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PRESENTACION:

ALUMNA: LIZETH CERECEDO VAZQUEZ

MATERIA: INFORMATICA

TRABAJO: DROGADICCION

LICENCIATURA: TRABAJO SOCIAL, UPAV

MAESTRO: JUAN DAVID CAMPOS VAZQUEZ


DROGADICCION
Presentación del problema:
Una de las muchas razones por las cuales la juventud se dedica al uso de las
drogas, es la falta de espacios deportivos y de recreación; al no haberlos
busca oras formas de diversión y al no encontrarlas es cuando se lanza al
mundo de las drogas.
El joven cree que está haciendo bien el usar drogas para olvidarse de sus
problemas. ¡Qué error el que está cometiendo! Hace falta alguien que le haga
comprender que ese no es el camino a recorrer, podrá lograr cosas sin la necesidad
el uso de alucinógenos que solo provocan placer y estados supuestamente felices;
sin darse cuenta de los daños que les causa.
Es lamentable observar a nuestra juventud femenina involucrada en el mundo de la
droga. La mujer, la futura mujer, la actual jovencita, la adolescente de nuestros días,
al igual que el hombre tiene que prepararse, porque más tarde su rol en los campos
de trabajo y de responsabilidad social son trascendente.
Todas las personas deben decir “NO A LAS DROGAS” y preferir estudiar, trabajar,
practicar el deporte, porque no sacarán nada usando drogas.
Las personas que están vinculadas con el procedimiento de las drogas y con la
distribución no piensan en el daño que ocasionan, les interés a hacer crecer sus
economías individuales ilícitamente adquiridas. Seguramente no piensan ni en sus
propios hijos, el daño que les causan. Los consumidores de drogas no se dan
cuenta que al hacerlo se convierten en gentes vendedores, y ayudan al
enriquecimiento de los narcotraficantes y lo que es peor convierten en nuevas
víctimas de la drogadicción. La ciudadanía mira a un drogadicto con desprecio.
Por ello es preciso darle al joven una orientación adecuada, incentivándolo al
estudio y al deporte y otras actividades sanas de mucho valor única forma de
convertirse en el futuro de la patria.
Antecedentes Históricos

EL CONSUMO DE LAS DROGAS ES TAN ANTIGUO COMO LA HUMANIDAD Y


SIEMPRE HAN EXISTIDO DROGAS ASOCIADAS A LA CULTURA EN CADA
CONTEXTO HISTÓRICO Y SOCIAL. HOY EN DÍA, EL INCREMENTO DEL
CONSUMO SE RELACIONA CON EL ACTUAL MODELO SOCIAL, QUE
PROMUEVE EL INDIVIDUALISMO, EL CONSUMISMO, LA COMPETITIVIDAD, EL
ÉNFASIS EN EL PLACER Y LA DESIGUALDAD SOCIOECONÓMICA, ENTRE
OTRAS. HOGARES CREA DE VENEZUELA, (2001) EN SU INVESTIGACIÓN
“ETIOLOGÍA Y PERCEPCIÓN DEL PROBLEMA DEL CONSUMO DE DROGAS”,
ESTABLECE LO SIGUIENTE:

LAS DROGAS COMO EL TABACO Y EL ALCOHOL SE HAN INTEGRADO A


LA COTIDIANIDAD Y FORMA PARTE DE LA VIDA DE MUCHOS JÓVENES,
ESTÁN LIGADAS AL TIEMPO DE OCIO, AL BAILE, LA MÚSICA, LOS TEMAS
DE CONVERSACIÓN Y LOS HÁBITOS...

De acuerdo a lo anteriormente expuesto, se puede decir que cada vez que un joven
recurre a las drogas para disfrutar de la vida o enfrentarse a sus exigencias, está
limitando la oportunidad de desarrollar sus propios recursos. El consumo de drogas
induce, por otra parte, a comportamientos descontrolados en los que no se miden
los riesgos, ni las consecuencias de lo que se está haciendo, muchas veces
dejándose llevar por los amigos, vecinos, o por los problemas personales que lo
agobian. El ambiente en que se mueve la persona también es decisivo a la hora de
consumir drogas. Existen ambientes en los que estas sustancias gozan de prestigio
social, está bien visto tomarlas, se asocian al ocio y a la diversión, están de moda
y, todo ello, facilita su consumo. La información que circula en estos ambientes
suele estar sesgada de forma que se minimizan los riesgos y se exageran sus
ventajas. Se conoce además, que determinados ambientes conflictivos o
marginales repercuten directamente en el inicio del consumo de drogas. Según
alianza para una venezuela sin drogas (2000): nuestros niños, niñas y jóvenes de
los sectores populares vienen a la escuela cargados de experiencias frustrantes.
Vivir en familias desintegradas, donde se presentan innumerables casos de
atropello; la descarga continua de la televisión aunada a la imposibilidad de cumplir
con las expectativas de consumo que ella ofrece.

