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Escuela

de Teología
Universidad de Montemorelos

Extensión Universidad de Navojoa





Adoración en el libro de Hebreos





Ensayo
presentado en cumplimiento parcial
de los requisitos para de la
materia de
Análisis de Liturgia







Por
David Elí Contreras Galván




Febrero de 2019
Analizar Hebreos desde la perspectiva de la adoración es una empresa de largo

alcance. Sobre todo porque el tema central de esta carta tiene que ver con el

elemento principal de la adoración judía, a saber, el Santuario. Es por ello que al

acercarnos a Hebreos para encontrar pautas de adoración y liturgia en nuestra

práctica cristiana, es necesario que lo hagamos sobre el contexto del servicio ritual

del antiguo templo judío. Tampoco podrá faltarnos un Antiguo Testamento, ya que

el autor de la carta nos llevará al hermoso libro de los Salmos, usado en los

servicios de adoración israelita.

Es necesario aclarar que este estudio intenta hacer un acercamiento a los

pasajes, y los temas que de ellos se desprenden, que hacen alusión y pueden ser

tratados como pautas de adoración en la práctica cristiana del lector.

Queda pues para otro estudio el orden litúrgico del santuario y sus implicaciones

doxológicas, así como un análisis del uso de los salmos en el libro de Hebreos.

Por lo pronto podemos decir que los salmos que se citan en los textos aquí

presentados, siguen la tradición temprana en el cristianismo de darle a estos un

sentido de “texto prueba” de la venida del mesías, Cristo Jesús.

Pasajes de adoración en Hebreos

Hebreos 1:6

Hebreos 1:6 es el primero de los dos versículos, en Hebreos, que contienen la

acción de adoración. El contexto de la cita es una orden proveniente de Dios,


dirigida a los ángeles para que adoren (προσκυνησάτωσαν1) al “Primogénito”,

Cristo Jesús. El pasaje está tomado de la versión griega del Antiguo Testamento,

la LXX, y puede ser encontrado en Deuteronomio 32:43 o Salmo 97:6. La orden es

clara, la adoración por parte de los ángeles a Jesucristo.

El argumento amplio del capítulo 1 de Hebreos es la superioridad del Hijo sobre

los ángeles. Tomando en cuenta que muchos de los argumentos de Hebreos

están construidos de “menos a más”, el hecho de que uno de los primeros que se

usen para demostrar la superioridad del Hijo es la adoración que los ángeles le

tributan, pone en perspectiva que la adoración hacia Cristo es básica en el

entendimiento de la economía doxológica celestial.

Hebreos 2:12

Hebreos 2:12 se inserta en una sección dedicada a la salvación efectuada por

Cristo y su facultad para “expiar los pecados del pueblo”. El pasaje en cuestión es

una referencia al salmo 22:22. El salmo 22 es un salmo considerado mesiánico, ya

que fue exclamado por Jesús en la Cruz (Mt. 27:46, Mc. 15:34. Cf. Sal. 22:1). El

pasaje citado por el autor de Hebreos se usa para reforzar la idea de hermandad

entre Cristo y la humanidad redimida. La idea del salmo 22:22 está expresada a

través de un paralelismo sinónimo similar, donde las dos declaraciones expresan

la misma idea con diferentes palabras. Por lo que “anunciaré a mis hermanos tu

nombre” contiene la misma idea que “en medio de la congregación te alabaré”.

Esto es importante no perderlo de vista, volveremos a ello más adelante.


1
Verbo, imperativo, aoristo, activo, tercera persona, plural: adórenle.
La primera cláusula de este paralelismo sinónimo dice: “Anunciaré a mis

hermanos tu nombre”. La palabra griega ἀπαγγελῶ (anunciaré) significa anunciar

o declarar en público. Es interesante que el prefijo ἀπ le de al verbo el sentido de

una declaración colorida sobre lo que se anuncia, una declaración a detalle. Tal

declaración es el “nombre” de Dios, dado a conocer, según el autor de Hebreos,

por el Hijo en su encarnación.

La segunda cláusula dice: “en medio de la congregación te alabaré”. La palabra

griega ὑμνήσω (alabaré) significa alabar o cantar una alabanza. De hecho la

misma raíz para alabar en griego, es la que usamos en español para la palabra

himno, la cual está muy relacionada con los servicios de adoración. Nótese que

quien alaba o canta en este salmo es el Hijo, el Mesías.

