Está en la página 1de 7

REPASO DE LA ESCUELA DEL MINISTERIO

TEOCRÁTICO

En la semana del 25 de octubre de 2010, el


superintendente de la Escuela del Ministerio
Teocrático dirigirá un repaso de veinte minutos
utilizando las preguntas que aparecen a
continuación. Dicho repaso se basará en las
asignaciones de las semanas del 6 de septiembre
al 25 de octubre de 2010.

1. ¿Qué lección aprendemos al examinar la vida


del rey Azarías (Uzías)? (2 Rey. 15:1-6.)

La prenda de la humildad nos ayuda a aceptar la


disciplina. Las personas humildes no son como el
rey Uzías de Judá, cuyo corazón se hizo tan altivo
que usurpó los deberes sacerdotales. ‘Actuó
infielmente contra Jehová y entró en el templo
para quemar incienso sobre el altar del incienso.’
Cuando Uzías se enfureció con los sacerdotes
porque estos lo corrigieron, fue herido de lepra.
¡Qué precio pagó por no ser humilde! (2 Crónicas
26:16-21; Proverbios 16:18.) Nunca sea como
Uzías permitiendo que el orgullo le impida
aceptar la disciplina que proviene de Dios
mediante Su Palabra y Su organización.

Proverbios 16:18 “El orgullo está antes de un


ruidoso estrellarse; y un espíritu altivo, antes del
tropiezo.”

2. Si Jotán solo gobernó dieciséis años, ¿por qué


se habla en 2 Reyes 15:30 del "año veinte" de su
reinado? (2 Cró. 27:7, 8.)

Puesto que Jotán solo gobernó dieciséis años, la


referencia que se hace en 2 Reyes 15:30 al “año
veinte de Jotán” parece que ha de entenderse
como una referencia al año vigésimo después de
llegar a ser rey, es decir, el año cuarto de Acaz.
Puede que el escritor de Reyes prefiriese no
introducir a Acaz, sucesor de Jotán, en este
punto del relato debido a que aún tenía detalles
que suministrar sobre el reinado de Jotán.

3. ¿Quiénes eran "los samaritanos" mencionados


en 2 Reyes 17:29?

El término “samaritanos” aparece por primera


vez en las Escrituras después de la conquista del
reino de diez tribus de Samaria, en el año 740 a.
E.C.; se aplicó a los que vivían en el reino
septentrional antes de esa conquista, para
distinguirlos de los extranjeros que más tarde
llegaron de otras partes del Imperio asirio. (2Re
17:29.) Parece ser que los asirios no deportaron a
todos los habitantes israelitas, pues el relato de 2
Crónicas 34:6-9 (compárese con 2Re 23:19, 20)
indica que durante el reinado de Josías todavía
había israelitas en esa zona. La palabra
“samaritanos” con el tiempo aplicó tanto a los
descendientes de los que quedaron en Samaria
como a los que llevaron los asirios. Por lo tanto,
algunos sin duda nacieron de matrimonios
mixtos. Mucho tiempo después, el nombre
“samaritano” adquirió una connotación más
religiosa que racial o política. Un “samaritano”
era alguien que pertenecía a la secta religiosa que
floreció en las inmediaciones de las antiguas
Siquem y Samaria, y que se adhería a ciertas
doctrinas inconfundiblemente diferentes a las del
judaísmo. (Jn 4:9.)

4. ¿Por qué se dice que Jehová ha "formado" su


propósito? (2 Rey. 19:25.)

El hecho de que Jehová sea un Dios de propósito


es fundamental para entender la cuestión de su
influencia en los asuntos humanos. Este hecho
está implícito en su mismo nombre. Jehová
significa “Él Hace que Llegue a Ser”. Mediante
una actuación progresiva, Jehová se convierte en
el Cumplidor de todas sus promesas. Por ello, se
dice que Jehová ‘forma’ o moldea su propósito en
lo que respecta a acciones o sucesos futuros (2
Reyes 19:25; Isaías 46:11). Este término procede
de la palabra hebrea ya·tsár, relacionada con otra
que significa “alfarero” (Jeremías 18:4). Tal como
un hábil alfarero puede dar forma a un pedazo de
barro y convertirlo en una hermosa vasija,
Jehová puede formar, o maniobrar, los asuntos
para llevar a cabo su voluntad (Efesios 1:11).

Efesios 1:11 “en unión con el cual a nosotros


también se nos asignó como herederos, por
cuanto fuimos predeterminados según el
propósito de aquel que opera todas las cosas
conforme a la manera como su voluntad
aconseja,”
5. ¿Por qué decimos que 2 Reyes 25:8, 25, 26
señala con exactitud el comienzo de los setenta
años que Jerusalén permanecería desolada?

