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NOTA CRÍTICA/Essay

De la frontera nacional a la frontera pluricultural

From the National Border to the Multi-Cultural Border

Jorge Eduardo Brenna B.


Profesor de la Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco
Dirección electrónica: jbrenna@correo.xoc.uam.mx

La presente nota crítica pretende esta- tural; por ende, las fronteras más que
blecer los términos de una discusión, nunca son y deben ser consideradas
partiendo de la crisis del espacio na- como espacios pluriculturales que deman-
cional, para replantear la noción de dan políticas de gobierno mayormente
frontera en estados plurinacionales y democráticas y plurales; éste es el caso
en los estados que coexisten con és- de la frontera entre Estados Unidos y
tos. Ello supone encontrar respuestas México. La naturaleza del conflicto en
al problema de las identidades nacio- la frontera entre ambos países deman-
nales, construidas sobre la idea de na- da una refuncionalización de la lógi-
ción, que sirvieron eficazmente para ca, de las reglas y de los valores con
producir la integración simbólica de que los diferentes niveles de gobierno
los sujetos y, a partir de eso, lograr los afrontan los conflictos fronterizos para
consensos y la legitimidad requeridos transformarlos mediante un verdadero
para el funcionamiento político del diálogo y negociación.
Estado-nación. Las fronteras naciona-
les han dejado de ser fronteras econó- I
micas exclusivamente, y con la inercia
de la mundialización tendiente a una El llamado “estallido cultural”, al que
integración de espacios económicos se Octavio Paz (1985) se refería como “la
observa el estallido de la diferencia cul- sublevación de los particularismos”,1

1
Dice Octavio Paz en su libro Tiempo nublado: “Si una palabra define a estos años, esa palabra no es
Revolución sino Revuelta. Pero Revuelta no sólo en el sentido de disturbio o mudanza violenta de un
estado a otro sino también en el de un cambio que es regreso a los orígenes. Revuelta como Resurrección.
Casi todas las grandes conmociones sociales de los últimos años han sido resurrecciones. Entre ellas la
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se encuentra en el centro de las trans- las dimensiones de los conflictos, sin


formaciones de índole global que ca- dejar de reconocer que existen dispu-
racterizan a nuestro tiempo. Lo ante- tas abiertas que dividen y separan, pero
rior supone empezar a ubicarse en un que no impiden el logro de acuerdos
diagnóstico que permita entender la respecto de los reclamos respectivos
pluralidad de los órdenes políticos que de las partes. La necesidad de crear
de esto se derivan, y que, sin lugar a los mecanismos para una sociedad
dudas, ha venido a entorpecer la fallida reconciliada apela al diálogo y a la ne-
universalización del supuesto modelo gociación como espacio compartido
homogéneo de Occidente. susceptible de ser construido por la
El problema de nuestro tiempo voluntad política negociadora de los
es la creación y el sostenimiento de grupos particulares.
un orden político capaz de innovar Desafortunadamente, la lógica de
mecanismos que alojen creativa y po- la violencia en el nuevo siglo y en las
líticamente la multiplicidad identita- últimas décadas del xx es la de una gue-
ria en sus diversas e inciertas formas. rra total contra el enemigo, el totalmen-
La necesidad de espacios políticos en te otro –los antiguos griegos denomi-
donde las diferencias identitarias (de naban polemos a este tipo de violencia
intereses) se diriman a través del inter- contra el otro, el bárbaro de extraña
cambio y la negociación supone afinar apariencia y “lengua incomprensible”
los mecanismos de diálogo sin ocultar (Toscano, 1998).2 Aunque, paradójica-

