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UNIVERSIDAD DE CONCEPCION

FACULTAD DE HUMANIDADES Y ARTE


DEPTO. DE CIENCIAS HISTORICAS Y SOCIALES
LICENCIATURA EN HISTORIA

PODER Y LEGITIMIDAD EN BIZANCIO: IRENE, ZOE Y


TEODORA COMO GUARDIANAS DE LA BASILEIA EN
EL IMPERIO

TESIS PARA OPTAR AL GRADO DE


LICENCIADO EN HISTORIA

NOMBRE DEL DIRECTOR DE TESIS


PROFESOR SANYAR LAGOS VIGOUROUX

AUTOR
VALENTINA GONZÁLEZ MOYA

TESIS DE PRE–GRADO

Concepción, Chile, Enero, 2019


“Creo que es insensato discutir ahora si es conveniente
que una mujer- cuando los hombres no saben a qué
atenerse- tome la palabra o se atreva a proponer
animosos consejos. Quien ha sufrido un perjuicio
extremo no tiene más remedio que enfrentarse a él con
la mejor solución posible.”

Procopio de Cesárea, Las Guerras, I, XXIV.

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Agradecimientos

A mi Profesor guía Sanyar Lagos Vigoroux, que con su apoyo y paciencia me


ayudó a profundizar mis estudios en Bizancio en el marco de la investigación. A
los Profesores: José Ventura Rojas, Leslie Lagos-Aburto, Benjamín Toro Icaza,
que me auxiliaron en abordar diferentes aspectos de mi investigación. A la
Profesora Judith Herrin que despertó mi pasión por este imperio, y que con su
sabiduría y estudios, me apoyó en el proceso investigativo. A mi Madre Irma
Moya Ávila, que con sacrificio y entereza me hizo perseguir mis sueños más
allá de las limitaciones. A Franco Cortés, que con su amabilidad y consejos,
aportó valiosos comentarios para la realización de mi tesis. A Carol Gutierrez
Mancilla, porque gracias a ella estudié Licenciatura en Historia. A Diego Ortiz
Vásquez, Piero González Oviedo, Felipe Moya Sepúlveda y Victoria Fuenzalida
Piña porque creyeron en mí. Y por último a todos aquellos que se aventuran a
estudiar algo que está más allá de lo convencional.

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INDICE

RESUMEN Y ABSTRACT Pág. 6

CAPÍTULO I: PLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA Pág. 7

1.1. Descripción del problema Pág. 7

1.2. Preguntas de investigación Pág. 7

1.3. Objetivos de la investigación Pág. 8

1.4. Hipótesis Pág. 8

CAPÍTULO II: MARCO TEORICO Pág. 9

CAPITULO III: MARCO METODOLÓGICO Pág. 13

3.1. Diseño metodológico Pág. 13

3.2. Tipo de investigación Pág. 14

3.3. Técnica de recolección de información Pág. 14

3.4. Unidad de análisis Pág. 15

CAPITULO IV: LA MONARQUIA REPUBLICANA DE BIZANCIO Pág. 16

4.1. Monarquía, tiranía y República Pág. 21

4.1.1. Sobre la monarquía en Bizancio Pág. 22

4.1.2. Sobre las tiranías en Bizancio Pág. 26

4.1.3. Entre la Res Publica y la Politeia Pág. 28

4.2. ¿Quién tenía el poder en Bizancio? Pág. 42

4.2.1. El poder del Basileus Pág. 42

4.2.2. El poder del Patriarca Pág. 49

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4.2.3. El poder del Populus Pág. 56

4.2.4. El poder del ejército Pág. 66

CAPITULO V: MUJERES EN BIZANCIO. VIDA, PODER Y LEGITIMIDAD Pág. 71

5.1. Ser mujer en Bizancio Pág. 71

5.1.1. Lo cotidiano Pág. 72

5.1.2. Lo jurídico Pág. 76

5.1.3. Lo religioso Pág. 79

5.2. La Basilissa en la Basileia: Analizando los casos de Irene y las Hermanas


Porfirogénetas Pág. 90

5.2.1. Formas de acceder al trono: Madre, Hija y Esposa Pág. 91

5.2.2. Maestras de la publicidad Pág. 101

5.2.3. Legitimación Pág. 108

CAPITULO VI: CONCLUSIONES Pág. 119

ANEXO IMÁGENES Pág. 123

FUENTES Pág. 129

BIBLIOGRAFIA Pág. 130

ARTICULOS Pág. 132

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RESUMEN Y ABSTRACT

En este trabajo se estudia los elementos que llevaron a las emperatrices Irene,
Zoe y Teodora, a ostentar el poder imperial en su totalidad. Las circunstancias
que les permitieron hacerse con la posición de gobernante único, esto en
relación con la conformación del estado bizantino. Y cómo pudieron preservarlo
durante el tiempo que se sentaron en el trono. Para esto se evalúa la condición
de legitimidad de este tipo de situaciones y la posibilidad de que Bizancio
permitiera el gobierno de una mujer.

This work examinates the elements that led the empresses Irene, Zoe and
Teodora to hold the imperial power in its integrity. Also, the circumstances that
allowed them to hold a position of only rulers, this related to the conformation of
the bizantine state and how could they preserve their power while sitting at the
throne. To this purpose, the legitimacy of this situation will be evaluated, as well
as the posibility of Byzantium allowing the rule of woman.

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CAPÍTULO I: PLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA

1.1. Descripción del problema

La singularidad del imperio Bizantino, suele definirse con el cesaropapismo,


sin embargo a lo largo de su milenio de historia, otros elementos se hicieron
presentes en la vida política, y uno de ellos, que es sin lugar a duda uno de los
más interesantes, es la intromisión de la Basilissa, la esposa del emperador al
estado, ya no solo como consorte, sino que en muchas ocasiones ostentó poder
es más allá de lo ‘permitido’. ¿Cómo era posible que esto sucediera? A través
de la presente investigación, el objetivo será responder esta pregunta mediante
el estudio de tres emperatrices particulares: Irene de Atenas (c. 752-803), Zoe
Porfirogéneta (c. 978-1050) y Teodora Porfirogéneta (c. 981-1056). Estas tres
mujeres se relacionan porque son las únicas en el imperio que tuvieron un
período de gobierno donde solo su persona era portadora de la basileia.

1.2. Preguntas de investigación

- ¿Permitía la política bizantina el gobierno efectivo de una mujer, o sólo


sucedía en situaciones circunstanciales?

- ¿Cuáles eran las limitaciones que tenía la mujer bizantina en relación a la vida
pública y al poder?

- ¿Era legítimo el gobierno de una emperatriz en solitario?

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1.3. Objetivos de la investigación

- Objetivo General
Evaluar el papel de la emperatriz bizantina, como una mujer sujeta a
limitaciones sociales y administrativas, que puede ejercer la basileia
como gobernante legítimo.

- Objetivos específicos

 Definir los elementos que componían el estado bizantino e


identificar el papel del Basileus respecto a este.
 Reconocer las limitaciones de la mujer bizantina dentro de las
esferas sociales y de poder imperial
 Demostrar que la Basilissa era una figura susceptible a ejercer
poder total y legítimo en el marco del imperio bizantino.

1.4. Hipótesis

La Basilissa, a pesar de que teóricamente su papel en el estado bizantino


quedaba definido, en el caso de que esta asumiera como monarca único, no
eran situaciones excepcionales, por lo que no se puede calificar sus gobiernos
en solitario como ilegítimos.

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CAPÍTULO II: MARCO TEORICO

Marco conceptual

Para comenzar, se debe definir el Poder a través de un conocimiento


conceptual de la palabra, y para ello el principal referente será Michael
Foucault. Este autor, no da a conocer una exposición sistemática del poder, no
se encuentra una teorización en torno al concepto. Sin embargo, sí se logra
rescatar un análisis a tener en cuenta; su ‘filosofía analítica del poder’. Foucault
entiende el poder como una relación entre las diferentes prácticas discursivas y
no discursivas, el saber y el poder van de la mano, fortaleciéndose
mutuamente, cuyas motivaciones teóricas y políticas difieren del que lo ejerce.
No hay que dejar de mencionar que, Foucault escribe desde un entendimiento
de la edad moderna, donde el aparato estatal está sujeto a un contexto
geográfico y temporal específico. No obstante, y sin caer en la ingenuidad de
aplicar su conceptualización a un período de la historia diferente, sin tener
precaución, se debe adaptar al caso bizantino, y es por eso que no se puede
definir el poder, desde un solo libro o un único autor.

Foucault concibe el Estado moderno como “una combinación tan compleja


de técnicas de individualización y procedimientos de totalización” (Foucault, Dits
et Ecrits IV, 1992). Y esto interfiere directamente con su concepción del término.
Si bien, en varias de sus obras, utiliza el concepto de la forma diferente, ya sea
contrastándose con lo que dicen otros autores, Nietzsche, por ejemplo,
comprende el poder como una lucha, un enfrentamiento. Pero para generalizar
el pensamiento de Foucault hay que comprenderlo desde el concepto de
gobierno, la relación poder-soberanía; visto desde sus formas internas y
externas. Según este, el término suele sostenerse desde una perspectiva
económica: en la posición liberal el poder es un bien, sujeto a contrato, un
objeto de posesión. Mientras que en una visión más Marxista, el poder sirve
para mantener determinadas relaciones de producción (Foucault, Hay que

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defender la sociedad, 2003). Abandonar esas concepciones económicas
significaría dejar de lado el concepto de soberanía: la visión jurídica del poder.
Para utilizar una imagen más particular, el autor opone la visión descendente
clásica a una ascendente del concepto, el poder visto desde abajo, no como
algo que se posee, sino que se ejerce (Foucault, Hay que defender la sociedad,
2003). Y es esta, una combinación de las diferentes ilustraciones de Foucault
con los términos prácticos que una investigación requiere, la definición que se
utilizará: el poder como la capacidad práctica de hacer algo.

El segundo concepto, que de alguna forma ilustra y limita el marco del


estudio que se va a realizar, es Basilissa. En una definición vaga, Basilissa es
el término en griego que se utiliza como título femenino de rey o emperador. Sin
embargo, si bien esta denominación puede ser encontrada desde la antigüedad,
con las polis griegas, no es hasta el imperio bizantino, cuando se convierte en
un sello distintivo. Según la definición de Lynda Garland, “Las emperatrices
eran conocidas con numerosos títulos: Augusta, Basilissa y Despoina siendo los
más comúnmente encontrados, mientras que las emperatrices que gobernaban
en derecho propio podían adoptar el título masculino de Basileus o Autokrator.
[…] El título ‘Basilissa’ se utilizó para designar a la emperatriz principal, corona
con su esposo y co-reinaba con el Basileus y el deber principal de la emperatriz
anterior era prepararla para celebrar las ceremonias correspondientes a las
esposas de los dignatarios de la corte” (Garland, 2002).

Este título no fue ostentado por todas las hijas imperiales ni consortes
reales, era un reconocimiento que albergaba una distinción y responsabilidad
que no todas las mujeres que fueron cercanas al emperador tuvieron la
oportunidad de gozar. No se puede equiparar el grado entre la versión
masculina y femenina del reconocimiento. Lo cierto es que los emperadores
tenían muchos más privilegios y facultades que sus equivalentes del sexo
opuesto, no solo hay diferencia solo en el grado jerárquico, sino también en los

10 | P á g i n a
deberes y obligaciones. Siendo un imperio cristiano-ortodoxo, una de las
necesidades básicas era tener descendencia, y era el deber de la consorte real,
dar un hijo que mantuviera la dinastía legítimamente. Mientras que del
emperador se esperaba, principalmente, procuraba la paz y salvaguardar la
seguridad del territorio gobernado; mantenerlo y en algunos casos aumentarlo.
Pero, así como se les reconocía debilidades intrínsecas del género femenino,
estas emperatrices pudieron demostrar habilidades que detuvieron épocas de
crisis. Y la correcta manipulación de los privilegios que venían con el título, es lo
que hicieron grandes a las mujeres que se pretende trabajar en esta
investigación.

El último concepto es el de Legitimación. La Legitimidad es un término


utilizado tanto en la teoría del derecho, la política y en la filosofía. En una
concepción jurídica la legitimidad es la capacidad de ser obedecido sin recurrir
a la coacción, en contraposición a la autoridad. En términos políticos la
legitimidad es la capacidad que permite ejercer el poder sin necesidad de
recurrir a la violencia (Diccionario político de la República Constitucional). Sin
embargo, cuando la palabra es adherida a las ciencias sociales, tiene un uso
constantemente herido por la costumbre y el uso viciado, de forma que un
mismo concepto es usado indistintamente para definir realidades diferentes,
tanto en su utilización popular como dentro de las disciplinas politológicas y
sociológicas (Levi, 1882). Para los fines específicos de esta investigación, se
entiende que legitimidad hace referencia a un postulado del poder. Es decir,
hablar de legitimidad es interrogarse acerca de las razones que tiene la
ciudadanía para obedecer al poder.

Se puede comprender también como una construcción social íntimamente


vinculada a la concepción antropológica de cada sociedad concreta (Voegelin,
1968), si bien participa de elementos comunes en cuales quiera sean los
lugares donde existen las relaciones de poder. Por lo tanto, se entiende un

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comportamiento del poder que lleva a la generalización en una comunidad
determinada de aquellos aspectos que se consideran más beneficiosos de entre
los alcanzados gracias a la vida en sociedad.

Por último es necesario rescatar una de las definiciones más completas de


este concepto: “¨Por legitimidad entiendo el hecho de que un orden plítico es
merecedor de reconocimiento. La pretensión de legitimidad hace referencia a la
garantía –en el plano de la integración social- de una identidad social
determinada por vías normativas. Las legitimaciones sirven para hacer efectiva
esa pretensión, esto es: para mostrar cómo y porqué las instituciones existentes
(o las recomendadas) son adecuadas para emplear el poder político en forma
tal que lleguen a realizarse los valores constitutivos de la identidad de la
sociedad. El que las legitimaciones sean convincentes o que la gente crea en
ellas es algo que depende, a todas luces, de motivos empíricos.” (Habermas,
1986).

12 | P á g i n a
CAPÍTULO III: MARCO METODOLÓGICO

En éste capítulo se expone la metodología utilizada, en él se explica los


procesos que seguirá la investigación con motivos de cumplir los objetivos
propuestos inicialmente.

3.1. Diseño metodológico

El enfoque utilizado en esta investigación será del tipo cualitativa, ya que:

Se plantea un problema, pero sigue un proceso claramente definido, ya que,


los planteamientos no son tan específicos en el enfoque cualitativo. Dicho
enfoque se basa en los métodos de recolección de datos no estandarizados, no
se realiza una medición numérica, por lo cual el presente análisis no es
estadístico. El enfoque evalúa el desarrollo natural de los sucesos, es decir, no
hay manipulación ni estimulación con respecto a la realidad (Corbetta, 2003).

Las investigaciones de índole cualitativas generalmente se realizan en


ambientes naturales, donde sus integrantes tienen un comportamiento
cotidiano, no posee un propósito de control. En consecuencia la investigación
proporciona profundidad a los datos, donde su desarrollo debe estar
contextualizado al ambiente o entorno. También aporta un punto de vista
‘fresco, natural y holístico’ de los fenómenos así como también de flexibilidad en
los resultados. (Hernández, Fernández, Baptista, 2003)

Finalmente, he encontrado pertinente desarrollar la investigación bajo éste


diseño, porque se pretende que las personas que se aproximen a esta rama del
estudio medieval oriental, conozcan y evalúen un aspecto diferente del objeto
de estudio.

13 | P á g i n a
3.2. Tipo de investigación

El tipo de investigación que se efectuó es descriptiva, intenta mostrar una la


realidad del estado bizantino desde una descripción y análisis de los elementos
que lo componen, al mismo tiempo que se plantea en el marco específico de las
mujeres imperiales. “Los estudios descriptivos se caracterizan por un mínimo
de interpretación y conceptualización. Están redactados de modo tal que
permiten a los lectores extraer sus propias conclusiones y generalizaciones a
partir de los datos”. (Taylor y Bogdan, 2000) Por lo cual, en esta investigación
se muestran datos descriptivos importantes, que son abordados a partir de las
fuentes para identificar, describir y especificar el punto de vista, forma de
pensar, el cómo y por qué los personajes abordados actúan con respecto a su
posición.

3.3. Técnica de recolección de información

Es el análisis de textos el método de recolección de información de esta


investigación, son las fuentes y los estudios bibliográficos, como investigaciones
y artículos, los que permitirán llevar a cabo el análisis cualitativo, identificando
temas, desarrollando conceptos y proposiciones respecto al tipo de estado que
se desenvolvía en Bizancio. “A lo largo del análisis se trata de obtener una
comprensión más profunda de lo que se ha estudiado, y se continúa refinando
las interpretaciones. Los investigadores también se abrevan en su experiencia
directa con escenarios, informantes y documentos, para llegar al sentido de los
fenómenos partiendo de los datos.” (Taylor y Bogdan, 2000).

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3.4. Unidades de análisis

Análisis de contenidos

Se aplica este tipo de análisis, ya que actúa sobre textos de relatos


significativos para el trabajo investigativo, que son las fuentes bizantinas y el
contenido bibliográfico desarrollado por historiadores y especialistas en el tema.
Este tipo de análisis se utiliza para entender mejor los acontecimientos, siendo
este tipo de material informativo, entes de gran significancia para la
investigación. Se le da un sentido progresivo a los contenidos recolectados en
este estudio, combinándolos con el tacto y la asertividad de la interpretación de
los datos. Para pasar a generar tendencias en la historia bizantina, en relación a
los objetivos de la investigación.

“La primera tentación del analista es reducir datos; de hecho, parte del
análisis cualitativo consiste en hacerlo pero teniendo sumo cuidado de no
perder información ni descartar datos valiosos.” (Hernández, Fernández,
Baptista, 2003).

15 | P á g i n a
CAPÍTULO IV: LA MONARQUÍA REPUBLICANA DE BIZANCIO

“Fue la integración de la cultura Helenística y la religión Cristiana en el


marco imperial romano lo que dio origen a ese fenómeno histórico que
conocemos como el imperio bizantino.”1 Es quizás la frase más citada en los
trabajos históricos sobre este imperio de Oriente. Y es que el hombre tras esta
frase no merece menos reconocimiento, George Ostrogorsky, el historiador
yugoslavo se ganó un lugar importante en el mundo académico de Bizancio con
su obra “historia del estado bizantino”, que ha sido varias veces traducida y
editada. En su historia nos da a conocer una descripción de la tradición política
del imperio con una cronología sigue utilizándose hasta ahora, claro que con los
ajuste pertinentes a la evolución del mundo erudito de bizantinistas. Pero ¿qué
fue Bizancio específicamente? ¿Una continuación del imperio romano
decadente2? ¿Un imperio helenístico romanizado? ¿O un producto nuevo con
tradiciones de Grecia y Roma? Puede que estas preguntas parezcan en
esencia la misma cosa, sin embargo, depende de la repuesta que se les dé, lo
que define al imperio mismo. Lo cierto es que obedeciendo al especialista, es
posible que tenga una visión única de lo que constituye Bizancio, al menos en
los cimientos, porque este imperio “extraordinariamente dinámico”3 no era el
mismo en la época de Justiniano4, que luego con León el Isáurico o con la
dinastía de los Comneno. De hecho hay quienes sugieren que esta última sería
el final hipotético del imperio, ya que cuando sus murallas caen ante los
musulmanes en 1453 ya solo quedaba una forzada prolongación vacía de lo
que antes fue Bizancio. Y bajo este sentido, la “restauración” del dominio
Bizantino en el territorio, luego de la segunda cruzada, no sería más que un
intento de revivir un muerto.

1
OSTROGORSKY, George, “History of the Byzantine State”, Basil Blackwell, Oxford, 1968. Pág. 27
2
GIBBON, Edward, “The decline and fall of the Roman empire Vol. II”, Encyclopaedia Britannica, 1952.
3
OSTROGORSKY, George, “History of the Byzantine State”, Basil Blackwell, Oxford, 1968. Pág. 29.
4
Donde usualmente se considera el inicio de Bizancio y final de Roma.

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Para los fines básicos de la presente investigación, me remitiré a lo que los
bizantinos creían de ellos. Porque nada es más importante que descubrir el
imaginario tras las instituciones y el estado de esta cultura tan peculiar. Puede
que en la práctica, el anacronismo del término resulte hasta imperdonable 5,
pero es necesario rescatar el pensamiento colectivo y las tradiciones que
conlleva. Por ello, es importante iniciar con la base. Se llamaban a sí mismos
‘romanos’ y ya en fuentes posteriores6 utilizaban el gentilicio en griego, romanoii
o romaioi. Este idioma fue más utilizado a partir de la época de Justiniano,
quien después de formular su código civil, mandó a escribir una versión en
griego, la lengua predominante en el imperio, cuyos territorios por excelencia se
comprendían dentro y en torno del mediterráneo. No obstante no se puede
dejar de mencionar que el término ‘bizantino’ existía en la época, no para
denominar al imperio completo como los académicos deciden utilizarlo, sino
para nombrar a los habitantes de la antigua colonia griega fundada en el
Bósforo del mismo nombre, era un equivalente a constantinopolitanos7. Y fuera
de un marco lingüístico, también se puede encontrar esta tendencia a
considerarse parte del antiguo imperio latino en las fuentes, tanto en el estilo
como en la apropiación de la tradición histórica. Usualmente, los escritores
romanos comenzaban sus relatos históricos haciendo un breve recuento de la
historia ya conocida, algunos comenzaban en Rómulo y Remo, y otros desde la
época monárquica8. Los cronistas/historiadores bizantinos recogen esta misma
práctica, no solo como una imitación en la forma de remontarse al pasado, sino

5
Esto es totalmente referido a los historiadores contemporáneos que se muestran quisquillosos a la hora
de adoptar términos que pertenecían a otra época histórica. En este caso, incluso ignorando la imagen
que el grupo humano analizado, el objeto de estudio, tenía de sí mismo.
6
En Teófanes el Confesor, escribió a fines del siglo VIII y/o principios del IX; Miguel Psellos, del siglo XI y
Ana Comneno, quien vivió a fines de este último y principios del siglo XII.
7
HERRIN, Judith. “Mujeres en Púrpura: Irene, Eufrósine y Teodora. Soberanas del medioevo bizantino”,
Editorial Taurus, Madrid, 2002. Pág. 29.
8
Una tendencia que ilustra muy bien Georgina Buckler al analizar a Ana Comneno como historiadora en
su libro Ana Comneno: A study.

17 | P á g i n a
también en cuanto al pasado mismo. Y es porque consideraban que el mismo
pasado romano les pertenecía. Algunos ejemplos de esto son:

- Teófanes el Confesor, inicia su relato por Diocleciano en el año 5777


desde la creación. Como la estructura del autor es describir los
hechos más importantes (políticos) año a año, en el prefacio
especifica que le es imposible remitirse más atrás9.
- Georgios Synkellos (siglo IX), luego de una larga introducción
histórica (basada en los sagrados escritos) y una narración de los
reyes de Roma desde Rómulo, habla del inicio de los emperadores
en César y Augusto, con una breve historia apologética de estos,
como explicación para el título que el pueblo y la historia le da a sus
gobernantes.10
- Juan Zonaras (a mediados del siglo XII), comienza su crónica
diciendo que el estado romano tuvo sus inicios con el accionar de
Tarquinius Superbus, después continua los aportes de otros
personajes históricos al pragmata, desde Magistrados hasta
emperadores.11
- Miguel Psellos, da inicio a su cronografía con la formación de la
“politeia romana”, el relato de la tiranía del último Rey de Roma, y
llegando a César que “cambió la aristocracia de los romanos en una
monarquía y el consulado en una Basileia”12

Otro punto importante que los hacía “romanos” era el objetivo fundamental
que compartían los gobernantes con otras esferas del poder: recuperar lo que

9
CONFESSOR, Theophanes, “The chronicle of Theophanes the Confessor: Byzantine and Near Eastern
History AD 284-813”, Oxford University Press, Oxford, 1997. Preface
10
SYNKELLOS, Georgios, “The Chronography of George Synkellos: A bizantine Chronicle Universal history
from the creation”, Oxford University Press, Oxford, 2002. Pág. 368
11
ZONARAS, Juan, “Libro de los emperadores (Crónica)”, Larumbe, clásicos aragoneses, Aragón, 2006.
12
PSELLOS, Miguel, “Cronografía: Vida de los emperadores bizantinos”, Clásicos Universales, Barcelona,
1994.

18 | P á g i n a
antiguamente había sido el orbis romanus a través de las conquistas y la
expansión religiosa. Es importante destacar las dos herramientas que se
especifican en esta frase, porque muestran el estado cultural en el que se
encontraban. Las conquistas, son básicamente la institución romana usual de
expansión. Conocida en el imperio e incluso antes, por otras socidades. Pero el
elemento de la cristianización es relativamente nuevo. No es que en tiempos
anteriores Roma no deseara llevar la religión que habían hecho oficial a otros
territorios del imperio, si no que la simple premisa se contradice con la original
forma de romanización13, en la cual, de una forma limitada, se respetaban las
tradiciones religiosas y políticas del espacio conquistado. Sin embargo, luego
de Teodosio y el Edicto de Tesalónica, se comenzó a llevar la cultura latina de
otra forma, quizá más invasiva y violenta que la anterior 14. Este nuevo proyecto
no se puede considerar del todo efectivo. Las repercusiones del mismo se
hicieron notar rápidamente en la fragmentación ideológica del imperio- no hay
que olvidar que producto de esto se comenzaron a perseguir a las ‘sectas
herejes’ del cristianismo-, terminando por separar el mismo. No obstante, es
Bizancio quien retoma esta ‘cruzada’ y la ejecuta con un mayor convencimiento.
Puesto que las bases de esta religión que en su momento pareció ser
obligatoria de la noche a la mañana, ya contaban con cimientos teológicos,
argumentales y dogmáticos más fuertes que los estipulados por los primeros
emperadores que defendieron o definieron a este culto como oficial del estado.

13
“Romanización” es un término estudiado desde diferentes perspectivas y enfoques, por lo que darle
una definición única y/o por consenso es imposible y depende mucho del lineamiento histórico del
historiador. Pero según la corriente histórica que se maneja para la romanización como un proceso a
nivel macro, la romanización se entiende “como un macro proceso y un conjunto de acciones concretas
que tienden a una asimilación, a una cierta identidad y a principios comunes de diversos pueblos que
componen un mundo interconectado. En síntesis, entendemos la globalización como una integración y
unidad –a escala planetaria- dentro de una diversidad. [… esta opción] de la globalización es una
alternativa atractiva y, más bien, una realidad en diversos enfoques y estudios histórico-arqueológicos
tendientes a explicar el desarrollo y mantención del imperio en Roma”. BANCALARI, Alejandro, “Orbe
Romano e Imperio Global. La romanización desde Augusto a Caracalla”, Editorial Universitaria S.A.,
Santiago, 2007. Págs. 90-91.
14
Recordar las persecuciones de los cristianos a los paganos.

19 | P á g i n a
Y no solo en este alcance, sino que también ya se podía hablar de un imperio
totalmente cristianizado porque la tradición de adoración a Cristo y Dios llevaba
una cantidad de tiempo importante siendo parte fundamental de la vida pública
y privada de los habitantes de este.

La proyección del ‘sueño romano’ fue perseguida por numerosos


emperadores, algunos más aptos que otros. Pero el más reconocido en este
aspecto es Justiniano, quien junto a su general Belisario participaron en batallas
que a la larga resultaron infructuosas. No se puede negar su intromisión exitosa
en el Norte del África y la península Itálica, en términos de estrategia militar y
del impacto en la sociedad de esos lugares, sin embargo, no fueron regiones
que prolongaron las fronteras del territorio por mucho tiempo. Esto, sumando al
gasto excesivo del Basileus en proyectos constructivos, le llevaron a un
problema económico importante, y el mal recuerdo de su persona a corto plazo,
tanto para el pueblo y los emperadores sucesivos, como para su muy conocido
cronista15.Y ya en una época media tardía de la historia política de Bizancio, a
partir del siglo VIII más o menos, el interés se redujo a mantener la “supremacía
teórica” sobre lo que era parte del imperio16. Ahora bien, ¿es esto suficiente
para llamar a una civilización tardía y casi en su totalidad parte del medioevo,
‘romana’?

La respuesta tiene matices. Más que debatir sobre una civilización romana
medieval, resulta más preciso hablar de cuándo Bizancio deja de ser romano.
Porque este imperio oriental, a pesar de tener tradiciones griegas y romanas tan
arraigadas que se podrían enumerar fácilmente, es su propio producto. Para
esto es necesario establecer el hecho irrefutable: Bizancio nació del imperio
romano. Ya sea con el traslado de la capital a manos de Constantino, a una

15
Procopio de Cesárea, contemporáneo de Justiniano escribió la historia del imperio bajo el que él
denomina fue un gran Tirano. Esto al menos en su Historia Secreta que es un poco tardía en comparación
con sus otras obras apologéticas hacia el Basileus: Historia de las guerras y Sobre edificios.
16
OSTROGORSKY, George, “History of the Byzantine State”, Basil Blackwell, Oxford, 1968. Pág. 28

20 | P á g i n a
ciudad de oriente que llevaría su propio nombre, o con la definición de la
religión cristiana como oficial, e incluso con el primer tratado civil-legal fabricado
en oriente- bajo influencia de la región misma-, lo cierto es que entre más uno
se aleja temporalmente del imperio latino, menos rasgos tradicionales de este
se encuentran en las instituciones y costumbres bizantinas. Y esto ocurre por el
dinamismo básico de este, una característica que le hizo mejorar las
instauraciones romanas vigentes, a tal grado que en un siglo VIII o IX ya no se
podían reconocer como tales. En otras palabras, una creación de un emperador
–ya sea una nueva magistratura, u otro departamento de estado- lo usual es
que solo funcionaba para este, y era más que posible que el próximo
gobernante escogiera no depender de él. No había nada totalmente
establecido, más que la religión, cuya tradición histórica impidiera el paso al
cambio, sin embargo, aunque en los hechos, Bizancio se halla desprendido de
varios rasgos propios del mundo que se desarrolló en la península itálica, la
esencia de los mismos no se puede olvidar17.

4.1. Monarquía, Tiranía y República


¿Qué sistema de gobierno ha obedecido por este imperio en el margen
de lo oriental y lo occidental? Es difícil responder a esta pregunta, debido
a que las fuentes Bizantinas no dejan del todo claro este aspecto
histórico, o más bien lo pasan por alto conscientemente. Es posible que a
lo que ellos llamaban politeia y basileia estuviera tan arraigado a la vida
cotidiana y a la sociedad en general, que entrar a definir los conceptos
hubiera sido una pérdida de tiempo innecesaria. Pero para los estudiosos
contemporáneos, definir a Bizancio como una ‘monarquía’ o ‘tiranía’ a
secas, comprende un problema más allá de la simple imposición de

17
Hablo de cuestiones que siguieron hasta los finales del imperio, como los códigos civiles, que
estuvieron haciéndose hasta muy tardío el imperio. O también en torno al ceremonial y la institución en
torno a la Basileia.

