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Metodología

de la investigación

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Metodología
de la investigación

Cinthia Cruz del Castillo


Socorro Olivares
Martín González

PRIMERA EDICIÓN EBOOK


MÉXICO, 2014

GRUPO EDITORIAL PATRIA

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info editorialpatria.com.mx

www.editorialpatria.com.mx

Dirección editorial: Javier Enrique Callejas


Coordinadora editorial: Verónica Estrada Flores
Coordinación de diagramación: Gerardo Briones González
Diseño de interiores: Ricardo Viesca Muriel / Visión Tipografíca
Diseño de portada: Juan Bernardo Rosado Solís / Signx
Agradecemos a el Dr. Rolando Díaz Loving su colaboración en esta obra.

Metodología de la Investigación
Derechos reservados:
© 2014, Cinthia Cruz del Castillo, Socorro Olivares Orozco, Martín González García
© 2014, GRUPO EDITORIAL PATRIA S.A. de C.V.
Renacimiento 180, Colonia San Juan Tlihuaca,
Delegación Azcapotzalco, Código Postal 02400, México, D.F.

Miembro de la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana


Registro núm. 43

ISBN ebook: 978-607-438-876-3

Queda prohibida la reproducción o transmisión total o parcial del contenido de la presente


obra en cualesquiera formas, sean electrónicas o mecánicas, sin el consentimiento previo y
por escrito del editor.

Impreso en México
Printed in Mexico

Primera edición ebook: 2014


Prólogo

¿Concierne a los organismos el conocimiento? ¿Cómo se obtiene el conocimiento? ¿Como sabe-


mos que nuestra información es conocimiento y no una simple opinión? Estas preguntas son
sustantivas para entender la importancia de los métodos utilizados para percibir, codificar, recordar,
y utilizar información. En primera instancia se puede afirmar categóricamente que todos los or-
ganismos tienen la necesidad primaria de certeza. En otras palabras, el no asociar, aunque sea de
la manera más simple, estímulos con consecuencias, es una receta segura a la extinción. Así, el ente
vivo cuya acción es contingente a un estímulo dañino, neutral o beneficial, tendrá a lo largo de la
evolución, como consecuencia de su accionar, que los elementos cuyas características concuerden
con las especificaciones del medio sobrevivan; mientras que cuando la contingencia sea o lo dañi-
no venga su desaparición. Bajo estas condiciones, cuando el patrón conductual es adaptativo al
medio, el ente sobrevive y transmite a futuras generaciones la pauta de la unidad original. Consi-
derando el papel fundamental de la evolución en asegurar información suficiente para sobrevivir,
es necesario ubicar a nuestra especie en el contexto de dicho proceso.
Un sobrio examen de las distintas etapas evolutivas de la humanidad evidencia los hoy añejos
vestigios de un sistema nervioso recogido de los reptiles hace ya más de 400 millones de años, 100
millones de años después se da la transformación encaminada a la conformación de las especies de
mamíferos, trascendiendo luego a los primates, y finalmente, hace 4 millones de años en la zona
de Kenia, a los primeros australopitecos. A continuación, ya hace 1.8 millones de años aparecen
una serie de formas de homo, desde los homo-habilis pasando por los homo-erectus y hasta los sapiens.
Constante en el proceso de evolución es inobjetable la rigidez y permanencia de los cromosomas
cuyas características resultaron adaptativas en un ecosistema y momento particular, cualquier mo-
dificación, resultante sólo cuando un patrón conductual es incompatible con un hábitat particular
que atenta contra la sobrevivencia del organismo, siendo así, la resultante es conservadora de las
pautas de información genética transmitida con pocas variaciones por los siglos de los siglos.
En el transitar permanente de espacios comunes y patrones conductuales reiterativos de lo co-
nocido, hace exactamente 130 mil años, durante la Era de piedra, algunos aventurados antepasados
muestran una novedosa concepción de la materia al desarrollar embarcaciones que les permiten
surcar las aguas del Mediterráneo para arribar en la isla de Creta provenientes del sur de Europa.
Luego de un abundante letargo, contabilizado en decenas de miles de años, aparece como contra-
parte de la caza y la recolección nómada, la agricultura y vestigios de escritura, y como efecto se va
dejando atrás a la prehistoria. Así, hace unos 8 mil años se rencuentra la especie con la generación

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VI Metodología de la investigación

de conocimiento y aplicación del mismo. En esta nueva etapa, al acercarse la cuenta regresiva de
la cronología contemporánea, chinos y egipcios se aventuran en la exploración reflexiva del hu-
mano y de su entorno. La cúspide de dicha indagatoria se alcanza entre los griegos clásicos que se
debaten entre los principios, procesos e implicaciones de fenómenos vinculados a las esferas celes-
tiales, los hábitats terrícolas, sus habitantes, sus recorridos y su esencia.
Al término de esta ilustración, se hunde la humanidad en la oscuridad de casi 2 mil años de
regresión a las formas más primitivas de explicación. De hecho, no es hasta los siglos xv y xvi,
después de que personajes como Galileo, Bacon, Kepler, Hume y otros introducen el método
científico en la búsqueda de la verdad, que se percibe un cambio sustantivo en la cantidad, pun-
tualidad y profundidad del conocimiento en los diversos ámbitos físicos y etéreos. Como efecto
de esta nueva mirada crítica, experimental y empírica, se edifican sobre los cimientos dicho mé-
todo de obtención de conocimiento las ciencias naturales, físicas, sociales, de la conducta, en fin,
deviene la revolución industrial, la tecnología, las comunicaciones, las exploraciones a donde no
llegan los sentidos, la cibernética y los mundos virtuales.
Trasciende de este breve recuento que la innovación, la plasticidad y el cambio no son comunes
entre los organismos. Incluso entre los humanos, cuya competencia para enfrentar su hábitat de-
viene de la maleabilidad y aprendizaje en vida, una vez logrado un hallazgo, la tendencia es a
convertir lo encontrado en norma, valor o ley consumada, todo con el fin de evitar los insufribles
sentimientos de ansiedad derivados de la incertidumbre. Como ejemplo, se pregona que Newton
al establecer las leyes de la física y ante la incertidumbre de aquello no cubierto por su aportación,
indicó que lo demás ya lo explicaría dios. Lo anterior sugiere que en punto en el que la evolución
biológica deja de emitir mensajes de continuidad por medio de los genes, la evolución cultural se
hace cargo de transmitir la secuencia a través de normas socio-culturales. Entonces, el método por
el cual los humanos apropiamos información debe centrarse en la capacidad de aprender y repetir
lo que ancestros y coetáneos nos ceden. Es decir, en encontrar información congruente y auto-
referencial, o en tropezarse con aspectos del medio ambiente físico y social que verifiquen las hi-
pótesis sustentadas por nuestros puntos de referencia. De esta manera, se mantiene el status quo que
asegura certidumbre. Con razón, tatos miles de años repitiendo los mismos aciertos y errores. Es
por ello que no hubo modificaciones mayores en las actividades humanas hasta los griegos clásicos,
el pensamiento mágico calmaba las ansiedades de lo desconocido. El predominio de la indagación
y la reflexión de aquellos filósofos permitió cuestionar algunos postulados largamente adorados y
con ello lograr una revolución del pensamiento.
Las implicaciones del temor a lo imprevisible son profundas. Son pocos los humanos que se
salen de la previsión evolutiva biológica y cultural para indagar más allá de sus certezas. Que sólo
los pensadores de antaño lo hicieran implicó 2 mil años de oscurantismo que borró para la pobla-
ción general el conocimiento encontrado. En el Renacimiento, la solución fue reentrenar a la
élite pensante para reflexionar de manera lógica y critica ante cada nueva información. Empero,
la nueva realidad enfrentó una limitante, la reflexión sistemática, critica y lógica requiere de de-
mocratizar dicho proceso a fin de generalizarlo a la mente popular. Por otra parte, al no poder
confrontar la abstracción contra la realidad, el proceso se vuelve altamente complejo y circular.
El Nuevo Mundo y sus impresionantes avances requirió de una nueva mirada, una metodología
que permitiera contrastar los castillos del aire con la cruda realidad. Esa es la sencilla y trascenden-
te contribución de la ciencia. Un proceso en el que se inicia por cuestionar la hipótesis propia a
favor de los hallazgos. Un andar en el que se sabe que los sentidos del que investiga son traiciona-
dos por su necesidad de certeza y, por lo tanto, erige múltiples vigías en el trayecto para usurpar
de sus datos sus propias inclinaciones. Para acceder a esta forma de análisis se requiere tener en

