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Planteamiento del problema

La corriente de pensamiento económico dominante defiende la agricultura empresarial


como la única capaz de responder a las exigencias de productividad, competitividad y
calidad propias de un mundo capitalista globalizado.
Alexander Schejtman (1994), expone que el progreso tecnológico a los pequeños
productores agrícolas es uno de los temas ineludibles para toda estrategia de
transformación productiva en el ámbito rural; implica de involucrar a la
agroindustria en la tarea de incorporar al progreso tecnológico a los pequeños
productores. Ésta es una opción válida para la gran empresa agrícola moderna, pero es
imposible que lo sea también para el sector de la agricultura familiar, para un conjunto dado
de precios relativos, además no tienen capacidad económica para poder invertir en
tecnología.
La FAO (2001), propone la agricultura contractual como una alternativa para poder
contribuir a incrementar los ingresos. Con esta propuesta el sector pequeño campesino
podría acceder a los servicios de extensión, la mecanización, el acceso a semillas,
fertilizantes y crédito, y con mercados garantizados y rentables para sus productos. Es en
esencia un acuerdo entre partes desiguales (entre el que tiene el capital y el campesino que
solo tiene su tierra), con más probabilidades de crearle endeudamiento que desarrollo al
pequeño campesino.
Ni la tecnificación como lo señala Schejtman, ni la agricultura por contrato que señala la
FAO, son alternativas para disminuir la pobreza y desigualdad prevaleciente en el campo, y
menos aún con el retiro de las medidas proteccionistas del Estado que en el anterior modelo
de crecimiento impulsaba o de alguna manera apoya a los pequeños productores y a los
campesinos. Así, en lugar de los agricultores mexicanos, las agroindustrias trasnacionales
inundan el país con alimentos e insumos importados desplazando o ignorando la
producción nacional y con ello sumiendo en condiciones de precariedad a los productores
al enfrentar precios reducidos para sus cultivos y una competencia desleal.
Bartra. Es en esta lucha, no excluyente, por la posesión de la tierra, donde se concentra el
actuar del movimiento campesino que Bartra considera dividido en tres frentes: 1)
pequeños y medianos productores, por mejores precios, condiciones de producción y
comercialización; 2) asalariados del campo, por jornales mayores y mejoras en las jornadas
de trabajo; 3) todos los oprimidos en contra del despotismo, la represión y la imposición.
Aunque, dicho sea de paso, la posesión de la tierra por sí misma no es una condición que
proporcione una solución de facto, creerlo así es caer en la tentación populista.

Pues en el supuesto de obtener la posesión de la tierra el campesino tendría necesariamente


que enfrentarse a obtener los bienes humanos, económicos, tecnológicos e insumos
necesarios para dar curso a la producción, teniendo que sopesar las condiciones del sector
al que recurran, ya sea el Estado o la banca privada.

Que en palabras del mismo Bartra: “[…] a diferencia del obrero industrial, el campesino asume que
los medios de producción debían estar en manos de los trabajadores y que estos mismos pueden
conducir la producción”.
Armando Bartra(2006), El capital en su laberinto. De la renta de la tierra a la renta de la vida,
México, uacm

La "Cuarta Transformación” de AMLO y el campo mexicano


La iniciativa de ley agraria presentada por Morena es una regresión, una amenaza para los
derechos de los pueblos, no reconoce la colectividad y facilita la penetración de los
capitales de inversión en los núcleos agrarios, como es el caso de las industrias extractivas,
los proyectos energéticos, la urbanización y los agronegocios, advirtió la Red Mexicana de
Afectados por la Minería (Rema).
Enciso, Angelica (5 de noviembre de 2018). La ley agraria propuesta por Monreal
facilita entrega de territorios al capital: Rema.
https://www.jornada.com.mx/2018/11/05/politica/015n1pol#