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2 Abr 2016 - 9:28 PM

Por: Rodrigo Uprimny

¿Matrimonio igualitario o “apartheid”


legal?
La Corte Constitucional deberá definir si en Colombia hay matrimonio
igualitario, esto es, si las parejas del mismo sexo tienen el derecho a casarse
como lo tenemos las parejas heterosexuales; o si sólo pueden aspirar a
formalizar su unión y su familia con un contrato distinto, una especie de “unión
solemne”.

Esta discusión tiene una dimensión filosófica y otra más técnico-jurídica, pero
ambas apuntan en la misma dirección: la decisión correcta es admitir el
matrimonio igualitario.

La discusión técnica recae sobre el alcance de la Sentencia C-577 de 2011 y


tiene complejidades difíciles de resumir en una columna, por lo que preferí
abordarla con más detalles en una entrada en la Silla Vacía.
Esta columna se centra entonces en la dimensión filosófica y la conclusión es
clara: el matrimonio igualitario es un nuevo avance hacia una sociedad más
igualitaria y pluralista, pues todos tendríamos la posibilidad de casarnos, sin
importar la orientación sexual, con lo cual se eliminaría tal vez la última
discriminación legal existente contra gais y lesbianas. Esto sería además un
mensaje simbólico fuerte para la sociedad en general, pero en especial para las
nuevas generaciones, que tendrían claro que nuestro orden jurídico no admite
discriminaciones contra la población LGBT. Y la decisión es incluyente y no le
causa daño a nadie, pues no habría ninguna afectación a la libertad religiosa por
tratarse de un matrimonio igualitario civil. Las distintas iglesias podrían
reservar, conforme a sus creencias, el matrimonio religioso para parejas
heterosexuales, de la misma manera que hoy, en el catolicismo, el matrimonio
es indisoluble, aunque existe el divorcio para el matrimonio civil.
Por el contrario, negar el matrimonio igualitario sería consagrar
un apartheid por orientación sexual, que perpetuaría la discriminación contra
la población LGBT, pues habría dos regímenes separados: el matrimonio de
verdad para las parejas heterosexuales y el pseudomatrimonio, la unión
solemne, para las parejas del mismo sexo.
Quienes se oponen al matrimonio igualitario dicen que no habría tal
discriminación, pues la unión solemne otorgaría la misma protección jurídica
que el matrimonio. Pero esa tesis es inaceptable. Primero, porque hay ciertos
déficits de protección que la unión solemne no puede nunca corregir, ya que
dependen de las relaciones internacionales, como la posibilidad de obtener
permiso de residencia en ciertos países para el cónyuge, de la cual quedan
excluidas las parejas del mismo sexo por no poderse casar. Segundo, y tal vez
más importante, porque olvida la dimensión simbólica de la discriminación,
pues esa separación de regímenes sólo tiene un propósito: defender
simbólicamente la supremacía de las mayorías heterosexuales, como lo hizo en
su momento la segregación racial en Estados Unidos. Es en el fondo decirles a
las parejas del mismo sexo que hasta las toleramos, pero que no sean igualadas:
¿cómo se les ocurre aspirar al matrimonio?

* Investigador en Dejusticia y profesor de la Universidad Nacional.