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¿Mi teoría utilitarista de la justicia o, mi teoría de la justicia utilitarista?

 López, Noelia.

 Mat. N°: 3801- 1543.-

SUMARIO: I. Introducción; II. Apego con la tradición aristotélica; III. Referencias utilitaristas
en John Rawls; IV. Desarrollo de los principios de la justicia en miras al bienestar; V.
Conclusiones; VI. Bibliografía.

I. INTRODUCCIÓN

El objeto del presente trabajo está vinculado con que, a partir de describir brevemente las
características distintivas del utilitarismo y de la teoría de la justicia de John Rawls, podamos razonar
sobre las coincidencias, y eventualmente las variaciones, de ambas posturas.

Sabido es que el desarrollo de estos movimientos se sucedió con cerca de ciento cincuenta
años de diferencia. Ello no constituye obstáculo para buscar argumentos analógicos y rebatirlos con el
fin de significar la vasta influencia que tuvo el utilitarismo en el paradigma rawlsiano. Así y como
seguidamente veremos, en el desarrollo de este documento tomaremos la tesitura utilitarista para
demostrar que Rawls, basado en ella como referencia, la complementa. A los fines propuestos, el
trabajo se dividirá en tres apartados. En el primero abordaremos la faceta histórica de manera muy
escueta para demostrar básicamente la influencia aristotélica en los devenires posteriores. En el
segundo pondremos en evidencia cuáles han sido las ideas utilitaristas que Rawls hace suyas para
desarrollar su teoría, y por último, centraremos el análisis a los lineamientos utilitaristas en la
elaboración de los dos principios de la justicia, soportes de la teoría contemporánea.

II. APEGO CON LA TRADICIÓN ARISTOTÉLICA

Para comprender la dinámica y posterior evolución del utilitarismo benthamiano, no nos


resulta indiferente hacer conexión con el pensamiento aristotélico. Ello así debido a que el Estagirita
toma en cuenta el bienestar general. Su planteo se centra en poner de manifiesto que la finalidad del
Estado es la mejor vida posible, fin ético que lo hace autárquico, es decir, que posea en sí mismo
todas las condiciones necesarias para satisfacer los requerimientos y exigencias de esa finalidad.

En el mismo sentido Bentham, Mill y Rawls se hacen eco con más o menos tenacidad del
pensamiento político aristotélico. Así, el primero comienza a diagramar su teoría a partir de lo que,
en plena época de movimientos revolucionarios, significó abusos y quebrantamientos de derechos.
De este modo, Bentham entiende que los cambios fueron producto de procesos que dejaron atrás
~1~
avasallamientos a ciertos derechos debido a que los gobernantes han actuado en contra de la
felicidad del pueblo. Esa interpretación coincide, a pesar de la diferencia anacrónica, con la de
Aristóteles, primer representante del justo medio, buscando a partir de la moderación democrática el
compromiso entre la masa y los nobles, 1 aristócratas ellos que privilegiaban sus intereses por sobre
los más desfavorecidos.

John Stuart Mill, en consonancia con su maestro Bentham, acepta desde muy joven la idea
según la cual la repartición de la riqueza contribuye a la mayor felicidad general y es aquella que se
aproxima a la mayor igualdad.2

Finalmente es importante considerar que la teoría de la justicia de Rawls tiene un comienzo


similar al de Bentham. El surgimiento de su posición en la década de los setenta nos invita a tener
presente que su motivación radica en el hecho de la existencia de privilegios para unos pocos en
pleno auge de discriminaciones y humillaciones a ciertos grupos minoritarios y marginados.

III. REFERENCIAS UTILITARISTAS EN JOHN RAWLS

Ahora, superado el planto histórico, nos dispondremos a explicitar las afirmaciones y


postulados coincidentemente utilitaristas en la teoría de Rawls que a nuestro criterio es el
complemento al movimiento apadrinado por Bentham.

Para comenzar, partiremos en consolidar nuevamente que la idea central del utilitarismo
originario consiste en promover la mayor felicidad de la mayor cantidad de personas. Bentham
idealizó su postura a partir de que el placer y el dolor son los amos soberanos del hombre. Sin definir
qué se entiende por placer y dolor, tomamos al primero asemejado a la felicidad y ésta al bienestar,
pero caracterizado, como un juego de palabras, por ausencia de dolor, mientras que por el contrario,
la ausencia de placer nos da como resultado la aparición del dolor. Dichas concepciones tal como las
expuso Bentham quedaron sin fuerza puesto que en las versiones modernas del utilitarismo el
contenido de la utilidad suele ser diferente: no es el placer, la satisfacción o la felicidad sino la
satisfacción del deseo o algún tipo de representación de la conducta de elección de una persona 3.

