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Ensayo sobre María como paradigma de la Nueva Evangelización

Introducción
La Virgen María ha cumplido un papel fundamental en la Evangelización de las
culturas. En este momento coyuntural de la historia ella se convierte en signo de
esperanza, ella es “Madre de la espera”. Constantemente la Iglesia invoca su
poderosa intercesión, en la comunión de los bienaventurados.
La presente exposición sigue la siguiente estructura: en primer lugar, se trata
de mostrar como la virgen María está en el centro de la fe del pueblo y ella misma
la renueva constantemente; en segundo lugar, se pretende dar a conocer la
religiosidad popular como una alternativa de posibilidad en el camino de la
evangelización, más que como un obstáculo. Por último, se pretende expresar cuál
es la finalidad de la evangelización en el contexto de un pueblo que busca la
salvación en Jesucristo.
Este ensayo es un pequeño esbozo en clave mariológica, de los aportes de la
III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Puebla. Con apoyo en
la exhortación apostólica postsinodal Evangelii Nuntiandi del beato Pablo VI y
algunas referencias bíblicas del Nuevo Testamento.

Objetivo
Analizar el papel fundamental de la virgen María en la evangelización. Y como se
puede potenciar esta inculturación del mensaje de salvación en orden a la
transformación de todo orden humano.

Justificación
Es indispensable para el cristiano contar con una base doctrinal bien fundamentada
para darle un cimiento racional a su experiencia de fe. No obstante, se puede
constatar en la “praxis” de la vida cotidiana que numerosas pueblos y culturas han
bebido de experiencias de fe que parecieran estar menos fundamentadas en
cuestiones teológicas y que por ende son más vitales, hasta el punto de ser
calificadas como “experiencias de religiosidad”, sin entender muy bien cuál es el
sustrato de este calificativo que se le ha otorgado a las manifestaciones populares
de piedad.
No es posible considerar la religiosidad como un obstáculo para la
evangelización de la cultura. Es más, a partir de ella emerge el proceso de
evangelización. Se puede afirmar que de algún modo ella se evangeliza a sí misma
porque cuenta con los elementos inculturados del mensaje de la salvación que le
son intrínsecos. Pero tampoco se puede pensar que la religiosidad popular por sí
sola sea capaz de aproximarse de la manera más correcta a la Revelación de Dios
en Jesucristo. Sin duda que esta fe humilde y sencilla del pueblo necesita ser
evangelizada, no anulada. Potencializada para sacar de ella misma la riqueza de la
gracia que el Espíritu Santo le ha derramado.
La virgen María ha sido considerada siempre en la historia de la Iglesia como
un camino eficaz que conduce a la salvación en Jesucristo. En la actualidad
latinoamericana, la devoción a la virgen María, es un elemento de la fe cristiana que
se ha inculturado de modo admirable, hasta el punto de ser considerado un camino
de esperanza. Ella es la “Estrella de la Nueva Evangelización”. Ella es la madre de
los que sufren y en ella pueden encontrar consuelo quienes sienten perder la
confianza o la esperanza en cada situación de la vida.
Los pobres son un lugar teológico, talvez no ha sido tenido muy en cuenta. Pero
en ellos vemos con claridad la presencia del Reino proclamado por Jesucristo. Él
mismo quiso hacer una opción preferencial por los pobres. Tanto, que escogió una
niña pobre para que ella fuera la morada de su divinidad y de su humanidad, de ella
recibe la humanidad y ella recibe la participación de la divinidad en la Encarnación.
El presente ensayo se puede sustentar desde tres perspectivas: El papel de la
virgen María en el renacer de la fe del pueblo, el influjo de la piedad mariana en la
religiosidad popular y el elemento evangelizador que se puede extraer de dichas
prácticas religiosas y culturales; por último, la connotación liberadora de la piedad
mariana, esta piedad a la virgen María tiene la capacidad de liberar al ser humano,
no por sí misma sino por los méritos de Jesucristo el Señor de la historia.

Marco teórico
El papel de María en la Evangelización ha sido abordado con mayor ahínco en este
último siglo. El documento de Puebla (1979) ofrece unas coordenadas útiles para
entender cuál es la misión de la Iglesia a la luz de los signos de los tiempos
(Conferencia de Medellín 1968), y cuál es el papel fundamental que la Virgen María
desempeña en la Iglesia peregrina.
Hablar de María como estrella de la Evangelización es volver a la visión de la
exhortación apostólica postsinodal Evangelii Nuntiandi (1975) que es como el telón
de fondo y sigue siendo un documento insigne del magisterio para la orientación de
la misión evangelizadora de la Iglesia.
Además, este ensayo se apoya en algunas citas bíblicas del Nuevo Testamento
con las cuales se busca dar fundamentos mariológicos y eclesiológicos, como
también de misionología. Siguiendo la estructura argumental tripartita que
corresponde a cada uno de los títulos y su consiguiente desarrollo.
En el renacer de la fe del pueblo
La Santísima Virgen María continúa siendo en el Continente Latinoamericano el
paradigma de la Nueva Evangelización. Con su vida misma ha dejado el ejemplo
para vivir en una constante renovación del espíritu evangelizador. Ella es la “estrella
de la Evangelización siempre renovada”1.

