Está en la página 1de 5

Análisis de Oración de Juan Gelman

El poema es muchas veces, obviamente no todas, representación del poeta, reflejo de su forma de
ser, de como se relaciona este con el mundo y como ve el mundo, pero también puede ser
representación del ser del poeta, de su carácter mas intimo que puede estar oculto a la visión y
opinión del mundo, puede ser esta un secreto que guarda celosamente y es en la poesía donde se
libera el vertiginoso cause de la pasión, imaginación y deseos del poeta. El poema erótico muchas
veces tiene esto de secreto, puesto que el autor por lo general no expresa de forma tan explicita
sus deseos eróticos, sus pasiones sexuales o intenciones que pueden nacerle hacia una persona, y
es en la privacidad con su escritura en que se permite la expresión sincera y real.

En el poema seleccionado, Oración, me parece que es mas bien una expresión direccionada por
un sentimiento reciproco, mas que por un anhelo por una satisfacción aun inalcanzable, lo que si
bien no parece estar tan fuera de lo común -quiero decir, podría tomarse solo como el poema de
un amante a su amada con una connotación erótica y sexual-, posee ciertas características que me
parecen especialmente interesantes y que demuestran el talento del autor. No es solo el deseo que
cualquiera pudiese experimentar por una persona deseada, el poema posee una especie de
respetuosa exigencia, lleva este deseo por la otra persona a un nivel en que se implora por la
satisfacción, es casi un grito de desesperación, pero es una imploracion calma, y esta calma se la
entrega tanto el reconocimiento de la otra persona como la delicadeza de la combinación de los
versos, de lo exigente a lo entregado, de lo que obliga a lo que reconoce a la otra persona no como
objeto, sino como persona. Pero bueno, continuemos explicando el poema presentándolo y
trabajándolo analizando tantos los versos de forma individual como de forma grupal y finalmente
como una totalidad. A continuación, el poema:

Oración
Habítame, penétrame.
Sea tu sangre una con mi sangre.
Tu boca entre mi boca.
Tu corazón agrande el mío hasta estallar...
Desgárrame.
Caigas entera en mis entrañas.
Anden tus manos en mis manos.
Tus pies caminen en mis pies, tus pies.
Árdeme, árdeme.
Cólmeme tu dulzura.
Báñeme tu saliva el paladar.
Estés en mí como está la madera en el palito.
Que ya no puedo así, con esta sed
quemándome.
Con esta sed quemándome.
La soledad, sus cuervos, sus perros, sus pedazos.

Partiendo por el titulo, quisiera enfocarme en el después de analizar el poema . Esta separación
con motivo de que me parece se explicara de forma mas sencilla la elección de esta única frase por
parte del autor luego de observar y sentir con calma el poema y lo que este proyecta. Aun así, son
convenientes algunas palabras previas a este análisis, una especie de corazonada. La disposición
completa del poeta hacia la persona es de entrega y cierta devoción, pero una devoción no
comparable con la de la religión cristiana (o cualquiera que exija hipocresía sobre los deseos y el
vivir), sino que una devoción de asumir como satisfacción incondicional lo que la persona puede
hacer y entregar. Es volver al otro un dios, no por creador ni dueño de la voluntad u verdad, sino
que una divinidad con el milagroso poder de saciar verdaderamente, lo que no quiere decir
eternamente, el deseo. Si bien es una idea preliminar no me parece tan equivocada con respecto a
lo que deseó plasmar el poeta.

Iniciemos entonces con el poema mismo, empezando con los primeros 4 versos:

Habítame, penétrame.
Sea tu sangre una con mi sangre.
Tu boca entre mi boca.
Tu corazón agrande el mío hasta estallar...