más notable ha sido la del sentimiento religioso, generalmente asociados a movimientos nacionalistas:
el despertar del Islam, el fervor religioso en Rusia después de más de medio siglo de propaganda
antirreligiosa y la vuelta, entre las élites intelectuales de ese país a modos de pensar y a filosofías que
se creían desaparecidos con el zarismo[…]” Más adelante añade: “La resurrección de las tradiciones
nacionales y religiosas no es sino una manifestación más de lo que hay que llamar la venganza histórica
de los particularismos. Éste ha sido el verdadero tema de estos años y lo será en los tiempos venideros.
Negros, chicanos, vascos, bretones, irlandeses, valones, ucranianos, letones, lituanos, estonios, tártaros,
armenios, checos, croatas, católicos, mexicanos y polacos, budistas, tibetanos, chiítas de Irán e Irak,
judíos, palestinos, kurdos, una y otra vez asesinados, cristianos del Líbano, maharatas, tamiles, kmeres…
Cada uno de estos nombres designa una particularidad étnica, religiosa, cultural, lingüística, sexual.
Todas ellas son realidades irreductibles y que ninguna abstracción puede disolver. Vivimos la rebelión de las
excepciones, ya no sufridas como anomalías o infracciones a una supuesta regla universal, sino asumidas como una verdad
propia, como un destino. […] La pretendida universalidad de los sistemas elaborados en Occidente durante el siglo xix se
ha roto. Otro universalismo, plural, amanece”. Las cursivas son mías.
2
Los griegos antiguos tenían otro nombre (stasis) para un tipo diferente de conflicto. A diferencia de la
guerra total (polemos) contra el enemigo, consideraban un tipo de conflicto ejercido “entre grupos que
se reconocen recíprocamente como sujetos esencialmente afines pero que tienen una contraposición de
intereses cuya solución se encierra en una prueba de fuerza cruenta” (Toscano, 1998:40).
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mente, hoy el enemigo es literalmente man también sus derechos y libertades


el vecino de casa (recuérdese el caso de desde un punto de vista jurídico, a la
la ex Yugoslavia y las guerras derivadas vez que el reconocimiento y preserva-
de la fragmentación de los países de la ción de su propia identidad desde un
región de los Balcanes). A ese vecino punto de vista político (Brenna, 2006).
incómodo es al que se coloca en la mira Ante esa situación se hizo necesario
de nuestras fobias identitarias y al que replantearse el concepto de ciudadanía
se identifica como una amenaza para la desde nuevos contextos tanto particu-
supervivencia propia. Es a esta encar- lares como globales (Kymlicka, 1999).
nación negativa de la alteridad “al que, La integración social de una comunidad
o hay que alejar con la fuerza, o hay diferenciada no puede llevarse a cabo
que exterminar. Sin un resquicio para mediante la asimilación o la homologa-
el compromiso la coexistencia, la com- ción, sino mediante el reconocimiento,
pasión, el respeto de límites o reglas en la aceptación y la integración social de
el combate” (Toscano, 1998:40). todas las diferencias, sin posibilidad
En efecto, la tradición política li- de exclusión, marginación o inferiori-
beral fue creando la ficción de que los zación de alguna de ellas. Después de
“diferentes” se encontraban siempre este preámbulo, paso al tema de la cri-
situados “fuera” o en el exterior de sis del Estado nacional para reflexio-
una determinada organización política, nar en torno de las transformaciones
homogénea en su interior, esto es, el de las fronteras nacionales.
Estado-nación. Para el liberalismo y su
democracia el problema estalló cuando
se constató que los “diferentes” ya no II
se encuentran solamente “fuera”, sino
también “dentro” de la sociedad –su- El Estado nacional ha sido el producto
puestamente homogénea– debido a más típico de la modernidad y del capi-
diversas causas, tales como la emigra- talismo liberal-burgués en tanto esfera
ción laboral y económica o la emigra- de influencia de los mercados locales
ción política. La constatación de este frente al mercado mundial siempre
hecho ha implicado la puesta en prác- presente y espacio en el que se produ-
tica de una cierta diferenciación o frag- cían y se reproducían las identidades
mentación en el concepto tradicional correspondientes asumidas como iden-
de ciudadanía y el surgimiento de un tidades “nacionales”. Sin embargo, éstas
conflicto social, político y jurídico por se construyeron sobre las bases de un
cuanto los grupos diferenciados recla- criterio de mercado y control territorial,
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más que sobre la de uno o varios ras- más que de globalización, una reorga-
gos afines a las comunidades insertas nización del mundo a escala global, en
en las fronteras establecidas por los la que la geoeconomía supone nuevas
estados nacionales. Esto tuvo como configuraciones que han puesto fin a
consecuencia que un gran número de la idea de economía nacional “como la
particularismos culturales propios de base más pertinente y eficaz para or-
comunidades “minoritarias” tuvieran ganizar y administrar la producción y
que ser marginadas obligándoseles a distribución de la riqueza”. Para él, el
una integración económica, política papel que han desempeñado los esta-
y cultural en tanto se consolidaba el dos nacionales en el desarrollo capita-
aparato de Estado como un núcleo lista dista mucho de haber dejado de
monopolizador de la fuerza coactiva existir; por el contrario, la prolifera-
y legítima. Este proceso fue favore- ción de estados-nación después del de-
cido por una economía mundial que rrumbe del Muro de Berlín los ha he-
requería del Estado-nación como es- cho abundar en funciones nuevas.4 El
pacio de mercado y de poder dentro quid estriba, según Petrella, en que “[lo
de una economía-mundo articulada y nacional] sigue siendo uno de los nive-
funcional a los imperios económicos y les importantes pero no es ya el prin-
políticos. El siglo xx fue el siglo de la cipal nivel estratégico para los actores
expansión y crisis del Estado nacional; claves en el campo del desarrollo cien-
las dos guerras mundiales evidenciaron tífico, de la innovación tecnológica y
la caprichosa arbitrariedad de las fron- del crecimiento socioeconómico”. No
teras nacionales y de la fuerza de los es un macrocambio entre capitalismo/
imperios para moverlas a su antojo. poscapitalismo, sino el paso de la era
Autores como Ricardo Petrella de la riqueza de las naciones a la de la
(1997:44) hablan de “mundialización”3 riqueza mundial. O bien, como apunta