Al unir las ideas emanadas de este análisis podemos identificar el lugar, la forma y

el objeto (sujeto) de adoración. Primeramente el lugar es la “congregación” y “en

medio de mis hermanos”, no es en soledad donde el Hijo participa de la adoración

al Padre, es acompañado, de forma congregacional. Esto a razón de que el

anuncio tiene que hacerse en púbico. La adoración se da en la congregación y a

través de ella.

En segundo lugar la forma de adoración se ve definida por un anuncio público y

colorido del nombre de Dios. El cual puede expresarse a través de alabanzas

(cantos) o himnos, y la predicación acerca del Padre, tal y como Jesús lo hizo en

su ministerio terrenal (Jn. 16:25).

Por último, el sujeto de adoración es el Padre. Vemos una imagen del Hijo

dirigiendo una adoración congregacional, pública y clara, a través de alabanzas,

donde el Padre es quien recibe la adoración. Esta escena es clave para la


comprensión doxológica, no solo celestial, sino universal, en la que está incluida la

raza humana redimida.

El cristiano participa de una adoración dirigida por Cristo con fines al Padre. No

adoramos a como nos plazca, existe un “director” de liturgia. En la siguiente

sección analizaremos este punto con más detalle. Por lo pronto es necesario

comprender que la adoración y alabanza, en Hebreos 2:12, nace del Hijo con

dirección al Padre.

Hebreos 8:2 y 6

Hebreos 8 contiene la introducción al “punto principal” (cf. Heb. 8:1) que el autor

de la carta trata de exponer, a saber, “la libertad de entrar al Santuario por la

sangre de Jesucristo” (cf. Heb. 10:19). Después de presentar al Hijo como un

Sumo Sacerdote, sentado a la derecha del trono de Dios en los cielos, se refiere a

Él como el “ministro del santuario y de aquél verdadero tabernáculo” (cf. Heb. 8:2).

Así el hijo es presentado como ministro del Santuario Celestial. La palabra griega

para ministro es λειτουργὸς, la cual también puede significar servidor o director de

un oficio. La palabra tiene un contexto de culto, de hecho es la misma raíz que

usamos para nuestra palabra en español liturgia, la cual está muy relacionada con

los servicios de culto y adoración. Así el servidor es realmente un director de

liturgia. Cristo, el Sumo Sacerdote en el Santuario Celestial, es el director de la

liturgia en dicho lugar.

Otra forma de entender la liturgia es como un servicio público dirigido por un

individuo. En este caso el culto público en el Santuario Celestial es dirigido por

Cristo mismo, el ministro, el servidor, el director de liturgia en el cielo.


En Hebreos 8:6, la idea es similar pero con implicaciones distintas. Siguiendo la

idea principal, el autor de Hebreos presenta a Jesús como el “mediador de un

mejor pacto, establecido sobre mejores promesas”, por lo cual se establece un

“mejor ministerio” (cf. Heb. 8:6). La palabra griega para ministerio es λειτουργίας,

que puede significar servicio en el contexto cúltico. Como en el caso del versículo

anterior, la raíz es la misma para nuestra palabra en español liturgia. Por lo que se

habla de una mejor liturgia, un mejor servicio de culto. Este mejor servicio de culto

es mejor al realizado en el santuario terrenal por diferentes razones.

En primer lugar quien lo ejecuta es un director de liturgia superior a los sacerdotes

terrenales, es el mimo Jesucristo. Una segunda razón por la que este servicio de

culto es mejor, es porque se lleva a cabo no en el santuario terrenal, sino en el

Celestial. El lugar de culto siempre es importante. De esta forma se establece que

hoy existe una liturgia mejor y está dirigida por un sacerdote mejor. Es Cristo

mismo quien dirige y ejecuta el funcionamiento del santuario celestial.