Finalmente, Jerusalén cayó ante Nabucodonosor


en 607 a. E.C., después de un sitio de dieciocho
meses. (2Re 25:1-4.) En esta ocasión se sacó de la
ciudad a la mayor parte de sus habitantes. A
algunos de los de condición humilde se les
permitió permanecer “como viñadores y
trabajadores bajo obligación”, con Guedalías
como gobernador en Mizpá. (Jer 52:16; 40:7-10;
2Re 25:22.) Los babilonios se llevaron cautivos,
entre otros, a “algunos de los de condición
humilde del pueblo y a los demás del pueblo que
quedaban en la ciudad y a los desertores [...] y a
los demás de los obreros maestros”. La expresión
“que quedaban en la ciudad” parece dar a
entender que muchos habían perecido debido al
hambre, la enfermedad o el fuego, o que habían
muerto en la guerra. (Jer 52:15; 2Re 25:11.) A los
hijos de Sedequías, los príncipes de Judá, los
oficiales de la corte, ciertos sacerdotes y muchos
otros ciudadanos importantes se les ejecutó por
orden del rey de Babilonia. (2Re 25:7, 18-21; Jer
52:10, 24-27.) Esto explicaría el número tan
reducido de exiliados, ya que el total indicado
ascendía únicamente a 832, probablemente los
cabezas de sus casas, sin contar ni a sus esposas
ni a sus hijos. (Jer 52:29.)

Unos dos meses más tarde, después del asesinato


de Guedalías, el resto de los judíos que quedaban
en Judá huyeron a Egipto, y se llevaron consigo a
Jeremías y Baruc. (2Re 25:8-12, 25, 26; Jer 43:5-
7.) Es posible que algunos de los judíos también
huyeran a otras naciones cercanas.
Probablemente fue de entre estas naciones de
donde Nabucodonosor se llevó a 745 cautivos,
cabezas de sus casas, cinco años más tarde,
cuando Jehová le usó como garrote simbólico
para hacer pedazos a las naciones que lindaban
con Judá. (Jer 51:20; 52:30.) Josefo dice que
cinco años después de la caída de Jerusalén,
Nabucodonosor invadió Ammón y Moab, y luego
prosiguió hacia el S. y se vengó de Egipto.
(Antigüedades Judías, libro X, cap. IX, sec. 7.)

Jerusalén no sufrió la misma suerte que otras


ciudades conquistadas, como, por ejemplo,
Samaria, habitada de nuevo con cautivos
procedentes de otras partes del Imperio asirio. A
diferencia de la política habitual de los babilonios
para con las ciudades que conquistaban,
Jerusalén y sus alrededores fueron despoblados
de habitantes y quedaron desolados, como
Jehová había predicho. Algunos críticos de la
Biblia ponen en duda el que la tierra de Judá, en
un tiempo próspera, se convirtiese de repente en
“un yermo desolado, sin habitante”, pero no hay
pruebas históricas ni registros de este período
que prueben lo contrario. (Jer 9:11; 32:43.) El
arqueólogo G. Ernest Wright escribe: “La
violencia que se abatió sobre Judá queda
atestiguada [...] por los testimonios
arqueológicos de que diversas ciudades fueron
quedando una tras otra deshabitadas en esta
época. Algunas no volverían a ser ocupadas
nunca de nuevo”. (Arqueología bíblica, 1975,
págs. 261, 262.) W. F. Albright concuerda con
esta misma idea: “No conocemos ni un solo caso
de que una ciudad de la Judea [Judá]
propiamente dicha estuviera ocupada sin
interrupción durante todo el período exílico”.
(Arqueología de Palestina, 1962, pág. 144.)

6. ¿Por qué dice 1 Samuel 16:10, 11 que David era


el octavo hijo de Jesé, cuando Esdras indica que
era el séptimo? (1 Cró. 2:15.)

Después de que el rey Saúl del antiguo Israel


rechazó la adoración pura, Jehová Dios envió al
profeta Samuel para que ungiera rey a uno de los
hijos de Jesé. El pasaje bíblico que narra este
acontecimiento histórico, escrito por el propio
Samuel en el siglo XI a.E.C., indica que David era
el octavo hijo de Jesé (1 Samuel 16:10-13). Por
otra parte, el relato que escribió el sacerdote
Esdras seiscientos años más tarde dice: “Jesé, a
su vez, llegó a ser padre de su primogénito Eliab,
y de Abinadab el segundo, y Simeá el tercero,
Netanel el cuarto, Radai el quinto, Ozem el sexto,
David el séptimo” (1 Crónicas 2:13-15). ¿Qué le
sucedió a uno de los hermanos de David, y por
qué omite Esdras su nombre?