21 | P á g i n a
estas concepciones modernas a una sociedad medieval. Y es que la
historia de este, hace visible la transformación del imperio desde los
ámbitos sociales y religiosos, hasta los políticos y estatales. Sin
embargo, a riesgo de que no muchos estén de acuerdo con las premisas
expuestas, el siguiente capítulo se dedicará a la definición del estado
Bizantino.

4.1.1. Sobre la monarquía en Bizancio

Un viajero venido desde China, entre los siglos XVII y XVIII escribió:
“Sus reyes no son hombres que duran. Eligen a los más capaces y lo
ponen en el trono; pero si una desgracia o algo fuera de lo común ocurre
en el imperio, o si el viento o la lluvia llegan en la estación equivocada,
entonces ellos deponen al emperador y ponen otro en su lugar.”18
Y en la opinión de quien escribe, no hay mejor cita que describa de una
forma apropiada cómo se comportaba la monarquía bizantina en ojos de
un externo. Bizancio es una monarquía y eso es un pensamiento básico
a la hora de estudiar un estado cuya forma de gobierno era constituida
por una persona, un emperador, un Basileus. ¿Se puede discutir esta
afirmación?
Para comenzar hay varios matices. El término proviene de la fusión
de los términos griegos de ‘monos’ [uno] y ‘arkein’ [poder] y se distingue
de la tiranía y del despotismo principalmente porque la monarquía
implica un poder legítimo y legal. Y ya en una definición moderna, se
diferencia de la república por la estrecha relación entre el poder del rey y
el ejercicio del mismo en un ambiente público; en una república no existe
poder inherente a las personas, sino que quien lo ejerce desempeña un

18
HIRT, Friedrich, “China and Roman Orient: researches into their Ancient and Medieval relations as
represented in old Chinise Records”, Leipsic & Munich, Munich, 1885. Pág. 52

22 | P á g i n a
cargo público. Esto entra en una confrontación directa con la concepción
de monarquía ‘antigua’, y se le debe una pequeña revisión al respecto.

Cicerón hace su propio aporte sobre la monarquía: “en las


monarquías, los súbditos tienen una participación demasiado pequeña
en la administración de la justicia y en la deliberación; […] Por
consiguiente, aun cuando el persa Ciro fue el más justo y el más sabio
de los reyes, esta forma de gobierno no me parece a mí deseable porque
‘la propiedad del pueblo’ –pues, como he dicho, esto es una república- es
administrada según el antojo y capricho de un solo hombre.” 19 Bueno,
este es un pensamiento ‘antiguo’ sobre la monarquía dentro de la
república, y puede que se adecue mejor que la descripción anterior, al
imperio oriental. Sin embargo, existe un alcance que Cicerón parece no
tomar en cuenta. Si bien no solo se remite a hablar de las distintas
formas de gobierno sino también de la forma de degradación de cada
uno, no menciona la capacidad del populus de hacerse con el poder en
caso de que su o sus gobernantes no funcionen. No se le puede culpar
tampoco, siendo el caso de que Cicerón y los romanos solo tenían
memoria histórica de una monarquía, una que no les gustaba recordar.
En cambio si observa otro tipo de ‘monarquías’ contemporáneas a la
romana, se logra detectar el objetivo:

La monarquía faraónica tiene más de cuatro mil años de existencia, y


lo interesante, es que nunca se intentó cambiar esta forma de gobierno
porque era funcional. Sin embargo, hubo varias épocas de crisis en el
estado egipcio, por diferentes razones; invasión, hambruna, soberanos
que no cumplían con su deber, etc. Y a estos períodos se les denominó
(por parte de los egiptólogos claro) “períodos intermedios”, los cuales

19
CICERÓN, Marco Tulio, “La República”, Biblioteca de iniciación Filosófica, Buenos Aires, 1967. Libro I,
XXVII, XLIII

23 | P á g i n a
solían durar una cantidad significativa de años. Pero luego de las crisis,
siempre se volvía a la misma institución faraónica ¿Por qué? Se debía al
compromiso que existía entre el faraón o la corona y el pueblo. La
legitimación de este monarca residía en el poder espiritual y divino (era
considerado un Dios o hijo de los dioses) y aun así existen registros de
momentos en que el poder les era arrebatado por el pueblo, de forma
violenta. ¿Dioses que respondían ante su pueblo?20

Cuando se habla del gobierno de una sola persona, es una


monarquía y esa es la base con la cual se entiende este régimen de
gobierno para la antigüedad. ¿El poder le pertenecía al rey? Este es el
principal problema, sobre todo para Bizancio, porque de ser así ¿Cómo
se explica el desfile interminable de reyes que pasaron por el trono
porque se sublevaba o el pueblo o la milicia e incluso la familia imperial?
“La historia de Bizancio puede presentarse como una serie de dinastías
que intentaron establecerse pero que terminaron rápidamente, durando a
veces tres o cuatro generaciones, pero rara vez más de un siglo”21 Las
causas de la interrupción dinástica pueden ser variadas, sobre todo
cuando existen tantos lineamientos de estudio; para un historiador de la
sociedad es fácil apuntar a que se producía por descontento popular 22, si
el erudito se especializa en historia política, fundamentará que la causa
directa son los problemas dentro de la misma familia imperial 23, pero lo
fundamental siempre es dirigirse a lo que las fuentes dicen al respecto,
claro que en general estas siguen un lineamiento de historia política,

20
Para mayor información y profundización del tema, revisar: “El antiguo Egipto: anatomía de una
civilización” de Barry Kemp, y en “Historia del antiguo Egipto”, editada por Ian Shaw.
21
DAGRON, Gilbert, “Emperor and Priest. The imperial office in Byzantium”, Cambridge University Press,
Cambridge, 2003. Pág. 14
22
GARLAND, Lynda, “Political Power and Populace in Byzantine Prior to the Fourth Crusade”,
Byzantinoslavica No. 53, 1992. Esa es la premisa fundamental del trabajo de Garland y no solo en este
artículo, sino también en otros estudios realizados por la misma autora.
23
OSTROGORSKY, George, “History of the Byzantine State”, Basil Blackwell, Oxford, 1968.

24 | P á g i n a
pero al mismo tiempo tienen una mayor amplitud de visión porque
conocen al estado y al pueblo (al menos a los habitantes de la capital,
que siempre son partícipes de las crónicas/historias que se narran):
“Cuando un emperador le transmitió el poder a su hijo, se cuidó de
decirle: ‘No soy yo quien te ha elegido, sino que es Dios, y el pueblo, y el
senado y el ejército los que te han escogido’” 24 El autor, al relatar la
imagen del emperador, hace mención de los poderes que en sí, podían
echar abajo a un nuevo soberano, mientras que la ficción de elección
divina o constitucional ocultaba discretamente el intento de tradición
hereditaria.

Esta monarquía se basaba en la constante legitimación por parte del


emperador de que este merecía el poder. Quizás por eso el imperio se
proyectó cerca de un milenio en la historia, y es que las escasas tiranías
eran rápidamente rechazadas25. Y es que en Bizancio “No era el poder lo
que era legítimo, pero cualquier persona que se apropiara del poder
podía legitimarse al elegir respetar la ley. […] En definitiva, la legitimidad
se logró a través de una conversión a la legalidad”26 Es esta la manera
fundamental de comprender al estado Bizantino: una monarquía, donde
el Basileus era un funcionario civil del estado, donde la sucesión
dinástica no era un derecho natural de los descendientes, vinculado a la
definición del imperio, sino una búsqueda impredecible de un destino
individual para extender a la familia en el poder27.

24
CONFESSOR, Theophanes, “The chronicle of Theophanes the Confessor: Byzantine and Near Eastern
History AD 284-813”, Oxford University Press, Oxford, 1997.
25
Excepción a la regla pudieron ser (según las fuentes estas son tiranías, pero históricamente es dudoso)
los reyes iconoclastas: León III el Isáurico, Constantino V, León IV, León V el Armenio, Miguel II y Teófilo
26
DAGRON, Gilbert, “Emperor and Priest. The imperial office in Byzantium”, Cambridge University Press,
Cambridge, 2003. Pág. 19
27
DAGRON, Gilbert, “Emperor and Priest. The imperial office in Byzantium”, Cambridge University Press,
Cambridge, 2003. Pág. 23

25 | P á g i n a
4.1.2. Sobre las tiranías en Bizancio
Según Aristóteles, tiranía y despotismo no son intercambiables ni
similares, debido a que en los regímenes despóticos, algo que dice es
típico de pueblos asiáticos, se gobierna bajo el control de la ley con el
consentimiento de los súbditos, mientras que en el régimen tiránico ni las
leyes ni el consenso prevalecen28. La violación de los derechos es el
criterio determinante para saber si se trata de un despotismo o de una
tiranía. Además se desprende que al contrario de la tiranía, el
despotismo puede ser estable y perdurar. Pero esta constituye una
definición antigua y demasiado simple para los teóricos actuales.

En Bizancio el papel de los títulos que se les atribuye a los


emperadores es variable en su uso y en el tiempo, se puede observar
una especie de evolución creciente que depende del uso cotidiano que
pueden tener, el ceremonial, los títulos de nomenclatura oficial y por
último, los expresados en la cultura material: estatuas, escritos y
monedas. En las inscripciones del imperio bizantino ya más avanzado se
puede observar una tendencia a traducir títulos por lo general
pertenecientes al imperio romano, al griego, por lo cual se entiende
‘Autocrator’ como el equivalente a ‘Imperator’29. El título ‘déspota’
aparece con el emperador Constantino, y a veces es utilizado en lugar de
Basileus que es una connotación más cotidiana, se dice que este título
en realidad era exclusivamente persa, pero después de su derrota ante
Heraclio en el año 639, pasa ‘por derecho’ a los emperadores Bizantinos.
Mientras que ‘déspota’ (en traducciones por ejemplo) es más propio de
los protocolos.

28
ARISTÓTELES, “Política”, Losada, Buenos Aires, 2005. Cap. V,V.
29
BRÉHIER, Louis, “Le Monde Byzantin, II. Les Institutions de l’Empire byzantin”, Bibliothèque de
Synthèse historique, Paris, 1949. Págs. 41-48.

26 | P á g i n a
Con esto en mente no es raro que el emperador Justiniano se
registrara como déspota en algunas inscripciones. Pero no alcanza a
salvarse del título de ‘Tirano’ otorgado por Procopio en su Historia
Secreta30. Este emperador se ganó dicha connotación negativa por la
revuelta de Nikka: durante el año 532 el emperador se había vuelto
impopular porque si bien se había declarado abiertamente partidario de
los Azules, porque los Verdes preferían ver a Anastasio en el trono, al
llegar a emperador intentó deshacerse independientemente de ambas
facciones populares ingobernables. “El hipódromo se hizo eco del grito
inusual de ‘larga vida a los verdes y los azules misericordiosos’
[acompañado de ‘Nikka!’ que viene a significar ‘victoria!’]. La revuelta
asumió proporciones alarmantes, la capital estaba en llamas y un sobrino
de Anastasio I fue aclamado emperador y fue vestido con la púrpura en
el hipódromo.”31 Viendo esto el emperador se estaba acobardando frente
a la multitud cuando la emperatriz Teodora se adelantó y denunció la
idea de la huida: “Que jamás me vea separada de la púrpura y que no
viva el día en que los que se dirijan a mí no me llamen despoina [señora]
[…] Si ahora es tu deseo salvarte, oh emperador, no tendrás dificultades
en hacerlo, pues tenemos mucho dinero y ahí está el mar, ahí las barcas
[…] En cuanto a mí, acato la antigua máxima de que la realeza es una
buena mortaja”32 Luego de esto, el emperador procedió a sacar al
ejército y masacrar a los sublevados. Esto quedó en la memoria
colectiva, e incluso a día de hoy existen quienes debaten sobre la tiranía
del emperador, uno que al mismo tiempo fue memorable y recordado
históricamente por su contribución al derecho y su famoso mosaico en la
catedral de Ravena. Puesto que su cronista dice cosas contradictorias
del mismo personaje, y la historia le da la razón, como por ejemplo que

30
CESÁREA, Procopio, “Historia Secreta”, Ediciones clásicas, Madrid, 2005. Pág. 35.
31
OSTROGORSKY, George, “History of the Byzantine State”, Basil Blackwell, Oxford, 1968. Págs. 72-73.
32
CESÁREA, Procopio, “Historia Secreta”, Ediciones clásicas, Madrid, 2005. Págs. 36-37.

27 | P á g i n a
Justiniano “nunca se avergonzó de los asesinatos que cometió”33. Ahora
bien, es el único emperador que se le ha considerado a su gobierno casi
abiertamente tiránico por la historiografía. En cuanto a los otros Basileus
es un poco más complejo, porque dependen mucho de la visión que
quiere presentar la fuente que les describa. Ejemplo de esto, es la
representación que se le da a la imagen de León III. En primer lugar, se
destaca este gobernante por la cantidad de victorias frente a los árabes,
sobretodo mediante el uso del fuego griego. Sin embargo, fue el primer
emperador iconoclasta, que rechaza el dogma tradicional de la iglesia
ortodoxa y fuerza su visión anti-iconos sagrados. Pero es interesante,
que la sociedad estaba dividida y el emperador no sufrió una oposición
avasalladora, por lo cual tenía ‘legitimidad a medias’ de sus acciones.
¿Se le puede considerar un Tirano? “las mismas personas que instigaron
o arbitraron en frecuentes usurpaciones, que a veces fallaron y fueron
consideradas ‘tiránicas’, y otras veces tuvieron éxito, lo que permitió que
otra familia adquiriera legitimidad”34.

4.1.3. Entre la Res Publica y la Politeia


“Los dignatarios civiles y militares, vestidos de gala y con la insignia,
esperan en el palacio, listos para escoltar al soberano. Sale de la cámara
estatal de Augusteus, con el skaramangion, una túnica estrecha que se
extiende hasta el suelo, y el sagion púrpura, una capa corta. A medida
que se dirige hacia las puertas del palacio, es recibido por los Patricios,
los Cónsules y el resto del Senado. Se va por el cuartel militar de los
Scholae y, a lo largo de su ruta en sus lugares acostumbrados, los
representantes de los demes [facciones Verde y Azul] hacen la señal de
la cruz para su beneficio. Al llegar a la Horologia y al vestíbulo Sur de

33
CESÁREA, Procopio, “Historia Secreta”, Ediciones clásicas, Madrid, 2005. Pág. 37.
34
DAGRON, Gilbert, “Emperor and Priest. The imperial office in Byzantium”, Cambridge University Press,
Cambridge, 2003. Pág. 15.

28 | P á g i n a
Santa Sofía, el emperador se cambia de ropas imperiales en un espacio
oculto detrás de un portiere: una túnica de seda llamada Divetesion y un
manto bordado de nombre tzitzakon. Luego viene la “entrada” con el
Patriarca, cuando pasan juntos por la puerta imperial del nártex hacia la
central; […] El Soberano ora ante las ‘Puertas Sagradas’, aquellos en la
barrera del Presbiterio que separa el santuario, pero no pasa. Después
de encender las velas, él y el Patriarca montan el ambón, donde
colocados en un altar portátil, están las insignias de la realeza: los
Chlamys, la Fibula con la que estaba sujeta en el hombro derecho y la
Corona. […] El Patriarca dice una oración para la corona [en la fuente no
dice las palabras exactas, ya que era un asunto litúrgico], la toma y la
coloca sobre la cabeza del soberano. Entonces la gente grita: ‘¡Santo,
santo, santo! ¡Gloria en lo más alto y paz en la tierra!’, seguido de
‘Muchos años al gran emperador autokrator…’ Con la corona, el
emperador desciende del ambon, ingresa a un segundo metador ubicado
en el extremo del pasillo Sur, y se sienta en un trono portátil [sellion];
aquí, en los lotes sucesivos, doce en total, los dignatarios vienen a
saludarlo en orden jerárquico, cayendo al suelo y besando sus rodillas. El
praepositus luego dice: ‘A su servicio’ y todos gritan ‘¡Por muchos y
buenos años!’ […] La ceremonia continúa con el beso de la paz, la
comunión y la salida, según lo establecido”.35
Esto ha sido básicamente lo que constituían las ceremonias de
coronación en Bizancio en el siglo X. Debe remarcarse la época, porque
esta fuente, conocida como ‘el Libro de las Ceremonias’ o ‘Sobre las
ceremonias’, al menos el ejemplar que ha llegado hasta nuestras manos
data de estos años, con el prólogo escrito por Constantino VII
Porfirogéneto. Aunque a grandes rasgos el reinado de este emperador

35
PORPHYROGENNETOS, Constantine, “The Book of Ceremonies”, Brill, Australian Association for
Byzantine Studies, Boston, 2017. Libro I, XLVII, págs. 191-196.

29 | P á g i n a
fue tranquilo y dejó un recuerdo positivo en su pueblo36, Constantino
resulta históricamente más conocido como un hombre ilustrado, que tuvo
la autoría de este manual que describe muy detalladamente las
ceremonias cortesanas e imperiales. También se le reconoce como la
cabeza tras el libro ‘Sobre la administración del imperio’. Y si bien,
potencialmente se ve como una fuente de gran importancia para dilucidar
la vida en palacio y el desarrollo de las liturgias bizantinas, es
ampliamente criticado. Para comenzar no está fechado; los nombres de
los emperadores y los participantes de las ceremonias han sido quitados
deliberadamente por el compilador, empobreciendo la posibilidad de
rastrear las diferencias de estos procesos de un emperador a otro. Y
entrando en la opinión de historiadores con más capacidad que la que
escribe: “Todo es bastante decepcionante. Donde uno esperaba una
buena evocación histórica, solo hay una pieza de museo. Donde se
podría haber esperado encontrar, en esta síntesis de protocolos, sino
una definición de Basileia, al menos la descripción de un ritual real con
una ruta de participantes, gestos y palabras importantes, solo existe este
texto impreciso y sin carácter que no dice casi nada de importancia y es
valioso principalmente por la crítica que inspira”. 37
Sin embargo, fuera la crítica que se le puede hacer en términos de
veracidad histórica, sirve para su propósito. Puede ser, y es muy
acertado suponer, que de hecho la descripción presente pertenece o al
emperador mismo, o al cómo se llevaron a cabo las investiduras de su
hijo. En términos de análisis simbólico se pueden reconocer los poderes,
o los elementos que entregaban la legitimidad a un gobernante. No era
solo producto de una investidura por parte del patriarca, el referente del

36
SKYLITZES, Johan, “A Synopsis of Byzantine History 811-1057”, Cambridge University Press, Cambridge,
2012. Constantine Porphyrogennetos, IX, págs. 191-205.
37
DAGRON, Gilbert, “Emperor and Priest. The imperial office in Byzantium”, Cambridge University Press,
Cambridge, 2003. Pág. 55.

30 | P á g i n a
cristianismo ortodoxo, sino también se habla de la participación del
Senado y los magistrados, al igual que del pueblo, claro que este último
en menor grado, y teniendo en cuenta que en este residía la importancia
de elección de emperadores, una muy bien documentada, en la
ceremonia parecen deliberadamente marginados38. Ahora bien, existe
otro elemento participativo que casi no se menciona en este tipo de
eventos en la fuente, y es el ejército. Este, al igual que el pueblo, posee
una gran importancia a la hora de escoger a los emperadores, no solo
porque constituyen la fuerza militar imperante, sino también porque,
como documenta la historia bizantina, muchos de los que llegaron a ser
emperadores por vías fuera de la sucesión de parentesco, era a través
de este móvil, siendo un general o líder carismático, tenía más
posibilidades de acceder al trono con un golpe de estado efectivo por las
armas. Y por ello es interesante que no se mencione en el ‘Libro de las
Ceremonias’ ya que en otros textos, como por ejemplo Teófanes el
Confesor, se resalta el interés de los gobernantes por obtener el favor del
ejército, ya sea exigiendo los votos de lealtad39 o mostrándose
favorables a sus causas40.

Pero ¿a qué se debe tanta participación y ceremonial constituido para


que otro monarca acceda al trono? Dentro del pensamiento
medievalista41 se concibe la colaboración del Senado, como un cuerpo

38
DAGRON, Gilbert, “Emperor and Priest. The imperial office in Byzantium”, Cambridge University Press,
Cambridge, 2003. Pág. 56.; GARLAND, Lynda, “Political Power and Populace in Byzantine Prior to the
Fourth Crusade”, Byzantinoslavica No. 53, 1992.
39
CONFESSOR, Theophanes, “The chronicle of Theophanes the Confessor: Byzantine and Near Eastern
History AD 284-813”, Oxford University Press, Oxford, 1997. AM 6290, pág. 650
40
CONFESSOR, Theophanes, “The chronicle of Theophanes the Confessor: Byzantine and Near Eastern
History AD 284-813”, Oxford University Press, Oxford, 1997. AM 6307, pág. 688.
41
Esto haciendo un paralelo con lo que son las monarquías medievales occidentales, que tarde o
temprano adoptaron procesos similares para la preservación de la corona, tanto por el ceremonial
(menos suntuoso en el caso de Europa) como en los componentes de la corte. Dependiendo el
historiador, esto se comprende como un préstamo diplomático de las costumbres bizantinas o producto

31 | P á g i n a
importante de la monarquía; a los magistrados y lógicamente también al
Patriarca, como representante de la iglesia imperante. Sin embargo, ¿por
qué se le da importancia a la intervención del pueblo y del ejército? ¿Es
compatible esto con una monarquía? Estas preguntas se llevan a cabo
con el objeto de poner en duda el pensamiento preliminar que se suele
tener de este imperio. Bizancio se define a sí mismo como un imperio,
pero la palabra imperio no corresponde a un sistema de gobierno como
tal, sino más bien al potencial expansivo y conquistador que posee una
nación42, entonces ¿qué tipo de gobierno tenía Bizancio? ¿Una
monarquía? La respuesta afirmativa a esta última parece dejar corta la
descripción, y esto por los elementos que se mencionaron con
anterioridad.

Dar una respuesta concluyente a este problema ha sido la desgracia


de muchos bizantinistas que se han embarcado en ello. Y es porque
estudiar algo “inexistente” lleva sus complicaciones; “los bizantinos no
teorizaron su estado o sociedad de manera sistemática e integral”43. Y es
cierto, no resultaba necesario escribir tratados con definiciones políticas
porque para ellos, el imperio y sus consideraciones ya estaban tan
asimilados en el imaginario estatal y colectivo que resultaba superfluo. Y
es que la misma historia que estos escriben da a conocer que el objeto
no es criticar o presentar las tradiciones que llevaron a los hechos,
parece más una historia sin criticar44, y se remiten a presentar su objeto
de estudio con pequeñas descripciones de que todo es legitimado por

de un desarrollo individual. HERRIN, Judith, “Bizancio. El imperio que hizo posible la Europa Moderna”,
Debate, grupo editorial, Barcelona, 2009. Pág. 171
42
BANCALARI, Alejandro, “Orbe Romano e Imperio Global. La romanización desde Augusto a Caracalla”,
Editorial Universitaria S.A., Santiago, 2007.
43
KALDELLIS, Anthony, “The Byzantine Republic”, Harvard University Press, Massachusetts, 2013. Pág. 4.
44
A menos que el historiador/cronista no sea partidario de las decisiones del emperador, en el caso de
León III el Isáurico, descrito pro Teófanes el Confesor. Dicho emperador tuvo el mérito de compilar un
tratado civil nuevo, con la base en el código Justiniano, sin embargo, también comenzó la época llamada
“lucha iconoclasta” por lo que sus historiadores prefieren lapidar su imagen.

32 | P á g i n a
una fuerza mayor: “Dios no solo ordenó la existencia del imperio, sino
que también eligió a cada emperador individual, por lo que no se
formularon reglas humanas para su nombramiento”45. O esto es lo que
ellos nos hacen creer. Resulta poco acorde con la personalidad bizantina
el estilo que sus cronistas deciden utilizar, este estilo de “imparcialidad”.
No obstante si estos fueran tan ortodoxos como la imagen que se ha
presentado, entonces ¿cómo era posible que no solo se atrevieran a
criticar a un gobernante, sino que también inventaran cánticos obscenos
que se decían en público, o conspiraran tan a menudo contra los mismos
reyes? ¿Rebelarse, matarlos y mandarlos a cegar (o incluso por sus
propios medios), sin que parecieran recordar que ‘Dios los había
escogido para gobernar’?46 Es importante matizar hasta qué punto se
respetaba esta ideología de ‘Dios escoge’, sobre todo teniendo en cuenta
la impresionante tendencia histórica a que el trono fuera arrebatado;
como por ejemplo el nombramiento del sobrino de Anastasio I como
emperador, cuando Justiniano ejercía el cargo, los hermanos del
emperador León IV tratando de quitarle el poder al joven Constantino VI
mientras este todavía era un infante, y muchos otros ejemplos,
posiblemente cada emperador tuvo al menos un intento de que le
quitaran el título de Basileus.

Ahora, si bien después de lo expuesto parece muy difícil postular una


forma de gobierno en Bizancio, ya sea por la ambigüedad o por la falta
de información, existen autores que lo han intentado, algunos con más
éxito que otros. Anthony Kaldellis, un bizantinista estadounidense,
postula a Bizancio como una república monárquica, y para los fines
prácticos del presente trabajo, se va a utilizar esta teoría.

45
MANGO, Cyril, “Byzantium. The empire of the new Rome”, Phoenix edition, London, 2005. Pág. 219.
46
KALDELLIS, Anthony, “The Byzantine Republic”, Harvard University Press, Massachusetts, 2013. Pág. 7.

33 | P á g i n a
A simple vista, la frase república medieval parece contradictoria, e
incluso para algunos anacrónica. Y esto se produce esencialmente por
que las personas, incluso académicos, asimilan la palabra “república”
con dos cuestiones: 1) como un concepto contemporáneo, teorizado en
mayor medida durante la época de la ilustración, y 2) como un período
de tiempo definido en la historia romana.

En el primer caso, no hay mejor forma de explicarlo que como lo hace


Huizinga a través de su comparación del soñador y el preguntón: “La
palabra Renacimiento evoca en el soñador la imagen de un pasado
hecho de belleza, de púrpura y de oro. La imagen de un mundo jubiloso,
bañado por una suave claridad y lleno de estrepitosas músicas. Gentes
que se mueven llenas de gracia y de dignidad, sin preocuparse para
nada de las miserias cotidianas ni de la vida eterna. Por todas partes
madurez y abundancia.”47 Y esto en general es la idealización romántica
de lo que fue el “período” conocido como el Renacimiento. Este
‘despertar y auge del conocimiento y el individualismo’ se encuentra en el
margen de la baja edad media y comienzos de la edad moderna con la
Ilustración. Usualmente se le conoce como los inicios teóricos de la
ilustración. Sin embargo, es demasiado ambiguo incluso el fecharlo. Es
porque como proceso histórico se confunde con el fenómeno del
humanismo, y para un conocedor puritano esta confusión es muy grave.
Pero para fines históricos es un período que causa demasiada
controversia, ¿es parte de la edad media? ¿Es el comienzo de la edad
moderna? ¿Por qué no se le considera para fechar la división tradicional
de la historia? El historiador holandés tiene su propia visión al respecto:
“Es un concepto de Renacimiento adolece de vaguedad así en cuanto al
tiempo como en cuanto a la extensión, lo mismo en lo tocante a su

47
HUIZINGA, Johan, “El problema del renacimiento” en “El concepto de la historia y otros ensayos”,
Fondo de Cultura Económica, México D.F., 2005. Pág. 101.

34 | P á g i n a
significación que en lo atañedero a su contenido. Es un concepto
confuso, incompleto y fortuito, un término técnico que probablemente
haya que desechar por inútil”48.Puede parecer una posición demasiado
drástica pero se fundamenta bien. ¿Qué es el renacimiento? Para
comenzar el término dice lo que quiere representar, un renacer de las
bellas artes y un intento de sobre posición a la época de degeneración y
oscurantismo que significó la época medieval, al menos para los
renacentistas49. Pero históricamente hablando, no constituye más que un
movimiento artístico y filosófico que se expandió por Europa de forma
desigual, y una negación del pasado próximo, la edad media. Giorgio
Vasari es uno de los primeros en utilizar el término50, derivado del latín
renasci pero como una forma de describir la vida, obra y estilo artístico
de los primeros en ‘resucitar’ las artes pasadas y llevarlas por un nuevo
camino de desarrollo, con una mirada que se basa en destacar este lado
humano, luego de siglos de oscuridad.

Esto se relaciona con la república en Bizancio, porque en este punto


de la historia la concepción de la República, la definición del concepto
mismo cambia. Más adelante se explicará a detalle lo que componía la
visión romana descrita por Cicerón, pero a grandes rasgos, la
contraposición de la república al régimen monárquico es de hecho una

48
HUIZINGA, Johan, “El problema del renacimiento” en “El concepto de la historia y otros ensayos”,
Fondo de Cultura Económica, México D.F., 2005. Pág. 102.
49
Lorenzo Valla, orador y filósofo italiano del siglo XV dice que no pronunciará ningún juicio acerca del
problema de cómo pudo ocurrir “que aquellas artes más afines a las artes libres, a saber la pintura, la
escultura y la arquitectura, después de una degeneración tan prolongada y tan profunda, en que casi
llegaron a morir con la cultura misma, renazcan y revivan ahora y se advierte un florecimiento tan grande
de magníficos artistas, bien formados literariamente. Felices tiempos de magníficos artistas, bien
formados literariamente. Felices tiempos estos nuestros, en que, a poco que nos esforcemos, la lengua
romana llegará pronto a florecer, como yo espero, más aún que la ciudad misma, y en que con ella se
restaurarán todas las ciencias.” VALLA, Lorenzo, “Elegantiarum Latinae Linguae 1544”, Kessinger Legacy
Reprints, Whitefish, 2010. Prólogo.
50
En “Le vite de’ piu eccellenti pittori scultori e architectori”

35 | P á g i n a
construcción que comienza en el renacimiento51, y no era así en sus
orígenes latinos. Desde el renacimiento e ilustración, la república se
utiliza como un concepto político que se refiere principalmente a un tipo
de régimen de gobierno.