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Prólogo VII

primera instancia un conocimiento de la epistemología que guió los pasos hacia esta nueva forma
de conocer. En seguida, al reconocer que cada metodología tiene fortalezas y debilidades y que
sólo a través de la conjunción de ellas se obtiene un conocimiento más confiable, es necesario
que el investigador, el estudiante, el profesional consumidor de ciencia y hasta donde sea posible
la población general tenga al menos un conocimiento somero de las distintas técnicas para regir
su pensamiento.
Conforme a los propósitos listados antes, la aparición de una obra que integre una introducción
a la historia y la filosofía de la ciencia con una descripción actualizada y aplicable de las metodo-
logías, su pertinencia de acuerdo a las preguntas de investigación y la manera de interpretar los
hallazgos de las pesquisas constituye en verdadera aportación al avance del conocimiento en aque-
llas culturas que utilizan el castellano para comunicarse. El libro que nos concierne, inicia cuatro
capítulos orientados a las bases conceptuales y epistemológicas del método científico. De esta
manera, en el primer capítulo sobre el hombre y sus obras, se presenta una revisión contextualiza-
da para la región en cuanto al desarrollo de la ciencia en México. Aborda a la vez, el pensamiento
mesoamericano y habla de tres pilares que ayudaron en su metamorfosis: la imprenta, la medicina
y la universidad. En una segunda misiva sobre la “verdad” como un concepto antropo-sociológico
se aborda la noción y la búsqueda de la verdad que a su vez se asocia al avance de la ciencia. Re-
toma a los griegos, el oscurantismo de la Edad Media y el Renacimiento con sus precursores en
Europa. En México retoma la presencia de los jesuitas y su influencia en la divulgación del cono-
cimiento (“verdad”). Indica que ya en la época de Porfirio Díaz había un desarrollo atrasado en la
búsqueda de la verdad científica y que después de la revolución se crearon grandes instituciones
académicas como la unam, sep, cm, así como las revistas de divulgación de la verdad científica
como la Casa de las Américas, la Biblioteca del Estudiante Universitario de divulgación de la ver-
dad (científica), que sentaron las bases de las teorías de la verdad como coherencia, la coherencia
débil es la ausencia de contradicción, la pragmática de la verdad, etcétera.
Desde una perspectiva del conocimiento como meta universal, en el análisis sobre las relaciones
y problemas del conocimiento, se describe la historia de la ciencia, su epistemología y la relación
desarrollo-financiamiento que conlleva la interrelación entre la ciencia y el poder. Retoma a Só-
crates y su Mayéutica (conocimiento innato), que genera dos tendencias de pensamiento: idealistas
como Platón que cree que sus ideas (arquetipos) son descifrables con buenas preguntas en un
mundo perfecto y materialistas como Aristóteles con el primer esquema del método experimen-
tal mediante la observación y el análisis de lo observado. Aborda las relaciones entre la ciencia y la
religión y ejemplifica este punto retomando a Netzahualcóyotl y a Sor Juan Inés de la Cruz. Ex-
plica que en Europa Descartes separa el pensamiento religioso del método científico, habla de
Marx y las variables sociales así como de Nietzsche y el concepto de voluntad. Indica que la im-
portancia de las teorías recae en que reconstruyen la complejidad de la realidad mediante esque-
mas conceptuales interactivos. Esta sección se cierra con un tratado sobre la epistemología, la
lógica y la metodología de la ciencia. En el texto se explica que el desarrollo de las teorías van de
la mano de griegos como Tales de Mileto (filósofo y matemático), Anaximandro (filósofo, geóme-
tra y astrónomo), Anaxímenes (filósofo), Pitágoras (filósofo y matemático), Heráclito (filósofo).
Parménides (filósofo), Anaxágoras (filósofo, geómetra y astrónomo). Se indica también que en
México los olmecas influenciaron a los mayas y teotihuacanos en historia, arte y arquitectura y
como a partir de la conquista hubo un sometimiento, y con él una derrota del estudio del co-
nocimiento y del pensamiento en general. Habla también del humanismo renacentista, del
sincretismo barroco, el positivismo, el krausismo, el catolicismo dogmático y el catolicismo liberal.
Al aterrizar de nuevo en la región, retoma a México e indica tres senderos: los positivistas y el

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VIII Metodología de la investigación

camino de la ciencia (Porfirio Díaz); la reforma (Benito Juárez) y José Vasconcelos. Menciona a
Lázaro Cárdenas como promotor de la educación socialista. Por último, menciona que el enfo-
que positivista, que la ciencia comienza con la observación y que la observación proporciona
una base segura y verdadera a partir de la cual se puede derivar el conocimiento, al considerar
del racionalismo crítico de Popper.
En el apartado centrado en el proceso de investigación como tal, se inicia por hablar de posibles
excesos y como enfrentarlos al emprender el tema de la ética de la investigación. El capítulo abor-
da lo permitido, las reglas y las obligaciones que se tiene como investigador en cuanto al quehacer
científico. Habla de lo peligroso de romper barreras y ampliar el marco de tolerancia en cuanto a
la actividad científica. Menciona las normas generales de la apa (Asociación de Psicología Ameri-
cana) en cuanto al respeto a la vida, el respeto a la libertad de elección y el respeto a la dignidad.
Una vez establecidos los parámetros que rigen a la investigación en cuanto a la ética, se apunta
como este tema es tratado en la investigación en México. Así, se asientan las características desea-
bles en un investigador. A la vez, se habla de la situación de la investigación en México, se descri-
ben los principales organismos asociados a la investigación en México. También se detallan los
galardones más importantes que se otorgan en el área de las ciencias sociales y de la conducta y se
ejemplifica con los perfiles de investigadores mexicanos destacados. Finalmente se listan las prin-
cipales bibliotecas en el país y la liga en Internet de cada una.
Ya descrita la situación actual, se introduce al lector de manera pormenorizada a los aspectos
centrales de que permiten paso a paso realizar una investigación. En primera instancia, se presenta
como empezar una tesis o proyecto de investigación, se asesora en cuanto a la elección del tema,
el problema de investigación, los objetivos, y en su caso las hipótesis. Para clarificar estos aspectos
se ejemplifica a través de una tesis de licenciatura y otra de maestría, cómo ir articulando cada seg-
mento. Luego, se detallan los elementos indispensables para un proyecto de investigación, tales
como la manera en que se define que es una variable, se describen los niveles de medición y los
distintos tipos de variables. Asimismo se describen las definiciones operacionales y conceptuales y
también los diferentes tipos de muestreo. Aunque bien es cierto que la indagación rige la decisión
de método y variables, es necesario darle un sentido a la pesquisa, lo cual es imposible sin un mar-
co teórico referencial. En ese sentido en el siguiente capítulo se detallan las características de un
marco teórico y se discute su importancia y función dentro de los trabajos de investigación. Para
allegarse los insumos del pensamiento, aquí se describen las distintas fuentes de información y las
bases de datos más importantes. También se habla de los elementos de un marco teórico, los mo-
delos teóricos; las definiciones conceptuales de las variables y cómo incorporar investigaciones
recientes. Finalmente se explica cómo citar las referencias que se citan en el texto.
Sin lugar a dudas, para estas etapas el lector ya tiene claro un sendero que seguir, como siguien-
te paso se debe considerar si queremos saber las relaciones entre fenómenos o si nos interesa deli-
near un proceso, las causas y los efectos de una realidad. Para el caso de la causalidad, el método a
seguir debe ser experimental, y si sólo se quiere asociar, el estudio será correlacional y si se desea
simplemente describir, el abordaje podría ser hasta no experimental. Para recorrer estos ámbitos,
en el capítulo concerniente a la temática, se introduce el concepto de diseño de investigación,
se especifica su relevancia, el papel que juega en una investigación y cómo se asocia con los demás
elementos. Se implanta además los conceptos de control, aleatorización, validez interna y externa,
variables dependientes, independientes y extrañas. A partir de la introducción de estos conceptos
se caracteriza a los diseños experimentales, preexperimental, cuasiexperimentales y no experi-
mental. Ya con conocimiento de causa, el lector recibe las fortalezas y debilidades, las alteraciones
a la validez interna y externa de cada uno de estos diseños de investigación.

