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Autobiografia?
Carta a Adolfo Casais Monteiro

Apartado Postal 147

Lisboa, 13 de Enero de 1935

Mi apreciado Camarada:

Agradezco mucho su carta, la que voy a responder inmediata e integralmente. Andes de, propiamente, comenzar, quiero pedirle
disculpas de escribirle en este papel de copia. Se me acabó el decente, es Domingo, y no puedo conseguir otro. Pero más vale, creo, el
mal papel que la prórroga.

En primer lugar, quiero decirle que yo nunca vería «otras razones» en cualquier cosa que escribiera, discordando, a mi respecto.
Soy uno de los pocos poetas portugueses que no decretaron su propia infalibilidad, ni toman ninguna crítica que se les haga, como un
acto de lesa-divinidad. Más allá de eso, cualquieras que sean mis defectos mentales, es nula en mí la tendencia para la manía de la
persecusión. Aparte de eso, conozco ya suficientemente su independencia mental, que, se me es permitido decirlo, mucho lo apruebo y
alabo. Nunca me propuse ser Maestro o Maestro en Jefe, porque no sé enseñar, ni sé si tendría qué enseñar; Jefe, porque ni sé romper
huevos. No se preocupe, pues, en cualquier ocasión, con lo que tenga que decir a mi respecto. No busco excavar en los andares nobles.

Concuerdo absolutamente consigo en que no fue feliz la estrella, que de mi mismo hice con un libro de la naturaleza del
«Mensagem», Soy, de facto, un nacionalista místico, un sebastianista racional. Pero soy, aparte de eso, y hasta en contradicción con
eso, muchas otras cosas. Y esas cosas por la misma naturaleza del libro, el «Mensagem» no las incluí.

Comencé por ese libro mis publicaciones por la simple razón de que fue el primer libro que conseguí, no sé porqué, tener
organizado y listo. Como estaba pronto, incitáronme a que lo publicara: accedí. Ni lo hice, debo decir, con los ojos puestos en el
posible premio del Secretariado, enhorabuena en eso no hubiera pecado intelectual mayor. Mi libro estaba listo en Septiembre, y yo

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juzgaba, hasta, que no podría concurrir al premio, pues ignoraba que el plazo para la entrega de los libros, que primitívamente fuera
hasta fin de Julio, fuese alargado hasta el fin de Octubre. Como, pese a todo, a fin de Octubre ya había ejemplares listos del
«Mensagem», hice entrega de los que el Secretariado exigía. El libro estaba exactamente en las condiciones (nacionalismo) de
concurrir. Concurrí.

Cuando a veces pensaba en la orden de una futura publicación de obras mías, nunca un libro del género de «Mensagem»
figuraba en número uno. Tituveaba entre si debía comenzar por un libro de versos grande - un libro de unas 350 páginas -, englobando
las varias sub-personalidades de Fernando Pessoa él mismo, o si debería abrir con una novela policial, que todavía no conseguí
completar.

Concuerdo consigo, dije, en que no fue feliz la estrella, que de mi mismo hice, con la publicación de «Mensagem». Pero
concuerdo con los actos que fue la mejor estrella que hubiera podido hacer. Precisamente porque esa faceta - en cierto modo secundaria
- de mi personalidad no había sido nunca suficientemente manifestada en mis colaboraciones en revistas (excepto en el caso del Mar
Português, parte de este mismo libro) - precisamente por eso convine que ella apareciese, y que apareciera ahora. Coincidió, sin que yo
lo planease o premeditase (soy incapaz de premeditación práctica), con uno de los momentos críticos (en el sentido original de la
palabra) de la remodelación del subconsciente nacional. El que hice por si acaso y se completó por conversación, fuera exactamente
tallado, con Escuadra y Compás, por el Gran Arquitecto.

(Interrumpo. No estoy ni dolido ni borracho. Estoy, pese a todo, escribiendo directamante, tan deprisa cuanto la máquina me lo
permite, y voy sirviéndome de las expresiones que me ocurren, sin mirar que la literatura esté en ellas. Suponga - y hará bien en
suponer, porque es verdad - que estoy simplemente hablando consigo.)

Respondo ahora directamente a sus tres preguntas: (1) plano futuro de la publicación de mis obras, (2) génesis de mis
pseudónimos, y (3) ocultismo.

