawksley
y Connor detrás, dejándola sola con el hombre que ocupaba su corazón.

Hubo un corto silencio, en el que ambos se miraron fijamente, y luego Royce se aclaró la garganta y se
dirigió a ella con evidente preocupación. "¿Estás bien?"

"Considerando todas las cosas, sí", respondió ella, sintiéndose bastante torpe. "Estoy un poco cansada,
pero por lo demás estoy bien."

"¿Está segura? Enterarte de la relación de tu madre con el duque Maitland... Debe haber sido un
shock".

"Sí, pero voy a sobrevivir. Todos nosotros lo haremos. Y hay algunas cosas buenas hemos sacado de
todo esto. He ganado una abuela."

Esbozó una sonrisa irónica. "Esta es mi gatito. Siempre ve lo bueno de cualquier situación".

"¿Lo soy?" Hizo una pausa, mirándolo a través de sus pestañas. "todavía tu gatito, quiero decir."

Ella no supo quien se movió primero, pero lo siguiente que supo, fue que estaban abrazados, besándose
como si no pudieran conseguir lo suficiente el uno del otro.

Cuando finalmente Royce separó sus labios de los de ella, fue para dar un ronco gemido. "Oh, cariño,
cuando vi que el coche caía hoy al agua, me quería morir. Estaba seguro que iba a perderte, y mi
corazón se paró."

"Lo sé", le dijo, acunando su amado rostro entre sus manos. "Pero no me perdiste. Estoy aquí y estoy a
salvo. Entonces, ¿qué te dice eso?"

Durante un breve instante, un brillo raro de humor encendió su mirada. "¡Qué como todos los felinos
tienes siete vidas!"

"Muy divertido." dijo ella volviendo los ojos. "No, debiste decir que no hay ninguna maldición lo
suficientemente fuerte como para que llevarme lejos de ti. Que estoy aquí para quedarme, tanto si me
quieres como si no".
"Oh, definitivamente te quiero. Y yo..." Hizo una pausa y respiró hondo antes de dejar que sus palabras
estallaran. "Dios, Aimee, como te amo. Te amo tanto."

Su corazón cantó al escuchar al fin las palabras que había estado esperando de él, durante tanto tiempo.
Lo había esperado y rezado por ellas, pero no las esperaba tan pronto. "Te amo demasiado".

"He tratado de huir, de negarlo, pero hoy me di cuenta de que era demasiado tarde para cambiar lo que
siento por ti. Y si sigo intentando olvidar el miedo a perder a la gente que me importa, eso me impediría
tener un futuro contigo, entonces mi padre ganaría, obtendría lo que quería, que estuviera sólo el resto
de mi vida."

"No tiene por qué ser así, Royce," murmuró Aimee. "Sinceramente, creo que Garvey y Cordelia e
incluso tu hermano querrían que fueras feliz. Alex estaba enojado y amargado, y no creo que ni por un
instante creyera lo que decía. Probablemente lo lamentó en el momento en que te fuiste. "Ella acarició
suavemente su cicatriz." Si realmente hay una oscuridad la podemos enfrentar juntos. Y la podemos
derrotar. Eso es lo que hace el amor. "

Él negó con la cabeza. "Pienso de verdad lo que te dije, no puedo vivir la vida normal de un lord de la
alta sociedad. No habrá bailes o cenas o veladas de lujo. Las multitudes me asfixian, y las
conversaciones y los ruidos fuertes, me hacen retroceder a mis tiempos en el campo de batalla. En
realidad nunca me sentiré cómodo en ningún lugar, excepto Stonecliff”.

"Royce, sabes que nunca me ha preocupado nada de eso", le reprendió. "Una vida tranquila en
Stonecliff contigo y con nuestros hijos me parece ideal."

"Niños". Él la levantó en sus brazos, mirando hacia su estómago en estado de shock. "Dulce Cristo, ni
siquiera lo había pensado... ¿Crees que...?"

"Cualquier cosa es posible, mi amor. Y no necesitas mirarme tan aterrorizado. Serás un padre
maravilloso." Ella le rozó los labios provocativamente contra su mejilla mientras le llevaba hacia el
sofá.

"¿Sabes?, después del audaz rescate que has realizado esta tarde, creo que te mereces una recompensa.
Y me parece recordar que un hombre sabio me dijo una vez que en algunas culturas, cuando salvas una
vida, esta te pertenece."

"Entonces, supongo que mi vida te pertenece, gatita" dijo él con voz sedosa, mientras la tumbaba sobre
los cojines. "Porque fuiste tú la que me salvaste."

Y sus labios se fundieron.


Agradecimientos

Los últimos dos años han sido extremadamente difíciles para mí, en muchos sentidos, y hubo
momentos en que pensé que este libro nunca se terminaría. Si no fuera por el aliento de un puñado de
personas muy especiales, es muy posible que las palabras no hubieran encontrado su camino desde mi
interior, al papel.

A mi editor, May Chen, y al personal de Avon, muchas gracias por permanecer a mi lado en todo y por
sus reservas ilimitadas de paciencia. Lo aprecio sinceramente. A mi agente, Paige Wheeler, gracias por
responder mis frenéticos e-mails y hablar conmigo más veces de las que puedo contar. Su apoyo y
comprensión ha significado más de lo que puedo decir. Y una nota a mis maravillosas colegas
escritoras de la Hermandad de las alegres Plumas: Anne, Shana, Margo, Shirley, Cindy, Robyn, y
Jenna. ¡Es bueno saber que no estoy sola aquí en las trincheras!

Y, como siempre, mucho amor y gratitud a mi familia, que me aman, sin importar lo que pase. (¡Tú
también, SkittleDoo!)