Ahora, la comprensión del concepto solo como un período de tiempo


de la historia romana, solo demuestra la incapacidad de comprensión del
mismo. ¿Régimen político? ¿Qué significa República? Para bien o para
mal, historiadores han decidido que la república comienza con Cicerón 52
pero no como un proceso temporal, sino más bien, porque Cicerón es
por excelencia uno de los teóricos sobre el significado de la república
que toda persona que estudia Roma debe tener en cuenta. La Res
Publica ya existía como tal y era asimilada dentro del imaginario
colectivo. No obstante no se puede dejar de dar el mérito a Marco Tulio
Cicerón por su tratado político, en el cual define específicamente lo que
los romanos comprendían por república, o más bien, lo que él entendía y
quiso plasmar: “es propiedad del pueblo; pero un pueblo no es cualquier
agrupación de seres humanos reunidos de cualquier manera, sino una
aglomeración de gentes en gran número asociadas según un acuerdo o
consentimiento común en lo que respecta a la justicia y derecho y a la
comunidad de ciertos beneficios.”53 Esto claramente se contrapone a la
visón que se tiene a partir de la ilustración en la conciencia política, tanto
de los regímenes y estados que estudiamos en la historia, como los
gobiernos actuales. Y no solo es lo que dice Cicerón, estudiosos que han
trabajado más el estado Romano que un estudiante de pregrado, como
el profesor Levi R. Lind, a través de un estudio de varias fuentes además

51
HANKINS, James, “Exclusivist Republicanism and Non-Monarchical Republic”, Political Theory No. 38,
2010.
52
BEARD, Mary, “SPQR Una historia de la Antigua Roma”, Editorial Paidós, Buenos Aires, 2016. Pág. 21
53
CICERÓN, Marco Tulio, “La República”, Biblioteca de iniciación Filosófica, Buenos Aires, 1967. Libro I,
XXI, XXXIX

36 | P á g i n a
de la ya mencionada, dice que en Roma, la república podría referirse al
estado romano, a la administración pública, a la propiedad pública, a los
asuntos políticos, a la agencia colectiva, y al bien común del pueblo
romano54, una acotación válida incluso para algunos estados/reinos
medievales, como el bizantino. Esto, se puede extrapolar a cualquier
sistema de gobierno (no degenerado), en teoría puede existir una
monarquía republicana siempre y cuando se respeten los términos de
bien común; “ cualquiera de estas formas de gobierno [refiriéndose a
monarquía, aristocracia y democracia], con la única condición de que el
vínculo que originariamente congregó a los ciudadanos en la comunidad
estatal se mantenga firme, aun cuando ninguna de las tres sea en mi
opinión perfecta o la mejor, es tolerable, si bien una de ellas puede ser
superior a la otra.”55 La cuestión que nos deja, ¿es acertado pensar que
esta república se extendió hasta el período histórico que llamamos
imperio? Lo cierto es que según la definición entregada no parece del
todo inverosímil, sin embargo, merece un análisis más exhaustivo, sobre
todo porque el ‘imperio’ no fue un proceso uniforme. Es posible que entre
más alejado esté de Cicerón, los valores republicanos hayan cambiado,
después de todo, la administración y las reglas debieron de variar
conforme se fue haciendo más difícil la mantención de un territorio de
esas dimensiones. No obstante, se puede reconocer el ideario de la Res
Publica con los primeros emperadores romanos, que al menos
nominalmente juraron proteger estos valores, tal vez como una campaña
para legitimarse y no caer en la tiranía a los ojos del senado, o porque
realmente les preocupaba. Pero ya que no es el punto de la presente
investigación, el problema llegará hasta aquí.

54
LIND, Levi Robert, “The idea of the Republic and the fundations of the roman political liberty”, Studies
in Latin literatura and Roman history No. 4, 1986. Pág. 46.
55
CICERÓN, Marco Tulio, “La República”, Biblioteca de iniciación Filosófica, Buenos Aires, 1967. Libro I,
XXVI, XLII

37 | P á g i n a
Ahora, hablemos de legitimidad. Recordando la cita de Ostrogrosky,
se deduce la fórmula que dio nacimiento al imperio bizantino. Pero eso
es una simplificación que puede llevar a grandes errores de
comprensión. Ya que, como él mismo estipula “Los conceptos políticos
romanos, la cultura griega y la fe cristiana fueron los elementos
principales que determinaron el desarrollo bizantino”56, es demasiado
vago como para no profundizar. Cuando se habla de que los conceptos
políticos provienen de Roma, se deja al aire el proceso de helenización
llevado a cabo en el antiguo imperio latino, una que no solo tuvo
consecuencias a nivel cultural, sino que también se prestó para concebir
de otra forma la política. Y es que en la tradición griega, se encuentra
una mejor variedad y cantidad en cuanto a teoría política y regímenes de
gobierno; estos no pudieron pasar desapercibidos para los emperadores
romanos y mucho menos para los bizantinos. La composición de Cicerón
muestra una discusión sobre la res publica que no se trata
principalmente del mejor tipo de régimen, sino de los fundamentos de
legitimidad del gobierno, presentándolo con conceptos romanos
distintivos que tenían pocos precedentes de la tradición griega 57, por lo
tanto, imaginar que estos mismos llegaron de forma ‘pura’ a la conciencia
bizantina es equivocado, esto entra en conflicto no solo con la realidad
histórica sino también con el supuesto dinamismo de este estado
medieval58. ¿Cómo se puede imaginar un Bizancio con tradición de
gobierno romana sin siquiera tener en cuenta textos como la Política de
Aristóteles o la República de Platón59?

56
OSTROGORSKY, George, “History of the Byzantine State”, Basil Blackwell, Oxford, 1968. Pág. 27
57
SCHOFIELD, Malcom, “Cicero’s Definition of Res Pública”, en “Saving the City. Philosopher-kings and
other classical paradigms”, Routledge S.A., London, 1999. Pág. 182.
58
OSTROGORSKY, George, “History of the Byzantine State”, Basil Blackwell, Oxford, 1968. Pág. 29.
59
Este último tiene varios alcances con la República de Cicerón (siendo la obra de Platón siglos más
antigua que la del romano), sin embargo se diferencian en cuestiones de legitimidad, el objeto de
estudio y pensamientos de los autores mismos. La República de Platón es un ejemplo de subordinación

38 | P á g i n a
“En la teoría griega, el mejor tipo de política se consideraba un
régimen de virtud, y no tanto de ley, y no había ninguna duda de su
legitimidad basada en el consenso popular […] A comienzos del siglo
cuarto, los bizantinos habían dado nombre a esa república: romanía.
Podríamos, entonces llamar al régimen de Bizancio una “república
imperial, […] Preferiblemente, deberíamos llamarlo monarquía
republicana o república monárquica o simplemente “la república romana
en su fase monárquica”.60 Esta definición ilustra muy bien el objetivo del
“sincretismo” que hubo entre las tradiciones políticas de la antigüedad.
En primer lugar se encuentra un énfasis en la legitimidad basada en la
virtud. Ya se observó este punto en la revisión al libro de las ceremonias
de este apartado; la legitimidad del emperador es entregada por los
diferentes elementos del estado. En segundo lugar, se debe prestar
atención a una palabra específica del extracto recién presentado:
‘romanía’. Es importante porque los autores trabajados para este
capítulo, que estudian la ‘república bizantina’ utilizan este concepto y el
de ‘politeia’ como sinónimos. Ambos, son comprendidos en este campo
como ‘estado’ o ‘república’, esto siendo analizados a partir de las
fuentes, y parecen tener un trasfondo más peculiar que solo ‘traducción’,

del individuo al interés de la comunidad, esta esencia es la misma que se puede encontrar en Cicerón,
pero el primero considera para evitar el desmoronamiento del estado a manos de la corrupción era
necesario que interviniera la filosofía y la ética política que proyectara la justicia, por lo cual es necesario
que el hombre político, sea también un filósofo político, dándole quizás mayor importancia a esto
último. En cambio Cicerón propone una visión en la que la comunidad está por encima de las
necesidades individuales, y no prioriza el cultivo de las mentes en la filosofía: “pudiera haber un motivo
más noble para intervenir en la vida pública que la decisión de no ser gobernados por gente sin
escrúpulos y de no permitir que la república sea destruida por ellas, cuando los propios filósofos, aunque
quisieran ayudarla no pueden hacerlo” CICERÓN, Marco Tulio, “La República”, Biblioteca de iniciación
Filosófica, Buenos Aires, 1967. Libro I, V, IX.; PLATÓN, “La República”, Alianza, Madrid, 2002.
60
ANDO, Clifford, “Law, language and empire in the Roman tradition”, University Pensylvania Press,
Pensylvania, 2011. Pág. 114.

39 | P á g i n a
pero ya que la bibliografía para determinar las diferencias es escasa,
para este trabajo se entenderán como iguales61.
“No es satisfactorio traducir ‘politeia’ como estado, como se hace
comúnmente […] La politeia se imagina como el conjunto de la sociedad
bajo el aspecto ideal del bien común y no independientemente de las
instituciones del estado. Lo que llamamos ‘estado’ es una parte
totalmente integrada de la politeia.”62 Esta definición se enmarca
específicamente en el estudio de Bizancio, y es un punto a tener en
claro, porque la palabra en si misma tiene un valor diferente si se habla
dentro de la historia de Grecia antigua63, y la comprensión del concepto
mismo plantea otra cuestión fundamental ¿quién la definió para este
imperio de oriente? Puesto que parece estar construida por decisiones
oficiales y no oficiales tomadas tanto por el emperador como por el
pueblo. La ambigüedad de esto, se encuentra en fuentes, como por
ejemplo en una novela del emperador León VI, donde este dice que ‘ser
parte de la política’ ratifica una costumbre con su imperativo confuso64.
Por lo que se puede desprender que en realidad el concepto sufre una
transferencia gradual de las normas generadas por la sociedad
(prácticas) al estado (es decir, al pensamiento y el discurso imperial) 65.
En esto se reconoce la participación activa de los medios sociales donde
la costumbre y la ratificación de los proyectos legales van construyendo
la identidad bizantina, y tal vez es este mismo elemento el que
paulatinamente va alejando a este de partes antecesoras, Grecia y
61
Romanía es utilizado con menos frecuencia por las traducciones de las fuentes, y ya que la mayoría de
estas, que llegaron a mis manos son producto de interpretaciones británicas, parecen tener una
preferencia por el término “politeia”.
62
KALDELLIS, Anthony, “The Byzantine Republic”, Harvard University Press, Massachusetts, 2013. Págs.
14-15.
63
Personajes como Aristóteles le dieron un fundamento teórico sólido, sin embargo no se puede
comprender el mismo en Bizancio.
64
LEÓN, VI, “Les Novelles de León VI le sage”, París, 1944. Novel 21
65
DAGRON, Gilbert, “Lawful, Society and Legitimate Power”, Dumbarton Oaks Research Library and
Collection, Washington D.C., 1994. Págs. 46-57.

40 | P á g i n a
Roma, algo que se aplica al estado, la cultura y las leyes: “la acción
imperial no estaba dirigida a enmendar leyes para ajustarse a la realidad,
sino a enmendar la realidad para ajustarse al aparato legal moral” 66
Fuera de los análisis que se puedan hacer, es importante incluir lo que
las fuentes dicen al respecto, haciendo sus propias definiciones de lo que
constituye su forma de gobierno tan peculiar:
- “La politeia de los romanos en su forma real duró después de la
fundación de Roma durante doscientos cuarenta y cuatro años. Se
convirtió en una Tiranía bajo el último rey Tarquinius y fue disuelta por la
mayoría de los hombres nobles. Con el fin de la monarquía, o la realeza,
el estado se convirtió en una aristocracia. […Sobre Julio César] cambió
la aristocracia de los romanos en una monarquía y el consulado en una
Basileia”67
- “Tarquinius Superbus, después de haber convertido la realeza en una
tiranía, fue depuesto. […] luego el pragmata [res publica] de los romanos
se convirtió en una democracia, de cónsules y dictadores, y luego los
tribunos gobernaron la administración de la koina […] Y más tarde desde
este estado de cosas, el poder político se convirtió para los romanos en
una monarquía.”68
De esto se desprende que ambos percibieron la transición de Reyes a
República y luego a monarquía, es importante porque bajo este
concepto, coinciden en que se encuentran en una extensión de la
monarquía republicana (politeia) que comenzó legítimamente con
Augusto, y que según lo dicho por estos dos autores que vivieron en una

66
HALDON, John, “Byzantium in the Seventy Century: The transformation of culture”, Cambridge
University Press, Cambridge, 1990. Pág. 259.
67
PSELLOS, Miguel, “Cronografía: Vida de los emperadores bizantinos”, Clásicos Universales, Barcelona,
1994. Prefacio, pág. 16.
68
ZONARAS, Juan, “Libro de los emperadores (Crónica)”, Larumbe, clásicos aragoneses, Aragón, 2006.
Pág. 4

41 | P á g i n a
época tardía de la historia bizantina, esta forma o régimen de gobierno
se ha mantenido, sin más interrupción que breves períodos de tiranía.

4.2. ¿Quién tenía el poder en Bizancio?


En el Bizancio medieval, el poder es sin duda “la capacidad de
desarrollar y perseguir una estrategia, aun cuando no tenga éxito”69, así
como la definición más común es la “capacidad de hacer que algo
ocurra”70. Y esta facultad podía ser claramente definida o del tipo
adaptable: que en general estaba ligada a la imagen del emperador, o
podía ser relegada a otras esferas en pro de salvaguardar el imperio.
Pues Bizancio era ese tipo de potencia: una que priorizaba la estrategia.
Era un estado que se preocupaba constantemente por defender, renovar
y extender su alcance (al menos hasta el siglo X era prioridad),
definiendo la ortodoxia y propagándola, y salvaguardando sus protocolos
y apariencias, sin importar de quien ejerciera ‘nominalmente’71.

4.2.1. El poder del Basileus


Es imposible comprender la imagen del emperador bizantino sin
adentrarse primero en el significado de ser ‘emperador romano’. Y a mi
juicio, una de las definiciones más acertadas viene a ser la de Paul
Veyne: “El emperador romano ejercía un oficio de alto riesgo: no
ocupaba el trono como propietario, sino como mandatario de la
colectividad, encargado por ella de dirigir la República: […] Realmente,
que la colectividad hubiera delegado en el emperador no era más que

69
HERRIN, Judith. “Mujeres en Púrpura: Irene, Eufrósine y Teodora. Soberanas del medioevo bizantino”,
Editorial Taurus, Madrid, 2002. Pág. 316.
70
STANFFORD, Pauline, “Emma: the Powers of the Queen in the Eleventh Century”, en “Queens and
Queenship in Medieval Europe”, The Boydell Press, London, 1995. Pág. 10.
71
“El estado bizantino tenía a su disposición una máquina administrativa única con un servicio civil
altamente diferenciado y bien entrenado” OSTROGORSKY, George, “History of the Byzantine State”, Basil
Blackwell, Oxford, 1968. Pág. 33.

42 | P á g i n a
una ficción, una ideología, pero la existencia de esta ficción bastaba
para impedir al presunto delegado tener la legitimidad de un rey, una
legitimidad vinculada a su persona inviolable.”72 Debido a la supremacía
intelectual de este autor, en el campo de la historia romana, y el bagaje
histórico-cultural de quien escribe, tomaremos esta cita como una
afirmación muy bien fundamentada. El emperador era un cargo
particular que nace a partir de la magistratura de Cónsul en el imperio
romano. En su inicio, el (los en realidad) Cónsul fue establecido como
un cargo colegiado como alternativa más ‘democrática’ al antiguo
monarca o Rey, del cual la mentalidad romana tenía una visión muy
negativa. Sin embargo, algunos autores que se especializan en Roma o
Bizancio, han sugerido de forma sutil que al pasar de la etapa histórica
que llamamos república al imperio, se “vuelve a la monarquía” 73, ya sea
por los aspectos jurídicos y legales o bien por la creación del personaje
del emperador, lo cierto es que tiene características parecidas a una
monarquía. No se puede afirmar a secas, pero es un elemento a tener
en cuenta, aun cuando el mismo Veyne, en su texto, demuestra lo
contrario. No obstante, el autor habla de igual forma al referirse al
imperio bizantino; que la ficción de la soberanía popular se mantuvo
hasta el final de este74 y es aquí donde los bizantinistas interfieren.
Desde un punto de vista totalmente histórico-político es imposible
afirmar lo que significa ser un emperador en más de mil años de historia,
el constante cambio y adaptación son procesos inmersos en una
civilización que evoluciona y Roma y Bizancio no son la excepción.

72
VEYNE, Paul, “¿Qué era un emperador romano?”, en “El imperio Grecorromano”, Akal S.A., Madrid,
2009. Pág. 11.
73
En La Revolución Romana de Ronald Syme; en el artículo Los poderes de Augusto en su nuevo modelo
de régimen imperial: aspectos histórico-jurídicos de Alejandro Bancalari; y De revolucionario a
emperador. Augusto de Adrian Goldsworthy, son algunos historiadores en el caso romano.
74
VEYNE, Paul, “¿Qué era un emperador romano?”, en “El imperio Grecorromano”, Akal S.A., Madrid,
2009. Pág. 12.

43 | P á g i n a
Asegurar que la concepción de la imagen del emperador era la misma
entre Augusto y Constantino, o este último con Justiniano es caer en una
generalización que dificulta el análisis en profundidad. Cada emperador
tuvo básicamente las mismas facultades, pero en la práctica supieron
diferenciarse abarcando más poder o menos.
Ahora bien, el punto de remitirse a la imagen latina del emperador, es
analizarlo desde el punto de vista romano: el emperador como un
personaje entre lo político y lo privado. El individuo llamado emperador
es un civil (o militar) que tiene aspiraciones privadas como todos y estas
son visibles a través del intento de escoger al sucesor75, sin embargo
este acto carece de legitimidad y solo “podía lograrse por aclamación
popular (y la gente podía recuperar esos derechos a través de la
‘desaclamación’)”76 Es cierto que esta aclamación popular muchas veces
podía ser manipulada por los emperadores, pero de todas formas se
convertía en un acto decisivo y de legitimación, porque el cargo de
emperador pertenecía a la esfera de lo público. Cuando se estudia la
oficina imperial sin ideas preconcebidas de “lo que abarca ser un
emperador”, se examina lo que los individuos que pasaron por ella
realmente hicieron y el propósito, y los límites de ese poder, y esto llega
a una conclusión muy lógica, ellos se comportaron de acuerdo con una
ideología de custodia, eran administradores de una política de la que no
eran dueños. El ideal era siempre apuntar hacia el bien común, y si bien
no había un organismo regulador de que el emperador no se convirtiera
en un tirano, algo específico como un limitante, lo cierto es que el
comportamiento social y el ejército siempre fueron fuerzas que no se
podían tomar a la ligera, puesto que en última instancia estos

75
FOLZ, Robert, “The concept of empire in Western Europe from the fifth to the fourteenth century”,
Harper and Row, New York, 1969. Pág. 95.
76
KALDELLIS, Anthony, “The Byzantine Republic”, Harvard University Press, Massachusetts, 2013. Pág.
44.

44 | P á g i n a
entregaban la legitimidad a través de un acto solemne y un juramento,
que a simple vista puede ser algo frívolo y de no mucha importancia,
sobre todo para un posible gobernante que ya es reconocido, sigue
siendo el acto final.
Aunque esta teoría de entre lo público y lo privado se apega a las
bases del Basileus bizantino, sigue habiendo detractores que más bien
apuntan hacia lo primero; en el siglo XIII, Nicéforo Blemmydes razonó en
sus obras que de hecho el emperador no tenía nada de privado, porque
no era un individuo privado, sino que administraba la riqueza en
beneficio de la comunidad77. En este mismo alcance, Zonaras hace una
descripción del emperador Alejo I que se apega a esta visión: “también
debe preocuparse por la justicia, proveer sus temas y mantener los
principios antiguos de la politeuma. Pero la agenda de Alejo consistía en
alterar las antiguas formas de la politeia […] Se acercaba a los asuntos
políticos no como si fueran comunes o públicos, y no se consideraba así
mismo como su administrador, sino como su amo. Pensó que el palacio
era suyo, basado en el mérito, pero también entregó el dinero público a
sus familiares y sirvientes”78 No obstante, en cantidad no son tan
significativos como los casos en que se les considera dentro de los
patrones mencionados.
El segundo punto que define al emperador bizantino es la
legitimación de su poder. Existen dos nociones que deben
comprenderse respecto al legado romano, el emperador debía saber
moverse entre ambas; la sociedad legal y el poder legítimo79.

77
Como me resultó imposible acceder a la fuente, cito al autor que menciona el caso: ANGELOV,
Dimiter, “Imperial ideology and political Thought in Byzantium, 1204-1330”, Cambridge University Press,
Cambridge, 2007. Pág. 254.
78
ZONARAS, Juan, “Libro de los emperadores (Crónica)”, Larumbe, clásicos aragoneses, Aragón, 2006.
Libro XVIII, XXIX.
79
DAGRON, Gilbert, “Emperor and Priest. The imperial office in Byzantium”, Cambridge University Press,
Cambridge, 2003. Pág. 17.

45 | P á g i n a
Bizancio constituye una sociedad legal porque al descender de
Roma, se aseguró la tradición legislativa mediante el primero código
romano-bizantino, el Corpus Iuris Civilis Iustinianus recopilado por el
emperador Justiniano, recoge una serie de leyes del antiguo imperio
romano y son revisadas, y se promulgan nuevas en forma de Novelas.
Esta característica de Bizancio no es superficial, si bien es difícil
documentar que tan apegados fueron a las normas, el código civil existía
y siguió transformándose hasta el punto en que la mayoría de las leyes
resultaron irreconocibles a los ojos de juristas romanos. El emperador
debía obedecer la ley, promulgar nuevas y desechar las que no servían
a la realidad. Ejemplo claro de esto son las leyes promulgadas por León
VI el Sabio (866-912 D.C.). Se le dio la connotación de ‘el Sabio’ debido
a su gran trabajo legislativo al compilar el código jurídico llamado
Basilika. En las primeras páginas elogia el trabajo de Justiniano, como
un modelo a tener en cuenta pero lo califica como ‘no del todo exitoso’
por la confusión que producían las nuevas leyes y que no se ratificaban
las costumbres establecidas que eran seguidas por las masas. Y es esto
último lo que identifica claramente su trabajo, el análisis de la realidad y
la gesticulación de leyes que sean serviles, al igual que las tradiciones
imperantes. Para fabricar un trabajo de esa magnitud, León comprende
lo importante de la política imperial: sigue leyes que son constituidas por
decisiones oficiales y no oficiales, tomadas respectivamente por el
emperador y ‘la gente’80. Dando a entender que la política está
conformada por un aspecto de la voluntad popular y la ratificación por
parte del emperador. En esta Novela habla de lo inútil que es aferrarse
a las leyes que no cumplen una función en el presente, o instaurar otras
que limiten el comportamiento arraigado por el pueblo. De esta forma, el

80
LEÓN, VI, “Les Novelles de León VI le sage”, París, 1944. Novel 21

46 | P á g i n a
emperador demuestra una de las formas de legitimidad que regían al
imperio.
En cuanto a la legitimación del poder, porque “No era el poder lo que
era legítimo, pero cualquier persona que se apropiara del poder podía
legitimarse al elegir respetar la ley. […] En definitiva, la legitimidad se
logró a través de una conversión a la legalidad”81. Esa era la cuestión,
era lo que importaba. Un ejemplo importante para este caso, vendría a
ser la apropiación del poder por parte de Irene en contra de su hijo
Constantino VI. Este último era un Porfirogéneto, por lo cual gozaba de
un ‘título’ que le daba ‘legitimidad’, y no es inusual, muchos
emperadores se vieron favorecidos por esta condición. El mismo Miguel
II fue asentado en el trono por su matrimonio con Eufrosine
Porfirogéneta; las hermanas Zoe y Teodora fueron traídas por su
condición de nacidas en la púrpura, legitimas gobernantes para el
pueblo. En fin, esto no siempre era una garantía de sucesión ni
legitimidad. Luego del intento de Constantino VI por gobernar en
solitario, desplazando a su madre y regente Irene, el emperador no
destacó militarmente ni en obras. Sin embargo, su mayor ‘pecado’ fue en
el año 795 cuando se divorcia de su esposa María de Armia, y la envía,
junto a las hijas imperiales al monasterio en la isla de Prinkipo
obligándolas a tomar los hábitos monásticos82.
Solo unos meses después Constantino vulnera más su imagen en el
conocido ‘cisma moiceo’83, del cual se hablará en el capítulo siguiente.
El panorama fue tan desfavorable para el emperador que intentó

81
DAGRON, Gilbert, “Emperor and Priest. The imperial office in Byzantium”, Cambridge University Press,
Cambridge, 2003. Pág. 19.
82
CONFESSOR, Theophanes, “The chronicle of Theophanes the Confessor: Byzantine and Near Eastern
History AD 284-813”, Oxford University Press, Oxford, 1997. AM 6287, pág. 645. Era una forma de
deshabilitar políticamente a parientes imperiales femeninas, y el cegamiento se guardaba para
situaciones más extremas.
83
Del griego “adulterio”.

47 | P á g i n a
escapar de la ciudad al menos dos veces, pero en agosto del 797 fue
finalmente cegado en la cámara púrpura por órdenes de su madre 84.
Frente a esto, y a pesar de que el emperador era Porfirogéneto, al
hacerse Irene con el trono imperial no fue juzgada de ilegítima, fueron
sus acciones antes y después las que la hicieron importante para la
basileia. Pero este punto se profundizará más adelante.
Ya en el último elemento para definir al Basileus, es necesario
recurrir al legado de Constantino y Justiniano. Constantino el Grande
nunca es un personaje fácil de abarcar, pero si fascinante. Es casi
imposible abordarlo sin introducirse en la problemática de los primeros
retóricos e historiadores de la Iglesia; ¿santo o pragmático? Y es que los
hechos pueden ser vistos desde diferentes perspectivas; se negó a subir
al capitolio, pero aceptó el título de pontifex maximus, construyó dos
templos cristianos en Constantinopla y parecía creer tanto en el Sol
Invictus como en el Cristo resucitado. Sea cual sea su inclinación
religiosa, lo importante para estas páginas es que marcó un hito en la
mentalidad bizantina. Este emperador que forjó un lugar para su nueva
religión, prácticamente erigiendo un nuevo imperio a partir de otro, el
papel que quería jugar en el cristianismo, legó a su nueva capital y los
sucesores en esta un poder que combinaba el poder espiritual y
temporal85 que al no ser teorizado fue decayendo para quienes lo
precedieron. Sin embargo, el papel de salvador de la ortodoxia que legó
a los emperadores bizantinos es imperante para comprenderlos. Desde
el punto de vista histórico a medida que avanzaba el tiempo el

84
CONFESSOR, Theophanes, “The chronicle of Theophanes the Confessor: Byzantine and Near Eastern
History AD 284-813”, Oxford University Press, Oxford, 1997. AM 6289, pág. 639 En defensa de la
emperatriz, se apela a que a pesar de la naturaleza repugnante, la ceguera se consideraba una opción
misericordiosa en comparación con la muerte, castigo que si no se daba a manos de alguien en las
esferas políticas, lo haría el pueblo.
85
DAGRON, Gilbert, “Emperor and Priest. The imperial office in Byzantium”, Cambridge University Press,
Cambridge, 2003. Pág. 128.

48 | P á g i n a
emperador iba perdiendo poderes sacros ante el Patriarca de
Constantinopla, hasta que León III con su cambio de paradigma
sentenció a los emperadores a dejar las cuestiones teológicas a otra
persona. No obstante siguieron considerándose apóstoles al igual que
Constantino86, por esta razón se aseguraron de que al momento de
fallecer se les enterrara en la Iglesia de los Santos Apóstoles.
Ahora, el legado Justiniano parece mucho más ‘romano’ que el de
Constantino. No obstante resulta confuso utilizarlo en este apartado
debido a que en uno anterior se le calificó como un tirano. Sin embargo,
lo que resulta importante de su persona, y como un legado hacia los
emperadores que le precedieron.

4.2.2. El poder del Patriarca


“El Estado se compone de partes y miembros, del mismo modo que
el hombre, y sus partes más necesarias e importantes son el emperador
y el patriarca. Por esto la paz y la prosperidad en el cuerpo y el alma de
los súbditos reside en la total concordia y armonía del imperio y el
sacerdocio.”87 Estas son las palabras del Patriarca Focio de
Constantinopla, uno de los más estudiados en la historia, tanto por su
famoso tratado jurídico ‘Eisagoge’, como por ser un personaje político
importante. En el extracto se reconoce una nivelación entre los poderes
el emperador y del Patriarca en uno de los períodos donde el poder del
representante de la ortodoxia estaba oscilando entre las persecuciones y
definiciones del dogma88. En la práctica es poco factible que este tratado

86
Aunque Constantino construye la Iglesia de los Santos Apóstoles existen autores como el propio
Gilbert Dagron que postulan que este tenía aspiraciones más allá de creerse un apóstol, puede que
incluso se considerara el segundo Cristo.
87
FOCIO, Patriarca. “Eisagoge: La introducción al derecho del Patriarca Focio”, Consejo superior de
investigaciones científicas, Madrid, 2007. Título III, VIII, pág. 292.
88
Época Iconoclasta: En enero del 730 D.C. el emperador León III “el Sabio” emitió un edicto para la
destrucción de los íconos, convocó una asamblea de altos dignatarios eclesiásticos para subscribirse a la

49 | P á g i n a
tuviera el mismo peso que los anteriores realizados, tanto por Justiniano
como por León III (los más conocidos), pero es una fuente de gran
importancia debido a que este Patriarca, en un intento por superar el
conflicto iconoclasta, ejecuta un tratado muy completo que tiene como
objetivo no solo separar el poder de la basileia del espiritual, sino que
también afirmar la supremacía de este último. Es una de las escasas
fuentes de esta envergadura que ha llegado a manos de los bizantinistas
y tiene el mérito de ser una de las pocas que se enfoca a estudiar la
naturaleza del poder del emperador y el del Patriarca. Sin embargo su
efectividad quedó vetada a lo teórico porque la misma historia hace
invalidar varios de sus puntos al respecto.
Todo comienza cuando el emperador romano Constantino el grande
muda la capital a Constantinopla, y convoca el Primer concilio
Ecuménico de Nicea en el año 325, en el cual, dentro de todas las
decisiones doctrinales que se tomaron, también se decidió sobre la
organización de la Iglesia cristiana89. Fueron cinco los patriarcados
escogidos para representar a la religión, conocidos por el nombre de
Pentarquía, estos gozaban de cierta autonomía con respecto a los otros,
pero respetando la supremacía del patriarcado romano, que más tarde
se conocería como Papado, y seguido de este al Constantinopolitano.
Esto último fue dictado en el Segundo Concilio Ecuménico del año 381
D.C. Durante el cuarto Concilio, celebrado esta vez en Calcedonia en el
año 451 se reconoció el primado de Constantinopla al mismo nivel que

decisión en la cual el Patriarca Germano de Constantinopla se opuso y fue inmediatamente depuesto. Así
comienza el período conocido como el “conflicto iconoclasta” que constó de dos períodos; el primero
desde el 730 al 787 D.C., y el segundo desde el 814 al 814-842. A grandes rasgos hubo un avance
significativo para la religión ortodoxa pues durante esta época se escribieron muchos tratados de
teología en pro o en contra del movimiento iconoclasta. Sin embargo, muchos se perdieron tanto por la
quema masiva de este tipo de tratados como la persecución de los eruditos eclesiásticos por parte del
emperador de turno. Hubo dos concilios ecuménicos, y se considera este el momento cuando la brecha
entre la iglesia de Oriente y Occidente fue irreparable.
89
DAGRON, Gilbert, “Emperor and Priest. The imperial office in Byzantium”, Cambridge University Press,
Cambridge, 2003. Pág. 135.