Hecha, en las condiciones que le indiqué, la publicación del «Mensagem», que es una manifestación unilateral, intento
continuar de la siguiente manera. Estoy ahora completando una versión enteramente remodelada del Barqueiro Anarquista; esa debe
estar lista en breve y cuento, desde que estuviera lista, publicarla inmediatamente. Si así hiciera, traduciría inmediatamente ese escrito
para el inglés, y voy a ver si lo puedo publicar en Inglaterra. Tal cual debe quedar, tiene pobabilidades europeas. (No tome esta frase en
el sentido de Premio Nóbel inherente.) Después - y ahora respondo propiamente a su pregunta, que se reporta a poesía - intento, durante
el verano, reunir el tal grande volumen de los poemas pequeños de Fernando Pessoa él mismo, y ver si lo configo publicar en fin del
año en que estamos. Será ese el volumen que Casais Monteiro espera, y es ese que yo mismo deseo que se haga. Ese, entonces, será

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todas las facetas, excepto la nacionalista, que «Mensagem» ya manifestó.

Me referí, como vió, a Fernando Pessoa solamente. No pienso nada de Caeiro, de Ricardo Reis o de Álvaro de Campos. Nada
de eso podré hacer, en el sentido de publicar, excepto cuando (ver más encima) me fuera dado el Premio Nóbel. Y con todo - lo pienso
con tristeza - puse en Caeiro todo mi poder de despersonalización dramática, puse en Ricardo Reis toda mi disciplina mental, vestida de
la música que le es propia, puse en Álvaro de Campos toda la emoción que no doy mi a mí ni a la vida. Pensar, mi querido Casais
Monteiro, que todos estos tienen que ser, en la práctica de la publicación, preteridos por Fernando Pessoa, ¡impuro y simple!

Creo que respondí a su primera pregunta.

Si fui omiso, diga en qué. Si puedo responder, responderé. Más planes no tengo, por ahora. Y, sabiendo lo que son y en que dan
a mis planes, es caso para decir, ¡Gracias a Dios!

Paso ahora a responde a su pregunta sobre el génesis de mis pseudónimos. Voy a ver si consigo responderle completamente.

Comienzo por la parte psiquiátrica. El origen de mis pseudónimos es el hondo trazo de histeria que existe en mí. No sé si soy
simplemente histérico, si soy, más propiamente, un hísteroneurastémico. Tiendo para esa segunda hipótesis, porque hay en mí
fenómenos de apatía que la histeria, propiamente dicha, no encuadra en el registro de sus síntomas. Sea como fuere, el origen natural de
mis pseudónimos está en mi tendencia orgánica y constante para la despersonalización y para la simulación. Estos fenómenos -
felizmente para mí y para los otros - mentalizáronse en mí; quiero decir, no se manifestan en mi vida práctica, exterior y de contacto
con otros; hacen explosión para dentro y los vivo yo a solas conmigo. Si yo fuera mujer - en la mujer los fenómenos histéricos rompen
en ataques y cosas parecidas - cada poema de Álvaro de Campos (el más histericamente histérico de mí) sería una alarma para la
vecindad. Pero soy hombre - y en los hombres la histéria asume principalmente aspectos mentales; asi todo, acaba en silencio y
poesía...

Esto explica, tant(sic) bien que mal, el origen orgánico de mis pseudónimos. Voy ahora a hacerle la historia directa de mis
pseudónimos. Comienzo por aquellos que murieran, y de algunos de los cuales ya no me acuerdo - los que yacen perdidos en el pasado
remoto de mi infancia casi olvidada.

Desde niño tuve la tendencia de crear en torno a mí un mundo ficticio, de cercarme de amigos y conocidos que nunca
existieron. (no sé, bien entendido, si realmente no existieron, o si soy yo que no existo. En estas cosas, como en todas, no debemos ser
dogmáticos.) Desde que me conozco como siendo aquello a lo que llamo yo, me acuerdo de precisar mentalmente, en figura,

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movimientos, carácter e historia, varias figuras ireales que eran para mí tan visibles y mias como las cosas de aquello a lo que
llamamos, por ventura abusivamente, la vida real. Esta tendencia, que me viene desde que me acuerdo de ser un yo, me ha acompañado
siempre, mudando un poco el tipo de música en que me encanta, pero no alterando nunca su manera de encantar.