3
Dice Ricardo Petrella: “La mundialización se refiere a la multiplicidad de lazos e interconexiones que
existen entre los estados y las sociedades que construyen el actual sistema mundial. Describe el proceso
mediante el cual los acontecimientos, las decisiones y las actividades en una parte del mundo llegan a tener
consecuencias significativas para los individuos y comunidades de partes bastante distantes del globo”.
4
Rosenau (1990) habla del paso de la era nacional a la posnacional asociada con las circunstancias
específicas del sistema político internacional y al hecho de que “la estructura monocéntrica del poder de
los estados nacionales rivales ha sido sustituida por un reparto de poder policéntrico, que hace que una
gran pluralidad de actores transnacionales y nacionales-estatales compitan o, en su caso, cooperen, entre
sí”. Beck (1998) –quien menciona a Rosenau– cita a David Held, quien matiza la postura de Rosenau al
señalar que la pérdida de soberanía debe entenderse más como un “poder escindido” que es “percibido
como algo fraccionado por toda una serie de actores –nacionales, regionales e internacionales– y que se
encuentra limitado y maniatado precisamente por esta pluralidad inmanente”.
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Revelli (1997), la ruptura de la cadena gado de atributos considerados univer-


Territorio ➔ Estado ➔ Riqueza supone sales como la democracia, la igualdad
un viraje radical que pone en juego al política y jurídica, entre otros (Brenna,
mismo Estado-nación, a partir de una 2006:34).
desestructuración de la continuidad de ¿Qué aspectos esenciales mueven
la cadena que había sido base de lo po- a la globalización? ¿Por qué son con-
lítico en la modernidad. sideradas tendencias contradictorias
En palabras de Arrighi (1997), el la desintegración y la homogeneización?
resultado de tan compulsivo proceso Ambas tendencias muestran un doble
es la existencia de “semisoberanías” y juego funcional a este proceso, ya que
“cuasiEstados” como resultado de las una origina a la otra, muchas de las
tendencias a largo plazo del moderno veces. Y se plantea así, porque la tan
sistema mundial; dichos fenómenos aclamada búsqueda de la homogeneiza-
claramente se materializaron antes de ción, integración o unificación de regiones
la expansión financiera global de las en los planos económico, social y po-
décadas de 1970 y 1980. lítico (con lo que se persigue derribar
Actualmente, la centralidad del Es- fronteras de todo tipo en los entornos
tado nacional está fuertemente cues- más cercanos) tiene como fin estable-
tionada: los límites internacionales del cer relaciones duraderas a largo plazo
Estado son permeables a la globaliza- entre las diversas naciones.5 La reali-
ción de la producción, el comercio, la dad es que, por un lado, tal unificación
cultura, las finanzas, de lo cual resulta provoca que el mismo proceso de glo-
una pérdida de control de los estados balización tienda a crear espacios regio-
sobre sus destinos. La soberanía de nales más o menos unidos y homogé-
los estados está comprometida tam- neos –lo mismo que económicamente
bién por los cambios en los patrones más prósperos–, lo cual por lo regular
de alianzas y federaciones regionales. origina una correspondiente desintegra-
El concepto de nación y de Estado ción. Consecuencia lógica de la llamada
de derecho nacen al mismo tiempo “homogeneización” de sólo algunos
para dotar al individuo moderno de su países, ya que la formación de bloques
identidad colectiva, identidad en tanto o creación de espacios regionales –por
ciudadanos: como hombres libres e ejemplo, el Tratado de Libre Comercio
iguales en derechos. Es por ello que el de América del Norte– y la adopción
concepto de identidad está sobrecar- de políticas neoliberales, son partes