Visto de esta forma, lo anterior permite deducir que, cada vez más, el
mundo de las drogas está al alcance de los jóvenes y muchos son los factores de
riesgo que los tornan vulnerables, como la falta de educación y de información
adecuada sobre los efectos de los estupefacientes. También influyen
negativamente la desunión de la familia y la falta de diálogo entre padres e hijos,
así como los entornos sociales, los mensajes distorsivos emitidos por los medios de
comunicación (sobre todo, la televisión), la deserción escolar y la falta de trabajo,
entre muchos otros.

Por lo tanto, es fundamental que los jóvenes reciban orientación no sólo sobre el
daño que causan las drogas, sino también sobre su capacidad y su derecho
para rehusarse a consumirlas. Será necesario, entonces, fortalecer su
autoestima, el sentido del bien común, el valor del cuerpo y el espíritu sanos
para poder enfrentar con éxito los retos, problemas y riesgos que se les
pueden presentar a lo largo de sus vidas.

Siendo las cosas así, resulta claro que, las consecuencias de las adicciones a las
drogas y a otras sustancias legales e ilegales deben hacer recapacitar sobre la
necesidad de emprender un esfuerzo conjunto para poner de relieve su gravedad.
Todos los actores de la sociedad deben asumir esta responsabilidad con absoluta
claridad y firmeza y el compromiso de estimular los valores que engrandecen al ser
humano, no los vicios que lo degradan y dañan.

Es de hacer notar que, estas son las causas que se manejan a través de la historia,
que tienen relación con el consumo de drogas y que para la humanidad ha generado
innumerables consecuencias, según estas investigaciones de no tratarse de
manera preventiva seguirá aumentando el número de consumidores.

En este sentido, los factores de riesgo y de protección pueden afectar a los niños y
jóvenes durante diferentes etapas de sus vidas. En cada etapa, ocurren riesgos que
se pueden cambiar a través de una intervención preventiva. Se pueden cambiar o
prevenir los riesgos de los años escolares, tales como una conducta agresiva, con
intervenciones familiares, escolares, y comunitarias dirigidas a ayudar a que los
niños desarrollen conductas positivas apropiadas. Si no son tratados, los
comportamientos negativos pueden llevar a riesgos adicionales, tales como el
fracaso académico y dificultades sociales, que aumentan el riesgo de los niños para
el abuso de drogas en el futuro. De allí que, los programas de prevención basados
en la investigación se deben enfocar en una intervención temprana en el desarrollo
del niño para fortalecer los factores de protección antes de que se desarrollen los
problemas de conducta.
Definición de prevención

Siguiendo las reflexiones del Plan Nacional de Drogas (2008), se puede definir la
prevención como “aquél entramado dinámico de estrategias que tienen como
objetivo eliminar o reducir al máximo la aparición de problemas relacionados con el
uso indebido de drogas” (p. 56) (Criterios de Acreditación en Prevención). Por su
parte, el CSAP del National Center for the Advancement of Prevention (2007), define
la prevención o los esfuerzos preventivos como “intentos de reducir los problemas
derivados del abuso de drogas antes de que comiencen, a través de una diversidad
de estrategias”.

Por lo antes expuesto, prevenir es siempre tomar medidas o realizar actuaciones


que eviten la aparición de problemas o de situaciones consideradas como
problemáticas. Las actuaciones preventivas adoptan todo tipo de formatos:
Campañas, Utilización de materiales, Actos lúdicos, Programas estandarizados,
Planes nacionales y autonómicos, etc.

