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Para qué nos relacionamos: ¿comunicar o demandar?

Una vez un hombre sabio, que muchos conocemos, dijo “el ser humano es sociable por
naturaleza”, y tenía mucha razón al afirmarlo, después de todo relacionarse con otros es
innato y se podría decir que una necesidad para el ser humano, que permite el desarrollo
social como individual (Morales y Estévez, s.f). Para alcanzar dichas relaciones es
necesario transmitir un mensaje y que este sea acogido o mejor dicho comunicarnos, pero
¿qué es lo que realmente queremos lograr con esa comunicación?, acaso ¿establecemos
relaciones interpersonales para obtener amistades armoniosas, empáticas, basadas en el
respeto, genuinidad, proximidad, entre otras características fundamentales para su
establecimiento o existe un trasfondo en ello? Así en este escrito se hablará, desde una
perspectiva crítica, del propósito por el cual las personas buscan establecer relaciones y
emplean ciertas técnicas para “entablarlas”, como la comunicación por ejemplo.
Morales y Estévez consideran que el ser humano aprende a relacionarse defensivamente
cuando los otros son percibidos como amenazantes, en especial por la sociedad competitiva
en la que vivimos que nos lleva a sentir desconfianza y a desarrollar estrategias defensivas,
donde se definen las relaciones interpersonales como una relación de poder o competencia.
Este punto de vista lleva a pensar entonces que las creencias de ayudar al otro, ser
filántropo, escucharlo, e interesarse por sus problemas no son del todo ciertas. Realmente el
ser humano es egoísta y antes de interesarse o pensar en los demás, procura por satisfacer
sus necesidades, esto es alcanzar poder, prestigio, orgullo personal. “Tengo que procurar
de ser el mejor, ya que si no lo hago otro lo hará y por tanto yo no lo seré”. Lo que lleva a
considerar si realmente existe la colaboración (Morales y Estévez, s.f). Incluso cuando
hablamos o nos comunicamos con otras personas estamos en constante demanda, es decir,
demandamos ser escuchados, ser “reconocidos” (Dialéctica del amo y del esclavo, Hegel).
Si hablamos entonces de ser empático, una de las técnicas para establecer relaciones
interpersonales, en qué medida somos capaces de comprender la felicidad o la tristeza del
otro. Lo que me recuerda a un ejemplo del que se habló para esta clase, un padre se alegra
porque su hijo se graduó de la universidad y además tuvo una distinción por mejor
promedio de su carrera, y dice: “ese es mi hijo, que orgulloso estoy”. Muchos pueden
considerar este como un genuino ejemplo de empatía, después de todo quien más puede
sentir tanta felicidad por nosotros como nuestros padres, sin embargo, acaso el padre ¿no
podría sentirse feliz por el logro que el mismo consiguió? , después de todo el invirtió
tantos años en cuidar y educar a ese niño, entonces ese merito no es más que el fruto de su
trabajo, “él fue quien lo crió”. Alguna vez hemos escuchado decir a nuestros padres ese tipo
de frases, así como “todo los que tienes se debe a mí, lo que eres hoy es por mí”.
Así mismo cuando buscamos estrategias para obtener una mejor comunicación y
relación con otros, encontramos técnicas preestablecidas como la comunicación y escucha
activa, tomar cierta postura, escuchar con respeto, ser concreto, empático, próximos,
genuinos y si es necesario confrontar al otro. Todo como un manual de lo que debería o no
ser, pero que garantiza que verdaderamente yo esté escuchando al otro, yo puedo tomar una
postura atenta y estar pensando en la ropa que no he lavado en casa. Entonces el problema
está en la perspectiva o enfoque que tenemos sobre la comunicación, es decir, está este
“manual preestablecido”, pero se supone que deberíamos interesarnos en el otro porque de
verdad nos interesa, así de simple. Pero si somos seres egoístas con necesidades, entonces
¿quién escuchará?, resulta que puede haber personas con la necesidad de escuchar a otros,
ya que eso les genera satisfacción, al tal vez pensar “soy tan bueno”, o las críticas positivas
que recibirían de otras personas al hacerlo. ¿Existe entonces la comunicación verdadera?
Esta es una pregunta complicada, ya que cuando el autor habla de esta “verdadera
comunicación” hace referencia a un proceso de retroalimentación en el que se crea
información.
Estas situaciones en las que surge retroalimentación comunicativa son los verdaderos
fenómenos de comunicación: cuando se crea un traspaso de experiencia, o un aumento en la
información, que amplía el radio de contacto con el ambiente y con nuestro propio ser de
un modo agigantado (Universidad Complutense de Madrid. Cp: Comunicación y
retroalimentación). A pesar de considerar las intenciones de las personas al comunicarse, no
significa que no se cree y transmita información, no solo verbal, sino que hablamos de
libros, poesía, arte. Es una cuestión complicada, así que más bien se podría mirar desde la
intención del emisor y receptor, ambos dan y reciben mensajes para crear información
independientemente de sus intenciones o necesidades.
Pero entonces ¿por qué nos relacionamos, si como he dicho podemos llegar a ser muy
egoístas?, estoy muy a favor de lo planteado por Hegel, lo hacemos por necesidad porque
como bien se mencionó antes, necesitamos ser reconocidos, es decir necesitamos de alguien
que reconozca nuestras ideas, puntos de vistas, pensamientos, entendiendo reconocer como
distinguir, resaltar. El problema aquí, y por lo que se presenta todo de lo que he
argumentado, es que cuando estas dos mentes se encuentran, cada una con una mirada
distinta del mundo, surge la necesidad de ver cuál es la que tiene la razón sobre la otra, por
tanto genera competitividad y la relación amo-esclavo en la que tanto enfatiza Hegel.
En conclusión podemos considerar al ser humano como un ser social, por naturaleza o
bien por necesidad, que está en una constante posición defensiva frente a las, que él
considera, amenazas para su posición. Buscando satisfacer siempre sus propias necesidades
antes que las de los demás, no implicando esto que después de satisfacer las suyas, pueda
pasar a la de los otros, de aquí que se presente “la verdadera comunicación”. Así mismo al
basarse en la comunicación como método para establecer las relaciones interpersonales,
puede emplear técnicas que le ayuden a mejorarla, aunque no en el sentido común del que
normalmente se ven, como la escucha activa lo que implica escuchar con respeto, empatía,
tomar cierta postura, ser concreto, próximos, genuinos y confrontar. Buscando entonces
relacionarse con el propósito de establecer una demanda, ser reconocido, de allí la
necesidad y dependencia en la otra persona. Cabe resaltar que este es solo un punto crítico,
personal y distinto sobre las relaciones y la comunicación del que estamos acostumbrados,
principalmente para invitar a las personas a pensar de manera distinta y cuestionar las cosas
que ya están, a no quedarnos con lo que simplemente leemos sino ir más allá.