5
“la integración es una característica necesaria para el desarrollo del capitalismo”, véase Frambes-Buxeda
(1993).
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de un modelo que genera obstáculos para III


aquellos países que no cuentan con las
características que presupone esta in- Frontera nacional, espacios transfronterizos
tegración (es el caso de México en la
dinámica regional norteamericana), lo Hay una constante dualidad en la esencia
cual da lugar a desproporciones eco- misma de la frontera, una complejidad
nómicas así como a desintegraciones que responde a las historias contradic-
sociales.6 torias detrás de ellas: son una abstrac-
Se afirma que, en un primer mo- ción en el mapa y sin embargo son una
mento, la integración sería política y realidad concreta que toma formas di-
económica, a fin de poder generar las versas (Estado, región, imperio, cultura
condiciones institucionales para la expan- o civilización). Lo que sí es claro es que
sión del capital, mientras que la inte- las fronteras nacionales, como tales, han
gración social constituiría el proceso sido construidas como espacios sociales
de legitimación7 de las nuevas institu- con el fin de delimitar geopolíticamente
ciones, que de esta manera hacen de los estados nacionales.
la integración política la construcción En las fronteras se concretan los
de nuevas organizaciones que puedan esfuerzos por dar contenido cultural a
asegurar un marco jurídico ampliado las identidades nacionales; en éstas es
que proteja la propiedad privada y dónde se percibe cómo se construyen,
formalice, al mismo tiempo, las re- se legitiman y difunden los contenidos
laciones contractuales obligatorias, de estas identidades. En las fronteras
asegurando así una oferta adecuada se han ido construyendo espacios de
de mano de obra (Frambes-Buxe- exclusión/protección que marcan lo
da,1993:281). En este contexto vale nacional de lo extranjero. Mientras tan-
empezar a preguntarse en torno de lo to, el individuo que se desenvuelve en
que ha sucedido con la idea de frontera ese espacio “híbrido” lucha por adap-
nacional. tarse a un ámbito de supervivencia a
pesar de la posible hostilidad de los
que coexisten en el espacio fronteri-
zo hincado en lo nacional. De ahí que

