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NARRATIVAS VISUALES: LOS “CUENTOS” DE LEONORA CARRINGTON A LA LUZ DEL

SURREALISMO

“NO SERÁ EL MIEDO A LA LOCURA LO QUE NOS OBLIGUE A ABAJAR LA BANDERA DE LA IMAGINACIÓN”

“TODO LLEVA A CREER QUE EXISTE UN CIERTO PUNTO DEL ESPÍRITU DONDE LA VIDA Y LA MUERTE, LO REAL Y
LO IMAGINARIO, EL PASADO Y EL FUTURO, LO COMUNICABLE Y LO INCOMUNICABLE, LO ALTO Y LO BAJO, CESEN
DE SER PERCIBIDOS CONTRADICTORIAMENTE”

ANDRÉ BRETÓN.

En la vida cotidiana generalmente usamos la palabra “surrealista” para referirnos a sucesos,


objetos o “modos de ser” que son ajenos a nuestra cotidianidad, a nuestra inmediata articulación
social o más precisamente a nuestra concepción simbólica del mundo, cierto es que dicha
expresión vale como “paradigma” pero cuando nos posicionamos frente a la poiesis surrealista
es decir: frente al momento de creación que pretende desafiar el tiempo y también busca
imprimir una parte esencial de las experiencias y deseos del artista en el espacio de la obra,
esas ideas preconcebidas de la vanguardia surgida hace casi ya 100 años se vuelven
insuficientes para lograr la contemplación del fenómeno artístico. En las siguientes líneas me
concentro en elaborar un ejercicio reflexivo básico que sirva como guía para entender ciertas
propuestas simbólicas y estéticas propias del surrealismo como Vanguardia y propuesta
poietica.

A diferencia de las conceptualizaciones operantes a nivel cotidiano citadas


anteriormente, la vanguardia surrealista tiene solidos postulados que contrastan con las
conceptualizaciones de dicha corriente como algo “fantástico” o “no realista”. Si bien el
manifiesto surrealista publicado por André Bretón en 1924 suponía una ruptura o en el mejor
de los casos un desdoblamiento del mundo material para poder ir “Sobre la realidad” esto se
logó mediante el dadaísmo corriente a la que se auto adscribió Bretón y en la cual tuvo
sustantiva presencia y que por si fuera poco también tenía una impronta anti racionalista que
lo caracteriza.

Para inaugurar una propuesta poietica fuertemente influenciada por una filiación hacia
tendencias subversivas del orden simbólico y del orden político1, el movimiento surrealista
echó mano de varias teorías y disimiles conceptualizaciones del mundo, las cuales, parten
sustantivamente de la aparición de las tesis psicoanalíticas de Freud y que en buena medida
pretenden proyectar los sueños, las experiencias y los deseos inconscientes del artista.

En ese sentido, las proposiciones de esta vanguardia resultan históricamente


subversivas y por lo tanto congruentes a los fines revolucionarios que muchos de los artistas
que protagonizaron la escena surrealista enarbolaban. El desdibuja miento de las categorías de
“realidad” y la fabricación de referencias alternas a nuestro mundo material para crear un
discurso no artificial nacido del automatismo psíquico o fluir de conciencia sirven para mostrar
otras posibilidades que, tanto el arte “realista” del siglo XIX y las tendencias económico-
políticas2 propias de la revolución industrial, así como de las dos guerras mundiales acaecidas
en el siglo pasado estuvieron empeñadas en borrar.

Importante es decir que algunos especialistas han hecho anotaciones nodales para entender la
producción y las imágenes que se nos presentan en la producción poietica surrealista, tal es el
caso de la Crítica de arte Ida R. Prampolini quien en su texto dedicado a Wolfgang Paleen
publicado en 1965 discrimina entre dos tipos de surrealismo que involucra no solo la
percepción sino el proceso poietico en la elaboración de una pieza. Por una parte, tenemos el
“surrealismo verista” y por otra el “surrealismo abstracto” ambos, provenientes de una
propuesta de construcción teórica semejante y paralela.