Hebreos 10:22

Hebreos 10:22 forma parte de la exhortación más amplia de Hebreos. Donde el

autor aplicará en sentido práctico las enseñanzas sobre la superioridad de Jesús y

su ministerio sumo sacerdotal en el Santuario Celestial. El versículo 22 exhorta al

oyente a acercarse, aparentemente, a la “casa de Dios”, mencionada en el

versículo 21, con “corazón sincero” y “en plena certidumbre de fe, purificados los

corazones de mala conciencia y lavados los cuerpos con agua pura”. Las últimas

dos frases del versículo son las que nos interesan para este estudio.
En griego, un corazón purificado, ῥεραντισμένοι τὰς καρδίας, expresa la idea de un

corazón siendo asperjado. En otras palabras, el autor traslada a su audiencia al

servicio litúrgico del santuario israelita en el momento en que algo era limpiado,

especialmente en la inauguración del pacto en Éxodo 24. Es interesante que el

verbo ῥαντίζω, asperjar, solo aparezca 4 veces en todo el Nuevo Testamento, y

las 4 es en el libro de Hebreos. Por su parte en el Antiguo Testamento de la LXX,

aparece en Lev. 6:20 en el contexto del servicio del santuario y en el Salmo 50:9,

como el ideal del salmista ante la acción divina, ser purificado, asperjado, con

hisopo. No hay duda que ῥαντίζω se relaciona con una purificación de carácter

cúltico, sin especificar el líquido con la que se practicaría, pudiendo ser agua o

sangre, en este caso la de Cristo. Ya que en el versículo 19 de Hebreos 10 es el

último líquido que el autor mencionó. No podemos ser concluyentes respecto a

esto.

La segunda frase, “lavados los cuerpos con agua pura”, es más contundente al

determinar el medio de la purificación. La palabra usada para lavados,

λελουσμένοι, es una palabra ampliamente usada en el AT en su sentido técnico de

tomar un baño ritual, especialmente relacionado con el inicio del ministerio

sacerdotal de Aarón y sus hijos (cf. Ex. 29:4; 40:12. Lev. 8:6). Así el sentido de la

declaración “lavados con agua pura” es complementaria a la que refiere la

aspersión en el sentido de limpieza de carácter cúltico, necesaria para acercarse a

la casa de Dios a través de Jesucristo.

De esta manera se puede suponer que debe existir cierta pureza en el participante

de la adoración en el Santuario Celestial, al cual tenemos acceso a través de un

“camino nuevo y vivo que él (Cristo) nos abrió” (Heb. 10:20). Esta pureza se
obtiene a través de agua pura, que se rociaba sobre la persona que estaba

contaminada (Lev. 15).

Hebreos 10:25

Hebreos 10:25 continúa con la exhortación que comenzó en el versículo 19. El

objetivo es motivar a los oyentes a congregarse, ἐπισυναγωγὴν. La palabra usada

para asamblea, tiene la misma raíz que la palabra sinagoga. Su uso técnico hace

referencia a las reuniones de adoración judías que surgieron en el exilio

babilónico. Es muy interesante que esta palabra solo se encuentre aquí y en 2 de

Tesalonicenses. En Tesalonicenses su sentido es el encuentro, la reunión con

Cristo cuando venga de los cielos (2 Ts. 2:1). ἐπισυναγωγὴν puede definirse

entonces como una reunión de adoración entre cristianos.

La invitación del autor de Hebreos para que sus lectores no dejaran de

congregarse, es compatible con el hecho de que la adoración que Cristo dirige y

de la que participa, encontrada en Hebreos 2:12, no es en solitario, es en

compañía de la “congregación”. La adoración que presenta Hebreos es

comunitaria, nunca en soledad.

Hebreos 11:21

Hebreos 11:21 es el segundo versículo que contiene la acción de adoración en

todo Hebreos, προσεκύνησεν. En este caso es Jacob quien adora. Hebreos 11 es

un pasaje que relata las grandes proezas de fe de los grandes patriarcas del

Antiguo Testamento. Llama la atención que solo de Jacob se mencione su acto de

adoración. Si bien, es cierto que la traducción e interpretación de este pasaje ha


sido muy debatida, quedan claras dos cosas: hay una bendición de por medio y un

acto de adoración. Quizá el primero motivó al segundo, aunque en la narración

Bíblica parece haber sido al revés (cf. Gen. 47:29-48:22). El acto de adoración de

Jacob tiene importancia por el momento en que lo hizo, la parte final de su vida y

después de haber terminado su peregrinaje hacia la tierra prometida. Su muerte

se presagiaría como un acto de fe expresado en alabanza, porque a pesar de no

haber “entrado” en la tierra ni estar en ella al morir, confiaba en regresar a través

de sus huesos. Para Jacob la muerte era un descanso. Sin duda llegaría el

momento de estar en un mejor lugar, lo que para los escritores del Nuevo

Testamento es la “resurrección de los muertos”.

