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J
CARACTERES
MORALES

DE TEOFRASTO.
REFLEXIONES FILOSÓFICAS

SOBRE LAS COSTUMBRES


DE NUESTRO SIGLO,

Por M.r Duclós.


Traducidos los primeros del griego,
x las segundas del" frances
ál casTellano

Por Don Ignacio Lopez de Atalm,--


y . . " ■ *-
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Con licencia: - ,--' !~:


■—JLjL-
En Madrid : Por Don Miguel Escribana»
A&Q X¡S M.BCC.LXXXVU,

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tine moriítis
Vanee $roficiunft
HoraL lib. 3. carm.
(III)

PROLOGO
DEL TRADUCTO

JDSTA obra trata de las costumbres,


y hay sobrados motivos para creer que
será inutil ; porque el ramo primero
de literatura que cultivaron los hom
bres fue la moral , y las costumbres se
han corrompido á proporcion que mas
se há escrito sobre ellas. Parece ( por los
efectos) que los tratados y do&rina de
los filosofos gentiles , y aun las acen
dradas maximas de los Cristianos han
contribuido mas á familiarizarse los vi
cios que á corregirlos y exterminarlos.
Lo mas singular es que nadie pone en
duda los principios de la moral ; pero
obrando en contra de ellos, manifies
tan ó que no los creen , ó que.son ma
ximas solo especulativas que no deben
influir en la conducta, y comunicacion
con los demás. No obstante ,yá que es
a2 co-
(IV)
cosa desesperada reducir los hombres
á que vivan como deben entes raciona
les ; yá que solo se sirven de la virtud
para aparentarla y practicar mas á su
salvo sus viciosos designios; no será in
util dar á conocer sus errados juicios
y equivocaciones, ó sus astucias y ar
tificios , para precaverse de ellos. Se
rá tambien provechoso que entiendan
los impostores de todas clases , que
necesitan nuevos recursos; porque ha
biendo los demás adelgazado su ma
lignidad tanto como ellos , ó tengan
el trabajo de inventar otra mascara
con que ocultarse , ó no esperen en
gañarlos con la que tan diestramente
han manejado hasta ahora.
Mucho menos esperen los viciosos
que se califiquen de acciones heroy-
cas sus desordenes y solapada con
ducta.
Pausanias floxo y desidioso , tan
hambriento de honores y rentas, como
amigo de guardarlas y omiso en des
empeñar su obligacion ; Pausanias tan
descuidado del bien público , como
aman-
00"
amante de sí mismo , de su interés y
adelantamientos ; Pausanias de cora
zon tan corrompido , que inficiona to
dos sus juicios , informes y palabras;
Pausanias que pretende pasar por rico-
home , siendo tan obscuros sus princi
pios que nadie los conoce;es un insen
sato , un loco , que atribuye á todos
la ceguedad que padece. La malicia
es general, y viven muy engañados los
que se persuaden que la suya es tan
refinada que pueden practicarla sin
que se la descubran. Los hombres por
lo general son inclinados á juzgar mal
aun de las acciones buenas ; ¿y espera
rá Democles que le aprueben y ala
bea su conducta ? Debiera contentarse
con que lo calificáran solo de tan malo
como es. Ya no es facil deslumhrar los
hombres: solo sirven virtudes efecti
vas ; y sin éstas no salvará á ninguno
su graduacion , su estado , dignidad,
ni empleos del desprecio interior del
público. El medio unico y seguro de
pasar por grande , es serlo. ¡
Pero no se limita la presente obra,
«3 en
(VI) ,
en especial las Reflexiones , á notar
precisamente los defoctos, vicios, des
ordenes é incomodidades mutuas de
los hombres. Promueve virtudes po
sitivas; y dando excelente idea de ellas,
pone la felicidad humana (en este
mundo) en su exercicio. Señala el rum
bo que debemos seguir para ser útiles
á los demás , y por consiguiente á la
patria. A las ciencias concede las ven
tajas que justamente se les deben; y sin
omitir la descripcion exaéla,ni las ca
lidades de la amistad sólida y sincera;
inculca en todas partes acendradas
maximas de moral , y razones conclu-
yentes para restablecer y practicar las-
virtudes domesticas , civiles y políti
cas,
Resta solo dar una ligera idea de
ambos escritores. Teofrasto es el céle
bre filosofo , discípulo y sucesor de
Aristoteles en el Peripato. Florecio por
los años 324 antes de Christo, 429 de
la fundacion de Roma , y murio de
cien años , en la olimpiada 123-, esto
es 288 antes de Christo. Aristoteles le
mu
(Vil)
mudó su antiguo nombre Tirtamo en
el de Eufrasto , por la excelencia y
dulzura de su locucion. Despues le lla
mó Teofrasto „ como si dijese que su
lenguaje era divino. Tuvo la gloria
de libertar dos veces su patria Ereso
de tiranos. Entre otras muchas obras
que escribió de Logica , Fisica é His
toria natural , publicó esta con el ti
tulo de Caracteres morales ; esto es,
descripciones de ciertos vicios y cos
tumbres perniciosas ó molestas al tra
to humano ; y yá separada , yá unida
con las otras, se ha publicado en Grie
go y en Latín. Tambien la han pasa
do á su idioma los Franceses , y corre
con estimacion la traduccion que pu
blicó por la primera vez La Bruyer en
1688. Boyer los dio á luz en Inglés
en 1696. El año de 1751 imprimio
otra traduccion Inglesa el Escudero
Eustacio Bugdell , en Edimburg ; y es
de extrañar , que siendo tan propensa
la nacion Española á las materias mo
rales y politicas , no goce de este opus
culo en su idioma. Muchos sabios es-
04 tran
(VIII)
trangeros lo han ilustrado ; muchos
lo han traducido al latin; procuran
do todos corregir , ya por congeturas,
ya confrontando el texto con nuevos
codices , muchos pasages en extremo
obscuros. De aqui proviene el diverso
sentido que han dado á unas mismas
proposiciones. Quien mas se esmeró
en rectificar el texto fue Isaac Casau-
bon , que añadio los cinco caracteres
ultimos encontrados en Heidelberg en
la biblioteca del Principe Palatino.
Enrico Estefano había añadido ocho
que se hallaron en varias bibliotecas
de Italia ; y los quince primeros se co
piaron de las Éclogas de Juan Stobéo.
No obstante , todos son fragmento de
obra mas larga. Para esta traduc
cion no solo se ha tenido presente el
texto de Casaubon , y su comentario
impresos en Leon en 1617 , sino el de
Juan Cornelio de Paw, en Utrek, en
1738, cuyas notas mejoran la leccion
de muchos pasages ó muy obscuros ó
viciados.
Mejor rumbo que Teofrasto sigue
•'••' ,-••• Mr.
(IX)
Mr. Duelos en la segunda obra inti
tulada: Consideraciones ó reflexiones so
bre las costumbres de este siglo ; por
que dirigiendose á los vicios del ani
mo , descubre el artificio é hipocresia
que di&an á los hombres sus pasiones.
Nacio este sabio en Dinant de Bretaña;
entró en la Academia de Inscripciones
en 1739, y en la Francesa en 1747.
Fue secretario de ésta , é historiografo
de Francia : de grande ingenio , agra
dable conversacion , conducta sensata,
y genio austero. Murio en 1772. Pu
blicó varias obras , y muchas diserta
ciones que se hallan entre las Memo
rias de la Academia de buenas le
tras , &c. La principal y mas aplau
dida es la presente , que ha merecido
el aprecio de los sabios por la exacti
tud con que dá idea de los objetos que
trata ; por la novedad con que los pin
ta , y por la profundidad con que los
desentraña.. Son innumerables las edi
ciones que se han hecho de ella, á pe
sar de la obscuridad que reina en mu
chas partes por la abstraccion con que
1 - ,se
00
se explica. Como ésta pende de la ma
teria, necesariamente transcenderá á la
traduccion , no obstante que se ha
procurado aclarar el sentido mediante
algunas particulas y perifrasis que rara
vez lo varian. Al fin sus máximas son
propias de un Filosofo cristiano ; y si
el estilo no presenta la elocuencia mas
sencilla y sólida, aquellas inspiran dic
tamenes sensatos y verdaderas virtu
des.
El Autor praélicó las que enseñó en
su obra , y partidario acerrimo de la
verdad , distó mucho de la insolencia é
impiedad de los escritores que buscan
la atencion y aplausos por la extrava
gancia de opiniones irreligiosas. Decía
Mr. Duelos que se había de dedicar á
místico , siquiera por no parecerse á
ingenios tan insensatos : cuyas produc
ciones, añade , (cap. II. pag. 33.) for
man en la juventud perversos ciuda
danos, delincuentes escandalosos en la.
edad media , y hombres infelices en la.
senectud. Esta confesion y toda su doc
trina nos aseguran de su arreglado mo
do
do de pensar. Pero hay personas parti
culares que, por ignorancia ó maligni
dad, creen hacer gran servicio á la re
ligion, censurando á escritores sabios y
catolicos. Estos zelantesque reprehen
dieron tan sin reparo á hombres tan
grandes como Arias Montano , Maria
na, Fr. Luis de Leon, Vives, y repfe-
henden á Bosuet , Fleuri , Tilemont,
Muratori&c. noadvierten que reducen
la verdadera creencia casi á los igno-'
rantes. Debieran considerar que sub
ministran una presuncion muy perni
ciosa contra las verdades eternas de la
religion , de que podrian valerse los
impíos al ver que raro Autor de nom
bre dexa de oponerse (segurí el capri
cho de tan incautos censores ) , á los
dogmas catolicos^ Mas la verdad de
estos no pende de sus calificaciones.'
Subsistirán eternamente las verdades
reveladas. El tiempo y la fuerza irre
sistible de la luz que contribuirán á'•-
que quede triunfante la verdad catoll- '
ca; la separarán de las preocupacio
nes y falsedades de los que, aumentan
do
(XII)
do artículos, la desfiguran por fines
particulares. No es e.ste lugar de jun
tar inconcusos testimonios de san Ci
priano, san Basilio, san Gregorio Na-
zianzeno, san Crisostomo , san Agus
tín , Salviano y otros Padres que se
quejan de la facilidad de estos hurones
de heregias en nada opuestas á la reli
gion de Jesu Christo.
No creo vitupere ningun sensato
que Mr. Duelos suponga no se debe
condenar el amor propio (pag. VIII.)
pues será bueno 6 malo segun ios efectos
que produzca. El amor propio , dice , es
el jugo de las plantas ,y no debemos
juzgar de ellas sino por los frutos. Es
ta doctrina es justa ; pero como vemos
escritos que censuran á otros , por ha
ber adoptado este principio ; es debido
hacer presente que el amor propio no es
otra cosa que el amor de si mismo ; que
esie amor nos está mandado ; que es la
norma , segun las palabras de la ley,
del amor con que debemos mirar á
nuestros proximos ; que es ingenito
por naturaleza, esto es por Dios; quien
nos
. (Xttt)
nos diéta el amor de nuestra conser
vacion ; y nos inspira tambien por su
gracia el temor de la pena eterna , y el
deseo de nuestra felicidad. Estas dos
vehementes pasiones que arreglan por
lo comun el gobierno de los hombres,
se fundan precisamente en el amor
propio , ó de si mismo. No es licito
en consecuencia añadir malignidad á
opiniones bien fundadas solo por me
ras equivocaciones. Y para acabar es
ta materia , que solo se há tocado por
apartar toda nota de un escritor cato
lico , ingenioso y de excelente moral;
se reduce su modo de pensar á decir?
Que el amor propio no es malo siem
pre que sus obras sean buenas ; y que
si procede bien ordenado , puede in
fluir en la felicidad privada y pública
por medio de las empresas que inspire
y execute. Por el contrario es malo y
perverso , siempre que lo sean sus fru
tos; siempre que busque su bien en per
juicio del de otros ; siempre que se pre
fiera á lo que dictan la ley y la razon;
y en fin siempre que el hombre se ha
ga
(XIV)
ga á sí mismo el unico objeto de sus
operaciones. Este egoísmo tan solapa
do como pernicioso es muy. comun ; y
ojalá que no estuviesen dominados de
él muchos de los que declaman con
tra el amor propio contenido en los
terminos de la religion y de la filoSO-
fe. (:>) .-'..,
¡- ('!)• Deben tener entendido estos partícularet
mal contentadizos que „ son muchas las opinio-i
wn«s.<f:oniodice Benedicto XIV^ conitit. 'Tollici"
}-ta ) que pasan por certísimas en una escuela,
,,eri! un instituto ,"en xina nacion ,-y no obstante
,,las desechan é impugnan sin detrimento alguno
jjde la Fe y Religion otros catolicos , y deíen-
,,den las contrarias sabiendolo y permitiendolo
j, la sede Apostolica: „ Cogitantes non paticas esfff
opiniones , que uni scbolce , instituto , aut natio-
tii certo certiores videntur ; íí nibilaminus , sine,
ttllo fidei, aut religionis detrimento , ab alus ca-
tholicis virif rejiciuntur, atque impugnantur, op-
fositieque defenduntur , sciente t ac permitiente-
¿tfpostolicü Sede.

IN-
ÍNDICE
DE LOS CARACTERES.
Proemio Pag. i.
Cap. I. De la Simulacion o falsedad.. 3.
IL De la Adulacion 4.
IIT. De la Loquacidad 8.
IV. De la Rusiicidad 10.
V. De la Lisonja - 13.
VI. Del Abandono o indolencia 1 g.
VIL De la Charlaianería 17.
VIH. De la Novelería. 30.
IX. De la Ruindad impudenie 33.
X. De la Miseria 34.
XI. De la Insolencia 37.
XII. De la Imperiinencia 30.
XIII. Del Obsequio iniempesiivo 32.
XIV. De la Esiupidez « 33.
XV. De la Aspereza 35.
XVI. De' la Supersiicion... 35.
XVII. Del Reseniimienio injusio. 39.
XVIII. De la Desconfianza 40.
XIX. De la Asquerosidad 43.
XX. De la Molesiia o pesadez.. 44.
XXI. De la Ambicion fúiil 45.
XXII. De la Mezquindad .'..' 47.
XXIII. De la Vanidad o jactancia 49.
XXIV. De la Sobervia :.. 51.
XXV. Del Miedo o iimidez 53.
XXVI. De la Oligarchia o prefe
rencia propia gg.
XXVII. De la Insiruccion iardia.... 57.
XXVIlI.De la Maledicencia 58-
1N-
ÍNDICE
DE
».,. ( ¡ LAS
i * . i . CONSIDERACIONES.
*> » ' '
Introduccion Pag- i.
•Cap. I. Sobre las costumbres en ge
neral..... g.
•II. De la Educacion y preo
cupaciones ', 23.
Jir. De la Cortesía y alabanzas 41.
•IV. De la Hombría, de bien, de
la virtud y del honor....' 6o.
V.- De la Reputacion, celebri
dad, fama y estimacion. 93.
VI. De los Grandes señores.... lid.
VIL Del Credito 130.
VIH. De las Personas á la moda 141.
•IX. De la Ridiculez, singula
ridad y afeitador) igp-
X. De las Gentes de fortuna. 170.
XI. De los Literatos
XII. Del Caracter de los talen
tos brillantes , ó Bel- '
espfit •'
XIII. De la Relacion el talento
y el caracter 341.
XIV. De la Estimacion y respe
to» ajS-
XV. Del precio efeftívo de las
cosas 274.
XVI. Del Agradecimiento é in
gratitud.,

CA-
CARACTERES
MORALES
DE TEOFRASTO.
PROEMIO.
UN muchas ocasiones antes de
ahora he considerado con admiracion,
y es verisimil que nunca dexe de te
nerla , quál será la causa de que ha
llandose la Grecia situada baxo ua
mismo clima ó cielo , y criandose
todos los Griegos con una misma edu
cacion , resulte que son entre nosotros
diferentes las costumbres. En fuerza
de esto , ó Policles , habiendo exami
nado de' mucho tiempo destaparte
lá naturaleza humana , en el largo
espacio de noventa y nueve años
que hé vivido , y tratado además de
esto con muchas y muy diversas gen
tes , y observado con suma diligen
cia los hombres, asi de buenas como de.
A ma
2 Caracteres
malas costumbres ; tomé la resolu
cion de describir el modo con que
unos y otros proceden en la conducta
de su vida. Te expondré en consecuen
cia con especificacion todas las cos
tumbres ó modales que hay en ellos,
y 'de qué forma se manejan en su tra
to ó gobierno domestico. En efecto
estoy persuadido , ó Policles , de que
serán mejores nuestros hijos siempre
que les dexemos estos documentos;
pues teniendolos presentes como mo
delos , elegirán los de mejor conducta,
6 mas bien caracterizados , para tratar
y conversar con ellos , de suerte que
no les queden inferiores. Mas yá e9
tiempo de principiar á tratar la ma
teria ; quedando á tu cuidado com
binar y examinar si digo mal ó bien.
Comenzaré ante todas cosas por los;
que ponen su conato en proceder coa
falsia ó falsedad ; y omiiiendo proe
mios , y el tratar con mucha extension
la materia , la definiré , y describiré á
consecuencia el falso , sus qualidades,
y en qué aspeélos se transforma. Des
pues
BE TEOFRASTO. 3
pues de esto procuraré , como dexo
dicho , exponer clara y específica
mente otros afectos ó pasiones.

CAPITULO PRIMERO.

-DE LA FALSEDAD
ó simulacion.

'EfinÍendo pues por mayor la false


dad, parece ser: Simulacion de acciones
y palabras con mal designio. El falso
oues ó simulado procede de este modo:
Vé. á buscar sus enemigos queriendo
rabiarles como si rio les aborreciera.
Alaba en su presencia los mismos que
persigue ocultamente, y se compadece
con ellos quando han salido mal en
qualquier negocio. Aparenta confor
midad y condescendencia con los mis
mos que hablan mal de él. Respon
de con mansedumbre á los que le han
injuriado de palabra , asi como á los
que ha injuriado el mismo, y están in
dignados y quejosos. Ordena á los que
desean ansiosamente hablarle , que
A¿ vuel
4 CARACTERES
vuelvan en otra ocasion. No confe-i
sará nada de lo que hace , sino dice
que deliberará. Pinje que acaba de lle
gar , ó que llegó muy tarde , ó que
está cansado ó indispuesto del cami
no. A los que piden prestado á premio,
ó para socorrer voluntariamente á al
guno que ha quebrado , responde que
nada vende;yquando no vende, asegü-!
ra que sí. Oyendo Alguna cosa , da á
entender que no está en ello ; viendo,
dice que nada ha visto ; y si ha con
venido en algun trato con toda solem
nidad, dice que no se acuerda. De unas
cosas asegura que pensará en ellas ; de
otras , que nada sabe ; de estotras que
se admira , y de aquellas que ya antes
habia él discurrido lo mismo. En ge
neral le es muy comun usar en sus
discursos de estas expresiones : No la
creo ; no me lo persuado ; pasmado es-»
tqy , y dice que se ha mudado ó hecho
otro. Además : No fue esto lo que me
expuso. Para mi es esto una paradoxa:
exentaselo á otro. No sé cómo salir , si
be de dejar de creerte, ó -si he de conde"
nar
\
BE TEOFRASTO. 5
nar Ja veracidad del otro. Mira pues,
no creas de ligero estas voces enga
ñosas y ambiguas : no hay cosa peor
que ellas ; y es sin duda mas conve
niente guardarse de estas costumbres
dobles y solapadas , que del veneno
fie Jas yiboras.

CAPITULO II.
DE LA ADULACIÓN.
JL Ódria alguno verisímilmente enten
der que es la adulacion : Indecente con
ducía ó comunicacion de que se vale el
adulador para su utilidad ; y que el
adulador es tal,que paseandose con otro
le dice: Repara como todos clavan en tf••
la vista : no sucede otro tanto á ningu
no de quantos boy en la ciudad sino á
tí. Con mucha gloria se hizo ayer con
versacion de tien el portico. (i) Mas
trein-
de

(i) Sitio publico de Atenas donde concurrían


principalmente los discípulos de Zenon , a quie
nes del nombre e-ra» , ¡tea , portico , llamaron
Stoycos.
6 Caracteres
-treinta hombres estabamos alli senta
dos , y viniendo á parar la conversacion
en averiguar quién era el ciudadano
mas perfedío , todos comenzaron por tí%
y todos convinieron en el mismo nombre.
Oiras cosas semejantes habla. Quitará
un pelito del vestido de aquel á quien*
adula ; y si el viento ha hecho caer
alguna paja^obre el pelo-, se lo qui
tará con gran cuidado , añadiendo con
cara placentera y mucha risa : Vés"1.
por no haverte venido á ver en dos dias,
tienes las barbas mezcladas de canas.
Mas esto es chanza , que tú como el
que mas , tienes para tu edad bien ne~,
gros los cabellos. Quando habla el
adulado alguna cosa, manda que callen
los demás ; le elogia quando le oye ; y
haciendo mil demostraciones, exclama
quando el adulado acaba de hablar:
brabo ! excelentemente ha dicho. Si
aquel há satirizado friamente á alguno,
lo celebra á carcajadas ; y llevandose
la ropa á la boca , dá á entender que
no puede contener la risa. Si encuen
tran á algunos, les avisa que se deten
gan
DE TEOFRASTO. 7
|an un poco hasta que pase su merced.
Compra camuesas y peras , y las lle
va , y da á los hijos en presencia de
su padre ; y besandoles añade : biji-
tos de tan bello padre] Si éste compra
sandalias , dice , que el pie está mu
cho mas bien formado que el calzado.
Si va á visitar á algun amigo, se ade
lanta el adulador ,, y avisa : Su merced
viene á visitarte ; y retrocediendo di
ce á éste: ya be dado recado. Tambien
se esmera en servir todos los ministerios
de las mugeres , mostrando que se afa
na. Entre todos los convidados es él
primero que alaba el vino ; y siem
pre al lado de su merced le dize. \Cort
qué delicadeza comes I y tomando al
guna cosa de la mesa : ¡ Qué cosa tan
exquisita ! Le pregunta si tiene frio;
si quiere que le añadan mas ropa;
y sin aguardar mas , lo abriga. Al de
cirle estas cosas , se lé arrima al oído
^ablandole entre dientes. Si conversa
con los demás es sin apartar los ojos
del adulado. Quando van al teatro,
quita al criado las almohadas , y él
A4
8 Caracteres
mismo se las mulle y coloca. Le pon
dera el gusto y excelencia con que
su casa está fabricada , y su campo
bien planiado : y si le retratan, afirma
que la pintura le es perfectamente pa
recida. En conclusion es de vér como
el adulador lo dice y hace todo segun
cree que complacerá á otros.

CAPITULO III.

DE LA LOCUACIDAD,

AjA loquacidad es profusion de largos


é inconsiderados conocimientos. El Lo-¡
qiiaz pues, ó hablador es de este modo:
sentandose junto á otro , á quien no
conoce , y muy arrimado á él , lo pri
mero que hace es un largo elogio de
su propia muger : despues, le expone
el sueño que ha tenido aquella noche.-
Sucesivamente le encaja uno por uno
los platos que le sirvieron en la cenaf
y cebado yá en la conversacion,añadi-
rá que los hombres de estos tiempos
son mucho peores que los antiguos; el
Pre^
DE TEOFRASTO. 9
precio que tiene el trigo en el merca
do, y como la ciudad se va llenando
deestrangeros. Cuenta que el mar está
navegable desde las fiestas bacanales;
que si Dios enviase lluvia , irían muy
bien los campos y cosechas ; que para
el año siguiente ha de labrar por sí
mismo sus tierras ; que cuesta mucho
trabajo mantenerse; queDamipo fue el
que puso la mayor antorcha en los mis
terios ó fiestas religiosas. Le relatará
tambien quántas son ias columnas del
Odéo , ó teatro de musica. El dia de.
ayer , dirá , tuve vomitos ¿ Y : qué dio-,
es hoy ? Si alguno le pudiere aguantar,
no haya miedo que él lo deje. Contará
que los misterios se celebran en el mes
Boedromion (i);las fiestas. Apaturias^
en el Pianepsio (2) ; y en el Posideon
las Dionisias (3) en honor de Baco
por los campos. El que esté sentado
junto á hombres semejantes, debe des-
pren-
(i) En Julio. '
(a) En Septiembre.
(3) En Noviembre.
aro Caracteres
prenderse y escapar , si quiere no con
traer calentura ; porque es mucha
obra sufrir personas que no distinguen
ni el tiempo de vagar , ni el ocupa
do.
CAPITULO IV.

BE LA RUSTICIDAD.

XjA rusticidad parece ser : igno


rancia ó falta de instruccion de lo que
es indecente en las acciones. El rustió^
pues es tal, que toma una purga, y vá
no obstante á la junta ó cabildo. Di
ce que el olor del balsamo seguramen
te no es tan suave como el del tomi
llo. Lleva el zapato mas ancho , ó'
mayor que el pie ; habla á gritos ; des
confia de sus amigos y de sus domes-
ticos , pero comunica con sus cria
dos las cosas de mayor importancia,
y cuenta á los peones que trabajan en
su campo quanto se ha tratado en el,
cabildo. Si se sienta , tiene alzada la
ropa hasta por cima de la rodilla , de
suerte que se le vén los muslos. De
na
DE TEOFRASTO. tí
nada se admira , ni nada le dá golpe
de quanto encuentra en el camino ó
calle ; mas si vé un buey , un borrico^
ó un macho de cabrio, se pára á con
templarlo. Quando él mismo saca al
go de la despensa, llena la boca de un
buen bocado , y echa un trago del
mejor vino, guardandose de que lo'
sepa la despensera ó ama de llaves,
con la que al mismo tiempo cuenta
y reparte las raciones de todos sus
domesticos y la suya. Estando á Asi'
mesa se levanta para echar un pien
so á las bestias ; y si tocan á la puer
ta , él mismo sale á saber quién. Lla
mando su perro , y tomandole el hoT
cíco, dice : éste guarda la heredad, la
casa , y los que estamos dentro. Quan
do recibe dinero de alguno lo desecha,'
diciendo que es muy ligero , ó de po
co peso, y pide que lo cambie por'
otro. Si estando acosiado , sin poder
coger el sueño , se acuerda de qué?
prestó un arado , ó "un capacho , una:
hoz ó un costal , ( lo embia á pedir á
deshoras de la noche). Quando viene á '
la
tas CARACTERES
la ciudad pregunta al primero que en
cuentra, á cómo van las pieles , y es
cabeches \y si el presente dia trabela
luna nueva : añadiendo que inmediata
mente que se apee, quiere quitarse las
barbas. Quando se baña , echa á can
tar ; y acostumbra asegurar las suelas
del zapato con clavos. En fin el que*
por ser el mismo camino , compra del
figonero, Arquias , y lleva por sí mis
mo la cecina ó salon que ha de co
mer. , , iflOty
CAPITULO V.
' DE LA LISONJA.
L. A lisonja , definida en propios ter
minos , es conversacion ó trato que
•procura complacer sin el correspondiente
decoro. El lisonjero pues , sin duda es
tal : saluda á otro desde lejos , y dicien-
dole que es hombre de suma importan
cia le admira siempre ; le toma am
bas manos para que no se vaya ; y
acompañandole un poco , le pregunta
quáftdo volverá á verle ? lo alaba , y
se
DE TEOFRASTÓ. t$
Sí despide. Elegido por arbitro , no
solo quiere complacer á la parte á
quien asiste , sino tambien á la con
traria , aspirando á pasar por amigo
comun de ambas. Dice que los foras
teros hablan mas justamente que loa
ciudadanos. Convidado á un festia
ruega al dueño , quando j ya está co
miendo , que llame á sus hijos ; y luego
que los vé llegar , asegura que no se
parece tanto un huevo á otro como
Jos niños á su padre ; se acerca á ellos,
los besa , los sienta á su lado , y ha
ciendo del niño con ellos dice , ay
que botella ; ¡ qué cuchilla \ Si quie
ren dormir los dexa recostar en su
seno, aunque se moleste mucho. Acos
tumbra (i) rasurarse con gran fre
cuencia , tener los dientes muy blan
cos»
(i) Los críticos han convenido er. que la des
cripcion que sigue hasta el fin no es parte del ca-
raáer del lisonjero, sino mas bien de un petime
tre presumido y vano. Es verisimil se haya per
dido el fin de un caraíter y el principio de otro,
y de ambos haya resultado este , aunque unpec-
Ictto é inconsecuente.
14 CARACTERES
eos, mudar de ropas que aun todavía
podrian servir , y usar de balsamos
ú olores. En la plaza se ha de meter
junto á las mesas, ó lugar mas distin
guido. Frecuenta los juegos á donde
concurre y se exercita la juventud;
y quando hay espectáculos se sienta
en el teatro cerca de los que le pre
siden. Vaguea por la plaza sin com
prar nada para sí ; pero sí compra
encargos que embiar á sus huespedes
de Bizanzio ; perros de Laconia para
los de Cizico , y miel del monte Hy-
Eieto para Rodas. Todo esto que ha
ce., tiene cuidado de contarlo á sus pai
sanos. Cuida además de criar ó man
tener alguna mona en su casa , de
comprar un satyro ó mico , palo
mas de Sicilia , cabras con manchas
de varios colores , redomas esfericas
de Turia , baculos corvos de Lace-
demonia , y tapices matizados á la
Persiana. Tiene tambien un patio
cubierto de arena para que sirva de
palestra , y un juego de pelota ; y si
encuentra á algunos filósofos , ó sofis
tas,
DE TEOFRASTO. 1$
las , 6 esgrimidores , ó musicos, siem*
pre les ofrece el juego para que se sir
van de él , y entre tanto que se exer-
citan vuelve y se presenta con el fin
de que un espectador diga á otro:
tnira , este es d amo deljuego.
CAPITULO VI.
2) E L ABANDONO
ó indolencia.
EnesyL palabras
abandono es tolerancia de accio~
feas. Abandonado pues,
ó indolente es el que jura con facilidad,
y tiene el animo dispuesto á oir mal,
y ser vituperado. Es por costumbre un
hablador de plaza , es un obsceno,
un petulante , es capaz de todo. No
haya miedo que se escuse de ponerse.
á bailar el cordax (i) , aunque no esté,
embriagado ; ni de tomar una mascara
en el coro , ó canto de la comedia , ni
de cobrar la moneda en los espeélá- cu
li) JBaile obsceno.
\6 Caracteres
culos de juegos de manos presentan
dose á todos uno por uno. Andará á
puñadas con los que traen boletines,
y quieren ver .sin pagar. Capáz tam
bien de ser taSernerp , de ser rufian,
y ser chalán ; no se abstendrá de nin
gun exercicio torpe , mas será prego
nero , será cocinero, será fullero ; no
dará alimentos á su madre ; será ar
rastrado al tribunal reo de latrocinio,
y vivirá mas tiempo en la carcel que
en su casa. El mismo imita tan bien
los charlatanes , que junta al rededor
de sí gran muchedumbre , y llama los
que pasan, hablandoles , é insultan
doles con alta y licenciosa voz. En
tretanto algunos de los que pasan
se le acercan ; otros se retiran antes
de oirle una palabra ; mas á unos dice
el principio , á otros una silaba , á
otros una parte de su asunto , preten
diendo que se atienda su insolencia^
con no menor cuidado que quando se
celebra una solemne junta. Es tam- -
l?ien muy Ordinario que ande huyendo
de los pleytos que le ponen , y que él
los
CE TEOFRASTO. 17
los ponga y persiga á otros : á unos
se escusa de asistir con juramento , á
otros concurre , llevando en su seno
un porta-breves, y en las manos un le
gajo de autos. Tampoco se desdeña de
hacerse cabeza del gran numero de
rabulas , 6 pillos de plaza ; les da
sin detenerse dinero prestado; y ajus
ta ó pide por premio de una dra
ma , obolo y medio al dia. Recorre las
carnicerias , la pescaderia y bodego
nes , echandose en la boca las mone
das que recoge de las logrerias, ó ga
nancias que saca. Estos son malos de
tratar ; tienen la lengua muy suelta pa
ra la maledicencia, y atruenan con tan
grandes voces , que hacen retumbar
•con ellas la plaza y tiendas donde en
tran.
CAPITULO VII.
DE LA CHARLATANERÍA.

Oí alguno quisiese definir la charlata


nería podrá decir que es internperan-
B '
18 Caracteres
cia , o desenfreno de palabras. El char~
latan es tal : dice al que le cuenta al
guna cosa , sea la que fuere , que na
da de ello es. Que él lo sabe todo muy
bien , y que si quiere saberlo, le escu
che. Despues interrumpiendo al que le
responde : Oyes tú , le dice , mira no
te olvides de lo que tenias que decir. Y
prosigue : muy bien has hecho en traer
melo á la memoria ; y ¡ qué utiles son
estas conversaciones ! i se me ha olvi
dado algo ? Prontamente te impusiste
en el hecho. Ta há rato que aguardaba
si tú coincidías conmigo en lo mismo.
De éstas y otras semejantes formulas
se vale, de suerte que no deja respi
rar al que coje. Y despues que asi há
degollado á los particulares , es capáz
de entremeterse con los que esten jun
tos en cabildo deliberando sobre asun
tos de importancia , hasta auyentarlos
todos. Entrandose en las aulas , ó ert
Jas palesiras , cstorva que los jovenes
aprendan , y se pone á conversar con
los directores y maestros. A los que
dicen se quieren retirar , les acom-
^. pa
BE TEOFRASTC. m
paña, sin apartarse de ellos, hasta de-
xarles en su casa. Oyendo lo ocurrido
en el Senado, lo anuncia á otros, Co
menzará á exponer latamente la bata
lla que se dio en tiempo de Aristofoa-
teei Retor, y la de los Lacedemonios
mandados por Lisandro ; y ensalzando
ias oraciones que él mismo dixo al pue
blo en otro tiempo , inserta en su
discurso vituperios contra la multi
tud , de suerte que los oyentes ó no
retienen lo que dice , ó se duermen , ó
escapan dejandole en su .discurso.
Asociado con otro para juzgar, le es-
torvará que juzgue ; para ver , que
vea , y en un convite le estorvará que
coma ; diciendo , que es dificil al ha
blador callar ; que la lengua está en
sitio humedo ó resbaladizo ; y por no
callar parecerá mas parlero que las
mismas golondrinas. Satirizado por es
to , lo tolera aun de sus mismos hijos,
fiando queriendo estos dormir le lla
man , y cuentanos , le dicen , algo para
Sus nos venga el sueño.

Ba CA-
ao Caracteres

CAPITULO VIII.

DE LA NOVELERÍA.

X-i A novelería es un texido de pala


bras y acciones falsas forjadas por ti
capricho del novelero. Novelero , ó pa
trañero , es el qire encontrandose con
un amigo toma de improviso otro con
tinente , y sonriendose le pregunta:
¿De dónde vienesi í qué me dices* ¿Tie
nes algo de nuevo que contarme sobre los
negocios del tiempo? Y añadiendo pre
guntas: i Ninguna cosa, continúa , se
¡dice de nuevo ? las que corren son por
cierto noticias muy favorables. Y sin
dexarle responder , prosigue : ¿Qué di
ces! iNada has oidó1.'Pareceme que be de
ser yo el que te dé abundante banquete
de noticias frescas. Y tiene á la mano
un soldado , ó el hijo de Astio el flau
tista , ó Lycos el asentista , que acaba
de llegar de la batalla , de quien dice
haberlo oydo. En consecuencia sus
relaciones son tales que ninguno pue-
: de
DS TEOFRASTO. ax
de verificarlas ni redarguirias. Ex-»
pone pues que estos dicen haber ga
nado Polisperco y el rey de Persia
una batalla»y que Casandro cayó vivq
en sus manos. Si alguno le pregunta:
iCrees tú eso,* Dirá, que el suceso
cofre por t.oda la ciudad ; que toma
mas y mas cuerpo la noticia ; y que
todas las circunstancias son congruen
tes. Que ésto, es lo que se cuenta de la
batalla» y que fue muy sangrienta , ó
grande la mortandad. Que para él es
indicio cierto, de la verdad el aspecto
de los que mandan en la republica,
pues los vé á todos demudados. Añade,
que tambien lo ha oído de ciertas per
sonas que tienen oculto en su casa á
uno, que. cinco dias antes ha llegado
de Macedonia , quien se halló presen-;
te á todo el suceso. Y expuesto todo
el hecho; ?, Como pensareis que fuét
pregunta, Y aparentando grande las
tima , añade : ¡ ó desventurado Casan
dro I \ ó varon afligidísimo ! considerad
las vueltas de la fortuna. Cierto es no
obstante,, que babict llegado al colmo del
83
22 CARACTERES
poder. Pero mira que importa que tú solo
sepas esto ; y él va á decir lo mismo á
todos los ciudadanos que procura en
contrar. Me hé admirado de tal especie
de hombres , y de quál sea su designio
forjando estas patrañas; porque no so
lo engañan , sino que se distraen con
perjuicio de sus negocios ; puesto que
congregando algunos de estos grande
auditorio en los baños , les han hur
tado en muchas ocasiones sus ropas;
otros venciendo _en la plaza , ó porti
co , una batalla de tierra ó un com
bate naval , pagan la multa por no
haber concurrido á la notificacion de
la justicia. Hay tambien muchísimos
de éstos que haciendo conquistas con
gran valor de palabras , se quedan sin
cenar. Es sin duda infeliz en extremo
su conducta y vida ; porque ¿qué
portico hay , qué oficina , qué parte
del foro en que no pasen el dia fasti
diando y mortificando con sus- embus
tes á los que les oyen?

CA-
DE TfiOFRASTO. 23

CAPITULO IX.

'. DE LA RUINDAD
. .. impudente.

\jA definicion de la ruindades menos.


precio de su propia estimacion por lograr
algunas ventajas indecentes. Ruin im
pudente es el que se presenta y pide en
emprestito al mismo que tiene defrau
dado. Es tambien el que sacrificando
á los dioses, sala y guarda la carne de
sus victimas, y se vá á comer con otro:
el que llamando á su esclavo le dá
carnes y pan que toma de la mesa,
diciendole en presencia de todos; en
gulle bien , honrado. El que compran
do la vianda recuerda al carnicero el
beneficio que acaso le haya hecho; y"
arrimandose al peso , añade á la ba
lanza en primer lugar carne , y si no
puede; aunque sea un hueso. Si lo pue
de pillar , queda ufanísimo ; si aca-,
so no , arrebatando de la mesa aun
lina tripa, escapa al mismo tiempo^
r B4 dan-
4:4 CARACTERES •
dando carcajadas. Si alquila ó to
ma á nombre de forasteros , sus hues
pedes , asientos en el teatro , no paga
su parte, y entra á ver,, y aun conduce
el dia siguiente sus hijos y su ayo. Si
alguno lleva comprada barato alguna
cosa especial ó sobresaliente , pedi
rá que le dé parte; y entrando en casa '
de otros , tomará cebada prestada , y
alguna vez hasta paja , precisando £
los que se la prestan que se la lleven á
su casa. Es tan molesta que acercan
dose á íos calderos que hay en los ba
ños , meterá en ellos su bacia , la
sacará llena, por mas que clame el ba
ñero , se rociará á sí mismo con eí
agua , y retirandose dice : Tá me be
labado ; y al bañero añade : Nada ten."
go que agradecerte*

- • CAPITULO
' X.
DE LA MISERIA.
JuA miseria es el hábito por el que
se priva el hombre mas de lo con-venfert-
t*
DE TEOFRASTO. 25
fe del gasto necesario. Miserable es
el que pide en el mes aun medio
óbolo correspondiente ó caído del al
quiler de una casa. El que comiendo
á escote con otros cuenta los vasos que
se bebe cada uno. El que separa en
obsequio de Diana la menor presa entre
todos los convidados. El que,compran-
dole otro qualquiera cosa muy barata,
dice que todo está carisimo. El que si
su criado quiebra una olla ó plato, se
lo descontará de la racion que le da;
y si pierde su muger una (i) mone~
da que no llega á cinco maravedís, re-'
mudará todos los trastos , los colcho
nes , las arcas , y desdoblará (con in
quietud) los tapices. Si vende alguna
co-
(i) El Griego dice tricbalcon : esto es , tres
cía/coi. Para inteligencia de este y otros pasa-
ges , notese que el cíateos era la decima parte
de im obolo j el obolo la sexta parte de una dracb—
""J;y lídracbma Ática, era una moneda de pía-*
ta que tenia el valor de una septim-.i parte de
onza de plata : esto es , algo menos de tres rea
les de vellon. Por consiguiente el obolo equiva
lía á quatro quartos nuestros ; y el chaleos á roa-
*avedi y medio y una oítava parte.
í(> CARACTERES
cosa, la da tan cara que no puede de-
xar utilidad al que la compra. No per
mitirá que ninguno coma un higo de su
huerto , ni pase por su campo ; ni que
aun tome una aceituna ni una palma
de las que están caídas en el suelo. Irá
todos los dias á registrar los mojones
de sus tierras por ver si están en el si
tio en que estaban. Es capaz de pedir
las ganancias de un dia que haya de
más del termino hasta que prestó , y
aun la ganancia dé la ganancia. Con
vidando á sus compatriotas á Un con
vite , les arrimará la carne trinchada
en pedazos muy menudos. Saldrá de su
casa con designio de comprar que co
mer, y volverá sin haberse atrevido á
comprar nada. Encargará mucho á su
muger que no preste sal , ni el candil,
ni cominos, ni oregano, ni cebada , ni
las coronas, ni las navetas, ó inciensos
para los sacrificios; antes por el contra
rio le dice : esto poco al cabo de un año
es mucho. En suma , es cosa de ver las
bolsas de estos tacaños mugrientas , y
sus llaves tomadas de orin;y como lle
van
deTeofrasto. 27
van las ropas mucho mas cortas que
lo que conviene á su cuerpo; quán pe
queñas son las redomitas de unguento
con que se ungen ; como se rapan has
ta la carne viva ; como se descalzan á
inedia tarde , y molestan con sus ins
tancias á los lavanderos para que dea
á su ropa mucho jabon ó greda , y no
«ea necesario labarla tan presto.

CAPITULO XI.

DE LA INSOLENCIA.
N< O es dificultoso definir la inso--
leeicia , que es burla ó insulto mani
fiesto é injurioso á Jos demás. Insolen
te es el que encontrando á mugeres
decentes hace demostraciones obscenas;
el que dá palmadas en el teatro quan-
do los otros se están muy sosegados,
y silva á los actores á quienes escu
chan con gusto los demás. El que
quando el teatro está en silencio , se
espereza , y eru&a tan alto que hace
volver Ja cara á quantos están senia
dos*
48 CARACTERES
dos. Quando la plaza está llena , se
acerca á los puestos de nueces, manza
nas y otras frutas, y deteniendose allí
mismo las parte y come, hablando
al mismo tiempo con el que las vende.
No tendrá reparo eíi llamar por su
nombre á qualquiera de los que pasan,
aunque no le trate ; y si vé á alguna
que va de priesa , le mandará que se
detenga. Si encuentra á alguno que vie
ne del tribunal, dónde ha perdido u»
pleyto de grande importancia , se le
acerca y da el parabien. Si da un con
vite, si lleya flautistas á su casa, mues
tra á todos quantos "encuentra la des
pensa que ha comprado , y los con
vida. Parado á la tienda de un Bar-,
bero ó Boticario , les dice que des
pues ha de beber hasta emborrachar
se. Si vende vino , dará al mayor de
sus amigos el mas corrompido ó adul
terado. Y si es alguna vez de obliga
cion ir al teatro , no embia sus hijos
hasta que los cobradores permiten en
trar de valde. Destinado por Embaja
dor con otros , deja en su casa las dien
tas
ueTeofrasto. 29
tas que la ciudad le asigna para gastos
del camino , y toma prestado de los
compañeros de su embajada. Pone al
criado que le acompaña mayor carga
que la que puede llevar ; pero le dá
.menos alimentos de los que necesita.
Pide la parte del regalo dado por los
,que reciben la embajada, y la vende
luego que la toma. Lavandose en el
baño dice al muchachuelo ó sirviente:
Rancio y podrido está este aceyte que
compraste,; y se unge con el de otros.
Si sus criados se hallan en la calle al
gunos maravedises (i),es capázde pe
dirles parte , diciendo , que Mercurio es
comun ; ó que el dinero es para todos.
Tambien es modo de proceder suyo,
medir él mismo con la medida comun,
pero que tenga el fondo sumido aden
tro , asi como bajar el rasero con su
mo cuidado, quando reparte el mante
nimiento que corresponde á sus criar
dos. Si toma alguna prenda de casa
de un amigo, la vende. Si paga sus
deu'
(1) Cháleos, Veaie la noia al cap. X.
30 CARACTERES^
deudas, y debe entregar treinta minas
(i) , las pagará sin duda dando qua-
tro drachmas menos. Si da un festin
á los de su gremio ó cofradía , pedirá
del fondo comun el gasto de la comi
da de sus mismos criados ; y notará
con particular atencion los rabanos á
medio comer que hayan sobrado de la
mesa , para que no se los lleven los
criados que la sirven.

CAPITULO XII.
DE LA IMPERTINENCIA.
Es pues la impertinencia conduSía
fastidiosa y molesta á ¡os que trata,
el impertinente. Este procede asi : Va
á comunicar sus negocios con per
sonas que están muy ocupadas ; y á
tener un convite y rato de broma en
casa de su amiga , quando ésta tiene
calentura. Presentandose al que aca-ba

(i) La mina consuba de 100. drachmas. Vid.


cap. X.
DE TEOFRASTO. 31
ba de ser condenado á pagar la dcut-
da de que quedó fiador , le pide que
lo fie. El que se presenta á decla
rar como testigo, quando ya está dada
la sentencia. El que convidado á una
boda, declama contra todas las muge-
res. E! que convida á pasearse á los
que acaban de llegar de un camino lar
go. El que es tan molesto que presen
ta un comprador que dé mas por la
alhaja , quando ya está vendida. El
que levantandose enmedio de un con
curso , explica desde el principio alr
gun suceso que todos han oído , y sa
ben bien. El que se ofrece muy pron
to á encargarse y cuidar de las cosas
que otro no quiere que se hagan , pe
ro le da verguenza de negarse. El que
acercandose á los que han hecho sa
crificios y están en el convite, les pi
de la ganancia del dinero que les tie
ne prestado. El que si se castiga al
gun criado en su presencia, dice que
un criado suyo á quien castigó del
mismo modo, se ahorcó. El que esco
gido por arbitro para resolver un pley-
tot
ga Caracteres
to, embrolla mas las dos partes que le
eligieron. El que bailando toma á su
compañero de la mano,como para que
no se caiga , sin que esté el otro em
briagado.

CAPITULO XIII.

DEL OBSEQUIO INTEMPES-


tivo.

E. íL obsequio intempestivo parece ser


anticipacion de obras y palabras con
apariencias de buena voluntad. Intem
pestivo en sus obsequios es el que pre
sentandose promete lo que no podrá
cumplir. El que constando que lo he
cho es justo , insiste en alguna circuns
tancia probando que no se puede re
prehender. El que precisa al sirviente
á que eche en los vasos mas vino que
el que pueden beber los presentes. El
que incita mas á los que riñen. El que
se hace guia de una senda , deque no
tiene noticia , se pierde, y no puede
encontrar por donde salir. El que yen
do
de Teofrasto. 33
¡do & buscar el general , le pregunta
quándo ha de formar el exercito en
batalla , y qué ha de mandar el dia si
guiente. El que presentandose á su
padre le dice , que yá la madre está
durmiendo en la alcoba. El que dejan'
do mandado el Medico que no se dé
vino al enfermo, dice que lo beba por
experimentar , y le sostiene para que
lo tome. El que habiendo muerto su
muger , pone en su epitafio quien era
su marido , quien su padre , su madre,
el nombre de la misma muger , y de
dónde era ; y añade : Todos estos eran
honrados. El que obligado á jurar se
vuelve á los circunstantes , y les dice:
Td yo bé jurado otras muchas veces
antes de ahora.

CAPITULO XIV.
DE LA ESTUPIDEZ.
Di 'Efiniendo la estupidez no es otra
cosa que pesadez del alma en las pala
bras y las obras. . El estúpido es talv
<a dC ' que
i 34 CARACTERES
' que haciendo sus cuentas con tantos,/
sacando la suma , pregunta despues al
que le acompaña , qué resulta? El que
por evitar la sentencia de los jueces,
sabiendo que se acerca el dia de ella,
se hace olvidadizo , y se va al campo.
El que concurriendo á vér en el tea
tro, se duerme y se halla solo por ha
berse ido todos los demás. El que ce
nando con exceso , y levantandose da
noche para ponerse en el servicio,
(ó ir al corral ) lo muerde el perro de
su vecino. El que tomando y guardan
do alguna cosa, la busca despues y no
la puede hallar. El que recibiendo el
aviso que vienen á darle de haber
ínuerto alguno de sus amigos para que
asista al entierro , afligiendose y llo
rando , dice : Sea para bien. Es tan
necio , que llama testigos para reci
bir el dinero que le vienen á pagar.
Castiga á su criado porque en la fuerza
del invierno no le ha comprado en la
plaza pepinos ó melones. Estrecha sus
hijos aún pequeños á que luchen y cor
ran hasta que se fatiguen demasiado.
£1
dé Teoírasto, 35
, EV que cociendo lentejas en su campo
para los trabajadores, les echa sal dos
veces, de suerte que no pueden comer
las. Elquequando llueve : bellamente,
dice ; mira, (y digan oíros lo que quie
ran) esta es la pez del cielo. Si algu
no le pregunta si sabe quántos cada-
veres han sacado á enterrar por las
puertas del osario ; Ojalá , responde,
$ue tú y yo tuviesemos otros tantos*

CAPITULO XV,

DE LA ASPEREZA.