Inicia el poema con una calmada exigencia, una especie de orden, pero sin ninguna inclinación de
autoridad ni mandato, es una orden por ser el deseo mismo y sincero del hablante, deseo de verse
lleno y conocido por la otra persona, “habitado”, de sentirse, paradojicamente, cubierto por la otra
persona, y al mismo tiempo de saberse deseado por la otra. El deseo lleva al hablante a exigir que
la otra traspase la barrera de diferenciación de “lo uno y lo otro”, que “ penetre” en si rompiendo
esta barrera, lo penetrante es siempre lo que cala a fondo, y eso busca quien exige, que se remita
tan profundo la otra persona como profunda es la raíz de su deseo. El deseo es desenfrenado, es
necesitado, se busca, sin embargo, entrega también por parte de la otra persona, que entregue lo
propio, lo vital, la “sangre”. Es esta la primera referencia de un simbolismo religioso, de ritual,
representa la sangre la vitalidad del otro, al volverse la misma, se entrega la vida para el otro. Se
presenta el sacrificio, un leve dolor, no como prueba de fe, sino como expresión del anhelo de
estar completo, de satisfacción de la carencia. El beso es un momento fundamental, debe ser
nombrado, explicitado, por su valor en el los dos últimos versos. “Tu boca entre mi boca” me es
confuso por la palabra “entre”, me parece que puede entenderse como “tu boca
entremedio/entrelazada/enredada a mi boca”, o bien, como “tu boca haga entrar a mi boca”, haga
entrar hacia la otra boca, volverse un “bocado”. Pueden parecer muy similares ambas
interpretaciones, pero esconden una diferencia importante. Mientras que la primera mantiene una
simetría entre ambas partes, la 2da muestra de mejor manera la entrega por parte del hablante a
la persona que satisface sus deseos, posee un valor especial pues balancea el carácter exigente con
uno mas entregado, ayuda a entender que el “haz esto” que imbuye el habítame, penétrame es
producto de la necesidad, de lo desesperado por la satisfacción, y no de la orden. Me era confuso
debido a que para que “tu corazón agrande el mio...” es necesario el beso, sin importar su carácter,
puesto que por la caracterización que ya se ha dado de la otra persona, solo le es necesaria alguna
abertura para entrar en los rincones mas profundos del hablante. Su alma, cuerpo y mente, su ser
entero, se vera repleto por la otra persona con la sencilla acción de esta brindarle cierta entrega.
Un beso prácticamente le devolvería o la quitaría la vida, pero nunca algo menor. Podría llenar su
“corazón hasta estallar”, llevarlo a las alturas (o profundidades) del goce, hacerlo experimentar ese
disfrute que es como una muerte momentánea, en que la vida se te escapa por unos segundos.

Los 4 versos siguientes mantienen la idea general presentada en los anteriores, la ruptura de la
individualidad para unirse en una especie de ser único, ruptura que se lleva a cabo por la entrega y
el deseo desenfrenado. Estos versos manifiestan de forma mas salvaje este desenfreno:

Desgárrame.
Caigas entera en mis entrañas.
Anden tus manos en mis manos.
Tus pies caminen en mis pies, tus pies.
La exigencia ahora es violenta, si anteriormente era mas bien consensuada ahora se vuelve mas
incontrolada. Busca el hablante ser “desgarrado”, busca un brusco desvelamiento de si, verse
expuesto y frágil, busca que la otra persona exprese el mismo desenfreno que a el lo gobierna.
Podría haber sido un “desnúdame”, sin embargo, para que mantuviese la misma idea debió haber
sido un “desnúdame, quítame la ropa, la piel, la carne, los huesos, la conciencia y la calma”, este
“desnúdame” seria un “deshaceme”, el verso que sigue al “desgarramiento” da a entender lo que
se busca: “Caigas entera en mis entrañas”. La imagen es de una crudeza hermosa, el desenfreno
del hablante le exige a su compañera que lo destruya para volverse sobre el, y esa destrucción la
controlará ella, la dominará ella, ella estará por sobre el. Me parece importante destacar el hecho
de que recien ahora se habla de “ella”, personalmente no creo que sea determinante para el
poema el sexo de la otra persona, pero si se debe destacar que se habla específicamente de que es
una mujer para asi poder referirme a “ella” en lo que sigue de este escrito.