Recuerdo, así, lo que me parece haber sido mi primer pseudónimo, o, antes, mi primer conocido inexistente - un cierto
Chevalier de Pas de mis seis años, por quien escribía cartas a mí mismo, y cuya figura, no enteramente vaga, todavía conquista aquella
parte del afecto que confina con la añoranza. Me acuerdo, con menos nitidez, de otra figura, cuyo nombre ya no me acuerdo más que
que era extranjero también, que era, no sé en qué, un rival de Chevalier de Pas... ¿Cosas que le suceden a todos los niños? Sin duda - o
tal vez. Pero a tal punto las viví que las vivo todavía, pues las recuerdo de tal modo que es menester un esfuerzo para hacerme saber
que no fueron realidades.

Esta tendencia para crear en torno de mí otro mundo, igual a este mas con otra gente, nunca me salió de la imaginación. Tuve
varias fases, entre las cuales está, sucedida ya en mayoría. Se me ocurría un dicho de espíritu, absolutamente ajeno, por un motivo u
otro, a quien soy, o lo que supongo que soy. Lo decía inmediatamente, espontameamente, como siendo de cierto amigo mio, cuyo
nombre inventaba, cuya historia agrandaba, y cuya figura - cara, estatura, traje y gesto - inmediatamente veia delante de mí. Y así
conseguí, y propagué, varios amigos y conocidos que nunca existieron, pero que todavía hoy, a cerca de treinta años de distancia, oigo,
siento, veo, Repio: oigo, siento, veo... y tengo añoranzas de ellos.

(En mí comenzando a hablar - y escribir a máquina es para mí hablar -, cuestame encontrar el freno. ¡Basta de conversación
incómoda para sí, Casais Monteiro! Voy a entrar en la génesis de mis pseudónimos literarios, que es, al final, lo que Ud. quiere saber.
En todo caso, lo que va dicho encima le da a la historia la madre que los dio a luz.)

Ahí por 1912, salvo error (que nunca puede ser grande), me vino a la idea escribir unos poemas de índole pagana. Esbocé unas
cosas en verso irregular (no en el estilo Álvaro de Campos, mas en un estilo de media regularidad), y abandoné el caso. Se me
esbozara, con todo, en una penumbra mal urdida, un vago retrato de persona que estaba por hacer aquello. (Había nacido, sin que yo
supiera, Ricardo Reis.)

Año y medio, o dos años después, me acordé un día de hacer una partida al Sá-Carneiro - de inventar un poeta bucólico, de
especie complicada, y presentarlo, ya no recuerdo como, en cualquier especie de realidad. Llevé unos días para elaborar al poeta mas
nada conseguí. Un día en que finalmente desistiría - fue el 8 de Marzo de 1914 - me acerqué desde una cómoda alta, y tomando un
papel, comencé a escribir, de pie,como escribo siempre que puedo. Y escribí treinta y tantos poemas al hilo, en una especie de éxtasis
cuya naturaleza no conseguiré definir. Fue el dia triufal de mi vida, y nunca podré tener otro así. Abrí con un título, O Guardador de

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Rebanhos. Y lo que le siguió fue la aparición de alguien en mí, a quien di desde luego el nombre de Alberto Caeiro. Discúlpeme el
absurdo de la frase: apareció en mí mi maestro. Fue esa la sensación inmediata que tuve. Y tanto así que, escritos que fueran esos
treinta y tantos poemas, inmediatamante agarré otro papel y escribí, al hilo, también, los seis poemas que constituyen la Chuva
Oblíqua, de Fernando Pessoa. Inmediatamente y totalmente... Fue el regreso de Fernando Pessoa-Alberto Caeiro a Fernando Pessoa él
solo. O, mejor, fue la reacción de Fernando Pessoa contra a su existencia como Alberto Caeiro.

Aparecido Alberto Caeiro, traté luego de descubrirle - instintiva y subconscientemente - unos discípulos. Arranqué de su falso
paganismo al Ricardo Reis latente, le descubrí el nombre, y lo ajusté a sí mismo, porque a esa altura ya lo veia. Y, de repente, y en
derivación opuesta a la de Ricardo Reis, me surgió impestuosamente un nuevo individuo. En un acto, y la máquina de escribir, sin
interrupción ni enmienda, surgió la Ode Triunfal de Álvaro de Campos - la Oda con ese nombre y el hombre con el nombre que tiene.