Ciertamente una buena parte de la consolidación del surrealismo tuvo lugar en México esto
debido a que nuestro país se volvió el refugio de artistas que venían huyendo del fascismo o de
la violencia producto de los sucesivos conflictos mencionados líneas arriba.

Leo Carrington —como me gusta llamarla— plasma sus lecturas y sus proyecciones a
mi juicio bastante conscientes del mundo que la rodea de manera ilógica, de manera fantástica
no entendido sobre el eje de la literatura fantástica, pero, a través una interacción sustancial y
poderosa mantiene dialogo –echando mano de su obra- con la literatura de su niñez, con las
lecturas de su madre y al mismo tiempo echa mano de la literatura popular y los referentes
simbólicos tanto de su tierra como de la nuestra. Por eso es que he decidido llamar al conjunto
de este análisis Narrativas visuales.
Resultó muy difícil elegir solo 3 obras dado que en la exposición se muestra una
bastedad de obra y de técnicas elaboradas por Carrington y por algunos otros artistas ya sea en
colaboración con la artista de origen británico o de autoría individual (estas últimas son muy
escasas en la exposición)
Principio con el análisis de una obra muy llamativa de la exposición, se trata de The
crib/ La cuna una pieza pintada por Leonora. Esta pieza es en sí misma, un objeto que funge
como cuna para bebé a dos piezas y elaborada en madera por José Horna, presenta forma de
Barco tiene una vela adaptada en la cabecera sostenida con argollas y cuyas velas se forman de
redes. Por fuera a manera de revestimiento está intervenida por la artista, el tema es, el
constante en sus obras: animales o figuras que no terminan de definirse entre las formas
zoomorfas con rasgos antropomorfos, que llevan a cabo acciones totalmente cotidianas pero
inverosímiles para animales que solo se explican en una realidad alterna de naturaleza Onírica
o alucinante.

Es ahí cuando encontramos la poiesis, cuando la pintora interviene la pieza que si bien,
primeramente, era un objeto de la vida cotidiana con un uso práctico que imita el motivo de un
barco, al pasar por las manos de Leonora adquiere un giro totalmente místico, misterioso y
fuertemente simbólico. Mediante la representación de animales y la forma en la que se presenta
como objeto la cuna se da el primer golpe al acontecer, los animales caminan en una sola
dirección de un lado hay animales en procesión o peregrinación (vistos de frente los animales
caminan hacia la izquierda, en congruencia al lado opuesto) son conducidos hacia el sol –que
aparece del lado opuesto) y sobre ellos las sucesivas fases lunares hacen presencia, los animales
que aparecen son los siguientes:

 lado A (Donde aparece las fases de la luna –de derecha a izquierda-) una isleta que
contiene un árbol y sobre ella la luna llena, en seguida un grupo de tres llamas (alpacas)
que parecen seguir un lucero en el cielo y debajo de este se coloca un personaje
fantástico, el cual no puedo identificar que al mismo tiempo está montado sobre un
vehículo que tiene dos veletas, una roja y otra azul. En seguida un dúo de caballos uno
negro y uno blanco parecen tirar del móvil mencionado anteriormente en procesión se
identifica lo que podría ser un Ajolote y otros animales de menores proporciones
caminan precediendo la procesión encabezada por lo que, desde mi perspectiva es un
hada.
 En el lado opuesto, es claramente identificable (siguiendo la continuidad de la
procesión) un grupo de aves que sobrevuelan el espacio en el que se encuentran, un
cuervo que se sobrepone al sol debajo del cual se ubica una cabra erguida en dos patas
seguidos de otro personaje antropomorfo de naturaleza fantástica montado sobre un
aeroplano aún más fantástico. Delante de este grupo una tortuga, una pantera negra y
un ocelote encabezan la caminata. Finalmente, un ente mayor vestido de verde de
brazos abiertos parece recibir al grupo, con la cara en forma de estrella este actor cierra
la composición y en lo más alto un radiante sol remata la imagen

La fascinación que produce la contemplación de este objeto, no se puede definir. En síntesis,


es toda una exigencia para la explosión de lo onírico por pate del espectador. La procesión que
figura en la obra a juego con el objeto que la soporta, muestra una clara referencia hacia el
“arca de Noé”, este pasaje del relato bíblico es central para entender el sentido de la poiesis en
Leonora, pues, lo que la obra está queriendo mostrar echando mano tanto de su lenguaje
simbólico como de su tecné es el sueño y la ensoñación como un vehículo para explotar el
inconsciente que solo se presenta cuando uno duerme, por eso es que la obra se titula “la cuna”
y está plagado de todo tipo de motivos nocturnos en combinación con figuras animales
correspondientes a nuestro mundo –el mundo material- y con personajes que solo es posible
pensar en la ensoñación.