Sin embargo, ocurre el proceso en que comienza esta unión, se comienza la disolución de los
“ella” y “él” para ser una misma entidad, el acto sexual los vuelve uno, ella que cae sobre el, el
movimiento confabulado, las manos no es que se muevan iguales, pero si lo hacen en un mismo
sentido, lo mismo ocurre con los pies, y con el resto del cuerpo. El énfasis del poeta cuando dice
“tus pies caminen en mis pie, tus pies”, “tus pies”, el decidido caminar, el seguir adelante con lo
que se realiza, nuevamente recuerda el que se desea a un otro, a un otro que nos entregue algo
similar a lo que nosotros entregamos, por voluntad y en libertad. El poema mantiene ese juego
constante, el reconocimiento del otro y la disolución de lo uno/otro.

Continuemos con un siguiente grupo de versos:

Árdeme, árdeme.
Cólmeme tu dulzura.
Báñeme tu saliva el paladar.
Estés en mí como está la madera en el palito.

En comparación con los anteriores versos se mantiene cierta estructura, exigencias, deseos y
descripciones, sin embargo, hay una diferencia en el contenido. Continua el acto sexual, y las
exigencias se adecuan ya no al deseo de verse deseado, sino que se remiten a peticiones
enmarcadas en una escena de dos amantes ya realizando el acto. El calor de los cuerpos, la fricción
de los mismos, la tibieza propia de ambos sexos y estando ya difuminada la percepción de lo uno
mas allá de entenderse como el sujeto que instancia el placer y que puede instanciarlo en lo que
percibe del otro. Cada uno de los primeros 3 versos contiene una parte implícita, parte que
explicitaría la participación de ambas personas, deja de ser el hablante el entregado, el permisivo y
flotante en un turbulento mar que lo domina sin oponersele, es ahora quien hace y deja hacer, ya
no se deja solo satisfacer entregándose, colabora con la acción de una manera que mezcla la
conciencia con el desenfreno. “Ardeme, ardeme” contiene un ardamos, es algo así como un
“hazme arder, ya que yo también te haré arder”, el fuego se compone de la comunión de materias,
la fricción produce chispas y estas, a su vez, llamas. Ambas partes son los componentes para esta
combustión, que es no solo efecto del deseo, sino que causa del mismo. Los dos versos que siguen
mantienen esta posibilidad de un mensaje oculto; “cólmeme tu dulzura” nos da a entender por un
lado esta devoción del hablante por su amante, mientras que por otro su acción que ejecuta, el
constante éxtasis que le produce el recorrer a su compañera con sus labios, con su lengua, con sus
dientes, busca ese dulce sabor, no solo lo recibe, sino que se aventura por el y lo exige, exige ser
colmado de él; similar situación se expresa en el siguiente verso, busca los labios, la boca, de su
compañera, busca un beso que exprese el desenfreno en el que se encuentra, el placer que le
genera la compañía de ella. La idea de verse “excedido” por su compañera persiste, el hablante
desea que cada acción de ambos tenga esa naturaleza, por ello, quiere sentir y saber sus sentidos
excedidos por la interacción con la otra persona. Por ultimo, el cuarto verso nos invita a
preguntarnos como esta la madera en el palito y me parece que una respuesta que se adecua al
poema es que “excediendolo”, el palito es un pedazo pequeño de madera, es pues, madera igual
que la madera, pero comparativamente mas pequeña, y mas aun, el palito se desprende de la
madera, formaba parte de el pero ya no, podríamos decir que este añoraría volver a adentrarse en
la madera, volver a ser uno con ella, pero la verdad me parece que seria una interpretación un
poco exagerada. Por tanto, prefiero sostener una interpretación en que el hablante mantiene la
actitud general del poema, verse “repleto” de su amante, lleno por ella, recorrido cada milímetro
de si por ella, y sentirla a su vez igual de extasiada que el en su labor de “absorberlo”, absorción
que es un mutuo “deshacerse” de si mismos.

Para terminar, veamos los últimos versos:

Que ya no puedo así, con esta sed


quemándome.
Con esta sed quemándome.
La soledad, sus cuervos, sus perros, sus pedazos.