50 | P á g i n a
el Obispo de Roma, sin embargo se especificó que Roma seguía
teniendo autoridad moral sobre el resto de los patriarcados. Al Patriarca
de Constantinopla se le otorgó el título de ‘Patriarca ecuménico’, esto
generó fricción entre los tres arzobispados dando como resultado
conflictos que afectaron entre otras cosas la definición del dogma90.
Paralelamente, el imperio bizantino comenzaba a definirse a partir de
la decadencia de Occidente, y los emperadores siempre tuvieron algo
que decir en materias eclesiásticas. Esto parte con el ya mencionado
Constantino, quien fue definido (por el mismo o por sus cronistas) como
un igual que los apóstoles de Cristo. ¿Dónde estaba el límite de
intervención del poder ‘laico’? Esto dependía directamente del
emperador de turno. Si este compartía las definiciones del dogma con el
Patriarca, en teoría tenían una buena relación. Sin embargo, la historia
nos ha demostrado que las ocasiones en que esto ocurría eran
limitadas, y era más probable que ocurriera lo contrario. En estas
situaciones se imponía el poder del emperador sobre el del Patriarca, ya
que aparentemente tenía la autoridad de escoger y deponer a las
personas que pisaban este cargo91.
Si hay un período de la historia Bizantina que define las diferencias
entre el poder del Basileus y el del Patriarca de Constantinopla, es la
época Iconoclasta. No solo por el cargo en sí, sino que también se da a
conocer hasta qué punto se le permite al emperador involucrarse. Dentro
de lo obvio, la respuesta se encuentra en quién controla la opinión
popular y la del ejército, puesto que representan el poder bélico del

90
En Historia del Cristianismo de Paul Johnson se puede ver este proceso, claro que de una forma algo
simplificada porque el autor tiene un lineamiento más apegado a la historia occidental.
91
Justiniano veía que la ortodoxia de la religión imperial se veía constantemente amenazada por
diferentes corrientes religiosas, especialmente por el monofisismo, sin embargo con la llegada de
Teodora, el pensamiento del emperador cambió siendo simpatizante de los monofisistas. Durante su
reinado, cuatro personas con distintas interpretaciones del credo se asentaron en el trono patriarcal:
Epifanio I, Antimo I, Menas y Eutiquio. Estos cambios muestran la poca estabilidad del imperio y el
emperador en cuestiones teológicas.

51 | P á g i n a
imperio. Lo interesante de este punto en la historia, es que dicha opinión
estaba dividida: el ejército fue el principal apoyo de la causa
iconoclasta92, mientras que el pueblo tenía opiniones divididas. En
primer lugar porque este movimiento comienza en las regiones
periféricas del imperio en la parte oriental, específicamente por el
contacto con las tradiciones del Islam, y segundo porque la religión para
el pueblo constituía en mayor parte un acto de la vida privada. Sin
embargo, mostraron su oposición ante las primeras políticas de León III,
el primer emperador iconoclasta93. En general la parte occidental del
imperio no estaba de acuerdo con las simpatías del emperador, que
venía de Asia, y no tardaron en revelarse en diferentes ocasiones. Por
este lado, León intentó ganarse a las autoridades eclesiásticas, lo cual
despertó el rechazo del Patriarca Germano y el Papa Gregorio II, este
último no demostrando del todo su posición. Sin embargo, a medida que
autoridades iconoclasta (eclesiásticas y laicas) se fueron asentando en
la burocracia bizantina, la población no tuvo más opción que aceptar que
no podían ganar la batalla, principalmente porque el ejército estaba de
lado del emperador. Por lo cual, en general se convirtieron en
espectadores pasivos de la lucha que se llevaba a cabo en las esferas
altas del poder y el clero, relegando su propia opinión al respecto al
ámbito privado. Esto es importante porque se reconoce el hecho de que
sólo se le declaró la guerra a las imágenes de las instituciones públicas.
Judith Herrin compara esta situación con una más contemporánea:
“posiblemente quienes mejor lo entendieron fueron los comandantes

92
Debido a una derrota importante el emperador León III interpreta esta misma como símbolo de la furia
de Dios por la veneración de las imágenes. Dentro de la sociedad bizantina esta idea no fue del todo
aceptada, pero para el ejército, que se encontraba en primera línea de batalla y sufrieron el desastre
militar, encontraron lógica en la interpretación del emperador.
93
El primer intento de León III fue quitar el Cristo de bronce del palacio imperial, sólo demostró lo
comprometida que estaba la población de proteger su culto, matando al agente imperial enviado a
cumplir esta tarea. OSTROGORSKY, George, “History of the Byzantine State”, Basil Blackwell, Oxford,
1968. Pág. 162.

52 | P á g i n a
soviéticos locales de la década de 1930, cuando se les ordenó hacer
campaña contra la influencia de la Iglesia, se sabe que cogieron los
iconos, los pusieron en fila, los condenaron a muerte y luego los
fusilaron.”94 , y las persecuciones se limitaron a los exaltadores públicos,
representantes del clero con mucho poder y grandes teólogos.
Durante este período el cargo del Patriarca fue el más irregular del
imperio. En un rango de más o menos cien años del conflicto hubo entre
diez a doce cambios del Patriarca de Constantinopla, algo que tuvo
graves consecuencias en el poder del mismo. En primer lugar, se hizo
evidente la superioridad del emperador en materia estatal, y en segundo
lugar se hizo efectiva la separación de los poderes tanto por el bien del
Patriarca, de las relaciones con occidente como del imperio. Ahora, esta
separación se debe en gran proporción al Eisagoge que definió el
cesaropapismo a la manera bizantina.
Para comprender lo que significa el ‘cesaropapismo’ se debe partir de
la noción precisa de la teocracia, donde una sociedad es dirigida por
Dios, ya sea directa o indirectamente. Tanto Spinoza como Hobbes,
describieron este modelo, junto con la transferencia del poder de Dios.
El primero declara el término desde la concepción Judía del antiguo
testamento, la intervención de los profetas, y que este tiempo había
terminado. También hace énfasis en cuidar al estado de la interferencia
de los ministros de religión95. Mientras que Hobbes, también desde la
perspectiva Judía habla de la “riqueza cristiana común” en la cual el
soberano ocuparía “el mismo lugar que Abraham tenía a su propia
familia”, solo sabría “lo que es o lo que no es la Palabra de Dios” y sería
por el derecho divino “pastor supremo” gobernando la Iglesia en su

94
HERRIN, Judith. “Mujeres en Púrpura: Irene, Eufrósine y Teodora. Soberanas del medioevo bizantino”,
Editorial Taurus, Madrid, 2002. Pág. 157.
95
BALIBAR, Étienne, “Spinoza y la política”, Prometeo Libros, Buenos Aires, 2011. Págs. 55-62.

53 | P á g i n a
reino96. Esto genera una contradicción propia del concepto. Por un lado
se postula esta separación del poder laico del eclesiástico, y por el otro
la visión del emperador como un ‘pastor supremo’, sin embargo, al
menos en la época que interesa para la investigación (desde el
Eisagoge en adelante) prima más la perspectiva de Spinoza, aunque
con grandes matices de lo postulado por Hobbes. La palabra
‘cesaropapismo’ por lo tanto, desde el caso bizantino, condenaba a
cualquier soberano ‘laico’ que se viera a sí mismo como un Patriarca:
“Solo el Patriarca debe interpretar los cánones que establecieron los
antiguos, lo que definieron los santos padres y lo que aprobaron los
santos concilios”97. No obstante, no puede dejar de mencionarse el
anacronismo, ya que los propios bizantinos no tuvieron esta teorización
compleja sobre las relaciones de poder, y más bien se le dice
‘cesaropapista’ a Bizancio a partir de la segunda mitad del siglo XIX en
adelante, como una noción teórica y a la vez un insulto dirigido contra el
imperio ortodoxo, identificando el intervencionismo constantiniano y
Justiniano como la causa principal del ‘cisma’ cristiano entre oriente y
occidente.
El Patriarca Focio fue el que entregó una limitación detallada al poder
del emperador, pero no se puede dejar de notar que históricamente
hablando, desde el mismo poder eclesiástico se venía intentando esto
hace tiempo, claro que no de una forma tan práctica como a través de
un tratado tangible, pero si se encuentran ciertos casos relevantes. El
problema no se desafió de frente, y solo se encuentran unas pocas listas
y pocos debates, en gran medida infructuosos sobre los derechos

96
HOBBES, Thomas, “Leviatán: o la invención moderna de la Razón”, Editorial Nacional, Madrid, 1980.
Págs. 527-538. Específicamente la tercera parte: “De una república cristiana”, capítulo cuarenta: “De los
derechos del reino de Dios en Abraham, Moisés, Los sumos sacerdotes y los Reyes”.
97
FOCIO, Patriarca. “Eisagoge: La introducción al derecho del Patriarca Focio”, Consejo superior de
investigaciones científicas, Madrid, 2007. Título III, V, pág. 292.

54 | P á g i n a
tradicionales del emperador a intervenir en la iglesia 98. Hay apenas unos
cuantos precedentes que dan lugar a discusiones y variaciones, cuyo
objetivo es codificar las costumbres y preservar el status quo sin buscar
una explicación teórica funcional. Ya en una edad avanzada y casi final
del imperio, recién se encuentra un documento de los tiempos del
emperador Juan V Paleólogo (1341-1391) escrito durante un sínodo,
donde se especificaban nueve artículos que definían el poder del
emperador respecto a la iglesia99, es importante destacar que esto
muestra una clara confrontación con lo escrito anteriormente por Focio:
1. El emperador tenía derecho a vetar la elección de un
metropolitano que no le complacía.
2. Podía modificar como mejor le pareciera a la jerarquía de las
sedes episcopales, hacer transferencias de obispos y, señal de
los tiempos, otorgar obispados como beneficios.
3. Ratificar los nombramientos a las principales oficinas
eclesiásticas, es decir a los rangos superiores de la
administración patriarcal.
4. Asegurar que los límites de las diócesis, según lo establecido
por él, fueran respetados.
5. Está libre de toda censura Patriarcal [excomunión o
deposición], y si un arconte y un miembro del senado
infringieran el canon, el Patriarca impondría un castigo solo a
través de su intermediario que representaría su papel como
defensor de la iglesia y los cánones.
6. Puede retener en Constantinopla o enviar a sus obispos de la
diócesis que hubieron acudido o habían sido convocados a la

98
LAURENT, Vitalien, “Le trisépiscopat du patriarche Matthieu I”, Revue des Etudes Byzantines No. 30,
1972.
99
LAURENT, Vitalien, “Les Droits de l’empereur en matiere eclesiastique”, Revue des Etudes Byzantines
No. 13, 1955.

55 | P á g i n a
ciudad para asuntos importantes, sin que el Patriarca tenga
derecho de objetar.
7. Puede exigir a cada nuevo obispo una promesa de lealtad a su
persona y al imperio.
8. Puede requerir que todos los obispos aprueben y firmen los
actos sinodales.
9. Los obispos se ven obligados a tomar nota de los artículos y
no deben proponer la elección de un obispo episcopal a nadie
que no sea amigo del emperador.
Si bien esto demuestra que el Patriarca estaba subordinado a las
decisiones políticas del emperador, el ocupante del trono patriarcal
seguía teniendo la última palabra en cuestiones dogmáticas.

4.2.3. El poder del Populus


“No existía entonces el fenómeno de la opinión pública, que no
puede coexistir por mucho tiempo con el derecho absoluto, o en
consecuencia con un soberano que es un Dios o que reina por el
derecho divino. Porque la opinión pública no consiste en rebelarse,
sufrir silenciosamente o estar en descontento, sino en afirmar que
uno tiene el derecho de estar en descontento con el monarca, incluso
cuando sus ministros lo han engañado, puede ser culpable […] Hoy
en día la opinión pública pasa sobre el juicio del gobierno; entonces la
gente amaba a su soberano y las personas de pensamiento correcto
elogiaron la sumisión como un deber de todo súbdito leal. […] La
gente no tenía opiniones políticas y la discusión política era
desconocida.”100 Esta es una descripción de Paul Veyne sobre la

100
VEYNE, Paul, “Bread and Circuses. Historical Sociology and Political Pluralism”, Penguin Books UK,
Londres, 1990. Págs. 295-296.

56 | P á g i n a
opinión pública en el imperio romano. Si bien, el autor no trabaja la
parte bizantina de la historia romana más que nominalmente, resulta
inevitable vincular estos dos mundos ya sea por los conceptos
políticos como la parte inmersa en el aparato gubernamental. Este
extracto, desde una perspectiva romana, es posible que resulte
acertada, reduccionista pero fundamentada. No obstante si se
extrapola esta afirmación al caso bizantino la realidad es totalmente
diferente, puesto que las fuentes y la historia ampliamente trabajada
por una cantidad significativa de eruditos en el tema, lo demuestran.
Para analizar este punto a continuación, es necesario detenerse en
cada aspecto que Veyne describe. En primer lugar habla de la
imposibilidad de coexistir la opinión pública con un soberano que
gobierna siendo Dios o por derecho divino.
En la teoría política esto se reconoce, el emperador gobierna
porque fue escogido por Dios, y las fuentes, sobre todo al tratar a
soberanos que fueron importantemente elogiados por sus cronistas,
respaldan esta visión. Sin embargo, como ya se expresó con
anterioridad, el emperador-Basileus es un personaje que se
encuentra al margen entre lo público y lo privado, comprendiendo al
individuo como una persona privada, por lo cual tiene aspiraciones
personales, sucesión por ejemplo; y se entiende el cargo como una
facultad pública, que al mismo tiempo contradice la posibilidad de
sucesión hereditaria101, porque “lo que no era propiedad privada no
podía ser legado”102. No solo desde una concepción teórica o de

101
Al menos no estaba explícitamente establecido en la teoría política. Era algo que se intentaba, por lo
general no había resistencia ante ello, pero que en la práctica no siempre se ejecutaba porque no estaba
normado. De ahí que era necesario, en caso de que el heredero al trono sea un menor de edad, dejar a
un tutor fuerte al lado del emperador para prevenir que el cargo sea arrebatado, lo cual según los
propios individuos se podía legitimar a los ojos del público.
102
FOLZ, Robert, “The concept of empire in Western Europe from the fifth to the fourteenth century”,
Harper and Row, New York, 1969. Pág. 93.

57 | P á g i n a
análisis histórico, se manifestaba por los bizantinos y “experimentaron
el estado como un asunto público e impersonal, una politeia” 103. Esto
a grandes rasgos limitaba el poder del propio Basileus ante los ojos
de sus súbditos, debido a que en la conciencia popular, la posibilidad
de no solo poner a otro individuo a cargo, sino que hacerse ellos
mismos con el poder era una posibilidad104. Sin embargo, la
concepción del derecho divino no puede olvidarse del todo, ya que la
propia construcción de la imagen del emperador bizantino está
construida a partir de los símbolos de la religión ortodoxa, de ahí que
se vive la época de crisis llamada ‘conflicto iconoclasta’ porque no
solo el emperador debía proteger el canon cristiano ortodoxo y
propagarlo, sino que en teoría también podía alterarlo.
Ahora ¿el pueblo podía estar en descontento con su gobernante y
demostrarlo? Por supuesto que sí. Esta república se fundamentaba
en el mutuo acuerdo entre gobernantes y gobernados. No era
simplemente una mera ficción de los eruditos de Roma y Bizancio,
sino un hecho ideológico e histórico comprendido por el público y
aceptado por casi todos los emperadores, al menos para aquellos
que esperaban permanecer en el trono. Históricamente hablando, hay
más casos documentados de sublevaciones del pueblo ante un
emperador bizantino, que tiranos que hicieran caso omiso del
malestar105 y es por eso que este apartado se trabajara a partir de
una revisión histórica de acontecimientos en los cuales la masa

103
KALDELLIS, Anthony, “The Byzantine Republic”, Harvard University Press, Massachusetts, 2013. Pág.
52.
104
Filípico era hijo de un patricio llamado Nicéforos, aunque tenía grado militar no subió al trono por
este mérito, sino por establecer relaciones con el palacio, Anastasio II, fue secretario del emperador
Filípico, y fue ascendido a emperador por el Senado y el pueblo. Teodosio III, era un oficial financiero y
recaudador de impuestos, de extracción humilde, fue alzado por las tropas del thema Opsiciano para
reemplazar a Anastasio. Entre otros.
105
Para mayor información ver el apartado de “Sobre las Tiranías”.

58 | P á g i n a
intervino en contra del gobernante y/o el patriarca establecido, o
popularmente escogieron a un nuevo soberano:
- En el año 511 D.C. una controversia doctrinal enfrentó al emperador
Anastasio y al Patriarca Makedonios. Teófanes describe que una gran
multitud, incluyendo mujeres, niños y abades, acudieron a las calles
manifestándose en defensa del Patriarca e insultaron al soberano
descalificándolo como un maniquí indigno de ejercer la basileia. Por
lo cual el emperador se retracta de su posición e invita a Makedonios
a volver al palacio. Mientras el Patriarca pasaba por las calles fue
aclamado incluso por la guardia106. Ciertamente en esta ocasión el
emperador no fue derrocado, Teófanes deja en claro que Anastasio
fue ilegitimo a los ojos de la comunidad, o potencialmente durante el
tiempo que no respetó sus deseos, y ya que el Patriarca constituía
otro poder importante del estado, la legitimidad de las acciones del
emperador era menor.
- En enero del 532 D.C. se desarrolló el acontecimiento conocido como
conflicto de Nikka. En el apartado sobre las Tiranías ya fue abarcado,
sin embargo, es necesario mencionarlo debido al enfrentamiento que
fue comenzado en las facciones Verde y Azul que a grandes rasgos,
no solo funcionaban como equipos deportivos, sino que también
como partidos políticos. Si bien la revuelta fue suprimida, la
participación pública en el conflicto bañó al hipódromo de la sangre
de los constantinopolitanos107.
- Una de las Basilissas que serán estudiadas en las próximas páginas
es Zoe Porfirogéneta (978-1050 D.C.) y si bien se profundizará su
historia más adelante, no puede quedar fuera de este apartado.
106
CONFESSOR, Theophanes, “The chronicle of Theophanes the Confessor: Byzantine and Near Eastern
History AD 284-813”, Oxford University Press, Oxford, 1997. AM 6003, pág. 164-165
107
CONFESSOR, Theophanes, “The chronicle of Theophanes the Confessor: Byzantine and Near Eastern
History AD 284-813”, Oxford University Press, Oxford, 1997. AM 6024, págs. 276-277; CESAREA,
Procopius “History of the Wars”, Loeb classical library, London, 1914. Libro I, XXIX, págs. 36-37.

59 | P á g i n a
Miguel V fue sobrino del antiguo emperador Miguel IV y ‘adoptado’
por Zoe, por lo cual tenía todas las posibilidades de suceder en el
trono al Basileus. Cuando Miguel IV fallece, Zoe asume el papel
gobernante de la dinastía Macedónica, sin embargo se aparta unos
días después. Miguel V, luego de un análisis del ánimo del imperio,
desterró a Zoe del palacio y la ciudad imperial. Si bien las opiniones
históricas discrepan en cuanto a la forma en que se trató de justificar,
existe consenso en los hechos posteriores. Fue depuesto por el
pueblo108, este mismo trajo de vuelta a la emperatriz y la forzaron a
gobernar en conjunto con su hermana Teodora Porfirogéneta. Las
Basilissas rigieron juntas durante un año, hasta que la mayor Zoe,
contrajo matrimonio por tercera vez, con Constantino IX Monómaco.
- En 1044, Constantino IX se dirigía a la iglesia en una gran procesión
religiosa cuando alguien gritó: “no queremos a Skleraina”109
refiriéndose a la amante del emperador, con lo cual la gente se
amotinó y estuvo cerca de matar a Constantino. La revuelta se calmó
con la aparición de las emperatrices Zoe y Teodora, mientras el
emperador huyó al palacio.
- En el año 1056, Teodosio Mónaco, sobrino de Constantino IX, creía
tener derecho al trono y se dirigió a la nueva Roma; pero encontró el
palacio armado contra él. Luego se fue a Santa Sofía esperando que
el Patriarca y la gente lo aclamaran, pero también lo encontró
cerrado. Cuanto más se enteraba la gente de lo que estaba
sucediendo, más vacías se hacían las calles. Abandonado por todos,
Teodosio finalmente se sentó ante la iglesia con su hijo y fue exiliado

108
PSELLOS, Miguel, “Cronografía: Vida de los emperadores bizantinos”, Clásicos Universales, Barcelona,
1994. Libro V, cap. XXV.
109
SKYLITZES, Johan, “A Synopsis of Byzantine History 811-1057”, Cambridge University Press,
Cambridge, 2012. Epitome: Constantino IX, VIII, pág. 434.

60 | P á g i n a
a Pergamos110. En este episodio considerado marginal de la historia
bizantina, el papel del pueblo fue decisivo a partir de la inacción.
- Entre los años 1059 y 1067, durante el reinado de Constantino X
Ducas, el emperador fue obligado a alejarse de la capital en un
intento de salvaguardar su integridad física, debido a que este fue
responsable de varias pérdidas territoriales importantes, sobre todo
los puntos estratégicos en Italia donde el normando Roberto
Guiscardo se hizo con estas. “todos lo rechazaban abiertamente por
no marchar contra los bárbaros debido a su mezquindad”111.
- Durante el año 1197, el emperador Alejo III Angelos, aplicó un
“impuesto alemán”, del cual el dinero se utilizaría para mejorar las
protecciones y el ejército para evitar un ataque desde occidente. En
una reunión que posiblemente se efectuó en el hipódromo, con la
asistencia de las personas de la ciudad, el senado, el clero y los
oficios, dio a conocer la naturaleza de esta medida “pero pronto vio
que no estaba logrando nada y que sus palabras eran vacías. La
mayoría consideró que estos mandatos engorrosos e injustos eran
totalmente intolerables y se convirtieron en clamor y sedición. El
emperador, culpado por algunos de desperdiciar la riqueza pública y
distribuir las provincias entre sus parientes, todos los cuales carecían
de valor, descartó inmediatamente la propuesta y dijo que él no había
introducido este plan.”112
- De la misma forma a principios del año 1204 Alejo IV fue acusado de
ser un títere de los latinos. Nicetas Choniates, quien fue testigo ocular

110
SKYLITZES, Johan, “A Synopsis of Byzantine History 811-1057”, Cambridge University Press,
Cambridge, 2012. Epitome: Michael VI, I, págs. 481-482; ZONARAS, Juan, “Libro de los emperadores
(Crónica)”, Larumbe, clásicos aragoneses, Aragón, 2006. Libro XVIII, I
111
ZONARAS, Juan, “Libro de los emperadores (Crónica)”, Larumbe, clásicos aragoneses, Aragón, 2006.
Libro XVIII, IX
112
CHONIATES, Niketas, “Writing about Byzantium: The History of Niketas Choniates”, Routledge,
Birmingham, 2017. Pág. 478.

61 | P á g i n a
y participante dice: “La población de la ciudad, absolviéndose como
hombres, presionó al emperador para que participara con los
soldados en la lucha contra el enemigo [los latinos]. Pero Isaac [padre
del emperador] lo alentó a ignorar la actividad del vulgo y otorgar los
máximos honores a quien lo había devuelto a su país [a los latinos...]
Algunos de los que se asociaron con los latinos como compañeros
ignoraron las deliberaciones de la gente como chismes, siendo más
rápidos para evitar la batalla con los latinos que un ejército de ciervos
contra un león rugiente […] La población de la ciudad, al no encontrar
compañeros combatientes ni aliados para desenfundar la espada
contra los latinos, comenzó a levantarse en rebelión y, como una olla
hirviendo, comenzaron a desahogarse de los abusos contra los
emperadores reunidos en la Gran Iglesia; el senado, la asamblea de
obispos y el venerable clero se vieron obligados a reunirse allí y
deliberar juntos sobre quien debería triunfar como emperador […] La
multitud, de mente simple y volátil, afirmo que ya no deseaban ser
gobernados por la familia de los Angelos, y que la asamblea no se
disolvería a menos que primero se escogiera un emperador de su
agrado.”113 Y en medio de este problema estatal se facilitó la
intervención de los venecianos en Constantinopla, comandados por
Enrico Dandolo.
Estos son algunos de los casos documentados en los cuales la
multitud se vio inmersa en las luchas por el poder y los cambios
políticos. Si bien son ocasiones limitadas, claramente sesgadas por la
historia política tradicional, la población es una variable que todos los
emperadores debían tener en cuenta. Lynda Garland, en un estudio
que abarcaba los siglos XI y XII concluyó premisas que pueden ser

113
CHONIATES, Niketas, “Writing about Byzantium: The History of Niketas Choniates”, Routledge,
Birmingham, 2017. Págs. 562-563.

62 | P á g i n a
aplicables incluso a otros períodos de la historia bizantina según los
ejemplos vistos. La autora dice que según la imagen de las fuentes,
las personas de la metrópolis estaban al tanto de los acontecimientos
al interior de las puertas del palacio, y estaba lista para comentar y
juzgar. Estaban en alerta constante por las posibles oportunidades de
intervenir en la política de la ciudad e imperial y tenían la capacidad
de movilizarse en cuestión de horas. Solían actuar en un grupo y rara
vez se dividían en bandos opuestos, puesto que las agrupaciones
minoritarias estaban destinadas al fracaso. El populus pensaba que
tenían todo el derecho de escoger gobernante y no parecían temerle
al emperador de turno ni a la burocracia imperial. “Como resultado,
los emperadores por más poderosos o autocráticos que fueran,
tuvieron que mantener continuamente la conciencia del sentimiento
popular […] y asegurarse de que propiciaron a la gente […] y los
consultaron o les informaron sobre eventos de importancia
nacional”114. También se puede deducir que no solo los emperadores
tenían conciencia de la opinión pública como un factor decisivo, sino
también las elites constantinopolitanas, después de todo “ejercer el
poder en nombre de otra parte es siempre correr el riesgo de que el
titular formal intente reclamar su contenido y su forma”115, esto es un
rasgo que se espera de una república monárquica. La importancia de
‘ganarse al público’ era mencionada incluso por los cronistas que
narran estos acontecimientos: “Los emperadores intentaron
conquistar la opinión pública en general, pero también por políticas
específicas. La lealtad de los súbditos no podía darse por sentado.
Los bizantinos estaban predispuestos a criticar a sus gobernantes […]

114
GARLAND, Lynda, “Political Power and Populace in Byzantine Prior to the Fourth Crusade”,
Byzantinoslavica No. 53, 1992. Págs. 46-51.
115
KALDELLIS, Anthony, “The Byzantine Republic”, Harvard University Press, Massachusetts, 2013. Pág.
137.

63 | P á g i n a
A menudo esto conllevaba el derrumbe a la opinión pública.”116 No
solo las personas que estaban asentadas en el poder, o los
sucesores tenían que tener en cuenta la opinión general y saber
gestionarla y predecirla con eficacia, sino que también los potenciales
usurpadores observaron a los súbditos para evaluar la posibilidad de
que estos los acepten.
Ahora en una revisión de los extractos rescatados de los cronistas
que o bien fueron contemporáneos a los eventos o los conocieron por
terceros, se pueden encontrar patrones importantes a rescatar.
Primero, que varios rescatan las frases que los súbditos les decían en
forma de burla a los personajes que sufrieron la desgracia de perder
el favor público. Se mofaban de un individuo que no solo tenía el
poder potencial de generar una masacre como la conocida en el
conflicto de Nikka sino que también, en teoría era un escogido por
Dios.. Sin embargo es un tema que todavía produce conflicto,
sobretodo en la mentalidad tradicionalista de algunos eruditos que
estudian el medioevo, tanto oriental como occidental. El mismo
George Ostrogorsky se pronuncia al respecto diciendo, en su
narración sobre el suceso que llegó a condenar a Justiniano como un
tirano: “Así, la autocracia bizantina había triunfado sobre los últimos
remanentes de la antigua libertad cívica”117. Y es interesante, porque
su trabajo es relatar la historia política, una que estaba plagada de
este tipo de intervenciones públicas en las decisiones
gubernamentales, y si bien él no menciona todas las vistas en estas
páginas, por lo menos un par de ellas, presentes también en su obra,
hacen que su afirmación sea poco consistente. Tal vez sea debido a
los rumbos que ha tomado la historiografía con los años, que solo

116
ZONARAS, Juan, “Libro de los emperadores (Crónica)”, Larumbe, clásicos aragoneses, Aragón, 2006.
Libro XVIII, IX
117
OSTROGORSKY, George, “History of the Byzantine State”, Basil Blackwell, Oxford, 1968. Pág. 73.

64 | P á g i n a
recientemente este tema ha despertado el interés general. Y los
estudios más contemporáneos que desean trabajar esta temática han
tenido que ayudarse con herramientas que provienen de otras ramas,
como la antropología, la sociología y la psicología. Es por eso que
creo necesario citar a un autor no historiador que de hecho es
importante en el campo de la opinión popular. El antropólogo James
Scott ha escrito un estudio influyente sobre los modos de discurso
subversivos, que a menudo están ocultos o disfrazados, argumenta
que “Lo que puede desarrollarse en tales circunstancias es
virtualmente una cultura dual: la cultura oficial llena de brillantes
eufemismos, silencios y lugares comunes y una cultura no oficial que
tiene su propia jerga mordaz, su propia música y poesía, su propio
humor, su propio conocimiento de la escasez, la corrupción y las
desigualdades que pueden, una vez más, ser ampliamente conocidas
pero que no pueden introducirse en el discurso público”118. Y es con
esta dualidad de pensamiento que se debe estudiar este imperio tan
peculiar: no quedarse simplemente con la historia política tradicional,
ni tampoco sugerir que Bizancio era una especie de civilización llena
de libertades públicas y de expresión. Sino que al relacionarse las
esferas sociales producían este tipo de doble discurso, que si bien de
alguna forma dificultan un poco el estudio profundo de un suceso,
también lo enriquecen con sus aristas tan diferentes.
En fin, no se puede decir que el populus gozaba de un poder
ilimitado, pero era un poder a tomar en cuenta. Sin embargo,
dependiendo de la época en que se estudiara, este grupo tenía
declives o aumento en su participación e interacción con la Basileia.
Por lo tanto este apartado es concluyente para la afirmación de la

118
SCOTT, James, “Los dominados y el arte de la resistencia: discursos ocultos”, Eras Ediciones S.A.,
México D.F., 2004. Pág. 51.