Concordantemente, para Rawls el concepto de utilidad supone satisfacción de un deseo y sin


ir más lejos, toma e introduce con relevancia la cuestión del bienestar al objetar que este aspecto de
la condición humana requiere atención normativa. Es aquí que debemos volver al examen liminar ya
que fue Aristóteles el primero en hablar del bienestar de la sociedad. Con ímpetu parecido y fiel a su

1 Fayt, Carlos, El pensamiento político en Grecia, Barcelona, Bibliográfica Omeba, 1966, pp. 34-37.
2 Legé, Phillippe, “Socialismo y utilitarismo en la economía política de John Stuart Mill”, Lecturas de economía,
N° 64 (enero – junio), Universidad de Antioquia, 2006, p. 11.
3 Sen, Amartya, Desarrollo y libertad, Buenos Aires, Editorial Planeta, 2000, p. 79.
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tesitura positivista, Bentham busca influir en la actividad de los legisladores para que sus ideas sean
plasmadas en cuerpos normativos que motiven el logro del bienestar de los integrantes de la
sociedad golpeada por cambios y procesos revolucionarios. Consideramos que la propuesta de Rawls
intenta aferrarse a esta idea utilitarista de bregar por el bienestar pero a partir de la introducción del
paradigma de la justicia. Es con este modelo que, en paralelismo al surgimiento del pensamiento
benthamiano, Rawls se alinea a la convicción de igualar las condiciones políticas de los Estados de
derecho a la vez de resaltar a la justicia como pilar de la equidad y no como un objetivo de
merecimientos.

La base de la que parte Rawls para efectuar su análisis es la contractualista. A esta correlación
entre el utilitarismo y el complemento posterior efectuado por Rawls nos parece acertado plantear
que implícitamente y con un tinte inefable, este pacto hipotético está presente desde antaño y ha
trascendido hasta nuestros días. Ello data desde el surgimiento de las polis griegas. Aristóteles ya
manifestaba que si bien eran formaciones naturales, no estaban al margen de la voluntad humana. La
polis es, en efecto, una reunión de aldeas y familias cuya finalidad es hacer posible la buena vida. 4

Es dable destacar que las ideas de Aristóteles aún ampliamente alejadas de una moderna
concepción de la democracia, ya contienen los elementos primarios de un pensamiento del gobierno
representativo; en esencia, el respeto al pueblo, al número, y a la igualdad de derechos y de sufragio.
5
Así y volviendo a la teoría rawlsiana, su concepción de la justicia como equidad viene a sostener que
es la de una política de justicia relativa a una democracia constitucional. 6 De esta manera entonces, él
entiende que el punto débil del utilitarismo es el sacrificio de los derechos y libertades de las
minorías al no tomarlas como personas autónomas. Por eso, para buscar la equidad entre todos los
integrantes de la sociedad expone su teoría condicionada por una posición originaria en la que las
personas que la conforman sean despojadas de toda información acerca de su raza, posición
económica, cultura, etcétera, y a la vez se encuentren tras el velo de ignorancia para, precisamente,
evitar subjetividades en cuanto a las elecciones. Las interpretaciones de su teoría se ven compuestas
por los siguientes principios: 1) el primero que exige la igualdad en la repartición de derechos y
deberes básicos. De ahí deviene su nombre como “principio de igualdad”; y 2) el segundo, conocido
como “principio de diferencia” que radica en aceptar las desigualdades sociales y económicas que
únicamente serán justas si producen beneficios compensadores para todos, y en particular, para los
individuos menos aventajados de la sociedad.

4 Fayt, C., op. cit., p. 37.


5 Ibidem, p. 38.
6 Cárcova, Carlos. Las teorías de la justicia post positivistas, Buenos Aires, Abeledo Perrot, 2°edición, 2009, p.
242.
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Ahora bien, antes significamos que Rawls es un neo utilitarista y es a partir de exponer
brevemente su teoría que comenzaremos por sustentar dicha afirmación inicial, incluso rebatiendo
con las mismas expresiones del teórico estadounidense.

