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La arquitectura en la era de la globalización: topografía, morfología, sostenibilidad, materialidad, habitad y

forma cívica, 1905-2077


El sistema capitalista sufre una especie de mutación de su forma esencial, cuya culminación seria la completa capitalización de la
naturaleza. Los diversos elementos de la naturaleza (incluyendo la humana) están ellos mismos codificados como capital, es decir la
naturaleza es capital o mas bien, la naturaleza se concibe como imagen del capital.
Actualmente el ejercicio profesional de la arquitectura es tan global como local, como podemos juzgar a partir de los celebres
arquitectos internacionales que cada vez actúan mas en todo el mundo en respuesta directa al flujo de las inversiones de capital. El
efecto Bilbao es el que describe como se llego a este punto. A lo largo de la década de 1990, ciudades del ámbito provincial rivalizaban
unas con otras por tener un edificio proyectado por el arquitecto norteamericano Frank O. Gehry, en gran medida fruto de la
aclamación mediática concedida a su sensacional Museo Guggenheim, realizado en Bilbao en 1995. Durante la década que siguió a
este triunfo, el alcance de las celebridades arquitectónicas se amplio inconmensurablemente, y los arquitectos de firma viajaban por
todo el mundo con el fin de supervisar la realización de construcciones icónicas, separadas miles de kilómetros y en contextos
culturales y políticos totalmente diferentes. Creando en su época si, edificios icónicos donde las ciudades invertían para generar una
serie de benéficos económicos pero que a la vez condicionaban otros aspectos importantes, hasta llegar al punto de las “sociedades
del espectáculo” con las ciudades compitiendo por el dudoso honor de realizar el edificio más alto del mundo. Tales extravagancias
parecen cada vez mas irresistibles en capitales de todo el mundo desarrollado, las mega polis globales están cada vez mas inundadas
de gente empobrecida, particularmente en el tercer mundo. En este las ciudades con infraestructuras ya congestionadas siguen
haciéndose mas densas. Por otro lado, están las ciudades que continúan perdiendo población en sus centros urbanos al tiempo que
expanden constantemente su territorio suburbano con una dotación escasa o nula de transporte público.
Se ha de reconocer el impacto positivo del aumento de comunicación mediática en general, que parece haber provocado el efecto de
elevar el nivel general de la producción arquitectónica actual. Hoy en dio los arquitectos parecen valorar cada vez más su trabajo ante
un nivel global de sofisticación técnica y cultural en constante mejora.

Topografía y sostenibilidad juntas ejercen una influencia dominante no solo en el diseño paisajista y urbano, si no también en el campo
de la arquitectura en general.
Presentar la modificación territorial como la base de una nueva disciplina cultural es conceder un estatus compensatorio no solo al
arte del paisaje tal como se ha entendido tradicionalmente, sino también a la obra construida formulada como si fuese un paisaje en
sí mismo o, alternativamente, un objeto tan integrado en el terreno como para ser inseparable de la topografía circundante. En 2003
el arquitecto paisajista James Corner describía que cualquier ubicación se comenzó a considerarse parte del paisaje, ya sea natural o
artificial, el paisaje se convierte en sujeto de posibles transformaciones.
Es dentro de este panorama en expansión donde los arquitectos paisajistas han sido capaces de valorar su habilidad para concebir
proyectos que sean relevantes tanto en escala urbana como regional, además de valorar su capacidad paralela para lograr que unas
propuestas concebidas de tal amplitud se hagan realidad en periodos de tiempo relativamente cortos. Un ejemplo es proyecto del
arquitecto paisajista estadounidense Peter Walker en colaboración con los arquitectos Romaldo Giurgola, Ricardo Legorreta y Barton
Myers en el trazado de 324 ha para el campus IBM en Solana, Texas (1992).

Dentro de las estrategias en la topografía de la arquitectura contemporánea están buscar la transformación topográfica a gran escala
con intervenciones de diseño de emplazamientos paisajistas que sean capaces de integrar la nueva infraestructura en la topografía
existente por ejemplo el corte de una carretera mediante un erosionado paisaje de rocas como son las autoscapes de Bernard Lassus.
El reciclaje urbano y la recuperación del terreno, por ejemplo, la reutilización de plantas industriales obsoletas proyecto de Peter Latz
del parque Emscher en Alemania. Y por otro lado también las mega estructuras, los edificios grandes y complejos pueden plantearse
mediante su diseño arquitectónico como si fuesen extensiones naturales de la topografía en la que están situados y a su vez establecer
lugares identificables como es el ejemplo de Ricardo Legorreta con su Hotel Camino Real en Ixtapa (1981) haciendo uso de una forma
escalonada integrándolo al paisaje.