Dentro de este orden de ideas, se cree que las actuaciones preventivas deben, cada
vez más, planificarse, aplicarse y evaluarse de un modo sistemático, coherente y
globalizado. Conviene plantear desde el principio el consenso existente sobre la
pluralidad de objetivos de la prevención en drogas: Un objetivo puede ser evitar o
impedir el consumo de drogas puesto que el no consumo implicaría
automáticamente la desaparición de los problemas asociados al consumo. Otro
objetivo diferente puede ser evitar o el abuso de las drogas, o más
eufemísticamente, el consumo indebido o inadecuado de las mismas. Un tercer
objetivo puede ser la reducción o eliminación de los problemas consecuencia del
consumo, del consumo inadecuado o del abuso de drogas.

El Plan Nacional de Drogas (2008), en su documento sobre prevención de


drogodependencias en la comunidad escolar, enumera las posibles medidas a
tomar dentro de este marco de objetivos: Medidas destinadas a reducir la
disponibilidad de las drogas que buscan, por tanto, el no consumo. Medidas
destinadas a formar a las personas, de manera que no necesiten consumir drogas;
de nuevo un objetivo de no consumo. Medidas destinadas a capacitar a las
personas para que no abusen de las drogas, aunque las consuman; objetivo de
eliminación de problemas. Medidas destinadas a reducir los problemas de las
personas que consumen drogas; objetivo de reducción o eliminación de problemas

A pesar de este énfasis insistente en establecer como objetivo de la prevención la


reducción o eliminación de los problemas derivados del consumo y abuso de las
drogas, la mayoría de los documentos públicos redirigen casi de una manera
automática su punto de mira hacia la eliminación o reducción del consumo indebido
o del abuso, es decir, hacia el no consumo.
Estrategias de Prevención

Para comenzar se tiene que, estrategia es un concepto polisémico que diferentes


autores dirigen tanto a clasificación como “inespecífica/específica”, primaria,
secundaria o terciaria, como dirigido a la “oferta o la demanda” o según diferentes
segmentos de población (población general, familias, población escolar, población
de riesgo,...). Martín (1999), establece que el término “estrategia” debe reservarse
para designar aquello que caracteriza una intervención preventiva en lo que es el
conjunto de actividades, actuaciones y/o servicios que constituyen la intervención,
estrategia y modelo de intervención coinciden en gran medida. Entonces, resulta
relevante en este sentido la diferenciación entre estrategias que tienen como objeto:
La reducción de la oferta de drogas, y las que tienen como objeto la reducción de la
demanda.

De este modo, en el lado de la oferta toda estrategia que reduzca la presencia de


drogas es una estrategia preventiva. Aquí debe incluirse el incremento de los
precios de las drogas, el decomiso de la droga ilegal, la prohibición de la publicidad
y promoción de drogas legales, las normas restringiendo el consumo de drogas
(legales) en espacios públicos, la restricción de los lugares de venta de drogas o la
reducción del número de locales que las vendan, así como las restricciones en la
edad para comprar o para acceder a dichos locales de venta y consumo, etc.

Al mismo tiempo, gran parte de estas medidas de prevención dentro de la


estrategia de reducción de la oferta, son medidas normativas que tienen que ser
acordadas por las autoridades legítimas, normalmente a nivel nacional (o
supranacional), o de Comunidad Autónoma. La existencia de drogas legales e
ilegales pone de manifiesto que esta estrategia no da resultado llevada a su límite
lógico (restricción total de la oferta); pero, sin embargo, sí que constituye un buen
complemento de las estrategias basadas en la demanda.

Dentro de las estrategias basadas en la demanda no existe ni un consenso sobre


una tipología de las mismas, ni sobre la existencia de una única estrategia a utilizar.
En lo que respecta a la reducción de la demanda, Martín (1999), presenta las
estrategias existentes en la actualidad se pueden clasificar en cinco clases:

1.- La estrategia centrada en la difusión de información sobre las características


de las drogas y sus efectos, destacando de una manera objetiva los negativos. 2.-
La estrategia centrada en la oferta de alternativas al consumo de drogas,
incluyendo alternativas de empleo del tiempo libre y ocio. 3.- La estrategia basada
en el componente afectivo. Esta estrategia incide en la mejora de la autoestima,
así como en la modificación de actitudes, creencias y valores relacionados con las
drogas y su consumo. 4.- La estrategia basada en la influencia social. Se trata
de prever y hacer frente a las presiones sociales (amigos, publicidad, entorno...) a
favor del consumo de drogas. Se identifican los factores que favorecen el consumo
y se afrontan directamente mostrando el proceso de influencia social y desarrollando
habilidades de resistencia y rechazo. 5.- El desarrollo de habilidades genéricas
para la competencia individual y la interacción social (habilidades para la vida).