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Prólogo IX

Ahora sí, con datos en mano, llega el punto de clasificar, analizar e interpretar los resultados, para
ello, los autores introducen un capítulo orientado a la organización, análisis y presentación de
datos. Así, este capítulo detalla qué hacer después de haber recolectado los datos de la investiga-
ción, cómo codificarlos, capturarlos y organizarlos para presentarlos. Describe las diferentes tablas
y gráficas para presentar datos de acuerdo con el nivel de medición de los datos. También resume
los procedimientos estadísticos no paramétricos y paramétricos más comunes y en qué situación
utilizar cada uno de ellos. Como corolario y con la finalidad de dar una visión plural del campo,
el último capítulo habla sobre la investigación cualitativa. En él, se especifica de manera general las
diferencias entre el enfoque cuantitativo y cualitativo, y se describe la importancia de la elabora-
ción de categorías, así como los distintos tipos de investigación cualitativa.

Rolando Díaz Loving

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Introducción

Los autores estamos convencidos que el ser humano del siglo xxi es dinámico e inquieto, además
se interesa en acercarse a ver el mundo con los ojos de la ciencia. Asimismo, tal vez por decisiones,
situaciones o sistemas, nuestros intereses son muy variados, de ahí que busquemos desarrollar un
pequeño manual con temas vinculados a la metodología de la investigación, obra que intenta ser
como un caleidoscopio, un espacio donde distintos lectores pueden satisfacer sus inquietudes.
Es a partir de esa lógica que el libro permite diversas formas de ser leído, esto dependerá según
las inquietudes personales, académicas o profesionales de cada lector. Así, por ejemplo, si sus in-
quietudes giran entorno al desarrollo de la ciencia en México, se sugiere revisar algunos elementos
que deben ser considerados para elaborar dicha investigación, abordándolo no sólo como un de-
sarrollo epistemológico y teórico sino como el espacio social donde se construyó el quehacer
científico. Si usted comparte estas inquietudes deberá leer los primeros cinco capítulos.
En caso de que este material esté en las manos de algún estudiante universitario que se encuen-
tre elaborado una tesis, los capítulos del 6 a 9 lo llevarán de la mano, pues han sido realizados con
sencillez, precisión y claridad, debido a que fueron diseñados con ese propósito.
Sin embargo, el texto podrá servir de apoyo a toda persona que inicia el reto llamado diseños
experimentales. Estimado lector, quisiéramos comentarle que los tres autores, en manera y profun-
didad diferente, fuimos formados en programas de investigación, de ahí que intentaremos aden-
trarnos en estos temas en los capítulos 10 al 13.
Ahora, si por el momento usted no tiene mayor contacto con la ciencia ni con la historia o
desarrollo del pensamiento científico, entonces lo invitamos a que no cierre el libro y nos regale
unos minutos revisando el capítulo 14, el cual tiene que ver con usted, pues habla de cómo se vive
cotidianamente en nuestra sociedad.
Para despedirnos quisiéramos contestar la siguiente pregunta: ¿Cómo debe leerse este libro? La
respuesta es sencilla: como usted quiera, incluso si gusta revisarlo del capítulo 1 al 14 se encontra-
rán con un serie de temas fascinantes que lo llevarán a adentrarse en el mundo de la ciencia, pero
si usted quisiera iniciar con el capítulo de ética, abrirá usted, sin quererlo, un abanico de interesan-
tes posibilidades para que inicie con un proyecto de investigación, así que lo dejamos con este
pequeño caleidoscopio de metodología de la investigación. Por cierto, le pedimos un favor, comu-
níquese con nosotros a través de la Editorial para saber qué debemos integrar, pues sabemos que
nuestro viaje apenas inicia.

Marzo 2010-02-19
Distrito Federal
Cynthia, Martín y Coco

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Acerca de los autores

Dra. Cinthia Cruz del Castillo


Realizó estudios de licenciatura y doctorado en Psicología Social en la Facultad de Psicología de
la unam. Inició impartiendo cátedra a nivel licenciatura en la Universidad Latinoamericana y
en la Universidad Autónoma del Estado de México. Actualmente es profesor de tiempo comple-
to en la Universidad Iberoamericana e imparte clases tanto en la licenciatura como en el posgra-
do. Las materias que ha impartido se vinculan a la Metodología, la Estadística y a la Psicología
Social.
Pertenece al Sistema Nacional de Investigadores con el nivel 1. Ha presentando 46 trabajos en
foros nacionales e internacionales; además ha escrito 10 capítulos en libros y 4 artículos en revistas
arbitradas. En cuanto a las temáticas en las que ha enfocado su trabajo de investigación sobresale
el estudio de las relaciones de pareja, particularmente el conflicto marital y el deseo sexual, y el
estudio de trabajo de la mujer como fenómeno individual y social, también se ha enfocado a la
elaboración y validación de instrumentos relacionados con los mismos tópicos.
Los autores han trabajado juntos desde 1993, periodo en el que han escrito seis libros y de los
cuales se han vendido más de 55 mil ejemplares.
Cuentan con una basta experiencia en distintas áreas como: capacitación (Instituto Mexicano
del Petróleo), administrando y coordinando personal de posgrado (Universidad Mexicana y Uni-
versidad Salesiana), e impartiendo clases de posgrado (en la Escuela Superior de Contaduría y
Administración, Casco de Santo Tomás, en la unitec, Campus Sur, y en la Universidad Mexica-
na). Simultáneamente, colaboran en la enseñanza a nivel licenciatura en universidades como
itesm-cem, Anáhuac del Norte, itam, cics-ipn, ebc, udla, Universidad Panamericana y la Uni-
versidad Iberoamericana.
Olivares y González, psicólogos egresados de la unam y con maestría en comunicación (él) y
en educación familiar (ella), son un matrimonio que han perdurado durante 20 años y cuentan
con dos hermosos hijos: Nancy, alumna de Turismo (est-ipn) y Contabilidad (ebc); y Martín,
alumnos de primaria, Kumon y de las fuerzas básicas del Cruz Azul.

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Dedicatoria

Agradezco a Carlos por toda su ayuda para realizar este libro.


Agradezco a Sofía por ser la mejor maestra de metodología y estadística.
Dedico este libro a Eliel, a mis papás, a Rocío, a Azucena y a Ernesto.

Cinthia Cruz del Castillo

Miguel Gussinye:
Estimado Miguel hace 10 años usted se integró al mundo de Cervantes, dejó este mundo de va-
nidades y se fue a luchar a un mundo diferente, quisiera el día de hoy darle mi reporte.

• Usted dejó su libro y pensó que era la hora de otra generación, gracias. No tenemos la pro-
fundidad que usted tiene, así que los sustituimos por hojas, ya llevamos 1700 hojas escritas en
seis libros.
• Usted dejó su estatus y sus ganancias, nosotros, por convicción y por respeto, intentamos
seguir defendiendo los mismos principios de Don Quijote de la Mancha, del cual era usted
experto.

Como cantó Mercedes Sosa: sólo esperamos no callar nuestra voz ante las injusticias.

• Por cierto, su mejor alumno Rodolfo, resultó un excelente ejecutivo, visionario, capaz y
sensible.

