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Ramo: Filosofía

Docente: Andrés Sepúlveda

Alumna: Anita Carrillo Vargas

Curso: Pedagogía en educación parvularia, cotecapach, primer año.

Efectos de la violencia en los niños y en sus procesos de socialización.

Los efectos de la violencia en los niños y niñas son devastadores. Es por esto que nos
preguntamos ¿por qué aun a pesar de llamarnos sociedad civilizada, arrastramos la violencia,
por miles de millones de años? Los niños son considerados actualmente como un grupo
vulnerable dentro de nuestra sociedad, ya que son los más afectados en los círculos de
violencia que ocurren dentro de sus propias familias, por el sentido de pertenencia que los
padres ejercen sobre ellos. Para que un niño se convierta en un sujeto integral debe generar
desde sus primeros años relaciones de interacción con su entorno (familia, amigos, colegio
etc.) sanas, basadas en el respeto y la valoración mutua.

En primer lugar, la violencia es un fenómeno social que en el fondo lo que genera es un daño
en el otro; se arrastra desde la prehistoria y a pesar de que hoy en día nos llamamos sociedad
civilizada sigue tan presente como mucho antes de que se le denominara así. Es por eso es
que es necesario que hagamos un análisis de nuestra sociedad y también por qué no de
nosotros mismos, ya que socialmente se ha normalizado el concepto de violencia y por qué
no decirlo hasta se ha justificado.

En Chile, el 73,6% de los niños y niñas sufre violencia física o sicológica de


parte de sus padres o parientes. El 53,9% recibe castigos físicos y un 19,7%
violencia sicológica. Un 26,4% de los niños, niñas y adolescentes nunca ha
vivido situaciones de violencia por parte de sus padres. (Unicef, Maltrato
infantil en Chile, pag.1).

Estas cifras que nos muestra el estudio realizado por Unicef en Chile son alarmantes dan
cuenta que tres de cada cuatro niños ha sufrido algún tipo de violencia, esto repercute día a
día en sus patrones de comportamiento, en las relaciones que generan con otras personas y
sobre todo en la propia valoración (autoestima).

En segundo término, existen dos grandes agentes socializadores, los primarios y los
secundarios.

"La socialización primaria es la primera por la que el individuo atraviesa en


la niñez; por medio de ella se convierte en miembro de la sociedad. [...] Se
advierte a primera vista que la socialización primaria suele ser la más
importante para el individuo” (Berger y Luckmann, 1968:168)

Agentes socializadores primarios que se van dando de manera espontánea al interior de la


familia y con amigos; de esta manera los niños se van nutriendo de normas, costumbres y
patrones culturales; es por esto que son considerados los más importantes para los individuos.
Luego los secundarios en donde están fuertemente vinculados la escuela o grupos a los cuales
el niño pertenece; es en estos en donde se toma conciencia de la jerarquización de la sociedad.

Por último, los distintos tipos de violencia que sufren los niños afectan fuertemente sus
procesos de socialización ya que estos repetirán los patrones de conductas aprendidos o
incorporados desde que comienzan a tener conciencia del mundo que los rodeas y se
desenvolverán socialmente de acuerdo a lo aprendido. En muchas oportunidades he podido
observar lo que mencionaba anteriormente si un niño por ejemplo es agredido físicamente en
su hogar este al momento de resolver un conflicto lo hace agrediendo físicamente a sus pares.
Sin embargo, también he observado que, si un niño que es tratado con cariño y mostrándole
que esta conducta no es la apropiada, que los conflictos se resuelven a través del dialogo
también pueden modificar su patrón de comportamiento, esto requiere de constancia y de un
trabajo arduo.
Por tanto y de acuerdo a todo lo anteriormente mencionado se puede concluir que los
procesos de socialización se inician en la primera infancia y se van desarrollando a medida
que el ser humano va creciendo. Los efectos de la violencia en los niños y en sus procesos de
socialización son muchos como consecuencia encontramos niños ansiosos, con estrés, con
miedo, angustiados, con baja autoestima y bajo rendimiento escolar, etc. Es por esto que
surge la necesidad imperante de entregarles a nuestros niños y niñas espacios donde reine el
respeto, la confianza, y una convivencia bien tratante. También es necesario que
constantemente nos estemos autoanalizando y cuestionándonos para poder ver la realidad de
nuestros hijos, pero también la realidad en la que viven los demás niños, niños con los que
nos relacionamos a diario a través de nuestro trabajo en el aula; es la única forma de poder
entregarle las herramientas necesarias para que se formen como personas de bien y llevar a
cabo con éxito nuestro rol de formadoras de futuras generaciones.
Bibliografía

 Unicef, Maltrato infantil en Chile


 La construcción social de la realidad, Peter Burger y Thomas Luckmann.