6
Los procesos de integración tienen carácter regional y tienen la tendencia a desarrollarse más
completamente en aquellas regiones donde existan las condiciones económicas y políticas apropiadas,
véase Frambes-Buxeda (1993:281).
7
Weber (1984:54) plantea que “la legitimidad es la justificación del dominio que ejerce el Estado sobre
los hombres”.
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para entender los procesos que han cadas como foráneas en sus propios
acontecido en las fronteras nacionales territorios.
se tenga que trascender la cuestión de El desdibujamiento de la geome-
la identidad nacional (como dato de tría territorial, construida orgullosa-
origen) y haya que enfocarse al análi- mente por una civilización occidental
sis de los procesos sociales y cultura- racionalista y universalista, ha dejado
les que vertiginosamente suceden en al desnudo una geopolítica caótica que
ese espacio, lo que a final de cuentas busca conformar a toda costa ejes de po-
redunda en la comprensión de cómo der y de influencia que sobrepasan a los
se resignifican las propias identidades estados, como esqueleto de un orden
étnicas y culturales. mundial que no acierta a acomodar sus
Por otra parte, las fronteras nacio- piezas sin violencia. Las fronteras ac-
nales siempre han sido fronteras de tuales se yuxtaponen y atraviesan car-
exclusión, y lo siguen siendo aún en el gando consigo la herencia de toda una
paradigmático caso de la unificación historia nacional que daba cobertura,
europea bajo el Tratado de Maastricht. Se justificación y validez a los estados y
crea un mundo unificado pero se crean sus identidades (Badie y Smouts, 2000).
nuevas clasificaciones frente a las mino- Las fronteras se esfuman en Eu-
rías; nuevas marcas para una exclusión ropa pero se refuerzan en otras partes
vieja que se renueva; nuevas medidas para separar lo que siempre ha estado
proteccionistas, nuevas deportaciones unido o quiere estarlo a pesar de las di-
y nuevas medidas terroristas contra el ferencias culturales o de las visiones de
terrorismo (real o inventado); nuevos mundo. Se construye hoy día una cerca
sectores excluidos, siempre los del sur, electrónica de 350 kilómetros para se-
los inmigrantes procedentes del tercer parar Cisjordania de Israel y de Jerusa-
mundo, del este de Europa, la “gen- lén. Otro tanto está ocurriendo en la
te de color” y las mujeres. El Estado frontera México-Estados Unidos. Los
nación, como comunidad imaginada estados y las corporaciones se unifican
(Anderson, 1993), es más una cons- dejando a un lado los límites nacionales
trucción ideológica para clasificar, je- pero quieren seguir teniendo separa-
rarquizar y a la vez ocultar y negar la dos a los pueblos y a los individuos que
existencia de la alteridad cultural sobre ya han elegido sus vínculos culturales,
todo en el espacio de la frontera na- laborales, sus comunidades imaginadas
cional; y esto tanto en Europa como más allá de las fronteras nacionales.
en América, pues también América Es por ello que las nacionalidades se
Latina excluye a sus propias minorías despiertan violentamente dando lugar
marginalizadas, estigmatizadas y ubi- a una multiplicidad de microconflictos
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localizados. Fronteras más porosas que ción que acontece “más allá” de las
ayer; sin embargo infinitamente más fronteras nacionales sin que implique
numerosas que a principios del siglo una negación de la “nacionalidad” de
xix, cuando sólo algunos imperios se la que parte. Una transnacionalidad que
repartían las tierras habitadas. atañe a prácticas sociales fuera de las
Se puede hablar de regiones de fronte- fronteras nacionales que llevan la mar-
ras, entendidas como espacios intercul- ca de la nacionalidad. ¿Llegará el día en
turales, interétnicos e intersocietarios que las prácticas sociales en diversas re-
en los que hay un cruce dinámico y giones transfronterizas de una América
complejo de diversas territorialidades del Norte producto de una integración
y visiones del mundo. La resultante es de estados nacionales revelen al mismo
un espacio en el que se construyen y tiempo un carácter transnacional y se
recrean identidades y posiciones po- expliquen sólo por las prácticas socio-
líticas, mismas que se relacionan de culturales cotidianas de los habitantes
manera compleja y conflictiva según de esas regiones transfronterizas?
la dinámica sociocultural y política que El mejor ejemplo sería el de una
induzcan los actores sociales que las Europa que cada vez más se constituye
detentan. La idea de una “región trans- en un espacio transfrontera, nacido como
fronteriza” demarca una zona de inter- una reacción frente al riesgo de la uni-
cambios dinámicos a nivel de personas, formización del mundo y asumiendo
de valores, de símbolos y de mercancías necesariamente una postura de respeto
que llevan una huella identitaria (nacio- por la diversidad. La visión europea de
nal, regional, global); intercambios tan la integración regional ha tenido que
dinámicos que no forzosamente tien- renunciar a la tradición política de las
den a coincidir con las demarcaciones fronteras absolutas y las identidades
nacionales. Este espacio contiene fron- nacionales monolíticas causantes de
teras, aunque en los hechos las trascien- tantas guerras en su geografía. Hoy en
da (el norte de México y el sur de Es- día Europa se está haciendo a sí misma
tados Unidos, la región transfronteriza como una superposición de fronteras
del Caribe, la región andina, etcétera); en las que se revelan todas las histo-
y ello es relevante no sólo porque co- rias nacionales, todas las culturas y las
rresponden a diferentes entidades po- nuevas prácticas trasnacionales de cada
lítico-administrativas, sino porque ellas uno de los pueblos que la constituyen.
implican diversos órdenes societarios y Estas complejas relaciones entre
posiciones políticas en interacción. pueblos y sociedades nacionales en es-
Otra dimensión interesante a este pacios transfronterizos están detrás de
nivel es la transnacionalidad como situa- la geopolítica de los conflictos en esas
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regiones debido en gran medida a la Pero además es simbólica: une y separa