65 | P á g i n a
hipótesis central: en primer lugar porque otorgaban el dinamismo
característico del estado bizantino, al igual que no exigían un
prerrequisito para los gobernantes que les representaron, salieron a
defender y a violentar tanto a emperadores con el origen más noble
(porfirogénetos), y a los que venían desde las bajas esferas sociales
y/o de provincias lejanas a la ciudad madre. Incluso, y ya para los
fines específicos de esta investigación, apoyaron y sacaron a
emperatrices, que gobernaron en carácter de Basileus o segundo
cesar al mando. Según las fuentes estudiadas, el pueblo bizantino no
atacó a ninguna emperatriz por su condición de mujer, no así como
en occidente119, sino por los rumbos y acciones que tomaron sus
reinados.

4.2.4. El poder del ejército


“Hay poca evidencia de que se esperara que los soldados murieran
por el emperador, en lugar de por la fe cristiana y el estado romano.
Por el contrario, el énfasis en las guerras militares y otros textos está
en la supervivencia y en el hecho de que los soldados lucharon por su
fe y su imperio, en lugar de cualquier emperador en particular.” 120

119
Esto referente a las emperatrices bizantinas. Históricamente hablando, la única que ostento de forma
total el título de Basileus, Irene, no recibió resistencia por su género en el imperio, es más, se le
considera una política publicitaria sagaz. Sin embargo, en occidente si encontró resistencia a su posición.
Puesto que el Papa León III nombró a Carlomagno Imperator Augustus en conocimiento de la situación
bizantina y menospreció la posición del emperador romano oriental porque en esa posición se
encontraba una mujer. Si bien en la presente investigación no ha sido posible agregar fuentes
occidentales para engrandecer el conocimiento de la misma, si se encontró esta cita respecto al tema:
“¿Quién, en otras palabras, estaba cualificado para emitir un juicio acerca del Vicario de Cristo? En
circunstancias normales la única respuesta posible a esta pregunta sería el emperador de Constantinopla,
pero en este momento Irene ocupaba el trono imperial. Que la emperatriz fuera famosa por haber
cegado y asesinado a su propio hijo era algo, para León y Carlos, irrelevante: sencillamente se trataba de
una mujer. […] Por lo que respecta a Europa Occidental, el trono bizantino estaba vacío: Irene no era más
que una prueba, si es que se necesitara alguna más, del envilecimiento en el que había caído el Imperio
romano.” NORWICH, John, “Byzantium. The Apogee”, Pinguin Books, London, 1991. Pág. 378.
120
HALDON, John, “Warfare, State and Society in the Byzantine World, 565-1204”, University College
London Press, London, 1999. Pág. 161.

66 | P á g i n a
Para comprender el pensamiento colectivo de la milicia bizantina, hay
que conocer primero la herencia de la armada romana y su relación
con esta nueva religión que cambió el paradigma social, el
cristianismo. La ideología del cristianismo primitivo, parecía estar
normado por una conciencia colectiva de unificación en torno a un
mismo Dios, a este último se le representaba con un discurso
inclusivo y de paz: “la liturgia del período anterior a la paz de la iglesia
y el edicto de tolerancia emitido por Constantino I en 313 prohibieron
a los soldados que deseaban hacerse cristianos tomar la vida, ya
fuera por órdenes o no”121. Sin embargo, se conoce que en el siglo
tercero después de Cristo, antes y después del Concilio de Nicea,
había un número sustancial en las filas de la armada imperial que
eran cristianos, la existencia de una pequeña iglesia de esta religión
en la base militar romana en Doura Europos, en la frontera oriental,
construida entre los años 193-235 D.C., suele ser invocada como una
confirmación de esto, y también para ratificar que el culto cristiano era
tolerado e incluso posiblemente alentado por los altos mandos
militares122.
No obstante, antes de que esto sucediera, la milicia tenía una
larga tradición histórica discrepando de los cultos del emperador de
turno, no es raro que en la primera mitad del tercer siglo, la historia
esté plagada de relatos sobre persecuciones y martirio a reclutas que
se negaran a llevar a cabo ceremonias (usualmente paganas)123. En
un artículo de J. Boojamra, se hace una recapitulación de los
acontecimientos que cambiaron las normativas sociales en cuanto al

121
HALDON, John, “Warfare, State and Society in the Byzantine World, 565-1204”, University College
London Press, London, 1999. Pág. 14.
122
HELGELAND, John, “Christians and the Roman Army A.D. 173-337”, en “Church History”, Cambridge
University Press, Cambridge, 1999. Pág. 163.
123
Como ejemplo más recurrente era el culto a Mitra dentro del ejército mientras el imperio seguía
siendo regido, al menos nominalmente por el culto al Panteón romano.

67 | P á g i n a
culto, incluyendo al ejército. En primera instancia el Edicto de Milán y
el Concilio de Aries, 313 y 314 respectivamente, permitieron
claramente que los cristianos se unieran al ejército, aunque siempre
queda la duda sobre las interpretaciones de los mismos, esto debido
al número de objetores de conciencia que fueron excomulgados
como desertores124. Para esto, líderes eclesiásticos como Atanasio,
arzobispo de Alejandría y Ambrosius, obispo de Milán, anunciaron
que era digno de elogio que un cristiano tomara las armas en contra
de sus enemigos de estado. San Agustín por su parte, apuntó hacia
lo mismo pero sutilmente sugirió que se intentara evitar el
derramamiento de sangre si no era necesario. Paulatinamente la
milicia se fue cristianizando, “tal punto de vista culminó durante los
últimos años del siglo con la prohibición de que los no cristianos
sirvan a sus ejércitos imperiales”125.
Esta dualidad que al principio parecía ser incompatible, fue
consolidándose ante la misma evolución histórica. Fueron otras las
circunstancias que dieron la posibilidad que este ejército tuviera
menos limitaciones para ejercer su deber como portador de armas y
el de ser cristiano, llegando a “la presencia de elementos del clero en
el ejército bizantino, [como] la celebración de servicios antes de la
batalla para bendecir la insignia, y de hecho la presencia de los
símbolos religiosos y las imágenes de gran potencia”126. Ante esto, no
es arriesgado suponer que el ejército bizantino guardaba más lealtad
hacia su religión y al imperio, antes que a la persona sentada en el
trono imperial. Y por lo mismo no es de extrañar que este mismo

124
BOOJAMRA, John, “The emperor Theodosius and the lgal establishment of Christianity”, Byzantina No.
9, 1997. Pág. 387.
125
BOOJAMRA, John, “The emperor Theodosius and the lgal establishment of Christianity”, Byzantina No.
9, 1997. Pág. 400.
126
HALDON, John, “Warfare, State and Society in the Byzantine World, 565-1204”, University College
London Press, London, 1999. Pág. 16.

68 | P á g i n a
funcionara como una fuerza política a tomar en cuenta por parte del
Basileus, puesto que no solo poseía las armas para lograr deponerlo,
sino que también teniendo en mente la tradición histórica de Bizancio;
una gran parte de los golpes de estado eran orquestados por el
ejército.
Volviendo a revisar la historia bizantina en el período iconoclasta,
el ejército tuvo una influencia significativa en el gobierno de
Constantino VI e Irene. En una primera instancia, luego de la vuelta al
dogma tradicional, Constantino VI con veinte años de edad intenta
gobernar por su cuenta desplazando a su madre y corregente Irene.
Y como es esencial, uno de sus primeros actos fue pedir el juramento
de la milicia hacia su persona, a lo cual el ejército dijo: “No seremos
gobernados por su hijo mientras usted viva […], ni siquiera
colocaremos el nombre de Irene antes del de Constantino, pero
mantendremos a Constantino e Irene como hemos aceptado al
principio”127. De esta forma exigieron al emperador la presencia de
Irene en el estado, y previeron la posibilidad de que este la mandara
a desterrar, tonsurar o cegar. Y es interesante porque como se
mencionó con anterioridad, el ejército en general era más partidario
de la causa iconoclasta, por lo que en un primer intento de
reestablecer el culto original a través de un concilio, por parte de
Irene, el ejército irrumpió en la sesión amenazando con matar al
Patriarca, el Papa Adriano y los demás participantes128, sin embargo
se sugiere que la misma emperatriz sofocó la rebelión. Y aun así se
aseguraron que ella siguiera siendo parte de la basileia cuando
Constantino VI asumió como único gobernante. Esta simpatía hacia la

127
CONFESSOR, Theophanes, “The chronicle of Theophanes the Confessor: Byzantine and Near Eastern
History AD 284-813”, Oxford University Press, Oxford, 1997. AM 6283, pág.640
128
CONFESSOR, Theophanes, “The chronicle of Theophanes the Confessor: Byzantine and Near Eastern
History AD 284-813”, Oxford University Press, Oxford, 1997. AM 6278, pág.635

69 | P á g i n a
Basilissa se debió exclusivamente debido a las victorias militares (con
botín incluido) orquestadas por Irene anteriormente.

Para bien o para mal el ejército fue un factor decisivo para un


individuo que quería llegar a ser emperador. Y la lealtad de este
residía en dos elementos muy específicos: garantías económicas,
entendiéndose por estas victorias militares, botín, seguridad de
salario, etc., y la Ortodoxia, o más bien lo que estos comprendían por
la verdadera fe.

70 | P á g i n a
CAPÍTULO V: MUJERES EN BIZANCIO. VIDA, PODER Y LEGITIMIDAD.

5.1. Ser mujer en Bizancio

“La sociedad bizantina era misógina y patriarcal, en nuestros términos, porque


la ideología predominante hacia las mujeres las consideraba como seres
inferiores a los hombres, débiles, no dignos de confianza, y calificados como
niños, desquiciadas mentalmente, no aptas para dar testimonio público.” 129 Esto
a grandes rasgos podría definir la parte femenina en la vida de Bizancio, sin
embargo es una visión demasiado simplista. Una visión, que muchas veces
aparece de forma breve y sin darle importancia, en los que llamamos autores
‘clásicos’130 sobre la historia de este imperio, o en otras palabras, de este
‘imperio romano de oriente en decadencia’131. Por lo que apreciar este párrafo
como una verdad a secas, limita el estudio y la comprensión del imperio como
un macro organismo, donde los aspectos fundamentales de la vida cotidiana
son más complejos que un par de líneas en un libro. Y sobre todo, no le da
importancia al arduo trabajo de especialistas en el mundo medieval y bizantino
principalmente, que han desarrollado a partir de la década del 70, donde temas
como la vida privada de la sociedad; de pobres, de niños y de mujeres
comenzaron a hacer eco en la historiografía. Haciendo énfasis en este último
elemento, las mujeres, es donde se desarrollará este apartado de la
investigación. Claro que será una vista muy parcial de lo que era ‘ser mujer en
Bizancio’, teniendo en cuenta que hay cientos de especialistas que dedican
tomos completos de libros a estudiar esto. No obstante, aquí se plasmará una

129
JAMES, L. The role of women. En J. H. E. Jeffreys, Byzantine Studies. Oxford University Press, New
York, 2008. Pág. 643.
130
Con clásicos me refiero especialmente a las lecturas casi indispensables para el estudio de Bizancio,
autores como George Ostrogorsky y A. Vasiliev, que con sus historias políticas tradicionales logran
adentrar al lector en el mundo de este particular imperio, pero que sin embargo, también entregan una
visión muy simplista sobre algunos temas, ya que al remitirse principalmente a la historia de los procesos
políticos pierden parte de la esencia de la sociedad.
131
GIBBON, Edward, “The decline and Fall of the Roman empire Vol. II”, Encyclpaedia Britannica, Chicago,
1952. Pág. 54

71 | P á g i n a
breve recopilación de los textos que sin lugar a duda, dejan espacio para un
examen más meticuloso que el que en el presente se puede hacer.

5.1.1. Lo cotidiano

“Yo, la desgraciada, tenía un marido y dos hijos, uno de nueve años y el otro
cinco, cuando mi esposo murió yo quedé viuda. Un soldado vivía cerca de
mí y quería que me tomara como su esposa, así que le envié algunas
amigas. Pero el soldado dijo: ‘no estoy tomando una esposa que tenga hijos
con otro hombre’. Luego, cuando supe que no quería llevarme por los niños
y porque lo amaba, yo, la desdichada maté a mis hijos. Dos hijos y le
contaron que ya no tenía ninguno. Pero cuando el soldado escuchó lo que
había hecho sobre los niños, dijo: ‘que el Señor, Dios que vive en el cielo,
viva, no la tomaré’. Y temiendo que esta cosa terrible se diera a conocer y
que yo muriera, hui.”132 Este extracto muestra una de las diferentes
realidades de la vida cotidiana en Bizancio. Claramente no se puede
generalizar en que esta era una tendencia dentro de las viudas de baja
condición social, pero es interesante que un relato como este llegue hasta
nuestras manos. Un rasgo que puede repetirse a través de las vidas de las
mujeres viudas en el imperio puede ser la inseguridad económica, una que
se manifiesta a través de diferentes medios. En el caso de María, se
encontraba en una situación particular lamentable, la negativa del soldado
pudo deberse principalmente por la ley bizantina que estipulaba que los
padrastros estaban obligados a adoptar a la descendencia de su cónyuge
como propia133, por lo que también estaba obligado a proveer de una dote

132
HERRIN, Judith. “Unrivalled influence. Women and empire in Byzantium”, Princeton University Press,
Princeton , 2013. pág. 19. Según la autora, esta cita proviene de una colección de textos llamado
“Patrologiae cursus completus, series greco-latinas”, específicamente del volumen número 161, y la
historia se llama “Pratum Spirituale” en el capítulo 76. Es narrada por un capitán de barco a principios del
siglo VII. Como no pude acceder a la fuente, cito directamente del texto donde encontré la información.
133
HERRIN, Judith. “Unrivalled influence. Women and empire in Byzantium”, Princeton University Press,
Princeton , 2013. pág. 20

72 | P á g i n a
para las hijas. Esta breve historia revela el significado del matrimonio para la
población femenina, y los potenciales peligros que significaban las viudas
para los hombres134. Para bien o para mal, las mujeres no parecían estar
bien posicionadas en este mundo medieval oriental, estaban claramente en
el grupo de riesgo social, vulnerables ante los insultos en caso de que estas
no cumplieran con los roles de esposa y madre. Sin embargo, como en
muchos casos, la clave está en la capacidad de adaptación y supervivencia.

¿Cómo se puede estudiar un grupo social que tiene escases de


documentación? Con las grandes problemáticas, sería una respuesta. La
presencia de las mujeres en los conflictos históricos siempre ha sido una
base importante para el estudio de estas. Y Bizancio no fue la excepción.
Uno de los episodios en que se rescata la participación de las civiles es
durante la época iconoclasta. A lo largo de esta investigación se ha
mencionado mucho, desde que se supone que fueron las mujeres las que
atentaron contra el guardia imperial que fue encomendado con la tarea de
quitar el ícono de Cristo, hasta su posición activa en el resguardo de
iconófilos perseguidos. Sin embargo, producto de este acontecimiento
histórico también se da a conocer otros aspectos de la vida femenina. Por
ejemplo, se habla de una mayor visibilidad en la ciudad, en la vida pública,
especialmente en la capital. Dentro de esto se entrevén roles públicos
abiertos a las mujeres, como es el caso de la especialización en los oficios
de médico y partera, puesto que sería muy inapropiado que un hombre
atendiera los asuntos corporales propios femeninos135. Obviamente no se
puede hablar de ‘carreras’ seguidas por esta población, no obstante, que

134
HERRIN, Judith. “From bread and circuses to soup and salvation: the origin of bizantine charity”, en
“Margins and Metropolis: Authority across the byzantine empire”, Princeton University Press, Princeton,
2013. Págs. 267-298.
135
Véase el caso de la princesa bizantina de finales del siglo XI y mitad del XII, Ana Comneno, quien no
solo fue excepcionalmente ilustrada, sino que asistió como médico de cabecera a su padre, el
emperador Alejo I, en los días finales de su vida. También en: LAIOU, Angeliki. “The role of women in
Byzantium society”, en Byzantinistik No. 31, 1981. Pág. 245.

73 | P á g i n a
estuvieron inmersas en la vida pública es un hecho. Una de las actividades
más abiertas sin duda era el comercio, y en el siglo X hay información que
respalda este punto. Se habla de que en Constantinopla, dos damas
aristócratas, Eudokia y Sofía, eran dueñas de un negocio en el cual
empleaban a mujeres de la ciudad para la producción de prendas de vestir
hechas con pelo de cabra136.

Y ya como última posibilidad de trabajo, las mujeres también optaron por


la vida en el espectáculo y entretenimiento, era una forma práctica de poder
sustentarse pero al mismo tiempo les traía serios problemas morales. A
pesar de las distribuciones cívicas de pan y la caridad eclesiástica (al menos
en la primera parte de la historia bizantina), el hambre obligaba a las
mujeres a prostituirse con frecuencia y/o prestarse para actos que
resultaban en una degradación paulatina de su imagen. Conjunto con esto
también existe evidencia de una preocupación por la redención de estas
desdichadas a lo largo del periodo de este imperio de oriente, claro que los
intentos no fueron tan exitosos, se sospecha que se extendieron hasta el
siglo XI137. Este tipo de situaciones puede rastrearse hasta la época de
gestación del imperio bizantino, incluso más allá de sus propios ancestros
clásicos, pero no es el punto de la investigación. Quizás uno de los casos
más famosos es el de la emperatriz Teodora, esposa de Justiniano en el
siglo VI. La imagen más próxima de esta Basilissa aparece en los mosaicos
que decoran el presbiterio de la basílica de San Vital en Rávena. Allí se
puede apreciar a Teodora, magnífica, vistiendo la púrpura y rodeada de sus
damas y eunucos. Porta la corona y un cáliz en sus manos, mientras está
situada en el centro de la Corte. Pero esta mujer, encanta a la historia por la

136
OIKONOMIDES, Nicolas. “Quelques Boutiques De Constantinople Au XE S.: Prix, Loyers, Impositions.”
Dumbarton Oaks Papers, vol. 26, 1972, pp. 345–356. JSTOR, www.jstor.org/stable/1291326.
137
HERRIN, Judith. “Unrivalled influence. Women and empire in Byzantium”, Princeton University Press,
Princeton , 2013. pág. 16; JAMES, L. The role of women. En J. H. E. Jeffreys, Byzantine Studies. Oxford
University Press, New York, 2008. Pág. 650.

74 | P á g i n a
suma de su pasado ‘negro’ y su actitud imperial. Siendo hija del cuidador de
animales del hipódromo, desde temprana edad estuvo inmersa en la vida del
espectáculo. Procopio dice que se desarrolló como actriz, un ejercicio que
estaba sumamente ligado a la prostitución, y añade: “Muchas veces, incluso
en el teatro, se desvestía ante todo el pueblo que la contemplaba y así se
paseaba desnuda entre ellos, cubriéndose sólo en torno a las vergüenzas y
las ingles con un taparrabos, pero no desde luego porque sintiera vergüenza
de mostrar esas partes en público, sino porque no se permitía allí a nadie
salir completamente desnudo, […]. Así pues, se tumbaba de esta guisa en el
suelo y yacía boca arriba. Unos asistentes que tenían asignados
precisamente este trabajo, esparcían cebada por encima de sus vergüenzas
para que los comieran unos gansos especialmente entrenados para esto,
[…] incluso parecía estar orgullosa por esta actuación, pues no sólo era una
impúdica, sino que superaba a todos a la hora de concebir actos
impúdicos.”138

Es muy posible que Procopio esté relatando la representación teatral del


mito de Leda y el Cisne139. Pero lo más relevante, fuera de las posibles
exageraciones del autor, es la descripción de la vida pública de este grupo
de mujeres que se dedicaban a estos trabajos. Desde el espectáculo público
más simple, hasta el que más atentaba contra la moral de la época no eran
pocas las candidatas a estos oficios por las mismas circunstancias en las
que se encontraban. Lo cierto es, que luego de esta vida ‘oscura’ de la joven
Teodora, cuando fue tomada como esposa por el emperador, ella comenzó
una campaña para institucionalizar lugares dedicados a la reinserción de las
mujeres desdichadas a la sociedad, así se construyó el Metanoia, un
convento para estas mujeres donde podían aprender diversos oficios, todos
considerados ‘típicamente femeninos’ como la confección, cocina,

138
CESAREA, Procopio. “Historia Secreta”, Gredos, Madrid, 2009. Cap. IX, págs. 20-23
139
FERRÁNDIZ, María. “Teodora de Bizancio 497 o 500-548)”, Revista Clases Historia, 2010. Pág. 2

75 | P á g i n a
enfermería básica, etc. Aprendizaje que iba siendo complementado con un
acercamiento a la vida cristiana140, donde la suma de estas partes debía
resultar en una sanación para estas desdichadas junto a la promesa de que
podría integrarse al mundo civil como una mujer nueva. Al mismo tiempo se
habla de la influencia de Teodora en ciertos aspectos del código Justiniano,
donde se les daba protección a las mujeres y se castigaba la prostitución
forzada con las máximas penas141.Sin embargo, el éxito de este tipo de
instituciones era casi nulo, no solo debido a la probabilidad de que a la
muerte de la benefactora este sucumbiera, sino también porque estos tipos
de oficios existían por algo: oferta y demanda. No por nada, la prostitución
es considerada uno de los trabajos más antiguos del mundo, sino el más
antiguo.

5.1.2. Lo jurídico

¿Cómo se puede comenzar a hablar de los códigos legislativos bizantinos


sin recurrir a sus antepasados romanos? Desde este antecesor próximo
para el imperio, la mujer no gozaba de una excelente posición jurídica. A
grandes rasgos estaba sujeta a un hombre, ya sea padre, esposo, hermano
y en ocasiones, hijo. Sin embargo, en Bizancio esta situación va cambiando
paulatinamente. El primer vestigio de la mujer como un ‘civil’ a nivel legal,
proviene de su situación en relación a la dote matrimonial. La base de este
sistema proviene del derecho romano, donde la dote era una donación
especial que se le hace al marido, por parte del pater familias de su mujer,
con la finalidad de contribuir a las cargas económicas del matrimonio. En el
caso romano la dote no pertenece a la mujer142, pero en Bizancio la
situación es diferente. En una de las compilaciones del derecho y justicia
140
FERRÁNDIZ, María. “Teodora de Bizancio (497 o 500-548)”, Revista Clases Historia, 2010. Pág. 8
141
GARLAND, Lynda. “Byzantine Empresses. Women and Power in Byzantium, 527-1204” Taylor & Fancis,
London, 1999. Págs. 11-39
142
Para una mejor profundización véase en BETANCOURT, Fernando, “Derecho romano clásico”,
Universidad de Sevilla, Sevilla, 1927.

76 | P á g i n a
bizantinas, el Eisagoge, escrito por el Patriarca Focio en el siglo IX,
menciona esta situación de la dote. En el Título XVIII, dice:

“20. Aunque la dote esté en el patrimonio del marido, no obstante, es de la


mujer. De forma que, si el fundo dotal es reivindicado, ella puede ejercitar la
acción en caso de evicción, pues a ella le compete, ya que, si no vence, el
fundo deja de estar en la dote.

27. Si el marido, sin conocimiento de su mujer, hipoteca los bienes de ella,


no es válida la hipoteca.

33. Una mujer que da garantías en una causa civil ni sufre perjuicio ni
resulta obligada.”143

El último punto ofrece una ‘protección legal’ que significaba que los
funcionarios estatales no podían aprovecharse de la obvia situación de
inferioridad civil de la mujer, ni expropiar la dote de esta ni siquiera por el
pago de una deuda de su esposo. Cuando la mujer enviudaba, la dote
pasaba a su dominio, al igual que las propiedades del esposo 144. Un
testamento de Tarento del siglo XI, por ejemplo, muestra una distribución
detallada de cada posesión de Gemma, viuda de Nicéforo, donde la mujer
reparte sus dominios entre la Iglesia de San Bartolomé, sus sobrinos, y
varios sirvientes, hombres y mujeres145. Otro caso conocido, demuestra que
las féminas estaban al tanto del uso de los documentos oficiales y
conciencia de la administración de justicia. Teodote en el año 1093 llevó a
sus hermanos a la corte, declarando: “Mi padre, poseía las tierras y las tenía

143
FOCIO, Patriarca. “Eisagoge: La introducción al derecho del Patriarca Focio”, Consejo superior de
investigaciones científicas, Madrid, 2007. Título XVIII, págs. 365-374
144
Véase también esto en el Digestum de Justiniano publicado en el 533 (XXIII 3.25) y en la Basilika del
emperador León VI promulgada en el 888 (XXIX 1.71).
145
HERRIN, Judith. “Unrivalled influence. Women and empire in Byzantium”, Princeton University Press,
Princeton , 2013. pág. 21-21

77 | P á g i n a
como dueño, y las entregó como mi dote [proix]”146. Para respaldar su
posición trajo testigos de peso, como al Obispo local, que testimoniaron a
favor de Teodote, y el reclamo de los hermanos se perdió. El tribunal ordenó
que se le devolvieran las tierras a la hermana, y ajustició a sus parientes por
usurpación ilegal. Estas mujeres propietarias existían en las provincias del
imperio. Pero quizás la materia más reveladora en cuanto a la condición de
mujer en Bizancio, sea el matrimonio, lo que se observará a continuación.

En una primera instancia se dice que “No tiene lugar el matrimonio si no


consienten los contrayentes y los que tienen a éstos bajo su potestad. […]
La hija emancipada que ha cumplido la edad adulta se une lícitamente a un
hombre aun en contra de la voluntad del padre.”147 Es importante analizar
estos párrafos de la legislación porque jurídicamente la mujer pasó a un
nivel ‘civil’ superior al que tenía antes en el imperio romano. Y no solo eso,
la mujer en ‘teoría’ tenía la facultad de casarse a su gusto, en teoría porque
es poco probable que esta legislación se cumpliera en el cien por ciento de
los casos, ya que después de todo, el padre de esta tenía a recaudo la dote
y es posible que para entregarla impusiera restricciones o simplemente
decidiera por la muchacha. En otro apartado del mismo Título, se encuentra
otro dato interesante: “Los hijos tanto del demente como del furioso, de
cualquier sexo que sean, pueden contraer nupcias si su curator da para ellos
la dote o la donación antes de las nupcias, con la aprobación del prefecto de
la ciudad, del quaestor, del magistrado del lugar o del obispo.” 148 Hay que
prestar especial atención a la primera parte de la cita, donde se especifica

146
BEAUCAMP, Joëlle. “La situation juridique de la femme à Byzance”, Cahiers de Cilivisation Médiévale,
1977, págs. 150-152
147
FOCIO, Patriarca. “Eisagoge: La introducción al derecho del Patriarca Focio”, Consejo superior de
investigaciones científicas, Madrid, 2007. Título XVI, III-V, pág. 353-354. Ver también el matrimonio con
el consentimiento de los contrayentes y los padres de estos en el Título XXIII, 2.2 del Digesto de
Justiniano.
148
FOCIO, Patriarca. “Eisagoge: La introducción al derecho del Patriarca Focio”, Consejo superior de
investigaciones científicas, Madrid, 2007. Título XVI, XXI, pág. 356. Véase también en la Basilika de León
VI en el Título XXVIII, I, 19.

78 | P á g i n a
que los hijos e hijas de un padre mentalmente incapacitado pueden tomar
las decisiones sobre su futuro. Es interesante notar que la obligación de
buscar parejas adecuadas para la hija no recaiga en un pariente masculino
próximo, y ni siquiera en la madre. Es el estado el que toma lugar en la
protección de estos hijos.

Como conclusión general de este apartado, y en consecuencia de


analizar estos tratados jurídicos, es necesario hacer ver que en ninguno de
ellos se estipula una definición clara y precisa de la condición de mujer. Es
decir, no dicen que la mujer sea ni ciudadano, ni civil, ni subordinado. Pero
sí se puede inferir, que estos tres estados de las bizantinas convivían en la
mentalidad y la legislación del imperio. Se desarrollaban en conjunto, y en
ocasiones se puede reconocer a uno de estos como dominante, pero al igual
que Bizancio, estaban sujetos al cambio.

5.1.3. Lo religioso

“Las mujeres callen en las asambleas, pues no les está permitido hablar,
sino que se muestren sumisas como manda la ley”. 149 Así se expresa Pablo
de Tarso en la primera epístola a los Corintios, cuando le preguntan sobre el
papel de la mujer en los actos de culto, incluyendo las santas misas. Esto en
general, fue parte de la base que fue definiendo el dogma católico para la
historia. Sin embargo, a medida que el imperio de oriente fue distanciándose
del occidente, ya sea por las referencias culturales, o por la propia caída de
Roma, la definición de la teología religiosa fue diferente, una que tenía que
servir a los intereses de los pueblos que profesaran esta fe. Con el
nacimiento de la iglesia Ortodoxa (iglesia de oriente) y la clásica disputa
entre el Patriarca de Constantinopla y el Papado, el estado Bizantino se

149
1. Corintios 14:34

79 | P á g i n a
encontraba en un constante cambio, que para bien o para mal, estaba
dirigido por las ideas y caprichos de los nuevos emperadores. Y es por esto
que las políticas religiosas del imperio tampoco eran inmutables, y en
ocasiones los cambios fueron presenciados y gestionados por las mujeres
que componían la basileia.

No obstante, no hay que dejar de mencionar que estas mismas


emperatrices no hicieron grandes cambios que modificaran la cristiandad,
más bien sus políticas se movieron en las bases ya consolidadas de esta
religión y como los mismos estudiosos de este campo mencionan, las
emperatrices defendieron un orden profundamente patriarcal 150. Ahora bien
¿cuál era el papel específico de las mujeres dentro de los temas religiosos?