La posición originaria es el puntapié inicial del esbozo de la teoría de la justicia. Los miembros
de la sociedad son más o menos idénticos en su constitución y condición de vida. Ello se debe a que
los únicos hechos particulares conocidos por las partes son aquellos que pueden inferirse a partir de
las circunstancias de la justicia7. Así, inmersos en estas circunstancias, definen sus principios en lo que
es un debate democrático.

Y aquí nos surge la siguiente pregunta: ¿cómo pueden las personas inferir esas circunstancias
de justicia? Cárcova8 echa luz a la cuestión significando que la justicia como equidad consiste en un
conjunto de ideas intuitivas básicas, arraigadas en las instituciones de un régimen democrático y en
sus interpretaciones clásicas. Pero nos parece observar de esta manera un enfoque intuicionista,
aunque mínimo, debido a que si bien es cierto que el hombre no puede arrancarse por completo
estas intuiciones que depura para hacer fructífero al acto deliberativo, tampoco queda claro que esa
elección resulte de un acto racional o, si simplemente se emplea a la razón como un instrumento para
determinar los mínimos de justicia que parecen buenos para todos. En este sentido, debemos
adicionar a nuestro favor un argumento propiciado por William Jevons, economista utilitarista que
analizando la medición de los sentimientos y las motivaciones en las elecciones expuso que:

“Cada mente es inescrutable para cualquier otro, y no es posible ningún denominador común
de sentimientos. Pero incluso aunque pudiéramos comparar los sentimientos de diferentes
espíritus, no necesitaríamos hacerlo, porque un espíritu sólo afecta a otro indirectamente.
Cada suceso del mundo exterior se representa en la mente por una motivación
correspondiente, y es el balance de éstas lo que impulsa a la voluntad” 9.

Por otra parte, también una de las críticas que con más énfasis hace Rawls al utilitarismo es
su planteo globalizante. En consecuencia, y aparentemente, la sociedad utilitarista se manifiesta
como un cuerpo en detrimento de las minorías y de la persona individual como ser libre y autónomo.
El fundamento de Rawls a nuestro parecer es erróneo. De esta manera y tal como postulara
Aristóteles, en las democracias somos todos iguales. El hecho de alegar que el utilitarismo opere
imponiendo una concepción de lo valioso menoscabando la persona y su identidad es aún más
ridículo: la identidad es la cualidad inherente de ser igual a sí mismo y diferente a los otros de su
misma especie. El utilitarismo es una moral tendiente a actuar de guía para la actividad de un
individuo al tiempo de considerar aquello que le es útil para el logro de su bienestar.

7 Rawls, John, La teoría de la justicia. México, Fondo de Cultura Económica, 1979, p. 191.
8 Ibid., p. 242.
9 Jevons, Williams, La teoría de la economía política, Madrid, Ediciones Pirámide, 1998, pp. 75- 76.
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Más aún, a la autonomía y libertad que reconocen los utilitaristas hay que sumarle la
conciencia que introdujo en el debate actual Peter Singer 10.

Las consideraciones expuestas merecen abordarse desde la faz individual. Es imprescindible


recalcarlo ya que es el propio Rawls quien deja a salvo que:

“Una persona es feliz cuando se encuentra en camino de una ejecución afortunada (más o
menos) de un proyecto racional de vida, trazado en condiciones (más o menos) favorables, y
confía razonablemente en que sus propósitos pueden realizarse. Así, somos felices cuando
nuestros proyectos racionales se desenvuelven bien, nuestras aspiraciones más importantes
se cumplen y estamos, con razón, totalmente seguros de que nuestra buena fortuna
continuará”11.

De conformidad con el planteo del estadounidense, se aprecian pronunciamientos en


sintonía con el utilitarismo: posiciona a la felicidad en la vida del individuo, que tiene de norte
alcanzar el bienestar como resultado de llevar a cabo diversas acciones durante su vida, como así
también aparece en su pensamiento la convergencia de que el bien debe ser duradero. Al respecto,
nos parece que obstinadamente Rawls formula su teoría influenciado por el utilitarismo y recayendo
en las mismas polémicas que él atribuye a ésta doctrina consecuencialista. Referenciar el hecho de
que la ejecución sea afortunada nos traslada a considerar el resultado de la acción como
contraposición a que ésta pueda ser neutra, irrelevante o, en su defecto, fallida. Pero si a ello se le
suma la condición de asistir con éxito continuo el plan de vida, no está más que aludiendo al
bienestar que, más allá de las diferentes lecturas del utilitarismo, no sólo radica la preocupación en
aspirar a “lo contento” como resultado de las acciones, sino que éstas deben estar direccionadas a
que el bienestar se prolongue y perdure.

