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Resumen

“La región en el contexto ambiental” de Joaquín Molano Barrero

Colombia no es un país tropical, ya que cuenta con una ubicación de latitud entre los 16° Norte y

4°de latitud Sur, por lo que el país se encuentra en la franja ecuatorial, donde se presentan

condiciones diferentes a la de las regiones tropicales. Para entender dichas condiciones, lo primero

es saber que Colombia está en la parte norte de Suramérica, frente a sectores insulares e ístmicos,

por lo que se generan las diferentes condiciones climáticas, biogeográficas y socio-históricas.

El país al estar ubicado sobre la franja de convergencia ecuatorial, que se cubre de poderosos

bancos de nubes, generando fuertes lluvias, zonas de elevada humedad relativa, y acorde a estas

condiciones se da la gran abundancia hídrica. Todos estos fenómenos se originan ya que sobre esta

franja se conforman densas coberturas de nubes originadas por la evaporación de los océanos y la

evapotranspiración de las selvas y sabanas, las cuales son impulsadas por los vientos que nacen en

la zona de alta presión tropical sobre los dos hemisferios.

Una de las más grandes diferencias que radica entre la zona tropical y la zona ecuatorial, es el

agua. Al comparar los paisajes de ambas zonas, se encuentra que, en el tropical, está dominado por

potentes vientos, cielos despejados, sabanas y desiertos; en cambio en las zonas ecuatoriales,

dominan las selvas, sabanas inundables, paramos humedecidos, cielos nublados donde la lluvia

nos define como hijos del agua.

Colombia es un país ecuatorial, por lo que sus características más importantes son la abundante

riqueza hídrica, abundante vida, una enorme riqueza natural, una de las mayores biodiversidades

culturales, paisajísticas y genéticas del mundo, y estas son las verdaderas características con las

que se identifica la zona ecuatorial.


Las cordilleras que atraviesan la mayor parte de Suramérica, son otra riqueza que comparten estos

países por lo que Colombia es hermano de seis países a través de la enorme cordillera andina

proveniente del fondo de los océanos, por lo que es correcto decir que Colombia también es un

país Andino. Por esta razón la geografía se debe estudiar desde una perspectiva crítica y no de

manera fragmentada y estrictamente limitada.

Hay tanta indiferencia frente a la herencia natural del país que en los libros de geografía las sabanas

aparecen como formaciones naturales, cuando su formación es de origen antrópico, pues antes de

las imparables talas, las sabanas y desiertos del norte del país en algún momento fueron selvas y

manglares. Las cordilleras en algún momento fueron forradas por selva, donde había la mayor

biodiversidad del país, los animales y sus nichos se daban en las mejores condiciones, se adaptaron

tan bien que en las glaciaciones migraban latitudinalmente, pero con el paso del tiempo gracias a

la actividad antrópica que acabo con dichas selvas, hoy en día se ven reflejadas dichas acciones en

la erosión de estos suelos, trayendo como consecuencias los deslizamientos de tierras y la aparición

de catástrofes urbanas y naturales.

En los llanos orientales también hubieron sabanas con extensos herbazales arbolados, y sabanas

atravesadas por selvas, pero con el paso del tiempo y la actividad antrópica, esto fue cambiando,

durante las glaciaciones las sabanas se convirtieron en desiertos y las selvas en sabanas , hasta que

el deshielo de los Andes inundaban los llanos, siendo así como la vida llanera se fue adaptando a

estas fases de sequía e inundación, dando lugar a especies acuáticas y terrestres que se adaptaron

a estas condiciones. Por último y no menos importante están los páramos, de los ecosistemas más

complejos, frágiles y biodiversos, que gracias a la acción del hombre, han sido quemados y talados

para explotación y agricultura en las alturas, afectando sus condiciones y una pérdida de su

extensión de casi la mitad.


Es así como se debe entender que el país, no es un país de bosques sino uno de las selvas, que

representan 15000 especies y cerca de 93000 individuos por hectárea, siendo la herencia del país

uno de los ecosistemas y paisajes más ricos en recursos naturales y culturales del mundo.

El hambre del supuesto desarrollo por parte de los gobiernos, acompañado de los intereses

multinacionales de las empresas que controlan el mercado mundial, han devastado las selvas con

intereses de patentar la vida y la cultura, reflejando como los seres sociales tienen la capacidad de

producir paisajes y generar construcciones espaciales, alterando su entorno, acompañado de la

erosión de la sociabilidad y la pérdida de la calidad de vida.

La devastación del paisaje llego a puntos extremos como en Villa de Leyva, que en su omento fue

una hermosa selva de cientos de especies de árboles como robles, sauces, cedros, y amarillos, entre

muchos más, que fueron talados hasta transformar la región en un emporio agrícola y ganadero, lo

cual provoco severas condiciones de aridez y erosión, tal como un desierto. Algo similar ocurrió

en el piedemonte llanero, que en algún momento era solo selva que llegaba hasta el río Meta y

después del continuaba, solo se encontraba roturada en pequeños lugares, y hoy en día ningún

llanero es consciente de que el lugar en donde habita algún día fuer una hermosa selva.

Los estudios y los análisis regionales actualmente son una verdad parcializada, pues se hacen desde

campos particulares, sin los necesarios contextos, convirtiéndose así en visiones sesgadas que van

a impedir la posibilidad de desarrollar una vida más equitativa y consiente del territorio sobre el

que se habita, impidiendo una calidad de vida y una preservación de la poca herencia de las selvas

y distintos ecosistemas que aún subsisten,

Natalia Valentina Cárdenas Sarmiento

Cod.2220248