En el continente de la esperanza, se puede continuar afirmando lo que dijo la


III Conferencia General del episcopado latinoamericano: “ésta es la hora de María,
tiempo de un nuevo pentecostés que ella preside con su oración, cuando, bajo el
influjo del Espíritu Santo, inicia la Iglesia un nuevo tramo en su peregrinar”2.

No se puede negar que la devoción mariana se ha encarnado de modo


admirable en el continente y le ha dado un “nuevo ímpetu” a la tarea evangelizadora.
María se ha convertido en la fe del pueblo latinoamericano como en la síntesis del
Evangelio de Jesucristo el Señor. En su modelo de discípula y misionera es posible
encontrar una admirable inculturación del Evangelio de la salvación.

La virgen María en el contexto de la religiosidad popular


La religiosidad popular “es una forma activa con la cual el pueblo se evangeliza
continuamente a sí mismo”3. No obstante, esta forma de devoción puede manifestar
algunas desviaciones por factores intrínsecos o extrínsecos a ella misma, en
términos de teología moral se puede traducir como pecado personal del que cada
individuo es sujeto y responsable o pecado estructural que ya había denunciado san
Juan Pablo II y se puede hallar de alguna manera en todas las esferas de la
sociedad, en la política, en la economía, en la cultura en general.

En el documento de Puebla se puede encontrar la siguiente afirmación: “la


religión del pueblo debe ser evangelizada siempre de nuevo”4. Las limitaciones de
la religiosidad popular no se pueden buscar entonces en la Revelación de Dios o en
las dos vertientes de esta que los cristianos reciben y veneran con gran piedad, a
saber, la Sagrada Escritura y la Sagrada Tradición. La carencia se encuentra en la
cultura que es receptora de la evangelización y en todos los dinamismos que en ella
se pueden descubrir y que sin duda impactan positiva o negativamente en la fe del
pueblo.

La teología popular o piedad mariana popular ha sido una pedagoga con la cual
muchos han crecido y se han podido nutrir de toda la riqueza que contiene debido

1
Exhortación apostólica postsinodal Evangelii Nuntiandi. Beato Pablo VI. (1975), (EN 81).
2
Documento de Puebla. III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano. San Juan Pablo II (1979), (DP 303).
3
DP 450
4
DP 457
a que esta manifestación de la fe humilde de un pueblo trata de expresar a su
manera el misterio insondable de Dios y su plan de salvación. Se puede afirmar que
a pesar de que en ocasiones se pueda presentar algún tipo de desviación en el culto
popular, en muchos más casos esta forma de devoción a servido para acrecentar la
fe del pueblo.
María como liberadora de un pueblo que sufre y pone su esperanza en Dios

La teología mariana es vivida en todos los contextos de la sociedad; sin embargo,


el culto a la virgen es sin duda encarnado en la historia de los débiles, los oprimidos,
en síntesis, de los pobres, por quienes Jesús quiso hacer una opción preferencial.
Aunque los pobres no entienden o usan las categorías mariológicas de la alta
teología, ellos son capaces de vivir con espontaneidad la fe que profesan
humildemente y que han recibido como un legado, de sus antecesores.
Esta forma de creer, orar, vivir y celebrar la fe tiene como cualquier teología sus
limitaciones, pero también sus posibilidades y potencialidades, si se encauza
correctamente y se asiste con solicitud pastoral. Porque toda ella hace parte de la
manifestación de la multiforme gracia que el Espíritu Santo derrama sobre todo ser
humano, y sobre la Iglesia en particular como destinataria de esta obra de
santificación.

Lo particular de la mariología popular y donde radica su acogida en el pueblo


humilde, tiene que ver con la expresión misma de este culto, que le habla de una
manera sencilla a los que son sencillos. Y mucho más con la vida de la santísima
virgen que fue dichosa por haber creído y haber vivido en consecuencia con esta
convicción de fe. Ella misma expresó en el Magníficat la profunda alegría de ser
partícipe del plan salvífico de Dios.
Todo mi ser ensalza al Señor.
Mi corazón está lleno de alegría
a causa de Dios, mi Salvador,
porque ha puesto sus ojos en mí
que soy su humilde esclava...
Con la fuerza de su brazo
destruyó los planes de los soberbios.
Derribó a los poderosos de sus tronos
y encumbró a los humildes. 5

La Iglesia fue instituida por Cristo con una única finalidad: la Evangelización.
Esta llamada imperiosa resuena en todos los cristianos. Evangelizar no es un

5
Lc 1,46-52
privilegio sino una tarea inaplazable, la tarea de liberar a los oprimidos, de darle
sentido a la vida del ser humano, en fin, de conducirlo a la salvación en Jesucristo.
Ya lo afirmaba san Pablo: “Porque si predico el evangelio, no tengo nada de qué
gloriarme, pues estoy bajo el deber de hacerlo; pues ¡ay de mí si no predico el
evangelio!”6