De tal suerte que entre las obras que nos heredó en México, deben incluirse 1700 páginas y un
directivo íntegro, lo que usted siempre defendió en la Escuela Bancaria y Comercial.

Martín González

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XVI Metodología de la investigación

Cuando vives lo suficiente para ver que los que amas se adelantan en el camino…
pero te hacen falta fuerzas para alcanzarlos, por lo que dejarías.
Cuando las arrugas te parecen aduladores trofeos de historias secretas
y te dedicas a coleccionar las sonrisas de tus hijos,
te das cuenta que hubo pocos constantes en tu vida y la primera reacción es de asombro
Porque caes en cuenta de que ese constante ya no es el otro, sino parte de ti mismo y que es,
simplemente,
El gran amor de tu vida…
Gracias Martín

Socorro Olivares

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Contenido

Prólogo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . V
Introducción . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . XI
Acerca de los autores . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . XIII

Capítulo 1
El hombre y sus obras . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1
1.1 El hombre y sus obras; el hombre en sí mismo como un producto social . . . . . . . 1
Referencias . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 9

Capítulo 2
Un concepto antroposociológico: la verdad . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 11
2.1 El desarrollo histórico de la noción de verdad . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 11
2.2 Las raíces arrancadas de una cultura moderna. Los jesuitas . . . . . . . . . . . . . . . . . 15
2.3 El positivismo. Díaz y los problemas con la lingüística . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 18
2.4 La concepción de la verdad en la ciencia de las últimas décadas del siglo xx . . . . 20
2.5 La tarea para el siglo xxi. El cambio de paradigmas en física cuántica
y su transposición a noción de verdad en las Ciencias Sociales . . . . . . . . . . . . . . 22
Referencias . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 23

Capítulo 3
Las relaciones y problemas del conocimiento . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 25
3.1 Distintas posturas en torno al conocimiento . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 25
3.2 Los mayas del siglo xxi . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 27
3.3 Aplicación de teorías contemporáneas a situaciones específicas; teoría del juego . . 30
Referencias . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 32

Capítulo 4
Epistemología, lógica y metodología de la ciencia . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 33
4.1 Presocráticos, Sócrates, Platón y Aristóteles; el inicio del método científico . . . . . 33

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XVIII Metodología de la investigación

4.2 Confrontación; entre una sociedad del conocimiento sincrético y la escolástica . . 36


4.3 La Colonia y la joven nación mexicana, del siglo xvii al xx . . . . . . . . . . . . . . . . 39
4.4 Vasconcelos (la raza cósmica) y Lázaro Cárdenas del Río (educación socialista) . . 41
4.5 Los primeros pasos del quehacer científico en el siglo xx . . . . . . . . . . . . . . . . . . 44
4.6 Thomas Kuhn, la importancia de los paradigmas en las comunidades científicas
y sus críticos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 45
4.7 Teorías contemporáneas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 47
4.8 Principios de la teoría neopositivista . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 48
4.9 Racionalismo crítico . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 50
Referencias . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 53

Capítulo 5
Ciencias sociales, naturales, formales y tecnología: un trébol
de cuatro hojas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 55
5.1 Principios cristianos que favorecieron el desarrollo del pensamiento científico . . 56
5.2 La ciencia como un producto social. La Revolución Industrial desde una
perspectiva caótica y su justificación social. El positivismo . . . . . . . . . . . . . . . . . 57
5.3 El sinuoso camino de las ciencias; sociales y naturales . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 59
5.4 La ciencia positiva como obstáculo epistemológico en el desarrollo
de las ciencias sociales . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 60
5.5 ¿Existen los paradigmas “cuantitativo” y “cualitativo”? . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 62
Referencias . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 64

Capítulo 6
La investigación en México . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 67
6.1 ¿Qué es investigar? . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 67
6.2 ¿Qué es la investigación científica? . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 68
6.3 ¿Por qué es importante investigar? . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 69
6.4 ¿Cuál es el impacto de la investigación en México? . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 71
6.5 ¿Qué es una biblioteca universitaria? . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 76
Referencias . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 79

Capítulo 7
Cómo iniciar el proyecto de investigación . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 81
7.1 ¿Cuáles son las opciones de titulación? . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 81
7.2 ¿Cuáles son las diferencias entre un proyecto de tesis, la tesis, la tesina
y un artículo? . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 83
7.3 ¿Los proyectos pueden hacer diferentes aportaciones? . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 84
7.4 ¿Cuáles son las razones para realizar investigación social? . . . . . . . . . . . . . . . . . . 85
7.5 ¿Existen diferentes propuestas para realizar proyectos de investigación? . . . . . . . . 86
7.6 ¿Cómo hacer un proyecto de calidad? . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 88
7.7 ¿Cómo empezar? . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 88
Referencias . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 92

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Contenido XIX

Capítulo 8
Elementos indispensables del proyecto de investigación . . . . . . . . . . . . . . . 93
8.1 Seleccionado el tema ¿qué sigue? . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 93
8.2 ¿Cómo plantear la pregunta de investigación? . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 93
8.3 ¿Cómo estructurar el índice del proyecto? . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 94
8.4 ¿Cómo se elaboran los objetivos? . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 96
8.5 Taxonomía de objetivos educacionales de Bloom . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 98
8.6 ¿Cómo plantear las hipótesis? . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 101
8.7 Tipos de hipótesis . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 102
8.9 El elemento común alrededor de la temática elegida, la pregunta
de investigación, los objetivos y las hipótesis es la variable . . . . . . . . . . . . . . . . . . 104
8.10 ¿Cuáles son los diferentes tipos de variables? . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 105
8.11 ¿Cómo incluir el aspecto cultural en nuestro proyecto? . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 106
8.12 ¿Qué es una muestra? . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 107
8.13 Tipos de muestreos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 108
8.14 Diferentes tipos de muestreos probabilísticos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 109
Referencias . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 110

Capítulo 9
Elaboración del marco teórico . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 111
9.1 Fuentes de información . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 111
9.2 apa (American Psychological Association) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 116
Referencias . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 117

Capítulo 10
Diseños experimentales . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 119
10.1 Diseños experimentales de investigación, aspectos generales . . . . . . . . . . . . . . . . 119
10.2 Procesos complejos: investigación y arte . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 119
10.3 ¿Como en una obra de teatro…? Constancia en la investigación . . . . . . . . . . . . . 122
10.4 Aspectos básicos del diseño . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 123
10.5 ¿Qué es una variable extraña? . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 124
10.6 ¿Por qué hablamos de control y aleatorización? . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 125
10.7 ¿Validez y confiabilidad son formas de control? . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 126
10.8 ¿Cómo se logran el control y la validez interna? . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 127
10.9 Grupos de comparación . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 129
10.10 ¿Qué es un diseño preexperimental? . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 130
10.11 Preexperimentos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 130
10.12 ¿Diseño cuasiexperimental? . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 131
10.13 Diseños experimentales . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 134
Resumen . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 138
Referencias . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 138

Capítulo 11
Diseños de investigación: tipos y características . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 139
11.1 Diseños de investigación experimental (Fisher, 1925, 1935) . . . . . . . . . . . . . . . . 139

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XX Metodología de la investigación

11.2 Diseños en función de la estrategia empleada para la comparación entre


los tratamientos administrados a los sujetos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 142
11.3 Diseños factoriales . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 146
11.4 Diseños en función de la técnica de control asociadaa la estructura del diseño . . . 150
11.5 Diseños intrasujetos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 157
11.6 Diseños en función de la cantidad de variables dependientes incluidas
en el diseño. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 160
11.7 Diseños en función de las posibilidades de control estadístico que brinda
el diseño . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 164
11.8 Diseños en función de los efectos del tratamiento . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 167
Referencias . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 174

Capítulo 12
Investigación cualitativa . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 175
12.1 Los caminos de la ciencia . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 175
12.2 Aproximación a una diferenciación . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 177
12.3 Aproximación a una conceptualización . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 180
Referencias . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 185