constante interacción entre grupos ét- a Estados Unidos del resto de América
nicos y los diferentes sectores que con- Latina, convirtiéndose además en La
forman las sociedades nacionales. Es- Meca a la que tratan de llegar los ol-
tos espacios han pasado a constituirse vidados de las políticas de los estados
en auténticos “escenarios de conflicto” nacionales latinoamericanos en busca
marcados por una intensa dinámica de del paraíso perdido (nunca vivido por
posicionamiento de sus actores so- cierto). Precisamente esa larga fron-
ciales que atienden a estrategias indi- tera (desde San Diego-Tijuana hasta
viduales o colectivas, espontáneas u Brownsville-Matamoros) es cruzada
organizadas ya sea para conservar o diariamente por casi cinco mil trabaja-
bien para transformar el conjunto de dores en condiciones legales o ilegales.
relaciones establecidas en esa zona Sin exagerar, a través del laberinto
de frontera. Aunque hay que decirlo, de las fronteras nuevas se plantea toda
estas regiones se han vuelto laborato- la cuestión del orden mundial. La rea-
rios sociales en lo que, a diferencia de lización de las identidades y su capaci-
las sociedades nacionales centrales, se dad para coexistir juntas en el seno de
genera un aprendizaje cotidiano para un mismo territorio, ya se trate de una
convivir con la diferencia, poniendo región, de un país o de un continen-
a prueba la capacidad de tolerancia de te, están condicionando la estabilidad
los actores sociales frente a la convi- mundial en tanto que ya se vive desde
vencia interétnica. hace décadas un clima de polarización
y choque de identidades de comunida-
des pluriculturales de origen aunque
IV monoculturales en valores.
Después de la histórica caída del
La frontera pluricultural: La frontera no se Muro de Berlín los intentos por repro-
crea ni se destruye… sólo se transforma ducir una lógica de guerra fría trans-
formando en enemigos a aquellos que
Las fronteras no desaparecen, se fle- tienen otra identidad viene a ser la au-
xibilizan y se hacen selectivas siempre téntica tercera guerra mundial de este
fieles a su función de exclusión, intro- siglo. La explosividad de ese intento
duciendo nuevas formas de desigual- de amalgamar a los otros calificándo-
dad. La frontera entre México y Esta- los y excluyéndolos, arrojándolos a la
dos Unidos es el mejor ejemplo: una de marginalidad social y política posee
las más largas y conflictivas del mundo. más kilotones que cualquier bomba
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nuclear. De ahí que sea necesario reen- ¿En qué sentido las fronteras nacionales se
focar bien las miras telescópicas hacia han transformado?
los verdaderos enemigos: la intoleran-
cia, la exclusión, el racismo, los odios Las fronteras ya no son sólo los esce-
nacionales, los fundamentalismos de narios en los que se disputan los va-
todo tipo (religiosos y políticos). Hay lores nacionales y se defiende la sobe-
que reconocer que se está acabando ranía. Hoy ocurren un sinnúmero de
y debe acabarse un mundo en el que fenómenos en ellas, transformaciones
sólo se escucha una sola voz. La paz de todo tipo: económicas, sociales, po-
de las fronteras pluriculturales no pue- líticas pero sobre todo culturales, mis-
de depender de una sola nación pues mas que trascienden los límites de las
ninguna puede garantizar el equilibrio dinámicas propias de los estados na-
mundial. cionales. La bidimensionalidad identitaria
Querer homogeneizar al mundo (nosotros y los otros) presente en toda
ha sido el sueño de Occidente, pero frontera nacional ha cedido su lugar a
también de otras civilizaciones a las una multidimensionalidad identitaria (di-
que se ha estigmatizado desde hace si- versos nosotros) detrás de una dinámica
glos con el paganismo y la otredad. Tal transfronteriza que constituye, crea y
pretensión es un auténtico delirio que recrea a las comunidades pluricultura-
lo único que ha provocado ha sido una les que se forman en las fronteras en
negación de las fronteras y las iden- un ambiente potencialmente conflicti-
tidades haciendo que, tras de su pre- vo. De ahí el reto de encontrar fórmu-
tendida desaparición, broten de nuevo las políticas democráticas y sobre todo
cargadas de más odio reproduciendo al configurar una cultura política fronteriza
infinito la diversidad sin posibilidad de para garantizar el diálogo y la nego-
negociar los espacios de convivencia; ciación de los espacios vitales para re-
con ello sólo se ha logrado potenciar la producir a las comunidades culturales
amenaza y la violencia de grupos que y garantizar la convivencia pacífica en
hacen del odio identitario la consigna estos espacios tan peculiares.
de todos los días que alimenta su vio- Entonces es importante avanzar
lenta militancia. Y ambas amenazas, las en la creación de nuevos enfoques
de los estados monolíticos violentos teóricos en torno de las fronteras con-
(negadores de la diversidad) y la de los cebidas como espacios de diversidad
grupos fundamentalistas alimentados étnica y sociocultural, pero sobre todo
por ésos, son ahora la verdadera ame- asumir de manera realista que estas re-
naza global. giones son zonas de conflictos en las
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que hay que transformar al enemigo distintas instancias de gobierno de los