La adoración no se limita a los momentos alegres de la vida. Cualquier condición y

momento en el peregrinaje cristiano es propicio para alabar a Dios. Por otro lado la

forma también es importante. Jacob se inclinó ante Dios al adorarlo, señal de

respeto y dependencia a lo largo de las edades.

Hebreos 13:15

Hebreos 13:15 es un pasaje que condensa varios de los temas tratados más

arriba y a lo largo de todo el libro de Hebreos. Ya en la parte final de la carta, el

autor expresa su convicción y anhelo para su audiencia, que le ofrezcan sacrificio

de alabanza a Dios a través de Cristo. Algunos de los temas que aparecen en este

versículo, de los cuales se analizaron en este estudio, son el Nombre de Dios, del

que el Hijo dijo “anunciaré”. Otro tema es el sacrificio, el cual fue presentado por

Cristo y fue mejor (Heb. 9:23). Así mismo aparece el tema de la “confesión”, el

cual será analizado en un estudio posterior.


El pasaje presenta dos ideas complementarias, una da paso a la otra. La primera

dice “ofrezcamos sacrificio de alabanza”. Este sacrificio definitivamente no es del

tipo que se ofrecía en el antiguo santuario de Israel para el perdón del pecado. La

palabra para alabanza en Hebreos 13:15, αἰνέσεως, es la única vez que aparece

en el Nuevo Testamento. Este sacrificio es el mencionado en Levítico 7 por la

LXX, como el de acción de gracias. Incluía la sangre y carne de un animal, pero

también panes sin levadura. En Hebreos este sacrificio se entiende en sentido

figurado, pues ve la alabanza originada en Cristo, pues es a través de él que el

sacrificio se realiza. Esto complementa la idea de Cristo como director de la liturgia

celestial y Sumo Sacerdote, y aún, como sacrificio por el pecado. Es por eso que

podemos ahora participar de un “sacrificio de paz” y de “acción de gracias” (Lev.

7:11-12).

La siguiente frase del versículo amplia el sentido del sacrificio de alabanza, al

aclarar: “fruto de labios que confiesan su nombre”. Esta construcción es bastante

peculiar y única en el Nuevo Testamento. Su paralelo en la versión griega del AT,

aparece en Oseas 14:3, donde después de ser exhortado al arrepentimiento, se le

aconseja a Israel declararle al Señor “Perdónanos nuestra perversidad, y

recíbenos con benevolencia, pues queremos ofrecerte el fruto de nuestros labios”.

La versión hebrea del pasaje parece aclarar la intención del autor de Hebreos,

presentar en el “sacrificio de alabanza” una “ofrenda de nuestros labios”, la cual

sería la traducción más acercada al texto de Oseas en hebreo.

Al ofrecer un sacrificio de alabanza a través de Cristo, la ofrenda del cristiano es lo

que sale de sus labios. Esta debería ser una declaración de arrepentimiento y

alabanza al Dios que es “fuego consumidor” (Heb. 12:29).


Hebreos 13:20-21

En la última sección de libro se inserta una doxología con alto contenido teológico,

cristológico, soteriológico y litúrgico. También condensa varios de los temas

tratados a lo largo de la carta e introduce temas nunca antes mencionados. Al

mencionar la “sangre del pacto eterno”, el autor está resumiendo el tema tratado

en el capítulo 9, donde presenta la sangre de Cristo como la ofrecida como

sacrificio por el pecado (cf. Heb. 9:12), a través de la cual inauguró el Nuevo

Pacto. La mención de la “buena obra”, es un recordatorio a los consejo

expresados a partir del capítulo 12, declarados de manera más clara en el 13. La

teología en acción a través del servicio (cf. Heb. 13:1).

Por otro lado, se introduce el asunto de la resurrección. Un tema no tratado a lo

largo de la carta, solo mencionado como uno de los “rudimentos” de la doctrina

cristiana (cf. Heb. 6:2), pero el contexto difiere del mencionado en el capítulo 13.

En el 6 los resucitados parecen ser los creyentes, en el 13 es Cristo mismo.