Capítulo 13
Organización, análisis y presentación de resultados . . . . . . . . . . . . . . . . . . 187
13.1 Estadística descriptiva . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 189
13.2 Estadística Inferencial . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 195
13.3 Significancia estadística . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 197
Referencias . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 204

Capítulo 14
Aspectos éticos de la investigación . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 205
14.1 ¿Por qué la ética? . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 205
14.2 Lo humanamente investigable . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 207
14.3 Engaño o consentimiento . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 214
14.4 La libertad de irse . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 215
14.5 Contemplar las consecuencias . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 216
14.6 Sólo entre nosotros (confidencialidad) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 218
14.7 Lo animalmente investigable . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 219
14.8 A favor o en contra . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 220
14.9 La normatividad . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 222
14.10 Que no sea un fraude . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 225
Referencias . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 227

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Capítulo 1

El hombre y sus obras

1.1 El hombre y sus obras; el hombre en sí mismo


como un producto social

Iniciemos este tema con el cuento Un sueño, de Jorge Luis Borges:


En un desierto lugar de Irán en una no muy alta torre de piedra, sin puertas ni ventanas. En la única
habitación (cuyo piso es de tierra y que tiene forma de círculo) hay una mesa de madera y un banco. En esa
celda circular, un hombre que se parece a mí escribe en caracteres que no comprendo un largo poema sobre
un hombre que en otra celda circular escribe un poema sobre un hombre en otra celda circular… El proceso
no tiene fin y nadie podrá leer lo que los prisioneros escriben.
El lector y los autores tenemos algo en común: nuestra pasión, formación, defectos y virtudes están
asociados a las ciencias sociales, lo que significa que la mitad de dichas herramientas metodológicas
y teóricas se relacionan con el mundo de las ideas. Por supuesto que algunos de nuestros procedi-
mientos son experimentales o matemáticos; no obstante, para ser honestos, pocas de nuestras afir-
maciones se hacen en los tradicionales laboratorios fisicoquímicos, por lo que podemos concluir
que aspiramos a ser científicos sociales.
Ahora bien, al ser nuestra pasión, es obvio que nos gusta, estamos totalmente convencidos de la
veracidad de nuestras afirmaciones, ¡caray, somos científicos! Pero, ¿cuándo nuestras afirmaciones
son un reflejo de la realidad y cuándo son un sueño? ¿Con esto se podría interpretar que se pone
en duda la metodología de las ciencias sociales? ¡Por supuesto que no! Sin embargo, sí se plantea
la imperiosa necesidad de diseñar métodos de control social que permitan alejarnos de ser prota-
gonistas del cuento planteado por Borges.
Así, iniciamos un proyecto cuyo objetivo central es presentar a nuestros lectores un panorama
general de la ciencia y los métodos que usualmente se usan en las ciencias sociales. Es ambicioso, sí,
pero intentaremos que al mismo tiempo sea didáctico e interesante. Para lograrlo hemos estructu-
rado esta obra en tres grandes apartados: la ciencia, la metodología y los diseños experimentales.
Hemos intentado que en la primera parte, además de la revisión universal e histórica, se integre
una revisión de lo que sucedió en México; detrás de esto no existe un interés nacionalista o una
propuesta de cerrarnos al mundo, sino de conocer lo que sucede en este país en el desarrollo de la
ciencia.

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2 Metodología de la investigación

El hombre: ser productor en Mesoamérica

Para guiar a los hombres que aquí habrían de vivir era necesario rescatar la raíz
de la antigua cultura, el testimonio del recuerdo, la conciencia de la historia.
—Miguel León-Portilla

La capacidad de trabajar y de hacer productos es uno de los aspectos básicos que nos convierten
en seres humanos, lo cual, en particular, no fue ni rápido ni simple, sino caótico, pues implicó,
entre otras cosas:
• El desarrollo del cerebro. Todo parece indicar que por lo menos al inicio de la evolución, as-
pectos como el hecho de que el hombre fuera carnívoro permitieron la evolución de su ce-
rebro, debido al tipo de nutrientes que consumía; se puede a firmar esto aun en contra de lo
que opinen los vegetarianos, ya que las evidencias apuntan en ese sentido hasta el momento.
• La evolución de la constitución física del ser humano. Aspectos tales como la movilidad del
pulgar permitieron la creación de armas y, posteriormente, algunos instrumentos, los cuales fa-
vorecieron el desarrollo del ser humano. Otro aspecto básico a considerar es la columna erecta,
ya que facilitó algunas actividades; sin olvidar, claro está, a la comunicación cara a cara. El con-
junto de todos estos aspectos se encuentran presentes en el desarrollo del ser humano.
• Existen otros aspectos que, indirectamente, favorecieron esta capacidad productiva del ser
humano, como su naturaleza gregaria y el posterior desarrollo que tuvieron las comunidades
humanas. También se debe considerar la capacidad de comunicarse que el ser humano fue
desarrollando.
Finalmente, existen aspectos caóticos que, aunque es difícil entender cómo se relacionan, están ahí
presentes. Sería imposible pensar en la existencia del ser humano sin esos aspectos; señalemos sólo
un ejemplo: aunque todavía no hay una respuesta única, e incluso puede haber varias simultánea-
mente, es claro que el ser humano encontró el fuego y, sin querer, ese animal, sin piel gruesa, pe-
queño e inofensivo en su época, inició el camino para convertirse en el mayor depredador que ha
conocido este planeta; aquella chispa de fuego le dio a la larga más fuerza que un oso, más rapidez
que un tigre y mejor visión que un halcón.
El ser humano no sólo construyó un producto, ya que éste le permitió autoconstruirse. Segura-
mente esta evolución no ha terminado; ahora sabemos que siempre mantendrá una orientación
caótica, pero estamos convencidos de que podremos darle un pequeño matiz que nos ayude a mejo-
rar tanto al ser humano como a nuestra casa, el planeta Tierra. ¿De dónde viene tanta confianza? Por
lo menos en nuestro caso, y seguramente en el tuyo también, la confianza viene de nuestros tatara-
buelos, el mayor imperio que haya existido en el continente americano desde hace 3,800 años.
Hagamos un pequeño ejercicio: ve a algún volcán o alguna montaña que te permita ver el Valle
de México, ¿sabías que 1,800 años a.C. había bosques, lagos y pantanos; que abundaban los anima-
les para la cacería y la pesca y muchas plantas se podían recolectar? Se encontraban en algo que los
estudiosos han denominado el período formativo o Preclásico en Mesoamérica, período que abar-
có hasta el año 200 d.C.; en esta época las aldeas agrícolas iniciaban su aparición.
De haber estado en esa época seguramente habrías participado en la caza de algún mamut (o el
surgimiento de nuestras reservas petroleras). Esto no debe interpretarse como un retroceso, ya que
el Valle de México es hoy una de las tres más grandes concentraciones de personas a nivel mundial,
un país además cuya economía está entre las nueve más importantes del mundo, cuya tradición
cultural es milenaria y que tiene aún muchos retos por delante; sin embargo, debes tener presen-
te la grandeza de tus ancestros, recuerda al imperio más grande que ha existido en América, el

