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Crónica Hormigas, de la tierra a la mesa.

O. Samuel Tarazona Vélez

Las hormigas son una representación de la santandereanidad frente a Colombia y en algunos


casos concretos frente al mundo, pero ¿Qué tan arraigado está este platillo dentro de las
personas de nuestra ciudad?

- “Las hormigas son tan santandereanas como el Atlético Bucaramanga, al que no le gusten es
porque no le gusta la tierrita”.

Esta es la opinión de uno de los campesinos que trabajan buscando las hormigas en las
temporadas de lluvias que azotan la región unos meses al año, unos meses que son duros para
quien trabaja la tierra húmeda y escurridiza en búsqueda de estos pequeños confites del pueblo.

La primera vez que vi una hormiga culona, fue en la decoración de un bus de la empresa
Copetrán, llegaba por primera vez a tierras santandereanas a la tierna edad de 6 años donde mis
ancestros ya habían estado antes que yo y de seguro habían comido de esas hormigas que
decoraban los buses, me pareció algo insólito, no porque me importunara la hormiga como un
logo empresarial, sino todo lo contrario, las hormigas siempre me parecieron insectos
sorprendentes y especiales, esto es porque mi joven mente los asociaba con la “tierra caliente”,
causado por la ausencia de los mismos en las planicies de la sabana cundiboyacense y por lo
mismo para mí ver hormigas significaba vacaciones. Aun así, pasarían más de 14 años para que
un insecto de este tipo llegara a mi boca.

- ¿usted no ha probado las hormigas culonas? Eso es de lo más rico, eso sabe cómo a maní, pero
más achicharrado, pero eso sabe bueno y viera lo beneficioso que es, ¡tiene una mano de
vitaminas que eso hasta las ensaladas las envidian! Pruebe un tantico y vera, eso sí le sabe feo
con el tiempo se acostumbra, ya verá.

Cómo esta señora muchos hablan los maravillosos beneficios de las hormigas culonas, pero
como en muchas culturas en las que las tradiciones, incluso las culinarias se pasan de una
generación a otra, es muy posible que el gusto de las personas por la hormiga culona sea más
un gusto adquirido que un gusto real que cada persona desarrolle por sí misma.

- yo en la vida me comería una hormiga, uy no, me da como asco, yo he visto toda mi vida gente
comiendo eso y uy ósea no, desde chiquita había en mi casa, pero siempre me pareció sucio
comer eso, ni siquiera me atreví a comerlas una sola vez, las solas ideas me daban ganas de
vomitar.

Es así como se dispone un miembro de la juventud santandereana frente a este, según su


opinión, desarrollo de la sociedad a un producto que no se debe comer, por el simple hecho de
que hay productos de la tierra que son para el consumo humano y productos que no, y en este
caso este sería parte de los que no, aunque yo no pensé así cuando las probé.

Llegada mi adultez, asumí volver a esta región para comenzar mis estudios universitarios, fue así
como pasado poco más de unos cuantos meses cuando llegó la oportunidad de probar estos
pequeños “maníes” ya carentes de animación de la naturaleza. Llegué a San Gil con mi pareja
esa mañana, pueblo santandereano por antonomasia en el que comí un desayuno típico y sin
ninguna característica especial, lo mismo fue el almuerzo fue igual y todo hacía parecer que sería
un día típico para mi paladar, aunque al final no lo fuera.
Llegada la tarde entré junto con mi pareja a una tienda de artesanías y recuerdos típicos de la
región, por insistencia de mi acompañante, fue ahí cuando las vi. Había varios frascos, sus
tamaños eran justos para la economía de cada tipo de comprador, y fue en ese instante en que
tomé una decisión un poco precipitada pero que ya no tendría vuelta atrás.

- ¿qué vale el envase pequeño de hormigas?

-A diez mil se lo dejo, baratico para que lo lleve.

Lo compré, sin preguntar opiniones sin importar inexperiencias, sin importar las incertidumbres
lo compré, y en seguida, por vez primera, probé una hormiga.

Ya han pasado aproximadamente 5 años de aquél momento, y aún recuerdo aquel sabor, Si fue
agradable o no, eso no tenía la menor importancia en realidad, ya que las hormigas culonas
tienen algo que va más allá de lo desagradable que puedan parecer, que va más allá de las
vitaminas y beneficios que puedan proveer, y es que esas pequeñas hormigas saladas le dan a
quien entra a Santander una bienvenida que llega más allá de la vista de los paisajes de esta
tierra, más allá de las voces de sus gentes, del olor se sus tabacaleras o del amor de sus personas,
la Hormiga culona da el sabor de Santander en cada una de las papilas de quien lo prueba, como
algo único y fuera de lo cotidiano del resto del país y es así como le digo, si quiere en verdad
sentir Santander, pruebe una hormiga culona, no le puedo asegurar que le guste, pero le aseguro
que sentirá como este pueblo se mete en usted por todos sus sentidos.

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