Estos versos finales del poema representan un fuerte giro con lo que sucedía hasta este punto con
el mismo. Resuena como una vuelta a la realidad, como un despertar de un ensueño en el cual
estaba envuelto el hablante. La conexión entre este fragmento y los demás es lo que me hace
entender el porque del titulo Oración para el poema. Estos últimos versos pierden el carácter
directivo para volverse una especie de suplica, una petición de piedad para la otra persona. El
deseo y el desenfreno se plantean ahora como un problema, y si bien la tónica del poema era ver
este deseo como una necesidad a satisfacer ahora se plantea como una dolencia, no como un
sentir incontrolable del apetito del hablante. Me da a entender que hasta este mismo cambio el
poema completo era precisamente una imploracion a la otra persona, el retrato por parte del
hablante, la expresión sincera de sus mas eróticos deseos imbuidos de un sincero amor. Es la
oración que dedica a una mujer humana-diosa, diosa por la sobrenatural capacidad de dar y recibir
placer y amor, humana por las mismas causas, pero ademas, humana por estar ahí, existir en la
cercanía tangible del hablante. Es, antes que una oración de un devoto hacia su divinidad, es una
oración hacia la naturaleza humana, a sus posibilidades, y con la intención de que esta naturaleza
salvaje, lo mas instintivo y dionisíaco de la especie, se desborde de esta mujer para con el.

Este sujeto, famélico y sediento de sentirse completo, se esta quemando, se esta quemando
siendo que busca arder. La diferencia es que el busca que lo hagan arder y hacer arder, el
quemarse, por el contrario, es un castigo, es revolverse sobre si mismo, sobre su propia impotencia
y limitación de satisfacer su deseo. “La soledad, sus cuervos, sus perros, sus pedazos.” El
autorretrato del dolor que esto implica. El poema es una oración porque es una petición a la mujer,
una petición de deseo. Este ultimo verso condensa la tristeza del hablante, puesto que ademas de
reconocer la soledad, la privación de esta mujer, la caracteriza. La interpretación de esta
caracterización se vuelve compleja y no niego que pueda estar cayendo en una visión bastante
errada, pero de todas maneras, me parece que las 3 cosas que nombra después de la soledad; sus
cuervos, sus perros, sus pedazos, expresan distintas facetas del sentir del hablante, pero que son
producto de la mujer, pero ello los antecede con el “sus”. Primero, los cuervos, a mi juicio
manifiestan el pesimismo que este pudiese tener con respecto a su oración, es la inseguridad de
reconocer al otro como un individuo distinto que puede no aceptar lo que se le solicita. Los
cuervos son los pájaros que anuncian la desgracia, los que anuncian su fracaso y su condena a esta
soledad. Por su parte, sus perros, expresa que esta mujer posee, o puede poseer, otras personas
que la deseen, que la acechen, que la seduzcan, que se interpongan entre el y ella. Finalmente, sus
pedazos, es el reconocimiento de algo ya dicho, la identificación de ella como una persona distinta,
con un mundo aparte del hablante, mundo que este solo conoce a fragmentos, y que esta faceta
desconocida para el abre su incertidumbre y su angustia al no saber si su petición sera bien
recibida.

Es esta angustia del hablante la que motiva la oración, la que le da sentido al poema. No es
unicamente la pasión sin freno de un sujeto por una mujer que enaltece como una divinidad, es
una suplica por que ella deposite su interés en el, es una petición de que sienta el mismo deseo de
complementarse con un otro y que ese otro sea el, así poder satisfacer sus deseos, sin embargo,
esta satisfacción de deseos no puede darse con tranquilidad porque precisamente la mujer es un
otro externo, es una arma de doble filo, y el peligro que esta le genera le provoca cierta angustia.
Lo erótico se da como deseo, pero el poema completo tiene un mensaje implícito de amor y de
deseo combinados, de necesidad tanto afectiva como carnal, tanto emocional como de satisfacción
de deseos instintivos.

Adolfo Aguilar Caro