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El hombre y sus obras 3

Azteca, el cual existió por tres siglos, para que te des una Sabías que…
idea de lo importante de este dato; recuerda que los esta- Mesoamérica fue una de las siete áreas de
dounidenses llevan apenas medio siglo. primera generación urbana, es decir, en la
La fertilidad de la tierra, la disponibilidad del agua y la historia de la cultura humana hay sola-
diversidad de plantas ayudaron al desarrollo de la agricul- mente siete lugares en el mundo donde
tura, de la cual vivía una población más numerosa y densa los seres humanos hicieron juntos la gran
transición del mundo de la aldea al mundo
que la de otros lugares de América. La variedad de climas y de la ciudad. Estas siete áreas son el nor-
de los productos naturales de Mesoamérica propició, desde te de China, Mesopotamia, Egipto, el Valle
épocas muy antiguas, el intercambio comercial y cultural del Indo, el sudoeste de Nigeria, y dos de
entre zonas apartadas: éste es uno de los rasgos que definen ellas en las Américas: los altiplanos del
al período Clásico, que abarca del año 200 al 800 d.C. Perú y Mesoamérica.
Además, el comercio, las migraciones y las expediciones
militares difundieron la influencia de los pueblos más avanzados, por eso hay costumbres, creencias
y formas de trabajo que son comunes a todos los pueblos de Mesoamérica. La evolución de las ci-
vilizaciones mesoamericanas es larga y complicada, aunque siempre está asociada a la creación de
los grandes centros ceremoniales.
Regresemos al cuento Un sueño, donde Borges entiende que una diferencia básica de sus distin-
tos personajes es el signo y el idioma, sin duda alguna diferencias importantes, pero no suficientes.
Lo que hace diferente el mundo de los mesoamericanos del de los mexicanos no es el idioma,
sino la cosmovisión: ellos eran sincréticos, nosotros somos analíticos; para ellos ciencia y dios era
lo mismo, para nosotros no. Esto es necesario señalarlo por el ejercicio que realizaremos a conti-
nuación; estamos claros de que tal vez sea un ejercicio absurdo (didáctico para la teoría del caos),
pues intentar entender a los mesoamericanos sin sus dioses es imposible, pero quisiéramos rastrear
el origen de los más parecido al pensamiento científico en Mesoamérica.
Para los mesoamericanos su divinidad se encuentra inmersa en un proceso que oscila entre la
fusión y la fisión, es decir, todo nos conecta con y nos lleva a dios (fusión), pero al mismo tiempo
este dios puede dividirse en dos, tres o cuatro divinidades (fisión). Algo muy parecido se da en la
religión católica, en “El misterio de la Santísima Trinidad”, donde hay una diferencia que nos
parece importante: en la religión católica, Dios Padre es bueno, Dios Hijo es bueno, Dios Espíritu
Santo es bueno. En la religión mesoamericana esto no así; creemos que eso les permite manejar
de mejor manera la dualidad, por esta razón su pensamiento comparte muchos puntos con las
actuales reflexiones de la física cuántica. Así, el mundo mesoamericano es un mundo paradójico,
heterogéneo, incluso contradictorio y dinámico.1
Revisemos algunos ejemplos de cómo los mesoamericanos integraron la dualidad, observemos
cómo sobrepusieron a esto la idea de género, recreando un mundo donde existían dioses y diosas,
lo cual, a primera vista, niega la idea de haber sido una cultura machista, tal como la que se de-
sarrolló durante la Colonia.
Desde esta cosmovisión, la creación del ser humano es una distribución de la sustancia divina,
de ahí que el saber (el paralelo de los científicos de nuestra época) se obtenga en los ritos para la
obtención del conocimiento, que son actividades que parten de un sincretismo.
“…el ritual se creía posible debido a que el mago invocaba a las esencias divinas de los elementos que in-
tervenían en el proceso, utilizando para ello el nahuatolli (o lengua de lo oculto.)”2

1
Para profundizar en este tema se sugiere leer el interesante artículo de López Austin, Alfredo. “Modelos a distancia;
antiguas concepciones nahuas”. En López Austin, A. (coodinador). El modelo en la ciencia y la cultura. Ed. UNAM/Siglo
XXI, México, 2005.
2
Ibidem.

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4 Metodología de la investigación

Tabla 1.1 Ejemplos de la dualidad encontrada en la antigua Mesoamérica.


Dios padre Diosa madre
Calor Frío
Sol Luna
Gloria Sexualidad
Sequedad Humedad

Es triste e impresionante que la increíble precisión de la astronomía maya, integrada a su arquitec-


tura, haya sido olvidada, pues dicha civilización utilizaba el Sol como base para la planeación de
sus vidas debido a que dependían de la agricultura. Con el equinoccio de primavera iniciaban la
siembra y con el de otoño la cosecha. Por eso los mayas construyeron complejas estructuras utili-
zando geometría avanzada, así como astronomía para hacer mapas de ciclos solares; su capacidad
de predecir eventos astrológicos con precisión es admirada en la actualidad.
Otros elementos del pensamiento maya son el equilibrio de mente y cuerpo, meridianos de
energía, enfoques biodinámicos y holísticos, los cuales son conceptos que han ganado terreno en
las últimas décadas con la llamada medicina alternativa o neuropatía, que se ha convertido en una
opción normalizada para sanar. Las tribus que poblaron Yucalpetén, ahora Yucatán, fueron muy
dadas al estudio de las plantas, por lo que había individuos dedicados a combatir las enfermedades
usando yerbas con propiedades medicinales; en maya se les denominaba hmenodzadzac, palabra que
en la actualidad es castellanizada como yerbero o herborista.
Posteriormente sucedió algo que la ciencia aún no se explica del todo: de pronto la sociedad
maya dejó de existir y, si bien es cierto que el imperio azteca fue más poderoso en cuanto a pue-
blos dominados, extensión de territorio, etcétera, todo parece indicar que nuestros mayas fueron
una de las civilizaciones donde se encuentran más referentes vinculados a la ciencia de Meso-
américa.
Resulta interesante cómo se fue dando ese cambio entre el pensamiento mágico mesoamerica-
no y el pensamiento científico contemporáneo. Aunque no hay una respuesta exacta, es claro que
podemos encontrarla en la Colonia, período donde las dos culturas se integran, así que propone-
mos algunos elementos para su reconstrucción.

Cinco pilares en la metamorfosis del pensamiento mesoamericano

¿Cómo transitamos del pensamiento sincrético, mágico, religioso, científico mesoamericano, a


nuestra analítica ciencia mexicana? Revisemos dos posibles respuestas: una es que no cambiamos.
Fijemos esta primera posición.
Tanto en Mesoamérica como en el México contemporáneo, la visión sincrética de los chama-
nes y la visión científica de los estudiosos son compartidas por muy pocas personas; el pueblo en
su conjunto desconoce y es ajeno a ambas visiones. Si esto es cierto, la cosmovisión sincrética de
los chamanes, como la científica, son posturas que comparte, conoce y domina un pequeño por-
centaje de la población, ya que pocos aztecas conocían y manejaban el chamanismo, así como muy
pocos mexicanos conocen y manejan la ciencia.
Una segunda postura sería que no cambiamos de costumbres, sino que nuestras tradiciones y
pensamientos persisten en nuestra cotidianidad. Esta idea es excelentemente desarrollada por in-
vestigadores como Miguel León-Portilla; lo cierto es que aprendimos una nueva forma de pensar,
de crear, a lo cual le llamamos pensamiento científico.

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El hombre y sus obras 5

Tal como se puede apreciar en la tabla 1.2, hay un largo camino entre el pensamiento sincré-
tico mesoamericano y el pensamiento moderno mexicano; bajo el segundo, más que una tran-
sición, al inicio fue un sometimiento que conservaba muchos elementos rebeldes, desesperados,
con fuertes sentimientos de coraje y enojo. Tal es el caso de las impactantes obras, como iglesias
y castillos, que se construyeron durante la época colonial; a la hora de construirlas, tanto en sus
cimientos como en sus columnas, los indígenas enterraban figuras de sus dioses de manera clan-
destina.
Esta idea se refuerza cuando recordamos que uno de los principales elementos que permitieron
la caída de Tenochtitlan fue el hecho de que los dioses mesoamericanos habían pronosticado tal
caída. Más que un sometimiento, fue la interpretación mágica que ellos tenían del tiempo, pues
podrían luchar contra sus enemigos o enfermedades, pero contra sus dioses no, ya que éstos habían
sido muy claros: su tiempo se había acabado.
Mencionaremos ahora algunos elementos que se involucraron en la transición del pensamiento
mesoamericano al contemporáneo; sin embargo, debe quedar claro que la enumeración es total-
mente arbitraria.