Por lo general se suele asumir que la religión cristiana desde sus inicios
poseía una inclinación hacia la autoridad masculina, pero antes del Edicto
de la Tolerancia dictado por el emperador Constantino I, las comunidades
cristianas, todavía siendo ‘sectas’ sin mayor organización, otorgaron a sus
miembros femeninos un estatuto más algo con mayor igualdad que la que
podría mantenerse en la expansión y organización de una fe oficial en el
siglo IV. Desde una posición que incluía el papel potencial de mártir, las
mujeres componían un grupo de participación activa en esta religión
naciente151. Frecuentemente las mujeres fueron martirizadas por sus
creencias cristianas, menos dispuestas a renunciar a estas y se expusieron
a la humillación pública y el castigo, no es que no hubiera hombres mártires,
sino que la participación de las primeras es significativa para comprender el
grado de compromiso de estas. Ya en el siglo VI, a las mujeres se les
restringió el acceso a diversas formas de religiosidad, dejándoles la orden

150
HERRIN, Judith. “Mujeres en Púrpura: Irene, Eufrósine y Teodora. Soberanas del medioevo bizantino”,
Editorial Taurus, Madrid, 2002.
151
HERRIN, Judith. “Women and Church in Byzantium”, en: “Bulletin of the British Association of
Orientalists No. 11”, Londres, 1980. Págs. 8-14

80 | P á g i n a
de las diaconisas, una institución que era totalmente dirigida a la población
femenina, como posibilidad de vida monástica152. La jerarquía masculina
dificultaba cada vez más la expresión de la religiosidad para las mujeres del
imperio, y el cisma de estas restricciones tuvo que desarrollarse durante los
concilios. En este apartado se analizará uno en particular, el llamado
Concilio Trulano, o también conocido como Cuarto Concilio de
Constantinopla o ‘quinisexto’, del año 692. Los antecedentes a tener en
cuenta es que fue convocado por el emperador Justiniano II, que era un
hombre profundamente religioso. Quizás movido por la misma motivación
que los otros emperadores en busca de ‘trascendencia’, o porque realmente
creía en la necesidad de un concilio para refinar los aspectos prácticos y
cotidianos de la vida cristiana, esto debido a que los últimos dos concilios (el
del 553 y el del 680-681) se preocuparon exclusivamente de los alcances
doctrinales. Lo cierto es que la historia recuerda a este emperador que
estaba cansado de la supervivencia de las costumbres paganas 153. Se
supone que el emperador y el patriarca hicieron todo lo necesario para la
convocatoria, pero “no tenemos muchas noticias sobre este concilio, dado
que se han perdido sus actas. Tampoco sabemos la fecha exacta; tuvo lugar
en el año 692, pero pudo haber comenzado a finales del año 691. También
ignoramos el número de participantes”154. Puede que esto dificulte el estudio
de tal acontecimiento, sin embargo el cronista Juan Zonaras ofrece un
panorama un poco más esclarecedor, donde apunta que tomaron parte 227
obispos, que se reunieron en el mismo sitio que el concilio anterior, se
entiende por esto que pudo ser en la gran sala con cúpula del palacio

152
ABRAHAMSE, Dorothy, “Women’s Monasteries in the middle Byzantine period”, Bizantinische
Forschungen No. 9, 1985. Págs. 35-58
153
ALBERIGO, Giuseppe, “Historia de los Concilios Ecumémicos”, Ediciones Sígueme, Salamanca, 1993.
Pág. 123
154
ALBERIGO, Giuseppe, “Historia de los Concilios Ecumémicos”, Ediciones Sígueme, Salamanca, 1993.
Pág. 124

81 | P á g i n a
imperial de Constantinopla155; aunque no se puede comprobar la certeza de
sus palabras.

A grandes rasgos el concilio se limitó a tomar decisiones de orden


práctico y confirmar las tomadas por los concilios anteriores, como es el
caso la reiteración de la condena a las herejías del período cristiano
temprano. De los 102 cánones promulgados, al menos unos treinta
presentan una discusión muy amplia de temas respecto a la conducta civil
regulada por la iglesia católica156, entre los cuales se pueden encontrar
cuestiones respecto a la familia, y por supuesto a la mujer. Para esta, la
preocupación eclesiástica apuntaba a tres áreas distintas de la vida
femenina: la vida monástica, los servicios religiosos y la vida cotidiana en
general. No solo este concilio en particular sino que gran parte del siglo VII
tuvo relación con la limitación de las prácticas de mujeres en las esferas del
cristianismo. Uno de los temas planteados de forma específica fue el canon
70, que prohibía a las mujeres hablar durante los servicios eclesiásticos,
reiterando lo hablado por San Pablo, agregando que en caso de dudas,
pueden consultar a sus esposos en su casa porque “es una vergüenza que
una mujer hable en la iglesia”157. Esto representa el punto de inflexión en el
que se encontraba el cristianismo respecto a las esferas sociales, puesto
que se tiene constancia de que en los primeros siglos de esta religión, en su
estado primitivo, las mujeres habían predicado, profetizado, enseñado y
expuesto las escrituras a diferentes públicos158, estas habilidades fueron

155
ZONARAS, Juan, “Libro de los emperadores (crónica)”, Larumbe, clásicos aragoneses, 2006. Sygmata
II, pág. 294
156
PRICE, Richard & WHITBY, Mary, “Chalcedon in centext: Church Councils 400-700”, Liverpool
University Press, Liverpool, 2009. Pág. 144
157
GRYSON, Roger, “Le ministère des femmes dans l’Église ancienne”, Duculot, Gembloux, 1972. Pág. 27;
I Corintios 14:34-35
158
SCHÜSSLER, Elisabeth, “Word, spirit and power: Women in Early Christian Communities”, en :
“Women of Spirit: Female Leadership in the Jewish and Christian traditions”, Simon and Schuster, New
York, 1979. Pág. 34

82 | P á g i n a
limitándose con la institucionalización de la religión y la fijación del dogma,
quedando reducidas a ser simples espectadoras y oyentes de la liturgia.

En este panorama tan desfavorable para las defensoras y practicantes de


este credo, se vieron en la obligación de buscar otras alternativas para
manifestarse. Cabe decir que el concilio Trulano no tuvo el éxito planeado,
cuando las actas fueron enviadas a Roma para ser firmadas por el Papa
Sergio, esté se negó a reconocerlas. Justiniano II, inmerso en sus ideas
cesaropapistas, mandó a arrestar en la capital a Juan de Porto y a Bonifacio,
representantes de Occidente, sin embargo en Papa se mantuvo firme en su
decisión159. Ahora, volviendo a la idea central, las mujeres de la iglesia
cristiana oriental, encontraron consuelo a su condición inferior en la
adoración de los íconos sagrados. No es fortuito que fueran principalmente
las mujeres las que establecieron oposición durante los períodos de
emperadores iconoclastas, incluso se conoce su intervención cuando el
emperador León III decidió quitar el ícono de Cristo de la puerta de Chalke
del palacio, en el año 726. Esta relación más personal con las imágenes
tuvo una serie de interpretaciones por parte de la iglesia y los altos cargos
de la vida eclesiástica. Y si bien se revisarán a continuación, no hay que
olvidar también que los historiadores han llegado a conclusiones diferentes.

Para comenzar, la adoración a los íconos, muestra una paradoja


importante que ha entrado en conflicto con la iglesia en numerosas veces.
Está directamente en contra de la prohibición de las imágenes grabadas que
muestra el antiguo testamento. Y en su esencia, constituye un arte
eminentemente pagano, ya sea en su estilo mismo, como también en la idea
de la conmemoración de los muertos, ancestros, gobernantes populares,
héroes y divinidades, que se encuentran en el limbo de la inmortalidad. Esto,
en resumen, era una tradición que provenía del pasado clásico, pagano. En

159
DUMEIGE, Gervais, “Histoire de conciles oecuméniques”, Éditions de l’Orante, Paris, 1978. Pág. 56

83 | P á g i n a
oriente, algunos emperadores del siglo VIII y IX intentaron resolver esta
contradicción prohibiendo el uso de estas imágenes sagradas. Sin embargo,
más que resolver el problema, lo agravó. Debido a que la iglesia oriental
había crecido de una forma similar pero indiscutiblemente diferente que la
profesada en occidente. Para comenzar, estaba más en relación con el
pasado clásico, eminentemente griego, además que su tradición misma se
trataba de la rememoración de personas que fueron valiosas tanto para el
imperio, como para la ortodoxia160. Incluso el mismo gobernante de la iglesia
católica europea se manifestó en apoyo a esta tradición diciendo que las
imágenes eran las letras de los analfabetos, y estas componían una forma
para enseñar al ignorante161. Esto entrega el primer lineamiento para
comprender la relación: las mujeres como ignorantes. Son varios los
escritores antiguos que consideran que esta adhesión a las imágenes
demuestra una debilidad femenina y la incapacidad para comprender los
puntos más complejos de la teología, sin embargo la misma historia
contradice esta postura. Primero, porque no solo eran las mujeres las que
tenían devoción ante este tipo de instrumento religioso, sino que se tiene
respaldo de hombres y monjes principalmente, que sufriendo la persecución
por su fe en los íconos encontraron ayuda por parte de mujeres del imperio.
En la ‘Vida de los santos’ de los siglos VIII y IX, hay referencias a estas
prácticas, por ejemplo se menciona a una dama con una propiedad cerca de
Constantinopla que funcionaba como escondite provisional para estos
hombres que huían, y más tarde esta misma localidad se convertiría en un

160
Entiéndase por esto las imágenes de los diferentes mártires, santos y grandes emperadores de
Bizancio.
161
MARMBY, J. “Selected pistles of Gregory the great”, en: “A select library of Nicene and post-Nicene
fathers of the Christian church Vol. V” de SCHAFF, Philip & WACE, Hernry, Charles Scribner’s sons, New
York, 1917; HERRIN, Judith, “Unrivalled influence. Women and empire in Byzantium”, Princeton
University Press, Princeton, 2013. Pág. 40

84 | P á g i n a
monasterio para San Nicolás162. En segundo lugar, porque la historia
también demuestra que hubo mujeres letradas que poseían un gran
conocimiento de las escrituras e hicieron interpretaciones o enseñaron las
mismas163. Otro punto importante en esta interpretación de las mujeres y los
íconos es la evidente visión partidista de los autores, sobrevalorando a los
iconófilos por sobre los bárbaros iconoclastas. Observando otra vez la
escena de León III ordenando derribar al ícono de Cristo, la narración de
este episodio si bien es omitido por Teófanes el Confesor, suele ser
mencionado que el ataque fue deliberadamente encabezado por mujeres
que no solo impidieron que el encargado dispusiera de la tarea
encomendada por el emperador, también lo mataron164. Dando a
comprender, una expresión de valentía y resistencia de las mujeres, donde
sus convicciones sí pasaban del ámbito doméstico. Es curioso, porque
Teófanes, el historiador/cronista oficial, que narra todo este proceso a gran
detalle, con un asumido favoritismo a los pobres iconófilos, ni siquiera
menciona este acontecimiento.

Analizando ahora a historiadores más contemporáneos, la Doctora


británica Judith Herrin tiene una versión un poco más parcial de esta
realidad femenina. Para ella165 la respuesta es más simple, la cercanía. Y es
que en pocas ocasiones la religiosidad podía remitirse a lo privado, era más
bien una facción del cotidiano vivir público, donde todos quedaban
expuestos a las críticas no solo de los líderes eclesiásticos, sino también sus
162
VASSILAKE, Maria, “Images of the Mother of God. Perseptions of Theotokos in Byzantium”, Ashgate
Publishing, Aldershot, 2005. Específicamente el capítulo llamado “Female Piety in Context:
Understanding Developments in Private Devotional Practices”, en las páginas 153-166.
163
Véase en el caso de Irene Ducaina, madre de Ana Comneno. Esta última en su Alexiada narra cómo
admiraba a su progenitora por su capacidad de comprender las inmensidades filosóficas que recaen en la
biblia y en la teología cristiana. Véase en COMNENO, Ana, “La Alexiada”, Clásicos Universales, Sevilla,
1986. Libro V, Título IX, III, pág. 260
164
GOUILLARD, Jean, “Aux origines de l’iconoclasme: le térmoignage de Grégoire II?”, Travaux et
memoires, 1968. Pág. 293
165
HERRIN, Judith, “Unrivalled influence. Women and empire in Byzantium”, Princeton University Press,
Princeton, 2013. Sobre todo el capítulo 3, “Women and the faith in icons in Early Christianity.

85 | P á g i n a
conciudadanos. En el caso de las mujeres el problema se multiplicaba, dado
a la evidente dualidad entre la Virgen María y la pecadora Eva, cualquier
tropiezo podía resultar perjudicial. Por lo que, las imágenes significaron una
alternativa más cómoda y privada entre las mujeres y Dios o el Santo. Una
relación que no requería de mediador ninguno ni tiempo claramente definido.
Por lo cual, los relatos sobre mujeres devotas a las imágenes,
principalmente al ícono de la Madre de Dios del santuario de Blanquernas,
en el norte de Constantinopla, son numerosos. Incluso se menciona que una
mujer era tan fiel a esta imagen, que participaba en la vigilia del viernes
todas las semanas, en las que asegura que el ícono se comunicaba con
ella166. Por lo tanto, la atracción por estos elementos materiales religiosos no
estaba basado solamente en el presupuesto de la población analfabeta y
supersticiosa compuesta por mujeres, sino que también puede estar
relacionado con su posición en la sociedad.

Otro punto de relevancia en la vida religiosa femenina, es el aspecto


monástico y los estrechos papeles eclesiásticos abiertos para las mujeres.
Se documenta que un gran número de mujeres optaron por las vidas célibes
que el canon cristiano les permitía; las diaconisas y más tarde los conventos
y monasterios principalmente. Pero en el caso particular de las mujeres, la
institucionalización de la opción a la vida monástica y apartada, requería un
elemento de gran importancia: el matrimonio con Cristo. Esto no solo refleja
componentes de la religiosidad femenina, sino que a nivel social tuvo un
impacto interesante, las mujeres podían rehusar del matrimonio y casarse
con Cristo. Claramente entre las que tenían esta opción se habla de las
jóvenes aristócratas o de más elevada posición, las que podían ser
benefactoras económicas, pero también se habla de viudas que deciden no
volver a casarse y adoptar esta vida, más que como un acercamiento a la fe,

166
HERRIN, Judith, “Mujeres en Púrpura: Irene, Eufrosine y Teodora. Soberanas del medioevo bizantino”,
Editorial Taurus, Madrid, 2002. Pág. 220

86 | P á g i n a
se puede interpretar incluso como una posibilidad de independencia. Donde
al prestar este tipo de servicios a una iglesia o institución específica podían
administrar sus bienes libremente. Se habla incluso de que el clero apoyaba
esta salida, insistían en que el sacramento del matrimonio era un contrato de
por vida, por lo cual ayudaron a las mujeres, incluso si estas no accedían del
todo al “matrimonio con Cristo167. Pero aun así, no se puede pasar por alto
el otro porcentaje importante de mujeres que eran recluidas en estos
monasterios, las condenadas por adulterio, prostitución y otros delitos168.

Ahora, claramente no es lo mismo hablar de la vida acética femenina que


masculina, y es claro que esta última tenía más importancia y más
privilegios, entre los cuales se puede contar el acceso a las enseñanzas
teológicas y la posibilidad de ascenso en grado eclesiástico. Sin embargo,
hay varias razones por las que una mujer quisiera acceder a la vida
monástica en estilo masculino. Si bien no es el objetivo trabajarlas
rigurosamente169, resulta necesario ilustrarlo con un ejemplo. Desde la
Leyenda Dorada170 de Santiago da Voragine, se menciona un relato peculiar
llamado ‘Vita de Pelagia/Pelagio’. El aspecto más revelador de su vida como
monje eunuco, conocido por su santidad y autoridad, que vivía en solitario
en el Monte de los Olivos, sucede después de su muerte. Como era
costumbre, los monjes cercanos vinieron a preparar su cuerpo para una

167
HERRIN, Judith, “Women and the Church in Byzantium”, en “Bulletin of the British Association of
Orientalistas No. 11”, Londres, 1980. Págs. 6-23
168
HERRIN, Judith, “Unrivalled influence. Women and empire in Byzantium”, Princeton University Press,
Princeton, 2013. Pág. 27
169
Entre las causas, se suele mencionar el cambio de vida de una mujer. Que quizás cometió un delito o
huye de algo y se refugia en las túnicas masculinas. No era una práctica ni “aceptada” poco habitual. Esto
porque la existencia del “Tercer Sexo” en la vida bizantina, los eunucos, entregaba la posibilidad de una
mujer con cabello corto y facciones femeninas pasar desapercibida como un hombre castrado.
170
También se conoce como Legenda Aurea, es una compilación de textos hagiográficos reunidos por
este arzobispo de Génova a mediados del siglo XIII. Recoge leyendas sobre la vida de unos 180 santos y
mártires del cristianismo, incluyendo bizantinos. KRAEMER, Ross, “Maenads, Martyrs, Matrons,
Monastics: A Sourcebook on Women’s Religions in the Greco-Roman World”, Oxford University Press,
Oxford, 2004. Págs. 316-324

87 | P á g i n a
sepultura, pero encontraron evidencia reveladora de su verdadero sexo.
Pelagio era mujer, y como resultado de la expansión de esta noticia, monjas
de las comunidades religiosas por millas a la redonda insistieron en que el
funeral fuera público, para tener la posibilidad de asistir llorando a una de las
más santas entre las suyas. La reclamaron como modelo y santa de su
causa. Si bien no existe una cantidad sustentable de evidencia que muestre
estas prácticas más allá del siglo VI en Bizancio, era una posibilidad que
muy pocas sociedades pudieron ‘permitir’. Obviamente se abogó por un tipo
de santidad más normal, en el caso de las mujeres, como muestras vivas de
virtud, sin embargo, la seducción de ‘volverse masculino’ no solo se reflejó
en este ámbito social.

Ahora bien, en un pequeño resumen, tampoco se puede olvidar a las


mujeres que trascendieron las cadenas restrictivas que imponía la religión.
Existe un segundo grupo que, paradójicamente fueron activamente
partícipes de la alta vida eclesiástica que parecía estar guardada para
hombres; teólogos y líderes laicos, pero hombres. Tales fueron los casos de
Pulqueria, Irene de Atenas y Teodora Plafagoniana, entre otras más. Estas
tres mujeres fueron capaces de convocar concilios en nombre de familiares
masculinos, concilios que fueron claves para definir la teología y el dogma
ortodoxo171, y las tres fueron llamadas Santas de la iglesia cristiana de
oriente. Pero en honor a la dirección de la investigación se mencionará
brevemente el alcance religioso de la emperatriz Irene.

En el período conflictivo de la Iconoclasia, y en calidad de regente de su


pequeño hijo, la Basilissa convocó el VII Concilio Ecuménico de Nicea, en el
año 787. Según las actas de este concilio:

171
GARLAND, Lynda, “Byzantine Empresses. Women and Power in Byzantium, 527-1204”, Taylor &
Francis, London, 1999. Revisar la Introducción, el capítulo “Irene (769-802)” y “Theodora, restorer of
orthodoxy (830-67+)”.

88 | P á g i n a
“el Patriarca cogió la Definición de la Fe y, junto al concilio entero, pidió a los
emperadores que la sellaran con sus sagradas firmas. Tomándola, la
emperatriz, verdaderamente resplandeciente y muy devota, la firmó y se la
entregó a su hijo y emperador conjunto para que también firmara. […] Y al
unísono todos los obispos aclamaron a los emperadores de este modo
«Muchos años para los emperadores Constantino e Irene, su madre;
muchos años para los emperadores ortodoxos, muchos años para los
emperadores victoriosos, muchos años para los emperadores que han
logrado la paz. ¡Que el recuerdo del nuevo Constantino y la nueva Helena
sea eterno! ¡Oh, Señor, protege al imperio! ¡Otórgales una vida pacífica!
¡Preserva su gobierno! ¡Oh, Dios celestial, guarda [a los que gobiernan] en
la tierra!». Luego los emperadores ordenaron que los textos de los Padres
que se habían leído y firmado en la cuarta sesión de Nicea se leyeran en
voz alta […] Así concluyó su labor en el concilio”172. Aparte de este
reconocimiento como la sucesora de Helena, madre de la iglesia, Irene
también fue mencionada por su cronista como una viuda y su hijo huérfano
escogidos por Dios para glorificarle, como en otro tiempo habían hecho
mediante “las manos débiles de pescadores y gente analfabeta” 173.
Comparar a una mujer con los apóstoles era sin duda un acontecimiento
extraordinario, incluso para un escritor apologético, que derrocha elogios
hacia la devota Irene mientras cuenta su historia, claro que sin pasar por alto
los actos terribles de la vida de esta.

Aunque sus esfuerzos por devolver a la iglesia ortodoxa sus sagrados


íconos fue a la larga infructuoso, fue Teodora Plafagoniana, unas
generaciones después, la que finalmente cerró el período iconoclasta de
forma definitiva, con otro concilio.

172
Concilio de Nicea: “Sacrum conciliorum collectio nova et amplissima”, editado por J. Mansi, París,
1960 Vol. XIII, colección 415D-E.
173
CONFESSOR, Theophanes, “The chronicle of Theophanes the Confessor: Byzantine and Near Eastern
History AD 284-813”, Oxford University Press, Oxford, 1997. AM 6273, pág. 626

89 | P á g i n a
5.2. La Basilissa en la basileia: analizando los casos de Irene y las
hermanas Porfirogénetas

Bizancio es sin lugar a duda uno de los imperios más interesantes,


claramente debido a la cantidad significativa de mujeres que se hicieron un
nombre incluso más reconocido que ciertos emperadores. Lynda Garland
cuenta a trece emperatrices174, pero entre las princesas que no alcanzaron el
poder, pero que son recordadas por la historia, como Ana Comneno, o
emperatrices madres que ejercieron el poder en nombre de sus hijos, pero que
aun así usualmente no se les reconoce, como el caso de Ana Dalascena, el
número crece de forma sustancial. ¿Cómo escoger en el margen de un milenio
de historia aproximadamente? ¿Qué Basilissa resultó más importante para
fortalecer el poder de las siguientes en el trono?

Fue una decisión difícil. Puesto que cada mujer en la basileia aportó algo
importante y novedoso. No obstante, investigarlas a todas es una tarea mucho
más allá de mis capacidades, o de las de cualquier estudiante de pregrado. Por
lo cual, se debieron establecer criterios muy específicos para la selección final.
Después de todo, el poder en su máxima expresión 175, fue ostentado por un
número más limitado. Entre las cuales, se cuentan tres: Irene de Atenas, Zoe y
Teodora Porfirogénetas. Aunque su dominio efectivo en años no fue
comparable al de otros emperadores bizantinos, estas tres mujeres gobernaron
en la posición del Basileus, pero fue solo Irene la que exigió que se le llamara
por ese nombre, al menos en casos particulares.

Ahora, ¿por qué no una, sino las dos hermanas Porfirogénetas? Porque a
pesar de su condición especial de ‘hijas del imperio’, ambas ejercieron el poder
de forma diferente, tuvieron su sello distintivo, al mismo tiempo que utilizaron

174
GARLAND, Lynda, “Byzantine Empresses. Women and Power in Byzantium, 527-1204”, Taylor &
Francis, London, 1990.
175
Entiéndase por esto gobernantes que no necesitaron a otra persona, un hombre, para poder ejercer
la basileia.

90 | P á g i n a
diferentes mecanismos para legitimar su estadía. Estudiar a una, sin la otra,
resulta en un panorama reveladoramente incompleto. No solo porque durante
un tiempo se posicionaron como jefas de estado en conjunto, sino que la
intervención de una, en la basileia está ligada profundamente en la intromisión
de la otra.

5.2.1. Formas de acceder al trono: Madre, Hija y Esposa

“El 1 de noviembre de la octava indicción, Irene hizo su entrada desde


Atenas. Llegó a la ciudad imperial desde Hiereia, escoltada por muchos
dromones y chelania decorados con telas de seda, y se encontró con los
hombres prominentes e la ciudad y sus esposas que abrieron el camino ante
ella. El 3 de noviembre, el Patriarca fue a la Iglesia del Faro en el palacio y
se celebró el compromiso del emperador León y la misma Irene. El 17 de
diciembre, Irene fue coronada emperatriz en el Salón del Augusteo.
Después pasó a la capilla de San Esteban en Dafne y recibió la corona
matrimonial junto con el hijo de Constantino, León.”176 Así la joven Irene, de
un origen más humilde llegó a ser parte de la basileia.

Antes de comenzar es necesario exponer algunos lineamientos. En


primer lugar, las tres emperatrices tienen ‘etapas’ en su reinado. Ya sea
como princesas, como regentes o como gobernantes con todas las
facultades de las que podían disponer, lo cierto es que es difícil establecer
un ‘comienzo de un reinado’, sobre todo para una emperatriz. ¿Será durante
la coronación? ¿En el momento en que cumplen su papel como Basileus?
En el caso de esta investigación, se requiere analizar otros factores de la
vida de estas mujeres, que usualmente suelen ser dejados de lado, sobre
todo por la historiografía política tradicional. Se comprenderá como el ‘inicio’
por el momento en que las tres pasan a ser parte de la vida en la esfera del

176
CONFESSOR, Theophanes, “The chronicle of Theophanes the Confessor: Byzantine and Near Eastern
History AD 284-813”, Oxford University Press, Oxford, 1997. AM 6261, pág. 613

91 | P á g i n a
poder imperial, ya sea en el caso de Irene como esposa primero y luego
madre, y en Zoe y Teodora siendo hijas nacidas en la Pórfira.

Irene tiene un pasado oscuro, difícil de construir para mucho


especialistas. Y esto sucede principalmente por su origen alejado de la
capital bizantina. Se puede analizar su origen desde el thema del Hélade,
donde Atenas era uno de los puertos más importantes del imperio, ya sea
por cuestiones económicas o por control militar-naval, la ciudad de Atenas
no queda apartada de la historia bizantina, incluso si se habla de una
historia tradicional. Se infiere la cristianización de esta ciudad antes clásica y
pagana, por la conversión del Partenón en una iglesia consagrada a la
Virgen en el siglo VI D.C., se puede suponer que esta transformación fue
durante o después de que el emperador Justiniano I decidiera cerrar la
Academia platónica filosófica de Atenas177. Debido a la política de
Constantino V, de restaurar el acueducto principal de Constantinopla, en el
año 766, se deduce que esta región coincidía con la de un grupo importante
de artesanos del imperio. Porque después de la peste, que llegó más o
menos en el 747, le siguió una gran sequía, por lo que el emperador “reunió
artesanos de diferentes lugares y llevó de Asia y Ponto 1000 albañiles y 200
yeseros, de Hélade y las islas, 500 alfareros y de la misma Tracia, 5000
jornaleros y 300 ladrilleros.”178 Suponiendo que esta cita es una
aproximación real y no una exageración del autor, algo recurrente en
escritores antiguos, ¿Cómo sabía el emperador en donde buscar personas
con las capacidades suficientes para desempeñar esta tarea? No es
desacertado conjeturar que en este thema había una especie de
especialización en esta área. Con esto, hay tres elementos que definen el

177
No encontré referencias de este suceso, al menos en la bibliografía que revisé para la investigación,
sin embargo, en algunos libros de Arte, se menciona y coinciden en que fue transformado al culto
cristiano en el siglo mencionado, pero no qué emperador gestionó este cambio.
178
CONFESSOR, Theophanes, “The chronicle of Theophanes the Confessor: Byzantine and Near Eastern
History AD 284-813”, Oxford University Press, Oxford, 1997. AM 6258, pág. 608

92 | P á g i n a
lugar de donde viene Irene: de un lugar cristianizado con un ícono
importante, lugar que parece estar especializado en la artesanía, y como
último elemento, que constituye uno de los lugares estratégicos y periféricos
del imperio. ¿Será que Constantino escogió deliberadamente a una
muchacha de esta zona para establecer lazos de parentesco con un lugar
que tenía importancia para Bizancio?

En cuanto a la situación de la familia de la futura emperatriz tampoco hay


mucha información. Teófanes solo menciona que estaban asentados en
Atenas y eran conocidos por el nombre de los thesarandapequis, sin
embargo en ningún momento se le reconoce a Irene con este nombre. Con
esta escases de fuentes al respecto, no se puede saber si provenía de una
familia de origen noble o humilde, lo que sí, es que como era de esperar,
algunos de sus familiares se mudaron a la capital después de que ella
contrajera matrimonio. Pero no resulta inexacto suponer que de alguna
forma la familia de la Basilissa provenía de las esferas políticas de Atenas,
esto debido a la posibilidad de que el emperador Constantino quisiera
relacionarse amistosamente con el thema, lo cual no era una política
extraña.

Con el Libro de las ceremonias en mente, no hay evidencia que sugiera


que de hecho Irene fuera escogida por medio de un ‘concurso de novias’ 179.
Por lo cual se asume un proceso normal de preferencias políticas. En cuanto
a su investidura, de acuerdo con la misma fuente180 y con Teófanes, en el
año 769 Constantino V, realiza la coronación real de su hijo en una

179
A grandes rasgos, el concurso de novias es una instancia descrita por el ‘Libro de las ceremonias’, en la
que el emperador, la emperatriz madre o la corte escogen un número de jóvenes como candidatas para
ser la futura emperatriz. En esta elección, el hijo imperial tiene la ‘decisión’ al darle una manzana de oro
a la que escoge por su belleza. Se debe reiterar que el ejemplar de este libro que se puede analizar, es
más tardío a la llegada de Irene al palacio, por lo cual, no es de sorprender que esta tradición aún no
existiera.
180
PORPHYROGENETOS, Constantine IX, “The Books of Ceremonies”, Brill, Australian Association for
Byzantine Studies, Boston, 2017. Libro I, cap. XLI, págs. 208-216

93 | P á g i n a
ceremonia ‘privada’. Donde la recepción del Senado y los cortesanos son
despedidos de la escena para dar paso a la bendición de la túnica imperial
por parte del Patriarca y el clero, al igual que la corona y las joyas. Luego la
novia debía ser llevada al salón y coronada Basilissa. Luego de esto le
acompaña una procesión donde la otras esferas sociales se hacen
presentes, y tras invocar la protección de Dios para el imperio y su pueblo,
las personas presentes repiten una serie de aclamaciones: “Éste es el gran
día del Señor, éste es el día de la salvación de los romanos, este día es la
dicha y la gloria del mundo, en el que la corona del imperio se ha colocado
debidamente en tu cabeza. ¡Gloria a Dios que es el señor de todas las
cosas! ¡Gloria a Dios que te ha hecho emperatriz! ¡Gloria a Dios que ha
coronado tu cabeza, que te corone a ti, Irene, por su propia mano, que te
guarde en la púrpura durante muchos años, para la gloria y exaltación de los
romanos.”181 Desde este momento Irene puede ostentar el título de
Basilissa, el equivalente femenino de Basileus, se le comienza a asociar con
la púrpura y la basileia. Esto último es importante porque para una
emperatriz que viene desde ‘afuera’ esto marca el inicio de su reinado.

¿Qué puede ser más importante para la consolidación de una mujer en


las esferas del poder máximo que la coronación? La respuesta es: concebir
un hijo. La descendencia es un punto clave en la vida de una emperatriz, no
solo fortalece la posición de su esposo, el Basileus, ante la mirada celosa de
los rivales políticos, sino que también ella pasa a ser no solo la emperatriz,
sino también la emperatriz madre. A diferencia de la posición como
Basilissa, la emperatriz madre tiene un ‘puesto más seguro’, en teoría si una
mujer en puesto de emperatriz es infértil, el emperador tiene el derecho a

181
PORPHYROGENETOS, Constantine IX, “The Books of Ceremonies”, Brill, Australian Association for
Byzantine Studies, Boston, 2017. Libro I, cap. XLI, págs. 205-206. Esta cita fue adaptada para el caso de la
emperatriz Irene.