Creé, entonces, una coterie inexistente. Fijé todo aquello en moldes de realidad. Gradué las influencias, conocí a las amistades,
oí, dentro de mí, las discusiones y las divergencias de criterios, y en todo esto me parece que fui yo, creador de todo, el que menos
estuvo ahí. Parece que todo se pasó independientemente de mí. Y parece que así todavía se pasa. Si algún día pudiera publicar la
discusión estética entre Ricardo Reis y Álvaro de Campos, verá como ellos son direrentes, y como yo no soy nada en la materia.

Cuando fue la publicación de Orpheu, fue preciso, a la última hora, conseguir cualquier cosa para completar el número de
páginas. Sugerí entonces al Sá-Carneiro que yo hiciera un poema «antiguo» de Álvaro de Campos - un poema de como Álvaro de
Campos sería antes de haber conocido a Caeiro y haber caido bajo su influencia. Y así hice al Opiário, en que intenté dar todas las
tendencias latentes de Álvaro de Campos, conforme habían de ser después reveladas, pero sin haber todavía cualquier trazo de contacto
con su maestro Caeiro. Fue de los poemas que tengo escritos, el que me dio más que hacer, por el duplo poder de despersonalización
que tuve que desenvolver. Pero, en fin, creo que no salió mal, y que muestra a Álvaro en pimpollo...

Creo que le expliqué el origen de mis pseudónimos. Si hay con todo cualquier punto en el que precisa de un esclarecimiento
más lúcido - estoy escribiendo deprisa, y cuando escribo deprisa no soy muy lúcido -, diga que de buen grado se lo daré. Y, es verdad,
un complemento verdadero e histérico: al escribir ciertos pasajes de las Notas para recordação do meu Mestre Caeiro, de Álvaro de
Campos, he llorado lágrimas verdaderas. Es para que sepa con quién está lidiando, ¡mi querido Casais Monteiro!

Algunas notas más en esta materia... Yo veo delante de mí, en el espacio incoloro pero reali del sueño, las caras, los gestos de
Caeiro, Ricardo Reis y Álvaro de Campos. Les construí las edades y las vidas. Ricardo Reis nación en 1887 (no me acuerdo el dia y
mes, pero los tengo en algún lugar), en Porto, es médico y está en el presente en Brasil. Alberto Caeiro nació en 1889 y murió en 1915;
nació en Lisboa, pero vivió casi toda su vida en el campo. No tuvo profesión ni casi educación alguna. Álvaro de Campos nació en

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Tavira, en el día 15 de Octubre de 1890 (a la 1:30 de la tarde, me dice Ferreira Gomes; y es verdad, pues, hecho el horóscopo para esa
hora, está bien). Este, como se sabe, es ingeniero naval (por Glasgow), pero ahora está aquí en Lisboa en inactividad. Caeiro es de
estatura media, y, enhorabuena realmente frágil (murió tuberculoso), no parecía tan frágil como era. Ricardo Reis es un poco, pero muy
poco, más bajo, más fuerte, más seco. Álvaro de Campos es alto (1,75 m de altura, 2cm más que yo), flaco y un poco tendiente a
encorvarse. Cara afeitada todos - Caeiro es rubio sin color, ojos azules; Reis de un vago moreno mate; Campos entre blanco y moreno,
tipo vagamente de judío portugués, cabello, por lo tanto, liso y normalmente apartado al lado, monóculo. Caeiro, como dije, no tuvo
más educación que casi ninguna - sólo instrucción primaria; se le murieron temprano el padre y la madre, y se dejó estar en casa,
viviendo de unos pequeños intereses. Vivía con una tía vieja, tía abuela. Ricardo Reis, educado en un colegio de jesuitas, es, como dije,
médico; vive en el Brasil desde 1919, pues se exilió espontaneamente por ser monárquico. Es, un latinista por educación ajena, y un
semi-helenista por educación propia. Álvaro de Campos tuvo una educación vulgar de liceo; después fue mandado para Escocia a
estudiar ingeniería, primero mecánica y después naval. En unas vacaciones hizo el viaje a Oriente de donde resultó el Opiário. Le
enseñó latín un tío beirão (N.d.T: habitante de las Beiras lisboetas) que era padre.

