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Hay que cambiar la mirada

No me gusta que se adhieran a lo que reconocemos como el momento actual


eclesial con la palabra “crisis”. Si bien es un término que encaja perfecto 1 para
aquello que muchos deseamos para la Iglesia católica, especialmente para los que
conforman la jerarquía, no me gusta ¿Por qué? Porque no estamos sufriendo
cambios profundos, aún, y no lo haremos hasta que cambiemos la mirada.
Últimamente se ha utilizado mucho la expresión “hay que poner la mirada en Cristo”
para responder a la pregunta ¿Cómo superamos la crisis? Sin embargo, y aunque
concuerdo en cierto sentido con esta expresión, hay que tenerle mucho cuidado.
Ahora bien, no hace un bien al mostrar desacuerdo sino se presenta una posibilidad
distinta, aun cuando sea muy abstracta. Me gustaría aventurarme en hacer eso,
dejar surgir a la libertad que Jesús de Nazaret, el Cristo, nos regaló.
No hay que seguir defendiendo a la Iglesia católica, simplemente no. Basta de
apología, basta de encubrimiento, basta de ocultamiento y secretismo “por el bien
de la fe”. El cristianismo es una religión de corazones, y en eso debemos
enfocarnos, no tanto en el punto y la coma, sino en el efecto final, en la construcción
del Reino. A veces pareciera que se nos olvida que para allá vamos y que para
aportar en su construcción es que transformamos nuestras vidas, o lo intentamos.
Esto es lo primero, dejar de defender lo indefendible pensando que la Iglesia es
Dios o que es pura. Todas y todos somos pecadores, eso no se nos puede olvidar.
Creo firmemente que hay que cambiar la mirada, sobre todo la de la jerarquía, no
poniendo el foco en “reparar” y arreglar los puntos y las comas del texto, sino en
convertir, transformar, desde el fondo, su contenido. No estamos en crisis, y no lo
estaremos mientras queramos arreglar y no convertir ¡Hay que confiar en el Espíritu
Santo! Aunque puede ser mal entendido, creo firmemente que lo que tenemos que
hacer, todos y todas, la Iglesia en su ser Pueblo de Dios y jerarquía, es poner la
mirada en el amor y no en el pecado. Dejar de buscar donde está lo malo, donde
están los errores, y preocuparnos de hacer las cosas mejor. En palabras más
concretas, no buscar crear más protocolos de abusos y reglas, no buscar poner más
trabas y cambiar los textos, sino convertir los corazones, volver a poner el foco en
Jesucristo, efectivamente. Pero, no solo como el Cristo en su condición de salvador
mesiánico, sino también, y sobre todo, en la vida de Jesús de Nazaret y su opción
preferencial por los pobres. Sí, Jesús llamó a los ricos y convivió con ellos, pero
siempre rompiendo con las estructuras de separación.
Creo que hay que cuestionar profundamente la estructura política de la Iglesia
católica, desde su orgánica estatal hasta su organización catequística misionera.

1
Crisis es definido por la Real Academia Española en su opción 1 como:
“Cambio profundo y de consecuencias importantes en un proceso o una situación, o en la manera
en que estos son apreciados”.
Para hoy ¿es lo mejor? Creo, la respuesta es clara: no. Aquí es donde entra la
importancia de poner la mirada en Jesucristo, ya que tenemos que volver a la
autenticidad del evangelio cuestionando nuestras costumbres y perspectivas. Basta
de que el cristianismo sea visto como una “restricción en la libertad” en la vida de
las personas, peor aún, que se viva así ¡Es gratuidad! La vida de conversión y de
entrega de todo cristiano no es para obtener el cielo, sino que es porque está lleno
o llena de gratuidad ¡Llenos y llenas de tanto bien recibido que solo queremos
compartir! ¿Cómo vamos a poder hacer eso si ni siquiera hemos logrado educación
gratuita y universal? ¿Podré yo dejar de tener alguna comodidad para que otro u
otra viva mejor?
En conclusión, necesitamos entrar en crisis, y el único camino para esto es
cuestionar desde lo más profundo cuánto estamos poniendo nuestra mirada en el
amor, en la vida apostólica ¡Señores de la jerarquía! Sus protocolos pueden estar
muy bien, pero no resuelven el problema. No resuelven el que la Iglesia católica
tenga más presencia en lugares acomodados que en donde viven los más
marginados. Creo que el origen del problema no es que los obispos tengan mucho
poder, o la sexualidad de los sacerdotes ¡Va mucho más allá! Es que nos
preocupamos más de que las mujeres no tengan acceso al sacerdocio y respetar la
“sucesión apostólica”, que del hambre en el mundo, la opresión a las mujeres y
comunidad LGTBQ+.
Hay que dejar la crisis de la Iglesia de lado para poner más la mirada en ser cada
día lo más parecidos a Jesús, el Cristo: dar por regalar, luchar por la libertad de los
corazones, el amor entre las personas y trabajar en la construcción del Reino. Los
invito a preguntarse ¿Por qué nació Jesús en Galilea y no en Jerusalén? Poner la
mirada en Cristo es un peligro, ya que es muy sencillo confundirse en ponerla en
uno mismo.
Francisco I ha avanzado mucho, pero aún queda mucho, mucho por avanzar. Y,
para lograrlo nosotros, los laicos, tenemos que ser los protagonistas. Para poder
cambiar la mirada tenemos que empoderarnos. Tú ¿Qué cambiarías en la Iglesia?
¿Por qué? Tú ¿Te haces responsable de tu vida espiritual? Tú ¿Vives el MAGIS?
Cuando me preguntan creo que la Iglesia Católica se va a acabar, siempre contesto
que no. Creo que la Iglesia jamás se va a terminar, pero definitivamente no va seguir
existiendo como lo hace actualmente. El Espíritu siempre la mantendrá viva, pero
de nosotros depende cómo.