94 | P á g i n a
casarse por segunda vez182. Pasados unos seis meses del matrimonio y
coronación de la emperatriz, Irene supo que estaba en camino de cumplir el
principal objetivo de su matrimonio, y entonces la salud de ella y el niño no
nato se convirtió en la prioridad del palacio imperial183. Durante este período
crítico, no es de extrañar que la Basilissa sea confinada a la vida dentro del
palacio y el ceremonial de la corte, sin exponerse a potenciales peligros, por
lo cual se puede suponer que estos meses Irene se dedicó a aprender todos
los requerimientos para asumir su papel como emperatriz. Si Eudocia, la
emperatriz madre de ese momento, la ayudaba o simplemente la ignoraba
era irrelevante para aprender el oficio. Lo cierto es que a pesar de la muy
posible antipatía por parte de la familia de León IV, Irene contaba con su
propio séquito de eunucos imperiales, hombres ‘sin barba’ que estaban
sumamente educados en las prácticas de la corte, la diplomacia y otros
aspectos importantes de la vida en el palacio. Y debido a su condición de
‘Tercer Sexo’184 tenían la posibilidad de aproximarse mucho a la emperatriz
sin parecer fuera de lugar. La Basilissa dio a luz a Constantino VI en la
cámara Pórfida el 14 de enero del 771185. Este acontecimiento, el nacimiento
de un varón que eventualmente sería nominado para heredar el poder de su

182
No hay una normativa específica al respecto, pero en los apartados posteriores se analizarán algunos
códigos civiles respecto al divorcio, sobretodo en el alcance imperial.
183
HERRIN, Judith, “Mujeres en Púrpura: Irene, Eufrosine y Teodora. Soberanas del medioevo bizantino”,
Editorial Taurus, Madrid, 2002. Pág. 96
184
HERRIN, Judith, “Bizancio. El imperio que hizo posible la Europa Moderna”, Debate, grupo editorial,
Barcelona, 2009. Págs. 220-232.; HERRIN, Judith, “Mujeres en Púrpura: Irene, Eufrosine y Teodora.
Soberanas del medioevo bizantino”, Editorial Taurus, Madrid, 2002. Págs. 38-40 Dentro del palacio
existían un grupo importante compuesto por ‘hombres imberbes’ o eunucos, que dirigían la vida
ceremonial de la corte bajo el mando de la emperatriz de turno. Estos varones mutilados se
consideraban particularmente leales porque su condición los hacía libres de las obligaciones creadas por
las relaciones familiares íntimas y de progenie. La autora mencionada, hace un acercamiento de estos
hombres particulares con las Basilissas, tanto las que cumplieron su papel como consorte, como las que
se atrevieron a gobernar por su cuenta.
185
CONFESSOR, Theophanes, “The chronicle of Theophanes the Confessor: Byzantine and Near Eastern
History AD 284-813”, Oxford University Press, Oxford, 1997. AM 6262, pág. 614

95 | P á g i n a
padre, se celebró en Constantinopla y en la corte, seguido de otras
aclamaciones que aparecen en el Libro de las ceremonias186.

A la muerte de Constantino V, le sucedió la coronación oficial de León IV,


y al mismo tiempo Irene se convirtió en la única Basilissa, debido que a la
muerte del Basileus y habiendo una descendencia establecida, la emperatriz
madre debía abandonar los aposentos imperiales reservados solo para la
pareja reinante. Hubo algunas ocasiones históricas en que no sucedía de
este modo, y los nuevos emperadores se veían excluidos de sus lugares
oficiales187, pero la evidencia no sugiere que este haya sido el caso. Con la
sucesión de León IV y con el pequeño Constantino VI en la línea de
sucesión es comprensible que los césares188, estuvieran pendientes de las
posibilidades de orquestar un golpe de estado en busca del poder. Y es por
lo mismo que luego de un altercado en el Hipódromo en el 776, el actual
Basileus pidió la aclamación oral en presencia de la Veracruz, que sus
consanguíneos guardaban lealtad hacia su persona, y más importante, hacia
su hijo: “¡Ten certeza, oh, hijo de Dios, de que recibimos al seños
Constantino como nuestro emperador de tu mano y de que lo guardaremos
y moriremos en su nombre!”189. “Poco sabían que ni siquiera la mano de
Dios los salvaría de la mano de la mujer”190, añade Judith Herrin, y es
porque efectivamente, la sentencia la recibirían de la mano de Irene. Entre

186
PORPHYROGENETOS, Constantine IX, “The Books of Ceremonies”, Brill, Australian Association for
Byzantine Studies, Boston, 2017. Libro II, cap. XXI, págs. 619-620
187
CAMERON, Averil, “The empress Sophia”, Byzantion No. 45, 1975. Págs. 5-21. Un ejemplo de este
comportamiento sucedió con la viuda de Justino II, Sofía, que se negó a moverse del palacio y dejar que
Tiberio y su esposa ocuparan su lugar en el palacio.
188
Hermanastros del emperador León IV, ya que este fue único hijo y progenitor de Constantino junto a
la emperatriz Jázara. Constantino V se volvió a casar dos veces, en la última ocasión con Eudocia, y entre
estos matrimonios el emperador tuvo una descendencia total de cinco hijos. A los cuatro que no estaban
en la línea directa de sucesión se les llama ‘Césares’.
189
CONFESSOR, Theophanes, “The chronicle of Theophanes the Confessor: Byzantine and Near Eastern
History AD 284-813”, Oxford University Press, Oxford, 1997. AM 6268, pág. 621
190
HERRIN, Judith, “Mujeres en Púrpura: Irene, Eufrosine y Teodora. Soberanas del medioevo bizantino”,
Editorial Taurus, Madrid, 2002. Pág. 101

96 | P á g i n a
los episodios de atentados contra los gobernantes del momento orquestados
por los césares, se destaca uno que tuvo lugar en la coronación del joven
príncipe como emperador en el 776, donde el mayor de los hermanastros de
León IV fue acusado de conspiración. Luego de arrebatarles sus títulos y
exiliarlos, siguieron en su búsqueda del poder, hasta que finalmente en el
799 los cuatro fueron cegados por órdenes de Irene191.

El 8 de septiembre del 780 muere León IV, dejando a la viuda Irene de


veintiocho años como corregente del aún pequeño Constantino. Lo
importante de este período de la Basilissa como regente (780-790), es que a
pesar de las tentativas de los césares por quitarle el poder imperial, esta se
hizo con una posición tan fuerte que no solo se prolongaría en esa lugar
‘cumpliendo’ su deber como corregente, sino que al momento en que ella
accede a la basileia como única gobernante, la oposición a que una mujer
se asentara en el trono fue mínima. Ya sea por el famoso VII Concilio
Ecuménico en Nicea, donde restauraba la adoración a los íconos como
elemento oficial del dogma Ortodoxo, o por los desastres militares y públicos
de Constantino VI cuando intenta gobernar por sí mismo, la emperatriz se
había asegurado la opinión pública.

El caso de Zoe y Teodora es substancialmente diferente. El cómo


accedieron al poder se dio por nacimiento. Ellas al igual que un número
bastante limitado de príncipes nacidos en Bizancio ostentaron el título de
Porfirogénetas: nacidas en la púrpuras. En la época romana, el ‘nacer en la
púrpura’ se refería a los hijos de los emperadores, a los que incluso era
posible que se les cubriera con paños ribeteados en este color 192. La

191
CONFESSOR, Theophanes, “The chronicle of Theophanes the Confessor: Byzantine and Near Eastern
History AD 284-813”, Oxford University Press, Oxford, 1997. AM 6291, pág. 651; En realidad Nicéforo, el
mayor, ya había sido cegado en 792 y los otros cuatro ya habían perdido las lenguas. Es interesante que
aún con esta deshabilitación política siguieran precionando para hacerse con el poder.
192
HERRIN, Judith, “Bizancio. El imperio que hizo posible la Europa Moderna”, Debate, grupo editorial,
Barcelona, 2009. Pág. 252

97 | P á g i n a
Pórfida, estuvo repleta de las asociaciones imperiales con la seda teñida de
púrpura, la piedra de este color y los artefactos y colgantes reales, no está
demás mencionar que era un color guardado casi exclusivamente para los
emperadores y algunos íconos santos. Esto debido al costoso trabajo de
producir el tinte, derivado de un pequeño molusco del género Murex, el cual
generaba complicaciones para capturarlo y fabricar el colorante. Esta
habitación dentro del palacio sólo podía ser utilizada por las parientes
femeninas del Basileus de turno, en teoría ni siquiera el emperador podía
disponer de esta libremente. Se desconoce la fecha exacta de su
construcción, pero el título de porfirogénetos fue documentado por primera
vez en un manuscrito del año 763 refiriéndose a León IV, el esposo de
Irene193. Y ya que este nació en el año 750, se sugiere que fue Constantino
V quien mandó a construir la cámara para esta función específica. Es
importante que, existe una alta probabilidad de que los hermanastros de
León también nacieran en esta habitación, pero históricamente a ninguno se
le identifica con el título especial. Entonces ¿requería que esta persona
estuviera en una línea de sucesión directa? Al parecer no, ya que
observando el caso de las princesas Zoe y Teodora, hermanas, ambas
recibieron esta denominación. También hay que mencionar que ellas y
Eudoxia fueron las únicas hijas del emperador Constantino VIII, por lo que la
basileia debía recaer en ellas.

A nivel práctico, el título confería un nivel nobiliario ‘imaginario’, una


especie de facultad especial que les daba legitimación en el poder. No
obstante, no se puede dejar de lado la posibilidad de que la construcción de
esta cámara y este título, por parte de cualquier emperador, significara un
nuevo método para designar al supuesto heredero. Obviamente esto no
sirvió para alejar a los potenciales rivales y usurpadores, que siguieron

193
DAGRON, Gilbert, “Nés dans la pourpre”, Travaux et Memoires No. 10, 1994. Pág. 105

98 | P á g i n a
buscando el poder194. Sin embargo, no siempre se priorizó públicamente al
dueño de esta condición por sobre una persona ‘normal’, tal caso fue el de
Constantino VI, siendo Porfirogéneto fue sucedido sin problemas por su
madre. No obstante, en situaciones específicas, el pueblo y hasta la corte,
guardan una cierta preferencia o simpatía por estos príncipes195.

En general, el apelativo de Porfirogéneto era reconocido en Occidente,


como una designación especial, lo que provocaba una presión regular a
favor de la construcción de alianzas diplomáticas y matrimoniales en las que
participara una auténtica novia imperial196, y en oriente significaba una
legitimación importante a la hora de acceder al poder. Los ejemplos más
llamativos de porfirogénetas que a pesar de las dificultades para hacer
válido su derecho a la autoridad imperial, son el de Zoe y Teodora, sobrinas
de Basilio II el bulgaróctono. Ya que este emperador no contrajo matrimonio,
y su hermano y padre de ellas, Constantino VIII no tuvo hijos varones, estas
hermanas se convirtieron en las últimas herederas de la dinastía Macedonia.
Zoe, la mayor, luego de un compromiso infructuoso con Otón III, se casó con
un general de edad avanzada llamado Romano III Argiro, pero el matrimonio
no tuvo hijos y la Basilissa enviudó siendo aún joven. Luego de esto la
emperatriz logró subir al trono imperial a tres hombres; dos fueron esposos
de Zoe, Miguel IV (que reinó entre el 1034 y 1041) y Constantino IX
Monómaco (1042-1055). Al igual que al sobrino de su segundo esposo, al
cual ascendió al adoptarlo como hijo, Miguel V, quien fue gobernante un
breve tiempo, ya que intentó apartar a la emperatriz y esto significó su ruina,
junto con que le sucedieran las hermanas Porfirogénetas Teodora y Zoe,
hasta que esta última se casó por tercera vez . Después de esto la mayor de
las hermanas falleció sin dejar heredero, y Constantino IX Monómaco quien

194
HERRIN, Judith, “Bizancio. El imperio que hizo posible la Europa Moderna”, Debate, grupo editorial,
Barcelona, 2009. Pág. 253
195
DAGRON, Gilbert, “Nés dans la pourpre”, Travaux et Memoires No. 10, 1994. Pág. 107
196
DAGRON, Gilbert, “Nés dans la pourpre”, Travaux et Memoires No. 10, 1994. Págs. 137-138

99 | P á g i n a
estaba en el trono, subió a su amante al rango de emperatriz en público.
Pero solo a Teodora le correspondía este título, uno para el que fue
destinada por su condición de hija imperial, así que ella volvió a la ciudad
imperial y con el apoyo de la guardia y el pueblo, reclamó el trono: “Hubo
ciertos factores que hicieron que su influencia sobre ellos fuera
todopoderosa: el hecho de que hubiera ‘nacido en la púrpura’, su carácter
afable, las tristes circunstancias de su vida anterior”197.

De esta historia se tienen que rescatar algunos elementos importantes.


En primer lugar es interesante que el poder residiera en las emperatrices, a
pesar de los matrimonios de Zoe y de la lejanía de la emperatriz Teodora.
Quizás es el caso más concreto del poder del nacimiento en la Pórfida, y al
mismo tiempo el más documentado. Ambas tuvieron que asumir poderes y
responsabilidades ‘de un hombre’ ya sea gobernando en conjunto o cada
una en su período198. Por lo que acceder a la basileia por la condición de
porfirogéneta era una posibilidad a tener en cuenta, después de todo,
Bizancio fue el único imperio en idear este mecanismo tan claro y
convincente a los ojos de los componentes del estado199. Como se verá en
los siguientes apartados, fue el título el que hizo a las hermanas
emperatrices incuestionables ante el Senado, en alguna medida el ejército, y
por sobre todo, ante el pueblo.

197
PSELLOS, Miguel, “Cronografía: Vida de los emperadores bizantinos”, Clásicos Universales, Barcelona,
1994. Libro VIII, cap. I
198
En el caso de Zoe, ella no gobernó por sí misma, más bien se le destaca su papel en las etapas de
transición en las cuales el trono estaba ‘vacante’ o en ‘proceso de ser ocupado’.
199
HERRIN, Judith, “Bizancio. El imperio que hizo posible la Europa Moderna”, Debate, grupo editorial,
Barcelona, 2009. Pág. 259.

100 | P á g i n a
5.2.2. Maestras de la publicidad

“Al utilizar un acontecimiento litúrgico para efectuar un gesto político que


la colocaba a la vista pública exhibiendo su generosidad, Irene demostraba
una debilidad particular por la publicidad, que se iba a convertir en uno de
los sellos distintivos de su estilo de gobierno”. 200 Esta es una de las razones
indiscutibles por la cual Irene se perpetuó en el poder, aún en su condición
de mujer, durante cinco años. Obviamente las circunstancias históricas le
dieron una oportunidad importante para utilizar la opinión popular a su favor,
sin embargo no se puede dudar de las habilidades especiales de esta
emperatriz. Ella no fue la única Basilissa en utilizar el mecanismo de la
publicidad a su favor, pero si una de las más recordadas por la historia, tanto
en Bizancio como en Occidente. Analizando frívolamente su etapa de
gobierno, pude que como emperador no tuviera mucha importancia; no tuvo
grandes victorias en batalla o expansiones territoriales, no obstante, a nivel
interno hizo grandes e indiscutibles contribuciones, al igual que en materias
de política exterior más llevados hacia el ámbito de la diplomacia.
Recordando un poco el apartado del ‘poder del emperador’ del capítulo uno,
es importante tener en claro la importancia de la opinión popular para un
basileus asentado en el poder, esta variable no solo podía ponerle fin a su
reinado de una forma rápida, sino que también de esto dependía en gran
medida el cómo la historia los trataría después.

Primero en el caso de Irene, una de sus primeras medidas utilizadas para


asegurarse del reconocimiento del imperio, fue la circulación de la moneda,
que era un mecanismo muy elocuente para dar a conocer y confirmar un
gobierno. El dinero circulaba por todos los lugares del imperio; los soldados
recibían la paga en monedas, los impuestos también utilizaban esta

200
HERRIN, Judith. “Mujeres en Púrpura: Irene, Eufrósine y Teodora. Soberanas del medioevo bizantino”,
Editorial Taurus, Madrid, 2002. Pág. 111

101 | P á g i n a
herramienta de para la contabilidad, al igual que el uso de las monedas para
el diario vivir, que solían ser de un metal con menos valor que el oro o la
plata. Ya que los anuncios de cambio de gobierno podían tardar varias
semanas o meses en llegar a los lugares más periféricos del territorio
soberano, las monedas rápidamente se convertían en portadoras de
noticias: un arma propagandística muy efectiva. Un ejemplo anterior a esta
emperatriz, del eficaz uso de la moneda fue el caso de Pulqueria.
Históricamente no se puede negar su enorme influencia en el desarrollo de
la teología en la iglesia ortodoxa; reconociéndola como santa el día de
hoy201. Esta mujer consiguió el favor de muchos seguidores de la
cristiandad, no solo por su agudeza e inteligencia, se postula que fue la
circulación de las monedas con su imagen lo que consolidó la popularidad y
le dio la posibilidad de ser escuchada por los altos líderes eclesiásticos202.
En cuanto a las emperatrices posteriores a esta, la gran mayoría fueron
plasmadas en diferentes metales con valor económico para su circulación,
no era una práctica poco habitual. Sin embargo, en cuanto a las
gobernantes que nos interesan en esta investigación, gracias a la
numismática se pueden encontrar monedas que datan de cada uno de sus
diferentes períodos. Y analizar los elementos iconográficos plasmados en
las mismas, puede darnos a conocer la imagen que las emperatrices o el
gobierno querían exponer al público. En Irene se reconocen tres fases: su
reinado como Basilissa consorte, como corregente de su hijo Constantino
VI, y luego su gobierno en solitario donde adopta el título de Basileus. Sin
embargo, el material numismático le reconoce los periodos de forma
diferente. En una primera instancia la representa como madre-corregente de
Constantino, donde ambos emperadores aparecen en una cara de las

201
La actual iglesia Ortodoxa la conmemora el día 10 de septiembre, un día escogido más por una
cuestión burocrática que por una razón significativa a la vida de la Santa.
202
GRIERSON, Philip. “Catalogue of Late Roman Coins in the Dumbarton Oaks Collection and in the
Whittemore Colection”, Harvard Univeristy Press, Harvard, 1992. Págs. 152-154

102 | P á g i n a
monedas, mientras que en el anverso aparecen los tres emperadores
anteriores a este reinado; Constantino V, León III y León IV, un claro
ejemplo de la sucesión dinástica, en un intento de consolidación del
gobierno de esta madre y su hijo203.

En un segundo registro material, se reconoce la etapa en que Irene ya no


formulaba como simple madre del emperador, sino que ambos gobernaban
en conjunto, ostentando el poder. Esto ocurre cuando, luego del destierro de
Irene, el emperador Constantino la vuelve a llamar al Palacio, devolviéndole
el título de Augusta. El sólido que corresponde a este período, representa a
cada uno de los co-emperadores en una cara de la pieza, demostrando de
esta forma una igualdad de poder y derechos. Otro elemento significativo
para plasmar esta decisión, es el uso de la ornamentación imperial por parte
de ambos204.

Y en el tercer período reconocido por el material numismático es cuando


la emperatriz Irene gobierna en solitario. Ella hace uso de las monedas para
hacer propaganda política de su nueva situación de privilegio, apareciendo
en estas con el traje ceremonial de emperador, y portando los íconos del
poder en ambas caras de la moneda205. Es la primera vez que la misma
representación imperial aparece en las dos caras, prescindiendo de otros
miembros de la familia imperial: “Su reinado único se documenta por nuevas
formas de monedas que la resaltaban como la única gobernante oficial. Los
solidi de oro la presentaban como Basillisa (emperatriz) con su imagen en
ambos lados. La cara y la cruz están acuñadas con troqueles casi idénticos,

203
Anexo: Imagen 1
204
Anexo: Imagen 2
205
Anexo: Imagen 3

103 | P á g i n a
así que caigan del lado que caigan, Irene es la única gobernante
representada con su atuendo imperial y portando el cetro del cargo.”206

En el caso de las hermanas Porfirogénetas, Zoe y Teodora, también


tuvieron una evolución en cuanto a la circulación de la moneda en el
imperio. Aunque no poseían una inteligencia comparable con la de
Pulqueria, o con la ambición de Irene, ambas fueron importantes porque
representaron la imagen viva de la familia imperial en todo su esplendor, y
son la mayor personificación del ideal de gobernar porque fueron ‘escogidas
por divinidad’. En primera instancia, se tiene conocimiento de dos monedas
con estilos diferentes que representan a la emperatriz Zoe en solitario, que
lamentablemente no han podido ser fechadas con certeza, pero se estima
que pueden pertenecer a su reinado como gobernante único. En la primera
que se encuentra en el Museo Arqueológico de Estambul, se le representa
en una cara, revestida de joyas y atributos imperiales, y al reverso una
representación del Icono de Cristo, denominado Antiphonetes207

En la segunda pieza, rescatada de Antioquía y publicada en 1905 da a


conocer una imagen de la Virgen orante y al reverso a la Basilissa208,
aunque la imagen corresponde a una reconstrucción, esta moneda es
especialmente interesante, porque no se le representa con acompañante
masculino, y se le representa con todo el atuendo imperial. Sin embargo, no
prescinde del apoyo de la iconografía cristiana sagrada, haciendo uso de la
Virgen madre, como elemento de legitimidad209.

Una tercera moneda de Zoe, pertenece al período en que gobernó junto


a su hermana Teodora en 1042. Esta pieza de oro muestra en el anverso a
206
HERRIN, Judith. “Mujeres en Púrpura: Irene, Eufrósine y Teodora. Soberanas del medioevo bizantino”,
Editorial Taurus, Madrid, 2002. Pág. 137-138
207
Anexo: Imagen 4
208
DE FRANCISCO OLMOS, José. “Las mujeres y el poder supremo en Bizancio, siglos V-XI. Aproximación
numismática”, Mirabilia No. 17, 2013. Págs. 209-210.
209
Anexo: Imagen 5

104 | P á g i n a
la Virgen de frente con el niño Jesús en su pecho, este ícono fue
interpretado como una afirmación de que la Virgen ayuda a las
emperatrices, al mismo tiempo que demuestra que la presencia de la Virgen
como madre en este gobierno, es superior a la del pequeño Cristo. Y en el
reverso de la misma se muestra la imagen de las dos vistiendo trajes
ceremoniales, sosteniendo el laborum conjuntamente, demostrando su co-
soberanía210:

Sobre el gobierno de Teodora se tiene más evidencia material, sin


embargo se mencionarán las dos monedas más emblemáticas. Cabe
recordar que el reinado de Teodora fue importante por su negativa a
casarse, lo que marcó un punto de culminación en cuanto a las emperatrices
que gobernaron. Pero aun así, las monedas de esta Basilissa no fueron
iguales a las de las dos mujeres ya antes vistas. En la primera se le
representa junto a la virgen, ambas sosteniendo el laborum, una imagen
muy particular. Al reverso de la misma se puede ver a Cristo de cuerpo
completo sosteniendo el evangelio. Es interesante que esta emperatriz
vuelve a utilizar la presencia masculina en la moneda, aunque sea Cristo y
no un emperador, pero lo realmente significativo, es el uso de la Virgen
como segunda emperatriz211.

Y en la segunda moneda, en una cara aparece un Cristo nimbado de


medio cuerpo, mientras que la otra representa a la emperatriz también de
medio cuerpo, portando las investiduras e insignias imperiales en su
totalidad212. La emperatriz le da importancia al Cristo en esta moneda, ¿por

210
DE FRANCISCO OLMOS, José. “Las mujeres y el poder supremo en Bizancio, siglos V-XI. Aproximación
numismática”, Mirabilia No. 17, 2013. Pág. 211. Anexo: Imagen 6.
211
Anexo: Imagen 7
212
DE FRANCISCO OLMOS, José. “Las mujeres y el poder supremo en Bizancio, siglos V-XI. Aproximación
numismática”, Mirabilia No. 17, 2013. Pág. 214-215

105 | P á g i n a
qué? Tal vez corresponda a un intento por afianzar el poder sin un
emperador más que esta imagen sacra213

Por lo visto esta última emperatriz le dio una especial importancia a la


simbología religiosa, a favor de su legitimidad divina. Al mismo tiempo que
mostraba una posición más humilde con respecto a estos personajes clave
de la Ortodoxia, ya que no solo los hacía partícipes de su gobierno, sino que
hacía ver que estos eran los portadores del poder, que se lo encomendaban
a Teodora.

Ahora en un segundo alcance respecto a la publicidad manejada, es


necesario recurrir a la parte constructiva de las emperatrices. A partir del
año 797 más o menos, Irene demostró un creciente interés por patrocinar
edificios eclesiásticos y civiles, mostrando una filantropía que la caracterizó.
La Basilissa no solo prestó atención al embellecimiento de la capital,
principalmente en una labor de reconstrucción debido a un terremoto
ocurrido en el año 740, sino que su favor llegó hasta los lugares más
periféricos del imperio. Es difícil asegurar cual fue la magnitud de su obra
constructiva, debido principalmente a que las fuentes tratan de favorecer la
imagen de la emperatriz a costa de su esposo y su hijo. Por lo cual, no es
raro que se le atribuyan acciones que bien pudieron haber sido hechas por
los emperadores que cayeron en desgracia. Se tiene certeza de que el
mayor edificio edificado por la soberana y su hijo, en el centro de
Constantinopla, fue el palacio llamado Eleuterio. En el siglo X este complejo
se vio unido a otro. La realidad del edificio es que aunque fue construido con
este origen, fue transformándose de forma paulatina en una serie de
instituciones que proporcionaban trabajo a la población local. Una
panadería, los talleres, e incluso el tejido de seda se trasladaron al

213
Anexo: Imagen 8.

106 | P á g i n a
Eleuterio214, este último debido a que una tormenta en 792 arrasó con los
planteles originales, se trasladó inmediatamente, puesto que la seda púrpura
al igual que el fuego griego eran secreto de estado. Entre el resto de sus
obras se puede destacar el patrocinio de nuevos y mantenimiento de viejos
íconos. Esto no es de sorprender, ya que después de todo fue la emperatriz
que devolvió, en primera instancia, el arte iconófilo a la gran ciudad.
También es importante mencionar el refuerzo de los territorios periféricos a
través de su ‘gira oficial’ por Tracia y Macedonia junto a Constantino. Este
acontecimiento es descrito como una ocasión festiva, con acompañamiento
musical, sin embargo tenía un trasfondo particular y serio; la reconstrucción
de las ciudades destruidas por las recientes guerras búlgaras215. Ciudades
como Berea fueron fortificadas por beneficio de la emperatriz; Anquialo, uno
de los puertos militares más importantes de Bizancio, que se encontraba en
una situación deplorable desde la derrota de Constantino V en el 765, fue
reconstruido y fortificado por la gracia de los emperadores. Así Irene se
destacó más por fortalecer estos sectores estratégicos para asegurar tanto a
la ciudad como la lealtad de esta, al mismo tiempo que se hizo con una
opinión pública positiva216.

Ahora cuando se habla de las hermanas Porfirogénetas,


lamentablemente hay una escases de información respecto a las posibles
obras arquitectónicas. Esto se debe principalmente a que su cronista, Miguel
Pselos, escribe muy poco sobre ellas, más que para hacer algunos alcances
en materia política, tal vez por estar eclipsado con la vida de su alabado
emperador Constantino IX Monómaco. Pero si se rescata que en la última
etapa de la dinastía macedonia, es decir con Zoe y Teodora, hubo una
214
CONFESSOR, Theophanes, “The chronicle of Theophanes the Confessor: Byzantine and Near Eastern
History AD 284-813”, Oxford University Press, Oxford, 1997. AM 6285, pág. 644
215
HERRIN, Judith. “Mujeres en Púrpura: Irene, Eufrósine y Teodora. Soberanas del medioevo bizantino”,
Editorial Taurus, Madrid, 2002. Pág. 115
216
CONFESSOR, Theophanes, “The chronicle of Theophanes the Confessor: Byzantine and Near Eastern
History AD 284-813”, Oxford University Press, Oxford, 1997. AM 6276, pág. 631

107 | P á g i n a
expansión cultural por medio de los íconos religiosos hacia el noreste 217
siguiendo a los pueblos eslavos. En algunos otros pasajes, Psellos
menciona que se le atribuían a Zoe regalos que había hecho a la ciudad
capital, pero no se especifican. En cuanto a Teodora, se puede presumir que
ella tuvo a su favor la popularidad en la esfera eclesiástica, debido a que
gran parte de su vida estuvo en un monasterio, viviendo una vida santa y
acética. Por lo cual, no es raro, que esta misma emperatriz hiciera
contribuciones importantes a la construcción de nuevos edificios religiosos y
la mantención o patrocinio de otros.

5.2.3. Legitimación

En el primer capítulo de la investigación se analizó el poder en los


diferentes componentes del estado bizantino o politeia. En el cual también
se revisó el caso particular del emperador, el cómo accedía al trono y cómo
obtenía la legitimación de su posición. Y es justamente esto último lo que se
trabajará a continuación en el marco específico de las emperatrices
mencionadas. Las tres obtuvieron el poder de una forma particular,
accedieron a la máxima autoridad y se perpetuaron en ella, aunque sea por
breve tiempo. Sin embargo, lo importante es cómo ellas consiguieron la
legitimidad suficiente para construir ese poder y preservarlo.

En el apartado de ‘Maestras de la publicidad’ se habló de algunos de los


métodos utilizados para ganarse al aspecto público, y conseguir
‘legitimidad’, no obstante más allá de las obras que estas pudieron
beneficiar, son los actos los que definieron sus reinos como legítimos.
Comenzando cronológicamente con Irene, ella aseguró la simpatía de la

217
VASILIEV, Alexander, “Historia del Imperio Bizantino Vol. I”, Iberia, Barcelona, 1946. Pág. 306

108 | P á g i n a
ciudad y de las provincias por medio de la reconstrucción, pero también por
medio del restablecimiento de los íconos.