Xjá aspereza es dureza en el trato y


conversacion con los demás. El aspero
pues , es de este modo ; Preguntado
dónde está alguno, dice : dexame , no
me molestes , ni des que hacer. Si algu
no le saluda, no le corresponde. Si
vende alguna cosa, no responde á los
compradores á qué precio ; antés pre
gunta él mismo al comprador : ¿pues
qué tiene de malo ? A las personas que
Je manifiestan estimacion , y le embian
Ca do
36 CARACTEKES
«Jones en sus días festivos , diee : Que
ejalá no se los hubiesen embiado. Es ia-
capáz de perdonar al que involunta
riamente le da un encontron , 6 le
pisa, ó le empuja. Quando algun ami
go le ruega que concurra con alguna
parte de dinero para aliviarle en su
miseria ó quiebra , responde que no
quiere darlo : despues va y se lo lleva
por sí mismo , y añade que ya cuenta
este dinero por perdido. El que trope
zando en Ja calle, se irrita. y maldice
la piedra. Si aguarda á alguno , segu
ramente no le aguardará por íriucho
tiempo ; ni jamás tendrá con otros la
condescendencia de cantar, -ni de re
citar, ni de bailar; y en fin es tal, que
ni aun cuida de recurrir con sus ora
ciones á los Dioses. . ' ,* .
CAPITULO XVI.
DE LA SUPERSTICIÓN
L i A. superstición parece sin duda ser
miedo de los genios ó -numenes subalter-
-- ~ Lj nos»
DS
dw. El supersticiosa pues, es tal : La-i
vandose las manos, y rociado todo cotí
agua lustral 6 bendita, sale del templo
llevando en la boca unas hojas de lau
rel, y todo el día se pasea sin dejarlas.
Si vé que una comadreja atraviesa el
camino- que ét lleva, no lo pasará has
ta que otro pase primero , ó tire tres
piedras sobre el camino. ( i } Si vé en sti
casa una culebra , levantará allí mis
mo una capilla. Arrimandose- á las
piedras ungidas ó benditas que estar*
en las encrucijadas , derrama sobre
ellas aceyte que lleva en redomitas ; y
para retirarse ha de hincarse de rod>
lias y adorarlas. Si un raton casual-'
mente roe el costal donde tiene la ha
rina; va á ver al agorera ó adivino,/
le pregunta qué es lo que debe hacer*
Si acaso le responde que lo dé al cos-
talero para que lo remiende; no se con
forma con esto^ sino que mirandolo
coa aversion se deshace de él. Purifica
su
(i) Pra&ica supersticiosa que asaban pava
conjurar el mal agoero.
C3
38 CARACTERES-
su casa con frecuencia ; no se acerca
á los sepulcros ; no concurre á entier
ros; no .visita paridas. Quando tiene
algun. ¡sueño , va de casa, en casa de
los que los interpretan, de los adivi-
jjos.y íde lofi agoreros , 4 preguntarles
á qué dios o a qué diosa debe hacer
sus votos y oraciones. El que ansioso
fie. ;eer ordenado en los misterios , va
á.visifcag todos Jos meses los sacerdotes
de Orfep con su muger ; - y si 4sta na
^sti desocupada , va con el ama y coa
$us niños, Para, saljr de una encrucija
da se lava la cabeza, y llamando las¡
sacerdotisas les pide.lo purifiquen apli
candole ó una cebolla albarrana ó un
cachorrillo. Si vé un loco ó epilectico
se espeluza de miedo y se escupe en el

'i.- .1:0 ir. •••


;. --.o••:ir.vcc

CA-
de Teofrasto. 39

CAPITULO XVIL

DEL RESENTIMIENTO
injusto*
E. <L resentimiento injusto 6 intempes¡
tivo es acriminacion hecha á alguno sin
oportunidad ó sin motivo. El resentido
es tal , que si le embia un amigo parte
6 plato de un convite , dice al que lo
trae : Me ha excluido de su sopa y de
su vino, no llamándome al convite. Aca
riciado y aun besado por su amiga:
Marabilla será. , dice , que tú me quie
ras de corazon. Se indigna aun con ei
mismo Jupiter, no porque, llueve , sino
porque llueve tarde. Si se halla en la
calle un bolsillo : Seguro está , dice,
que nunca me encuentre un tesoro. SJ
compra un esclavo que merece bien
el precio , y esto despues de haber
importunado con instancias al ven
dedor : Mucho estraño , dice , haberlo
comprado en este precio y que él sea
bueno. Al que le dá la noticia de ha-
C4 ber
40 CaHAÓTES.ES' r
berle nacido un hijo , dice ; Si añades
que he perdido la mitad del caudal, di
ces la verdad. Si gana completamen
te el pleyto con iodos los votos , se
encoleriza no obstante con el que hi
zo el pedimento ó alegato por haber
omitido parte de sus razones. Si for
mandole fondo ó caudal sus amigo?,
le dice alguno de ellos : Sarnas, ale
grarse, y tener animo. iCdfno puedo ale
grarme? responde : ¿ Pues qué , no ten
go que pagar este dinero á cada uno?
y además de esto i no be de estarles
agradecido segun el beneficio que me
han hecho?
CAPITULO XVIIT. »-?
í " , " '
r, DE LA DESCONFIANZA,

jiS en efecío la desconfianza , sospe^


cha de la injusticia de todos los demás:
El desconfiado es tal: enviando su cria
do á comprar el mantenimiento , &
despensa , destina otro á averiguar en
quanto la ha comprado. Quando lleva
con-
DE TEOtRAS¥o. 41
consigo algun dinero cuenta á cada
cien pasos quanto es , ó si está cabal.
Estando ya acostado pregunta á su
muger si cerró bien la despensa"; si
echó bien la llave al arca ; ó si el pesti
llo está bien pasado en la puerta de la
sala. Y aunque la muger le responda
que sí ; nada menos dexará de levan
tarse de la cama , desnudo y descalzo,
y encendiendo un candil lo recorre , y
registra todo ; y con todo esto ape
nas puede coger el sueño. Va con tes
tigos á pedir los reditos á los que le
deben , para que no se los puedan ne
gar. Si da á lavar su ropa , no será
al que la lave mas bien ; sino al lavan
dera que tenga fiador mas abonado.
Si alguno llega á pedirle vasos presta
dos, es su mayor empeño no prestarlos.
Manda al criado que le va siguiendo
que no vaya detrás, sino delante, para
precaver que no se le. escape en el
camino. Si los que tbman ó compran
alguna cosa de él , le dicen : asienta
en quanto. Paga ahora , responde , pues
«o tengo lugar de embiar por ello. : ¿
CA-
42 Caracteres

CAPITULO XIX.

i DE LA ASQUEROSIDAD.

X-áA. asquerosidad es molesto desaliño


del cuerpo que induce á enfado. El as
queroso es el que teniendo lepra , her-
|>es y las uñas muy largas* trata y an
da entre todos : dice que estas enfer
medades son propias de su familia , y
que su padre y su avuelo las tuvieron.
Molesto á todos no pone cuidado con
las ulceras que tiene en las piernas, ni
con los gruesos nudos de sus dedos;
y por no aplicarles medicamento, dá
lugar á que se hagan incurables. Man
tiene los sobacos tan ferinos y aspe-
ros con el pelo , que llega, este hasta
Ja miiad de los costados ; y los dien
tes tan negros y carcomidos que es
fastidioso é intolerable. Tambien es
propiedad suya sonarse las narices al
mismo tiempo que come ; y hablan
do quando tiene la comida en la bo
ca arrojar con la voz algunas par-
--/ ;- tí-
E£ TJEOFRASTO. 43
lículas del bocado. Eructa al mismo
tiempo que bebe. En el baño usa de
aceyte rancio para ungirse. Concurre
al cabildo ó junta del pueblo con el
vestido lleno de manchas. ( i) Si su ma
dre va á consultar el aruspice , inutir
liza Jos agueros con sus blasfemias. Si
guando se está en los votos y sacrificio,
se le cae ó derrama la copa en que está,
la libacion ; da una carcajada como si
hubiese hecho alguna cosa admirable.
Oyendo tocar la flauta aplaude con
palmadas solo entre todos los demás»
y cantisquea acompañando al instru
mento ; y aun reprehenderá tambien
á la flautista sino deja ¿e tocar de
improviso. En fin queriendo escupir
quando está á la mesa , echa la saliva
sobre el que sirve la copa. >
.(i) Parece que varia el caratler en todo lo
que sigue.

CA-
44 . CARACTERES ;
I
CAPITULO XX.
¡ . ' ' v

DÉLA MOLESTIA
ó pesadez.
L- A molestia 6 'pesadez definiendola
en propios terminos es trato ó comuni
cacion fastidiosa pero que no causa daño*
El pesado ó molesto es tat que entrará y
despertará al que acaba de dormirse,
solo con el fin de hablar. El que se
presenta á los que ya están á punto
de hacerse á la vela , y deteniendoles
les pide se aguarden hasta dar algunos
paseos. El que toma sin consideracion
el niño que está mamando al pecho de
la ama, y leda alimento mascado cotí
su boca, lo alaga y dice cariños. El que
estando comiendo referirá que tornó
«na bebida de heleboro , y se purgó
por arriba y por abaxo , y que la cole
ra que salió era mas negra que el caldo
que tiene puesto delante. Preguntará
á su madre en presencia de los veci
nos ó conocidos ¿ En qué dia me pa
rió
DE Teofrasto. 4§
tióVmd. ? Tambien dice que el agua
que hay en su cisterna es fria ; que
hay en su huerio muchas y suaves
hortalizas ; y que su casa es una po
sada general de huespedes. Quando
hospeda á algunos , presenta su bufon
para que vean quál es ; y le anima en
el conviie ó mesa para que divierta á
los presentes.

CAPITULO XXI.

DE LA AMBICIÓN FÚTIL.

J^A ambicion futil parece ser ansia


haxa y ruinas honores. Ambicioso futil
es el que convidado á un festin pone
grande empeño en seniarse al lado del
que le ha convidado. El que embia su
hijo á Delfos para que le corten el ca
bello. El que pone gran cuidado en
que sea etiope el esclavo que le siga.
El que pagando una mina (i) de plata
tiene empeño en darla nueva. El que
,. (i) Vease la noia al cap. X.
«¿
. . .;
46 Caracteres
Sacrificando un buey clavará el tes
tuz enfrente de la calle que conduce
á su casa , adornandolo con grandes
guirnaldas , para que vean los que
pasan que ha sacrificado un buey. El
que saliendo con los caballeros en la
pompa ó alarde, entregará al criado
todos los demás arreos para que los
lleve á su casa, mas alzandose la falda
de la tunica vá á pasearse en la plaza.
El que si se le muere algun perrillo,
le levanta un sepulcro , y colocando
una columna pequeña escribe este epi
tafio; Cachorro de Malta.Sx dá á Escu
lapio un anillo ó diadema de acero,
lo desgasta de tantas coronas ó guir
naldas como le pone. Todos los dias
se ha de ungir , y empeñado en tomar
parte en el gobierno , anuncia al pue
blo en nombre de los jueces del Prita-
nio , las fiestas que deben celebrarse;
y adornandose con una rozagante ves
tidura , coronada la cabeza con una
guirnalda se presenta al pueblo, y
dice : Los magistrados del Pritanio%
o atenienses ± hemos hecho dignos y
de Teofrasto. 47
lucidos sacrificios á la madre de los
Dioses : vosotros en consecuencia , e$-<
perad grandes prosperidades. Anuncia
do esto se retira á su casa , y cuenta
á su muger que há tenido un dia tan
feliz que es superior á toda pondera
cion.
CAPITULO XXII.

DE LA MEZQUINDAD. ..

jLá A mezquindades abundancia de ha


beres y ahorro de los gastos precisos
con abandono de la propria estimacion.
El mezquino es tal : logrando el pre
mio en el certamen de la tragedia, de
dica al dios Baco una corona de palo,
y escribe en ella su nombre. El que
exigiendose contribuciones se levanta
en la junta de entre la multitud del
pueblo , y calla ( en señal de que las
niega ) , ó se escabulle por medio de
todos. El que dando su hija en ma
trimonio , vende la carne de las victi
mas á excepcion de lo que ha sacrifi
cado. El que ajusta los criados que han
de
48 CARACTERES
de servir en las bodas,con la condición
de que no han de <x>mer en ellas sino
en sus propias casas. El que capitanean
do una galera, alfombra la camara coa
los tapices del piloto , y él retira y
guarda los suyos. El que saliendo del
cabildo , ó junta del pueblo , compca
su provision , y lleva las carnes y
verduras arrimadas al seno (en un can
to de su palio ó capa.) Fique se man
tiene sin salir de casa en tanto que
tiene dado á lavar su vestido. El que
qnando su amigo echa un guante
para recoger un socorro , luego que lo
sabe, huyejpor no encontrarle, toman
do otro camino ó calle , y se retira á
su casa. El que no compra esclavas,
sino las alquila para que acompañen
á su muger quando salga. El que le
vantandose de mañana barre su casa
y sacude las camas ; y en fin el que pa
ra sentarse vuelve el palio ó capa que
lleva puesta.

CA-
DE TEOFRASTO. 49
CAPITULO XXIII.
DE LA VANIDAD
ó JaStancia*
uedese definir la vanidad ó jac
tancia: ostentacion de bienes que no bay.
El vano ó jactancioso es tal: estando en
Jos mostradores del Pirco , (r) cuenta
á los forasteros las muchas riquezas ,
que tiene por el mar. Discurre larga
mente de] dinero que tiene dado á
premio , en quánta cantidad , y quán-
tos reditos ha percibido. El que si yen
do de camino se junta con otro, le cuen
ta que militó con Alexandro; y quán-
tas copas de piedras preciosas traxo;
y defenderá contra todos que los arti
fices del Asia son mucho mejores que
los Europeos. Añadirá que le han ve
nido cartas de Antipatro en que le
dica llegó tres días antes á Macedo-
nia. Que habiendosele concedido á la él

(i) El puerro de Atenas.


D
go CARACTERES
la deportacion de generos sin pagar
derechos; no se tía. valido de ella, por
que ninguno tuviese que vituperarle.
Que en la carestia y hambre de la ciu
dad gastó mas de cinco talentos ( i ),
por haberlos repartido entre los ciuda
danos mas indigentes. Y hallandose
entre personas que no le conocen, les
' dice que vayan poniendo tantos ; y lle
gando estos á seiscientos hace la su
ma, impone ácada partida nombres
adequados , y saca haber repartido
diez talentos. Añade que todo esto
lo invirtio en limosnas \y que no cuen
ta , dice , los gastos del tiempo que man
dó la escuadra , ni tantos empleos pú
blicos como ha servido. Se acerca á los
que tienen de venta caballos genero
sos, y aparenta que quiere comprarlos.
Allegase á los mostradores de los mer-
ca-

(i) El talento Ático constaba de 8o. minas, y la


tninadt too. drach mas; por consiguiente (véase la
nota ai cap. X.) la mina casi equivalía á 20. pesos
nuestros , y el talenlo a 24000. reales. Habla otr»
talento menor que constaba de <5o. minas.
i¡e Teofrasto* st
caderes , y pide le saquen uii vestido
de valor de dos talentos ; mas casti
ga al esclavo ó criado porque le viene
acompañando sin traer dineros. Ha
bitando en casa alquilada , dice al que
no lo sabe, que es heredada de sus pa
dres; pero que tiene que venderla, por
ser muy pequeña para aposentar hues
pedes.
CAPITULO XXIV.

DE LA SOBERVIA.

JlíA sobervia es vilipendio ó despre


cio de todos , á excepcion de sí mismo.
El sobervio pues , es tal : El que orde
na al que le busca de priesa , que des
pues de comer le podrá hablar en el
paseo. Si hace bien á otros , les dice
aun en la calle , que lo tengan pre
sente; y les obliga á que se le acer
quen , sin que jamás quiera acercarse
él primero á nadie. Es capáz de man
dar á los que le compran ó tienen que
pagarle alguna cosa , que vuelvan
otro dia al amanecer. Yendo por la
Da ca
ga CARACTERES
calle no saluda á los que encuentra, y
á lo mas les inclina la cabeza. Si alguna
vez le parece dar un convite á sus ami
gos, no come con ellos ; sino encarga
á alguno de sus criados que los cuide.
Si va á vér á alguno,embia antes quien
le diga como viene á visitarle. No per
mite que entren á verle quando se un
ge ó quando come. Cuida tambien , si
ajusta cuentas con alguno , de que un
criado las haga , reste , saque las su
mas, y las ponga en el libro de asien
to. Si escribe cartas , no haya miedo
que diga : Me harás el favor ; sino:
Quiero que bagas ; y tambien : He em-
biado persona que tome de ti; y: No se
baga de otro modo ; y: Quanto antes.
CAPITULO XXV.
DEL MIEDO O TIMIDEZ.
Jl Arece por cierto que el miedo es ti
nado abatimiento del animo ; y el me
droso tal : Yendo embarcado dice , que
los promontorios son embarcaciones
' -- (eoa
DE TEOFRASTO. «53
(enemigas). Si se inquietan las olas,
investiga si alguno de los navegan
tes no está purificado.-Si el piloto acor
ta vela , ó interrumpe la navegacion,
le pregunta si irá ya la mitad del ca
mino , y qué pronostica del divino mar.
Dice al que está proximo á él , que
tiene miedo por ciertas cosas que ha
soñado : se desnuda, y da hasta la ca
misa al criado : ruega que lo acerquen
á la tierra. Quando milita en campaña
y se convoca á todos contra el enemi-
migo ya formado; aparenta primero
especularlo , y añade que no es facil
discernir si es el exercito contrario. Pe
ro quando oye ya la voceria y vé caer
a/gunos , dice á los inmediatos que se
Je olvidó por la mucha priesa tomar la
espada ; y escapando á su tienda des
tina su criado para que vaya á descu
brir dónde están los combatientes ; y
escondiendo la espada bajo la almoha
da, gasta, aparentando que la busca,
mucho tiempo. Si vé desde la tienda
que los camaradas llevan algun com
pañero herido , se adelanta á recibir
03 lo
54 CARACTERES
lo ; le exhorta á que tenga valor y
confianza ; le cuida ó cura ; le limpia
con una esponja las heridas ; le osea
las moscas , y por todo pasará mas
bien que combatir con los enemigos.
El trompeta tocará para inflamar los
animos á pelear ; pero él muy senta
do en su tienda: Vete enhoramala , di
ce , no dejas que este hombre coja el
sueno por tocar tú con tanta frecuencia.
Lleno de sangre , pero de las heridas
de otro, se entremete con los que vuel
ven de la batalla , y les cuenta como
él , exponiendose al peligro , salvó uno
de los camaradas : é introduciendo al
gunos á que vean el herido , inquiere
de qué tribu es , y de qué pueblo ; y
cuenta en particular á cada uno co
mo él mismo lo condujo á la tienda
en sus brazos,

CA-
DE

CAPITULO XXVI.
DE LA OLIGARCHIA
ó ansia- de sobresalir.
JT Arece ser la oligarchia ó ansia de
sobresalir, cierta prurito de mandar, con
el designio de sobresalir en autoridad^
sin que lo excite la codicia. El oligar
co ó magnate es tal : Deliberando el
pueblo qué persona ha de asociar al
Arcante, ó gefe de la republica, para
que cuiden de la pompa ó fiesta reli
giosa , se presenta para ello. De todos
los versos de Hornero solo repite aquel:
No es bien que muchos tengan el im
perio ; uno solo sea el rey. Nada sabe
de todos los demás. Es tambien cos
tumbre suya explicarse con estas vo
ces : Es menester que nosotros nos jun
temos á deliberar ; que nos separemos
de la turba y cabildo general, y ex
cluyamos la multitud de que tenga ma
no en el gobierno. Si algunos le satiri
zan ó injurian , dice : Es imposible que
D4 ellos
56 CARACTERES -
ellosy yo vivamos en la ciudad* Salien
do de su casa en la mitad del dia , ra
surado de moda y acicalado hasta en
las uñas con grande esmero , repite
imperiosamente estas ó semejantes pa
labras : Es imposible vivir en esta ciu
dad : añade , que es indecible lo que
tiene que padecer en el tribunal con
los pleiteantes : que se abochorna de
concurrir á la junta quando se le sien
ta al lado algun desaseado y mal ves
tido; que es aborrecible todo el gre
mio de los oradores ; y que Teseo
( legislador de Atenas ) fue la prime
ra causa de que la ciudad padeciese
tales desordenes. Estos y otros seme
jantes discursos tiene con los foras
teros y con los ciudadanos que son de
costumbres semejantes á las suyas.

CA-
dbTeofrasto. g£

CAPITULO XXVII.

DE LA INSTRUCCIÓN
tardia.

A-áA. instruccion tardia parece ser di


ligente aplicacion á instruirse ,pasada
la edad correspondiente. El que se ins
truye tarde es tal : Cumplidos sesenta.
años aprende relaciones (de orado-,
res y poetas), y al recitarlas ó can
tarlas en el convite se le olvidan.
Aprende de su mismo hijo á dar me-:
dia vuelta ácia la espada ó ácia el es-.
cudo (esto es,á la derecha ó izquierda).:
Yendo al campo montado en caballo
ageno , y procurando al mismo tiem-,
po saludar á alguno , cae del caballo
y se rompe la cabeza. Suele tambien
exercitarse como niño en tirar al ¡
blanco ó estafermo. Dispara en com
petencia de su criado dardos y saetas;,
y aprendiendo al mismo tiempo de él,
dá á entender que el otro no está ins
truido. Exercitandose en la palestra, ó
es-
58 -CARACTERES
estando en el baño menea frecuente
mente y con indecencia los muslos.

CAPITULO XXVIII.
DE LA MALEDICENCIA.

A maledicencia es inclinacion del


animo del que conversando lo echa todo
á lo peor. El maldiciente es tal : Pre
guntado quien es Fulano , comenzará
á responder ante todas cosas como los
genealogistas desde su origen : Su pa
dre , dice , se llamaba primeramente
Sosias; (i) pasando despues á militar,
se llamó Sosistrato ; ultimamente logro
empadronarse en la clase de vecino. Su
madre por cierto es noble de Traciaj
•porque dicen que estas tales son nobles-
en su país. Este , como hijo de tales pa
dres , es un perversoy azotado esclavo.
Y añadiendo infamias, dice : Ellas son de

(i) Nombre que comunmente se imponía á


los esclavos.
DE TeOFRASTO. §9
de aquellas mugeres que tiran á los
hombres de la capa quando pasan por
¡a calle. Si otros están hablando mal,
él tambien quiere entrar á la parte, y
dice: Ese hombre es puntualmente el que
yo aborrezco mas de todos; y en efcclo es
aborrecible por su cara ; su maldad no
tiene semejante; y prueba de ello es que
dá á su propia muger seis obolos (i)
para la comida , y la precisa á que se
bañe en agua fria en el mes de Posi-
deon , ó en la fuerza del invierno. Si
alguno del concurso se levanta para
irse , murmura de él. Habla mil per
versidades de sus amigos y de sus do
mesticos , y aun vitupera los mismos
muertos.
(i) Como diez niaravedis. Vease la noia al
cap. X.

Al)
6a Caracteres

ADVERTENCIA.
Siendo la principal obligacion del
traductor presentar los pensamienios
del original sin quitarles , ni añadirles
circunsiancias que los afeen, embellez
can ó desfiguren ; se há procurado en
esta traduccion seguir exactamente la
letra de Teofrasto. Lo que se advierte,
porque el traductor Francés y el In
glés Bugdell , atentos al objeto princi
pal de cada caracter, varian en muchos
puntos que acortan ó extienden segun
les parece oportuno en una obra Fi
losofica , cuya utilidad está en la doc
trina y no en el modo de exponerla.
El texto Griego que sigue (por haber
lo asi mandado el supremo Consejo de
Castilla) facilitará á los inteligentes su
confrontacion con el castellano , y el
examen de la conformidad ó disonan
cia de las versiones.

Pag. 8. de Teofrasto , linea 12.


Conocimientos , diga discursos.
0£O-
Ss^í -r^-í
<$,* ** ** #* •*-* ** *•* ** *¡M:*a*
5.> § * * * * * * * *<*>•«£'

oeo^paStot
H0IKOI XAPAKTHPES,
i

J1POOIMION.

H [AE ¡¿\v Km "TfóTícov TiMájcif eTUJTíedet


9"»v S'iávoiav , i&a.vpla.'ra., iíuí S'\ oí/i^í Ta.vao-
¡ám ,S-caiy.Á^av , T/ JSíxsTí Taí tiÁÁSof ¿ie*
9-íV eeíTov ¿égee HM(*Áv»f , Km <sfcrtw rar
SíA»W h[Aoíaf 'z?cuS'i'Jey.ívav , </,jy.¡íí£iijcív í'y.iv
eu T»V a.nTHv 7ifjti rav T¡, ¿irav \yj.iv. \y¡¡ yk% ,
u TIqHÚx&hí , ffuv&iei(»3,a.r íK íTí/Ao¡; riV kv-
&pa.víVnv <f>úffiv , Km (ii{lia¡xar era ívveviKoVT*
\vvía., 'íri ¿\ ¿iynKxKmí tfofaaTf ii Km ,ma.v-
roS'AToá i <í-jsísi , Km TA¡,a.Tiüiay.ívof í| ¿xg»-
(2eia>" iro/fSif Toiíf Tí ¿j'aSoi/í- TSy kvfyÚ7rcM
HM revf fxvKoVí , íiT¿Ka£qi /«Tv «,vyffa.-
A 4a.«
©EOfcPASTOT
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iíír» crol KctTct yvof uva.' Te
TfÍTTVV TÓÚTolf TrpoÍW/^íVi* , KM $11 TfÓ-

, -joi/í ¿louf »/¿Sií @í*.TÍouf ífftft

olí 'TTCt^ctS'íyi¿oift ^¿¡Jitíot , «ÍJií-


To/V • «¿ffv iiaowreÍToií' ffutlS.rtU Tí xaí

u/» x/ -roí' \5j/ov. ¡rov c*


Tí K«¡ eí/^JToU eí Óp^Sí ^íj'W
tuv 'TrouÁffopa.í ToV hÓ-yw ÍTTo
tiiv tlfovíía,v Ifyk'MÓTav , cL^tlí To Tr
¿•«í )t«í TToMATep/ ToU TTfíyU.OTot htyí\V' (««í,

redund. *f f V-*1 -^f SToV ¿TTo rííf elpwXí/W *) K«/ óp


¿tat auT»v ' íT^-' oi'tfflf ToV tífav«.
Tir écrri , «os/ e/r T/V« TfÓTrov K

I¿E*. A.

DÉPI EIPÍÍ.NEIA2.-

J 11 MEN o'uv í'ifcan't« fÓfaw a,r «T/rtt , »


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KAPAKTHPE5.
|tw x«í K&yw ó J\ e/pav
líor 'srpoiTíA-3-daX ToíÍ evOpo/V éJÍ
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X*l nyváy.M fi lyjuv Tol'f Kaiuot «¿ToX


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xtu Trfof Tout iifmouf^ívouf Ka,¡ á.ya.Va.KrouVTa,f
KoíÍ

«¡ ftítJ'\v tív Tr^i'&íi , í/ioAoj'íío-a.i , ¿Mct


KOLÍ TrfoffTToiÍKl'ctf^a.í ípTl
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xai Trfif Touf
fxí ípaví^ovictf , Sf ou irtaK'A \ YM ¡J-H
Tí , /o|tt /

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ivi xí)/e . ÓV«r 1^4 fl-oi ¿'O-iffTiií'íi) , » exíívou
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olí ^íípox IffT/y súpíTi» ouJ'ív, ra. /¡t
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©EO*PA5TOT

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KE*. H.

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KE*. e.
IIEPI ANAISXTNTIA2.

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líi/ijliij, ¿práíTCtí- ¿To TÜV Tf«
mi , ifi«, ytKKV ¿T«MÓ.TÍe<79<iíí. jcel¡ |éfoif J'i
WT«S 5lctv ¿j-o^áffaf , f¿ii'iS'ouf To juépoí ,
Js x«/ ToIÍí oiouf S/r TÍ

, ¿ao Y.íKouya.t nm a.in'u. Keií


T»X ¿MíTp/oev o/K/ai1 é^6í»x , /«Ví/^e
, ^oTí /i stp^WpoV KOLÍ "JCtVTCt
«•«Isr , kva.yK¿a a* *tt.Tr<>yíf»v wpof airou.
•lif' ft K*¡ 'B'pof Tct 'CÜ^.KílA ToÍ. íV T^'
*.*tUtf TfoffíhSav , Kct
75; ToÍ /3a^ce^'5íi)r , «¿ror
O¿-

K E $. I.

HEPI MlKPOAOriAS.

.AE juiKpoAoj-í'a IÍT/ ^ei<Ta^.'ct ToW £ia.q¡- V


¿•yíj Tov »aipcV. ó J^e /¿upoKÓyor , To(oU-
Tlf-, oÍoS- «v T6> //.«Vi HfjUOlGÓMoV cf
riy oiKÍav nal ffufff\]tav ¿p
€>EO*PA2TOT
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íyctv. xa/ oÍKÍToV yv


na,l¿%a.VTor , e/

, oíor //.eT«ipípeiv TÍ «•«eú» , xa/


Ka/ raf xi/3»To¿$- , xa/ trupS)!
xoí/ 1¿V Ti tf-fflAÍ! , ToíroÚToy

oure (riotorpaj-iffcti x ToU ai/Tou


OUT6 /icí ToU ai/rou iypou- frofíu&'HvM
tAÁ/av » tfolvma, reév Xol/¿a'1 "^ffltfJJÍWW ávthí-
i. xa/ Toüf ógouf /í í-z-ürxoTeTí'Sai éffn/¿ípctit
oí ctúroí.
fav ^paai , xa/ ToXflI/ TKW xa/
1«.f-

KUf¿tVoV

¿Ma >~'íytiv oT/ Tct ¿t/xpet Taí/T« •/ro/Aa. l


'ToÚ énai/Tou. xa/ To SV.o}- /t - Tí
6.7 xa/ T¿Í ¿pj-^o^-HXaf l¡rT/v /<fe/l' t
ffctf , xa/
foí\7aí 'íKaíta féiv f¿iKfiv TÍ \^á.t\a. ,

r
-.9
To /aÍ9'«)' T«f »/«?*<'
4«yí - *«i a-pof ToI/í- j'Xeüpe/í- J icntt-
, ÓVais- 70 í/xánov cu/rol e tíít

KE*. IA.

nEPl BAEATPIA2.

V/T «xe-srov /s IS-Tí T»)' fift^uflar ¿-ID.


. íffT* j/¿5 Ta.¡J••i& ¡'x-iqa.v'iif Kct¡ 1-3-3-
. ó eTí (íj'th.-jpof , ToioUTof , oísr ú'/rctv~

»a/ ffu(TíiV ot/s-


si KtHTroí- Kcti oTav (TifflTuVi) To
5 ¿/axú4«f Ipwj/eíií , ¡Vee

Ta: íyvfás , >7rfwtK5av Trfof va, nífva. , H ret.


Tct íLKfÓJ'fUct , íÍTDKWí Tf3.y»f¿a.TÍ-
ica/ «a-
Kx¡ 'Fstitmiv <f\
i-Trctvraxri T«, a*\.iWHf¿ha, , neil
-xi_ Tauro,* Kcti
8T».
i. Ka.1 MoTra^av , KtKfei(*
i. x,OL¡
, ¿xiwl' ToUí ¿ie7r , inn»
oí ^eaTf
¿v IK T»!f
, íT^pot f\ TCÍV
K«LÍ Ttp ¿Ko^.OÚ-
TÍoV H J*uva,Ta.i Qíptw , K,ati 'tK&yjtna,
TCÍIV lKa,vav. jc«í/ «To TÍai1 ^ívítuv To //.é-
To eeoToU ¿7rctiT«Vctí- ¿TotTíVSai. *a/ ¿Asi*
íVof \v Tq @ixKttv¡'i(¡i , xa/ tiTrav , ¡r«3-pol/
To íAseioi/ íTi'a T^ -n-ai/«l'^' T^> ¿Mo-

«v T«Tf ó^o'íf '/rpo Tav o}KíTav ,


' To juépof , KoIVoX e/Val <priffa.f To>
oU/í /!) T01«UTO!. 4-íl./W;V<) /¿iTpi»
To)' -Tn/vJ'XKX (KHíUfoliff/J'ÁVtf /¿íTftlV elUTof
ToÍ, éTriT»/íi« , o-ío/p« «^To-^KV^

á.TTo^ttf'oVf

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KAPAKTHPES."'
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TÍí Tfenrífyf íf¿í(r» rav f

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. na,} fíx»v Animar» \-y-
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xa/ [¿«ffT\you¡¿ívw t>luírou 'rafífrtar,''
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Í!TI x.K*« euiroS wrz Trctí '

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íÍ KÓyav naí Trfi^tav f¿IT' tüvoi&f-
, ToioDroV TI; , olos-
. KCU á
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«tptíffeu , » óVct <TúvctVTai oí Tapáv


. Ka» J^ttytífítv ToVS ¡¿a.-£opíift>uf , >ca<
o¿ yiváj'Kíl ¿Tpatirou ¿j-i!¡rc«3'5-ai , í/TCí juif
eípsív oí/ Tropsúírai. K«í ToV
Tnyov <
xat TÍ /X6T¿ T»i/ CffJpiol' 7rctfcty~

H'/D xoe^íúAi Iv
ToU irtTpoU, oTTMí /¿» /fflííI

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'KAPAKTHPE2.
7.íí yWíilKof J'\ fíKíU\*7Ít!K -
7o ¡¿ñf/.a., ToU TÉ «Vcfpof »£!/TÜV , jt« ToV T«—
Tfíf , Xa/ T»f jLCDTf oí , XSCI «¿TÍÍ? TÍí J/UV«Uof

«TI oÚToi ToívTsr pKTTo/ «Vctv. xai


, ínrtv -n-for Tof wepieffTuxÓTctf , TI

KE4>. I A.

HEPI ANAIS0H2IA2.
. . ^ . i ' (

/e » iv&iff&»tft« , ¿f ?pw É/Tí7v , ]?pc¿- XIV

T( yVíTcti ; Ko¡
<riévai juéw.wv ,
eí- >pov Topeüíírdct). xa} ütafiv \v

, To K'JVof THÍ 7W yToVot


xa/ AajS¿v »«/ ¿«-odeif «¿Tos- -

XÜÍ
g^ ©E04-PA5TOY-
xcti sTeíjcpi/W/ , e/Vsíx , Aj,«9ñ rv^tp. Aivoí
xa* , a^o^afjí^Ávav ¿jj'tífiov IfyíiKÓfJ-tvov ,
3-yp«? TapaActíeiV. »a/ -^tif^avof trtrof ^•Á^í-
«r9ai TW ^ai// , oTJ fi-iKÚoyf oUK fyÓfourt. r-tu
\ctuTou

,
iou bils , eíVeTV , H/y j-e T«V a.<nfw
oTI <fn K«i oí óí
* w \ N ' \
TíXoí , Trnaou; ont KctTA To-f tzf&f

VIX tff91
KE*. IE.
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HEPI AT0AAEIA2.

xv TT
*»" JL Jl AE oLU'jo.J íia , íírili' aw«Víict
r, ó /'í a.lSÁ£r,; , ToioCTóV TíÍ ,
e/f , í ¿uta. ixou \ffTiv 5 SiTí/vj

Toif tatou-
f¿íVo<f , TrcVct/ '¿V ¿'Xo^o/To , ¿M' IfftlTCtl' T'

««-._
KAPAKTHPES. 8f
fxi«~ x*i o¿« t%av ffvyytéfatv VíTí TG) a.-xá—
tttn> IU/TW a.Kojíríaf , oÍ/Tí
TÍ» l(Uj3á¡"n. x«« oí?^ <T
! , i/5r¿v oTí ouK av /oix , v
/ </>/ v
Sj^Siv , oTí c^oMi/fl )ta/
10 To ¿jj/iJpiov. xa/ TT-poíTrlaiVas- íf rít
^«'«V xa'Japáíaa-.Jai TW A/'9w. xa/ ct/
(intuí , o¿» ai/ Tftfptiveíi
xa/ cure a¡rai , olVe püffix wxfii , oÚTí

KE4>.

HEPI
'A '
XV'VIEAEI ti JzifJ'&tv.wtA eW|eiev íivcti ¿a- XVI

tUTÓí Tif , oToí ¿ToVlJ.¿/xeiío:

tT¿f¿a, Aaj3w/ , oÚTí» T«V »w.ép«v


\ V e . v , v A / r» v /
Xctl TIiV Si oV íttV •J-lCld fcLf/,H y<th» , f/,f Tpol
tí»? tT)í¿í?víl;í Tíf , ))

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ToV iyHTVV )CoV , ptaToV T


iív a,7ronf¡viir«i ctl-rif tKJ'vü
«.Troyfí-JfM , ¡M '/rparíyav ToI/ToIÍ, ¿M
íi! s»/úíraí9a(. xse/ y-uuva- <Pí THI/

IrÚTrvjov í'/Ji , TopíúecrSal Trpoí To¿f oviipnKfi-


Tct; , •^-p of ToÍí f¿ávTíif , ^pof Tsvf o^vAas-
paTííírí»)' T/V/ fls^i « flsa
xa/ TeA.
lo!, ¡s.va
í ¡¿i) ff^o*.¿fy yuvn , jaST* TÜV
Kcti Ton '/ra.iJ'íav. xa' ITT/ TffTf Tflo-
nona xíjaK»? Aoo<raí3-ai. xa»
ifíeíf KctKíffa.í , ffü^Xif H HKvK«.Ki
' fteuvÓ(/.tvív Tí }f"¿>V » \UCi

Kfi*.
KAPAKTHPE2. 8y

K E *. IZ.

TIEPI MEM-FIMOIPIAS-

2TI <Tfc w fiif¿y,if¿oifíct , íTriT/UHírir Trapi XVII


Tí Trpwíjcol' /í/o^tív*» Ó /4 //.e/^^/^.oipof,
••?- > ' / ft r*
Tif , oíoí, ct^-offTíiAaXTof f/.:¡.id a ToU
>/^ \\/^i
íITTílV Tpor ToV ^ípoV/ot
- - *
w , jcaí Toy o/vapiou, oí/» ITTí
/caí I;To T»r í Tai pctf

Aw i
. Kai íúfáv ^^ ttctl \v TH áfif
, íiTTíiv , A/A' oy ^•itffoey^ol' itjfyiKee.
xaf' •^-piá/zevor «.v^fÍTrofov ót|ioX , xott
ToU Tru^ouvror , Quii^á^ct , sí-
'O'S?!', ?Tt ¿5/iSf oÍTW a|ioV \¿VH¡¿cU. Uctt TTfof
TW ííityyí,K\^áf¿ivt>v ^ ÓT^ í/íor «"oí yíyovvt , «/-
WíV, OT/ */ ^oa-flíif , Kat T)iV o5¡r/W TÍ S/^;-
«ry ctTí¡rTiv , ÁAi»^!)' IpeTf. xai v/je»)'
xai \«|5¿i/ TTÍyo,; T&ff -\.^
ToV ?iÓ)/oV , ¿
Ka] ífÁvou

Jí-O.í TWf , íiítíí'lTj oTí (fíT To

Dz
88 ©E-0*PA2TOT
Hctí «p/r ToVT0J' ,

KE*. IH-

•»* V • ll.JJrfSTIN á,f/Átei ¡í-furría. , ¡/ToMi


TTÁVTUV, o ¿\ ÁTTI<TTo! , TUIoUTíf
<7ir . oíof - a,7ro<nílK«í TCV -Traiga. o-^.KWíiaov'}a,,
ÍVefoV /raí /a Trky.TríiV 7ríuffÓf¿ivov -jráffou \TT(<«—
'70. Xa/ ^'prúX «¿Tflf To

#.& THV ctToV tpvrctv KctTIlKíÍf¿íVof , íí


Xí T»C KI/Sí»TW , /.a/ 8Í ffwiipctVTcU To
^101' , Ka/ e! ó jasp^Aof e/? T»V ¿úpav TÍÍI' «i-
/'ap 1/j.^íC^nla.f xa/ lav Ue/v» ipí ,
«¿T8í ÁVeLO-TAf pupto
TCÜV , K0.1 iltUViflITof , ToX
a/ oír»

O) a.fyupiov - jaeTa JuapTÚp«X


, óVfflf /xií ¿"úva.ivro e|
To /y-oÍTiov /'s lx/úvai /e
- ¿M' SVcev
KAPAKTHPE2Í.
*BfiST«í, //¿A<¡TT« fitv f¿
WalJW (Tí ¿JCoAot/Sot/l'Tol Kíb.í'JíiV
*Sív HH ¡ía.J'ifítv - ¿M' e/¿7pfl?9ix - 5W
XíflíT«l «¿To - //» élí TH ÓJci) ¿

T/ Trag' ocoTou
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@a.hctvíí(<¡ y^fñffd-cti' ¡f¿¿TIW Kit^'iJ'av pz<nw
ivtt@tthet¿irof , e/V aj'opoli' l|«A&tfír. Ka/ eiV
¿fvi^offx-¿7ro'j THf /j/.tnpof l^í^oúffiíf , /S^otíripM-
(¿ñffa,!. Ka.1 ív^opzvav x-OLÍ vjniJ'ÓvTav \f¿$&-
XSÍV To ToTJÍploV , K«Í J/SAÁÍctI Wf TípotcrTloV
Ti TeToiHKíáí'. Ka/ a,utoú(¿ívof tf't KfoTHffct.t ittíí
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y.¿70.; íviypwp». H ¡xív Toi ¡jíHT»% ivyívnr 0peíT?ss
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»/Va/ a<io"/v a¿Toé /e oúToí- , ¿r éjc TovTo»
J/íj'SVwr,, JCa/Cof [¿ainiyia.r. Km TovToir cT/í-
£¡¿"j > abreu eeí j/vvoc7JCef IK T¡)í ó^oD Tíü/í- ,a-a—
jp/¿VT<«£ ¿%T¿(!ovoi. Kcli ¡MKeíif KiyévTBIV íTípaf
<rvviTiKa.y.!iívi<rSa.i Kai oiuroe , Aej'ffly , Koii
\y¿¡ Tsvxqv Tqv a.v^paTov T¿vTcov ¡¿ifciff¡iKiem
Koií ya.% s//ev,3'¡íf Tií o.Tc rov irpoiri¿wx
IsViV » «Tí irov»pía »u¡f\i o¡xow ff»f¿ilov eTí,
TH ^᧠lawTov yuvaiKi rfúe %a.K¿o¿f elr
' 34-W //aTcíri* jcaj T6¡ «¿¡r^pe» Aoóe<r.3'ai ¿vaj'-
xá£e/ Tov TíoffíiSavo? «a:,*. jca/ «,V),/.oe9í(iíífc.
Vor «Ter/of srspí Tou kvuPTávTo? elviif. Ka.í
ÍMa TKí7ina Trífí re.v ip'iKw Kcíi olKeíot Ka.K*
íITríIV KcU Tifl TwV TiT'fKmlHMTai KomíHs
Kiyuv.
Pag- *

CONSIDERACIONES
SOBRE
LAS COSTUMBRES
DE ESTE SIGLO.
INTRODUCCIÓN.
H, lE vivido , y quisiera ser de prove
cho á los que han de Vivir despues de
mí. Este es el motivo que me obliga
á coordinar algunas reflexiones sobre
los objetos que han llamado mas mi
atencion en este mUndó. Los progre
sos de las ciencias no han sido efecti
vos , sino desde que se trabaja en acla
rar v destruir , ó confirmar los syste-
mas por la experiencia , por el examen,
y confrontacion de los hechos. Este
mismo método es el que deberiamos
seguir respecto de la moral , ó ciencia
de las costuítibres. Tenemos, es ver
dad, algunas obras excelentes sobré
A es-
í¿ .: Consideraciones
esta materia ; pero como acaecen re-»
voluciones en las costumbres , no se
pueden aplicar exactamente á un tiem
po las observaciones que se hicieron
en otro* Los principios quCestári fun
dados en'iá naturaleza, subsisten siem
pre; mas para llegar á asegurarnos
de su verdad , es precisa observar an
te todas cosas los diferentés" aspec
tos con que se disfrazan sin recibir al
teracion , antes bíen contribuyen es
tos por su conexion con los principios?
á confirmarlos mas!, y mas'. " ,
Quisieramos que las personas que
tian tenido proporcion dé conocer los
hombres , hubieran hecho está mate
ria parte de sus observaciones^ Serian
éstas tan utileá á lá ciencia de las cos
tumbres^ como tas diarios de la mari
na lo han sido á la navegacion* Los
hechos y.obserVacibnes seguida^ con
ducen necesariamente al descubri
miento de los principios , desprendién
dolos de las modificaciones que han
tenido en todos los siglos, y entre tan
ta diferencia de naciones ; en lugar de
'SOBRE LAS COSTUMBRES. 3
que los principios puramente especu
lativos pocas veces son seguros , aun
mas raras veces se pueden aplicar de
terminadamente , é incurren con fre
cuencia en systemas vagos. Por otra
parte es muy notable la diferencia
que hay entre el conocimiento de,l
Aombre ^ y el conocimiento de los
hombres. Para conocer al hombre,
hasta reflexionar sobre sí mismo ; mas
para conocer los hombres, ea nece
sario tratarlos.
En estas Consideraciones sobre las
costumbres me he propuesto desentra
ñar qué principios siguen aquellos en
su conducta , y tal vez llegar á conci
liar sus contradicciones. Los hombres
no son inconsecuentes en su proce
der , sino porque son inconstantes,
ó vacilan en sus principios.
Y aunque parece que el objeto pe-
culiaí de este tratado es conocer las
costumbres del presente siglo ; me per
suado que el examen de las costum
bres aftuales podrá servir para dar á
conocer los hombres de todos los tiem
po* A2 Pa-
4 CONSIMRACJOKBS
Para proceder con mas claridad
y método en las diferentes materias
que me he propuesto tratar. Jas dis
tribuiré en capitulos. Elegiré los ob
jetos que me parezcan mas importan
tes , y cuya aplicacion es mas frecuen
te , y comun ; aspirando por medio de
su reunion á hacerlos contribuir á un
mismo fin , que es el conocimiento de
las costumbres. Espero que mis ideas
estarán tan distantes de la licenciosi
dad como del espiritu de la esclavi
tud ; poniendo en uso como buen ciu
dadano la libertad que la verdad exige.
Si agradare mi obra , quedaré muy
complacido ; y quedaré aún mucho
mas gustoso si fuere util.