Una forma útil de clasificar los programas preventivos es considerar tres grandes
grupos en función de sus estrategias globales: Los programas universales, los
programas selectivos y los programas indicados. Los programas universales;
se dirigen a la población general, o a amplios segmentos de la misma, y tienen como
objetivo de resultados último prevenir o retrasar el inicio del consumo de drogas. Se
asume que todas las personas que componen la población determinada tienen la
misma probabilidad (o riesgo) de consumir drogas, y a ellos se dirige el programa
sin distinción.

Los programas selectivos; se dirigen a grupos de la población con mayor riesgo


de consumo de drogas. Estos grupos pueden delimitarse en función de la edad,
lugar o zona de residencia, características familiares, etc. El objetivo básico de estos
programas selectivos es prevenir el consumo de drogas incidiendo en los factores
de protección de las personas que pertenecen a estos grupos de riesgo.
En estos programas los profesionales que los aplican están especialmente
cualificados, tienen que motivar a la participación en el programa a las personas del
grupo de riesgo, la intervención es más intensa y con una mayor duración que en
los programas universales y requiere un conocimiento previo tanto de los factores
de riesgo como de los factores de protección.

Por último, los programas indicados; tienen como objetivo individuos en riesgo
porque consumen drogas y/o presentan problemas asociados con dicho consumo,
sin llegar a la adicción. Los objetivos de estos programas suelen ser la reducción
del consumo de sustancias, la frecuencia o la cantidad y los problemas asociados
al mismo. El primer paso en la aplicación de estos programas es la identificación de
los individuos en riesgo a través de las conductas problemáticas asociadas
(conducta antisocial, agresiva, fracaso escolar...) o del propio consumo de drogas.
La elección de estrategias preventivas

Uno de los componentes más importantes son las estrategias utilizadas en las
intervenciones preventivas en la actualidad que son, por otra parte, las que se han
mostrado más efectivas. La elección de una estrategia preventiva según Martín
(1999), concreta tiene que hacerse en función de:

• Las estrategias existentes que tienen demostrada su valía. • Las características


del problema sobre el que se interviene. • Las necesidades detectadas. El
“problema” de las drogodependencias no es igual en todos los municipios y tampoco
lo son las necesidades que van a guiar la intervención.

Desde la perspectiva más general, una condición o hecho social determinado, por
ejemplo el consumo de heroína, se transforma en un problema social cuando así lo
definen los actores sociales de acuerdo con unos determinados valores. Por tanto,
es lógico pensar que las condiciones sociales objetivas y los valores sociales que
determinan el problema social puedan variar de una localidad a otra. Por eso,
cualquier programa de prevención requiere un previo conocimiento de los siguientes
aspectos: La condición social y sus características, el problema y las necesidades
detectadas relacionadas con el problema social. En una secuencia lógico-necesaria,
la condición social objetiva sobre la que se va a intervenir debe convertirse en un
problema y éste, a su vez, debe traducirse en necesidad o necesidades sociales
(déficits) que precisamente van a guiar la intervención para acabar con dichos
déficits. La traducción de un problema a necesidades lleva en paralelo la elección
de una o varias estrategias de intervención, tal y como se puede observar en el
esquema siguiente:
Las hipótesis de un programa pueden desarrollarse en torno a: Las causas de una
determinada conducta o problema. Los factores asociados a las causas. Las
consecuencias de la conducta. O los factores asociados a dichas consecuencias.
Aunque idealmente puede y debe separarse el análisis del problema relacionado
con las drogas sobre el que se va a intervenir de lo que es la evaluación de
necesidades, lo cierto es que evaluación de necesidades y análisis del problema
están estrechamente interrelacionados y deben hacerse juntos. La evaluación de
necesidades debe realizarse antes de haber seleccionado una estrategia de
intervención (una vez identificado y conocido el problema), o puede también hacerse
después para ajustar el programa de intervención a las necesidades diagnosticadas
en el contexto y lugar donde se van a aplicar.

