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Introducción a los Fundamentos de la Música - Actividad I.

Alumno: Christian Cappurro.

Comisión: 27

Docentes: Esteban Sebastiani / Augusto Paladino.

Fecha de entrega: 12/03/2019.


La música universal.

Afirmo, a riesgo de equivocarme, que la música es un constructo humano, y


como tal, contamos con la capacidad de crear, recrear, dotar de significado y ubicar
en contexto cultural cada suceso musical, pero esto me despierta la siguiente
pregunta: ¿es universal la música? Desde la antigua Grecia, se ha puesto el ojo en
el Cielo debido a que la astronomía y la música se encontraban íntimamente
relacionadas. La música representaba la unión entre el mundo idealizado de las
matemáticas y el mundo físico de la experiencia, la “bisagra perceptible entre la
aritmética y la geometría”. Por este motivo se ha considerado el estudio de la música
en relación al Cosmos (una de las tantas variables), pero actualmente el motivo de
buscar más allá de nuestra especie alguna clave o conocimiento oculto, es otro. En
1977 fueron enviadas al sistema solar la Voyager 1 y la Voyager 2, dos sondas
espaciales que llevan en su interior un disco gramofónico de oro en el que se podrá
escuchar grandes obras musicales creadas por el ser humano. ¿Podrá este evento
darnos algún indicio de por qué resulta comprensible la sucesión de sonidos que
denominamos música? ¿Sería posible afirmar que nuestras complejas estructuras
de comprensión, estética y búsqueda de significado, de manera instintiva, o
adaptativa, funcionan y se decodifican también más allá de nuestra objetividad, en
especies de otro tipo? No tenemos conocimiento de otra raza en nuestro planeta
capaz de crear música voluntariamente. ¿Tendrán éstas especies del Cosmos las
mismas capacidades que nosotros de filtrar, ordenar y predecir patrones, incluso
gozar de la música, tal como lo hace nuestro cerebro? Que ciertas especies
pudiesen en teoría, reconocer o reproducir música, ¿colocaría a la música en una
especie de Ciencia Superior? Solemos dar por hecho que la música tiene un
significado, afirmando que entendemos de qué trata, nos hemos basado en
hipótesis de índole matemática (los griegos concluyeron que la belleza musical
debía emanar de la perfección misma de los números), y hasta hemos dado a
entender que cualquier civilización podría decodificarla. En mi opinión, esto va más
allá de los cálculos, ya que, al ser un constructo humano (como la inteligencia, la
personalidad y la creatividad), y no natural, no solo comprende a la matemática
como parte de su formación, sino que desemboca en una combinación de ciencia
(física, astronomía, y otras), lógica, emoción, fisiología, arte y un reconocimiento a
la especie humana como la única capaz de dotarla de significado (por el momento).
Esto desecha (en parte), la idea de que la música pueda ser algo universalmente
reconocible como tal, ya que las nombradas ciencias pasan a ser solo parte de este
constructo sociocultural.
Podemos remitirnos, en un sentido más amplio, a la armonía misma del
Universo; por ejemplo, en la antigua Grecia se denominaba “música universal” o
música de las Esferas, al sonido que emitían ciertos cuerpos celestes (un mito
pitagórico que luego sería refutado). Esto nos centra en la idea de que en teoría los
intervalos espaciales entre los cuerpos celestes se disponían de acuerdo con las
leyes y relaciones de la “armonía musical”. ¿Es suficiente afirmar que la idea de un
universo perfecto, regido por números y armónicos encuentra su justificación última
en nociones musicales? Kepler, astrónomo y matemático alemán, en su tratado
“Harmonices mundi” además de describir leyes astronómicas, asignó notas
musicales a cada planeta en función de su velocidad angular, basándose también
en la “música de las esferas”. Los planetas con una órbita más excéntrica abarcaban
un mayor rango sonoro. Venus, por ejemplo, adscrito casi a una circunferencia en
su recorrido alrededor del sol, entona siempre la misma nota. Además, Kepler
asignó voces a cada uno de ellos: desde Mercurio, la soprano, el planeta más
cercano al sol y, por tanto, el de mayor frecuencia (el más veloz), hasta los bajos:
Júpiter y Saturno (los más lentos y graves). Éstas teorías fueron descartadas luego
de descubrir que en el espacio hay vacío, y que no existe ningún medio por el que
puedan viajar las ondas sonoras, ni consonantes ni disonantes. Aristóteles expresó
“(1) Hay en efecto gente [los pitagóricos] que se figura que el movimiento de cuerpos
tan grandes [los planetas] debe producir necesariamente ruido. Admitiendo en
principio ésta hipótesis, y suponiendo que estos cuerpos, gracias a sus distancias
respectivas, están por sus velocidades en la misma proporción que las armonías,
estos filósofos llegan a pretender que la voz de los astros, que se mueven en
círculos, es armoniosa. Por ello, uno se cree autorizado a concluir que astros tan
numerosos e inmensos que aquellos que tienen este prodigioso movimiento de
traslación, no pueden andar sin hacer un ruido de una intensidad desmesurada.
Esta suposición, lo repito, es muy ingeniosa y muy poética; pero es absolutamente
imposible que sea así” Sin embargo éstas teorías, con un toque de misticismo, han
servido de inspiración en la creación de varias obras musicales de grandes artistas
como Vangelis, y Mike Oldfield (Music of the Spheres - Reino Unido - 17 de marzo de
2008). En su momento hemos afirmado con tanta vehemencia que el Cosmos tiene
ciertas configuraciones musicales, ¿podremos afirmar hoy en día con la misma
certeza que existen razas orbitando el sistema solar capaces de interpretar de la
misma manera sonidos que tal vez aún no hayamos descubierto? Hemos buscado
por debajo de las piedras, en los cielos, hasta en el sonido de nuestras entrañas,
patrones, mecanismos y sucesiones sonoras que nos den alguna explicación de si
éstas comparten rasgos universales, tal vez con el pulso de una estrella, o alguna
clase de nueva tecnología que aún no esté a nuestro alcance. Nuestra necesidad
de que todo encaje, armonice, sea elegante y comprensible, hace dar por sentado
de manera simplista que cualquier civilización en cualquier parte del Universo podrá
decodificar nuestra manera de comunicar mediante la música, pero aún nos
seguimos preguntando, ¿es universal la música? Tendremos que seguir esperando
respuestas desde algún recóndito lugar del espacio.

Citas: (1) (Aristóteles, “Tratado del Cielo”, II, cap. 9, 290).


Bibliografía: Phillip Ball “El Instinto Musical: Escuchar, pensar y vivir la música”.
Fuentes web:
“La música de las esferas – Carlos Mesa: https://www.carlosmesa.com/la-musica-
las-esferas/”
“La música de las esferas” : https://culturacientifica.com/2014/10/03/la-musica-de-
las-esferas/