Hebreos 2 trata sobre la muerte de Cristo (Heb. 2:9, 14). Será el versículo 13 el

que de forma doxológica identifique al “Dios de paz” como el que “resucitó” a

Cristo de su muerte expiatoria. Sin duda una razón para alabarle.

Siguiendo esta tónica, el autor de Hebreos introduce el papel de Cristo y su

función como “pastor de las ovejas”. Es interesante que en los evangelios Cristo

es considerado el “pastor de las ovejas”, diferentes versículos lo identifican como

tal (Mat. 15:24; 25:32. Mc. 6:34; 14:27). Más interesante aún es la auto

designación de Cristo com el “buen pastor” (Jn. 10:11, 14). En el caso de Hebreos,

es correcto notar que se le llama el “gran pastor”, ποιμένα τῶν προβάτων τὸν
μέγαν. Siempre que se hace esta referencia a Jesús es en el sentido de cuidado y

protección e interés de la salvación de las ovejas, no solo el pueblo de Israel, sino

toda la humanidad pecados (Jn. 10:16). Pedro volverá a referirse a Jesús como el

Pastor (1 Pedro 22:25), pero no solo eso, lo llama el “pastor de los pastores”, el

ἀρχιποίμενος, única vez que la Biblia usa esta palabra, y es para referirse a Cristo.

La última declaración de la doxología indica quién es el destinatario de ella. Se

esperaría que fuera el “Dios de paz” pues él fue quien resucitó a Jesús. Pero al

finalizar la exposición “la gloría por los siglos de los siglos” es para Jesucristo.

El libro de Hebreos comienza como empezó, pidiendo adoración para Cristo, el

máximo sujeto de adoración, y único, para la raza humana redimida.

Resumen

El estudio de los textos de Hebreos relacionados con la adoración parecen

centrarse en definir varios elementos per se dignos de adoración. El libro

comienza haciendo referencia a la adoración que los ángeles le tributan al Hijo y

enseguida, en el capítulo 2, se presenta al Hijo rindiéndole alabanza al Padre. A

pesar de que su papel parece no ser central en la exposición a los Hebreos, el

Espíritu Santo juega un papel importante en la comprensión de la obra de Cristo

en el Santuario Celestial, en el cual es “director de liturgia”, pero este tema debe

ser tomado a consideración en un estudio posterior y exclusivo.

Por el momento, la identificación de los pasajes claves y centrados en adoración

en el libro de Hebreos permiten acercarnos a una comprensión más cabal de la

dinámica doxológica celestial y sus alcances para con los creyentes en la iglesia
cristiana. A continuación se enlistan algunas de las consideraciones extraídas de

estos pasajes:

1. Cristo es el sujeto primario de adoración angelical en el cielo.

2. El ideal de la adoración presentada en Hebreos es comunitaria y

participativa. La adoración se logra cuando está presente la congregación.

3. Es valido proponer que Cristo adora al Padre con la congregación que se

reúne para adorar y a través de ella.

4. El sujeto primario de la adoración congregacional es el Padre.

5. La adoración debe ser colorida, clara y puede ir acompañada de la

predicación del “Nombre de Dios” o alabanzas (himnos).

6. El servicio litúrgico en el Santuario Celestial es dirigido y se ejecuta a través

de Cristo mismo. La iglesia que se reúne para adorar debería tener en

mente que su adoración, al ser un reflejo de la adoración celestial al Padre,

debe ser dirigida por Cristo a través del Espíritu Santo.

7. Es necesario participar de los servicios de adoración comunitarios con

sinceridad. El sentido de santidad y pureza expresados por los adoradores

es requisito para acercarse a Dios.

8. La iglesia debería de reunirse periódicamente para adorar como

congregación. Esta es una de las razones principales de las reuniones

cristianas, si no que la más importante.

9. Lo expresado por los labios en forma de cantos, oraciones o exhortaciones,

debe hacerse con el conocimiento de que es dedicado para Dios a manera

de sacrificio de alabanza, por lo que se debería de concientizar a los

participantes de la adoración a permitir ser purificados por Cristo. Esta


purificación no es solo para los dirigentes de los servicios de alabanza, sino

para todos los creyentes que participan de ellos.

10. Cristo también es digno de ser adorado por los creyentes, ya que es el

Gran Pastor.