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LOS CHINGOS

Fernando Silva (1966)


Me parece que eran ocho días los que llevá- un poquito más, ya el agua le llegaba hasta
bamos de lluvia y esa mañana apenas había el pecho y él levantaba los brazos. Nadó un
salido el sol un ratito par el lado de la mon- poquito entonces y ensartó el chunche en la
taña. cadena del bote, entonces se vino para afuera
Ocho días de lluvia y el río llenaba y llena- y de allí jalaron el bote entre todos.
ba. Era un bote nuevo, pesadote, que todavía se
-¡Qué vendavalito, Maitro Chón! -le grité le veían los suelazos.
desde la ventana de mi casa al viejo de en- Estaba casi lleno de agua y sólo había una
frente que estaba allí afuera. palanca adentro.
-Pero ya tronó, ahora en la madrugadita. De -¿Por ande sería? -le pregunté yo al guardia.
aquí, de este lado del Sur -me contestó levan- -Por los Chingas -me contestó.
tando sus brazos. Memi y yo nos volvimos a ver. Los Chingas
-¡Qué ya tronó! -le repetí. son unos cacastes de piedra que quedan ori-
-Sí, del sur. Eso es seña que ya va de viaje el llados frente a frente de la bocana del Santa
temporal -me gritó. Cruz, y como allí coge fuerza la corriente, se
Desde mi cosa estaba viendo pasar el río hace chiflonada. Más afuera es bien pesado
turbio, rojizo, sucio. Se oían las correntadas el río, y por eso, cuando uno va de subida se
que bajaban de la montaña. La neblina espe- pasa por allí palanqueando por el canal. To-
sa arropaba los árboles que apenas se veían davía seguía lloviendo, no era tan fuerte, pero
como unos borrones. Soplaba un viento sur de la montaña se cernía una silampa y estaba
frío, y se sentía el olor de la humedad. todo encapotado el cielo.
Unos golpes dados ligeritos en la puerta de Todo mundo estaba alborotado con la noti-
atrás me hicieron que me apeara de la ven- cia del hogado. Memi y yo nos habíamos tre-
tana y ya corrí a abrir. Memi, el hijo de casa pado a un galerón viejo que servía de bodega
de donde las Gutiérrez, que era como de mi en la propia cabeza del raudal.
edad, estaba allí remojado y temblando de Debajo de nuestras canillas que teníamos
frío. guindadas, subidos donde estábamos en una
-Vistes? ¡Se hogó el yanque! -me gritó apu- solera, pasaba el río sucio, lento y espeso.
rado. Desde allí divisábamos las negras cabezas
-¿Se hogó? de la gente que se iba a agachar para ver el
-Te estoy diciendo ai iba el bote volado sin bote que había aparecido aquella mañana río
nadie y hasta que se pegó en el banco de don- abajo.
de la Jarquín. Así está ya de gente. -¿Onde tenés tu bote? -me preguntó Memi.
Yo jalé la puerta, me quité la camisa para no -Por la Comandancia -le contesté.
remojarla, y ya me fui en una sola carrera con -¿Vos tenés palanca?
Memi, brincando por los charcos. -Sí.
Era verdad como me dijo Memi, ya había -Entonces yo voy ir a traer el canalete.
un montón de gente en la casa de donde la ¿Y para dónde es que vamos? -le pregunté.
Jarquín. Tenían amarrado un mecate al tron-
co de un níspero que hay en el patio, allí a la -Pues a los Chingos, a buscar al hogado.
orillita, y un marinero que iba agarrado a la El guardia González venía chapaliando
zoga se iba metiendo contra la corriente que agua en media calle con la palanca del bote
se le hacía un remolino en la cintura. aparecido y un poco de muchachos venían a
El guardia Luis González daba órdenes. la orilla siguiéndolo.
Con un garfio el marinero quería traerse el Seguía siempre lloviendo. El paisaje parecía
bote que estaba pegado. El hombre se metió un espejito empañado.
Alguna que otra garza sentada en un tronco estaba viendo al yanque agarrado a unas raí-
y sólo se oía el ¡juáaaaa! de las correntadas ces con su cara roja.
bajando. -¡Ay!, ¡Ay! -se quejaba el yanque.