CAr
SOBRE LAS COSTUMBRES. $

CAPITULO PRIMERO,
SOBRE LAS COSTUMBRES
en general.
u\ Ntes de hablar de las costumbre»,
daré principio fixando las diferentes;
ideas que se incluyen en esta voz apor
que lejos de tener sinonimos , admite
muchas, significaciones., En la acep->
cion mas general significa : Habito na
tural , o adquirida para obrar el bien^
d el mal. Suele tambien emplearse pa
ra indicar las inclinaciones de diferé,a»
tes especies de animales.
Se dice de un Poema » y de toda
obra de imaginacion » que las costum
bres están bien observadas en ellas,
quando los usos , modales , y caracte
res de las personas se conforman al
conocimiento ó á la opinion que por
la comun se tiene de ellas. Pero quan-
do se dice unicamente de una obra
que iiene costumbres ; se quiere dar á
entender , que el Autor la escribía de
A3 ua
é -Consideraciones: "<,
un modo capáz de inspirar amor & "\a
virtud , y horror' al vicio. En conse
cuencia esta voz costumbres , sin ptro
epiteto , o distintivo, se entiende siem
pre de las buenas costumbres.
Las costumbres de una pintura con
sisten en la conveniencia ó conformi
dad que tiene con el objeto que repre-
senta y sus circunstancias.
Hablando de un particular , y de
íi vida privada , significa aquella voz
precisamente la práGiica de las virtu
des morales , ó el desarreglo de con
ducta 5 segun este terminó se tome eri
buena ó mala parte. Desde luego se
vé que las costumbres se diferencian
de la moral, que deberia servirles de
regla , y de la qué se apartan por lo*
comun. Las buenas costumbres son Jar
¿norál práctica.
Respe&o de una nacion , se enríen-?
de por costumbres sus modales y usos\
yero no aquellos, que , indiferentes en
sí mismos, son efecto de Una moda ar
bitraria ; sino aquellos que influyen ert
su modo de pensar , de sentir ,yde
obrar
SOBRB LAS COSTUMBRES. y
obrar , ó dependen de estos. Bajo este
aspeélo considero las costumbres.
Estas consideraciones no son ideas
puramente -especulativas. Se podriat
creer esto al ver los tratados de moral,
en que se empieza suponiendo , que el
hombre es un compuesto de miseria,
y corrupcion , y que nada apreciabler
puede dar de sí. Este systema es tan
falso, como pernicioso. Los hombres:
son igualmente capaces de obrar bien
6 mal:(i) se pueden corregir, supuesta
que se pueden pervertir : y si no ¿ poc
4ué se castiga? ¿por qué se recompen
sa , y se dan instrucciones? Mas para
tener derecho á repreender los hom
bres, para estar en disposicion de cor
regirlos , es necesario amar la huma
nidad ; y en este caso seriamos con
ellos justos sin dureza, é indulgentes
sin flaqueza.
Loa
(iy Notese que habla de las costumbres y ac
ciones meramente civiles, y no sobrenaturales;
sin excluir por esto la propension (jue inclín*
los hombres por lo común al mal,
A4
8 Consideraciones ,
Los hpmbres , se dice , están lle
nos de amor propio » y soo addi&os á
su particular interés. Demos por su
puesto este principio; Estas disposicio
nes por sí mismas nada tienen de vi
ciosas : serán buenas , ó malas segun
los efectos que produzcan. Este es el
jugo de las plantas; y no debemos juz
gar de ellas sino por Jos frutos. ¿Qué
seria de la sociedad , si la priváran de
estos impulsos, y se la despojase de las
pasiones? En efetfo, ¿qué importa que
VU. hombre no se proponga en sus ac
ciones otro objeto que el de su propia
satisfaccion , si hace consistir ésta en
servir 4 la sociedad? ¿Qué importa
que el entusiasmo patriotico baya he
cho, que Regulo tuviese satisfaccion
propia en el sacrificio de su vida? La
Virtud puramente desinteresada , á ser
posible, ¿produciría acaso otros efec
tos? Nadie ha imaginado este odioso
sophisma del interés personal, sino los
que buscando siempre el suyo, con
exclusion de los demás , quisieran im
putar á toda. Ja naturaleza humana e)
©pro-
SOBRE LAS COSTUMBRES. 9
oprobio que ellos solos merecen. Con
sulten sus verdaderos intereses , en lu
gar de calumniar la naturaleza , y ha
llarán quán unidos están con los de Ja
sociedad.
Enseñese á los hombres á que se
amen á si mismos , y pruebeseles que
es esto necesario para que sean felices.
Se les puede demostrar que su gloria
é interés consisten solo en el cumpli
miento de sus obligaciones. Procuran
do degradarlos y abatirlos, se les enga-
fia ; se logra hacerlos aun mas infeli
ces que lo que son ; y segun el baxo
concepto que se les da de si mismos,
pueden ser delinquentes sin que se
averguenzen de serlo. Para hacerlos
mejores es necesario intruirlos : todo
crimen es siempre un juicio falso.
En esto consiste la ciencia de la
moral que es la mas importante de las
Ciencias , y tan segura , como las
que se fundan en demostraciones. Des
de el instante mismo en que una socie
dad está formada , debe haber en ella
moral , y principios seguros de
con-
to CONSIDERACIONES
conducta. Nosotros debemos á todoi
Jos que nos deben ,y les debemos igual-'
mente ; sea qual se fuere la diferencia
que haya entre estas deudas. Este prin
cipio es tan cierto en. la moral , como
és en la Geometria : que todos los ra
yos de un circulo son iguales , y se reu
nen en un mismo punto centrico.
Tratase pues de examinar las obli
gaciones , y los errores de los hom
bres : mas este examen debe tener
por objeto las costumbres generales»
esto es , Jas de las diversas clases que
componen la sociedad , y rió las cos
tumbres de los particulares. Se necesi
tan aqui pinturas ó países , no retratdsj
y esta es Ja diferencia' prinfcSpal que
hay entre la moral y la sátyfa.
Los Pueblos tienen , asi como los
individuos , caracteres peculiares que
los distinguen entre sí ; con sola la di
ferencia de que las costumbres dé un'
particular pueden ser una consecuen
cia de su caracter , mas no lo consti
tuyen necesariamente ; y por el con
trario las costnmbres de una nacion
fot
SOBRE LAS COSTUMBRES. 11
forman precisamente el cara&er na
cional.
. Entre los pueblos mas salvajes y
barbaros es donde se cometen mas de
litos : la infancia de una nacion no es
la edad de su innocencia. El exceso de
los desordenes es el que dá la primera
idea de las leyes , que deben su ori
gen á la necesidad , frequentemente
al crimen ? y raras veces á la precau
cion,
Tampoco son los pueblos de ma
yor policia los mas virtuosos. Las cos
tumbres sencillas y severas se hallan
únicamente entre aquellos á quienes
han civilizado la razon , y la equidad;
y no han abusado todavia de su talen
to para corromperse. Los pueblos ci
vilizados son mejores que los pueblos
politicos , ó muy cultos. Entre los
barbaros las leyes deben formar las
costumbres ; y por el contrario en los
pueblos civilizados , las costumbres
perfeccionan á las leyes ; alguna vez
suplen por estas ; mas una falsa policia
& cultura las hace olvidar. El estado
-. . mas
12 . CONSIDERACIONES
mas feliz seria aquel en qu,e la virtud
no fuera merito. Quando esta se hace
distinguir , quando comienza á ha
cerse reparable , ya esi;án alteradas
las costumbres : si llega á ser ridicula,
ya el Estado se halla en el ultimo gra
do de corrupcion.
Seria objeto importantisimo el
examen de los diferentes caracteres de
las naciones , asi como el de la causa
physica , ó moral de estas diferencias»
pero seria temeridad emprenderlo sin
tener bastante conocimiento de los
pueblos que se quisieran comparar , y
siempre se incurriria en la sospecha <Je
parcialidad. Fuera de que el estudio
que nos es verdaderamente util , es e|
de los hombres con quienes debemos
vivir.
¡Qué campo tan espacioso » y var
rio se nos ofrece sin salir de nuestra
nacion ! Sin entrar en subdivisiones,
que serian mas efectivas y reales que
perceptibles ; ¿qué diferencia , y opo
sicion de costumbre* no se encuentra
entre la capital y las provincias ? Tan
i gran-
SOBRE 1.AS COSTUMBRES. T3
grande es esta , como la que hay de
ufi'á nacion á otra.
Los que viven cien leguas distan
tes de la Corte están atrasados cien
años en el modo de obrar > y discurrir.
l>3o niego las excepciones: hablo en
general ; y solo pretendo notar senci
damente esta diferencia , sin decidir
de modo alguno sobre la superioridad
que en efecto haya.
Si despues de haver estado alguna
Jargo tiempo fuera de la Capital , vuel.
ve á ella , le hallamos por 4o general
agansado : puede ser que entonces sea
mas racional ^ pero sin duda es diferen
te del que era. En París es donde se há
de considerar el Francés ; porque alli
es mas Francés que en ninguna otra
parte, (i)
No
(1) Aquella proposicion es verdadera ,; mas
tambien Jo as esia : No es en Madrid donde se
tá de considerar al Español j porque a^ui es
meaos Español que en oira parie. la diferencia
proviene de que el Frances , aunque varia ó
modifica incesaniemenie sus cosiumbres , insisie
siempre en ellas, sin apariarse del genio ¡ o Idea
no-
14 - CONSIDERACIONES
No se: dirigen mis observaciones á
aquellos que empleadlos en ocupacio
nes continuadas | y en trabajos peno
sos, no tienen mas ideas que las relati
vas á su situacion^ y á sus urgencias, y
son independientes de los lugares en
que habitan. En Paiís , mas que en
ninguna otra parte del mundo i es don
de hay mayor numero de estas vi¿li-
mas del trabajo*
Se dirigen pues cotí especialidad á
aquellas personas, á quienes la opu
lencia y ociosidad sugieren variedad
de ideas , extravagancia en .sus juicios,
inconstancia en sus pareceres y afee -
tos , y dan un completo desahogo á su
caraáer. Estos hombrea forman UQ
pueblo distinto dentro de la Capital.
Entregandose alternativamente ¿ y
por acceso á la disipacion , á la am-
bi
nacional. El Español altera las suyas
copia , ó imita las extrañas. De aguí es que los
pueblos que tienen mas comunicacion con es-
trangeros se apartan mas de las costumbres na
cionales. Las de Cadiz y Burgos , por exempJo,
no difieren en grados sina en especie,
SOBRE LAS COSTUMBRES. Ig
hicíon , ó á lo que ellos llaman Filoso
fía ; quiero decir , al capricho y al
aborrecimiento de los hombres; arras
trados de los deleytes *. y atormenta
dos algunas veces con grandes inte
reses , ó con ideas frivolas ; nunca son
estas consiguientes , se contradicen
unas á otras *, y succesivamente se las
figuran de igual .evidencia* Las ocu
paciones de París son diferentes de las
de las provincias : la ociosidad misma,
no se parece : la una es una langui
déz j un letargo, una existencia mate
rial; la otra una actividad sin desig
nio , y un movimiento sin objeto* En
París se siente mas que se piensa , se
obra mas que se proyecta , y se pro
yecta mas que se resuelve* Solo se
aprecian los talentos y las artes de
gusto: apenas se tiene idea de las ar
tes de necesidad, y se disfruta de ellas
sin conocerlas*
Los vinculos de la sangre nada de
ciden aquí sobre la amistad; las obli
gaciones que imponen son precisamen
te las del bien parecer : en las provin
cias
16 CONSIDERACIONES
cías exigen otros servicios. Estó nd
consiste en que se amen mas que eri
Paris ; regularmente se aborrecen mu
cho mas ; pero alli son mas parientes*
Al contrario en Paris , donde los inte
reses que median , los accidentes mul
tiplicados , los negocios , los placeres,
la variedad de sociedades , y la facili
dad que hay de remudarlas , Son otras
tantas causas , que reunidas cooperan
á que la amistad , el amor, ó el odió
no tomen mucha consistencia.
En Paris reina una especie de in
diferencia general , que multiplica los
gustos pasagt'ros, tiene veces de amis
tad , hace que nadie esté de mas en la
sociedad , asi como que nadie sea ne
cesario ; todos se avienen , y ninguno
se engaña. La extrema disipacion en
que viven , es causa de que unos no
tomen tanto interés por otros , que és
te haga dificil , ó permanente la uniofl
de las amistades.
Se buscan poco; se encuentran con
gusto; se admiten con mas ardimiento,
que cariño ; se desprenden sin senti
mien-
SOBRE LAS COSTUMBRES. I$>
miento , y aun sin parar en ello la con»
sideracion.
Las costumbres hacen en Paris el
mismo efecto que en Londres el espí
ritu de gobierno. Confunden, é igua
lan en la sociedad las clases de per
sonas que se hallan distinguidas , y
subordinadas en el estado. En Lon
dres viven todas las clases de ciuda
danos con familiaridad , porque todos
los individuos se necesitan unos á otros:
«1 interés comunes quien los une. ?
La diversion produce el mismo
efecto en Paris : se avienen todos los
que congenian ; con la diferencia de
que la igualdad que es un bien , quan
do proviene de los principios del go
bierno ; es un mal gravísimo , quando
dimana solo de las costumbres : por
que esto sucede precisamente quando
aquellas se hallan corrompidas. ••• . r
, El mayor defecto de los Franceses
consiste en que siempre tienen carac
ter de jovenes. De aqui es , que .por
lo comun es amable , y rara vez se- ;
euro : casi no -tienen .edad madura -, y
i e- pa-
ift . CONSIDERACIONES -
pasan del extremo de, jovenes al de ca
ducos. Nuestros talentos despuntan en
todos generos muy temprano ; pero
los abandonamos muchos años por di
sipacion , y apenas empezamos á que
rer ponerlos en uso , quando ya no.es
tiempa Entre nosotros se encuentra»
pocos hombres que puedan vaiejse, cte
su propia experiencia. - ' ./
Me:aveoturaré á. hacer tina refle-
xion, que acaso no es tan cierta coma
me 3o parece ; no obstante, soy de?
opinion , que los talentos. Franceses
nacidos para executar ,no llegan ordi
nariamente á los sesenta años en todo
?u vigqr. Nunca lograrémos mejor
exito en ninguna carrerasque emprea-
damos , que en los años de; la edad me-:
dia^ que es muy corta ;.y en todo car
eo nos irá. mucho mejor en la juvenrr -
tud , que ea. la edad muy avanzada..
Si adiestrasemos con tiempo , esto es,
desde pequeños , nuestro entendimien^-
to eft la reflexion ; y creo que esta edu-:
caciun es asequible; serramos sin con-
tradiciou los primeros de .todas las na-.
' CÍO-
SOBRE ¡LAS COSTUMBRES. 19
fciones;? porque , i pesar de nuestros
defectos,,, rio hay ninguna que se nos
pueda preferir: acaso podríamos tam
bien sacar ventaja r de los zelos con
que nos aairan muchos pueblos; pues
" nadie envidia sirio al que cree supe
rior. Respecto ¡de otras naciones , que
sencillamente y d& seguro se toman
la.preferencia , lo hacen sin duda por
que ni aun gozan el derecho de te
ner zelos de nosotros.
Por «tra parte el¡ comun de los
Franceses está persuadido de que es
un gran rñerito ser Francés.. Con este
modo de pensar,.¿qué les falta para
ser unos verdaderos patriotas? No ha
blo de aquellos que; no hacen aprecio
sino de los estrangeros. El que apa
renta desprecio de su nacion , lo hace
sin duda por no verse precisado á re
conocer muy cerca de sí superiores, á
rivates. Las personas de merito de
qualquiera nacion que sean , forman
entre sí una sola. No cabe en ellos la
vanidad nacional y pueril : ésta la de-
'jan para el vulgo: quiero decir , para
B2 aque
:«20 -CoKSIWRACrONEÍ*' >
aquellos que no teniendo merito; til
gloría personal alguna , se ven redu
cidos á valerse de la-de sus compatrio
tas; A nadie pues, es permitido íiacec
paralelos injuriosos y temerarios; mas
si es licito notar los defectos de su na
cion , tambien hay obligacion de real
zar su merito ; y los Franceses tienen
uno que los distingue y caracteriza.
- Este pueblo es el unico cuyas cos
tumbres pueden pervertirse , sin que
el fondo de su corazon llegue á cor
romperse* ni á alterarse su valor : une
con los deleites , con el luxo 4 y coa
la afeminacion las qualidades mas he
roicas : sus virtudes tienen poca con
sistencia ; mas sus vicios no se arrai
gan. No es raro en Francia el carac
ter de Alcibiades. El desarreglo de
costumbres, y de imaginacion no des
truyen, ni con mucho, la franqueza nf
la bondad natural de los Franceses. El
amor propio contribuye á hacerlos
amables ; y entonces tienen mas pro-
jjension á amar quando creen que son
mas gratos. La futilidad que les es da
ño
SOBRE LAS COSTUMBRES. $1
fiosa para explayar sus talentos , y
virtudes , les preserva al mismo tiem
po de delitos infames y premedita
dos. No conocen la perfidia, y se can
san presto de tramoyas. El Francés
es e) niño de la Europa. Y si alguna
vez se han visto entre nosotros delitos
odiosos , han desaparecido mas por el
caraéter nacional , que por la severi
dad de las leyes»
Un pueblo muy instruido, y digno
del mayor aprecio por muchos respe
tos, se queja de que ha llegado su cor
rupcion á tal punto , que ya no tiene
principios de honor ; que se justipre
cian todas sus acciones; que estas guar
dan exacta proporcion con el interés^
y que se podia publicar entre ellos la
tarifa de las bowbrias de bien»
Estoy muy lejos de acceder al mal
humor , y declamaciones nacidas da
parcialidad; pero me persuado que
si hubiera semejante pueblo en el
mundo , ( lo que no puedo creer ) es
taria compuesto de una multitud de
.viles delincuentes; porque los habria
-r.-> 83 de
aa Consideraciones
de todos precios , y sé hallaria en él
mayor numeró de malhechores que en
ninguna otra parte de la tierra , po*
el mismo caso de que rk> habría vir
tud que no se pudiese' comprar. r
Por fortuna no sucede esto entre
fiosotros. Se ven pocos delincuente*
por sistema , y se experimenta que el
mayor escollo de la hombría de bien!
es la miseria. El Francés se dejará ar-
jrastrar del exemplo , se dexará sedu
cir por la necesidad -r peto no hará
traicion á la virtud con designio pre
meditado. A mas de que la necesidad
solo comete faltas dignas algunas ve
ces de perdon : la codicia reducida á
systema es la que comete los delitos.
Es mucha ventaja la suposicion
de que la hombria de bien no se pue
de vender : esto impide á muchos
que pongan en Venta la suya ; porqué
deja de serlo, desde el instante mismo»
en que se pone en venta.
Los abusos é inconvenientes qué ,
se advierten entre nosotros, tienen
remedio} si queremos aplicarlo. Sin
en-
SOBRE tAS COSTUMBRES. *2^
entrar' en el por menor de los que
pertenecen tanto á la autoridad coma
& la Filosofía % qué ventajas no sacaría
de sí mismo un pueblo coya educacion
general fuese conforme á su ^genio, á
SUS propias qualidades, á sus virtudes»
y aun á sus mismos defectos?
CAPITULO II.
D£ i^ E VUCACION*
y Pre^apetciones.
H. . AY entre nosotros «rocha instruc
ción , y poca educacion. Se forman
-Sabios , y artistas de todas especies;
cada ramo de letras , de ciencias , y
de artes i se cultiva con mucho pro
vecho por métodos más ó menos con?-
ducentes; pero no se ha pensado toda
via en formar hombres: quiero decSr
en criarlos relativamente «nos par*
©tros i y fundar sobre ttna basa de
educacion genera) toda la mstrucciaW
tie los 'particulares" ;^rnodo que to
dos estuviesen acostumbrados á bus
B4 car
24 CONSIDERACIONES -
car sus ventajas personales en el plan
del bien general , y comenzaran poi
, ser patriotas en qualquiera carrera que
emprendiesen. - ¡
Todos tenemos en el corazon las
.semillas de las virtudes, y de los vicios;
solo se trata de explayarlas unas, y
sofocar las otras. Todas las facultades
del alma se. reducen á sentir , y pen
sar ; nuestros placeres consisten en
amar , y conocer : no .era menester en
consecuencia hacer mas que arreglar,
y poner en exercicio estas disposicio
nes , para que los hombres fuesen
. utiles , y felices por el bien que harian
á otros , y por el que experimentarian
en sí mismos. Tal es la educacion que
deberia ser general , uniform,e » y pre
parativa de la. instruccion , que debe
ser diferente segun el estado , ineu%
naciones , y disposiciones de las perso
nas que queremos instruir. La instruc
cion tiene por objeto la cultura del
espíritu, y de los talentos.
No es este , á la verdad , un plan
de Republicas imaginarias; por otra
par-
SOBRE LAS COSTUMBRES. Sg
parte estas ideas son , quando mas,
hermosos modelos de quimeras , que
no lo son del todo , pues se podrian
realizar hasta cierto punto. Pasan por
imposibles muchas cosas , que lo son
precisamente porque nos hemos
acostumbrado á mirarlas como tales.
Una opinion contraria sostenida con
valor , haria en muchas ocasiones fa
cil lo que tienen por impracticable la
preocupacion y la desidia.
¿Podemos tener por quimerico lo
.que se ha practicado en otros tiempos?
Algunos pueblos antiguos , como los
Egipcios y Lacedemonios , ¿no tu
vieron una educacion relativa al Es
tado , y que hacia parte de su cons
titucion ?
En vano se pondrian en duda cosr
lumbres tan distantes de las nuestras
no se puede conocer la antiguedad,
sino por el testimonio de los Historia
dores ; y todos refieren contestes y
uniformes el hecho mencionado. Pero
como juzgamos de todos los hombres
unicamente por los de nuestro siglo;
nos
26 -' - CoNSlDEftAClÓÜTES
nos persuadimos con dificultad de qíí©
haya habido otros mas sabios; no obs¿
tante que no cesamos de repetirlo asi
por capricho; Convengo en concede*
alguna cosa á la duda filosofica , que
supone haber exornado los Historia-*,
dores sus narraciones ; pero esto mis-1
mo prueba á un filosofo que hay algun
fondo de verdad ert las relaciones qué
nos han dejado. Seria conducente que
ellos mismos nos diesen iguales testi1
monios de otros pueblos , cuya gloria
Intentan ensalzar sin tantas pruebasv
Sin embargo es constante que en
la educacion de Esparta se tenia por
objeto criar Espartanos. Este es el mol
do con que se deberiáh inspirar en toa
dos los Estados las ideas y sentimien^
tos de ciudadanos .-criar Franceses en
tre nosotros ; y para hacer Franceses
trabajar añtes en hacerlos hombres.
No sé sí rae excedo en el bueft
concepto que formo de nuestro sigld;
pero me parece que hay en él uria
especie de fermentacion universal de
razon qu-e se quiere desenveilvef *"?
pro-
SOBRE LAS COSTUMBRES. '«£
propagar : acaso la dejaremos disipar*
se , no obstante que podriamos asegu-»
íar , dirigir , y adelantar sus progre
sos- por medio de una educacion bien
entendida.
Pero lejos de proponernos estos
grandes principios , ponemos la aten-r
cion en algunos metodos de instruc
ciones particulares , cuya aplicacion £
la práclica aun no está bien desempe
ñada , ni reconocida : y esto sin ha
blar de la reforma que se deberia ha
cer en estos mismos metodos. No se-.
ria este el menor servicio que la Uni
versidad y las Academias podrian ha
cer al Estado. ¿ Qué se debe enseñar?
¿Cómo se debe enseñar ? Estos , á mi
parecer, son los dos exes sobre que de
beria girar todo plan de estudios , y
todo sistema de instruccion. <
Los artesanos , los artistas * y en
fin los que subsisten con su trabajo,
son acaso los unicos que reciben ins
trucciones conducentes á sus desti
nos: nías siempre se da absolutamente
la misma á las personas que han na

«8 , GONSIDIRACIONES
cldo bajo una igual situacion de fot>
tuna. Hay un cierto fárrago de conoci
mientos prescritos por el uso , . que
, estas aprenden imperfectamente ; y
con esto se reputan instruidas en todo
lo que deben saber, sea la que fuere , la
profesion á que se apliquen. I
Esto es lo que se llama educacion,
y lo que merece tan mal este nombre-.
La mayor parte de los hombres enten
didos viven tan distantes de creer que
haya buena educacion , que los que
miran con interés la de sus hijos , pro
curan ante todas cosas formar un
plan nuevo para educarlos. Es verdad
que por lo comun se engañan ea los
medios de reforma que imaginan ; y
que su cuidado se limita por lo co
mun á abreviar , ó allanar algunas
sendas , ó pasos de las ciencias ; pero
á lo menos prueba su conducta i que
conocen por mayor los defeclos de la
educacion comun , aunque no distin
gan con precision en qué consisten.
De aqui proceden las extravagan
tes resoluciones que toman , y los erxo-
. . res
SOBRE LAS COSTUMBIÚES. 29
res en que caen quantos buscan la
verdad con menos discerní miento,
que buenos deseos. - / :.i..\ . -: ,>
;x.'j Unos sin distinguir el termino en
que debe parar la educacion general,
ni la naturaleza de la educacion parti
cular que debe seguirse á la primera;
adoptan regularmente la que convie
ne menos al que quieren educar ; sin
embargo de: que este punto es el qae
merece mayor atencion. En la edu-
cacion general se deben considera?
los hombres con respecto á la humani
dad y á la patria, que es el objeto de
la moral. En la educacion particular
«jue abraza la instruccion , se debe
atender á Ja extraccion , á la disposi
ción natural , y á los talentos persona
je?. En esto consiste ó deberia consis
tir el objeto de la instruccion : mas la
conducta que se sigue me parece muy
diversa.
Si logra hacerse célebre la obra
destinada á la educacion de un Princi
pe ; basta esto para que el menor hi
dalgo Ja juzgue conveniente á la edu
ca
3© , CONSIDERACIONES
eacion de sus hijos. En esta resolución
tienen mas parte la vanidad y necedad
que el juicio y discernimiento. ¿Qué
semejanza puede haber entre dos
hombres, de los quales uno debe man
dar , y otro obedecer , sin quedarle á
éste ni aun la eleccion en la especie
de obediencia? . ; :¡:i;-j: : .... i.
i/'■. Otros escandalizados de las pre
ocupaciones con que se nos ofusca y
©prime , caen en un extremo mas
pernicioso que la peor educacion.
Miran como otros tantos errores los
principios que han recibido , y Jos
condenan sin excepcion. No obstante
estas mismas preocupaciones, merecen
ser examinadas , y tratadas con cir
cunspeccion. No siendo la preocupa
cion mas que un juicio formado ó ad
mitido sin examen; puede ser una
verdad, ó un errar.
Siempre que las preocupaciones
sean perniciosas á la sociedad , no
pueden dejar de ser errores ; y en este
caso nunca llegará á. ser excesiva su
impugnacion. Tampoco debemos man
ee
SOBjRE WS COSTUMBÍtES. £t
lafer errores que sean por si mismos
indiferentes, si es que los. hay: pero es
necesario manejaílos con prudencia,
<¡ue es indispensable muchas vecese
aun quando se combaten los vicios;
porque no se deben, arrancar, temera-
riameate y sin reparo. las malas, yer-
vas. Respeto de aquellas preocupar
clones que se dirigen al bien de la. sot
ciedad , y que son «emitías de vir
tudes , podemps, yiviir asegurados de
que sp» verdades que nos conviene
sespetar y seguir. Es inutil detener-
nos en demostrar las verdades recono
cidas coh»o tales : basta que. recomen*
demos su practica. Aspirando á ilusr
t,rar muqho ciertas personas ,, no se
les inspira en algunas ocasiones sino
una<peljgrosa presuncion. ^Y á qué fia
intentarémos hacerles pra&iear á fuer
za de discursos lo mismo que seguirian
por sn modo de pensar , ó por una
líonesta preocupacion ? Estas, guias soa
tan seguras coma el raciocinio.
Que .los hombres se crien , y, formen
desde pequeños e& la. prá&ica de las
vic
31 CONSIDERACIONES
virtudes , y será tanto mas facil de
mostrarles los principios , si fuese ne- '
cesarlo. Somos todos muy inclinados
á mirar como justo y razonable lo
que acostumbramos practicar. • ' ¡ "
Hace mucho tiempo que se decla
ma contra las preocupaciones , y tal
vez se ha destruido mucho: la preocu
pacion es la ley del comun de los hom
bres. El examen de esta materia exi
ge principios seguros , y luces muy
particulares; y siendo incapaces de ha
cer este examen la mayor parte de
«ilos , deben consultar su dictamen
interior : los que estén mas instruidos
podrian, aún preferirlo á sus propias
luces en las materias morales , y tomar
su gusto , ó repugnancia por la re
gla mas segura de su conducta. Pocas
veces nos engañamos siguiendo este
método : porque quando uno se halla
intimamente, satisfecho de sí mismo
respecto de los demás , nunca sucedo
que los. demás estén descontentos de
él. Pocos reparos podemos poner á los
que no se hacen ninguno á sí mismos;
y
SOBRE LAS COSTUMBRES. 33
y es inutil hacerlos á los que no se los
ponen.
Me es indispensable en este punto
vituperar la conducta de aquellos es
critores que pretextando , ó querien
do de buena fé, combatir la supersti
ción (lo que seria motivo loable, y util
ciñendose á los terminos de filosofo y
ciudadano ) combaten los fundamentos
de la moral , y destruyen los vinculos
de la sociedad : filosofos, que son tan
to mas insensatos , quanto que les se
ria muy peligroso , y nocivo tener
discipulos que les siguiesen. Los fu
nestos efe&os que causan en sus lecto
res , son formar en la juventud per
versos ciudadanos , delincuentes es
candalosos en la edad media , y hom
bres infelices en la senectud ; porque
pocos de estos son los que logran en
tonces la funesta ventaja de hallarse
tan pervertidos , que puedan vivir sin
remordimientos de conciencia.
El ansia con que se leen estas obras
no debe lisongear á los autores que
por otra parte tuviesen algun merito.
C Ni
34 COTSTSrDEKACIONES "'
Ni deben ignorar que - los mas infeliz
ees escritores de tales materias entran
á participar casi igualmente con ellos
esta gloria. La satira ,1a licenciosidad,
y la impiedad jamás han sido por sí
solas prueba suficiente de talento. Los
mas despreciables en este punto pue
den leerse una vez .;- y nunca se ha-
bria hecho mencion de ellos , á no ser
por sus excesos : parecidos en esto á
aquellos infelices, que condenados por
su baja suerte á vivir desconocidos,
solo •. oye el público sus nombres por
sus delitos y suplicio*
Volviendo á las preocupaciones,
habria método harto seguro para for
mar juicio de ellas , sin examinarlas
formalmente , el qual ni seria dificil,
ni trabajoso , y se podria aplicar con
frecuencia en ocurrencias particulares,
especialmente en la moral. Este seria
notar las cosas de que nos envanece
mos. Es muy verosímil que la vanidad
proviene de idea falsa. Quanto uno es
mas virtuoso ¥ mas lejos está de enva
necerse de ello ; y tanto mas persua-
j di-
SÓBRELAS
«Kdo de que splo cumple eon su obli-r
gacion : las, virtudes ap engendran oj*
guilo. . '• . - ¡-Pl;i7|Í.' . -j --..•;-,
Las preocupaciones mas tenaces
son siempre aquellas .cuyos fundamear
tos tienen menos solidéz. Podemps
desengañarnos de un error raciocina
do, por la misma razpn.de que se rar
ciocina. Otro, raciocinio mas exalto
puede desimpresionarnos d,el primero;
¿ pero cómo se ha de impugnar lo que
m tiene antecedentes ni Consecuencia?
Tales son todas las preocupaciones fal
sas. Estas nacen , y «recen insensible
mente por unas circunstancias casua
les, y llegan en fin ¿verse generqí-
raerite establecidas sin, ¡que, se hayap
Advertido sus pcogre3qsf .-Ni es dees-
írañar que sg hayan formado las opír
niones falsas sin noticiaide los, mismos
,que son mas addictos á «lias : no obs
tante se destruyen ctel ;niismo modo
.que nacieron- Y no es la razón quien
las proscribe; unas se suc ceden á otras;
y r crecen con la revolucion sola de
los tiempos. Las unas dan lugar á las
Ca otras",
§6 Consideraciones
Wras , porque nuestro espiritu no pue-<
de abrazar á un mismo tiempo mas
que un limitado numero de errores.
''"-' Algunas de las opiniones que te
nemos por sagradas parecerán absur
das á nuestros nietos : solos los filoso
fos que habrá entre ellos serán los que
comprehendán , que tales opiniones
pudieron tener sequaces. Los nombres
no exigen pruebas para adoptar una
opinion; su espiritu no necesita sino
familiarizarse con ella, como nuestros
ojos con las modas.
Hay preocupaciones conocidas , ó
-& lo menos notadas de falsas por los
mismos que mas se aprovechan de
ellas. La nobleza del nacimiento,
por exemplo , la reputan por falsa los
xjue mas nos marean con el suyo. A
menos de no estár poseídos de una al
tivéz estúpida , no dejan de repetir,
que saben muy bien que la nobleza de
familia es solo una feliz casualidad.
Con todo, no hay preocupacion tan di
fícil de desarraigar como esta. Pocos
hombres hay tan sensatos que conside
ren
SOBRE LAS COSTUMBRES. 37
«en ta. nobleza como ventaja, y no cip*
mo merito, y se ciñan unicamente á dis
frutarla , sin hacer vanidad de poseer?
la. Que los Jnombres nuevos que aca,n
ban de desasnarse, estén embriagados
con los títulos que no se lucieron para:
ellos; son dignos de escusa:, pero causa
admiracion .a) ver esta -misma manía
en personas conocidas, que podrian ate
nerse á la publicidad de su nombre»
Si pretenden los tales precisar á los
demás por este medio á que les respe
ten , adelantan mucho ; sus pretensio
nes , y las llevan mas allá de lo que
les compete. El respeto de necesidad
se debe unicamente á las personas á
quienes estamos subordinados por oblir
gacion ; esto es , 4 los que verdadera*
mente son nuestros superiores , que de+
bemos siempre distinguir: de aquellos
cuyo caracter y estado es solo superior
al nuestro. El respeto que tributamos, ai
nacimiento es un mero deber de bue?
na crianza : esun homenage que tribur
tamos á Ja memoria de los antepasa
dos que ¿lustraron su nombre ; homar
W C3 na-
§8 -' iGoíísider.acio>íís: ¿ ,**-
náge, que;respecto de sus4ésGendíetf-i
tés\ tiene alguna semejanza con el cul
to que damos é'la« Imagenes ;á las que
noatíibuirtíéíá*Virtud algtfná«n^í mis
mas ; su materia puede ser' desprecia
ble; 'á veces son efecto de un arte gro
sera ; la piédad^sola impide que la»
fengamo4"ipí5r tídiculas ;y:fláda mas
les tributarnos que un respeto relati
vo;' pues fiuesVroíre:ridimientO''va siem
pre fcu?cand65a^otigmál,íwtí;:,íOK.
~ ¡Estoy rttuy-lejbs de querer despre
ciar Un orderF tao respecte como la
fiobleza. taípteocupaeioti'e^este pun
id tieue fuebá'tfe criabzep"'# educa-
feiofr entre aqiieííos que no se hallan en
tódo de adajftfím,,* i lo menos, po*
las ¿rráái*, q*S$* s0« Á origen de la no*
WezW'/y á'lasque se halla esta parti
cularmente destinada por nacimiento.
Esía preocupacion hace casi natural er
Valor en los nobles , y mas comun en
EttOs que en las demás clases' del es-
tadb. Mas supuesto que en- el dia* hay
tantos medioá de adquirirla ; acaso
deberia haber igualmente -n&as moti-
~'~r; r r) VOS
vos
SOBRE ¿AS COSTUMBRES. 39
vo» para .mantener su dignidad, que los
que bay para hacerla perder. Se de-.
roga la nobleza exerciendo destinos^
ó oficios-, á -que obügaJa necesidad > y
a\ misrnp> tiempo se mantiene con ac-;
ciones que¡ se oponen al honor , á la
hombrías de:bien , y á 1* humanidad
Si quisieramos examinar la mayor/
parte denlas¡opiniones recibidas, guán
tas preocupaciones falsas no enconr-
trariamos, Considerando solo aquellas
cuya eximen tuviese relacion con la
educacion? Seguimos; por hábito coa
seguridad ideas establecidas por acasoí
Si se .diera la educacion fundada
en razon * adquiririan los hombres
mucheb mayar nunaero;de verdades
con mas facilidad que reciben un coct
to numero de errores. Las verdades
tie-
(i) Un fullero, un esiafador , un defraudador
goza de iodos los fueros de su nobleza, si la iiene.
Mas si exerce por necesidad un oficio mecánico,
la pierde. ¡ Qué absurdo ! Nuesiro Augusio Mo
narca Carlos III. acabo en España con esia in
consecuencia de que se queja Mr. Duelos.
4» Consideraciones -
tienen entre sí tales respetos , y cone
xion , se tocan por tantos puntos , que
facilitan su conocimiento , y conser
van su memoria. Los errores por el
contrario están desprendidos , tienen
mas efeélo que consecuencia , y se ne
cesitan mayores conatos para desen
gañarse de ellos , que para precaver
los. '"'o.!>.
Está muy lejos de ser metódica , y
sistemática la educacion comun. Des
pues de algunas nociones imperfectas
de cosas de muy poca utilidad , se re
comiendan por unica instruccion los
medios de hacer fortuna , y por mo
ral la cortesia ; de suerte , que mas
bien es un medio necesario para ha
cer fortuna , que una leccion de hu
manidad» ',': v: v:i¡ :. ,J: ..-.

V A>- -

CA-
SOBRE £A§ COSTUMBRES. 41

CAPITULO III. .'-;


¡ DE LA CORTES IA, ' ,
y Alabanzas. .-
z JfcíN qué consiste esta cortesía tan
recomendada , sobre que sfe ha escri-*
to tanto , se han dado tantos precep
tos , y tan pocas ideas rijas ? Miramos
como agotados los asuntos sobre que
se ha hablado mucho, y como ilustra
dos y claros aquellos cuya importan
cia se ha ponderado. No me lisongeo
de que trataré esta materia mejor que
lo que se ha hecho hasta ahora: diré
no obstante mi particular modo de
pensar , que tal vez será muy diferen
te de todos los demás. Hay asuntos
que son inagotables ; y por otra par
te es util que se examinen bajo dife
rentes aspectos , y por diferentes ojos
aquellos cuyo conocimiento nos es mas
importante. Una vista debil, á la que
su misma debilidad hace poner mayor
atencion , suele descubrir á veces lo
que
4? .V-&PN5JDERACIQNMT-:
qué se ocultó á otra vista mas larga,
y pronta, .];} O.K.nTJAO
La cortesía es la expresion, ó la
imimaoifr<f&M Virtudes^Qciales. Es la
expresion quando es sincera ; y es la
imitacion quando falsa. Las virtudes yo-
cráfer so»■. aquellas que rnos hacen uíi-e
Ms. Y gWtQs. á. las personas con quie-:
oes hemos-de ¡vivir. EL ¡hombre que
^ poseyera, todas , tendria necesa-'
waaienfe^la cortesia ensupremo gra-
dP«(- i;:: orneo ,{ , » !\."iíU obí.: i, .1 . ! .' .
-.uiPeiffiiqófno es qap:Áma hombre
de « ^eyadQ:geíiio , de corazon gene-
tpsó, y denUna exacta Justicia, falta
cpftesia; quando la hallamos ¡en otro
limitado v.inteíesado,, y: de: una bon
dad sospechosa? Esto consiste en que
el primerp carece de algunas qüalida-
des socio/es d) como son la prudencia,
la discrecion, la reserva, y la Condes
cendencia respe&o de las imperfeccio
nes y flaquezas de los ot»os. Una de las
primeras virtudes sociales es la de su
frir en los demás los defectos que debe
mos evite* nosotros mismos. Aquel se-
. ¡, gun
SOBREXAS COSTUMBRES. 43.
gundo sin tener virtud alguna, posee el
arte de imitarlas todas. Aparenta su
mo respeto á los superiores , bondad á
sus inferiores, estimacion á sus igua
les-, asi eomo persuadir «á todos que
piensa muy bien de ellos, sin que ten--
ga ningwio'de los afectos que con per*
féceion jiiriita.: - - -i '"-
-- Ni siempre se exige la realidad
de estos P el arte de fingirlos es el que
constituye la ¡corteste :«i nuestro siglo¿
Este arte! és muchas veces, tan ridicu*
lo y vity que pasa >por lo que es;
quiero decir , por falso» -;¡ , ,
-! ¿os hombres saben muy bien quecos
cumplimientos que se hacen , no soa
mas- que imitacion Ó apariencia de
aprecio, generalmente convienen en
que las, expresiones de cumplimiento
que se dicen, no las profiere la verdad;
y en llegando abasos particulares ex
perimentan bien-' su engaño. El amor
proprio persuade neciamente á cada
qualque'el cumplimiento que hace á
otro por decencia , se lo vuelve éste
de justiciar 1 - , .• »'-' 'i'
Aun
44 , Consideraciones ,
] , :. Aun quando estuviesemos conven-*
cidos de la falsedad de estas protestas
de aprecio , las prefeririamos á la sin
ceridad ; porque el cumplimiento fal
so tiene un ayre de respeto en ocasio
nes en que la verdad seria una ofensa.
Conoce un hombre que está tenido en
mal concepto : esto le humilla ; pero
decirselo francamente < seria insultar
le : se le quitarian de este modo to
dos los recursos de aspirar á engañarse
así mismo,y se le probaria el poco caso
que se hace de él. Las personas mas
amigas , y que tienen mas motivos de
estimarse , ! se harian mortales enemi
gos si se declarasen completamente lo
que piensan las unas de las otras. Ha/
un cierto velo , que obscureciendo^
conserva muchas amistades , y que
unos y otros temen correr.
Estoy muy distante de aconsejar á
los hombres que se descubran con as
pereza lo que piensan , porque se en
gañan muchas veces en los juicios que
forman , y estan sujetos á retratarse
inmediatamente , sin que juzguen desr
r • pues
SOBRE LAS COSTUMBRES. 45
pues con mas cordura. Por mas que
nos certifiquemos de nuestros juicios,
solo á la amistad es permitida esta
dureza ; y aun es preciso que el amigo
se halle autorizado por la necesidad , y
con la esperanza de un buen exito.
Las operaciones crueles se inventaron
solamente para salvar la vida; y los re
medios paliativos para templar los do
lores.
Dexetnos el cuidado de dar á en
tender las verdades duras á las perso
nas que tienen á su cargo velar sobre
las costumbres y conducta de otros:
su voz se dirige solo á la multitud ; á
los particulares se corrige unicamente
haciendoles ver el interés que toma
mos por ellos , y lisonjeando su amor
propio.
¿Quálpues esla especie de disimulo
permitido? ó por mejor decir, ¿quál es
el rumbo que media entre la falsedad
vil y la sinceridad ofensiva ? Los res
petos recíprocos. Estos forman el vin
culo de la sociedad , y nacen del co
nocimiento de nuestras imperfeccio-
; nes,
4.6 . Consideracion**;,-;
oes , y de la necesidad que todos tene
mos de condescendencia. A. los hom
bres ni debemos ofenderlos , ni enga
ñarlos. , ,
. Parece que en la educación de las
gentes de mundo se les supone inca
paces de tener virtudes T y que debe
rian avergonzarse de manifestarse
tales quales son. No se les recomien
da otra cosa , que la falsedad T que
JJaman cortesia. ¿Diremos acaso que
una mascara es remedio de la feal
dad , porque puede ocultarla algunos
instantes?
.. . La cortesia que se usa , es solo
un fárrago insípido , lleno de expre
siones hyperbolicas , tan vacias de
sentido como de afecto» .;-_, .
Dicese regularmente que la corte
sia distingue los nombres de naci
miento : los mas grandes son los mas
corteses. Confieso que es el primer
indicio de las personas elevadas , y
un defensivo contra la familiaridad.
Pero hay mucha distancia de. la corte
sia á la .dulzura , y mucha mas de la
dul-
SOBRE 1.XS COSTUMBRES. 47
dalzura á la bondad. Los grandes que
se descartan de los hombres á fuerza
"ée cortesias sin bondad ; solo son
buenos para que los demás se descar
ten de ellos á fuerza de .respetos sin
adhesion ni voluntad. ,, . ,.i
La cortesía v añaden T es prueba
de una educacion dada con esmero , y
de que se ha. vivido entre' personas
escogidas : requiere un taifto tan finoj
y un tino tan delicado para usarla con
oportunidad T que los qué no la
aprendieron de pequeños y procuran
-en vano adquirirla después;, y nunca
pueden llegar á poseerla con gracia.
Primeramente T la dificultad de una
cosa 410 prueba su excelencia., En se
gundo lugarrse deberia desear que los
hombres que se ^apartan de su carac
ter con animo deliberado ,-nd-sacasen
otro fruto que el de ser'ridiculos:
esto, quizás los reduciria á manejarse
eon verdad y sencilléz. -i¡ i -
For otra parte esta cortesia tan
exquisita ,. no es tan rara como nos
quisieran persuadir los que no tienen
otro
48 . Consideraciones
otro merito. En el dia produce tan
poco efecto , es tan notoria su false
dad , que algunas veces disgusta á
las mismas personas á quienes se diri
ge 7 y suscita en ciertas gentes la idea
de usar de groseria y aspereza , por
imitar franqueza , y ocultar sus desig
nios. Estos son asperos sin ser francos,
y falsos sin ser corteses.
Yá es muy comun este manejo pa
ra que nos detengamos en conocerlo
mas de lo que está en el dia.
Se deberia prohibir que usase de
aspereza todo el que no hiciera escu-
sables los inconvenientes de este ca
rácter por una conducta irreprensible.
No es decir que no se pueda unir
mucha destreza y maña con mucha
rectitud ; pero solo la continuacion de
una conducta franca é ingenua , será
bastante á autenticar la distincion que
hai entre la destreza y el artificio.
Ni debemos por esto echar menos
Jos tiempos groseros en que los hom
bres , movidos unicamente de su inte
rés .'lo buscaban siempre por un ins
' tin-
SOBRE LAS COSTUMBRES. 49
tinto de ferocidad en perjuicio de los
otroé» La groseria , y aspereza no
siempre excluyen los fraudes ni artiftV
cios , pues se hallan estos en los ani
males que admiten menos enseñanza*
Ni los hombres han aprendido á
conciliar su interés particular con el
interés comun sino por haberse civili-»
zado; pues llegaron á entender que
por este convenio saca cada uno mas
ventajas de la sociedad que las que
puede depositar en ella. -j
' ' Los hombres pues , se deben mu
tuos respetas , puesto que todos se de*
ben reconocimiento. Se deben recir
procamente una cortesia digna de
hombres , destinada á entes que tie
nen alma racional , y variada por los
diferentes dictamenes que deben ins
pirarla. :.
En consecuencia » la cortesía de
los grandes debe provenir de humané
dad ; la de los inferiores de reconoci
miento , si los grandes lo merecen ; y
la de los iguales de la estimacion , y
servicios mutuos. Lejos de escusar .19
; D as
$o Consideraciones
aspereza , se debería desear que la
cortesia que proviene de la dulzura
de costumbres estuviera siempre uni
da con la que dimanase de la rectitud
del corazon.
El efecto peor de la cortesia que
se usa , es el de enseñar el arte de no
pra&icar las virtudes que aparentan.
Inspiresenos en la educacion huma
nidad y beneficencia , que nosotros
tendremos cortesia , ó no tendremos
necesidad alguna de ella.
Si no poseemos la que se hace pa
tente por la delicadeza , y gracias,
tendremos la que nos de á conocer por
hombres de bien , y buenos ciudada
nos ; sin que necesitemos recurrir á
la falsedad.
En vez de ser artificiosos para
agradar , nos bastará ser buenos ; y
en lugar de 'ser falsos para lisonjear
las flaquezas de los otros , bastará ser
indulgentes.
Las personas con quienes proce
dieremos de este modo , ni serán orgu-
ljosas , ni coi-rompidas ; se mostrarán
V. sí
SOBRE LAS COSTUMBRES. 5t
ai agradecidas 7 y llegarán á ser me
jores. -
La cortesia de que acabo de ha-?
blar , me recuerda otra especie de fal
sedad muy puesta en uso ; esta es las
alabanzas. Traen estas su primer ori
gen de .la admiracion , del agradeci
miento , de la estimacion , del amor,
ó de la amistad. A excepcion de estos
dos ultimos principios que conservan
sus derechos bien ó mal aplicados;
las alabanzas del dif» dimanan «nica-
mente del interés. Lo, hombres ala
ban á todos aquellos de quienes for-¡
man concepto que tienen que esperar»
ó iemer : nunca se ha visto menos es*
timacion , ni mas elogios.
Apenas la casualidad ensalza á al
guno, quando este se hace el objeto de
una conjuracion de panegiricos. Le .so
focan con cumplimientos , le dirigen
versos de todas partes , y los que no
pueden llegar á sus manos , se refu
gian á los diarios , ó papeles pierio- ' '
dicos. Qualquiere que admitiese de
buena, fé tantos elogios ., y los toma*
D2 se
54 CtfNSít)E!ÍA<ílONBS~
se á la letra , se debería espantar eti
extremo al encontrarse de golpe con:,
tan grandes meritos , y verse hecho
de repente hombre tan -superior. Se
admiraria de su modestia pasada que
le habria ocultado sus meritos hasta el
momento de su elevacion. Vemos mu
chos que ceden bondadosamente á
esta persuasion. Nunca he visto hom
bre alguno exaltado á quien hayan
contradicho > ni aun sus mismos ami
gos, por absurdas que hayan sido su9
proposiciones. Y no siendo posible que
dejen alguna vez de conocer este ex
ceso de insulséz ; no concibo como
no ha ocurrido á alguno de estos te
ner consigo un hombre encargado úni
camente de avisarle , sin delacion
particular , del juicio que el público ha
formado de él. Los locos , ó bufones,
que traian los Principes antiguamen
te en sus cortes , suplian este encargo:
y este es sin' duda el motivo por que
en el dia miramos como locos á las
personas que se aventuran á exercer-
1q. Por lo tanto es muy sensible que se
«<. ;, .x ha-
SOBRE LAS COSTUMBRES. g3
haya" suprimido un cargo que pudiera
desempeñar un hombre honrado , irm
pidiendo á las personas constituidas
en dignidad, que se cegasen ó que ere-*'
yesen que el público estaba ciego. Potó
faltar este Monitor , que les seria
muy util ; no sé si habrá alguno cu*
ya cabeza no se haya trastornado po
co ó mucho en su elevacion : este ac^
cidente puede ser tan frecuente en lo
moral , como en lo fisico. No obstan^
te creo que hay personas tan sensatas
que miran estas necedades con que les
dan en rostro , como una de las pen
siones de su estado; pues tienen la ex
periencia de que en su caída , es
quando se ven libres de este azoté;
y su falta sirve de consuelo sobre
todo á los que son dignos de elogio?
porque estos son por lo regular los
menos engreídos. Los hombres que
verdaderamente son loables , son re*
conocidos á la estimacion , y se ofen
den de las alabanzas. El merito tiene
su rubor , como la castidad ; y alguna
se dará francamente .un elogio. ,- que
-1-1 03 no
54 COKSICERACIOKBS
no lo recibiría de otro sin avergonzar
se , ó sin. que le molestase.
Seria digno de compasion un hom
bre constituido en dignidad á quien
hubiese negado la naturaleza la sen
sibilidad á las alabanzas ; porque ten
dría que llevarlas muy terribles ,; sien
do de ordinario tan desapacible la for
ma de ellas como el fondo: siempre
es la misma materia molida en el
mismo mortero. No hay elogio algu
no cuyo heroe se pueda adivinar,
á no hallarse el nombre de éste al
principio del elogio. No se vé en él
un distintivo peculiar : habria peligro,
al considerar la obra sola , de atribuir
á un Principe lo que se ha escrito pa
ra un particular obscuro. Con solo
camhiar los nombres se podria aplicar
el mismo Panegirico á cien personas
diferentes , porque tan mal conviene
á una como á todas.
Esta practica observaron los anti
guos con las estatuas que erigian á
algun Emperador. Si lo arrojaban del
trono , quitaban la cabeza dé sus es
ta
SOBRE LAS COSTUMBRES. $§
fatuas, y ponían inmediatamente la de
el sucesor en su lugar (i) , aguardan
do que este tuviese la misma suerte.
Pero mientras reinaba , le alababan
con exclusion de todos los demás,
y se guardaban bien de recordar 1»
memoria de algun merito que pudie
ra desagraciarle. £1 mismo Augusto
inspiró este miedo á sus panegiristas.
Nos causa sentimiento , y echamos
menos en la honradez de Virgilio, (2)
de Horacio, de Ovidio y otros , que no
se halle siquiera una vez el nombre
de

. (i) V. Suetonio , y Lampridio.


(i) De estos tres , y de otros que incurric-
r'on en la misma baxeza , ninguno es mas vitu
perable que Virgilio. Los demas faltaron en no
mencionar í- un ciudadano virtuoso , sabio, elo
cuentísimo , y zeloso padre de su patria ; pero
Virgilio pasó á calificarlo de inferior a Demos-
ttnes , concediendo francamente á los Griegos
.1» primera gloria en la elocuencia. Qrabunt cau
sas meliui ; ( JEneid. lib. 6. ) lo que no es cierto,
ni justo. Vease el dictamen de Quintiliano ( lib.
X.cap. i. ) seguido generalínCnte de l'os -criticos '
das instruido*.
D4
56 Consideraciones •
de Ciceron en todas sus obras. Sabían
muy bien que podrian ofender con es
to á Augusto , y hubiera sido acordar
le la ingratitud con que abandonó á
la proscripcion el mas virtuoso ciuda-i
daño de su partido. , -,
.,: No obstante que este Principe,
habilisimo entre los tiranos , se aso.
cio. en el Consulado el hijo de Ckeronj
conocieron todos que procuraba en
cubrir sus crueldades pasadas con la
mascara de la virtud. Su moderacion
fingida fue siempre sospechosa. Plutar*
co nos ha conservado un rasgo que
convence hasta qué punto, llegaba el
temor de renovar la memoria de un
nombre grato y querido de los verda
deros Romanos. Habiendo entrado.
Augusto inopinadamente en la habita*
eion de uno de sus sobrinos , advirtió
<fue el joven ocultaba un libro entre
sju ropa ; quiso ver qu£ era , y encon-»
trandose con una obra de Ciceron , le-,
yó un poco , y despues volviendole el
libro : Elstefue , dixo , un hombre sabi»
y %ue amó mucho la patrin. Nadie se
SOBRE LAS COSTUMBRE?. 57
hubiera atrevido á decir otro tanto en
presencia de Augusto.
Vemos algunas obras célebres,
cuyas dedicatorias embutidas de elo
gios se dirigen á unos supuestos Me
cenas, que nadie conocia sino el Au
tor ', por lo menos no tenemos la mas
leve noticia de ellos en el dia : su
nombre se enterró con sus cadaveres.
jQuántos hombres , no diré Índigo
nos de aprecio , sino perversos , hé
visto alabados por personas que les
miraban como tales! Verdad es que to
dos los panegiristas estan igualmente
dispuestos á hacer una sátyra ó un elo
gio : miran con indiferencia la persoo
oa ; solo se trata de su empleo.
Parece que un incienso tan ve
nal y prostituto , no deberia ser de
ningun modo agradable: no obstan
te vemos hombres dignos por otra
parte de estimacion , que desean an
siosamente alabanzas ofrecidas en lo
comun por protegidos que ellos mis
inos desprecian : semejantes por cier
to 4 Vespasiano , que no sentia ma*
olo
58 CONSIDERACIONES
olor en el tributo que percibía pof
las inmundicias de Roma. La adula
cion mas exagerada es la que agrada
con mayor seguridad: una alabanza fi
na y delicada concilia honor al talento
que la dá: un elogio hiperbolico agra
da al que lo recibe : éste toma la exa
geracion en un sentido propio y li
teral , persuadiendose que las grandes
verdades no se pueden decir con de
licadeza.
Aun la adulacion misma , cuya
exceso se conoce , produce tambien su
efecto. To sé que tú me aduius, dice
alguno , mas no por eso me causas me
nos placer.
Ha prevalecido tanto este ridicu
lo comercio de alabanzas , que es ya
de ley en muchísimas ocasiones ; es
de obligacion , y parece que es parte
de la legislacion , como si los nom
bres fueran esencialmente loables. Sea
quai fuere la persona á quien se ha
ya conferido el menor cargo , su ele
vacion se verá acompañada de elogios
sobre su gran capacidad ; de manera
que
SOBRE LAS COSTUMBRES. §9
que ya los elogios nada significan.
Las alaban/as se comparan hoy á
las novelas de las encantadas : no de-
benios miradas precisamente como
mentiras , puesto que sus autores ni
aun supusieron que se les podiia dar
credito. Por viles que sean los adula
dores , y por mas aguerrido que sea
nuestro amor propio ; si damos á los
terminos de las alabanzas todo su va
lor , no habrá persona que tenga cara
para darlas , ni para recibirlas. Se de
beria prohibir una moneda que ha per
dido toda su estimacion.
• Mas no es justo confundir con es
te insípido farrago los testimonios sin
ceros de estimacion que tiene derecho
de pretender y apreciar un hombre de
merito. Seria necesario un gran fon
do de virtud para conservar ésta, des
preciando al mismo tiempo el con
cepto de las personas de quienes so
mos conocidos.