María se convierte en un puente eficaz para esta obra de Evangelización que


supone ante todo la transformación estructural de las culturas y en ellas de los seres
humanos, en orden a Cristo que es la medida última de perfección. Ya lo expresaba
el beato Pablo VI de la siguiente manera con respecto al objetivo de la
evangelización:
“Alcanzar y transformar con la fuerza del Evangelio, los criterios de juicio, los
valores determinantes, los puntos de interés, las líneas de pensamiento, las
fuentes inspiradoras y los modelos de vida de la humanidad, que están en
contraste con la Palabra de Dios y con el designio de salvación. Podríamos
expresar todo esto diciendo: lo que importa es evangelizar, no de una manera
decorativa, como un barniz superficial, sino de manera vital en profundidad y
hasta sus mismas raíces la cultura y las culturas del hombre”.7

Conclusiones

La virgen María siempre ha acompañado el proceso de la fe del pueblo de Dios. En


ella renace una esperanza nueva. La esperanza de perpetuar el Reino de Dios con
un nuevo espíritu misionero.

La religiosidad popular debe ser Evangelizada. Solo así puede ejercer gran
influjo en la transformación de las estructuras, de la cultura y la religión misma.

El mensaje del Evangelio contiene una verdad salvífica, capaz de liberar de la


opresión, la injusticia, en fin, de dar pleno sentido a la vida del ser humano, de
propender a que este sea más persona. La virgen María es un puente eficaz en esta
obra de liberación.

6
1 Co 9,16
7
EN 19-20
Anexos (Advocaciones en Latinoamérica)
Nuestra Señora de Guadalupe- México

El 12 de diciembre es su fiesta en México y América. Su culto se extendió también


a Filipinas. Es insigne para el catolicismo mexicano y latinoamericano. Su primera
aparición fue al indio San Juan Diego, el 9 de diciembre de 1531. El acontecimiento
guadalupano ha sido calificado por Juan Pablo II como “ejemplo de evangelización
perfectamente inculturada”. Entre todas las historias se destaca la llamada Nícan
Mopobua, relato de 1545, escrito en el idioma náhuatl, pero con caracteres latinos,
por el indígena Antonio Valeriano. El 31 de julio de 2002 el indio Juan Diego fue
canonizado por el Papa Juan Pablo II8.
Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá- Colombia
En el año de 1555, entre los primeros conquistadores, llegó Don Antonio de
Santana, con el cargo de encomendero de Boyacá, Colombia. Era muy devoto de
la Virgen, por lo cual mandó construir una capilla en su casa. En Tunja, por medio
de Fray Andrés de Jadraque, encargó a Don Alfonso de Narváez que hiciera una
imagen de la Virgen del Rosario. Como la tela era más ancha que la larga, colocó a
la derecha de la Virgen a san Antonio, santo del encomendero y a la izquierda a san
Andrés, patrono del Fraile que lo contrató para hacer la pintura de la Virgen. La
Imagen fue venerada en la capilla de Don Antonio, pero en 1565 ya estaba bastante
deteriorada y fue arrinconada. Su coronación se hizo el 28 de junio de 19199.
Nuestra señora de Aparecida- Sao Paulo, Brasil
Esta imagen se venera cerca de la Ciudad de Sao Paulo. Su nombre se debe al
modo como fue encontrada: en octubre de 1717, viajaba de Sao Paulo hacia Minas
Geráis, el gobernador de estas provincias Don Pedro de Almeida, conde de
Assumar. Salieron a pescar, encontraron una estatuilla y llegados a casa la
colocaron en un altar improvisado y la llamaron La Virgen Aparecida. El fervor y
piedad del pueblo le transformó la capilla en santuario, donde fue coronada el 8 de
septiembre de 1904. La Aparecida es el centro de la religiosidad mariana en Brasil.
Es pequeña, mide 35 cms más o menos, rostro de tez negra, como el de los afro-
latinoamericanos, descendientes de los esclavos negros traídos a este país por los
conquistadores10.
Nuestra Señora de Luján- Argentina

En 1630, el hacendado Antonio Farías Saa, portugués, radicado en Sumampa


(Santiago del Estero), quiso tener una imagen en su casa, para construirle una

8
Yepes, M. María primera Evangelizadora de América Latina, Ed. Paulinas 1994, 207-208.
9
Ibíd.
10
Ibíd.
ermita. Le escribió a un amigo de Brasil pidiéndole que le mandara una imagen de
bulto, de la Inmaculada Concepción de María. El amigo lo complació y en lugar de
mandarle una le envió dos: La Inmaculada y otra que tenía el niño Dios en brazos.
En las orillas del río Luján se instalaron en un paraje llamado “La estancia de
Rosendo”. Los viajeros comprendieron que la Virgen quería quedarse en ese lugar
y la llevaron a la casa de Don Rosendo. Colocada en el mejor lugar, los vecinos
comenzaron a rendirle culto. Ese fue el primer santuario de la Virgen de Luján,
donde permaneció desde 1630 a 1674. Su fiesta se celebra el 15 de noviembre. Pío
XI en 1930 la nombró Patrona de Argentina, Paraguay y Uruguay11.

11
Ibíd.