Como el río se pone bien fuerte con la llena, -Todavía está vivo! -me gritó Memi que le
nosotros nos fuimos orillados. Memi llevaba temblaban las canillas.
el gobierno y yo me jalaba abierto con fuerza -Sí, si está vivo -repetí yo.
para no pegarnos.
Entonces nos empujamos duro. Memi se
-¡Ai ta un tronco! -le grité a Memi. Ya no era enconchó sobre la palanca empujando con
tiempo, nos encaramamos de viaje que casi toda su alma. Entonces yo le pasé al yanque
nos damos vuelta. la oreja del canalete y él se agarró duro. Vine
Estuvimos así hasta que nos zafamos para yo y lo quise aguantar, pero se me resbaló el
atrás. pie de como estaba de nervioso y me vine al
A cada rato nos encontrábamos con troncos agua de cabeza.
que teníamos que ladearnos mucho volándo- Hice un esfuerzo dejando a la corriente que
nos con fuerza. me cogiera de lado y rass me empujé hasta
Nosotros conocíamos bien todos esos lados, dar con el yanque que ya se iba hundiendo, le
pero con la llena se vienen los troncos que se caí encima y lo pesqué de la comisa sacándo-
arrancan en los paredones, en los encharca- le un poco la cabeza al aire, entonces el yan-
dos o bien otros que se desgajan porque la que se me agarró como loco.
lluvia les va aflojando las raíces. -¡Memi!, ¡Memi! -le grité yo.
Seguíamos subiendo. A cada ratito cogía el Memi estaba gritando también a unos hule-
guacal para achicar, porque el bote tenía car- ros que venían cerca por allí en sus botes.
comida la punta y le entraba el chorro cada Memi estaba cogido de una rama y me es-
vez que dábamos el envión. taba echando el bote para donde estaba. Yo
-Va venir más agua, éhéee -me señaló tenía el pie metido en un gancho que me es-
Memi, para arriba que estaba subiendo un taba matando y apenas me sostenía el cuerpo
nubarrón. un tronco viejo.
-Mejor nos metemos en esos guabos -le dije. Memi me ladeó un poquito el bote, enton-
-Volate pues, duro -me dijo Memi, mientras ces me agarré de la mura, pero como era tan
refundía el canalete con fuerza. celoso el bote y le hicimos mucho peso, se
Así en un momentito nos metimos bajo las fue llenando el condenado y Memi se tiró al
ramas gachas de un guabo y yo me agarré de agua. Lo ví todavía cómo lo arrastraba la co-
una rama gruesa. rriente. El yanque pesaba una barbaridad, ya
En eso ya comenzó a caer la lluvia otra vez. estaba yo todo entumido, entonces me deses-
Se oían sonar duro las gotas sobre las hojas. peré, me entró el calambre, se me oscureció
Así estuvimos esperando un rato hasta que la vista y ya no supe.
arraló. Hasta que llegaron los huleros que había lla-
Volvimos a salir y seguimos dándole. Ya mado u gritos Memi y que me sacaron afuera
estábamos llegando a la punta del tablazo con el yanque que estaba como muerto. Yo
grande. Memi se paró y cogió la palanca para solo estaba aturdido con un dolor bárbaro en
girse empujando de los gamalotes. En cuanto el pie, pero el yanque estaba malo. Allí estu-
no más dimos vuelta divisamos los Javillos co- vieron los huleros haciéndole un poco de co-
pudos que quedan a la orilla de los Chingos. sas hasta que revesó.
Nos hicimos un poco afuera, pero volvimos Gerad Arthos, se llamaba el yanque, era
a orillarmos porque la corriente estaba bien uno de esos canaleros y mucho bebía.
fuerte y el río hasta que se veía pajita. Después de la desgracia que le pasó, la gente
Ya estábamos llegando a los Chingos. Yo del Puerto lo convencieron y entonces él se
cogí otra vez el guacal, cuando me quedé fijo bautizó.
viendo un bulto que se movía sobre el agua. El yanque no hallaba que hacer con noso-
En eso se ladeó el bote en la empujada y le tros.
grité a Memi. Eso fue como viernes, el lunes muy de ma-
-¡El yanque! ¡Ai ta el yanque! ¡Allá ehé! Yo ñana se fue para los Chiles y allí cogió un
avión.

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