CA
6o Consideraciones •

CAPITULO IV.
DE LA PROBIDAD,
de la virtud, y del honor.
N< 1 0 se oye hablar mas que de pro-i
bidad , de virtud , y de honor ; ¿ pero
tienen por ventura una misma idea de
estas voces todos los que se valen de
ellas? Procuremos distinguirlas : y aun
que fuera mejor sin duda inspirar bue
nos dictamenes- sobre una materia qué
no debe limitarse unicamente á la es
peculacion ; no obstante siempre tie
ne su utilidad aclarar y fijar los prin^
cipios de nuestras obligaciones. Hay
muchos casos en que la práctica de
pende de nuestros conocimientos.
La primera obligacion de la probi
dad, esto es , de la hombria de bien, es
la observancia de las leyes. Pero in
dependientemente de las .que reprimen
todo designio contra la sociedad po
litica , hay además ciertos modos de
pensar , y ciertos procederes prácticos,
-.O ea
SOBRE XAS COSTUMBRES. 61
en que consiste la seguridad ó la dul
zura de la sociedad civil , y del trato
particular de los hombres , los que ni
las leyes pudieron ni debieron pres
cribir , y cuya observancia es tanto
anas indispensable , quánto es libre , y
voluntaria : constando por el contra
rio que las leyes dan sus providencias
para que se pangan en execucion.
Qualquiera que no tenga mas hombria
de bien que la que exigen las leyes, y
se abstenga unicamente de los delitos
que castigan, será sin duda un hom
bre bastantemente malo.
Las leyes se han atenido á nues
tras pasiones y flaquezas , y no re
primen sino lo que se opone abierta
mente á la sociedad. Si hubieran en
trado en el por menor de todo lo que
indirectamente puede dañarla , no las
habria entendido el comun de los
hombres , y por lo tanto se hubieran
dexado de observar. Habria habido
muchos delincuentes que seria cosa
dura castigar en algunas ocasiones , y
en otras difícil, atendida lp proporcion
¿ Sí»
62 Consideraciones
que siempre debe haber entrela colpa
y el castigo. Por tanto habrian sido las
leyes ilusorias , y el mayor vicio que
pueden tener es quedar sin observan
cia.
Luego que los hombres llegaron á
civilizarse é instruirse , los que tenian
el animo mas bien inclinado suplie
ron las leyes valiendose de la moral,
y estableciendo por una convencion
tácita las prácticas , ó modales á que
el uso ha dado fuerza de ley entre los
hombres de bien , y han servido en
lugar de leyes positivas. A la verdad
ho hay castigo decretado contra los
infractores de estas prácticas , mas no
por eso es menos real la convencion
entre los hombres. El desprecio y ver
guenza son el castigo , y este es el mas
doloroso para los que merecen sentirlo.
La opinion pública, que es la que exer-
ce la justicia en este caso , determina
en él con exactitud las proporciones, y
hace distinciones muy delicadas.
Se juzga á los hombres conforme
á su estado , conforme a su educacion,
i
SOBRE LAS COSTUMBRES.
^Lsil situacion y luces. Parece q
íia convenido en que hay diferente:
pecies de hombría de bien , y que
die está obligado á mas que á la que
es propia de su estado ; asi como á
que no pueda tener sino la que le dic
ta su talento. Se procede con mayor
«everidad respecto de los que ( distin
guiendose entre todos ) pueden servir
de exemplo , que respecto de los que
están sepultados en la obscuridad.
Quanto menos se exige de un hombre
de quien deberiamos esperar mucho,
se le hace mayor injuria. En materia
de conducta ó porte , está muy cerca
del desprecio el que tiene derecho á
que le traten con indulgencia.
Siendo la opinion pública la pena
de las acciones , de que ella es el juez,
no podré dejar de ser severa respec
to- de las cosas que condena. Hay ac
ciones en que sola la sospecha es la
prueba , y la publicidad el castigo.
Causa tambien bastante admira
cion que esta opinion , tan severa res
pecto del mere modo de portarse r sea
en
64 Consideraciones
en ocasiones tan limitada ó descuida*
da respecto de los crímenes que estád
comprehendidos en las leyes. Estos no
llegan á ser enteramente vergonzosos*
sino por el castigo que se les impone
y executa*
La máxima mas falsa de nuestras
costumbres es la que dice : Que el de*
lito es el que infama ,j> no el castigo.
Asi deberia ser , y lo es efectivamente
en la moral ; pero no lo es de ningun
modo en las costumbres ; porque hay
indultos y medios de conservar la opi
nion dejando el crimen sin castigo. Y
no se diga que esto es porque la pe
na lo hace constar , y forma por sí
sola prueba suficiente ; porque un cri
men que se hace constar con certi
dumbre por el decreto en que se per
dona , humilla regularmente menos
que el castigo. Esto se vé principal
mente en la injusticia y extravagancia
de la cruel preocupacion que hace re
caer la infamia sdbre las personas que
tienen parentesco con el malhechor;
de suerte que tal vez es menos des-
--* gra
SOBRE LAS COSTUMBRES. 65
gracia tener parentesco con un delin
cuente reconocido como tal , y no cas
tigado , que con un infeliz cuya inno
cencia se reconozca despues de exe-'
cutado el castigo.
La verdadera razon de esto pro
viene de que la impunidad es siempre
prueba de la consideracion que se tie
ne al nacimiento , estado, dignidades,
credito ó riquezas. La familia que no
puede libertar de la Justicia un parien.
te reo , queda convencida de que no se
ha tenido con ella consideracion al
guna , y por consiguiente es despre
ciada. Debe pues subsistir esta pre
ocupacion ; pero no tendrá lugar, ó á
lo menos será muy endeble , en un
gobierno absolutamente despotico , y
en un pueblo libre ; esto es , en nin
guna parte donde se puede decir : tú
eres esclavo como yo , o yo soy libre
como tú ; pues no admitiendo acepcion
de personas en unos el poder arbitra
rio , ni en otros la Justicia ; dan exem-
plares en familias de todas clases, que
por consecuencia tienen necesidad de
E ' cora.-.
*)6 Consideraciones '
compasion reciproca. Si sucediera asi
tntre nosotros , las faltas serian per
sonales , y desapareceria la preocupa
cion i porque no hay otro medio de
exterminarla. -' -¡ ^-,¡.i:. -
¿Pdf qué motivo no causan infamia
fi sus familias aquellas victimas no
bles que conducen al cadahalso ios cri*-
<menes de estado? Esto consiste en que
semejantes reos son por lo ordinario
de elevada esfera. Su crimen , y aun
Su suplicio , prueban igualmente la es
timacion que merecian al estada Sá
catástrofe inspirando terror demuei*-
tra al mismo tiempo la elevacion de
que cayeron , y en la que se hallan to^
daviá las personas á- quienes tocaban.
Todo lo que sorprehende por quatquie*
jra genero de grandeiza la imaginacion
de los -hombres , los preocupa.- 'N0
jpueden respetar y menospreciar- á utt
tiempo una mfsma familia. : v r^''
Cfeo haber encontrado otra extra
vagancia en la aplicacion de esta pre
ocupacion. Mas se echa en cara á los
hijos la afrenta de sus padrea , que á
SOBRE pA$ COSTUMBRES. 67
Jps padres la de sus hijos. Lq contra
rio seria á mi parecer menos injusto;
porque en este caso se castigaria á los
padres por no haber rectificado las
malas inclinaciones de sus hijos con la
conveniente educacion. Sí se discurre
:de otro modo \ ¿ es por sentimiento
Me compasion^ en favor, de la anciani
dad ? ¿ó por el barbaro de-leyte de em
ponzoñar toda la vida de los. que ape
nas han principiado su carrera? . '
..-- En fin para aclarar lo concernien
te á la hombria de, bien , es preciso
saber si la obediencia i las leyes , y la
^observancia de los modales que es-
.tan en uso , son bastantes para cons
tituir al hombre de bien. §e yerá,«
jLp ..reflexionamos , que aun esto no
es suficiente para que la probidad sea
.perfecta. Con efectq puede un hom
bre con un corazon duro , espiritu tna-
Tligno , carácter feroz , y peqsamientqs
,bajos , tener por interés , ¡por aUivéz,
¿p por temor, tener digo , aquella ¡horn.-
.fcria de .bien que lo ponga á cubierto
.<ie todorepajOjde parte d^los,pqrr,brás.
->.„-, ' ' " Ea No
€8 Consideraciones
No obstante hay un juez mas ilus
trado , mas severo, y mas justo que
las leyes y costumbres ; este es el dic
tamen interior que llamamos concien-
xia. Su imperio se estiende mucho
mas que el de las costumbres y leyes.
Estas no son uniformes en todos los
pueblos ; mas la conciencia habla á to
dos los hombres , que á fuerza de de
pravacion no se han hecho indignos
de escucharla.
Las leyes no han decretado casti
go alguno á varias faltas , tanto 6
mas graves en sí mismas que otras
muchas que han condenado. No hay
ninguno contra la ingratitud , la per
fidia, ni en muchos casos contra la ca-
' lumnia, la impostura , la injusticia, &c
sin hablar de ciertos desordenes que
las leyes condenan y no castigan , á
no exponerse al mayor sonrojo el que
tenga valor de querellarse. Esta es la
suerte de todas las legislaciones. Las
de los pueblos, que solo conocemos
' por la historia , nos parecen un monu-
- mento de sabiduria y prudencia , por.
SOBRE LAS COSTUMBRES. 69
que ignoramos las muchas circunstan-*
cías en que sus leyes cederian,y queda*,
rian sin execucion. Esta ignorancia de
los hechos particulares , y de sus abu
sos por menor , contribuye mucho 4
que nos admiremos de los gobiernos
antiguos. -
No obstante quando las leyes lle
gan á ser indulgentes , cesa, la severi
dad de las costumbres , aunque estas
no hayan comprehendido , ni puesto
remedio en todo Jo que las leyes omi
tieron. Hay asimismo algunos excesos
condenados por las leyes > que se to
leran en las costumbres , sobre todo
en la corte y capitales , donde estas no
se conforman por lo comun con las
maximas de la moral, ¿Quántas cosas
toleran las leyes , mas perniciosas que
otras que proscriben ? Fideo formali
dades de decoro y perdonan vicios.
¿Somos en la sociedad mas delicados
que severos ? -..-.. -i
i Se. deberá mirar: como inocente
un golpe satirico, ó sea una chanza
de un superior , que- causa á vece?
:.:.j- £3 »*>
yo - Consideraciones * '
irreparables daños á la persona que es
objeto de su chanza? ¿ ó reusar por
negligencia, un socorro voluntario al
infeliz cuya suerte depende de él ; y
tantas otras, faltas que conocen todos*
y casi nadie evita ? :v*i»i¡i»»'. ^
No obstante esto es lo que no de
be permitirse un perfecto hombre de
bien': su conciencia es 'el juez infali
ble en este punto. Es sin duda gran
felicidad qufe' todos tengafl eh su co^
razon un juez que defienda ios demás,
6 le condene á el mismo, J^ •'"
No pretendo explicarme aquí en
los terminos de la religioní Este es la
^perfeccron dfi'la moral , y no la basa;
«i ebmo metafísica sutil Y sino coma
filósofo , que. se apoya en sola la ra-
ízoñ , y procede por solo el raciocinio,
"No necesito* por consiguiente examinar
«i eáta conciencia es ó no "vn dicte-
ftien . innato \ me bastaria' que fuese
una luz adquirida , y que los talentos
hias limitados tuvieran por medio de
-Ja conciencia aun mas conocimiento
<delo justo é injusto , que: el que les
*-.> l. . ¡ dan.
SOBRE LAS COSTUMBRES. 71
<&aB{ lasJeyes y las costumbres. -
-¡ Dkho conocimiento es la regla d$
nuestras obligaciones : respecto de¡
otros estamos obligados á hacer todo
lo que ,. puestos en su lugar , tendria
mos derecho de pedir. Aun conservan
los hombres el derecho de esperar de,
nosotros „ no solo lo que conciben con
fundamento que es justo , sino lo,que;
nosotros mismos miramos como tal,.
aunque los otros no lo hayan .exigido?,
ni previsto ;•• nuestra propria coooien^
«jia es & que estiende, los derechos, del
progimo sobre nosotros. : ,, .
Quantas mas luces Rengamos tan
to mayores son las obligaciones que,
debernos' cumplir. Si nuestras luces.
no nos-inspiran di&amenes pon preei-
sáon de¡ seguirlos j: nos sugieren á lo*
menos modos de portarnos y nos de-!
muestran la obligacion de observar
los. . rK*j:lí:,: -K.eL.y '-,' '':, fihr,¡S
Hay tambien otro principio de cor
nocimierttos en esta materia * superior:
al talento mismo ; y es la sensibilidad
del alma , que da cierta especie dg $&?
E4 ga-
7» Consideraciones -<"- ..
gacidad respecto de las cosas honestas,
y se interna mas que la penetracion
de solo el talento,
' Se pudiera decir que el corazon
tiene sus ideas peculiares. Adverti
mos entre dos personas , cuyo talento
es igual en extension , profundidad , y
penetracion sobre materias puramente
especulativas ; que adquiere mucha
superioridad el que tiene el alma sen
sible ó afectuosa , sobre las personas
que son de esta clase. ¿Quántas ideas
tiene aquel que son inaccesibles á los
que tienen el alma fria ! Las almas
afectuosas pueden caer por vivacidad,
6 ardor en faltas que no cometerían
de modo alguno las personas atilda
das ; pero aquellas les llevan muchas
ventajas por el mayor numero de
bienes que producen.
Las almas tiernas tienen mas exis
tencia que las otras ; los bienes , y los
males se les multiplican : tienen ade
mas otra ventaja á favor de la socie
dad ; y es vivir persuadidas de ciertas
verdades de que el entendimiento
SOBRE LAS COSTUMBRES. 73
<st5 solamente convencido : la com-
viccion por lo regular es solo pasiva;
la persuasion es activa , y solo tiene
impulso lo que hace obrar. El talento
solo puede y debe formar hombres
de bien ; la sensibilidad los dispone
ñ ser virtuosos. Voi á explicarme.
Quanto exigen las leyes , quanto
recomiendan las costumbres , é inspi
ra la conciencia , está incluido en este
axioma tan notorio como mal expli
cado : No hagas á otro lo que no quie
res que hagan contigo. En la observan
cia exacta y precisa de esta maxima
consiste la hombría de bien. Mas esta:
fíaz con los demás lo que quisieras que
hiciesen contigo , yá es virtud. Su natu
raleza y su cara&er distintivo consis
te en el esfuerzo que hace el hombre so
bre si mismo á favor de los demás. Por
este generoso esfuerzo es por el que
sacrificamos nuestro bien estar en be
neficio del de otro. La historia nos
presenta algunos de estos esfuerzos he
roicos ; y todos los grados de virtud
moral , se miden por el mayor ó me
nor
74 » GONSIPERACIONM
ñor sacrificio que hacemos á favor de>
la sociedad. <.; - , .-,--r
' . Parece á primera vista que fueron?
los legisladores bombres limitados ,--,<&,
interesados , que no teniendo necesK
dad de otros , querían preservarse de,
el mal ,. y eximirse de/hacer bien. Es-r
to parece tanto mas verosímil , quan-
to los primeros legisladores fueron
principes ó gefes de pueblos ; en Unat
palabra , hombres que tenian mas que;
perder y menos que ganar. Es nece-i
sario confesar que las leyes positivas?
que no deberian ser sino una emana,s
cion , y explicacion de la ley natural*
lejos de poderse reducir siempre á es-*
ta , son á .veces opuestas á ella , y mas.
favorables á los intereses de los legis
ladores y de los poderosos, que al de-
Ios pequeños que debe ser el principad
objeto de toda legislacion-; puestp q»$
este interés es rrias universal y cons.-i'
Utuye la sociedad politica. El exa-i
men de varias leyes cotejadas, con el¡
derecho natural , seria objeto muy
digno de un filosofo , que aplicase su*
prin-
SOBRE LAS COSTJJMBRJES. 75,
principios á la moral , á la politica . y
ú la ciencia del gobierno. LyJ
Sea, lo que fuere vias leyes se.ci-í
fíen precisamente á prohibir ; y si lo
reflexionamos , hallaremos que han
procedido asi por prudencia. Ellas uq
exigen de los hombres ,, sino lo que e$
posible á todos. Las costumbres han
pasado mas adelante que: las leyes; pejp
esto es quando dimanante un mismq
principio:: unas y otras solo son pío.í
tiibitivas. La misma conciencia seJft
«uta á inspirar, aversion al mal. Final?
mente la observancia fiel de las leyesj
<ie las costumbres, y vía; concienriaj
«ón las que constituyen .ia perfe&a
hombría de bien. La virtud , que es
superior á esta , exige- que se haga
fcien , y .determina á hacerla. v,j„ ,
ív. ¿Si la hombria de bien prohibe al
fana accion , es preciso obedecerla»
,La virtud manda, mas la obediencia,
¡es libre T á no ser que la virtud se
valga de la voz de la religion. La
hombría de bien se estima , la virtud
se respeta. Aquella casi consiste en,
-". j so
f6 Consideraciones
sola inaccion ; esta obra. A la vir
tud se debe reconocimiento e de que
podriamos eximirnos respe&o de la
hombría de bien ; porque un hombre
instruido , que no tuviera mas objeto
que su propio interés , no tiene medio
mas seguro de -conseguirlo que ésta.
No se me ocultan las objeciones,
que se pueden tomar de los delitos
que logran exito feliz ; pero sé tam
bien que hay diferentes especies de
felicidad ; que se deben calcular las
probabilidades del riesgo , y del acier
to ; compararlas con la felicidad que
se procura ; y que no hay- una cu
ya esperanza ; por muy bien fundada
que sea, pueda contrabalancear la pér
dida del honor , ni aun el mero riesgo
de perderlo. En consecuencia haciendo
asunto de solo cálculo esta qüestion,el
mejor partido que hay siempre que to
mar es el de la probidad. No seria di
fícil hacer una demostracion moral de
esta verdad ; pero hay ciertos princi
pios que no deben ventilarse. Siempre
es de temer , que las verdades mas
evi-
SOBRE LAS COSTUMBRES. 77
evidentes contraigan por el mismo
caso de examinarlas un aire de pro
blema que no deben tener en ningun
caso.
Quando la virtud está radicada en
el corazon , y no requiere conato al
guno para obrar ; es en este caso un
sentimiento,es una inclinacion al bien,
un amor en beneficio la humanidad ; y
es respecto de las acciones honestas, lo
que el vicio respecto del crimen ; esta
es la misma relacion que tiene la cau
sa con el efecto.
Distinguida la virtud , y la hom
bria de bien , y observando la diferen
cia de su naturaleza , es necesario
además para conocer el valor de una
y de otra , tener consideracion á las
personas , á los tiempos , y á las cir
cunstancias.
Hay hombres cuya hombría de
bien , ó probidad, merece mas elogios
que la virtud de otros ¿Por ventura
debemos esperar unas mismas accio
nes de los que tienen medios muy di-
ferenies? U« hombre opulentísimo, no
: j ' ten
*8 Consideraciones .:
tendrá sino las obligaciones que otnJ
oprimido de todas las necesidades^
Esto no seria justo. La probidad es la
virtud de los pobres ; la virtud debe
ser la probidad de los ricos*:-
Algunas veces se atribuyen ala
virtud acciones -en que tiene poca
parte. Un socorro que se ofrece por
vanidad , ó se tributa por flaqueza,
dá poco honor á la virtud. ......
Sacase de estado infeliz á un horri*
bre del mismo apellido , cuyo desdo
ro se podria comunicar: al bienhe
chor. ¿Es generosidad? Estoes , á lo
mas , decoro , y tal vez orgullo , que
es un interés real y sensible.
Por otra parte alabamos , y debe
mos alabar las acciones de probidad
en que descubrimos un principio de
virtud , y un esfuerzo del alma. Ua
potíre entrega el deposito de que él
solo tenia noticia. En este caso cum
plió con su obligacion , pues seria un
delito hacer lo contrario ; sin emban
co , esta accion le dá , y debe darle
honor. Juzgamos que elque en ciertas
'- ; cir
SOBRÓLAS COSTUMBRES. y$
iíipeunstancias no hace mal , es ca<
/pa2 de obrar- bien: y lo que alaba
mos en este año de mera hombria de
bien , es la virtud. . . : K
Un infeliz oprimido de necesidad^
humillado y avergonzado de miseria,
'«e resiste á las mas urgentes ocasiones
«fe seduccion. Otro en la prosperidad
bo se olvida de que hay infelices ; los
busca , y se anticipa á las súplicas que
pueden hacerle. Su beneficencia ar
rastra mi cariño. Estimo los dos , y
los alabo ; pero admiro solo al pri-*
mero , porque en éste solo es donde
encuentro virtud. . .. .:
:Las alabanzas que se dan á ciertas
acciones de probidad , y á ciertas vir
tudes , son precisamente el vituperio
del comün de los hombres. Sin em
bargo no : debemos negar aquellas
Alabanzas; ni es conveniente averi*
guar <;on demasiada severidad el
principio de las acciones , quando és*
tas se dirigen al beneficio de la socie
dad. Siempre es accion prudente , y
animar los honabres á que .obren
bien:
8o Consideraciones
bien ; porque son igualmente capaces
de tomar el partido de la virtud ó
del vicio.
Se adquiere virtud por la gloria de
practicarla. Si se comienza por amor
propio , se continúa por honor , y se
persevera por hábito. Si el hombre
menos propenso á ser benéfico , llega
por casualidad , ó por un esfuerzo que
hace consigo mismo , á practicar algu
na accion generosa ; experimentará
desde luego cierta especie de satis
faccion , que le hará menos penosa
otra segunda accion ; se moverá sin
repugnancia por sí mismo á la tercera,
y á poco tiempo se hará en él caracte-
ristica la bondad. Formamos los dic
tamenes de las acciones repetidas.
Por otra parte quando se preten
diera reducir las acciones virtuosas
á un sistema de ingenio ó método de
conducirse , mas bien que á nuestro
interior modo de pensar ; seria igual
la ventaja respecto de los demás hom
bres , y acaso no seria menor la glo
ria, que se querria disminuir. ¡ Fe
liz
SOBRE LAS COSTUMBRES. 81
llz alternativa la de precisar los cen
sores á que admiren , ó á que solo de
jen de estimar.
A mas de la virtud y hombria de
bien , que deben ser los moviles de
nuestras acciones, hay otro tercer prin
cipio que merece justisimamente nues
tro examen : este es el honor ; que es
diferente de Ja probidad ; acaso no lo
es de la virtud , pero le da brillantéz,
y me parece que incluye una circuns
tancia mas. -..•• :-:„• i. ' •"„ '
El hombre de bien se gobierna
por la educacion , por el hábito , por
el interés , ó por el temor. El hombre
virtuoso procede por bondad. ">
El que se porta con honor piensa y
siente con nobleza. No obra por obe*-
decer á las leyes , ni es la reflexion , ni
mucho menos la imitacion las que le
dirigen : piensa , habla y obra con cier
ta especie de elevacion .que parece es
el legislador de sí mismo.
Nos eximimos de las leyes por el
poder, nos substrahemos por el cre
dito y las eludimos por la astucia : mu-
F
81 Consideraciones
damos los modos de pensar ; suplimos
las costumbres por medio de la cor
tesía , é Imitamos la virtud coa la hi-
pocresia. Mas el honor es el instinto
de la virtud , y el que nos da el valor;.
No examina , obra sin ficcion , y aun
sin cautela, y no conoce aquella timi
déz ó verguenza falsa que sofoca tan
tas virtudes en las almas debiles ; por
que los de un caracter debil incurren
en dos inconvenientes , es á saber : no
poder usar de sus virtudes , y servir
de instrumentos á los vicios de quan-
tos les gobiernan. v -.
Sin embargo de ser el honor una
qualidad natural , se explaya por la
educacion , se sobstiene por los prin
cipios , y se fortifica con los exem-
plos. En consecuencia jamás sabremos
despertar bastantemente sus ideas, avi
var su aprecio , ponderar sus utilida
des y gloria , ni combatir todo lo que
le puede ser. contrario.
Las reflexiones sobre esta materia
pueden servir de preservativo contra
la corrupcion de las costumbres, que
*"j i «e
SOBRE LAS COSTUMBRES. 83
se van siempre relajando. No es mi
animo renovar lo que se ha culpado
en todos tiempos á su siglo respectivo,
y cuya repeticion da á entender , qué
estas- objeciones han sido tan mal fun
dadas en unos tiempos como en otros.
Vivo persuadido á que hay siempre
en el mundo una distribucion de vir
tudes y vicios casi igual , aunque pue
de haber ' desigualdad en diferentes
edades respecto de una nacion á otra,
ó de un pueblo á otro pueblo. Hay
edades mas ó -menos brillantes ,-^ la
nuestra no parece que es la del honor-,
por lo menos en tanto grado como lo
fue en otros tiempos. Tampoco dudo
que se manifestarán algún dia las cau
sas de esta alteracion en la historia de
nuestro siglo ; y no será este el articu>
lo menos curioso , ni menos util. *
A la verdad no somos tan delica*
tíos, ni escrupulosos como eramos en
punto de amistades, Quando un hom
bre tenia antes una conducía tolera
da ó impune por las leyes , pero con
denada por el honor ; no se limitaba
F2 el
Í4 Consideraciones .*
el resentimiento á solo el ofendido:
todos los hombres de bien tomaban
partido , y hacian justicia por un des
precio general y público.
En el dia hay otro manejo , aun
sin atender al interés, con los hombres
mas desacreditados. No tengo , se dice,
tnotivo para quejarme personalmente
de él , ni be de hacerme el repara
dor de entuertos. ¡ Qué flaqueza ! Es
to es entender pesimamente los inte
reses de la sociedad , y por consiguien
te los suyos propios. ¿Cómo se han
de avergonzar los picaros de serlo , si
los hombres de bien no se averguen
zan de acojcrlos y tratarlos? Si los bue
nos se concertasen en hacer causa co
mun , seria muy fuerte su confedera
cion; y estando de acuerdo las perso
nas de talento y honor , harían poco
papel los zotes y bribones. Perp por
desgracia nuestra los picaros son los
que se aunan , y los hombres de bien
Viven desunidos. La probidad sin va
lor ni resolucion no merece conside-
racion alguna ; se parece mucho á la
L atri-
, ^ SOBRE LAS COSTUMBRES. 85
atricion que tiene por principio el
temor servil.
Antiguamente se encubrian ciertos
modos de proceder , y se abochorna
ban Jos hombres si se los llegaban á
descubrir. Mas en el dia me parece que
se practican franca y abiertamente:
sacabamos pues mejor partido delo
primero , porque el temor , y la ver
guenza contenian mucho á los hom
bres.
No sé que la infidelidad en el jue
go esté al presente en mas ruin con
cepto que en el siglo pasado ; porque
vemos todavia gentes sospechosas en
esta materia , que no por eso tienen
menos acogida.
La unica justicia que se hace es va
lerse de muchos cumplimientos y ro
deos para librarse de jugar con ellos;
y esto mas bien parece prudencia que
desprecio. Pero un hombre de mundo
que sea irreprehensible por esta parte,
y por la del valor , esiá reconocido
por un hombre de bien. No obstante
aunque haga profesion de ser. vuestra
"" F3 ami-
86 Consideraciones -
amigo , no hay que meteros con él
tocante á intereses , pretensiones , 6
amor propio. Si llega á temer que os
valdreis de su credito , os faltará sin
escrupulo en la mas grave ocasion , y
no por esto quedará mal conceptuado.
Creeis tener derecho para reconve
nirle ; pero de esto le resulta mas sor
presa que confusión \ siempre queda
hombre de bien. No comprehende que
hayais podido entender las expresio
nes de mera cortesia por una obliga
cion ; porque esia cortesía tan reco
mendada escusa muchas bajezas-, y
seriamos muy dichosos si solo encu
briera groserias.
A la verdad hay acciones tan re
prehensibles que no se puede equivo
car su inteligencia. Un hombre de
caracter resuelto y atrevido halla el
secreto de no perder la honra si tiene
la audacia de ser el primero en publi
car su defe&o , y de chancearse con
las personas que esten dispuestas á
vituperarle. Nadie se atreve á ponerle
reparo quando se vé que hace alarde
.-. 4. i de
SOBRE LAS COSTUMBRES. 87
de él. Su audacia es la que le justifica,
y el reparo que se le hiciera seria una
ridiculez , á que nadie quiere expo
nerse. Entonces se empieza á dudar si
ha hecho bien ó mal ; y se teme ha
llarle culpable. Segun el concepto
general , prevenir una objecion es
refutarla , sin que quede obligacion
de responder á ella ; en las costum
bres anticiparse á un reparo es des
truirlo, i - >
Un hombre que ha engañado á
otro con un artificio el mas astuto y ¡
culpable , lejos de tener remordi
miento ó verguenza , se complace,
y dá el parabien por su habilidad : se
oculta para lograrlo , mas no se ocul
ta por haberlo logrado: imagina sen
cillamente que ha ganado con des
treza un juego á los dados ; y el que
ha sido la victima de su engaño no
piensa en otra cosa sino que ha per
dido por su culpa : solo se queja de sí
mismo. Ya ha llegado el resentimien
to á ser un modo de pensar muy
«oble : apenas hay objeto digno de
F4 abor-
83 . Consideraciones
aborrecimiento ; y la venganza no
es otra cosa que un desquite prove
choso : se toma esta como medio de
llegar á nuestros fines , y la procura
mos por las ventajas que nos resultan
de ella.
t Este modo de pensar , este aban
dono en las costumbres envilece á los
mismos que no deshonra ; y de dia en
dia se hace mas pernicioso á la socie
dad. Los que pudieran aspirar á la glo
ria de darnos exemplo por su esfera, 6
por sus luces ; parece que tienen muy
poco respeto á estos principios , en el
caso de que no falten á ellos. No sa- ,
ben que , independiente de sus accio
nes , nos dan exemplo en la ligereza
de sus dictamenes , y en los modos de
pensar que descubren. La plebe que
no tiene principios , ni educacion , no
sufre otro freno que el temor , ni
tiene otra guia que la imitacion. En el
estado medio es donde se halla toda
via con mas estimacion la hombria de
bien. -
: Ni impide esta relajacion de cos-
--.. ,"' „. tura.
SOBRE LAS COSTUMBRES. 89
lumbres que se haga mucho alarde de
la honra y de la virtud. Los que tie
nen menos saben muy bien quánto les
importa que los demás las tengan.
Habria sido cosa vergonzosa en tiem
pos antiguos sostener ciertas maximas,
y contradecirlas al mismo tiempo con
la conducta : las palabras formaban
una presuncion favorable del modo
de pensar. Pero en el dia son de tan
poca consecuencia , que se podria de
cir en ocasiones de algunos , que son
hombres de bien , aunque hagan el
elogio de sí mismos. No obstante siem
pre pueden ser utiles á la sociedad las
conversaciones conformes á la virtud;
pero ni estas nos dan. verdaderamente
honor , ni somos dignos de tenerlas,
si no observamos buena conducta.Esta
es una obligacion que contrahemos de
nuevo; y no debemos temer el contra-
heria , puesto que nos es ventajoso
cumplirla.
Se pretende que reinó antiguamente
entre nosotros un fanatismo de honor,
y se asigna esta feliz mania á siglos
.' i to-
<¡o■. Consideraciones "
todavia barbaros. Deberiamos desead
que se restableciese en nuestros tiem
pos : las luces que hemos adquiri
do servirian para arreglar esta dema
sía de amor proprio , sin refriarlo.
Por otra parte no se debe temer ex
ceso en aquella materia : la hombría
de bien tiene sus limites, y es bastante
para el comun de los hombres llegar
á ellos ; mas la virtud y el honor se
pueden dilatar , y elevarse infinita
mente: siempre podemos extender sus
limites , nunca excederlos.
Es necesario advertir que si el
honor ha perdido por una parte, te
nemos en ciertas materias delicadezas
que no se conocian en el siglo pasado:
vease una prueba.
Quando el Superintendente Fou-
quet dio á Luis XIV. aquella fiesta
tan magnifica en el castillo de Vaux,
extendio su esmero hasta poner en el
quarto de cada cortesano de la comi
tiva del Rey , un bolsillo lleno d&
monedas de oro para que sirviesen en
el juego á los que pudiese faltar dine-'
ro,
SOBRE LAS COSTUMBRES. pl
£O , ó no tener bastante. Ninguno se
dio por ofendido : todos admiraron la
magnificencia de este rasgo. Acaso
procurarian persuadirse que esto era
á nombre del Rey , ó por lo menos
á sus expensas ; . y á la verdad no se
engañaron en esta ultima sospecha.
Sea como fuere , ellos se valieron de
el oro sin hacer mas informes. Mas
si un Ministro de hacienda quisiera
hacer en nuestro tiempo otro tanto,
se ofenderia con razon la delicadeza
de sus huespedes ; y todos se desdeña
rian con altivéz y dignidad. Hasta,
aqui va bien. Pero yo temeria mucho
que algunos de los que reusasen con
mas estrepito el presente del Ministro,
no le pidiesen prestada igual ó mu
cho mayor suma con firmísimo pro
posito de no pagarla nunca. En lo pri
mero puede haber alguna delicadeza;
mas no creo que en lo segundo se
proceda con honor.
El Superintendente de Bullion,ha-
bia ya dado un exemplo de esta es
candalosa magnificencia. Habiendo
„' > he
92 Consideraciones
hecho acuñar en el ano de 1640. los
primeros Luises , que parecieron en
Francia , dispuso dar una comida á
cinco señores de sus cortesanos , á
quienes hizo servir en los postres tres
vandejas ó fuentes llenas de las mone
das nuevamente acuñadas ; diciendo-
íes que tomáran quantas quisiesen.
Todos se arrojaron ansiosamente so
bre la nueva fruta ; llenaron sus faltri
queras, y se marcharon al instante sin
aguardar sus coches ; de suerte que et
Superintendente tuvo mucho que reir
del cuidado que habian tenido de es
capar. El pago de algunas deudas del
estado hubiera dado igualmente curso
á estas primeras monedas : mas este
medio no hubiera sido tan noble en el
concepto de Bullion ni de sus convi-
dados,que no creo deber nombrar por
respeto á sus nietos , que lexos de
agradecer mi discrecion, acaso se rei
rían si nombrára á sus padres.

CA-
[ SOBRE LAS COSTUMBRES. 93

CAPITULO V.
VE LA REPUTACIÓN
:, celebridad , fama , y esti
macion.
JuOS hombres están destinados &
vivir en sociedad ; y además de esto
están precisados á ella , por la nece
sidad que tienen los unos de los otros:
por este respeto se hallan todos cons
tituidos en una dependencia mutua.
Mas no son unicamente las necesida
des materiales las que los unen ; tie
nen una existencia moral que pende,
de su opinion reciproca. . ,
i. Hay pocos hombres tan seguros
y satisfechos de la opinion que tie
nen de sí mismos , que puedan mirar
con indiferencia la que los otros tie
nen de ellos ; y hay algunos mas ator
mentados por la opinion, que por las
necesidades de la vida.
El deseo de ocupar un lugar distin.
guido en el concepto de los hombres,
ha
,^4 Consideraciones *
ha producido la reputacion , la cele
bridad, y lafama , poderosos incenti
vos de la sociedad , que provienen de
\m mismo principio, sin que sus me
dios y efectos sean totalmente los
mismos.
Muchos medios sirven igualmenle
á la reputacion y á la fama , y solo
se diferencian por los grados ; otros
son proprios exclusivamente de la una
ó de la oira. ''--, ':
La reputacion de hombre de bien
es elobjetOd'el comun de los- hombres:
esta se consigue por medio de las vir
tudes sociales, y la práctíca constante
desus obligaciones. Noes á la verdad
extendida ni brillante esta especie de
repuiacion ; pero por lo comun es la
mas conducente para hacer felices.
El ingenio -, talentos , y habilidad
proporcionan la celebridad ; que es el
primer paso para la fama , y solo se
diferencia por su menor extension;
mas sus ventajas son acaso menos rea
les que las de una buena reputacion.
Lo que nos es verdaderamente util
nos
SOBRE LAS COSTUMBRES. 9$
nos cuesta poco; las cosas raras y bri
llantes son las que exigen mas traba
jo , y su posesion ó goze existe solo
en la imaginacion. ,
Dos clases de hombres han nacido
para tener fama. Los primeros son los
que se hacen ilustres por sí mismos,
y estos tienen derecho á ella : los otros,
que son los Principes , están sujetos á
ella : y .estos no pueden evitarla. Se
distingue igualmente en la multitud,
quien es mayor que los demás , y qiiiea
está puesto en lugar mas elevado ; se
reconoce tambien al mismo tiempo si
la superioridad del uno y del otro pro
viene de la persona , ó del lugar ea
que está constituido. Tales son la re^-
lacion y diferencia que hay entre los
hombres grandes y los Principes, que
solo son Principes.
Pero dejando aparte la turba de
estos , sin preferirlos ni excluirlos por
este solo titulo ; consideremos la fama
solo con respecto á los hombres que la
merecen por sus acciones.
Las qiialidades que son unicamen
te
g6 : Consideraciones '
te propias de la fama, se anuncian con
estruendo. Tales son las de los gran
des estadistas , destinados á causar la
gloria , la felicidad , ó ser el azote de
los pueblos , tanto por las armas como
por el gobierno. s
Los grandes talentos , los dones
del ingenio , proporcionan tanta ó ma
yor fama , como las qüalidades de es
tadistas , y propagan por lo comun
su nombre mas lejos por la posteri
dad. *
Algunos de los talentos que dan
fama de estadistas, serian inutiles, y
á veces perniciosos en la vida priva
da. Alguno ha sido un heroe , y si
hubiera nacido en la obscuridad , ha
bría sido un bribon , y en vez de un
triunfo hubiera merecido un cadalso.
En todas clases ha habido hombres
grandes , que si no hubieran llegado
á serlo por defecto de algunas circuns
tancias , jamás hubieran podido ser
otra ninguna cosa , y habrían pasado
por incapaces de todo. . i
La reputacion y la fama pueden
i\ ser
SOBRE LAS COSTUMBRES. pjf
*er muy diferentes, y subsistir á uof
mismo tiempo. .'
ii Un Estadista nada debe desprecia?
en orden 4 . su reputacion ; pero solo>
debe contar con la fama, que es la
única que puede justificarle contra los
"que le desacrediten. Al mundo solo e?
ú quien debe dar cuenta , no á.io?
particulares interesados, ciegos , ó teT
xnerarios.; :¡ -.,..-
No quiere decir esto que no s$
pueda merecer á un mismo tiempo
grande fama , y mala reputacion ; per
tú fundandose principalmente la fag
ina en hechos conocidos ; está por lo
regular mas. bien zanjada que la repu
tacion , cuyos principios pueden sep
dudosos. La fama es muy constante y
uniforme; la reputacion casi nunca lo
CS. , --!'.'.. -..:, ¡ . i
, ; Lo que puede servir de consuelo
ábs hombres grandes en las injustiT
cias que se hacen á su reputacion, no
debe ser motivo para que la sacrifi
quen con ligereza por la fama; pues
ambas sedán reciprocamente mucho
G lu
o8 CoNSlDERAClONEf
lucimiento. Qirando sacrifican su re*
putacion por alguna circunstancia de
su estado que les obliga á ello; es una
desgracia digna de sentirse, y se nece.
eita de todo el valor que puede inspi
rar el amor del bien público. Seria
amar muy generosamente la humana
dad , servirla con desprecio de la re
putacion ; ó seria hacer mucho des
precio de Jos hombres , no hacer caso
alguno de sus juicios. ¿Y les serviria
mos en tal caso ? Quando el sacrificio
de la reputacion por la fama no se
tiace en fuerza de la obligacion * es
una gran locura ; porque realmente se
goza mas de la reputacion que de la
lama.
Con efecto , solo disfrutamos de
la amistad , de la estimacion » del
respeto , y de la consideracion de
aquellos entre quienes vivimos , y de
quienes somos personalmente conoci
dos. Por tanto es de mas ventaja que
* la reputacion sea honrada , que solo
brillante , y extendida. La fama en
muchas ocasiones no es mas que un
ho-
SOBRE LAS COSTUMBRES. .
homenage que se tributa á las , silaba»
de un nombre. ' • '>
Si un hombre famoso se hallara
rodeado de los que sin conocerle per
sonalmente .celebran su nombre á
presencia suya; se complaceria de
verse celebrado ; y si acaso oo cae en
la teníaeion de descubrirse , consiste
estoen que puede hacerlo, y en que su
amor propio puede manejarse libre
mente. Mas si le fuera ¡absolutamente
imposible darse á conocer , acaso se
ria penosa su situacion , por no serle
libre su complacencia , y porque era
lo mismo que si oyera hablar, de otro,
y no de sí. La misma reflexion se
puede hacer sobre la situacion con
traria de otro cuyo nombre fuese des
preciado , y él fuera testigo oculto de
ello: éste no se daria á conocer , y en
medio de su tormento tendria una es
pecie de consuelo , que seria en pro
porcion opuesta á la pena del prime
ro que supusimos precisado á guar
dar silencio.
Si se redugese la celebridad á su
Ga v»i
too Consideraciones '.
Valor efecHvo penderia muchos sequa-
ces. La reputacion mas estendida es
siempre mui limitada: la fama misma
no llega nunca á ser universal. Si se
contáran los hombres numericamente
¿quántos habria á cuyos oidos no ha
ílegado-nunca el nombre de Alexau-
dro ? Este numero excede sio propor
cion alguna al de los que saben que
fue el conquistador del Asia. ¿Quán-?
tas personas ignoraban la existencia
de Kouli-Kam en el tiempo mismo
que trastornaba éste una parte de la
faz de la tierra ? Esta tiene sus lími
tes muy estrechos , y la fama puede
dilatarse siempre sin llegar jamás a
ellos. ¡Qué caracter de flaqueza po
der crecer continuamente sin alcan
zar á un termino limitado! . < ".-
Nos lisonjeamos á lo menos con el
pretexto de que la admiracion de los
hombres instruidos debe equivaler á
la ignorancia de los otros. Pero la
propiedad de la fama es contar , y
multiplicar los votos , no pesarlos.
Por otra parte, ¿ qué Estadista se pro-
cae-
SOBRE LAS COSTUMBRES. 10 1
meterá vida en la historia, quando vo
mos medallas de muchos Reyes , ca
yos nombres no se encueniran en nin
gun historiador ? Sin embargo debia
ser considerable el estado de estos
principes, (i) A juzgar solo por la
hermosura de estas medallas , flore*
cian las artes entre ellos. No pueden
algunas de estas llegar á cierto grado
de perfeccion sin que otras, muchas
estén igualmente cultivadas. Había
sin duda en la corte de estos Reyes»
como en otras , ciertos señoruelos de
mucha importancia haciendo de per
sona , imaginandose ocupar mucho la
fama , y tener algun dia lugar distin-r
guido en la historia ; quando los due
ños á quienes bajamente servían no se
nombran en ella. Los Antiquarios mas
instruidos en la ciencia numismatica
exercitan hoy su sagacidad procuran
do adivinar en qué pais reinaroa
aquellos monarcas. Parece no obstan-
, -- te
' (i) La Rey n^ Phitisiis íos Reyes Mosti»j
Sames , Mecaies , Sañas , Abdissar &c a.
G3
io2 CONSIDERACIONES
te por el asunto , gusto del trabajo,
typos de las medallas , y por las ins
cripciones que son griegas , que no
reinaron en pueblos desconocidos , y
que su época no es de la mas remota
antigüedad. Hay conjeturas deque fue
en Sicilia , en la Esclavonia , y entre
los Partos &c. pero la historia no ha
ce la menor memoria de ellos.
Sin embargo hay muchos- que no
perdonan trabajo , ni pena alguna con
el unico designio de ser conocidos.
Quieren que se hable y trate de ellos,
y admiten mas bien ser infelices que
ignorados. Logra medio consuelo
aquel cuyas desgracias llaman la aten
cion.
Quando el deseo de la celebridad
oo es mas que sentimiento ó afecta,
puede , segun su objeto , ser decente
en él que lo experimenta , y util á la,
sociedad ; mas quando es solo manía,
desde luego es injusto , artificioso , y
villano por las maniobras de que se
yale* El orgullo hace caer en tantas
bajezas como el interés. Esto es lo
que
SOBRE LAS COSTUMBRES. IO3
que produce tantas reputaciones usur
padas , y de tan poca solidéz.
Ninguna cosa nos haria mirar
la reputacion con mas indiferencia que
ver el modo con que en muchas oca
siones se establece , se destruye , se
varia , y quienes son los autores de
estas revoluciones.
No bien se presenta un hombre
en alguna carrera , sea la que fuere,
que como manifieste buenas disposi
ciones , aunque pocas , y i veces nin
gunas , se esmeran todos en servirle,
darlo á conocer , y ensalzarlo : en los
principios siempre es un prodigio.
¿De dónde proviene este empeño?
¿es acaso generosidad , bondad , 6
justicia? Nada de esto : es embidia
uo conocida muchas veces por los
mismos que la tienen. En todas las
Carreras hay siempre hombres supe
riores : los subalternos que no pueden
aspirar á los primeros lugares, procu
ran derribar á los que los tienen , sus
citandoles rivales , 6 competidores. ,
Acaso «e dirá que debe ser indife-r
..-,.,, - G4 rea
104 Consideracion^ ,-,
rente que ocupe quien quiera que sea
los primeros puestos , respecto de las
personas que no pueden llegar á con
seguirlos. Pero hacep discurrir las
pasiones es conocerlas muy mal. Siem
pre tienen motivo ; nunca principios*
La envidia siente y obra , no reflexio
na , ni prevee ; y si consigue su em
presa , desde luego procura destruir
sU misma obra. Se intenta derribar
efectivamente al mismo á quien se
«largó la mano para que diese los
primeros pasos : ni aun se le perdona
que no tenga ya necesidad de so
corro.
Este es el modo de formarse , y
destruirse las reputaciones. A veces se
maniienen ó por la solidéz del merito
que las afirma , ó por el manejo del
que elevado por cabala, ó artificios,
conoce mejor que otro los muelles
que la dan movimiento ó la detienen.
-• Acaece muchas veces que el pú
blico se admira de ciertas reputacio
nes que él mismo ha dado : busca la
causa , y no pudiendo descubrirla,
t 'J, por
SOBRE 1AS COSTUMBRES. IOg
porque no la hay , concibe mas admi
racion y respeto por la fantasma que
él forjó. Estas reputaciones se parece
á las riquezas de foriuna que sin fo
do efectivo valen mas que el credito,
y solo son mas brillantes.
Asi como el público da reputacio
nes .por capricho, las usurpan los par-
ticulares-por maniobras, ó por una es
pecie de desverguenza ; pues ni aun
debemos honrarla con el nombre de
amor propio. Ellos mismos dicen que
tienen muchos meritos : al principio
nos burlamos de sus pretensiones;
pero repiten tantas veces , y con tan
ta satisfaccion sus designios que lle
gan al cabo á engañarnos. No nos
acordamos de quien lo hemos oido,
y por ultimo venimos á creerles: que
esto se repite , y esparce como una
voz que corre en el pueblo en la que
no se profundiza mucho.
:Se forman asimismo compañias
para ayudarse en esta especie de ma
niobras; y esto es lo que llamamos
tóbala,
io<5 CONSIDERACIONES
Se emprende de intento lograr re
putacion , y al cabo se consigue..
Por brillante que sea una reputa
cion de esta clase , no hay en ocasio
nes quien se deje engañar , sino el
mismo que es objeto de ella. Los que
la criaron saben lo que han de creer;
y no obstante algunos llegan por ulti
mo á respetar su propia obra.
Otros movidos del contraste oj
oposicion entre la persona y su repu
tacion , y no hallando motivo que jus
tifique la opinion pública , no se atre
ven á descubrir su propio modo de
pensar. Estos se conforman á la pre
ocupacion por timidéz , por condes
cendencia ó interés ; de suerte que nb
es estraño oir á muchas personas re
petir lo mismo que todas repruebao
interiormente. La mayor parte de los
hombres no se atreven á reprehender,
ni alabar por sí solos , y son tan tími
dos en defender como en impugnan
hay poc os que tengan valor para de
jar de ser partidarios ó cómplices , y
esto no solo e» descubrir su modo de
peo-
SOBRE LAS COSTUMBRES.
pensar, sino en mantenerlo : su desig
nio es confirmarse en él , pero sugi
riendolo á otros ; y no siendo asi , lo
abandonan.
Como quiera que sea las reputa-.
clones usurpadas que producen mas
ilusion tienen siempre un flanco ridi
culo , y éste deberia impedir que nos.
desvaneciesemos con ellas. No obstan
te vemos á veces que se valen de los
mismos manejos para alcanzarlas su-
getos que tendrian prendas bastantes
para pasarse sin ellas.
Quando sirve el merito de basa á
la reputacion es un gran desatino ayu
darse del artificio , porque éste daña
mas á la reputacion que se merece,
que sirve para alcanzar la que se pro
cura. Si el público llega á descubrir
estas maniobras en personas que por
otra parte tienen talentos , (y tarde ó
temprano llega á conocerlo ) se es
candaliza y rebaja la gloria mas bien
adquirida. Esta es una injusticia ; pe
ro no es conveniente darle derecha
para que sea injusto. La envidia , á
x quien
to8 CONSIDERACIONES
quien bastan pretextos , se compía-*
ce en tener motivos; tos adopta coa
calor , y los emplea con destreza. No
perdona al merito , sino quando se h*
engañado por su propia malignidad, y
cree descubrir defectos que son los que
te sirven de pabulo. Se consuela per
suadiendose que rebaja por una parte
lo que se vé precisada á admirar por^
otra : no tiene tanto empeño- ea des-i
truir ,. quanto se complace en ultrajar.
El apoyo mas seguro de la repu
tacion es la indiferencia hasta cierta
punto , respecto del propio merito-: no
debemos intentar abrir los ojos á lo»
que se deslumhran con la luz. La mo
destia sola es el lucimiento unico que
se puede añadir á la gloria.
Si el artificio es medio vergonzo
so para adquirir reputacion ; hay sin
embargo arte, y arte honrada que
proviene de la prudencia y sabiduria;
y no nos debemos desdeñar de practi
carla. Las personas de talento tienen
mas ventajas que las otras , no solo
para lograr gloria , sino para adquirir
X
SOBRE LAS COSTUMBRES. 10$
y merecer reputacion de virtuosos. Una
inteligencia delicada , tan contraria á
ia falsedad como á la imprudencia, un
discernimiento pronto y atinado , noa
dirige á repartir los beneficios coa
eleccion y oportunidad , y que hable
mos , callemos y obremos á su tiem
po. No hay persona que no tenga
ocasiones de executar una accion ho
nesta ó valerosa , y no obstante sin
peligro. El necio la deja pasar por
que no la conoce , y el hombre de ta
lento la advierte y se aprovecha. Sin
embargo la experiencia prueba que
no basta solo el talento, y que se re-r
quiere además un corazon noble pa
ra poner en uso este arte afortuna
da. ;
He visto lances muy lucidos ,; yr
estoy persuadido á que el mismo que
recibio un cúmulo de elogios , cono
cia quán poco le habia costado ga
narlos ; mas no por esto era menos
loable. , .
He visto otros que sin embargo de
tener un corazon benéfico , y exercer
- .. j mu
na Consideraciones
muchos actos virtuosos, no eran ni
con mucho tan estimados como era
debido, por falta de inteligencia y
oportunidad. No causaba su merito
sensacion alguna. Apenas se sospechar
ba que lo tenia. Es cierto que si el me
rito sencillo llega á descubrirse todo
junto por una feliz casualidad, adquie
re explendor con suma prontitud ; se
le alaba con gusto , y se quisiera aún
aumentarlo; la misma envidia le aplau
de sin mudar de cara&er, y saca par-»
tido para humillar á otros.
Si la reputacion se forma y des-»
truye con facilidad , no es de estrañar
que varíe , y sea frecuentemente con
tradictoria en una misma persona. Hay
alguno que tiene reputacion en un lu
gar , y en otro tiene enteramente la
contraria. Otro goza la que menos
merece, y se le niega aquella á que
tiene mas derecho. Vemos exemplos
de esto en todas clases. No puedo
escusar de entrar aqui en algunas
particularidades que harán mas per
ceptibles estos principios por la apli
ca
SOBRE t AS COSTUMBRES. 111
cacíon que voy á hacer.
Se culpa de avaro á un hombre que
desprecia el fausto , y se priva de lo
superfluo por socorrer con lo nece
sario á infelices vergonzantes. Se ala
ba la generosidad de otro que derra
ma con obstentacion lo que roba con
artificio 6 violencia : hace regalos , y
reusa pagar sus deudas : se admira su
magnificencia , siendo asi que el in
feliz es á un mismo tiempo victima
del fausto y de la avaricia.
Se acusa de insolente á un hombre
que no se somete con bajeza á una au
toridad usurpada ó tiránica. Se repre
hende el rebato de otro porque no
contuvo su paciencia hasta la vileza.
Como aquella tiene sus límites , infie
ren muchas veces las personas natu
ralmente pacificas , de que ha obrado
intempestivamente ; quando ya la me
dida estaba colmada. No se puede creer
quánto importa al bien de la paz no
dejarse ultrajar demasiado , á no ser
que consintamos en ser viles.
Al contrario se alaba la dulzura de
un
1 1a CONSIDERACIONES -
un hombre inflexible, terco porgara*
ter, y cortesano por orgullo» . .
Una muger pierde su honor porque
ha contextado en juicio su flaqueza por
el estrepito de su dolor y su verguen
za ; y entre tanto otra se pone á cu?
bierto de todo reparo por los excesos
de su desemboltura : ésta ni a.ún me
rece ser objeto, del desprecio ocultos
Los hombres aborrecen lo.. que no ss
atreverian á castigar ; y solo despre
cian lo que se atreven á reprehende*
altamente. Mas bien determinan sus
acciones á su juicio , que su juicio arr
regla sus acciones, •: t
\ . Si pasarnos de los meros particula
res á los que dejándose ver en un tea
tro mas brillante están en disposicion
de ser mas conocidos ; hallarémos que
no se hace juicio de ellos con mas
equidad. :.„' r.. -i
Se nota de duro á un Ministro por:
que es justo , porque rebate empeños
pagados , y reusa acomodarse á lo que
llaman los cortesanos hacer nego
cio : comercio injurioso al merito , es-
can
SOBRB LAS -COSTUMBRES. .113
candaloso al público /vilipendioso á
la autoridad , dañoso al estado, y poí
nuestra desgracia muy común. .-j
v.... ' Se alaba la bondad de. otro por
que ^e le puede ganar , se1 le
engañar-» y hacerle servir de
mento para cometer injusticias.-. * - .
- -••• íEasa por severo un ÍVineipe poj?»
que -mas quiere • precaver las falca%
que verse obligado á castigarlas; se
ie nota de cruel ; porque reprim^
las tiranías subalternas , que soa las
mas odiosas de todas. Las leyes crue
les contra los opresores r son las mas
benignas para la sociedad ; pero siem
pre el interés particular se hace legis»
lador del orden pública - .. ; • i o^
v Se acusa á Luis XIL , uno de los
mejores Reyes de Francia • , • y . gdx
consecuencia uno de loa mayores- v da
<¡ue • .era - avaro v porque ¡ .-no .aWii»
maba sus pueblos .para enriquecer ya*
íidos 'de . ningim mérito. El valido <te
íin Rey debe serosa pueblo Ajilas Rsi»
no tienen deracho á lo stiper.*
^aado. -los. pueblos, tieotid
H tf
ii4 Consideraciones ;
todo lo necesario. Las faltas que atre>
vidamente le notaron 4 solo pruebas
su bondad. La insolencia llegó á puiir
to de burlarse de él en el teatro. Mas
quiero , ( dixo este Principe r hom>
bre de bien i ) que mi avaricia ¡os /bar
ga reir que no llorar. Añadio : Sm
burlas son prueba de mi bondad ; por
que seguramente no se atreverian 4 4w+
certas en tiempo de ningun otro Prinft*
pe. Tenia-'Tazon. Las murmuracionei
de los cortesanos equivalen muchas
veces á elogios; y sus elogios son
trampas para hacer caer.. . ' i, , ¡ , . ,-.-,'
-¡-: Respecto de las reputaciones de
hombria de bien , causa espanto que
no haya muchas mas establecidas , si
leñemos presente la facilidad con que
algunas veces se usurpa esta califi
cacion. Anies de ahora no se vetan
sino hy pocrkas de la virtud ; el dia de
hoy se encuentran hy pocrkas. del vi*
cio. Habiendo notado" algunos qué
una virtud austera no siempre está
esenta de alguna dureza ; porque el
hombre es menos circunspeáaquando
.¡i U es
SOBRE LAS COSTUMBRES. 11 5
esrira«efpiíeihensible , y menos reservado
tfüando no teme darse á conocer ; st
valen ios tales hypocri tas de su natu
ral ferocidad:, llevandola muchas ve^
ees hasta el exceso por sentar la idea
de la severidad de su virtud. Sus de
clamaciones contra la impudencia , ó
desvergüenza , son perennes pruebas
de Ja suya. ¡Que hay de personas c%á
virtud toda consiste en sola dureza!
El atolondramiento es tambien una
prueba muy equívoca de la franqueza*
y no nos deberiamos fiar sino del ato*
íondfamiento que perjudica á los que
io padecen. >nii:fj s; r
( La dureza y el atolondramiento
son defectos del caractor , que no ex
cluyen absolutamente , ni menos supo-1
faen v Virtud v antes mas bien la cor
rompen, ó echan á perder , quando se
hallan unidas. ¿Quintas veces no obs
tante se engañan los hombres por esta
exterioridad? : ivo,; . ;••. i- u/I
-' Sí asentimos con ligereza á tíeft&tf
*epucaeiones de hombfeia de bien ;tam-
bien injuriamos muchas mas vete* poí
la
la temeridad ., aun .mas vituperable*
por pasion.,, ó por interés. Se abusa de
la desgracia de un hombre para des*
acreditar su probidad. Se levanta la
¡yoz contra la reputacion de otros, pre
cisamente por dar. idea de su propia
yirtud. ,. Ti :. «. ..b
r -A qualquiera que tiene valor de
defender la reputacion de otro , que
cree desacreditada injustamente ; no
Siempre se le concede la gloria de mi-
jarle como nombre engañado; esta
sospecha seria muy ridicula ; se le su
pone, .que •. tiene interés en defender
una proposicion extravagante. Si. se
ha : encañado visiblemente formando
mal juicio, solo padece la sospecha
de excesiva sagacidad; pero si juzga
muy favorablemente , se dice de él
que Hega al extremo de la imbecili
dad. No obstante el error .es el mis
mo, y. el carácter -es muy diferente. ¡
No siempre provienen de maligni
dad estos juicios errados. Los hom
bres cometen muchas veces injusticia*
Rin maldad.,. por ligereza , por pred
io " ¿ ii pi"
SOBRE L'AS COSTUMBRES. fff
pitacion , tonteria , temeridad; ó* im-'
prudencia. i •::;••£.
Las decisiones que se -profiere»
con mas satisfaccion y audacia hacei»
mas impresion. Ahí ¿Biénes «osólos]
que gozan el derecho de proferirías?'
Unas gentes que á fuerza derprovoeai?
el desprecio del público llegan en ftn
á conseguir hacerse respetar ,r y dar la;
ley; gentes que solo tienen opiniones,
pera nunca dictamencs; gentes que- la*
mudan, dejan , y vuelven á tomar, sin
saberlo, ni aun. dudarlo; ó que so» ter
cas sin ser constantes. Sin embargo)
estos son los jueces* de las reputacio-
riés ; estos son aquellos cuyo dietanáení
despreciamos , pero cayo -voto pretea^
áetnasfiy estos losíque coocilián te*®*
timacion sin tener ellos ninguna. • • ' "'
':t>cl^' estimacion es difeíemte iáe.l^
celebridad ; la fama misma; no la da-
siempre; y se puede tener : maque
sprprehenda por su mucho kicimkn-)
estimacion . :es u»
concepto áe-apieei» r m^ícíada cont
í una
una especie de respeto
algunos inspiran á favor de sí mis
mos. Puedese disfrutar igualmente
fntre lofc^inferiores , iguales y su-»
periores -en dase y ; nacimiento» ;Pue*
dese vivmsin estimacion en una cía»
se elevada., con un nacimiento ilustre»
con ,un ingenio superior , ó con
guidos talentos ^ se puede
aun teniendo virtud , si está sola esta^
y desnuda de las demás ventajas. Pue
dese tener con /talentos limitados y
á pesar de la obscuridad del estado y
BacimieotCL , .;.>;r-¡-;-•• .• ^z tm w»
La estimacion no acompaña -nece-.
sanamente á los hombres grandes. El
hombre de merito siempre tiene dereti
cho á ella: éste es el que. adornado de;
todas .las qualidades y ventajas pro-:
pías de su estado , nafas vulnera por
ninguna parte. Finalmente para dar*
idea rhas•• precisa de la estimacioav^
estarse obtiene por la union dd-mrpiDo^
de la decencia , y del respeto á sí mis*s
»o-;; por el notorio 'poder de obligar
éofeader ,y por ej uso discreto; que .se
tníf íí ha»
SOBRE LAS COSTUMBRES. T r<Jf
hace del primero , absteniendose del
segundo. ; '
- El bicho termino nuevo , pero que
tiene exalta sentido , es el opuesto al
hombre de estimacion. Los hay de to
das clases. Bicho es el que no tenien
do el merito propio de su estado , se
abate por sí mismo á envilecerse per»
sonalmente, y falta mas á ser quien es,
que á los demás. Un hombre de ele
vada esfera puede ser bicíx>,y otro de?
bajo estado puede tener estimacion.
Si ésta se adquiere, tambien se usur-,
pa. Vemos ensalzar el merito de algu
nos ; y si Queremos examinar en qué
consiste ., nos admirarémos del vacío
qfc£fiaííaníbi; solo sé encuentra que
todo se reduce á aire , á apariencia»
deíhombre de importancia y suñden*.
da ; no daña un grano de impertinen
cia, y ¿veces basta la planta y conti
nente. Sé dan por respetables, y se les
respeta ; sin esto ni aun se llegaria á
esrimaffós.-; &•••'.
: :Debernos concluir de la analisií:
«píe acabamos deihacer, yódela dis-;
fusion caque- hernps entrado ; *quel£
fama es el precio de los talentos stH
perioresr sostenidos con- -glandes es-
fiíerzos, y ó»yo efecto se propaga poi»
todos Jos .hombres en/general , ó á la
menos por imanacion ; que la reputa-
czon , tiene menos extension que la fa--,
JR25* ya -veces -otros principios ; qui»
]^ reputacion usurpada nunca es segu
ré';- qu¿lamas honrada ea.siempire I».
y <?üe todos pueden aspi-f
-eonsidemcion , ó estimaciott,
estado - -¡ ': -. $ • . ? : ¿
VI. •> v . *na
ff-*íSv !r:ú i-:;;'-: ?.\Í'¿.\¡É &•? ••- L-:.~-'Í
"BE. LO&61LJNDESSENORES.
"Espues de haber. .considerado los
objetos perteaecientes á los hombre»
en:genefal-, liaremos reflexion sobre
alguna^ .clases; á^-.Ja sociedad comea—
Gran señor es una palabra cuya
realidad solo'exhte'en Ja historia. Un
gran señoí era, un hombre, vasallo por-
-w 4-íi «U
SOBfcE-tAS •COSTUMB&5ES. 1*1
su nacimiento , grande por -sí mismo;;
sujefo á las leyes , pero bastante pode
roso' para no obedecerlas', sitio Ubre-*
mente; de lo que resultaba por lo ordfc
eario~un rebelde- contra el Soberano,
tirano de los>dehrás vasallos» 'Na*
-irías hay. No es decir esto quena
^no deba fiaber siempre ,en lax
Híonárqirias .una ¿lase .superionde^va-
aailds que se Hatnaír Señores,;á quie-
aer pon-usor se tributan'.respeto?í, qtre
algunos de ellos los obtendrían per sus