Lo morfológico emula la estructura de la forma biológica y botánica, la referencia morfológica primordial tiende a ser más natural que
cultural.
Un buen ejemplo de arquitectura morfológica contemporánea seria la terminal internacional del puerto de Yokohama (2002),
desarrollado sobre la case de una interacción topológica entre la modificación de terreno y la creación de una cubierta.
Lo que sitúa en una posición única es el modo en que un conjunto constantemente alabeado de cubiertas inclinadas, rampas y paseos
al aire libre se genera a partir de planos facetados que se bifurcan, sostenidos por una superestructura de entramado de acero
geométricamente coherente, proporciona no solo la precisa articulación espacial del interior, sino también el carácter fenomenológico
de la obra.
Pérez García Ma. Elena Octavo Semestre Grupo 4
Peter Buchanan en su estudio Ten shades of green, menciona que las practicas sostenibles van desde la optimización de la sombra, la
luz, la ventilación natural hasta el uso de fuentes renovables de energía natural; desde la eliminación de los residuos y la contaminación
hasta la reducción de la cantidad de energía incorporada en los propios materiales de construcción. El entorno construido alcanza un
40% del total del consumo energético en el mundo desarrollado. Gran parte de este uso despilfarrador se debe a la iluminación
artificial, que consume un 65% de nuestro consumo total de electricidad, con el aire acondicionado y los equipos informáticos en un
cercano segundo puesto.
Buchanan insiste en que todo edificio debería estar íntimamente integrado en su contexto, por lo tanto, se debe prestar más atención
a factores tales como el microclima, la topografía y la vegetación.
Un ejemplo de un edificio que sigue estos principios es el centro cultural Jean-Marie Tjibaou de Renzo Piano donde hizo un uso
monumental de madera para garantizar la durabilidad, el doble caparazón de cada estuche, da espaldas a los vientos dominante lo
cual hace que funciones como un filtro concéntrico de viento.

A lo largo de la historia de la arquitectura los edificios se han ido cargando de significado. Hoy en día ya no conocemos tales
significados, y su “lectura” consciente ha sido remplazada por una apreciación mas directa de la sensualidad de la superficie materiales,
tanto naturales como industriales. El material porta una parte importante del significado de la obra.
Mientras que el origen mineral sigue siendo apreciable en el ladrillo, el vidrio, el hormigón e incluso el metal, sin duda es innegable
que la piedra y la madera exhiben su estado original en la naturaleza misma que le confiere una sensibilidad que carecen otros
materiales de construcción.
Un factor adicional que ha transformado completamente el alcance de la expresión material hoy en día es la facilidad mucho mayor
con la que los materiales pueden transportarse por todo el mundo, desde su lugar de origen hasta el punto de su aplicación final, con
paradas intermedias para su elaboración intermedia. Como ocurrió en el Museum of Cotemporary Art de Los Ángeles, de Arata Isozaki
(1984), que se revistió con una piedra arenisca roja extraída en la India y cortada a maquina en Italia.

Nuestro fracaso en desarrollar un modelo sostenible y homeostático de asentamiento territorial residencial durante el pasado medio
siglo es el trafico corolario de muestra incapacidad para poner freno a nuestro apetito de consumir cualquier recurso posible
Aunque la aspiración a un modelo de vida de case media tienda cada vez mas a ser la norma, con independencia de la clase social. El
reto para los arquitectos es cómo crear una sensación de “hogar” sin recurrir al kitsch o abandonarse a una icnografía nostálgica que
no tenga relación con nuestro modo de vida contemporáneo.
El cambio mas importante que ha ocurrido durante las dos décadas pasadas es el planeado eclipse de vivienda subvencionada de
alquiler. Esto ha sido remplazado ahora, de modo más o menos universal, por el “mercado de la vivienda”, que no ha hecho mucho
por aliviar la crisis del alojamiento ni la proliferación de la dispersión urbana.
En aglomeraciones urbanas excepcionalmente densas, el tejido residencial de gran altura es prácticamente inevitable. Esto ocurre en
particular cuando el suelo es escaso.

El espacio de apariencia publica aun sigue siendo un ideal democrático tanto para la arquitectura como para la sociedad, en particular
en un tiempo en el que un modo de vida equilibrado esta cada vez mas socavado por la mercantilización tanto del mundo natural
como del artificial.
La manifestación de la sociedad civil en la forma construida es difícil de conseguir en un mundo mercantilizado de globalización
universal, en el que consumimos nuestras casas, muebles y coches como su fueran las “cosas buenas” de la naturaleza que se echarían
a perder.
Pese a la persistencia de instituciones publicas de pequeña escala, realizadas invariablemente como edificios exentos, un vacío
existencial separa esa continuidad de espacio infinito de la zona urbanizada y el ámbito aislado micro urbano tal como puede
encarnarse en un museo, un auditorio, una biblioteca o una escuela. Sin embargo, dentro de este variado espectro quedan una serie
de programas globales a gran escala que aún pueden seguir plasmándose como microesferas heterotópicas dentro de ese ámbito
urbano como las universidades, hospitales, instalaciones deportivas, etc.
Uno de los arquitectos con mas vitalidad cívica que se a dado a conocer en los últimos años es el brasileño Paulo Mendes de Rocha,
que, en 2006, a los 78 años de edad recibió el tan codiciado premio Pritzker de arquitectura. La obra de Mendes que mas muestra su
compromiso cívico es el centro de servicios públicos Poupatempo, levantando de lado la estación de metro Itaquera, en Sao Paulo en
1988. Para Medes de Rocha, el potencial sociocultural de la forma cívica es inseparable de su escala tectónica y de la generosidad
espacial, simbólica de su desarrollo programático. Para el, incluso la sala de estar de una vivienda particular ha de verse como un
espacio de apariencia pública.