Como era de esperarse, la política iconoclasta del emperador León III, no


fue del todo popular, no solo dividió la religión ortodoxa y obtuvo
levantamientos en ciudades adyacentes, sino que también perdió las
relaciones con el Papado en Occidente. Si bien el rechazo a las imágenes
que venía de Oriente era importante en las zonas periféricas, donde
abundaban grupos monofisitas, de las sectas Paulinas y el evidente contacto
con los musulmanes, en el Bizancio del interior, el panorama era
considerablemente diferente218. La batalla se mantuvo con el emperador
Constantino V, quien se presume fue un hábil perseguidor de los iconófilos
dentro de la ciudad, y el Basileus León IV, marido de Irene. Y son
justamente los historiadores/cronistas los que tratan a estos emperadores
con desdén. Desde su punto de vista219 estos emperadores eran
‘demoniacos’ y de alguna u otra forma oscilaban en el terreno de la
legitimidad. ¿Por qué? Debido a que tenían el apoyo de algunas partes de la
sociedad, como por ejemplo los ya mencionados iconoclastas del sector
oriental, y gran porcentaje del ejército. Bajo este sentido ¿cómo podía Irene
tener más legitimidad que estos emperadores si con el cambio de burocracia
de León III, Constantinopla guardaba a grandes iconoclastas en los puestos
de administración? Esto se debe principalmente a la estrategia política
brillante que ejecutó la Basilissa. En primera instancia (con la muerte de su
marido) ella actuó como defensora de la basileia, no tuvo reparo en apartar
vorazmente a los césares que querían el trono 220. Esto se interpretó como si
Irene fuera la guardadora de la legitimación imperial de su hijo, y así como
apartó a los hermanastros del emperador fallecido León IV, también lo hizo

218
OSTROGORSKY, George, “History of the Byzantine State”, Basil Backwell, Oxford, 1968. Pág. 161
219
Entiéndase por este el de Teófanes el Confesor, principal escritor de la época.
220
CONFESSOR, Theophanes, “The chronicle of Theophanes the Confessor: Byzantine and Near Eastern
History AD 284-813”, Oxford University Press, Oxford, 1997. AM 6274, pág. 627

109 | P á g i n a
con nuevos tipos de atentados propiciados por otros sectores de la
sociedad. En segundo lugar, Irene destacó por su gira imperial, ganándose
el apoyo de los lugares que estaban más al descuido por parte de los
gobernantes debido a su lejanía geográfica, pero ella vio el potencial de
obtener el favor de los territorios estratégicos y en vez de promover las
batallas, para las cuales evidentemente no estaba preparada, se dedicó a
proteger el imperio existente. Claro que tuvo desastres militares, y Teófanes
atribuye esto a la simpatía que guardaba la emperatriz hacia los eunucos, a
quienes posicionó en puestos administrativos y otorgó títulos de suma
importancia, como por ejemplo ‘general del ejército’. Era usual que existiera
recelo por parte de la población masculina por estos hombres castrados,
debido a la ambigüedad de su propia naturaleza y porque los veían como
traicioneros y desleales. Teófanes no fue la excepción: “Engañada, como
mujer que era, y siendo también ambiciosa, le satisfacía que las cosas
fueran de ese modo, y no percibió que esos hombres habían ofrecido el
pretexto mencionado porque querían administrar los asuntos de Estado.”221
A la larga si resultó ser traicionada por estos, pero no es el tema que importa
en este momento, la emperatriz veía en ellos la posibilidad de gobernar sin
necesitar un esposo que eventualmente podría quitarle el poder.

En tercera instancia, ejecutó una acción importante, convocó un Concilio


para restaurar los íconos222. En este giro de los acontecimientos le brindó el
apoyo y aceptación de la población iconófila y al mismo tiempo reanudó las
relaciones diplomáticas con el Papado y Occidente. A la larga se ganó el
favor de iglesia Ortodoxa, quien la vería como santa, pero en el momento

221
CONFESSOR, Theophanes, “The chronicle of Theophanes the Confessor: Byzantine and Near Eastern
History AD 284-813”, Oxford University Press, Oxford, 1997. AM 6282, pág. 638-639
222
Un detalle importante, es que en fuentes posteriores que hablan de Irene la señalan como una fiel
devota de las imágenes sagradas, aún en su vida antes del concilio. Sin embargo, esto puede ser una
construcción de la misma iglesia Ortodoxa en su insistencia de hacerla ver Santa, porque en lo que
respecta a Teófanes, si bien la elogia, nunca menciona episodios de la vida de esta antes de la
restauración, en que se mostrara iconófila.

110 | P á g i n a
siguió teniendo esta gran oposición desde el sector iconoclasta. En cuanto a
su recuerdo histórico, está claro que ante los escritores partidistas, está
mujer se ganó la legitimidad de su puesto.

Y como último suceso que le hizo mantener el poder y la opinión pública,


fue la cantidad y calidad de los fallos en el intento de gobierno de
Constantino VI. Su primer error concreto fue apartar a su madre
completamente de la vida imperial. Si bien cuando este se proclamó
emperador único recibió apoyo de muchas áreas sociales, sobre todo por el
ejército223, también pudo haber generado recelo por parte de grupos que en
ese momento no se hicieron presentes y que de alguna forma preferían el
gobierno de ambos. Es cierto que el porfirogénetos estaba en todo su
derecho a gobernar, pero eso no quita que su entrada no haya sido pacífica,
porque confinó a Irene al mismo palacio que ellos habían construido.

El Basileus no tuvo campañas efectivas durante su reinado, y si bien esto


no figura como un ‘error’, es necesario mencionarlo para comprender las
circunstancias. Entre sus fracasos en este campo se cuenta la rebelión del
mismo ejército que lo convocó en primeras instancias como emperador
único, el del thema de Armia224. Su segundo y último error de juicio, que le
significó la pérdida total del derecho a la basileia, fue lo que históricamente
se conoce como el «cisma moiceo». María de Amnia, era la esposa que
había sido escogida por la emperatriz madre para Constantino VI, después
de disolver los planes para emparejarlo con la hija de Carlomagno. Y según
los planes consolidaron su matrimonio. En el mismo año que este depuso a
Irene, María dio a luz a su primera hija a la que le dio el nombre de la abuela
paterna. En el año 795, Constantino decide divorciarse de su esposa, que ya

223
CONFESSOR, Theophanes, “The chronicle of Theophanes the Confessor: Byzantine and Near Eastern
History AD 284-813”, Oxford University Press, Oxford, 1997. AM 6283, pág.640
224
CONFESSOR, Theophanes, “The chronicle of Theophanes the Confessor: Byzantine and Near Eastern
History AD 284-813”, Oxford University Press, Oxford, 1997. AM 6284-6285, págs. 642-644

111 | P á g i n a
le había dado otra porfirogéneta de nombre Eufrosine, cuya fecha de
nacimiento se desconoce. María fue obligada a convertirse a la vida
monástica, fue tonsurada y vestida con los hábitos monásticos, y finalmente
exiliada junto a las dos princesas, a la isla Prinkipo en el Mármara225. Debido
a que no había una base legal bien establecida referente a los divorcios del
emperador, esto despertó la furia de varias regiones del cristianismo
ortodoxo, quienes consideraban que este sacramento era de por vida. El
Eisagoge que es unas décadas posterior dice que solo se permite la
disolución de un matrimonio (referente al caso de Constantino planteado)
cuando: 1.“una de las dos partes escoge la vida ascética”226, 2.“si el marido
pensase que su mujer pudiese ser culpable de adulterio, es preciso que el
hombre presente primero su acusación contra la mujer, o incluso contra el
adúltero, y, si se demuestra que la tal acusación es verdadera” 227, y 3.“si la
mujer por cualquier motivo atentase contra la vida de su marido o, sabiendo
que otras personas iban a hacer esto, no se lo revelase al marido”228. Estas
son las únicas posibilidades jurídicas por las cuales el emperador podía
haberse divorciado de su mujer.

En la primera instancia, no existe documentación que muestre siquiera


un interés por María de Amnia a volverse a la vida ascética, y es más
sospechoso aún si esta tuvo que irse con las dos porfirogénetas. Claro que
tampoco se tiene mucha información de ella, pues la prioridad de los
cronistas está en otros personajes. En el segundo caso, tampoco se registra

225
CONFESSOR, Theophanes, “The chronicle of Theophanes the Confessor: Byzantine and Near Eastern
History AD 284-813”, Oxford University Press, Oxford, 1997. AM 6287, pág. 645
226
FOCIO, Patriarca. “Eisagoge: La introducción al derecho del Patriarca Focio”, Consejo superior de
investigaciones científicas, Madrid, 2007. Título XXI, I, pág. 399. En esta recopilación se menciona que
también esta ley está vigente en las Novelae Iustiniani (534-565), XX, V
227
FOCIO, Patriarca. “Eisagoge: La introducción al derecho del Patriarca Focio”, Consejo superior de
investigaciones científicas, Madrid, 2007. Título XXI, V: IV, pág. 403. Véase también en la Novelae
Iustinianis CXVII, VIII.
228
FOCIO, Patriarca. “Eisagoge: La introducción al derecho del Patriarca Focio”, Consejo superior de
investigaciones científicas, Madrid, 2007. Título XXI, V: V, pát. 404.

112 | P á g i n a
una denuncia por parte del Basileus, una que al menos debería haber
estado en constancia de la comunidad eclesiástica, pues estos eran los
principales detractores del divorcio. Y en el tercer caso también es la misma
cuestión: no hay evidencia que lo demuestre. Por lo tanto, a ojos de la
jurisprudencia, del clero, y de los cronistas, Constantino VI cometió un
sacrilegio como emperador Ortodoxo. Transcurridos siete meses de la
disolución, el soberano volvió a casarse con una mujer llamada Teodote a la
que le otorgó el título de Augusta que viene a ser Basilissa, una
condecoración que su primera esposa jamás ostentó229. La boda se efectuó
en septiembre del mismo año, y fue censurada por un estricto grupo
eclesiástico que catalogó este matrimonio como adúltero, al mismo tiempo
que pedían la deposición del Patriarca Tarasio, por permitir que uno de sus
clérigos celebrara la unión230. La corte se volvió en contra del Basileus e
incluso los parientes de Teodote encabezaron la oposición al matrimonio
imperial231. Esta situación se prestó para una discusión de diez años que
terminó por fragmentar a la iglesia Ortodoxa. De esta forma el emperador
subestimó el poder de persuasión de su Patriarca, quien no logró convencer
al clero, y también de la opinión de un pueblo estrictamente cristiano.

En el 797, Constantino intentó escapar de la ciudad imperial pero fue


detenido en Anatolia y devuelto a la capital. Con día 19 de agosto Irene
mandó a que su hijo fuese cegado en la misma cámara que le había dado a

229
No era una práctica extraña que un emperador se casara y no le diera el título de Basilissa a su
esposa, después de todo, la madre del soberano estaba en posesión del mismo título. Al mismo tiempo
que era posible que un Basileus nombrara Augusta a una de sus hijas, que al final de cuentas nunca
gobernaron, por ejemplo Alejo I Comneno le dio el título a su primogénita, siendo que después le
sucedería su tercer hijo, Juan Comneno.
230
CONFESSOR, Theophanes, “The chronicle of Theophanes the Confessor: Byzantine and Near Eastern
History AD 284-813”, Oxford University Press, Oxford, 1997. AM 6287-6288, págs. 645-647
231
HERRIN, Judith. “Mujeres en Púrpura: Irene, Eufrósine y Teodora. Soberanas del medioevo bizantino”,
Editorial Taurus, Madrid, 2002. Pág. 134

113 | P á g i n a
luz232. Interpretando el panorama general de esto, se puede inferir un par de
cuestiones, primero que Irene aprovechó la disputa de la iglesia para volver
al poder, de forma que antes de ejecutar esta ‘deshabilitación política’, debía
de tener el apoyo de ciertas facciones eclesiásticas. Y segundo que a pesar
de cometer un acto en muchos aspectos barbárico contra su propio hijo, un
porfirogéneto, la Basilissa siguió siendo la favorita para gobernar según la
opinión pública. Y esto constituye el proceso que legitimó a la primera
emperatriz que se atrevió a gobernar sola en Bizancio, que su poder efectivo
después durara solo cinco años, es irrelevante.

El período concreto donde inicia la legitimación de Zoe y Teodora,


comienza necesariamente con el ascenso y caída de Miguel V. Cuando la
emperatriz Zoe contrae matrimonio con Miguel IV, lo legitima como
emperador de Bizancio. Y este en sus facultades políticas, y para establecer
dinastía no tarda en nombrar a su sobrino co-emperador o segundo césar al
mando, dejando en claro su intención de que este le sucediera en el cargo
más adelante. La Porfirogéneta decide adoptarlo, otorgándole un mayor
grado de legitimidad a la hora de que este se convirtiera en emperador.
Cuando Miguel IV decide abrazar la vida monástica y divorciándose de Zoe,
ella junto con Miguel V asumen el control del imperio, pero luego de tres
días a cargo, la Basilissa decide delegar el mandato de la basileia a su hijo
adoptivo, porque esta no se considera a la altura de gobernar la koina 233. A
esto Miguel Psellos añade que dicha acción calmó a la ciudad ansiosa por
saber el rumbo que tomaría el imperio234. De lo descrito por estas fuentes,
se puede desprender dos cosas importantes para el desarrollo de la
investigación; en primer lugar que la emperatriz estaba en plenas facultades
232
CONFESSOR, Theophanes, “The chronicle of Theophanes the Confessor: Byzantine and Near Eastern
History AD 284-813”, Oxford University Press, Oxford, 1997. AM 6289, pág. 649
233
SKYLITZES, Johan, “A Synopsis of Byzantine History 811-1057”, Cambridge University Press,
Cambridge, 2012. Epitome: Michael V, I
234
PSELLOS, Miguel, “Cronografía: Vida de los emperadores bizantinos”, Clásicos Universales, Barcelona,
1994. Libro V, cap. V.

114 | P á g i n a
para asumir que su persona no estaba cualificada para hacerse cargo de los
asuntos administrativos, y segundo, que la población (al menos de la ciudad)
estaba expectante ante las decisiones políticas del imperio, y esto llevaría a
que en más de una ocasión interfirieran a favor de las porfirogénetas. A
pesar de esto, Zoe, además de poseer la legitimidad natural para el
gobierno, se le reconoce como “una mujer popular en todo el mundo […] y
también se había ganado el corazón de todos a través de sus generosos
regalos”235, por lo que se asume que también poseía un fuerte apoyo de la
opinión popular. Miguel V intentó por varios medios obtener una aceptación
efectiva entre sus súbditos, “no solo en la elite sino también los plebeyos y
artesanos”236 y después de un sondeo de la opinión popular durante la
procesión de las festividades de pascua, comienza a considerar exiliar a la
emperatriz madre. Lo cual efectuó enviándola a una isla y la mandó a
tonsurar. En la versión de Psellos, el emperador informa al senado que la
Basilissa persuadió a los demonios para conspirar en su contra, con el
objetivo de ganarse adeptos a su causa. Sin embargo al hacerse pública la
noticia respecto a la porfirogéneta, “toda la ciudad, y me refiero a todos, sin
importar el sexo, la fortuna y la edad… se despertaron y comenzaron a
moverse en pequeños grupos, volviéndose tumultuosos”237 conspirando así
contra el emperador reinante. Skylitzes escribe que Miguel envía a un
emisario a explicar sus acciones, pero que el pueblo amotinado acabaron
con este y “con una sola voz se dio el grito de guerra ‘Desenterrar sus
huesos’ que desde hace tiempo era una señal para deponer al

235
PSELLOS, Miguel, “Cronografía: Vida de los emperadores bizantinos”, Clásicos Universales, Barcelona,
1994. Libro IV, cap. XXII.
236
PSELLOS, Miguel, “Cronografía: Vida de los emperadores bizantinos”, Clásicos Universales, Barcelona,
1994. Libro VI, cap. XV.
237
PSELLOS, Miguel, “Cronografía: Vida de los emperadores bizantinos”, Clásicos Universales, Barcelona,
1994. Libro IV, cap. XV.

115 | P á g i n a
emperador”238. En un intento de apaciguar la cólera del pueblo trae a Zoe de
vuelta a Constantinopla, pero la muchedumbre estaba encendida con la
revuelta y exigieron al patriarca también traer a Teodora, la hermana menor
que había abrazado la vida monástica por su cuenta239. De esta forma el
poder imperial legítimo fue restaurado por las dos Basilissas, las cuales
mandaron a cegar Miguel V, quien terminó sus últimos días en el monasterio
de Stoudios.

Psellos agrega que las masas fueron impulsadas por Dios para deponer
al emperador240, actuando como un “contratirano para él que ya se había
transformado en tirano”, lo que es importante porque entrega otro grado de
licitud a la causa de las hermanas, una entregada por Dios. El relato de lo
acontecido prosigue con el posterior intento de Zoe por gobernar en solitario,
desplazando a Teodora, pero “la multitud lo impidió, y exigió que gobernara
junto a ella”241. Esto último deja ver un detalle interesante: a los ojos del
pueblo ambas tenían el igual derecho a gobernar, no una sobre la otra, sino
que se encontraban en condición de equivalencia. Lo cual significa que, a
pesar de Zoe era la emperatriz públicamente conocida por el imperio, la que
hizo regalos a la ciudad242, de la que todo el imperio estaba expectante ante
el matrimonio que la Basilissa pudiera escoger, no era la favorita. Aun así
cuando Teodora era la hermana menor que estuvo años recluida en un

238
SKYLITZES, Johan, “A Synopsis of Byzantine History 811-1057”, Cambridge University Press,
Cambridge, 2012. Epitome: Michael V, I
239
Este punto es discutible, las fuentes difieren. Se observa que en primera instancia, Constantino VIII en
su intento de que Zoe y el esposo de esta le sucedieran, envió a Teodora a un monasterio para quitarla
de la línea de sucesión. Sin embargo, siempre se rescata el hecho de que ella estaba sumamente inmersa
en la vida religiosa, y de hecho, cuando Zoe se casa por tercera vez, Teodora se devuelve a la vida
ascética.
240
PSELLOS, Miguel, “Cronografía: Vida de los emperadores bizantinos”, Clásicos Universales, Barcelona,
1994. Libro V, cap. XXVIII.
241
SKYLITZES, Johan, “A Synopsis of Byzantine History 811-1057”, Cambridge University Press,
Cambridge, 2012. Epitome: Michael V, II
242
Los cuales no se especifican.

116 | P á g i n a
monasterio, viviendo de forma austera y sin contacto importante con el
exterior.

Luego de este reinado breve, de las hermanas que duró casi un año, Zoe
volvió a contraer matrimonio, y por segunda vez Teodora abrazó la vida en
un monasterio. Pero con la muerte de Zoe y posteriormente Constantino IX
Monómaco y sin dejar heredero, la menor tuvo que volver a Constantinopla.
Esta vez para asumir el poder total. Es importante mencionar que Teodora
apareció para gobernar la basileia con la firme decisión de no tomar a un
hombre como esposo, sino que “ella misma se puso al frente de todo y
heredó íntegro el ejercicio del poder. Sus servidores y allegados le dieron
fuerza a la hora de tomar esta resolución, pues eran hombres que desde
hacía tiempo estaban al tanto de los asuntos de Estado y eran expertos
conocedores de todos los ámbitos de la administración”243. Fue quizás la
única Basilissa en toda la historia del imperio bizantino en no recibir
presiones por parte de la casa imperial para que se casara, incluso Irene fue
influida para que aceptara la proposición de matrimonio de Carlomagno.
Claro que una cosa es lo que dicen las fuentes, usualmente favorables a
este tipo de personajes, y lo que realmente ocurría. Pero tampoco existe
evidencia que demuestre lo contrario, ya que la edad avanzada de la
emperatriz era un factor a tomar en cuenta. Y siguiendo con los datos poco
probables de Psellos, menciona que durante su corto reinado de un año, y a
pesar de contar la Basilissa con más de sesenta años, “el poder por lo
demás ni experimentó cambios, ni perdió su magnificencia y no hubo una
sola conspiración contra el trono o alguien que depreciase las declaraciones

243
PSELLOS, Miguel, “Cronografía: Vida de los emperadores bizantinos”, Clásicos Universales, Barcelona,
1994. Libro VIII, cap. I.

117 | P á g i n a
o decisiones que emanaban de él. […] En ninguna parte del imperio había
descontento y en todas se respetaba la justicia.”244.

De esto se desprenden dos cosas: primero, que quizás el cronista estaba


cegado por su relato apologético a la dinastía macedónica, sobretodo
resaltando la imagen de Constantino IX Monómaco, y que se le olvidó
mencionar que el general Nicéforo Brienio intentó hacerse con el poder, y
fue hábilmente frustrado por la porfirogéneta. Y segundo, la burocracia
bizantina estaba tan firmemente estructurada, que era posible que
funcionara de maravilla incluso con emperadores que no estaban al tanto de
toda la labor que la basileia exigía, como fue el caso de Teodora, o incluso
con gobernantes potencialmente incompetentes. Y tal vez sea exactamente
el aparato burocrático el que sostuvo a Bizancio por algo más de un milenio.

Y ya como último acto que desvelaba la legitimidad que poseía esta


emperatriz en particular, escogió a su sucesor, Miguel VI. Un hombre que
estaba fuera de las esferas del poder del palacio y la corte, uno que era tan
desconocido para el pueblo como lo fue el desdichado Teodosio Monómaco,
pero que al ser elegido por la tan querida Teodora Porfirogéneta, tal parece
que logró heredar eficazmente su derecho a gobernar.

244
PSELLOS, Miguel, “Cronografía: Vida de los emperadores bizantinos”, Clásicos Universales, Barcelona,
1994. Libro VIII, cap. IV.

118 | P á g i n a
CAPÍTULO VI: CONCLUSIÓNES

Pareciera que si comparamos el imperio bizantino con otros imperios, este


no parece ser uno de los más destacados, o parte de los más estudiados. Sin
embargo, y aún con la pérdida de regiones importantes para este, el imperio de
Bizancio tiene el mérito de sobrevivir cerca de mil años. Esto no es un logro que
se debe menospreciar, ya que son contados los imperios que tuvieron esta
extensión temporal y la sobrepasaron. Y más relevante aún, históricamente, las
naciones que se han hecho con un gran territorio, tienen muchos problemas
para mantenerlo. Ya sea porque la extensión misma es un problema tanto para
la comunicación como para la defensa efectiva, como también se dan los casos
de que las regiones anexadas son hostiles al gobierno central, y no tardan
mucho tiempo en independizarse. Lo cierto es, que tener un imperio es toda
una proeza, no por nada Alejandro Magno es mundialmente conocido por ello,
no obstante, mantenerlo es un gran reto. Y de aquí viene el problema ¿cómo se
conserva un imperio? Esto pensando de una forma efectiva y no solo
simbólicamente. El historiador Paul Veyne con su trabajo en ‘Auge y caída de
las grandes potencias’ entrega un lineamiento clave que a riesgo de
equivocarme, todos los imperios exitosos que vivieron más de un siglo han
sabido replicar: la adaptabilidad.

Este factor requiere que el mismo aparato estatal esté en constante cambio,
tal vez no de una forma tan llamativa ni sustancial, pero sí que esté dispuesto a
dictar o cambiar leyes que satisfagan las necesidades propias de la evolución
histórica. A simple vista, la mayoría de los imperios parecen ser tradicionalistas,
cuyos gobernantes parecen inflexibles al paso del tiempo, y Bizancio no escapa
de esta generalización. El mismo Gibbon, al trabajar la historia de este “imperio
romano oriental decadente” no parece encontrar elementos que demuestren la
evolución al mismo, aun cuando el autor tiene los cambios en frente suyo. Esto
puede explicarse por la aversión de Gibbon a estudiarlo, o simplemente porque

119 | P á g i n a
en un primer vistazo, superficial y tradicional, el imperio parece no tener
cambios significativos.

Una forma sencilla de comprobar esto es analizando el estado y el sistema


burocrático al inicio del imperio y luego al final. Parece un ejercicio simple con
resultados predecibles, pero demuestra mucho. Ahora, para una comprensión
más completa, dividir el imperio en tres etapas (teniendo una intermedia entre
los dos extremos) y de estas escoger un gobernante al azar por cada una.
Luego de un estudio del funcionamiento del aparato de gobierno más que del
soberano, se pueden notar las diferencias indiscutibles. Ni siquiera el imperio
Chino, que parece ser uno de los más tradicionales escapa a la adaptabilidad,
no era el mismo en la dinastía Jin, con el de la dinastía Qing.

Ahora, a lo largo de esta investigación, hemos sido espectadores de la


evolución en cuanto al gobierno y administración del estado bizantino. ¿Y esto
que tiene que ver con las Basilissas trabajadas? Pues, solo un imperio del
medioevo dispuesto a adaptarse a las circunstancias por sobre las cuestiones
tradicionales hubiera permitido el gobierno efectivo de una mujer, y todavía más
importante, de varias mujeres a lo largo de su historia. Esto no sucedió
espontáneamente, no es que de la noche a la mañana una consorte ateniense
poco conocida pudiera acceder al poder supremo sin más. Fue debido a los
antecedentes mismos del imperio, donde mujeres casi siempre familiares del
emperador, tuvieron un papel importante a nivel político y religioso. Desde los
posibles ‘comienzos’ de Bizancio hubo féminas que transcendieron a la imagen
establecida de ‘ser mujer’, ya se habló de Helena, madre de Constantino,
Pulqueria, Teodora y muchas otras, que además de ser partícipes, formaron un
antecedente digno de rescatar: la mujer santa. La cantidad de Santas de la
Iglesia Ortodoxa quizás no tenga comparación con la Iglesia Católica
Occidental, y es que en el caso de la primera, estuvo mucho más dispuesta a
santificar a mujeres que transgredieron severamente los parámetros de su

120 | P á g i n a
condición (incluso la ley) a razón de la ‘búsqueda espiritual’ o por mero
capricho, eso depende de cómo el historiador decide verlo.

Las mujeres importantes no se limitaron solo a la vida cotidiana, sino que


alcanzaron las esferas del poder donde era incluso más inusual la presencia
femenina: el dogma ortodoxo. Así, se les consideró, a pesar de su condición,
defensoras de este credo que se iba forjando. Que diferente hubiera sido si
alguna de las emperatrices hubiera osado redefinir el papel de la mujer en el
imperio o incluso en la iglesia, pasando por encima de las tradiciones del
momento. Probablemente si alguna lo hubiera hecho, no estaríamos hablando
de emperatrices en el poder después de esta. Pero no fue así, y eso dio la
posibilidad de que otras ostentaran la fuente de autoridad máxima, sobretodo
en casos específicos, como los trabajados en esta investigación. Donde el ser
madre de, o hijas nacidas en la púrpura, anexaron un elemento de legitimidad
importante.

Casi hasta el final de su historia, Bizancio contó con mujeres ilustres


(soberanas, filósofas, médicos, etc.), y eso que los eruditos presentes se ven
limitados con el conocimiento que las fuentes quieren rescatar. No hay que
dejar de mencionar el caso particular de Ana Dalasena, madre del emperador
Alejo I Comneno, quien fue designada a actuar como Basileus, a pesar de su
condición de mujer, en favor de su hijo que no se veía así mismo adecuado
para el trono y prefería actuar como líder militar. Así como esta es apenas
mencionada en la historia, salvo brevemente por su nieta Ana Comneno, debe
haber otras que no tuvieron la misma suerte.

Irene y las hermanas porfirogénetas fueron únicas en la larga lista de


mujeres importantes para la historia bizantina. Fueron las únicas que
alcanzaron el poder máximo sin necesidad de un hombre al lado, ni siquiera de
forma nominal. Y a través de diversas herramientas aseguraron su legitimidad
indiscutible para los ojos conspiradores de la clase senatorial, la corte, el clero y

121 | P á g i n a
el pueblo, a pesar de su condición inferior. Los mecanismos empleados por las
mismas para alcanzar esta posición y mantenerla puede haber sido replicado
por otras que gobernaron en condiciones más limitadas, lógicamente eso
requiere un análisis más exhaustivo y extenso, que en el futuro puede
realizarse, pero que ahora se ve circunscrito a las habilidades del investigador y
el acceso a fuetes. Lo importante es dejar abierta la puerta al estudio de las
mujeres bizantinas y su relación con el poder, más allá de una simple cuestión
de coincidencias de personajes aislados, sino que formular toda una teoría que
explique este rasgo tan particular de Bizancio y así complementar desde una
perspectiva nueva, el estudio de un imperio tan fascinante como este. Al mismo
tiempo se puede extrapolar esta misma experiencia y conocimiento a otros
períodos de la historia, donde mujeres fueron partícipes pero aparentemente de
manera fortuita.

122 | P á g i n a
ANEXO: IMÁGENES

Imagen 1: Sólido de oro de la emperatriz Irene junto a su hijo Constantino VI, y


en la derecha se plasma a los emperadores de la dinastía Isáurica. DE
FRANCISCO OLMOS, José. “Las mujeres y el poder supremo en Bizancio,
siglos V-XI. Aproximación numismática”, Mirabilia No. 17, 2013.

123 | P á g i n a
Imagen 2: Sólido de oro de la emperatriz Irene y el emperador Constantino VI,
ambos co-emperadores, con las insignias imperiales. DE FRANCISCO OLMOS,
José. “Las mujeres y el poder supremo en Bizancio, siglos V-XI. Aproximación
numismática”, Mirabilia No. 17, 2013.

Imagen 3: Sólido de oro de la emperatriz Irene como gobernante único,


portando los íconos imperiales en solitario. DE FRANCISCO OLMOS, José.

124 | P á g i n a
“Las mujeres y el poder supremo en Bizancio, siglos V-XI. Aproximación
numismática”, Mirabilia No. 17, 2013.

Imagen 4: Reconstrucción de Sólido de la emperatriz Zoe y el Cristo


Antiphonetes. DE FRANCISCO OLMOS, José. “Las mujeres y el poder
supremo en Bizancio, siglos V-XI. Aproximación numismática”, Mirabilia No. 17,
2013.

125 | P á g i n a
Imagen 5: Reconstrucción de Sólido de Oro de la emperatriz Zoe y la Virgen
Orante. DE FRANCISCO OLMOS, José. “Las mujeres y el poder supremo en
Bizancio, siglos V-XI. Aproximación numismática”, Mirabilia No. 17, 2013.

Imagen 6: Sólido de Oro de las emperatrices Porfirogénetas Zoe y Teodora


portando el laborum. Y a la izquierda, la Virgen Madre con el niño. DE
FRANCISCO OLMOS, José. “Las mujeres y el poder supremo en Bizancio,
siglos V-XI. Aproximación numismática”, Mirabilia No. 17, 2013.

126 | P á g i n a
Imagen 7: Sólido de Oro de la emperatriz Teodora recibiendo el laborum de la
Virgen, y en la izquierda el Cristo con el evangelio. DE FRANCISCO OLMOS,
José. “Las mujeres y el poder supremo en Bizancio, siglos V-XI. Aproximación
numismática”, Mirabilia No. 17, 2013.

127 | P á g i n a
Imagen 8: Sólido de Oro de la emperatriz Teodora Augusta portando todo el
ornamento imperial, y en la izquierda Cristo con el evangelio. DE FRANCISCO
OLMOS, José. “Las mujeres y el poder supremo en Bizancio, siglos V-XI.
Aproximación numismática”, Mirabilia No. 17, 2013.

128 | P á g i n a
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