-?--Ek pueblo- ha ¡podido ganar con; clr


abaHfBtento de loe <Señor.es ; éstoy han
perdido mas ; pero seria mas ventajo»:
5O:oai dEatadb que rio-' perdieran :todo,
que ncf! quejo conservafcen todo. :"i rrir
r > Sicéuidasenaosemesíos tiempos de
formar una lista de todas las personas
^.- qjriefies^íSe 'dá.-i ó-.qitíenes sBjatribu-:
y.en-el titulo de Señor , no nos incotno-
dariatn«s -mucho ea. saber por quien
habiawic^de" comenzar^ pero seria im-
pp^ble^déteVnima^
baré Í"£feganamós~ Hasta dónde é.LorSen
se debía aca
. 4§.
me-
•CONSIDERACIONES "
meros ciudadanos, sin
do la menor beta <íe separacion. Tockr
el que va á VersaHes^cree ir á la Cor
te , y ser de ella. (i) ; "•' . . v*.- -.-.'üiirri
, La mayor parte de los que pasan
por:Señores,solo lo son en- el concep
to, y opinion del pueblo que los vé sin
arrimarse á ellos. Tocado de su ex-
plendor extrinseco los admira desde
lejos;, sin echar de ver que nada tiene
que esperar de ellos , y nada tampoco1
que temer. £1 pueblo ignora que para
ser por casualidad señores suyos, es-
taniestos precisados á ser en otra par-
te lo que el mismo pueblo es respec^
to de. ellos» :-M--Z o-:.-' : .'-i: «••j-ui--:/
t /Mas elevados que poderosos , con
un fausto que los-apniina , y^ que e*
casrtrccesario , serven constituidos eü
perenne necesidad dé graciasV!F sin
poder socorrer i :u& hombre de -bien,-

. (i) Estos exemplos son en todas partes


frecuentes. Algunos no tienen mas valor que el ,
que se dan, ni mas introduccion eu la corte que .
1* ue'se'teaaaa.- i-j: .............-_.••• J •••.••*
SOBfcE t AS COSTUMBRES.
aun quando tuviesen voluntad de ha
cerlo. ; Para esto seria necesario que
pusieran límites al lujo , y éste no ád-r>
raite otros que la imposibilidad de ser
mayor : solo se cercena lo necesario,:
para subvenir á lo superfluo. , i
r.: Sé muy bien que hay muchos exem-
plos:que se pueden oponer á mi dicr ,
tamen , en orden al temor que pueden
inspirar los grandes Señores ;• pero el
error que hay en este punto es el que
multiplica los exemplos. Este temor
se desvaneceria , si hiciesemos refle
xion de que los- grandes y los peque
ños tienen un mismo dueño ; que unos
y otros están- sujetos por las mismas
leyes; y que rara vez dejan éstas de
tener efeélo , quando se reclaman con
yigor ; pero este valor no es comun , y .
se necesita mas para destruir una po
tencia imaginaria, que para resistir, á
upa real.-. ,•»>, ¡ ,. •;•'.. ••;••. \ ••
- Los hombres son mas timidos ea
\* imaginacion que en el corazon; y,
los esclavos voluntarios hacen mas tti-
«mas ^ que |ps tiraoos hacen esclavo.?j
'
violentos'- -6 forzados, v a' < : ¡'" " f> r"&
?',' Esto sin dtida "fe* fó que ha hechfr,
distinguirla resolucion y valentía de:
espiritu
muy , de la
ejíácta,■ de corazón
aunque : distincion"
nosiempíe7 esté
bien fija , ó determinada. Me parece,
quería Valentia. '-de espiritu eoásiste
en ver ios'dafios , los peligros, k>s"rta-:
les yxiesgíacias precisamente tales coí-
nio son , y por consiguiente sus reme
dios. Ver4as menores délo que sorf, e»,
falta de luces ; verlas mayores , es fal
ta ?de eoíazon , ó vator : el temor la*
exagera ,*y- por-t3flt»:las aumenta ; et
valor temerario las disfraza , y no
siempre las disminuye^ uno y otro im-
posibíHtáfli, el triurifof ft --,'••,-, y:..**-!
'••• E4 valor de espíritu Supone y exi
ge por lo cómUh ¿1 de corazon t éste'
solo tienfe "¡aso en tos daños materia-
las ; en tos riesgos Ssieós ¿ ó que tie^:
nen relacion con estos. El valor de1
eípiritú viene su aplicacion en las cir-
cunstahcias mas delicadas de la vi-!
da.- Arcada paso se encuentran hotti-1
btes -que afrostían los- riesgos ma> -eviM
*** dea-
deflttfc v ipero,tar#. vez seV, epcuentr«
quien, sin íUgarje abatir por- un. kiforr
tunio sepa hallar medias, para,, lograr
UO exito felifc.:¿Quántqs hprñbres se
han visto tímidos en la corte, ,, que, ea
Ja iguerctíi ^¿¡Lietan unos herpes?. Per*
volviendo á los Grandes v los que soa
depositarios de la autoridad no son
precisamente los que llamamos. Señor
res. Estos se. hallan precisados v á ret-
currir á las personas constituidas en el
ministerio , necesitandolas con mas frer
cuencia que el pueblo , quien,condenar
do á la obscuridad, ni tiene motivos
de pedir , ni pretensiones que esperaíy
v ; No es esto negar que haya Señorea
que tengan crédito ; mas eseos lo de-r
ben precisamente á la estimacion que
se han merecido por sí mismos, á
Iqs seryiqios que han hecho , y á la
necesidad que el estado tiene ó espera
tener deeUos; : ...j ?-} ¡,-
-Mas los Grandes que no son mas
que Grandes , como ni tienen poder,
pi credito^direíto, procuran obtenerlo
KOaaiUficiosL*.astucias.,, y njaniobrss,
►su 1 que
Ti>& CoKSmERAClOKfiST
que son el caracter de la debilidad*
En fin las dignidades merecen solo
respeto; los empleos' son los que daa
el poder. Y hay grandísima distancia
tiel credito del mayor Señor al del me
nor Ministro , y muchas Veces aun al
ídel menor subalternó! ¡ *, ,¡,"- ---' *
í,, Por mas eco que hagan estas tíis*
tinciones parece que los que vivelí ett
lá: corte las sienten mafc que las ven^
su conducta se conforma mas con ellas
que sus ideas ; pues no tienen neeesí-.
dad de mucha reflexion para conoce*
qué personas son á quienes les impor
ta complacer. Respecto del pueblo nd
tiene éste la menor duda en ello ; y
esta es una de las mayores ventajas
que logran los Señores , y por lo tan
to exigen como tributo todos los ser*
vicios que les hace el pueblo con su
mision.
Ni es unicamente temor el qué
hace que duden los inferiores en estre
char á los Grandes á que cumplan SU*
obligaciones, y paguen sus deudas^
sino el no estar bastante seguros del
- , de
SOBRE LAS COSTUMBRES. I V¡
«derecho que tienen. £1 fausto de un
Señor sorprehende aun al mismo infe
liz que lo pagó : se postran con res*
peto delante de su obra , como el es
cultor adoraba temblando el marmol
de que acababa de formar una deidad.
-,,-... Verdad es que si este mismo Grarir
de cae en una adversidad notoria,
pasa el pueblo á ser su mayor perse*
guidor. Su respeto era una adoracion,
mas su desprecio se asemeja á la im
piedad ; apenas se vé derribado el
Ídolo quando lo patea el pueblo. <,.,:¡ X
Estan losGrandes tan encapricha
dos de la estimacion que logran con el
fausto á los ojos de sus mismos iguales,
que nada omiten por mantenerlo. Un
cortesano queda envilecido desde el
mismo instante en que se vé arruinado;
y es esto en tanto extremo que el que
se sostiene por medio de recursos in->
justos es aun mas considerado , que el
que tiene el alma tan noble que hace
consigo mismo una justicia severa.
Mas tambien , desde ,el punto en que
aquel se.vé caido, agoiados yá. los mas
-i - ia
injustos recursos 1 lega al mas alto"grada
de envilecimiento , porque na hay .vií-
cios tan notorios como los que van uni
dos con la desgracia. Yá no se encuea-
tra en él aquel aire noble , que se admi
raba antes. Por esta- causa nada contri.
buye tanto á . encontrarlo en - algunos
pomo creer de antemano que. deben
tenerlo. - • '-'<- ",-- * ,-. ¿.r-. iy j,; ..4
/Aventuraré 1 .este- intento una re*
flexion sobre lo que. llaman noble. Este
termino en.su ,acepcion, general signi?
fka lo que es distinguido ^y elevado^
bre cosas del mismo genero* Asi sé en
tiende tanto en, lo físico ,. como .en
lo moral , quando se. habla del nací*
miento -, de la estatura , del continen^
te, modales, acciones,' procederes , es
filo , lenguage, &c. Deberia pues, to-¡
marse en el misma sentido zLaireno*
ble.; pera me parece que la. aplicacion
ha debido ser .diferente, y no. ha. da*
do en todos tiempos una misma idea. ^
- En la infancia de una nacion era
vepisimilmente el aire noble un extei
rior que:, indicabaie fueuas ; . jt¿ Yalon.
.,i Es-
SOBRE LAS COSTUMBRES. 120
Estas- qualidades daban superioridad
á los que las tenian respecto de Jos de
más hombres. Pero habiendo en las
sociedades yá formadas sucedido los
hijos en las distinciones de sus padres,
y no teniendo mas que hacer sino go
zar el fruto de los trabajos de sus an
tepasados , se abandonaron á una vi
da afeminada. Se debilitaron los cuer
pos y succesivamente las familias no
parecieron las mismas. Sin embar
go , como se continuó en tributar los
mismos respetos á las mismas dig
nidades , los hijos que se veian con~
decorados con ellas , tenian tan di
ferente exterior del de sus padres,
que fue necesario formar una idea muí
opuesta á la del antiguo aire noble,
que era equivalente al de grande. El
de nuestro siglo debe en consecuencia
ser una figura delicada y endeble , ea
especial si se halla condecorada con
distintivos de dignidades , porque es->
tos son los que principalmente dan á
conocer el aire noble. En efeclo no
concederiamos en el dia este nombre
I á
130 Consideraciones ^
á un cuerpo de Atleta : la compara
cion mas favorable que harian los cor
tesanos, seria con la de un granadero,
ó de un gallardo soldado. Pero si en
éstese hallasen reunidas las insignias
de las dignidades con las quatidades
de la naturaleza ; como esta siempre
conserva sus derechos , eclipsaria en
tonces todos los aires nobles modernos,
con el aíre de grandeza , á que aque
llos no pueden aspirar. Es mucha la
distancia que hay del uno at otro.
El verdadero aire noble de una
persona poderosa T constituida en dig
nidad y empleo , es el que indica y
promete bondad , y cumple su pro-
mesa.
CAPITULO VIL
DEL CRÉDITO.
_Li O que acabo de decir sobre los
Grandes , me dá ocasion de examinar
qué cosa es credito , y quál su naiura
leza , sus principios , y efectos.
Credito es el uso de ¿as facultades
de
SOBAS LAS COSTUMBRES* I3Í
de otfo ; y es mas ó menos grande á
proporcion que este uso es mas ó mer
nos fuerte * y mas ó menos comun. El
cíedjto eii el comercio , y en la ha-r
cieiida incluye esta misma idea ; y es
el uso de loi fondos de otroi Él credito
pues < indica cierta especie de inferior
ridad , por lo menos relativamente al
poder de que nos servimos * sea qual
fuere la superioridad que tengamos
por otros respetos*
Asi se habla del credito que tiene
un mero particular respecto de un
Grande , del de un Grande respecto de
un -Ministro* del de un Ministro res
pecto del Soberano; y sin que lo advir
tamos , tenemos idea tan precisa « y
clara del credito , que nadie habria
,que no tuviese por ridiculo al que ha
blase del credito del Rey , á fio sef
que hablase del que tiene en la Euror
pa entre los jotros soberanos * cuya
.reunion forma respecto de él una, es
pecie, de superioridad. , . ;. --..;-.;
..... Un Principe con poder limitado
puede ctffter, mas creditq en la Europa
--.'.,< la <lue
132 " CONSIDERACIONES '
<}ue un Rey por sí mismo muy gran¿
de , y absoluto en sus dominios. El
poder de éste podria ser por sí obstá
culo á este credito. No hay siglo que
no haya dado exemplos de esto , y en
ocasiones se han visto particulares que
bajo este aspecto lo han tenido mayor
'que los soberanos.
Heinsio gran Pensionario de Oían»
da , tenia tanto ó mas credito que los
Principes de su tiempo , durante la
guerra de la sucesion de España. El
abuso que hizo de él , arruino su pa
tria. :): -
No me internaré mas en una enu
meracion agena de mi asunto : no
quiero considerar sino lo que tiene
^conexion con meros particulares.
--•"' El credito pues , es la relacion que
tiene la necesidad con el poder, ya
sea recurriendo á éste para sí , ya sea
para otro ; con la diferencia que obte-
íier uil favor para otro es credito; ob
tenerlo para sí mismo es solo favor.
«'••' rNóres pues el credito por natura
leza lisongero Con exceso, pero puede
-í ser-
SOBRE LAS COSTUMBRES. 1 33
serlo por sus principios y efeélos. Sus
principios son la estima y considera
cion personal de que gozamos , la in
clinacion de que somos objeto , el in
terés que se presenta, 6 el miedo- que
causamos.••,- »; .; . ... . ',.? ... „ <,..../
El credito fundado en la estima
cion es el que mas nos deberia lison-
gear , y bajo este respeto se podría
mirar como una justicia que se tribu
ta al merito» El que se debe á la incli
nacion , que es menos honorifico en
sí mismo , es ordinariamente mas se
guro que el primero. Uno y otro ce-r
¿íen casi .siempre á Desperanza ó al
temor ; quiero decir , al interés ; pues
estos son dos efectos de una sola
causa. En consecuencia quando con
curren diferentes motivos , es facij
juzgar quál *s el que debe prevale*
... , .
Los dos . primero^ OQ son por lo
comun muy poderosos. El credito no
se concede al merito sino de mala ga
na ; esto se asemeja mucho á la justi
cia;/ el amor propio se iisongea maf
I3 quan-
1 34
guando hace' voluntariamente los be*
peficios. Por otra parte la Inclinacion
fiuieve • mefios de lo qae se 'imagina,
á ganar la voluntad de otros t aunque
halle su complacencia eft ello* muchas
veces está subordinada á otros varios
rñotivos y gustos que llevan ventaja?
al de la amistad , aunque no sean tan
honestos;' "-'';—~ '••'"•- «•¿ ' v . v ¿.
~- Por otra parte los hombres cons
tituidos en dignidad tienen pocos ami
gos, y no- se embarazan mucho coa
ellos, La ambicion y los fcegocjos les;
dan que hacer demasiado para que der
jen lugar en su corazon á la amistad}
y-tó que sejt$eííe ¿On ellos/ es parecida
01 cql^Q. Quando parece que se expla^
yan con sus amigos , buscan splo sa
desahogo por medio de la disipacion.
tlegan á ser^omb los niños gachones
que se dejan amar sjn reconocimiento,
y se irritan á la menor contradiccion
que experimenta su voluntad ó fanta
sía. Es preciso confesar tambien que
tienen muchas ocasiones en que cono
cer los hombres , y aprenden á esti-
"••-" i mar-
SOBRE LAS COSTUMBRES. 13$
marlos poco , y á no fiarse de ellos.
Conocen que están cortejados mas por
interés , que buscados por gusto ó por
estimacion , aun quando sean dignos
de ella. Ven los artificios bajos y cul
pables que emplean á su vista los pre
tendientes unos contra otros , y for
man juicio de la impresion que debe
hacer en sus animos el afeclo que leí
muestran. Aunque la adulacion les li-
songee , como si fuese sincera ; no siena*
prese les ocultan los. motivos bajos
que la causan; y tienen experiencia de
la desercion ó desamparo que experi
mentaron sus compañeros en las des
gracias. Se debe pues , perdonar algu
na desconfianza á las personas cons
tituidas en empleo , y su amistad debe
fundarse en pruebas mas claras , y ser
mas circunspecta que la de otros.
Si el merito y amistad tienen tan
poco influxo en el credito, no será
éste sino un tributo pagado al interés,
ó bien un cambio cuya moneda son
y fijan la esperanza y el temor. No
nos negamos á las personas que po
I4 de-
*3^ ' CONSIDERACIONES
demos ganar con gloria, y de cayo
agradecimiento resulta honor al bien
hechor: esta gloria es el interés que
se saca. Mucho menos nos negamos á
aquellos de quienes aguardamos re
compensa ; porque esta esperanza es
un interés mas sensible á la mayor
parte de los hombres ; y casi todo lo
concedemos á aquellos cuyo resenti
miento tememos ; en especial si se
puede ocultar este temor bajo la mas
cara de cumplimiento anticipado. Pero
quando no se puede disimular la causa
verdadera , con facilidad se toma re
solucion. Parece que se lee en el cora-»
¡son de los hombres , que aprobaran
interiormente la conducta que ellos
mismos seguirian, . .
£1 temor que menos se disimula
es el que inspiran ciertos cortesanos,
cuyo estado se desprecia, pero pueden
causarnos daño por .sus intimidades
domesticas , ú otras circunstancias. Se
observa con ellos un porte que da vi
sos de prudencia al temor; y éste es el
motivo. de que. np nos avergqnscemos
•j ; í de
SOBRE LAS COSTUMBRES. 1 37
de tenerlo ; pues parece que no se po
drá envilecer el carncter por las cosas
que dan honor al ingenio. Las solici
taciones , las meras recomendaciones
de esta especie de gentes , tienen mas
fuerza, por lo comun, que las de los Se
ñores mas distinguidos; y siempre mas
que las de los amigos , en especial si
son estos antiguos ; porque los nuevos
logran mas ventajas. Todo se concede
á la mediacion de. aquellos á quienes
queremos ganar ó acabar de atraer; y
nada á la de aquellos de quienes esta
mos ya asegurados. EL privilegio de
un amigo antiguo es precisamente el
de ser desairado con preferencia , jí
obligado á experimentar desaires ; y
se tendrá por muy dichoso si por un
exceso de confianza le damos los mo
tivos. .-;'• r:
Concurren y se cruzan á veces tan
tas circunstancias para hacer las me
nores gracias , que seria dificil ex
plicar cómo y por qué se conceden.
De aqui proviene que se dan sin gene
rosidad , y se reciben sin agradecimien
to;
138 - Consideraciones
to; porque es raro que recaiga el be
neficio en el necesitado , y mucho mas
raro que nos anticipemos á la necesi
dad. Se reusa con aspereza lo necesa
rio , y se concede con facilidad lo su-
perftuo ; se ofrecen favores, y se nie
gan socorros, -' *
En consecuencia el interés , la es
timacion que se espera i y la generosi
dad son los mobiles principales de las
personas de credito. i.v-. . ¡.« ::
Las que emplean el «uyosolo por
interés , no deben pasar por personas
que lo tienen. Estas son unicamente
viles con proteccion , cuya vileza re
cae sobre sus protectotes. Una gracia
pagada envilece á quien la recibe , é
infama á quien la hace... .
Quando nos proponemos por obje
to la estimacion , empleamos por lo
comun el credito para darla á cono
cer , y hacerla famosa. La reputacion
sola de que merecemos estimacion , es
uno de los medios mas ciertos de ase
gurarla, entenderla, y aun proporcio
narla ; en todo caso es premio tan
;. 1¡-
SOBRE I-AS COSTUMBRES. 1 39
Ksongero que muchas personas sacrifi
carían la realidad por la apariencia.
¿A quántos vemos abrumados con em
peños por una falsa reputacion de cre
dito , quienes por conservar la esti-»
macion que sacan de este error ,, se
guardan bien de despedir los impor
tunos desengañandoles? - --,l*
Sin embargo los que solo se pro
ponen , grangeando á otros , tan frivolo
provecho * deben estár persuadidos
( sea qual fuere su credito ) que no sa*
oran servir á tantos quaatos serán Jos
descontentos que bagan, i ?
Ni seria imposible que proponiehr
dose soló por objeto el deseo deobli-
gar á otros, se lograse «na reputacion
muy contraria; puesto que el volumen
6 numero de Jos beneficios no puede
igualar nunca al de las necesidadeso
íSo hay credito que no sea inferior
á la reputacion que procura. Las me
nores pruebas de credito multiplican
las pretensiones y empeños,
Un hombre que ha hecho muchos
beneficios por generosidad , puede es*
tar
140 CoNSTBEB. ACIONES -
far mirado como grosero, y como si no
se le debiesen, por no hallarse en esta
do de hacer todos los que se le piden.
Esta es la razon porque las personas
constituidas en dignidad no podrán
nunca portarse con humanidad exce
siva, para endulzar las denegaciones
que de necesidad hayan de hacer. .
~ Se podría pensar que el agradeci
mienio de las personas á quienes obli
gan con sus beneficios, debe conso
larlos de la injusticia de las que se
ofenden por sus denegaciones precisas;
pero es muy ordinario ver muchos que
piden las gracias con ardor, y frecuen
temente con bajeza , recibirlas como
de justicia , con frialdad , y. procuran
do persuadir que no habian dado el
menor paso, y que se anticiparon á
sus deseos. No es esta conducta por
cierto, efeíto de un reconocimiento de
licado que quiera dejar al bienhechor
la gloria de haber procedido con jus
ticia bien informada. , .
: JNo quiero de ningun modo disgus
tar los bienhechores ; al contrario
w: quie-
SOBRE LAS COSTUMBRES. 141
quiero precaver sus disgustos ', inspi
randoles un modo de pensar desintere
sado y noble , cuyos efectos son siem
pre seguros : este es el de obligar solo
por generosidad T sin pretender mas
que la complacencia de obligar : pre
mio infalible que no le podrá quiiar
la ingratitud de los hombres. Mas si
los bienhechores tienen complacencia
en que les esten agradecidos , destinen
sus beneficios al verdadero merito,
porque solo éste sabe serlo.
<- -..CAPITULO VIII.
DE LAS PERSONAS .
: ' ''. ') á la moda.
J_jA nacion Francesa es la que entre
todas ha experimentado en todos tiem
pos menos alteracion en su caracten
vemos los Franceses de hoy en los de
las cruzadas , y subiendo hasta los
Galos hallarémos aún mucha semejanr
za. Esta nacion ha sido siempre viva*
alegre, generosa , valiente , sincera,
pre
14» Consideraciones
presumida , inconstante , vana , é in
considerada. Sus virtudes proceden
del corazon , sus vicios solo del espí
ritu ; y corrigiendo 4 ó balanceando
sus buenas qualidades con las malas,
concurren casi todas igualmente á que
sea el Frances el mas sociable de to
dos los hombres. Este es su caracter
peculiar T y es muy estimable : rece
lome no obstante de que hayan abu
sado de él de algun tiempo á esta par
te ; porque no contentandose con ser
sociables, han aspirado á ser amables,
y creo que se ha tomado el abuso por
la perfeccion. Esto necesita pruebas,
quiero decir , explicacion.
Las qualidades propias de la so
ciedad son la urbanidad sin falsedad,
la franqueza sin groseria T la anticipa
cion en los obsequios sin bajeza T la
complacencia sin lisonja , los respetos
sin temor T y sobre todo un corazon
propenso a la beneficencia. En estos
terminos el hombre sociable es el ciu
dadano por excelencia.
El hombre, amable , á lo me-
:: ¿ nos
SOBRE LAS COSTUMBRES. 143
nos aquel á quien hoy se le da es
te nombre , mira con mucha indi
ferencia el bien publico ; y ansioso
por agradar en todos los concursos en
que su gusto ó la casualidad le intro
duce, está pronto á sacrificar qualquier
particular. A nadie ama , ni es amado
de nadie ; agrada á todos, y por lo
comun le buscan y desprecian unas
mismas personas.
Por un contraste muy extrava
gante , está siempre ocupado por los
otros , y solo está satisfecho de sí mis
mo: espera unicamente su felicidad
de su opinion , sin atender determina
damente á su estimacion , que en
apariencia supone , ó cuya naturaleza
ignora. El deseo inmoderado de com
placer le obliga á sacrificar la persona
ausente que mas estime á la maligni
dad de aquellos de quienes hace me
nos caso , pero que le escuchan. Tan
frivolo como pernicioso pone casi de
buena fé la maledicencia y la calum
nia en el orden de los entretenimien
tos, sin sospechar que tengan otros
efec-
144 CONSIDERACIONES '
efectos; y lo que hay de bueno , y
mas vergonzoso en las costumbres^
es que algunas veces son exaélos los
juicios que forma. : %r
Las obligaciones particulares del
hombre sociable , ó civil , le unen mas
y mas con el estado y con sus compa
triotas; las del hombre amable ó afre-
dable no hacen mas que apartarle de
sus obligaciones esenciales. El hombre
sociable inspira deseos de vivir con él;
y solo se quiere tratar de paso al hom
bre amable. Tal es en fin en este carac
ter la reunion de vicios , de frioleras,
é inconvenientes , que el hombre ama
ble es por lo comun el menos digno
de ser amado. • -.•
No obstante,el ansia de lograr es
ta reputacion cunde de día en dia á
modo de enfermedad epidemica. Oh!
cómo podemos lisdngearnps con un
titulo que eclipsa la virtud , y hace
perdonar los vicios! Aunque se halle
un hombre tan infamado que aun se
vitupere á las personas que le tratan;
convienen estas en todo; mas pro-
cii-
SOBRE LAS COSTUMBRES.
curando justificarle , solo se defienden
á sí mismos : Todo eso es verdad , res
ponden , pero él es muy amable. Es
preciso que esta razon sea buena , ó
generalmente admitida , pues nadie
la refuta. El hombre mas pernicioso
en nuestras costumbres t es el vicioso
con alegria y gracia : no hay cosa que
no pase , y que no deje de ser odiosa
bajo este aspeólo.
¿Y qué resulta de esto ? Todos
•quieren ser amables , y no procuran
otra cosa : á esto sacrifican sus obli
gaciones, y aun diria su estimacion,
si se perdiera por esto. Uno de los
efectos mas fatales de esta futil ma
nía , es el menosprecio de su clase,
y el desden con que se mira la pro
fesion que se tiene , en la que se
deberia buscar siempre la gloria prin
cipal.
El Magistrado mira el estudio y
til trabajo como cuidados obscuros,
solo convenientes á hombres que no
se hicieron para el mundo. Vé que
los que se aplican al cumplimiento
•:-?. K" "de
146 Consideraciones -
de sus obligaciones , solo por casuali
dad son conocidos de las personas
que de paso los necesitan : de suerte
que es comun encontrar de estos Ma
gistrados amables que en negocios de
importancia son menos juezes que
agentes que recomiendan á sus com
pañeros los intereses de las personas
sus conocidas. :
El militar de cierta clase está per
suadido de que la aplicacion al servi
cio corresponde de derecho á solos los
subalternos. Segun esto no serian los
grados masque distinciones de clases,
y no empleos que exigen funciones de^
terminadas.
El literato que con obras bien tra
bajadas habria podido enseñar á su
siglo , y propagar su nombre á la
posteridad ; abandona sus talentos y
los pierde por no cultivarlos. Hubie
ra merecido que le contáran entre los
hombres ilustres , y queda solo por
hombre de espíritu en la sociedad...
La ambicion misma, pasion ar
diente , y fogosa en todas ocasiones, y
ac-
SOBRÉ LAS COSTUMBRES. IQf
actívá en muchas, no hace fortuna
sino por el manejo y arte de agradar.
No eran antiguamente los principios
de los ambiciosos mas exaclos que lo
son en el dia* ni mas loables sus .mo
tivos , ni su conducla mas innocente;
pero sus trabajos podian ser utiles al
Estado , é inspirar algunas veces emu
lacion á la virtud*
Se dirá sin duda que la sociedad,
por el ansia de hacerse amables los
hombres, ha llegado á ser mas delicio^
sa que nunca : bien puede ser esto;
nías es constante, que quanto ha gana
do aquella, tanto ha perdido el Estado;
y este trueque en nada es ventajoso.
¿Y qué seria si el contagio llegase
á corromper todas las demás profe
siones? Esto se puede temer al consi
derar que ha cundido en un orden úni
camente destinado á la edificacion , en
el que hubieran sido, en tiempos pasa
dos , indecentes por lo menos, las cirr
cunstancias de la amabilidad de nues
tros dias. ,-,,,',, .; ;¡.',-'
Estando éstas fundadas por la mar
., Ka , , yor
148 CONSIDERACJONES
yor parte en cosas frivolas , nos acos
tumbra insensiblemente el aprecio que
de ellas hacemos á la indiferencia en
comparacion de las que deberian inte
resarnos mas. Parece que lo que mira
al bien público no tiene que ver coa
nosotros.
Aunque un gran capitan , ó un
gran politice hayan hecho los mas
importantes servicios ; preguntamos
antes de exponer nuestra estimacion
si son amables , y quáles son sus atrac
tivos ; bien que se pueda dar que no
siempre caiga bien en un hombre
grande tenerlos en grado superior.
Toda qüestion importante , todo
raciocinio seguido , toda opinion ra
cional, están excluidas de estas tertu
lias brillantes, y salen del buen tono.
Poco tiempo ha que se inventó esta
expresion entre nosotros , y ya es tri
vial sin haberla dado mas explicacion:
voy á decir lo que pienso de ella.
£1 buen tono en los que tienen mas
ingenio , consiste en decir agradable
mente futilidades; en precaverse de
. i de
SOBRE LAS COSTUMBRES. 1 49
decir la menor proposicion sensa
ta , si no se suaviza , y escusa con la
gracia de la explicacion ; y en ocul
tar en fin con tanto empeño la razon
quando hay obligacion de manifestar
la , como exigia antiguamente el pu
dor quando se trataba de expresar al
guna idea licenciosa. Se ha hecho tan
necesario este atractivo que dejaria de
agradar la maledicencia misma si ca
reciera de él. No basta dañar , es
preciso sobre todo entretener ; pues
sin esto el discurso mas maligno recae
antes sobre su autor, que sobre la
persona que tiene por objeto.
Este buen tono supuesto , que solo
es un abuso del ingenio , no deja de
pedir muchos requisitos ; por conse
cuencia viene á ser entre los necios
un farrago ininteligible á ellos mismos:
roas como estos forman el mayor nu
mero , ha prevalecido este farrago.
Ésto es lo que llamamos farfulla, cu
mulo molesto de palabras sin sentido,
volubilidad de despropositos que ha
cen reir á los locos , escandalizan á
K3 los
tS6 -' CONSIDERACIONES ,¡'- ¡'
Jos sensatos , alteran á las personas
honradas, ó tímidas, y hacen Ja so
ciedad insoportable,
' Esta perversa especie es en algu-
rías ocasiones menos extravagante;/
entonces es mas perniciosa. Sucede
esto quando se sacrifica alguno , sin
qué él lo sospeche , á Ja malignidad
de una tertulia , haciendole á un mis
mo tiempo instrumento y victima de
las burlas de todos, por medio de* espe
cies que le sugieren , y de confesiones
ingenuas que le sacan»
Los primeros ensayos de esta es
pecie de talento han debido natural
mente salir muy bien \ y como los
inventos nuevos se van siempre per
feccionando i quiero decir , aumen
tando su depravacion quando es vi
cioso su principio • es en el dia la ma
lignidad el alma de ciertas compa
ñias, y ha dejado de ser odiosa aun sin
haber perdido el nombre. -
En nuestro tiempo es la maligni
dad solo moda. Antiguamente no ha
brian podido disculparla las quaüda-
des
SOBRE LAS COSTUMBRES. 151
des mas eminenies; porque nunca pue
den éstas dar tanto á la sociedad co
mo la malignidad puede quitarle; pues
bate sus cimientos , y por lo tanto es,
sino el conjunto , á lo menos el resul
tado de los vicios. En eldiaestá la
malignidad reducida á arte ; goza ve
ces de merito en las personas que no
tienen otro, y muchas veces les dá es
timacion.
Hé aqui de dónde proviene esta
turba de malignilios subalternos y co
piantes^ de estos causticos pesados^n-
tre quienes se hallan algunos tan inno
centes. Su caracter es muy opuesto á
su conducta , y habrian sido hombres
tan de bien si hubieran seguido su co
razon , que algunas veces nos halla
mos tentados de tenerlés compasion:
tanto trabajo les cuesta ser malos. Asi
vemos que algunos de ellos abandonan
su puesto por muy trabajoso; otros
persisten en él lisonjeados y corrom
pidos por los progresos que han he
cho. Los unicos que ganan en esta ex
travagante moda son los que nacidos
K4 con
igi Consideraciones
con depravado corazon , imaginado»
desarreglada , talento falso , limita
do , y sin principios , menospreciado-
res de la virtud ,, é incapaces de re
mordimientos , tienen la complacen-!
cia de verse los heroes de una compa
ñia en que deberían causar horror. .
Es espectáculo muy curioso ver
la subordinacion que reina entre los
que forman esta especie de compar
ñias , ó tertulias. No hay repúbli
ca donde esté mas bien reglada. Se
esmeran por lo ordinario con los fo
rasteros , que por casualidad se diri
gen á ellos ; al modo que antigua
mente se sacrificaban en algunos paí
ses los extrangeros que por desgracia
abordaban á sus costas. Mas quando
les faltan victimas nuevas , comien
za la guerra civil. £1 gefe conserva
su imperio sacrificando alternativa
mente unos subditos á otros. El que es
la vietima del dia , es oprimido inhu
manamente por todos los demás, que
estan muy contentos de apartar de sí
la tempestad. La crueldad es por lo
- ":. co-
SOBRE LAS COSTUMBRES. I j> $
común efeclo del temor: esta es el va
lor de los cobardes. Los subalternos
no obstante se ensayan unos contra
otros ; procuran no dispararse sino
tiros delicados ; y quisieran que fue
sen penetrantes sin ser groseros ; pero
como el ingenio por lo regular no es
tan ligero o fino , quanto sensible el
amor propio ; llegan á decirse tales
ultrages que sola la experiencia de su
inaccion nos asegura para no temer
las consecuencias. Si se pudiera no
obstante imaginar algun temperamen-
to decente entre el caracter descon
fiado, y. el envilecimiento voluntario,
viviriamos con igual gusto , con mas
union , y mas respetos mutuos. «
Hallandose las cosas en el pie que
estan, no tiene derecho el hombre mas
picado á tomar nada seriamente, ni á
responder con dureza. Solo se hacen,
por decirlo asi ,; desafios de ingenio,
y seria preciso confesarse vencido pa
ra recurrir á otras armas : el honor de
nuestros tiempos consiste en la gloria
de ser hombres agudos,
-','.. , Coa
154 CONSIDERACIONES
- Con todo causa admiracion que
mejantes compañías no se desunan por
temor , desprecio , indignacion , ó
enfado. Debemos esperar que á fuer
za de sus excesos tendrán fin , hacien
do ridicula á la malignidad , que es el
unico medio de destruirla. Se ha no
tado que la razon pachorruda es la
unica que los sorprehende ó engaña,
y á veces los desatina.
• Se creeria que el hábito de ofen
der haria á los que lo tienen incapaces
de ingeniarse , y trabajar en los me
dios de adelantar su fortuna. Nada
menos : mas vale (creen) inspirar te^
mor que estimacion. Por .otra parte
estos hombres que , segun dicen , son
tan singulares , tan causticos , tan ma
lignos y tan enemigos de ios hombres;
logran perfectamente susdesignios con
los que necesitan. La reputacion que
se han fabricado da gravísimo jpeso á
los obsequios que anticipan, y se aba
ten con mas facilidad que se cree á
viles adulaciones. El que es objeto de
«lias no duda de que tiene merito
bas-
SOBRE LAS COSTUMBRES.
bastantemente notorio , supuesto que
obliga á personas de tal caracter á
usar con ellos de estilos que les son
tan agenos.
Es preciso convenir en que son ra
ras las sociedades de que hablo; y solo
es mas rara la compañía perfeéta-
mente buena , que acaso es solo una
hermosa quimera , á que nos acerca
mos mas ó menos. Es muy semejan
te á una republica dispersa en que se
hallan mieipbros de todas clases muy
dificiles de reunir en solo un cuerpo.
Sin embargo no hay uno que deje de
reclamar aquel titulo á favor de su
compañía ; esta es una palabra de re
fuerzo , ó alarma. Solo noto que no
hay persona alguna que no crea pue
de tener lugar en orden superior al
suyo , y nunca en clase inferior. Los
primeros Magistrados lo suponen en
h corte como en su proprio orden;
mas no creen lo mismo respecto de
cierta clase de ciudadanos , que suc-
cesivamente tienen tambien sus nu
barradas de orgullo,
Res-
Respecto de las personas de corte,
creen estas firmemente, sin querer
entrar, en composicion alguna en este
punto , que solo entre las gentes de
su clase hay buen trato y sociedad.
Verdad es que con igual talento tie
nen una ventaja sobre el comun de los
hombres; y es la de explicarse con
mejores terminos y frases mas agra
dables. El cortesano necio dice sus
necedades con mas elegancia que el
necio de la ciudad, las suyas. En un
hombre obscuro es prueba de talento^
ó por lo menos de educacion , expli *
c.arse bien. En uno de la corte es ne
cesidad ; no emplea expresiones ma-v
las , porque oo las tiene. Qualquiera
de estos que hablara bajamente me
pareceria tener casi el mismo merito
que un sabio en idiomas estraños. En
efecto todos los talentos penden de
las facultades naturales , y sobre todo
del exercicio que se hace de ellas. El
talento de las voces , ó por decir
mejor 4el de la conversacion , debe
en consecuencia perfeccionarse en la
- cor
SOBTÍÉ LAS COSTUMBRES,
corte mas bien que en ninguna otra
parte , pues estan en ella destina
dos á hablar , y reducidos á no decir
nada. De esta suerte se multiplican
las frases , y se estrechan las ideas.
No hay necesidad , á mi parecer , de
advertir que solo hablo de los corte
sanos ociosos que necesitan de Vcr-
salles , y son inutiles en él.
Resulta de todo lo que he dicho
que qtwnttb los cortesanos de espíritu
ó ingtíffip 'tienen las qualidades del
corazon' I son hombres , cuyo trato
es el mas amable: pero tales compa
ñías son- raras. £1 juego sirve para
aliviar las gentes de mundo del pe
noso trabajo de su existencia ; y los
talentos de que se valen y socorren
algunas veces procurando su diver
sion , prueban quán vacía está su at
raía , y que jamás la llenan. Estos re
medios son inutiles á las personas que
se reunen por gusto, por confianza, y
libertad. •"- ;« -.
Quedarian sin duda muy. sorpre^
hendidas ]a& gentes de mundo si se les
1 I pre-
j S8 Consideraciones
prefirieran muchas veces ciertas tertu
lias de meros ciudadanos , en que se
halla , si no placer delicado, á lo me
nos un gozo pegadizo , y en ocasiones
alguna aspereza. Es no obstante so
brada dicha que no se mezcle en ellas
un medio conocimiento del munido,
que seria una ridiculéz de mas , que
ni aun conocerian los mismos que la
tuvieran. : estos son dichosos-, en no
tener por ridículo sino, .lOní^we se
opone á la razon , ó á las cqgftijnbres.
Respecto de las sociedades ó ter
tulias , hallarémos ,- si queremos pres
cindir de alguna diferencia en las ex
presiones i que las gentes de mundo,
y los ciudadanos opulentos se aseme
jan en el fondo mas de lo que se supo
ne. Se vén en ellos los mismos enredos,
el mismo vacio, y las mismas miserias.
La pequenéz peflde menos de los ob*
jetos que de las personas que los mi
ran. En quanto al trato habitual no
sirven por lo comun las gentes de
mundo , mas ni menos que los me
ros ciudadanos. Estos ni ganan ni
piei>
SOBRE E AS COSTUMBRES. J$g
pierden en instar á aquellas. A ex*
cepcion del vulgo que sola tiene ideas
relativas á sus necesidades „ y ordi
nariamente na las tiene respecto de
ninguno otra objeto ; el resta de los
hombres- es eV mismo en todas partes.
La buena compañia es independiente
del estada , y de la esfera ; y, solo se
halla entre los que piensan, sienten,
y discurren exactamente , y conciben
con honradéz.
CAPITULO IX.
DE LA RIDICULEZ,
singularidad y afee- ,'
tación«
\~Ak ridiculez se parece á las fantas*
mas , que sola existen en la imagina
cion del que las cree. Quanto mas
se usa una palabra abstraéte , es
menos fixa su idea y porque cada
qual la estiende, restringe , ó mu
da , y solo se percibe la diferencia
de los principios por la de las conse-
cuen*
1 6o CoNSTDERAtírOUES
€iiencias y aplicaciones que se hacen*
Si se quisieran definir los terminos
que menos se comprehenden , seria
necesario definir los que nos sirven
mas. .i
La ridiculez consiste en oponerse
á la moda , ó á la opinion , y comun-r-
mente confundimos mucho estas con
la razon ; no obstante lo que es con
tra la razon es necedad ó locura; lo
que es contra la justicia-es un delito.
La ridiculéz en consecuencia no de
beria tener lugar sino en las cosas
consagradas por la moda , é indi
ferentes por sí mismas. ^Los trages,
el lenguaje , los modales , y el con
tinente del cuerpo es lo que está su
jeto á su dominio ; lo demás á que
se estiende es usurpado.
Como la moda es entre nosotros
la razon por excelencia , juzgamos
de las acciones , de las ideas , y de
los dictámenes con respecto á la mo
da. Se califica de ridiculo todo lo
que no es conforme á ella. La regla
de nuestros juicios es : Esto se ba£ev ó
no
SOflRE L AS COSTUMBRES. 161
no se foace : Esto se debe , ó no^e.debé
hacer ; es muy raro el caso en 'que lie*.
gamos á decirlo. A consecuencia -de
este principio la ridiculez estiende su
dominio hasta sobre la virtud ; y este
es el medio que emplea la envidia con
mayor seguridad para obscurecer su
explendor. La ridiculéz es superior á
la calumnia , que se puede destruwirjM»
cayendo sobre su mismo atrtoir.dLaahá*
lignidad astuta no se fia de la defor
midad del vicio ; le concede la honra
de tratarlo como virtud, mas le agre
ga- la- ridiculez para desacredítaalo:
coa -esto lo hace menos odioso f••o
•La ridiculéz ha llegado á ser; el
veneno de la virtud y de los talentos^
y á veces el castigó cíe los vioica. Mas
por desgracia hace mayor impresion
en las almas honradas ,y sensibles que
en las -viciosas ; pues á poco tiempo se
hallan estas aguerridas contra la ridi*
culéz. Entre ellas se da la misma no*
ta^se padece , y se.rie. '. -i "i -.,•>•$
- ' La ridiculéz es el azote de las gen-
.-jií L tes
161 CONSIDERACIONES
tes de mundo ; y es muy puesto en ra
zon que tengan por tirano un ser ima
ginario.
i Sacrificamos la vida por el propio
honor; muchas veces el honor por la
fortuna » y á veces la fortuita por el
temor de la ridiculéz. . „' /
L Na me admiro de que se ponga
algun cuidado en .no exponerse á ser
ridiculo ; pues se considera esto- de
tanta importancia entre las personas
con quienes hemos de vivir. Mas. no
se debe escusar et recelo estremado
coa que proceden los hombres de ra
zón en esta materia. £1 excesivo
miedo ha dado motivo á que cundan
enjambres de calificadorcillos de ri
diculeces, que deciden de las que son
mas corrientes , á semejanza de los
tratantes de modas , que ñxan las que
deben correr. Si no se hubieran alzado
con et oficio de distribuir ridiculeces,
estarian abrumados con esta nota;
se parecen á los delincuentes que su
fren el tormento por salvar su vida.
La mayor necedad de estos entes
SOBRE tAS COSTUMBRES. JÓg
frivolos , y de la que dudan menos , es
imaginarse que su imperio es uni
versal :•• si supieran .quán limitado es,
]o .dejarían de verguenza. ESl :vjílgo
DO conoce , ni aun $u. nombre * y éste
es todo loque saben de ellos lp$ ciuda
danos. Los que están ocupados , en
tre las gentes de mundo , solo por dis
traccion- paran la consideracion en este
pueblo incomodo y ruin : los mis
mos qu£ han sido de él 1 y que por
la razon ó por la edad se han se
parado ; se acuerdan con sentimiento
.de haber estado en él; y los hombres
ilustres no lo» distinguirian por su
mucha elevacion , si algunas veces
no se dignaran tomarlos por diver
sion 6 entretenimiento. ,;
'Aunque el imperio de la ridícu-
Jéz - no esté tan estendido como st>-
.ponen los que lo exercen ; lo está
demasiado entre las, gentes de mun
do ; y es de admirar que un ca-
racter tan ligero como es el nues
tro , se haya sujetado á una ser
vidumbre , cuyo primer efecto es
La ha
164 COKSIEERACIONES"
hacer el trato uniforme , lánguido y
enfadoso. .
El temor pueril de la ridiculez
sofoca las ideas v estrecha los espí
ritus i los forma5 por un solo modelo,
y sugiere los mismos designios , que
son de poca importancia por su na
turaleza , y fastidiosos por su repe
ticion. Parece que- solo un ! muelle
es el que imprime en varias maqui
nas un movimiento igual , y con la
misma direcciohf Solo los tontos
pueden , segun creo , ganar en este
juego que abate; tos primeros hom
bres hasta igualarlos con elktf; pues
en este caso están todos sujetos á
tina medida cofnun á que pueden
llegar los mas limitados;
Él talento es casi igual quando
lo restringimos á un tono, y este -tono
es necesario á los que serian inuti
les sin él: es parecido á las libreas
que se dan á los criados , porque
no tendrian medios de vestirse.
' Con este tono de moda se puede
ser impunemente tonto i y pasará
por
SOBRE LAS COSTUMBRES. l6$
por tal un hombre de gran talento que
no participe de él : no hay cosa que
menos se. distinga de la tonteria , que
la ignorancia de los cumplimientos,
y futiles prácticas que están en uso.
¿ Quintas veces nos vemos abochor
nados en la corte por haber presen
tado con satisfaccion en ella un
hombre que habiamos admirado en
otra parte , y dadole antes á. cono
cer de buena , peco imprudente fé?
A la verdad , no nos habiamos en
gañado ; pero habiamos formado
juicio de él por sola la razon ; des
pues . lo comparamos con la moda.
Ni basta para libertarse de, la ri
diculéz no exponerse á ella ; atribu
yese tambien á los que menos la me
recen , y muchas veces 4 personas
las mas respetables , si son éstas tan
tímidas que la admitan. Las personas
despreciables , pepo osadas , y que
e^tan cortadas por las costumbres rei
nantes , la rebaten , y aniquilan mas
bien que las ^ternas. , : ,
Como la ridiculéz , que en mu-
..... L3 chas
%66 -' Consideraciones-'*
chas ocasiones no se sabe át cierfd
que lo sea , existe solo en la opinion?
depende en parte de la disposicion
de la persona i quien se quiere atri
buir ; y en este paso es necesarid
tragarla. Se desvanece no comba*
ttendolá con fuerza , sino admitien-4
dola con desprecio é indiferencia;
y áveces con agradecimiento, Estas
son las' flechas de los Mexicanos^
que penetraban el hierro, y amor
tiguaban su fuerza en los acolcha*
dos de algodon 6 -lana, ? v:..i: ' j.
Quando mas razon hay para
que alguno pase por ridiculo T aus
se halla arte de frustrarlo y ,desvane»
cerlp : y es el de llevar mas adelante,
y exagerar lo que ha dado motivo, Es
humillar al contrario desdeñarse de
los golpes que quiere descargar;
Por otra parte el atrevimiento-dé
provocar la ridiculez preocupa á kjs
hombres;' y como la mayor parte nó
es capáz de estimar las cosas precisa
mente en lo que merecen ; se detiene
su menosprecio donde comienza síi ad-
• - í>J mi
SOBRE LAS COSTUMBRES. 1 67
miracion ; y lo singular es comun
mente su objeto. ',
¿Qué extravagancia es , que de.
gradada una misma cosa hasta cierto
punto haga á un hombre ridiculo , y
adelantada con exceso coneilie cierta
especie de explendor? Porque este es
el efecto de la singularidad notoria,
sea loable ó reprehensible el principio
de que nace. ;
No puede esto provenir de otra
causa sino del disgusto que nos dá la
uniformidad de caracter que encon
tramos en la sociedad. Estamos tan
fastidiados de hallar las mismas ideas,
las mismas opiniones , las mismas mo
dales , y de oir las mismas proposi4-
ciones , qiíe se concibe infinito agra
decimiento al que nos suspende >, 6
interrumpe esta situacion aletargada.
La singularidad no ' es precisa
mente caracter ; es solo un modo
de existir que se hermana con quaV.-
quier caracter , y consiste en estar tan
metido en sí que no se eche de ver
que se difiere de todos los demás;
L4 por
i6# . Consideraciones t
porque, si se advierte se desvanece
la singularidad. Esta es un enigma,
que deja de serlo inmediatamente que
se. eniiende la palabra, Quando al
guno advierte que difiere de los otros,
y que esta diferencia no dá merito;
no puede subsistir en ella sino por
afectacion; y en este caso es pequenez,
ú orgullo que viene á ser lo mismo,
y desagrada ; en lugar de que la sin
gularidad que es natural e dá cierto
grado de sazon» cierto sabor á la
sociedad que aviva su languidez., ..
Los tontos que conocen muchas
veces lo que. no tienen , y se imaginan
que esto es solo por falia de no haber
dado en ello , viendo el aprecio de
Ja singularidad , se hacen singulares
¡ó raros ; y bien se vé lo que debe
.producir esta,resolucion extravagante.
rJSn lugar, de limitarse á ser nada
(cosa que tan- exactamente les conr
viene) quieren-á toda costa ser algo,
.y logran ser insoportabl§s, habiendo
notado , ó por mejor decir , habiendo
oido , que los grandes talentos, re?
-, i i : co-
SOBRE LAS COSTUMBRES. 1 69
conocidos como tales , no siempre
están esentos de un grano de locu
ra , procuran inventar locuras , y no
hacen mas que tonterias. : : . ,'.. »
La singularidad falsa no es mas
que privacion.de caracter , y consis
te no precisamente en evitar ser lo
que los otros son , sino en procurar
Únicamente ser lo que no son.
Hay tertulias donde los caractéres
estan repartidos como, se distribuyen
los papeles en las comedias ; el uno
hace del filósofo , este del gracioso;
y aquel de buen humor. Alguno se
hace caustico que antes tenia propen
sion á ser condescendiente ; pero
halló que otro habia yá tomado este
papel. Quando alguno es nada , tiene
eleccion para ser todo. \ ^
No es de estrañar que estos disla
tes tengan lugar en la cabeza de u^
tonto ; pero causa espanto encontrar^
los en personas de talento. Se nota esr
to en aquellos que habiendo nacido
con mas vanidad que orgullo, creen
dar brillantez á sus defectos por la
sin-
170 Consideraciones
singularidad , subiendolos de punto;
debiendo mas bien aplicarse á cor
regirlos. Estos hacen el papel que les
foca : estudian entonces la naturaleza
para apartarse de ella mas y mas , y
formarse otra peculiar : nada quieren
hacer, nada decir que no se aparte
de la ¡sencilléz ó naturalidad ; y acae
ce por desgracia ., que quando bus^
can lo extraordinario solo encuentran
con simplezas. Aun las mismas perso
nas ingeniosas , nunca tienen menos
ingenio que quando hacen alarde dé
tenerlo.
Se deberia tener presente que
quando se busca lo natural , jamás se
encuentra ; que el esfuerzo lleva al
exceso , y que el exceso descubre
la falsedad de caracter. :'^
Quiere alguno parecer duro , y pa
sa á Feroz ; hacer del vivo , y solo es
petulante y tronera; la bondad apar
rente degenera en urbanidad artificio1-
sa, y se descubre en fin por 3a acrimo
nia del genio. La sinceridad falsa ofen
de siempre; y quando se pudiese imitar
por
SOBRE L AS COSTUMBRES.
por algun tiempo , ( porque solo con
siste en aélos transeuntes ) jamás lle
gará á ser franqueza , que es su prin*
cipio y al mismo tiempo continuacion
de caracter. Aquella es como la hom
bria de bien que no se demuestra con
muchos actos conformes,' y se destru
ye con solo uno contrario.
En fin toda afeétacion acaba por
darse á conocer , y entonces cae el
afectado mas abajo de lo que realmen
te merece. Alguno pasa despues por
tonto , quizá por haber pasado antes
por hombre de gran talento. No se
vengan los hombres á medias de los
que los han engañado.
Seamos pues lo que somos : no aña¿
damos nada á nuestro caracter ; pro
curemos solamente separar lo que pue
de ser incómodo á los demás , y da
ñoso á nosotros mismos. Tengamos
valor de sacudir el yugo de la moda
sin pasar los límites de la razón.