Quería ser ave


La pieza que me interesa poner a consideración de ustedes es Quería ser ave:
Si bien, Leonora finca su poiesis en transformar animales en personas que funciona en un orden
ilógico, también en algunas obras hechas por encargo ella logra proyectar su fascinación por la
metamorfosis, ese tránsito del ser humano, al ser animal. El esfuerzo por mostrar el transito
ontológico del ser humano es otro tópico que puede apreciarse en su obra como continuidad.

Ese es el caso de Quería ser ave, este cuadro es un retrato de Enrique A. Félix, en él se
representa al hijo de la actriz mexicana María Félix en una perspectiva alargada en cuyo
hombro izquierdo se posa un ave muy semejante a un pájaro carpintero, vistiendo un atuendo
que por la textura parece elaborado de plumas, el personaje inscribe algunos signos en un huevo
de color cobre que tiene delante de él, al mismo tiempo el personaje se encuentra parado sobre
un rostro dibujado en el piso , el fantástico y enorme huevo está colocado en una mesa que, en
lugar de tener tres patas, tiene tres patas y un rostro de apariencia endeble. Distintos animales,
en su mayoría aves, rodean la escena.

La transición o hibridez entre los humanos-animales es claramente la temática central


de la obra, siguiendo la escena, podemos ver que en ella se plasma una especie de acto
“mágico” en donde el Personaje está en proceso de volverse un ave y los animales que le rodean
no hacen más que asistir a su transmutación. El movimiento solo se registra en el huevo gigante,
pueda ser que los signos antes mencionados que inscribe Enrique en el objeto sean runas o
símbolos esotéricos ligados a algún rito, que como nos deja ver la exposición eran de un gran
interés para la Artista británica, pues, aparecen constantemente en su trabajo.

LEPIDÓPTERA

La siguiente y última obra de la que aquí me ocuparé, es una obra que tiene una fuerte
factura política, se trata de Lepidóptera, elaborada en 1968 como respuesta de Leonora a la
coyuntura estudiantil en plena efervescencia según nos cuenta una cedula colocada a un lado
del cuadro en la exposición.

En ella la artista imprime su indignación y su interpretación de la violencia hacia los


estudiantes, en el cuadro aparecen un jaguar con dos cabezas, una de ellas es de pavo y sobre
de este hibrido, se posa un extraño personaje con cabeza, pero sin cara y que termina hacia
arriba con una especie de mariposa, quizpas de ahí el nombre de Lepidoptera sobre un fondo
anaranjado como complemento visual aparecen las leyendas “NO es el retrato de un político,
NO tampoco de un granadero, NO ESTÁ en el ejercito NO MALTRATA NI ASESINA A
NADIE es un dibujo libre, quiero guardar mi libertad.” estas pequeñas líneas a manera de
manifiesto dan el sentido político a la obra, pues un personaje fuera de la realidad, pero, dentro
de la ficción no es capaz de herir a estudiantes, los políticos, milicos, y granaderos sí lo son.
En esta composición Leo juega con la utopía del movimiento estudiantil, lo exalta por
medio de la ridiculización de su propio agresor. Esto representa fundamentalmente un ejercicio
de pronunciamiento político en términos del surrealismo más clásico.

Bibliografía consultada:
 Rodriguez Prampolini, Ida,
 Bretón, André, Manifiesto surrealista, FAD UNAM, disponible en
linea:http://blogs.fad.unam.mx/asignatura/raquel_garcia/wpcontent/uploads/2014/02/Pri
mer-manifiesto-surrealista.pdf consultado el 16 de septiembre de 2018