Queda por reseñar el aspecto globalizante de la cuestión tratada. En este asunto, Rawls
postula que los utilitaristas toman a la sociedad como un todo absoluto en el que predominan las
decisiones de algunos por sobre otros para alcanzar el bien. Nos parece favorable evidenciar que los
planes de vida, tal como él los llama y concibe, no se suscitan en forma aislada. Se tejen lazos,
vínculos, relaciones del mismo modo que lo hace la política entendida como actividad en relación,
actividad de hombres con otros hombres. Todo grupo humano, cualquiera sea, sólo puede perdurar si
media la relación. Sin relación política, en sentido amplio, no hay grupo humano capaz de subsistir.

10 Es interesante observar que Singer es un seguidor de los postulados de Mill que habla de tener conciencia
para apreciar la felicidad. En este contexto, el pensador australiano amplía las concepciones a los animales.
Confecciona una clasificación entre animales no humanos y animales humanos (en la que se incluye el hombre).
Luego ahonda esta ordenación y divide a las especies en animales sintientes y no sintientes mientras que por
último separa atendiendo al grado de conciencia: inconciencia, conciencia y autoconciencia. De esta manera
expone que cuando mayor sea el grado de conciencia, más conocedor se será del dolor y del placer.
11 Rawls, J., op. cit., p. 495.
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Mill12 prevé que en el avance hacia la felicidad podemos toparnos con accidentes que
interrumpen nuestras propias vidas y que se presentan vicisitudes de la fortuna y demás
contrariedades inherentes a las circunstancias del mundo. Esta aproximación nos hace pensar que un
hombre que vive en relación, tras superar los obstáculos que se le presentan, adquiere su bienestar
en los diversos ámbitos de la vida, seguramente será feliz. Si él es feliz atraerá a su familia a compartir
y gozar de esa fortuna duradera. Del mismo modo, los hijos, los amigos tenderán a elegir aquello que
haga a su bienestar. En efecto, no nos parece que sea la suma (en el sentido de cálculo) tal como
operación matemática que haga a un bienestar sublime (o mayor). En este orden de ideas resulta
también oportuno mencionar que el utilitarismo influyó en la economía resaltándose la institución
familiar para dejar en claro las vinculaciones precedentemente delineadas. Sen 13 sostiene que las
rentas que gana uno o más miembros de una familia son compartidas por todos, tanto por los que no
reciben ningún ingreso como por los que perciben alguno.

IV. DESARROLLO DE LOS PRINCIPIOS DE LA JUSTICIA EN MIRAS AL BIENESTAR

Así las cosas, es el turno de ocuparnos de los principios que constituyen el eje central de la
teoría rawlsiana. Como con anterioridad mencionáramos, se observa un principio de igualdad que
encuentra su fundamento en que cada persona tiene un derecho igual al más amplio sistema de
libertades básicas, compatible con un sistema similar de libertades para todos 14. Este conjunto de
derechos, libertades, oportunidades, ingreso y riqueza son denominados por Rawls como bienes
primarios puesto que son cosas que se presume que todo ser racional desea. Estos bienes tienen
normalmente un uso, sea cual fuere el plan de vida de una persona. Este proyecto comprende un
inventario de actividades y propósitos que una persona se esfuerza por realizar, es decir, un cierto
logro en la acción para alcanzar la felicidad. Es así que para que cada individuo pueda llevar adelante
una existencia organizada dentro de la sociedad, las libertades básicas son siempre iguales y existe
una igualdad de oportunidades y, es después de todo que en la realización de estos planes donde los
hombres obtienen su felicidad. 15

Entre los utilitaristas clásicos y antecesores a Rawls, Mill 16 al expedirse sobre los derechos y
libertades, a los que hace referencia el estadounidense en su teoría de la justicia, sostuvo que: “toda
persona debe ser libre de conducir sus propios asuntos como le plazca; pero no debe serlo cuando, al
obrar así, afecta a los intereses de los demás…” También agrega que: “el Estado, al respetar la libertad