El primer pilar en la metamorfosis del pensamiento mesoamericano: la imprenta

Una de las primeras herramientas que fue labrando camino para desarrollar la transición de pen-
samientos fue la imprenta. Aunque al inicio fue quizá un instrumento totalmente elitista, tenía en
sí mismo la semilla para democratizar el conocimiento. Sólo revisemos el inicio de este poderoso
instrumento.
Por órdenes del obispo fray Juan de Zumárraga y el virrey Antonio de Mendoza, entre 1535 y
1539 llegó a México el impresor Esteban Martín, quien se dedicó a imprimir cartillas y silabarios,
es decir, material de apoyo para la labor pastoral.
Existen dos versiones sobre cuál fue el primer libro impreso en México. José Toribio Medina
afirma que fue la Escala espiritual para subir al cielo, de Juan Clímaco, traducida del latín al castellano
por el padre Juan de Estrada, pero el nombre del impresor no queda claro, por lo que no se puede
asegurar si fue Esteban Martín o Juan Pablos. Entre 1539 y 1600 se editaron 179 obras, la mayoría
de carácter religioso, aunque hubo algunas obras didácticas como gramática, abecedarios y voca-
bularios, ya sea en español o lenguas indígenas.3

Tabla 1.2 Transición entre pensamiento mesoamericano y el pensamiento científico moderno.


Pensamiento Pensamiento
(o herramientas) (o herramienta)
mesoamericano contemporáneo Observaciones
Los mesoamericanos poseen parte Los seres humanos poseen el pode- El pensamiento mesoamericano era
de una sustancia divina, lo que roso instrumento del pensamiento sincrético, el actual es analítico.
permite realizar rituales e integrarse social, el cual desarrolló la ciencia y
a este mundo mágico. la tecnología.

3
Para mayor información consultar el artículo de Gloria Domínguez Castañeda, “Breve y apresurada historia de los
primeros impresores en México”. Sección Cultural de El Financiero, 22/04/09, pág. 38.

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6 Metodología de la investigación

Segundo pilar en la metamorfosis del pensamiento mesoamericano: la medicina

¿Por qué desaparece la cultura azteca?, es una pregunta que tiene una respuesta multivariable;
sin embargo, un elemento a destacar que no depende de interpretaciones fueron las epidemias.
Dentro de la cultura mesoamericana, la botánica, como ya lo vimos en los mayas, destacaba por
su importancia, dada su estrecha relación con la medicina. Por eso Moctezuma regalaba a sus
súbditos, cuando estaban enfermos, plantas que se cultivaban en los jardines reales. Cabe destacar
que esto sucedía 50 años antes de que se creara el jardín botánico de Padua, Italia, y 100 años
antes del de París, Francia.
Debemos reconocer que el médico español Francisco Hernández, quien atendía al rey Felipe
II, reunió 1,200 especies vegetales curativas originarias de América, es decir, una parte de la co-
munidad científica se acercó a esta manifestación cultural. El herbolario fue el sucesor del brujo
y el antecesor del médico. Cuando en la gran Tenochtitlan había epidemias, los aztecas aislaban
a los enfermos para evitar el contagio; durante el imperio de Moctezuma II existió un hospital
para los guerreros, el primero en la meseta de Anáhuac. En Texcoco hubo otro para los inválidos a
causa de la guerra; además, se construyeron asilos para los ancianos y enfermos en la gran Teno-
chtitlan y en Cholula.4 Moctezuma II sufragaba una casa para pacientes incurables o extraordina-
rios. Junto al templo mayor estuvo el Netlatiloyan,5 dedicado al dios náhuatl, que funcionaba
como leprosario.6 Desafortunadamente, tenemos muy pocos elementos para reconstruir tanto los
tratamientos que se seguían en estos hospitales mesoamericanos como el sistema de administra-
ción que los dirigía.
A partir de este momento se inicia un período de transculturación muy dinámico; es evidente
que la dirección está delimitada por la medicina del viejo continente, la cual se compone por
elementos de la medicina tradicional mesoamericana. Uno de los puntos de encuentro fue la
construcción de hospitales-monasterios, uno de ellos fundado por Hernán Cortés en Huitzillán
(lugar de colibríes), en el sitio donde se reunió con Moctezuma Xocoyotzin, el 8 de noviembre
de 1519.
Al terminar el sitio de México-Tenochtitlan, Cortés construyó el hospital El de la Limpia
Concepción de Nuestra Señora. La iglesia se construyó en el siglo xvii y la terminaron en 1665;
la fachada de este nosocomio es producto de las sucesivas remodelaciones efectuadas en
1662, 1770, 1800 y 1945. Ahí ejercieron los primeros médicos de la ciudad: Pedro López, Cris-
tóbal de Ojeda y Diego Pedraza. El 11 de enero de 1527 el cabildo de la ciudad nombró al
primer protomédico, cargo que le confirió autoridad para supervisar el ejercicio de la medicina.
En esa época el nosocomio recibió el nombre de Hospital de El Marqués y después Hospital de
Jesús Nazareno.
¿Cómo es esta medicina que traen los españoles? Es muy diferente a la que vemos hoy en nues-
tros hospitales especializados, públicos o privados. En primer lugar, no era una medicina socializa-
da, es decir, para todo el mundo: estaba orientada principalmente a los españoles. En segundo lugar
sus avances eran precarios; recordemos que en los dos siglos siguientes es cuando se produce un

4
Cholullan alude a la historia tolteca y de Tula e indica que se trata de una metrópolis; éste fue un nombre que se le
adjudicó a diversas ciudades de las culturas mesomericanas.
5
Para profundizar en este tema se sugiere revisar la siguiente dirección http://www.organizacionessociales.segob.gob.
mx/UAOS-Rev5/hospital_general.htm
6
Había otro edificio, llamado Netlatiloyan, que quiere decir “donde se esconde”. Era lugar de los leprosos y su dios se
llamaba Nanahuatl. Para mayor información se sugiere revisar, Torquemada, Juan de, Monarquía Indiana, 7 v. Edición del
Seminario para el estudio de fuentes indígenas, coordinado por Miguel León-Portilla, México, UNAM, Instituto de
Investigaciones Históricas, 1977.

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El hombre y sus obras 7

avance impresionante, período en el que se convierte en pilar de la transformación del pensamien-


to mesoamericano al moderno, debido a que los aztecas estaban huérfanos e indefensos, sus curan-
deros se escondían, habían pasado a la clandestinidad, nunca fueron comprendidos, e incluso hoy
en día se les ve como bárbaros que hacían sacrificios.
Lentamente y producto más de las relaciones interpersonales que de un avance sociocultural, la
medicina comenzó a curar a sus enfermos. Es claro que si alguien curara a tu bebé, padre o pareja,
tendrías menos resistencia para entender y dialogar con él, incluso comenzarías a adoptar sus cos-
tumbres y pensamientos. Así, paulatinamente, se dio un cambio colosal: antes te curaban el brujo
y los dioses; en la actualidad te curan el médico y su dios: la medicina.