¿Cómo escribo en nombre de esos tres?... Caeiro, por pura e inesperada inspiración, sin saber o siquiera calcular que iría a
escribír. Ricardo Reis, después de una deliberación abstracta, que subitamente se concretiza en una oda. Campos, cuando siento un
súbito impulso para escribir y no sé qué. (Mi semi-pseudónimo Bernardo Soares, que además en muchas cosas se parece con Álvaro de
Campos, aparece siempre que estoy cansado o somnoliento, de suerte que tenga un poco suspensas las cualidades del raciocinio y de
inhibición; aquella prosa es un constante divague. Es un semi-pseudónimo porque, no siendo la personalidad la mia, es, no diferente de
la mía, pero una simple mutilación de ella. Soy yo menos el raciocinio y la afectividad. La prosa, salvo lo que el raciocinio da de tenue
a la mía, es igual a ésta, y el portugués perfectamente igual; al paso que Caeiro escriba mal el por tugués, Campos razonablemente pero
con lapsos como decir «yo propio» en vez de «yo mismo», etc., Reis mejor de lo que yo, pero con un purismo que considero
exagerado. Lo difícil para mí es escribir la prosa de Reis - todavía inédita - o la de Campos. La simulación es más fácil, hasta porque es
más espontánea, en verso.)

A esta altura estará Casais Monteiro pensando qué mala suerte lo hizo caer, por lectura, en medio de un manicomio. En todo el
caso, lo peor de todo esto es la incoherencia con la que he escrito. Repito, pese a todo: Escribo como si estuviera hablando consigo,
para que pueda escribir inmediatamente. No siendo así, pasarían meses sin conseguir yo escribir.(*)

Falta responder a su pregunta en cuanto al ocultismo. Me pregunta si creo en el ocultismo. Hecha así, la pregunta no es bien
clara; comprendo pese a eso la intención y a ella respondo. Creo en la existencia de mundos superiores al nuestro y de habitantes de
esos mundos, en experiencias de diversos grados de espiritualidad, subutilizandose hasta llegarse a un Ente Supremo, que
presumiblemente creó este mundo. Puede ser que hayan otros Entes igualmente Supremos, que hayan creado otros universos, y que
esos universos coexistan con el nuestro, interpenetradamente o no. Por estas razones, y todavía otras, la Orden Externa do Ocultismo, o

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sea, la Maçonaria (N.d.T: Masonería), evita (excepto la Maçonaria anglosajona) la expresión «Deus», dadas sus implicaciones
teológicas y populares, y prefiere decir «Grande Arquitecto do Universo», expresión que deja en blanco el problema de si Él es
creador, o simple Gobernador del mundo. Dadas estas escalas de seres, no creo en la comunicación directa con Dios, pero, según
nuestra afinidad espiritual, podemos ir comunicándonos con seres cada vez más altos. Hay tres caminos para lo oculto: el camino
mágico (incluyendo prácticas como las del espiritismo, intelectualmente al nivel de la brujería, que es magia también), camino ese
extremadamente peligroso, en todos los sentidos; el camino místico, que no tiene propiamente peligros, pero es incierto y lento; y lo
que se llama el camino alquímico, el más difícil y el más perfecto de todos, porque envuelve una transmutación de la propia
personalidad que la prepara, sin grandes riesgos, antes con defencas que los otros caminos no tienen. En cuanto a la «iniciación» o no,
puedo decirle sólo esto, que no sé si responde a su pregunta: no pertenezco a Ordem Iniciática (N.d.T: Iniciadora) ninguna. La cita,
epígrafe a mi poema Eros e Psique, de un pedazo (tradicido, pues el Ritual es en latín), del Ritual do Terceiro Grau da Ordem
Templária de Portugal, indica simplemente - lo que es hecho - que me fue permitido hojear los Rituales de los tres primeros grados de
esa Orden, extinta, o en letargo desde cerca de 1888. Si no estuviera en letargo, yo no citaría el trech del Ritual, pueso no se deben citar
(indicando el origen) trechos de Rituales que están en trabajo(**)

Creo así, mi querido camarada, haber respondido, todavía con ciertas incoherencias, a sus preguntas. Si hay otras que desee
hacer, no dude en hacerlas. Responderé como pueda y lo mejor que pueda. Lo que podrá suceder, y eso me disculpará, desde ya, es no
responder tan deprisa.