. t
CA
I^a • , Consideraciones

!-..'. CAPITULO X.
DE LAS GENTES
i: de Fortuna,

E [ Ay ahora dos clases de personas,


que tienen mas relacion con la socie
dad , y sobre todo con las gentes de
mundo , que la que tenian antes. Es
tas son los literatos y gentes de for
tuna. No debe esto entenderse sino de
los mas disiinguidos entre ellos , los
unos por su reputacion ó atractivos
personales ; y las otras por su opulen
cia y fausto : porque en todos los es
tados hay principales , orden medio,
y pueblo.
No há mucho tiempo que los em
pleados en rentas reales solo mira
ban las personas de alta esfera como
protectores , y en el dia son sus com
petidores. La mayor parte de las for
tunas de los empleados en el ultimo
siglo , no eran tan decentes que resul
tase gloria de ellas ; despues acá se
* í -\ han
SOBRE LAS COSTUMBRES. 1 73
han ido haciendo mas considerables*
Las primeras ganancias hacían nacer
la avaricia', la avaricia aumeniaba Ja
codicia , y estas pasiones-son enemiga*
del fausto. Un hábito economico ja
más se relaja , y basta por sí solo , sia
genio ni fortuna particular , para sa
car inmensas riquezas de una fortu
na mediana , y de un trabajo conti
nuado. -^ -«' -,,,-,
Si habia entonces gentes de nego?
tíos bastante sensatas para querer go*
t2lt de ellas; tambien lo erad para que
rer limitarse á las comodidades, pion
eeres y demás ventajas de una optí^
lencia obscura. Evitaban el explendor*,
que no podia menos de excitar la-eii*
vidia de los grandes , y el odio de loi
pequeños. Pasariamos ," piar -modestos si
nos contentáramos con solo lo que
realmente dá placer. ?r,"'T -
- - Las personas á quienes solo sirven
-las riquezas para fomentarles el orgu
llo , ( pues no tienen Otra cosa de que
gloriarse) han querido siempre hacer
alarde de ellas ; y tan embriagados de
'--V go*
174 Consideraciones
gozarlas , que no se avergonzaban
de los medios con que las adquirie
ron ; llegó su fausto á la cima de la
locura, del mal gusto y de la indecen
cia. ,.-.;.):...,.. ...... ,u í:J ./:♦.-:,:' '-:»>
e:i Esta ostentacion de opulencia es
por lo comun mania mas propia de es
tos hombres .nuevos r que. por un gok
pe. de fortuna se ven ^repentinamente
ricos , que de los que llegaron á serte
por grados. : Es cosa muy estxaña que
íps hombres se desvanezcan: mas poe
su fortuna , que no por -sus trabajos.
Los que todo lo deben á su industria*
saben muy bien quántas faltas evita
ron , cometieron y repararon ; la go
zan con precaucion, porque no pueden
ponderar , bastantemente sus princi
pios ; en lugar de que los que se en»
^uentrande u/i golpe entes tan díverr
sos de sí mismos , se consideran como
objetos dignos, de la atencion par
ticular de la- fortuna. No saben á
qué atribuirlo , y esta: obscuridad de
causas la interpretan siempre á su fa
vor. ... . ,.;,,.. ; ;.:.. .;. . , .3-
-.m Ta-
SOBRE LAS COSTUMBRES. 17$
».•• "Tales son las fortunas q\ie pode
mos llamar ridiculas , y que antigua
mente aun lo fueron masque ahora,
por el contraste que hacia la persona
y su fausto incoherente v ó fuera de
Jugar.
En lo demás ¡afortuna de las ren
tas solo era entonces una loteria; aho
ra se ha hecho un arte, ó á lo me-
nos un juego mezclado de azar , y de
destreza, •. -
ZL;: Pretenden los empleados en el ra-
mp de hacienda que su administra
ción es una hermosa maquina* No du
do que tiene muchos exes cuya muí-»
titud encubre sus movimientos al pú
blico; mas todavía está muy lejos de
ser ciencia. Es preciso que haya sido
en todos tiempos un enigma .; puesto
que. los historiadores nada hablan de
esta parte del gobierno tan importan
te en todos los Estados. No seria muy
dificultoso averiguar la razon; pera
no quiero apartarme demasiado de mi
asunto.
Sea lo que fuere de esto ; stftl ra
mo
CONSIDERACIONES
mo de hacienda se llegare á rectificar
en algun tiempo , ¿ por= qué razon ha
bía de ser menospreciable ? (i) El Es
tado debe tener rentas ; es preciso que
que haya ciudadanos encargados de la
cobranza de ellas , y que éstos saquea
ventajas ,! con tal que sean limitadas,
como las de otras profesiones , siguien
do la graduacion del trabajo, y de la
utilidad : sin esto serán escandalosas.
No debemos levantar la voz sino
contra la vejacion 6 insolencia de los
que abusan de sus empleos ; y castigar
los con estrepito y severidad. Es cons
tante que . en todas condiciones , por
elevadas que sean , se deberian sacri
ficar á la venganza pública los que ha*
cen odiosa la autoridad ¿abusando de
ella , y quienes causando la infelicidad
de los hombres por sus excesos , los
pervierten con sus malos exemplos.
- - • .: - ••'• • ' Es
*• """^i , ~ ~
(i) De estas , y otras proposiciones del
^ ">
tutor consta que se miran en Francia los En
cargados de rentas con menos estimacion que
en bspafia. En todas partes hay preocupaciones.
SOBRE LAS COSTUMBRES. 1 77 '
-' Esnécesario convenir en que los
empleados en la hacienda deben atri
buir el descredito eri: que se hallan , no
tanto á sus vejaciones como á la inso
lencia de algunos de su gremio. ¿Cree
remos que esto depende de las injus
ticias que se habrán hecho á gentes
obscuras , cuyas quejas se sofocan , se
ignoran sus desgracias , y quienes no
lograrán la proteccion de los que de
claman vagamente contra las injusti
cias , aun quando aquellas lleguen á
ser conocidas? Nada menos. Ni la
generosidad , ni la justicia son las que
prorrumpen en las declamaciones que
'se hacen contra los empleados en rend
ías ^ por mas que las dos tengan de
recho y ocasiones: la envidia sola es la
que persigue su fausto.
Ésto es lo que deberia inspirar una
modestia razonable á las personas ri.»
cas que no nacieron para serlo. No
conocen bastantemente quánta necesi
dad tienen de valerse de arte los que
podrian haber merecido su fortunaba1
ra lograr que les perdonen la que tienen.
M Es
1^8 COHSIDERACIONES
Es desgracia que los hombres quie
ran hacer pública obstentacion de su
felicidad. No obstante deberian cono*
cer que la felicidad difiere mucho de
la gloria, cuya publicidad forma y au
menta su existencia. Bastante humi
llados están yá los desgraciados con
solo el resplandor de la prosperidad
de otros. ¿Será permitido ultrajarles
con la ostentacion que se hace de ella?
Es una imprudencia quanda menos,,
fortificar una preocupacion, que qui
zás es muy legitima» contra los cauda
les inmensos, y acelerados. Las aguas
que crecen subitamente son siempre
turbias 6 cenagosas; las que nacen de
un manantial puro conservan su lim
pieza. Las inundaciones pueden fecun
dar las tierras que cubrieron ; pero
esto es despues de haber consumido el
jugo de las que destruyeron r los arro
yos fertilizan las que riegan. Tal es la
imagen doble de las riquezas rápidas
y de las riquezas legitimas ; éstas sor»
casi siempre limitadas.
No me espanto de que el pueblo
, mi-
SOBRE LAS COSTUMBRES. 179
mire con horror y aborrecimiento , y
murmure de las riquezas á que él mis
mo subministra la substancia sin en
trar jamás á participar de ellas. Pero
las personas de calidad deben mirar
las como bienes que se les han subs
tituido y destinado para reemplazar
su patrimonio que disiparon , por lo
comun , sin utilidad del Estado. Po
cos de estos caudales nuevos- dexan de
caer en algunas casas distinguidas. Un
hombre de calidad vende el apellida
que no procuró ilustrar ; y á no me
diar el comercio establecido entre el
orgullo y la necesidad ; la mayor par
te de las casas nobles caerian en mi
seria i y por consiguiente en la obs
curidad : estos exemplos no son raros
en las provincias. Los casamientos des
iguales han comenzado por los hom
bres , quienes siempre conservan su
apellido ; los de las señoras de distin
cion son mas modernos , pero van to
mando auge. La corte , y los de ren
tas llevan frecuentemente unos mis
mos lutos. Si solo se enlazaran los ri-
Ma eos
i So Consideraciones
eos entre sí, llegarian precisamente con
solo el poder de las riquezas, á obte
ner las mismas dignidades que man
tienen en las familias estrañas. Acaso
llegará el dia en que caigan en este
secreto ; si no es que los de la corte
dén en entrar por sí mismos en las ne
gociaciones de rentas. Los primeros
que choquen con las preocupaciones
podrán por el pronto tener algunos es
crupulos ; pero en caso de tenerlos , se
consolarán con algunas chanzas , y los
disiparán con las muchas riquezas.
Acaso no está muy lejos esta revolu
cion. ¿Qué no se ven ya muchos hom
bres tan viles , que abandonan respe
tables profesiones , y abrazan , degra
dandose á sí mismos , la carrera de las
rentas? En lugar de esto los emplea
dos antiguamente en la hacienda , ó
sus hijos , no aspiraban sino á salir de
su estado , y á distinguirse por las pro
fesiones que hoy se abandonan por se
guir la suya.
Sin embargo , las personas de ca
lidad han perdido el derecho de des
pie.
SOBRE LAS COSTUMBRES. 181
preciar á los de rentas, pues hay pocas
que dejen de tener parentesco con los
que las manejan. -, , ¡ --
Antiguamente era una especie de
bondad no humillar los empleados en
el ramo de hacienda. En el dia , en
que son aptos para todo , seria injus
ticia y necedad el desprecio que hi
cieran de ellos las personas distingui
das. Hay algunos que no testan empa^
rentados con las personas de fortuna,
porque éstas no han hecho mucho ca
so de buscarlos. . ,
No todos quantos hacen vanidad
de su nacimiento son siempre dignos
de emparentar; ni es de todos poner
en venta su apellido. Si la altivéz de
las personas de calidad respecto de
las de rentas , no se reprime por los;
motivos de decoro , se contiene á lo
menos por los del interés.
Las pullas contra los empleados en
rentas , quando están ausentes , mas
descubren envidia contra su opulenr-
cía , que desprecio de sus personas,
pues les rinden prodigamente facha á
1 82 CoKSlbERACIÓNES
facha respetos y elogios , y se les gana
con obsequio^ anticipados, Las perso
nas de calidad se lisopgean de que pue-
íde mirarse ésta conduela como indi
cio de una superioridad tan indisputa
ble, que puede humanizarse sin peli
gro ; pero nadie se engaña en los ver
daderos motivos, A veces se permiten
á si mismos contra los empleados en
rentas , cortos accesos de mal genio,
pero con moderacion ; y son tanto mas
lisongeros al inferior , qüanto se ase
meja á un proceder ingenuo de igual
dad, Los que hacen este papel quisie^
ran que los espectadores desinteresa
dos lo tomasen por altivéz ; pero no
hay medio ; porque si les parece que
este manejo produce un efecto opues
to al que esperaban ; los vemos huma
nizarse por grados, y bajar hasta la im
pertinencia por contener á un hombre
pronto á enfurecerse. Entonces salen
del lance por medio de una chanza,
que es un grande efugio para encubrir
muchas bajezas.
Si las personas ricas llegan en fin
á
SOBRE LAS COSTUMBRES. 183
á creerse superiores á los demás , ¿tan
grande es la injusticia que cometen?
Por ventura ¿no se tienen con ellos las
mismas miras, quiero decir , ios mis
mos respetos , que con los ,que ocupan
empleos, á quienes se les tributan por
obligacion í Los ¡hombres no pueden
juzgar sino por el exterior. ¿Caen pues
ridiculamente en el engaño , porque
los que les engañan son pérfidos con
maña y con bajeza?
Hay pocos ¡ricos que en algunos
momentos no se sientan humillados
por ser solo ricos , ó por ser mirados
solo como tales.
Esta reflexion les mortifica , y les
mueveádesquitarse. En esta situacion,,
por distraerse y engañar á los demás,
y á sí mismos , ceden á los rebatos de
una irritacion imperiosa, que no siem
pre les sale bien. A la verdad el or
gullo de los ricos en nada se asemeja
al de los nobles. El de éstos tiene al-'
go de libertad , y de naturalidad , y
parece que exige el respeto de dere
cho. El otro muestra una especie de
M4 gro
184 Consideraciones.? .-.,
groseria escandalosa , que dá á entetv.
der que es un. orgullo usurpado. A ve-
ees nos proponemos comparar el in
solenie con la insolencia, y padecien
donos que el uno^no ha nacido para la
otra „ lo ponemos en orden ,, y lo re
frenamos. He visto algunos jexemplos.
Tambien he encontrado personas de
fortuna , dignas de sus riquezas por
el, buen uso que hacian de ellas. Tus,
beneficencia" les dá una superioridad
efectiva respeto de aquellos á quienes
sirven con eJJas^.jLos verdaderos infe
riores son los que reciben; y á esto se
junta la humillacion quando los benefi
cios son pecuniarios. Esto es lo que
justamente nácelos pordioseros infe-r
riqresá los, esclavos : éstos solo están
humillados, aquellos envilecidos. En
consecuencia rlos que hacen la corte
á los empleados en rentas son almas
bajas ; mas bajas si reciben de ellos;
y;,si les corresponden con ingratitud,
yá.no hay nombre que picanee á su
baxeza , que se aumenia á propor
ción del nacimiento , y de■. la eleva?
-o-A ," , v. cion
SOBRE LAS COSTUMBRES. 18g
cion de los ingratos.
¿Qué razon hay para espantarnos
de la consicie.ra.cion en que tenemos
Ja? • riquezas ? Es constante que no
sotí merito..-real ; pero son medio de lo-
gjiar toda.s las comodidades , todos los
placeres, ,yc Aveces el merito mismo.
Todo lo que contribuye , ó se cree
que contribuye á la felicidad , mere
cerá el cariño de los hombres. Es di
ficultoso ;uo identificar los ricos y las
riquezas. ¿Por ventura -las decoracio
nes exteriores no causan la misma
ilusion que las verdaderas?
Si se quiere despojar al hombre
por medio de un examen filosofico de
todo el resplandor que no le corres
ponde , tiene derecho la razon para
hacerlo ; pero veo que la indignacion
lo hace en efeéio , mas que la filoso-
fia. ¿.i./ i-:
o . Por otra parte , ¿ qué razon hay
para que no estimemos todo lo que
es representativo de quanto se tiene
en consideración ? Esto es lo que pre
cisamente son las riquezas entre noso
tros;
1 86 Consideraciones '•" "
tros ; no hay mas diferencia que "¿9
Ja causa al efe&o. La unica cosa
respetable que no pueden dar las f#*
quezas es la nobleza de nacimientoj
pero si éste no se sobstiene con em
pleos , dignidades 6 poder,; si en fitt
el nacimiento queda solo ., se eclip^í
sa ciertamente por Iodo lo que el
oro puede proporcionara ¿Queremos
gozar el derecho de despreciar lo*
jicos ? comenzemos por despreciar
las riquezas : mudemos nuestras cos
tumbres.
Ha habido lugares , y tiempos en
que el oro fue despreciado , y hon
rado solo el merito. Esparta y Roma
en sus principios nos subministran
exemplos. Mas por poca ¡reflexion
que hagamos sobre la constitucion, y
espiritu de estas republicas , echáre
mos de ver , que no se debia hacer
en ellas ningun caso del oro , pues no
tenia representacion alguna. No se
conocia Ja comodidad ; las necesi
dades verdaderas no dan idea de Jas
que nosotros conocemos. Todavia no
se
SOBRE tAS COSTUMBRES. 1 87
Se había aplicado la imaginacion á
refinar los deleytes ; bastaban los de
la naturaleza ; y los mayores no son
caros: daba verguenza el luxo, y por
lo tanto era inutil , y despreciado el
oro. Este desprecio era á un mismo
tiempo el principio y el efecto de la
moderacion y de la austeridad. La vi
da mas penosa dexa de afligir los
hombres desde el momento en que
les da gloria : y en las almas gran-
(des no son siempre los mayores sa
crificios tan crueles como se figuraa
las almas vulgares. Un cierto concep
to de elacion y de estima de sí mis
mo- eleva al alma , y la hace capaz
de todo. El orgullo es el primer tira
no , ó el primer consolador.
Tal fue Lacedemonia , tal fue Ro
ma en su cuna : pero desde el punto
en que el vicio y los deleites se intro-
duxeron en ellas , todo , aun las cosas
que debieran ser el premio de la vir
tud , todo digo , llegó á ser venal;
y en consecuencia se buscó el oro en
ellas , fue necesario , fue estima
do
1 88 Consideraciones
do y honrado. Este es precisamente
el estado en que nos hallamos por nues
tros conocimientos , nuestros gustos,
nuestras nuevas necesidades, nuestros
deleites , y las comodidades que pro
curamos. Si se hicieran revivir las an
tiguas costumbres de Roma y de
Esparta , quizás no seriamos mas ni
menos felices ; pero el oro seria inutil.
Los hombres tienen sola una pro
pension decidida ; esta es su interés:
si ésie vá unido con la virtud , son
virtuosos sin hacerse violencia ; pero
si muda de objeto , el discipulo de
la viriud pasa á ser esclavo del vicio,
sin haber mudado de caracter : la
hermosura y los monstruos se pin
tan con unos mismos colores.
En las costumbres de un pueblo
consiste el principio activo de su
conducta ; las leyes no son mas que
un freno ; éstas en consecuencia no
tienen sobre él tanto imperio como
las costumbres. Seguimos las de nues
tro siglo , y obedecemos á las leyes:
la autoridad es quien hace y deroga
v es-
SOBRE LAS COSTUMBRES. 1 89
estas. Las costumbres de una nacion
le son mas sagradas y estimadas que
sus leyes. Como no conoce al autor
de las costumbres , las mira como
obra propia , y las toma siempre por
la razon misma.
Sin embargo no podriamos llegar
á creer con quánta facilidad mudaria
un Principe aun las mas depravadas
costumbres en ciertos pueblos , y las
dirigiria á la virtud , con tal que
no se hiciese público este designio,
y las ordenes que diese en este puntoi
consistiesen en su exemplo solo. Seme
jante revolucion pareceria la mayor
de todas las empresas ; pero lo seria
mas por sus efeélos que por sus difi
cultades. Esperando este caso , y subs-
sistiendo las cosas sobre el pie en que
estan , no nos debemos admirar de
que las riquezas proporcionen la esti
macion. Ésto será vergonzoso , si se
quiere ; mas debe ser asi , por quan-
to los hombres son mas consiguien
tes en sus costumbres que en sus jui-i
cios.
Se
jpo CONSIDERACIONES
Se comprehende ordinariamente
en el mundo , entre los empleados en
la hacienda , otia clase de gentes ricas
que pretenden con razon ser distingui
das. Estos son los comerciantes , hom
bres dignos de estimacion , necesarios
al Estado , y que solo se enriquecen
procurando la abundancia , excitando
una honrosa industria , y que prueban
los servicios que hacen por las rique
zas que gozan.
No los vemos en el trato comun
tan frecuentemente como á los em
pleados en rentas , porque estan ocu
pados en sus negocios , y estos na les
permiten perder el tiempo,cuyo precio
conocen , por unos entretenimientos
frivolos , cuyo gusto proviene tanto
del hábito como de la ociosidad T y
bajo el nombre de placeres causan
fastidio tantas veces como lo disipan.
Los comerciantes , pues , estan mas
ocupados que los empleados en ren-
tasr Y aunque el comercio tiene su me
todo como la hacienda , aquel se ha
ce mas sencillo aclarandolo; y to
do
SOBRE- LAS COSTUMBRES. 191
do el arte de los; bribones consiste en
embrollar. L? ciencia del comercio es
menos complicada, mas bien ordena
da, menos obscura, pera mas estendida,
y se estiende aun mas perfeccionan
dose- La aplicacion de sus principio»
requiere una atencion seguida ; nue
vos accidentes- piden nuevas medidas,
y el trabajo es casi continuo» La ha
cienda por et.contrario es mas limita
da en sí misma ; es muy semejante á
una maquina que por lo general no
necesita del impulso del artifice para
trabajar quandose le ha llegado á im
primir el movimiento* ; esta es un
pendulo que se remonta raras veces,
pero que convendria rehacerlo total
mente bajo combinaciones; mas exac
tas.
i Todas las preocupaciones que tie
ne eí hombre á favor de su estado, no
son igualmente falsas ; y la estimacion,
que- los comerciantes hacen deí suya,
se conforma con la razon. No ponen
en execucíon empresa algcna, ni con
siguen ventaja , que na parta coa ellos
¿, el
192 CONSIDERACIONES
el público : todo los autoriza á apre¿
ciar su profesion. El primer movil de
la abundancia son los comerciantes.
Los de rentas solo son canales aptos
para que circule el dinero , y muchas
veces se atascan. Que estos canales
sean de bronce ó de barro\ la mate
ria es indiferente , y el uso siempre el
mismo. ' '-;
Ni deben confundirse los comer
ciantes de que hablo con aquellos hom
bres que sin tener talentos de comer
ciante , tienen unicamente el caracter
mercader ; no se proponen mas que
su interés particular , al que sacrifica
rían el del Estado si le hallasen opues
to al suyo. Hay comercio que puede
enriquecer una compañía, y ser ruino
so al Estado ; otro será ventajoso á
el Estado , y solo proporcionará á los
comerciantes ganancias medianas , pe
ro legitimas , ó algunas veces les oca'-
sionará pérdidas. El comerciante dig
no de este nombre es aquel cuyas es
peculaciones , y empresas no tienen
otro objeto que el bien público , y cu
yos
SOBRE LAS COSTUMBRES. 193
yos caudales resultan en beneficio de
la nacion. (i) •
Los comerciantes adquieren honor
por el mismo medio que riquezas: !os
de rentas imaginan llegar al mismo fin
por medio del fausto y de la ostentacion
de las suyas; y esto es lo que les ha em
peñado á querer hacer papel en el mun-
do,en el que habrian sido los unicos es-
traños , si casi al mismo tiempo no se
hubiera procurado meter en él los li
teratos.
L ' CA-
'•' (i) Los comerciantes han creado , y hecho
militar la Marina mercante que ha sido la cuna
fie Barth , Duguay , Trouin , Cassart , Miniac,
jDucasse , Gardin , l'orée , Villetreux , y de
algunos otros que yo nombraría si no viviera^.
Pero he propuesto abstenerme de elogios , y da
satyras directas. A la historia sola es á quien,
toca tratar de ellos , y debe , asi como la jus
ticia , no tener 'acepcion de personas.
Quántos armamentos no hicieron los Gen—
>dre, Fontaine-des-Montées , Bruni, Ecn de la
Baronie , Gran vil le-Loquet , Masson , le Cou-
teulx , Magon , Montaudouin , La-Rue, Casta—
fiier , Casaubon , Mouchard , les Vincent , y
otros muchos,. cuyos caudales no. se deben con-
N tar
ip4 CONSIDERACIONES
CAPITULO Xf.
DE LOS LITERATOS»
E, ¿Ntregados antiguamente los Lite
ratos al estudio , y separados del mun
do, cuidaban solo de la posteridad
trabajando para sus contemporaneos.
Sus costumbres llenas de candor y de
aspereza , no tenian relacion alguna
con las de la sociedad ; y las gentes
de mundo menos instruidas que en e!
dia , admiraban las obras , ó por me
jor decir , el nombre de sus autores,
y no se creian bastante capaces de
vivir con ellos. En esta separacion te
nia mas parte la consideracion , que
la repugnancia.
El gusto en las ciencias , en las
letras y en las artes , se ha propagado
insensiblemente , y ha llegado á pun-to

tar entre los de Rentas , que arruinaban el Es


tado con usuras , en el tiempo que los comer
ciantes le sostenían con su credito.
SOBRE LAS COSTUMBRES. ipg
to de que los que no lo tienen lo apa
rentan. Se ha procurado en conse
cuencia tratar á los que las cultivan,
é introducirlos en el mundo , á pro
porcion del gusto que se ha encon
trado en su comunicacion.
En este convenio han ganado am
bos partidos. : Las gentes de mundo
han cultivado sus talentos , han for
mado su gusto , y han adquirido
nuevos placeres. Ni han sacado me
nos ventajas los literatos ; porque
han encontrado estimacion * han per
feccionado su gusto , afinado sus inge
nios , suavizado sus costumbres , y ad
quirido en muchos articules luces que
no habrían alcanzado en los libros..
Las letras no forman precisamen
te estado ; pero dan un equivalente á
Jos que no tienen otro , y ,le grangean
distinciones , que nunca lograrán las
personas de clase superior. Ninguno
absolutamente se cree mas humillado
por tributar homenage al talento, que
por tributarlo á la hermosura ; á me
nos que por otra parte no se hallen
-N a en
196 CONSIDERACIONES >
en contraposicion de orden , 6 de
dignidad ; porque en este caso puede
el talento llegar á ser el mas vivo ob
jeto de la rivalidad ó competencia.
Pero quando la superioridad de clase
es cierta y notoria , acoge á los sa
bios con complacencia , y se lison
jea de conceder á un hombre de in
ferior clase el aprecio que por otros
respetos disputaria necesariamente á
un rival. ' i i
Tiene el talento la ventaja de
probar que los que lo estiman, lo tie
nen , ó hacien creer que to tienen ; lo
que viene á ser con corta diferencia
lo mismo respecto de muchas perso
nas. 2
La republica de las letras se distin
gue en muchas clases : \ossabtos , qué
se llaman tambien eruditos , tuvie*
ron antiguamente graiide estimacion,
y les debemos el restablecimiento de
la literatura ; pero como en el dia no
Se les estima tanto como merecen,
se ha disminuido mucho su numero,
lo que es una desgracia grande de las
le-
SOBRE LAS COSTUMBRES. 197
letras. Estos se presentan poco en el
mundo , que nada les conviene , y
dios tampoco le convienen mucho.
Hay otra clase de sabios emplea
dos en las ciencias* exactas. Se les es
tima , se reconoce su utilidad, y á ve
ces se les dan algunas recompensas;
su nombre sin embargo es mas con
forme ála moda , que sus personas;
á no ser que tengan otras qualidades
agradables á mas del merito que les
dá celebridad. - ,¡ . ..-,"
Los literatos que mas se buscan
son aquellos que llamamos ingenios
brillantes {Beaux esprits) entre quienes
aun queda otra distincion que hacer.
Aquellos cuyos talentos se han disiinr
guido y coronado por la felicidad de
sus escritos , son conocidos , y acogi
dos sin demora ; pero si su ingenio
se halla limitado en la esfera de ta
lento ó habilidad ; por mucho ingenio
que demuestren , se aplaudirá su
obra , y se despreciará el autor. Se
les prefieren en la sociedad las per
sonas que tienen y manejan su inge-
N3 nio
198 CONSIDERACIONES ' "
nio con mas variedad , y lo aplican
con mas extension , y menos deter
minadamente.
Los primeros dan mas honor á su
sigloipero en las sociedades se procura
lo que agrada mas. Por otra parte hay
compensacion en todo. Las grandes
habilidades y talentos no siempre su
ponen gran fondo de ingenio : un cor
to volumen de agua puede bastar á
un saltadero mas brillante , que un
arroyo , cuyo curso apacible , igual
y abundante fertiliza una tierra util.
Las personas de habilidad deben lo
grar mas celebridad, esta es su re
compensa. Las de ingenio deben en
contrar mas agrado en la sociedad,
pues lo proporcionan mayor ; y este
reconocimiento es fundado. Las ha
bilidades no se comunican con la fre
cuencia del trató : mas con las perso
nas ingeniosas se desenvuelve el pro
pio ingenio , se dilata , y se les debe
una parte de él. De aqui es que el
gusto, y hábito de vivir con ellos , da
principio á la intimidad , y algunas
ve-
SOBRE LAS COSTUMBRES. 199
veces á la amistad , á pesar de las di
ferencias de clases , quando halla
mos en el hombre de ingenio buenas
qualidades de corazon ; porque es
preciso confesar que no obstante la
pasion por los ingenios de moda , tie
nen muy diferente aspeéto en el mun
do los literatos , reconocidos por
honrados , y hombres de bien , que
los otros cuyos talentos alabamos , y
desaprobamos las personas.
Dicese que el juego y el amor
igualan todas las clases ; y me per
suado que tambien se hubiera aña
dido el ingenio , si el proverbio se
hubiera hecho despues que la ingemo-
sidad ha llegado á ser pasion. El juego
iguala al superior envileciendole ; el
amor , elevando al inferior ; y el espiri*
tu ^ porque la verdadera igualdad pro-
Vierie de las almas. Deberiamos desear
que la virtud produjese el mismo efec
to : perorolo es propio de las pasio-r
nes reducir los hombres á no ser mas
que hombres ; quiero decir, á que ce
dan todas las distinciones exteriores.
N4 Sin
«oo Consideraciones ,,-?
Sin embargo el imperio de lás-pep»
sonas de ingenio -es , sin ser visi
ble , el mas dilatado. El poderoso
manda; los sabios gobiernan : (i) porr
que con el tiempo son los que for
man la opinion pública , y ésta tarde
ó temprano subyuga ó destruye el
despotismo de todas especies.
De ios cortesanos es de quienes
mas se deben gloriar las letras : y si
yo tuviese que aconsejar á un hom
bre que no pudiera darse á conocer
sino por medio de su talento , le diría;
sinteponed la amistad de vuestrosigua
les á todo lo demás \ esta es la mas

i (e) . Por esia causa se debe mucho agradeci-


róienio á los escriiores sabios y sensaios ; y
enire alíos á los que combaien las preocupacio
nes perniciosas á la religion , á la felicidad de
los pueblos , á la libertad que las leyes consei,p
van al vasallo , y al respeio que es debido á
eodo pariicular en su clase, de que á ve¡ces le
despojan los ¡nfimos dependienies ; siendo asi
que los primeros Magisirados , y las leyes rer
conocen la liberiad , los derechos y esiimacion
qve se debe respectivamenie á iodo individuo
de ia república. ' ' _,',-) 'HJ
SOBRE LAS COSTUMBRES. 20 1
Segura , la mas decente, y por lo regu
lar la mas util. Los amigos peque-
Eos son los que hacen los mayores
beneficios sin tiranizar el agradeci
miento : pero si solo pretendeis cono
cimientos para la sociedad, contraedlos
en la corte ; estas son los mas gustosos^
jr los menos incomodos. Los cortesanos
emplean el manejo , los enredos , las
estratagemas , y lo que llamamos in
famias , con solos los que son rivales
de su ambicion y pretensiones. No
piensan perjudicar á los que no les
pueden estorvar , y se glorian algunas
veces de tenerlos obligados. Hacen
mucho por traer á su partido hom
bres de merito , cuyo reconocimiento
puede darles esplendor. Quanto uno
es mayor , tanto menos cuida de
dar á conocer su distancia del otro¡,
por ser tan notoria queno se puede
ignorar. El amor propio bien for
mado se diferencia poco en sus efectos
de la modestia. Un literato apreciable
no tendrá que sufrir de ellos un faus
to ofensivo; en lugar de que podrá
l ? ex-
202 Consideraciones
exponerse á él con otros , que solo le
son superiores , porque su impertinen--
cia lo supone asi , y: creen que la
altaneria es el medio de probarlo;
Desde que la ingeniosidad ha llegado
á ser contagio \ hay personas que se
erigen en protectores , teniendo ellos
mismos necesidad de ser protegi
dos , y solo les falta para esto mere
cerlo. r.£'. -.. -? V .?: -, • •, ,; -♦
Muchos debieran conocer que les
seria demasiado honroso ser utiles á
las letras ; porque sacarian de ella?
mas estimacion que la que podrian
darles. .¿-.L.-;Jí: ¡ ,, h^w,7 , -,-.-/
Otros vq^ei se creen hombres de
mundo ,( porque no se sabe á qué fin
viven en,él) parece que se sorprehen*
den a) encontrar en él gentes.de letras»
Estos podrian-con mas razon sorprer
henderse al ver en él las personas de
un estado muy comun , que á pesar
de su complacencia con^ los grandes,
y de su impertinencia con los iguales*
siempre serán incomodos y supera
fluos. Habrá en todos tiempos diferen
cia
SOBRE LAS COSTUMBRES. 203
cía entre los que son buscados en el
mundo , y los que se meten en él á
pesar de los desaires que experimen
tan. ' . ."
En efecto reduzcamos las cosas á
lo que son. Hay hombres de mundo
por su nacimiento y dignidades ; unos
que se meten en él por interés , y
otros que se introducen por baxeza.
Hay enlazes por circunstancias par
ticulares , quales son los casamien
tos con gentes de fortuna. Hay tam
bien trato" ó comunicacion por elec
cion ; esta es de la que participan los
literatos : y las amistades de gusto
llevan tras sí por necesidad las distin
ciones, i r.¡ •.- ••: ••! ' "t
Las gentes de fortuna, que tie
nen talento y literatura , lo conocen
tan bien , que si se les consulta , ó se
sigue sencillamente su proceder , ha
llarémos que gozan de su fortuna , pe
ro logran estimacion por otros respe
tos. Se ofenden aun de los elogios que
se dan á su magnificencia , porque co
nocen que tienen otro merito mayor
que
204 CONSIDERACIONES -.»
que este ; todos quieren sacar su glo
ria de lo que se estima mas. Estos
buscan á los Ikeratos, y se. honran
con su amistad. -J
La prosperidad de algunos litera
tos ha extraviado á muchos en su car
rera ; todos se lisonjean de que logra
rán el cariño y condescendencia , y
muchos se han engañado, sea porque
tenían menos merito que el que creían,
ó sea porque su merito era menos
tratable: ó jovial.
Muchos jovenes han creído que
seguian su genio , y la infelicidad de
sus tentativas los hizo precisamen
te incapaces^ de seguir otras carre
ras, en que habrian tenido buen exi
to , si hubieran- entrado en ellas des
de sus principios. De est$ causaba
provenido que el Estado haya perdido
sugetos recomendables, sin quenada
haya ganado la republica de las letras.
Aunque las ventajas que propor
cionan éstas se reduzcan ordinaria
mente á algunas satisfacciones en la
sociedad ; no por esto han dexado de
ex-
SO#RE: LAS COSTUMBRES. 20$
excitar envidias. Casi todos los tontos
son por razon de estado enemigos" de
las personas de ingenio. Este por lo
regular no es muy util al que está do.*
tado de él ; y sin embargo no hay qua-
lidad alguna que esté mas expuesta á
la envidia. ,*<", '-,-'
Estrañamos que sea permitido ha
cer el elogio de su corazon , y que sea
escandaloso alabar el propio ingenio;
no obstante que la vanidad que se sa
caria de esto seria tanto mas digna de
perdon , quanto estaria mas bien fun
dada. Sacamos por conclusion que los
hombres aprecian mas el ingenio que
la virtud. ¿Y no habrá en esto otra
razon? : < ~ .j
Me parece que los hombres no
aman lo. que están obligados á admi
rar. Solo se admira violentamente y
por sorpresa. La reflexion procura
prescribir contra la admiracion ,i^y
quando se vé forzada á subscribir á
ella, se le junta la humillacion , y esie
sentimiento no es buena disposicion
para amflr.- ., y v.r> ^ ,:'.- .,-.,,; ui'-j
Una
ao6 - Consideraciones .
Una sola palabra encierra muchas
veces una coleccion de ideas : tales
son los terminos ingenio , y corazon.
Si un hombre nos dá á entender que
tiene ingenio , y que además de esto
tiene razon para creerlo asi ; hace lo
mismo que si nos anticipára la noti
cia de que no le engañarémos con fal
sas virtudes , ni le podremos ocultar
nuestros defeceos ; que nos verá tales
quales somos , y formará concepto de
nosotros con justicia. Este solo aviso
es parecido á un acto de hostilidad.
Por el contrario , el que nos habla de
la bondad de su corazon , y nos per
suade de ella , nos declara que pode
mos contar con su condescendencia,
y aun con su ceguedad , y con sus ob
sequios, y que respeclo de él podemos
ser impunemente injustos.
Los tontos no se contienen en un
odio ocioso contra las personas habi
les; las pintan como hombres noci
vos , ambiciosos , enredadores ; y en
fin suponen que no se puede hacer
otro uso del talento que el que ellos
mis-
SOBRE LAS COSTUMBRES.
mismos son capaces de hacer, (i)
El ingenio no es mas que un mue
lle capaz de poner en movimiento las
virtudes ó los vicios. Es como aque
llos licores cuya mixtura desenvuelve
y hace que' se sienta el olor de los
otros. Los viciosos lo emplean para
lisonjear sus pasiones. ¿ Pero quantas
virtudes no ha dirigido , sostenido,
hermoseado , descubierto y fortificado
el ingenio? El solo por un interés bien
entendido ha producido en circuns
tancias acciones tan loables, como hu
biera podido executar la virtud mis
ma. Asi tambien es como la necedad
ó tonteria sola, ha cometido ó causa
do quizá tantos delitos como el vicio.
Jles-
i ' . ' . '¿ -vi 'i (,t