Tercer pilar en la metamorfosis del pensamiento mesoamericano: la Universidad

Mesoamérica no tenía algo similar a la Universidad; sólo contaba con las escuelas para los
guerreros y para la enseñanza de distintos oficios, pues resulta ilógico contemplar una licencia-
tura en brujería o en cómo ser emperador, ya que en el caso de ellos un brujo y un emperador
eran de origen divino, no producto de una formación académica. Algo similar ocurre actual-
mente con nuestra clase política y empresarial: su origen es casi monárquico, son hijos de los
nuevos príncipes.
La primera Universidad que se abrió en México fue la Real Pontificia Universidad de la Nue-
va España, acto realizado en 1540 cuando el obispo fray Juan de Zumárraga dio instrucciones para
que se solicitara al rey que “mande en todo caso establecer y fundar en esta gran ciudad de Méxi-
co, una Universidad en que se lean todas las facultades que se suelen leer y enseñar en las otras
universidades, y sobre todo Artes y Teología pues de ello hay más necesidad”.7 Otro tipo de uni-
versidad en esa época y bajo la circunstancia de colonización era simplemente imposible.
Un dato desconcertante se presentó cuando el virrey Antonio de Mendoza hizo gestiones ante
la corona con el propósito de que tanto los indios como los hijos de españoles recibieran instruc-
ción superior. Una de las hipótesis en torno al origen de la Universidad es que fue vista como un
instrumento para la colonización y, aunque evidentemente cierto, se sembró de nuevo una semilla
que podría ser difundida posteriormente; sin embargo, dos datos a considerar serían que la Uni-
versidad no comenzó su etapa de socialización sino hasta después de la Revolución, bajo la direc-
ción de Justo Sierra. Además, hay que recordar que en respuesta a esas demandas, el 21 de
septiembre de 1551, Felipe II expidió en Toro, España, la Real cédula que disponía fundar “Estu-
dio e Universidad”, con los privilegios, franquicias y libertades que gozaba la Universidad de Sa-
lamanca, España. No obstante, a profesores y estudiantes de la Universidad mexicana se les negó el
fuero del que disfrutaban los miembros de las universidades españolas.
A pesar de esta decisión, la historia comenzó a escribirse. Las actividades de la Real Pontificia
Universidad iniciaron el 3 de junio de 1553; posteriormente eligieron como rector a Negrete.
Además, las autoridades emitieron las disposiciones necesarias para formalizar, con fecha 5 de julio,
la incorporación de catedráticos, antigüedad, jubilación, perpetuidad y movilidad, así como el
sueldo del bedel Juan Pérez, a quien hoy se llamaría prefecto.
Las escuelas o facultades eran Teología, Derecho, Artes y Medicina. El financiamiento de la
Universidad provenía del alquiler de inmuebles y de la explotación de extensiones agrícolas, que
eran cultivadas por indios sometidos obligatoriamente a ese trabajo.

7
Para profundizar en este tema se puede consultar la siguiente dirección: http://www.juridicas.unam.mx/publica/li-
brev/rev/hisder/cont/14/cnt/cnt10.pdf

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8 Metodología de la investigación

Ni los españoles ni los aztecas eran pueblos científicos; esto entre otras cosas, debido a que la
ciencia estaba en su terrible “sueño” llamado Edad Media. Sin embargo, después de revisar los tres
elementos antes mencionados, es difícil llegar a cualquier conclusión, pues es claro que los pueblos
en los que se desarrolla y crece la Revolución Industrial son Inglaterra y Alemania, aunque tam-
bién es evidente que de habernos conquistado Inglaterra no existiría México. Uno de los temas
que se vincula de manera estrecha a este apartado es el de las diferentes cosmovisiones que tenían
ambas culturas.

¿Qué sucedía a nivel mundial?

Si tomamos en cuenta que las primeras civilizaciones se reportan 1,500 años antes de Cristo (ver
anexo I), nos daremos cuenta de que Mesoamérica estuvo desconectada del mundo durante casi
tres milenios; este dato, que parece desconcertante, es de fácil comprensión si revisamos los mapa-
mundi de 1500, en los que el continente americano simplemente no existía. Claro, incluso se
pensaba que el mundo era plano.
Lo curioso y triste del asunto es que esta lejanía se mantuvo durante los tres siglos que duró la
Colonia; los argumentos aquí fueron totalmente diferentes: algunas versiones señalan que los es-
pañoles no querían contaminar a la Colonia de las ideas liberales que se difundían en Europa.
Tres siglos donde los vínculos fueron muy pocos. ¿Qué pasó en ese tiempo en el mundo? Casi
nada, sólo la Historia Universal. Quisiéramos que el lector se traslade en este momento a nuestro
anexo 1 y lea lo que sucedió en esa etapa, pues hubo de todo, incluso la pérdida del año cero.

Para tu reflexión

En las diferentes épocas de la humanidad los años se han contado de diversas formas:
Griego Romanos Cristianos
Usaban las olimpiadas Su punto de referencia eran los gober- Tenían como punto de referencia el naci-
nantes miento de Cristo.
Pericles llegó al poder el segundo año Así, el año 100 a.C. era el año en que En 532 d.C., Dionisio el Exiguo, un
de la septuagésima séptima olimpiada fueron cónsules Cayo Mario y Lucio monje de origen sirio que vivía en un
(460 a.C.). Valerio. No obstante, para aquellos ca- convento romano, matemático y teólogo,
sos en que una numeración correlativa tras profundos estudios de la Biblia y de
era imprescindible, terminaron elaboran- las fuentes históricas, llegó a la conclu-
do un sistema de datación que, teórica- sión de que Jesucristo había nacido el
mente, comenzaba el año en que Rómulo 25 de diciembre del año 754 a.u.c., y
fundó Roma. En este sistema el año 100 propuso que dicho año fuera llamado
a.C. era el año 653 a.u.c., donde las 1 a.D. (anno Domini), es decir, el año 1
siglas a.u.c. significan ab urbe condita del Señor. El clero difundió rápidamente
(desde la fundación de la ciudad). Im- este sistema de datación, si bien su
porta poco si Rómulo existió o no y si, introducción oficial tuvo lugar en épocas
en caso afirmativo, fundó Roma o no en muy distintas en cada país; por ejemplo,
el año 1 a.u.c., lo importante es que los Carlomagno decretó su uso el mismo
romanos usaban coherentemente este año de su coronación, por lo que 1554
sistema. a.u.c. pasó a ser el año 800 a.D.

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El hombre y sus obras 9

La situación que da origen a nuestro comentario se dio por- 750 a.u.c – 4 a.C.
que los eruditos siguieron usando el sistema a.u.c. para 751 a.u.c – 3 a.C.
numerar los años hasta el 753 a.u.c. y, a partir de aquí, 752 a.u.c – 2 a.C.
consideraban que empezaba la Era Cristiana, con lo que el 753 a.u.c – 1 a.C.
año siguiente pasaba a ser 1 a.D. No fue sino hasta el siglo 754 a.u.c – 1 d.C.
xv II que los historiadores empezaron a nombrar los años 755 a.u.c – 2 d.C.
anteriores al 1 a.D. contando hacia atrás. Por aquellas fe- 756 a.u.c – 3 d.C.
chas, el sistema de numeración arábigo estaba plenamente
757 a.u.c – 4 d.C.
difundido y los matemáticos hacía mucho tiempo que ma-
nejaban con precisión los números negativos, pero al pare- ¡No hay año cero! Este atentado contra el álgebra ele-
cer los historiadores no, lo que les llevó a cometer un mental puede inducir a mil equívocos y errores a quien no
crimen contra la humanidad: impusieron la costumbre de sea consciente de sus múltiples consecuencias. Por ejem-
que el año anterior al 1 a.D., esto es, el año 753 a.u.c., pa- plo, si la temperatura pasa de cuatro grados bajo cero a
sara a ser el año 1 antes de Cristo, en siglas 1 a.C., tras el cuatro grados sobre cero el aumento ha sido de ocho gra-
cual venía el año 1 a.D. o, lo que equivale al año 1 d.C. (año dos, pero entre el año 4 a.C. y el año 4 d.C. no han trans-
1 después de Cristo). currido ocho años, sino sólo siete (porque falta el año 0),
Dicho así puede ser coherente, pero lo interesante que- tal y como se ve si pensamos que estamos hablando de los
da patente si miramos la tabla de conversión resultante: años 750 a.u.c. y 757 a.u.c.

Referencias
Domínguez Castañeda, Gloria, Breve y apresurada historia de los primeros impresores en México. Sección Cultural
del Financiero, 22/04/09, pág. 38.
López Austin, Alfredo. Modelos a distancia; antiguas concepciones nahuas. En López Austin A (Coodinador). El
modelo en la ciencia y la cultura. Ed. UNAM/Siglo XXI, México, 2005.
Torquemada, Juan de. Monarquía Indiana, 7 v. Edición del Seminario para el estudio de fuentes indígenas,
coordinado por Miguel León-Portilla, México, UNAM, Instituto de Investigaciones Históricas, 1977.

http://www.juridicas.unam.mx/publica/librev/rev/hisder/cont/14/cnt/cnt10.pdf
http://www.organizacionessociales.segob.gob.mx/UAOS-Rev5/hospital_general.htm

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