La Biblia deja claro que Jesé “tenía ocho hijos” (1


Samuel 17:12). Seguramente uno de ellos murió
antes de casarse y ser padre. Al no dejar
descendientes, no tendría parte en la herencia
tribal ni afectaría a los registros genealógicos del
linaje de Jesé.
Ahora trasladémonos al tiempo de Esdras.
Pensemos en el ambiente en el que recabó toda la
información para escribir las Crónicas. El
destierro de Babilonia había terminado hacía casi
setenta y siete años, y los judíos habían vuelto a
establecerse en su territorio. El rey de Persia
había autorizado a Esdras para que nombrara
jueces y maestros de la Ley de Dios y para que
hermoseara la casa de Jehová. Se precisaban
listas genealógicas exactas a fin de confirmar las
herencias tribales y asegurarse de que solo
llegaran a ser sacerdotes los que estaban
acreditados. De modo que Esdras preparó un
relato completo de la historia nacional, en el que
estaba incluido un registro claro y fiable del
linaje de Judá y de David. El nombre del hijo de
Jesé que murió sin descendientes sería
irrelevante, y por eso lo omitió.

7. ¿Cómo podemos imitar el ejemplo de los


antiguos galaaditas? (1 Cró. 5:10, 18-22.)

En los días del rey Saúl, las tribus que moraban


al este del Jordán derrotaron a los hagritas,
aunque el número de estos era más del doble.
Aquellos hombres valerosos obtuvieron la
victoria porque confiaron en Jehová y clamaron a
él por ayuda. De igual manera, confiemos
totalmente en Jehová en la guerra espiritual que
sostenemos con enemigos temibles (Efesios 6:10-
17).

Efesios 6:10-17 “Finalmente, sigan adquiriendo


poder en [el] Señor y en la potencia de su fuerza.
Pónganse la armadura completa que proviene de
Dios para que puedan estar firmes contra las
maquinaciones del Diablo; porque tenemos una
lucha, no contra sangre y carne, sino contra los
gobiernos, contra las autoridades, contra los
gobernantes mundiales de esta oscuridad, contra
las fuerzas espirituales inicuas en los lugares
celestiales. Por esta causa tomen la armadura
completa que proviene de Dios, para que puedan
resistir en el día inicuo y, después de haber hecho
todas las cosas cabalmente, estar firmes. Estén
firmes, por lo tanto, teniendo los lomos ceñidos
con la verdad, y teniendo puesta la coraza de la
justicia, y teniendo calzados los pies con el
equipo de las buenas nuevas de la paz. Sobre
todo, tomen el escudo grande de la fe, con el cual
podrán apagar todos los proyectiles encendidos
del inicuo. También, acepten el yelmo de la
salvación, y la espada del espíritu, es decir, la
palabra de Dios,”

8. ¿Qué podemos aprender de los porteros


levitas? (1 Cró. 9:26, 27.)

Los porteros levitas ocupaban un puesto de gran


confianza, pues tenían a su cargo las llaves de los
recintos sagrados del templo. Demostraron ser
responsables en sus funciones al abrir las puertas
todos los días. A nosotros se nos ha
encomendado ayudar a las personas de nuestro
territorio para que vengan a adorar a Jehová.
¿No deberíamos, pues, realizar esta comisión con
la misma responsabilidad que demostraron los
porteros levitas?

9. ¿Cuánta importancia se daba al canto en el


antiguo Israel? (1 Cró. 9:33.)

El canto en el templo recibía una importancia


considerable. Prueba de ello son las muchas
referencias bíblicas a los cantores, así como el
hecho de que se les “dejó libres de deberes”
comunes a los demás levitas con el fin de que
pudieran dedicarse por completo a su servicio.
(1Cr 9:33.) Estos cantores continuaron como un
grupo especial de levitas, pues se les registra por
separado dentro del grupo de los que volvieron
de Babilonia. (Esd 2:40, 41.) Incluso el rey persa
Artajerjes Longimano los favoreció,
dispensándolos de ‘impuesto, tributo y peaje’, al
igual que a otros grupos especiales. (Esd 7:24.)
Más tarde, el rey mandó que hubiera “una
provisión fija para los cantores según lo que cada
día requería”. Aunque esta orden se atribuye a
Artajerjes, lo más probable es que la decretara
Esdras en virtud del poder que el rey le delegó.
(Ne 11:23; Esd 7:18-26.) Estos hechos ayudan a
entender por qué aunque todos los cantores eran
levitas, la Biblia se refiere a ellos como un grupo
especial: “los cantores y los levitas”. (Ne 7:1;
13:10.)

10. ¿Por qué estuvo mal la reacción de David


descrita en 1 Crónicas 13:11?

En vez de enojarnos con Jehová y culparlo por


nuestros fracasos, debemos analizar la situación
para determinar la verdadera causa. Con
seguridad eso fue lo que hizo David. Aprendió de
su error y más tarde llevó el Arca a Jerusalén sin
contratiempos utilizando el medio adecuado.