(i) Sospechan los ignorantes de todas clases,


que el hombre instruido es necesariamente ma
licioso ,- o por lo menos que esta en disposicion
de conocer su ineptitud. De aquí resulta que co
mo el numero de necios es mayor , y ninguno
quiere pasar por tal , desacreditan a las perso--
nas instruidas , ya que no culpando su talento,
fingiendo , o á lo menos sospechando yerros en
su conducía. .... .. -*•.. -.: '.-. . ' .v'..;i,-í.
ao8 Consideraciones
Respe&o de las personas de inge^
nio propiamente tal ; esto es , de las
que son conocidas por sus talentos , ó
por un gusto notorio y cierto en las
ciencias y literatura; es conocerlas
muy mal temer su concurrencia y ar
tificios en las carreras de fortuna y
ambicion. La mayor parte son incapa
ces de esto ; y las que por acaso quie
ren meterse en ellas , ordinariamente
acaban por hallarse burladas. Los em
busteros de profesion las conocen muy
bien como inutiles, y quando las en
redan en algunos negocios peliagudos,
son las primeras á quienes procuran
engañar haciendolas servir de ins
trumentos ; pero se guardan bien de
descubrirles el muelle principal de sus
maquinaciones, (i) Por el contrario
hay necios que por un ardor constan
te , por un manejo continuado , sin
perderjamás de visia sus desigaios,lle-
gaa
(i) Se ve el exemplo en las comunidades;
en las que nunca iienen el cargo de regirlas los
individuos que las ilusiran con sus ialenios.
SOBRE LAS COSTUMBRES. 200.
gan á lograr quanto apetecen.
El amor de las letras hace á los
que le tienen bastante insensibles á la
codicia y ambicion ; les consuela en
muchas cosas de que se ven privados,
y por lo comun les impide conocer ó
sentir la privacion. Con estas disposi
ciones deben ser las personas litera
tas , pesadas todas las circunstancias,
aun mucho mejores que las demás.
Los literatos fueron los que con mas
valor quedaron addictos al Superinten
dente Fouquet, despues de su caída. La
Fontaine , Pelisson y Madamisela de
Scuderi llegaron hasta exponerse al re
seniimiento del Rey y de sus ministros.
De dos personas igualmente bue
nas , afectuosas y benéficas , aun lle
vará la ventaja en la práctica de Ja
virtud , la que tuviere mas talento.
Tendrá mil golpes delicados y desco
nocidos á un talento corto. No humi
llará con sus beneficios ; tendrá , obli
gando á otros , aquellos respetos que
son tan superiores á los obsequios , y
que lejos de hacer ingratos, hacen ex-
O pe
2io Consideraciones
perimentar un agradecimiento deli
cioso. En fin , por mucha virtud que
alguno tenga , nunca excederá á la
extension de su talento.
Sucede tambien que éste inspira á
quien le tiene , una secreta satisfaccion
dirigida precisamente á hacerle agra
dable á los demás , atractiva por sí
misma , inutil para sus adelantamien
tos , y por fortuna muy indiferente
en este punto.
Las personas de talento deberian
embarazarse tan poco de la baja en
vidia que excitan , como que nunca
viven con mas gusto que traiandose
unas con otras. Deben saber por ex
periencia quán grande es la necesidad
reciproca que tienen. Si algun pique
las separa alguna vez unas de otras,
los tontos las reconcilian , porque se
ven imposibilitados á vivir continua
mente con otros tontos.
Los enemigos estraños harian po
cos males á los literatos , á no haber
entre estos algunos tan imprudentes
que subministrasen los medios de des
acre
SOBRE LAS COSTUMBRES. 211
acreditarlos , y ellos mismos se sir
ven, alguna vez de tales medios.
Quisiera en honor de las letras,
y en beneficio de los que las cultivan,
que todos estuvieran persuadidos de
una verdad , que deberia ser entre
ellos un principio inalterable de con-r
ducta. Este es * que pueden infamara
se á sí mismos con las injurias que ha
cen, dicen ó escriben contra sus ri
vales ; que lo mas que pueden es mor*-
linearles , grangearles enemigos , y
precisarles á que se valgan de repre
salias igualmente vergonzosas; pero
que jamás podrán perjudicar á una re
putacion bien establecida en el públi
co. No hacen , ni destruyen mas re
putacion que la suya , y casi siempre
por. sí mismos. La envidia denota in
ferioridad en el que la tiene. No obs
tante sea qual fuere Ja superioridad
que, bajo muchos respetos , hayatent
do alguno á otro rival ; es preciso
que le sea inferior por algun cami-r
no desde el instante mismo en que le
tiene envidia. > ¡ ,. . :
O9 No
ara CONSIDERACIONES
No hay particular por engrande
cido ó ilustre que sea ; no hay con
greso tan sobresaliente , que baste á
determinar el juicio del público , aun
que por alguna vez pueda una cabala
proporcionar felices sucesos , ó causar
algunos disgustos pasageros. Esto se
ria aun mas dificil en nuestro siglo
que en el pasado , porque el público
estaba entonces menos instruido , y
tenia menos empeño por ser juez. En
nuestro tiempo se divierte con las
escenas literarias , desprecia personal
mente á los que las presentan con in
decencia , y en nada muda la opi
nion y concepto que formó de sus
obras.
Es inutil probar á los literatos que
la rivalidad que produce mas que
emulacion, es vergonzosa: esto no ne
cesita pruebas ; pero deberian tener
advertido que su desunion se opone
direétamente á su interés general y
particular , y algunos parece que ni
lo conocen. ¡ ; . -'
Obras trabajadas con esmero, cri-
c •• '" ¿ .(.) ti-
SOBRE LAS COSTUMBRES. 213
ticas (i) juiciosas , severas , pero jus
tas , y decentes , en que se noten los
primores al mismo tiempo que se exa
geren los defectos , presentando otros
nuevos rumbos , son las obras que con
razon se deben esperar de las perso
nas literatas. Sus discusiones no deben
tener mas objeto que la verdad ; y
ésta nunca ha causado ni iracundia,
ni amargura , y cede en beneficio de
la humanidad ; en lugar de que sus
pendencias son tan dañosas á ellos
mismos como escandalosas á las per
sonas sensatas. Hombres estupidos,
instruidos por la envidia lo bastante
para conocer su inferioridad , y tan
orgullosos que no quieren confesarla;
son los unicos que pueden complacer- se

(i) En la situacion aftual de la literatura


de Espafia , nada puede contribuir tan bien á
establecerla , y rectificarla como las criticas
bien fundadas. Por el contrario nada atrasa nías
la literatura que los insensatos elogios de algu
nos que no teniendola , ni conociendola compa
ran y dan las ventajas a la nuestra respecto da
la de otras naciones que la han cultivado lace—
en todos ramos siglo y medio ha.
a 14 CONSIDERACIONES —
se en mirar humillarse reciprocamen
te las personas que deberian respetar.
Los tontos aprenden de este modo á
ocultar su odio , so color del despre
cio de que ellos solos debieran ser el
objeto.
Creo ver en la república de las
letras un pueblo ( en cuya buena inte
ligencia consistirian sus fuerzas ) que
subministra armas á los barbaros , y
les enseña el arte de valerse de ellas.
En el dia parece que se hace pre
cisamente lo contrario de lo que se
practicaba antiguamente quando se
echaban las fieras á pelear unas con
otras por divertir al pueblo.

CA
SOBRE LAS COSTUMBRES. 215

CAPITULO XII.
DEL CARÁCTER DE LOS
talentos brillantes , ó Bel-
Esprit.
N, 1 0 hay cosa tan util de que no se
pueda abusar , aunque no sea mas
que por el exceso. No se trata , pues,
de examinar hasta qué grado pueden
las letras ser utiles , y contribuir á la;
gloría de un estado floreciente ; sino
de saber , lo primero : Si la aficion
al buen gusto , quiero decir , á pa
recer hombres de ingenio , se ha pro
pagado mucho v y acaso mas de lo
que convendria para su perfeccion? •-,
En segundo lugar de dónde pro
viene la vanidad que resulta de él , y
consiguientemente la extremada de
licadeza que tenemos en este articulo?
El examen y solucion de ambas ques-
tiones se apoyará necesariamente en
unas mismas pruebas* No hay duda en
qu i las personas dedicadas por su es-
O4 ta
2l6 CONSfPERACIONE» .
tado á las letras , sacarian pocns ven
tajas de ellas , -si las demás no tuvie
ran á lo menos gusto. Este es el unico
medio de proporcionar á las letras las
recompensas, y estimacion que ne
cesitan para mantenerse con explen-
dor. Pero desde que la parte de litera
tura comprehendida ordinariamente
bajo el nombre de Bellas letras , ó li
teratura de buen gusto , se vá hacien
do moda , y cierta especie de mania
pública , nada ganan los literatos , y
las demás profesiones pierden. Esta
turba de pretendientes de la literatura
de buen gusto dá motivo á que se dis
tingan menos los que tienen dere
cho , que los que solo tienen preten
siones. .,:- : .- • - -/::.
Respecto . de los personages qué
son responsables á la sociedad por sus
diversas profesiones, graves, utiles y
aun necesarias :r que exigen casi toda
Ja aplicacion de los que se destinan á
ellas , como son la guerra ,. la toga , el
comercio y las aries ; no hay duda,
que tienen un .gran recurso en el co
no
SOBRE LAS COSTUMBRES. 2 17
fcocimiento y gusto moderado de las
letras. Encuentran descanso , deleite
y cierto exercicio del alma , que no les
es inutil. para las demas funciones. Pe
ro si este gusto llega á ser demasiado
vivo , y degenera en pasion , es impo
sible que dejen de padecer sus princi
pales obligaciones. Las primeras entre
todas son las de la profesion que se ha
abrazado ; porque la primera obliga
cion es la de ser ciudadano.
Las letras tienen por sí mismas un
atraélivo , que encanta los animos,
les hace fastidiosas todas las demás
ocupaciones , y despreciar las que soa
Wias indispensables. No se encuentra
hombre alguno apasionado por la lite
ratura del. buen gusto, que desempeñe
bien una profesion diferente. No dudo
que hay hombres destinados á profe
siones muy opuestas á las letras , que
tienen talentos declarados para ellas.
Deberiamos desear en beneficio de la
sociedad , que estos se hubieran entre
gado totalmente á las letras : porque
subsistiendo su inclinacion y su estado
en
2i 8 CONSIDERACIONES '.
en perpetua contradiccion , no son
buenos para nada.
Estos talentos declarados , estas
vocaciones expresas son muy raras;-
la mayor parte de los talentos pende
por lo comun de las circunstancias,
del exercicio , y de la aplicacion que
se les da. Examinemos un poco estos
que se pretenden talentos naturales no
cultivados. :
Vemos hombres , cuya ociosidad,
por decirlo asi , forma su estado ; pa
san á apasionados del buen gusto ; se
declaran por éste , y de éste solo ha
cen alarde. Buscan leélora , se aplican
con empeño , dan consejos , quieren
protejer sin que se les -ruegue , ni
tengan derecho para ello, y creen
francamente , ó quieren darlo á en
tender, que tienen parte en las obras,
y en los felices aciertos de los que
incomodaron con sus consejos.
Sin embargo , logran por este
medio una especie de existencia , y
alguna reputacíoncilla en la sociedad
Por poco ingenio que muestren , como
se
SOBRE LAS COSTUMBRES. 2 1 0.
se mantengan en la inaccion , y se li
miten con afeitada modestia al dere
cho de juzgar decisivamente ; usur
pan en la comun opinion cierta espe
cie de superioridad sobre los mismos
talentos. Se les cree capaces de hacer
todo lo que no han hecho ; y esto
es unicamente porque nada han he
cho. Se les echa en cara su pereza;
ceden á las instancias , y se aventu
ran á entrar en la carrera de que an
tes eran, árbitros. Sus primeros ensa
yos logran la preocupacion favora
ble de su tertulia. Les alaban , les ad
miran , y claman que no se debe
privar al público de una obra magis
tral. La modesta condescendencia del
autor se dexa violentar, y consiente
en presentarse al público. Entonces es
quando se desvanece la ilusion ; el
público condena la obra , ó hace poco
caso de ella; los que la admiraban, se
retratan ; y despreciado el autor
aprende por su experiencia que no
hay profesion alguna que no exija
todo un hombre. Con efecto, pocas
---> obras
aso CONSIDERACIONES »'
obras distinguidas se podrán citar , y
digo lo mismo de las obras de gusto,
que no hayan salido de mano de pro
fesores ; entre los que se deben contar
los que pueden ser de diferente pro
fesion pero que no menos se aplican
al estudio , y exercicio de las letras,
y por lo regular con mas gusto , y
continuacion , que á las funciones de
su estado. En realidad lo que constitu
ye al hombre de letras no es una afi
cion vana , ó la privacion de todo
otro titulo ; sino el estudio , la apli-
cion , la reflexion y el exercicio.
Las malas resultas no desengañan
á la persona que humillan. No hay
amor propio mas delicado , y menos
corregible , que el que proviene del
buen gusto , ó brillantez de ingenio , y
es infinitamente mas resentido y re-
zeloso en los que no lo deben tener
por profesion , que en los verdaderos
autores ; porque se tiene por mas hu
millacion faltar á sus pretensiones que
á sus obligaciones. En vano suponen
que les es indiferente i pues á nadie
,j en
SOBRE LAS COSTUMBRES. 221
engañan. La indiferencia es la unica
disposicion del alma que debe igno
rar el que la experimenta ; porque de
ja de existir desde el instante en que
la descubre. . '
No hay obras que no pidan traba
jo ; la peor por lo regular ha costa
do mucho, y nadie se afana sin objeto.
No tenemos otro , dicen , que nuestro
propio entretenimiento : en este caso
no es necesario imprimirlas ; ni tampo
co: es preciso leerlas á sus amigos,
porque esto es querer consultarlos ó
divertirlos. Mas nadie consulta sobre
cosas que no importan ; ni nadie pre
tende divertir con las que en nada
csíima. En consecuencia siempre es
falsa esta aparente indiferencia ; y so
lto un interés muy vivo es el que hace
valerse de ella ó aparentarla. Es una
precaucion que se toma para el caso
en que salga mal la obra ; ó es la os
tentacion de un derecho , que se quer
ria suponer ya decidido.
Jamás se ha ridiculizado tanto á
la brillantez .de ingenio , ó de buen
322 Consideraciones
gusto , como despues que nos hemos
vuelto fatuos con él. Sin embargo
es tal nuestra flaqueza en este punto,
que los que podrian distinguirse glo-
liosamente por otros títulos , se ce
ban con los elogios de su buen gusto,
cuya mala fé conocen. Vuestra since
ridad os hará enemigos irreconcilia
bles aquellas mismas personas que le
vantan la voz contra el amor propio
de los autores de profesion.
Examinemos quáles son las cau
sas de este amor propio excesivo. Las
que me hacen mas fuerza son las si
guientes. ' »
Entre los pueblos salvajes fue la
fuerza la que dio la nobleza y dis
tinciones entre los hombres; pero en
tre las naciones cultas , en donde la
fuerza está sometida á las leyes que
precaven ó reprimen la violencia ; la
distincion real y personal mas notoria,
y reconocida proviene del espiritu.
Entre nosotros no podrian dar las
fuerzas distincion , ni ser medio de
lograr fortuna ; esto es ventaja del
tra-
SOBRE LAS COSTUMBRES. 223
trabajo corporal , que es la parte que
ha tocado á la clase mas infeliz de
ciudadanos. Mas á pesar de la sub
ordinacion que han podido establecer
las leyes, la politica, la prudencia ó
el orgullo ; siempre quedan al espí
ritu en las clases mas obscuras , me
dios de elevacion y de fortuna , de
que se pueden valer , y que les mani
fiestan los exemplos. A falta de las
ventajas efe&ivas que puede alcanzar
el espiritu , segun la aplicacion que
se haga de él en diferentes profesio
nes , siempre dá alguna consideracion
el mas esteril para hacer fortuna.
¿Pero cómo es que de todas las es
pecies de talentos de que se puede
hacer Uso el del buen gusto, 6 el de los
talentos brillantes , es el que inspira
mas amor propio ? ¿En qué se funda
su superioridad ? ¿Qué es lo que fa
vorece tanto su pretension? Vease
de dónde proviene esta ilusion.
Primeramente : Nunca son Jos
hombres mas zeiosos de sus preemi
nencias , que quando las miran como
per-
234 CONSIDERACIONES
personales ; quando se imaginan no
deberlas sino á sí mismos ; y como
piensan que hay tanto menos enten
dimiento , quando los efeélos son re
motos, por no entender siempre la
conexion con sus principios , que
quando los signos son inmediatos y
claros; los que no han nacido para
reflexionar , creen hallar mas clara
mente esta prerogativa en las perso
nas de brillante ingenio , que en nin
gunas otras. Juzgan que pertenece en
propiedad á la persona que está do
tada de él ; y vén , ó creen ver , que
los produce de sí mismo , y sin auxi
lios extrinsecos ; por no distinguir ab
solutamente estos auxilios , que sin
embargo son muy reales y efectivos.
No ponen atencion á que , supuesta la
igualdad de talentos , los escritores
mas sobresalientes son siempre los que
mas se han nutrido con la leélura me
ditada de los autores que se han pre
sentado con mayor brillantéz en la
misma carrera. No se llega á cono
cer bastantemente , como digo , que
el
SOBRE LAS COSTUMBRES. 22$
é\ hombre mas fecundo , si estuviese
reducido á solas sus ideas , tendria
pocas : y que por el conocimiento y
comparacion de las ideas agenas , es
por donde se llega á producir multi
tud de otras , que no se deben sino á
sr mismo. Quien no fuese rico mas que
de propias ideas , seria muy pobre;
pero quien no tuviese sino las agenas,
podria ser además muy mentecato , y
no poner duda en ello. »
En segundo lugar, lo que tambien
favorece á la ventajosa opinionquese
tiene de los ingenios brillantes y de
gusto , proviene de un paralelo que
podemos hacer en muchas ocasiones
Se advierte que el hijo de un hom
bre de ingenio y de talento , hace mu
chas veces esfuerzos inutiles por se
guir los pasos de su padre , que es lo
menos que se puede heredar ; y por
el contrario que el hijo de un sabio lle
ga á ser sabio, si quiere. En la Geo
metria y en todas las verdaderas cien
cias , que tienen principios , reglas y
método , se puede llegar á estp ; y se
53 P He
CONSIDERACIONES
llega ordinariamente , si no á la glo
ria , á lo menos á tener los conoci
mientos de sus predecesores.
Se podrá oponer en abono de cier
tas ciencias , que su utilidad es mas
efectiva , ó mas notoria , que la de los
ingenios de buen gusto; mas esta ob
jecion mas favorece á las mismas cien»
cias que á sus profesores.
Es verdad que el que se da á co
nocer por las ciencias , está obligado
á hallarse instruido hasta cierto punto,
sin lo qual no se puede engañar gro
seramente á sí mismo , y dificilmente
engañará á los otros , si éstos tienen
interés en averiguar la realidad. Mas
aunque las ciencias no están escritas
de charlataneria , es esta mas dificil
en ellas , que en lo que solo tiene rela
cion con el ingenio. Nos engañamos
de buena fé en este punto ; y engaña
mos tambien con bastante facilidad á
los otros ; sobre todo , si no caemos ea
el error de publicar obras , y nos li-
mitamos precisamente .al mero titulo
de hombre de ingenio y gusto. Vea
se
SOBRE LAS COSTUMBRES.
«e aqui lo que hace tan comunes las
personas de ingenio , que no deberia
este titulo inspirar tanta vanidad.
Pero dejemos aparte este vulgo
de ingenios :• ¿en qué fundan su supe
rioridad los autores de merito , cuyas
pruebas son incontestables respeéto
-de muchas profesiones?
;. Suponiendo que el talento 6 in
genio debiera ser )a tmicíá medida de
la estimacion ; sin contar por nada los
diferentes grados de utilidad , y sin
calificar las profesiones sino precisa
mente por la parte de ingenio que pi
den ; ¿quántas hay que suponen tanta,
y acaso mas penetracion , sagacidad,
presteza , discusion , comparacion y
en una palabra , tanta o mayor exten
sion de luces , que las mas célebres
obras de gusto y de atractivos?
No citaré lo que mira al gobierhb
6 al mando de los exercitos ; se podria
creer que el explendor que acompa
ña á ciertos empleos puede influir en
la estimacion que se -hace de las per
sonas que los desempeñan con acier-
Pa to;
aaB - CONSIDERACIONES -~
to ; y yo sacaria de esto mucha ven
taja. No entraré tampoco, en la enu
meracion de todos los diferentes em
pleos ; porque habria entre estos mu
chos mas de los que se cree que ten
drian titulos solidos que presentar.
Pongamos á lo menos la consideracion
en algunas ocupaciones de, la sociedad.
El Magistrado que es digno de su
empleo, ¿no debe tener un espíritu jus
to , exaélo , penetrante y diestro para
llegar á alcanzar la verdad por medio
de las nubes con que procuran obscu
recerla la injusticia y la fraudulencia?
¿Para quitarle á la impostura la mas
cara de la innocencia ; para discernir
la innocencia , á pesar del embarazo,
la turbacion ó desmayo vque parece
deponen contra ella ; para distinguir
la seguridad. del innocente de la auda
cia del culpable ; para conocer igual
mente , y conciliar la equidad natu
ral , y la ley positiva ; y para hacer
que ceda una á otra segun el interés
de , la sociedad , y por consiguiente
<te la mism£justicia? ,c; ?..•; e.- .*
;.-.; tí ± ¿S6
SOBRE LAS COSTUMBRES. 229;
¿Se necesitan menos qualidades en
el orador, para aclarar y presentar
el pleyto ¡sobre que debe el juez pro
nunciar la seniencia; 'para dirigir las
luces del Magistrado, y para darselas'
alguna vez? No habló' aqui del arte
pecaminosa de descarriar la justicia.
¡Qué discernimiento; qué delica
deza no pide el arte de ia critica en
sus discusiones! -v "-í:r n-
¡Qué fuerza de imaginacion no se
necesita para concebir ciertos siste
mas , que pueden ser falsos , pero que'
no por esto dejan de servir para ex
plicar fenomenos , contéstar y conci
liar becbos , y hallar Verdades riue*
Vas! ::'"'^'^-"^ ''','! ínií ;<-.. i .-? - ' -'*
¡Qué sagacidad en las ciencias pa^
ra inventar metodosf ,: que 'prueban
extension de luces en 'sus inventores,"
y son • tan ' utiles ' qué ; conducen coíí
certidumbre á los mismos qué no en
tienden los principios!
No obstante apenas son conocidos
muchos de estos filosofos ; y solo son
célebres- los que han causado revblu-
P3 cio
CONSIDERACIONES - , .
cienes en los espíritus , encanto que
yacen en la ignorancia los que sola
han sido utiles. Nunca es el hombre.
meros reconocido á los bene6cios qué
quai.do los disfruta tranquilamente.
La gloria de•• los ingenios brillao-
tes es muy diferente. La conoce y pu
blica el comun de los hombres que se
hallan en estado de concebir sus ideas,
y se reconocen incapaces hasta, Qkrto.
punto de producirlas bajo el aspe¿to
con que se las presentan : de aqui na
ce su admiracion. En lugar de que lo*
filosofos no son conocidos sino de
otros filosofos , y no pueden aspirar
sino á la estimacion de sus iguales; y
esto es lograr una consideracion muy
Ijmitada, .-¡;[r;o í -.; ¡- - •••• '• ' );
2 Mas para qué hemos de entrar
en un examen menudo de las ocupa
ciones que se miran como dependien
tes con especialidad del ingenio? Hay
otras muchas que no se pon^n,ppr lo
ordinario en esta clase, y no lo requie
ren menos. .- r _••- . .¿, fr,- ' --••
egemplo , ¿se dudará que no
se
SOBRE LAS COSTUMBRES. 23!
se necesite grande extension de luces
para idear un nuevo ramo de comer
cio , ó para perfeccionar otro ya esta
blecido , ó para descubrir un vicio en
la administracion de las rentas consa
grado por el tiempo? :
Se convendrá sin duda en que no
se puede negar ingenio á los que se
han distinguido en las diferentes car
reras que acabo de mencionar ; pero
se dirá , que no se necesita mucho pa
ra caminar debilmente en ellas. Para
responder á esta distincion , basta ha
cer otra igual , y preguntar, ¿qué caso
se hace de los literatos rastreros? Res*-
pe¿to de estos se procede injustamen*
te , estimandolos menos de lo que me
recen, i
Se hace tambien otra objecion que
sorprehende , pero es muy endeble.
Se advierte , dicen , que muchos han
adquirido fama en las artes y en cier
tas ciencias , aunque antes habían sido
incapaces de todo lo demás á que sfe
aplicaron inutilmente , y lejos de te
ner disposicion de producir la niendr
obra
332 Consideraciones
obra de gusto y atractivo , apenas tie
nen alcances para una conversacion
corriente. Si esto es asi , hay desde
luego derecho para mirarles como es
pecies de maquinas , cuyos muelles no
tienen mas que un efeclo determinado.
¿Pero se cree que todos los que se
disiinguen por la brillaniéz de sus in
genios serian igualmente capaces de
todas las otras profesiones , y de los di
ferenies empleos de la sociedad? Aca
so nunca hubieran sido buenos magis
trados, buenos comerciantes , buenos
jurisconsultos, ni buenos artistas. ¿Es
tán seguros de que habrian sido capar
ees de todo esto? Lo que han creído en
su interior ser repugnancia á ciertas
ocupaciones, ¿no podrá ser un indicio
tanto de su incapacidad como de su
disgusto? ¿No habrá ningun egemplo
de ingenios brillantes , que hayan si
do muy limitados en otros artículos,
aun en los que parece que tienen (y
tiepen en efeclo) la mayor . relacion
con el ingenio ,, qual es el mero talen
to de la conversacion? porque éste es
í.- J-.> ¿ uno
SOBRE LAS COSTUMBRES. 233
uno como qualquiera otro. Se en
contrarian sin duda egemplos , y ha
ríamos muy mal en admirarnos de
ellos.
Para demostrar que la universali
dad de talentos es una quimera , no
quiero tomar mis pruebas en la clase
comun de los ingenios ; subamos has
ta la esfera de aquellos ingenios raros,
que dando honor á la humanidad , hu
millan á los- demás hombres con su
comparacion. Newton que adivinó el
sistema del universo , á lo menos por
algun tiempo , no fue tenido como
capaz de todo por las mismas per
sonas que se honraban de 'tenerle por
compatriota,
Hallandose Guillermo III. que en
tendia de hombres , embarazado en
un negocio político , le i aconsejaron
'que consultase á Newton. El Rey di
jo : Newton no es mas que un gran fi
losofo. Este titulo era sin duda un sin
gular elogio: pero en fin en esta oca
sion Newton no era lo que se necesi
taba ; era inepto , y no era mas que
i".''•'.! un
934 Consideraciones
un gran filosofo. Es verisímil , aun
que no está demostrado , que si hu
biera aplicado á la ciencia del gobier
no los trabajos que consagró al cono-
cimiento del universo ^ no se hubiera
desdeñado el rey Guillermo de sus
consejos. . ...;r, i- -.,
. ¿En quántas circunstancias , sobre
quántas qüestiones no habria respon
dido el filosofo á los que le hubieran
aconsejado que consultase al monarca:
Guillerma no es mas que un político y
un gran rmí .1 r. - '-, -'- -- '»
El principe, y el Filósofo eraa
igualmente capaces de<co.nocer los.li-
mites de^u.talento: y por el contra
rio un hombre de imaginacion ten-
dria por -injusticia que reusasen su
dictamen sobre qualquier materia que
fíjese. Los -hombres de este carac
ter se tienen por capaces de todo : su
falta de experiencia fortifica á su
amor propio , que no puede instruirse
sino por sus yerros , ni disminuirse
sino por los conocimientos que ad
quiera. ,.... ...i ' „ jKj.-i : :-' >USJ
tos
SOBRE LAS COSTUMBRES. 235
Los mayores negocios , como son
los del gobierno , no piden sino talen
tos buenos : los ingenios delicados y
brillantes serian perniciosos ; y los
ingenios grandes rara vez son aili ne
cesarios. Estos hallan reparos en la
direccion ; y solo son aptos para las
revoluciones,; en una palabra son na
cidos para edificar , ó para destruir.
£1 talento tiene sus límites y sus
extravies : Ja razon cultivada nos
basta para todo lo necesario. . -i
Si poruña parte hay pocos talen-*
tos tan determinados á solo un objeto,
que seria absolutamente imposible al
que lo tiene adelantar en ninguna
otra cosa ; se puede por el contrario
sostener , que todo es talento ; esto"
es , hablando en general , que con al
guna disposicion natural , á que se
agregue aplicacion , y sobre todo rei
terados exercicios , se puede salir con
qualquier carrera. No pretendo por
esto afirmar mas que una proposicion
genera! : yo exceptuo los ingenios ex
traordinarios , y las personas del todo
es-
236 CONSIDERACIONES '•""
estupidas ; que son dos especies de
entes igualmente raros. (r)
Por egemplo , se vén hombres
que no parecen capaces de juntar dos
ideas ; y no obstante estos mismos ha
cen en el juego las combinaciones mas
complicadas, las mas seguras y exa&asy
y con la mayor prontitud. Se necesita
absolutamente talento para estas ope
raciones ; y se dice que tienen el ta
lento , ó habilidad del juego. ¿Y si no
hubiese juego ninguno , se creeria
que estos tan sutiles jugadores esta
rian reducidos á sola la existencia
material ? Este mismo talento de cál
culo y combinacion se habria podi-
-. !i . • ' T\ '.•••'• : á<f

(i) Muchos- pasan por inútiles para las cien


cias y artes , y son capaces de desempeñar'
unas y otras. Esto depende no de falta de ta
lento sino de aplicacion ; quiero decir , da
un conato 'constante , provepido de la resolu
cion del animo empeñado en vencer las dificul
tades que se le presenten, F.n este caso todo el
que estudia aprende : mas no es estudiar pasar
la vista por un libro , y ocupar la imaginacion
en objetos muy diferentes. Tan natural es al
hombre entender como á las aves volar. - -T*
SOBRE LAS COSTUMBRES. 2 37
do aplicar á las ciencias , y acaso les
abria dado fama.
s Las circunstancias son las que
en muchas ocasiones declaran la di
ferencia de los talentos : asi es como
.el golpe del pedernal hace saltar la
chispa, rompiendo el equilibrio que la
tenia encerrada.
Lo que es mucho mas raro que los
grandes talentos , es la flexibilidad de
aquellas almas, que conciben un ob
jeto , lo comprehenden , y pueden
despues recaer sobre otro , cuyo inte
rior penetran con fuerza , y presen
tan con claridad. Esta es una vis
ta que en lugar de tener su direc
cion fixa , determinada , y sobre
una sola linea , obra esfericamente.
Estas son las que se pueden llamar al
mas luminosas : pueden imitar todos
los talentos 4 sin adelantarlos no obs
tante hasta el mismo grado que las
: personas limitadas ;: pero si son al-
guna vez ruenos brillantes que,, los
talentos , son sin duda mucho mas
utilesv — -r'i: ..-. : ,«-.-!».* ;-r i-.••;»--»-
Los
038 Consideracion*»
Los talentos son , ó llegan á ser
personales de los que están dotados
de ellos, ó los han adquirido por la
préctica ; en lugar de que las almas
luminosas se comunican , y desen
vuelven los talentos y luces de los
otros. Los que las disfrutan por bene
ficio de la naturaleza, no pueden dejar
de conocerlo , y se hacen interior
mente justicia ; porque la modestia
ni es , ni puede ser sino virtud ex
trínseca ; esto es , un velo con que
se cubren los meritos propios , por
no lastimar los ojos de la envidia ; en
lugar de que la humildad es el conoci
miento , y confesion sincera de la pro
pia debilidad. Tampoco ignoran que
aun este espiritu que parece deberse
unicamente á la naturaleza , tiene casi
fanta necesidad de exercicio como
los talentos para lograr su perfec
cion. Pero si la presuncion llega á
dominarlos , si llegan á ponderar sus
luces , tomando la disposicion de
instruirse facilmente por los cono
cimientos mismos , y su perspicacia y
- '-í sa-
SOBRE LAS COSTUMBRES. Q39
sagacidad por experiencia ; caen en
equivocaciones mas groseras que las
personas limitadas, pero atentas. Quan-
do se vá corriendo son mas violen
tas las caidas , que quando se anda
de espacio. Las luces son el primero
de los medios ; sirven para todo , y
no suplen casi por nada.
* No es mi animo por cierto en el
examen que acabo de hacer despre
ciar los verdaderos ingenios brillantes.
A la verdad todo se puede con
siderar como talento, ó si se quie
re , como oficio. Pero como hai al
gunos que piden un conjunto de qua-
lidades raras ; la brillantéz de inge
nio es uno de estos. Solo pretendo
que si se halla colocada en la pri
mera clase , no es sola en ella ; que
si se le quiere dar la preferencia
exclusiva , se junta la ridiculéz con
la injusticia ; y que si la mania de pa
sar por ingenios brillantes se aumen
ta-, ó se mantiene largo tiempo en el
punto que está , perjudicará infalible*
mente al yerdadefo- ingenio/- '-
-,i Con-
340 Consideraciones
Contra el exceso y alieracion del
bien es contra lo que nos debemos pre-
caucionar : el mal bien distinguido pi
de menos atencion , porque se dá á co
nocer lo bastante por sí mismo; y para
acabar por un egemplo que tiene mu
cha relacion con mi asunto ; sería
problema digno de resolver , exami
nar quánto ha contribuido la impren
ta al progreso de la literatura y cien
cias, y quánto puede dañarles. No me
quiero meter en un examen que pe
diria un tratado particular ; mas pi
do con sencilléz que se tenga presente,
que si la imprenta ha multiplicado las
obras buenas , tambien ha fomentado
un numero espantoso de tratados so
bre diferentes materias ; de suerte que
la persona que quiere aplicarse i un
genero particular , profundizarlo , é
instruirse en él , está obligada á pagar
al estudio un tributo de lecturas inuti
les , desagradables , y muchas veces?
contrarias á su objeto. Antes de po
nerse en estado de elegir los princi
pios , ó autores que ha de seguir , gas-
---.} ta
SOBRE LAS COSTUMBRES. 24!
ta sus fuerzas.
Recordaré pues en este punto , lo
que he afirmado hablando de la educa
cion ; es á saber , que el mayor servi
cio que las sociedades literarias po-
drian hacer el dia de hoy á las letras,
á las ciencias y á las artes , seria for
mar metodos , y señalar rumbos que
ahorrasen trabajo y errores, condu
ciendo á la verdad por los caminos
mas cortos y seguros.

CAPITULO XIII.

DÉ LA RELACIÓN ENTRE
el talento y el caraSler.
E, /L caraSter es la forma que distin
gue entre los hombres un alma de otra:
esto es, su diferente modo de existir.
El caracter es respecto de las almas,
lo que en los rostros la fisonomía y
diferencia de unas mismas facciones.
Los rostros se componen de unas
mismas partes ; esto es en lo que se
parecen. La combinacion de estas par-
Q tes
lifl. Consideraciones
tes es diferente ; esto es lo que distin
gue unos de otros , é impide que se
confundan.
Los hombres sin caracter son ros
tros sin fisonomia ; rostros comunes,
que ni aun se pone cuidado en distin
guirlos.
El entendimiento es una facultad
del alma , que se puede comparar á la
vista ; y la vista se puede considerar
por su claridad , su alcance , su pron
titud , y por los objetos en que puede
exercitarse ; porque además de la fa
cultad de ver , se aprende tambien á
ver.
No quiero entrar en una discusion
metafísica , que acaso no se creeria
bastante necesaria á mi designio ; aun
que tal vez no habria metafísica mas
bien empleada , que la que se aplica
se á las costumbres : ella justifica
ria este pensamiento demostrando los
principios.
Hemos visto en el capitulo ante
cedente las injusticias que se cometen
en la preeminencia concedida á cier
tos
SOBRE LAS COSTUMBRES. 243
tos talentos : vamos á ver que no se
cometen menos en los juicios que se
forman sobre diferentes especies de
ingenios. Los hay del primer orden,
que se confunden algunas veces con
los tontos. "-> ..! .
¿No vemos personas tan sencillas
y candidas que nos impiden hacer el
debido juicio de su talento ? No obs
tante la candidez ó franqueza es pre
cisamente la expresion mas sencilla
y natural de una idea , cuyo fondo
puede ser fino y delicado ; y esta ex
presion sencilla tiene tanta gracia , y
tanto mayor merito , quanto ella
misma es la obra mas perfe&a del ar
te en las personas que no la tienen por
naturaleza. „; -.iu : i , '. ; .
. Él candores el conocimiento inte*
rior que el hombre tiene da la pureza
de su misma alma, que le impide creer
tiene alguna cosa que disimular , y la
sencilléz impide, conocerlo. - . ¡¡
. La ingenuidad puede ser efecto de
la tonteria, quando no lo es de la .falia
de experiencia; pero la .sencillez por
v Q2 lo
244 CONSIDERACIONES
lo general, es la ignorancia de las co
sas en que los hombres están conveni
dos , faciles de saber , y algunas ve
ces buenas para despreciadas ; y el
candor es la principal señal de una
bella alma. La franqueza y el candor
se pueden encontrar en el talento mas
brillante , y en este caso son su mas
precioso y amable adorno.
No hay que estrañar que el vulgo,
indigno de respetar ventajas tan ra
ras , sea el admirador del caracter as
tuto, que muchas veces no es mas que
el fruto de la atencion fija , y conti
nuada de un talento mediano anima
do por el interés. La astucia puede
ser indicio de ingenio ; pero nunca se
halla en un talento superior , á me
nos que éste no vaya acompañado de
un corazon muy bajo. Un talento so
bresaliente se desdeña de valerse de
arbitrios rastreros ; solo echa mano de
los grandes , esto es , de los sencillos.
Tambien se debe distinguir la as
tada del ingenio de la del caracler. El
ingenio astuto es muchas veces falso;
y
SOBRE LAS COSTUMBRES. 243
y la razon precisa es , porque es muy
astuto : es un cuerpo muy desunido,
para que pueda tener consistencia.
La astucia imagina en lugar de ver;
se engaña á fuerza de suposiciones.
La penetracion vé , y la sagacidad lle
ga hasta preveer. Si el juicio sirve de
basa al ingenio , la prontitud de éste
contribuye tambien á su exadlitud;
pero si la imaginacion es la dominan
te , es el manantial mas fecundo de
errores. --. , , .
En fin la astucia es un engaño en
movimiento; y el engaño nace siem
pre del temor , ó del interés , y por
consecuencia de la bajeza. No se vé
nunca que un hombre poderoso y
absoluto , por vicioso que sea por
otra parte , mienta á otro que le está
subordinado , porque nada le teme. Si
le miente , es precisamente por algun
fin de interés ; en cuyo caso deja de
ser poderoso , y queda dependiente de
lo que desea y no puede alcanzar por
fuerza.
Tampoco nos debe sorprehender,
Q3 que
546 Consideraciones
que un zote engañe á un hombre de
talento. El primero camina siempre
siguiendo su negocio sin perderlo de
vista ; el segundo no hace alto en pre
caverse. El engaño que padecen las
personas de talento , proviene de que
no hacen bastante caso de los zotes,
esto es, de que los tienen en muy
poco.
Mas razon hay para espantarse de
los yerros groseros en que caen por sí
mismos las personas de talento. No
obstante cometen menos faltas que los
demás hombres ; pero algunas veces
mas graves , y siempre mas -notables.
Sea qual fuere la razon, yo la he bus
cado , y creo hallarla en la poca rela
cion que hay entre el talento de los
hombres y su caracter , porque estas
son dos cosas muy diferentes.
La dependencia mutua del talen
to y del caracter se puede considerar
bajo tres aspectos. O no tenemos el
caracter correspondiente al talento; ó
el talento correspondiente al .carac
ter : ó no tenemos talento bastante pa
ra
SOBRE LAS COSTUMBRES. 247
ra el caradler ; ó caracter bastante
para el talento.
Por egemplo , un hombre será ca
paz de las mayores ideas, de concebir,
digerir , y ordenar un gran proyecto;
pasa á la egecucion , y le sale mal.
Mas esto es porque el se disgusta, y
cede á los mismos obstáculos , que
habia previsto , y cuyos remedios tam
bien previo. Por otra parte está reco
nocido por un hombre de mucho ta
lento ; y en efecto no ha salido mal
por falta de este. Nos espantamos de
su conducta , porque no conocemos
que es ligero , é incapáz de conse
cuencia en su carácter ; que no tiene
sino accesos de ambicion, que ceden á
su natural desidia , que es incapáz de
aquella resolucion fuerte á que se re
sisten pocas cosas aun en las gentes
limitadas , y que en fin no tiene el
caracter de su talento. Sin que éste
falte , se le falta ó por ligereza , ó
por pasion , ó por timidéz.
A otro de un caracter apto para
las mayores empresas , con resolu-
Q4 cion
248 CONSIPERACIONES
cion y con constancia , le faltará ta
lento que le subministre los medios.
Este no tiene el talento de su
caracter.
Tal es la oposicion del caracter
y del talento. Pero hay todavia otro
modo de errar , á pesar del mucho
talento analogo al caracter ; y es
quando no hay talento bastante ea
correspondencia del caracter.
Un hombre de talento capáz y ra
pido formará proyectos mucho mas
vastos y dilatados. Este debe necesa
riamenie salir mal , porque su talento
no iguala bastantemente á su caracter.
Hombre hay que no hace mas que
tonterias ; y con otro caracter que el
que tiene pasaria justamente por un
talento superior.
Pongamos en oposicion un hom
bre cuyo talento tenga una esfera
no muy extendida , pero cuyo corazon
esento de pasiones vivas no le arras
tre fuera , ó mas allá de esta esfera li
mitada. Sus empresas y sus medios
están en proporcion igual : éste no
cae-
SOBRE tAS COSTUMBRES. 249
caerá en faltas , y será mirado como
prudente , porque esta reputacion de
pende menos de la grandeza y brillan
téz de las cosas que se executan , que
de las necedades que se dejan de ha
cer. Acaso hay mas talento entre las
personas vivas que entre las otras;
pero tambien tienen mayor necesidad.
Se necesita vista clara , y pisar con
firmeza , quando se quiere andar de
priesa : sin esto , ( no me cansaré de
repetirlo ) las caídas son frecuentes
y peligrosas. Y esta es la razon porque
de todos los tontos los mas vivos son
los mas insoportables. /
Un caracter muy vivo es perjudi
cial á veces al talento mas exacto,
empujandole mas allá de su esfera, sin
que lo eche de ver. Ni se halla hu
millado por este exceso , porque se su
pone que lo menos se incluye en lo
mas ; bien que en este caso no se hace
bien la comparacion del mas y menos;
porque son de naturaleza diferente.
Se necesita de mayor fuerza para pa
rarse en el termino , que para pasar
;.)í de
• CONSIDERACIONES
de él por la violencia del impulso*
Descubrir el fin que se pretende , es
juicio ; atinarle , ó alcanzarle , es exac
titud ; detenerse en él, fuerza ; y pasar
le puede ser debilidad.
Los juicios de una vivacidad ex
tremada se parecen á los del amor
propio que vé mucho, compara poco,
y juzga mal. La ciencia del amor
propio es entre todas la mas cultiva
da , y menos perfeccionada. Si el
amor propio pudiese conformarse á
las reglas de una buena conducta , se
ria el manantial de muchas virtudes,
y suplirla por las mismas que parece
que excluye, "i ' •»
Se podrá acaso oponer que se ven
hombres de una flema y talentos igual
mente notorios caer en dislates, que
tocan en extravagancias : pero no se
hace alto en que Cestos mismos hom
bres á pesar de esta frialdad aparente,
son de un caracter violento. Su tran
quilidad es solo superficial ; es un vi
cio de los organos , un apoyo de su al
taneria , ó educacion , un decoro fal
so;
SOBRE LAS COSTUMBRES. 2g I
60 ; y la frialdad de su sangre provie
ne solo de su orgullo.
Se confunde muy por lo comun
el ardor y la vivacidad j, la tristeza
y la frialdad. No obstante muchas ve
ces somos muy violentos sin ser vivos.
El fuego penetrante del carbon de
fragua arroja poca llama , y el modo
de aumentar su actividad es sofocarla:
por el contrario puede ser la llama
muy brillante sin tener mucho calor.
La mayor ventaja para ser feli
ces , es gozar una especie de equili
brio entre sus ideas y sus afectos ; en
tre su talento y su caracter.
En fin , si se notan tantas falias
en las personas de talento , es porque
hay pocos que logren por naturale
za , ó por su capacidad , el de su ca
rácter; y éste por desgracia jamás se
muda. Las costumbres se corrijen , el
animo se fortifica , ó se altera ; los"
afectos mudan de objeto , y uno mis
mo de estos puede inspirar succesiva-
mente amor ú odio ; mas el carácter
es inalterable. Se le puede reprimir, á
'• dis
25* Consideraciones -,■
disfrazar , pero nunca destruir. El
orgullo humillado y bajo , es siempre
orgullo. -i -
La edad , las enfermedades y la
embriaguéz , dicen que mudan el
caracter. Esto es engaño. Las enfer
medades y la edad pueden debilitar
lo , pueden interrumpir sus funcio
nes , y alguna vez destruirlo ; pero
nunca desarraigarlo. Es necesario no
confundir con el caracter lo que pro
viene del calor de la sangre , y de la
fuerza del temperamento. Casi todos
los hombres ,. aunque sean de ca*
racter diferente , ú- opuesto , son ani
mosos en la juventud , y tímidos en la
vejéz. Nunca se expone mas la vi
da , que quando hay mas vida que
perder. ¿Quántos guerreros ha ha
bido , cuyo ardor y valentia se ha
derramado con su sangre ? ¿No se ha
visto tambien que despues de haber
provocado algunos la muerte en
muchas ocasiones , luego que caen en
una enfermedad de languidéz , expe
rimentan en la cama todos los mie
dos
SOBRE LAS COSTUMBRES. 253
dos de la muerte ?
La embriaguéz , desarreglando la
razon , dá mas ensanches al caí aéter.
Habiendose embriagado un vil adu
lador de otro que estaba en alto pues
to , dijo á éste expresiones hijas de un
odio encarnizado , dando motivo con
esto á que le despidiesen ignominio
samente. Quisieron escusar al ofen
sor por la embriaguéz en que estaba:
No se me puede engañar en esto , res
pondio el ofendido; él piensa en su jui
cio lo mismo que me dijo estando em
briagado.
Despues de examinada la oposi
cion que se puede encontrar entre el
caracter y el talento, ¿bajo quántos
aspectos no se puede mirar esta ques-
tion? ¡Quántas combinaciones seria
"necesario hacer! ¡Quántas menuden
cias desentrañar , si quisiesemos mos
trar los inconvenientes que resultan de
la contrariedad del caracter y talen
to con la salud ! . No se imagina bas
tante hasta qué punto dependen de la
salud la conduda que se sigue y los
-.".) , di
a$4 Consideraciones
diferentes partidos que se toman y
se abandonan. Un caracter fuerte, un
espiritu activo piden salud robusta.
Si ésta es mui endeble , y no puede
corresponder , se acaba de destruir
por este medio. Hay mil ocasiones en
que es necesario vayan acordes el ca
racter , el talento y la salud.
Todo lo que puede hacer el hom
bre de mas talento es estudiarse á sí
mismo , conocerse, consultar sus fuer
zas , y contar despues con su caracter.
Sin hacer esto no sirven los yerros,
ni aun las desgracias mas que para
abatir sin corregir : no obstante , á un
hombre de talento le dán ocasion de
reflexionar. Esto es ciertamente lo
que ha hecho decir , que siempre hay
recurso con las personas de talento.
La reflexion sirve de salvaguardia al
caracter sin corregirlo, asi como las
reglas sirven al ingenio y no lo dán.
Las reglas sirven poco á los ingenios
medianos , y precaven las faltas de los
talentos superiores.