identitario en el interlocutor, al menos, estados institucionalicen los conflictos
con el que se decide negociadamente de los espacios transfronterizos trans-
(creando en conjunto reglas y fórmulas formándolos, más que anulándolos.
democráticas) los pormenores de una La pluriculturalidad de la frontera
comunidad fronteriza que comparte un reclama una cultura del conflicto y una
destino común. cultura democrática nuevas para pro-
En el contexto de América del cesar la diversidad creciente. No hacer-
Norte se sabe bien que no hay políti- lo es estar abonando el terreno de una
cas de corto, mediano o largo plazos proliferación de microconflictos que,
que enfrenten los retos de unas fron- acumulados, pueden ser potencialmen-
teras evidentemente pluriculturales. te fuentes de inestabilidad y violencia
Existe una mirada precaria en torno de en las zonas fronterizas.
un destino común para el futuro de los Los otros, los diferentes no están
estados nacionales que componen esa afuera, se encuentran dentro de las
macroregión del norte; por ejemplo, a comunidades nacionales y responden
los reclamos soberanistas de Estados también a intereses y valores seme-
Unidos y México, que apelan a un na- jantes, pero también están conectados
cionalismo fuera de lugar (en especial con sus comunidades de origen. Es
después del 11 de septiembre de 2001), una dinámica de vaivén identitario que
habría que responder con una visión está caracterizando a los nuevos gru-
abierta en cuanto a las fronteras como la pos humanos orientados cada vez más
de la Unión Europea (Canadá y Esta- a los flujos migratorios que desata la
dos Unidos, de hecho, se han abierto globalización, en busca de horizontes
al libre tránsito de personas): una sola nuevos. Algunas veces huyendo del
frontera exterior y, al interior, fronteras hambre y la falta de oportunidades en
abiertas como voto de confianza entre el país de origen pero otras veces por
estados nacionales que se respetan re- una ambición de mundo que va más
cíprocamente, toleran sus diferencias allá de las necesidades materiales.
culturales –más intensas en las regio- Hay que producir más humanidad
nes fronterizas– pero, sobre todo, bus- y más humanismo (Savater, 1998),
can protegerse mutuamente a través de lo cual supone renunciar a la política
una política de seguridad común que de exclusión y discriminación que ha
no discrimina ni excluye a unos para caracterizado a las fronteras nacionales
sobreproteger a otros. El resultado durante el auge del Estado nacional,
puede ser muy positivo: la creación de y que ahora se actualiza con la
una plataforma democrática para que las ampliación de las fronteras. No es
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necesario producir más diversidad frutos, cooperativa y democráticamente.


sino sumar la diversidad existente en Aunque no se compartan las creencias,
torno de un proyecto colectivo de vida las fobias, las filias ni los fantasmas.
capaz de compartir el mundo y sus

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