12 Mill, John Stuart, Utilitarismo, Buenos Aires, Aguilar, 5° edición, 1974, p. 43.
13 Sen, A., op. cit., p. 95.
14 Guariglia, Osvaldo; Vidiella, Graciela, Breviario de ética, Buenos Aires, Edhasa, 2011, pp. 130- 131.
15 Rawls, J., op. cit., pp. 69-96-96/496.
16 Mill, John Stuart, Sobre la libertad, Buenos Aires, Aguilar, 2010, p. 76.
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de los individuos para aquellas cosas que sólo a ellos les concierne, está obligado a velar con cuidado
sobre el uso de cualquier poder…”

Cabe observar seguidamente el segundo principio, denominado de diferencia. Éste manifiesta


que las desigualdades en la distribución de bienes materiales son permisibles siempre que, con esa
diferencia, se vean beneficiados los más desfavorecidos por aquellos desarreglos sociales que dan
origen a esas disparidades, a la vez que siga primando la justicia e igualdad en la distribución. Las
decisiones de generar desigualdades también deben partir de la sociedad en su conjunto. Aquí Rawls
introduce una simplificación para la base de las comparaciones interpersonales. De esta manera,
identificando a la persona más desfavorecida el sistema social, como ente conformado por sujetos
individuales, debe proveerle compensaciones a aquella persona en situaciones disímiles para alcanzar
su bienestar como resultado de la ejecución del plan de vida. Vale recordar que en la postura de
Rawls, todos los ciudadanos poseen la misma cantidad de bienes primarios para llevar a cabo su
proyecto. Conteste con ello, el teórico expresa que cualesquiera que sean en detalle los planes
racionales de un individuo, se supone existen varias cosas de las que preferiría tener más que menos.
Teniendo más de estas cosas, se les puede asegurar a los individuos en general que tendrán, se les
puede asegurar a los individuos en general que tendrán mayor éxito en la realización de sus
intenciones.17

Nos parece novedosa su argumentación. Esta variación en el pensamiento rawlsiano nos


indica, inicialmente, que es en lo único en que se diferencia del utilitarismo, debido a que conforme
el principio de igualdad, todos los integrantes de una sociedad están en la misma condición y a todos
se les debe respetar y asegurar los derechos y libertades de la misma manera. Ese el rol de la justicia.
el problema es que entendemos contradictoria su intención de favorecer a los más desventajados
mediante desfavorecer a los que pueden llegar a estar en desacuerdo con ello. Cabe agregar que la
discordancia con un asunto específico puede insertarse en el derecho de la libertad de expresión que
se incluye en el primer principio de la teoría de Rawls. El debate que se sucede en la condición
originaria debe guiarse por el deseo de sancionar leyes justas. Agrega el autor en cuestión que no
necesariamente la mayoría tiene razón y un ciudadano puede estar disconforme, puede desobedecer
aquella norma que tenga por injusta. 18 De aquí desprendemos que Rawls se muestra a favor de la
desobediencia, la objeción de conciencia y destaca el alzamiento ante un régimen democrático casi
justo.

Esa desobediencia, a nuestro parecer, es el resultado final de hacer un ejercicio globalizante


en el debate sobre los principios que deben regir en unan sociedad justa. Si la mayoría acepta la

17 Rawls, J., op. cit., p. 95.


18 Ibid., p. 306.
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vigencia de un principio que alguno individualmente lo considere injusto, nada cambiará. Se rebelará
contra el principio que considera casi justo pero su acción no será impedimento para la aplicación del
mismo por parte de las instituciones sociales que de por sí deben mantener la equidad entre los
miembros de la comunidad.

Entonces, rebatiendo a Rawls con sus intentos de generar esas desigualdades en situaciones
excepcionales y para beneficiar a los más desventajados, en virtud de la postura ceñida al positivismo
del utilitarismo, en la actividad creadora del legislador, la manda de Bentham tiene como finalidad a
que todos los ciudadanos sean tratados de igual forma, tal como lo pone de relieve Rawls en su
primer principio. Ello así porque se prohíbe cualquier tipo de discriminación, pero nada impide que se
le otorgue un trato distinto en situaciones diferentes, es decir que se justifica el trato distinto cuando
responde a causas objetivas. La norma busca asegurar al ciudadano el pleno goce de libertades,
derechos y demás beneficios a la vez que brega por evitar que algún individuo sea colocado en una
situación lastimosa dentro de la sociedad. Se tiende a evitar un daño, es decir, causar dolor.