CA
SpBRE L AS COSTUMBRES. 2$S

CAPITULO XIV.
jyE LA ESTIMACIÓN,
y Respeto,

JLiO dicho hasta aquí sobre los dife


rentes juicios de los hombres, me emr
peña en procurar averiguar las cau
sas.
Todas las facultades de nuestra al
ma se reducen , como se ha visto , á
sentir y pensar : no tenemos mas que
ideas ó afectos , porque el odio mismo
es solo una rebelion contra lo que se
opone á nuestros afeclos.
.Jamás formariamos juicios falsos
en las cosas puramente espirituales,
si tuviesemos presentes todas las ideas
que tienen relacion con el objeto de
que queremos juzgar. Jamás se enga
ña nuestro entendimiento sino por no
tener bastante extension , á lo menos
en la materia de que se traia , por
mucha que sea la que por otra parte
pueda tener sobre otras materias. Mas
en
256 CONSIDERACIONES
en las que tenemos interés no bastan
nuestras ideas para que sean exadtos
nuestros juicios. En este caso depende
la exa&itud del espíritu de la rectitud
del corazon , y de la calma de las pa
siones ; porque yo dudo que una de
mostracion matematica parezca ver
dadera al que esté combatido de una
pasion vehementisima : éste supondria
que era un sofisma.
Si estamos apasionados en pro ó
en contra de un objeto , es muy difi
cil que estemos en disposicion de for
mar juicios rectos. Nuestro interés,
mas ó menos oculto , mas 6 menos
bien entendido , pero siempre sentido,
sirve de regla á nuestros juicios.
Hay asuntos sobre que ya ha dado
su sentencia el público , y no los ha
dejado á nuestro examen. Los hom
bres nos conformamos á estas deci
siones por educacion y preocupacion;
pero el mismo público , esto es , la
sociedad , los ha adoptado por prin
cipios , que sirven de regla á nuestros
juicios particulares ; quiero decir, por
el
SOBRE ¿AS COSTUMBRES. '257
éí interés. Todos separadamente mi
ramos nuestro interés personal" bien
ó mal entendido: la sociedad há mi
rado el interés comun , que reclifica
-Ial interés particular. El interés públi
co, y acaso el interés de los'qife go
biernan (que'siempre es menead dar
por supuesto es justo ) es el que ha
di&ado las leyes ,'y el que' forma las
.virtudes ; el 'interés particular es; el
que comete los delitos qüando sé Opo
ne al interés comun.; Él interés públi-
' co , que es el qué fija- la opinion gene
ral , es la medida de la estimacion,
del respeto , y del precio "verdadero;
esto es , del precio que reconocemos
merecen las mismas cosas: '^EHnterés
particular decide de los juicios más Vi
vos é Íntimos , qú'ales son la" atriistad,
y el amor ; efe&os ambos los mas vi
sibles del amor dé nosotros mismos.
-Pasemos á la aplicacion de estos prin
cipios. -'-',•,
¿ Qué es la' estimación si'nb el con
cepto que inspira de sí misrrio lo que es
util á la sociedad ? Mas aunque tenga
"'-- í R esta
ag8 CONSIDERACIONES
esia utilidad necesaria relacion con
todos los miembros de la sociedad ; es
muy habitual , y muy indirecta para
que los particulares la sientan con vi
veza. A consecuencia de esto » nues
tra estimacion no es casi mas que un
juicio que hacemos , y no ua afecto
que nos inflama » como et de la amis
tad que nos inspiran los sujetos que
nos son personalmente utiles. Por uti-*
lidad personal entienda no solo- socor
ros , servicios y beneficios materia
les , sino tambien eí deleite % y todo
lo que puede apasionarnos gustosa y
dulcemente , aunque en la realidad
nos pueda ser despues nocivo. La uti
lidad entendida asi, se debe aplicar,
si juzgamos con exactitud , aun al
amor , que es el mas vivo de todos
los afectos y pasiones „ porque tiene
por objeto lo que miramos como el
mayor bien en el tiempo en que esta
rnos apasionados.
Se me opondrá acaso que si el
amor y la estimacion tienen un mis
mo origen, y no difieren , segun mi
pria-
SOBRE LAS COSTUMBRES. Qgo
principio , sino en grados ; nunca se
deberian hallar juntos el amor y el
desprecio respecto de un mismo objeto
6 persona; lo que, añadirán, se ha vis
to algunas veces. Ordinariamente no
se hace esta objecion sobre la amis
tad ; porque se supone que un hom
bre de bien amigo de otro desprecia
ble , no le conoce bajo este respeto:
mas no está ciego , y si llega á impo
nerse en el caracter que no conocia,
se hará justicia rompiendo la amistad.
JNo examinaré pues lo concerniente
a la amistad , que no siempre 1*
hay entre aquellos en quienes se cree
verla. Hay muchas amistades supues
tas , bastantes prácticas de agradeci
miento que no son mas que atencio
nes , interesadas algunas veces y nun
ca aficion. «
Por otra parte , respondiendo á la
objecion sobre la sensacion del amor,
que es la mas viva, creo quedaré escu-
sado de no explicar lo concerniente
á sensaciones ó afectos mas endebles;
Digo pues , que nunca han tenido
Ra el
260 Consideraciones
«1 amor y el desprecio el mismo objeto
.á un mismo tiempo. No entiendo aqui
-por amor aquel deseo ardiente , pero
indeterminado, á qué1 todo puede servir
de pabulo , nada fija, y su misma vio
lencia le estorva hacer eleccion. Hablo
del amor que une la voluntad del hom
bre á un objeto con exclusion de otro.
He dicho que el amante de esta espe
cie nunca puede despreciar el objeto
de su afecto , sobre todo si cree que le
corresponde ; porque si no es asi , pue
de el amor propio , dandose por sen
tido , contrarrestar , y aun destruir al
amor de otro. En efeclo , se ven hom
bres poseídos de vehementisima pa
sion por un objeto que lo es tam
bien del menosprecio general ; pero
lejos de tener parte en este menospre
cio , lo ignoran ; y si antes de estar
apasionados subscribieron á él ; lo ol
vidan despues , se retratan de bue
na fé , y claman que es una injusti
cia. Si les acontece en las turbulen
cias tan comunes á los amantes, vitu
perarse y ultrajarse ; estos ultrajes
fiQü
SOBRE LAS COSTUMBRES. 26 1
son accesos de furor tan poco reflexio
nados que aun ocurren entre aman
tes que tienen la mayor obligacion de
respetarse.
Puede la ceguedad no ser conti
nua ; puede tener intervalos en que
se averguenze el hombre de su pa
sion ; mas este vislumbre de razon,
no es mas que por un instante , en
que duerme el amor , y despierta bien
presto para desaprobarlo. Si se reco
nocen defectos en el objeto , lastí*
man estos , y atormentan al amor,
pero no le humillan ; acaso llegará el
amante hasta conocer su debilidad , y
hasta verse forzado á confesar el
error de su eleccion ; pero esto es
porque no puede refutar los cargos;
esto es por hurtar el cuerpo á la
persecucion , y asegurar su tranqui-'
lidad contra reparos y golpes que le
fatigan , y no tiene obligacion de
oir desde que conviene en todo. Un
amante está muy lejos de sentir , y
aun de pensar lo que le obligan á
confesar ,. sobre todo , si es de un
COKSIDERACIONES
caracter blando : mas por poca cons
tancia que tenga , resistirá con va
lor. Lo que le harán presente como
faltas y bajezas en el objeto de su
pasion , lo creerá desgracias , que le
harán el objeto mas amable ; entrará
despues la compasion á fortificar , y
ennoblecer el amor , á hacer de él
una virtud , y alguna vez con apa
riencia ; no obstante que sea imposi
ble hacer adoptar esto á ciertos cen
sores incapaces de afectos , ni de
hacer las delicadas y decentes divi
siones que distinguen el vicio de la
desgracia. Deben tener entendido los
que nunca han amado , que por supe
rior que sea su talento , hay una infi
nidad de ideas , quiero decir , de ideas
exactas , que no pueden alcanzar , y
que estan reservadas á solo el corazon.
Dixe que no se podian mirar los
instantes de despique como un esta
do h'xo del alma , ni probar que el
menosprecio se una con el amor. Me
queda que desatar el reparo que se
me puede hacer , tomado de las per-
so
SOBRE LAS COSTUMBRES. «63
sonas que tienen constantemente ver
guenza de su adhesion ú amor , y se
ven humilladas á hacer inutilmente
esfuerzos por desprenderse de él. Hay
hombres de estos ciertamente , y en
mayor numero que se cree ; pero no
están de ningun modo enamorados,
sean las que fueren las apariencias que
dén de estarlo.
No hay cosa que se confunda tan
to con el amor y que tenga á veces
mayor oposicion con él , que la fuer
za del hábito ó costumbre. Es mas
difícil desprenderse de esta cadena,
que de el amor mismo , sobre todo
en cierta edad ; porque dudo que se
hallen en la juventud los exemplos
que algunos querrian alegar ; no solo
porque los jovenes no han tenido
tiempo de contraer esta costumbre ó
habito , sino porque son incapaces de
contraerla.
El joven que ama un objeto cier
ta y notoriamente despreciable , está
muy lejos de entrar en dudas. Acaso
no ha formado idea de los terminos,
R4 «-
264 CONSIDERACIONES
estimación y menosprecio : está arras
trado de la pasion. Esto es lo que ,
siente , y no puedo decir de ninguii
modo , esto es lo que sabe ; porque-
en aquella situacion ni sabe ni piensa,
nada, y solo goza. Si deja de agradar
le este objeto , porque otro le agrada
mas ,. pensará ó repetirá del primero
todos los males que se quiera. ..
En una edad madura no es asi: el
hábito está contraído : se acaba, el
amor., y queda la propension. Se des
precia el objeto de. ella , si es menos
preciable , porque se conoce tal qual
es ; y se conoce tal qual es .-, porque
ya no hay amor.
Y puesto que nuestro interés es la:
medida de nuestra estimacion , quah-
do nos arrastra aquel hasta darnos
aficion , es muy dificil que podamos
juntar con ésta el menosprecio. El
amor no depende de la estimacion,
pero ésta depende en muchas ocasio
nes del.amor.
Confieso que se sirven los hombres
de personas despreciables que recono
cen
SOBRE LAS COSTUMBRES. 20$
«en como tales ; pero las miran como
instrumentos viles que les sirven util
mente ; mas de ningun modo, las aman;
con estas sucede To mismo que con
aquellos sugetos á quienes correspon
den otros de mucho honor con el
mayor escrupulo en los obsequios que
reciben de ellos , porque quedarles
agradecidos les seria un peso de mu
cha humillacion.
Me atreveré á decir , aunque con
bastante repugnancia , que las perso
nas naturalmente afecluosas no son
por lo ordinario los mejores jueces,,
para conocer lo que merece estima-,
cion relativamente á la sociedad. Los
padres tan tiernos con sus hijos que
llegan á ser debiles , son los menos
á proposito para formar de ellos bue
nos ciudadanos. No obstante nos in
clinamos á amar con preferencia las
personas conocidas por afecluosas y
tiernas ; porque nos persuadimos á
que llegarémos á ser el objeto de
sus afectos , y nos damos la preferen
cia sobre la sociedad. , Hay una espe
cie
266 Consideraciones
cie de sensibilidad , ó ternura baja,
que no es mas que cierta debilidad de
organos mas digna de compasion que
de agradecimiento. La verdadera
sensibilidad seria la que resultase de
nuestros juicios , y no la que los
formase.
He notado que las personas aman
tes del bien público , que toman in
terés por la causa comun , y traba
jan por ella sin ambicion , tienen mu
chas conexiones y pocas amistades.
Un buen ciudadano que obra como tal,
no es á proposito por lo ordinario para
amigo ni para amante ; y esto no es
precisamente porque esté muy ocupa
do en otras cosas ; sino porque los
hombres no tenemos sino una deter
minada porcion de sensibilidad , que
no se distribuye sin que las porciones
se disminuyan : el fuego de nuestra
alma es en esto muy diferente de la
llama material , cuyo aumento y pro
pagacion depende de la cantidad de su
alimento.
- Vemos entre los pueblos , en que
:- ha
SOBRE LAS COSTUMBRES. 267
ha reinado con mayor explendor el
patriotismo , padres que sacrificaron
sus hijos al estado: nos admiramos
de su animo , ó nos escandalizamos
de su barbarie , porque juzgamos de
ellos segun nuestras costumbres. Si es
tuviesemos criados en los mismos
principios , veriamos que á penas hi
cieron sacrificio , porque la patria
era la que reconcentraba todos sus
afectos , y que no hay objeto á que no
nos puedan algunas veces arrastrar
las preocupaciones infundidas con la
educacion. Entre estos republicanos
la amistad era solo emulacion de la
virtud ; el matrimonio era una ley
de sociedad ; el amor un placer pa-
sagero ; la patria sola era pasion. En
tre ellos , la amistad se confundia
con la estimacion ; y ésta entre noso
tros , como hé dicho , es un mero
juicio del entendimiento , y la otra
una sensacion.
Despues que se ha desaparecido el
patriotismo , ó amor verdadero de la
patria , ninguna cosa puede dar me
jor
a68 CONSIDERACIONES
jor su idea , que algunos estableci
mientos que subsisten entre nosotros,
y no son patrioticos absolutamente
respeélo de la sociedad general. Vean
se las comunidades : aquellos ó aque
llas que las componen viven devo
rados por el zelo de su casa ; miran
sus familias como estrañas , y no co
nocen sino la que han adoptado. Di
vididos muchas veces por competen
cias personales y por odios parti
culares ; se reunen y tienen solo un
espiritu desde el punto en que se tra
ta del interés de todo el cuerpo. A es
te sacrificarian sus padres , sus ami
gos , si los tienen , y algunas veces
sus mismas personas. Las virtudes
monasticas ceden al espiritu monacal.
El espiritu y favor de los parti
dos sube aun todavia de punto. No
se contentan con lograr ventajas
efeélivas ; es de obligacion aborre
cer el partido, opuesto ; y esta sola
obligacion es la que está en disposi
cion de cumplir el mayor numero de
los partidarios \ y la cumplen reli-
': ,- gÍO-"
SOBRE LAS COSTUMBRES. 269
'glosamente suscitando questiones , que
muchas veces ni ellos mismos entien
den , que á la verdad , ni aun mere
cen ser entendidas , y que por lo mis
mo las han adoptado , y se han de de
fender con mayor teson. En nuestros
días , y á nuestra misma vista tene
mos exemplares espantosos.
La estimacion es de tan poca
consecuencia en nuestros tiempos , es
tan debil la conexion que induce,
que nadie teme decir á un hombre:
que le estima. , pero que no le ama. Es
to es hacer de una vez tres aélos,
de justicia , de interés parsonal , y de
franqueza. Es lo mismo que si se di
jera que esta misma persona es un
buen ciudadano ; pero que hay moti
vos de quejarse de él , ó que desagra
da y nos preferimos á la sociedad: con
fesion que al presente es prueba de un
valor filosofico , que hubiera sido ver
gonzoso en otros tiempos ; porque en
tonces se amaba la patria , y por con
secuencia los que la servian bien.
La alteracion sobrevenida en
nues-
270 Consideraciones
nuestro tiempo á las costumbres ha
hecho tambien que el respeto que era
entre los pueblos de que he hablado,
el complemento de la estimacion,
quede excluido de ella , y pueda ha
llarse unido con el menosprecio.
El respeto no es mas que la con
fesion de la superioridad de algu
no. Si la superioridad de graduacion
siguiese siempre á la del merito, ó si no
se hubiesen prescrito ceremonias de
respeto , su objeto seria personal,
como lo es el de la estimacion ; y
efectivamente ha debido serlo en su
origen , sea de la naturaleza que
fuere el merito de moda. Pero como
algunos hombres no han tenido por
merito , sino el credito de mantenerse
en los empleos que sus abuelos habian
honrado ; no fue posible desde en
tonces confundir la persona con el res
peto que exigian las dignidades. Esta
distincion se halla tan vulgarmente
establecida el dia de hoy , que ve
mos hombres que reclaman algunas
veces por su empleo lo que no se atre
ve-
SOBRE LAS COSTUMBRES. 07 r
verian á pedir por sí mismos. Debeis^
dicen humildemente y respetar mi
empleo y la graduacion en que estcy\
haciendose la justicia de no atreverse
á decir : que debeis á mi persona. Sí la
modestia obliga tambien á usar el
mismo lenguaje , no es por invencion
suya ; ni jamás ésta habria debido
adoptar el lenguaje del envileci
miento.
La misma reflexion hizo com-
prehender que el respeto que se po-
dia negar á una persona á pesar de
la elevacion de su empleo , debia
concederse á la superioridad del
merito á pesar del abatimiento en
que éste se hallase; porque mudan
do el respeto de objeto en la aplica
cion , no ha mudado por esto de
naturaleza , y solo es debido á la
superioridad. A consecuencia de esto,
hay , mucho tiempo há , dos especies
de respeto : el que se debe al merito,
y el que se tributa á los empleos , ó
nacimiento. Esta ultima especie de
respeto coasiste unicamente en una
me
272 ' Consideraciones
mera formula de palabras , ó adema
nes á que se someten las personas
racionales , y de que nadie procura
eximirse sino por necedad ú orgu
llo pueril.
Y pues no tiene el verdadero res
peto por objeto -sino la virtud , se
sigue de aqui , que no es tributo
de respeto él que se debe-' al ingenio
ó talentos. A estos los alabamos , los
-estimamos ; esto es , se les aprecia , y
se llega hasta admirarlos ; pero no
sé les debe absolutamente respeio,
porque no siempre podrán eximir
se del desprecio. No se despreciará
precisamente lo que se admira , pero
se podrá menospreciar bajo ciertos
respetos lo que se admira bajo otros.
No obstante este discernimiento es ra
ro : todo lo que sorprehende la ima
ginacion de los hombres impide hacer
justicia tan exacta.
En general el menosprecio se apli
ca á los vicios viles , y el odio á los
crímenes audaces , que son por des
gracia superiores al menospreciOiy ha
cen
SOBRE LAS COSTUMBRES. 273
ten confundir algunas veces el horror
con cierta especie de admiracion. No
hablo en particular de la colera , que
no tiene lugar sino en lo que nos
toca personalmente. La colera es un
odio abierto y pasagero ; el odio una
colera retenida y continuada. Consi
derando las diferentes graduaciones,
me parece que todo concurre á esta
blecer los principios que he puesto , y
resumiendolos en pocas palabras di
Que estimamos lo que es util
sociedad ; menospreciamos lo que
dañoso ; amamos lo que nos es pi
nalmente util ; aborrecemos lo que
es contrario ; respetamos lo que es
superior á nosotros , y admiramos lo
que es extraordinario.
No se trata mas que de aclarar
una equivocacion muy comun , que
hay en esta palabra menosprecio , em
pleada muchas veces en un sentido
diferentisimo de la idea ó sensacion
que se experimenta. Creen algunos , ó
quieren darlo á entender , que menos
precian á ciertas personas , porque se
S em
274 - * Consideraciones
empeñan en despreciarlas. Yo noto
por el contrario que no se hace este
afeclado desprecio de otros , sino pre
cisamente por el enfado de no poder
los menospreciar , y que se estima
por fuerza á los mismos contra quie
nes se declama. El menosprecio que
se manifiesta con altaneria , ni es in
diferencia , ni desden : es el len>
guaje de la envidia, del odio y de
la estimación , encubiertas bajo el
orgullo ; porque muchas veces el odio
es prueba de que hay mas motivos de
estimacion , que aun la confesion de
ijna estimacion sincera.

CAPITULO XV. .

DEL PRECIO EFECTIVO


de las cosas. .:
Htl-Emos examinado en el capitulo
que precede la esiimacion solo relati
vamente á las personas ; apliquemos
nuestros principios á los juicios que
hacemos del precio efediivo de Jas-co
sas,
SOBRE LAS COSTUMBRES. 2 73
fias 4 y en este caso estimar no quie
re decir mas que apreciar.
¿ En qué proporcion estimamos ú
apreciamos las cosas ? En la de . su
utilidad combinada con su rareza ó
escaséz ; y este segundo modo de con
siderarlas , esto es , por la rareza , es
lo que distingue el precio que pone
mos á las cosas , respecto de la esti
macion que hacemos de las personas.
En efecto la estimacion que hace
mos de un hombre no se disminuye
absolutamente aunque encontremos
otros tan estimables ; siendo asi que el
precio que ponemos á una cosa :rav-
ra , se disminuye inmediatamente que
es comun. Esta distincion es tan se
gura que no estimamos las personas
:por su rareza ,, sino en caso de consi
derarlas como cosas. Tal es por exen>
„plo la estimacion que hacemos, de las
-habilidades ; porque en este caso ha
\eemos abstraccion de estas respeclo
>de las personas que las tienen. "
-¡ Es necesario observar tambien
jespecta de las cosas , como lo héh&-
&'i S2 cho
276 CONSIDERACIONES "
cho hablando de las personas , que él
placer efectivo , ó de convencion , que
inos pueden dar alhagando nuestros
sentidos , ó nuestro amor propio, se
reduce á su utilidad , y siempre se
-combina con la rareza, en orden al
precio que les ponemos. Añadamos
que la utilidad se mide siempre por
su extension : de modo que de dos co-
.sas , cuya utilidad y rareza son igua
les ; aquella utilidad merece mas esti
macion , que es comun á mayor nu
mero de hombres: y estos tres movi-
;les del precio que ponemos á las co
sas , es á saber, la utilidad , la exten
sion de esta , y la rareza , se combi
nan infinitamente , pero siempre bajo
las mismas leyes.
Aclaremos estos principios con
-exemplos. Las cosas de primera nece
sidad , por exemplo el pan y el agua,
•no pueden ser raras , pues sin esto no
«.sedan necesarias: no siendo raras, no
pueden merecer nuestra estimacion:
, pero si por desgracia dejan de ser co
munes en algun tiempo , ¿qué precio
SOBRE LAS COSTUMBRES.
fto les pondremos ? Este principio es
la regla del comercio.
¿ Cómo resolvemos sobre el precio
de todas las cosas materiales ? Por la
misma ley. Apreciamos mucho un dia
mante. i En qué consiste su utilidad?
En su brillantéz, en el gusto pasagero
del bien parecer , y sobre todo en la
frivola vanidad que nos resulta de ser
tenidos por opulentos t y de los efectos ;
de esto. Mas por otra parte su rarezi
es de primera clase , y los grados de
rareza pueden compensar ó exceder
tos grados de utilidad que tendrian
otras cosas. Además de esto , la utili
dad del diamante bajo otro aspecto es
muy grande , pues está en la clase
de las riquezas y estas son representati
vas de todas las utilidades físicas.
Pasemos á las habilidades : ¿ por
dónde las miraremos ? por la com
binacion de su utilidad ya sea res-
peélo de las comodidades , ya de los
placeres , por el numero de los que
las disfrutan , y por la escaséz de las
personas que las tienen.
83 La*
2^8 Consideraciones ••,-. .
. Las artes , ú oficios de primera
necesidad son poco estimados , porque
todo el mundo está en disposicion de
exercerlos , y están abandonados á
una, parte de la sociedad la menos
apreciada por desgracia.' i,'/l * .
- No se hace estimacion de los la
bradores , y deberian inspirarnos
agradecimiento , compasion y hu
manidad. Pero suponiendo como im
posible , que solo hubiese un hombre,
capaz de proporcionarnos las mieses;
hariamos de., él un Ídolo ó semi-Dios,
y su veneracion no se disminuiria
hasta .que ¡ hubiera comunicado sus
luces , y adquirido por lo. mismo
mayor derecho á que le estuviesemos
agradecidos. Despues de su muerie
se podria tributar á su memoria lo
que sp habria negado á su persona. Y
esto es lo. que merecio honores di
vinos á ciertos inventores : hay mu
chas divinidades en el paganismo,
que no tuvieron otro origen.
Por lo que mira á las artes de
mero gusto , cuya utilidad consiste en
t í so
SOBRE LAS COSTUMBRES. 279
¿olo el deleite que causan , ¿ en qué
grado de estimacion las pondremos?
¿ No las calificamos segun los grados
de placer , y el numero de personas
que pueden gozarlo? - • - • . ;*
Pocas artes hay á que en -gene
ral sean los hombres mas sensibles que
ú. la musica : en suposicion de que el
gusto que ésta les áá. depende de
la execucion , parece que deberian sec
preferidos los Musicos que executan
las piezas á. los que las ponen en mu
sica ; pero por otra parte los compo
sitores son mas raros , y su utilidad
mas .estendida : sus composiciones se
pueden conducir & todas partes, y
executarse en ellas ; en lugar de que
el talento de la execucion , aun el rnas
sobresaliente que pueda darse v está
limitado al deleite de pocas personas^
á lo menos en comparacion del com-
positor.. ..
Lo raro de una cosa , si no tiene
alguna utilidad , no puede merecer es
timacion. El que tiraba y metia los
granos de mijo por el ojo de una agu
«8o CONSIDERACIONES
ja , era verisímilmente unico ; pera
esta destreza no era de utilidad alguna,
ni aun era curiosidad de gusto la que
podia excitar. Hay muchas cosas que
deseamos ver , no por el deleke que
causan , sino por reconocer si las
hay.
¿ Por qué razon las obras de inge
nio , prescindiendo de su principal
utilidad , merecen mayor estimacion,
y dan mas reputacion que las habilida
des mas raras ? Esto consiste en la ven
taja que tienen de propagarse , y
agradar igualmente ,en todas partes
á los que son capaces de conocerlas.
Quizás Corneille no fue un hombre
mas raro que Lully , y Rameau : sin
embargo sus nombres no están en
una misma linea ; porque hay mayor
numero de hombres que pueden go
zar las bellezas de las obras 'de Cor
neille , que de las de Rameau , y Lu
lly , y porque el placer que nace de
las obras del ingenio dilatando el
de los lectores , ó moviendoles el co
razon , lisonjea el modo de pensar
X
SOBRE LAS COSTUMBRES. 28l
y el amor propio , y debe por conse
cuencia exceder en mas ocasiones al
deleite de los sentidos que es el que
cuscitan las habilidades.
No es esto porque hagamos en
nuestros juicios una analisis tan exac
ta , y una comparacion tan geometri
ca : la justicia natural nos las ins-.
pira , y el examen reflexionado las
confirma.
;• Si se recorren las ciencias y las
artes , si se pesan en esta balanza , se
verá que la estimacion que se les da,
procede siempre de los mismos prin
cipios , que se estienden aun sobre
la política y ciencia del gobierno.
Muchas veces se ha buscado quál
sea el mejor de estos : unos se deter
minan por uno ; otros por otro , se
gun el gusto particular ; y algunosjuz
gan que la forma del gobierno debe
ser local y acomodada al cara&tr
de los pueblos. Esto quizá será cierto:
pero sea qual fuere la forma que se
prefiera , siempre hay una regla an
terior que se toma de la utilidad mas
es-
CONSIDERACIONES
estendida , y es : El mejor de los
bienios no es el que hace á los ham
bres mas felices , sino el que hace ma
yor numero de felices.] '.',; \
¿Quántos infelices será preciso ha
cer para subministrar los materiales
de lo que causa., ó deberia causar, la
felicidad de algunos particulares , que
ni aun la saben disfrutar ? Las perso
nas en cuyas manos está la suerte de
los hombres , deben dirigir siempre
sus cálculos á la suma total , quiera
decir , al pueblo. Lo que se ^necesita
para la felicidad fisica de un señor , ( i )
bastaría muchas veces para hacer la
de toda su aldea. PJ (;i
I.J- '"- I • j' i'~,'•'*' : I O"

(i) Por él" contrario : la contribucion que.rio


gravaría a lar 'señor , oprime a un pueblo. Es
desgracia que .á mas de la desigualdad inmensa
<}e fortunas, recaiga el mayor, gravamen sobre los
infelices. Esta consideracion , ya que no debí
igualar las fortunas , debería arreglar con pro-'
jSorcion los gravamenes , y limitar tambien en
los grandes señores , ó su desarreglo,, ó sus gas
tos , ó sus liberalidades , que por lo regular se
Hacen con el pan que se quita á la hambrien
ta familia de un aldeano.-- '•- í.'. •• . ' -4
SOBRE LAS COSTUMBRES. 283
' Toda es , y debe ser calculo en
nuestra conducta ; si caemos en a!gn~.
nos yerros es porque nuestro cálculo
ó por falta de luces , ó por ignoran
cia , ó pasion , no abraza todo lo que
debe constar en las resultas ó su
mas.
Y no es esto porque las pasiones
mismas no formen sus cálculos , y á
veces con gran finura ; sino porque
no valúan todos los tiempos que de
berian entraren el cálculo , y de
aqui nacen los errores : voy á expli
carme* . • «.-'.;•
La prudencia en; la. conduéla pen
de de la experiencia, de la precaucion,
y del juicio que se hace de las circuns
tancias : se debe en consecuencia po
ner atencion á lo pasado , á lo pre
sente , y á lo futuro ; mas las pasio
nes solo miran de cada vez uno de
estos objetos , lo presente , ó lo futu
ro , y nunca lo pasado. Algunos exem-
plos hacen sensible esta verdad.
El amor solo se ocupa en lo pre
sente ; busca el deleite actual , olvida
. los
284 Consideraciones -
los males pasados , y nunca prévée
lo futuro.
La colera , el odio , y la ven
ganza que es su efecto , juzgan del
mismo modo que el amor. Estas pa
siones toman siempre el mejor parti
do que pueden para su felicidad pre
sente : lo futuro es solo lo que causa
su desgracia. La ambicion , por el con
trario , solo mira lo que está por ve
nir.: Jo que era antes el objeto de su
esperanza , no es sino un medio para
ella , desde el mismo instante en que
llegó á verificarlo y conseguirlo.
La avaricia y la ambicion jue
gan igualmente , con sola la diferen
cia de que la una se vé atormentada
por la esperanza , y la otra por el te
mor. El ambicioso espera de grado
en grado conseguirlo todo ; el avaro
teme que todo lo ha de perder ; ni
uno , ni otro saben disfrutarlo.
La avaricia , como las demás pa
siones , no es otra cosa que un
amor propio duplicado ; mas siempre
procede con timidéz y desconfian
za.
SOBRE LAS COSTUMBRES. 285
«3. El avaro , recelandose de todos
los males , desea ardientemente las
aáquezas , que mira como equivalente
de todos los bienes. No es tan duro
consigo mismo como se le supone;
calcula muy finamente ; saca conse
cuencias exactas de un principio falso,
y encuentra bastante fruicion en sus
privaciones. No hay cosa de que no
se prive con la esperanza de gozarlo
Iodo. En el mismo instante en que se
niega un gusto , goza confusamente
de todos los que conoce puede pro
porcionarse. Las privaciones verdade
ras son violentas ; las del avaro vo
luntarias. La avaricia es la mas vil de
Jas pasiones , pero no la mas infeliz.
; Nunca nos podremos dedicar so
bradamente á corregir y arreglar las
pasiones que hacen infelices á los
hombres sin envilecerlos ; y debemos
hacer mas y mas odiosas las que
sin hacerlos infelices , los envilecen,
y perjudican á la sociedad , que debe
ser el primer objeto de nuestra aficion.

CA-
286 Consideraciones
* * •^
CAPíTULO XVI.
DEL AGRADECIMIENTO
é ingratitud, . , ,
N( OS quejamos del gran numero de
ingratos , y vemos pocos bienhecho
res ; parece que deberian ser tan
comunes los unos como los otros.
Es por consecuencia necesario , ó que
el corto numero que se encuentra de
bienhechores , multiplique prodigio
samente sus beneficios , ó que esten
mal fundadas la mayor parte de las
quejas sobre la ingratitud.
Para aclarar esta question , basta
rá determinar las ideas que se aplican
á los terminos de bienhechor , y de
ingrato. Bienhechor es una de aque
llas voces compuestas que llevan con
sigo su definicion.
Bienhechor es el que hace bien:
sus actos se pueden considerar bajo
tres aspectos ; beneficios , gracias , y
servicios. . j'u> i..:c . ..-:
El beneficio es un acto libre de
- -'", .'» par
SOBTIE LAS COSTUMBRES. 287
parte del que lo hace , aunque quien
lo recibe pueda ser digno de él.
Una gracia es un bien á que no
tiene derecho .alguno el que la recibe;
ó es el perdon que se le concede de
una pena merecida.
Un servicio , socorro , ó empeño es
un auxilio con que se contribuye á que
se consiga algun bien.
Los principios que mueven á obrar
al bienhechor son ó la bondad , ó
el orgullo , ó también el interés.
El verdadero bienhechor cede á
su inclinacion natural que le estif
muia á obligar á otros , y halla en el
bien que hace una satisfaccion , que
es á un mismo tiempo su primer me
rito y la primera recompensa de su
accion: pero no todos los beneficios
proceden de beneficencia. A veces
está tan lejos el bienhechor de esta
virtud , como el pródigo de la gene
rosidad. La prodigalidad vá unida
muchísimas veces con la avaricia , y
un beneficio puede tener por princi
pio unico el orgulloo - ¡--v
l. Un
2&8 Consideraciones "
Un bienhechor presuntuoso pro
cura hacer ver á los demás y á sí mis
mo la superioridad que tiene sobre el
que le queda obligado. Insensible á
la situacion de los infelices , é inca
páz de virtud , no se deben atribuir
las apariencias de que hace ostenta
cion , sino á los testigos que le pue-*
den estar viendo.
Hay tambien otra tercera especie
de beneficios que sin tener por prin
cipios la virtud ni el orgullo , proce
den de una esperanza interesada. Se
procuran grangear de antemano aque
llos que preveemos poder necesitar
despues.
No hay cosa mas comun que esto»
cambios interesados , ni tan rara co
mo los servicios ú obsequios since
ros.
Sin afeélar aqui divisiones parale
las y simetricas , se pueden conside
rar los ingratos , asi como los bien
hechores , bajo tres aspectos diferen
tes. -:
La ingratitud consiste en olvidar,
,- j ea
SOBRE LAS COSTUMBRES. 289
«n no reconocer,ó en reconocer fnal los
beneficios ; y tiene por principios la in
sensibilidad , el orgullo , ó el interés.
La primera especie de ingratitud
es la de las almas debiles , ligeras i y
sin subsistenciaé Afligidas con la ne
cesidad presente , sin atencion á lo
•futuro , no conservan idea alguna de
lo pasado ; piden sin trabajo , reci
ben sin verguenza , y olvidan sin re
mordimiento. Dignas de desprecies
ó quando mas de compasion , se les
puede hacer bien por caridad , sin esf
umarlas tanto que se llegue á aborre
cerlas. .. 1 «_ , 1
Pero ninguna cosa puede librar de
la indignacion á aquellos que no pu-
diendo disimular los beneficios que
han recibido , procuran sin embargo
desconocer á sus bienhechores. Mu
chas veces despues de haber reclama-'-
do sus socorros con baxeza , se rebe
la su orgullo contra todos los años, de
agradecimiento que le pueden traer á
la memoria la siiuacion que les humi
llaba; se averguenzan de la desgracia,
y nunca del vicio ; y por una conse-
T cuen
«290 Consideracionesí
cuencia de su mismo caraéter T son
capaces, si llegan á tener prosperidad,
de ofrecer por obstentacion lo que
niegan á la justicia: aspiran á usur
par la gloria de la virtud T y faltan á
las obligaciones mas sagradas*
Respecto de estos hombres menos
odiosos que los que son injustos por
orgullo , y aun mas despreciables
que las almas ligeras y sin prin
cipios , de que poco . antes hablé;
hacen los tales trafico del agrade
cimiento , y creen poder arreglar á
un cálculo aritmetico los socorros
que han recibido. Ignoran ( porque
para saberlo seria preciso experimen
tarlo ) ignoran , digo » que no hay
adecuacion entre los modos de pen
sar y los afeéíos ; que es imponde
rable la ventaja que tiene el bien
hechor sobre el que recibio sus be
neficios anticipados á la necesidad;
que seria preciso para establecer Ja
igualdad sin destruir la obligacion , que
el público tocado de acciones tan bri
llantes de agradecimiento , mirase
como una felicidad del bienhechor
i los
SOBRE LAS COSTUMBRES. 291
los servicios que huviese hecho : sin
esto , jamás se perderán sus derechos,
y no pueden perderse , sino por el
abuso que él mismo haga de ellos.
Considerando los diferentes ca^
ra&eres de la ingratitud , se ve en qué
consiste el del agradecimiento. Esie
es una propension que une al agrade
cido con el bienhechor , con deseo
de hacerle ver su inclinacio.i por los
efe&os, ó á lomenos por una con
fesion del beneficio que publica con
gusto en las ocasiones que propor
ciona con candor y de que se vale
con cuidado. No confundo con este
noble sentimiento la ostentacion viva y
fria , ni la adulacion servil , que pare
ce , y en efecto es una demanda ó
peticion nueva mas bien que agra
decimiento. Hé visto alguno de es
tos aduladores , siempre codiciosos,"
y nunca avergonzados de recibir , exa-¡
gerar los beneficios , y desperdiciar
los elogios i por mover y animar los
bienhechores , mas no por recompeaá
sarlos.
Se fingen apasionados * y nada se
T 2 apa-
¡292 CONSIDERACIONES
apasionan , pero alaban. No hay hom
bre colocado en dignidad que no pue
da contar al rededor de sí algunos de
estos apasionados filos que le impor
tunan y adulan.
Sé que deben ocultarse los socor
ros ó servicios , pero no el agradeci
miento ; este admite , y exige algu-¡
ñas veces , cierta especie de explen-
dor noble , libre y lisonjero ; mas Jos
transportes excesivos t las demostra
ciones intempestivas son siempre sos
pechosas de falsedad , ó necedad , á
menos que no procedan de los pri
meros movimientos de un corazon en
ardecido , ó de una imaginacion viva,
ó se dirijan á un bienhechor de quien
ya no se pretenda cosa alguna. - .
Dire mas r y lo diré libremente:
quiero que el agradecimiento cueste
trabajo al corazon ; esto es , que en
tre con dificultad en ser agradecido,
aunque lo sea con gusto una vez que
se hizo cargo de agradecer. No hay
hombres mas agradecidos que los
que no se dejan obligar de todos ; co
nocen las obligaciones que contraen,
SOBRE LAS COSTUMBRES. 293
y no quieren sujetarse sino á los que
estiman. Nunca tenemos mas ansia de
pagar una deuda , que quando la
contragimos con repugnancia ; y el
que solo pide prestado por necesidad,
se afligiria de no poder pagar. •••"•
Añadiré que no es necesario expe
rimentar vivísimos afe¿los de agrade
cimiento , para tener la correspon
dencia mas exacta y mas brillante.
Se puede por una especie de carac
ter de altivéz muy diferente del orgtr-
llo , aspirar á que el bienhechor
pierda á fuerza de obsequios) la supe
rioridad que adquirio , ó á disminuir
la por lo menos, ::/.'. C :'
En vano se objetará que las accio
nes sin los dictámenes del animo no
bastan para la virtud. Yo responderé
que los hombres deben procurar des
de luego hacer que sus acciones sean
honestas ; y muy en breve se confor
mará con ellas su modo de pensar : es
mas ordinario pensar conforme á
las acciones , que obrar conforme á
los principios ó dictamenes, Por otra
parte , este amor propio bien enten
T3 di-
«94 .-, Consideraciones
-dido , es el origen de las virtudes mo
dales , y el primer vinculo de la so-
.ciedad. j ,¡ f ,:.'., ¡v. i :
Mas supuesto que los principios
de los beneficios son tan diferentes,
¿deberá ser siempre el agradecimien-
-to de la misma naturaleza ? ¿Qué
-concepto ó afécto debemos al que por
un movimiento de caridad pasagera
.habrá concedido una mínima parte
de lo superfluo que tiene al que está
-en urgente necesidad ? ¿ Al que por
obstentacion , ó flaqueza exerce su
prodigalidad;, sin acepcion de perso
nas , . sin distincion de merito , ó de
necesidades ? ¿Al que por inquietud y
-por una necesidad maquinal de obrar,
¡de enredar y entremeterse en todo,
ofrece indiferentemente á todo el
mundo sus diligencias, sus cuidados
¡y sus solicitudes ? .. ,,.. v.ú u,-^::
-•i:/ Convengo etique se haga distin*
,cion entre los que acabo de pintar;
¡pero en fin les deberé el mismo con
cepto y afecto que á un bienhechor
ilustre , compasivo , que aun arregla
su compasion á la estimacion , necesi-
-4i - ; dad
Sobre las costumbres. «95
dad y efectos que prevee pueden te
ner sus servicios, ¿á un bienhechor que
recargando sobre sí mismo, acorta mas
y mas sus gastos necesarios para so
correr á una necesidad mas urgente,
pero estraña para él? Las virtudes
se deben graduar mas bien por sus
principios que por sus efe&os. Los
beneficios se deben juzgar no tanto
por la ventaja que resulta al obligado
que los recibe , quanto por el sacrifi
cio que hace el que obliga con ellos.
Nos engañariamos mucho en pen
sar que ise favorece á los ingratos
dejandoles la libertad de examinar ios
verdaderos motivos de los beneficios.
Nunca puede ser este, examen favora-r
ble á la ingratitud , y algunas veces
añade merito al agradecimiento. En
efecto „ sea qual fuere el juicio que
podamos justamente formar de un ob
sequio ó servicio , y sea qual fuere el
precio que le podamos poner con res
pectó á los motivos ; no por eso es
tamos menos obligados á los mismos
deberes práéticos respeAo del agra
decimiento , y cuesta menos el cum-
T4 plh>
ag6 Consideraciones
plirlos por propio dictamen que por
obligacion. '. -. >
Ni es dificil conocer qué obliga
ciones son estas : las ocasiones las in
dican ; no nos engañamos en ellas ; y
nunca somos mas bien juzgados que
por nosotros mismos. No obstante
hay circunstancias delicadas en que se
debe poner tanta mayor atencion,
quanto que podriamos faltar al honor
creyendo satisfacer á la justicia. Esto
sucede quando abusando el bienhe
chor de los beneficios que há hecho,
pasa á ser tirano , y llega por el orgu*
lio é injusticia de sus procederes hasta
perder sus derechos. En este caso,
¿quáles son los deberes del obligado?
Los mismos. ¿
i: ; Confieso que es duro este dicta-
fnen , pero no estoy menos persuadid-
do de que el bienhechor puede perder
sus derechos j sin que el obligado
quede libre de: sus obligaciones , aun
que lo quede de su agradecimiento üir
terior. Comprehendo que yá no le se*
tú, afeito de corazon , y que acaso lla
gará hasta aborrecerle ; pero no que
da-
SOBRE LAS COSTUMBRES. ¿97
dará menos sujeto á las obligaciones
que contrajo. ^
- Un hombre que se vé ultrajado
por su bienhechor , es mas digno de
compasion que un bienhechor qne
solo encuentra ingratos. La ingratitud
aflige mas que hiere á los corazones
generosos ; sienten éstos mas compa
sion que odio ; y el conocimiento de
su superioridad les consuela.
Mas no sucede lo mismo en el
estado de humillacion. á que se vé re
ducido un hombre por un bienhechor
orgulloso : como es preciso entonces
sufrir sin quejarse , despreciar , y
honrar á su tirano; se halla muy ator»
mentada interiormente una alma gran»
ÁQ ; y es tanto mas capaz de aborrecer,
jquanto no encuentra consuelo ni re
curso alguno en su amor propio : en
consecuencia será mas capaz de abor
recer que un corazon bajo y nacido
para vilezas. Solo hablo aqui del ca-
•racter general del hombre mirado en
sí mismo, y no segun los principios de
la moral acrisolada por la religion.
Quedamos pues siempre , respecto
del
398 Consideraciones , -
del bienhechor, en una dependencia ác
que soio puede libertarnos el público*
Hay pocos hombres , dirá alguna,
que sean objeto. del interés,, ó de la
atencion del público. Pero:nádie hay
que no tenga su. público, quiero decir,
una porcion de la sociedad comun de
la que él mismo hace una parte. Es
te es el público cuyo juicio se debe
esperar sin preocuparle , y aun sin
solicitarle. Las almas debiles fueron
las que imaginaron las demandas ó
querellas : las almas fuertes: nunca se
valen de estas; y la prudencia debe
hacer temible el emprenderlas. Las
apologias que en materia de porte ó
conduela no son precisadas , ha
cen lo mismo en el animo del público,
que las precauciones del culpable;
ú veces sirven. :de coviccion ; quanr
do mas , resulta tina escusa, y rara
vez una justificacion.
Hay hombre que por honradéz y
prudencia se contiene en. los moti
vos que tiene de queja , y tendria á
gran dicha verse precisado 4 justifi
carse : muchas veces pasada de acu
sa
SOBRE XiAS COSTUMBRES. 299
fado á ser acusador , y confundiria á
su tirano. En tales casos seria el silen
cio una insensibilidad despreciable.
Una defensa firme y decorosa con
tra una reconvencion injusta de ingra
titud , es obligacion tan sagrada como
_el ser agradecido por un beneficio.
: Sin embargo debemos confesar
.que siempre es desgracia verse en ta
les circunstancias ; la situacion mas
;cruel es la de hallarnos precisados á
quejarnos de aquellos á quienes esta
mos obligados. : ' ' ;:.'i
Mas no tenemos precision de man
tener la misma reserva con los bien
hechores falsos : hablo de; estos finji-
<los protectores , que se valen de su
ígerarquia para usurpar este titulo.
Sin beneficencia y acaso sin credito;
sin haber hecho servicio alguno , pro
curan , á fuerza de obstentacion , ga
nar clientes , ó apasionados , que al-
,guna vez les son utiles , y nunca les
-sirven de gravamen. Su orgullo in-
'genito y connatural les hace creer
que tratar á otros es hacerles beneficio.'
Si por honor ó razon es preciso aban-
do
3oo Consideraciones^
donar su comunicacion , gritan qu«
-es ingratitud , para evitar de este
modo la reconvencion. Verdad es que
hay obsequios de muchas especies:
una mera palabra , un dicho á pro
posito con conocimiento ó con valor,
es á veces un servicio señalado , que
exige mas agradecimiento que mu
chos beneficios materiales ; asi como
una confesion pública de estar obli
gado , es tambien á veces el afto mas
noble de agradecimiento.
Se distingue facilmente el bien?.
hechor real del protector imaginario:
cierta especie de urbanidad nos puede
estorvar que contradigamos abierta
mente á la ostentacion de este ulti
mo : asimismo hay ocasiones en que
se debe un reconocimiento urbano á
Jas demostraciones de un zelo que so
lo es exterior. Pero si no se pueden
cumplir estas obligaciones de uso
sino haciendo plenamente justicia,
quiero decir ¿ confesando claramente
3a deuda que se tiene al verdadero
bienhechor; es una ingratitud efec
tiva este agradecimiento falsamente
apli-
SOBRE tAS COSTUMBRES. 30!
aplicado ó partido; ingratitud que
no es rara ,y trahe su origen dela co
bardia , del interés ó de la necedad.
Es cobardia é infamia no defender
los derechos de su verdadero bienhe
chor. Solo por viles intereses puede
caer el hombre en subscribir á una
obligacion que no tiene; y es que nos
lisonjeamos de ganar por este media
«n hombre vano , para verificarla al
gun dia ; en fin es estraña necedad po
nerse gratuitamente en sugecion.
En efecto , estos protectores apa
rentes se alucinan á sí mismos despues
de haber alucinado al público , y sa
can ventaja para exercer su imperio
sobre los timidos que les complacen: la
superioridad de clase favorece bajo este
aspecto al error t y el exercicio de su
(irania la confirma. Nadie debe esperar
que la amistad sea la recompensa de
su adhesion servil. Ni es estraño que
un superior se deje subyugar y envi
lecer por un subdito ; pero sí lo es , y
mucho mas, que se sujete á la igual
dad, aunque sea á la privada y ocul
ta; digo igualdad, privada , porque es
302 Consideraciones '-"
toy muy lexos de querer desterrar por
un humor tetrico y maligno , qual era
el de lps Cínicos ¡ los respetos ó aten
ciones á que obliga la subordinacion.
Esta es una ley necesaria de la socie
dad T que solo ofende á los orgullosos,
y nada incomoda á las almas nacidas
para vivir con arreglo. Solo quisiera
que la diferencia de clases no fuera la
regla de la estimacion , como lo debe^
ser de los respetos ; y que el agrade
cimiento fuera un precioso vinculo que
uniese , y no una cadena que humilla
se y se diese á conocer solo por su pe-'
so. Todos los hombres tienen sus obli
gaciones respectivas ^ mas no todos tie
nen la misma disposicion para cum
plirlas ; hay unos mas agradecidos que
otros ; y muchas veces he oido promo
ver sobre este asunto una opinion qué
no me parece justa ni decente. El ca-
ra&er vengativo , dicen , proviene del
mismo principio que et caracter agra
decido ; porque es igualmente natural
acordarse de los buenos y de los
malos pasos que se han dado en pro y
en contra de nosotros*. \.
A sí
SOBRE LAS COSTUMBRES. 303
Si el mero recuerdo del bien y del
mal que se ha experimentado fuera la
regla del resentimiento que se conser
va , tendrian razon ; mas no hay co
sa tan diferente , ni aun tan indepen
diente la una de la otra. El espiri
tu vengativo proviene del orgullo
unido por lo regular con el conoci
miento de su propia flaqueza. El
hombre se estima demasiado , y teme
mucho. El agradecimiento muestra
desde luego un modo de pensar justo,
y aun supone una alma dispuesta á
amar , á la que seria un tormento
aborrecer, y que se exime de esto mas
por su natural dulzura que por la
reflexion. Hay ciertamente unos ca
racteres mas atractivos que otros , y
son agradecidos por el mismo princi
pio que les impide ser vengativos.
Los corazones nobles perdonan á
sus inferiores por compasion ; á sus
iguales por generosidad , y solo con
tra sus superiores , quiero decir , con-:
tra los mas poderosos que ellos , pue
den conservar alguna vez resentimien
to y procurar satisfacerlo. El peli-
.'-- : i gro
304 Consideraciones v
gro que encuentran en la venganza
los alucina , y creen hallar gloria en
él. Mas lo que prueba que no hay
odio alguno en su corazon, es que la
menor satisfaccion los desarma , los
mueve y enternece. . . ,.-, ,., ,:,. .
Para resumir en pocas palabras los
principios que hé procurado estable
cer ; los Bienhechores deben tener
consideracion con aquellos á quienes
obligaron , y estos cantrahen obliga
ciones de que no pueden absolutamente
dispensarse. No se deberian en conse
cuencia repartir los beneficios sino
con discernimiento ; pero á lo menos
se arriesga poco en esparcirlos sin
eleccion ; y por él contrario los que
los reciben contra hen obligaciones tan
sagradas , que nunca estará de mas
su cuidado para no contraherlas , sino
con aquellos á quienes podrán estimar
siempre. Si esto sucediera , serian las
obligaciones mas raras de le qué son;
pero todas se cumplirían. Añadiré, que
si cada uno practicára todo el bien que
sin incomodarse puede hacer , no ha
bría ningun infeliz. , , i , ¡ . . . , : w
fin. ivy
- -