Clasificación de las drogas

La Organización Mundial de la Salud (2006), clasifica las drogas en cuatro


grupos diferenciados en función del grado de peligrosidad, tomando como
referencia los efectos que tienen sobre el comportamiento, la creación de
dependencia y la toxicidad para el organismo. Entre ellas destacan las siguientes:

1. Alucinógenas: sustancias que actúan sobre el sistema nervioso central,


causando alucinaciones, ensueño. Ejemplos de estas derogas: LSD, marihuana,
fenciclidina (PCP), mezcalina, peyote.

2. Depresoras: sustancias que deprimen el funcionamiento del sistema nervioso


central, retardando o disminuyendo la capacidad de respuesta de las funciones
psíquicas y corporales. Ejemplo de estas drogas: opio y sus derivados (morfina,
heroína, codeína, meperidina, metadona, fentanil), barbitúricos (tiopental,
pentobarbital, secobarbital, amobarbital, barbital), benzodiacepina (alprazolam,
bromazepam, clonazepam, lorazepam, diazepam, etc.) y alcohol etílico.

3. Estimulantes: estimula la actividad del sistema nervioso central, significa que


produce un estado de excitación o aceleración de las funciones biológicas y
psicológicas. Ejemplo de estas drogas: cocaína y sus derivados, anfetaminas y sus
análogos estructurales, nicotina, cafeína.
4. Inhalantes: sustancias químicas de uso común, cuyos vapores al ser aspirados
producen en el individuo euforia, desorientaciones, pérdida del apetito. Ejemplo de
estas drogas: barnices, pegas, solventes, gasolina, tiner. Etc.

Por otra parte, De Breto (2003) cita en su artículo a la Dra. María Teresa Aquino,
médico psiquiatra, directora del Núcleo de Estudios e Investigaciones en Atención
al Consumo de Drogas (NEPAD), perteneciente a la Universidad Estadual de Río
de Janeiro, afirma que: El 90% de los sujetos atendidos son adictos a la cocaína,
con un promedio de edad de 16 años. Para esta investigadora, el uso de
estupefacientes es una de las principales causas de violencia y crueldad
manifestada por muchos jóvenes. A esto se suma la crisis educativa de los “núcleos
familiares” que vienen gestando desde la década de los 60: “prohibido prohibir,
liberación sexual, movimiento hippie...” y en que las teorías psicológicas y
educativas emergentes fueron mal interpretadas, mal comprendidas y
erróneamente aplicadas. Se creó una gran confusión sobre los conceptos de
libertad y se generaron fallas en la orientación a los niños y a los jóvenes, porque
los adultos estaban también confundidos. No tenían claridad sobre lo que estaba
permitido y lo que estaba prohibido, tanto en las normas familiares como en las
sociales.

Entonces, debido a lo anterior se tenía miedo de imponer límites a los hijos con el
temor de frustarlos y ocasionarles traumas psicológicos. La verdad es que no hay
una teoría científica que demuestre que la ausencia de límites es un método infalible
para educar niños sin problemas. La permisibilidad sin frenos es desastrosa. Si no
se consigue transmitir a la generación futura los valores básicos de la convivencia,
aparecerán los graves trastornos de conducta, la sensación de vacío en los jóvenes
que desconocen cómo llenar esa soledad sin el consumo compulsivo de drogas, por
ello, se debe evitar esta problemática en todos los contextos.
CONCLUSIONES

La prevalencia del consumo de drogas en la edad adolescente no deja dudas al


respecto. El consumo de algunas drogas, sean legales o ilegales, se ha normalizado
en la adolescencia, es decir, ha tomado un carácter de habitualidad en el proceso
de socialización adolescente. El consumo de drogas se ha mitificado con un
complejo entramado de ritos y simbología que debe cumplirse necesariamente para
establecer el paso de la infancia a la adolescencia y primera juventud. Desde los
inicios de este nuevo modo de entender las sustancias psicoactivas, la prevención
ha sido vista como la mejor manera de controlar este consumo.

En este sentido, inicialmente se pensaba que el mejor modo era alejar


completamente a la población juvenil del consumo de drogas, pero vista la ineficacia
de este tipo de objetivos utópicos, se establecieron metas menos ambiciosas e
irreales, afirmando que si la meta del no consumo era muy difícil y carente de sentido
en un amplio sector adolescente y juvenil, al menos sí debería programarse la
prevención para retrasar la edad de inicio en la experimentación del consumo; al
mismo tiempo, elaborar estrategias efectivas para reducir los daños y los riesgos
del consumo en el caso de que éstos estuviesen ya instaurados.