Al pensar en el grupo minoritario, Rawls expone complementariamente el principio maximin


que se relaciona con los pilares de su teoría. La regla maximin prevé que en el plano de la
deliberación democrática y de la implementación de desigualdades, dentro de las peores
consecuencias, han de elegirse aquellas menos malas. La influencia del utilitarismo y de Aristóteles
queda en evidencia. Acerca de ello el pensador de Estagira señala que “un mal menor, en
comparación con un mal mayor, puede ser tratado como un bien. El mal menor es preferible al mal
mayor, de modo que lo que siempre se prefiere es el bien, y cuanto es la cosa más preferible, tanto
mayor es el bien”.19

No quedan dudas de que se trata siempre de alcanzar como fin último el bienestar desde las
decisiones políticas para que, a partir de la distribución igualitaria de derechos, libertades, riquezas e
instrumentos hagan a la consecución exitosa de resultados en los diferentes planes de vida de los
individuos que constituyen el sistema institucional. Este sistema requiere voluntad política para
garantizar el cumplimiento de los principios de justicia de la integridad humana y no caer en meras
expresiones de deseo.

V. CONCLUSIONES

Como primera conclusión observamos que tal como manifestara Aristóteles, tanto Bentham y
sus seguidores, como el mismo Rawls son impulsados a esbozar formulaciones – consecuencialistas-
en las que prima el logro del bienestar. Ahora bien, para lograrlo del utilitarismo clásico sólo dimanan
fórmulas dirigidas al legislador para que en su labor legislativa las tengan presente. Este anhelo inicial

19 Aristóteles. Ética. Buenos Aires, Ediciones Libertador, 19° edición, 2009, p. 129.
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de Bentham es tomado por Rawls que introduce el tópico de la justicia para que sea el justo medio
que prevalezca en una sociedad destinada a promover, por medio de sus instituciones, la fortuna de
sus miembros.

Resulta claro que la sociedad – implícitamente en el utilitarismo, y de manifiesto en Rawls-


funciona como unión de personas interrelacionadas que desarrollan su vida con derechos y
libertades, o bienes primarios como los denomina el pensador estadounidense, y es de esta manera
que comparando los dos modelos, resulta Rawls un complemento de aquellos flancos teóricos del
utilitarismo. De esta manera, al ser cohesivos ambos paradigmas, se introduce a la justicia, que
facilita aquellos bienes que todo individuo anhela tener y que no hacen más que actuar como meros
instrumentos o medios de los cuales éste se sirve para aplacar el dolor que generan las variaciones y
obstáculos durante el desarrollo del plan de vida.

Por último, no nos queda más que considerar por lo precedentemente expuesto que Rawls es
un utilitarista moderno que con adecuación integra el planteo inicial de Bentham.

VI. BIBLIOGRAFÍA

ARISTÓTELES, Ética. Buenos Aires, Ediciones Libertador, 19° edición, 2009.

CÁRCOVA, Carlos, Las teorías de la justicia post positivistas, Buenos Aires, Abeledo Perrot, 2°edición,
2009.

FAYT, Carlos, El pensamiento político en Grecia, Barcelona, Bibliográfica Omeba, 1966.

GUARIGLIA, Osvaldo y VIDIELLA, Graciela, Breviario de ética, Buenos Aires, Edhasa, 2011.

Jevons, Williams, La teoría de la economía política, Madrid, Ediciones Pirámide, 1998.

LEGÉ, Phillippe, “Socialismo y utilitarismo en la economía política de John Stuart Mill”, Universidad de
Antioquia, Lecturas de economía, N° 64 (enero – junio), 2006.

MILL, John Stuart, Sobre la libertad, Buenos Aires, Aguilar, 2010.

_____________, Utilitarismo, Buenos Aires, Aguilar, 5° edición, 1974.

RAWLS, John, La teoría de la justicia. México, Fondo de Cultura Económica, 1979.

SEN, Amartya, Desarrollo y libertad, Buenos Aires, Editorial Planeta, 2000.

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