Lo abraza el camarada que mucho lo estima y admira.

Fernando Pessoa

P.D. (!!!)

14/01/1935

Más allá de la copia que normalmente guardo para mí, cuando escrivo a máquina, de cualquier carta que envuelve explicaciones
del orden de las que esta contiene, guardé una copia suplementar, tanto para el caso de que esta carta se extravie, como para el de,
posiblemente, serle precisa para cualquier otro fin. Esa copia está siempre a sus ordenes.

Otra cosa. Puede ser que, para cualquier estudio suyo, o otro fin análogo, Casais Monteiro precise, en el futuro, citar cualquier
pasaje de esta carta. Queda desde ya autorizado a hacerlo, pero con una reserva, y le pido permiso para acentuarla. El párrafo sobre

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ocultismo, en la página 7 de mi carta, no puede ser reproducido en letra impresa. Deseando responder lo más claramente posible a su
pregunta, salí propuestamente un poco fuera de los límites que son naturales en esta materia.

Se trata de una carta particular, y por eso no dudé en hacerlo. Nada coharta a que lea ese párrafo a quien quiera, desde que esa
otra persona obedezca también al criterio de no reproducir en letra impresa lo que en ese párrafo va escrito. Creo que puedo contar
consigo para tal fin negativo.

Continuo en deuda para consigo de la carta ultradevida sobre sus últimos libros. Mantengo lo que creo que le dije en mi carta
anterior: cuando ahora (creo que será sólo en Febrero) pase algunos días en Estoril, pondré esa correspondencia en orden, pues estoy en
deuda, en ese tema, no solo para consigo, pero tambén con varias otras personas.

Se me ocurre preguntar de nuevo una cosa que ya le pregunté y que no me respondió: ¿recibió mis folletos de versos en inglés,
que hace tiempo le envié?

«Para meu governo», como se dice en lenguaje comercial, le pido que me avisara lo más deprisa posible que recibió esta carta.
Gracias.

Fernando Pessoa

(*): Esta carta, tal como foi inserida por Adolfo Casais Monteiro na revista Presença, n.º 9, Junho de 1937, e mais tarde por Jorge de Sena
nas Páginas de Doutrina Estética, obr. cit., terminava aqui, em obediência ao Post Scriptum de Fernando Pessoa, que pedia a não publicação
do trecho subsequente devido aos motivos que apontava e que se reproduzem. Contudo, com autorização de Casais Monteiro, João Gaspar
Simões incluiu o referido trecho ocultista na sua Vida e Obra de Fernando Pessoa, obr. cit., pp. 546 e 547 (2.ª ed.). Transcreve-se o referido
trecho na íntegra, bem como o P. S., que só figurava em Apêndice da antologia de Sena.

Esta carta, tal como fue insertada por Adolfo Casais Monteiro en la revista Presença, Nº9, Junio de 1937, y más tarde por Jorge de Sena
en las Páginas de Doutrina Estética, obra citada, terminaba aquí, en obediencia a la Post Data de Fernando Pessoa, que pedía la no
publicación del trecho subsiguiente debido a motivos que apuntaba y que se reproducen. Pese a todo, con autorización de Casais Monteiro,
João Gaspar Simões incluyó el trecho referido ocultista en su Vida e Obra de Fernando Pessoa, obra citada, pp 546 y 547 (2ª edición). Se
transcribe el referido trecho en la íntedra, bien como la P.D. que sólo figuraba en Apêndice de la antología de Sena.

8
(**): Termina aqui o texto em questão, só conhecido depois do livro de J. Gaspar Simões.

Termina aqui el texto en cuestión, sólo conocido después del libro de J. Gaspar Simões.

Fonte: Fernando Pessoa, Obra Poética e em Prosa, ed. António Quadros. Porto, Lello & Irmão, 1986.

©26/12/2003 by Sebastián Santisi, all rights reserved.

Tomado de http://www.fpessoa.com.ar/carta.asp el 27 de julio de 2009

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